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lunes, 18 de agosto de 2014

John Kaminski - El Cielo



     John Kaminski, decía al final de este texto suyo de fines de 2010, es un escritor que vive en la costa de Golfo de Florida predicando el mensaje de que ningún problema en el mundo puede ser auténticamente abordado sin primero analizar los efectos provocados por la perfidia judía, que ha subvertido y ha disminuído cada aspecto del esfuerzo humano a través de toda la Historia. El apoyo a su trabajo se deriva completamente de la gente que puede entender lo que él está diciendo y que sabe lo que esto significa. Este texto que hemos traducido analiza un poco las implicancias psicológicas que hay derivadas del hecho de creer o no en ciertos tópicos, y sobre todo considerando cómo son definidos algunos conceptos. Los temas existenciales a veces parecen algo líricos, pero no son menos serios. Este artículo (Heaven) lo encontramos en gnosticliberationfront.com


El Cielo
por John Kaminski
4 de Diciembre de 2010




     Todo lo que dijo Phishna en su reciente artículo "Christians are Jew Whores" (Los Cristianos Son Prostitutas de los Judíos) [1] era absolutamente verdadero: las creencias pasivas de los cristianos les impiden percibir y neutralizar adecuadamente a sus secretos jefes judíos; pero me apenó el hecho de saber que toda aquella gente ha trabajado genuinamente por un mundo mejor.

[1. El blog donde estaba contenido dicho artículo de Noviembre de 2010 ya no existe. NdelT.].

      Phishna logra que la gente eche un vistazo a lo que ellos creen, y esa es la mitad de la batalla. Aquella gente preferiría apartarse de la lógica y adherirse a la comodidad familiar de leyendas antiguas comprendidas a medias que han sido deliberadamente modeladas en un  letargo mundial químicamente inducido, que es una pantalla para toda clase de actividad criminal. A través de la Historia, todas las religiones han sido estafas que han tenido una segunda intención: una anestesia general de las poblaciones del mundo en interés del orden, la seguridad, y, sobre todo, de la ganancia.

     Ésta es su regla en todos los casos: Usted creerá esto o lo quemaremos en la hoguera e incautaremos todas sus posesiones (que es de lo que se trataba realmente, y todavía lo es).

     Somos ganado en un corral, cariño. Si seguimos creyendo todos estos mismos mitos que nos han llevado hasta este punto en el tiempo, nos dirigiremos al gran martillo en el matadero (lo que a muchos les parece que es nuestro futuro inevitable, de todos modos). Usted sin duda se ve tentado a preguntar: ¿Cómo diablos hemos terminado aquí? Bien, yo le diré.

      Cuando usted construye una historia entera de una especie sobre una mentira, usted no debería sorprenderse de que ella finalmente colapse. Además, todas las civilizaciones mueren, no importa lo que ellas hagan. Hay una verdad: ningún organismo vive para siempre. Pero cuando aquella mentira se convierte en la piedra angular del fundamento de una civilización, aquella sociedad, como los acontecimientos lo atestiguan, no será estable.

     Y es aquí donde reside la mentira. Ellos tomaron las mejores experiencias, las más sublimes que un humano pueda tener, las envolvieron en una mitología básica, y luego las vendieron a la corporación multinacional más grande, que siempre se ha especializado en el asesinato de masas a contrata.

     Esta necesidad que tenemos de creer que viviremos para siempre, a pesar de toda la evidencia en contra, o de que nos reencarnaremos una y otra vez, ha envenenado todo el esfuerzo humano desde los albores de la especie, no tanto en su objetivo original de aliviar el miedo, sino, como señaló Thomas Jefferson, por los adornos de los sacerdotes que añadieron mucho material objetable a los mitos originales que están entre las historias más valiosas que la Humanidad haya inventado alguna vez.

     El miedo a la muerte no es sólo un miedo legítimo, sino que en la actualidad es tan ubicuo y abrumador, que inventamos una civilización entera para impedirnos pensar en ello, cualquier cosa, con tal de no especular sobre aquel momento que siempre sabemos que está viniendo y que, debido a la impresionante dulzura de la vida, tememos.

      El antropólogo cultural Ernest Becker teorizó que si no anestesiamos este miedo predominante, no podemos funcionar correctamente, porque siempre estamos preocupados. Entonces aparecen los deportes, la cerveza, el sexo, las drogas, cualquier cosa. Nos escondemos en nuestros empleos, rara vez apreciamos suficientemente todos aquellos momentos especiales con nuestras familias y amigos, y escondemos nuestro terror ontológico básico bajo capas de aficiones, estudios, metas, proyectos y actividades que nos conducen hacia algún objetivo que realmente quisiéramos que definitivamente nos impida pensar en aquel gran miedo sobre el cual la civilización fue fundada para impedirnos pensar en aquel gran miedo...

     El trueque que los humanos hicieron cuando ellos crearon los conceptos gemelos para escapar de la muerte, el del cielo y la reencarnación, fue que ellos dejaron de ser capaces de pensar claramente en el concepto de sus propias vidas temporales, y por consiguiente fueron incapaces de hacer la pregunta clave en el desarrollo de la civilización humana: "¿Qué significa que mi vida es sólo de una cierta longitud, y que después de aquélla, nunca se sabrá de mí otra vez?".

     Las respuestas a aquella pregunta son muy diferentes de las dadas a la pregunta que los humanos comúnmente se han hecho: "¿Qué tengo que hacer para entrar en el cielo?", pregunta que ha producido este desfile absurdo de imágenes graves y ceremonias estúpidas a través del tiempo. A eso yo lo llamo tratar de congraciarse con Dios, algo totalmente sin valor cuando se lo compara con alimentar a una persona sin hogar.

      En un espectáculo de evasión y cobardía supremas, la Humanidad decidió transcurrir en la fantasía, inventar dioses que son por definición proyecciones de la mente humana, y fingir que nunca moriremos, y a cambio somos transportados a los siete cielos de Enoc o al Bardo para lidiar con las Deidades Pacíficas y las Coléricas antes de que retornemos a esta vida para intentar mejorar nuestro desempeño.

     Ninguna de aquellas opciones consiguió alguna vez el sentido común necesario para crear un mundo sin crímenes, todo porque nunca fuimos capaces de vencer nuestro miedo a la muerte, y seguimos contando mentiras sobre ello, cada una más extravagante que la anterior, hasta que aquellas mentiras manifestadas en el mundo real se esparcen como una plaga a través de cada aspecto de la vida, y fatalmente envenenan a la misma gente que las inventó, porque ellos siguieron matándose unos a otros, pensando que por hacer aquello ellos estaban matando a sus propias muertes. Y todo el tiempo, como lo hacemos ahora, no captando la idea más importante de la vida.

     Piense en esto durante un minuto. Piense en todo el tiempo gastado esculpiendo ídolos, construyendo altares, templos, pirámides, catedrales, sinfonías, liturgias e himnos de alabanza al más grande Kahuna de todos ellos: ¿y para qué?. ¿Quién fue salvado del hambre por esto?; ¿qué guerra fue detenida por esto? Ni una sola. Ni siquiera una.

      Entonces piense en cuánta gente usted conoce, sobre todo jóvenes, que están totalmente absortos en "superar" a otra gente para demostrar su valor en el mundo. ¿Cuán maduro usted tiene que ser para comprender que hacer a la gente sentirse bien de algún modo significativo da mucho mayores satisfacciones que castigarla por una estupidez que todos compartimos?.

     Incluso hoy, ninguno de ustedes que leen esto puede imaginar que no está aquí, que usted no tiene ningún aporte en nada, y que nadie va alguna vez a llamarlo por teléfono de nuevo. Esta imagen es demasiado impactante para ser considerada durante mucho tiempo. Por eso tenemos toda la anestesia que usted necesitaría alguna vez, desde cada rincón y hendidura de la Historia y de cada esquina proyectada de un universo futuro.

     Pero nunca hemos admitido realmente que toda nuestra planificación ha estado basada en una mentira, en una fantasía de estupefacción sobrenatural, y como una de esas consecuencias, el mundo es un caos predatorio, donde se espera que usted encuentre a alguien para amar en un mundo donde ellos le enseñan no hay nadie en quien confiar.

     La ocupación humana número uno, a través del tiempo y la Historia, es engañar a otra gente. Todo el daño que hemos hecho a las otras poblaciones animales del mundo, no es nada comparado con el daño que nos hemos hecho a nosotros mismos. Hemos construído una sociedad basada en el daño a otros, siendo que la realidad de nuestra situación consiste en que el verdadero objetivo de la vida es ayudar a otros, porque es de allí de donde sacamos todas las cosas buenas que nos acontecen en este lapso de vida.

     Y sin embargo el mundo está lleno de la miseria de la gente que trata de asesinar a otros a través del tiempo y el espacio. Y esto no es sólo un asunto de luchar por recursos, excepto cuando los hombres del dinero compiten por la supremacía financiera. Este es más un caso de querer derrotar a la muerte matando a otros. Si este sistema no fue inventado por sacerdotes, seguramente fue expropiado por ellos, ya que ellos crearon un sistema sobrenatural tras otro que define los parámetros de la realidad, y que etiqueta el modo en que el mundo habló y pensó.

     Nuestro actual sistema está basado en todas estas falsas suposiciones. Y como usted sabe, el rastro sangriento de robos disfrazados como guerras siempre ha sido bendecido por los predicadores de la vida eterna.

     Entonces todas las observaciones de Phishna deberían golpear una cuerda resonante en todos ustedes creyentes que andan por ahí cuando él los desafía a ustedes a reparar las averías de aquello en lo que ustedes realmente creen. Lo que tan pocas personas entienden es que hay que ser un verdadero creyente para escribir como él y enfrentar dichos asuntos como él lo hace.

     Creo que si usted cree en la vida futura, usted muy probablemente matará a alguien por un motivo falso, y usted puede ser más fácilmente engañado, porque usted ha decidido voluntariamente no pensar empíricamente, y ésa es siempre una mala idea: contamina su propia base de datos a lo grande.

     Por otra parte, como ciertamente sabemos a partir de cada historia fabricada con que somos alimentados, aquellos que no creen han hecho un infierno de este mundo en la Tierra.

      Entonces ¿en qué consiste dicho infierno?: ¿En los creyentes que creen en una fantasía auto-proyectada en la cual ellos toman la mentira que han elegido y tratan de imponerla a todos los demás para demostrar al menos ante ellos mismos que es correcta?, ¿o en los incrédulos que desechan los mejores y más altos valores de la vida y vinculan todo al punto fundamental, declarando "al diablo con todos los demás"?.

     ¿Qué grupo es responsable por la manera en que el mundo está? Piense en ello.

     Me encanta hablarle a gente religiosa. En primer lugar, usted sabe casi automáticamente que una persona religiosa no lo matará a usted al instante, porque implícita en cualquier reunión entre dos personas religiosas está la idea de que ellos deben sus mismas naturalezas al mismo jefe, y por consiguiente automáticamente trabajan juntos. Así es exactamente cómo la religión finalmente se hizo popular en primer lugar, después de siglos de coerción brutal. Ésta es una gran manera de evitar el conflicto, al menos inicialmente. Y el compañerismo simple es la mejor parte de ello.

     Me encanta hablarle a gente religiosa porque ellos pintan sus cuadros directamente a través del cielo. Ellos le cuentan a usted en lo que ellos creen, y cuán felices los hace. Todos ellos comunican un conocimiento muy detallado de lo que le está sucediendo al mundo, estando cada versión coloreada por la tradición espiritual a través de la cual es filtrado su conocimiento empírico. Pero en el proceso de evangelizar, todos ellos manifiestan una incertidumbre inestable en cuanto a que ellos deben convencerlo a usted de la exactitud de la visión del mundo que ellos tienen, como si la salud mental total de ellos dependiera de ello.

      Todos ellos hablan de una ratificación espiritual de sus existencias que no admite dudas en cuanto a que alguna otra manera probablemente podría ser mejor, y a menudo ellos añaden que cuán penoso es para mí que yo no comparta su provechosa certeza sobre cómo son las cosas realmente.

     Cuán desafortunado sería para mí, asiento con simpatía, que yo rechazara aceptar algo tan infalible, tan sensible y tan beneficioso. Todo lo que tengo que hacer es pronunciar la palabra mágica, tomar la píldora roja, y todos estaremos bien, me dicen ellos.

     En aquel punto me gusta preguntar: ¿Dónde exactamente ESTÁ el cielo?. ¿Es ahora, o es más tarde?. Y quizás más al punto: ¿qué hacemos cuando pensamos que hemos perdido toda esperanza de ello?.

     Los sabios chinos constantemente indicaban que el cielo era todo lo que nos rodeaba, y que todo lo que realmente conseguíamos a través del infinito eran las imágenes de las cosas que estaban alrededor nuestro todo el tiempo, no lograr entender realmente qué es lo que estábamos viendo. Esto último era el objetivo de la vida.

      Pero el cielo tiene su significado más común hoy como algún depósito de la felicidad que conseguiremos al ir allí si somos buenos en esta vida, lo cual, mirando cualquier religión que haya existido alguna vez, ha sido el objetivo de todas ellas. Anestesia existencial. Algo que se lleve la preocupación que siempre está al acecho sobre nuestro hombro (el izquierdo) que colorea todas nuestras acciones humanas, aunque pasemos todas nuestras vidas fingiendo que no lo hace. ¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué todas estas iglesias han sido creadas, o cuánto de la civilización ha sido construído sobre la premisa mística de que el cielo era el lugar donde queríamos estar?.

     Un lugar de seguridad, inmune a la miseria, el dolor y la angustia. Al menos, así es cómo lo explicamos a nuestros hijos cuando alguien que ellos conocen muere ante sus ojos. ¿No es para ellos para quienes son esas historias? Ellos toman ocho días en el Tíbet para escoltar al difunto hacia el mundo del más allá. ¿Para quién son estos rituales?. ¿El alma de un cadáver realmente necesita recibir instrucciones de los vivos acerca de qué hacer? Miles de millones de personas piensan que ellos lo hacen, y ¿quién soy yo para discutir con ellos? (Pero para mí, creo que todas esas ceremonias son para los vivos, para convencerse de algo que ellos saben que no es verdad).

     El cielo, entonces, como concepto, es la quintaesencia de la vida, algo por lo cual nos esforzamos automáticamente, la recompensa máxima, las condiciones óptimas.

     A pesar de este profesado atributo humano, ¿por qué, entonces, no lo tenemos?. ¿Por qué todo lo que vemos alrededor de nosotros es tan reminiscente de un infierno furioso, cruel y fuera de control sobre la Tierra, aparentemente perpetrado por malhechores cuyo único objetivo en la vida es saquear, amontonar y eructar?.

     Sabemos lo que está mal con el mundo. Todo crimen se deriva de daños en la infancia. Debería ser un asunto simple arreglar este problema, tan ridículamente simple que podría ser efectuado en cosa de días. Pero en cambio tenemos a aquellos que sacan provecho de esta situación horrible, y que quieren mantener las cosas de la forma en que están. Sólo usted sabe en qué camino está usted, y usted podría ni siquiera saber eso.

      Mi propia actitud consiste en decir: prescindamos de toda esta jerigonza desagradablemente piadosa y sólo hagamos el trabajo, porque es el trabajo lo que determina las respuestas a todas aquellas preguntas que hacemos en nuestras oraciones.

     Pero, realmente, sólo sé dos cosas:

     La única cosa que usted realmente logra conservar en esta vida es aquello que usted deja ir.

     Y, engañoso o no, el hecho de la cuestión sigue siendo que aquellos que no creen en el cielo han convertido este mundo en un infierno viviente.–






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