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domingo, 19 de octubre de 2014

Frank Ellis - Multiculturalismo y Marxismo



     En varios sitios puede hallarse el siguiente artículo (Multiculturalism and Marxism) del académico británico Frank Ellis, quien era un profesor y conferencista sobre estudios rusos y eslavos en la Universidad de Leeds en Inglaterra hasta que en 2006 fue obligado a retirarse tras expresar su apoyo a estudios que demuestran la correlación entre niveles de inteligencia y razas, en un escandaloso caso de la tiranía de la "corrección política", que es una dictadura de la Izquierda liberal, sobre todo en las universidades y los medios de comunicación (es decir, hostigado por oponerse a las directrices de la Escuela de Frankfurt). En el siguiente texto que hemos traducido, publicado lo más antiguo en las ediciones de Noviembre y Diciembre de 2000 en The Schwarz Report, pero referido como ya presentado en Julio de 2000 en otra publicación, su autor pone el énfasis en el origen soviético de esta tendencia que se ha apoderado de la vida cultural occidental, y analiza lúcidamente algunas perspectivas de lo mismo.


Multiculturalismo y Marxismo
Una Mirada a los Orígenes Soviéticos
de la "Corrección Política"
por Frank Ellis
Julio de 2000



     "Para los propósitos de la vida diaria era sin duda necesario, o a veces necesario, reflexionar antes de hablar, pero un miembro del Partido llamado a hacer un juicio político o ético debería ser capaz de rociar las opiniones correctas tan automáticamente como una ametralladora rocia balas" (George Orwell, "1984").


     Ninguna sociedad exitosa muestra una tendencia espontánea hacia el multiculturalismo o el multi-racismo. Las sociedades exitosas y duraderas muestran un alto grado de homogeneidad. Aquellos que apoyan el multiculturalismo o bien no saben esto o, lo que es más probable, comprenden que si ellos deben transformar las sociedades occidentales en burocracias estrictamente reguladas, multi-raciales y feministas, ellos deben debilitar primero aquellas sociedades.

     Esta transformación es tan radical y revolucionaria como el proyecto de establecer el comunismo en la Unión Soviética. Así como cada aspecto de la vida tenía que ser puesto bajo el control político para que los comisarios pudieran imponer su visión de la sociedad, los multiculturalistas esperan controlar y dominar cada aspecto de nuestras vidas. A diferencia de la dura tiranía de los soviéticos, la de éstos es una tiranía más suave, más moderada, pero una con la que ellos esperan sujetarnos tan fuertemente como a un prisionero en el Gulag. La "corrección política" de hoy es el descendiente directo del terrorismo y lavado de cerebro comunista.

     A diferencia de la implantación obviamente foránea que fue el comunismo, lo que hace del multiculturalismo algo particularmente insidioso y difícil de combatir es que éste usurpa la infraestructura moral e intelectual de Occidente. Aunque afirme defender las más profundas creencias mantenidas en Occidente, es de hecho una perversión y un debilitamiento sistemático de la idea misma de Occidente.


Las Fechas Se Remontan a la Unión Soviética

     Lo que llamamos "corrección política" realmente se remonta a la Unión Soviética de los años '20 (politicheskaya pravil'nost', en ruso), y fue la extensión del control político a la educación, la psiquiatría, la ética y la conducta. Era un componente esencial del intento de asegurarse de que todos los aspectos de la vida fueran consecuentes con la ortodoxia ideológica, que es el rasgo distintivo de todos los totalitarismos. En el período post-Stalin, la corrección política significaba incluso que el disenso era visto como un síntoma de enfermedad mental, para la cual el único tratamiento era el encarcelamiento.

     Como Mao Tse-Tung, el Gran Timonel, dijo, "No tener una orientación política correcta es como no tener un alma". El "Pequeño Libro Rojo" de Mao está lleno de exhortaciones para seguir el camino correcto del pensamiento comunista, y hacia fines de los años '60 la corrección política maoísta estaba bien establecida en las universidades estadounidenses. La etapa final del desarrollo, que estamos presenciando ahora, es el resultado de una fertilización cruzada con todos los últimos "ismos": anti-racismo, feminismo, estructuralismo y post-modernismo, que ahora dominan los planes de estudio universitarios. El resultado es una nueva y virulenta variedad de totalitarismo, cuyos paralelos con la Era comunista son obvios. Los dogmas de hoy han conducido a exigencias rígidas de lenguaje, pensamiento y comportamiento, y los infractores son tratados como si ellos fueran mentalmente desequilibrados, tal como ocurría con los disidentes soviéticos.

     Algunos han argumentado que es injusto describir el régimen de Stalin como "totalitario", indicando que un hombre, no importa cuán despiadadamente él ejerciera el poder, no podía controlar todas las funciones del Estado. Pero, de hecho, él no tuvo que hacerlo. El totalitarismo era mucho más que el terrorismo estatal, la censura y los campos de concentración; se trataba de un estado de ánimo en el cual la misma idea de una opinión privada o un punto de vista había sido destruída. El propagandista totalitario obliga a la gente a creer que la esclavitud es libertad, que la miseria es generosidad, que la ignorancia es conocimiento, y que una sociedad rígidamente cerrada es la más abierta en el mundo. Y una vez que a suficientes personas se les hace pensar de esta manera, dicha sociedad es funcionalmente totalitaria, incluso si un dictador no controla personalmente todo.

     Hoy, por supuesto, se nos hace creer que la diversidad es fuerza, que la perversidad es virtud, que el éxito es opresión, y que la repetición implacable de estas ideas una y otra vez es "tolerancia y diversidad". En efecto, la revolución multicultural lleva a cabo la subversión en todas partes, tal como lo hicieron las revoluciones comunistas: el activismo judicial socava el imperio de la ley; la "tolerancia" debilita las condiciones que hacen posible la verdadera tolerancia; y las universidades, que deberían ser paraísos de la libre investigación, practican la censura de un modo que rivaliza con el de los soviéticos.

     Al mismo tiempo, encontramos una implacable campaña en pro de la igualdad: la Biblia, Shakespeare, y la "música" rap, son sólo textos con "perspectivas igualmente válidas"; el comportamiento anormal y criminal es un "estilo de vida alternativo". Hoy, la novela "Crimen y Castigo" de Dostoievsky tendría que ser reformulada como "Crimen y Ayuda Psicológica".


Construído sobre la Violencia

     En la Era comunista, el Estado totalitario estaba construído sobre la violencia. Las purgas de los años '30 y el Gran Terror (que fue el modelo de Mao para su Revolución Cultural) usaron la violencia contra los "enemigos de clase" para obligar a la lealtad. Los miembros del partido firmaban sentencias de muerte para los "enemigos del pueblo" sabiendo que los acusados eran inocentes, pero creyendo en la corrección de las acusaciones. En los años '30, la culpa colectiva justificó el asesinato de millones de campesinos rusos. Como lo menciona Robert Conquest en "The Harvest of Sorrow. Soviet Collectivization and the Terror-Famine" (p. 143), la visión que tenía el Estado de esta clase campesina era que "ninguno de ellos era culpable de nada, pero ellos pertenecían a una clase que era culpable de todo". Al estigmatizar a instituciones y grupos enteros se hace mucho más fácil realizar el cambio en gran escala.

     Éste, por supuesto, es el atractivo de palabras como "racismo" y "sexismo" para los atacantes de la cultura de hoy: el pecado puede ser extendido mucho más allá de los individuos para incluír a las instituciones, la literatura, el lenguaje, la Historia, las leyes, las costumbres y civilizaciones enteras. La acusación de "racismo institucional" no es diferente de declarar a una clase económica entera como enemiga del pueblo. "Racismo" y "sexismo" son las armas de asalto del multiculturalismo, sus Grandes Ideas, tal como la guerra de clases lo era para los comunistas; y los efectos son los mismos.

     Si un crimen puede ser colectivizado, todos pueden ser culpables, porque ellos pertenecen al grupo incorrecto. Cuando los jóvenes de raza blanca son víctimas de preferencias raciales, ellos son la versión actual de los campesinos rusos. Incluso si ellos mismos nunca han oprimido a nadie, ellos "pertenecen a la raza que es culpable de todo".

     El objetivo de estas campañas multi-culturales es destruír el yo. Los movimientos de la boca, los gestos correctos, siguen, pero son la boca y los gestos de un zombie, del nuevo hombre soviético o, actualmente, del hombre políticamente correcto. Y una vez que suficientes personas han sido condicionadas de esta manera, la violencia ya no es necesaria. Ya alcanzamos el totalitarismo estable, en el cual la gran mayoría sabe lo que se espera de ellos y desempeñan sus roles asignados.


Totalitarismo Ruso

     Del experimento ruso con la revolución y la ingeniería social totalitaria han hecho una completa crónica dos de los mayores escritores de aquel país, Dostoievsky y Solyenitsin. Ellos diseccionan brillantemente los métodos y la psicología del control totalitario. "Los Demonios", de Dostoievsky, no tiene igual como análisis penetrante y perturbador de la mente revolucionaria y utópica. Los "demonios" son estudiantes radicales de las clases media y alta que coquetean con algo que ellos no entienden. La clase dirigente trata de congraciarse con ellos. Las universidades esencialmente han declarado la guerra contra la sociedad en general. El gran grito de los estudiantes radicales es la libertad: libertad con respecto a las normas establecidas de la sociedad y al comportamiento social, libertad con respecto a la desigualdad y en relación al pasado.

     El descenso de Rusia hacia el vicio y la locura es una poderosa advertencia de lo que sucede cuando una nación declara la guerra contra el pasado con la esperanza de construír un paraíso terrenal. Dostoievsky no vivió para ver las abominaciones que él predijo, pero Solyenitsin las experimentó de primera mano.

     "El Archipiélago Gulag" y "Agosto de 1914" pueden ser vistas como historias de ideas, ya que intentan explicar el destino terrible que aconteció en Rusia después de 1917. Solyenitsin identifica a la educación y el modo en que los profesores veían su deber como la inculcación de hostilidad hacia toda forma de autoridad tradicional, como los factores principales que explican por qué la juventud de Rusia fue seducida por ideas revolucionarias. En Occidente, durante las décadas del '60 y del '70 —que pueden ser colectivamente llamadas "los años '60"— escuchamos un eco poderoso de la capitulación mental colectiva de Rusia que tuvo lugar en la década de 1870 y que prosiguió durante la Revolución.

     Uno de los ecos del marxismo que sigue reverberando hoy es la idea de que la verdad reside en la clase (o en el género o en la raza o en la orientación erótica). La verdad no es algo a ser establecido mediante la investigación racional sino que depende de la perspectiva del hablante. En el universo multicultural, la perspectiva de una persona es "valorada" (una palabra favorita) según la clase. Las feministas, los negros, los ecologistas y los homosexuales tienen una reclamación mayor de la verdad porque ellos están "oprimidos". En la miseria de la "opresión" ellos ven la verdad más claramente que los hombres heterosexuales Blancos que los "oprimen". Ésta es una perfecta imagen de espejo de la superioridad moral e intelectual del proletariado marxista por sobre la burguesía. Hoy, la "opresión" confiere una "perspectiva privilegiada" que es esencialmente infalible. Para tomar prestada una expresión de "Slouching towards Gomorrah" de Robert Bork, los negros y las activistas feministas son "insensibles frente a los argumentos lógicos", tal como los verdaderos creyentes comunistas lo eran.


Rechazo de la Verdad Objetiva

     En efecto, los activistas feministas y anti-racistas rechazan abiertamente la verdad objetiva. Confiadas en que ellas han intimidado a sus opositores, las feministas son capaces de hacer toda clase de demandas, partiendo del supuesto de que los varones y las mujeres son iguales en todo sentido. Cuando los resultados no coinciden con aquella creencia, entonces ésa es sólo una evidencia más de la malignidad de los varones Blancos.

     Una de los espectáculos más deprimentes en Occidente hoy, particularmente en las universidades y en los medios de comunicación, es la disposición a tratar el feminismo como una importante contribución al conocimiento y a someterse a sus absurdos. Sorprendentemente, esto no requiere de violencia física. Es el deseo de ser aceptado lo que hace que la gente demuestre respeto por estos aspirantes a revolucionarios de clase media. Peter Verkhovensky, que orquesta el asesinato y el caos en "Los Demonios", lo expresa con admirable desprecio: "Todo lo que tengo que hacer es levantar mi voz y decirles que ellos no son lo suficientemente liberales". Los activistas raciales, por supuesto, juegan el mismo juego: Acuse a un liberal de fines del siglo XX de "racismo" o de "sexismo" y véalo desmoronarse en una orgía de auto-flagelación y auto-crítica maoísta. Incluso los "conservadores" se debilitan ante el sonido de aquellas palabras.

     Las antiguas libertades y las presunciones de inocencia no significan nada cuando se trata del "racismo": Usted es culpable hasta que demuestre que es inocente, lo que es casi imposible; e incluso así, usted es sospechoso para siempre. Una acusación de "racismo" tiene más o menos el mismo efecto que una acusación de brujería hecha en el siglo XVII en Salem.

     Es el poder de la acusación de "racismo" lo que ahoga la burla que por otra parte provocaría la idea de que deberíamos "valorar la diversidad". Si la "diversidad" tuviera beneficios reales, los Blancos querrían más de ello, y pedirían que aún más ciudades en Estados Unidos y Europa fueran entregadas a los inmigrantes. Por supuesto, ellos no se precipitan a abrazar la diversidad y el multiculturalismo; ellos están volando de cabeza en la dirección contraria. La valoración de la diversidad es un pasatiempo para la gente que no tiene que soportar sus beneficios.

     Una sociedad multicultural es una que es intrínsecamente propensa a entrar en conflicto, no en armonía. Por eso vemos un enorme crecimiento de las burocracias gubernamentales dedicadas a la resolución de disputas en los ámbitos raciales y culturales. Estas disputas nunca pueden ser resueltas permanentemente porque los burócratas niegan una de las causas principales: la raza. Por eso se habla tanto de lo "multi-cultural" en vez de lo "multi-racial", que es más preciso. Cada vez se introducen más cambios y legislaciones para hacer las sociedades anfitrionas cada vez más compatibles con las minorías raciales. Esto sólo crea más demandas, y alienta la guerra sin disparos contra los Blancos, su civilización, e incluso la idea de Occidente.


Censura Sistemática Masiva

     ¿Cómo es llevado adelante un programa tan radical? La Unión Soviética tenía un sistema masivo de censura —los comunistas incluso censuraban los mapas de las calles—, y vale la pena notar que había dos clases de censura: la censura ostensible de las agencias estatales, y la más sutil auto-censura que los habitantes de las "democracias populares" pronto aprendieron.

     La situación en Occidente no es tan sencilla. No hay nada remotamente comparable a la censura gubernamental de estilo soviético, y sin embargo tenemos la supresión deliberada del disenso. Arthur Jensen, Hans Eysenck, J. Philippe Rushton, Chris Brand, Michael Levin y Glayde Whitney han sido todos vilipendiados por sus opiniones raciales. El caso del profesor Rushton es particularmente preocupante porque su trabajo académico fue investigado por la policía. La tentativa de silenciarlo estuvo basada en las disposiciones de las leyes canadienses de expresión de odio. Ésta es justo la clase de terrorismo intelectual que uno esperaría en la vieja Unión Soviética. Encontrar esto en un país que está orgulloso de sí mismo por ser un pilar de la democracia liberal occidental es una de las consecuencias más inquietantes del multiculturalismo.

     Un modo de control de la opinión más suave que la censura absoluta es la actual obsesión con ficticios modelos a seguir. Hoy, el tema feminista y anti-racista es constantemente agitado en películas y en la televisión, como un ejemplo del principio de Bertold Brecht de que el artista marxista debe mostrar el mundo no como es sino como debería ser. Por ello es que tenemos tantas representaciones en pantalla de sabios jueces negros, honestas y astutas policías mujeres, genios computacionales pertenecientes a minorías, y, por supuesto, degenerados hombres Blancos. Esto es casi un préstamo directo del realismo socialista de estilo soviético, con sus descripciones idealizadas de robustos proletarios que derrotan a alimañas capitalistas.


Una Ideología para Terminar con Todas las Ideologías

     El multiculturalismo tiene las mismas ambiciones que el comunismo soviético. Es absolutista en la prosecución de sus diversas agendas, pero relativiza todas las otras perspectivas en su ataque contra sus enemigos. El multiculturalismo es una ideología para terminar con todas las otras ideologías, y estas aspiraciones totalitarias nos permiten sacar dos conclusiones:

     —Primero, el multiculturalismo debe eliminar toda oposición en todas partes. No puede haber ningún refugio seguro para los contra-revolucionarios.

     —Segundo, una vez que es establecido el paraíso multicultural, debe ser defendido a toda costa. La ortodoxia debe ser mantenida con todos los recursos del Estado.

     Tal sociedad estaría bien encaminada a convertirse en totalitaria. Ella podría no tener campos de concentración, pero tendría centros de reeducación y entrenamiento de la sensibilidad para aquellas tristes criaturas que todavía estuvieran involucradas en el "discurso hegemónico Blanco y masculino". Más bien que el rudo totalitarismo del Estado soviético tendríamos una versión más suave en la cual nuestras mentes estarían bajo la tutela del Estado. Estaríamos liberados de la carga de pensar, y por lo tanto incapaces de caer en la herejía de la incorrección política.

     Si pensamos en el multiculturalismo como otra manifestación del totalitarismo del siglo XX, ¿podemos consolarnos por el hecho de que la Unión Soviética finalmente colapsó?. ¿Es el multiculturalismo una fase, una crisis periódica a través de la cual está pasando Occidente, o representa esto algo fundamental y quizá irreversible?.

     A pesar de los esfuerzos de los elementos pro-soviéticos, Occidente reconoció al Imperio soviético como una amenaza. Pero no reconoce al multiculturalismo como una amenaza del mismo modo. Por esta razón, muchas de las presunciones y objetivos de éste permanecen incuestionadas. De todos modos, hay algunas razones para el optimismo; por ejemplo, la velocidad con la cual el término "corrección política" se puso de moda. Esto tomó a los radicales vitalicios completamente por sorpresa, pero esto es sólo una pequeña ganancia.


El Más Importante Campo de Batalla

     A largo plazo, el campo de batalla más importante en la guerra contra el multiculturalismo es Estados Unidos. La lucha probablemente será una lenta y frustrante guerra de desgaste. Si esto falla, la locura del multiculturalismo es algo con que los estadounidenses Blancos tendrán que vivir. Por supuesto, en algún punto los Blancos pueden exigir un final a ser castigados debido al fracaso negro. Como argumenta el profesor Michael Hart en "El Verdadero Dilema Estadounidense", podría haber una partición racial de Estados Unidos. Podemos encontrar que lo que pasó en los Balcanes no es peculiar a aquella parte del mundo.

     La guerra de razas no es algo que los acaudalados radicales deliberadamente estén buscando, pero sus políticas nos están empujando en aquella dirección.

     He sostenido hasta ahora que el contexto inmediato para entender la "corrección política" y el multiculturalismo es la Unión Soviética y su catastrófico experimento utópico. Y sin embargo la mentalidad políticamente correcta y multicultural es mucho más antigua. En "Reflexiones sobre la Revolución en Francia", Edmund Burke ofrece un retrato de los radicales franceses que es todavía relevante 200 años después de que él lo escribiera:

     "Ellos no tienen ningún respeto por la sabiduría de otros; pero lo saldan mediante una cantidad enorme de confianza en sí mismos. Para ellos es motivo suficiente para destruír un viejo esquema de cosas, el solo hecho de que sea viejo. En cuanto al nuevo, ellos no tienen ninguna clase de temor en cuanto a la duración de algo amontonado a toda prisa; porque la duración no es ningún problema para aquellos que piensan que poco o nada ha sido hecho antes de la época de ellos, y que colocan todas sus esperanzas en un descubrimiento".

     Por supuesto, el multiculturalismo está lejos de ser una solución para el conflicto racial o cultural. Muy por el contrario. El multiculturalismo es el camino a una especial clase de infierno que ya hemos visto en este macabro siglo XX, un infierno que el hombre, habiendo abandonado la razón y en rebelión contra el orden de Dios, construye para él y para otros.–





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