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sábado, 27 de diciembre de 2014

Gastón Soublette - Sobre 2001 y Stanley Kubrick



     Hace 15 años y medio se publicó en el diario El Mercurio de Santiago el siguiente análisis simbolista hecho por el profesor universitario y escritor filosófico-estético chileno Gastón Soublette Asmussen (1927) de algunos aspectos de la película del cineasta judeo-estadounidense Stanley Kubrick (1928-1999) "2001, Odisea del Espacio" (1968), poco antes del estreno de la película póstuma de éste, "Eyes Wide Shut" (Ojos bien Cerrados), el cual llevó a cabo la mayor parte de su carrera en Inglaterra, donde murió. El señor Soublette añade aquí unos pocos indicios que ayudan a interpretar dicha enigmática película.


"2001"
o la Historia Secreta de Kubrick
por Gastón Soublette
4 de Julio de 1999



     El domingo 14 de Marzo [de 1999; el 7 de Marzo había fallecido Kubrick], en estas mismas páginas, se publicó un excelente ensayo de Ascanio Cavallo sobre Stanley Kubrick, y una entrevista que el cineasta concedió a la revista Playboy con motivo del estreno [en 1968] de su película "2001, Odisea del Espacio" [2001: A Space Odyssey]. Sobre este particular cabe señalar que, entre otras entrevistas, Kubrick concedió también una a la revista Life, en la cual se refirió más directamente a su película "2001" pero sin satisfacer la curiosidad de una crítica que quedó perpleja ante los enigmas que en ella se vislumbran, y ansiosa de obtener de él alguna clave de interpretación.

     Ahora bien; revisada la película más de veinte veces, y leído lo esencial que sobre ella se ha escrito, mediante el procedimiento que vulgarmente se llama "atar cabos", se puede llegar a la conclusión de que Kubrick en sus entrevistas ha buscado más despistar que orientar a su público y a la crítica.

     En ese sentido cabe recordar que Norman Kaegan, en su libro sobre el cine de Kubrick, sugiere que en la película "2001", aparte de lo que el espectador ve y entiende, parece haber algo más que entender, a lo cual él se refiere con la denominación de "historia secreta". Por su parte, Frank McConnell en su libro "El Cine y la Imaginación Romántica" sostiene que el feto luminoso que, al final de la película, surge de los despojos mortales del héroe David Bowman, es nada menos que el Mesías...

     Tales son algunos de los "enigmas", pero el más importante, sin duda, es el "monolito". Sobre este objeto, es curioso que pocos comentaristas le hayan dado la importancia que se merece al hecho de que su aparición venga acompañada de un coro de grandiosas dimensiones, que pasa a un primer plano sonoro y parece llenar los espacios cósmicos, cantando un texto que dice "Lux eterna".

     Interrogado Kubrick acerca de este tema en la entrevista que publicó la revista Life, afirmó que ese objeto enigmático representa el pensamiento. De modo que la escena, en su opinión, no tiene más alcance que el despuntar de la razón en el ancestro pre-humano del homo sapiens. Las escenas siguientes parece confirmar estas declaraciones, pues, de los antropoides, el primero que se atreve a tocar el monolito fue aquel que enseguida descubrió que la mano extiende su poder más allá de sus límites mediante el arma o el instrumento. Entonces, cogiendo un hueso del esqueleto de un mamífero botado en el desierto, se transforma en el primer hombre armado de la Historia (o de la Prehistoria). Con esto Kubrick parece celebrar el advenimiento del así llamado "homo habilis".

     Luego, por un proceso de imitación y aprendizaje, los demás antropoides de su manada incorporan el uso de instrumentos y armas en sus pautas de conducta, a la par que adquieren la postura erecta de la especie "homo". Así es cómo Kubrick nos muestra enseguida que el primer fruto de esta evolución fue un "homicidio", pues el jefe de la banda del homo habilis da muerte con su arma al jefe de otra banda de antropoides menos evolucionados.


¿Ascenso del Hombre?

     Hasta ahí se puede decir que todo parece regirse por la lógica de un evolucionismo convencional, hasta que ocurre lo inesperado... El vencedor de ese enfrentamiento lanza su arma hacia el cielo, en un gesto de soberbia, evidente, al que acompaña con un grito destemplado y monstruoso. El hueso cae en cámara lenta y, en un célebre close up, se transforma en una nave espacial. Según Norman Kaegan, Kubrick realizó en ese pasaje una elisión del tiempo que cubre unos cuatro millones de años.


     En la secuencia siguiente Kubrick nos muestra el espacio cósmico próximo a la Tierra poblado de los más espectaculares ingenios de la astronáutica, entre los que se destaca una estación orbital que, como una gigantesca rueda, gira en torno a su eje, al compás del vals El Danubio Azul de Johann Strauss. En esa nave viaja en misión confidencial a la base lunar Clavius el doctor Heywood Floyd, el primer ejemplar de la especie homo sapiens que se muestra en la película. Pero el doctor Floyd duerme desparramado en una butaca de la nave, mientras su brazo izquierdo ingrávido y laxo fluctúa a poca altura del suelo (recordar el brazo del antropoide blandiendo su arma contundente en la secuencia anterior).

     Cuando Floyd llega a la estación orbital, conversa con científicos soviéticos de paso puras banalidades. Luego llama a su casa por un teléfono-visor y conversa con su hija temas puramente domésticos. Todas sus actitudes expresan su complacencia al constatar que, en la astronáutica, lo mejor es que lo que hay allá arriba no difiere en nada de lo que hay acá abajo...

     En la base lunar lo esperan sus colegas de una supuesta Agencia Astronáutica de Estados Unidos, los cuales acaban de descubrir en un cráter un objeto que claramente muestra haber sido fabricado y enterrado por seres inteligentes. Se trata obviamente del monolito visto en la sección inicial de la película, titulada "La Aurora del Hombre". Todas las escenas de esta secuencia están concebidas para que el espectador capte la desproporción que se produce entre el insondable misterio de este hallazgo y la ineptitud, rayana en la estupidez, de quienes se ven forzados a hacerse cargo del hecho.

     La intención con que han sido concebidos estos momentos de la película queda en evidencia cuando Floyd y otros astronautas van al lugar del descubrimiento, vestidos con sus trajes espaciales. En esa escena Kubrick crea un perfecto paralelo con la escena en que el monolito se aparece a los antropoides, para sugerir al espectador que estos nuevos "antropoides" de la Era industrial no son mejores que sus antepasados de hace cuatro millones de años, pues al menos los homínidos, cuando se acostumbraron a la inmutable presencia del misterioso objeto, la manada se congregó en torno a él en una actitud de reverencia, en tanto que a los nuevos antropoides en trajes espaciales lo único que parece ocurrírseles en su presencia es tomarse junto a él una fotografía, como si fuesen turistas que se aventuraron a viajar fuera de su planeta.


     Kubrick se confiesa evolucionista, y en todas sus entrevistas sobre el tema procura confirmar al entrevistador en la lógica "progresista" que caracteriza la mentalidad de todo ciudadano que se ha formado desde niño en la idea de que lo que hemos llegado a ser en este siglo mediante el avance tecnológico corresponde a un cambio cualitativo del ser humano. Pero a este nivel de nuestro análisis cabe preguntarse si es ésa en verdad la idea matriz que rige la película. Y la respuesta será inevitablemente negativa, pues se echa de ver que Kubrick, con todo esto, ha hecho una tremenda sátira del así llamado progreso y de la evolución misma como el hombre contemporáneo la concibe. Para decirlo con todas sus letras, Heywood Floyd, el primer ejemplar de la especie homo sapiens que Kubrick nos muestra en esta película es, en el más amplio sentido de la palabra, un imbécil y un farsante; un burócrata satisfecho del poder que detenta como enviado especial del Presidente de la república. Su viaje a la base lunar, más que nada, parece ser la ocasión para él de elaborar un set de fotografías con el que espera causar la admiración del mundo entero.

     En esta óptica debe concluírse necesariamente que Kubrick, al definir el monolito como el pensamiento, no ha dicho lo que en verdad piensa, aunque se ha cuidado bien de guiar al espectador por el camino de la lógica evolucionista. Es aquí donde se coge la punta, por así decirlo, de lo que podría llegar a ser eso que Norman Kaegan denomina la "historia secreta".

     En ese sentido, conviene recordar que en la novela de Clark el antropoide jefe tiene un nombre, esto es, el "Vigilante de la Luna" [Moonwatcher], y justamente por eso, un intento de identificar a este personaje con el Caín de la Biblia da un sorprendente resultado... En el Génesis se dice que Caín era agricultor, lo cual parece corresponder al nombre antes mencionado, por cuanto la agricultura prehistórica se regía por los ciclos de la Luna. Además, se dice que el primer hijo de Caín (Enoc) fue rey de una ciudad, vale decir, fue el primer "homo políticus". También se dice que entre sus descendientes se hallan los primeros que fundieron metales, es decir, los primeros que corresponden a la denominación de "homo faber"; también los primeros que tañeron instrumentos musicales, es decir, los primeros que corresponden a la denominación de "homo ludens". Tal es la tríada cainista, que en la película parece corresponder, primero, al doctor Floyd (representante del Presidente), es decir, el homo políticus; segundo, a los ingenios de la astronáutica, es decir, el homo faber; y tercero, al vals de Strauss, es decir, el homo ludens. Además, este "Vigilante de la Luna" da muerte a su hermano con un hueso de animal...


El Mesías

     Salta a la vista que toda esta parafernalia ha sido cuidadosamente montada para satirizar subliminalmente lo que todo público cree que es el así llamado "ascenso del Hombre", todo lo cual, sin embargo, no cobra su real sentido si se interpreta el simbolismo del monolito conforme a las declaraciones "trucadas" que Kubrick hizo a los medios de comunicación. Por eso, en esta misma línea interpretativa, la aparición del monolito, tabla de piedra pulida, cuyas tres dimensiones corresponden a las cifras 1-4-9, según la novela de Clark, al venir acompañada de un coro grandioso que canta las palabras "Luz Eterna", constituye a un acontecimiento que sin lugar a dudas se relaciona con la trascendencia, lo cual está muy por sobre lo que Kubrick designa con la palabra "pensamiento", que en lo inmediato sólo se muestra eficaz para que un mono dé muerte a otro golpeándolo en el cráneo con un hueso. Y si a esto agregamos la imbecilidad y la vanidad del primer homo sapiens que se muestra en la película (Floyd), entendemos que el despiste deliberado provocado por las declaraciones del cineasta obedece al propósito de ocultar a la vulgaridad del mundo la verdad de que el episodio de la aparición de la tabla no es otra cosa sino la revelación de lo que en la Biblia se denomina la Ley, es decir, la Torá de Israel, formulación profética del sentido del mundo, destinada a enseñar a los hombres a ser realmente humanos y a protegerlos de la tentación de dejar de serlo. En este sentido, la expresión "Luz Eterna" corresponde al apelativo de "Luz" con que los profetas y el autor de los Salmos se refieren a la Torá. En ese mismo sentido entendemos que el coro corresponde a los ángeles por cuyo ministerio el pueblo de Israel recibió los mandamientos de Yahvé. En esa misma línea de interpretación, los antropoides conectados con sus descendientes modernos mediante la analogía del brazo antes mencionada, vienen a ser lo que en el judaísmo tardío son llamados "hijos de las tinieblas", esto es, la estirpe violenta y dominadora de Caín. Por eso la elisión de cuatro millones de años que Kubrick hace hasta la Era industrial nos muestra al supuesto evolucionado sólo como una bestia domesticada.

     De estas conclusiones se desprenden todos los demás elementos de la película. Así, el enfrentamiento entre David Bowman y la computadora HAL 9000, al presentar la toma de la minúscula esfera espacial del astronauta al lado de la gigantesca cabeza esférica de la nave Discovery, corresponde a una versión metafórica del combate entre David y Goliat, pues el joven rey-pastor mató a su contendor destruyéndole el cerebro con una piedra, y David Bowman vence a HAL anulando su cerebro pensante. Por eso entendemos que de los restos mortales de David Bowman surge un ser humano nuevo y luminoso, en estado de feto, vale decir, del linaje de David nace un "retoño", como menciona la Biblia, es decir, el Mesías.


     Bowman agonizante ve aparecer ante él al monolito, esto es, la Torá, palabra de Dios, y extiende su mano pidiéndole la vida. Entonces ocurre el milagro.

     Arthur C. Clark en su novela termina diciendo que cuando ese ser recién nacido venía en su bolsa amniótica brillante, a la manera de una nave espacial, hacia la Tierra, aún no había ejercido sus grandes poderes, pero que era el amo del mundo...

     En la misma perspectiva se entiende por qué el viaje del Discovery es al planeta Júpiter, llamado "el rey", alrededor del cual giran doce satélites (el rey-mesías y las doce tribus de Israel), símbolo evidentemente mesiánico. También se entiende que la nave Discovery es una metáfora visual de esa ballena mítica que en la Biblia se llama Leviatán, monstruo de las profundidades marinas provisto de un ojo insolente "que mira desafiante a los más santos" (Job), vale decir, el ojo rojo de HAL (ojo de pez) situado en todas partes al interior de la nave, vigilando a David Bowman; engendro mecánico, según Kaegan, que representa toda la arrogancia científica del siglo XX, hecho según el modelo del Leviatán bíblico, definido en el Libro de Job como "el mayor de los hijos del orgullo".

     En esta misma dirección se entiende también que la omnipresencia de la tabla en los espacios cósmicos es una forma de decir que la Torá es el "sentido del mundo", eso que los chinos llaman Tao.

     En lo que se refiere a las proporciones de la tabla, dadas en el libro de Clark, las cuales corresponde a las cifras 1-4-9, si esas cifras son sustituídas por las letras hebreas correspondientes, esto es, Aleph, Mem y Teth, resulta la sigla TMA (leyendo de derecha a izquierda como corresponde a esa escritura), sigla que es justamente aquella con que se designa al monolito en los documentos que se entregan a Floyd a modo de información confidencial, lo cual puede percibirse fugazmente en una toma.

     De un examen cabalístico de esa sigla, por las cifras que esas letras representan, resulta el concepto de "lo absoluto" o "inmutable", es decir, el Ser Supremo para el número 1, y la perfección de lo creado para el número 9 (tres veces la tríada arquetípica. El cuatro al centro corresponde a la letra Daleth, es decir, la letra D latina, emblema del rey David. Con un cero al lado, esto es, como el número 40, corresponde a la letra Mem, aunque el cero no cambia el carácter emblemático de la Daleth sino que le agrega un concepto, el cual corresponde a la realización en el plano material histórico de lo que David representa, esto es, el reino mesiánico. En otras palabras, lo creado llega a la perfección con el establecimiento del Reino de Dios.

     Por eso, al deceso de David Bowman le precede una cena con los ingredientes de la Pascua, palabra que significa "paso". En este caso, se trata del síndrome mesiánico que los tiempos actuales representan para quienes comparten con Stanley Kubrick la misma fe religiosa.


     Con motivo del reciente fallecimiento del genial cineasta, era necesario que alguien que no es crítico sino analista de cine destacara este aspecto de su arte y lo dejara en evidencia ante su público, contribuyendo así a engrandecer aún más su figura.

     Shalom, dear Stanley, perdona la infidencia, y gracias por todo lo que nos diste.–




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