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sábado, 13 de septiembre de 2014

Richard K. Moore - Escapando de la Matriz



     El siguiente artículo (Escaping the Matrix) que presentamos en castellano apareció primeramente a mediados de 2000 en la revista Whole Earth (wholeearth.com), y luego se publicó una segunda versión con una bibliografía recomendada en la edición Nº 62 de la revista New Dawn (newdawnmagazine.com), de Septiembre de 2000, de donde lo hemos tomado, exceptuando la bibliografía. Al parecer este artículo fue el inspirador del libro "Escaping the Matrix: How We the People Can Change the World" que el estadounidense señor Moore publicó en 2005. Partiendo de la famosa película The Matrix, Moore se explaya analizando la falsa dicotomía política entre Derecha e Izquierda, para luego profundizar sobre los mecanismos del sistema capitalista de control de las sociedades, que se ha enfebrecido a partir de 1945, apretando más sus garras. Aunque explora mayormente y de manera sensata los componentes políticos de dicha estructura (que para él es lo que constituye la Matriz), no deja de repasar algunos conceptos financieros, que a nadie le hace mal tener en cuenta. Más que en el porqué, el autor se limita al cómo de los acontecimientos que describe.


Más Allá de la Izquierda y la Derecha:
Escapando de la Matriz
por Richard K. Moore
Septiembre de 2000


¿Está Usted Listo para la Píldora Roja?

     El momento dramático definitivo en la película The Matrix ocurre justo después de que Morfeo invita a Neo a elegir entre una píldora roja y una azul. La píldora roja promete "la verdad, nada más". Neo toma la píldora roja y despierta a la realidad, algo completamente diferente de todo lo que Neo, o el público, pudieran haber esperado. Lo que Neo había aceptado como la realidad resultó ser sólo una ilusión colectiva, fabricada por la Matriz y proporcionada a una población que está adormecida, aislada en grotescas incubadoras embrionarias. En la famosa parábola de Platón sobre las sombras en las paredes de la caverna, la verdadera realidad es al menos reflejada en la realidad percibida. En el mundo de la Matriz la verdadera realidad y la realidad percibida existen en planos completamente diferentes.

     La historia está pensada como una metáfora, y los paralelos que atrajeron mi atención tienen que ver con la realidad política. Este artículo ofrece una perspectiva singular sobre lo que está pasando en el mundo —y cómo las cosas llegaron a ser de este modo— en esta época de globalización. Desde esa perspectiva de píldora roja, la realidad cotidiana consensuada por los medios de comunicación —como la Matriz en la película— aparece como una fabricada ilusión colectiva. Como Neo, yo no sabía lo que estaba buscando cuando comencé mi investigación, pero sabía que lo que me estaban diciendo no tenía sentido. Leí numerosas historias y biografías, observando las conexiones entre ellas, y comencé a desarrollar mis propias teorías acerca de las raíces de diversos acontecimientos históricos. Me encontré en gran medida de acuerdo con escritores como Noam Chomsky y Michael Parenti, pero también percibí importantes estructuras comunes que otros parecen haber pasado por alto.

     Cuando empecé a rastrear las fuerzas históricas y comencé a interpretar los acontecimientos actuales desde una perspectiva histórica, pude ver las mismas viejas dinámicas en funcionamiento, y encontré un significado en los eventos que se desarrollaban, muy diferente de lo que proclamaban las declaraciones oficiales. Tales declaraciones son, después de todo, una agenda de relaciones públicas, proporcionada por políticos que quieren quedar bien ante los votantes. La mayoría de nosotros esperamos retórica de los políticos, y tomamos lo que dicen con escepticismo. Pero a medida que mi propia imagen de la realidad actual asumía protagonismo, dicho escepticismo ya no fue algo figurado. Comencé a ver que esa realidad de consenso —generada por la retórica oficial y amplificada por los medios de comunicación— tiene muy poca relación con la verdadera realidad. "La Matriz" era una metáfora para la que yo estaba listo.

     En la realidad de consenso (la perspectiva de la píldora azul) "Izquierda" y "Derecha" son los dos extremos del espectro político. La política es un tira y afloja entre facciones competidoras, llevado a cabo por los partidos políticos y los representantes elegidos. La sociedad es arrastrada de este modo dentro del espectro político, reflejando los intereses del partido que haya ganado la última elección. La Izquierda y la Derecha son por lo tanto enemigos políticos. Cada bando está convencido de que sabe cómo mejorar la sociedad; cada uno cree que el otro disfruta de una influencia indebida; y cada uno culpa al otro por el estancamiento político que aparentemente impide a la sociedad enfrentar eficazmente sus problemas.

     Esta perspectiva del proceso político y de los roles de la Derecha y la Izquierda está muy lejos de la realidad. Es una fabricada ilusión colectiva. Morfeo le dice a Neo que la Matriz es "el mundo que fue puesto sobre tus ojos para esconderte la verdad... Mientras exista la Matriz, la Humanidad no puede ser libre". La realidad del consenso político es precisamente tal matriz. Luego daremos una nueva mirada al papel de la Izquierda y la Derecha, y a la política nacional. Pero primero debemos desarrollar nuestra perspectiva histórica de la píldora roja. He tenido que condensar los argumentos a lo más esencial.


El Imperialismo y la Matriz

     Desde los tiempos de Colón hasta 1945, los asuntos mundiales estuvieron en gran parte dominados por la competencia entre las naciones occidentales (originalmente Europa Occidental, a la que se sumó después Estados Unidos) que pretendían mantener sus esferas de influencia, controlar las rutas marítimas y explotar los Imperios coloniales. Cada potencia occidental se convirtió en el centro de una economía imperialista cuya periferia era manejada para beneficio de la nación-núcleo. El poderío militar determinaba la extensión de un Imperio; las guerras eran iniciadas cuando una nación-núcleo sentía que tenía el suficiente poder para expandir su periferia a costa de una competidora. Las economías y las sociedades de la periferia eran mantenidas atrasadas para mantener a sus poblaciones bajo control, para que proporcionaran mano de obra barata, y para garantizar mercados para los productos generados en la metrópolis. El imperialismo despojó a la periferia no sólo de su riqueza sino que además de su capacidad para desarrollar sus propias sociedades, culturas y economías en una forma natural para beneficio local.

     La fuerza impulsora detrás del imperialismo occidental siempre ha sido la búsqueda de la ganancia económica, desde cuando Isabel comisionó a Colón en su primer viaje empresarial. La retórica del Imperio acerca de las guerras, sin embargo, ha sido típicamente sobre otras cosas: la Responsabilidad del Hombre Blanco de llevar la verdadera religión a los paganos, el Destino Manifiesto [de los estadounidenses], la derrota del Peligro Amarillo o de los Hunos, la búsqueda del Lebensraum [espacio vital necesario], o hacer seguro al mundo para la democracia. Cualquier inventada motivación para la guerra o el Imperio serviría, siempre y cuando apelara a la conciencia colectiva de la población del momento. Las mentiras propagandistas de ayer fueron registradas y se convirtieron en la Historia de consenso, el tejido de la Matriz.

     Mientras los costos del Imperio territorial (flotas, administraciones coloniales, etc.) eran sufragados por los contribuyentes occidentales en general, las ganancias del imperialismo eran disfrutadas principalmente por corporaciones e inversionistas privados. El gobierno y las élites corporativas eran socios en el negocio del imperialismo: los Imperios le daban poder y prestigio a los líderes gubernamentales, y poder y riqueza a los líderes corporativos. Las corporaciones manejaban el verdadero negocio del Imperio mientras los líderes gubernamentales inventaban nobles excusas para las guerras que fueran necesarias para mantener el negocio en funcionamiento. La realidad de la Matriz era acerca de patriotismo, honor nacional y causas heroicas; la verdadera realidad estaba por completo en otro plano: en el de la economía.

     La industrialización, que comienza a finales del siglo XVIII, creó una demanda por nuevos mercados y crecientes materias primas; ambas demandas estimularon una acelerada expansión del Imperio. Los inversionistas adinerados amasaron fortunas estableciendo operaciones industriales y comerciales en gran escala, lo que condujo a la aparición de una influyente élite capitalista. Como cualquier otra élite, los capitalistas usaron su riqueza y su influencia para promover sus propios intereses como pudieran. Y los intereses del capitalismo siempre se reducen al crecimiento económico; los inversionistas deben cosechar más de lo que siembran o todo el sistema se detiene.

     Así, capitalismo, industrialización, nacionalismo, guerra e imperialismo —y la Matriz— evolucionaron simultáneamente. La producción industrializada de armamentos proporcionó el músculo para la guerra moderna, y el capitalismo proporcionó el apetito para usar dicho músculo. Los líderes gubernamentales desarrollaron las políticas necesarias para expandir el Imperio mientras creaban una Matriz retórica, en torno al nacionalismo, para justificar esas políticas. El crecimiento capitalista dependía del Imperio, el que a su vez dependía de una fuerte y estable nación núcleo para defenderlo. Los intereses nacionales y los intereses capitalistas estaban indisolublemente unidos, o así pareció por más de dos siglos.


La Segunda Guerra Mundial y la Pax Estadounidense

     1945 será recordado como el año en que finalizó la Segunda Guerra Mundial y fue rota la ligazón del núcleo atómico. Pero 1945 marcó también otra fisión trascendental: la rotura del vínculo entre los intereses nacionales y capitalistas. Después de cada guerra anterior, y en muchos casos luego de una gran devastación, las naciones europeas se habían recompuesto y habían reanudado su competencia por sus Imperios. Pero después de la Segunda Guerra Mundial se estableció una Pax Estadounidense. Estados Unidos comenzó a administrar todas las periferias occidentales en beneficio del capitalismo en general, mientras impedía que las potencias comunistas interfirieran en el juego. Las potencias capitalistas ya no necesitaron pelear por dominios de inversión, y el imperialismo competitivo fue reemplazado por el imperialismo colectivo. Las oportunidades para el crecimiento del capital ya no estuvieron ligadas al poder militar de las naciones, excepto el poder de Estados Unidos. En su libro "Killing Hope, U.S. Military and CIA Interventions since World War II", William Blum narra cientos de significativas intervenciones abiertas y encubiertas, mostrando exactamente cómo EE.UU. llevó a cabo su rol de administración imperial.

     En los años de posguerra, la realidad de la Matriz divergió aún más de la verdadera realidad. En el mundo de la Matriz de posguerra, el imperialismo había sido abandonado y el mundo estaba siendo "democratizado"; en el mundo real, el imperialismo había llegado a estar mejor organizado y a ser más eficiente. En el mundo de la Matriz, Estados Unidos "restableció el orden", o "acudió en ayuda" de naciones que estaban siendo "socavadas por la influencia soviética"; en el mundo real, la periferia estaba siendo reprimida y explotada sistemáticamente. En el mundo de la Matriz, los beneficios estaban yendo hacia la periferia en la forma de innumerables programas de ayuda; en el mundo real, una inmensa riqueza estaba siendo extraída desde la periferia.

     Las crecientes fallas en la Matriz no estaban siendo advertidas por la mayoría de la gente en Occidente, porque los años de posguerra produjeron allí niveles sin precedentes de prosperidad y progreso social. La retórica aseguraba que el progreso llegaría a todos, y los occidentales podían verlo materializándose en sus propios pueblos y ciudades. El Occidente se convirtió en el núcleo colectivo de un Imperio global, y el desarrollo explotador condujo a la prosperidad de las poblaciones occidentales, mientras generaba inmensas riquezas para las corporaciones, los bancos y los adinerados inversionistas de capital.


Fallas en la Matriz, Rebelión Popular y Neoliberalismo

     La agenda paralela de explotación del Tercer Mundo y prosperidad occidental funcionó eficazmente durante las dos primeras décadas de posguerra. Pero en los años '60, grandes cantidades de occidentales, particularmente los jóvenes y bien educados, comenzaron a notar fallas en la Matriz. En Vietnam, el imperialismo estaba demasiado desnudo como para ser exitosamente enmascarado como algo distinto. Se produjo una gran división en la conciencia pública estadounidense en cuanto millones de manifestantes contra la guerra y activistas de los derechos civiles perforaron el fabricado consenso de los años '50 y denunciaron la realidad de la explotación y la represión tanto en casa como en el extranjero. Surgió el movimiento ambientalista, que objetaba incluso la explotación del mundo natural. En Europa, 1968 se unió a 1848 como un año histórico de protesta popular.

     Estos acontecimientos perturbaron a los planificadores de la élite. La estabilidad del régimen de posguerra estaba siendo desafiado desde el interior del núcleo, y la fórmula de la prosperidad occidental ya no garantizaba la pasividad pública. Un informe publicado en 1975, el Informe de la Comisión Trilateral sobre la Gobernabilidad de las Democracias, proporciona un atisbo del pensamiento de los círculos de la élite. Alan Wolfe habla de este informe en el esclarecedor "Trilateralismo", de Holly Sklar. Wolfe se enfoca especialmente en el análisis que el profesor de Harvard Samuel P. Huntington presentó en la sección del informe titulada "La Crisis de la Democracia". Huntington es un elocuente promotor de los cambios de política de la élite, y contribuye con importantes artículos en publicaciones como Foreign Affairs, del Consejo de Relaciones Exteriores.

     Huntington nos dice que las sociedades democráticas "no pueden funcionar" a menos que la ciudadanía sea "pasiva". La "oleada democrática de los años '60" representó un "exceso de democracia" que debía ser reducido si los gobiernos debían de llevar a cabo sus tradicionales políticas nacionales e internacionales. La noción de Huntington de las "políticas tradicionales" es expresada en un pasaje del informe:

     «Si Estados Unidos fue gobernado por alguien durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, lo fue por el Presidente, que actuó con el apoyo y cooperación de individuos y grupos claves en el gabinete ejecutivo, la burocracia federal, el Congreso y los negocios más importantes, los bancos, las oficinas de abogados, las fundaciones y los medios de comunicación, todos los cuales constituyen el "Establishment" [organización y estructura] del sector privado».

     En estas pocas palabras, Huntington afirma claramente que la democracia electoral tiene poco que ver con cómo es manejado Estados Unidos, y resume la clase de gente que está incluída dentro de la comunidad planificadora de la élite. ¿Quién necesita teorías de conspiración cuando las maquinaciones de la élite están claramente descritas en documentos públicos como éste?.

     Además de no emancipar la pasividad popular, la política de prosperidad para las poblaciones occidentales tenía otro inconveniente, relacionado con el éxito económico de Japón. Bajo la cobertura de la Pax Estadounidense, Japón había sido capaz de industrializarse y convertirse en un jugador imperial (la prohibición del rearme japonés se había hecho irrelevante). Con los entonces inferiores estándares de vida de Japón, los productores japoneses pudieron rebajar los precios vigentes y quitarle cuotas de mercado a los productores occidentales. El capital occidental necesitaba encontrar una forma de llegar a ser más competitivo en los mercados mundiales, y la prosperidad occidental se estaba interponiendo en el camino. Los estrategas de la élite, como mostró Huntington, eran completamente capaces de entender estas consideraciones, y los requerimientos del crecimiento corporativo crearon una fuerte motivación para hacer los ajustes necesarios, tanto en la realidad como en la retórica.

     Si la prosperidad popular podía ser sacrificada, había muchas maneras obvias en que el capital occidental podía hacerse más competitivo: La producción podía ser trasladada al extranjero a áreas de menores salarios, produciendo un aumento del desempleo doméstico; los sindicatos podían ser atacados y los salarios forzados a bajar, y la gente podía ser empujada a empleos temporales y de jornada parcial, sin beneficios sociales; las regulaciones que controlaban la conducta de las corporaciones podían ser removidas; los impuestos corporativos y por ganancias de capital podían ser reducidos, y la disminución de ingresos fiscales podía ser compensada disminuyendo los presupuestos de los servicios públicos; la infraestructura pública podía ser privatizada, y los servicios podían ser reducidos para rebajar costos y luego ser explotados para conseguir ganancias fáciles mientras se los dejaba deteriorarse por negligencia.

     Éstas son las mismas políticas y programas lanzados durante los años de Reagan y Thatcher en EE.UU. y Gran Bretaña. Ellas representan un proyecto sistemático de un creciente desarrollo corporativo a costa de la prosperidad y el bienestar populares. Tal agenda real habría sido impopular, por lo que se fabricó la correspondiente realidad de la Matriz para consumo público. La realidad de la Matriz usaba términos reales como "desregulación", "reducción de impuestos" y "privatización", pero alrededor de ellos se tejió una mitología económica. La antigua y fracasada doctrina de laissez-faire del siglo XIX fue reintroducida con la ayuda de la escuela de Economía de Chicago de Milton Friedman, y el lema de "menos gobierno" se convirtió en el orgulloso tópico "moderno" en EE.UU. y Gran Bretaña. Regulaciones sensatas habían restaurado la estabilidad financiera después de la Gran Depresión, y disolvieron los monopolios anti-competitivos, como el consorcio de Rockefeller y AT&T. Pero en la nueva realidad de la Matriz, todas las regulaciones fueron consideradas como interferencias burocráticas. Reagan y Thatcher predicaron las virtudes del individualismo y prometieron "sacar al Gobierno de las espaldas de la gente". Lo que se deducía era que los individuos comunes tendrían más dinero y libertad, pero en realidad los mayores beneficios serían para las corporaciones y los inversionistas adinerados.

     El término académico para la economía de laissez-faire es "liberalismo económico", y de aquí que la revolución de Reagan y Thatcher ha llegado a ser conocida como la "revolución neoliberal". Ésta produjo un cambio radical en la realidad actual al retornar a la filosofía económica que condujo a las fábricas explotadoras, la corrupción y los monopolios de magnates ladrones en el siglo XIX. Produjo un cambio igualmente radical en la realidad de la Matriz, una inversión completa de la actitud que fue proyectada con respecto al Gobierno. Las políticas de gobierno siempre habían sido criticadas en los medios de comunicación, pero la institución del Gobierno siempre había sido respetada, reflejando el vínculo tradicional entre nacionalismo y capitalismo. Con Reagan tuvimos un Presidente en ejercicio diciéndonos que el Gobierno mismo era una mala cosa. Muchos de nosotros pudimos haber estado de acuerdo con él, pero tal sentimiento nunca antes había encontrado el favor oficial. Muy luego, los pueblos británico y estadounidense estaban comenzando a aplaudir la destrucción de las mismas instituciones democráticas que les habían proporcionado su única esperanza de participación en el proceso político.


La Globalización y el Gobierno Mundial

     El vínculo fundamental entre capitalismo y nacionalismo se rompió en 1945, pero le tomó algún tiempo a los planificadores de la élite reconocer esta nueva condición y comenzar a alinear al sistema mundial con esta situación. El poderoso Estado-nación occidental había sido el baluarte del capitalismo durante siglos, y las políticas iniciales de posguerra estuvieron basadas en la suposición de que aquello continuaría indefinidamente. El sistema financiero de Bretton Woods (el FMI, el Banco Mundial, y un sistema de tasas de cambio fijas entre las principales monedas) fue establecido para estabilizar las economías nacionales, y se incentivó la prosperidad popular para proporcionar estabilidad política. El neoliberalismo en Estados Unidos y Gran Bretaña representaba el primer rompimiento serio con este marco de políticas, y trajo los primeros signos visibles de la fisura de la conexión entre nación y capital.

     El proyecto neoliberal fue económicamente provechoso en EE.UU. y Gran Bretaña, y el público aceptó la mitología económica de la Matriz. Mientras tanto, la economía global integrada dio lugar a una nueva generación de corporaciones transnacionales, y los líderes corporativos comenzaron a comprender que el crecimiento corporativo no dependía de los poderosos Estados-naciones-núcleos. En realidad, las naciones occidentales —con sus leyes medioambientales, sus medidas de protección al consumidor, y otras formas de "interferencia" reguladora— eran una carga para el crecimiento corporativo. Habiendo sido probado con éxito en las dos "democracias" más antiguas, el proyecto neoliberal se movió hacia el escenario global. El sistema de Bretton Woods de tasas fijas de cambio de divisas se debilitó, y el sistema financiero internacional se volvió desestabilizador, en lugar de estabilizador, para las economías nacionales. Fue lanzado el proyecto de libre comercio radical, lo que condujo finalmente a la creación de la Organización Mundial de Comercio (OMC). La fisura que había comenzado en 1945 se estaba manifestando finalmente como un cambio explosivo en el sistema mundial.

     El objetivo de los tratados neoliberales de libre comercio es eliminar todos los controles políticos sobre el intercambio y el comercio nacional e internacional. Las corporaciones tienen rienda suelta para maximizar sus ganancias, sin considerar las consecuencias medioambientales y los riesgos de seguridad. En vez de Gobiernos regulando a las corporaciones, la OMC ahora le pone reglas a los Gobiernos, diciéndoles qué tipo de carne deben importar, si pueden o no prohibir el asbesto, y qué aditivos deben permitir en los productos del petróleo. Hasta ahora, en cada caso en que a la OMC se le ha pedido revisar una regulación de salud, de seguridad o medioambiental, dicha regulación ha sido anulada.

     La mayor parte del mundo ha sido convertida en una periferia; el núcleo imperial se ha reducido a la élite capitalista misma, representada por su gobierno mundial burocrático y no representativo de la OMC. La carga de un imperialismo acelerado cae más duro fuera de Occidente, donde el FMI usa los préstamos como una palanca para forzar a las naciones deudoras, como Ruanda y Corea del Sur, a aceptar paquetes de "reformas" suicidas. En el siglo XIX se empleó el genocidio para limpiar América del Norte y Australia de sus poblaciones nativas, creándose con ello espacio para el crecimiento. Hoy, un programa similar de genocidio ha sido aparentemente lanzado contra el África sub-sahariana. El FMI destruye las economías, la CIA entrena milicias y agita los conflictos tribales, y Occidente le vende armas a todos los bandos. El hambre y las guerras civiles genocidas son el resultado predecible e inevitable. Mientras tanto, el SIDA se propaga desenfrenado mientras la OMC y el gobierno de Estados Unidos utilizan leyes comerciales para impedir que las medicinas lleguen a las víctimas.

     Como en el pasado, se requerirá la fuerza militar occidental para controlar a la periferia no-occidental y hacer ajustes a la estructura política local cuando lo consideren necesario los planificadores de la élite. El Pentágono continúa proporcionando la principal fuerza policial, con la OTAN jugando un papel cada vez mayor. El resentimiento contra Occidente y contra el neoliberalismo está creciendo en el Tercer Mundo, y la frecuencia de las intervenciones militares está destinada a aumentar. Todo esto tiene que ser hecho como algo aceptable para las mentes occidentales, agregando una nueva dimensión a la Matriz.

     En la reciente realidad de la Matriz, Occidente es llamado "la comunidad internacional", cuyo objetivo es servir a causas "humanitarias". Bill Clinton lo explicitó con su "Doctrina Clinton", en la cual (como lo citó el Washington Post) prometió solemnemente que "Si alguien persigue a civiles inocentes e intenta matarlos en masa debido a su raza, su origen étnico o su religión, y está en nuestro poder el detenerlo, lo detendremos". Esta fabricación de la Matriz es, de hecho muy eficaz: ¿quién se opone a impedir un genocidio? Sólo fuera de la Matriz puede uno ver que ese genocidio es causado en primer lugar por Occidente, que los peores casos de genocidio continúan, que la "ayuda" por lo general empeora las cosas (como en los Balcanes), y que la doctrina de Clinton convenientemente le permite al Presidente de Estados Unidos intervenir cuándo y dónde él elija. Puesto que los dictadores y la agitación de las rivalidades étnicas son herramientas normales para manejar la periferia, un Presidente estadounidense siempre puede encontrar "civiles inocentes" dondequiera que los planes de la élite requieran de una intervención.

     En la realidad de la Matriz, la globalización no es un proyecto sino más bien el resultado inevitable de las beneficiosas fuerzas del mercado. El genocidio en África no es culpa de Occidente sino que se debe a antiguas rivalidades tribales. Cada medida exigida por la globalización es denominada como "reforma" (esta palabra nunca es usada con ironía). Los términos "democracia" y "reforma" son frecuentemente usados juntos, dejando siempre la sutil impresión de que una tiene algo que ver con la otra. Se presenta la ilusión de que todos los botes económicos [1] están subiendo, y si el suyo no lo está haciendo, debe ser por su propia culpa: usted no es suficientemente "competitivo". Los fracasos económicos son explicados como "ajustes temporales", o bien se culpa a la víctima (como en Corea del Sur o Rusia) por no ser lo suficientemente neoliberal. La "confianza de los inversionistas" es mencionada con el mismo temor y reverencia con que las primeras sociedades se podrían haber referido a la "voluntad de los dioses".

[1. Alusión a que en el océano de la Economía, "una marea alta levanta todos los barcos" ("A rising tide lifts all boats"), refrán atribuído a John Kennedy, quien lo usó en un discurso de Noviembre de 1963, que se refiere a que en la prosperidad económica todos los participantes de ella se benefician. NdelT].

     La calidad de vida occidental continúa decayendo, mientras la OMC establece precedentes legales que aseguran que su autoridad no será desafiada cuando sus decisiones se vuelvan más draconianas. Las cosas se pondrán mucho peores en Occidente; esto fue anticipado en los círculos de la élite cuando el proyecto neoliberal estaba todavía en borrador, como se ilustra en el ya mencionado informe "The Crisis of Democracy" de Samuel Huntington.


El Manejo de las Sociedades Descontentas

     Los años de posguerra, especialmente en Estados Unidos, estuvieron caracterizados por una política de consenso. La mayoría de la gente compartía una comprensión común acerca de cómo funcionaba la sociedad, y generalmente aprobaba cómo estaban yendo las cosas. La prosperidad era real y la versión de la realidad dada por la Matriz era tranquilizadora. La mayoría de la gente creía en dicha versión. Esa creencia se convirtió en un consenso compartido, y el Gobierno pudo entonces llevar a cabo sus planes como estaban propuestos, "respondiendo" a la programada voluntad pública.

     El "exceso de democracia" de los años '60 y '70 atacó desde abajo este consenso compartido, y los planificadores neoliberales decidieron desde arriba que no valía la pena pagar por la continuación de ese consenso. Ellos aceptaron que algunos sectores de la sociedad persistirían en dudar de varias partes de la Matriz. El activismo y las protestas eran de esperarse. Serían necesarios nuevos medios de control social para tratar con los movimientos activistas y con el creciente descontento, a medida que el neoliberalismo apretara gradualmente los tornillos económicos. Tales medios de control estaban identificados y desde entonces han sido implementados en gran medida, particularmente en Estados Unidos. De muchas maneras EE.UU. marca el ritmo de la globalización; las innovaciones a menudo pueden ser observadas allí antes de que ocurran en otras partes. Esto es particularmente cierto en el caso de las técnicas de control social.

     El medio más obvio de control social, en una sociedad descontenta, es una fuerza policial fuerte y semi-militarizada. La mayor parte de la periferia ha sido manejada por tales medios durante siglos. Esto era obvio para los planificadores de la élite en Occidente. Fue adoptado como política, y ahora ha sido implementado en gran parte. Los ghettos urbanos y suburbanos —donde las consecuencias adversas del neoliberalismo están actualmente más concentradas— se han convertido literalmente en territorios ocupados, donde las palizas policiacas y los tiroteos injustificados son algo común.

     Así, para que la fuerza policial reforzada pudiera mantener el control en condiciones de agitación popular, los planificadores de la élite comprendieron también que gran parte de la estadounidense Declaración de Derechos [Bill of Rights] tendría que ser neutralizada. (Esto no es sorprendente, dado que los autores de dicha Declaración habían vivido recién una revolución y estaban buscando asegurar que las generaciones futuras tuvieran los medios para organizarse y derrocar a cualquier futuro gobierno opresivo). El proyecto de neutralización de derechos ha sido implementado en gran medida, como lo ejemplifican los allanamientos armados realizados a medianoche, las indignantes prácticas de búsqueda y captura, las leyes excesivamente amplias contra conspiraciones, la invasión de la privacidad al por mayor, los encarcelamientos masivos y el surgimiento del trabajo esclavo en las cárceles (vea "KGB-ing America" de Tony Serra, Whole Earth, Invierno de 1998). El Rubicón ha sido cruzado, y las técnicas de represión, comunes durante mucho tiempo en la periferia del Imperio, están siendo importadas al núcleo.

     En la Matriz, el género del drama policial en televisión o en el cine ha servido para crear una realidad en la cual los "derechos" son un chiste, los acusados son despreciables sociópatas, y ningún criminal es jamás llevado ante la justicia sino hasta que algún noble policía o fiscal quebranta un poco las reglas. Los funcionarios gubernamentales refuerzan esta estructura declarando "guerras" contra el crimen y las drogas; los nobles policías están luchando una guerra allí en las calles, y usted no puede ganar una guerra sin usar los trucos sucios de su enemigo. La CIA cumple su papel manejando el comercio internacional de drogas y asegurándose de que el ghetto de los traficantes de drogas esté bien abastecido. De esta manera, el público estadounidense ha sido llevado a aceptar los medios de su propia supresión.

     Los mecanismos del Estado policiaco están en su lugar. Ellos serán usados cuando sea necesario, como vemos en los ghettos y en las vertiginosamente crecientes poblaciones carcelarias, como lo vimos en las calles de Seattle y Washington D.C. durante las manifestaciones anti-OMC, y como está sugerido en las órdenes ejecutivas que le permiten al Presidente suspender la Constitución y declarar la ley marcial cuando quiera que lo estime necesario. Pero la fuerza bruta es sólo la última línea de defensa para el régimen de la élite. Los planificadores neoliberales introdujeron defensas más sutiles en la Matriz; echarles una mirada nos llevará de vuelta a nuestra discusión sobre la Izquierda y la Derecha.

     "Dividir para gobernar" es uno de los medios más antiguos para el control de las masas, la práctica estándar desde al menos el Imperio romano. Esto es aplicado al nivel del imperialismo moderno, donde cada pequeña nación compite con otras por inversiones de capital. Dentro de las sociedades, funciona de esta manera: Si cada grupo social puede ser convencido de que algún otro grupo es la causa de su descontento, entonces la energía de la población será gastada en luchas inter-grupales. El régimen puede sentarse a un costado, e intervenir encubiertamente para agitar las cosas o para conducirlas en la dirección deseada. De este modo, la mayor parte del descontento puede ser neutralizado, y se puede reservar la fuerza para casos excepcionales. En los prósperos años de posguerra, la política de consenso sirvió para manejar a la población. Bajo el neoliberalismo, la programada falta de cohesión en las partes ha constituído la primera línea de defensa, la versión de la Matriz de dividir para gobernar.

     El control encubierto de diversos movimientos sociales ha demostrado ser uno de los medios más efectivos para programar a las facciones y agitarlas unas contra otras. Los movimientos religiosos fundamentalistas han sido particularmente útiles. Ellos han sido usados no sólo dentro de Estados Unidos sino también para aumentar las divisiones en el Medio Oriente y para otros propósitos en todo el Imperio. La energía colectiva y la dedicación de los "verdaderos creyentes" los convierte en una potente arma política que los líderes de los movimientos pueden apuntar fácilmente donde sea necesario. En Estados Unidos esta arma ha sido usada para promover la censura en Internet, para atacar los movimientos de mujeres, para apoyar una legislación represiva, y generalmente para reforzar las filas de lo que en la Matriz se llama "la Derecha".

     En la Matriz, las diversas facciones creen que su competencia con las demás es el proceso que determina la agenda política de la sociedad. Los políticos quieren votos, y de aquí que las facciones más grandes y mejor organizadas deban tener la mayor influencia, y sus agendas deban recibir la mayor atención política. En la realidad hay sólo una agenda política significativa por estos días: la maximización del crecimiento del capital mediante el desmantelamiento de la sociedad, la implementación continua del neoliberalismo, y la administración del Imperio. La retórica liberal de Clinton y su juego con la atención de salud y los derechos de los homosexuales no fueron el resultado de la presión de los liberales. Ellos fueron más bien los medios mediante los cuales Clinton fue vendido a los votantes liberales, de manera que él pudiera llevar adelante el verdadero negocio: conseguir el NAFTA a través del Congreso, promover a la OMC, entregar las ondas radiofónicas públicas, justificar las intervenciones militares, etcétera. Los asuntos de genuina importancia nunca se plantean en las campañas políticas; éste es un defecto mayor de la Matriz, para aquellos que tienen ojos para verlo.


Escapando de la Matriz

     La Matriz no puede engañar a toda la gente todo el tiempo. Bajo la embestida de la globalización, los defectos están llegando a ser cada vez más difíciles de ocultar, como anteriormente con la Guerra de Vietnam. Las manifestaciones anti-establishment en Seattle, las más grandes en décadas, estaban apuntando directamente contra la globalización y la OMC. Más importante aún, Seattle vio la convergencia de facciones que la Matriz había programado que se combatieran entre sí, como los ambientalistas de Izquierda y los sindicalistas socialmente conservadores.

     Seattle representó la punta de un iceberg. Un movimiento de masas contra la globalización y el gobierno de la élite está listo para encenderse, como un incendio forestal en un día seco y caluroso. El establishment ha estado esperando tal movimiento, y tiene una variedad de defensas a su disposición, incluyendo aquéllas usadas efectivamente contra los movimientos de los años '60 y '70. A fin de prevalecer contra lo que parecen abrumadoras probabilidades, el movimiento debe escapar completamente de la Matriz, y tiene que llevar al resto de sociedad con él. Mientras la Matriz exista, la Humanidad no puede ser libre. Hay que enfrentar la verdad completa: la globalización es una tiranía centralizada, el capitalismo ha sobrevivido a su fecha de caducidad, la "democracia" de la Matriz es el gobierno de la élite, y las "fuerzas del mercado" son un imperialismo. La Izquierda y la Derecha son enemigos sólo en la Matriz. En la realidad estamos todos juntos en esto, y cada uno de nosotros tiene una contribución que hacer para un mundo mejor.

     Marx puede haber fracasado como visionario social, pero él llegó a entender el capitalismo: éste está basado no en la productividad o el beneficio social sino en la búsqueda del crecimiento del capital mediante la explotación de todo lo que esté en su camino. El trabajo de los planificadores de la élite es crear nuevos espacios para que crezca el capital. El imperialismo competitivo proporcionó crecimiento durante siglos; el imperialismo colectivo fue inventado cuando se necesitaba aún más crecimiento; y luego el neoliberalismo asumió el control. Como un cáncer, el capitalismo consume a su huésped y nunca está satisfecho. La cantidad de capital debe crecer siempre, cada vez más, para siempre, hasta que el huésped muera o el capitalismo sea reemplazado.

     La Matriz equipara al capitalismo con la libre empresa, y define al socialismo centralizado y estatalmente planificado como la única alternativa al capitalismo. En realidad, el capitalismo no contaba como fuerza sino hasta la Ilustración y la Revolución Industrial de fines del siglo XVIII, y ciertamente no podemos caracterizar a todas las sociedades anteriores como socialistas. La libre empresa, la propiedad privada, el comercio, la banca, el comercio internacional y la especialización económica, todo esto había existido durante milenios antes del capitalismo. El capitalismo reclama el crédito por la prosperidad moderna, pero dicho crédito estaría mejor dado a los desarrollos en ciencia y tecnología.

     Antes del capitalismo, las naciones occidentales eran gobernadas generalmente por las clases aristocráticas. La actitud aristocrática con respecto a la riqueza estaba enfocada en su manejo y mantenimiento. En el capitalismo, el foco siempre está puesto en el crecimiento y el desarrollo: aquello que uno tiene no son sino las semillas para construír una fortuna todavía mayor. En efecto, hay infinitas alternativas al capitalismo, y diferentes sociedades pueden elegir diferentes sistemas, una vez que son libres para hacerlo. Como lo dice Morfeo: "Fuera de la Matriz todo es posible, y no hay límites".

     La Matriz define la "democracia" como partidos políticos competitivos, porque ése es un juego que las adineradas élites han aprendido hace mucho tiempo a corromper y manipular. Ya en los días de la República romana dichas técnicas eran bien conocidas. La democracia del mundo real sólo es posible si el pueblo mismo participa estableciendo la dirección de la sociedad. Un funcionario elegido sólo puede representar verdaderamente a un electorado después de que éste haya elaborado sus posiciones —desde lo local a lo global— con respecto a los asuntos cotidianos. Para que ello suceda, los intereses de las diversas facciones sociales deben ser armonizados mediante una interacción y una discusión. La colaboración, y no la competencia, es lo que conduce a una efectiva armonización.

     A fin de que el movimiento tenga éxito en poner término al gobierno de la élite y establezca sociedades tolerables, tendrá que desarrollar un proceso democrático, y usar dicho proceso para elaborar un programa de reformas consensuadas que armonice los intereses de los votantes. Para ser políticamente victorioso, necesitará llegar a todos los sectores de la sociedad y convertirse en un movimiento mayoritario. Por tales medios, el proceso democrático del movimiento puede convertirse en el proceso democrático de una sociedad civil nuevamente potenciada. No existe ninguna teoría adecuada de la democracia en la actualidad, aunque hay mucho por aprender de la Historia y de la teoría. El movimiento tendrá que desarrollar un proceso democrático mientras prosiga, y ese objetivo debe ser perseguido tan diligentemente como la victoria misma. De otro modo, una nueva tiranía reemplazará eventualmente a la antigua.



    «No es Izquierda o Derecha. Es arriba y abajo.
Estamos todos aquí abajo luchando,
mientras los de la Élite Corporativa están todos allá arriba
disfrutando de un día placentero»

(Carolyn Chute).–


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