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domingo, 23 de noviembre de 2014

Acerca de la Esvástica



     La filóloga española Rosa Sala Rose (1969) publicó en 2003 su libro "Diccionario Crítico de Mitos y Símbolos del Nazismo". Lo de crítico seguramente se refiere a su orientación "anti-fascista". Está a disposición de cualquier lector el artículo que aparece bajo la entrada "Esvástica" en dicho conglomerado de artículos. Lo reproducimos aquí pero algo editado, sin los odiosos calificativos ni sus reflexiones políticamente correctas, dejando la información que pueda servir de algo, de modo que se encuentre quizá algún dato útil. Hay en ese artículo una imagen-definición con respecto a la direccionalidad del girar de la esvástica, que es la que presentamos mejorada, y que sabemos que es la correcta, frente a tantos que confunden las cosas afirmando lo contrario sin haber estudiado el tema con mayor detención.




ESVÁSTICA (Hakenkreuz)

     La esvástica o cruz gamada es un símbolo mágico que se halla extendido por todo el ámbito eurasiático, el Norte de África y toda América, y cuyas primeras apariciones conocidas se remontan a la pintura rupestre y a algunos objetos de la Edad del Bronce. La más antigua descubierta hasta el momento procede de Ucrania y tiene una antigüedad estimada de 12.000 años. El nombre sánscrito swástika significa "gran fortuna", y aún hoy continúa siendo un símbolo muy extendido en la India como invocador tradicional de fortuna y salud. En el budismo representa el ciclo eterno de la migración de las almas o samsara. Las interpretaciones de su posible simbolismo primitivo son legión y abundan mucho más que los datos verdaderamente fiables al respecto. Se sabe que entre las tribus germánicas servía como amuleto para ahuyentar a los malos espíritus, pero resulta aventurada la suposición, especialmente extendida durante el nacionalsocialismo, de que pudo ser un antiguo símbolo solar.

     Formalmente, las cuatro ramas angulares de la esvástica unidas en un mismo punto central sugiere la idea de rotación axial, combinando así en un mismo signo las ideas opuestas de permanencia y movilidad. Al mismo tiempo, se cree que la presencia de cuatro brazos podría sugerir los puntos cardinales, así como un movimiento repetido de manera cíclica.

     El conocimiento de la esvástica estuvo relegado a estudiosos y eruditos hasta 1872-1873, fecha en la que Heinrich Schliemann creyó haber descubierto el emplazamiento de la antigua Troya en Hissarlik (Turquía). Las abundantes esvásticas ornamentales aparecidas en la cerámica que Schliemann encontró en sus excavaciones troyanas le recordaron otras similares halladas en la orilla del río Oder, en Alemania. De este modo, creyó haber dado con un importante "símbolo religioso de nuestros remotos ancestros" que le permitió vincular entre sí a los antiguos germanos, los griegos homéricos y la India védica, uniendo bajo un mismo simbolo "ario" las tradiciones religiosas orientales y occidentales.

     Emile Burnouf, un colaborador anti-judío de Schliemann, afirmó que la esvástica reproducía la posición de los fuegos sagrados en la India védica y habría sido posteriormente asimilada por el cristianismo bajo la forma de la cruz. La circunstancia de que no se hubieran encontrado esvásticas en las regiones tradicionalmente semitas llevó a Burnouf a afirmar que este símbolo siempre había sido rechazado por los judíos, lo que permitió reclutarlo para la causa del anti-judaísmo, una vinculación que ya no iba a abandonar. La profunda fascinación de Schliemann por el símbolo que había contribuído a recuperar del olvido lo llevó a adornar con una franja de esvásticas las paredes exteriores de su gran mansión en Atenas.

     El gran efectismo de los hallazgos de Schliemann, así como el gran talento de este controvertido arqueólogo para promocionarlos, pronto permitieron que la esvástica se afianzara en la mentalidad europea como símbolo ario por excelencia. A ello contribuyeron en gran medida el profesor danés Ludvig Müller, quien en 1877 la describió como el emblema del "dios ario supremo", y, en 1886, el anti-judío polaco Michael Zmigrodzki, a cuyo cargo estuvo la exhibición de más de trescientos dibujos de artefactos decorados con esvásticas en la Exposición Universal de París de 1889, además de la organización de dos grandes congresos internacionales sobre este símbolo.

     La fascinación por la esvástica pronto abandonó el ámbito más o menos serio de la arqueología con aspiraciones científicas para infiltrarse en el esoterismo decimonónico europeo. En La Doctrina Secreta (1888), Helena Blavastky, familiarizada con las ideas de Burnouf y Schliemann, atribuyó gran importancia a la esvástica, que era para ella un símbolo del martillo de Thor, el dios germánico del trueno. Ya en 1881, Blavatsky había incorporado una esvástica dextrógira al sello de la Sociedad Teosófica. La revista de la delegación alemana de la Sociedad, Lotusblüten (Flores de Loto, 1892-1900), fue la primera publicación alemana en lucir la esvástica en su cubierta. En el cauce de la corriente teosofista europea flotaban ya los elementos racistas que iban a formar el afluente del ariosofismo. En 1875 Guido von List, su principal precursor, decidió celebrar el milésimo quingentésimo aniversario (1.500) de la victoria germánica sobre los romanos enterrando ocho botellas de vino en forma de esvástica cerca del arco de la Puerta Pagana de las ruinas de Carnuntum. En 1897 el escritor Max Ferdinand Sebaldt afirmó que el dios nórdico Mundilföri habría creado el universo a partir del caos inicial, haciéndolo girar en un remolino de fuego, teoría posteriormente recuperada por Guido von List, quien añadió que la esvástica, a la que él denominaba Fyrfos, habría sido la representación de ese remolino de llamas primigenio y, por tanto, sería un símbolo sagrado de los arios.

     Significativamente, también Hitler se referiría años después a la esvástica llamándola "torbellino" o "herramienta de la generación del fuego". Esta interpretación mantiene afinidades con la de los bonpos tibetanos, que interpretaban la esvástica como el remolino del viento primigenio, de cuyas tonalidades habría surgido la materia. Resulta muy significativo que, en la cosmovisión nacionalsocialista, ese mismo remolino original fuera asociado con el simbolismo del fuego y con el culto solar.

     En La Escritura Pictográfica de los Ario-Germanos (1910), List interpreta la esvástica en función del sentido de su giro. La sinistrógira [levógira] representaría distintas etapas en la evolución cósmica en su caída descendiente, es decir, en el transcurso de la unidad a la multiplicidad, mientras la dextrógira simbolizaría el sendero de regreso a la divinidad [Miguel Serrano explica completamente lo contrario]. Las dos cruces superpuestas crearían símbolos complejos como la cruz de Malta, que, al abarcar las dos fuerzas antitéticas de toda creación, representarían al hombre-dios ario-germánico, la máxima forma de vida jamás conocida en el universo. A partir de ahí, List deduce que los caballeros templarios, cuyo símbolo era la cruz de Malta, al igual que las órdenes posteriores de inspiración templaria, como los rosacruces y los francmasones, habrían sido preservadores de la gnosis armanista, la dimensión esotérica de la religión germánica primigenia, durante las épocas de persecución y de oscurantismo cristiano.

     En otras obras anteriores de List, la esvástica ya es interpretada como signo del "invencible" o del "hombre fuerte venido desde lo alto", es decir, del redentor de los germanos. Posteriormente, la Liga de los Artamanes retomó este símbolo, oponiéndolo a la cruz cristiana e interpretándolo como un "signo germánico de salvación" y de "pureza de la sangre y del espíritu". Lanz von Liebenfels, principal sucesor ideológico de List, izó por primera vez una bandera portadora de la esvástica en su castillo de Werfenstein, sede de su museo de "antropología aria", el día de Navidad de 1907, año de la fundación de su Orden de los Nuevos Templarios (Ordo Novi Templi).

     En 1891 Ernst Ludwig Krause fue el primero en apartar a la esvástica de los círculos esotéricos e incorporarla a la literatura del nacionalismo racial alemán, glorificándola como una especie de signo del renacimiento germánico y símbolo de lo nórdico por excelencia y calificándolo de "fósil-guía" (Leitfossil) de los arios. Alfred Schuler, quien quiso escribir una tesis sobre la esvástica, la definió hacia 1890 como "símbolo de lo instintivo, lo racial y lo orgiástico", en lo que constituye una interpretación arriesgada que no terminaría de cuajar en el ideario nacionalsocialista. Más adelante, en su estudio Sobre la Cruz Gamada (1921), Jörg Lechler ubicaba el origen de la esvástica en el centro y Norte de Europa, a pesar de la antigüedad mucho mayor de las esvásticas mesopotámicas, por entonces ya reconocida. Sin embargo, fue a través de la Orden de los Germanos y su organización sucesora, la Sociedad Thule, como la esvástica pasó a ser adoptada como símbolo por parte del nacionalsocialismo.

     La revista oficial de la Orden de los Germanos, la Allgemeine Ordens-Nachrichten, había empezado a mostrar la esvástica en su cubierta desde 1916, al tiempo que, en páginas interiores, hacía publicidad de anillos, colgantes y bagatelas decorados con este y otros símbolos del nacionalismo racial. En 1919 Friedrich Krohn, miembro de ambas sociedades, escribió un memorándum titulado "¿Resulta Apropiada la Esvástica como Símbolo del Partido Nacionalsocialista?", en el que proponía la cruz gamada dextrógira, como la adoptada por los teosofistas y la Orden de los Germanos —para él un símbolo del "Sol victorioso"— como insignia oficial del DAP, precursor del futuro NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán). Hitler, sin embargo, optó por la levógira y supo imponer su preferencia a la de Krohn. No obstante, hay que tener en cuenta que ya la Sociedad Thule, cuna del DAP, había incorporado la cruz gamada levógira a su emblema oficial, y es probable que Hitler optara simplemente por mantenerla.

     Hitler ya había tenido ocasión de familiarizarse con la esvástica durante su infancia, entre 1896 y 1899, cuando fue alumno de la escuela religiosa de Lambach, ubicada en un antiguo monasterio benedictino: En el púlpito, el antiguo abad había hecho grabar su escudo familiar, en el que figuraba una esvástica. Aunque el mito de la "esvástica de Lambach" y de su supuesta veneración por parte de un Hitler imberbe ya circuló durante el Tercer Reich, ha generado especulaciones bastante más fantasiosas entre algunos autores ocultistas de la posguerra, entre ellas la de la fabulosa biblioteca esotérica del misterioso abad, supuestamente visitada por el mismísimo Lanz von Liebenfels durante la estancia de Hitler en la escuela. Con todo, la verdadera familiarización de Hitler con la esvástica se produjo a todas luces durante su estancia en Viena, donde a partir de 1909 era fácil verla en las cubiertas de la revista ariosofista Ostara, editada por Liebenfels. Para entonces ya tenía un claro significado anti-judío, y fue como símbolo del anti-judaísmo como empezó a difundirse incluso antes de su adopción oficial por parte del Partido Nacionalsocialista, algo a lo que contribuyó en gran medida la brigada paramilitar Ehrhardt, cuya orden de disolución en 1920 desencadenó un intento fallido de golpe de Estado (el "putsch de Kapp"). Sebastian Haffner recuerda cómo poco después de esta fecha, al preguntarle a un compañero de colegio por las extrañas cruces que éste estaba dibujando en un cuaderno y que él aún no conocía, recibió la lacónica respuesta: «Signo de los anti-judíos. Lo llevaban las tropas de Ehrhardt en el casco. Significa "judíos fuera". Hay que conocerlo».

     El hecho de que la esvástica, aun sin estar vinculada todavía a ningún partido político, ya fuera un signo conocido y gozara del prestigio de una tradición milenaria, fueron características que la hicieron idónea para su adopción por parte del Partido Nacionalsocialista, formalizada por Anton Drexler y Adolf Hitler en Mayo de 1920. Se conserva un dibujo de Hitler de este mismo año en el que se recogen distintas alternativas gráficas para su diseño. Tras analizar diversas variantes, para la bandera del Partido se optó por la esvástica negra (color que, aun en aparente contradicción con la interpretación nacionalsocialista de la rueda solar, ofrece la ventaja de una gran legibilidad, contundencia y cierto aspecto intimidador) destacada sobre un círculo blanco, representante de la luz y de la pureza. El círculo blanco también permitía resaltar ópticamente la impresión de dinamismo y de giro característico de la esvástica y que constituía una idea primordial en la cosmovisión nacionalsocialista, potenciada aún más por su colocación de punta. Finalmente, la combinación negro-rojo-blanco respondía a los colores del nacionalismo alemán. Nada más terminar el diseño, Hitler sintetizó su significado del siguiente modo: "El rojo es social, el blanco es nacional y la esvástica es anti-judía". En Mein Kampf reiteraría esta interpretación, aunque con algunos matices: "Como nacionalsocialistas, vemos nuestro programa reflejado en nuestra bandera: En el rojo vemos el pensamiento social del movimiento, en el blanco, el nacionalista, y en la esvástica, la misión del combate por la victoria del hombre ario y, al mismo tiempo, también la victoria de la idea del trabajo productivo, que es y será eternamente anti-judía".

     Desde un principio, en los círculos nacionalsocialistas la esvástica fue interpretada como un primitivo símbolo solar. De este modo queda vinculada a los mitos solares cosmológicos, que suelen representar una cosmovisión marcadamente dualista compartida por la cosmovisión nacionalsocialista. La vinculación del Sol con la renovación, la primavera y los ciclos naturales, se adapta óptimamente a las ideas de vitalidad, dinamismo y naturaleza del nacionalsocialismo, al tiempo que establece una asociación con el elemento del fuego. Según Otto Wagener, antiguo jefe de las SA y persona de confianza de Hitler, éste habría afirmado que "la idea de que el Sol sea representado como una divinidad que gira alrededor de la Tierra en un carro tirado por fogosos corceles únicamente puede proceder del Norte. Sólo allí el Sol gira en torno al círculo del horizonte... Y lo mismo pasa con la esvástica. Se trata de la rueda solar que gira de Este a Oeste en torno a la superficie habitada de la Tierra".

     En la misma línea, Alfred Rosenberg la define como "símbolo del Sol, de la vida fructífera y ascendente", y se adhiere a la creencia en el origen nórdico de la esvástica al afirmar que, "según está demostrado", desde el 3.000 a.C. las "oleadas de pueblos nórdicos" llevaron este símbolo a Grecia, Roma, Troya y la India. La esvástica pasa a convertirse así en una prueba más del origen nórdico de toda cultura. También los libros de texto avalaban la suposición de que la esvástica habría llevado el culto nórdico de la luz hasta Oriente, ya que, debido a causas climáticas, allí difícilmente podría existir un símbolo tan enfático del Sol.

     Desde su adopción oficial por parte del nacionalsocialismo, la esvástica se convirtió en un elemento omnipresente en todo el Tercer Reich. En los grandes actos masivos nazis, se creaban "esvásticas humanas" en forma de rueda giratoria de fuego constituídas por cientos de seguidores del régimen portadores de una antorcha que avanzaban y rotaban lentamente en círculo, permitiendo que las impactantes llamas en movimiento realzaran la idea de la "rueda solar". En algunos actos diurnos, como en una gran concentración juvenil celebrada en Weimar, un gran grupo de gimnastas vestidos de negro formó una esvástica en rotación dentro de un círculo de muchachas de blanco. Profusamente exhibida en toda clase de festejos o actos oficiales, obligatoriamente expuesta en ventanas y balcones de las casas privadas en las ocasiones estipuladas por el régimen, empleada como ornamento arquitectónico o como insignia en medallas y uniformes, explotada propagandísticamente en toda clase de objetos, desde envoltorios de caramelo hasta porcelanas (Klemperer recuerda haberla visto en pelotas infantiles y en tubos de pasta dentífrica), la esvástica pronto llegó a ser plenamente identificada con el nacionalsocialismo, hasta el punto de que aún hoy resulta inseparable de él.

     Los tempranos intentos por contrarrestar este calculado efecto propagandístico por parte de los partidos democráticos o de Izquierda no llegaron a cuajar. En 1932 el partido socialdemócrata SPD diseñó su propio símbolo a fin de combatir al enemigo nacionalsocialista con sus mismas armas, consistente en tres flechas dirigidas hacia el suelo y unidas por una banda horizontal. Esta "anti-esvástica", cuyas tres flechas representaban la actividad, la disciplina y la unidad, era pintada en actitud agresiva sobre las esvásticas de los carteles propagandísticos nacionalsocialistas y pretendía alentar a los trabajadores a que combatieran el fascismo y el capitalismo. No obstante, este símbolo llegó demasiado tarde, no se impuso con la contundencia suficiente y, por añadidura, cuestionaba la pretendida orientación humanista y racional de la socialdemocracia, supuestamente alejada del irracionalismo de la imaginería simbólica del enemigo, por lo que este nuevo símbolo artificial no tardó en caer en el olvido y ser rápidamente aplastado por la omnipresencia de la esvástica.

     Con todo, el principal competidor simbólico de la esvástica no fue un símbolo político sino religioso: la cruz latina del cristianismo. Aunque la disposición a "morir por la cruz" puesta de manifiesto durante las Cruzadas constituyó un referente histórico que la esvástica nacionalsocialista pretendía emular, el sometimiento y la humillación física de Jesús rememorados a través del crucifijo debían ser sustituídos por el luminoso espíritu de victoria del héroe germánico representado por el "símbolo solar" de la esvástica. Así, el precursor nacionalsocialista Alfred Schuler ya había contrapuesto la esvástica a la "cruz de tortura" de los cristianos. El juego de asociaciones entre la cruz cristiana y la esvástica era muy frecuente, y pueden encontrarse rastros de él en casi todos los ámbitos. Así, por ejemplo, la dedicatoria de un libro obsequiado a Hitler en 1933 rezaba "al Mesías de la esvástica". También las capillas de las escuelas alemanas eran decoradas con la esvástica durante la celebración de las "festividades matinales" que sustituían a las oraciones matutinas. También Göring tenía en su casa una capilla bajo el signo de la esvástica, y los conjuntos florales que enviaba a sus familiares políticos suecos o a la tumba de su difunta esposa siempre adoptaban esa forma.

     El historiador de las religiones Harald Strohm, por su parte, ve en la esvástica reminiscencias maniqueas al afirmar que los nacionalsocialistas la concebían como la rueda de una noria cósmica que va segregando los elementos luminosos de la sangre aria apartándolos de su mezcla con la oscuridad y proyectándolos hacia el paraíso. Para Strohm, la esvástica nacionalsocialista es un correlato de la cruz luminosa o sphaira maniquea, proyectada en el cielo por los astros en la intersección imaginaria entre el Ecuador celeste y el eje de la eclíptica. Los maniqueos interpretaban la "X" así formada como la rueda cósmica que impulsaba hacia el universo a las almas que habían logrado redimirse de su vinculación a la materia, siendo, por tanto, capaz de distinguir entre el bien y el mal.

     Actualmente, la esvástica es un símbolo inseparable del Tercer Reich, hasta el punto de que su exhibición está prohibida en Alemania. Pocos símbolos han visto relegado a tan gran extremo su significado original. Así, no es infrecuente que los turistas occidentales [lavados de cerebro] de visita en la India se sientan provocados y expresen su enojo ante la contemplación de las esvásticas que siguen decorando toda clase de edificios, desconocedores del significado positivo que todavía se le atribuye en la cultura hindú. Más que cualquier razón ideológica, es la intensa capacidad provocadora de este símbolo en las sociedades occidentales posteriores a 1945 la que ha llevado a que algunos grupos contraculturales, como el movimiento heavy metal, la incorporen a su vestimenta como señal de rebeldía. Evidentemente, la esvástica sigue siendo el símbolo por excelencia de los grupos neo-nazis, aunque las asociaciones vinculadas a ella hayan promovido la reciente aparición de algunos símbolos nuevos "sólo para iniciados", como el llamado "Sol Negro", una estrella de doce brazos angulados insertada en un círculo, que consituye una variante de la esvástica mucho más compleja pero menos comprometedora.–




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