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domingo, 12 de octubre de 2014

El Tercer Reich contra el Afroditismo



     En el sitio counter-currents.com se publicó en dos partes (el 31 de Enero y el 1º de Febrero de 2011) el siguiente trabajo de Amanda Bradley (Nazi Fashion Wars), que tiene que ver con la lucha cultural que dio la Alemania de Hitler contra las influencias de la que se llama cultura afrodítica (de Afrodita), que es una cosmovisión opuesta a la que han tenido las sociedades arias tradicionales, en el sentido de que éstas ponen en un pie de igualdad al varón y a la mujer, privilegiando un modo de vestir y unas costumbres sencillas y austeras, contrariamente a las culturas orientales señaladas (afrodíticas), que asignan a la mujer el status de objeto sexual, y de allí la proliferación entre ellas de maquillajes, cosméticos y artificios que exteriorizan una falsa belleza antinatural, entre otros elementos extraños. Lo interesante del tema, y su no excesiva longitud, hizo que fundiéramos en castellano en un solo texto las dos partes originales.


Las Guerras Nacionalsocialistas por la Moda:
La Rebelión Evoliana
contra el Afroditismo en el Tercer Reich
por Amanda Bradley
Enero-Febrero de 2011





     «Nos gustaría que las mujeres siguieran siendo mujeres en su naturaleza, a través de toda su vida, en el propósito y cumplimiento de esas vidas, tal como deseamos igualmente que los hombres permanezcan siendo hombres en su naturaleza y en el propósito y cumplimiento de su naturaleza y sus objetivos» (Adolf Hitler).


     El Nacionalsocialismo promovió dos imágenes de la mujer: la madre campesina trabajadora en su vestido tradicional, y la mujer uniformada al servicio de su pueblo. Ambas imágenes eran un intento de combatir dos tipos de mujer que son foráneos en las sociedades europeas tradicionales: la mujer afrodítica y la mujer amazónica [guerrera].

     Para entender las implicaciones de estos dos tipos, debemos bosquejar primero la teoría de Johann Jakob Bachofen (1815-1887) acerca de las fases del desarrollo humano y su relación con el Tradicionalismo de Julius Évola, quien tradujo Das Mutterrecht (El Matriarcado) de Bachofen al italiano y escribió la Introducción [1]. Bachofen postulaba una visión progresiva de la Historia. Las civilizaciones más tempranas y más primitivas estaban basadas en la tierra, a las que Bachofen llamó "hetairo-afrodíticas" [hetaira = prostituta], ya que ellas estaban caracterizadas por la promiscuidad.


     Bachofen determinó que las sociedades Demeterianas [de Deméter, la diosa madre (dea mater) o de las cosechas], basadas en la agricultura, se desarrollaron como una rebelión frente al maltrato contra las mujeres en aquellas tempranas sociedades. Esa fase del desarrollo era matriarcal, y exaltaba a la mujer en su papel de esposa y madre, ya que se veía a la mujer y a la tierra como las fuentes de la generación.

     Posteriormente se desarrolló el patriarcado, en el que el Sol y el varón fueron vistos como la fuente de la vida. Los estados de conciencia, en consecuencia, fueron más allá de la tierra y la Luna hacia sociedades orientadas solarmente.

     Bachofen también esbozó varias regresiones dentro de su sistema. El culto de Dioniso fue una regresión desde un culto Demeteriano hacia uno basado en la tierra, como queda ejemplificado por su énfasis en la vid (es decir, la tierra), una disolución de ebriedad en la Naturaleza, y en las promiscuas ménades que eran sus seguidoras. Otra regresión se encontró en diversos ejemplos de mujeres amazónicas en la historia occidental, que suprimieron la necesidad de un principio masculino.

     Évola dijo que él integró las ideas de Bachofen en "un orden más amplio y más actualizado de ideas" [2]. Él postula el ciclo Ártico de la Edad de Oro como la tradición primordial. Las sociedades Demeterianas vinieron más tarde, y finalmente decayeron en los ciclos Amazónico y Afrodítico. Mientras tanto, hubo descensos en los ciclos Titánico y Dionisiaco, con un breve renacimiento del espíritu nórdico en la edad heroica. Aunque Évola y Bachofen discreparon sobre la primacía de la tradición nórdica, sus interpretaciones del afroditismo y otras degeneraciones son similares.

[2. Julius Evola, Revolt Against the Modern World, Rochester, Vermont, 1995, p. 211, nota].

     Como una sociedad basada en la tierra, la afrodítica está completamente enfocada en el mundo material. Estas sociedades son gobernadas por "la ley natural (ius naturale) del sexo motivado por la lujuria, y sin ninguna comprensión de la relación de la cópula con la concepción" [3]. Incluso la vida futura es vista no como un ascenso a un cielo, sino como un regreso a la Naturaleza. Bachofen describe el status de la mujer en estas culturas como el más bajo: ella es sólo un objeto sexual, la propiedad del jefe tribal o de cualquier hombre que la quiera. La interpretación de Évola es que en las sociedades afrodíticas es el status del varón el que es el más bajo, ya que la mujer es «el soberano del varón, que es simplemente el esclavo de sus sentidos y de su sexualidad, simplemente el ser "telúrico" que encuentra su descanso y su éxtasis sólo en la mujer» [4]. Si se interpretan las sociedades afrodíticas como degradantes de los varones, de las mujeres, o de ambos, un aspecto está claro: dicha cosmovisión enfatiza los aspectos inferiores del sexo, y presenta a la mujer como un objeto de innoble lujuria. Contrastado con esto están las sociedades Demeterianas, en las cuales la monogamia y el amor hacia la esposa y la madre sustituyen a la mera lujuria.

[3. Joseph Campbell, Introducción a Myth, Religion, and Mother Right de J. J. Bachofen, Princeton, 1967, pp. xxx–xxxi].
[4. Évola, Do We Live in a Gynaecocratic Society?, http://thompkins_cariou.tripod.com/id8.html].

     Tales culturas afrodíticas se encuentran sólo en las sociedades pre-arias y anti-arias. En la historia de Occidente, Évola teoriza que las sociedades basadas en el Sol podían ser encontradas originalmente a través de toda Europa. En las áreas de más al Sur de Europa, al menos en la línea de tiempo de la Historia registrada, las fuerzas solares no resistieron a las fuerzas opositoras durante mucho tiempo. Según Joseph Campbell, estas fuerzas terrenales y lunares emigraron al Mediterráneo desde el Este, ya que el principio oriental fue encontrado en los "legados afrodíticos, demeterianos y dionisiacos de los sabinos y los etruscos, en la Cartago helenística y, finalmente, en el Egipto helenístico de Cleopatra" [Campbell, Introducción a Bachofen, p. xlviii]. Así, gran parte de lo que asociamos con la Grecia clásica no puede suponerse que fuera europeo sino que debe ser interpretado a la luz de las degeneraciones que se desarrollaron por su contacto con el Este. Roma, según Évola, fue capaz de rechazar la influencia del culto telúrico-maternal debido a su establecimiento de una organización política firme que estaba centrada en los principios varoniles de una cosmovisión solar.

     Además de las esferas del amor y la familia, las sociedades afrodíticas tienen también implicaciones políticas de gran alcance. Los cultos de la tierra y lunares no eran necesariamente (de hecho, raramente) gobernados por mujeres, pero como ginecocracia [o ginarquía o matriarcado = gobierno de las mujeres], ellos fomentan "el igualitarismo de la ley natural, el universalismo y el comunismo". La idea es que las sociedades afrodíticas basadas en la tierra veían a todos los hombres como hijos de una tierra. Así, «cualquier desigualdad es una "injusticia", un ultraje a la ley de la Naturaleza». Las orgías antiguas, escribe Évola, "estaban orientadas a celebrar el retorno de los hombres al estado de naturaleza mediante la abolición momentánea de cualquier diferencia social y de cualquier jerarquía" [Évola, Gynaecocratic]. Esto también explica por qué en algunas culturas las castas inferiores practicaban ritos telúricos o lunares, mientras que los ritos solares estaban reservados para la aristocracia.

     Éstos eran los elementos afrodíticos que se habían abierto camino en la República de Weimar y el Tercer Reich, y que los nacionalsocialistas trataron de refrenar, junto con la moderna mujer amazónica (la mujer soltera, sin hijos, dedicada a una profesión, con trajes varoniles). El tipo Afrodita estaba representado por «la "estrella de cine" o alguna fascinante aparición similar afrodítica» [Évola, Introducción]. En su introducción a los escritos de Bachofen, el erudito nacionalsocialista Alfred Baeumler escribió que el mundo moderno tiene todas las características de una época ginecocrática. Escribiendo acerca de la mujer europea de ciudad, él dice: "La mujer fascinante es el ídolo de nuestros tiempos, y, con sus labios pintados, ella camina por las ciudades europeas como lo hizo una vez hizo por Babilonia" [Alfred Baeumler, citado en Évola, Introducción].

     Los intentos de los nacionalsocialistas de combatir el tipo afrodítico de mujer eran manifiestos en diversas campañas y en los escritos de los líderes nacionalsocialistas. El intento más destacado fue la promoción del tipo Gretchen (la mujer demeteriana, en su papel como madre y esposa), y el desaliento de cualquier cosa que estimulara la caída de la mujer hasta convertirse en un juguete sexual más bien que en una compañera para los varones. El énfasis principal fue colocado en la disuasión de los vestidos provocativos, del maquillaje y del cabello poco natural, todo lo cual tiene asociaciones con los cultos de Oriente basados en la tierra. Según Évola, el espíritu judío enfatiza los aspectos materialistas y sensualistas de la vida, y ve al cuerpo como un instrumento material de placer más bien que como un instrumento del espíritu. Así, ideologías como el cosmopolitismo, el igualitarismo, el materialismo y el feminismo son frecuentes en una sociedad que tiene una cosmovisión impregnada con un espíritu semítico [5].

[5. Michael O’Meara, Evola’s Anti-Semitism, http://www.toqonline.com/blog/evolas-anti-semitism/].

Wolf Willrich, "Family".

     Évola clasificó al espíritu ario como solar y varonil, y al espíritu judío como lunar y femenino. Usando el sistema de clasificación de Bachofen, el espíritu judío se enmarca más fácilmente en las culturas afrodíticas y basadas en la tierra, donde la mujer como objeto sexual prevalece sobre la mujer como madre. De hecho, hubo varias versiones de "mujeres asiáticas de la realeza con rasgos afrodíticos, sobre todo en las antiguas civilizaciones de linajes semíticos" [Évola, Gynaecocratic]. Una revisión de la evidencia arqueológica de los pueblos arios y semíticos revela que, en efecto, los únicos registros de la cultura afrodítica en Occidente (como es determinado por el moldeamiento cultural de la mujer como un objeto sexual mediante la moda, el maquillaje y la idea de una belleza antinatural) son el resultado de una influencia del Este.


El Estilo Afrodítico y los Cosméticos Están Ausentes de la Historia de los Europeos del Norte, y Se Encuentran en las Culturas Mediterráneas a consecuencia de la Influencia Oriental

     Las civilizaciones europeas unánimemente asociaron la belleza antinatural, conseguida por medio de cosméticos y teñido de cabellos, con las castas más bajas. Esto porque en las sociedades tradicionales la "salud" era un símbolo de "virtud", y fingir salud o belleza era una tentativa de enmascarar la Verdad [Évola, Revolt, p. 102]. Aunque los cosméticos y la joyería fueron usados ritualmente en las civilizaciones antiguas, su uso finalmente degeneró en una función puramente materialista.

     Los europeos más antiguos tendieron hacia la simplicidad en el vestido y el aspecto. Los adornos eran usados únicamente para significar la casta o hechos heroicos, o eran amuletos o talismanes. En la Grecia antigua, las joyas nunca eran llevadas puestas para el uso diario, sino reservadas para ocasiones especiales y apariciones públicas. En Roma también se pensaba que la joyería tenía un poder espiritual [6]. La moda occidental a menudo fue usada para mostrar el rango, como en las bandas púrpuras y los zapatos rojos de los patricios romanos. Las culturas del Mediterráneo, bajo la influencia de Oriente, fueron las primeras en hacerse extravagantes en el vestido y el maquillaje. Cuando esta influencia se extendió a Europa del Norte, ésta ya había sido cristianizada, y el maquillaje no apareció de nuevo en Europa del Norte sino hasta el siglo XIV, después de lo cual siguió un largo período en que se lo asoció con la inmoralidad [7].

     [6. Robert I. Bradshaw, Creationism & the Early Church, cap. 5, http://www.robibradshaw.com/chapter5.htm].
     [7. Cosmetics use resurfaces in Middle Ages, http://timerime.com/es/evento/284208/Cosmetics+resurfaces+in+Middle+Ages/]-

     No hay ninguna evidencia firme, arqueológica o narrativa, para el uso de maquillaje entre los anglosajones. Sólo una historia existe sobre su uso entre los vikingos, la del viajero del siglo X d.C. Ibrahim al-Tartushi, quien sugirió que los vikingos en Hedeby (en la moderna Alemania del Norte) usaban el kohl para protegerse contra el mal de ojo (obviamente una importación de Oriente). En vez del maquillaje (aparte de su pintura de guerra descrita a menudo), los antiguos europeos del Norte se enfocaron en la limpieza y la simplicidad, así como en aceites basado en plantas y en la aromaterapia. La evidencia arqueológica revela utensilios de aseo para mantener el cabello ordenado y los dientes limpios, y el cabello largo era un elemento esencial de belleza para las mujeres [8]. Gran parte de la joyería usada por los vikingos era religiosa, recibida como recompensa por la valentía en la batalla, o usada para sujetar la ropa (como broches) [Fiona McDonald, Jewelry and Makeup through History, Milwaukee, Wisconsin, 2007, p. 13].

[8. In Pursuit of Beauty, http://www.octavia.net/9thclife/Cosmetics.htm].

     La Grecia y la Roma antiguas comenzaron de manera similar a Europa del Norte en los ámbitos de la moda y la belleza, pero fueron rápidamente influídas por el Este. Los cosméticos fueron introducidos en Roma desde Egipto, y llegaron a estar asociados con prostitutas y esclavos. Las prostitutas tendían a usar más maquillaje y perfume a medida que se hacían más viejas, prácticas que fueron despreciadas como tentativas de enmascarar los aspectos y olores desagradables de las clases inferiores. De hecho, la palabra latina "lenocinium" significa tanto "prostitución" como "maquillaje". Durante mucho tiempo, los cosméticos también estuvieron asociados con razas no-blancas, en particular con las de Oriente. Cuando Roma degeneró, sin embargo, el uso de maquillaje se extendió a muchas clases, con esclavos especializados que dedicaban mucho tiempo a la aplicación de pintura facial a sus amos, sobre todo para aclarar el color de la piel.

     Aunque los cosméticos llegaron a ser más aceptados en Roma, su uso era contrario a las creencias romanas y fue desalentado en sus escritos. Los romanos no creían en el "embellecimiento antinatural" sino sólo en la preservación de la belleza natural, para la cual había muchos compuestos. Tal belleza no adulterada estaba asociada con la castidad y la moralidad. Como un ejemplo, las Vírgenes Vestales no usaban maquillaje. Una que lo hizo, Postumia, fue acusada de incestum, una amplia categoría que significa actos inmorales e irreligiosos.

     Sumado a esto, los hombres romanos encontraban sospechoso cuando las mujeres trataban de parecer hermosas: las implicaciones del uso de cosméticos incluían una carencia de belleza natural, carencia de castidad, potencial para el adulterio, capacidad de seducción, aversión antinatural a los roles tradicionales de las mujeres, manipulación, y falsedad. El poeta Juvenal escribió: "Una mujer compra perfumes y lociones con el adulterio en mente". Séneca creía que el uso de cosméticos estaba contribuyendo a la decadencia de la moralidad en el Imperio de Roma, y aconsejaba que las mujeres virtuosas los evitaran [9]. El único texto sobreviviente de Roma que aprueba los cosméticos, Medicamina Faciei Femineae (Cosméticos para el Rostro Femenino), de Ovidio, da remedios naturales para una piel más blanca y para las manchas, pero alaba las virtudes de los buenos modales y una buena disposición como el más alto de todos los tratamientos de belleza.

[9. Cosméticos en la Antigua Roma, http://en.wikipedia.org/wiki/Cosmetics_in_Ancient_Rome].

     Originalmente, los peinados más simples eran apreciados en Roma, con las mujeres llevando su pelo largo, a menudo con un cintillo. Las muchachas más jóvenes privilegiaban un moño en la nuca del cuello, o un nudo encima de su cabeza. Los peinados complicados sólo se pusieron de moda en el Imperio romano cuando éste degeneró [10].

[10. http://www.tribunesandtriumphs.org/roman-clothing/roman-hairstyles.htm].

     En la antigua Grecia, también, el maquillaje pertenecía a la esfera de las mujeres de clase baja, quienes intentaban emular la piel clara de las clases altas, que solían habitar en interiores. El colorete a veces era usado para dar a la piel un brillo saludable y energético. Esta tradición fue seguida por las mujeres en la Edad Media, que también valoraban la piel clara.

     Los cosméticos, el teñido de cabello y los accesorios excesivos continuaron siendo asociados con mujeres sueltas a medida que la sociedad occidental era cristianizada. Ireneo incluyó a los cosméticos en una lista de males llevados a las mujeres que se emparejaron con los ángeles caídos. Los escritores cristianos tempranos Clemente de Alejandría, Taciano el asirio y Tertuliano, también remontan el origen de los cosméticos a los ángeles caídos [Robert I. Bradshaw, Ibid.].

     El vestido presenta un área más difícil de examinar. Aunque los nacionalsocialistas asociaron el vestido ligero con elementos extranjeros, éste no ha sido siempre el caso en Occidente. Las sociedades arias generalmente no moralizaban el sexo, ni veían al cuerpo como algo vergonzoso; las mujeres podrían mostrar un pecho desnudo o llevar puesta una túnica corta sin ser vistas como un objeto sexual. De hecho, Bachofen relata que vestidos más restrictivos representaban un paso hacia las culturas de Oriente, las cuales, viendo a la mujer como la tentadora, insisten en que se cubran extensamente. Según Plutarco, hablando del viejo espíritu dórico,

     «No había nada vergonzoso en la desnudez de las vírgenes, ya que ellas siempre estaban acompañadas por la modestia, y la lascivia estaba prohibida. Más bien esto les daba un gusto por la simplicidad y un cuidado por la dignidad externa» [Plutarco, citado en Bachofen, p. 171].

     Gran parte de estas diferencias en los tratamientos de belleza puede ser remontada a fuentes más profundas, a las diferencias en el espíritu de pueblos diferentes. Évola declara al espíritu romano como el lado positivo de la gente italiana, y al espíritu mediterráneo (más influído por Oriente) como el lado negativo que tiene que ser rectificado. El primer rasgo mediterráneo es el "amor por las apariencias externas y los grandes gestos", siendo del tipo que "necesita un escenario". En tal gente, dice él, hay una división en la personalidad: existe «un "yo" que desempeña el papel, y un "yo" que considera su parte desde el punto de vista de un posible observador o espectador, más o menos como hacen los actores».

     Una clase diferente de escisión, una que en cambio supervisa la conducta de alguien para evitar la "espontaneidad primitiva", es más propia del carácter romano. Los romanos antiguos tenían un modelo de "estilo sobrio, austero y activo, un exhibicionismo independiente, medido, dotado con una conciencia tranquila de la dignidad propia". Otro rasgo negativo del tipo mediterráneo, hace notar Évola, es el individualismo, provocado por "la propensión hacia las apariencias externas". Évola también cita la "preocupación por las apariencias, pero con poca o ninguna sustancia" como típica del tipo mediterráneo [11]. Tales diferencias de espíritu se manifestarán en las opciones materiales que son inherentes a pueblos diferentes.

[11. Évola, Men Among the Ruins: Post-War Reflections of a Radical Traditionalist, Rochester, Vermont, 2002, pp. 260–62].


Opiniones Judías sobre Joyería y Cosméticos como Afrodíticos, Participación Judía en la Industria de la Moda, y la Reacción de Alemania

     Hay muchas pruebas arqueológicas de cosméticos y otros tratamientos de belleza en Oriente, particularmente en Egipto y Asia. En las culturas árabes, el uso de cosméticos se remonta a tiempos antiguos, y no hay ninguna prohibición en la ley islámica contra los cosméticos. Aunque un uso simple de maquillaje o de tintura de cabello no podría ser una evidencia de un sistema afrodítico de creencias, si tal uso está destinado a confinar el papel de la mujer al ámbito sexual, entonces podemos suponer que hay elementos de la cultura que están basados en la tierra y que son opuestos a los cultos solares arios.

     El judaísmo no está históricamente opuesto a los cosméticos y a la joyería, aunque dos historias puedan ser interpretadas como acusaciones negativas contra los cosméticos y el ornato excesivo: Ester rechazó tratamientos de belleza antes de su presentación ante el rey persa, indicando que la belleza más alta es pura y natural; y Yezabel, quien se vistió con sus mejores galas y maquillaje de ojos antes de su muerte. Ambas historias pueden ser la raíz de algunas asociaciones entre maquillaje y prostitutas.

     En la mayoría de los casos, sin embargo, las opiniones judías sobre los cosméticos y la joyería tienden a ser positivas e indican el papel de la mujer como sexual: "En la cultura rabínica, la ornamentación, el vestido atractivo y los cosméticos, son considerados completamente apropiados para la mujer en su ordenado rol de compañera sexual". Además del uso diario, los cosméticos también son permitidos durante las fiestas en las cuales el trabajo (incluyendo la pintura, el dibujo y otras artes) está prohibido; la idea es que ya que es agradable para las mujeres arreglarse, esto no cae en la categoría prohibida de trabajo [12].

[12. Daniel Boyarin, "Sex", Jewish Women’s Archive, http://jwa.org/encyclopedia/article/sex].

     Además de las diferencias históricas entre las culturas en cuanto a los cosméticos, la joyería y las modas, la época moderna ha demostrado que ciertas razas entran más que otras en las industrias asociadas con la cosmovisión afrodítica. De manera aplastante, los judíos están sobre-representados en todas estas áreas. Después de la Primera Guerra Mundial, las industrias de la belleza y de la moda llegaron a ser dominadas por grandes corporaciones, muchas de las cuales estaban poseídas por judíos. De los cuatro pioneros de los cosméticos —Helena Rubinstein, Elizabeth Arden, Estée Lauder (nacida Mentzer) y Charles Revson (fundador de Revlon)— sólo Elizabeth Arden no era judía. Además, más del 50% de las grandes tiendas por departamentos en EE.UU. hoy fue comenzado o dirigido por judíos.

     Hitler no fue el único que notó la influencia judía en la moda y que la consideró dañina. Ya en Alemania existía una creencia de que las mujeres judías eran "propensas a excesos y extravagancias en su ropa". Además, los judíos fueron acusados de denigrar intencionalmente a las mujeres diseñando ropa inmoral y de mal gusto para las mujeres alemanas [13]. Había un aspecto económico en la oposición a los judíos en cuanto a la moda, puesto que muchos alemanes los consideraron responsable de sacar fuera del negocio a las fábricas de ropa más pequeñas y poseídas por alemanes. En 1933 se fundó una organización para remover a los judíos de la industria de la moda, la Adefa (Arbeitsgemeinschaft deutsch-arischer Fabrikanten der Bekleidungsindustrie, Asociación de Fabricantes Alemanes-Arios de la Industria del Vestido) [14]. La Adefa "apareció no debido a ninguna orden que hubiera emanado de lo alto dentro de la jerarquía estatal. Más bien fue fundada e integrada por personas que trabajaban en la industria de la moda" [Guenther, p. 16] Según las cifras de la Adefa, la participación judía era del 35% en ropa masculina de abrigo, sombreros y accesorios, y del 40% en ropa interior; del 55% en la industria peletera, y del 70% en ropa femenina de abrigo [Guenther, p. 159].

[13. Irene Guenther, Nazi "Chic"?: Fashioning Women in the Third Reich, Oxford, 2004, pp. 50–51, pdf en https://es.scribd.com/doc/40680075/Nazi-Chic-Fashioning-Women-in-the-Third-Reich].
[14. http://fashion-history.lovetoknow.com/fashion-history-eras/fascist-nazi-dress].

     Aunque a muchos alemanes les disgustara la influencia judía en la belleza y la moda, se reconoció que el problema no era tanto que una raza extranjera particular estuviera afectando a las mujeres alemanas, sino que cualquier influencia extranjera daba forma a sus vidas y alteraba su espíritu. Los nacionalsocialistas obviamente estaban conscientes del poder de los regímenes de vestuario y belleza para afectar el núcleo de la auto-imagen y del ser de la mujer. Según Agnes Gerlach, presidente de la Asociación para la Cultura de las Mujeres Alemanas,

     «No sólo la belleza ideal de otra raza es físicamente diferente, sino que la posición de una mujer en otro país será diferente en su actitud mental. Depende de la raza si una mujer es respetada como una persona libre o como una mujer mantenida. Estas actitudes básicas también influyen en la ropa de una mujer. El estilo vistoso del Sur subordinará su ropa a la presentación; el consolidado estilo nórdico, a la actividad. El ideal del Sur es el amante joven; el ideal nórdico es la mujer maternal. El exhibicionismo conduce a la deformación del cuerpo, mientras que la actividad obliga a cuidar el cuerpo. Estos indicios muestran ya que las influencias falsificadoras y degradantes emanan de una moda nacida de una ley y una raza extranjeras» [Agnes Gerlach, citada en Guenther, p. 146].

     Las declaraciones de Gerlach recuerdan completamente las descripciones de las culturas afrodíticas: Algunas culturas ven a las mujeres como objetos sexuales, y los elementos de la promiscuidad traspasan todas las áreas del vestido y el aseo de las mujeres; las culturas arias tienen una comprensión más amplia de las posibilidades del ser femenino y celebran la belleza natural de la mujer.


La Introducción de Elementos Afrodíticos en Alemania
y el Comienzo de las Batallas por la Moda

     Mucho antes del Tercer Reich, los alemanes combatieron a los franceses en el campo de la moda; fue una batalla entre la cultura afrodítica que había llegado hasta Francia, y la consideración Demeteriana de la mujer como esposa y madre. Tan temprano como en el siglo XVII fueron distribuídas hojas con imágenes satíricas alemanas que mostraban la "moral, maneras, costumbres y vanidad latinas" de los franceses como amenazando a la cultura nórdica en Alemania. En el siglo XX, París era la cumbre de la alta costura, y a medida que aumentaron las tensas relaciones entre los dos países, los franceses incrementaron sus caracterizaciones despectivas de las mujeres alemanas por no ser estereotípicamente afrodíticas. En 1914, un libro parisino de caricaturas presentaba a los alemanes como "una nación de payasos gordos, toscos y mal vestidos" [Guenther, pp. 21–22]. Y en 1917, un dibujo francés de la "Virtuosa Germania" la mostraba como "una mujer gorda, de grandes pechos, de aspecto malvado y con una mueca severa en su cara regordeta" [Guenther, p. 26].


     Hitler vio al conglomerado francés de la moda como una manifestación del espíritu judío, y era común oír que París estaba controlado por judíos. Las mujeres fueron disuadidas de llevar puestas modas extranjeras de vestuario como las de las tiendas judías y parisinas: «La seducción sexual era considerada como "cosmopolitismo judío", mientras que los tratamientos para adelgazar eran mal vistos como contrarios al impulso de los nacimientos» [15]. Así, la firme postura de los nacionalsocialistas en contra de todo lo francés era en parte una reacción a las cualidades latinas de la cultura francesa, que había emigrado al Mediterráneo miles de años antes, y que había puesto la imagen más alta de la mujer como algo que los hombres alemanes no querían: "un juguete de juego frívolo que superficialmente sólo piensa en el placer, que se adorna con baratijas y lentejuelas, y que parece un vaso reluciente pero cuyo interior es hueco y desolado" [Guenther, p. 93]. Tales valores no tenían lugar en el nacionalsocialismo, que promovía la autarquía, la frugalidad, el respeto por los recursos de la tierra, la belleza natural, una religiosidad verdadera (cristiana al principio, con el objetivo eventual de volver al paganismo), la lealtad a causas superiores (como Dios y el Estado), el servicio a la propia comunidad, y el papel de las mujeres como esposas y madres.

[15. Matthew Stibbe, "Women and the Nazi State", History Today, vol. 43, Noviembre de 1993].


Oposición a la Cultura Afrodítica en el Tercer Reich

     La mayoría de los estudiosos de la historia del Tercer Reich están familiarizados con los esfuerzos más populares para formar la vida de las mujeres: el programa Lebensborn para madres solteras, los préstamos sin interés para matrimonios y niños, y los carteles de propaganda que enfatizaban la salud y la maternidad. Pero algunas de las batallas más grandes en la lucha por las mujeres ocurrieron casi completamente dentro de la esfera de la moda, en revistas, salones de belleza y organizaciones femeninas.

     Los nacionalsocialistas no descartaron la moda sino sólo sus manifestaciones afrodíticas. Por el contrario, ellos entendieron la moda como un poderoso instrumento político para la formación de las costumbres de generaciones de mujeres. La moda y la belleza también fueron reconocidas como elementos importantes en la revolución cultural que es necesaria para el cambio político duradero. El escritor alemán Stefan Zweig comentó sobre la moda en los años '20:

     «Hoy su dictadura se hace universal en un tiempo muy corto. Ningún emperador, ningún kan en la historia del mundo experimentó alguna vez un poder similar, y ningún mandamiento espiritual una velocidad similar. El cristianismo y el socialismo requirieron siglos y décadas para ganar a sus seguidores, para hacer cumplir sus mandamientos sobre tantas personas, y hoy un sastre parisino moderno esclaviza en sólo ocho días» [Stefan Zweig, citado en Guenther, p. 9].

     Por esta razón, la Alemania Nacionalsocialista estableció un departamento de modas y a numerosas organizaciones femeninas como fuerzas activas de la hegemonía cultural. Gertrud Scholtz-Klink, la líder nacional de la NS-Frauenschaft (NSF, Liga Femenina Nacional-Socialista), dijo que el objetivo de la organización era mostrar a las mujeres cómo sus pequeñas acciones podían afectar a la nación entera [16]. Muchas de estas "pequeñas acciones" implicaban opciones diarias sobre el vestuario, las compras, la salud y la higiene.

[16. Jill Stephenson, Women in Nazi Germany, Essex, UK, 2001, p. 88].

     Los mayores enemigos de las mujeres, según el régimen nacionalsocialista, eran aquellas fuerzas anti-alemanas que trabajaban para denigrar a la mujer alemana. Éstas incluían la alta moda y los cosméticos de París, la moda judía, y la imagen de Hollywood de la vampiresa fuertemente maquillada y fumando cigarrillos, el arquetipo de la mujer afrodítica. Estas fuerzas no sólo tenían un impacto sobre la ropa femenina, sobre las opciones y las actividades de cuidado personal, sino que eran peligrosas ya que afectaban al espíritu mismo de la mujer alemana.

     Aunque la imagen de la mujer llevando un dirndl [vestido típico de corpiño ajustado y falda amplia] y trabajando en los campos fuera ampliamente promovida, Hitler no era anti-moda y comprendía el valor del vestido hermoso y que, a fin de conservar el apoyo femenino, él no podía suprimir completamente sus artículos de lujo. Parte de la razón de que él se opusiera a los planes de 1944 de Joseph Goebbels para cerrar las casas de modas y los salones de belleza no fue porque él discrepara sino porque estaba "temeroso de que aquello provocaría la hostilidad de las mujeres alemanas", en particular de aquellas de las clases medias en quienes él confió para obtener su apoyo [Stephenson, p. 133]. Hitler mostró su interés por la ropa de buen gusto cuando rechazó el primer diseño de los uniformes de las muchachas para la Bund Deutscher Mädel (BDM, Liga de Muchachas Alemanas) por considerarlos como "sacos viejos", y dijo que el aspecto no debería ser "demasiado primitivo" [Guenther, p. 120]. Y en una conferencia con líderes del partido él dijo:

     «La ropa no debería ahora volver de repente a la Edad de Piedra; habría que permanecer donde estamos ahora. Soy de la opinión de que cuando uno quiere un abrigo hecho, uno puede permitir que sea hecho elegantemente. No se hace más caro debido a eso... ¿Es realmente algo tan horrible cuando [una mujer] parece bonita? Seamos honestos: a todos nosotros nos gusta ver aquello» [Adolf Hitler, citado en Guenther, p. 141].


     Aunque entendiendo la necesidad del vestido de buen gusto y hermoso, los nacionalsocialistas estaban firmemente en contra de los elementos extraños al espíritu nórdico. La lista incluía la moda extranjera, los pantalones, la ropa provocativa, los cosméticos, los perfumes, las modificaciones del cabello (como colorantes y permanentes), la excesiva depilación de cejas, las dietas, el alcohol y los cigarrillos. En Febrero de 1916 el gobierno publicó una lista de "artículos de lujo prohibidos" que incluía cosméticos y perfumes extranjeros (es decir, franceses) [Guenther, p. 32]. Las permanentes y la tintura de cabellos eran fuertemente desaconsejadas. Aunque los nacionalsocialistas estaban contra la ropa provocativa en el vestido diario, ellos incentivaron la ropa deportiva, y ciertamente no eran mojigatos en cuanto a las muchachas jóvenes que llevaban puesto pantalones cortos para ejercitarse. Un paralelo de esto puede verse en el escaso vestido que usaban las muchachas espartanas durante sus ejercicios, una civilización caracterizada por su espíritu nórdico y su orientación solar.

     Algunos han dicho que Hitler estaba opuesto a los cosméticos debido a sus inclinaciones vegetarianas, ya que los cosméticos eran hechos de subproductos animales. Lo más probable es que él tuviera las mismas opiniones que impidieron a las mujeres usar maquillaje durante siglos en los países occidentales: la comprensión innata de que la mujer afrodítica es opuesta a la cultura aria. Los defensores nacionalsocialistas decían que «los labios rojos y las mejillas pintadas calzaban con la mujer "oriental" o "del Sur", pero tales medios artificiales sólo falsificaban la verdadera belleza y feminidad de la mujer alemana» [Guenther, p. 100]. Otros decían que cualquiera fuera la cantidad de maquillaje o de joyería, aquello era considerado "putesco" [Guido Knopp,  Hitler’s Women, New York, 2003, p. 231]. Las revistas en el Tercer Reich aún así llevaban publicidad de perfumes y cosméticos, pero los artículos comenzaban abogando por un maquillaje mínimo y de apariencia natural, ya que la verdad era que la mayoría de las mujeres eran incapaces de conseguir una imagen fresca y saludable sin un poco de ayuda de cosméticos.

     Aunque la joyería y los cosméticos no estaban prohibidos, a muchas áreas del Tercer Reich (les) era imposible entrar (a las mujeres) a menos que se ajustaran a los ideales nacionalsocialistas. En 1933, las mujeres "pintadas" fueron prohibidas en las reuniones del partido en Kreisleitung, en Breslau. A las mujeres que estaban en el programa Lebensborn no se les permitía usar lápices labiales, depilar sus cejas o pintar sus uñas [Guenther, p. 99]. Cuando usaban uniforme, a las mujeres se les prohibía llevar puesta joyería visible, guantes brillantemente coloreados, monederos brillantes y maquillaje obvio [Guenther, p. 129]. La BDM era también influyente en la formación de la moda en el régimen, con muchachas jóvenes adoptando el uso de inteligentes peyorativos que reforzaban el mensaje del régimen de que la belleza antinatural no era aria. El líder de la Juventud del Reich dijo:

     «La BDM no suscribe el ideal mentiroso de una belleza pintada y externa sino que más bien se esfuerza por una belleza honesta, que se encuentra en la formación armoniosa del cuerpo y en la noble tríada de cuerpo, alma y mente. Las miembros incondicionales de la BDM abrazaron de todo corazón ese mensaje, y llamaron a aquellas mujeres que trataban de alcanzar cosméticamente el ideal femenino ario como "N2" (Nordic Ninnies, bobas nórdicas) o "B3" (Blue-eyed, Blonde Blithering idiots, rubias de ojos azules tontas huecas)» [Guenther, p. 121].

     Los nacionalsocialistas ofrecieron muchas alternativas a los valores afrodíticos: la belleza de la mujer debía derivarse del buen carácter, ejercicios al aire libre, una buena dieta, una piel sana libre de productos químicos agresivos en el maquillaje, ropa cómoda (pero aún así elegante e insinuante), y del amor por su marido, sus hijos, su casa y su país. Los peinados más recomendados eran del estilo de moños o trenzas, que ahorraban el dinero de los viajes al salón de belleza y que eran vistos como más sanos y dignos del carácter alemán. De hecho, el Tracht (vestido alemán tradicional) era visto no simplemente como ropa sino también como "la expresión de un comportamiento espiritual y un sentimiento de valía... Exteriormente, comunica la expresión de la firmeza y la unidad sólida de la comunidad rural" [Guenther, p. 111]. Los diseños extranjeros de ropa, según Gerlach, condujeron a la "deformación y daño psicológico (y físico), y por ello a un deterioro nacional y racial" [Gerlach, citado en Guenther, p. 145].


* * *

     Algunas personas pueden verse inclinadas a interpretar la cultura afrodítica como positiva para los sexos, ya que pone el énfasis para las mujeres no en sus carreras sino en su existencia como seres sexuales. Los hombres a menudo animan tal comportamiento mediante la elección de sus compañeras de citas y elogiando un "look" afrodítico en las mujeres. Pero la cultura afrodítica no sólo es perjudicial para las mujeres, como Bachofen refiere, al reducirlas al status de esclavas sexuales de múltiples hombres, sino que también es degradante para los varones, al nivel de la personalidad y en los niveles más profundos del ser. Como Évola escribe acerca de la degeneración hacia el afroditismo:

     «La naturaleza ctónica e infernal penetra el principio varonil y lo rebaja a un nivel fálico. La mujer ahora domina al varón cuando él se convierte en un esclavo de los sentidos y en un mero instrumento de la procreación. Cara a cara con la diosa afrodítica, el varón divino queda sujeto a la magia del principio femenino y reducido a algo parecido a un demonio terrenal o a un dios de las aguas fecundantes; en otras palabras, a un poder insuficiente y oscuro» [Évola, Revolt, p. 223].

     El afroditismo también contribuye a la pérdida de la capacidad de maravillarse que es esencial para una cosmovisión basada en lo trascendente, ya que muchos ahora encuentran difícil ser conmovidos por lo ordinario. Josef Pieper habla de la importancia de ser capaz de ver lo divino en lo natural:

     «Si alguien necesita lo "inusual" para ser conmovido hasta el asombro, aquella persona ha perdido la capacidad de responder correctamente a lo maravilloso, lo admirable (mirandum), del ser. El hambre por lo sensacional... es un signo inequívoco de la pérdida del verdadero poder de maravillarse por parte de una Humanidad aburguesada» [17].

[17. Josef Pieper, Leisure: The Basis of Culture, South Bend, Indiana, 1998, p. 102].

     Una sociedad que promueve tanta belleza antinatural perderá sin duda la capacidad de experimentar lo maravilloso en lo natural. Es esencial que la gente conserve la capacidad de amar y de ser conmovida por lo puro y natural, a fin de retornar otra vez a una civilización centrada en una cosmovisión aria tradicional.–



1 comentario:

  1. Es muy buena la conclusión. Enhorabuena.

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