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lunes, 3 de noviembre de 2014

León Degrelle - Europa Vivirá



     Hemos encontrado el siguiente texto, que es el discurso pronunciado el día 30 de Enero de 1981, con motivo del aniversario Nº 48 de la llegada al poder del Nacionalsocialismo, en la sede del Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) en Barcelona, por el que fuera jefe del rexismo belga y oficial de la Waffen SS, refugiado en España después de la Segunda Guerra, señor León Degrelle (1906-1994). Esta que es la transcripción del archivo sonoro del discurso improvisado, la hemos debido corregir por tener el original algunas incoherencias gramaticales y hemos corregido y añadido algo de acuerdo a una grabación audiovisual que circula con fragmentos de este discurso. Habla aquí el señor Degrelle, de manera algo informal, acerca del significado de la civilización y la cultura europea, que tiene su base, como se supondrá, en Grecia y Roma, y de cómo el último intento de reunificarla (la frustrada tentativa de Hitler) pudo haberle ahorrado a Europa el marasmo espiritual en que aún se encuentra, transcurridos ya 33 años desde este diagnóstico. Nos parece un discurso lúcido y valioso.

¡Europa Vivirá!
por León Degrelle,
general de las Waffen SS



     He escuchado a nuestra camarada hablar de la importancia del Frente del Este. Yo recordaba a los millares de muchachos de su edad que murieron en las nieves de Rusia para salvar a Europa, sí, ahora, cuando se perdió aquella inmensa ocasión. Ahora que ya Europa está destrozada —una mitad soviética, una mitad de Occidente—, y no se ve ya más que la decadencia, muchos de nosotros decimos: Europa, Europa es la riqueza; vamos con Europa. Pero esta palabra no lleva el milagro; en sí misma no es la solución milagrosa que puede arreglarlo todo así, sin esfuerzo.

     ¿Qué es Europa?. ¿Qué Europa queremos?. ¿De dónde viene?. ¿Cómo se puede reconstruír? En el mundo nuevo, ¿qué papel puede tener?. Los que hablan de Europa lo hacen generalmente en el vacío. Sabemos lo que es nuestra patria, pero no qué es Europa. ¿Quién puede explicarlo bien?.

     Ayer por la noche estaba en el hotel, con la gente que miraba por televisión al señor Suárez. Un incidente. En la Europa de hoy y de mañana, ¿qué es un Gobierno que se destruye a sí mismo? Y he visto con sorpresa que la gente miraba al señor Suárez sin entusiasmo. Sólo mirándolo. Y después, ¿qué?. Había terminado, y todos a levantarse y a marcharse, dejando las noticias internacionales sin otro espectador que yo mismo. Yo me decía: ¿esta gente se interesa por Europa?, ¿le interesa el mundo? Es así que no debemos engañarnos. Esta Europa de la cual tanto saben, ¿cómo la vemos?, ¿qué esperanza puede traer al mundo? Primero: ¿de dónde viene?; ¿qué es un europeo?.

     Muchos piensan en la Europa de hoy, pero Europa tiene dos mil quinientos años, ¡por lo menos!. Europa es una inmensa civilización: es una manera de vivir.

     Casi hemos conocido Europa antes de conocer nuestras propias patrias. ¿De dónde ha salido Europa? Ha salido de estos primeros pueblos del Mediterráneo que han creado la cultura de Europa, el orden político de Europa; su civilización.

     Un día, yo le decía a Hitler, le preguntaba: ¿Qué es su país?, ¿qué es usted?. Me contestó: "Yo soy griego". Y tenía razón. Es Grecia quien nos ha dado a todos nuestra vida espiritual. Si el mundo europeo existe, si tiene un sentido, es porque hace dos mil quinientos años ya, este país pequeño que es Grecia, con pocos habitantes, pocas riquezas, ha podido forjar la riqueza suprema que es la Civilización. Pero, ¿cuándo se ha visto nunca una civilización como la griega? El arte, los templos, las esculturas, la filosofía, las ciencias y este equilibrio maravilloso de la vida. Una vida que se vivía casi amistosamente con sus dioses; que vivían en la alegría del espíritu y que, porque tenía estas fuerzas que valen más que cualquier fuerza material, han proyectado en pocos siglos su civilización a todo el mundo conocido de su época.

     Nosotros vivimos aquí cerca de Ampurias. ¿Quién ha hecho Ampurias? Cuando uno se va a pasear cerca de estas ruinas, cuando uno se va al Museo Arqueológico de Barcelona, cuando se ven todas estas obras extraordinarias de belleza inmensa, hay que decirse que existía Grecia, hace veinte siglos, aquí. Pero existía de la misma manera en Nápoles —Neápolis, la nueva ciudad. Existía Sicilia, existía Egipto. ¿Quién ha hecho Alejandría?: ¡Alejandro!, con una biblioteca de cuatrocientos mil papiros. ¡Cuatrocientos mil papiros!. ¡Qué cultura!, ¡qué ciencia!.

     Son los barcos griegos los que han circundado todo el Mediterráneo: Marsella, Ampurias; que han ido de la misma manera a Cádiz; que habían venido por las Puertas de Hércules, el Estrecho de Gibraltar. Dos mil quinientos años antes que los ingleses, los griegos estaban en Gibraltar, como estaban de la misma manera en la India, con Alejandro, este rey de una pequeña tierra, que se va con sus guerreros y ¡con su cultura!, por Asia de Oriente, entera; que llega con todo hasta el Indo. Pequeño pueblo europeo, ¡de sangre germánica!, lo que se olvida siempre.

     Cada vez que se busca la civilización en cualquier lugar de Europa se ve la sangre del Norte. Los pueblos germánicos, los celtas, todos estos famosos bárbaros de la Antigüedad que se pueden ver con el cuchillo entre los dientes. Bárbaro quiere decir "extranjero", y nada más.

     Pero esta sangre indoeuropea que ha venido por Rusia, que ha llegado al mar Báltico, después a Grecia, a Italia, a España, es la sangre del Primer Viaje. Nosotros, racistas, sabemos que es la sangre pura la que hace a los pueblos fuertes. Y estas razas blancas fuertes, inteligentes, con poca gente están montando este mundo de Grecia. Y cuando Grecia ha dado, para siempre, al mundo su civilización, una segunda ola de fuerza europea: Roma. Otro ejemplo extraordinario.

     Cuando en nuestra época se tienen pueblos gigantes, como Estados Unidos, con fortunas fabulosas, impotentes frente a la civilización, incapaces de ganar la guerra, hasta incapaces de hacer desembarcar ¡siete helicópteros! (risas), se ve que esta época, cuando había que hacer todo a pie o a caballo o en barcos muy pequeños, de poca fuerza, sin motor, sólo con velas, se ve: los primeros habitantes de Roma llegan a cubrir otra vez todo el mundo conocido con su orden. Tal es así que tenemos dos grandes orígenes: la Cultura griega: cerebro limpio, lúcido; y el Orden romano.

     Estaba mirando esta mañana la maqueta del circo de Barcelona en el tiempo romano. ¡Esta loba que está en el centro! Esa loba que ha hecho la vuelta al mundo civilizado. Cuando se ve, en Barcelona, esos recuerdos romanos, uno admite: pero... ¡qué importancia fabulosa tenía que tener Barcelona! La tenía. Pero hay cien ciudades romanas importantes como Barcelona. Usted va a Mérida: un campo inmenso de ruinas romanas. Usted va a Sevilla: ¡es itálica!. Usted va a pueblos perdidos, como Ronda, en el fondo de Andalucía. A diez kilómetros está la vieja Ronda, con un teatro para ¡doce mil espectadores!. Usted va a África: Marruecos, Argel, Libia. ¡Igual!. Usted va al Nilo: ve que conquistaron no sólo el Nilo, sino que han conquistado a Cleopatra (risas)... No sé qué es lo gracioso, pero sí es interesante. Porque Cleopatra era de nuestra raza. ¡No era africana! Era de origen, toda su familia, era de origen ¡griego!.

     Si se va al otro lado, los romanos han ido, de la misma manera, a Jerusalén. Tenemos algunos amigos que se acuerdan de la paliza que han recibido (risas). Es decir, que por su genio, Roma montaba la estructura fenomenal que ha representado el Imperio romano, Ésta es la Europa de esa época. Porque fue la verdadera Europa: ¡la de Roma!. Con su Orden y con su Paz.

     Pero cuando se ve ahora, en un país... regular, lo que es mantener sólo la administración; lo que es ir a una oficina, presentar o pedir un papel, ir a inscribirse en una escuela... Y cuando se piensa que con los medios primitivos que tenían materialmente los romanos han superpuesto a Europa, esta organización inmensa. Estaban en Colonia, estaban en Rumania, estaban en Inglaterra (tres desembarcos romanos en Inglaterra), hasta Escocia; han ido por todos lados en Oriente y todas las costas de África. Han montado una agricultura como nunca había existido, una industria, unas flotas. Y, sobre todo, la Paz. Por fin. Nuestros pueblos no han tenido otra paz en dos mil años que la Europa de los romanos. Los españoles, ¡quinientos años de paz completa!. No sólo con el Orden romano, sino con la Cultura romana.

     ¿De dónde vienen los Sénecas? De Córdoba. ¡Cordobeses los mejores filósofos de Roma!. ¡Y los emperadores!. Lo que prueba que en esta Europa se podía vivir en la unidad y en la libertad. ¿De dónde viene Trajano, el más grande de los emperadores romanos? ¡De Sevilla!. Se podría decir: ¡un andaluz!. Y en el tiempo del emperador Trajano, un español, la Europa romana tenía unas dimensiones las más extraordinarias: cinco mil kilómetros de ancho, dos mil kilómetros de alto, diez millones de kilómetros cuadrados. Con un orden extraordinario... cuando los hombres iban sólo a pie o a caballo, cuando no tenían todos los recursos actuales de los bancos, ni los préstamos internacionales, y podían edificar palacios maravillosos, templos, circos, anfiteatros... que hay por toda la Europa de esta época. Es decir, que si pensamos en Europa, debemos pensar en la realidad europea. Europa es, ante todo, una Civilización.

     Y si las fuerzas materiales han sucumbido, si las estructuras políticas se han destrozado, la Civilización se ha quedado en su punto máximo. Es la única vez, en la historia de Europa, que hemos hablado todos la misma lengua.

     ¡Qué unidad! Que un romano, que un alemán, que un español, que un hombre de la Libia de Gadafi, que un hombre de Egipto... todos hablaban el latín. Prueba también de la Paz Romana, de la alegría de vivir; de cómo la gente estaba contenta de vivir unida, de tener provecho de esta unidad y de vivir en este mundo romano, inmenso, en una libertad física e intelectual completa.

     Y siempre debemos, cuando se habla de Europa, decirnos que es una cosa que se puede hacer. ¡Se ha hecho!, ha existido durante siglos, con los griegos y con los romanos, con la fuerza intelectual y artística de los griegos que nos ayudaron siempre. Si en una época tan difícil, cuando no había comunicaciones, toda la gente de raza blanca en la Europa de esta época, toda la gente ha podido convivir en la fraternidad y en la alegría, es la prueba de que esta realidad no es una cosa imposible. Pero hay que saberlo cuando se habla de Europa y cuando se han visto después a Carlomagno, a los Hohenstauffen, Napoleón, Hitler, hacer sus tentativas, difíciles, algunas veces desesperadas, para reunir otra vez esta gente. Hay que recordar que seguían esta línea milenaria de Europa.

     Los otros pueblos, por ejemplo Estados Unidos, son pueblos que tienen dos siglos. Son todas las razas mezcladas. ¡Es un cocido! (risas) y bastante malo (risas y aplausos) Y otros mundos, corno América Central o América del Sur son, por fin, productos de la civilización europea que tienen cuatro siglos. Las civilizaciones que habían tenido antes eran distintas y habían sucumbido. Pero aquí... hemos tenido ¡desde hace veinte siglos!, la unidad política, la unidad intelectual y la unidad artística. Las columnas, aquí, eran igual que en Constantinopla. El arte romano era igual por todas partes. Todas las construcciones, ¡iguales!. ¡Millares de artistas!.

     Cuando se ven hoy los museos, todas las obras que quedan, hay que decirlo: ¡cuántas debían tener! Porque el noventa y nueve por ciento, cuando menos, han sido destrozadas. Estamos viendo una cosa sorprendente: ¿cómo se han destruído todas estas obras de arte, todos estos monumentos?.

     Desgraciadamente es así en todas las civilizaciones. Usted se va a la India o va al Perú, o a Méjico: usted va a Persépolis, llega... y ve por todos lados ruinas, o ya no se ven ruinas. Y cómo esta construcción maravillosa, la Europa que es nuestra madre, se ha ido en pedazos. Cómo después de cinco siglos, de una civilización tan prestigiosa, se ha llegado a la separación de todos los países unidos en el seno del Imperio Romano, y que eran felices, evidentemente.

     Se vio en los primeros tiempos de Roma cómo algunos pueblos, como Lusitania, se rebelaban. Se ha visto en las tierras de Santander: los antepasados que no querían el Imperio romano. Pero eran reductos que dejaron de serlo. La razón estaba en la unidad. Y vemos, por fin, cómo en pocos años, todo ha desaparecido. Muchas veces son preguntas que plantear. Porque el poder espiritual que tenía el Imperio romano, que era una riqueza inmensa para todos, en medio siglo, todo se ha ido al suelo.

     Lo que hizo caer a Roma tiene diversos orígenes. Primero, un fenómeno que conocemos ahora: la decadencia. Para tener un gran papel, para difundir una gran civilización, hay que tener un centro fuerte y un centro puro. Usted lo ve: cuando en un país se descompone el centro —no hay que mirar lejos (risas)—, se ve cómo en pocos años todo se desmorona.

     El Imperio romano había llegado a un punto de riqueza enorme y, siempre, el dinero corrompe. Las órdenes religiosas que se han salvado son las que vivían pobres. Y los jefes políticos que buscan el dinero, que quieren el dinero, ya no son políticos. Recuerdo de Hitler que no tenía nunca un pfenning. Ha muerto... y no tenía nada. No quedó nada de bienes materiales. Mussolini igual. Su pobre mujer, veinte años después de la guerra, con gran pena, ha conseguido una pensión. Porque el poder es la alegría suprema. ¿Qué es el dinero al lado del poder? Coger el barro humano y modelarlo. Creo que lo humano es así: es barro. El barro te mancha el pantalón; pero si lo coge Miguel Ángel, hace una obra inmortal. El gran político coge el barro humano, y con este barro humano hace un gran pueblo, una gran civilización. Lo que hicieron hombres como Napoleón, hombres como Hitler. Y estamos esperando lo que se hará igual con todo lo que está ahora, de barro, en el suelo.

     Los grandes romanos han tenido este pecado del dinero. Y segundo, tenemos que recordarlo bien, otro pecado: la raza. La raza se corrompió, igual que en la Europa actual, donde hay cuatro millones de moros o semi-moros en Francia (risas), cuatrocientos mil turcos en Berlín, y, en Madrid, veinte veces más de judíos que hace veinte años.

     Una vez que se pudre la sangre, todo se pierde. Y teníamos la suerte en Europa de tener, por fin, la misma raza. Hay que decir la verdad: los del Báltico, los habitantes de los Apeninos en Italia, los españoles, ¡los rusos!, somos iguales. Los rusos son nuestros hermanos. Somos todos europeos. Somos los mismos. Pero la decadencia de Roma vino cuando ya antes, en Atenas, llegaban en gran masa fuerzas humanas del Este. Era una tentación para un salvaje de África; era una gran aventura venir a vivir a Roma, hasta como esclavo. La Atenas de la decadencia tenía sólo, le quedaban sólo siete mil atenienses. Los otros eran esclavos o semi-esclavos que venían del exterior. Y así, la raza romana, que dominaba por su fuerza, por su espíritu, por su voluntad, se disgregó.

     Basta mirar el caso español: llegan aquí los godos, los visigodos; llegan aquí los vándalos, llegan los suevos. Estos pueblos fuertes, pobres, que vivían en un país con una agricultura malísima. Llegaron aquí, no como se ha explicado mil veces, por la fuerza, sino de acuerdo con Roma. Roma, que sentía ya su debilidad, estaba por fin contenta de ver pueblos nuevos que venían con nuevas fuerzas. Y se ve cómo aquí, por ejemplo en Barcelona, los godos han tenido un papel pacífico, como por toda España, y han constituído una verdadera élite. Pero estos nuevos españoles que llegaban a tierras romanas, han convivido con los romanos que se quedaban, y lo han hecho pacíficamente Los romanos, por fin, abandonaban poco a poco el poder, pero en federaciones. Eran "federati", eran aliados. Y es esta gente la que ha salvado lo que se podía salvar de Roma: la lengua, durante bastante tiempo. Todos los edictos godos estaban en latín.

     La administración romana se quedó, así, durante dos siglos. Y el arte romano. El arte visigodo es un arte muy interesante, y en España hay muchos recuerdos grandiosos de los visigodos.

     Pero en el mismo tiempo, había un tercer fenómeno que había llegado: era el cristianismo. Y muchas veces se dice que el cristianismo ha hecho Europa. De verdad, Europa ya estaba hecha, y el cristianismo ha llegado muchos siglos después, para dar una nueva vida a los pueblos de Europa. Pero también es evidente: en los primeros siglos, el cristianismo ha destrozado el Imperio. Y, sobre todo, ha destrozado su civilización. Claro que sí ha mantenido la lengua. El clero, durante veinte siglos, ha seguido hablando el latín. Pero un latín... muy desgastado. Y si mantenía la lengua, suprimía las obras literarias, las filosóficas. Hay que ver los edictos de los Papas, ya en el siglo III, eliminando toda la Filosofía, la literatura romana y la griega. Y nos hemos quedado en un desierto cultural. Yo, católico, lo lamento. Pero la Historia es la Historia, y el catolicismo ha constituído, para el mundo grecolatino, un verdadero desastre (aplausos).

     Después vendrán otras épocas y se verá a los Papas fomentar una nueva civilización, distinta, pero que tardará mil años, cuando se ven las obras de arte románicas.

     Estaba ayer mirando estas colecciones maravillosas del museo Federico Marés. ¡Extraordinario! Cómo un hombre ha podido reunir tantas cosas... Esto es muy fácil: la Ley Mendizábal, en el siglo pasado, ha confiscado todos los bienes del clero, ha dejado abandonados centenares de conventos, donde todo se ha robado, vendido, destrozado... Pero cuando se miran todas estas obras, hay que decirse: estas caras no viven, estas Vírgenes tienen una cara anónima; estos santos, la misma cosa. Y cuando se ven, en otros museos, y hasta en este propio museo, las estatuas griegas y romanas, qué personalidad. Cada cara es distinta... Qué belleza, qué nobleza, qué líneas. Estos cuerpos románicos... ¡son rayas!. Estaban empezando algo de nuevo... con mil años de retraso.

     En Roma, las catacumbas: ¡Pero si son dibujos de niños! Y habían tenido la más alta civilización que nunca ha existido. Millares de estatuas, de capiteles, de columnas, han alimentado las fábricas de cal ¡durante siglos!. En España, igual. Yo estaba el otro día en una ciudad andaluza. Al lado mismo del antiguo anfiteatro romano... ¡una fábrica de cal!. Hasta hace algunas decenas de años, seguían fabricando la cal con las losas de mármol del teatro romano. Y... la verdad es así.

     Y, también, rompiendo la unidad romana, han permitido o han obligado a cada pueblo a recurrir a sus propios recursos y a buscar su pequeña forma de existencia política. Es así que se nota la ruptura, en veinte pedazos, de la gran unidad europea. Y, desde este momento, separados de la Roma política, y con poca unión con la Roma eclesiástica, cada pueblo abandonado se fabrica su lengua, sigue sus costumbres inmediatas y pierde el contacto con el resto del mundo.

     Y llega así, llega así hasta hace cincuenta años. Después de la caída de Roma hemos vivido ¡mil quinientos años! separados. No sólo por la forma del Estado, sino por las lenguas.

     Se puede dar a las lenguas una importancia exagerada. Las lenguas regionales, provinciales, son cosas hermosas y perfectamente respetables. Pero si queremos tener un espíritu europeo, tenemos que ver un poco más lejos también. Y, sobre, todo, si queremos pertenecer a la Cultura Universal, de verdad.

     La Iglesia, durante estos siglos, ha abandonado completamente este papel, a pesar de que ha venido a Roma. ¿Por qué había venido a Roma? Porque había una organización. Ha superpuesto sus diócesis a esta organización. Y después se apartó, como mañana se apartará en el País Vasco. Igual. Son los curas los que se apartarán. Son los que se habían apartado. Y en Europa así... regional, no para tener más fuerza, para conquistar el poder.

     Los que salvaron la cosa durante dos siglos son estos germanos que habían venido para dar sangre nueva. Y los que han traído de nuevo la civilización griega y romana... son los moros. ¡Es así!.

     Córdoba se convirtió en una capital intelectual de Europa. Tomás de Aquino, cuando tuvo el deseo de leer a Aristóteles, tuvo que venir a Córdoba y trabajar en Córdoba. Son los moros los que nos han traído a todos los grandes filósofos griegos. La pasión del arte de los griegos. Era Alejandría, que tenía otros brotes en nuestras tierras. Y en esta época, ¿qué pasaba en los otros países de Europa?. El arte románico apenas empezaba, pero los moros estaban levantando la mezquita de Córdoba, única en el mundo. Estaban cubriendo el Sur de España de una civilización extraordinaria, que vino normalmente hasta aquí.

     Al lado de la carretera de Madrid, ¡cuántas iglesias he visto!: iglesias mudéjares, arquitectura puramente musulmana. Han ido hasta Gerona: los baños árabes de Gerona... Hasta han ido a Santiago de Compostela. Pero es evidente que lo que ha traído otra vez la civilización antigua a Europa, por el conducto español, fue la invasión árabe.

     Se habla siempre de la Reconquista. ¡Claro! Pero Reconquista... ¡no hay que confundir!. No se reconquista lo que no se había conquistado. El Norte no había ido nunca antes al Sur. Pero han hecho la unidad. Pero una unidad que, como muchas unidades, ha hecho bastantes destrozos. Ha eliminado un gran tesoro de civilización.

     Y lo que salvó a Europa, después de estos baches, fue lo que se llama el Renacimiento, cuando Europa ha ido otra vez a sus fuentes artísticas. ¿Qué es el Renacimiento sino la vuelta de Grecia y de Roma en la Civilización?. De nuevo se llega a la misma arquitectura, o inspirada de la misma manera. Vuelven los filósofos, llega un gran siglo cultural; aquí, el Siglo de Oro. Pero Europa ha perdido, en esta hora, su unidad. Cada país se ha quedado como estaba. Mil años han pasado después de la derrota de Roma. De nuevo viene, vuelven Atenas y Roma con su civilización, pero sólo su civilización. Ya el orden político ha muerto. Y cada vez que se van a hacer tentativas, van a fracasar.

     Se va a ver que quien hizo el primer esfuerzo es Carlomagno. Fue, por fin, Emperador de Europa, no sólo del mundo germánico. Pero después, como había separado sus bienes a su muerte, ya esta primera tentativa fracasó.

     Después los Hohenstauffen, con Federico II. Los Hohenstauffen, que estaban en Sicilia en el mismo momento en que estaban en el Rhin, han hecho un esfuerzo maravilloso para resucitar no sólo una gran unidad política sino una gran unidad cultural. Y ¿quién hizo fracasar esta gran tentativa? Otra vez... ¡los Papas!.

     Es el gran drama de las religiones, cuando los jefes de las religiones, como el Ayatolá, quieren a la vez el poder religioso y el poder civil. Porque, por fin, lo que se dice contra el ayatolá puede decirse contra los Papas: que querían ser Papas de los Estados y no sólo de las Iglesias (aplausos). Es la gran enfermedad de las religiones, cuando ya tienen demasiado apetito temporal... Una vocación religiosa es algo maravilloso: llevar a la gente al cielo... ¿Por qué llevarla a las urnas electorales? (risas).

     Es así que cada Papa quiere convertirse en el amo del mundo; cada cardenal, en jefe de Estado; cada obispo, en gobernador de la provincia, y cada cura, en alcalde (risas y aplausos). Y seguirán siempre así. En cada gran experiencia para la reconstrucción de Europa, hemos visto la misma batalla.

     Llega Carlos V, I de España. Carlos V era un gran príncipe. Católico. Ha luchado toda su vida por la defensa de la Iglesia. ÉI había llegado, más o menos, a reconstruír Europa. Quedaba el obstáculo francés, podía ir más al Este... pero ya había reconstruído el mundo. ¿Quién luchó contra Carlos V? ¡El Papa!, que montó todas las alianzas contra él. Ha tenido Carlos V, tan religioso, que invadir Roma. Y Felipe II, el Rey más alto de la historia de España... ¡los enemigos que tuvo en Roma!.

     Y fracasó, Carlos V, mucho por este motivo. Ha defendido con un valor enorme a la Iglesia contra el protestantismo, y después Felipe II igual, ¡usando sus fuerzas!, cuando Roma, la Roma religiosa, se aliaba a los infieles, Se ha visto hasta a un cardenal, como Richelieu, aliarse con los protestantes.

     Vino después Napoleón, la última experiencia antes de Hitler. ¿Dónde ha tenido la pelea más enorme? ¡Con Roma! No es que éste tenía razón en todo, porque era un poquito al contrario. Napoleón quería ser el jefe civil y el jefe religioso; o, por lo menos, poner el clero a su servicio, y al Papa el primero. Pero cada vez que se ha hecho una tentativa, había malhumor en la Iglesia. Y se ve en cada país. Es igual. Cuando un poder es fuerte, tienen miedo. Y no hay poder político sin poder fuerte. ¡No se ha visto nunca hacer algo grande sin la fuerza! Ahora esta palabra da miedo, pero ¡la fuerza es una virtud! Hay estatuas de la fuerza en las iglesias! Y si uno tiene fuerza para imponer lo que es decisivo, la gente le seguirá. La gente no tiene sesos. Cuando han pasado veinte o treinta años, empieza a decir: parece que sí, que está bien... pero el que tiene el genio, que tiene la vista en el horizonte, este hombre tiene que decir: es así, lo impondré.

     ¿Cómo se ha hecho la unidad española? Se ha hecho porque los Reyes Católicos andaban con sus cañones. "¡Estos son mis poderes!", decía el cardenal de Toledo. Es evidente que la gente después se ha dicho: ¡Cómo!, ¡estamos bien!. Pero antes nadie habría entrado en una comunidad. Fue una guerra de siglos.

     La unidad francesa. ¿Cómo los reyes de Francia han hecho la unidad francesa? ¡Por la fuerza! ¿Y los italianos, con Garibaldi?; ¿y los estadounidenses, esos dioses de la democracia...? Pero ¿qué demócratas? Cuatro años de guerra civil. La Guerra de Secesión. ¡Cuatro años!, antes de llegar a la unidad.

     Y es así que, cuando vino el caso de Hitler, tenía que chocar contra muchas fuerzas exteriores, pero también contra la mentalidad humana. Nuestra camarada lo decía muy bien. Cuando la gente ha visto que yo estaba con Hitler... "¿Usted?", y se echaban atrás... ¿Por qué? Porque este hombre tenía un plan grandioso para la Humanidad. Porque era el genio más fenomenal que ha conocido la Historia humana.



     Es así que si hubiéramos conseguido la victoria tendríamos ahora una Europa desde el Mar del Norte hasta Vladivostok. Tendríamos seiscientos o setecientos millones de hombres blancos, dueños del mundo, con todas las fuerzas materiales inimaginables, con todas las materias primas, con trabajo para todos.

     Cuando se ven todos estos muchachos que andan miserables, que no saben qué vocación tener, cómo ofrecer su juventud... porque cualquier muchacho quiere algo grande. Están desesperados estos chicos. Estos muchachos están así, ¡por culpa de esos demócratas infernales (grandes aplausos) que los han corrompido!.

     Es así que cuando surgió Hitler, se ha visto frente a este mundo ya casi arruinado, Porque la guerra de los años 1914 a 1918 no fue más que una guerra civil enorme. Los europeos, que durante mil quinientos años habían permanecido desunidos, se masacraban entre ellos. ¡Un millón seiscientos mil muertos en Francia! Igual en Alemania. ¡Toda la juventud! La más fuerte y la que prometía más... sacrificada. Y el regionalismo... siempre peor. Cuando era yo muchacho, casi no se sabía lo que pasaba en los países vecinos. Era una cosa extraña. Yo recuerdo al Primer Ministro francés, Pierre Laval. Yo le preguntaba un día:

— Pero ¿usted conoce Bélgica?
— Sólo la frontera. Ah, sí, sí. He ido una vez.
— Cuándo, cómo.
— Cuando fui a Berlín, pasé por Lieja. De noche, en el tren... (risas).

     Todo lo que conocía Charles Maurras, que es el escritor político francés más extraordinario del siglo... Charles Maurras había ido ¡una vez! a Bruselas, en un tren de recreo a 13 francos la ida y la vuelta. ¡Los pueblos no se conocían! Yo vivía a tres kilómetros de la frontera francesa... Nunca íbamos al otro lado. ¡Tres kilómetros!. Fue una cosa extraordinaria cuando me compré una bicicleta y me he puesto a andar por toda Europa. He hecho diez mil kilómetros para ver a estos seres maravillosos, fantásticos, que eran los de los otros países.

     Lo mismo cuando vine a España, era un muchacho. ¡Un país inverosímil! Los otros hacían igual... Que los españoles iban a Bélgica o a Alemania... Todos se reconocían hijos de la misma civilización, que habían vivido siglos juntos. Y que por un nacionalismo feroz y ciego, se habían convertido en extraños y enemigos. Y Hitler mismo, en su propio país, tenía ya que reconstruír su propia unidad, su propio territorio.

     Y, entre tanto, un fenómeno absolutamente nuevo había surgido: el comunismo.

     Antes, los pueblos podían pelearse uno contra otro. Era una cosa de guerra de fronteras. Pero, una vez que una fuerza internacional se había instalado en Europa, en lo que se llamó Leningrado... Era fácil en los primeros años rechazar este peligro. Pero el fenómeno era absolutamente inédito, porque era un país que ya no quería pelear con tal o cual país, sino tragárselos a todos. Es el fundamento del comunismo. El comunismo no es un fenómeno ruso: es un fenómeno mundial.

     Ya desde este momento, para cada país había otro enemigo que el de la frontera: había esa fuerza enorme que estaba amontonando sus recursos en Rusia. Se habría podido evitar a Europa, ¡y al mundo!, este peligro siempre mayor.

     Estamos aquí, muy tranquilos. Mañana, una pelea en Polonia; un mes después están en Sevilla. Es así. Es así. ¿Hablamos todos de Europa? No sabemos qué Europa quedará dentro de veinte o treinta años. ¡Ustedes conocerán dramas enormes! Yo ya habré muerto. Estaré muerto, muy, tranquilo en mi tumba. Pero vosotros... ¡a sufrir!. Es evidente.

     En el año '17, cuando Lenin se apoderó de Rusia... En esta época, Alemania estaba a punto de ganar la Primera Guerra Mundial. Llegó a conquistar la mitad de Rusia, todo lo que era más fuerte: 70 por ciento de los recursos minerales, 60 por ciento de la agricultura. Habían llegado hasta Tiflis, en el Cáucaso; ocupaban la Crimea; ocupaban Ucrania; ocupaban los países bálticos, estrangulando a Lenin. ¿Qué hicieron los Aliados? Obligar a las tropas alemanas a marcharse, dejando todo el terreno a Lenin. ¡Son los Aliados, las democracias!. Dicen hoy: "Ah, el terrorismo". Son ellos los que lo han provocado (aplausos). Si hay ahora un enorme peligro terrorista en el mundo, si el comunismo está ganando terreno en Asia (toda Indochina en sus manos), en África (Mozambique, Angola), si están ganando Cuba, los países de Centroamérica —por todos lados están a la gran ofensiva—, es porque estos idiotas de burgueses y socialistas, que ocupaban el poder democráticamente en Francia, en Inglaterra, en Estados Unidos, han capitulado o han colaborado. Son los únicos que no tienen derecho a quejarse ahora, Son ellos los que han provocado el peligro que está ahora amenazando a Europa entera y al mundo entero.

     Bien. En 1918, Hitler es un inválido de guerra, ciego. En este momento, se ve ya al comunismo protegido por los Aliados, aunque después hagan algunas tentativas pequeñas, que eran falsas. Apoyaban a los rusos de verdad, a los patriotas que desesperadamente buscaban la salvación de su patria. Les ayudaban con armas con las que no podían hacer nada, con algunas municiones, pero los abandonaron en seguida. Y se ve, en el mismo momento en Berlín, la tentativa comunista de Liebnecht y de Rosa Luxemburgo, dos jefes comunistas judíos. Toman el poder en Baviera otros comunistas también judíos. Toman el poder en Hungría con Bela Kun, también judío, con todo un equipo de judíos. ¡Hay siempre que recordar esto! No para atacar a esta gente de Israel, sino para decir la verdad: ¡el comunismo es un fenómeno típicamente judío! Si las democracias se muerden los dedos hoy... ¡es su culpa! Lenin era tres cuartos judío; Trotsky, judío. Setenta por ciento del Soviet Supremo Y todas las tentativas en el mundo igual, igual, igual.

     Es así que Hitler, al ver cómo habían casi destrozado su país en el año 1919... Y la invasión mora aquí, se hizo posible porque en todos los pueblos, desde Córdoba a Toledo, son los judíos los que abrían las puertas. Son ellos los que se han convertido en aliados de la invasión. ¡Y fue siempre la misma familia!

     Luego Hitler ve su país arruinado, con miles de heridos y mutilados, con su industria destrozada, con la ocupación extranjera, con el hambre, con la cesantía. Hace una primera tentativa: el Putsch de Munich, que fracasó, y fracasó como una buena cosa. Yo mismo, cuando he podido tener el poder del Ejército, no lo he tomado. Yo prefería ganarlo ganando el alma del pueblo. No hay poder sin el consentimiento y el afecto.

     El pueblo no se conquista: tiene que entregarse. Y si se quiere un pueblo que se entrega, hay que hacer un esfuerzo. Hay que darle la prueba de moralidad, de talento, de fe, de corazón. El pueblo es sano; mucho más sano y valiente, muchas veces, que los burgueses. El burgués, si la cosa va bien, bien; si mal, a correr. Pero el obrero, una vez que ha sido convencido, es fiel, capaz de sacrificios. Y Hitler, en lugar de la solución fácil del poder por la fuerza, ha preferido el trabajo inmenso de la conquista por los argumentos. Esta aventura de diez años de conquista pacífica de Hitler es una cosa tremenda. Tenía todas las fuerzas, normales y anormales, contra él. Tenía las democracias, todas; y entre todas las democracias, la democracia alemana, en la que había mucha gente incapaz, como en todas las democracias, donde no se elige al mejor: se elige al más tonto porque no molesta a nadie; o al más corrompido, porque corrompe. Es muy raro cuando se elige gente que tiene categoría.

     Y tenía a la Iglesia contra él. ¡Otra vez!. Partido católico ¿Por qué un partido católico? Nosotros hemos conocido la misma aventura en Bélgica. Estos cardenales y obispos que hacen elegir diputados, que dan órdenes a todos los curas y eligen a muñecos. ¡Éstos no son políticos: son muñecos! Sólo ejecutan las órdenes que reciben. ...Y todo el Centro alemán, que era el partido católico, estaba a las órdenes de un prelado, monseñor Kaas.

     Y la Iglesia, durante diez años, ha hecho todo contra la subida de Hitler al poder, incluso no permitir la comunión a los nacionalsocialistas, no permitirles funerales. ¡Sí, han pasado cosas inmundas! Pero, con la misma rapidez, una vez que Hitler ha ganado el poder, todo cambiaba, los obispos, muy complacientes. ¡Los hemos visto aquí también!. ¡Todos así...! (levanta el brazo. Risas y aplausos).

     Tenía contra él todas las fuerzas del dinero. Porque se dice siempre que Hitler ganó con el dinero que recibió de los grandes capitalistas. ¡Completamente falso!. Al gran capitalismo le gusta también el poder débil, porque pueden manejarlo mejor. Los bancos quieren gente obediente y se toman las medidas para que no puedan ir contra sus intereses. Para ellos, ¡muy bien!: el 22, el 23 o el 24 por ciento de interés, es el paraíso terrenal. Claro, cada uno va hasta el fondo de su bolsillo para encontrar un duro, pero ellos ganan miles de millones cada año y... ¡lo dicen!. Y lo dicen. Y nadie tiene vergüenza de esto. Todas esas fuerzas del dinero, en Alemania, estaba contra Hitler.

     Dos o tres industriales han, algunas veces, regalado algo; pero el 99 por ciento de los recursos en Alemania, los nacionalsocialistas los han obtenido de sus miembros, del pueblo. Igual hemos hecho nosotros en Bélgica. Una vez he recibido de un amigo diez mil pesetas; era un conde que no era muy rico. Pero todo el resto, de nuestros periódicos, de nuestros mítines.

     Nuestro periódico, en un país pequeño como Bélgica, tenía más de 350.000 de tirada, y yo lo vendía tres veces más caro que los otros periódicos. No es una cuestión de dinero un periódico. Es si lo que se escriba tenga valor. Si puede suscitar las pasiones, la gente se precipita para comprar el periódico. Nuestra prensa llegó a proporcionarnos un buen millón cada mes. ¡Cada mes un beneficio de un millón!. Y los mítines... Nunca he hablado, hasta la última noche de campaña electoral, sin hacer pagar. Había que pagar, por lo menos, cinco francos de nuestra época, que son, por lo menos, cien pesetas de ahora. Hasta cincuenta y sesenta mil personas he tenido durante los seis días en el Palacio de los Deportes. Porque yo era el que hacia el ciclismo en el Palacio de los Deportes: ¡el ciclismo verbal! Hemos tenido 800.000 francos de entradas. ¡Ésta es la prueba de que se puede ganar políticamente sin pasar por los bancos!.

     Cuando usted ve estos regímenes democráticos de ahora... Pero, ¡cómo gastan miles de millones que no son suyos! Que son dineros del partido socialista alemán, o que son préstamos de los bancos. Pero, ¿usted cree que los bancos pasan millones o centenares de millones porque quieren mimar al señor Fraga o al señor Suárez? Ninguna intención de este tipo. ¡Quieren apoderarse de estos partidos!. Y cuando hay que reclamar el dinero, dicen: "O el dinero, o tal cosa, o tal cosa". No son organizaciones filantrópicas los bancos (risas). Es decir, que están luchando por una lucha "bien merecida".

     Usted ha visto las fotos de la llegada de Hitler al poder, hoy es su aniversario. Llegó Hitler sobre los hombros del pueblo alemán. Y sobre todo, la masa obrera alemana. La gran fuerza de Hitler era la gran masa obrera, lo que no le perdonó nunca el marxismo. Hitler, en ese momento, antes ya de empezar su actuación política, había puesto las bases de la Europa futura de una manera definitiva. Había que cortar el camino al comunismo. Para cortar el camino al comunismo no había otra solución que oponer, a la lucha de clases, la fraternización de las clases. Hitler es eso: reunir las clases. Decir a los capitalistas: "Sin la colaboración fraternal de la masa obrera, ustedes no llegarán a nada". Pero dice también a los obreros: "Sin la colaboración fraternal con el capital, que es una parte de la nación, que se puede utilizar para el bien común; sin los industriales, sin los ingenieros, si todos no se unen... todos fracasarán".

     Y el gran cambio del siglo es éste y no hay otra solución. Ustedes ven ahora cómo aquí en la Moncloa tienen los consensos. Después de muchas horas de discutir con el señor Carrillo y con el muchacho González (risas) llegaban a pobres soluciones que, por fin... se desmoronaban al día siguiente.

     Pero la verdadera solución, si queremos salvar a Europa, es una base social. Y la base social es ésta: el bienestar de la clase obrera, el fomento de la vida económica en una colaboración completa (aplausos).

     Y las democracias, si no fuesen un conjunto de ignorantes o de sinvergüenzas, así lo explicarían a la masa obrera. Empezando por los socialistas: decir a la clase obrera lo que es su propio interés. Ahora todo son reivindicaciones y, por fin, ya nadie quiere trabajar. Lo que se quiere es no trabajar, cobrando, pero no trabajar (risas). Eso es lo que tenemos.

     El rendimiento español ahora es la mitad del rendimiento europeo. En las minas, la tercera parte. Una España así... está perdida. Es imposible, no sólo entrar en Europa, sino soportar la competencia europea en las condiciones actuales. Hay que enseñar otra vez a la gente que el trabajo es un honor, que es una alegría. No repetir siempre a la gente: tiene estos, estos y estos derechos. Sino que hay derechos y hay deberes. Pero lo mismo a los capitalistas: no se tiene una fábrica para explotar a los obreros. Éstos tienen derecho a vivir con decencia. Que puedan comprar todo lo que fabrican. Vivir con libertad. Es lo que hizo Hitler. Y fue el gran milagro de esta teoría social, Cómo en tres años un país absolutamente arruinado resucitó. Antes de Hitler, el marco había caído a tal punto de tener que dar cuarenta millones de marcos por un solo dólar. Cuando llegó el 30 de Enero de 1933, Alemania contaba con más de la tercera parte de su masa obrera cesante. ¡Más de seis millones de cesantes!, de los 18 de obreros alemanes, Y en tres años, todos los cesantes habían entrado de nuevo en la actividad económica, y había ¡veinte millones de alemanes trabajando! Dos millones ochocientos mil más que los que había trabajando cuando no había cesantía. Y, ¿cómo había llegado a esto? Suscitando la colaboración y fomentando grandes obras que renovaban a su patria. Las casas obreras... En los años del nacionalsocialismo, antes de la Segunda Guerra Mundial, se había duplicado el número de casas obreras en Alemania, ¡duplicado!, cuando usted ve estas chozas en tantos barrios, cuando se ven estos cuarteles inhumanos en los barrios de las grandes capitales, quién se imagina la miseria de esta gente, en estas chozas, amontonados en departamentos a kilómetros de las grandes ciudades Cuando se piensa que centenares de millares de casas, no de departamentos, con su jardín donde los niños pueden jugar, donde se podían tener algunas lechugas, donde el obrero iba a respirar por la tarde; cuando se veían estas fábricas completamente renovadas, modernizadas, con sus piscinas, sus campos de deporte; cuando se veía el trabajo de las autopistas, ¡siete mil kilómetros de autopistas!, para permitir a la gente obrera utilizar, para su descanso, para su instrucción... estas autopistas... ¡El automóvil popular!... ¡Cinco marcos por semana para tener un automóvil popular!. ¡Pueden hablar ellos de vacaciones y de obras sociales!...

     Todas estas cosas se han hecho, duplicando los recursos de la masa obrera. En tiempo de Hitler ganaban el doble, con una vida que quedaba, más o menos, al mismo precio. No han llegado nunca a subir más del 1% anual. Promedio, 0,8%. La gente ganaba el doble. ¡De verdad! Porque ahora gana cinco veces más, pero la vida cuesta diez veces más. ¿De qué sirve?.

     Y así, se había reconstituído una vida extraordinaria, fomentando industrias nuevas, creando todos los productos que le faltaban a Alemania. Estos productos sintéticos, que se convirtieron en verdaderos milagros económicos. No hay que olvidar que Hitler, después de estos pocos años de transformación interior de Alemania, tuvo que hacer frente a una Guerra Mundial fantástica, como nadie nunca la ha conocido y resistido, ¡cinco años!, con todos sus recursos propios. Y, una cosa completamente nueva en el mundo, sin la colaboración de un judío (risas y aplausos).

     Habían siempre explicado que eran indispensables. Todo lo que se hace de grande en el mundo, son ellos los que lo hacen. Es un poquito extraordinario. Porque cuando se estudia la historia de la Antigüedad, que se ve la civilización griega, que se ve a civilización de Babilonia, de los hititas; se ve la de los egipcios, alrededor de Israel... Civilizaciones fantásticas, todas las formas de civilización. Y en el centro... una mancha negra. Ellos no han construído nunca nada (risas). Hasta el templo de Salomón, son otros los que lo han hecho. ¿Qué queda de la civilización judía, o de lo que se podría llamar civilización judía?: ¿dos o tres viejos botes? ¡Nada más! En cualquier museo de Barcelona hay mil veces más que en todo Israel.

     Explicaban que son ellos los que decidían todo, que preparaban todo... ¡Indispensables! De todas partes los habían echado, y se pasaba perfectamente sin ellos. Ello es la prueba de que podemos vivir felices, y comer perdices, sin tener a esta gente con nosotros (risas y aplausos).

     Si los otros países de Europa, si las democracias hubieran tenido un mínimum de inteligencia, se habrían dicho: "¡Por fin!. Frente al comunismo tenemos un baluarte". Hitler había reconstruído una fuerza nacional fenomenal. Y lo había hecho sólo con la fuerza de su economía. Si Hitler ha podido dar trabajo a millones de obreros más; si ha podido dar a toda la masa obrera casas espléndidas; si ha hecho autopistas y fomentar una industria nueva, ¿por qué preparaba la guerra? Los números están, también, a disposición de todos. Durante los tres anos de reabsorción de la cesantía, Alemania ha gastado en su esfuerzo militar el 4%, Francia el 8%, Japón el 8,2%, y Rusia soviética el 9%. Es el país que gastaba menos en su esfuerzo militar. Fue una cosa, un éxito puramente económico y social.

     En lugar de decirse: "tenemos un gran país unido, ochenta millones de habitantes con una moral fenomenal, con una gran unidad nacional"... hasta el 99% de la gente votaba, ¡de verdad!, por Hitler. Porque cuando había que votar en el Sarre bajo la autoridad de los Aliados, con tropas inglesas, italianas, francesas en esta provincia, han conseguido el mismo resultado. Hasta no se había permitido a Hitler ir, ni una vez, a dar un discurso en la provincia del Sarre. Lo que daba exactamente igual... Podrían decirse: "vamos a vivir tranquilos". No. Lo que han hecho es unir todas las fuerzas, las más nefastas del mundo, para estrangular a Hitler.

     Hitler no quería la guerra contra Occidente. Lo primero, porque no tenía ningún interés en hacerlo. Su interés era el sovietismo. Eliminar un peligro mundial. Segundo, dar al pueblo alemán tierras nuevas donde su sentido de la vida, del trabajo, de la organización, podría hacer milagros. Era el objetivo de Hitler. Y ningún otro. Y siempre fue así.

     Era un plan inteligente, y frente al comunismo, ¡era un plan indispensable!. Y por qué Churchill rechazó este plan y se comportó como un cerdo con el pobre Rudolf Hess (aplausos)... Si no quería discutir con un hombre que había venido de buena fe, tenía que llevarlo en un avión y, en un paracaídas, echarlo sobre Berlín. Habría hecho reír a todo el mundo. Pero no: lo han perseguido y han cometido las peores atrocidades sobre él, y hoy sigue, como explicaba con tanta elocuencia, en la cárcel. ¡Estos que no perdonan!. ¡Churchill! ¿Es esto un caballero?; ¿sí? Si ha hundido Europa... Los soviéticos tienen ahora la mitad de Europa. Él mismo se ha dado cuenta. Pero... ¡demasiado tarde! Cuando dijo en Postdam: "Hemos matado al cerdo equivocado", ¡je!. Se habían equivocado de cerdos, ¡a su juicio!. Pero él, al mismo tiempo, ha perdido todas esas colonias inmensas que eran el honor y el provecho del Imperio británico. Pero en esa época, todos los países demócratas, porque la fórmula de la solidaridad de las clases había dado la prueba de su victoria en Alemania, querían hundir a Alemania. Todas las fuerzas israelitas, igual. Porque para ellos Alemania era el Paraíso, y los habían echado fuera del Paraíso. Como a Adán y Eva, y... desnudos como los dos (risas).

     Y los alemanes podían decirse: vamos a aguantar. Pero ya no se podía aguantar. Y cuando se publiquen los documentos soviéticos se descubrirán cosas extraordinarias. Cómo, si Hitler no hubiera atacado en el año '41, los rusos entraban en Alemania seis meses después. Estaban las órdenes de Stalin para la construcción de treinta mil carros de combate. Ya tenían dieciocho mil. Y los alemanes ¡tres mil!.

     Los alemanes tenían el obstáculo enorme de un país sin carreteras: Rusia. Alemania tenía carreteras maravillosas, que podrían ocuparse con los blindados como se quisiese. Hay mil paginas de documentos soviéticos, del mariscal Jusef, en las que explica públicamente estas órdenes. Europa habría perdido su poder, sin Hitler, sin remedio. Primero, si no hubiera existido Hitler, habrían entrado ya mucho antes. Pero con Hitler, si Hitler no hubiese invadido las tierras soviéticas un año después, los otros aprovecharían la lucha de Hitler contra Inglaterra para invadir Europa.

     Y es así que Hitler ha tenido un papel: impedir a los soviéticos conquistar Europa. Pero una vez que en todos los países, centenares de millares de chicos, chicos como vosotros, han comprendido el sentido de esta lucha, han llegado al Frente del Este. En este momento, se ha visto que el sueño que parecía imposible, de Carlos V, de los Hohenstauffen, de Napoleón, podía, por fin, resucitar. En el frente ruso, en las filas de las SS, las armas, los ejércitos de choque, éramos el 60% de los efectivos los no alemanes. El millón de soldados de las SS tenía 600.000 no alemanes, lo que es la prueba evidente de que Hitler quería, no una Alemania absorbente de Europa, sino una unión fraterna de los europeos. Igual que había hecho con las clases sociales, su reconciliación, quería, una vez que se hubiera protegido Europa del peligro soviético, reunir, por fin a los europeos.

     Y el hecho de dar su confianza de ¡su arma privilegiada! a los no alemanes, nos indica perfectamente que estaba, no sólo dispuesto, sino decidido a la reunión. No a la absorción. Hitler no era un hombre que quería un poder anónimo y tiránico por toda Europa. Era un hombre que había comprendido muy bien el problema, no sólo de las naciones, sino de los regionalismos. Porque un poder fuerte puede permitir muchas expansiones y, si hay en Europa cien culturas distintas, hay cien riquezas. Y tenía estas ideas tan fuertes que, un día que yo hablaba con él de este problema, y me contestó:

"Yo quiero respetar hasta tal punto los regionalismos, que he hecho distribuír bonos para los alimentos, de todos los productos del racionamiento; he hecho distribuír bonos distintos según las regiones. Porque hay regiones que comen más carne, otras hacen pasteles con más harina".

     Pensaba hasta estas cosas, detalles, pero que son pruebas de su concepto de una Europa muy diversificada. Una Europa así, como cualquier país, no se puede conseguir sin una fuerza del amo, del que piensa y del que manda.

     En la vida siempre hay que manda; no se puede imaginar nada si nadie manda. Hitler, es evidente, habría obligado a los europeos a cierta disciplina. Vamos, un poder serio en España obligaría a los españoles a cierta disciplina. Ya la gente lo dice ahora, cuando le han robado a su mujer la cesta o han violado a la chiquilla: ¡Ah, mano dura!. Un poquito tarde... (risas).

     Hitler habría hecho una Europa fuerte, pero diversificada en la unión. Pero la unión se habría hecho normalmente. Ya nosotros en el frente veníamos de países muy distintos. Nuestros camaradas flamencos estaban con andaluces de la División Azul; estaban en el lago Ilmen ¡españoles y flamencos!. Nosotros estábamos en el Cáucaso con rumanos, con croatas y con italianos. Habíamos en el frente ruso muchachos de veintiocho países distintos. Se había forjado una camaradería maravillosa. Es evidente que teníamos que vivir en el ideal frente a la muerte, en el sacrificio, lo que ayuda a la fraternidad. Se ha dado la prueba en el frente ruso de que la unión de los europeos era posible porque ya estaba hecha. Y los otros... pero esto era cuestión de una generación, con los medios de viaje de ahora, el reparto del trabajo... Ya se ve cómo centenares de miles de españoles han ido a trabajar a Alemania, a Suiza, a Holanda. Se han acostumbrado, y muchos se han casado. También se unen mucho los pueblos casándose. Ya Napoleón lo había comprendido. Y sí, ahora ustedes, todos los muchachos que me escuchan, estuvieran frente a ese mundo gigantesco, mucho más grande que la Europa de Roma, porque habríamos tenido también toda Siberia, que es la gran fuente de riqueza del futuro, y es una tierra donde la mayoría de los hombres ¡son blancos!; cualquier muchacho de Europa habría tenido la posibilidad inmensa de desarrollarse. Habría ocupaciones para millones de chicos que tendrían la pasión de la aventura, arriesgar algo.

     Se habría hecho una Europa en la alegría, en el trabajo, en la conquista... y ahora ustedes no se lo imaginan, en lugar de esto, un puñado de países deshechos, con esa enorme masa soviética en nuestra frontera.

     Estaríamos, en diez mil kilómetros, trabajando, fabricando, montando una espléndida civilización, y seríamos los amos del mundo, mucho mas fuertes que los estadounidenses. Y ahora, al contrario, somos los pequeños últimos países divididos, arruinados o semi-arruinados, con millones de cesantes, ¡ocho millones en la Europa Occidental!, ¡casi dos millones en España! Y, fin del año próximo, tres millones.

     Es evidente que cada uno tiene miedo de cualquier inversión, la garantía del futuro. Se gana un dinero que cada día vale menos. Hay poderes en todos los países de Europa... que vienen, que no saben dónde van. ¡Que no se sabe quién manda! No se sabe qué plan se tiene. ¿Qué plan se puede tener?. El caso de España: todo lo que se había planeado, al suelo. Se va a hacer o no hacer. Por lo menos, habrá que renovar todo. Millares de criaturas más en puestos que dan mucho dinero. Habrá otra crisis. Habrá elecciones generales... ¡Imposible trabajar así!.

     Ustedes imaginen una industria en la cual, cada año, se cambia el Consejo de Administración, los métodos de trabajo, ¡la clientela se hundiría!. Ya se ha visto un Gobierno Arias, cinco Gobiernos Suárez. Esta mañana... uno. Después se cambia otro..., las elecciones... después otro... ¡Es la ruina! La democracia es la ruina de los pueblos. No es cuestión de odiar la democracia sino de ver lo que es.

     Es evidente que Hitler podía realizar este plan grandioso de una Europa resucitada, más fuerte que nunca, únicamente porque tenía un poder fuerte. Tenía cien millones de almas unidos, pegados a él con fe, con esperanza, con confianza. Y es así que se perdió la ocasión más fabulosa de nuestra Historia, y perdida sin remedio. Y ahora, treinta y cinco años después, ¿qué ha pasado? Cada año el peligro soviético es mayor. Cada año el paraguas estadounidense está más agujereado (risas). Y porque ahora sí, que hay otro presidente... ¡veremos! Pero lo que no veremos es a los estadounidenses aquí, sacrificándose por Europa. Eso es una cosa segura! Puede ser, sí, que la salvarán... ¡Aplastándola!. Pero, con nosotros vivos, ¡nada que hacer!.

     Y por nuestros pueblos, ¿quién va a luchar? Ya en la Segunda Guerra Mundial los franceses decían que no querían pelearse; corrieron hasta los Pirineos más rápido que la Vuelta a Francia (risas). Ahora no hay moral; no hay ideal. La gente no va a sacrificarse por un país que la gente no puede saber lo que es.

     Los rusos tienen una fuerza inmensa. Y tienen una complicidad enorme. En cada país tienen su gente: millones de comunistas en Francia, millones en Italia, y hasta en España. No sabemos cuándo llegaron, pero, como los judíos de la ofensiva mora, abrirán las puertas. Traicionaron, a todo el mundo.

     Ahora... ¿desesperar? ¡Tampoco! No. Yo no quiero ser demasiado optimista. Hay para el mundo europeo, habrá, un peligro enorme, peligro exterior, peligro interior, de disgregación. Todas estas fuerzas democráticas han hundido la familia, la idea de patria, la idea de religión; han quitado todo ideal. Ya no hay vida espiritual. Y la vida espiritual es lo principal en el mundo. ¡Sin vida del alma, no hay nada! (aplausos).

     Es decir, que la única salvación, para los europeos que quedan lúcidos, ¡es tener alas fuertes! Tener un gran ideal social, un gran ideal patriótico, un gran ideal religioso. Mantener todas las fuerzas que se puedan mantener, para cuando venga el día de la salvación. Porque todas las grandes cosas que se han hecho en el mundo, se han hecho siempre con poca gente. No es preciso tener millones de gente vaga. Hay que tener corazones fuertes, dispuestos al sacrificio, hasta la muerte si es preciso, que saben lo que quieren, que saben dónde está el porvenir. Así se podrá salvar Europa.

     Si en Europa, por todos lados, hay chicos y chicas como vosotros, si cada uno hace un esfuerzo para convencer a los demás, el día de la gran cuenta se presentarán por toda Europa estos millares de jóvenes que pueden salvar lo que queda.

     Estos jóvenes existen. Existen aquí. Existen en todos los países de Europa. Son ellos, con los que un día —el día de Dios, cuando Dios nos ayudará también y nos inspirará—, se podrá llegar a la salvación. Peligros enormes. Posibilidades enormes. Dependen ellas de vosotros. ¡Viva Europa! (grandes aplausos).–



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