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domingo, 7 de diciembre de 2014

Carl G. Jung - Entrevistas (1933-1939)



     En 1977 la editorial de la Universidad de Princeton publicó, editado por William McGuire y R. F. C. Hull, el libro recopilatorio "C. G. Jung Speaking. Interviews and Encounters", con diversas entrevistas hechas durante muchos años a la curiosa persona del famoso psiquiatra, psicólogo y escritor suizo Carl Jung (1875-1961). Allí puede verse una faceta no tan conocida de él, y, de acuerdo a la selección de textos que hemos hecho para presentarlos en castellano, concretamente sus opiniones relativas a la figura de Hitler, desde que asumió éste el poder hasta antes de la Segunda Guerra. Su democrático desdén por el Führer es evidente desde un comienzo, aunque fue acentuándose, estando como estaba en altas e influyentes esferas masónicas internacionales. El primer texto es una entrevista de 1933 en Radio Berlín, con el psiquiatra Adolf Weizsacker, ex alumno suyo, donde Jung se muestra muy cauteloso. El segundo es un breve texto de 1936 donde sólo se presentan sus respuestas. La tercera entrevista que presentamos fue hecha a Jung por el connotado periodista estadounidense Hubert Knickerbocker en 1938; es ésta a la que siempre se refirió Miguel Serrano, un diálogo sustancioso que ayudó mucho a la fama del suizo en Estados Unidos. Finalmente una breve secuela de esta entrevista se publicó en 1939, que es la que cierra esta presentación. El libro ya mencionado contiene otros textos interesantes, pero esta selección da una perfecta idea de las opiniones políticas e interpretaciones del célebre psicólogo acerca de Hitler, Alemania y otros temas conexos. Cada entrevista va con sus correspondientes notas introductorias que presentan el contexto de las mismas.




1933
UNA ENTREVISTA EN RADIO BERLÍN


     El 21 de Junio de 1933 Jung aceptó la presidencia del Überstaatliche Ärztliche Gesellschaft für Psychotherapie (Sociedad Médica Internacional para la Psicoterapia), que reunía sociedades nacionales de Dinamarca, Alemania, Gran Bretaña, Holanda, Suecia y Suiza, y que tenía su oficina central en Zúrich. Aunque miembros judíos y otros anti-nacionalsocialistas habían sido expulsados de la sociedad nacional alemana, Jung como presidente les permitió convertirse en miembros de dicha Sociedad. Un documento de esa época es una entrevista a Jung del doctor Adolf Weizsacker, un neurólogo y psiquiatra alemán que había sido previamente su alumno. Fue grabada y transmitida por Radio Berlín el 26 de Junio de 1933. Una transcripción de la entrevista radial ha existido durante mucho tiempo en forma mimeografiada.


—WEIZSACKER: Hoy tenemos el particular placer de dar la bienvenida en nuestro estudio al psicólogo más progresista de los tiempos modernos, el doctor Carl Gustav Jung de Zúrich. El doctor Jung está actualmente en Berlín dando un curso de conferencias, y él ha expresado amablemente su buena voluntad para contestar varias preguntas que tienen que ver con los problemas contemporáneos. De esto ustedes verán que hay una escuela de Psicología moderna que es fundamentalmente constructiva. Sabemos muy bien que la Psicología y el análisis por sí mismos se han convertido justificadamente en sospechosos hoy en día. Estamos cansados de este continuo ensayo y error en el campo intelectual, y es afortunado para nosotros que haya un psicólogo que se acerca a la psique humana de un modo completamente diferente de las otras conocidas Psicologías o psicoterapias, especialmente el psicoanálisis freudiano. El doctor Jung viene de un ámbito Protestante de Basilea. Eso es importante. Eso pone todo su enfoque del Hombre en un pie diferente que el de Freud y de Adler. Lo fundamental sobre esta Psicología consiste en que el doctor Jung no despedaza y destruye la inmediatez de nuestra vida psíquica, el elemento creativo que siempre ha desempeñado el papel decisivo en la historia de la mente alemana, sino que se acerca a ella con profunda reverencia y no la devalúa, dejándose ser guiado en el tratamiento práctico de conflictos o neurosis por las fuerzas positivas y constructivas que se encuentran en estado latente en la vida psíquica inconsciente de cada hombre y que pueden ser despertadas. De aquí que su Psicología no sea intelectual, sino que esté imbuída de visión; ella procura reforzar las fuerzas positivas que hay en el Hombre y no se detiene en poner triunfalmente al descubierto los elementos negativos, puesto que aquello no aporta nada realmente nuevo en la vida del individuo o de la comunidad.  

     Permítame ahora, doctor Jung, hacerle varias preguntas y pedirle que las conteste, lo que usted puede hacer como suizo, con un cierto distanciamiento, y como psicólogo, con una gran experiencia de la psique humana. Me gustaría preguntarle, primero, si hay, según su experiencia psicológica, alguna diferencia decisiva entre la situación psíquica de los alemanes y la de los europeos occidentales, y en qué consiste dicha diferencia. La verdad del asunto es que estamos en este momento rodeados por los malentendidos más profundos, y sería interesante para nosotros escuchar, muy brevemente, lo que usted piensa que podría ser la causa de estos malentendidos, y si las diferencias entre nuestra naturaleza y las de ellos son tan grandes como para hacer esos malentendidos comprensibles para nosotros.

—JUNG: Hay, en efecto, una enorme diferencia entre la actitud psíquica de los alemanes y la de los europeos occidentales. El nacionalismo que los occidentales conocen les parece una especie de chauvinismo, y ellos no pueden entender cómo es que en Alemania esto se haya convertido en una fuerza constructora de la nación, porque el nacionalismo para ellos todavía significa su propia marca de chauvinismo. Esta particularidad de los alemanes puede ser explicada sólo por la juventud de la nación alemana. Su entusiasmo por la reconstrucción de la comunidad alemana permanece incomprensible para los europeos occidentales porque esta necesidad ya no existe para ellos en el mismo grado, ya que ellos consiguieron la unidad nacional en siglos anteriores y en otras formas.

—W: Sí; y ahora me gustaría hacer una segunda pregunta que es extraordinariamente importante para nosotros, porque el nuevo giro de los acontecimientos en Alemania está siendo liderado por la generación más joven. ¿Cómo explica usted la seguridad de la juventud alemana en la búsqueda de su visionario objetivo, y cuál es el significado del hecho de que la generación más vieja no puede librarse completamente de una especie de reserva, aunque le gustaría mucho simplemente respaldar lo que está sucediendo?. ¿Qué debería hacerse, en su opinión, a fin de tender un puente sobre este abismo sin esperanzas entre las generaciones, que profundiza todavía más la brecha en nuestro carácter alemán como nación?. ¿Cuál es la causa de todo esto?.

—JUNG: La confianza de la juventud alemana en la búsqueda de su objetivo me parece algo completamente natural. En tiempos de un enorme movimiento y cambio, sólo habría de esperarse que la juventud tomara el timón, porque sólo ellos tienen la audacia y el impulso y el sentido de la aventura. Después de todo, es su futuro lo que está en juego. Ésta es su aventura y su experimento. La generación más vieja naturalmente toma un lugar secundario, y ellos deberían poseer la suficiente experiencia de vida para ser capaces de estar de acuerdo con este necesario curso de los acontecimientos. Ellos también tuvieron su tiempo, una vez. La distancia entre la generación más vieja y la más joven se debe precisamente al hecho de que la generación anterior no siguió la corriente de los tiempos y, en vez de prever aquello, fue alcanzada por la tormenta de una nueva época. Pero eso no es de ninguna manera específico de los alemanes. Es algo que usted puede observar en todos los países en este momento.

     La generación más antigua tiene una dificultad inmensa para descubrir su camino en un nuevo mundo. Los cambios políticos van de la mano con toda clase de otros cambios en el arte, la filosofía, en nuestras opiniones religiosas. En todas partes el viento de cambio está soplando. Y tengo muchísimo contacto con gente de la generación más antigua que me ha confesado que ellos tienen poco entendimiento real del nuevo tiempo, y una dificultad suprema para descubrir su camino aquí. Muchos de ellos incluso se vuelven directamente hacia mí en busca de consejo, ya que con un poco de psicología uno puede entender estas cosas. Con un poco de conocimiento psicológico, también, habría sido posible prever los cambios. Pero la generación anterior —estoy obligado a decirlo— ha cometido el error imperdonable de pasar por alto al hombre real en favor de una idea abstracta de aquél. Este error está unido al falso intelectualismo que caracterizó al siglo XIX entero.

—W: Gracias, doctor Jung. Hemos oído ahora algo de su actitud frente a los problemas más generales de la situación en conjunto. Me gustaría ahora hacer algunas preguntas más específicas sobre su Psicología. ¿Cuál es, en su opinión, la posición de la Psicología en general hoy en día?; ¿cuál es la tarea de ella en un tiempo de actividad de este tipo?.

—JUNG: Es sólo por causa de que vivimos en un tiempo activo y responsable, que necesitamos más conciencia y auto-reflexión. En un tiempo como el nuestro, cuando tremendos movimientos políticos y sociales están en marcha, yo como psicólogo, como he dicho, a menudo debo ver gente que siente la necesidad de una orientación psíquica. Esta necesidad refleja un instinto sano. Cuando reina la confusión general, como ocurre en Europa hoy, cuando hay una generalizada fragmentación de opiniones, allí por instinto surge en nosotros una fuerte necesidad de una Weltanschauung común [visión del mundo y de la vida], yo diría, que permite que nosotros tengamos una opinión unitaria de las cosas y discernamos el significado interior del movimiento entero. Si no tenemos éxito en conseguir dicha perspectiva, puede resultar fácilmente que estemos como si hubiéramos sido inconscientemente barridos por los acontecimientos, ya que los movimientos de masas tienen la particularidad de dominar al individuo mediante sugestiones de masas y volverlos seres inconscientes. El movimiento político o social no gana nada con esto cuando tiene enjambres de seguidores hipnotizados. Por el contrario, existe el peligro de una desilusión igualmente grande al despertar de la hipnosis. Es por lo tanto del mayor valor para los movimientos de masas poseer adherentes que los sigan no por una obligación inconsciente sino por una convicción consciente. Pero esta convicción consciente sólo puede estar basada en una Weltanschauung.

—W: Y usted piensa, si le entiendo correctamente, que tal Weltanschauung puede en ciertos casos ser mejor adquirida con la ayuda de la Psicología —su Psicología—, de modo que la gente pueda mantenerse firme interiormente a fin de trabajar con éxito y de manera segura en el mundo exterior, porque de otro modo sus impulsos inconscientes, sus humores, y no sé qué, pueden entrometerse en sus actividades externas. Usted ve, el hecho es que en la Alemania de hoy la Psicología es sospechosa en muchos sectores precisamente porque está preocupada por el auto-desarrollo del así llamado individuo, y entonces ellos sospechan que este famoso individualismo de salón o individualismo de lujo pertenece a una época que ahora realmente ha terminado para nosotros. Entonces me gustaría preguntarle: ¿Cómo, justo en este momento, cuando las fuerzas colectivas de la comunidad entera han tomado la delantera en modelar nuestro estilo de vida, cómo debemos evaluar los esfuerzos de la Psicología en el papel práctico que ella tendría que jugar para el todo de la vida y para la comunidad entera?.

—JUNG: El auto-desarrollo del individuo es especialmente necesario en nuestro tiempo. Cuando el individuo es inconsciente de sí mismo, el movimiento colectivo también carece de un claro sentido de propósito. Sólo el auto-desarrollo del individuo, lo cual considero que es el objetivo supremo de todo el esfuerzo psicológico, puede producir voceros y líderes conscientemente responsables del movimiento colectivo. Como Hitler dijo recientemente, el líder debe ser capaz de estar solo y debe tener el coraje para seguir su propio camino. Pero si él no se conoce a sí mismo, ¿cómo va a conducir a otros?. Por eso el verdadero líder es siempre uno que tiene el coraje para ser él mismo, y puede parecerlo no sólo a ojos de otros sino sobre todo ante él mismo.

—W: Ahora voy a algo muy específico. ¿Qué diferencia —aunque yo ya haya enfatizado esto un poco al principio—, qué diferencia hay entre una Psicología como la suya, imbuída de visión, y las Psicologías de Freud y Adler, que están construídas completamente sobre una base intelectual?

—JUNG: Es, usted lo ve, uno de los mayores privilegios de la mente alemana dejar que toda la creación, en toda su inagotable diversidad, trabaje sobre ello sin pre-concepciones. Pero con Freud, así como con Adler, se establece un punto de vista individual particular —por ejemplo, la sexualidad o el esfuerzo por el poder— como una crítica contra la totalidad del mundo fenoménico. De esta manera, una parte del fenómeno es aislada desde el Todo y dividida en fragmentos cada vez más pequeños, hasta que el sentido que yace sólo en el Todo queda distorsionado en tonterías, y la belleza que es propia sólo del Todo queda reducida a un absurdo. Yo nunca podría mirar con buenos ojos esa hostilidad hacia la vida.

—W: Estoy particularmente agradecido de usted, doctor Jung, por aquella respuesta. Pienso que esto actuará en muchos de nosotros como una liberación. Para concluír, todavía tengo una pregunta que es de interés particular para nosotros hoy, y es la cuestión del liderazgo. A partir de su experiencia psicológica, ¿tiene usted algo que decir acerca de la idea del liderazgo personal y el de una élite dirigente que es reconocido ahora en Alemania, a diferencia de un Gobierno elegido dependiente de la opinión de las masas como se ha desarrollado en Europa Occidental?.

—JUNG: Hoy vivimos en un tiempo de invasiones bárbaras, pero ellas ocurren interiormente en la psique de la gente. Esto es un quiebre de las naciones. Los tiempos de movimiento de masas son siempre tiempos de liderazgo. Cada movimiento culmina orgánicamente en un líder, que encarna en todo su ser el sentido y el propósito del movimiento popular. Él es una encarnación de la psique de la nación y su portavoz. Él es la punta de lanza de la falange de toda la gente en movimiento. La necesidad del Todo siempre suscita un líder, independientemente de la forma que un Estado pueda tomar. Sólo en tiempos de quietud sin un objetivo, la conversación sin propósito de las deliberaciones parlamentarias son monótonas, lo que siempre demuestra la ausencia de una agitación en las profundidades o de una emergencia definida; hasta el gobierno más pacífico en Europa, el Bundesrat suizo, en tiempos de emergencia se inviste con poderes extraordinarios, sea democracia o no. Es perfectamente natural que un líder deba estar a la cabeza de una élite, que en siglos anteriores estaba conformada por la nobleza. La nobleza cree, según la ley de la Naturaleza, en la sangre y la exclusividad de la raza. Europa occidental no entiende la especial emergencia psíquica de la joven nación alemana, porque no se encuentra en la misma situación, histórica o psicológicamente.

—W: Gracias, doctor Jung, por contestar estas preguntas de tan buena gana, y también por lo medular de sus respuestas, que serán seguramente de la mayor importancia para muchos de nuestros oyentes. El hecho es que estamos viviendo hoy en una fase de reconstrucción donde todo depende de consolidar interiormente lo que ha sido conseguido e incorporarlo en la psique del individuo. Para este objetivo necesitamos, si puedo expresar mi opinión personal, líderes como usted, que realmente sepan algo sobre la psique, la psique alemana, y cuya Psicología no es sólo una charla intelectual sino un conocimiento vivo de los seres humanos.–



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1936
LA PSICOLOGÍA DE LAS DICTADURAS


     En su cruce hacia el Este del Atlántico en Octubre de 1936, después de su visita a Harvard, Jung escribió una conferencia sobre "Psicología y Problemas Nacionales", que él presentó en la Clínica Tavistock (Instituto de Psicología Médica), en Londres, el 14 de Octubre de 1936. Ideas similares a las de dicha conferencia aparecieron, naturalmente, en las entrevistas que Jung dio a periódicos de Londres durante su visita. Una de éstas, dada al Observer el 18 de Octubre, es presentada aquí, sin las palabras introductorias del reportero. El mismo texto fue publicado parcialmente en Time, el 9 de Noviembre de 1936, y en su totalidad en The Living Age (Nueva York), en Diciembre de 1936.


     Hitler, Mussolini, Stalin, sí, y Roosevelt, ellos son jefes tribales. Inglaterra y Suiza son todavía tribales. Ellas conservan sus diferencias y distinciones locales. Ustedes tienen a sus galeses, sus irlandeses, sus escoceses. Ustedes observan sus antiguas costumbres tribales: la ceremonia por la cual el Alcalde [el lord mayor] saluda al rey cuando éste cruza el límite de la City de Londres, por ejemplo.

     Hay gente que se pone impaciente por tales costumbres. Eso es equivocado. Ellas son sanas, porque son buenas para el inconsciente. Cuando se acaban las tradicionales instituciones tribales —los antiguos pequeños ducados y principados de Alemania e Italia—, luego viene la agitación, antes de que un nuevo orden tribal sea creado. Es siempre lo mismo. La tribu tiene su jefe personal. Él se rodea de sus propios seguidores particulares, que se convierten en una oligarquía. Entonces el "Estado" toma su lugar.

     El Estado es un fantasma, un reflejo de espejo del jefe personal. El Estado fantasma crea su propia oligarquía. El capitalismo es una oligarquía. Los trusts estadounidenses son una oligarquía. Pero siempre existe la lucha contra la oligarquía. La gente busca que su Estado les dé mayores salarios y niveles superiores de vida. El Estado sólo puede hacer aquello disipando la energía y aprovechando los recursos.

     Y entonces llega el momento en que el Estado debe hacer dinero falso. Primero es llamado "inflación". Luego, porque es impopular, "devaluación". Ahora ellos lo llaman "dilución". Pero todo es la misma cosa: dinero falso. De esa manera usted tiene inseguridad. Los ahorros se hacen ilusorios. Ya que la Naturaleza es aristocrática, la parte valiosa de la población queda reducida al nivel de miseria.

     La democracia comunista o socialista es una insurrección de los incompetentes contra los intentos del orden. Considere las huelgas de brazos caídos en Francia, o las antiguas agitaciones socialistas en Alemania e Italia. Ese estado de desorden llamado libertad democrática o liberalismo provoca su propia reacción: el reforzamiento del orden. En la medida en que las naciones europeas sean incapaces de vivir en un estado crónico de desorden, ellas harán intentos de un orden forzado, o Fascismo.

     Rusia es la típica oligarquía, como siempre lo ha sido. El Partido Comunista es una casta dirigente privilegiada. Se trabaja hacia lo mismo en Alemania. Los hombres SS están siendo transformados en una casta de Caballeros que gobiernen a 60 millones de alemanes. Entonces usted ve, los límites tribales pueden ser ampliados, las tribus más pequeñas pueden ser transformadas en una nación, pero la idea tribal permanece. Las dictaduras de Alemania, Rusia e Italia pueden no ser la mejor forma de gobierno, pero ellas son la única forma posible de gobierno en este momento.

     Acabo de llegar de Estados Unidos, donde vi a Roosevelt. No se equivoque: él es una fuerza, un hombre de una mente superior e impenetrable, pero absolutamente despiadado, una mente muy versátil que usted no puede prever. Él tiene el más asombroso complejo de poder, la sustancia de Mussolini, la materia de un dictador absolutamente.

     Hay dos clases de dictadores: el de tipo caudillo y el de tipo chamán [medicine man]. Hitler es de estos últimos. Él es un médium. La política alemana no es hecha: es revelada a través de Hitler. Él es el vocero de los dioses, como antiguamente. Él pronuncia las palabras que expresan el resentimiento de todos.  

     Recuerdo a un médico-brujo en África que me dijo casi con lágrimas en sus ojos: "Ya no tenemos más sueños desde que los británicos están en el país". Cuando le pregunté por qué, él contestó: "El Comisionado de Distrito lo sabe todo".

     Mussolini, Stalin y Roosevelt gobiernan de esa manera, pero en Alemania todavía se tienen "sueños". Usted recuerda la historia de cómo, cuando Hitler estaba siendo presionado por otras Potencias para que no retirase a Alemania de la Sociedad de Naciones, él se encerró durante tres días, y luego simplemente dijo, sin explicación: "¡Alemania debe retirarse!". Ése es el gobierno por medio de revelaciones.

     De ahí la sensibilidad de los alemanes a la crítica o al maltrato hacia el líder de ellos. Ésa es una blasfemia para ellos, ya que Hitler es la Sibila, el oráculo délfico.

     ¿Después de los dictadores? Oligarquía en alguna forma. Una oligarquía decente —llámela aristocracia si usted prefiere— es la forma más ideal de gobierno. Depende de la calidad de una nación si ellos desarrollan una oligarquía decente o no. No estoy seguro de que Rusia lo vaya a hacer, pero Alemania e Italia tienen una posibilidad. Sin el ideal aristocrático no hay ninguna estabilidad. Ustedes en Inglaterra le deben al "gentleman" que ustedes posean el mundo.–



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1938
DIAGNOSTICANDO A LOS DICTADORES


     Hubert R. Knickerbocker fue uno de los grandes corresponsales estadounidenses en el extranjero, pintoresco, inteligente e incansable. Nacido en Texas en 1898, él estudiaba psiquiatría en Munich en el momento del golpe de Estado de Hitler en Múnich en 1923; luego se cambió a periodismo, y pasó la mayor parte de su carrera en Berlín. Pero él también cubrió la Unión Soviética (Premio Pulitzer, 1931), la guerra ítalo-etíope, la guerra civil española, la guerra chino-japonesa, la anexión alemana de Austria, y el Pacto de Múnich. Él reportó la Batalla de Gran Bretaña y la guerra en el Pacífico. En 1949 murió en un accidente de avión en Bombay.

     Knickerbocker visitó a Jung en Küsnacht en Octubre de 1938, habiendo llegado directamente de Praga, donde había presenciado la desintegración de Checoslovaquia. Su entrevista, una de las más extensas que dio Jung, fue publicada en Hearst's International-Cosmopolitan de Enero de 1939, y parte de ella apareció en una forma diferente en el libro de Knickerbocker Is Tomorrow Hitler's? (¿Le Pertenece el Mañana a Hitler?, 1941). El artículo de Cosmopolitan es la base de la entrevista presentada aquí, artículo que ha sido editado para eliminar otro material aparte de las preguntas y respuestas. La misma edición de la revista contenía un esbozo biográfico de Jung hecho por Elizabeth Shepley Sergeant. Estos artículos de Cosmopolitan hicieron famoso el nombre de Jung en Estados Unidos.


—KNICKERBOCKER: ¿Qué pasaría si usted encerrara juntos a Hitler, Mussolini y Stalin en un cuarto y les diera un trozo de pan y una jarra de agua para que les durara una semana?. ¿Quién conseguiría toda la comida y el agua, o lo dividirían entre ellos?.

—JUNG: Dudo si ellos lo dividirían. Hitler, siendo un chamán [medicine-man], se mantendría probablemente a distancia y no tendría nada que ver con disputas. Él estaría indefenso porque estaría sin su pueblo alemán. Mussolini y Stalin, siendo ambos jefes u hombres fuertes por derecho propio, probablemente disputarían la posesión de la comida y el agua, y el más bravo y rudo conseguiría probablemente todo.

     Han existido dos tipos de hombres fuertes en la sociedad primitiva. Uno era el jefe que era físicamente poderoso, más fuerte que todos sus competidores, y el otro era el chamán, que no era fuerte en sí mismo, sino fuerte en razón del poder que la gente proyectaba en él. De esa manera, tuvimos al emperador y al jefe de la comunidad religiosa. El emperador era el jefe, físicamente fuerte por su posesión de soldados; el vidente era el hechicero, que poseía poco o ningún poder físico, excepto un poder real que a veces sobrepasaba al del emperador, porque la gente estaba de acuerdo en que él poseía magia, es decir, una capacidad sobrenatural. Él podía facilitar, por ejemplo, u obstruír el camino hacia una vida feliz después de la muerte, poner una prohibición sobre un individuo, una comunidad o una nación entera, y mediante la excomunión causar a la gente un gran malestar o dolor.

     Ahora, Mussolini es el hombre de la fuerza física. Cuando usted lo ve, usted es consciente de ello inmediatamente. Su cuerpo sugiere buenos músculos. Él es el jefe por razón del hecho de que él es individualmente más fuerte que cualquiera de sus competidores. Y es un hecho que la mentalidad de Mussolini corresponde a su categoría: él tiene la mente de un jefe.

     Stalin pertenece a la misma categoría. Él no es, sin embargo, un creador. Lenin creó; Stalin está devorando el producto. Él es un conquistador; él simplemente tomó lo que Lenin hizo y puso sus dientes sobre ello y lo devoró. Él no es ni siquiera creativamente destructivo. Lenin fue aquello. Él demolió toda la estructura de sociedad feudal y burguesa en Rusia y la reemplazó con su propia creación. Stalin está destruyendo aquello.

     Mentalmente, Stalin no es tan interesante como Mussolini, que se parece a él en el patrón fundamental de su personalidad, y él no es en absoluto tan interesante como el chamán, el mito-Hitler.

—K: Cualquiera que se ponga al mando de 170 millones de personas, como Stalin lo ha hecho, está obligado a ser interesante, le guste él a usted o no.

—JUNG: No, Stalin es sólo un bruto —un campesino astuto, una poderosa bestia instintiva—, y sin duda de esa manera lejos el más poderoso de todos los dictadores. Él le recuerda a uno un tigre siberiano dientes de sable con aquel cuello poderoso, aquellos enormes bigotes y aquella sonrisa como la de un gato que ha estado comiendo crema. Yo debería imaginar que Genghis Jan podría haber sido un antiguo Stalin. Yo no debería sorprenderme si él se hace Zar a sí mismo.

     Hitler es completamente diferente. Su cuerpo no sugiere fuerza. La característica excepcional de su fisonomía es su mirada soñadora. Me impactó especialmente aquello cuando vi fotografías de él durante la crisis checoslovaca; había en sus ojos la mirada de un vidente.

     No hay ninguna cuestión al respecto, sino que Hitler pertenece a la categoría del chamán verdaderamente místico. Como alguien comentó sobre él en el último congreso del partido en Núremberg, desde el tiempo de Mahoma nada como aquello ha sido visto en este mundo.

     Esta característica marcadamente mística de Hitler es lo que le hace hacer cosas que a nosotros nos parecen ilógicas, inexplicables, curiosas e irrazonables. Pero considere que incluso la terminología de los nacionalsocialistas es claramente mística. Tome el mismo nombre del Estado nacionalista. Ellos lo llaman el Tercer Reich. ¿Por qué?

—K: Porque el Primer Reich era el Sacro Imperio Romano, y el Segundo era el que fue fundado por Bismarck, y el Tercero es el de Hitler.

—JUNG: Por supuesto. Pero hay un significado más profundo. Nadie llamó al reino de Carlomagno el Primer Reich, ni Segundo Reich al de Wilhelm [primer Emperador alemán]. Sólo los nacionalsocialistas llaman al suyo el Tercer Reich. Porque esto tiene un profundo sentido místico: a cada alemán la expresión "Tercer Reich" le trae ecos en su inconsciente de la jerarquía bíblica. De este modo, Hitler, quien más de una vez ha indicado que él está consciente de su vocación mística, aparece ante los devotos del Tercer Reich como algo más que un mero hombre.

     Nuevamente, considere usted el difundido renacimiento en el Tercer Reich del culto a Wotan. ¿Quién era Wotan? El dios del viento. Considere el nombre "Sturmabteilung" (SA, Tropas de Asalto, Storm Troops, en inglés). Tormenta (Sturm), usted ve: el viento. Del mismo modo que la esvástica es una forma giratoria que produce un vórtice que se mueve siempre hacia la izquierda, lo que significa en el simbolismo budista hacia el lado siniestro, desfavorable, dirigido hacia el inconsciente.

     Y todos estos símbolos juntos de un Tercer Reich conducido por su profeta bajo las banderas del viento y la tormenta y vórtices giratorios señalan a un movimiento de masas que va a barrer al pueblo alemán en un huracán de emoción irracional sin cesar hacia un destino que quizás nadie excepto el vidente, el profeta, el Führer mismo, puede predecir; y quizás, ni siquiera él.

—K: ¿Pero por qué es que Hitler, que hace que casi cada alemán se prosterne y lo adore, en seguida no produce ninguna impresión en ningún extranjero?

—JUNG: Exactamente. Pocos extranjeros responden en absoluto, pero aparentemente cada alemán en Alemania lo hace. Es porque Hitler es el espejo del inconsciente de cada alemán, pero por supuesto él no refleja nada de alguien no alemán. Él es el portavoz que amplifica los susurros inaudibles del alma alemana hasta que puedan ser oídos por el oído inconsciente del alemán.

     Él es el primer hombre en decir a cada alemán lo que él ha estado pensando y sintiendo desde el principio en su inconsciente acerca del destino alemán, especialmente desde la derrota en la Guerra Mundial; y la característica que tiñe cada alma alemana es el típicamente alemán complejo de inferioridad, el complejo del hermano más joven, del que siempre llega un poco tarde al banquete. El poder de Hitler no es político: es mágico.

—K: ¿Qué quiere decir usted con "mágico"?.

—JUNG: Para entender esto usted debe entender qué es el inconsciente. Es aquella parte de nuestra constitución mental sobre la cual tenemos poco control y que almacena toda clase de impresiones y sensaciones; que contiene pensamientos e incluso conclusiones de los que no estamos conscientes.

     Además de las impresiones conscientes que recibimos, hay toda clase de impresiones que constantemente afectan a nuestros órganos sensitivos de las cuales no nos damos cuenta porque ellas son demasiado leves para atraer nuestra atención consciente. Ellas están bajo el umbral de la conciencia. Pero todas estas impresiones subconscientes quedan registradas; ninguna se pierde.

     Alguien podría estar hablando con una voz apenas audible en la sala de al lado mientras nosotros estamos conversando aquí. Usted no le presta ninguna atención, pero la conversación de al lado está siendo registrada en su inconsciente de manera tan segura como si fuese una grabación en una cinta. Mientras usted está sentado aquí mi inconsciente está recibiendo una gran cantidad de impresiones de usted, aunque yo no sea consciente de ellas, y usted estaría sorprendido si yo le dijera a usted de todo lo que ya me he enterado inconscientemente sobre usted en este corto espacio de tiempo.

     Ahora, el secreto del poder de Hitler no consiste en que él tenga un inconsciente más abundantemente provisto que el suyo o el mío. El secreto de Hitler es doble: primero, que su inconsciente tiene un acceso excepcional a su propia conciencia; y segundo, que él permite que él sea motivado por ello. Él es como un hombre que escucha atentamente una corriente de sugestiones provenientes de una voz susurrada desde una fuente misteriosa, y luego actúa en base a ellas. En nuestro caso, incluso si de vez en cuando nuestro inconsciente nos alcanza como a través de los sueños, tenemos demasiada racionalidad, demasiado cerebro para obedecerlo. Éste es indudablemente el caso de Chamberlain, pero Hitler escucha y obedece. El verdadero líder siempre es conducido.

     Podemos ver trabajar esto en él. Él mismo se ha referido a su Voz. Su Voz no es nada más que su propio inconsciente, en el cual el pueblo alemán ha proyectado su propio yo; es decir, el inconsciente de 78 millones de alemanes. Eso es lo que lo hace poderoso. Sin el pueblo alemán, él no sería lo que parece ser ahora.

     Es literalmente verdadero cuando él dice que cualquier cosa que él sea capaz de hacer es sólo porque él tiene al pueblo alemán detrás suyo, o, como él a veces dice, porque él es Alemania. De este modo, con su inconsciente siendo el receptáculo de las almas de 78 millones de alemanes, él es poderoso, y con su percepción inconsciente del verdadero equilibrio de fuerzas políticas en su patria y en el mundo, él ha sido hasta ahora infalible.

     Por eso él hace juicios políticos que resultan ser correctos, contra las opiniones de todos sus consejeros y contra las opiniones de todos los observadores extranjeros. Cuando esto sucede, significa sólo que la información reunida por su inconsciente, y alcanzando su propia conciencia por medio de su talento excepcional, ha sido casi más correcta que la de todos los demás, alemanes o extranjeros, que intentaron juzgar la situación y que alcanzaron conclusiones diferentes a la de él. Y, por supuesto, esto también significa que, teniendo esta información a mano, él está dispuesto a actuar en base a ella.

—K: Supongo que eso se aplicaría a las tres decisiones realmente críticas que él tomó, cada una de las cuales implicó el agudo peligro de la guerra: cuando él marchó hacia Renania (Rheinland) en Marzo de 1936, y hacia Austria en Marzo de 1938, y cuando él se movilizó y obligó a los Aliados a abandonar Checoslovaquia. Porque en cada uno de esos casos sabemos que muchos de los más altos consejeros militares de Hitler le advirtieron en contra de hacer aquello, ya que ellos creían que los Aliados resistirían, y también que si la guerra se producía, Alemania estaría obligada a perder.

—JUNG: ¡Exactamente! El hecho es que Hitler fue capaz de juzgar a sus opositores mejor que nadie más, y aunque parecía inevitable que él iba a ser confrontado por la fuerza, él sabía que sus oponentes se someterían sin combatir. Ése debe haber sido el caso especialmente cuando Chamberlain fue a Berchtesgaden. Allí por primera vez Hitler se reunió con el anciano estadista británico.

     Como Chamberlain demostró posteriormente en Godesberg, él había ido para decirle, entre otras cosas, que no fuera demasiado lejos o Gran Bretaña lucharía. Pero el ojo inconsciente de Hitler que hasta ahora no le ha fallado, leyó tan profundamente el carácter del Primer Ministro británico que todos los posteriores ultimátums y advertencias de Londres no hicieron ninguna impresión en absoluto en su inconsciente: el inconsciente de Hitler sabía —no lo adivinó o sintió, sino que sabía— que Gran Bretaña no arriesgaría la guerra. Pero el discurso de Hitler en el Palacio de Deportes, cuando él anunció al mundo un juramento sagrado de que él marcharía sobre Checoslovaquia el primero de Octubre, con o sin el permiso de Gran Bretaña y Francia, indicó por primera y única vez que Hitler el hombre, en su momento crítico supremo, tenía miedo de seguir a Hitler el profeta.

     Su Voz le dijo que siguiera adelante, que todo estaría bien, pero su razón humana le dijo que los peligros eran enormes y quizá abrumadores. Ahí por primera vez la voz de Hitler tembló; su aliento falló. Su discurso carecía de forma y se apagó al final. ¿Qué ser humano no tendría miedo en tal situación? Al hacer aquel discurso que fijó el destino de quizás cientos de millones de personas, él era un hombre haciendo algo de lo cual él estaba mortalmente temeroso, pero se forzó a sí mismo a hacerlo porque le fue ordenado por su Voz.

—K: Su Voz estaba en lo correcto. Ahora, ¿quién sabe si su Voz pueda seguir estando en lo correcto? Si lo hace, será muy interesante observar la historia de los próximos años porque, como él dijo justo después de su victoria checa, Alemania está hoy en el umbral de su futuro. Eso significa que él acaba de comenzar, y si su Voz le dice que el pueblo alemán está destinado a convertirse en los señores de Europa y quizás del mundo, y si su Voz continúa siempre estando en lo correcto, entonces estamos en un período muy interesante, ¿verdad?.

—JUNG: Sí; parece que el pueblo alemán está convencido ahora de que ellos han encontrado a su Mesías.

     De alguna manera, la posición de los alemanes es notablemente parecida a la de los judíos de antaño. Desde su fracaso en la Guerra Mundial ellos han esperado a un Mesías, un Salvador. Eso es característico de gente con un complejo de inferioridad. Los judíos adquirieron su complejo de inferioridad a partir de factores geográficos y políticos. Ellos vivían en una parte del mundo que era un campo de prácticas para los conquistadores de ambos lados, y después de su retorno desde su primer exilio en Babilonia, cuando ellos fueron amenazados con la extinción por los romanos, ellos inventaron la consoladora idea de un Mesías que iba a reunir a todos los judíos en una nación una vez más y a salvarlos.

     Y los alemanes adquirieron su complejo de inferioridad a partir de causas análogas. Ellos aparecieron desde el valle del Danubio demasiado tarde, y fundaron los comienzos de su nación mucho después de que los franceses y los ingleses llevaban un buen trecho hacia su carácter de nación. Ellos llegaron demasiado tarde a la rebatiña por las colonias, y para la fundación de un Imperio. Entonces, cuando ellos se unificaron e hicieron una nación unida, ellos miraron alrededor suyo y vieron a los británicos, los franceses y otros, con colonias ricas y todo el equipamiento de naciones adultas, y se pusieron celosos y resentidos, como un hermano más joven cuyos hermanos mayores han tomado de la herencia la parte del león.

     Ésta fue la fuente original del complejo de inferioridad alemán que ha determinado gran parte de su pensamiento y acción política y que es ciertamente decisivo en su política entera hoy. Es imposible, usted lo ve, hablar de Hitler sin hablar de su pueblo, porque Hitler es sólo el pueblo alemán.

     Se me ha ocurrido, la última vez que estuve en Estados Unidos, que uno podría hacer una interesante analogía geográfica acerca de Alemania. En Estados Unidos noté que en alguna parte en la costa del Este existe una cierta clase de gente llamada "basura Blanca pobre", y me enteré de que ellos son en gran parte descendientes de los primeros colonos, algunos de ellos portadores de nombres ingleses muy antiguos. La basura Blanca pobre se fue quedando atrás cuando algunas gentes con energía e iniciativa se subieron a sus carros cubiertos y se dirigieron hacia el Oeste.

     Entonces, en el Medio Oeste usted encuentra a gente que considero la más estable en Estados Unidos; quiero decir, psicológicamente la más equilibrada. No obstante, en algunos lugares más hacia el Oeste usted encuentra alguna de la gente menos equilibrada.

     Ahora, me parece que, considerando a Europa como un todo, e incluyendo las islas británicas, usted tiene en Irlanda y en el País de Gales el equivalente de la costa Oeste norteamericana. Los celtas poseen pintorescas facultades imaginativas. Entonces, para hacer la equivalencia del sobrio Medio Oeste estadounidense, usted tiene en Europa a los ingleses y los franceses, ambos pueblos psicológicamente estables. Pero entonces usted va a Alemania, y justo más allá de Alemania están los mujiks eslavos, la basura Blanca pobre de Europa.

     Ahora, los mujiks son gente que no puede levantarse por la mañana, sino que duermen todo el día. Y los alemanes, sus vecinos de al lado, son gente que pudo despertar, pero se levantó demasiado tarde. ¿No recuerda usted cómo los alemanes incluso hoy representan a Alemania en todas sus historietas?

—K: Sí, como el "Somnoliento Miguel" [Sleepy Michael], un tipo alto y delgado en un camisón de noche y gorro de dormir.

—JUNG: Así es, y el Somnoliento Miguel durmió durante la división del mundo en Imperios coloniales, y de ese modo los alemanes adquirieron su complejo de inferioridad, lo que los hizo querer luchar la Guerra Mundial, y, por supuesto cuando ellos la perdieron su sentimiento de inferioridad creció aún peor, y desarrolló un deseo por un Mesías, y entonces ellos tienen su Hitler. Si él no es su verdadero Mesías, él es como uno de los profetas del Antiguo Testamento: su misión es unir a su pueblo y conducirlos a la Tierra Prometida. Esto explica por qué los nacionalsocialistas tienen que combatir cada forma de religión aparte de su propia marca idolátrica. No tengo ninguna duda de que la campaña contra las Iglesias católica y Protestante será proseguida con vigor implacable y constante, por la razón muy sólida —desde el punto de vista nacionalsocialista— de que ellos desean reemplazarlas por la nueva fe del Hitlerismo.

—K: ¿Considera usted posible que el Hitlerismo pueda llegar a convertirse para Alemania en una religión permanente para el futuro como el Mahometismo para los musulmanes?.

—JUNG: Me parece que es altamente posible. La "religión" de Hitler es la más cercana al Mahometismo, realista, terrenal, prometiendo el máximo de recompensas en esta vida, pero con un Walhalla como el musulmán en el cual los alemanes dignos pueden entrar y seguir disfrutando de sí mismos. Al igual que el Mahometismo, el Hitlerismo enseña la virtud de la espada. La primera idea de Hitler es hacer poderoso a su pueblo, porque el espíritu del alemán ario merece estar apoyado por la fuerza, por el músculo y el acero.

     Por supuesto, no se trata de una religión espiritual en el sentido en el cual generalmente usamos el término. Pero recuerde que en los primeros días del cristianismo fue la Iglesia la que reclamó el poder total, ¡tanto espiritual como temporal! Hoy la Iglesia ya no hace esta reclamación, pero dicha demanda ha sido asumida por los Estados totalitarios que exigen no sólo el poder temporal sino el espiritual.

     A propósito, se me ocurre que el carácter "religioso" del Hitlerismo también está enfatizado por el hecho de que las comunidades alemanas a través de todo el mundo, lejos del poder político de Berlín, han adoptado el Hitlerismo. Observe las comunidades alemanas sudamericanas, principalmente en Chile.

     Es un gran error pensar que un dictador se convierte en ello debido a motivos personales, tales como que tuvo una fuerte resistencia a su padre. Hay millones de hombres que resistieron a sus padres tan fuertemente como, supongamos, Mussolini o Hitler o Stalin, pero que nunca se convirtieron en dictadores o en algo parecido a ello.

     La ley que hay que recordar en cuanto a los dictadores es: "Es el perseguido quien persigue". Los dictadores deben haber sufrido de circunstancias calculadas para provocar la dictadura. Mussolini apareció en el momento en que el país estaba en el caos, los trabajadores fuera de control y la amenaza del bolchevismo estaba aterrorizando a la gente.

     Hitler llegó cuando la crisis económica había reducido el nivel de vida en Alemania y había aumentado el desempleo a un nivel intolerable, y después de la gran inflación del dinero que, aunque la estabilización hubiera llegado, había empobrecido a la clase media entera. Tanto Hitler como Mussolini recibieron su poder de la gente, y su poder no puede ser retirado. Es interesante que tanto Hitler como Mussolini basen su poder principalmente en la clase media baja, los trabajadores y los agricultores.

     Pero para seguir con las circunstancias bajo las cuales los dictadores suben al poder: Stalin apareció cuando la muerte de Lenin, único creador del bolchevismo, había dejado al partido y al pueblo carentes de liderazgo y al país incierto de su futuro. De ese modo los dictadores están hechos del material humano que sufre de necesidades abrumadoras. Los tres dictadores en Europa se diferencian uno del otro tremendamente, pero no son tanto ellos los que difieren como lo son sus pueblos.

     Compare el modo en que el pueblo alemán piensa y siente con respecto a Hitler con la manera en que los italianos piensan y sienten acerca de Mussolini. Los alemanes son muy impresionables. Ellos llegan a extremos; son siempre un poco desequilibrados. Ellos son cosmopolitas, ciudadanos del mundo; fácilmente pierden su identidad nacional; gustan de imitar a otras naciones. A cada hombre alemán le gustaría vestirse como un gentleman inglés.

—K: No a Hitler. Él siempre se ha vestido a su propio modo, y nadie podría acusarlo jamás de intentar parecer como si él consiguiera su ropa en Savile Row [calle de Londres con tiendas de ropa cara para varones].

—JUNG: Exactamente. Por eso Hitler le está diciendo a sus alemanes: "Ahora, por Dios, ¡ustedes tienen que comenzar a ser alemanes!".

     Los alemanes son extraordinariamente sensibles a nuevas ideas, y cuando escuchan a alguien que apela a ellos, ellos probablemente se tragarán aquello totalmente faltos de sentido crítico, y durante un tiempo estarán completamente dominados por ello; pero después de un tiempo ellos tienen las mismas probabilidades de deshacerse de aquello violentamente y de adoptar una idea más nueva, muy probablemente contradiciendo totalmente a la anterior. Éste es el modo en que ellos han desarrollado su vida política.

     Los italianos son más estables. Sus mentes no ruedan y se revuelcan y saltan y se sumergen en todos los éxtasis extravagantes que son el ejercicio diario de la mente alemana. De manera que usted encuentra en Italia un espíritu de equilibrio que no existe en Alemania. Cuando los Fascistas asumieron el poder en Italia, Mussolini ni siquiera removió al rey. Mussolini trabajó no con el éxtasis del espíritu sino con un martillo en su mano, golpeando a Italia en la forma que él quería, muy similarmente a como su padre herrero solía hacer herraduras.

     Este equilibrio mussoliniano-italiano del temperamento es corroborado por el tratamiento Fascista hacia los judíos. Al principio ellos no persiguieron a los judíos en absoluto, e incluso ahora, cuando por diversas razones ellos han comenzado una campaña anti-judía, se ha mantenido una cierta proporción. Supongo que la principal razón de por qué Mussolini se ocupó del anti-judaísmo de alguna manera, fue que él llegó a convencerse de que la judería mundial era probablemente una fuerza incorregible y efectiva contra el Fascismo —especialmente León Blum en Francia, me parece—, y también porque él deseaba hacer más sólidos sus lazos con Hitler.

     Entonces usted ve, mientras que Hitler es un chamán, una forma de vasija espiritual, una semi-deidad o, mejor aún, un mito, Mussolini es un hombre; y por lo tanto todo en la Italia Fascista tiene una forma más humana que en la Alemania Nacionalsocialista, donde las cosas son dirigidas mediante revelaciones. Hitler como un hombre apenas existe. De una u otra manera, él desaparece detrás de su papel. Mussolini, por el contrario, nunca desaparece detrás de su rol. Su papel desaparece detrás de Mussolini.

     Vi al Duce y al Führer juntos en Berlín en la ocasión en que Mussolini hizo su visita formal; tuve la buena suerte de estar ubicado sólo a unos metros de ellos, y pude estudiarlos bien. Fue divertido ver la expresión de Mussolini cuando ellos presenciaron el desfile militar. Si yo no hubiera visto aquello, yo debería haber caído en el engaño popular de que la adopción del "paso de ganso" [Stechschritt] por el ejército italiano fue en imitación de Hitler. Y aquello me habría decepcionado, porque yo había discernido en la conducta de Mussolini un cierto estilo, un cierto formato de un hombre original con buen gusto en ciertas materias.

     Quiero decir, por ejemplo, que fue de buen gusto por parte del Duce conservar al Rey. Y la elección de su título, "Duce" —no Dux o Dogo como en la antigua Venecia, ni Duca, sino Duce, la simple palabra italiana para "líder"—, fue original, y en mi opinión mostró buen gusto.

     Ahora, cuando observé a Mussolini mirando el primer "paso de ganso" que él hubiera visto alguna vez, pude verlo disfrutar de ello con el entusiasmo de un pequeño muchacho en un circo. Pero él disfrutó incluso más la presentación cuando apareció la caballería, y el tambor montado galopó por delante y tomó su lugar en un lado de la calle mientras la banda tomó su lugar en el otro. El tambor debe galopar alrededor de la banda y llegar a la parte delantera para tomar su posición allí, y eso él lo hace sin tomar las riendas, dirigiendo a su caballo sólo con la presión de las rodillas, ya que ambas manos están ocupadas de los tambores.

     En esa ocasión eso fue hecho magníficamente, y esto complació tanto a Mussolini que él rompió a reír y aplaudió. Cuando él regresó a Roma después, introdujo [en 1938] el "paso de ganso" [passo romano], y estoy convencido de que él lo hizo únicamente para su propio disfrute estético. Realmente aquél es un paso muy impresionante.

     En comparación con Mussolini, Hitler me dio la impresión de ser una especie de andamio de madera cubierto con tela, un autómata con una máscara, como un robot, o una máscara de un robot. Durante la presentación entera él nunca se rió; era como si él hubiera estado de mal humor, contrariado. Él no mostró ningún signo humano. Su expresión era la de una intencionalidad inhumanamente resuelta, sin ningún sentido del humor. Él parecía como si fuera el sosías de una persona real, y que Hitler el hombre podría quizá estar escondiéndose dentro como un anexo, y deliberadamente tan oculto a fin de no perturbar el mecanismo.

     ¡Qué diferencia tan asombrosa existe entre Hitler y Mussolini! Yo no podía sino simpatizar con Mussolini. Su energía y elasticidad corporal son cálidas, humanas y contagiosas. Usted con Mussolini tiene el sentimiento hogareño de estar con un ser humano. Con Hitler, usted está atemorizado. Usted sabe que usted nunca sería capaz de hablar con aquel hombre, porque no hay nadie allí. Él no es un hombre, sino una colectividad. Él no es un individuo; él es una nación entera.

     Tengo por algo literalmente verdadero que él no tiene ningún amigo personal. ¿Cómo puede usted hablar íntimamente con una nación? Usted no puede explicar a Hitler mediante una aproximación personal, del mismo modo como no puede explicar una gran obra de arte examinando la personalidad del artista. La gran obra de arte es un producto del tiempo, del mundo entero en el cual vive el artista, y de los millones de personas que lo rodean a él, y de las miles de corrientes de pensamiento y de las innumerables corrientes de actividad que fluyen alrededor de él.

     Así, sería más fácil para Mussolini, que es sólo un hombre, encontrar un sucesor, que para Hitler. Con buena suerte, yo debería pensar que Mussolini podría encontrar a alguien para que tome su lugar, pero no veo cómo Hitler podría.

—K: ¿Y si Hitler llegara a casarse?

—JUNG: Él no puede casarse. Si él se casara, aquello no sería el casamiento de Hitler. Él dejaría de ser Hitler. Pero es increíble que él debiera hacerlo alguna vez. No me sorprendería si puede mostrarse que él ha sacrificado su vida sexual completamente a la Causa.

     Eso no es algo inusual, sobre todo para el tipo de líder chamán, aunque es mucho menos habitual en el tipo del jefe. Mussolini y Stalin parecen llevar vidas sexuales completamente normales. La verdadera pasión de Hitler, por supuesto, es Alemania.

     Usted podría decir que él tiene un tremendo complejo materno, lo cual significa que él estará bajo la dominación de una mujer o de una idea. La idea es siempre femenina. La mente es femenina, porque la cabeza, el cerebro, es creativo; de ahí que sea como un útero, femenino. El inconsciente de un hombre siempre es representado por una mujer; y el de una mujer, siempre por un hombre.

—K: ¿Cuán importante papel representa lo que llamamos el juego de ambición personal en el carácter de los tres dictadores?

—JUNG: Yo debería decir que aquello desempeña un papel muy menor en Hitler. No me parece que Hitler tenga una ambición personal más allá de la del hombre promedio. Mussolini tiene una ambición personal superior al promedio, pero eso no es suficiente para explicar la fuerza de él. Él también siente que él coincide con la necesidad nacional. Hitler no gobierna Alemania. Él es simplemente el exponente de la tendencia de las cosas. Esto lo hace extraño y psicológicamente fascinante. Mussolini gobierna Italia hasta cierto punto, pero para el resto él es un instrumento del pueblo italiano.

     Con Stalin es diferente. Su característica dominante es la abrumadora ambición personal. Él no se identifica con Rusia. Él gobierna Rusia como cualquier Zar. Recuerde, él de todos modos es un georgiano.

—K: ¿Pero cómo explica usted el que Stalin haya tomado la dirección que tomó? Me parece que Stalin, lejos de ser poco interesante, es también enigmático. Ahí usted tiene a una persona que pasó la mayor parte de su vida como un revolucionario bolchevique. Su padre zapatero y su madre piadosa lo enviaron a una escuela teológica. En sus primeros años él se convirtió en un revolucionario, y a partir de entonces, durante los siguientes veinticinco años él no hizo nada sino luchar contra el Zar y la policía del Zar. Él fue puesto en una docena de cárceles y se evadió de todas ellas. Ahora, ¿cómo explica usted que un hombre que había luchado contra la tiranía del Zar toda su vida repentinamente llegara a convertirse en una especie de Zar él mismo?

—JUNG: Eso no es notable. Ocurre porque usted siempre se convierte en la cosa contra la que usted más lucha. ¿Qué debilitó la fuerza armada de Roma? El cristianismo. Porque cuando los romanos conquistaron el Cercano Oriente, ellos fueron conquistados por su religión.

     Cuando usted lucha contra una cosa, usted tiene que ponerse muy cerca de ella, y eso es probable que lo infecte a usted. Usted debe conocer muy bien al zarismo a fin de derrotarlo. Entonces, cuando usted ha expulsado al Zar, usted mismo se convierte en un Zar, tal como un cazador de animales salvajes puede hacerse bestial.

     Sé de una persona que, después de muchos años de caza mayor en una adecuada manera deportiva, tuvo que ser arrestado porque él fue con una ametralladora hacia los animales. El hombre se había hecho tan deseoso de sangre como las panteras y leones que él mató.

     Stalin luchó tanto contra la sangrienta opresión del Zar que él ahora está haciendo exactamente lo mismo que el Zar. En mi opinión, no hay ninguna diferencia en absoluto ahora entre Stalin e Iván el Terrible.

—K: ¿Pero qué opina del hecho relatado por muchos, y observado por mí mismo, de que el nivel de vida en la Unión Soviética se ha elevado bastante y todavía sigue aumentando, desde el punto más bajo de la hambruna de 1933?

—JUNG: Por supuesto. Stalin puede ser un buen administrador al mismo tiempo que él es un Zar. Sería un milagro si alguien pudiera impedir que un país tan naturalmente rico como Rusia sea próspero. Pero Stalin no es muy original, y es de muy mal gusto que él mismo se convierta en un Zar, ¡tan groseramente, delante de todos, sin ningún disimulo en absoluto!. ¡Aquello es realmente proletario!.

—K: Pero usted todavía no me ha explicado cómo Stalin, el leal hombre del partido comunista, el trabajador clandestino de lo que era entonces un ideal muy altruísta, se hubo convertido en un ambicioso por el poder.

—JUNG: En mi opinión el cambio ocurrió en Stalin durante la revolución de 1918. Hasta aquel tiempo él había trabajado, desinteresadamente quizás, por el bien de la Causa, y probablemente nunca había pensado en el poder personal para sí mismo, por la misma buena razón de que nunca apareció ni la sombra de una posibilidad de que él pudiera siquiera aspirar a algo como el poder personal. Ese cuestionamiento no existió para él. Pero durante la revolución Stalin vio por primera vez cómo se adquiere el poder. Estoy seguro de que él se dijo a sí mismo con asombro: "¡Pero si es tan fácil!". Él debe haber observado a Lenin y a los demás alcanzar el rango completo del poder total, y haberse dicho: "¡De modo que así es como se hace! Bien, aquí puede ir a ellos uno mejor. Todo lo que hay que hacer es eliminar al tipo que está delante".

     Él ciertamente habría acabado con Lenin si éste hubiera vivido. Nada podría haberlo detenido, como nada lo ha detenido ahora. Naturalmente, él quiere que su país prospere. Mientras más próspero y más grande es su país, más grande es él. Pero él no puede dedicar todas sus energías a promover el bienestar de su país mientras su tendencia personal hacia el poder no sea satisfecha.

—K: Pero seguramente él ha conseguido el mayor poder ahora.

—JUNG: Sí, pero él lo ha conseguido para conservarlo. Él está rodeado por una manada de lobos. Él debe mantenerse para siempre alerta. Debo decir que pienso que tenemos hacia él una deuda de gratitud.

—K: ¿Por qué?

—JUNG: Por el maravilloso ejemplo que él ha dado al mundo entero de la verdad axiomática de que el comunismo siempre conduce a la dictadura.

     Pero ahora dejemos esto aparte y déjeme decirle cuál es mi terapia. Como médico, no sólo tengo que analizar y diagnosticar, sino además recomendar el tratamiento.

     Hemos estado hablando casi todo el rato de Hitler y los alemanes, porque ellos son muy incomparablemente los más importantes de los fenómenos dictatoriales en este momento. Es para esto, entonces, que debo proponer una terapia. Es extremadamente difícil tratar con este tipo de fenómenos. Es excesivamente peligroso. Quiero decir, el tipo de caso de un hombre que actúa bajo una compulsión.

     Ahora, cuando tengo un paciente que actúa bajo la orden de un poder superior, un poder dentro de él, tal como la Voz de Hitler, no me atrevo a decirle que desobedezca a su Voz. Él no lo hará si realmente se lo digo. Él incluso actuará más resueltamente que si no se lo hubiera dicho. Todo lo que puedo hacer, mediante una interpretación de la Voz, es intentar inducir al paciente a comportarse de una manera que sea menos dañina para él y para la sociedad que si él obedeciera la Voz inmediatamente sin una interpretación.

     Entonces digo que, en esta situación, el único modo de salvar la democracia en Occidente —y por Occidente quiero decir Estados Unidos también— no es tratar de parar a Hitler. Usted puede tratar de desviarlo, pero detenerlo será imposible sin la Gran Catástrofe para todos. Su Voz le dice que debe unir a la gente alemana y conducirla hacia un mejor futuro, un lugar más grande en la Tierra, hacia una posición de gloria y riqueza. Usted no puede impedir que él trate de hacer eso. Usted sólo puede esperar influír en la dirección de su expansión.

     Digo que se le deje ir al Este. Desvíe la atención de él lejos del Oeste, o más bien, anímelo a que se mantenga mirando lejos. Déjelo ir a Rusia. Es la cura lógica para Hitler.

     No creo que Alemania quedará satisfecha con un trozo de África, grande o pequeño. Alemania observa a Gran Bretaña y a Francia con sus magníficos Imperios coloniales, y hasta a Italia con su Libia y Etiopía, y piensa en su propio tamaño, 78 millones de alemanes, en comparación con 45 millones de británicos en las islas británicas y 42 millones de franceses y 42 millones de italianos, y ella está obligada a pensar que ella debería tener un lugar en el mundo no simplemente tan grande como el ocupado por cualquiera de las otras tres grandes potencias occidentales, sino mucho más grande. ¿Cómo va Alemania a conseguir eso en el Oeste sin destruír a una o varias de las naciones que ahora ocupan el Oeste? Hay sólo un campo para que ella actúe, y ése es Rusia.

—K: ¿Y qué le sucederá a Alemania cuando ella intente ajustar cuentas con Rusia?

—JUNG: Ah, ése es su propio asunto. Nuestro interés en ello es simplemente que esto salvará a Occidente. Nadie nunca ha dado un mordisco en Rusia sin lamentarlo. No es una comida muy sabrosa. Podría llevarle a los alemanes cien años terminar aquella comida. Mientras tanto, nosotros deberíamos estar seguros, y por "nosotros" quiero decir toda la civilización occidental

     El instinto debiera decirles a los estadistas occidentales que no toquen a Alemania en su actual estado de ánimo. Ella es demasiado peligrosa. El instinto de Stalin estaba en lo correcto cuando le dijo a éste que dejara a las naciones occidentales tener una guerra y que se destruyeran unas a otras, mientras él esperaba para recoger los huesos. Aquello habría salvado a la Unión Soviética. No creo que Stalin alguna vez entre en guerra del lado de Checoslovaquia y Francia, a menos que fuera al final, para beneficiarse del agotamiento de ambos lados.

     Entonces digo, estudiando a Alemania como un paciente, y a Europa como la familia y los vecinos de un paciente, que se le deje ir hacia Rusia. Hay mucha tierra allí, un sexto de la superficie de la Tierra. No le importaría a Rusia si alguien tomara una parte, y como dije, nadie que lo haya hecho ha prosperado alguna vez.

     ¿Cómo salvar a los democráticos Estados Unidos? Deben ser salvados, por supuesto, o si no todos seremos destruídos. Usted debe mantenerse lejos del delirio, y evitar la infección. Mantenga grandes su ejército y su marina, pero manténgalos en reserva. Si la guerra viene, espere.

     Estados Unidos debe mantener fuerzas armadas grandes para ayudar a conservar el mundo en paz, o para decidir la guerra si ella llega. Estados Unidos es el último recurso de la democracia occidental.

—K: ¿Pero cómo va a ser preservada la paz de Europa occidental si se deja a Alemania "ir al Este", como usted dijo, puesto que Inglaterra y Francia ahora han garantizado formalmente las fronteras del nuevo Estado de Checoslovaquia, hecho de retazos [rump state]?. ¿No habrá entonces guerra de todos modos si Alemania intenta incorporar a dicho Estado a su sistema administrativo?

—JUNG: Inglaterra y Francia no honrarán su nueva garantía a Checoslovaquia más de lo que Francia honró su promesa anterior a Checoslovaquia. Ninguna nación mantiene su palabra. Una nación es un gran gusano ciego, ¿siguiendo qué? El destino, quizás. Una nación no tiene honor; no tiene una palabra que mantener. Ésa es la razón de por qué, en los antiguos tiempos, ellas trataron de tener reyes que poseyeran realmente honor personal y mantuvieran su palabra.

     ¿No sabe que si usted elige a cien personas de las más inteligentes en el mundo y las junta a todas, ellos son una muchedumbre estúpida? Diez mil de ellos juntos tendrían la inteligencia colectiva de un caimán. ¿No ha notado usted que en una cena mientras más personas usted invita más estúpida es la conversación? En una muchedumbre, las cualidades que cada uno posee se multiplican, se amontonan, y se convierten en las características dominantes de la muchedumbre entera.

     No todo el mundo tiene virtudes, pero cada uno tiene los bajos instintos animales, la sugestionabilidad básica de los cavernícolas primitivos, las sospechas y los rasgos crueles del salvaje. El resultado es que cuando usted consigue una nación de muchos millones de personas, ella no es ni siquiera humana. Es un lagarto o un cocodrilo o un lobo. Sus estadistas no pueden tener una moralidad más alta que la animalesca moralidad de masas de la nación, aunque los estadistas individuales de los Estados democráticos puedan intentar comportarse un poco mejor.

     Para Hitler, sin embargo, más que para cualquier otro estadista en el mundo moderno, sería imposible esperar que él mantenga la palabra de Alemania contra el interés de ella, en cualquier trato, acuerdo o tratado internacional. Porque Hitler es en sí mismo la nación. A propósito, es por eso que Hitler siempre tiene que hablar tan fuerte, incluso en la conversación privada: porque él está hablando con 78 millones de voces.

     Eso es lo que es una nación: un monstruo. Todo el mundo debiera temer a una nación. Es una cosa horrible. ¿Cómo puede tal cosa tener honor u honrar su palabra? Por eso estoy a favor de naciones pequeñas. Naciones pequeñas significan catástrofes pequeñas. Naciones grandes significan grandes catástrofes.


* * *

     El teléfono sonó. En la quietud del estudio y en un día sin viento en el exterior, pude oír gritar a un paciente que un huracán en su dormitorio estaba a punto de barrerlo hasta sus pies.

     "Acuéstese en el suelo y usted estará seguro", aconsejó el doctor.

     Es el mismo consejo que el sabio médico ahora da a Europa y a Estados Unidos, a medida que el fuerte viento de la dictadura hace estragos en los fundamentos de la democracia.–



* * * * * * *


1939
JUNG DIAGNOSTICA A LOS DICTADORES


     Un clérigo y psicólogo inglés, Howard L. Philp, evidentemente habiendo visto la entrevista de Knickerbocker en la revista Cosmopolitan, organizó una conversación con Jung en la casa de su amigo común, el doctor E. A. Bennet, durante una de las visitas de Jung a Londres. Él publicó el artículo resultante, titulado "Jung Diagnostica a los Dictadores", en The Psychologist (Londres), en Mayo de 1939. Philp continuó con su interés en la Psicología, y después de la guerra él escribió un libro acerca de Freud y la religión, y luego emprendió un estudio sobre Jung. Esto provocó una intensa correspondencia, y Philp publicó las cartas respuestas de Jung en Jung y el Problema del Mal (Londres, 1958). La Universidad de Londres concedió a Philp un doctorado en Letras por su trabajo sobre Freud y Jung. Más tarde él se convirtió en un canónigo de la catedral de Salisbury.

     La conversación de Philp con Jung en 1939 comenzó con un recuerdo de la sorprendente profecía que Jung había hecho en cuanto a Checoslovaquia, en su entrevista con Knickerbocker: "Inglaterra y Francia no honrarán su nueva garantía a Checoslovaquia más de lo que Francia honró su promesa anterior a Checoslovaquia", y él continuó citando el párrafo entero de Jung.


—PHILP: La situación que usted pronostica en aquel comentario ha sido notablemente cumplida. Y ahora, viendo lo que le ha sucedido a Checoslovaquia, ¿tiene usted algo que quiera agregar a aquello?

—JUNG: ¿Qué?, ¿a Checoslovaquia?

—P: Inglaterra ha dado ahora una garantía a Polonia. ¿Qué efecto va a tener esto en Hitler?

—JUNG: Es muy difícil de prever. Hitler no tiene una verdadera psicología personal. Él es un tipo gracioso. Hitler no puede hacer una promesa. ¡No hay ninguna persona allí para hacer una promesa! Él es el megáfono que expresa el estado de ánimo o la psicología de los 80 millones de personas alemanas. Se ha dicho que más de la mitad de los alemanes está detrás de él. Eso es probablemente verdadero, pero eso es sólo parte de la verdad, ya que él representa la mente inconsciente no sólo de la gente de Alemania sino de otros países. Él expresa los sentimientos inconscientes de muchas personas inglesas y francesas. Algunos checoslovacos están mortalmente contra él, pero ellos, como muchos otros, pueden sentir al mismo tiempo una especie de admiración por él. Ellos dicen: "Mira lo que él hace. ¡Él no es un diablo!". En cierto modo, ellos admiran su poder.

     A menudo sucede lo mismo cuando leemos narraciones policíacas o historias de gángsters. Hay una parte de nosotros que se identifica incluso con personajes que nos disgustan. Hitler expresa lo que él quiere, y lo consigue.

—P: ¿Tiene Hitler una sensibilidad especial?

—JUNG: Definitivamente. Es como si él poseyera tentáculos nerviosos que se extienden en todas direcciones. Esto lo hace sensible a todo lo que su nación siente. Hitler cae en la clase del chamán, del místico, del vidente. Él tiene en él una mirada soñadora. En efecto, todo esto es el elemento más significativo sobre él. Él no es un líder en el sentido en que lo es Mussolini. Cuando Hitler habla, él no les dice a los alemanes nada nuevo, sino simplemente lo que ellos quieren oír. Sobre todo él es el espejo de aquel complejo de inferioridad que es tan marcadamente una característica alemana.

     Una de las razones de esto es que los alemanes son comparativamente jóvenes como nación. Cuando al final ellos se convirtieron en una nación unificada, encontraron que los británicos y los franceses habían sido naciones mucho antes de ellos y que ellos habían llegado demasiado tarde al reparto de colonias, en tanto que los británicos y los franceses poseían ricas colonias y todo lo que pertenece a una nación totalmente madura. Esto hizo a Alemania celosa y resentida. De ello se originó la Guerra Mundial, y cuando Alemania la perdió, ella llegó a estar aún más dominada por un complejo de inferioridad. Tal como los judíos de antaño buscaron un mesías que los condujera, del mismo modo los alemanes han buscado a su salvador, y en Hitler ellos creen que lo han encontrado.

      Hitler es simplemente lo que los alemanes han hecho de él. Usted no puede comprender esto muy claramente. Se trata de la clave para comprenderlo a él y también a los alemanes mismos. Él es como una máscara, pero no hay nada detrás de aquella máscara.

—P: Usted ha escrito un libro muy importante sobre tipos psicológicos. ¿En que tipo particular colocaría usted a Hitler?

—JUNG: Yo no lo colocaría como un hombre, ya que individualmente él es completamente carente de interés y sin importancia. Él es simplemente un gran fenómeno. Ver a Hitler y Mussolini juntos, como lo he hecho, es una experiencia inimaginable. Mussolini llena su uniforme, pero Hitler ¡no calza ni siquiera en su ropa! Hitler es todo máscara. Mussolini tiene una cierta vitalidad en él. Él es un hombre, natural, cálido, rudo y despiadado. Si él dice "no", él quiere decir no. Él puede hablar como una persona real. Si usted le dijera: "Usted prometió hacer algo, y mintió", él probablemente admitiría su mentira y podría incluso sonrojarse. Él es más humano que Hitler. Él sabría lo que él había prometido y sabría que había mentido.

     Otra diferencia entre ellos se da en cuanto a su ambición personal. En Hitler la ambición tiene un lugar muy pequeño. Es probablemente verdadero decir que Hitler no posee ambición más allá del hombre corriente. Pero Mussolini tiene una ambición superior al promedio, aunque esto sea insuficiente para explicar su fuerza. Él siente que él corresponde a las necesidades nacionales de Italia. Hitler no gobierna Alemania del mismo modo. Él es sensible a la tendencia de los asuntos en su país.

     Hitler no puede ser entendido aparte de una consideración de los factores inconscientes que juegan su parte en el carácter de él y de hecho en el mundo. Es cierto que Hitler no se comprende a sí mismo; si él lo hiciera, no carecería de sentido del humor y no se tomaría a sí mismo tan seriamente. Hay varias maneras en las cuales las fuerzas inconscientes juegan su parte. El inconsciente colectivo es un hecho real en los asuntos humanos. Se necesitarían volúmenes para explicar sus diversas ramificaciones. Todos participamos de ello. En un sentido, es la sabiduría humana acumulada que inconscientemente heredamos; en otros sentidos, aquél implica las emociones humanas comunes que compartimos todos.

     Es comprensible, por lo tanto, que exista una fuerza tal como el inconsciente colectivo de una nación. En Alemania, Hitler tiene un extraño poder de ser sensible a aquel inconsciente colectivo. Es como si él supiera lo que la nación realmente está sintiendo en un momento dado.

     Hitler ha sacrificado su individualidad —o de otro modo no posee una en ningún verdadero sentido— a esta subordinación casi completa a las fuerzas inconscientes colectivas, y él es capaz de aprovechar este depósito oculto. Él mismo ha hablado de ser capaz de oír una voz. Para él, es como si él lo hiciera, y la voz que él oye es la del inconsciente colectivo, especialmente del de su propia raza. Es este hecho el que hace problemático tratar con Hitler. Él es prácticamente la nación. Y el problema con una nación es que no honra su palabra y no tiene sentido del honor, al menos en el nivel del inconsciente colectivo. Una nación como tal, para todas las afirmaciones de los Estados totalitarios, es una fuerza ciega.

     Usted puede tomar a cien hombres muy inteligentes, y cuando usted los tiene a todos ellos juntos, ellos pueden no ser nada más que una muchedumbre tonta. La muchedumbre no se eleva al nivel de las inteligencias más altas que hay en ella, pero las cualidades corrientes que cada uno posee se han convertido en las características dominantes de la muchedumbre entera.

     Una forma bajo la cual el inconsciente se le aparece a un hombre es la de una figura femenina. De un modo similar, el inconsciente personificado se le aparece a una mujer bajo el aspecto de un hombre. Uno de los mayores problemas es lograr la clase correcta de relación con estas figuras que están en nosotros. Usted puede tener estas figuras bajo todas las formas. Tome a un individuo perfectamente ingenuo y él llamará a la figura femenina "Madre", significando su propia madre. Entonces ella morirá, aunque de hecho en muchos hombres ella nunca muera como una fuerza. A menos que un hombre logre una relación correcta con esta figura femenina, él llegará a ser poseído por ella, y ésta se convertirá en un inquietante factor desintegrador.

     Hitler nunca ha logrado una relación sana con esta figura femenina, que llamo el ánima. El resultado es que él está poseído por ella. En vez de ser realmente creativo, él es por consiguiente destructivo. Ésta es una razón de por qué Hitler es peligroso: él no posee dentro de sí mismo las semillas de la verdadera armonía.

—P: ¿Es probable que Hitler cambie?. ¿Es probable que un día él pierda su cualidad impersonal y quizá incluso se case?

—JUNG: No es muy probable. Pero usted puede esperar casi cualquier cosa de él. Él se dará vuelta y dirá algo completamente diferente de lo que ha dicho antes. Él perderá su trabajo cuando pierda la voz que escucha. Eso podría suceder, pero no creo que ocurra. Tampoco creo que él se convertirá en un ser humano normal. Él probablemente morirá haciendo lo suyo.

—P: Doctor Jung, ¿cómo conserva usted su paciencia con nosotros y nuestros insignificantes problemas, cuando Europa se está cayendo a pedazos y usted tiene una obra de importancia mundial?

—JUNG: Porque el problema mundial comienza con el individuo.

—P: ¿Quiere decir usted que el hombre en conflicto consigo mismo finalmente hace la guerra y la revolución?

—JUNG: Ciertamente. Y el hombre en paz con sí mismo, que se acepta a sí mismo, contribuye con una cantidad infinitesimal al bien del universo. Ocúpese de sus propios conflictos privados y personales, y usted reducirá en una milmillonésima parte el conflicto mundial.–






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