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lunes, 5 de enero de 2015

Robert Faurisson - Las Victorias del Revisionismo



     Del conocido profesor e investigador francés Robert Faurisson, nacido en 1929 de padre francés y madre escocesa, quien ha enseñado letras clásicas (francés, latín y griego) y se ha especializado en el análisis de textos de la literatura francesa moderna y contemporánea, y más tarde en la crítica de textos y documentos (Literatura, Historia y medios de comunicación), enseñando en la Sorbona y en la Universidad de Lyon, y a quien por sus puntos de vista históricamente revisionistas le han vedado la enseñanza y lo han condenado los tribunales, presentamos ahora un texto suyo (disponible en Internet) escrito con motivo de la conferencia realizada en Irán hace 8 años acerca del así llamado "Holocausto" del Pueblo Usurero. Nos parece que sus contenidos no pierden vigencia en un mundo ideológicamente inmovilizado y con élites que pujan por establecer a machamartillo su científicamente desacreditado dogma.


LAS VICTORIAS DEL REVISIONISMO
por Robert Faurisson, 2006



(Documento que acompañaba la exposición oral del profesor Faurisson
en la Conferencia Internacional sobre el "Holocausto",
el 11 de Diciembre de 2006 en Teherán).


RESUMEN

     En los Juicios de Núrenberg (1945-1946), el tribunal de los vencedores ha acusado especialmente a la Alemania vencida de:

—1) Haber ordenado y planificado el exterminio físico de los judíos de Europa.
—2) Haber puesto a punto y utilizado para este fin, armas de destrucción masiva llamadas, en particular, "cámaras de gas".
—3) Haber provocado la muerte, esencialmente con estas armas, pero también por otros medios, de seis millones de judíos.

     En apoyo de esta triple acusación, reanudada después de sesenta años por el conjunto de los grandes medios de comunicación occidentales, no se ha aportado ninguna prueba que resista el examen. El profesor Robert Faurisson dedujo de esto en 1980:

     «Las pretendidas cámaras de gas hitlerianas y el pretendido genocidio de los judíos forman una sola y misma mentira histórica que ha permitido una gigantesca estafa político-financiera, cuyos principales beneficiarios son el Estado de Israel y el sionismo internacional, y cuyas principales víctimas son el pueblo alemán —pero no sus dirigentes— y todo el pueblo palestino».

     En 2006, el profesor Faurisson mantiene íntegramente esta conclusión. Desde hace casi sesenta años, los revisionistas, comenzando por los franceses Maurice Bardèche y Paul Rassinier, han acumulado, desde el punto de vista histórico y científico, una impresionante serie de victorias sobre sus adversarios. Aquí se muestran veinte ejemplos de estas victorias, que van desde 1951 hasta nuestros días [2004].

     El revisionismo no es una ideología sino un método inspirado por la investigación de la exactitud en materia histórica. Las circunstancias hacen que el revisionismo haya llegado a ser también la gran aventura intelectual del tiempo presente.


ADVERTENCIA

     La presente exposición lleva por título "Las Victorias del Revisionismo" y no "Historia del Revisionismo" o "Argumentos de la Tesis Revisionista". Se trata únicamente de las victorias que nuestros adversarios han debido concedernos de manera explícita o implícita. No es preciso pues esperar encontrar aquí una mención sistemática de autores, obras o argumentos revisionistas. (...) Son incontables a través del mundo las publicaciones y los sitios de Internet de carácter revisionista y esto a pesar de la censura y la represión.

     El "Holocausto" permanece no obstante como la única religión oficial de Occidente, una religión mortal si lo fue. Y que continúa abusando de millones de buenas gentes por los procedimientos más groseros: Exposición de montones de gafas, de cabellos, de zapatos o de equipajes presentados como las "reliquias" de los "gaseados", fotografías falsificadas o desviadas de su significado, utilización de documentos inofensivos alterados o interpretados al revés, puestas en escena de testigos profesionales, multiplicación hasta el infinito de monumentos, de ceremonias, de espectáculos, machacamiento holocáustico desde la escuela, excursiones organizadas hacia los lugares santos del pretendido martirio judío y procesos espectaculares con llamadas al linchamiento.

     El presidente Ahmadineyad ha tenido la palabra justa: el pretendido "Holocausto" de los judíos es un "mito", es decir, una creencia mantenida por la credulidad o la ignorancia. En Francia es perfectamente lícito proclamar que no se cree en Dios pero está prohibido decir que no se cree en el "Holocausto" o simplemente que se duda de él. Esta prohibición de toda suerte de discusión ha llegado a ser formal y oficial con la ley del 13 de Julio de 1990. Dicha ley fue publicada en el Diario Oficial de la República Francesa al día siguiente, es decir, el 14 de Julio, día de conmemoración de la República y de la Libertad. Esta ley proclama que la pena puede llegar hasta un año de prisión y una multa de 45.000 euros; pero es igualmente posible la condena al pago de daños y perjuicios y de considerables costas judiciales. La jurisprudencia precisa que todo esto se aplica "incluso si (esta controversia) está presentada bajo una forma encubierta o dubitativa o por vía de insinuación" (Código Penal, París, Dalloz, 2006, p. 2059). Francia no tiene más que un mito oficial, el del "Holocausto" y no conoce más que una blasfemia, la que ultraja al "Holocausto".

     Personalmente, el 11 de Julio de 2006 fui una vez más citado ante un tribunal de París sobre el fundamento de esta ley especial. El presidente del tribunal que debía juzgarme, Nicolás Bonnal, ¡había seguido un cursillo organizado por el Centro Simón Wiesenthal de París bajo la égida del Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia (CRIF)! En un comunicado titulado triunfalmente: "El CRIF es parte activa en la formación de los magistrados europeos", este organismo judío, cuyo poder político es exorbitante, no tenía temor en anunciar urbi et orbi que contaba a Nicolás Bonnal entre sus alumnos o cursillistas. Eso no es todo. En mi proceso, para ejercer buena mediación, la Procuradora de la República resultó ser una judía de nombre Arme de Fontette; en la peroración de su requisitoria, esta última, aunque se la supone hablar en nombre de un Estado laico, ha apelado a la venganza de "Yahwéh, protector de su pueblo elegido" contra "los falsos labios" de Faurisson, culpable de haber concedido una entrevista telefónica de carácter revisionista a una emisora de radio-televisión iraní, Sahar 1.


LAS CONCLUSIONES DE LA INVESTIGACIÓN REVISIONISTA

     Los alemanes del Tercer Reich querían extirpar a los judíos de Europa, pero no exterminarlos. Han deseado "una solución final territorial de la cuestión judía" y no una "solución final" en el sentido de eliminación física (desear una "solución final del desempleo" no significa querer la muerte de los desempleados). Los alemanes tuvieron campos de concentración pero no "campos de exterminio" (expresión forjada por la propaganda Aliada). Utilizaron cámaras de gas para la desinfección que funcionaban especialmente con un insecticida denominado Zyklon B (a base de ácido cianhídrico) pero jamás tuvieron cámaras de gas homicidas o camiones de gas homicidas. Utilizaron hornos crematorios para la incineración de cadáveres y no para quemar allí seres vivos. Después de la guerra, las fotografías llamadas "atrocidades nacionalsocialistas" nos muestran enfermos, moribundos o muertos, pero no asesinados. A causa del bloqueo de los Aliados, a causa de sus bombardeos generalizados y a causa del apocalipsis vivido por Alemania al final de un conflicto de casi seis años, la hambruna y las epidemias, especialmente de tifus, habían asolado el país y, en particular, los campos del Oeste superpoblados por la llegada masiva de detenidos, evacuados de los campos del Este y privados de alimento, medicinas y el Zyklon B necesario para la protección contra la citada enfermedad.

     En esa carnicería que es una guerra, se sufre. En una guerra moderna, los civiles de las naciones beligerantes sufren a veces tanto, si no más, que los soldados. Durante el conflicto que, de 1933 a 1945, los opuso a los alemanes, los judíos europeos han tenido pues que sufrir, pero infinitamente menos que lo que se atreven a afirmar con aplomo. Ciertamente, los alemanes los han tratado como una minoría hostil o peligrosa (y había razones para ello) y contra esta gente las autoridades del Tercer Reich se vieron determinadas a tomar, a causa de la guerra, medidas cada vez más coercitivas, de policía o de seguridad militar. En ciertos casos, estas medidas llegaron hasta ponerlos en campos de internamiento o bien hasta la deportación hacia campos de concentración o de trabajo forzado. A veces, los judíos fueron ejecutados acusados de sabotaje, espionaje, terrorismo y, sobre todo, actividades guerrilleras a favor de los Aliados, principalmente en el frente ruso, pero no por la simple razón de que fueran judíos. Jamás Hitler ordenó o permitió que se matara a nadie en razón de su raza o de su religión. En cuanto a la cifra de seis millones de judíos muertos, es una pura invención que jamás ha recibido justificación, a pesar de los esfuerzos en este sentido del Instituto Yad Vashem de Jerusalén.

     Ante las formidables acusaciones lanzadas contra la Alemania vencida, los revisionistas han dicho a los acusadores:

—1) Muestren ustedes un solo documento que, en su opinión, pruebe que Hitler o cualquier nacionalsocialista haya ordenado y planificado el exterminio físico de los judíos.

—2) Muéstrennos esa arma de destrucción masiva que habría sido una cámara de gas; muéstrennos una sola, en Auschwitz o en otros lugares; y si por casualidad ustedes pretenden que no pueden mostrar ninguna porque los alemanes, según ustedes, habrían destruido "el arma del crimen", provéannos al menos de un dibujo técnico que represente uno de esos mataderos que, según creen ustedes, habrían sido destruídos por los alemanes, y explíquennos cómo esta arma de fantástico rendimiento ha podido funcionar bien sin entrañar la muerte de los ejecutores o de sus ayudantes;

—3) Explíquennos cómo han llegado ustedes a su cifra de seis millones de víctimas.

     Ahora bien, en más de 60 años, los historiadores-acusadores judíos o no judíos se han mostrado incapaces de aportar una respuesta a estas tres preguntas. Ellos acusan, pues, sin pruebas. Eso se llama calumniar.

     Pero hay algo más grave: los revisionistas han enumerado una serie de hechos reales que prueban que este exterminio físico, esas cámaras de gas y esos seis millones no han podido existir.

—1) El primero de estos hechos es que, durante toda la duración de la guerra, millones de judíos europeos han vivido o visto con conocimiento de todos que una buena parte de ellos fueron empleados en fábricas por los alemanes que adolecían cruelmente de mano de obra, y esos millones de judíos no fueron asesinados. Más aun: los alemanes ofrecieron obstinadamente a los Aliados, hasta los últimos meses del conflicto, liberar a tantos judíos como desearan con la condición expresa de que ello no fuera para enviarlos a Palestina, y esto en consideración hacia "el noble y valiente pueblo árabe" ya agobiado por los colonos judíos.

—2) El segundo de estos hechos, que se nos oculta cuidadosamente, es que los excesos eventualmente cometidos contra los judíos podían entrañar las más severas sanciones: matar un solo judío o una sola judía, podía significar, incluído esto para los soldados alemanes, ser condenado a muerte por un tribunal militar y fusilado. Dicho de otro modo, los judíos que vivían bajo administración alemana, si respetaban los reglamentos en vigor, continuaban gozando de la protección de la ley penal, incluso frente a las fuerzas armadas.

—3) El tercero de estos hechos es que las pretendidas cámaras de gas nacionalsocialistas de Auschwitz o de otro lugares, son simplemente inconcebibles por razones físicas o químicas que son evidentes: nunca, después del pretendido gaseamiento con gas cianhídrico de cientos o miles de personas en un local, hubieran podido penetrar otros hombres en un verdadero baño de ese veneno para manipular y extraer allí tantos cadáveres que, impregnados de cianuro tanto por fuera como por dentro, se habrían hecho intocables. El gas cianhídrico se adhiere fuertemente en las superficies; penetra incluso el cemento y el ladrillo y es difícil de ventilar; penetra en la piel, se instala en los cuerpos, se mezcla con las secreciones humorales. En Estados Unidos, es precisamente ese gas el que se utiliza, aun en nuestros días, en una cámara de gas para ejecutar a un condenado a muerte, pero precisamente esta cámara es de acero y cristal, provista de una maquinaria obligatoriamente muy complicada, y necesita de extraordinarias precauciones de empleo; es suficiente ver una cámara de gas estadounidense destinada a ejecutar a un solo individuo, para darse cuenta de que las pretendidas cámaras de gas de Auschwitz que supuestamente han servido para ejecutar a multitudes de individuos, día tras día, no han podido ni existir ni funcionar.

     Pero entonces, se nos dirá, ¿qué ha sido de todos esos judíos los cuales, según hemos concluído nosotros los revisionistas de nuestras investigaciones, no han sido jamás asesinados? La respuesta está ahí, bajo nuestros ojos y al alcance de todos: una parte de los judíos de Europa ha muerto, como decenas de millones de no-judíos, como consecuencia de la guerra, del hambre, de las epidemias, y otra parte sobrevivió completamente, por millones, a la guerra. Estos últimos se han hecho abusivamente llamar "objeto de un milagro". En 1945, los judíos "supervivientes" o los del "milagro" se contaban por millones, y formaron enjambres en una cincuentena de países del mundo, comenzando por Palestina. ¿Cómo una pretendida decisión de exterminio físico total de los judíos podría así engendrar millones de "milagrosos" supervivientes judíos? Millones de "milagrosos" supervivientes judíos no es un milagro: es un milagro falso, es una mentira, es un fraude.

     Por mi parte, en 1980, he resumido en una frase de sesenta palabras (francesas) las conclusiones de las investigaciones revisionistas:

     «Las pretendidas cámaras de gas hitlerianas y el pretendido genocidio de los judíos forman una sola y misma mentira histórica que ha permitido una gigantesca estafa político-financiera, cuyos principales beneficiarios son el estado de Israel y el sionismo internacional, y cuyas principales víctimas son el pueblo alemán —pero no sus dirigentes— y todo el pueblo palestino».

     Hoy, en 2006, o sea veintiséis años más tarde, mantengo esta frase en su integridad, lo cual no me ha sido inspirado por ninguna simpatía o antipatía política o religiosa. Esto encuentra su fundamento en hechos probados que habían comenzado a hacer salir a la luz, por una parte, Maurice Bardèche, en 1948 y en 1950, con sus dos libros sobre el proceso de Núrenberg y, por otra parte, Paul Rassinier, en 1950, publicando La Mentira de Ulises. A partir de 1951, año tras año, nuestros adversarios, tan ricos, tan poderosos, tan encarnizados en practicar todas las formas posibles de represión contra el revisionismo, se han visto constreñidos a darnos progresivamente la razón sobre los planos técnico, científico e histórico. Las victorias obtenidas por el revisionismo de la Segunda Guerra Mundial son numerosas y significativas pero, hay que reconocerlo desgraciadamente, permanecen aun en nuestros días casi desconocidas para el gran público. Los poderosos han hecho todo para ocultarlas al mundo. Esto se comprende: su dominio y su reparto del mundo están de alguna manera fundados sobre la religión del pretendido "Holocausto" de los judíos. Poner en cuestión el "Holocausto", desvelar públicamente la extraordinaria impostura, arrancar su máscara a los políticos, a los periodistas, a los historiadores, a los universitarios, a los hombres de iglesias, de clanes, de capillas que, durante más de sesenta años han predicado la falsificación enarbolando el anatema contra los impíos, constituye una peligrosa aventura. Pero como se va a ver, a pesar de la represión, el tiempo parece acabar por jugar a favor de los revisionistas.



EJEMPLOS DE VICTORIAS REVISIONISTAS

     No recordaré aquí más que veinte de estas victorias:

—1) En 1951, el judío León Poliakov, que había estado destinado en la delegación francesa en el proceso de Núrenberg (1945-1946) concluyó que, de todos los aspectos de la historia del Tercer Reich disponemos de una superabundancia de documentos, con la excepción de un solo punto: la "campaña de exterminio de los judíos". Y al respecto escribe: "No ha quedado ningún documento, posiblemente nunca ha existido ninguno" (Breviaire de la Haine, París, Calmann-Lévy, 1974-1951, p. 171).

     Comentario: Aquí hay una extraordinaria concesión a la tesis revisionista. En efecto, una empresa criminal tan formidable supuestamente concebida, ordenada, organizada y perpetrada por los alemanes habría necesitado un orden, un plan, unas instrucciones, un presupuesto... Una empresa tal, mantenida durante años, sobre todo un continente y produciendo la muerte de millones de víctimas, habría dejado una oleada de pruebas documentales. En consecuencia, si se nos viene a decir que quizá no han existido nunca tales pruebas documentales, es que el crimen en cuestión no ha sido perpetrado. En ausencia de todo documento, el historiador no tiene más que callarse. L. Poliakov ha hecho esta concesión en 1951, es decir, hace 55 años. Ahora bien, es preciso saber que, desde 1951 hasta 2006, sus sucesores han fracasado igualmente en hallar la menor prueba documental. De vez en cuando, aquí o allá, se ha insistido en tentativas de hacernos creer en tal o cual hallazgo pero, cada vez, como se verá aquí más adelante, ha sido necesario bajar el tono de la pretensión.

—2) En 1960, Martin Broszat, miembro del Instituto de Historia Contemporánea de Múnich, escribió: "Ni en Dachau, ni en Bergen-Belsen, ni en Buchenwald, han sido gaseados judíos u otros detenidos" (Die Zeit, 19 de Agosto de 1960, p. 16).

     Comentario: Esta concesión súbita e inexplicable es significativa. En el proceso de Núrenberg la única cámara de gas homicida que la acusación se atrevió a mostrarnos en una película fue la de Dachau, y fueron numerosos los testimonios de pretendidos gaseamientos homicidas en los tres campos arriba mencionados. M. Broszat reconocía pues implícitamente que estos testimonios eran falsos. No nos dice en qué eran falsos. No nos dice tampoco cuáles otros testimonios sustentadores, por ejemplo, sobre Auschwitz, Majdanek, Treblinka, Sobibor o Belzec, continúan siendo dignos de fe.

     En la década de los '80, en Dachau, un cartel indicaba en cinco idiomas que "la cámara de gas disfrazada de ducha" que los turistas visitaban no había "servido nunca" como tal. Los revisionistas preguntaron entonces por qué el local podía ser calificado como "cámara de gas" homicida. De pronto, las autoridades del Museo de Dachau retiraron ese cartel para reemplazarlo por otro donde, en alemán y en inglés, se dice ahora: "Cámara de gas. Aquí se encontraba el centro potencial de muerte en masa", y se añade que "hasta 150 personas podían ser gaseadas a la vez" en este espacio con el Zyklon B. Obsérvense las palabras "potencial" y "podían". La elección de estas palabras da testimonio de una buena picardía: era preciso crear entre los turistas la idea de que la llamada "cámara de gas" sirvió efectivamente par matar pero, al mismo tiempo, permite replicar a los revisionistas: "Nosotros no hemos dicho expresamente que esta cámara de gas ha servido para matar; hemos dicho simplemente que podía o que habría podido, en la época, servir para matar a tantas personas". Para concluír, en 1960, M. Broszat, sin ninguna explicación, decretó en una simple carta que nadie había sido gaseado en Dachau; después, en los años que siguieron, las autoridades del Museo de Dachau, muy molestas, trataron, a costa de diferentes supercherías que han ido variando con el tiempo, de confundir a los visitantes dejándoles creer que en esa sala con aspecto de ducha (y con motivo, porque en efecto lo era) se había gaseado a la gente.

—3) En 1968, la historiadora judía Olga Wormser-Migot, en su tesis sobre "El Sistema Concentracionario Nazi, 1933-1945" (París, Presses universitaires de France, 1968) ha consagrado toda una argumentación a lo que ella llama "El Problema de las Cámaras de Gas" (p. 541-544). Allí expresa su escepticismo sobre el valor de célebres testimonios que afirman la existencia de cámaras de gas en campos como los de Mauthausen o de Ravensbrück. Sobre Auschwitz-I ella es formal: ese campo donde hoy los turistas visitan una pretendida cámara de gas, estaba en realidad "sin cámara de gas" (p. 157).

     Comentario: Para llevar contra los vencidos horribles acusaciones de gaseamientos homicidas, solamente se ha dado crédito a los testimonios, y tales testimonios no han sido verificados. Notemos aquí el caso particular de Auschwitz-I: hace pues 38 años una historiadora judía ha tenido el coraje de escribir que este campo "no tenía cámara de gas"; sin embargo, aun hoy día, en 2006, los turistas visitan en masa en Auschwitz-I una sala a la que se osa falazmente presentarla como una "cámara de gas". Estamos, pues, ante una superchería.

—4) En 1979, treinta y cuatro historiadores franceses han firmado una extensa declaración común en respuesta a los argumentos técnicos que yo había personalmente invocado para demostrar que la existencia y funcionamiento de las cámaras de gas nacionalsocialistas tropezaban con imposibilidades materiales radicales. Según la tesis oficial, Rudolf Höss, uno de los tres sucesivos comandantes de Auschwitz, había confesado (!) y descrito cómo en Auschwitz y en Birkenau se gaseaba a los judíos. Después de esa confesión, muy vaga, añade que cuando las víctimas parecían haber exhalado el último suspiro, se ponía en marcha un aparato de ventilación y un equipo de prisioneros judíos entraba inmediatamente en la amplia sala para retirar los cadáveres y transportarlos hasta los hornos crematorios. R. Höss decía que estos judíos procedían a este trabajo negligentemente, fumando y comiendo. Yo hice observar que esto es imposible: no se puede entrar fumando y comiendo en un local saturado de ácido cianhídrico (gas virulento, penetrante y explosivo) para tocar, manipular y extraer miles de cadáveres impregnados de ácido cianhídrico y por lo tanto intocables. En su declaración, los 34 historiadores me han respondido: "No hace falta preguntarse cómo ha sido posible técnicamente una tal matanza en masa. Ha sido técnicamente posible puesto que ha tenido lugar" (Le Monde, 21 de Febrero de 1979, p. 23).

     Comentario: Esta respuesta viene a esquivar la cuestión planteada. Si se elude así es porque se es incapaz de responder. Y si 34 historiadores se encuentran a este respecto incapaces de explicar cómo ha sido perpetrado un crimen de esta dimensión, es porque este crimen desafía las leyes de la Naturaleza; es, pues imaginario.

—5) En 1979, igualmente, las autoridades estadounidenses se decidieron por fin a hacer públicas las fotografías aéreas de Auschwitz que, hasta el momento, tenían ocultas. Con cinismo o ingenuidad, los dos autores de la publicación, Dino A. Brugioni y Robert G. Poirier, antiguos miembros de la CIA, dan a la pequeña colección de fotos el título de The Holocaust Revisited, y pegan aquí y allá etiquetas con las palabras de "gas chamber(s)", pero en sus comentarios nada viene a justificar tales denominaciones. (Central Intelligence Agency, Washington, February 1979, ST-79-10001).

     Comentario: Hoy, en 2006, esta superchería nos hace pensar en la miserable demostración del ex-ministro estadounidense Colín Powell tratando de probar, con el mismo procedimiento de etiquetas pegadas sobre fotos aéreas, la existencia de fábricas de producción de "armas de destrucción masiva" en el Iraq de Sadam Hussein. En realidad esas fotografías de Auschwitz imponen un desmentido a la tesis de las cámaras de gas nacionalsocialistas. Lo que se ve claramente sobre ellas son apacibles crematorios sin ninguna multitud de gente amontonada en el exterior esperando penetrar en los pretendidos vestuarios y las pretendidas cámaras de la muerte. Los terrenos de los alrededores están despejados y visibles por todas partes. Los arriates de los jardincillos de estos crematorios están bien dibujados y no tienen ninguna huella del pisoteo, cada día, de miles de personas. El crematorio N° 3, por ejemplo, está contiguo a lo que nosotros sabemos que era, gracias a documentos seguros del Museo del Estado de Auschwitz, un campo de fútbol y próximo a un terreno de vóleibol (Hefte von Auschwitz, 15, 1975, grabado fuera de texto en la pág. 56 y pág. 64). Está igualmente próximo a los 18 barracones hospitalarios del campo de hombres. Hubo 32 misiones aéreas de los Aliados por encima de toda esa zona que comprendía también las importantes instalaciones industriales de Monowitz. Se comprende que los Aliados hayan bombardeado en varios asaltos el sector industrial, exceptuando, dentro de lo posible, lo que era evidentemente un campo de concentración, de trabajo y de tránsito y no "un campo de exterminio" sobre el cual no cayeron a fin de cuentas más que algunas bombas perdidas.

—6) En 1982, el 21 de Abril, se fundó en París una asociación para el estudio de los asesinatos por gas bajo el régimen nacionalsocialista (ASSAG) «...con el fin de investigar y controlar los elementos que aporten la prueba de utilización de gases tóxicos por los responsables del régimen nacionalsocialista en Europa para asesinar personas de diferentes nacionalidades, contribuír a la publicación de estos elementos de prueba, establecer a este efecto todos los contactos útiles en el plano nacional e internacional».

     El artículo 2 de los estatutos dispone: "La duración de la asociación está limitada a la realización de su objetivo enunciado en el articulo 1". Sin embargo, esta asociación fundada por 14 personas, entre ellas Germaine Tillion, Georges Wellers, Geneviéve Anthonioz nacida de Gaulle, Marie Bernard Jouanneau y Pierre Vidal-Naquet, no ha publicado jamás nada en cerca de un cuarto de siglo y continúa existiendo en 2006. Para el caso de que ésta replicara que ha producido un libro titulado Cámaras de Gas, Secreto de Estado, convendría recordar que se trata en realidad de la traducción al francés de una obra publicada en alemán por Eugen Kogon, Hermann Lengbein y Adalbert Rückerl, y donde figuran algunas contribuciones de algunos miembros de la ASSAG (París, Editions du Minuit, 1984).

     Comentario: Por sí solo, el título de esa obra da una buena idea de su contenido: en lugar de pruebas, apoyadas en fotografías de cámaras de gas, de diseños, de croquis, de informes de expertos sobre el arma del crimen, el lector no encuentra más que especulaciones a partir de lo que se ha llamado "elementos de pruebas" (y no "pruebas"), y esto porque, según se nos dice, esas cámaras de gas habrían constituído el más grande de los secretos posibles, un "secreto de Estado". Si hay un "arma de destrucción masiva" que haya merecido una peritación en buena y debida forma, sería ésta. En efecto, constituye una anomalía en la historia de la ciencia, por al menos dos razones: no ha tenido precedente, y no ha tenido continuidad. Ha surgido de la nada para volver a la nada. Ahora bien, la historia de la ciencia no conoce ningún fenómeno de este género. En todo caso, del solo hecho de la existencia de esta asociación aun hoy en 2006, se puede decir que la denominada ASSAG no ha realizado nunca el objetivo para el cual fue fundada, pronto hará 25 años. No ha encontrado pues ni pruebas, ni siquiera elementos de pruebas de la existencia de las "cámaras de gas nazis".

—7) En 1982, del 29 de Junio al 2 de Julio, se celebró en la Sorbona de París un coloquio internacional bajo la presidencia de dos historiadores judíos, François Furet y Raymond Aron. Según sus organizadores, se trataba de replicar solemne y públicamente a Robert Faurisson y a "un puñado de anarco-comunistas" que le habían aportado su apoyo (alusión a Pierre Guillaume, Jean-Gabriel Cohn-Bendit, Serge Thion, así como a otros libertarios, a veces judíos). El último día, durante la rueda de prensa tan esperada, los dos organizadores debieron admitir públicamente que, "a pesar de las investigaciones más eruditas", no se había encontrado una orden de Hitler de matar a los judíos. En cuanto a las cámaras de gas, no hicieron la menor alusión.

     Comentario: Este coloquio constituyó la primera tentativa de mostrar al gran público que los revisionistas mentían. Como en otros coloquios del mismo género (especialmente en 1987 siempre en la Sorbona) se prohibió el acceso a los revisionistas, y, como todos los demás coloquios, sin excepción, desembocó en un completo fracaso para sus organizadores.

—8) En 1983, el 26 de Abril, llegaba a su fin, en apelación, el largo proceso que se me había incoado en 1979, especialmente por organizaciones judías, a causa de "daños a personas" por "falsificación de la Historia" (sic). Ese día, la primera sala de la corte de apelación civil de París, sección A (presidente Gregoire), confirmando mi condena por "daños a terceros", rendía un acentuado homenaje a la calidad de mis trabajos. Se pronunciaba en efecto que no se podía descubrir en mis escritos sobre las cámaras de gas ninguna huella de ligereza, ninguna señal de negligencia, ningún indicio de ignorancia deliberada, ningún trazo de mentira y que, en consecuencia, "el valor de las conclusiones defendidas por M. Faurisson (sobre las cámaras de gas) señala pues la sola apreciación de los expertos, historiadores y público".

     Comentario: Si no se puede descubrir en el autor de trabajos que refutan la tesis de las cámaras de gas ni ligereza, ni negligencia, ni ignorancia deliberada, ni mentira, ni "falsificación", ello es la prueba de que estos trabajos son los de un investigador serio, aplicado, concienzudo, probo y auténtico, y esto en tal grado que se debe tener el derecho de sostener públicamente que las llamadas cámaras de gas no son más que un mito.

—9) En 1983, el 7 de Mayo, Simone Veil, que es judía y ella misma una "superviviente del genocidio", declaró respecto a las cámaras de gas:

     «En el curso de un proceso incoado a Faurisson por haber negado la existencia de las cámaras de gas, los que incoan el proceso están constreñidos a aportar la prueba formal de la realidad de las cámaras de gas. Ahora bien, todos saben que los nazis destruyeron esas cámaras de gas y suprimieron sistemáticamente a todos los testigos» (revista France-Soir, 7 de Mayo de 1983, p. 47).

     Comentario: Si no hay arma del crimen ni testimonios, ¿qué queda?. ¿Qué pensar de los locales presentados como cámaras de gas a millones de visitantes engañados?; ¿qué pensar de los personajes que se presentan como testigos o "milagreros" de las cámaras de gas? Por su parte, S. Veil es la primera autoridad holocáustica que da a entender de esa manera que todo pretendido testigo de gaseamientos no puede ser más que un falso testigo. Ya el 6 de Marzo de 1979, durante el debate Dossiers de l'Ecran organizado por la televisión francesa sobre el estreno del folletín estadounidense "Holocausto", la señora Veil había manifestado su desprecio por Maurice Benroubi, presentado como un "testigo de las cámaras de gas". Esto último fue brevemente indicado con extrema discreción en relación a su "testimonio" aparecido poco antes en L 'Express (3-9 de Marzo de 1979, pp. 107-110).

—10) En 1961, el judío Raúl Hilberg, Número Uno de los historiadores ortodoxos, había publicado la primera edición de su obra mayor, y fue en 1985 cuando publicó la segunda edición, profundamente revisada y corregida. La distancia es considerable entre las dos ediciones y no puede explicarse más que por la sucesión de victorias conseguidas mientras tanto por los revisionistas. En la primera edición había afirmado fríamente que "la destrucción de los judíos de Europa" había sido desencadenada después de dos órdenes sucesivas dadas por Hitler. No precisa ni la fecha ni el contenido de esas órdenes. Después pretendía explicar detalladamente el proceso político, administrativo y burocrático de esa destrucción; por ejemplo, llega a escribir que en Auschwitz el exterminio de los judíos estaba organizado por un departamento encargado a la vez de la desinfección de las ropas y del exterminio de seres humanos (The Destruction of the European Jews, 1961, reeditado en 1979 por Quadrangle Books, Chicago, p. 177, 570).

     Sin embargo, en 1983, renunciando totalmente a esta explicación, R. Hilberg afirma de repente que el proceso de "destrucción de los judíos de Europa" se desarrolló a fin de cuentas sin plan, sin organización, sin centralización, sin proyecto, sin presupuesto, sino en todo y por todo gracias a "una increíble confluencia de las mentes, una transmisión consensual de pensamiento en el seno de una vasta burocracia", la burocracia alemana ("an incredible meeting of minds, a consensus mind-reading by a far-flung bureaucracy", Newsday, New York, 23 de Febrero de 1983, p. II/3). R. Hilberg confirmará esta explicación bajo juramento en el proceso contra Zündel de 1985 en Toronto, el 16 de Enero de 1985 (acta de declaración verbal, p. 848); después la confirmará de nuevo pero con otras palabras en la versión profundamente revisada de su obra (The Destruction of the European Jews, New York, Holmes & Meyer, 1985, pp. 53, 55, 62). Y acaba por fin de confirmarla de nuevo en Octubre de 2006 en una entrevista concedida a Le Monde:

     «No había esquema director preestablecido. En cuanto a la cuestión de la decisión, esto es en parte insoluble. Nunca se ha encontrado ninguna orden firmada por la mano de Hitler, sin duda porque tal documento no ha existido jamás. Estoy persuadido de que las burocracias son mudas por una especie de estructura latente: cada decisión acarrea otra, después otra y así sucesivamente, incluso si no es posible prever exactamente la siguiente etapa» (Le Monde des Livres, 20 de Octubre de 2006, p. 12).

     Comentario: El historiador Número Uno del genocidio de los judíos se encontró, pues, tan desamparado, que repentinamente ha llegado a negarse a sí mismo y a explicar una gigantesca empresa de asesinato colectivo como si ésta fuera hecha, por decirlo así, por obra del Espíritu Santo. Evoca, en efecto, una "confluencia de mentes" en el seno de una burocracia, y califica a esta confluencia de "increíble". Si es increíble ¿por qué habría de creerse?. ¿Es preciso creer lo increíble?. Invoca también una "transmisión de pensamiento" y la califica de "consensual", pero se trata de una pura especulación intelectual a base de creencia en lo sobrenatural. ¿Cómo creer en un fenómeno de ese género, en particular en el seno de un vasto aparato burocrático y, más particularmente aun, en el seno de la burocracia del Tercer Reich?.

     Hay que notar que a la manera de R. Hilberg, los historiadores oficiales, en los años 1980-1990, se ponen a abandonar la Historia y a caer en la metafísica y la jerga. Se interrogan sobre el punto de saber si sería preciso ser "intencionalista" o "funcionalista": ¿Debería suponerse que el exterminio de los judíos se produjo como consecuencia de una "intención" (no probada todavía) o según un plan concertado (todavía no encontrado), o bien este exterminio se produjo por sí mismo, espontáneamente y con improvisación, sin intención formal y sin ningún plan? Este tipo de controversia confusa da testimonio del desconcierto de historiadores que, incapaces de proveerse de pruebas y documentos en apoyo de sus tesis, se reducen a teorizar en el vacío. En el fondo, unos, los "intencionalistas", nos dicen: "Ha tenido que haber necesariamente una intención y un plan que nosotros todavía no hemos encontrado pero que acaso descubriremos un día", mientras que los otros nos afirman: "No hay necesidad de rebuscar las pruebas de una intención y de un plan porque todo ha podido pasar sin intención, sin plan y sin dejar huellas; tales huellas son inencontrables porque no han existido jamás".

—11) En Mayo de 1986, en Francia, los judíos, alarmándose al constatar que no conseguían replicar a los revisionistas sobre el simple plano de la razón, decidieron emprender una acción con objeto de obtener la represión legal del revisionismo. Estos judíos son principalmente Georges Wellers y Pierre Vidal-Naquet reunidos, con sus amigos, en torno al Gran Rabino de Francia, René Samuel Sirat (Bulletin Quotidien de l'Ágence Telegraphique Juive, 2 de Junio de 1986, pp. 1, 3). Al cabo de cuatro años, el 13 de Julio de 1990, obtendrán, gracias principalmente al judío Laurent Fabius, presidente de la Asamblea Nacional, la votación de una ley especial que permite imponer a toda persona que mantenga públicamente propósitos revisionistas respecto al "exterminio de judíos", una pena que puede llegar hasta un año de prisión, una multa máxima de 300.000 francos (45.000 euros) además de otras penas. Este golpe de fuerza constituye una flagrante confesión de debilidad.

     Comentario: G. Wellers y P. Vidal-Naquet se alarmaron sobre todo por el fallo del tribunal del 26 de Abril de 1983 (véase más arriba, el parágrafo 8). El primero escribió: "La corte ha reconocido que (Faurisson) estaba bien documentado. Lo cual es falso. Es asombroso que la corte lo haya aceptado" (Le Droit de Vivre, Junio-Julio 1987, p. 13). El segundo ha escrito que la Corte de Apelación de París "ha reconocido la seriedad del trabajo de Faurisson, lo cual es el colmo, y en suma no lo ha condenado más que por haber actuado con malevolencia resumiendo sus tesis en slogans" (Les Assassins de la Memoire, París, La Découverte, 1987, p. 182).

—12) En 1986, en Agosto, Michel de Boüard, antiguo resistente deportado, profesor de Historia, decano de la Facultad de Letras de la Universidad de Caen, miembro del Instituto de Francia, responsable, en el seno del Comité de Historia de la Segunda Guerra Mundial, de la comisión de Historia de la deportación, ha declarado que a fin de cuentas "el informe está podrido". Precisó que el informe en cuestión, el de la historia del sistema concentracionario alemán, estaba "podrido" por, según sus propias palabras, estar lleno "enormemente de fabulaciones, de inexactitudes obstinadamente repetidas, especialmente en el aspecto numérico, de amalgamas, de generalizaciones". Haciendo alusión a los estudios de los revisionistas, añadió que había "por otra parte, estudios críticos muy densos para demostrar la inanidad de estas exageraciones" (Ouest-France, 2-3 de Agosto de 1986, p. 6).

     Comentario: M. de Boüard era un historiador profesional, e incluso el historiador francés más competente en materia de Historia de la deportación. Hasta 1985 defendía la posición estrictamente ortodoxa y oficial. Con la lectura de la tesis del revisionista Henri Roques sobre el pretendido testimonio del SS Kurt Gerstein, comprendió su error. Lo reconoció honestamente, llegando a decir que si hasta ese momento él había garantizado personalmente la existencia de una cámara de gas en el campo de Mauthausen, era un error basado en creer lo que se decía. (Su muerte prematura en 1989 privó al campo revisionista de una eminente personalidad que prometía publicar una obra destinada a poner en guardia a los historiadores contra las mentiras oficiales de la historia de la Segunda Guerra Mundial).

—13) En 1988, Arno Mayer, profesor estadounidense de origen judío que enseñaba Historia de Europa contemporánea en la Universidad de Princeton, escribió a propósito de las "cámaras de gas nazis": "Las fuentes para el estudio de las cámaras de gas son a la vez raras y poco confiables" (The "Final Solution" in History, Nueva York, Pantheon Books, 1988, p. 362).

     Comentario: Todavía hoy, en 2006, el gran público persiste en creer que, tal como se lo sugieren incansablemente los medios de comunicación, las fuentes para el estudio de las cámaras de gas son innumerables e indiscutibles. En el coloquio de la Sorbona de 1982, A. Mayer, al igual que su amigo Pierre Vidal-Naquet, no había tenido palabras lo bastante duras para los revisionistas; sin embargo, seis años más tarde, he aquí que este historiador ultraortodoxo se ha acercado considerablemente a las conclusiones revisionistas.

—14) En 1989 el historiador suizo Philippe Burrin, teniendo por principio y sin demostrarlo que las cámaras de gas nacionalsocialistas y el genocidio judío habían ocurrido realmente, intentó determinar en qué fecha y por quién había sido tomada la decisión de exterminar físicamente a los judíos de Europa. No es en esto más advenedizo que todos sus colegas "intencionalistas" o "funcionalistas" (Hitler et les Juifs. Genese d'un Genocide, París, Seuil, 1989). Le ha sido necesario constatar la ausencia de huellas del crimen y anotar lo que decidió llamar "la obstinada borradura de la huella de un paso humano" (p. 9). Deplora "las grandes lagunas de la documentación" y añade:

     «No subsiste ningún documento que lleve una orden de exterminio firmada por Hitler. (...) Según toda verosimilitud, las órdenes fueron dadas verbalmente (...) las huellas son aquí no solamente poco numerosas y dispersas, sino difíciles de interpretar» (p. 13).

     Comentario: He aquí un historiador profesional que reconoce que no puede aportar ningún documento en apoyo de la tesis oficial. El gran público se imagina que las huellas del crimen de Hitler son numerosas y sin ambigüedad, pero el historiador que ha examinado la documentación correspondiente no ha encontrado nada salvo raras apariencias de "huellas" a las cuales él mismo se pregunta qué interpretación darle.

—15) En 1992, Yehuda Bauer, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, declaró con motivo de una conferencia internacional que se celebró en Londres sobre el genocidio de los judíos: "El público repite todavía, día tras día, la necia historia que pretende que el exterminio de los judíos se decidió en Wannsee" (Comunicado de la Jewish Telegraphic Agency reproducido en The Canadian Jewish News, 30 de Enero de 1992).

     Comentario: Aparte del hecho de que una lectura atenta del "acta" de la reunión de Berlín-Wannsse del 20 de Enero de 1942 prueba que los alemanes consideraban una "solución final territorial (eine territoriale Endlösung) de la cuestión judía", que desembocara en un "resurgimiento judío" en un espacio geográfico a determinar, la declaración bastante tardía de Yehuda Bauer confirma que este punto mayor de la tesis del exterminio de los judíos no tiene ningún valor. Añadamos, por nuestra parte, que el exterminio de los judíos no se decidió ni en Wannsse ni en ninguna otra parte. La expresión "campos de exterminio" no es más que una invención de la propaganda de guerra estadounidense, y los ejemplos prueban que, durante esa guerra, el asesinato de un solo judío o de una sola judía exponía a su autor, fuera éste civil o militar, miembro o no de la SS, a pasar por un consejo de guerra del ejército alemán y a ser fusilado (en 60 años jamás un solo historiador ortodoxo ha aportado una explicación a este género de hechos revelados por la defensa incluso delante del tribunal de Núrenberg).

—16) En Enero de 1995, el historiador francés Eric Conan, coautor con Henry Rousso de Vichy, un Pasado que No Pasa (París, Gallimard, 2001), escribió que finalmente yo había tenido razón al certificar, a fines de los años '70, que la cámara de gas visitada en Auschwitz por millones de turistas era completamente falsa. Según E. Conan, expresándose en un gran semanario francés: «Todo ahí es falso (...) A finales de los años '70 Robert Faurisson sacó tanto provecho de esas falsificaciones que los responsables del museo tuvieron entonces que reconocerlas a regañadientes».

     E. Conan prosigue: «[Hay personas], como Théo Klein, [que prefieren que se deje la cámara de gas] como está, pero explicando al público el disfraz: "La Historia es la que es; basta con contarla, aun cuando no es simple, antes que añadir de nuevo artificio al artificio"».

     E. Conan añade después una intención sorpréndete de la subdirectora del Museo Nacional de Auschwitz, que no se decide a explicar al público el disfraz. Escribe: «Krystyna Oleksy (...) no se decide: "Por el momento, se la deja como estaba [la sala calificada como cámara de gas] y no se precisa nada al visitante. Esto es demasiado complicado. Se verá más tarde"» (Eric Conan, Auschwitz: La Memoria del Mal, L'Express, 19-25 de Enero de 1995, p. 68).

     Comentario: Este propósito de una responsable polaca significa claramente que se ha mentido, se miente y, hasta nueva orden, se seguirá mintiendo. En 2005 pregunté a E. Conan si las autoridades del Museo de Auschwitz habían publicado un desmentido o elevado una protesta contra la intención que él había atribuido a K. Oleksy en 1995. Su respuesta fue que no había recibido ni desmentido ni protesta. En 1996 esta y otras imposturas concernientes también al campo de Auschwitz han sido denunciadas por dos autores judíos, Robert Jan van Pelt y Deborah Dwork, en una obra escrita en común, Auschwitz, desde 1270 hasta el Presente, Yale University Press. He aquí una muestra de las palabras que les vienen a la pluma: "ofuscación de posguerra", "adiciones", "tachaduras", "supresión", "reconstrucción", "reconstrucción de posguerra en gran parte" (p. 363), "reconstruído", "usurpación", "recreado", "cuatro aberturas practicadas en el techo, como para que el Zyklon B fluyera hacia el interior de la cámara de gas, fueron instaladas [después de la guerra]" (p. 364), "falsificado", "inexacto", "mala información", "inapropiado" (p. 367), "falsificando" (p. 369). En 2001, el carácter falaz de esta cámara de gas Potemkin fue también reconocido en un folleto que acompañaba a dos CD-ROM y titulado El Negacionismo. Redactado por Jean Marc Turine y Valerie Igounet, este folleto está prologado por Simone Veil (Radio-France-INA, Vincennes, Frémeaux et Associés).

—17) En 1996, Jacques Baynac, historiador francés, de Izquierda y resueltamente anti-revisionista desde 1978, acabó por admitir, hechas todas las reflexiones, que no había pruebas de la existencia de las cámaras de gas nacionalsocialistas. No se puede —escribe— más que constatar "la ausencia de documentos, huellas u otras pruebas materiales". Pero dice que persiste en creer en la existencia de esas mágicas cámaras de gas (Le Nouveau Quotidien de Lausanne, 2 de Septiembre de 1996, p. 16, y 3 de Septiembre de 1996, p. 14).

     Comentario: En suma, J. Baynac dice: "No hay pruebas, pero yo creo", mientras que un revisionista piensa: "No hay pruebas, entonces rehusó creer y mi deber es impugnar".

—18) En 2000, al finalizar su Historia del Negacionismo en Francia (París, Gallimard, 2000), Valerie Igounet publicó un extenso texto en cuyo final Jean-Claude Pressac, que había sido uno de los enemigos más determinados de los revisionistas, firma una verdadera acta de capitulación. En efecto, retomando la palabra del profesor Michel de Boüard, declara que el informe del sistema concentracionario está "podrido", y esto de manera irremediable.

     El escribe: "¿Se puede enderezar el entuerto?". Y responde: "Es demasiado tarde". Añade: "La forma actual, sin embargo triunfante, de la presentación del universo de los campos está condenada". Termina opinando que todo lo que se ha inventado así alrededor de sufrimientos demasiado reales está destinado "al basurero de la Historia" (pp. 651-652). En 1993-1994, este protegido del judío francés Serge Klarsfeld y del rabino estadounidense Michael Berenbaum, director científico del Museo del Holocausto de Washington, había sido celebrado en el mundo entero como un extraordinario buscador que, en su libro Los Crematorios de Auschwitz, la Maquinaria del Asesinato en Masa (París, CNRS editions, 1993), había enterrado, según parecía, a la hidra del revisionismo. Aquí, en este libro de V. Igounet, se le ve firmar su capitulación.

     Comentario: El gran público está mantenido en la ignorancia de un hecho capital: el hombre providencial que la prensa del mundo entero había presentado como un extraordinario buscador que había descubierto por fin la prueba científica de la existencia de las cámaras de gas nacionalsocialistas, este hombre, acabó por reconocer su error. Algunos años más tarde, ningún órgano de prensa informó de su muerte.

—19) En 2002, R. J. van Pelt, ya citado, publicó The Case for Aschwitz. Evidence from the Irving Trial, Indiana University Press. Se sabe que David Irving, que es cuando mucho un semi-revisionista y que conocía mal la argumentación revisionista, perdió el proceso por difamación que había tenido la imprudencia de intentar contra la universitaria judía estadounidense Deborah Lipstadt. Trató torpemente de sostener la tesis —perfectamente justa por lo demás— según la cual no existieron cámaras de gas homicidas en Auschwitz. Pero del mismo modo faltó un punto esencial y, si el juez Charles Gray, y luego otros jueces después de este último, hubiera tenido más valor, este punto habría debido permitirle ganar su causa. El argumento se resumía en una fórmula de cuatro palabras que yo había lanzado en 1994: "No holes, no Holocaust" (sin agujeros [en el techo, para dejar caer el gas], no hay Holocausto). Mi razonamiento había sido el siguiente:

1. Auschwitz es el centro del "Holocausto".

2. Los grandes crematorios de Auschwitz-Birkenau, o Auschwitz-II, están en el centro del vasto complejo de Auschwitz.

3. En el corazón de estos crematorios se encuentran, según parece, una o varias cámaras de gas homicidas.

4. Hoy, solo uno de estos crematorios (el crematorio N° 3), aunque está en ruinas, permite examinar el local que se dice haber sido una cámara de gas homicida; es el supuesto lugar de un crimen igualmente supuesto.

5. Se nos afirma que, para matar a los detenidos judíos en ese local, un SS, desplazándose sobre el techo de hormigón de la supuesta cámara de gas, vertía gránulos de Zyklon B por cuatro orificios regulares situados en el techado.

6. Sin embargo es suficiente con tener ojos para darse cuenta de que tales orificios no han existido jamás.

7. El crimen, pues, no ha podido cometerse.

     Comentario: R. J. van Pelt, testimoniando contra D. Irving, se las ha visto, y ha deseado encontrar un alto a este argumento. Al fin y al cabo, ni él ni sus colaboradores son advenedizos en esto. El juez Gray ha tenido que reconocer también "la aparente ausencia de evidencias de orificios" (acta verbal, p. 490) y, de una forma más general, concedió que "documentos contemporáneos rinden una evidencia poco clara de la existencia de cámaras de gas concebidas para matar seres humanos" (p. 489; para más detalles, remitirse a las páginas 458-460, 466-467, 475-478 y 490-506). En el texto mismo de su enjuiciamiento, Charles Gray reconocía su sorpresa: "Tengo que confesar que, en común con la mayoría de la gente, he dado por supuesto que la evidencia del exterminio en masa de los judíos en las cámaras de gas de Auschwitz era convincente. Tengo, sin embargo, que dejar de lado esta idea preconcebida mientras se valora la evidencia aducida por las partes en estos actos" (13.71). El fracaso de los historiadores-acusadores es aquí flagrante, y D. Irving tendría que haber ganado su proceso gracias a esta constatación de un juez que le era hostil: los documentos de la época no nos revelan decididamente más que pocos elementos de prueba, que sean claros, de la existencia de las cámaras de gas nacionalsocialistas y también de una política alemana de extermino de los judíos. ¿No es esto, después de todo, lo que concluían ya, como hemos visto más arriba, muchos historiadores judíos, empezando por León Poliakov en 1951?.

—20) En 2004, un historiador francés, Florent Brayard, publicó una obra titulada La "Solución Final" de la Cuestión Judía. La Técnica, el Tiempo y las Categorías de la Decisión, Paris, Fayard. En 2005, en una reseña de esta obra, pueden leerse las tres frases siguientes:

     «Se sabe que el Führer no redactó ni firmó una orden de supresión de los judíos, que las decisiones —porque hubo muchas— se tomaron en el secreto de conversaciones con Himmler, quizá Heydrich y/o Göring. Se supone que, más que una orden explícita, Hitler dio su aprobación a peticiones o proyectos de sus interlocutores. Quizá no la formuló él mismo, pero se hacía entender por un silencio o un asentimiento» (Yves Ternon, Revue d'Histoire de la Shoah, Julio-Diciembre 2005, p. 537).

     Comentario: Casi a cada palabra, estas frases demuestran que su autor se ha reducido a aventuradas especulaciones. Cuando se atreve a anticipar sin el menor indicio que quizá Hitler se hacía entender "por un silencio o un asentimiento", no hace más que retomar la teoría del "asentimiento con la cabeza" dado por el Führer, teoría emitida por el profesor Christopher Browning en el proceso contra Zündel en Toronto en 1988. Nunca un universitario de convicción anti-revisionista se ha mostrado más lamentable y más tonto que este shabbat-goy. Esto es tan cierto que, anonadada por las victorias revisionistas, la tesis oficial ha terminado por vaciarse de todo contenido científico.

* * * *


BALANCE DE ESTAS VICTORIAS REVISIONISTAS

     Recapitulemos brevemente estas victorias revisionistas.

     Puestos contra la pared por los revisionistas, los historiadores oficiales del pretendido exterminio físico de los judíos han terminado por reconocer que, desde el punto de vista histórico y científico, ya no les queda ningún argumento para sostener su atroz acusación. Ellos reconocen, en efecto:

—1) Que no pueden invocar ningún documento que pruebe el crimen.

—2) Que son incapaces de proporcionar la menor representación del arma del crimen.

—3) Que no poseen pruebas ni tampoco elementos de pruebas.

—4) Que no pueden nombrar ningún testigo verídico.

—5) Que su informe está podrido, irremediablemente podrido, y que está destinado al basurero de la Historia.

—6) Que las fuentes en otro tiempo invocadas se han revelado no solamente bastante más escasas de lo que se pretendía sino también dudosas.

—7) Que las pretendidas huellas son poco numerosas, dispersas y de difícil interpretación.

—8) Que ha existido por parte de ellos falsificación, disfraz y artificio.

—9) Que en apoyo de la tesis oficial se ha invocado demasiado a menudo una "necia historia", la de una decisión de exterminar a los judíos que se habría tomado el 20 de Enero de 1942 en Berlin-Wannsee.

—10) Que el primero de entre ellos, Raúl Hilberg, se ha reducido hoy a explicarlo todo, de manera extravagante, a través de supuestas iniciativas que, según él, la burocracia alemana habría tomado atrevidamente sin orden, sin plan, sin instrucción, sin control y simplemente gracias, según parece, a una increíble confluencia de mentes y a una transmisión del pensamiento consensual.

     Estos historiadores oficiales no han sabido responder a ninguna pregunta o constatación de los revisionistas del género de:

—1) Muéstrenme o dibújenme una cámara de gas nacionalsocialista.

—2) Tráiganme una prueba, una sola muestra de evidencia, a su propia elección, en base a la cual se afirme que tuvo lugar un genocidio.

—3) Tráiganme un testimonio, un solo testimonio, el mejor en su opinión.

—4) Sin orificios no hay "Holocausto".

     Acorralados contra las cuerdas del ring, los historiadores de la Corte han recurrido a los tribunales para condenar a los revisionistas, pero, contra lo esperado, se consiguió que los jueces hayan llegado a veces incluso a rendir homenaje a la probidad de los revisionistas, o bien han manifestado su sorpresa ante la rareza o ausencia de pruebas documentales de parte de los acusadores. Entonces, primero en Francia y después en muchos otros países de Europa, estos acusadores han apelado a la promulgación de leyes especiales para hacer callar a los revisionistas. Allí han firmado su perdición. Recurrir a leyes especiales, a la policía y a la prisión, es confesar su impotencia para utilizar los argumentos de la razón, de la Historia y de la ciencia.

     Todavía podrían ser aquí recordados cien argumentos más que prueban que, en el ámbito de la Historia y de la ciencia, no queda piedra sobre piedra del inmenso edificio de mentiras levantado por los secuaces del "Holocausto" o "Shoah". En contraste con este campo de ruinas se ha visto construír el edificio de toda una literatura revisionista. Se descubren en profusión documentos, fotografías, peritajes, transcripciones de procesos, informes técnicos y científicos, testimonios, estudios estadísticos, el 100% de aspectos de la historia de la Segunda Guerra Mundial que muestran lo que ha sido en realidad la suerte de los judíos europeos y que demuestran de manera brillante que la versión judía de esta guerra pertenece ampliamente al orden del mito.

     Del mito, los judíos van a la mitología, y de la mitología a la religión, o más bien, a la apariencia de religión. Hoy los servidores de esta falsa religión se asemejan cada vez más a sacerdotes que continúan oficiando y que recobran las fórmulas consagradas, pero manifiestamente sin tener ya fe. No creen ya verdaderamente en su "credo". Es así, por ejemplo, cómo después de una decena de años se les ve aconsejar a sus fíeles observar la más grande discreción posible sobre el asunto de las cámaras de gas.

     En sus Memorias, el gran testigo falso Elie Wiesel escribió en 1994: "Sería mejor que las cámaras de gas permanezcan cerradas a las miradas indiscretas. Y a la imaginación" (Tous les FleuvesVont a la Mer, París, Le Seuil, 1994, p. 97). Como él, Claude Lanzmann (autor de la película Shoah), Daniel Goldhagen (autor de Hitler's Willing Executioners), Simone Veil (ex-presidente del Parlamento Europeo, ya mencionada) y François Léotard (ex-ministro), llegan a ser desde hace algunos años extrañamente reservados, prudentes o silenciosos sobre el asunto.

     Hace algunos meses, Jacques Attali (hombre de negocios judío e historiador) acaba de decretar: "La inmensa mayoría de los judíos asesinados lo fueron por armas individuales de soldados y policías alemanes, entre 1940 y 1942, y no por las fábricas de la muerte, creadas después" (Groupes de Criminéls, L'Express, 1° de Junio de 2006, p. 60). Esta manera implícita de pasar a pérdidas y ganancias las pretendidas cámaras de gas se vuelve cosa corriente. Se trata de reemplazar la mentira de Auschwitz por la mentira de Babi Yar o de otras fantásticas matanzas en Ucrania o en los países bálticos pero, ni una sola vez, se nos ha provisto a este respecto de pruebas científicas tales como informes de exhumación y de autopsia, lo cual sí se ha hecho en el caso de matanzas reales perpetradas por los soviéticos en Katyn, en Vinnitsa y en otros lugares. En cuanto al número de muertos en Auschwitz unos nos dicen nada menos que fue de 9.000.000 (como en Noche y Niebla), de 8.000.000, de 6.000.000 o de 4.000.000 (como en los juicios de Núrenberg o en las lápidas de Auschwitz-Birkenau hasta 1990). Otros se contentan con 1.500.000 (como sobre estas mismas lápidas desde 1995), o 1.100.000, o 700.000 (como lo escribió J.-Presac), o aun 510.000 (como ha concluído Fritjof Meyer en 2002, Die Zahl der Opfer von Auschwitz, p. 631-641). Todas estas últimas cifras no están más fundadas que las precedentes.


CONCLUSIÓN GENERAL

     Nos ha sido otorgado el privilegio de asistir, en este principio del siglo XXI, a un serio cuestionamiento de una de las más grandes mentiras de la Historia. El mito del "Holocausto", por más que hizo brillar mil fuegos, en realidad se consume. Ha servido para justificar la creación en la tierra de Palestina de una colonia guerrera que tomó el nombre de "Estado Judío" y que se ha dotado de un "Ejército Judío". Impone al mundo occidental el yugo de una tiranía judía o sionista que se ejerce en todos los ámbitos de la vida intelectual, universitaria y mediática. Envenena hasta el alma de un gran pueblo, Alemania. He permitido arrebatar a esta última, lo mismo que a otros muchos países del mundo accidental, sumas exorbitantes de marcos, de dólares o de euros. Nos agobia con películas, museos y libros que mantienen el fuego de un odio de carácter talmúdico. Permite llamar a la cruzada armada contra "el eje del mal" y, para ello, fabricar a granel las más desvergonzadas mentiras sobre el modelo precisamente de la Gran Mentira del "Holocausto", porque no hay ninguna diferencia entre las "armas de destrucción masiva" de Adolf Hitler y las de Sadam Hussein.

     Dicho mito permite acusar casi al mundo entero y exigir por todas partes "arrepentimiento" y "reparaciones", sea por pretendidas acciones dirigidas contra "el pueblo elegido de Yahvé", sea por una pretendida complicidad en el crimen, sea por una pretendida indiferencia general con respecto a la suerte de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Tiene en su activo oleadas de procesos trucados, empezando por el infame proceso de Núrenberg. Ello ha autorizado millares de ahorcamientos de soldados vencidos, una atroz Depuración, la deportación de millones de civiles expulsados de la tierra de sus ancestros, pillajes sin nombre, decenas de miles de escandalosos procesos judiciales, incluídas hoy las persecuciones que afectan a octogenarios o nonagenarios contra los cuales vienen a dar falso testimonio los "amilagrados" judíos.

     Estas abominaciones, esta desmesura en la mentira y el odio, esta "hybris" que un día u otro el destino acaba siempre por castigar, en suma, todos estos excesos, deben llegar a su fin. Ningún pueblo se ha mostrado más paciente con esta "hybris" judía o sionista que el pueblo árabe; pero este pueblo está al extremo de la paciencia. Se va a desembarazar del yugo israelí y a hacer comprender a Occidente que ha llegado el tiempo de buscar una verdadera paz en lugar de sostener por las armas un Estado artificial que no se mantiene más que por la fuerza. Incluso en Occidente, incluso en Estados Unidos, se están abriendo los ojos de algunos y se está tomando conciencia de los peligros que se hace correr a la comunidad internacional por una sumisión tan prolongada a la falsa religión del "Holocausto", arma Nº 1, espada y escudo del Estado de Israel.


CONCLUSIÓN PRÁCTICA

     Existen medios prácticos de entablar una verdadera acción contra esta religión falsa cuyo santuario se sitúa en Auschwitz.

     Como se sabe, en el corazón de Auschwitz se encuentra una cámara de gas emblemática. Hasta ahora la han visitado alrededor de 30 millones de turistas. Se trata de una impostura; todos los historiadores tienen conciencia de ello, y las autoridades del Museo del Estado de Auschwitz lo saben mejor que nadie. Ahora bien, la UNESCO (Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) ha inscrito este campo, el 26 de Octubre de 1979, a instancias del Gobierno polaco, en la lista de lugares o bienes culturales del Patrimonio Mundial, quedando la UNESCO a cargo de garantizar su autenticidad. Por mi parte, sugiero pues que la UNESCO se haga cargo de este caso de superchería que constituye un atentado a la educación, a la ciencia y a la cultura. De una forma más general, podríamos retomar la frase pronunciada en 1979 por Jean-Gabriel Cohn-Bendit: "Luchemos pues para que se destruyan esas cámaras de gas que se muestran a los turistas en los campos donde se sabe ahora que no hubo nada de eso" (Liberation, 5 de Marzo de 1979, p. 4).

     Hay otros medios prácticos de luchar contra la tiranía del mito del "Holocausto", comenzando por anunciar al mundo entero estas "victorias revisionistas" que le estaban ocultas hasta aquí. Yo tengo confianza en los revisionistas presentes en esta asamblea para que nos sugieran otros medios y para discutir sobre ello.

     Practicando la mentira a gran escala, los devotos del "Holocausto" se han hecho poco a poco enemigos del género humano. Después de más de 60 años acusan progresivamente al mundo entero o poco menos. Su blanco principal es, por supuesto, Alemania y todos los que, a lado de ese país, creyeron que debían luchar contra Stalin, de la misma manera que otros, en el campo contrario, pensaban que debían luchar contra Hitler. Pero, en su frenesí acusador, las organizaciones judías llegaron hasta vituperar a los Aliados por su pretendida "indiferencia" criminal ante la suerte de los judíos europeos. Interpelaron a Roosevelt, a Churchill, a De Gaulle, al Papa Pío XII, al Comité Internacional de la Cruz Roja, así como a muchas otras personalidades, instancias y países por no haber denunciado las "cámaras de gas". ¿Pero como se habría podido tener por verificado algo que no era, evidentemente, otra cosa que un grotesco rumor de guerra?. Basta con leer la obra del judío Walter Laqueur, The Terrible Secret (Londres, Weidenfeld & Nicholson, 1980) para recoger allí una treintena de referencias al escepticismo, perfectamente justificado, del campo Aliado ante la ola de rumores provenientes de fuentes judías. Se habían llevado a cabo encuestas que permitieron concluír que esos rumores eran infundados. De lo que dieron prueba pues los Aliados y los demás acusados es de perspicacia y no de indiferencia. De esa misma perspicacia han dado testimonio después de la guerra en sus discursos o en sus memorias, Churchill, De Gaulle y Eisenhower, guardándose de mencionar, ni siquiera una sola vez, las citadas "cámaras de gas".

     La guerra y la propaganda de guerra tienen necesidad de la mentira tanto como los cruzados y el espíritu de cruzada se alimentan de odio. Por el contrario, la paz y la amistad entre los pueblos no pueden sino salir ganando con el cuidado de la exactitud en materia de investigación histórica, una investigación que debe poder ejercerse con toda libertad.



DOS PIEZAS AÑADIDAS QUE SE REFIEREN
A LA PRETENDIDA CÁMARA DE GAS DE AUSCHWITZ


1) Texto íntegro de lo que ha dicho sobre esto Eric Conan en 1995

     «Otra cuestión delicada: ¿qué hacer con las falsificaciones heredadas de la gestión comunista? En los años '50 y '60, muchas construcciones, que habían desaparecido o cambiado de aplicación, fueron reconstruídas con grandes errores y presentadas como auténticas. Algunas, demasiado "nuevas", se cerraron al público, para no hablar de cámaras de gas de despiojamiento, presentadas a veces como cámaras de gas homicidas. Estas aberraciones han servido mucho a los negacionistas, que han sacado de ello lo esencial de sus tramas. El ejemplo del Crematorio I, el único de Auschwitz, es significativo. En su morgue se instaló la primera cámara de gas. Funcionó poco tiempo, a principios de 1942: el aislamiento de la zona que implicaban los gaseamientos perturbaba la actividad del campo. Se decidió entonces, a fines de Abril de 1942, transferir esos gaseamientos mortales a Birkenau donde se practicaron sobre las víctimas, principalmente judíos, a una escala industrial. El Crematorio I fue, seguidamente, transformado en un refugio antiaéreo, con sala de operación. En 1948, cuando la creación del museo, el Crematorio I fue reconstruído en un supuesto estado de origen. Todo allí es falso: las dimensiones de la cámara de gas, el emplazamiento de las puertas, las aberturas para el vertido del Zyklon B, los hornos, reconstruídos según los recuerdos de algunos supervivientes, la altura de la chimenea...

     «A finales de los años '70, Robert Faurisson explotó con mayor razón estas falsificaciones que los responsables del museo se negaban entonces a regañadientes a reconocerlas. Un negacionista estadounidense acaba de rodar un video-film en la cámara de gas (siempre presentada como auténtica): se le ve allí interpelar a los visitantes con sus "revelaciones". Jean-Claude Pressac, uno de los primeros en establecer exactamente la historia de esa cámara de gas y de sus modificaciones durante y después de la guerra, propone restaurarla en su estado de 1942, fundándose sobre planos alemanes que acaba de encontrar en los archivos soviéticos. Otros, como Théo Klein, prefieren dejarla como está, pero explicando al público el disfraz: "La Historia es la que es; es suficiente contarla, incluso cuando no es simple, mejor que añadir artificio al artificio". Krystyna Oleksy, cuyo despacho de dirección, que ocupa el antiguo hospital de los SS, da directamente sobre el Crematorio I, no se decide: "Por ahora se la deja como está y no se precisa nada al visitante. Es demasiado complicado. Se verá más tarde"» (Eric Conan, Auschwitz: La Memoria del Mal, L'Express, 19-25 de Enero de 1995, pp. 54-69; p. 68).

     En su amplio estudio, E. Conan ha querido mostrar cuánta distancia hay de la "memoria" a la Historia. Lo ha hecho sin recusar el dogma del "Holocausto"; incluso llega a decir que cree en la existencia del arma de destrucción masiva llamada "cámara de gas", y ha presentado como exactos y demostrados a asesinatos que no tienen el menor fundamento científico. Sin embargo, tuvo el valor de denunciar graves mentiras, entre ellas la de la emblemática "cámara de gas" que hoy se presenta a los visitantes de Auschwitz. Y se atreve a admitir que, desde finales de los años '70, yo tenía razón sobre el asunto. En 2005 le pregunté si su estudio había suscitado rectificaciones o protestas, en particular por parte de las autoridades del Museo Nacional de Auschwitz y de Krystyna Oleksy. Su respuesta fue: "Ninguna".


2) Texto íntegro de lo que se dice sobre esto en un folleto de CD-ROM prologado por Simone Veil

     «(Robert Faurisson) tiene la motivación: el amor exclusivo por la verdad; tal sería una de sus obsesiones. Universitario, Robert Faurisson no cesará de utilizar esta garantía científica, diciéndose prueba de respetabilidad. Lee a Maurice Bardéche. Descubre a Paul Rassinier. "Desmenuza" a Rimbaud, Lautreamont y Apollinaire. Hombre brillante y cultivado, no es menos un provocador. Durante los años '70, Robert Faurisson trabaja. Bosqueja su método histórico-literario. Se traslada a los archivos de Auschwitz. Su negación se va a construír allí. Ésta reposa sobre un hecho real: la cámara de gas del campo de Auschwitz I es una "reconstrucción", puesto que sirvió como almacén para los medicamentos de los SS y de refugio antiaéreo después de la puesta en servicio de las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau; lo que él ha podido ver (y lo que se puede todavía ver) es una cámara de gas supuesta. Esto es innegable. Esto no impide que para Robert Faurisson se trata de una superchería cuyos autores son los judíos» (Le Negationisme 1948/2000, Conversaciones difundidas por France Culture bajo la dirección de Jean-Marc Turine. Folleto por Valérie Igounet y Jean-Marc Turine, prologado por Simone Veil, Vincennes, Frémeuax et Associés, 2001, 48 páginas; p. 27-28).–





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