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sábado, 3 de enero de 2015

La ONU contra la Libertad de Expresión



     Hace tres días se publicó en thenewamerican.com, sitio estadounidense, el siguiente artículo que denuncia nuevos y reiterados intentos de esa mafiosa (masónica) organización orwelliana llamada Naciones Unidas. Uno de ellos es su avidez por hacer ilegal la emoción producida por la frustración, la impotencia y la indignación tras ser ofendido, injuriado y atacado, la emoción sin la cual la vida no puede defenderse a sí misma, y que los repugnantes políticos tartufos, entornando sus ojos y rasgando sus malolientes vestiduras, señalan escandalizados como si fuese una causa y no un efecto, la única emoción en verdad que realmente temen: el odio. Pero lo que ellos llaman "odio" es un odio selectivo: sólo algunas cosas usted no puede odiar, ni hablar mal de ellas, ni ponerlas en duda. Usted debe tragarse el daño sin reaccionar. Por ley, prohibido odiar a los hacedores de maldad. Todos deben acostumbrarse a la aberración y deben considerarla como natural. Nada más antinatural que la falsificación de las emociones. Tiranía pura.


ONU Busca Criminalizar la Libre Expresión
Aludiendo a los "Derechos Humanos"
por Alex Newman
31 de Diciembre de 2014



     So pretexto de fomentar lo que Naciones Unidas denomina como "derechos humanos", dicho organismo global dominado por dictadores está emprendiendo un auténtico asalto sobre el derecho a la libre expresión, presionando a los Gobiernos para que criminalicen el así llamado "discurso de odio". En efecto, trabajando junto a grupos de activistas radicales financiados por los Gobiernos y a políticos anti-libertad alrededor del mundo, Naciones Unidas y otras fuerzas de mentalidad totalitaria han alcanzado ahora el punto donde ellos abiertamente afirman que lo que ellos llaman "Derecho internacional" realmente requiere que los Gobiernos prohíban el discurso y las organizaciones que ellos desaprueban. Los críticos, sin embargo, se están defendiendo en un esfuerzo para proteger la libertad de expresión, que está entre los más fundamentales de todos los derechos reales.

      Mientras el derecho, dado por Dios, de los estadounidenses de hablar libremente está firmemente consagrado en la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense, Naciones Unidas y sus hordas de burócratas de "derechos humanos" están actualmente aterrorizando e intimidando a la gente de Japón —entre otros— en un esfuerzo para reducir drásticamente los derechos de expresión. Señalando a un diminuto grupo de activistas anti-coreanos que realizan demostraciones en Japón, los políticos y los auto-designados promotores de los "derechos humanos" también se han unido a Naciones Unidas en su cruzada de estilo soviético para prohibir la libre expresión. La Constitución japonesa, sin embargo, como la estadounidense, incluye fuertes protecciones para la libertad de discurso. Sin embargo, eso no ha frenado a Naciones Unidas en su tentativa de imponer sus radicales restricciones de expresión sobre Japón de todos modos.

     Al menos dos distintos equipos de Naciones Unidas, la dominada por dictadores "Comisión de Derechos Humanos" y el "Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial" de Naciones Unidas han condenado hasta ahora a Japón este año [2014] por dejar de criminalizar el libre discurso, exigiendo prohibiciones inmediatas. El comité racial de Naciones Unidas incluso publicó un informe que pide a los políticos japoneses que desmantelen la Constitución nacional y que tomen las "medidas apropiadas para revisar su legislación", criminalizando y castigando el discurso, las reuniones y a los grupos considerados como "de odio". Dicho comité también exigió "una ley integral que prohíba la discriminación racial".

     El comité de "derechos humanos", mientras tanto, exigió que las autoridades japonesas "prohíban toda propaganda que abogue por la superioridad racial o de odio que incite a la discriminación, la hostilidad o la violencia". Incluso el discurso en Internet está en la mira de los "derechos humanos" de Naciones Unidas para su regulación y prohibición. Mientras los discursos y concentraciones anti-coreanos efectuados por el grupo japonés "Zaitokukai" están siendo usados como el pretexto para aterrorizar a Japón para que cambie sus políticas e infrinja las libertades constitucionalmente garantizadas de los ciudadanos, la maquinación anti-libre discurso de Naciones Unidas tiene objetivos mucho más grandes.

     Increíblemente, a pesar de las garantías constitucionales para la libertad de expresión y de la carencia de cualquier estatuto que incluso pretenda criminalizar el libre discurso, los tribunales japoneses actualmente han estado basándose en acuerdos de Naciones Unidas para castigar a supuestos voceros del "odio". El verano pasado, la corte suprema de Osaka confirmó un fallo anterior contra la organización Zaitokukai por sus discursos y reuniones afuera de una "escuela" de propaganda norcoreana en Kyoto que le lava el cerebro a los niños para que adoren al dictador norcoreano asesino de masas Kim Jong-Un. Al grupo se le ordenó pagar más de 100.000 dólares por su supuesto discurso de odio, nuevamente, a pesar de las protecciones de la Constitución para el libre discurso y de la carencia de un estatuto de "discurso de odio" en Japón.

      También alarmante para los críticos es que los miembros superiores de la clase política japonesa estén ya conspirando para usar leyes de "discurso de odio" para criminalizar la crítica hacia el Gobierno y los políticos. Según un reciente informe difundido en la revista The Economist, la político revisionista Sanae Takaichi dijo que las leyes de "discurso de odio" deberían ser usadas para parar a la gente de protestar por las acciones del Gobierno en las afueras del Parlamento. Los legisladores deben ser libres de trabajar "sin ningún temor de ser criticados", explicó ella, provocando escalofríos en los abogados de la libre expresión. Por lo visto, el sentimiento totalitario está extendido entre la clase política, aunque el ministro de justicia de Japón haya resistido hasta ahora los llamados de Naciones Unidas para perseguir los esquemas de "discurso de odio".

      La mayor parte del lobby que hace Naciones Unidas contra la libertad de expresión en Japón, así como en otras naciones, gira alrededor de la "Convención Internacional para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial" y similares regímenes planetarios de policía del pensamiento. El radical acuerdo de Naciones Unidas, que entró en vigor en 1969 pero que no fue ratificado por las autoridades japonesas sino hasta los años '90, pretende criminalizar la "expresión discriminatoria". Bajo el régimen anti-libre expresión de dicho organismo global, "se requiere" supuestamente que los Gobiernos nacionales prohíban todo discurso que pudiera justificar o promover el odio, la hostilidad o la discriminación raciales, y que castiguen a los perpetradores.

     Luego la zarina de los "Derechos Humanos" de Naciones Unidas Navi Pillay, una sudafricana que fue ampliamente ridiculizada después de sus irreflexivos ataques contra Estados Unidos en años recientes, también ofreció una perspectiva escalofriante de las opiniones del organismo global dominado por dictadores acerca de la libertad. "La definición de la línea que separa el discurso protegido del que queda sin protección es finalmente una decisión que se adopta mejor después de una evaluación cuidadosa de las circunstancias de cada caso", argumentó ella. En otras palabras, cada vez que alguien se exprese, éste debe preguntarse si su discurso podría estar yendo en contra de las dudosas nociones de Naciones Unidas en cuanto al "discurso de odio", materia a ser decidida después de los hechos.

     Por supuesto, el tema en cuestión no es realmente el "discurso de odio". Las amenazas y la incitación a la violencia son ya delitos en Japón y en prácticamente el mundo civilizado entero, de modo que no se necesita ningún nuevo estatuto para frenar los excesos de los agitadores racistas del odio. En vez de ello, los verdaderos asuntos tienen que ver con la libertad de expresión, la libertad de prensa, los derechos reales, la soberanía nacional, la forma de gobierno constitucional y la autonomía. Mientras el discurso racista es ciertamente ignorante, falto de gusto y colectivista, el uso de leyes para criminalizarlo no sólo es inútil —como se ha demostrado en innumerables ocasiones— sino extraordinariamente peligroso. Más bien, el libre mercado de las ideas es el mejor modo de responder a la agitación del odio.

     Incluso la noción de "discurso de odio", sin embargo, ha sido usada durante mucho tiempo para perseguir a gente inocente por sus creencias políticas y religiosas. A través de gran parte de Europa, por ejemplo, los "pastores" y los predicadores callejeros son regularmente arrestados y encarcelados por referirse a la actividad homosexual como un pecado. En Suecia, so pretexto de emprender la guerra contra el "discurso de odio", el Ministerio de Justicia investigó incluso la Biblia. Mientras tanto, a nivel global, una amplia coalición de dictadores islámicos está buscando criminalizar la crítica del Islam, de su profeta y del Corán, a nivel mundial, usando acuerdos de Naciones Unidas.

      El origen tiránico de las leyes de "discurso de odio", mientras tanto, fue destacado detalladamente en un informe de 2011 de la respetada Hoover Institution, que denunciaba los orígenes de dichas maquinaciones dentro del régimen asesino de masas que gobernaba la Unión Soviética. "La introducción de prohibiciones del discurso de odio en la ley internacional fue defendida en su apogeo por la Unión Soviética y sus aliados", explicaba el informe acerca del "sórdido origen de las leyes de discurso de odio". "El motivo de ellos era fácilmente evidente. Los países comunistas procuraban explotar tales leyes para limitar la libre expresión". La aceptación del esquema de discurso de odio por lo que queda del mundo libre —agregaba el informe— podría tener "consecuencias devastadoras para la preservación de la libre expresión".

     Naciones Unidas, compuesta en gran parte por autocracias brutales de diversas variedades, también ha dejado sus opiniones sobre el derecho a la libre expresión absolutamente claras. Sólo considere dos ejemplos documentados por The New American en 2014. Este verano, el jefe de una poderosa agencia de Naciones Unidas, el director general Francis Gurry de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (WIPO), amenazó a un periodista con procesarlo criminalmente, por el "delito" de informar acerca de documentos oficiales que sostienen que él (Gurry) envió ilegalmente tecnología estadounidense a dictadores brutales, se vengó contra los denunciantes, y estaba implicado en una corrupción generalizada. Más recientemente, la Organización Mundial de la Salud, de Naciones Unidas, removió físicamente al público y a los medios de comunicación de una reunión financiada por los contribuyentes en Moscú, durante la cual se decidió exigir impuestos globales al tabaco mucho más altos.

     Incluso la noción entera de Naciones Unidas de los "derechos humanos" debería ser vista por lo que es: un instrumento de los tiranos para atacar los verdaderos derechos que han sostenido las tradiciones occidentales desde la Carta Magna [Inglaterra, siglo XIII]. En efecto, sin el conocimiento del estadounidense promedio y de la Humanidad en su conjunto, Naciones Unidas quiere decir algo muy diferente cuando habla de "derechos humanos" que, digamos, los derechos inalienables, dados por Dios, consagrados en la Constitución estadounidense. En el sistema estadounidense, derechos tales como la defensa propia, la libre expresión, la libertad religiosa, el juicio por un jurado, la privacidad y la posesión de propiedad, son suministrados por el Creador a cada individuo, una verdad que los Padres Fundadores de Estados Unidos vieron como evidente por sí misma.

     Como los derechos humanos de los individuos provienen de Dios, por lo tanto, ellos no pueden ser legítimamente infringidos por ningún Gobierno. De hecho, según los Fundadores, el gobierno fue instituído con el propósito expreso de proteger aquellos derechos dados por Dios para que no fuesen contravenidos. "Sostenemos estas verdades como evidentes por sí mismas, que todos los hombres son creados iguales, que ellos están dotados por su Creador con ciertos Derechos inalienables, que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad", explica la Declaración de Independencia estadounidense, que formalmente dio a luz a los independientes Estados Unidos de Norteamérica. "Y para asegurar estos derechos, los Gobiernos son instituídos entre los Hombres".

     Según la versión de Naciones Unidas de los "derechos humanos", sin embargo, los "derechos" son supuestamente definidos y concedidos a la gente por gobiernos, dictadores, tratados y organizaciones internacionales. Incluso más preocupante, quizás, es que ellos puedan ser restringidos o abolidos por el Gobierno a voluntad bajo prácticamente cualquier pretexto, como la propia "Declaración Universal de Naciones Unidas de los Derechos Humanos" lo reconoce abiertamente. Considere el Artículo 29 de dicha declaración, que afirma que los pseudo-derechos pueden ser limitados "por ley" so pretexto de cualquier cosa, desde el "orden público" al "bienestar general".

     Por otra parte, el mismo artículo afirma que cada uno tiene "deberes con la comunidad", y que los "derechos y libertades" pueden "en ningún caso ser ejercidos de manera contraria a los objetivos y los principios de Naciones Unidas". Para ponerlo en perspectiva, aquello sería como si la Primera Enmienda dijera que el Congreso no hará ninguna ley que coarte la libertad de expresión, a menos que dicha expresión sea usada para criticar al Congreso o que haga al Congreso sentirse incómodo. Obviamente, los dos puntos de vista en cuanto a los derechos humanos son incompatibles en un nivel básico. Las dos visiones son realmente casi opuestas: derechos inalienables dados por Dios, contra privilegios revocables concedidos por el Gobierno.

          Más pruebas de cómo Naciones Unidas ve los "derechos humanos" pueden ser encontradas tras un breve examen de la composición de su "Consejo de Derechos Humanos", la más alta "autoridad" dentro del sistema de Naciones Unidas sobre el asunto. En Noviembre de 2013, el equipo seleccionó a los regímenes más bárbaros en el planeta para tener un asiento en dicho organismo. Entre los regímenes asesinos de masas seleccionados para sentarse en la entidad autodenominada de "derechos humanos" de Naciones Unidas, por ejemplo, estuvieron las dictaduras comunistas esclavizadoras de la gente de China, Cuba y Vietnam. El régimen socialista de Namibia fue seleccionado para el consejo, también, uniéndose a la brutal autocracia socialista que gobierna Venezuela, que recientemente desarmó a los ciudadanos observantes de la ley con la ayuda de Naciones Unidas.

Nicolás Maduro de Venezuela con Sai Baba

     También fueron designados los tiranos islamistas de línea dura que gobiernan sobre Argelia y Arabia Saudí, la que considera convertir al cristianismo en un crimen capital y que sigue decapitando en público a "apóstatas" y otros, estilo ISIS. Si el maniatico genocida asesino de masas que gobierna Sudán no hubiera retirado su propuesta ante una clamorosa protesta global, su asiento en el Consejo estaba casi asegurado. Irónicamente, el actual "Alto Comisionado para los Derechos Humanos" de Naciones Unidas viene de Jordania, donde la conversión al cristianismo es un delito. Hace menos de una década, la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que precedió al Consejo, fue realmente presidida por nada menos que el brutal dictador libio Moamar Gadafi.

     Mientras los ataques de Naciones Unidas contra la libre expresión, bajo el disfraz de pseudo-derechos humanos, se están haciendo más audaces con cada día que pasa, la polémica organización global —ampliamente ridiculizada como "el club de los dictadores"— no tiene contemplado detenerse allí. De hecho, en Estados Unidos, Japón, Canadá, Suiza, el Reino Unido y otras partes, Naciones Unidas ha estado usando su falsa noción de "derechos" para atacar los derechos reales, que van desde la defensa propia y los derechos de los padres hasta el auto-gobierno y aún la libertad de prensa.

     Más bien que tomar en consideración las demandas extravagantes y totalitarias del club de los dictadores contra el mundo libre, las naciones civilizadas y los pueblos libres deberían forzar a sus Gobiernos a dejar de financiar y a retirarse de Naciones Unidas. Sólo entonces los interminables ataques de Naciones Unidas contra la libertad y los verdaderos derechos llegarán a un final. Hasta ese entonces, sin embargo, la Humanidad debe oponerse firmemente a las maquinaciones autocráticas de Naciones Unidas a cada instante, no sea que los verdaderos derechos inalienables de la gente sean usurpados y pisoteados con el pretexto de falsos "derechos humanos".–



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