BUSCAR en este Blog

miércoles, 11 de junio de 2014

La Tiranía del "Matrimonio" Homosexual



     Brendan O'Neill, uno de los editores en el sitio británico spiked-online.com, escribió hace poco más de dos meses el artículo que a continuación publicamos en castellano, que se refiere a la reciente aprobación en Gran Bretaña de una nueva ley que, entre otras cosas, consagra el "matrimonio" entre individuos del mismo sexo. Como ha de suponerse, este texto realiza un análisis y una crítica hacia dicha práctica, la cual sin ningún género de duda debe ser inscrita en una campaña de mayor alcance cuyo objetivo final es la destrucción absoluta de todos los valores de la sociedad tradicional occidental. Los activistas de esta modificación, como es de esperarse, asumen una impropia arrogancia y se establecen como tiranos de la nueva normalidad en contra de la mayoría de gente tradicional. Y es esto justamente lo que los delata. El pestilente olor de estos nuevos "normales" precede a cada campaña suya en todos los países donde gobernantes y legisladores traicionan y dan la espalda al sentir de sus pueblos sanos en este punto. La Naturaleza es la encargada de juzgar estas burlas, porque ella no tiene ningún temor a ser etiquetada con algún calificativo que la convierta en paria.


"Matrimonio" Homosexual:
¿La Ortodoxia Más Rápidamente Formada
de Todos los Tiempos?
por Brendan O'Neill
31 de Marzo de 2014




Es espeluznante cuán rápidamente
el "matrimonio" homosexual se ha convertido en un dogma.


     A nadie le gusta ser un aguafiestas; pero mientras el corcho de la champaña asciende por el aire y los políticos compiten duramente para ver quién puede ser el más efusivo en su celebración de la legalización del matrimonio homosexual en Gran Bretaña, persiste una pregunta embarazosa sobre todo el asunto, un elefante en la sala fabulosamente decorada. Y es ésta: ¿cómo sucedió todo esto tan rápidamente?, ¿cómo fuimos a tal velocidad desde una situación donde el matrimonio homosexual era más bien una preocupación bastante excéntrica de un pequeño número de activistas profesionales y abogados hasta una situación donde el oponerse a ello es tratado como una excentricidad, e incluso como algo inicuo?. ¿Cómo el decir "Permitan que los gays se unan" pasó de ser algo bastante extravagante a algo completamente ortodoxo en casi el mismo período de tiempo —estoy diciendo alrededor de cinco años— que el que necesitan los grupos activistas más modernos para diseñar sus papeles con membretes?.

     No es sorprendente que la gente esté poco dispuesta a hacer esta pregunta, puesto que hacer aquello, dar a este enigma alguna consideración seria, podría revelar que nuestra sociedad no es tan tolerante, o tan libre, como los defensores del matrimonio homosexual y sus influyentes promotores quisieran que nosotros creyéramos. Esto podría mostrar que el verdadero impulsor del matrimonio sodomítico en la agenda política, a un ritmo sin precedentes en la arena de las cuestiones sociales modernas, ha sido menos una nueva atmósfera de derechos civiles y más una especie de suave autoritarismo, una iniciativa en gran parte conducida por los medios de comunicación que ha convertido al matrimonio homosexual en un demarcador social por excelencia, donde aquellos que lo aceptan son buenos y aquellos que se oponen a ello son malos, intolerantes, maduros para ser maltratados, e idealmente silenciados, por los extrañamente intolerantes promotores de la tolerancia hacia las uniones sexuales del mismo género.

     La entrada en vigor de la Ley de Matrimonio (de Parejas del Mismo Sexo) el fin de semana ha sido declarada como la última etapa de las revoluciones de los derechos civiles de los años '60 y '70. Los políticos, que han terminado palmoteándose la espalda ("Estoy increíblemente orgulloso de haber sido el primer líder de partido en haber apoyado el matrimonio igualitario", dijo el vice-Primer Ministro Nick Clegg), hablan acerca del matrimonio homosexual como un asunto de libertad y tolerancia. Según el Primer Ministro David Cameron, la legalización del matrimonio sodomítico muestra que las "orgullosas tradiciones británicas de respeto, tolerancia e igual valor" están más fuertes que nunca. Pero esto no se percibe como verdadero; no calza con el tenor de la promoción del matrimonio homosexual en años recientes, que ha sido con frecuencia desagradable y censuradora, y, en palabras de un observador estadounidense que apoya el matrimonio sodomítico, ha mostrado "una impresionante falta de caridad, magnanimidad y tolerancia".

     Fácilmente lo más notable acerca de la cuestión del matrimonio homosexual ha sido la velocidad con la cual los medios de comunicación, la opinión pública y la opinión política se ha alineado detrás de ello. De este modo, en Gran Bretaña una encuesta de ICM en Marzo de 2012 encontró que el 45% de los ingleses apoyaba la legalización del matrimonio sodomítico; nueve meses más tarde, otra encuesta de ICM, haciendo la misma pregunta, encontró que el 62% lo apoyaba; en 2013 dicho apoyo se elevó al 68%. Esto es un salto de casi 25 puntos porcentuales en el espacio de un año, lo cual, por decir lo menos, es extraño. Ocurre una historia muy similar en Estados Unidos, donde en el espacio de unos pocos años el apoyo público al matrimonio homosexual se ha elevado del 37 al 60%. Desde 2009 en EE.UU. ha habido una subida de cuatro puntos en el apoyo al matrimonio homosexual cada año, lo que no ocurre con las cuestiones sociales principales que tienen que ver con la tradición, la fe, la familia y la cultura. El comentarista conservador Christopher Caldwell [1] tiene razón cuando dice: "La opinión pública no cambia así de rápido en las sociedades libres. La opinión no cambia tan rápido como parece ser, o la sociedad no es tan libre".

[1. http://www.theatlantic.com/politics/archive/2013/04/a-very-silly-argument-against-the-gay-marriage-movement/274693/].

     Para poner en una perspectiva histórica el rápido cambio desde una oposición a un apoyo al matrimonio sodomítico, considere esto: En el Reino Unido, el Informe Wolfenden, que sugería que algunos actos homosexuales deberían ser despenalizados, fue publicado en 1957; no fue sino hasta 1967 que el sexo consensuado entre dos hombres en privado fue realmente despenalizado; y no fue sino hasta 2000 que la edad de consentimiento para homosexuales varones fue igualada a la de los heterosexuales. Por lo tanto tomó 40 años asegurar el derecho de todos los homosexuales mayores de 16 años a simplemente dormir unos con otros. Pero de alguna manera la idea del matrimonio homosexual —que tiene bastante más que ver con lo que sucede en privado, y que atañe a las instituciones del matrimonio, la familia y las formas tradicionales de compromiso— ha pasado de ser una idea iluminada en las cabezas de unos cuantos activistas a convertirse en la ley actual en menos de una década. ¿Qué está ocurriendo?.

     Muchos, tanto entre partidarios como entre opositores del matrimonio sodomítico, han notado la rapidez con la cual esta idea ha llegado a ser institucionalizada. El matrimonio homosexual se ha convertido desde una bufonada a un dogma en menos de una década, dice Caldwell. El ritmo y la escala de esta campaña han sido impresionantes, admite un defensor de esta clase de matrimonio. Un escritor de The Week [2], que apoya esta campaña, se ha maravillado de cómo, en un abrir y cerrar de ojos en términos culturales, el matrimonio sodomítico, desde ser una contradicción en los términos (un oxímoron), ha pasado a ser una realidad viva. Jonah Goldberg de National Review dice que "los futuros historiadores probablemente estarán desconcertados por el momento que estamos viviendo" y por la celeridad con la cual el matrimonio sodomítico fue establecido como una ortodoxia casi incuestionable.

[2. http://theweek.com/article/index/257628/who-are-the-real-gay-marriage-bigots#axzz34JAfsbPk].

     ¿Cómo ha sucedido esto? Pienso que ambos lados están equivocados. El lado a favor sostiene que el rápido cambio es una consecuencia de la animosa agitación de activistas liberales y de los fracasos políticos para explicar la curiosa ausencia de cualquier marcha o demostración para esta aparente adición al panteón de los derechos civiles, y también cómo esta explosión de presunto liberalismo ocurrió en un momento en que el verdadero liberalismo es escaso.

     En cuanto a la afirmación del lado que está en contra, de que un lobby gay de violentos codazos está demoliendo el matrimonio como lo conocemos, y probablemente riéndose a medida que avanza, ello lo pone en camino hacia el territorio de las teorías de conspiraciones, repitiendo las tonterías de la vieja Derecha sobre la cultura occidental que está bajo la amenaza de izquierdistas que "marchan a través de las instituciones". Mi opinión es que el extendido conformismo acerca del matrimonio homosexual no es ni producto de una lucha liberal pública, ni resultado de maquinaciones siniestras por grupos homosexuales, sino que más bien habla de la debilidad del apego de la sociedad moderna hacia las instituciones tradicionales y hacia compromisos a largo plazo, y de la capacidad de pequeñas élites en nuestra época post-política para dar forma a la agenda pública en una manera aterradoramente minuciosa.

     Ha habido una extraordinaria presión cultural sobre la gente para que ésta se conforme con la noción de que el matrimonio sodomítico no es sólo una buena idea sino la buena idea de nuestra época. Esta presión ha tomado la forma de una demonización del disenso, donde aquellos que critican el matrimonio homosexual son al instante tachados como homosexofóbicos e intolerantes. Como dice Damon Linker en The Week, aquellos que no doblan la rodilla ante el altar de las uniones sodomíticas arriesgan "el ostracismo desde la vida pública".

     Los abogados del matrimonio sodomítico parecen determinados a "acabar con las visiones rivales", dice Linker, "arrojando insultos como un medio de intimidar [a los opositores] hasta la sumisión". Como resultado, muchos que se sienten moralmente incómodos con el matrimonio homosexual probablemente esconderán sus verdaderas opiniones, por temor a ser expulsados o marcados públicamente con la etiqueta de "fóbico".

     La presión para conformarse con esto está tomando crecientemente una forma legal, también, particularmente en Estados Unidos. Como Jonah Goldberg advierte en su artículo "Celebre el Matrimonio Homosexual, o de lo Contrario...", hay cada vez más casos donde las empresas privadas que rechazan trabajar en bodas gay, principalmente floristas y fotógrafos, corren el riesgo de ser acusados de cometer una especie de "discurso de odio". Hay casi una "celebración obligatoria" del matrimonio sodomítico, dice Goldberg, que es "tan intensa" que "el rechazo es considerado ahora equivalente a un delito". Mientras tanto, los diarios científicos actuales aconsejan a los lectores sobre cómo usar los sitios de redes sociales para enviar el mensaje de que apoyar el matrimonio homosexual es "aceptable, apropiado y normal", recordándonos que cada uno es "susceptible ante los poderes de la presión de los pares". Ya sea por medio de la presión cultural, la presión legal o la presión de los pares, usted celebrará el matrimonio sodomítico.

     Este estilo intolerante y confrontacional del lobby a favor de las uniones gay, y su virtual pesca de arrastre para las restantes pocas personas que se oponen a los matrimonios homosexuales, de modo que ellas también puedan ser presionadas para su celebración obligatoria, revela algo sobre la verdadera naturaleza de este asunto, que es que esto se ha convertido en un barómetro de la decencia social, una de las pocas cosas que los políticos, por otra parte completamente desconcertados, y los activistas pueden usar para definirse como resueltos en estos tiempos moralmente amorfos.

     Esto conduce, inevitablemente, a enfrentamientos rimbombantes con el otro lado, el lado de los malos, haciendo del matrimonio sodomítico un "juego de suma cero", en palabras de Damon Linker, donde los activistas demandan no sólo tolerancia para sus puntos de vista sino una "aceptación psicológica y una afirmación positiva" de ellos. Mientras más las clases políticas y las clases medias definen su cosmovisión moral por medio del matrimonio sodomítico, más ellos tienen que perseguir y señalar con el dedo a los opositores persistentes a ello en ejercicios cada vez más intolerantes de yuxtaposición moral. Esto conduce no a una aceptación genuina del matrimonio sodomítico sino a una especie de conformidad con ello, una aceptación de ello, como individuos bajo coerción, ciertamente bajo presión.

     Así, en un período increíblemente corto de tiempo, no sólo el matrimonio homosexual ha sido normalizado, sino que la oposición a él, el tradicionalismo mismo, ha sido des-normalizada. Esto revela el grado de corrosión de los viejos valores conservadores de compromiso a largo plazo y de la vida de familia, cuyos antiguos defensores en la Iglesia y en otras partes han desocupado efectivamente el campo de batalla moral y han retrocedido a medida que el matrimonio ha sido redefinido. ("Los Términos de Nuestra Rendición" fue el apropiado titular de un reciente triste artículo de uno de tales conservadores). Y esto también revela la capacidad de las élites culturales más recientes, sobre todo de las clases medias, para imponer nuevas narrativas sobre la vida pública y para establecer agendas políticas y sociales.

     Los medios de comunicación han sido claves en la cruzada del matrimonio sodomítico, jugando un papel principal en la promoción de ello, definiéndolo, y demonizando a aquellos que lo cuestionan. Como una consecuencia de un vaciamiento histórico de la vida política en años recientes, de la decadencia y caída de las clases e intereses cuyas peleas fueron una vez el impulso vital de la política, los medios de comunicación han llegado a ser un actor político cada vez más importante, tomando sus intereses y prejuicios a menudo el escenario central en la vida pública. El imparable auge del matrimonio sodomítico realmente habla del reemplazo de las élites más antiguas y conservadoras por una nueva, una que es, notablemente, menos tolerante del disenso y más exigente de una afirmación psicológica de cada idea, capricho y campaña suya que sus precursores lo fueron.

     De esta manera, quizás deberíamos todos poner la champaña en el hielo, ya que la transformación del matrimonio sodomítico desde sólo una idea a una aplanadora en un abrir y cerrar de ojos realmente tiene poco que ver con la expansión de la tolerancia, sino que más bien ello habla del fenómeno contrario: la aparición de nuevas formas de intolerancia que demandan de cada uno nada menos que la obediencia moral y la celebración obligatoria; o de lo contrario...–




No hay comentarios:

Publicar un comentario