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domingo, 20 de julio de 2014

Sobre Mitología Germánica e Hindú



     Del libro del arqueólogo escocés Alexander Stuart Murray (1841-1904) publicitado ahora como Quién Es Quién en la Mitología, del cual hallamos una versión castellana editada en 1997, libro que fue publicado originalmente como Manual of Mythology en Londres en 1873, disponible hoy para todo el mundo, presentamos a continuación una selección de capítulos continuados que tratan en una especie de breve y pedagógico catálogo acerca de diversos personajes de la mitología germánica y de la hindú, de dioses figurados allí. No consiste este libro en estudios en profundidad sino más bien en descripciones someras de la mitología greco-romana, germánica, hindú y egipcia, no obstante lo cual todo lo expuesto por Murray da una visión de conjunto y clarifica algunos significados, lo cual más de alguien puede aprovechar o ser estimulado para estudios posteriores. Lo presentamos aquí simplemente para evocar un poco del complejo y maravilloso paganismo antiguo y para refrescar la memoria y vivificar el sentido de la imaginación que suele embotarse con las preocupaciones cotidianas de un mundo desencantado.


Sobre Mitología Germánica e Hindú
por Alexander S. Murray, 1873




LA MITOLOGÍA ESCANDINAVA
Y LA ANTIGUA MITOLOGÍA ALEMANA


     A diferencia de sus parientes arios —los griegos—, los teutones no eran un pueblo literario. Sus cuentos míticos no quedaron registrados en los libros sino en la memoria. Y la cristiandad, representada por los predicadores y por Carlomagno mismo, hizo lo que pudo para destruír la raíz y las ramas del paganismo teutónico. De ahí que de los mitos de los dioses y héroes de esas grandes naciones que, en tiempos pre-cristianos, habitaron los territorios ahora incluídos bajo el nombre general de Alemania, no se haya dado ningún recuento sistemático y completo sino hasta los tiempos modernos.

     Los antiguos germanos eran de la misma raza que la gente de Noruega, Suecia y Dinamarca. Su lengua era esencialmente la misma. Tenían las mismas costumbres sociales y domésticas, y la misma religión. Además, durante el tiempo en el que la cristiandad se estaba extendiendo por Alemania y Escandinavia, estaba teniendo lugar el éxodo de los escandinavos que terminó en la colonización de Islandia, o Tierra del Hielo, como también fue llamada por sus descubridores a mediados del siglo IX. Allí, al borde del círculo polar, los vikingos establecieron sus pequeños territorios independientes o repúblicas; separados de los sacerdotes cristianos, y desdeñando a los reyes continentales que estaban imitando las costumbres de los nuevos tiempos, los escandinavos de Islandia conservaron, durante cinco siglos más, la fe pura de sus antepasados.

     Finalmente, parece haber habido menos antagonismo, menos fricción, entre las dos religiones rivales —odinismo y cristianismo— en Islandia que en ningún otro país. Sus sacerdotes cristianos parecían haber sentido la lealtad de los niños hacia su antigua fe, que estaba entonces desapareciendo. De ahí, en cierta medida, la completa y sistemática forma en la que los islandeses fueron capaces de dejar un recuerdo permanente de su mitología. Fue un sacerdote cristiano —Sigmund Sigfusson— quien, a mediados del siglo XI, compuso la compilación de poemas míticos conocidos como la antigua Edda. Al siglo siguiente pertenece la Edda moderna, que es simplemente una versión en prosa de esas partes de la primera obra que cuentan la creación del mundo y del Hombre, y la generación, aventuras, funciones y último destino de los dioses. Como cosmogonía y teogonia esta Edda o, como podría parafrasearse la palabra, Cuentos de la Abuela, es tan completa incluso como su prototipo griego, la Teogonía de Hesíodo. Y como registro y expresión de la vida espiritual de esos teutones, que también fueron los progenitores de la raza inglesa, es, o seguramente debería serlo, incomparablemente más interesante.


LA CREACIÓN

     En la Edda en prosa, Ginki, el sabio rey, viaja en busca de conocimiento a la región del pueblo Asa, los dioses escandinavos, cada uno de los cuales facilita al visitante algo de información. La cosmogónica historia así recompuesta se corresponde cercanamente en los puntos principales con lo que contenía el poema de Hesíodo, mientras sus detalles especiales, tono y color, son la expresión de condiciones climáticas especiales. Donde ahora está la Tierra no había al principio, dice la Edda, ni arena, ni mar, ni hierba, sino sólo un espacio vacío (Ginnungagap), en cuya zona Norte se extendía la región de la neblina, el hielo y la nieve (Niflheim), y en su lado Sur la región del calor y la luz del Sol (Muspelheim).

     Los aires cálidos de la tierra del Sol hicieron que se derritiera el hielo y que cayera sobre Ginnungagap, y de la materia así acumulada surgió el gigante Ymir, antecesor de Reim-thursen, Rime o Frost —gigantes—. Ymir es alimentado con la leche de la vaca Audhumbla, cuyo nombre, como puede observarse en el Zend-Avesta, significa «vaca» y también «madre-tierra». La vaca vivía de chupar los bloques de hielo, y de tanto chupar se produjo Bori, que se parece al creador del mundo y que es el padre de Bor, que era el padre de Odín. Los hermanos de Odín eran Wili y We, y tal como en Hesíodo las deidades Zeus, Poseidón y Hades suplantan a Cronos, así los hijos de Bori derrocaron y sucedieron a la primitiva dinastía de Ymir y los gigantes del hielo. También la muerte de Ymir se describe de una forma similar al derrocamiento de Cronos. Su carne se convierte en la tierra; su sangre, en el mar; su calavera, en los cielos, mientras que su cerebro flota en forma de nubes.

     Los cielos están sujetos por cuatro enanos —Austri (Este), Westri (Oeste), Nordri (Norte) y Sudri (Sur)—, y las estrellas que hay en él son las chispas de la tierra de fuego de Muspelheim. El nuevo mundo así creado fue llamado Midgard, como si se hubiera colocado a mitad de camino entre las tierras del hielo y las del fuego. Para proteger a éste y a sus habitantes de los gigantes, que vivían en Jótunheim, su hermano Odinand lo rodeó con una valla hecha con las cejas de Ymir. Se decía que incluso los habitantes habían sido producidos a partir de dos piezas de madera que los hermanos encontraron flotando en el mar y que se convirtieron en un hombre, a quien llamaron Ash, y una mujer, a quien llamaron Embla.

     De este mundo intermedio, o Midgard, salió el Olimpo escandinavo, o Asgard, donde habitaba el pueblo Asa —Odín y los doce Aesir—. Contenía dos mansiones: Gladsheim para los dioses y Vingolf para las diosas. También estaba el Walhalla, donde Odín colocó a la mitad de los héroes muertos en batalla, mientras que la otra mitad fue recibida por Freija, la esposa de Odín. Además de las ya mencionadas habían, como dice la Edda, otras residencias, tales como Elfheim, donde vivían los elfos; Breidablick, donde moraba el brillante y bello Baldur, que se veía de lejos; Himinbiorg, o la torre del cielo del dios del trueno Thor, y Valaskialf, desde donde Odín podía ver a todos los dioses y hombres. Los dioses también se reunían en consejo diario bajo las ramas del árbol Yggdrasil, una de cuyas ramas crecía en Asgard, la segunda en Niflheim y la tercera en el reino de Hela, o Muerte, y su camino hacia allí se extendía sobre el brillante puente de Asa, o Bifrost, o Arco Iris, que se decía que lo quemaba todo, para mantener alejados a los gigantes del hielo de Jóttunheim. Finalmente, el


MUNDO INFERIOR

     Estaba gobernado por la diosa Hel, a la que estaban consignados todos los que no habían muerto en batalla. Estaba tan lejos que Sleipnir, el rápido caballo de Odín, tardaba nueve noches en alcanzarlo. El río Giól —el Estigia escandinavo— rodeaba este mundo inferior por cada lado. Nastrand era el nombre del peor punto en el infierno escandinavo. Sus tejados y puertas estaban entrelazados con siseantes serpientes, expulsando veneno, que los perjuros y asesinos estaban obligados a vadear por la vía del castigo.


LOS AESIR

     Tenían sus tronos en Gladsheim y eran doce en total. Se llamaban: Thor, Baldr, Freyr, Tyr, Bragi, Hódr, Heimdall, Vithar, Vali, Ullr, Ve y Forseti. Así, con Odín, el «Todopoderoso», cuyo trono estaba por encima de los otros doce, los grandes dioses del Panteón escandinavo eran trece en total.


ODÍN

     El origen físico de la idea de Odín es evidente, primero, por el significado de su nombre y, segundo, por los varios atributos asignados a él. La palabra Odín es simplemente otra forma de Woden, o Wuotan, que Griram conecta con el latín vadere. Es así el soplo de vida o el aire del cielo, y como tal corresponde al hindú Brahmán = Atman (alemán, Athem), o la vida y energía siempre presente. Su equivalente griego es, por supuesto, Zeus, del que se habla también como Todopoderoso. El nombre Zeus deriva de una raíz que significa «brillar», y así el rey del griego Asgard fue originariamente «el éter resplandeciente». Era natural que Odín, como personificación del cielo azul, gobernara las nubes de la lluvia y la luz del Sol; de ahí que Odín, como el causante de la lluvia, se corresponda con Zeus Ombrios (el lluvioso Zeus), mientras que como dios de la luz es meramente el Febo o Apolo escandinavo, que con su lanza —los rayos del Sol— dispersa la oscuridad.

     Como dios del cielo, y dios del aire en movimiento, fue invocado como protector de los marineros. En este aspecto se corresponde o es equivalente a Thor. Pero este intercambio de funciones es tan distinto de la mitología escandinava como de la griega. Finalmente Zeus y Odín se parecen uno a otro por su paso de seres puramente físicos a seres espirituales. Odín, el omnipresente éter, se convierte en el omnipresente y sabio espíritu, el padre de todo. Y como Zeus es el padre de las Musas, así Odín es el padre de Saga, la diosa de la poesía. Los dos cuervos que estaban apoyados en los hombros de Odín, y cada mañana le traían noticias de lo que estaba pasando en el mundo, se llamaban Hugin y Munin: Pensamiento y Memoria. Memoria, o Mnemosina, era la madre de las Musas griegas. Hay rastros de la adoración a Odín incluso en los tiempos actuales. En una de las islas Orkney hay una piedra de Odín, en cuyo agujero la gente supersticiosa pone las manos, testificando su más solemne juramento. Se dice que el nombre de la isla de Heligoland derivó de Odín, que también se llamaba Helgi (der Heilige), o el Santo. «La Osa Mayor» como ahora la llamamos, se llamó también Carro de Odín, y la «Vía Láctea» también se conoció como Vía de Odín. A diferencia de Zeus —el todopoderoso griego— Odín fue también un dios de la guerra. De aquí que, como ya hemos observado, recibiera en el Walhala a la mitad de los héroes asesinados en la batalla.

     Las dos diosas Frigg y Freija, que en momentos diferentes se consideraron esposas de Odín, parecen ser simplemente una un desarrollo de la otra. De todas las diosas Frigg fue la mejor y más querida para Odín. Se sentaba en el trono junto a él y vigilaba el mundo. Lo sabía todo y ejercía un control sobre la cara entera de la Naturaleza. Se la representa sentada con la rueca de oro que utilizaba para hilar junto a ella. Le ayuda su doncella Full o Fulla. Freija era también una diosa que presidía la sonriente Naturaleza, enviando sol, lluvia y cosecha. Era además una diosa a cuyo cargo pasaban los muertos. Como ya se ha dicho, la mitad de los héroes que caían en la batalla pertenecían a ella. Está representada conduciendo un carro tirado por dos gatos. Odín está representado sentado en su trono y acompañado por los cuervos Hugin y Munin, y los dos perros.


THOR

     También llamado Donar, simplemente significaba el Tronador —der Donnerer—, y moraba en la bóveda celestial. Como se decía que era el hijo de Odín, o del cielo, es evidente que, como en el caso del Todopoderoso, tenía un origen puramente físico. Como el dios del trueno y el rayo, Thor se parece a Zeus, y así como los truenos de Zeus eran forjados por el dios herrero Hefestos, que moraba por debajo del suelo, así el martillo de Odín fue forjado por los Dwarves (zwerge), o elfos negros, que moraban dentro de la Tierra. A Thor se lo representa conduciendo por las nubes en un carro tirado por dos cabras. Entre los paganos escandinavos, el martillo de Thor gozaba de tanto respeto como la cruz de Cristo entre los cristianos. Lo tallaban en las piedras de sus tumbas y también lo forjaban en madera, o hierro, para colgarlo en sus templos. Thor, bajo el símbolo del martillo, era invocado como la deidad que hace fructíferos los matrimonios. Era también el dios de la tierra y del fuego.

     Como dios del cielo, Thor es idéntico a Odín, de forma muy parecida a como es Vishnu con Indra. Mientras que la otra gente de Asa cabalgaba a su lugar de reunión, Thor iba a pie: el dios caminante, como lo es Vishnu, que atraviesa el cielo de tres pasos. Thor es quizá idéntico al dios gaélico Taranis, cuyo nombre tiene un sonido parecido a la palabra trueno en la lengua celta escocesa. Thor también se identificó con el dios eslavo Perkunes, o Perune, cuyo nombre, según una bien conocida ley de evolución fonética, se piensa que está relacionado con la palabra trueno en griego: Keraunos. Se representa a Thor conduciendo su carro tirado por dos cabras, con su martillo levantado para golpear.


BALDER

     Significa el dios brillante. Su hijo Brono significa la luz del día, en la teogonia anglosajona. Su casa se llama Breidablick —el lejano o el que brilla mucho—, y el nombre evidentemente conlleva una idea similar a la sugerida por palabras griegas tales como Eurifasa, Eurínome y Eurídice. La historia de Balder —el más adorable y conmovedor, no sólo en la mitología escandinava, sino en cualquier otra— no deja duda alguna en cuanto a su origen físico y significado. La alegría del mundo en presencia de Balder significa sólo la alegría inspirada por la luz del Sol. El solemne juramento hecho por todos los seres vivos de no herir al dios brillante, y su consternación a la hora de su muerte, sólo significan la penumbra de los climas del Norte durante los meses de invierno, cuando, en términos de la lengua concreta de la raza primitiva, Balder, o el Sol, estaba muerto.

     El mito dice que el muérdago era el único que no había jurado no herir a Balder, que Loki descubrió el hecho y luego dirigió a Hódr —el dios ciego de los meses invernales— para dispararle una de sus varas. El muérdago es otra forma del espino que Odín utilizó para dormir a la doncella de la primavera, Brynhild, del espino del persa Isfeudyar, o de colmillo del jabalí que mata al brillante y primaveral Adonis. Loki, se decía, huyó de la ira de los dioses, se convirtió en un salmón, fue luego cogido por ellos en una red y bien atado hasta el ocaso de los dioses —o, en terminología cristiana, hasta el Día del Juicio—. El desafortunado Hódr fue asesinado por el hijo de Odín, Bali, cuya casa estaba entre los sauces y la hierba seca.


FREYR

     También se le llama Fro. Las funciones que se le adjudicaban son otro ejemplo de ese intercambio o solapamiento al que nos hemos referido anteriormente, y que parece explicarse por la hipótesis de que grupos enteros de seres mitológicos son en realidad epítetos personificados en una misma cosa. Así Freyr, como la causa de lo fructífero, es meramente el cielo iluminado por el Sol y que contiene el aire que respiramos al igual que Odín. Como Odín, es el patrono de los viajeros del mar. No sólo se repite Freyr, por así decirlo, en Odín, sino también —si no en el dios mismo, entonces en su sirviente, Skirnir— en los héroes de la saga volsunga y nibelunga, Sigurd, Sigmund y Gunnar. Y como Sigurd sólo podía ganarse a la doncella Brynhild montando por el fuego encendido que rodeaba y protegía su morada, así, por la misma hazaña, Skirnir debe ganar a Gerda para su dueño. En tiempos posteriores, cuando la antigua religión había cedido ante el cristianismo, y sus mitos se explicaban por el método evemerista [de Evemero, quien sostenía que todos los antiguos dioses habían sido primeramente hombres], se afirmó que Freyr había sido sólo un rey sueco, cuyos dolientes subditos enterraron su cuerpo en una tumba magnífica, a la que, durante tres años enteros, continuaron llevando regalos, como si Freyr estuviera aún vivo.

     Este evemerismo es, sin embargo, inconsistente con la mayoría de todas las fuentes de autoridad, las Eddas. En las Edda de Dasent, Freyr aparece descrito como el dios de la lluvia, el brillo del Sol y los frutos —como Odín, de hecho, pero con otra forma—. Su esposa era Gredr, cuya belleza —cuando la vio dejando la casa de su padre y esparciendo un brillo por el aire y por el mar— cautivó al dios, que no descansó hasta que la consiguió. Freyr está representado montando un jabalí salvaje por el aire, a una velocidad mayor que la de un caballo. Algunas veces iba también montado en un carro. Para cruzar el mar también usaba un barco.


TYR

     También llamado Ziu y Saxnot. Nuestra palabra Martes es un recuerdo de su nombre. Una vez más, este dios parece ser un ejemplo de la personificación de un epíteto. Ziu es idéntico a la raíz sánscrita Dyus, a la griega Zeus y la latina Deus —que significan «brillo»—. Tyr, por tanto, es otro dios brillante. Es predominantemente el dios de la guerra y de los deportes atléticos. «Está bien que los luchadores lo invoquen». Tyr tenía sólo una mano, la otra se la había arrancado el lobo Fenris, cuando el dios la había metido en la boca del monstruo como prenda de seguridad, cuando el lobo se dejó atar en la red que le sujetaría hasta el Día del Juicio.


BRAGI

     Es el dios de la poesía y la elocuencia. «Es famoso por la sabiduría y es el mejor en los trabalenguas y discursos astutos». Una especie de duplicado de este dios era su esposa Iduna, que moraba en el mundo inferior. Se habla de ella en términos que recuerdan la descripción hindú de Ushas —Eos— o de la diosa Daure, porque como Ushas —el Amanecer— hace al mundo joven cada nueva mañana, así se dice que Iduna conservaba en una caja las manzanas de oro que comían los dioses y que les hacían rejuvenecer.


HEIMDALL Y OTROS

     Era el guardián del puente Bifrost, que conducía al mundo inferior. El sonido del cuerno de Heimdall se oye por el mundo, y será la señal de la gran batalla entre los dioses en el día de su final, u ocaso. El nombre de su caballo, Gulltopr (Goldropf, o yegua de oro), lo conecta con los dioses del Sol y los caballos del Sol de la mitología clásica. Heimdall era un guardián tan astuto que podía incluso oír la hierba crecer en la tierra y la lana crecer en el lomo de las ovejas.

     Vithar era el siguiente en fuerza a Thor. Como el «ocaso», o Gótterdammerung, Vithar destruirá al lobo Fenris, el devorador de los dioses, colocando un pie sobre la mandíbula inferior del monstruo y empujando hacia arriba la superior —separándolas así por la mitad—. Ulle es el dios de la caza, un arquero hábil y un rápido corredor con zancos. Como Bragi e Iduna, Mimir es la deidad de la sabiduría y el conocimiento. Moraba junto al fresno Yggdrasil, bajo cuyas raíces brotaba el pozo de la sabiduría, el pozo de Mimir, de cuyas aguas él bebía su ración diaria.

     Loki moraba en la tierra de los muertos. Era el hijo del gigante Farbanti, cuyo deber era pasar en la barca a los muertos por las aguas del mundo inferior. Loki tenía tres hijos tan crueles y odiosos como él mismo, que siempre estaban llenos de maldad. Uno era el enorme lobo Fenris, que, en el último día, se acercará a la escena de la batalla, arañando la tierra con su mandíbula inferior y el cielo con el hocico. El segundo era la serpiente Midgard, la serpiente que Odín arrojó al mar, donde el monstruo creció hasta alcanzar tal longitud que abrazó el mundo entero con sus vueltas. El tercero era la diosa Hel, que era medio blanca y medio azul, y que vivía delicadamente en el cerebro y médula de los hombres.

     Hel es, de hecho, esa terrible diosa hindú Kali, que, en los días modernos, ha degenerado en Durga, que tiene un carácter bastante conmovedor e interesante. Loki estaba en la base de todo el mal que había sucedido en la sociedad de los dioses. El carácter de este dios, y su cercana relación con un personaje que figura visiblemente en la teología moderna, están bastante bien indicados en el siguiente proverbio, con sus equivalentes en alemán y español: Loki er or bóndum —der Teufel ist frei gelassen— (el demonio está suelto).

     De los casi incontables seres que figuran en la mitología escandinava no podemos decir más que un poco. Como los grandes dioses, parecen ser representantes de los poderes del bien y del mal de la Naturaleza. Entre ellos están los Elfos (Alfen, Elfen), que viven en Altheimr (Elf-home). Su rey es el Erlkónig (Elfen Kónig). En las horas nocturnas vienen en bandadas a bailar en la hierba y dejan, según la creencia popular, sus huellas en forma de anillos encantados. Los enanos (Zwerge), cuyo padre se llama Ivaldr, moraban en el interior de las colinas. A ellos pertenecen las piedras preciosas y los metales, que trabajan con gran habilidad, como lo demuestran sus obras. Como guardianes de tesoros escondidos, eran favorecidos por los buscadores de los mismos con una cabra negra y un gallo negro. Al eco los islandeses lo llaman Dwergmaal-Zwergsprache, o voz del enano. Los seres malignos que robaban la luz cada noche, y el verano cada año, eran llamados gigantes. Entre éstos estaban los Reifriesen (Hrimthursen), que traían el invierno. El gigante Hrungnir tenía la cabeza y el corazón de piedra, y una gigante, madre de Gmir, tenía novecientas cabezas. Otra gigante era Thiassi, que mató a Thor y arrojó sus ojos al cielo, donde brillaron desde entonces como estrellas. En el extremo Norte estaba el gigante Hresvelgr, que con el movimiento de sus alas causaba el viento y la tempestad, y en este aspecto se parece al pájaro gigante de la obra budista Nagananda, que levanta las olas del mar con el aleteo de sus alas. En el extremo Sur estaba Surtr, cuya espada ardiente guardaba las fronteras de Muspelheim. Junto a éstos estaban los Trollweiber (troll arvis), fantasmas de la tierra de los muertos, que en las noches oscuras cabalgaban a la tierra en un lobo con bridas de serpientes. Las tres Nornen eran los Hados escandinavos. Las valquirias eran bellas doncellas que se paseaban por los campos de batalla, despertaban a los héroes muertos con un beso y dirigían sus almas para que lucharan y bebieran cerveza como antiguamente en el feliz Valhalla.


EL CUENTO DE LOS VOLSUNGOS Y LOS NIBELUNGOS

     La saga Volsunga y la Nibelungalia se diferencian en muy poco, aparte del nombre. Una es la forma escandinava y la otra la forma alemana de un mismo mito o épica de la Naturaleza. Según los teóricos del mito solar, esta épica sirve al propósito común de todas las naciones arias: en India se conocía bajo los nombres de Ramayana y Mahabharata; en Grecia como la Ilíada y la Odisea; en nuestras tierras más al Norte, como el Cuento de los Volsungos y de los Nibelungos, y en Inglaterra, como el Cuento del rey Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda. Por muchas objeciones que se puedan poner contra la explicación de estas historias como «mitos solares», es bastante indiscutible que los muchos incidentes en todos ellos coinciden exactamente. No es demasiado afirmar que para apreciar completamente el espíritu de estas grandes épicas del mundo, el investigador debe poseer algún conocimiento de los otros coordinados con él. Pero no sólo los numerosos incidentes de las épicas del Norte coinciden con los de la Ilíada y la Odisea, sino que incluso contienen episodios que se corresponden en todo excepto en el nombre con los argumentos de tragedias griegas. Gudrum, por ejemplo, es la Medea escandinava. Ahora procederemos a dar un ligero resumen de la Saga Volsunga.

     Volsung era el hijo de Rerir, el hijo de Sigi, el hijo de Odín. Volsung estuvo durante siete años en el vientre de su madre, y se decía que o el joven besaba a su madre o moriría. Volsung tenía una hija llamada Signy, que estaba casada con Siggeir, rey de Gothland. Durante la celebración de un matrimonio en la casa volsunga, y mientras el pueblo estaba sentado alrededor del fuego, entonces entró un anciano envuelto en una capa, que clavó una espada en un tronco de madera hasta la empuñadura, prediciendo grandes cosas del héroe que fuera capaz de sacarla de allí, e inmediatamente desapareció. El anciano era Odín y la espada era la espada Gram, que tenía su igual en la espada de Chrysaor, en la Durandal de Rolando y en la Excalibur del rey Arturo. Y lo mismo que sólo Teseo podía levantar la enorme piedra y nadie más que Ulises podía disparar su propio arco, así entre los héroes reunidos sólo Sigmund, el hijo de Volsung, pudo sacar a Gram.

     Volsung fue después asesinado en la tierra de Siggeir; después Sigmund vengó la muerte de su padre, matando a los hijos de su cuñado Siggeir. Después de esto, volvió a su propia tierra y se casó con Borghild, de la que tuvo dos hijos, Helgi y Hamund. Pero Sigmund no fue más constante en sus amores que otros héroes de los que leemos en la literatura clásica. Se enamoró de Hjordis, de la que estaba enamorado el hijo del rey Hunding. Entre los dos héroes se produjo una lucha, en la que apareció el hombre de un solo ojo con una capa azul, y un escrito en la mano; entonces Sigmund fue asesinado. El agonizante Sigmund confortó a su esposa Hjordis y le confió su espada Gram, deseando que la guardara para el hijo que había de nacer. «Y ahora», dijo él, «estoy muy cansado a causa de mis heridas y voy a ver a nuestros parientes que se han ido antes que yo». Así Hjordis se sentó junto a él hasta que murió al amanecer.

     Hjordis después se casó con Hialprek, rey de Dinamarca, un personaje que se corresponde con el Layos griego y con Acrisio. En la corte de Hialprek nació Sigurd, el hijo de Hjordis y Sigmund —el héroe favorito de la mitología escandinava—. Sigurd aprendió todas las artes y ciencias de Regin, el astuto herrero, que era también hermano del otro asesinado por Odín, y de la serpiente —o gusano— Fafnir, que guardaba los tesoros de oro que, según la teoría solar, significa el alegre y revivificante brillo del Sol, siendo Fafnir mismo el poder maligno, la nube o la oscuridad que roba la luz.

     Regin deseaba asegurar el tesoro para él mismo y forjó una espada para que Sigurd matara a la serpiente con ella. Pero se deshizo en pedazos al primer golpe y Sigurd, despreciando la obra de Regin, recogió los fragmentos de su espada paterna Gram y los juntó. Gram resistió todas las pruebas. Sigurd la clavó, justo hasta la empuñadura, en el yunque de Regin y, tras esto, dividió en dos un tronco de madera, que estaba en la superficie de la corriente, que así cedió ante el filo que permaneció intacto. Sigurd mató a Fafnir y obtuvo el tesoro; después mató a Regin, que quería poseer todo el tesoro diciendo que el arma forjada por él había conseguido realmente la victoria.

     Después de eso Sigurd fue a liberar a la Valquiria Brynhild, según el mito solar la Doncella de la Primavera, a la cual espera con ansiedad la fría tierra. Brynhild sigue sumida en el sueño al que había sido empujada por el espino de Odín —es decir, por el espino, o frío, o helada del invierno. Sigurd, como sus parientes míticos en las historias escandinavas y griegas, era desleal en sus amores. Se enamoró de Gudrun, la hermana de Gunnar, y eso, también, a pesar de las escenas de amor y discursos de éste con Brynhild, por cuya belleza la Saga Volsunga no está quizá igualada por ninguna otra historia épica. Brynhild había jurado casarse sólo con el hombre que pudiera atravesar cabalgando el fuego que rodeaba su morada. Gunnar no pudo hacerlo, pero Sigurd lo hizo en la forma de Gunnar, tras lo cual Brynhild aceptó casarse con él. Pero Gudrun, en su triunfo, reveló el secreto, y lo mismo que Oenone procuró la muerte del desleal París, y Deyanira la del inconstante Hércules, así Brynhild urdió la muerte de Sigurd.

     Brynhild también, como otra Deyanira, muere de pena en la pira funeraria de su marido. Luego, Gudrun, también apenada por Sigurd, deja su casa; pero se casa con Atli, rey de Hunland. Parece que este Atli debe ser otro nombre de los poderes de la oscuridad, porque invitó a los hermanos de su esposa a su corte, para que pudiera coger el tesoro de oro, «el brillo del Sol», que había recibido de Sigurd. Estos tesoros los habían enterrado los hermanos en el río Rhin y habían luego continuado su camino hasta Hunland, aunque sabían bien que estaban destinados a volver. La escena en la que los hermanos son asesinados por el traidor Atli no es superada por ninguna historia de lucha en poder y terror, excepto, quizá, por la del Mahabharata, que describe la lucha final en el campo de batalla de Hastmapur. Luego sigue la venganza de Gudrun por la muerte de sus hermanos; al igual, como ya hemos dicho, que la Medea escandinava, mató a sus propios hijos y a los de Atli.

     Pero no podemos seguir hasta el final estas tragedias, en las que los diferentes parientes murieron unos a manos de otros, en obediencia a ese severo e inevitable destino que en estos cuentos parece estar personificado en la figura de Odín, y que se asoma tan terriblemente en el fondo de los dramas de Sófocles y Esquilo.




LA MITOLOGÍA Y RELIGIÓN DE LOS HINDÚES


     En sánscrito los mitos comunes a las naciones arias se presentan, quizá, en una forma más simple. De aquí el valor especial de los mitos hindúes en un estudio de mitología comparada. Pero sería un error suponer que los mitos de los griegos, latinos, eslovenios, escandinavos, antiguos germanos y celtas derivan de los hindúes. Porque los mitos, como las lenguas, de todas estas diferentes razas, de las hindúes incluídas, derivan de una fuente común. Griego, sánscrito, latín, etc., no son más que modificaciones de una lengua aria primitiva que hablaban los primeros «arios» antes de que se separaran de su lugar originario en el centro de Asia, para formar nuevas nacionalidades en India, Grecia, Norte de Europa, Europa central, etc. La lengua sánscrita no es pues la madre sino la hermana mayor de la griega y otras lenguas relacionadas, y la mitología sánscrita o hindú es, de igual forma, sólo la hermana mayor de las otras mitologías arias. Es por razón del descubrimiento de este origen común de las lenguas por lo que los eruditos han podido tratar la mitología de forma científica. Por ejemplo, muchos nombres ininteligibles en griego se explican por el significado de sus equivalentes sánscritos. Así, el nombre del principal dios griego, Zeus, no tiene significado en sí mismo. Pero el dios del cielo griego Zeus evidentemente se corresponde con el dios del cielo hindú Dyaus, y esta palabra deriva de una raíz dyu, que significa «brillar». Zeus, pues, el theos griego y el deus latino, significaba originariamente «el éter brillante». De forma similar otros nombres griegos se explican por sus equivalentes o palabras afines en sánscrito.

     Así, el nombre de la esposa de Zeus, Hera, deriva de una raíz sánscrita svar, que originariamente significaba el brillante cielo: la diosa misma fue primeramente el brillante aire. Atenea se refiere a nombres sánscritos que significan la luz del amanecer, y Erinis procede del sánscrito Saranyn. En el Panteón hindú hay dos grandes clases de dioses: la Védica y la Brahmánica. Los dioses védicos pertenecen a los tiempos más antiguos, y aparecen obviamente como poderes elementales y son tal como hubieran sido alabados por un pueblo simple, no instruído, y agrícola.

     La religión brahmánica fue, en gran parte al menos, un desarrollo refinado de la anterior, y fue gradualmente desplazando la forma más simple de adoración del vedismo en una época tan antigua como quince siglos o más antes del nacimiento de Cristo. Cinco o seis siglos antes del último acontecimiento, el dissent, bajo el nombre y forma de budismo, se convirtió en la principal religión de la India; pero en unos diez siglos el brahmanismo recobró su antigua posición. El budismo ahora no tiene más que unos pocos seguidores en la India. Sus principales devotos están en Birmania, Siam, Japón, Tíbet, Nepal, China y Mongolia, y sus seguidores, en el momento actual, quizá superan en número a los de todas las otras religiones juntas.


EL DIOS VÉDICO DYAUS

     Era, como ya hemos indicado, el dios del cielo brillante y su nombre estaba conectado con el de Zeus por la raíz dyu. Como tal, Dyaus era el dios de la lluvia hindú, es decir, principalmente el cielo del que caía la lluvia. Es evidente que el nombre del dios y el nombre del cielo eran intercambiables, por expresiones clásicas tales como «Zeus llueve» (es decir, el cielo llueve), que significaba una atmósfera húmeda. En tales expresiones no hay apenas ninguna sugerencia mitológica, y el significado del nombre Dyaus, como el de los nombres de Ouranos y Kronos en griego, siempre permanecieron demasiado transparentes para que se convirtieran en el núcleo de un mito. El epíteto Dyaus pitar es simplemente Zeus pater —Zeus padre—, o, como se escribe en latín, Júpiter. Otro de sus nombres, Janita, es el término sánscrito para indicar genetor, un título que se aplica a Zeus en calidad de padre o productor. Dyaus finalmente dio lugar a su hijo Indra.


VARUNA

     Es también un dios del cielo. De acuerdo con otra versión, un dios del agua. El nombre deriva de Var, cubrir o abovedar, y Varuna significa la bóveda del cielo. Aquí, entonces, parece que encontramos una pista del significado del griego Ouranos, de quien ya sabemos que era un dios del cielo: Ouranos significa el cubridor, pero, como hemos observado ya, el nombre habría quedado ininteligible de no haber sido por su referencia al nombre sánscrito. El mito de Varuna es un ejemplo maravilloso de la disposición y terminación con la que el genio hindú espiritualizó sus impresiones de los sentidos. Del concepto de aire (o aliento), el Varuna de mil ojos (o estrellado) que vigilaba todas las cosas y todos los hombres, los arios indios pasaron a la concepción más significativa de Varuna como un dios que todo lo ve, cuyos espías, o ángeles, veían todo lo que sucedía. Algunos de los más bellos pasajes de los himnos védicos son esos en los que se hace referencia al Varuna que todo lo ve, como en los siguientes versos —el segundo de los cuales es tan notorio por su conmovedora belleza— del Rig-Veda:

     «No me dejes todavía, oh Varuna, entrar en la casa de arcilla: ¡Ten piedad, Todopoderoso, ten piedad!.

     »Si voy solo temblando como una nube conducida por el viento: ¡Ten piedad, Todopoderoso, ten piedad!.

     »Por la falta de fuerza, tú, dios fuerte y brillante, he ido yo a la orilla equivocada: ¡Ten piedad, Todopoderoso, ten piedad!.

     »La sed llegó al orador, aunque estaba en medio de las aguas: ¡Ten piedad, Todopoderoso, ten piedad!.

     «Cuando nosotros, oh Varuna, cometamos una ofensa ante la hueste celestial, cuando rompamos tu ley sin pensar: ¡Ten piedad, Todopoderoso, ten piedad!».

     Esta transición completa de lo físico a lo espiritual, esta parte abstracta o contemplativa de la mente hindú, está curiosamente citada en el nombre de Aditi. Originariamente significaba el espacio ilimitado del cielo más allá del lejano Oriente, de donde salían los dioses de la luz. Luego Aditi se convirtió en un nombre para la madre en cuyo regazo crecían los dioses; finalmente, parece un nombre que se aplicó a lo Incomprensible e Infinito y Absoluto de los metafísicos.


INDRA

     La conexión, o identidad, entre Zeus y Dyaus parece ser principalmente filológica. Hay un mayor parecido entre Indra y Zeus que entre Zeus y Dyaus. Indra, como el lanzador de truenos y como «enviador de la nube», coincide con Zeus y Thor.

     El mito de Indra —el dios védico favorito— es un ejemplo más de esa transición del significado físico al espiritual al que nos hemos referido; aunque Indra no es de ninguna forma un ser tan espiritual como Varuna. Es también un buen ejemplo del hecho de que, como lo expresan los mitologistas comparativos, cuanto más atrás rastreamos los mitos, más «atmosféricos» se vuelven los dioses. Primero, de la simplemente física Indra. Su nombre deriva de indu, caída de savia. Es pues el dios de la lluvia. El nombre parjanya significa el que trae la lluvia. Indra estalla la nube con su rayo y libera las aguas aprisionadas. Su origen puramente físico es además indicado por la expresión mítica de que las nubes se movían en Indra como los vientos en Dyaus, una expresión que implica que Indra era uno de los nombres del cielo.

     También las historias que se cuentan de él se corresponden estrechamente con algunos de los nombres en la mitología clásica. Como Hermes y Hércules, estaba dotado de fuerza precoz; como Hermes, va en busca del ganado, las nubes que los poderes malignos han alejado, y como Hermes, es ayudado por las brisas —aunque en la mitología hindú es más bien por las tormentas—, los Maruts, o los aplastadores. Su barba de rayo es la barba roja de Thor. En una tierra con las condiciones climáticas de la India, y entre los pueblos agrícolas, era muy natural que el dios cuyas lluvias fertilizantes traían el maíz y el vino a la madurez fuera considerado como el más grande de todos.

     «Él, que desde que nació es el primero de las deidades, que ha hecho honor a los dioses con sus hazañas y por cuyo poder se alarman los cielos y la tierra, que es conocido por la grandeza de su fuerza: él, hombres, es Indra.

     »Él, que fijó la tierra móvil, que tranquilizó a las indignadas montañas; que esparció el espacioso firmamento, que consolidó los cielos: él, hombres, es Indra.

     »Él, que, habiendo destruído a Abi, liberó los siete ríos, que recobró las vacas detenidas por Bale, que generó fuego en las nubes, que es invencible en la batalla: él, hombres, es Indra.

     »Él, bajo cuyo control están los caballos y el ganado, y los pueblos y los carros; que dio a luz al Sol y al amanecer, y que es el líder de las aguas: él, hombres, es Indra.

     »Él, ante quien el cielo y la tierra se arrodillan; él, ante cuyo poder las montañas se aterran; él, que es el bebedor del zumo Soma, el duro de cuerpo, el diamante armado, el forjador del rayo: él, hombres, es Indra.

     «¡Déjanos rodearte con alabanzas gratas como los maridos son abrazados por sus esposas!».

     El primer verso en el anterior himno del Rig-Veda quizá se refiere a Indra como un dios del Sol y a la rapidez con la que, en climas tropicales, el Sol recién nacido crece en cuanto a poder calorífico. El Abi, o serpiente, del tercer verso, es igual que la Equidna griega, o la Vritra hindú, y se multiplica en los Rakhshasas —o poderes de la oscuridad— contra los que el dios del cielo Indra libra una guerra mortal. Se hace referencia a él en el mismo mito de casi la misma forma que se aplicaría al creador y sostenedor del mundo. Pero así es casi cada deidad hindú. La supremacía absoluta se atribuía a cada uno de los dioses cuando le tocaba el turno de ser alabado o propiciado.


SURYA

     Corresponde al griego Helios. Es decir, no era tanto el dios de la luz como el dios especial que moraba en el cuerpo del Sol. La misma distinción existe entre Poseidón y Nereo: uno era el dios de todas la aguas, e incluso un visitante del Olimpo; el otro, un morador del mar. Surya es descrito como el marido del amanecer y también como su hijo.


SAVITAR

     Es otra personificación del Sol. Su nombre significa el «Inspirador» y deriva de la raíz sa, conducir o estimular.

     Como dios del Sol se le llama el del ojo de oro, el de la lengua del oro y el de la mano de oro, y si suponemos que con el tiempo esos epítetos —bastante apropiados en un sentido puramente físico— perdieron el sentido puramente físico, de forma que Savitar pasó a significar una persona real que significaba una mano hecha de oro real, es evidente que los sacerdotes y otros deben haber hecho uso de su ingenuidad al intentar explicar el hecho. Así, los comentadores hindúes dicen que Savitar se cortó la mano en un sacrificio y que los sacerdotes en su lugar le dieron una de oro. Savitar así se corresponde con el dios teutónico Tyr, cuya mano fue cortada por el lobo Fenris. Como otros dioses de las mitologías hindú y escandinava, Savitar es considerado como todopoderoso. Que Savitar es un dios del Sol queda claro por el siguiente pasaje del Rig-Veda:

     «Brillando se levanta del regazo del amanecer, alabado por cantantes; él, él, mi dios Savitar, dio un paso adelante, que nunca pierde el mismo lugar.

     »Da un paso adelante, el esplendor del cielo, el que ve ancho, el que brilla lejos, el que anda errante brillando; seguro que aliviados por el Sol los hombres realizan sus tareas y hacen su trabajo.

     »¡Que el Savitar del ojo dorado suba hacia aquí!.

     »¡Que el de la mano de oro, el que otorga la luz, el buen guardián, el que levanta el ánimo, y el afluente Savitri esté presente en el sacrificio!».

     El segundo pasaje parece identificar a Savitar con Odín, que fue también «el errante» —Wegtam— y que tenía un solo ojo, como Savitar una sola mano.


SOMA

     En algunos aspectos el mito de Soma es el más curioso de todos. Soma, como el zumo intoxicante de la planta soma, corresponde a la mezcla de miel y sangre de Qoasir, que, en la mitología escandinava, imparte vida prolongada a los dioses. En el Rig-Veda el soma se describe de forma similar; como también el proceso por el que se convierte en un líquido intoxicante. Pero en los mismos himnos Soma también es descrito como un dios todopoderoso. Es él quien da fuerza a Indra y le permite conquistar a su enemigo Vritra, la serpiente de la oscuridad. Es además, como Vishnu, Indra y Varuna, el apoyo del cielo y la tierra, y de los dioses y hombres; así parece como si el mito del dios Soma no fuera más que un ejemplo del estado fetichista de la historia de la especie humana durante la cual los hombres atribuían vida consciente y energía a lo que les beneficiaba o hería. Los siguientes pasajes del Rig-Veda son mencionados para mostrar en qué términos Soma era mencionado como un dios y como una mera planta:

     «Donde hay luz eterna, en el mundo donde está colocado el Sol, en ese inmortal e imperecedero mundo, colócame, oh Soma...

     »¡Donde la vida es libre, en el tercer cielo de los cielos, donde los mundos son radiantes, allí hazme inmortal!».

     Y también:

     «En el filtro, que es el apoyo del mundo, puro soma, son purificados por los dioses. Los Usijas primero ser reunieron allí. En ti están contenidos todos los mundos.

     »¡EI soma fluyó en la vasija para Indra, para Vishnu; que se convierta en miel para Vayu!».


AGNI

     El dios del fuego y su nombre están evidentemente conectado con el latín ignis. Se corresponde con el griego Hefestos. De este dios Wheeler, en su introducción a la historia de la India, escribe así:

     «La presencia del fuego excita en el Hombre, en un primitivo estado de la existencia, sentimientos de reverencia. Sus poderes suben al rango de deidad cuyas operaciones se dejan sentir y ver. Quema y consume. Despide la oscuridad y con él se alejan, no sólo los horrores imaginarios con los que la mente asocia la oscuridad, sino también los horrores reales, como bestias de presa... Se identifica con la luz del Sol y de la Luna; con la luz que viene del cielo y destruye los árboles más pesados, y hace caer al hombre fuerte; con la deidad que cubre el campo con grano y madura la cosecha; con el mensajero divino que lame el sacrificio y se lo lleva a los dioses».


     Como otro ejemplo curioso de la clase de fetichismo al que nos hemos referido, hay una descripción védica de Agni como ser generado por el frote de dos palos, tras lo cual brota de la madera como un rápido pretendiente, de nuevo, cuando excitado por el viento se precipita entre los árboles como un toro, y consume el bosque como una raya destruye a sus enemigos. Tales sentimientos por supuesto prueban el origen puramente físico del dios Agni, y apenas es necesario observar que, como Indra, Varuna, Soma, Vishnu, etc., es un dios todopoderoso y apoyo del universo.


VAYU

     Es el dios de los vientos, o del aire. Aliados con él están los Maruts, los dioses de la tormenta, o «aplastadores», cuyo nombre deriva de una raíz que significa machacar, y que está obviamente conectada con nombres tales como Marte y Ares. La misma raíz aparece en Mjólnir, un epíteto de Thor, concebido como el dios machacador. Los maruts son los equivalentes hindúes de los ogros escandinavos, los fieros seres de la tormenta que cambian el mar en espuma y que, en los cuentos escandinavos, están representados como seres armados con palos de hierro, que con cada golpe hacen que la tierra salga volando unas cuantas yardas por el aire. El significado original del nombre está claro por los pasajes védicos que describen a los maruts rugiendo en los bosques y rasgando las nubes con la lluvia.

     De todas las personificaciones de la mitología hindú, con mucho la más pura, la más conmovedora y bella, es


USHAS

     Cuyo nombre es el mismo que el griego Eos —o el Amanecer—. El nombre Ushas deriva de la raíz mi, quemar. Es también la misma que la sánscrita Ahorna, o Dahana, y las griegas Atenea y Dafne. El lenguaje que se usaba para hablar del Ushas físico era especialmente susceptible de fácil transformación en un significado puramente espiritual. La luz del amanecer es bella para todos los hombres, bárbaros o civilizados, y no requería ningún gran esfuerzo de imaginación poética representar a Ushas como una mujer joven despertando a sus hijos y dándoles nueva fuerza para los trabajos del nuevo día. Sucede que la palabra que en sánscrito significa «despertar» también significa «saber» y así, como la griega Atenea, Ushas se convirtió en una diosa de la sabiduría. Los siguientes pasajes muestran cómo era considerada Ushas por los adoradores védicos:

     «Ushas, hija del cielo, concédenos riquezas; difusora de luz, concédenos abundante comida; bella diosa, concédenos abundante ganado.

     »Esta propicia Ushas ha enjaezado sus vehículos desde lejos, sobre la salida del Sol, y viene gloriosa sobre los hombres con cien carros.

     »Es la primera de todo el mundo que despierta, tambaleándose por la oscuridad transitoria; la poderosa, la que da la luz, desde arriba contempla todas las cosas; siempre joven, siempre reviviente, es la primera en ser invocada».

     Si tuviéramos espacio para la discusión de un tema tan interesante, sería fácil mostrar la forma tan natural en la que la lengua en la que los dioses védicos eran descritos últimamente sugirieron una concepción monoteísta. Mientras tanto nos contentamos con el siguiente himno monoteísta:

     «En el principio allí se levantó la fuente de la luz de oro. Era el único dios de todo eso; estableció esta tierra y este cielo: ¿Quién es el dios a quien ofreceremos nuestro sacrificio?.

     »Él, que da la luz, que da fuerza; cuyas bendiciones desean todos los dioses brillantes; cuya sombra es inmortalidad; cuya sombra es la muerte: ¿Quién es el dios al que ofreceremos nuestro sacrificio?.

     »Él, que a través de su poder es el único rey de todo lo que respira y está despierto en el mundo. Él, que lo gobierna todo, hombres y bestias: ¿Quién es el dios al que ofreceremos nuestro sacrificio?.

     »Él, cuyo poder está en estas montañas nevadas, cuyo poder proclama el cielo, con el río distante. Él, cuyas regiones son como si tuviera dos brazos: ¿Quién es el dios al que ofreceremos nuestro sacrificio?.

     »Él, a través de quien el cielo es brillante y la tierra firme. Él, a través de quien se estableció el cielo —ay, el más alto cielo—; él, que midió la luz en el aire: ¿Quién es el dios al que ofreceremos nuestro sacrificio?.

     »Él, al que el cielo y la tierra, firmes por su deseo, miran hacia arriba, temblando interiormente; él, sobre quien el Sol naciente brilla: ¿Quién es el dios al que ofreceremos nuestro sacrificio?.

* * *

     »Que no nos destruya él, el creador de la Tierra; o él, el legítimo, que creó el cielo; él, que también creó las aguas brillantes y poderosas: ¿Quién es el dios al que ofreceremos nuestro sacrificio?».


LOS DIOSES BRAHMÁNICOS

     De la última religión hindú las deidades principales son Brahma, Vishnu y Siva —formando la Trinidad Hindú, o Trimurti—. Estos dioses, sin embargo, no son considerados como dioses separados, independientes, sino solamente como tres manifestaciones o revelaciones o fases del espíritu o energía del ser supremo incomprensible Brahma. Que la trinidad es una formación comparativamente tardía parece claro por el hecho de que era desconocida para el comentador Yaska. La trinidad de Yaska está compuesta de tres dioses védicos: Agni, Vayu y Surya. Agni, de la Trinidad Brahmánica, parece reconocerse también en el Mahabharata, donde se representa a Brahma, Vishnu e Indra como los hijos de Mahadeva, o Siva. Quizá, sin embargo, la razón de esto se encuentre en los celos mutuos de las dos grandes sectas, Vaishnavas y Saivas, en los que se vino a dividir la religión hindú. Para Brahma como el auto-existente, del que no hay imagen, no existían ni templos ni altares. Porque significando, entre otras cosas, impersonalidad, el nombre Brahma es de género neutro, y la esencia divina se describe como la que ilumina todo, encanta todo, de donde procede todo, ese del que viven cuando nacen y al que todo debe volver.


BRAHMA

     Es ese miembro de la tríada cuyo nombre es más familiar a los ingleses, y más familiar aún para los hindúes mismos. Las imágenes de éste se encuentran en los templos de otros dioses, pero no tiene templos ni altares propios. La razón de esto es que Brahma, como energía creativa, es inactivo y permanecerá así hasta el fin de la edad presente del mundo —del Kali-Yuga, que es sólo una pequeña porción de un ciclo de 432.000 años.

     Parece, sin embargo, que se hizo un intento de representar incluso el espíritu divino de Brahma, porque el dios Narayana significa el espíritu que se mueve en la aguas. Narayana está representado como un gracioso joven que está tumbado sobre un sofá de serpiente que flota sobre el agua, y con el dedo del pie en la boca.

     Brahma está representado como un dios de cuatro cabezas, que lleva en una mano una copia de los Vedas, en otra una cuchara para derramar el agua lustral contenida en un jarrón que sostiene en una tercera mano, mientras que en la cuarta mano sostiene un rosario. El rosario era usado por los hindúes como ayuda en la contemplación, dejando caer una cuenta en la silenciosa pronunciación de cada nombre del dios, mientras que el devoto pronunciaba el atributo significado por el nombre. Brahma, como cada dios, tenía su shakti, o esposa, o equivalente femenina, y su vahan, o vehículo, en el que cabalgaba. La shakti de Brahma es Saraswati, la diosa de la poesía, sabiduría, elocuencia y bellas artes. Su vahan era el ganso —hanasa; en latín, gans.


VISHNU

     Es la personificación del poder conservador del espíritu divino. Los vaishnavas alegan que Vishnu es el dios supremo, porque no hay distinción en el sentido del aniquilamiento, sino cambio o conservación. Pero por supuesto el argumento cortaría los tres caminos, porque también se podría decir que la creación, conservación y destrucción son en el fondo una y la misma cosa: un hecho que así apunta a la unidad de Dios. De las dos sectas hindúes la vaishnaiva es quizá la más numerosa. Vishnu está representado como un ser de color azul; su vahan es Garuda, el ser medio hombre alado, medio pájaro, rey de los pájaros, y su shakti, o esposa, es la diosa Lakshmi. Se dice que tiene cuatro manos: con una sostiene un chank, o concha; con la segunda un chakra, o aro; con la tercera un palo, y con la cuarta un loto. Se representa a Vishnu tumbado dormido en Ananta, la serpiente de la eternidad. Al final del Kali-Yuga, Vishnu descansará en esa posición; de su ombligo saldrá el tallo de un loto, en cuya cima —sobre la superficie de las aguas, que en ese tiempo cubrirán el mundo— Brahma aparecerá para crear la Tierra de nuevo.


SIVA

     Es el destructor, la tercera fase de la energía de Brahma. Está representado como de color blanco. Su shakti es Bhavani o Prakriti, la terrible Durga o Kali, y su vahan, un toro blanco. Algunas veces Siva está representado con un tridente en una mano y en la otra una cuerda o pasha, con la que él, o su esposa Kali, estrangulan a los malhechores. Su gargantilla está hecha de calaveras humanas, sus pendientes son serpientes, tiene las ijadas envueltas en piel de tigre y de su cabeza sale el sagrado río Ganges.

     Entre las deidades menores se puede mencionar a Kuvera, el dios de lo merecedor; Lakshmi era la diosa de la salud; Kamadeva, el dios del amor, que está representado como montando en una paloma, armado con una flecha de flores y un arco cuya cuerda está hecha de abejas, y en tercer lugar, Ganesha, el hijo de Siva y Prithivi, que es considerado como el más sabio de todos los dioses, es especialmente el dios de la prudencia y la política, siendo invocado al comienzo de las obras literarias hindúes.


ENCARNACIONES DE VISHNU

     La palabra Avatar significa, en su sentido evidente, Descenso —del mundo de los dioses al mundo de los hombres—. Estos descendientes, o encarnaciones, de Vishnu han tenido siempre un propósito benéfico. Su primer avatar se llamó Matsya, de donde, durante el reinado del rey Satyavrate, Vishnu se apareció en forma de un pez, porque el mundo había sido inundado de agua por su maldad, y sus habitantes, excepto el rey y siete sabios, con sus familias, que, junto con parejas de todas las especies animales, entraron en un arca preparada para ellos, y a los que cuidó el Pez, que llevaba los cables atados a su cuerno.

     En el segundo, o avatar Kurma, Vishnu se apareció en la forma de una tortuga, con el monte Mandara a la espalda, mientras los dioses rastreaban el mar en busca de la ambrosía divina. En el Varaha, o tercer avatar, Vishnu apareció como un jabalí para salvar la Tierra cuando se había inundado una segunda vez. El jabalí entró en el mar y sacó a la tierra del agua con sus colmillos. En la cuarta apareció Narasingha, el hombre león, para liberar al mundo de un monarca al que, por sus austeridades, los dioses habían concedido un dominio universal. Bajo esta forma Vishnu desgarró al rey en pedazos. Después apareció primero como un enano; luego como Rama, el héroe de los Ramayana, que de otra forma era un ser benefactor. Su encarnación principal apareció en Krishna, el dios más amado por los hindúes.

     De Buda, el fundador de la religión budista, también se dijo que era una encarnación de Vishnu. Nueve de estos avataras ya se han mencionado. El décimo, o Kalki Avatara, aparecerá armado con una cimitarra y montado en un caballo blanco, y será entonces cuando termine la edad presente, tras lo cual dormirá en las aguas, producirá a Brahma y así inaugurará un nuevo mundo.–


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