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domingo, 30 de noviembre de 2014

Matriarcado versus Patriarcado



     El autor español que escribe detrás del seudónimo Nordic Thunder, editor del sitio Europa Soberana, publicó en 2008 en el desaparecido blog nordicthunder.blogia.com el siguiente artículo de opinión, fundamentado y lleno de referencias, con respecto al tema enunciado. Es sin duda interesante y clarificador, y delinea con nitidez, a través de un contrapunto de tres aristas, las respectivas diferencias de dichos sistemas, que más que corresponder a etapas diferentes de la civilización, tendrían su origen en linajes diferentes de hombres. Lo publicamos como consecuencia de un par de artículos que ya presentamos en Octubre pasado (uno sobre los cosméticos y la moda en la Alemania hitleriana, y la introducción de Évola a un libro de Bachofen), que hablaban del matriarcado o ginecocracia, sistema de valores al que el autor le pronostica un revés.


Matriarcado versus Patriarcado
por Nordic Thunder




MATRIARCADO Y PATRIARCADO

     ¿Qué es, en primera instancia, el Matriarcado?

     El Matriarcado no es una sociedad regida por mujeres —esto es, una ginarquía o ginecocracia—, como las ilusas feministas se empeñan en demostrar. De hecho, sociedades de ese tipo raramente se dieron, y constituyen excepciones muy exóticas, en los pueblos más primitivos, atrasados y débiles del mundo, como en el Amazonas o en Indonesia. Y si no encontramos ginarquías en el mundo moderno, es porque tales sociedades perecieron a manos de sociedades no-ginecocráticas, lógicamente más fuertes y luchadoras. El Matriarcado es, pues, una sociedad en la que la influencia predominante en el carácter colectivo del pueblo es la femenina, donde la idiosincrasia de la sociedad en su conjunto presenta más afinidad con la feminidad que con la masculinidad, todos los focos se dirigen a la mujer, y flota en el aire un claro olor a estrógeno espiritual.

     El Matriarcado se corresponde originalmente con las antiguas sociedades primitivas y con lo que Julius Évola denomina "Civilización de la Madre". Hablamos de pueblos generalmente decadentes, agotados o deprimidos espiritual y fisiológicamente, en los que la primacía del culto religioso corresponde a la Madre Tierra —a la Gran Madre— y en los que se rinde culto al goce material, a los placeres, al lujo, a la voluptuosidad y a la opulencia. Se otorga prioridad a los instintos compasivos, piadosos, conciliadores y caritativos. La regla a seguir es "disfruta", y el resultado es un comportamiento promiscuo en todos los sentidos —el hedonismo o la noción de "un mundo feliz" es típicamente matriarcal.

     ¿Dónde podemos encontrar vestigios de matriarcado? En los habitantes pre-arios de Europa, y en las razas orientales. Por ejemplo, en los etruscos, en los vascones, en los pelasgos o en los minoicos, o en zonas de influencia céltica donde acabó por predominar el carácter pre-indoeuropeo. Incluso en los turcos otomanos, en sus sultanes gordos, borrachos, retrasados o pervertidos, en la desmesurada influencia que llegaron a acaparar algunas de sus concubinas, o sus propias madres.

     ¿Qué es el Patriarcado? Todo lo contrario. Si el Matriarcado es libre albedrío y promiscuidad, el Patriarcado es organización, ritualismo y disciplina.

     ¿Qué pasó cuando las sociedades patriarcales se encontraron con las sociedades matriarcales? Hubo guerra. Y ―oh sorpresa―, los invasores patriarcales triunfaron siempre, a pesar de ser generalmente menos en número. El Patriarcado irrumpe en la Historia de una forma violenta, traído por las invasiones arias. Así, si la cultura Danubiana y asentamientos afines en torno al Mediterráneo, en Oriente y en las Islas Británicas, eran matriarcales, en cambio la cultura de los Túmulos, la cultura de los Campos de Urnas, la cultura del Hacha de Combate del Volga, las culturas bálticas, la cultura megalítica nórdica, la cultura de las Ánforas Globulares y la cultura de la Cerámica Cordada, eran patriarcales, y se asocian ―oh sopresa II― con la expansión de la raza nórdica.

     De hecho, la intolerancia contra el Matriarcado fue probablemente la primera intolerancia religiosa y el primer fanatismo que nuestros antepasados aprendieron a adquirir en la Edad de Hierro. La misma mitología aria conserva retazos de la inmensa lucha que llevó al cabo nuestra Raza contra los siniestros cultos matriarcales, retazos que examinaremos después. En su decadencia, los arios absorbieron algunas costumbres de los pueblos subyugados —esa sutil, pegajosa y asquerosa suciedad blanda, hedonista y pacifista, con la que el Matriarcado infectó a la Arianidad ya antes del cristianismo.

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MATRIARCADO: LA RELIGIOSIDAD Y LA VISIÓN DEL MUNDO

• Se ve como fuente de vida exclusivamente al agua y a la Tierra. En la cosmogonía religiosa matriarcal de la Naturaleza, la vegetación no nace por ser regada por el Cielo y guiada por el Sol (y, naturalmente, albergada por la Tierra), sino exclusivamente empujada desde abajo por fuerzas ctónicas procedentes del Inframundo. En esta misma línea, los terremotos son considerados como la ira de la Tierra.

• La primacía del culto religioso le corresponde a la Madre Tierra, y todo en la sociedad matriarcal tiene una orientación ctónica.

• Los calendarios toman como referencia el ciclo lunar y el vaivén menstrual que representa.

• Los símbolos matriarcales son telúricos y tendientes a lo lunar, a lo acuático y al Inframundo. Abundan las líneas curvas más que las rectas. Como ejemplos, tenemos los laberintos, los ríos, los lagos, las cuevas, las serpientes, los pantanos, las estrellas y la noche.

• Como ejemplos de divinidades típicamente matriarcales, tenemos a Cibeles, Perséfone, Deméter, Astarté, Tanit, Gea o Isis. Tales diosas a menudo se hallan complementadas por un compañero masculino castrado, como Osiris o Atis, en un culto religioso aberrante y anti-natural.

• Las sacerdotisas matriarcales son hetairas que ofrecen servicios de "prostitución sagrada" y que se dedican a acumular dinero. Los sacerdotes a menudo son eunucos, como los sacerdotes del templo de Éfeso, los de Cibeles, los de Astarté, o como en los Misterios de Atis.

• Los muertos se entierran, con lo cual simbólicamente son devueltos a la matriz de donde se considera que salieron. Tanto en Grecia como en Roma, los plebeyos (descendientes de pueblos matriarcales pre-indoeuropeos) eran llamados precisamente "hijos de la Tierra" en contraposición con las castas dominantes, que eran de origen indoeuropeo helénico (Grecia) o itálico (Roma) y que se autodenominaban "hijos de los Dioses". La filosofía matriarcal de fondo era "de la Tierra procedes y a la Tierra volverás", con lo cual se negaba cualquier ascensión, cualquier esencia superior enlazada al Cielo y cualquier responsabilidad de tener que rendir cuentas por nuestros actos. Tal filosofía es la que invita "a gozar, que la vida es corta", y actúa como redención para las mentes de quienes son incapaces de obedecer ningún dictado que provenga de lo alto.

• Los lugares de culto religioso solían ser cavernas, zonas internadas en la matriz de la Tierra.

Hay un culto al sacrificio ritual malvado, particularmente al sacrificio morboso de una víctima pura e inocente. Así, en Fenicia y en Canaán, el primogénito recién nacido era quemado vivo, y algo similar sucedía en Cartago. Los etruscos tenían fijación con el sacrificio de un varón adolescente, y los judíos con el de niños arios, o bien especímenes adultos robustos.

Predominan las formas de arte grotescas: máscaras desproporcionadas, figuras totémicas demoníacas, carnicerías de sacrificios humanos o escenas orgiásticas en las que se come, se bebe, se copula y se duerme. Las antiquísimas figuras de las "Venus" son el arquetipo por excelencia de la "Gran Madre" en la que estos pueblos veían su ideal de fertilidad y feminidad. Los cantos propios del Matriarcado son los lamentos (pensemos en la música árabe del desierto, o en el flamenco).


PATRIARCADO: LA RELIGIOSIDAD Y LA VISIÓN DEL MUNDO

• Se conserva la memoria de la invasión de un pueblo minoritario y heroico sobre un pueblo muchísimo más prolífico pero poco dado a las luchas de honor. En las mitologías, se recuerda una lucha de un elemento heroico y viril contra un elemento telúrico, como los casos de Apolo contra la serpiente Pitón, Hércules contra las dos serpientes mandadas por Hera, Teseo contra el Minotauro, Indra contra Vitra o Thor contra la serpiente Iormugand. El héroe Hércules (llamado Heracles Misógynes), típicamente ario, siempre está en lucha contra las fuerzas mandadas por Hera, desde que, recién nacido, estranguló a dos serpientes que ésta mandó para matarlo. A menudo se nos dice que estos retazos tienen que ver con una simple "evolución social" que llevó del Matriarcado al Patriarcado, pero la realidad es que están relacionados con la invasión de un pueblo patriarcal (el ario) sobre un pueblo matriarcal (el ugro-finés, el dravídico, el semita, etcétera, según los casos) y la imposición del Patriarcado triunfante sobre el Matriarcado derrotado.

• El Cielo representa el mundo del espíritu y de la luz. Se ve como fuente de vida al Sol (cielo sereno, luz) y a la tormenta (rayo, lluvia, cielo iracundo). No se desprecia u omite la Tierra, al contrario, lo que se hace es integrarla en un sistema de interacción Tierra-Cielo en el que el predominio corresponde al Cielo, y en el que el producto intermedio es el mundo natural de la vegetación verdeante y de la sangre roja. Los arios no ignoraban la importancia de lo telúrico y de la Madre Tierra. Deméter, Perséfone, Gaya, Erda y Mat Zemya lo atestiguan.

• La primacía del culto religioso le corresponde al Padre Cielo, y todo en la sociedad patriarcal tiene una orientación más celeste ("olímpica") que terrestre.

• Los calendarios toman como referencia el ciclo solar-heroico de nacimiento, cenit, sacrificio, muerte y renacimiento.

• Los símbolos principales de las sociedades patriarcales son fálicos, celestes, bélicos y solares. Como ejemplos, tenemos la Esvástica, la montaña (convertida en un lugar santo, como el monte Fuji de Japón o el monte Taigeto de Esparta, o incluso en morada de los Dioses, como el monte Olimpo), el fuego, el árbol, el estandarte, la bandera, el Sol, la Cruz céltica, las ruedas, el águila, el caballo, el rayo (considerado la contrapartida destructiva del poder creativo del Sol), el martillo, el hacha doble, la espada o la lanza. Priman las líneas rectas sobre las curvas —el mejor ejemplo de esto es el alfabeto rúnico y los alfabetos mayúsculos griego, latino y cirílico, de derivación rúnica, así como el antiguo alfabeto templario.

• Las divinidades patriarcales principales son representaciones guerreras de lucha, virilidad y fertilidad masculinas, incluso de una sutil pero cierta rebelión (Prometeo, Hércules, Sigfrido). Thor, como dios del trueno, de las lluvias y de las tormentas, esgrimidor del Martillo y azote de "gigantes", es probablemente el mejor ejemplo de divinidad masculina de fertilidad celestial y lucha contra las fuerzas ctónicas. Asimismo, los dioses de panteones patriarcales se hallan regidos por un Padre Celestial. Como ejemplos de dioses típicamente patriarcales, tenemos a Odín, Tyr, Zeus, Apolo, Ares, Marte, Teutatis, Taranis, Thor, Dievs, Perun y Perkunos. El nombre latino de Júpiter (originalmente equivalente a Thor en su papel de esgrimidor del trueno) viene de "Dios Padre" (Dyaus Pitar). Sin embargo, el Patriarcado también tiene importantes divinidades femeninas: Friga, Atenea, Minerva, Artemisa, Diana y Dievana son diosas típicas del Patriarcado, distantes, serenas y llenas de dignidad austera.

• El origen de las castas sacerdotales, allá donde las hay, está en la aristocracia guerrera. Las funciones sacerdotales a menudo son ejecutadas por los reyes, por los capitanes militares, por los patriarcas de los clanes, por los cabezas de familia o por los primogénitos del linaje familiar. La magia personal es considerada un asunto femenino, y el poder sobre la Tierra y sobre la materia son considerados cosa de hombres. Asimismo, las sacerdotisas de sociedades patriarcales (en contraposición a las hetairas matriarcales) son vírgenes, como lo eran las sacerdotisas de Artemisa en Esparta, la Pitia de Delfos o las vestales de Roma.

• Los muertos se incineran, lo cual implica simbólicamente que su cuerpo se consume y que sus espíritus ascienden desde la Tierra al Cielo —al mundo del espíritu. A los soberanos o héroes se les deposita en el interior de túmulos, montañas o pirámides, es decir, monumentos celestes de materia vertical que, en su ordenación purificadora, se eleva al Cielo, con la idea subconsciente de conservarlos en el seno terrestre para que retornen en un futuro momento de máxima necesidad.  Se tiene bien presente que la muerte no es el fin, y que nuestros actos decidirán el futuro del muerto en el Más Allá. El mismo Más Allá no es concebido como un paraíso pacífico y feliz: es concebido como un lugar donde aguardan los viejos camaradas de armas, los hermanos de sangre y los antiguos patriarcas de la Raza, y donde la lucha es eterna.

• Los lugares de culto eran originalmente las cumbres de las montañas —como entre los antiguos iranios— o lugares donde había dólmenes, menhires y otros signos verticales y "fálicos". Posteriormente, se erigieron túmulos, pirámides y templos, que eran concebidos como la envoltura material de la idea espiritual —la coraza material del fuego sagrado espiritual.

• En el arte, prima la sobriedad y la tendencia al realismo y al idealismo. Se tiende a la representación de escenas de deporte, caza y guerra —es decir, de esfuerzo y heroísmo. En la arquitectura, es patente la orientación celeste: monumentos relacionados con el Cielo (dólmenes, menhires), obeliscos, columnas, pirámides, cúpulas, torres, triángulos, etcétera.

• El culto al sacrificio de las sociedades patriarcales está centrado en la noción del deber, del ascetismo y del esfuerzo, especialmente en el campo de batalla. Los caídos en combate son elevados a la categoría divina y se convierten en objeto de culto.

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MATRIARCADO: LA FAMILIA Y LAS RELACIONES ENTRE LOS SEXOS

• Los individuos viven en grandes hogares comunes, como las cuevas prehistóricas o las grandes casas de la cultura Danubiana.

• Prima la procreación de grandes números —lo cual da lugar a un repelente revoltijo. El Matriarcado subhumano convierte a la mujer en el objeto de un culto de abominación, deformación y promiscuidad. Los niños son excesivamente mimados y protegidos, hasta el punto de mermar su iniciativa y su espíritu emprendedor. En nuestros días vemos niños vestidos completamente con abrigos, bufandas, chalecos, guantes y gorros, incluso cuando manifiestamente no hace frío en absoluto. Las madres los reprimen cuando muestran iniciativa o independencia, espíritu emprendedor, o cuando se arriesgan.

Como a menudo la promiscuidad es tal que nadie sabe quiénes son los padres, el apellido se transmite por vía materna. Incluso en los casos en los que hay matrimonio, el hombre a menudo toma el apellido de la mujer y va a vivir a casa de la mujer, como sucedía antiguamente entre los vascones.

• Las familias no son sólidas ni definidas. Hay tendencias incestuosas y endogámicas. El ambiente fomenta la pederastia y la violación, como en tantas sociedades primitivas de hoy en día. Por estas prácticas, abundan los deformes y los defectuosos.

El Matriarcado no es amigo de las jerarquías, y todo tiende a difuminarse en la presencia del tótem colectivo y de la masa.


PATRIARCADO: LA FAMILIA Y LAS RELACIONES ENTRE LOS SEXOS

• Los individuos viven en casas unifamiliares.

• A pesar de conceder importancia a la fertilidad y a la natalidad, no prima el número de hijos sino la calidad de cada hijo. Esto favorece la aparición de familias sólidas, de sistemas de selección eugenésicos y de esmerados métodos de entrenamiento y educación. "Quizás pocos, pero muy buenos", es la frase emblemática de esta mentalidad. En el Patriarcado se trata a los hijos como hombres desde que son niños, mientras que en el Matriarcado se les sigue mimando y tratando como niños cuando aún son adultos. Los padres y los veteranos del clan buscan maneras de "hacer hombres" a sus hijos mediante "iniciaciones" endurecedoras, y las madres no tienen nada que decir en cuanto a esto, pues se da por hecho que a partir de cierta edad (en Esparta y en las aristocracias medievales europeas, a los 7 años), el niño debe emanciparse de la influencia femenina. Se deja a los niños correr, lastimarse, ensuciarse e ir desabrigados para que crezcan sanos y duros. Se favorece que los varones desarrollen curiosidad, fascinación y respeto por la violencia. Es especialmente en los antiguos ejércitos arios donde la mentalidad de sacrificio, entrenamiento, ceremonia, lucha y entrega llega a su máximo apogeo.

• La ceremonia del matrimonio ritual y solemne es una institución patriarcal. La familia sólida, el clan, la comunidad fuertemente cohesionada, son fenómenos patriarcales hasta la médula. La mujer toma el apellido de su marido al casarse, y los hijos tendrán el apellido del padre. Hay una tendencia a que los hijos adquieran el apellido "hijo de" refiriéndose a su paternidad. Esto es patente en los países anglosajones y escandinavos, con la adopción de apellidos terminados en –son o –sen, en los países eslavos, en –vich o –witz, o en la misma España, con los sufijos –ez.

Con el Matriarcado se sabe exclusivamente quién es la madre. Con el Patriarcado, se conoce al padre y a la madre, y la limpieza del linaje queda garantizada mientras se respete la ley patriarcal. Los "patricios" formaron la aristocracia de Roma. El Patriarcado garantiza la pureza de la sangre, el Matriarcado garantiza su mestizaje. Surgen familias profundamente unidas y que prácticamente crean su propia tradición y mitología, incluso en cuanto a ascendencia divina. Florece el orgullo del linaje de los padres, el celo de la pureza de sangre, el afán de conservación de la Raza el Racismo. Se asientan la lealtad, el honor y la mesura, es decir, el instinto de protección hacia la esencia pura y espiritual. El Patriarcado ario es el único sistema social que considera que el honor también tiene que ver con las mujeres.

• El Patriarcado tiende a formar jerarquías severas y sistemas de castas separadas por un criterio genético, que favorecen la distinción de los mejores elementos y la concentración del poder en sus manos. Como ejemplos, tenemos los sistemas de separación socio-racial que surgieron en India, en Irán, en Grecia, en Roma o en la Edad Media feudal. El apartheid de Sudáfrica y Rhodesia constituye un ejemplo más moderno.

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MATRIARCADO: LA SOCIEDAD Y LA IDIOSINCRASIA

El Matriarcado se distingue por el hedonismo, la promiscuidad, la concupiscencia, la indulgencia, la narcosis, la pasividad, la pereza, la embriaguez y una recargada, opulenta y barroca sensualidad.

Todo está impregnado de "libre albedrío".

La influencia espiritual corresponde a las matriarcas. Las mujeres tienen una desproporcionada influencia en la sociedad gracias a la sugestión sexual y al acaparamiento de la educación de los hijos lejos de los padres.

Las cosas se callan por miedo a ofender. Nace la ambigüedad y la "corrección política".

Se otorga valor a las posesiones materiales y a las riquezas.

El tiempo libre está acaparado principalmente por danzas, comilonas, fiestas, orgías, saltimbanquis y bailarines.

Se valoran los adornos, los maquillajes, los vestidos, los colores, el lujo, el bienestar, las especias y los tintes.

• El Matriarcado mima a los débiles. Florecen las colectividades pacíficas y débiles, demasiado arraigadas a su terruño e incapaces de conquistar, explorar, ser pioneros o soportar el desarraigo y la soledad. El Matriarcado arquetípico es una sociedad timorata, dócil, humanitaria, anti-heroica, pacifista y pusilánime. Se ensalza la paz, y todo el mundo fornica con todo el mundo. "Haz el amor y no la guerra" es un lema muy típicamente neo-matriarcal.

• Se aprecia al hombre sin carácter, por su docilidad. El cobarde y débil es protegido como uno más del grupo. Nadie tiene derecho a castigar ni a recriminar, y la autoridad se disuelve.

• Se valora todo aquello que conserva la vida y que tiende a hacer la existencia más llevadera a los débiles. Se extirpa la dureza, todo se suaviza. Se tiene en mente como meta el goce de una vida larga y llena de placer.

• En el Matriarcado se tiende a disfrutar tranquilamente y sin compromisos, y se atrapa el placer al vuelo tan pronto como se presenta, en una mentalidad bastante pseudo-tropical. El "playboy", el "dandy" y el gordo son productos típicos del Matriarcado, e imposibles en una sociedad patriarcal de verdad. La búsqueda del placer fácil marca el tempo [ritmo] de los pueblos matriarcales.

• Se busca proteger y conservar toda vida, incluso si ello implica aislarla de lo que es la crudeza del mundo real. Se busca el bienestar y la comodidad.

• Los saludos son elaborados y con un toque promiscuo. Los modales son nerviosos, se tiende a la indiscreción, al manoteo y a acercarse demasiado al interlocutor. La voz se eleva en situaciones absurdas, pero se tiene miedo de gritar cuando la situación lo requiere.

Como dijo Julius Évola, el Matriarcado es portador de formas sociales igualitarias de carácter anarquista o comunista. Las hormigas y las abejas viven en matriarcados pseudo-comunistas. La "Madre Iglesia", con sus sacerdotes castrados de virilidad, es otra figuración matriarcal.

• Se obedecen reglas y preceptos de carácter dogmático, utilitarista y materialista.

     La risa floja de las mujeres corrompidas y de los hombres sin carácter, la indulgencia y los miramientos, la mirada burlona, triste y vacía de los débiles, las toses de los enfermos, el lloriqueo, las depresiones, la inconstancia, el capricho de los niños sobre-mimados, el lamento de los desconsolados, los quejidos, la endogamia, la aberración y la neutralización de los instintos potentes y vitales, son rasgos característicos del Matriarcado y de una sociedad despojada de orden y de la influencia de hombres luchadores.


PATRIARCADO: LA SOCIEDAD Y LA IDIOSINCRASIA

     El Patriarcado está marcado por el esfuerzo, la lucha, la voluntad, el propósito y la acción, y se distingue por el ascetismo, el autocontrol y la sobriedad. Las mujeres están excluídas de los procesos estatales o de toma de decisiones (véase el Senado de Roma, o los Thing germánicos), y son los hombres los que moldean a las nuevas generaciones a su antojo, aunque se da por hecho que normalmente un hombre no es completo hasta que no tiene a su lado un espíritu complementario femenino que lo inspire y le aporte cierta magia.

• Todo está impregnado de orden, ritualismo, severidad y sencillez. En India, los invasores arios llaman "los sin-rito" a sus enemigos de raza oscura.

• En el Patriarcado el hombre domina sobre la familia. Hay siempre una especie de patriarca supremo, líder, rey o emperador. A los niños se les hace crecer teniendo en mente su deber de relevar en el poder a la generación de sus padres. El primogénito depredador del poder es la esperanza del porvenir y es quien da el carácter a su sociedad. La hegemonía social corresponde al guerrero joven, vigoroso, de impulsividad agresiva, y sediento de poder y de dejar su sello sobre el mundo.

Se dicen las cosas de frente y de modo casi crudo (pensemos en los modernos países bálticos y eslavos). Abundan las peleas y los duelos de honor.

• Se otorga valor al valor en sí, y las posesiones materiales sólo tienen valor en la medida que expresan un estatus (como las armas, el escudo, la armadura, el caballo y el botín saqueado expresaban otrora la posición de la casta militar). Asimismo, se da gran valor a lo que es difícil de lograr, a aquello que está al alcance de la minoría selecta.

• El tiempo libre se ocupa principalmente con el deporte, la caza, el estudio, la meditación religiosa y el entrenamiento militar, y ello resulta en un pueblo atlético, guerrero, vigoroso, espiritual, depredador y preparado para todo.

• Se valora la sencillez, la tosquedad, la naturalidad, la austeridad y la dureza. Ello da lugar a vidas espartanas, de endurecimiento constante.

• El Patriarcado mima a los fuertes y rinde directamente culto a la guerra, al valor, al arrojo, al riesgo y al heroísmo. Florecen las sociedades severas y agresivas, tendientes a invadir, conquistar y poseer tierras nuevas, bajo la mentalidad de que "la fuerza hace el Derecho". De este modo, el Patriarcado es el sistema capaz de dar a luz a héroes: mediante una vida patriarcal, se forjan pioneros, exploradores, hombres buscadores e inquietos, rebosantes de ambición y de voluntad de poder.

• Se odia a muerte al cobarde, al dócil, al inútil y al amanerado. Los niños desprecian a las niñas y las niñas temen a los niños.

• Se valora la audacia, el honor y el valor. Se respeta la violencia, la dureza, la fuerza e incluso la brutalidad. Se acepta el riesgo con morbo, se juega con la muerte y con el dolor, y se coquetea con el malestar, con la tensión, con el horror y con el miedo, pensando que ello fortalece a los hombres. Se valora una vida con honor y con gloria, aunque sea muy corta (esta elección está condensada en la genial figura griega de Aquiles). Se rinde culto al heroísmo y al sacrificio, aunque ello implique una vida sufrida y esforzada. La eugenesia, la camaradería, la sacralidad de la relación maestro-alumno, la mors triumphalis [muerte triunfante] y la eutanasia son ideales de la mentalidad patriarcal.

• El placer y los lujos son tomados con suma desconfianza, y tratados con muchísimo cuidado, o incluso desterrados. La disciplina, el ascetismo, el autocontrol, la voluntad, el entrenamiento, el carácter altivo, rústico, agresivo y militar toman su lugar. Los fenómenos del soldado y del militarismo, así como del atletismo, son productos típicos de la acción social del Patriarcado a largo plazo. Esto da lugar a pueblos imperialistas que glorifican la guerra. La feminista Marilyn French (1929-2009) establece (en Beyond Power, 1985), no sin cierta repugnancia por su parte, que el Patriarcado es un sistema que "otorga preeminencia al poder sobre la vida, al control sobre el placer y al dominio sobre la felicidad". Podríamos añadir que el Patriarcado otorga también importancia al control sobre las emociones, los sentimientos, el sufrimiento y el dolor (a los niños se les dice que "los hombres no lloran"), y al poder sobre la Tierra y sobre la materia.

Se busca endurecer y fortalecer la vida exponiéndola al malestar y blindándola así contra malas experiencias futuras. Las frases más representativas de esta mentalidad son "es por tu bien" y "en el futuro me lo agradecerás". La lucha y la ascensión prevalecen sobre la búsqueda del placer.

• En el Patriarcado los saludos son sobrios y simples. Se tiende a la discreción, a la simplicidad y a los modos estáticos y solemnes, casi marciales en su rectitud rúnica. El Patriarcado está influenciado por la filosofía y el modo de hacer las cosas de las männerbunden ("sociedades de hombres", o ejércitos), que constituyen una de sus señales distintivas y piedras angulares.

• El Patriarcado porta formas sociales jerárquicas de carácter fascista, en las que el orden lo decide todo. El Estado y el Imperio son instituciones originariamente patriarcales. En el reino animal, así como las hormigas y las abejas son ejemplos cercanos al Matriarcado, los lobos viven en un sistema casi patriarcal, regido por los machos dominantes que se van renovando al paso de las generaciones. Toda la manada participa en el entrenamiento y el aprendizaje de los cachorros, y los padres expulsan del hogar a los hijos una vez que han alcanzado la madurez suficiente para buscarse su propio sustento.

• Se obedecen principios y códigos de honor que tienen su procedencia en el mundo del espíritu y de las ideas y que tienen indiscutiblemente un fin práctico a largo plazo. Los mejores ejemplos de Patriarcado: las sociedades arias bárbaras (como los antiguos dorios o germanos), los antiguos iranios, la India védica, los griegos, los romanos, los antiguos japoneses, las vertientes "tradicionales" de la actual civilización occidental o la misma sociedad que se estaba gestando en el Tercer Reich —especialmente en la Hitlerjugend y en las SS—, así como la mentalidad militarista "prusiana" de todas las épocas.

     Los gritos de tropas enfervorizadas, la severidad para con las mujeres y los niños, el retumbar de los cascos de caballos, la sangre derramada sobre la nieve, el ardor guerrero de los hombres jóvenes, las armas, el glorioso arte idealista, el fuego y el bronce, el brillar del metal, el ruido de las botas negras, los desfiles militares, los cánticos y el estruendo de la artillería y de los fusiles, son las gloriosas manifestaciones del Patriarcado ario.

* * * * *

OPINIÓN FINAL DEL AUTOR

     La cultura europea en su totalidad es eminentemente patriarcal, pero incluso en el seno de Occidente creo poder observar el enfrentamiento entre la mentalidad patriarcal y la matriarcal, expresada en las naciones poseídas por estos conceptos. Así, Francia e Italia como naciones modernas representan tradicionalmente una mentalidad suave y decadente tendiente al Matriarcado, mientras que Rusia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos representaron la tendencia más patriarcal y agresiva.

     En el seno de nuestra civilización, pienso que es obvio e innegable que se debaten los dos principios, y que de un tiempo a esta parte, el Patriarcado está siendo anulado poco a poco en favor de un pseudo-Matriarcado.

     También me parece obvio que las sociedades patriarcales son superiores y más avanzadas que las matriarcales y, especialmente, tienen mucho mayor potencial. Simplemente, no hay punto de comparación en cuanto a logros y superioridad entre el ridículo Matriarcado pacifista y el glorioso Patriarcado arrollador y conquistador. A mí me basta con echar un vistazo por encima a la mitología, o con leer La Ilíada, para sentir una profunda simpatía por las sociedades auténticamente patriarcales, además del hecho de que el Patriarcado va inevitablemente asociado a lo ario o "indo-europeo".

     Como signo del "complejo de Edipo" que azota a nuestra civilización, tenemos las pasiones y temores que suscita la palabra "fascismo" en el mundo moderno. Lo que los comunistas, los socialistas, los progresistas, los demócratas y demás ralea realmente odian y temen del "Fascismo" es la severidad organizadora de una sociedad patriarcal que ponga a cada uno en su sitio.

     ¿Cuál creo yo que puede ser el futuro de este asunto? El actual aborto de Matriarcado está condenado a desaparecer en cuanto se desencadene el más mínimo tumulto. Por un lado, ha producido una sociedad débil e incapaz de defenderse a sí misma, y será arrollado por quienes no hayan caído en su lacra (por ejemplo, el Islam). Por otro lado, la actual sociedad pseudo-matriarcal está condenada a extinguirse por la simple razón de que quienes la profesan no predican la necesidad de tener hijos, cayendo en la más inmensa contradicción, pues una sociedad que cree estar indicutiblemente en posesión de la verdad absoluta (como la actual), debería predicar la descendencia con el fin de eternizarse y asegurarse un futuro a toda costa, frente a las sociedades que piensan de modo distinto, que son la mayoría. Con el tiempo, su utopía surrealista irá perdiendo posiciones en favor de la despiadada dureza de los tiempos venideros y, finalmente, será reemplazada por una reacción patriarcal más amoldada a la realidad del mundo y del hombre, que es la necesidad de tener una descendencia abundante y fuerte.

     El despertar de la Raza Blanca vendrá, necesariamente, acompañado de una reelaboración del antiguo Patriarcado ario. Siento aguaros la fiesta, oh rebaño de ganado decadente y perfumado, pero se acabaron las subnormalidades y se acabaron muchas de las cosas que dísteis por sentadas. Llegará un día en el que tendréis que luchar hasta la muerte sólo para disfrutar del 1% de los bienes que ahora os parecen normales. Vuestra asquerosa promiscuidad, vuestra vacuidad mental, vuestra superficialidad y vuestra rebuscada sofisticación burguesa serán extirpadas, y ay de vosotros si lloráreis, pataleáreis o llamáreis a Superman. Teniendo en cuenta la decadencia pasada y la situación catastrófica en la que la Raza ―que es lo único que importa en este mundo― se encuentra gracias a vuestra repelente bajeza moral y espiritual, la reacción venidera deberá ser exactamente todo lo contrario.–






1 comentario:

  1. Joder, excelente artículo... Viene a confirmar todo lo que por naturaleza de algún modo pensaba, sentía. E

    Ésta sociedad infectada de estrógenos cada vez está más jodida y decadente, con feministas locas por todos lados luchando no por igualdad si no por privilegios, por posicionarse por encima del hombre, de hombres blandengues lame pantaletas que le dan la razón en todo a las mujeres con tal de meterse entre sus piernas, me decepcionada cada vez más, en estos tiempos hasta parece que se ve como una desgracia ser hombre, se le tacha de machista a cualquiera que haga la más mínima crítica contra una mujer... Detestable. Gracias por rescatar el artículo.

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