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jueves, 16 de octubre de 2014

Alfred Baeumler - Nietzsche y el Nacionalsocialismo



     A pesar de su fama, el material que puede encontrarse públicamente en castellano del filósofo alemán Alfred Bäumler (1887-1968) es equivalente a cero. Ninguna obra suya en la gran biblioteca y sólo unas mezquinas referencias. Hay en inglés (en library.flawlesslogic.com) un breve artículo, en dos fragmentos, de Bæumler, de 1937, que pertenecería a su libro Studien zur deutschen Geistesgeschichte, publicado en Berlín, que es lo que presentamos traducido ahora. Profesor universitario, cercano colaborador de Rosenberg, Bäumler, que fue Reichsamtsleiter de la Oficina de Ciencia, representante para la educación espiritual e ideológica del NSDAP, es conocido por haber interpretado a Nietzsche como un precursor del nacionalsocialismo (de hecho, su fama proviene de los estudios de la filosofía nietzscheana), desarrollando una visión a partir de allí llamada "realismo heroico". Al parecer fue también influyente en el campo de la pedagogía y de la estética en la Alemania del Tercer Reich. A tanto llega el oscurecimiento de su obra, que, habiendo él publicado en 1930 una serie de escritos hasta entonces inéditos de Nietzsche con el título de Die Unschuld des Werdens, que se traduce como La Inocencia del Devenir, hay quien ahora descaradamente publica un libro con ese mismo título y también acerca de Nietzsche, apropiándose del nombre, robándolo, y revelando una mala intención de confundir a futuro. Esperamos dar de Bäumler algunas otras noticias.


Nietzsche y el Nacional-Socialismo
por Alfred Bæumler, 1937



     Nietzsche y el Nacionalsocialismo están al otro lado de las tradiciones de la burguesía alemana. ¿Qué significa esto?.

     Las fuerzas espirituales que han formado a la burguesía alemana en los siglos pasados han sido el Pietismo, la Ilustración y el Romanticismo. El Pietismo fue el último movimiento religioso verdaderamente revolucionario en suelo luterano. Condujo a los hombres desde una realidad política desesperada hacia ellos mismos y los juntó en pequeños círculos privados. Fue un individualismo religioso que reforzó la inclinación hacia la preocupación por uno mismo, hacia el análisis psicológico y el examen biográfico. Cada tendencia apolítica y ajena al Estado necesariamente tuvo que encontrar apoyo y alimento en la Alemania pietista.

     El individualismo completamente diferente de la Ilustración también trabajó en esa dirección. Este individualismo no era de un carácter religioso y sentimental. Creía en la razón, era racional, pero era "político" sólo en que negaba el sistema feudal; era incapaz de erigir por sí mismo un sistema político duradero y fue capaz sólo de abrir el camino para el sistema económico del capitalismo. El hombre fue visto como una entidad totalmente individual, cortada de todos los órdenes y relaciones originales, como una persona ficticia responsable sólo ante sí misma.

     En contraste, el Romanticismo veía al hombre nuevamente a la luz de sus lazos naturales e históricos. El Romanticismo abrió nuestros ojos a la noche, al pasado, a nuestros ancestros, al mythos y al Volk. El movimiento que condujo desde Herder a Goerres, a los hermanos Grimm, a Eichendorff, Arnim y Savigny, es el único movimiento espiritual que está todavía completamente vivo. Es el único movimiento contra el cual Nietzsche tuvo que luchar...

     Cuando llamamos al Nacionalsocialismo una visión del mundo, queremos decir que no sólo los partidos burgueses sino también sus ideologías han sido aniquilados. Sólo personas malintencionadas podrían sostener que todo lo que ha sido creado por el pasado debe ser negado ahora. Más bien, queremos decir que hemos entrado a una nueva relación con nuestro pasado, que nuestra visión ha sido limpiada en cuanto a lo que era realmente poderoso en este pasado, pero que había sido nublado por la ideología burguesa. En pocas palabras, hemos descubierto nuevas posibilidades para comprender la esencia de la existencia alemana. Precisamente en esto Nietzsche nos ha precedido. Tenemos una visión del Romanticismo que es diferente de la suya. Pero su posesión más personal y solitaria, la negación de la ideología burguesa en conjunto, se ha convertido hoy en propiedad de una generación.


* * *

     Los fundamentos de la moralidad cristiana —el individualismo religioso, una conciencia culpable, la mansedumbre y la preocupación por la salvación eterna del alma— son todos absolutamente extraños a Nietzsche. Él se rebela contra el concepto de arrepentimiento: «No me gusta esa clase de cobardía acerca de las propias acciones; no se debería abandonar al propio yo en la situación previa al asalto de la desgracia y la aflicción inesperadas. Más bien, lo que se requiere allí es un orgullo extremo, puesto que, finalmente, ¿de qué sirve? Ninguna acción puede ser deshecha por el arrepentimiento».

     Lo que él quiere dar a entender aquí no es una reducción de la responsabilidad sino más bien su intensificación. Aquí habla el hombre que sabe cuánto coraje y cuánto orgullo es necesario para mantenerse ante el Destino. A partir de su amor fati [amor al destino propio], Nietzsche habló desdeñosamente acerca del cristianismo y su "perspectiva de la salvación". Como un hombre nórdico, nunca entendió para qué objetivo debería él ser "redimido". La religión mediterránea de la salvación es ajena y lejana a su actitud nórdica. Él puede entender al hombre sólo como un guerrero contra el Destino. Un modo de pensar que ve la lucha y el trabajo sólo como una penitencia, le parece incomprensible. «Nuestra vida real es una existencia falsa, apóstata y pecaminosa, una existencia de castigo». El sufrimiento, la batalla, el trabajo, la muerte, son simplemente tomados como objeciones contra la vida. «El hombre como inocente, ocioso, inmortal, feliz, este concepto de la "más alta deseabilidad", debe ser especialmente criticado». Nietzsche se vuelve apasionadamente contra la monástica vita contemplativa, contra el "sabbath de todos los sabbaths" de Agustín. Él elogia a Lutero por haberle puesto un final a la vita contemplativa. La melodía nórdica de lucha y trabajo suena fuerte y clara aquí. El acento con el cual pronunciamos estas palabras hoy, lo escuchamos de Nietzsche por primera vez.

     Llamamos a Nietzsche el filósofo del heroísmo. Pero ésa es sólo una verdad a medias si no lo consideramos al mismo tiempo como el filósofo del activismo. Él se consideraba a sí mismo como la contraparte histórica mundial a Platón. Las "obras" se producen no por el deseo de ostentación, no por el reconocimiento de valores "extra-mundanos", sino por la práctica, por las acciones siempre repetidas. Nietzsche emplea una famosa antítesis para aclarar esto: «Primero y sobre todo está el trabajo. Y esto significa ¡ejercicio, ejercicio, ejercicio! La fe que lo acompaña vendrá por sí misma. De eso usted puede estar seguro». Nietzsche se opone a la proscripción cristiana de la esfera política, de la esfera de la acción por completo, con la tesis que también superó el contraste entre catolicismo y protestantismo (obras y fe): «Uno tiene que entrenarse no en el reforzamiento de los sentimientos de valor, sino en la acción; uno tiene que saber cómo hacer algo». De esta manera él restableció la pureza de la esfera de acción, de la esfera política.

     Los "valores" de Nietzsche no tienen nada que ver con el Más Allá, y por lo tanto no pueden ser petrificados en dogmas. En nosotros, por medio de nosotros, ellos se elevan luchando hasta la superficie; ellos existen sólo mientras nos hacemos responsables de ellos. Cuando Nietzsche advierte "¡Permaneced fieles a la Tierra!", él nos recuerda la idea que está arraigada en nuestra fuerza pero que no espera su "realización" en un distante Más Allá. No es suficiente indicar el carácter "de este mundo" de los valores de Nietzsche si uno al mismo tiempo no quiere refutar la noción de que los valores son "realizados" por la acción. Algo inferior siempre está pegado a la "realización" de valores dados, ya sean estos valores de un carácter mundano o extra-mundano...

     La valoración nórdica y marcial de Nietzsche se opone a la del mundo mediterráneo y a la de los sacerdotes. Su crítica de la religión es una crítica del sacerdote, y proviene del punto de vista del guerrero, ya que Nietzsche demuestra que incluso el origen de la religión radica en el ámbito del poder. Esto explica la fatídica contradicción que hay en una moralidad basada en la religión cristiana. «Para asegurar el predominio de los valores morales, tiene que ser reclutada toda clase de fuerzas y pasiones inmorales. El desarrollo de valores morales es consecuencia de pasiones y consideraciones inmorales». La moralidad, por lo tanto, es la creación de la inmoralidad. «Cómo llega la virtud a gobernar: Este tratado se ocupa de la gran política de la virtud». Enseña por primera vez «que uno no puede provocar el reinado de la virtud por los mismos medios usados para establecer cualquier clase de dominio, y mucho menos por medio de la virtud». «Uno tiene que ser muy inmoral para provocar la moralidad haciendo uso de hechos». Nietzsche sustituye la filosofía moral burguesa por la filosofía de la voluntad de poder; en otras palabras, por la filosofía de la política. Si al hacer eso él se convierte en el apologista del "inconsciente", este "inconsciente" no debe ser entendido en términos de psicología profunda. Aquí el interés no es por las tendencias instintivas e inconscientes de un individuo, sino que más bien "inconsciente" aquí significa "perfecto" y "capaz". Y además, "inconsciente" también significa la vida como tal, el organismo, la "gran razón" del cuerpo.

     La conciencia es sólo un instrumento, un detalle en la totalidad de la vida. En oposición a la filosofía de la conciencia, Nietzsche afirma la aristocracia de la Naturaleza. Pero durante miles de años una moralidad cansada de la vida se ha opuesto a la aristocracia del fuerte y sano. Al igual que el Nacionalsocialismo, Nietzsche ve en el Estado, en la sociedad, "el gran mandatario de la vida", el responsable del fracaso de cada vida ante la vida misma. «La especie requiere la extinción de los inadaptados, los débiles y degenerados: pero el cristianismo como una fuerza de conservación apela especialmente a ellos». Aquí encontramos la contradicción básica: si uno procede de un contexto de vida natural, o bien de una igualdad de almas individuales ante Dios. En último término, el ideal de la igualdad democrática descansa sobre la segunda presunción. La primera contiene los fundamentos de una nueva política. Se requiere una audacia insuperable para basar un Estado sobre la raza. Un nuevo orden de cosas es la consecuencia natural de ello. Es este orden el que Nietzsche se comprometió a establecer en oposición al existente.

     Ante la fuerza abrumadora de la raza, ¿qué le ocurre al individuo? Él retorna, como un miembro singular en una comunidad. El instinto de rebaño es básicamente totalmente diferente del instinto de una "sociedad aristocrática", compuesta por hombres fuertes y naturales que no permiten que sus instintos básicos languidezcan a favor de un promedio mediocre; hombres que saben contener y controlar sus pasiones en vez de debilitarlas o negarlas. Esto otra vez no debe ser entendido desde un punto de vista individualista. Durante mucho tiempo las emociones tendrán que ser mantenidas bajo un control "tiránico". Esto sólo puede ser hecho por una comunidad, una raza, un pueblo...

     Si hubo alguna vez una expresión realmente alemana, es ésta: Uno debe tener la necesidad de ser fuerte, ya que de otro modo uno nunca lo será. Nosotros los alemanes sabemos lo que significa mantenernos contra toda oposición. Entendemos la "voluntad de poder", incluso si es de una manera totalmente diferente que lo que nuestros enemigos suponen. Incluso en conexión con esto, Nietzsche ha suministrado el sentido más profundo: «Nosotros los alemanes exigimos algo de nosotros mismos que nadie ha esperado de nosotros. Queremos más»..

     Si hoy vemos a la juventud alemana marchando bajo la bandera de la esvástica, vienen a nuestra memoria las "Consideraciones Intempestivas" de Nietzsche, en las cuales esta juventud fue interpelada por primera vez. Es nuestra mayor esperanza que el Estado hoy esté abierto de par en par a nuestra juventud. Y si hoy gritamos "¡Heil Hitler!" a esta juventud, al mismo tiempo también estamos aclamando a Nietzsche.–





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