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miércoles, 30 de julio de 2014

Peter Russell - Usura, la Raíz de Todos los Males



     Un estupendo artículo, simple y breve, del británico señor Peter Russell (1946) es lo que presentamos ahora en castellano, tomado del propio sitio del autor (peterrussell.com), que nos habla muy clara y lúcidamente del mecanismo psicológico que hace que se desarrolle en el mundo material toda una serie de abusos contra las personas, los animales y toda vida en el planeta. Con explicaciones a veces economicistas y a veces muy sencillas, nos da a entender el funcionamiento y causa de la usura en sus diversas formas. El señor Russell, tras estudiar matemáticas y física, derivó después a la psicología experimental y a la ciencia computacional. Gran conocedor del mundo empresarial en esta calidad, ha escrito diversos libros buscando una síntesis entre ciencia y espiritualidad.


Usura: ¿La Raíz de Todos los Males?
por Peter Russell
2 de Julio de 2007



"El amor al dinero es la raíz de todos los males" (1ª Timoteo 6:10).


     ¿Por qué la gente valora tanto el dinero? No hay, después de todo, nada muy atractivo en unos mugrientos pedazos de papel, unos sucios discos metálicos, o unos archivos digitales en una base de datos. El dinero nos da la capacidad de obtener las cosas o situaciones que deseamos. Con el dinero podemos comprar seguridad, poder, reconocimiento, estímulo, o cualquier cosa que pensemos que necesitamos a fin de encontrar la realización.

     Pero el dinero también tiene un efecto más pernicioso sobre la sociedad. No hace falta una gran mente para ver que la conveniencia financiera está detrás de la mayor parte de nuestra inhumanidad de unos a otros y de nuestro insensible tratamiento de otras criaturas. Algunos pensadores más radicales han sostenido que el dinero debería ser eliminado, y con ello las nociones de posesión y propiedad. Es ciertamente verdadero que algunas culturas menos materiales no tienen ninguna noción de propiedad, posesión o dinero, y han sobrevivido muy bien, y en una mayor armonía con el resto de la vida. Pero en las sociedades más desarrolladas es esencial algún medio de intercambio simbólico: no siempre podemos querer recibir pollos a cambio de nuestros paneles solares.

     Además, la eliminación del dinero sólo eliminaría el síntoma del problema. No es el "dinero" el que es la raíz de todos los males (como es a veces erróneamente citado) sino el "amor al dinero".


Usura

     Nuestro amor al dinero no sólo hace que nosotros tomemos decisiones que no están en nuestros propios mejores intereses, sino que también conduce a la usura, el cobro de interés por un préstamo.

     No hay nada malo en eso, uno podría pensar (en particular si usted es el prestamista), ya que todo el mundo lo hace. ¿Por qué deberían los otros no pagar por el uso del dinero de alguien? Por lo menos deberíamos recibir un retorno suficiente en nuestras inversiones para mantenernos al día con la inflación; y si podemos conseguir un poco más, ¿por qué no?.

     Pero resulta que el préstamo de dinero con interés es una de las causas principales de la inflación, en primer lugar. Y, como veremos, la usura alimenta a muchas de las otras crisis de la Humanidad.


Declarada Fuera de la Ley

     Es sólo en tiempos relativamente recientes que la usura se ha convertido en una práctica ampliamente aceptada. Aunque no tan ampliamente aceptada. Está prohibida por el Corán, y hoy hay todavía muchos países islámicos en los cuales a los bancos no se les permite cobrar interés.

     Fue también originalmente proscrita en el judaísmo, y todavía lo es en algunos sectores. El libro del Antiguo Testamento llamado Levitico declara que "No le darás dinero con usura, ni exigirás de él la sobreproducción de las frutas". Y en el libro de Ezequiel se aconseja que el hombre justo "no preste con usura". Pero, como sucede con la mayoría de las tradiciones religiosas, las enseñanzas gradualmente se diluyen, se distorsionan o son ignoradas. En la época de Jesús el hacer dinero mediante el préstamo y el cambio de dinero se había convertido en una práctica tan aceptable que fue incluso permitida dentro de las afueras de los templos. Los seguidores de la Ley, "los buenos y los justos", condonaban la raíz de todos los males. Y por eso Jesús expulsó a los cambistas de dinero.

     Las culturas de la Grecia y la Roma antiguas denunciaron igualmente la usura. Aristóteles la llamó el más antinatural e injusto de todos los comercios. El dinero, decía él, debía ser usado para el intercambio, no para la producción de dinero a partir del dinero. Platón la condenó a causa de que ponía a una clase contra la otra, y era por lo tanto destructiva para el Estado. En Roma Cicerón, Catón y Séneca hicieron censuras similares.

     La usura fue proscrita por el Derecho Canónico de la Iglesia de Roma, pero la gente siguió practicándola mediante varios medios. Uno era afirmar que era poco práctico prestar dinero completamente gratis. Había, después de todo, varios pequeños costos implicados: el tiempo y el papeleo, y a veces el envío; y algunos prestatarios dejaban de reembolsar sus préstamos. ¿Por qué debería el prestamista perder dinero?. Entonces la Iglesia permitió a los prestamistas que cobraran un interisse, la palabra latina para "pérdida", para cubrir dichos costos. Pronto ese "cargo por pérdida" se convirtió en un porcentaje fijo, y cuando la avaricia asomó su fea cabeza, el porcentaje creció, convirtiendo la pérdida en una ganancia. La usura estuvo de vuelta, pero bajo un nuevo nombre: el interés.

     La Reforma vio la plena legitimación de la usura. Calvino, uno de los padres de la Reforma, despreció las referencias bíblicas a los males que habían en hacer dinero a partir del dinero, sosteniendo que ellos eran irrelevantes en los tiempos modernos, y que el cobro de interés era tan razonable como el cobro del arriendo por la tierra (aunque los indios norteamericanos y otras culturas pudieran desear sustituír la frase "tan razonable" por "tan irrazonable"). Y cuando Enrique VIII rompió con Roma para establecer la "Iglesia de Inglaterra", él no sólo legitimó el divorcio sino que también dio el sello de aprobación oficial a la usura.

     El debate sobre las ventajas y los males de cobrar interés siguió durante los siglos XVII y XVIII, pero al final la tentación del dinero fácil terminó triunfando. Hoy esto es difícilmente cuestionado, excepto quizá por la persona cuya vida es convertida en una miseria por los pagos de interés que él no puede mantener, pero ciertamente no por los gobiernos y bancos que hacen muchísimo dinero de ello, ni por toda la gente que presta en depósito su dinero a estos prestamistas.


Haciendo Dinero

     El impacto de la usura en nuestro mundo es mucho más profundo que simplemente hacer más rico al rico y más pobre al pobre, con todas las tensiones sociales que ello engendra. Ella exacerba algunos de los problemas más críticos de nuestro tiempo.

     En esencia, la usura es querer algo por nada. Prestar dinero no implica ningún aporte de trabajo humano, aparte quizás de firmar de un acuerdo e ingresar algunos datos en un computador. Tampoco el acto del préstamo produce en sí mismo algo. El prestatario bien puede usar el dinero para hacer algo útil, pero el prestamista no ha hecho nada. Y sin embargo éste aún así espera recibir algo a cambio.

     ¿Pero de dónde viene ese algo extra? La mayoría de los prestamistas están tan preocupados por sus propias ganancias que ellos no consideran esta pregunta, o prefieren mirar para otro lado. Pero es la fuente última de este dinero adicional lo que hace que la usura sea una práctica tan indeseable.

     Déjeme explicarlo un poco más. La mayor parte del dinero en circulación consiste no en notas y monedas sino en crédito, el dinero que los bancos han prestado a individuos y corporaciones, y que "circula" cuando es transferido de una cuenta bancaria a otra. Los bancos, por supuesto, exigen su interés de todo este dinero que ha sido prestado, y a fin de que este interés pueda ser pagado, debe aumentar la cantidad de dinero en circulación. Este dinero suplementario no crece de los árboles, ni, excepto en el caso del oro, puede ser sacado de la tierra. Son los bancos los que suministran el dinero adicional, y ellos hacen esto haciendo más préstamos.

     Estos préstamos adicionales son, por supuesto, hechos a interés, con la consecuencia de que el suministro de dinero debe ser aumentado todavía más para darles cabida. Y así sucesivamente...


Agregando Combustible al Fuego

     El tener que aumentar continuamente el dinero circulante a fin de que sea pagado el interés, tiene dos consecuencias indeseables. Primero, esto promueve la inflación. Esto ocurre porque el aumento del dinero circulante no aumenta en sí mismo la riqueza de una nación. El aumento de la riqueza proviene de los ingresos aumentados por productos y servicios. Pero rara vez este incremento es tan alto como el aumento de la existencia de dinero. La diferencia es absorbida por la inflación.

     Tomemos un ejemplo muy simple. Los economistas lo harían un poco más complejo, pero se podrían aplicar los mismos principios. Suponga que los bancos aumentan el dinero circulante en una proporción de un 10% por año pero donde el aumento del crecimiento económico es de sólo un 4%, una cifra muy optimista para la mayoría de los países. Por cada 100 dólares de riqueza verdadera un año atrás, hay ahora 104 dólares, pero la cantidad de dinero que representa esta nueva riqueza ha crecido a 110 dólares. El efecto neto es que el valor del dinero en circulación ha sido diluido en un 6%. En otras palabras, se requieren más dólares para comprar lo mismo. A esto lo llamamos inflación.

     A nadie le gusta la inflación, en particular a los prestamistas. Si toda la oferta de dinero extra es absorbida por la inflación, ellos no consiguen ninguna ganancia neta. Es mucho mejor compensar tanto como sea posible el dinero suplementario aumentando la riqueza real. Esto conduce a una segunda consecuencia indeseable: un incremento continuo de la existencia de dinero, un crecimiento económico interminable.

     Es verdad que en nuestro sistema actual el crecimiento es considerado necesario para una "economía sana" y para el mantenimiento de un nivel de vida decente. Pero ello sólo es necesario, en primer lugar, debido a la usura. Y cuando consideramos el impacto más amplio del crecimiento económico interminable nos vemos obligados a cuestionar la salud real de tal economía.

     Nada más en la Naturaleza se entrega a un crecimiento sin fin, excepto un cáncer maligno, y desde la perspectiva de su huésped, aquello está lejos de ser saludable.

     Ya que el tipo de interés cobrado por un préstamo es un índice combinado, el crecimiento de la existencia de dinero y la necesidad consiguiente del aumento del "crecimiento" económico aumentan exponencialmente. Un dólar invertido a un interés compuesto de un 10% valdría 1,1 dólar después de un año, 1,21 dólar después de dos años, 2,59 dólares después de diez años, 117,39 dólares después de cincuenta años, 13.780,65 dólares después de cien años; y alrededor de 2.473.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 miles de millones después de mil años, que es aproximadamente diez billones de veces el peso de la Tierra en oro (a su valor actual). Imagine tratar de recolectar el interés sobre aquello.

     No es raro entonces que las economías basadas en la usura finalmente colapsen.


La Deuda a través del Mundo

     Estamos tratando de aplicar una similar aceleración del crecimiento a la economía global. Durante un tiempo los efectos serían absorbidos por el tamaño creciente de la población y por la industrialización en aumento. Pero ahora que el crecimiento demográfico y la industrialización están alcanzando sus límites, el medioambiente está comenzando a pagar el costo.

     Mientras tanto los bancos, siempre en busca de nuevos prestatarios, seducen a los países menos desarrollados para que soliciten préstamos enormes:

     «Ustedes no tienen que seguir siendo campesinos: con nuestro dinero ustedes pueden desarrollar cultivos comerciales, comerciar con otros países, establecer nuevas industrias, manufacturar cosas que ustedes necesitan, crea nueva riqueza. ¿Por qué no se convierten en una "nación en desarrollo" y disfrutan de las ventajas y comodidades del crecimiento económico? Luego ustedes podrán vivir como nosotros y comprar muchas cosas agradables que nosotros producimos (que ustedes realmente no necesitan, pero que tenemos que vender)».

     «Como cualquier otro, ustedes por supuesto tendrán que pagar intereses por este préstamo (pero en nuestro dinero, por favor, no en la cosa sin valor que ustedes imprimen). Si al principio ustedes no pueden lograr pagarnos la deuda, no se preocupen, les prestaremos más para sacarlos del apuro. Y si, puesto que los intereses se acumulan, ustedes todavía no pueden pagar, les echaremos una mano comprando algunos de aquellos estupendos recursos que ustedes tienen, pero a un precio de liquidación».

     ¿El resultado neto de la usura? Los bosques tropicales son consumidos cada vez más rápido. Las especies se extinguen a una velocidad más rápida que con la que podemos clasificarlas como en peligro de extinción. Cada vez más la Tierra es despedazada para satisfacer nuestra creciente demanda de minerales. Y la basura extra generada por toda esa actividad adicional ensucia el aire, contamina el agua y envenena la tierra.

     Mientras tanto, seguimos predicando que el crecimiento económico interminable es sano.


Usureros Todos y Cada Uno

     Algunos argumentarían que las cosas no serían tan malas si las industrias no estuvieran siempre tan preocupadas por maximizar sus ganancias. Ellas podrían disminuír la mayor parte de sus desechos, reciclar muchos más recursos y ser más eficientes en el uso de la energía. Pero aquello cuesta dinero y reduce las ganancias.

     ¿Y quién se beneficia de todas esas ganancias? Todavía tengo que encontrar a un codicioso director corporativo dispuesto a saquear el mundo para llenar su propio bolsillo. La mayoría de ellos vive de salarios, preocupados más por la seguridad de tener un trabajo que de producir ellos mismos más dinero, y tan preocupados por el medioambiente y el futuro del planeta como cualquiera.

     Las ganancias que ellos hacen van a sus inversionistas. Los bancos que financian nuevas empresas no prestan dinero a sólo un 10 ó 15%, como ellos lo hacen con usted o conmigo. Los negocios son mucho más arriesgados; muchos fracasan y nunca reembolsan sus préstamos. Y para cubrir este riesgo extra los bancos exigen el 25%, o incluso el 40% por año por sus préstamos. Esto es lo que hace que muchos negocios crecientes devasten áreas medioambientales. Si se trata de elegir entre una ejecución hipotecaria y un poco de contaminación, ¿adivina usted qué se escoge?.

     Y luego están los accionistas, la "gente de la calle" que invierte (o mejor dicho presta) un poco de su dinero. Ellos muy raramente invierten ese dinero por la bondad de su corazón, o porque ellos realmente crean que una compañía particular lo está haciendo bien y debería ser apoyada. El criterio habitual (incluída la inversión ética) es de dónde se puede obtener la mayor cantidad de dinero. ¿Las acciones de quién subirán de valor mayormente?; ¿quién pagará los mejores dividendos? Y los directores de la compañía, responsables como son ante los accionistas, hacen lo que se les dice.

     ¿En cuántas reuniones de accionistas escucha usted a éstos votando a favor de dividendos inferiores y un poco menos de contaminación? Lejos, en demasiado pocas. Hemos prestado nuestro dinero a la compañía, y lo que se desea es tanta usura a cambio como podamos lograr.

     Así que no condenemos precipitadamente a los prestamistas oficiales. El que esté libre de usura que arroje la primera piedra.


Los Hipnotizadores Culturales

     El crecimiento económico sostenido requiere, como hemos visto, la producción de más y más bienes. La mayoría de la gente en los países más desarrollados ya tiene las cosas que necesita para su bienestar físico, de modo que ellos tienen que ser persuadidos a comprarlas por otros motivos. El candidato obvio es la satisfacción de sus necesidades psicológicas, las necesidades de seguridad, aprobación, auto-estima, poder, estímulo, amor y otras similares.

     Pero los productores de todos estos bienes superfluos sólo fingen que les gustaría satisfacer estas necesidades interiores. Si llegáramos a estar interiormente realizados no caeríamos como una presa fácil de la publicidad y no compraríamos tantos de sus bienes, y ésta es la última cosa que ellos quieren. En vez de ello, los sistemas económicos contemporáneos deben asegurarse de que estas necesidades interiores nunca sean realmente satisfechas, o mejor dicho, que nunca las sintamos satisfechas. A nosotros, los consumidores, nos tienen que mantener convencidos de que si sólo tuviéramos un poco más seríamos mucho más felices.

     La sociedad está atrapada en un círculo vicioso. Nuestra creencia de que el bienestar material es el camino al bienestar interior es la base de nuestro amor al dinero. Nuestro amor al dinero nos conduce a querer hacer más dinero a partir del dinero que tenemos, y de esa manera al cobro de interés por préstamos. El cobro de interés conduce a la necesidad del crecimiento económico continuo, y a la necesidad de producir y vender cada vez más productos superfluos. Y para mantenernos comprando todos esos productos nos tienen que mantener creyendo que el bienestar material es el camino al bienestar interior.

     Por esta razón permanecemos encerrados en un conjunto de presunciones anticuadas. Ésta es la raíz de nuestra hipnosis cultural colectiva.


Tan Cerca y todavía tan Lejos

     En lo que se refiere a las economías actuales, la peor cosa que podría suceder sería que la gente despertara y descubriera que no necesitamos la mayoría de las cosas que ellos quieren que nosotros compremos, y que comprendiera que hay otras rutas hacia la paz interior que el consumo continuo. ¿Podría ser ésta una de las razones de que nuestra cultura materialista parezca reacia a tomar el desarrollo interior en forma seria?. ¿Sospecha ella, quizá inconscientemente, que si estuviéramos menos apegados al mundo material, menos adictos a lo que tenemos y hacemos, entonces eso significaría su final?.

     De manera deliberada o no, el efecto es el mismo. Hay una línea trazada en nuestro desarrollo. El sistema que ha sacado a muchos de nosotros desde la pobreza, el sufrimiento físico y la privación y nos ha liberado de muchas de las limitaciones del mundo material, de repente dice "¡Alto!". Y bloquea la puerta hacia una liberación adicional, diciéndonos que esto es todo lo que hay. Éste es el mejor camino hacia la paz.

     Pero en lo que se refiere a la Humanidad, el despertar es la mejor cosa, no la peor, que podría suceder. Esto no sólo nos liberaría para permitirnos descubrir otros caminos hacia la realización interior que cada uno de nosotros busca, sino que también removería la raíz de nuestras tendencias malévolas que amenazan hoy con destruírnos.

     Tenemos que romper el círculo vicioso en que la sociedad está atrapada. Y tenemos que romperlo en su origen. Tal como un médico no sana a un paciente sólo parchando los síntomas (si él no busca la causa subyacente, los síntomas más que probablemente reaparecerán en algún tiempo posterior), del mismo modo no eliminaremos el cobro del interés y todas sus ramificaciones proscribiéndolo. En una forma u otra reaparecerá, como la Historia lo ha mostrado.

     Para resolver los muchos problemas que enfrentamos, tenemos que buscar la causa raíz: nuestra adicción al mundo de las cosas y el amor al dinero al cual ella conduce. Éste es el virus en nuestra mente, la causa primordial de nuestras tendencias malévolas.–







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