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jueves, 18 de diciembre de 2014

Kerry Bolton - Psicopatología de la Izquierda



     Publicado primeramente en la edición Nº 10 de la revista trimestral de la Academy of Social and Political Research llamada Ab Aeterno (Enero-Marzo de 2012), el siguiente ensayo del prolífico escritor e investigador neozelandés Kerry R. Bolton (1956), doctor en Teología, fue posteriormente incorporado (de manera repartida en sus tres primeros capítulos) en su libro "La Izquierda Psicótica: Desde la Francia Jacobina al Movimiento Occupy" (The Psychotic Left: From Jacobin France to the Occupy Movement, 2013). En Noviembre del año pasado fue presentado este artículo en el sitio counter-currents.com de donde lo hemos traducido. Su tesis es la enunciada en el título, con un énfasis en la sangrienta Revolución francesa, ensayo general de la posterior bolchevique, todo lo cual ciertamente es muchísimo más ilustrado en el libro entero.


Psicopatología de la Izquierda
Algunas Notas Preliminares
por Kerry R. Bolton



     La "Derecha" de la dicotomía política, incluyendo los valores sociales y morales que han sido tradicionalmente considerados —hasta hace poco— como normativos, ha sido durante aproximadamente ochenta años sujeto de análisis no sólo política y sociológicamente sino también psicológicamente.

     El impulso para un análisis psicológico de la Derecha e incluso de la moralidad conservadora como una aberración mental, fue conducido por la Escuela de Frankfurt de la Teoría Crítica que, con el ascenso de Hitler, fue transferida en masa a Estados Unidos bajo los auspicios de la Universidad de Columbia, donde fue restablecida en Nueva York como el Instituto de Investigación Social [1]. El documento germinal publicado por ese círculo, encabezado por Theodore Adorno, fue "La Personalidad Autoritaria" [2], un estudio psicológico que tenía la intención de mostrar mediante el análisis estadístico, con una encuesta basada en una escala "F" (fascismo), que los tradicionales valores sobre moralidad, y sobre todo acerca de la familia y la autoridad paterna, necesitaban una reorientación psicológica y eran síntomas del "fascismo" latente. En particular, la familia patriarcal fue atacada como la institución raíz para el cultivo de una mentalidad "fascista" [3].

     Mientras los científicos sociales izquierdistas, como los de la Escuela de Frankfurt, procuraban mostrar mediante el análisis estadístico que los valores conservadores son psicológicamente anormales, simultáneamente hubo una maniobra para mostrar que los izquierdistas tienen valores normativos. Rothman y Lichter, en su estudio psico-histórico de los judíos en la Nueva Izquierda de EE.UU., sostienen que cientistas sociales han ideado estudios para mostrar que los izquierdistas poseen valores positivos y normativos. Ellos escriben que en EE.UU., y en menor grado en Europa, la mayoría de los «comentarios y estudios "científicos" del movimiento estudiantil estaban de acuerdo en que los jóvenes radicales representaban lo mejor en sus sociedades». Rothman y Lichter señalan que los estudios involucraron a poca cantidad de gente y que las simpatías políticas de los examinadores estaban con sus sujetos. Este círculo de científicos sociales produjo una corriente de estudios "que parecía demostrar que los estudiantes radicales eran democráticos, humanitarios, psicológicamente sanos y moralmente avanzados". "Todos estos estudios críticos están o basados en impresiones o en pequeñas muestras" [4].

     Muchos científicos sociales atribuyeron muchos atributos de personalidad "positivos" o puntos de vista políticos también "positivos" a la Nueva Izquierda, en gran parte porque sus cuestionarios fueron o construídos de tal manera como para asignar tales atributos a los estudiantes radicales casi por definición, o porque los estudiantes... sabían cómo responder "apropiadamente" a las preguntas planteadas [5].

     De aquí que haya persistido la percepción de que la "Derecha" está basada en valores que emanan de la familia mentalmente disfuncional, a menudo basada en lo patriarcal, y de que la "Izquierda" es mentalmente sana. Rothman y Lichter tienen una actitud crítica hacia la Escuela de Frankfurt y hacia el uso de la así llamada "escala F" para descubrir tendencias "fascistas" como tipos de personalidad. Rothman y Lichter sostienen que "La Personalidad Autoritaria" fue un estudio destinado a confirmar las opiniones preconcebidas de los autores [6].

     Sin embargo, los estudios de Rothman y Lichter acerca de los estudiantes pertenecientes a la Nueva Izquierda encontraron que "los radicales eran considerablemente más propensos que los moderados a manifestar tendencias hacia una identidad negativa, una sumisión masoquista y a tratar a la gente como conceptos". Los radicales judíos comúnmente manifestaban una tendencia a escaparse de una madre dominante, mientras los radicales no-judíos consideraban a sus padres varones como más dominantes, pero defectuosos [7].

     Aunque la síntesis de Freudismo y Marxismo era inaceptable para los estalinistas, y los Teóricos Críticos fueron rechazados por el Partido Comunista alemán [8], la URSS encontró la psiquiatría como un medio útil para silenciar a los "disidentes", sometiéndolos a exámenes psiquiátricos y diagnosticándolos rutinariamente como esquizofrénicos, a partir de lo cual ellos serían confinados a un manicomio y, de manera concomitante, siendo el anti-sovietismo identificado como una forma de psicosis [9].

     El renombrado poeta Ezra Pound recibió un tratamiento similar en su regreso forzoso desde Italia a EE.UU. después de la Segunda Guerra Mundial, habiendo sido primero confinado a una jaula al aire libre por las fuerzas de ocupación estadounidenses en Italia. Para evitar la publicidad de un proceso por traición a uno de literatos más eminentes del mundo, Pound fue confinado al manicomio Saint Elizabeth [10].


Uso de la Psiquiatría contra Disidentes en el Occidente Liberal

     La Derecha ha seguido siendo retratada como una aberración mental, ya sea en sus formas hitleristas más extremas, o simplemente como los valores conservadores permanentes en la familia, siendo tales valores retratados como regresivos. Por ejemplo, al influyente filósofo "fascista" de posguerra Francis Parker Yockey, tras su detención por mal uso de un pasaporte en San Francisco en 1960, el tribunal le ordenó someterse a un examen mental [11], asegurando de esa manera que cualquiera que tendiera hacia tales ideas podría ser igualmente relegado como insano. En efecto, él se suicidó en prisión durante el proceso por la misma razón de que él temía ser sometido a una lobotomía o a una medicación que lo reduciría a un estado mentalmente vegetativo [12]. Mientras el crítico izquierdista o liberal respondería habitualmente que esto en sí mismo indica el estado mental de Yockey, la situación no es tan simplista, sobre todo en ese entonces.

     En efecto, el doctor Thomas Szasz, profesor emérito de psiquiatría en la Universidad Médica de Syracuse, al Norte de Nueva York, y un crítico eminente del freudismo, ha escrito que "estamos sustituyendo los controles sociales justificados por la raza con controles sociales justificados por el diagnóstico psiquiátrico". Szasz cita el caso del general Edwin Walker, una víctima primaria de la caza de brujas de la época de Kennedy contra los "derechistas" entre los militares. Walker fue obligado a dimitir debido a su programa de educación anti-comunista entre las fuerzas militares estadounidenses en Alemania. Aparentemente, no se suponía que el conflicto liberal-estadounidense con la URSS debía extenderse a un examen de la ideología comunista, lo que podría estar incómodamente cerca del "extremismo derechista". El general Walker, después de su dimisión forzosa, se convirtió en un destacado luchador contra la des-segregación, el comunismo y el liberalismo. Walker ayudó al gobernador Ross Barnett a conducir la resistencia de masas contra la des-segregación de la Universidad de Mississippi, hecha cumplir mediante la invasión en dicho Estado de tropas federales en 1962. Szasz escribe:

     «Arrestado por cuatro acusaciones federales, incluyendo "incitar, ayudar e involucrarse en una insurrección contra las autoridades de Estados Unidos", Walker fue llevado ante un comisario estadounidense y mantenido a la espera de la fijación de una fianza de 100.000 dólares. Mientras él hacía preparativos para pagar la fianza, el ministro de Justicia Robert Kennedy ordenó que Walker fuera llevado en un avión del Gobierno a Springfield, Missouri, para ser encarcelado en el Centro Médico Estadounidense para Prisioneros para una "observación psiquiátrica", por sospecharse que él mentalmente no estaba apto para ser procesado» [13].

     El artículo sobre el general Walker en Wikipedia no menciona esto ni tampoco la posterior confrontación entre el equipo legal de Walker y el equipo psiquiátrico del Gobierno. Al lector sólo se le dice que Walker "pagó la fianza y volvió a casa a Dallas, donde fue saludado por una muchedumbre de 200 partidarios. Después de que un jurado federal entró en receso en Enero de 1963 sin haberle hecho acusaciones, los cargos fueron retirados" [14].

     Szasz fue capaz de escribir sobre el caso de Walker por su experiencia de primera mano, por cuanto a él se le pidió asesorar al equipo legal de Walker. De interés particular aquí es lo que Szasz escribe:

     «Resumí la evidencia que respaldaba mi opinión de que la psiquiatría es una amenaza para las libertades civiles, sobre todo para las libertades de los individuos estigmatizados como "derechistas", ilustrado por el famoso caso de Ezra Pound, que fue encarcelado durante 13 años mientras el Gobierno aparentemente esperaba que los "médicos" que le habían asignado restauraran su capacidad para ser procesado. Ahora los Kennedy y sus psiquiatras estaban haciendo lo mismo a Walker» [15].

     ¿Había sido Yockey, por lo tanto, muy "paranoide" dos años antes cuando él estaba preocupado de que fuera diagnosticado como loco, encerrado en un edificio y sometido a la destrucción cerebral mediante los métodos en ese entonces ampliamente usados de la lobotomía y el electroshock?.

     Szasz le dijo al equipo legal que no serviría de nada tratar de argumentar para la liberación de Walker sobre la base de la verdad. Sin embargo, el testigo experto de la defensa, el doctor Robert L. Stubblefield, psiquiatra jefe en el Centro Médico del Sudoeste en Dallas, fue capaz de denunciar al doctor Manfred Guttmacher, durante mucho tiempo oficial médico jefe en la Corte Suprema de la ciudad de Baltimore, como "un malvado charlatán", como dice Szasz. Walker fue declarado mentalmente sano, y un Gran Jurado federal rechazó procesarlo.

     Szasz declara que incluso el senador Barry Goldwater dos años más tarde, como candidato presidencial Republicano, era un objetivo de la politizada psiquiatría:

     «Menos de dos años más tarde, mi visión de que la psiquiatría organizada estadounidense estaba llegando a ser abiertamente política y de que buscaba la anulación existencial y la destrucción psiquiátrica de los individuos que no comparten las opiniones "progresistas" izquierdistas y liberales del establishment psiquiátrico, recibió un posterior dramático apoyo. En 1964, cuando el senador Barry Goldwater era el candidato Republicano para Presidente, 1.189 psiquiatras declararon públicamente —sin la posibilidad de ser cuestionados— que Goldwater era "psicológicamente incapaz de ser Presidente de Estados Unidos". Muchos ofrecieron un diagnóstico de "esquizofrenia paranoide" como la base para su juicio» [16].

     El uso de la psiquiatría para marginar a quienes se oponen políticamente al dogma izquierdista y liberal no es obviamente una mera ilusión paranoide de la Derecha. De ahí, por ejemplo, el Proyecto Nizkor, que se especializa en difamar a los derechistas y a los "negadores del Holocausto", y usa un término psiquiátrico para la descripción del "movimiento de milicias" estadounidense calificándolo como "paranoide" [17].

     Pero la Izquierda, a pesar de su manifestación de las formas más extremas de sadismo desde la Revolución francesa de 1789-1792, ha evitado en gran parte los análisis psicológicos críticos de sus líderes e ideólogos. La Izquierda es ahora doctrinalmente aceptable como normativa, y los adherentes de su variante más extrema —el comunismo— pueden mantener respetables posiciones en la academia y tener publicados sus libros por los grandes editores, mientras que los de la Derecha son marginados.

     En cambio, Karl Marx por ejemplo, sigue siendo festejado entre respetables sectores como un influyente e incluso valioso contribuyente de la sociología. Mientras Jim Jones es generalmente percibido como un desquiciado, él es considerado dentro del contexto de cualquier otro líder de culto como David Koresh, más bien que como un apóstol de la Izquierda cuyas acciones fueron consecuentes con la Izquierda, doctrinal e históricamente, y cuyo perfil psicológico es análogo al de otros izquierdistas todavía considerados como modelos de los valores democráticos y liberales.


La Izquierda y la Personalidad Degenerativa

     El médico y sociólogo húngaro doctor Max Nordau escribió acerca de la degeneración de la cultura y la filosofía como un síntoma de degeneración mental y moral. Escribiendo en 1895, Nordau proporcionó una perspectiva proto-psicohistórica sobre las revoluciones izquierdistas, que fue desarrollada varias décadas más tarde por el estadounidense doctor Lothrop Stoddard, quien describió tales conmociones como la "rebelión contra la civilización" [18]. Dicha teoría postula que los valores de la civilización son una carga insoportable para el mentalmente subnormal, incluyendo a tipos que son tanto lo que podría ser popularmente llamado el "genio desequilibrado" como el criminal común. De aquí que la "rebelión contra la civilización" sea racionalizada como una doctrina política para el derrocamiento del orden social, y el desencadenamiento de la depravación acumulada. El revolucionario izquierdista es sociopatología racionalizada.

     El doctor Nordau describió varios tipos de marginalidad social, que a menudo incluyen a los altamente inteligentes:

     «Un buen número de designaciones diferentes se ha encontrado para estas personas. Maudsley y Ball los llaman los "habitantes de la zona limítrofe", o sea, los moradores de la zona fronteriza entre la razón y la locura pronunciada. Magnan les da el nombre de "degenerados superiores", y Lombroso [19] habla de matoides (de matto, la palabra italiana para insano)» [20].

     Estos "matoides" o "moradores del área fronteriza" proporcionan el liderazgo de las agitaciones sociales, mientras que los tipos que podrían ser típicamente encontrados en el submundo criminal proporcionan las muchedumbres. Nordau declara:

     «En el desarrollo mental de los degenerados, nos encontramos con la misma irregularidad que hemos observado en su crecimiento físico. La asimetría de cara y de cráneo encuentra su contraparte, como debiera ser, en sus facultades mentales. Algunas de estas últimas están completamente atrofiadas, y otras mórbidamente exageradas. Aquello de lo cual carece casi todo degenerado es del sentido de moralidad y de lo que es correcto e incorrecto. Para ellos no existe ninguna ley, ninguna decencia, ninguna modestia. A fin de satisfacer cualquier impulso momentáneo, o inclinación o capricho, ellos cometen delitos e infracciones con la mayor tranquilidad y auto-complacencia, y no entienden que otras personas puedan sentirse ofendidas. Cuando este fenómeno está presente en un alto grado, hablamos de "locura moral" con Maudsley; hay, sin embargo, etapas inferiores en las cuales el degenerado no se compromete quizá a ningún acto que lo ponga a él en conflicto con el código penal, pero al menos afirma la legitimidad teórica del delito; busca, con una grandilocuencia que aparenta ser filosófica, demostrar que "bueno" y "malo", virtud y vicio, son distinciones arbitrarias; entra en éxtasis cuando se trata de malhechores y sus hechos; profesa descubrir bellezas en las cosas más bajas y más repulsivas, e intenta despertar el interés, y una supuesta "comprensión", hacia cada bestialidad. Las dos raíces psicológicas de la locura moral, en todos sus grados de desarrollo, son, en primer lugar, el egoísmo ilimitado, y, en segundo lugar, la impulsividad, es decir, la incapacidad de resistir un impulso repentino orientado a cualquier hecho; y estas características también constituyen los principales estigmas intelectuales de los degenerados» [21].

     Nordau examina cómo el "matoide" usa la revolución como una salida para sus impulsos destructivos:

     «En vista de las investigaciones de Lombroso [Lombroso, La Physionomie des Anarchistes, 1891, p. 227], con dificultad se podría dudar de que los escritos y los actos de revolucionarios y anarquistas son también atribuíbles a la degeneración. El degenerado es incapaz de adaptarse a las circunstancias existentes. Esta incapacidad en realidad es una indicación de la variación mórbida en cada especie, y probablemente una causa primaria de su extinción repentina. Él por lo tanto se rebela contra las condiciones y la visión de las cosas que él necesariamente siente como dolorosas, principalmente porque ellas imponen sobre él el deber del auto-control, del cual es incapaz debido a su debilidad orgánica de la voluntad. Así él se convierte en un mejorador del mundo, y elabora planes para hacer feliz a la Humanidad, los cuales, sin excepción, son llamativos casi tanto por su ferviente filantropía, y su sinceridad a menudo patética, como por su absurdidad e ignorancia monstruosa de todas las relaciones reales» [22].

     Son los "matoides" quienes proporcionan la justificación filosófica para la violencia hecha contra los valores civilizados en nombre de la "libertad", y quienes siguen siendo apoyados por la clase intelectual de hoy, ella misma a menudo de tipo matoide, que se auto-califica como "grandes pensadores". Nordau escribe de ellos:

     «"El degenerado —dice Legrain [Paul Maurice Legrain, Du Délire chez les Dégénérés; París, 1886, p. 11]— puede ser un genio. Una mente mal equilibrada es capaz de las concepciones más altas, mientras que, por otra parte, uno se encuentra en la misma mente con rasgos de mezquindad y estrechez que son más chocantes aún a partir del hecho de que dichos rasgos coexisten con las cualidades más brillantes". "En cuanto a su intelecto —dice Jacques Roubinovitch, Hystérie Male et Dégénérescence; París, 1890, p.33—, ellos pueden lograr un alto grado de desarrollo, pero, desde un punto de vista moral, su existencia es completamente desquiciada... Un degenerado empleará sus brillantes facultades tanto al servicio de algún magnífico objetivo como para la satisfacción de sus propensiones más bajas" (Lombroso ha citado un gran número de genios indudables que fueron del mismo modo indudablemente matoides, grafomaniacos o pronunciados lunáticos)» [23].

     Representa quizá más de algo el que las fuerzas de la Izquierda, tanto en sus formas socialistas como liberales y democráticas, se enmascaren como la ola del futuro, mientras que cualquier individuo, doctrina o institución que se oponga a ellas y las obstruya es denigrado como retrógrado. Sin embargo, como Nordau indicó hace más de un siglo, estos "modernos", estos "progresistas", que menosprecian toda la tradición y quieren hacer el mundo de nuevo, son los heraldos del atavismo, ya sea en las artes, la ética o la política. Nordau continúa:

     «Retroceso, recaída: éste es en general el ideal de esta banda que se atreve a hablar de libertad y progreso. Ellos desean ser el futuro. Es una de sus principales pretensiones. Es uno de los medios por los cuales ellos atrapan al mayor número de simplones. Hemos visto, sin embargo, en todos los casos individuales, que no es el futuro sino el pasado más olvidado y lejano el que los degenerados balbucean en vez de hablar. Ellos pronuncian gritos monosilábicos, en vez de construír oraciones gramatical y sintácticamente articuladas. Ellos dibujan y pintan como niños que ensucian mesas y paredes con manos traviesas. Ellos componen música como la de los nativos amarillos de Asia del Este. Ellos confunden todas las artes, y las llevan de vuelta a las formas primitivas que ellas tenían antes de que la evolución las diferenciara. Cada una de las cualidades de ellos es atávica, y sabemos, además, que el atavismo es una de las marcas más constantes de la degeneración» [24].

     Nordau escribió de estas tendencias "modernistas" en el arte, la filosofía y la política, como yendo en contra de los valores normativos que décadas más tarde comenzaron a ser descritos por Adorno y su equipo de la Escuela de Frankfurt de la Teoría Crítica como "fascismo" incipiente:

     «La "libertad", la "modernidad", el "progreso" y la "verdad" de estos sujetos no son los nuestros. No tenemos nada en común con ellos. Ellos desean una auto-indulgencia; nosotros deseamos trabajar. Ellos desean ahogar la conciencia en el inconsciente; nosotros deseamos reforzar y enriquecer la conciencia. Ellos desean una concepción intelectual y una jerga evasivas; nosotros deseamos atención, observación y conocimiento. El criterio por el cual los verdaderos modernos pueden ser reconocidos y distinguidos de otros impostores que se llaman a ellos mismos "modernos" puede ser éste: Quienquiera que predique la ausencia de disciplina es un enemigo del progreso; y quienquiera adora su "yo" es un enemigo de la sociedad. La sociedad tiene como su primera premisa, el amor a la vecindad y la capacidad para el auto-sacrificio; y el progreso es el efecto de una subyugación cada vez más rigurosa de la bestia que hay en el Hombre, de un dominio de sí mismo cada vez más tenso, un sentido cada vez más agudo del deber y de la responsabilidad. La emancipación por la cual luchamos es la de la racionalidad, no la de los apetitos» [25].

     Si uno nota lo que Nordau describía como valores civilizacionales normativos en 1895, él ciertamente hubiera sido diagnosticado como mentalmente desequilibrado y como un "fascista" incipiente, y probablemente hasta de anti-judío —sin considerar su trasfondo judío y su papel posterior en el movimiento sionista— por Adorno y los otros autores del libro La Personalidad Autoritaria.


Jacobinismo y Bolchevismo: La Rebelión del Infra-Hombre

     Lothrop Stoddard, cuyas obras llegaron a ser ampliamente leídas a principios del siglo XX, escribiendo después de la agitación bolchevique que había reducido a Rusia a un infierno, tomó el tema de la degeneración mental y física como causa de la rebelión contra los valores de la civilización por parte de lo que él llamó el "infra-hombre". Dando una descripción de los tipos de personalidad de los bolcheviques y sus métodos de sadismo, Stoddard escribió:

     «Sería muy instructivo si los líderes bolcheviques pudieran ser psicoanalizados. Ciertamente muchos de sus actos sugieren estados mentales peculiares. Las atrocidades perpetradas por algunos comisarios bolcheviques, por ejemplo, son tan repugnantes que sólo parecen explicables por aberraciones mentales como la obsesión homicida o la perversión sexual conocida como sadismo.

     «Un examen científico tal de un grupo de líderes bolcheviques fue hecho. En el momento del terror Rojo en la ciudad de Kiev, en el verano de 1919, los profesores médicos de la Universidad de Kiev se salvaron debido a la utilidad que tenían para sus amos terroristas. Tres de estos hombres eran competentes psiquiatras, que fueron capaces de diagnosticar las mentes de los líderes bolcheviques en el curso de sus deberes profesionales. Ahora, su diagnóstico fue que casi todos los líderes bolcheviques eran degenerados, o de mentes más o menos enfermas. Además, la mayoría de ellos eran alcohólicos, otra mayoría eran sifilíticos, mientras que muchos eran adictos a drogas...» [26].

     Stoddard da una ilustración dramática de los papeles desempeñados en tales rebeliones, cuando un erudito de la filología, internacionalmente aclamado, el profesor Timofie Florinsky de la Universidad de Kiev, fue llevado ante el Tribunal Revolucionario y tiroteado espontáneamente por uno de los "jueces" por haber dado una "respuesta irritante" a una pregunta. La cruel comisaria, Rosa Schwartz, una ex-prostituta, estaba bebida [27].

     El acontecimiento de Kiev está colmado de significado histórico y cultural. Es el choque de dos mundos, fundamentalmente ajenos el uno al otro pero coincidiendo en el tiempo y el espacio: la comisaria, una ex-puta borracha, mata en un instante de salvajismo primitivo al erudito. Tales escenas habían sido llevadas a cabo en masa por las muchedumbres durante la Revolución francesa, continuamente abastecida con alcohol y drogas, impulsada por prostitutas, piratas y criminales, y agitada por matoides de entre los elementos depravados de las clases superior y media.

     Mientras ahora parece ser considerado como anticuado referirse a lo que fue alguna vez ampliamente llamado el Terror Rojo en la Rusia bolchevique, llamándose la atención casi completamente sobre los crímenes de los nacionalsocialistas, y siendo considerada cualquier referencia a importantes atrocidades aparte de las que involucran a judíos como "relativización del Holocausto" [28], la implementación de la política de terror bolchevique muestra síntomas de sadismo de masas en un sentido literal y psicótico. Uno debe acudir a los relatos de la época, sin embargo, a fin de comprender el carácter del sadismo.

     Después de que el Ejército Blanco de Denikin derrotó a los bolcheviques en Odessa en Agosto de 1919, R. Courtier-Forster, el capellán de las fuerzas británicas en Odessa y los puertos del Mar Negro, que había sido mantenido cautivo por los bolcheviques, relató los horrores del bolchevismo, relatando cómo en el barco "Sinope", el crucero más grande de la Flota del Mar Negro, algunos de sus amigos personales habían sido encadenados a tablones y lentamente empujados hacia los hornos del barco para ser asados vivos. Otros fueron escaldados con el vapor de las calderas del barco. Se cometieron violaciones masivas, mientras la prensa soviética local debatía las posibilidades de nacionalizar a las mujeres. Los gritos de mujeres siendo violadas, y de otras víctimas, en lo que Courtier-Forster llamó la "Casa de Tortura de los Bolcheviques" en la Plaza Catalina, podían ser oídos en todos los edificios alrededor, mientras en dicha plaza los bolcheviques trataban de amortiguar los gritos con el ruido de camiones tronando de arriba abajo por la calle [29].

     Cuando la Comisión de Investigación Rohrberg entró en Kiev, después de que los soviéticos habían sido expulsados en Agosto de 1919, describió la "sala de ejecución" de la policía secreta bolchevique, la Cheka, como sigue:

     «Todo el piso de cemento del gran garage (la sala de ejecución de la Cheka departamental de Kiev) estaba inundado de sangre. Esa sangre ya no fluía sino que formaba una capa de varias pulgadas: era una horrible mezcla de sangre, cerebros, pedazos de cráneos, mechones de pelo y otros restos humanos. Todas las paredes estaban manchadas con sangre; pedazos de cerebros y cueros cabelludos estaban adheridos a ellas. Un canal de veinticinco centímetros de ancho por veinticinco centímetros de hondo y aproximadamente diez metros de largo corría desde el centro del garaje hacia un desagüe subterráneo. Este canal a todo su largo estaba lleno hasta el tope con sangre... Por lo general tan pronto como la masacre había ocurrido los cuerpos eran sacados de la ciudad en camiones de motor y sepultados al lado de la tumba sobre la cual hemos hablado; encontramos en una esquina del jardín otra tumba que era más vieja y que contenía aproximadamente ochenta cuerpos. Aquí descubrimos en los cuerpos rastros de crueldades y mutilaciones de las más variadas e inimaginables. Algunos cuerpos estaban desentrañados, otros tenían miembros cortados, otros fueron literalmente cortados en pedazos. Algunos tenían sacados sus ojos, y la cabeza, cara, cuello y tronco cubiertos de profundas heridas. Posteriormente encontramos un cadáver con una estaca clavada en el pecho. Otros no tenían lenguas. En una esquina de la tumba descubrimos una cierta cantidad de brazos y piernas» [30].

     Tal salvajismo atávico va incluso más allá del asesinato de masas. Esto es la psicosis de un Jeffrey Dahmer [31], o un Edward Gein [32], racionalizada como una ideología política con ideales nobles, que sigue teniendo adherentes con posiciones respetables en la academia.

     El precursor de la Revolución bolchevique, aquella de Francia durante el período 1789-1792, desató una psicosis masiva de rebelión de las heces de Francia, conducida por los elementos matoides. Tal como en las democracias liberales occidentales de hoy, la teoría es que las manifestaciones de desigualdad y diferencias pueden ser eliminadas cambiando la estructura social según el dogma. La doctrina de la Revolución francesa fue un "retorno a la Naturaleza", una interpretación idolatrada e imaginativa de lo que la Naturaleza se suponía que era, fraguada en los salones de la intelectualidad europea por escritores como Voltaire, Rousseau y Weishaupt, el fundador de los proto-comunistas Illuminati. Según estos ideólogos, la causa de la tiranía, la injusticia, la violencia y la desigualdad, era la civilización. Si la civilización misma pudiera ser derrocada y la Humanidad retornara a un supuesto inocente estado de Naturaleza, entonces todos podrían vivir en un idílico estado de felicidad, paz y hermandad. Para ello se requiere la abolición de las instituciones civilizacionales, como el matrimonio, la propiedad privada, la Iglesia, el Estado y la monarquía. Karl Marx formalizó exactamente la misma doctrina aproximadamente medio siglo más tarde. Este atavismo es irónicamente anunciado como "progresista".

     El sociólogo francés Gustave Le Bon señaló en 1895:

     «La idea de que las instituciones pueden remediar los defectos de las sociedades, de que el progreso nacional es consecuencia del mejoramiento de instituciones y gobiernos, y de que los cambios sociales pueden ser efectuados por decretos, esta idea, digo, es todavía generalmente aceptada. Fue el punto de partida de la Revolución francesa, y las teorías sociales del día actual están basadas en ella» [33].

     Le Bon más tarde escribió, después de la Revolución bolchevique, acerca del mismo atavismo que había afligido a Francia y que ahora se estaba desplegando en Rusia:

     «La mentalidad bolchevique es tan antigua como la Historia. Pero es sólo en nuestros días que esta antigua mentalidad ha encontrado una doctrina política para justificarla. Esta es la razón de su rápida propagación, que ha estado debilitando al viejo andamio social» [34].

     El lector debe acudir a la historia de Nesta H. Webster, La Revolución Francesa [35], que usa documentos contemporáneos tanto de jacobinos como de monárquicos, que traen dramáticamente a la vida la depravación y la cobardía de las heces de Francia, conducidas por resentidos abogados matoides y aristócratas Orleanistas, y el heroísmo de quienes continuaron leales al Rey, incluídos aquellos entre la gente común. Lo que es notable en este contexto es la manera mediante la cual la muchedumbre podía ser agitada mediante un suministro continuo de alcohol y narcóticos que parecieron mantener un frenesí de sangre, pagado por la riqueza del Duque de Orléans, un cobarde megalómano que deseaba usurpar el Trono sobre las espaldas del submundo criminal que él había desatado.

     La Revolución francesa fue un ensayo general para la carnicería de los bolcheviques, 130 años más tarde. En el convento de las carmelitas, en la calle de Vaugirard, hasta 200 sacerdotes habían sido encarcelados. Allí convergió una muchedumbre borracha, y con pistolas y sables mataron a los sacerdotes indefensos [36]. El arzobispo de Arlés tuvo su cara cortada casi en dos, cuando él ofreció su vida con la esperanza de apaciguar la sed de sangre y salvar a los otros sacerdotes. La muerte del anciano sólo excitó más a la muchedumbre, y ellos prendieron fuego sobre los sacerdotes arrodillados que rezaban en la capilla [37]. Otras masacres similares fueron llevadas a cabo sobre sacerdotes encarcelados en la abadía en París. Sin embargo, hubo más víctimas entre "el pueblo" que entre los aristócratas y el clero. Los líderes revolucionarios procuraron "amputar" a Francia, y reducir radicalmente su población, reminiscente de Pol Pot.

     En la región de La Vendée se emprendió una política de exterminio al por mayor, para eliminar a una gente que permanecía firme junto al Rey y la Iglesia.

     Webster percibe una curiosa transformación de Francia durante esa época, que muestra que la Revolución fue una victoria del "infra-hombre" y un regreso a lo atávico sobre las ruinas de la civilización. Ella escribe que abogados mediocres como Robespierre, que ahora tenían el poder, expresaron su frustración por años de fracaso personal, tratando ahora de eliminar a los talentosos e inteligentes. Todos aquellos que se habían dedicado a la erudición fueron puestos en la mira. "La guerra contra la educación fue incluso llevada a cabo contra los tesoros de la ciencia, el arte y la literatura". Una lumbrera revolucionaria propuso matar la colección de animales raros del Museo de Historia Natural.

     Una extendida noción de los revolucionarios era quemar todas las bibliotecas y sólo conservar los libros pertenecientes a la Revolución y a la ley. Miles de libros y valiosas pinturas fueron eliminados o destruídos. "No sólo la educación sino la cortesía en todas sus formas debían ser destruídas". Se hizo necesario asumir "una manera tosca y grosera" y presentar "un aspecto despreocupado". "Un semblante refinado, manos que no tenían marcas de trabajo manual, cabello bien peinado, ropa limpia y decente, eran considerados con sospecha. Para asegurarse de conservar la propia cabeza era aconsejable andar descuidado. Era aconsejable desgreñar el cabello de uno, dejarse la barba, ensuciarse las manos...". En suma, "no era sólo una guerra contra la nobleza, contra la riqueza, contra la industria, contra el arte y contra el intelecto: era una guerra contra la civilización" [38].

     Podría ser observado que el culto de lo sucio y lo descuidado se ha convertido hoy en un aspecto normativo de la sociedad.–






NOTAS

1. K R Bolton, Revolution from Above, (Londres, Arktos Media Ltd., 2011, p. 101.
2. T W Adorno, et al., The Authoritarian Personality, Nueva York, Harper and Row, 1950.
3. K R Bolton, "Sex Pol" Ideology: The Influence of the Freudian-Marxian Synthesis on Politics and Society, Journal of Social, Political and Economic Studies, Washington, vol. 35, Nº 3, otoño de 2010, pp. 329-38.
4. S Rothman and S R Lichter, Roots of Radicalism: Jews, Christians and the New Left, Nueva York, Oxford University Press, 1982, pp. 50-52.
5. Ibid., p. 55.
6. Ibid., p. 60.
7. Ibid., p. 286.
8. Myran Sharaf, Fury on Earth – A Biography of Wilhelm Reich (Londres, 1983, p. 169; K R Bolton, "Sex Pol Ideology", op. cit., pp. 347-348.
9. Ibid., p. 339.
10. E Fuller Torrey, The Roots of Treason: Ezra Pound and the Secrets of St Elizabeth’s, Londres, Sidgwick and Jackson, 1984.
11. "Jailbreak plot told in passport case", San Francisco Chronicle, 15 de Enero de 1960, p. 5.
12. Michael O’Meara, Introducción a Francis Parker Yockey (1949), The Proclamation of London of the European Liberation Front, Inglaterra, Wermod & Wermod Publishing Group, 2012, XVI.
13. Yockey iba a ser sometido a precisamente el mismo procedimiento.
14. Thomas Szasz, The Shame of Medicine: The Case of General Edwin Walker, The Freeman, vol. 59, Nº 8, Octubre de 2009, http://www.thefreemanonline.org/columns/the-therapeutic-state/the-shame-of-medicine-the-case-of-general-edwin-walker/
15. Ibid.
16. Ibid.
17. "Paranoia as Patriotism: Far Right Influences on the Militia Movement", The Nizkor Project, http://www.nizkor.org/hweb/orgs/american/adl/paranoia-as-patriotism/minutemen.html

18. Lothrop Stoddard (1922), The Revolt Against Civilization: The Menace of the Under-Man, Wermod & Wermod, 2012.
19. Cesare Lombroso es ampliamente considerado como el fundador de la criminología.
20. Max Nordau, Degeneration, Nueva York, D Appleton & Co., 1895, p. 18.
21. Ibid., pp. 18-19.
22. Ibid., p. 22.
23. Ibid., pp. 32-33.
24. Ibid., p. 555.
25. Ibid., p. 560.
26. Lothrop Stoddard, op. cit., capítulo VI: Rebellion of the Under-Man, p. 177,
27. Ibid., p. 177 n.
28. Deborah E Lipstadt, Denying the Holocaust: The Growing Assault on Truth and Memory, Londres, Penguin Books, 1994. Vea especialmente el cap. 11: Watching on the Rhine: The Future Course of Holocaust Denial, pp. 209-222.
29. R. Courtier-Forster, Bolshevism, Reign of Torture at Odessa, London Times, 3 de Dic. de 1919, pp. 2, 3, 4.
30. S Melgunoff, La Terreur Rouge (Paris, 1927), citado por el vizconde Leon de Poncins, The Secret Powers Behind Revolution, California, p. 149.
31. Jeffrey Dahmer asesinó a 17 hombres jóvenes en 1978-1991, refrigeró sus cuerpos y comió partes de ellos.
32. Edward Gein fue un canibal, necrófilo y saqueador de tumbas, que usó partes de cuerpos para construír polainas, cubiertas de muebles, y otros artículos.
33. Gustave Le Bon, The Crowd, op.cit., p. 86.
34. Gustave Le Bon, The World in Revolt, Nueva York, 1921, p. 179; citado por Stoddard, op. cit., cap. VII: The War Against Chaos.
35. Nesta H Webster, The French Revolution, 1919, 1969. Las páginas citadas en este artículo son de la edición de 1969.
36. Ibid., p. 311.
37. Ibid., p. 312.
38. Ibid., pp. 412-413.




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