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sábado, 14 de junio de 2014

John L. Lash - Definiendo la Humanidad



     Del eximio y conocido investigador de abstrusas materias metafísicas, particularmente del antiguo gnosticismo, materia en la cual es una autoridad principal, sin duda, el estadounidense señor John Lamb Lash, con satisfacción presentamos en castellano el artículo siguiente (Children of the Damned. Approaches to the Definition of Humanity), un ensayo de 2003 que aventura criterios que pueden ayudar a definir el ambiguo concepto de "humanidad". Esta clase del profesor Lash, que puede hallarse en su sitio metahistory.org, analiza en sus partes la definición y los atributos de aquello en lo cual consiste el ser "humano", estableciendo analogías presentes y futuras a partir de un par de esclarecedores filmes de los años '60. Confiamos en que sus explicaciones le servirán a más de alguien.


Hijos de los Condenados
Aproximaciones a la Definición de Humanidad
por John L. Lash
Enero de 2003



     En 1951 un popular escritor de ciencia-ficción usando el seudónimo de John Wyndham publicó un libro llamado The Midwich Cuckoos. Nueve años más tarde fue hecha en Inglaterra, con un pequeño presupuesto, una película basada en su libro. La película, Village of the Damned, se convertiría en un clásico de culto de la ciencia-ficción. Su secuela, Children of the Damned, producida en 1963, es algo inferior en términos cinematográficos, pero se encontró con un éxito similar. Ambas películas pulsaron una tecla subconsciente en la psique colectiva de su tiempo, y el mensaje que ellas enviaron resuena fuertemente hasta este día.


Miedos Secretos

     Village of the Damned es un escalofriante relato de una intrusión extra-humana en una pequeña ciudad de Estados Unidos (aunque la película fue hecha en Inglaterra). El drama es intensificado por la escala modesta de los acontecimientos y el ambiente familiar de la localidad. En la escena inicial el pueblo entero de varios cientos de almas se congrega para una celebración cívica, completa, con comida cocinada en casa y entretenimiento local. Repentinamente un sonido raro y taladrante golpea a todos a la vez. Ellos caen al suelo, inconscientes. Tres horas más tarde cada uno vuelve en sí y mira alrededor, aturdido y desconcertado por tener un tiempo perdido. Nadie parece haber sufrido daño por el apagón, pero un par de personas han muerto en accidentes debido a lo que ellos hacían (por ejemplo, ir conduciendo un automóvil) al momento de la misteriosa estupefacción.

     Nueve meses más tarde alrededor de una docena de niños nace en el pueblo. Desde sus primeros momentos en la cuna, los niños demuestran poderes extraordinarios. Ellos leen las mentes de los adultos y los controlan mediante órdenes telepáticas. Cuando ellos crecen hasta la edad de caminar y hablar, estas capacidades alarmantes se incrementan. Ellos exhiben una capacidad extraordinaria para aprender rápido y retener información, aunque ellos evidentemente carecen de ciertas respuestas emocionales típicas de la especie humana. Su habilidad más espantosa es proyectar una quemante mirada que hace que el individuo mirado se vuelva loco y se suicide. Las imágenes en blanco y negro de Children of the Damned con ojos que brillan como rayos láser verde pálido se convirtieron en icónicas en la época en que las películas fueron presentadas.

     Ambas películas sobre el tema de los Condenados explotan temores profundamente arraigados que los padres tienen hacia sus niños, miedos que son psicológicamente negados y mantenidos bajo un férreo tabú social. Evidencias de tales temores pueden ser rastreadas hasta las profundidades de la psique colectiva en el mito y en el folklore. Los niños que se rebelan y matan a sus padres son temas del arsenal acerca de la "generación de los Dioses" encontrado en la mitología griega: Urano, el celestial Dios Padre, es castrado por su hijo Cronos, y Cronos a su vez es derrocado por su hijo Zeus. El ciclo de homicidio familiar en el mito griego fue transmitido a la dramaturgia trágica de Esquilo, Sófocles y Euripides. Edipo, que mata a su propio padre, se convierte (en gran parte por medio de Freud) en el modelo del moderno Yo en conflicto con la "historia de familia" en la cual el Yo basa su identidad.

     La noción del niño demoníaco es un tema común en el folklore mundial. A menudo el niño es un sustituto, un "hijo de las hadas" que ha substituído a un verdadero niño humano. Los Hijos de los Condenados son una progenie humana, pero ellos han sido alterados (así lo inferimos gradualmente a medida que la película se desarrolla) por alguna fuerza "alienígena", una fuerza cuyos orígenes y objetivos nunca son totalmente especificados en el film. Ésta es una variación inteligente sobre el tema de los niños sustituídos. El miedo implicado aquí es que la Humanidad puede ser capaz de servir como instrumento de poderes que no son humanos, es decir, extraterrestres. O, para expresarlo de otra manera, que los seres humanos pueden disfrazar a entidades no-humanas. De aquí el tema de la substitución.

     En Village of the Damned, el acto de substitución está confinado a la localidad del pequeño pueblo, pero otros clásicos de ciencia-ficción de la misma época proponen un programa siniestro de substitución global. El más famoso es Invasion of the Body Snatchers, estrenado en 1955. Este film explota la noción de que la raza humana entera puede ser duplicada por tecnología alienígena. Aquí los alienígenas se apoderan de la población de la Tierra criando dobles de los humanos en unas vainas pegajosas. Esta táctica es horrorosa porque requiere la eliminación de la versión original de la persona de la vaina. En Invasion of the Body Snatchers la substitución equivale a un genocidio a escala planetaria. La eliminación total de la especie humana es conseguida por el reemplazo de cada persona real, pensante y sensible, por una réplica emocionalmente inerte y obediente a una mentalidad de colmena.

     Las películas de los Condenados califican como películas de suspenso psicológico, contrastadas con el género de horror ejemplificado por Invasion of the Body Snatchers, porque en las primeras hay una lucha para mantener el espíritu humano contra influencias alienígenas, mientras que en la segunda la lucha es para salvar a la Humanidad de la eliminación física absoluta. Los Hijos de los Condenados son una progenie humana, nacida de madres normales, aunque ellos representan una desviación de lo que es normal para la especie humana. A este respecto, las películas de los Condenados presentan una excelente ocasión para explorar la cuestión de qué define al ser humano.


La Carta de la Raza

     El término "homo sapiens" fue ideado por el botánico sueco Karl von Linne (Linneaus) entre 1737 y 1753. Dicho término pertenece a un sistema de denominación (una taxonomía) aplicable a todas las formas de vida, concebido en un conjunto de ocho grados. Definido en la serie completa de términos, los seres humanos pertenecen a (1) el Reino Animal, (2) el Grupo de los Cordados, (3) la Clase de los Mamíferos (que incluye a las ballenas azules, las criaturas más grandes que ahora viven, y que alguna vez vivieron, en la Tierra), (4) la Orden de los Primates (que incluye a nuestros cercanos primos evolutivos los monos y los chimpancés), (5) la Superfamilia de los Homínidos (que presentan rasgos exclusivamente humanos), (6) la Familia de los Hominidae, (7) el Género Homo, y (8) la Especie Sapiens.

     Linneaus eligió el término "sapiens" para denotar la clase especial de inteligencia únicamente poseída por la raza humana. Él no indicó, sin embargo, en términos precisos y concretos lo que constituye esta inteligencia; y nadie desde entonces lo ha hecho tampoco. Resulta, entonces, que la raza humana está etiquetada por la nomenclatura científica de un modo que nunca ha sido suficientemente o exhaustivamente definido.

     En el párrafo anterior uso el término "raza humana" como equivalente con la especie definida en términos científicos como homo sapiens. Pero "raza" es una palabra problemática, por decir lo menos. ¿Es la especie humana una raza única, unificada, o es una especie que consiste en razas?. Mientras el término "raza humana" es usado rutinariamente para referirse a la especie entera, el término "raza" es usado más frecuentemente para hacer distinciones dentro de la especie. Aunque "raza" no sea un término científicamente correcto, es una ampliamente aceptada façon de parler, una manera de hablar. Definido por Género y Especie, el homo sapiens es un tipo evolutivo que se divide en razas, subconjuntos de una especie. (A veces debemos conservar el uso semántico para conseguir una discusión que pueda conducir más allá de los límites semánticos impuestos por dicho uso).

     Los historiadores hablan rutinariamente de razas orientales, razas negroides, etcétera. El viejo hábito de designar a las razas por colores refuerza la presunción de que el homo sapiens es una especie dividida en varias razas, más bien que una única e inclusiva raza. Aquí está implicado algo más que una discusión sobre términos, ya que dicha manera de hablar se aplica muy generalmente: la gran mayoría de la gente en el mundo se define a sí misma primero por la raza, y luego quizás, por una vaga referencia a la especie humana en su conjunto. Ser chino, armenio, navajo, judío o portugués es un hecho primario de la identidad, ya que la gente en general no se refiere de un modo primario a ser un miembro de la especie humana. Ninguna lengua de uso común refleja tal modo de estar relacionado. Las apelaciones a "nuestra común humanidad" no son eficaces, y la razón de por qué no, se hará evidente a medida que avancemos.


Empatía Primitiva

     Digo que "gente en general" no expresa un sentido primario de ser un humano, pero hay excepciones notables. En su libro pionero In Search for the Primitive (1974), el antropólogo Stanley Diamond sostiene que "primitivo" es el término crucial en nuestra búsqueda para entender lo que significa que nos designemos como humanos. Él destaca que los llamados pueblos primitivos (siendo el término políticamente correcto "indígena") con frecuencia se llaman a sí mismos con un término que denota ser un humano en un sentido no racial y no específico. En sus comentarios sobre el trabajo de Diamond, Derrick Jensen observa que "muchas culturas indígenas se refieren a sí mismas como la gente", y se pregunta si esto implica "que todos los demás no son la gente" (C 197). Planteando este asunto a un interlocutor (Richard Drinnon), Jensen recibió esta respuesta:

     «El nombre lo golpea a usted y a mí como jenofóbico, ya que un principio cardinal de nuestra civilización occidental ha sido lo que un antropólogo llama "la negación del otro". Por contraste, las culturas tribales afirmaban al "otro quien lo afirma a usted", y este principio de afirmación siempre ha llevado consigo la posibilidad de ampliarse a la gente externa, más allá de la familia y el clan y la tribu, a todos los otros seres y cosas, en un abrazo universal que reflejaría la misma antítesis de la jenofobia» (Ibíd).

     En otras palabras, llamándose a sí mismos como "la gente", las tribus indígenas no pretenden un sentido excluyente que haga a cada uno fuera de su grupo como no-gente. Diamond dice que llamándose a sí mismas como la gente, las tribus indígenas expresaban "el reconocimiento de su singularidad en un estado de Naturaleza" y "la comprensión de atributos comunes en la Naturaleza" (155). Un forastero que llega no es automáticamente excluído de la definición de "gente", una exclusión que equivaldría a "la no-existencia de este último como ser humano". El forastero sólo carece de un status social de acuerdo a los hábitos locales y específicos de las personas con que se encuentre. El sentido de ser "la gente" permite las distinciones sociales (es decir, locales, tribales y rituales), pero no induce una hostilidad hacia aquellos cuyo status puede ser socialmente indeterminado. Al contrario de las películas de cavernícolas y de las exageraciones evangélicas, los "salvajes" muy a menudo "se enorgullecían de ser hospitalarios con los forasteros" (Marshall Sahlins, Stone Age Economics, citado por Diamond). Este es ciertamente el caso de los "salvajes" del Nuevo Mundo que, con pocas excepciones, recibieron a los exploradores de Europa con una amistad ejemplar y una generosidad asombrosa.

     Las reflexiones de Jensen, Diamond y Drinnon confirman el extenso testimonio de los antropólogos acerca de la auto-denominación de los pueblos indígenas:

     «Los mohawks, hopis, navajos, miwoks, bloods [o kainai, de Canadá] y otros pueblos, tienen, dentro de sus propias lenguas, nombres que los distinguen de otros. Generalmente estas palabras pueden ser traducidas como "la gente", "la gente verdadera", "la gente real", "las criaturas de dos piernas" o "la gente que vive en este lugar"» (Peat, 19).

     La tribu de los zuni del Sudoeste estadounidense se llaman a sí mismos Ashiwi, "la carne", siendo "zuni" una corrupción española de esta palabra. ¿Es éste su modo de expresar un sentido de identidad que es "genéricamente" humano? Ciertamente, no hay ninguna indicación de que ellos y otros grupos indígenas que siguen el mismo modo de auto-calificarse negarían la humanidad a otros grupos tribales. La identidad tribal está orientada por el lugar, y es particular a los ritos y costumbres heredados, pero la identidad así definida se encuentra en el contexto de un sentimiento universal, un sentido genérico de humanidad. La auto-denominación primitiva indica la empatía por la especie humana en su integridad, pero también sugiere que la identificación con la especie es el requisito primario para tal empatía. Como tal, la empatía primitiva es el opuesto exacto de (y quizás el antídoto contra) la carta de la raza. También vale la pena notar que aquella gente indígena que se nombra a sí misma de esta manera muestra invariablemente una actitud que incluye a todas las criaturas no-humanas como parte de una comunidad única e inter-dependiente.

     Parece que la gente indígena puede tener una ligera ventaja sobre la gente moderna y civilizada al basar su identidad en lo que llamaré de aquí en adelante un sentido genérico de ser un humano. En la auto-denominación racial, la raza a la que usted pertenece define su identidad como un ser humano, pero excluye la identificación más directa con la Humanidad ejemplificada en la empatía primitiva. Idealmente, el término "homo sapiens" debería indicar el sentido genérico, pero no lo hace porque la definición de sapiencia no ha sido suministrada. Por consiguiente, la carta de la raza siempre proclama el sentido genérico. (Esto puede llevar a explicar por qué las culturas racistas e imperialistas pueden invadir y diezmar a pueblos cuya identidad está basada en una humanidad genérica). La gente insiste tercamente en que ellos son británicos o bolivianos o lo que sea, antes de considerarse como seres humanos. Las connotaciones de la auto-designación racial son densas y complejas: el apego a la tradición, las creencias, los códigos alimentarios y de vestuario, los linajes familiares, las figuras heroicas y simbólicas, los lazos con la sangre y la tierra, etcétera. Todos estos factores se integran en un complejo que fácilmente doblega el sentido genérico de ser un humano.


Dilema Semántico

     La dificultad para conseguir un sentido genérico de Humanidad consiste sólo en parte en la carencia de estándares o criterios claros para definir al homo sapiens. También consiste en el engañoso y peculiar giro dado al concepto instrumental de "humanidad". Esta palabra plantea una dificultad que recuerda el efecto impactante de la palabra "judío". Un judío es alguien que pertenece a una raza, la raza judía o hebrea, o semítica. Simplemente proponer esta definición es jugar la carta de la raza, pero "judío" también denota una religión, el sistema de creencias de los antiguos hebreos que ha sido conservado durante siglos por la gente de ascendencia judía. Ser un judío significa, de manera confusa, pertenecer a una raza y suscribirse a una religión. ¿Por qué esto es confuso? Porque el uso común sugiere que la pertenencia a una raza no es algo que alguien pueda controlar: es dado en la estructura biológica y hereditaria de alguien. La pertenencia a una religión es, probablemente, un asunto de opción. Incluso aunque la gran mayoría de adherentes a las seis religiones de escala mundial (cristianismo, Islam, budismo, confucionismo, hinduísmo y judaísmo) no elija estas religiones, ellos son teóricamente libres de elegirlas o rechazarlas, si ellos desean hacer así. Su sistema de creencias es (o idealmente puede ser) opcional, pero su biología ciertamente no lo es. Pero "judío" denota una identidad que incluye tanto una determinación racial como una persuasión religiosa como factores simultáneamente dados e inter-relacionados.

     (NOTA: Estoy bastante consciente de la objeción que podría plantearse aquí, a saber: nacer como judío, biológicamente, no necesariamente implica practicar la religión judía. Muchas personas de ascendencia judía no practican el judaísmo o no sostienen las creencias tradicionales de los antiguos hebreos. Claramente, alguien nacido como judío no se suscribe automáticamente a la religión judía, pero debe abrazarla y practicarla por opción, o, de manera predeterminada, por la carencia de elección de otra cosa. En sentido estricto, esto es verdadero, por supuesto, pero eso no invalida el argumento que estoy desarrollando sobre las connotaciones confusas de la palabra "judío").

     Tal como el término "judío", la palabra "humanidad" se refiere a dos cosas a la vez, pero estas dos cosas no indican automáticamente lo mismo. El término confunde dos significados diferentes. En el primer sentido, "Humanidad" [con mayúscula] es el término común usado por los miembros de la especie humana para auto-designarse de una manera colectiva o universal. Es el término en uso para afirmar que pertenecemos a la especie sapiens y al género homo. Humanidad = homo sapiens = la especie humana = la "raza humana", en el sentido genérico. Esta ecuación es estándar y coherente con el uso rutinario del término "Humanidad" en el sentido biológico y evolutivo.

     Pero algo más es denotado por el término "humanidad" [con minúscula]. Esto significa mucho más que la identidad biológica, definida según la taxonomía de Linneaus. También indica una cualidad única, o un conjunto de cualidades, que creemos que nos distinguen de otros animales. "Mostrar humanidad" no significa mostrar una placa de cobre con la palabra "Homo Sapiens" grabada en ella. Significa expresar y demostrar ciertos rasgos, tales como la compasión y la solidaridad, la equidad, o la preocupación por la igualdad y la justicia. La humanidad es un conjunto de cualidades morales poseídas por la Humanidad y sólo por la Humanidad, por la especie humana. Para combinar los dos sentidos: la Humanidad en el sentido biológico es la especie que muestra humanidad en el sentido moral. La circularidad de la definición debería ser una advertencia de que algo en ella no ha sido suficientemente especificado. Un dilema semántico funde factores biológicos y morales-éticos en la misma palabra. Nuestra definición de la humanidad contiene un giro desconcertante porque presupone lo que debe ser demostrado: QED, quod erat demonstratum. ¿Y cuál en este caso es el QED, lo que que debe ser demostrado, o probado? Lo que debe ser probado es cómo la Especie biológica, el homo sapiens, puede estar única y exclusivamente dotada con las cualidades morales y éticas atribuídas a la Humanidad.

     Para simplificar este enigma, propongo un cambio de terminología. Designemos al conjunto de cualidades morales que singularizan a la Humanidad como tal por el término latino heredado desde la filosofía pagana por el humanismo del Renacimiento: humánitas. En el uso rutinario, "humanidad" es un término aplicado tanto a nuestro carácter biológico específico de la especie como a nuestro presunto atributo ético. El problema con la doble connotación es que nos hace suponer que el componente biológico de alguna manera apoya o produce el componente ético, una presunción que puede ser gravemente engañadora. A juzgar por las apariencias, es dudoso que el hecho de que seamos biológicamente humanos asegure que actuemos éticamente, de un modo justo y solidario, como la Humanidad se supone que es capaz de actuar. De hecho, la historia de nuestra especie demuestra un patrón de conducta marcadamente tendiente a lo contrario. Durante un enorme período de tiempo, quizás desde alrededor del 4.000 a.C., la especie humana (o una parte predominante de ella) ha actuado sistemática y continuamente de modos que son inhumanos, es decir, dañinos y no-éticos, si es que no completamente crueles e insanos. Si la Humanidad tiene humánitas, un atributo especial para actuar de un modo justo y afectuoso, ella consecuentemente ha traicionado su propia naturaleza.


Creencia en la Humanidad

     La "humanitas" es lo que distingue a la especie humana como humana en el sentido moral. Como miembros de la especie, puede decirse de cada uno que nosotros mostramos humanitas cuando actuamos en una forma preocupada y concienzuda, en una forma ética, una forma humana. Esta última palabra es una adición provechosa para nuestra discusión en este punto. Todo lo que la especie humana hace es humano, por definición, pero no todo lo que hace es humano. Se ha argumentado ampliamente (y probablemente es verdadero, me parece) que en el siglo XX la Humanidad exhibió una demostración masiva de comportamiento inhumano, sin precedentes en escala e intensidad. La evidencia de la experiencia parece decir que la humanitas es una opción, pero no la opción predominante, en el comportamiento humano. Para afinar el asunto: se podría argumentar que la humanitas es la opción predominante en el comportamiento humano, pero no es la expresión predominante del comportamiento en sociedades enteras.

     Supongamos aquí que la "humanitas" puede ser definida por ciertas características conductuales. Ni Linnaeus ni nadie más ha nombrado las marcas específicas del homo sapiens que definirían la humanidad, pero esto no es exactamente así. La ciencia evolutiva define al homo sapiens mediante rasgos específicos, como la postura erguida, el movimiento bípedo, el pulgar oponible, la capacidad para la comunicación mediante sistemas lingüísticos y simbólicos, y, el más importante, un cerebro de tres etapas que permite los logros del pensamiento abstracto a un grado no evidente en otras especies. Éstas son las marcas de la especie en términos biológicos. Definir la humanidad en términos éticos es otro asunto. Ello presenta una clase totalmente diferente de desafío. Aquí es donde la noción de humanitas entra decisivamente en juego.

     Y aquí, también, es donde la creencia en la humanidad entra en juego. Los rasgos biológicos del homo sapiens no son un asunto de creencia: ellos son evidenciales y pueden ser detectados sistemáticamente en el comportamiento de la especie a través del tiempo y a través de toda suerte de variaciones culturales y raciales. Las marcas de la humanitas son de un orden diferente. Ellas deben ser definidas no a lo largo de líneas biológicas y antropológicas sino según las convicciones humanas. Las marcas de la humanitas son concebidas según lo que uno crea que es esencial del ser humano. Es un acto de fe incluso creer que la Humanidad, la especie biológica, puede mostrar humanitas en alguna manera única y exclusiva.

     La creencia en los rasgos humanitarios de la especie humana está comúnmente dividida en dos distintos puntos de vista: la perspectiva radical expresada en la creencia de que la Humanidad posee rasgos morales únicos y exclusivos, y la opinión relativista expresada en la creencia de que la Humanidad comparte rasgos morales con otras especies. La versión radical de la creencia en la humanitas está estrechamente alineada con la religión y sobre todo con las doctrinas religiosas fundamentalistas. Se requiere un alto nivel de creencia —de "fe"— para adherir a esta opinión, pero este punto de vista es frecuente en los asuntos humanos porque la presunción de que la especie humana es buena e inteligente, o que está "bendecida" con rasgos y capacidades especiales, de una forma en que otras especies no lo están, posee un atractivo atávico para la egolatría humana. En resumen, dicha perspectiva propone la superioridad moral del homo sapiens. Según esta opinión, sólo la especie humana está hecha según "la imagen del Creador". A pesar de nuestras célebres violaciones de los derechos humanos, disfrutamos del status de "especie más favorecida". Como tal, estamos dotados por el Creador tanto con el poder como con el derecho de dominar y explotar a todas las otras especies.

     Esta ostentosa apelación a la megalomanía humana está invariablemente vinculada a una narrativa religiosa en la cual el dios creador dicta las leyes del comportamiento humano, por ejemplo, a los Diez Mandamientos. La humanitas de la especie está asegurada por seguir los mandamientos morales prescritos que vienen desde arriba, desde más allá del reino humano. Los requerimientos conductuales son asignados a la especie humana mediante un dictado, ya que no se cree que la especie esté dotada con estos imperativos morales. La humanitas no es algo dado en el potencial innato de la especie, de manera que tiene que ser inculcada desde fuera. Los sistemas fundamentalistas de creencia presuponen que la Humanidad es pecadora por naturaleza y que tiene que seguir los mandamientos de Dios para actuar en una forma que sea verdaderamente humana y humanitaria.

     Por contraste, el punto de vista relativista de lo que constituye la humanitas está alineado con una creencia en el parentesco de todas las especies. Aquellos que sostienen esta opinión ven en la especie humana, en términos biológicos, sólo otra variante entre las innumerables criaturas animales que habitan la Tierra. El conjunto de conductas que podría ser únicamente atribuído al homo sapiens —que consiste en justicia, imparcialidad, conciencia, e incluso la capacidad de perdonar— es ampliamente demostrado en otros animales y no puede ser atribuído exclusivamente a la Humanidad, ni tampoco puede ser considerado como la marca única de la superioridad humana. Hay abundancia de evidencia directa para apoyar este punto de vista en el comportamiento de los animales, aves e insectos, y de este modo esto exige un grado menor de creencia pura (es decir, una creencia sin un apoyo racional o evidencial).

     Aunque la especie humana pueda ser biológicamente distinta en cierto modo, el "hombre" no es moralmente distinto de otros animales en cuanto a la especie sino sólo en el grado. Ni tampoco las habilidades comunicativas pueden ser vistas como el factor distintivo para la humanitas. Toda suerte de criaturas, desde las microscópicas amebas hasta las enormes ballenas, se comunican, y de algunos modos bastante maravillosos. Muchas especies no-humanas tienen sistemas de comunicación superiores al de los seres humanos: por ejemplo, las bandadas de aves migratorias utilizan colectivamente el campo magnético de la Tierra en una forma que todavía desafía a la comprensión científica. La fotosíntesis es un acto de comunicación (intercambio de información) entre las plantas y la atmósfera que no puede ser duplicado por la ciencia humana.

     Aunque el lenguaje y la organización social hayan llegado a un alto nivel de complejidad en la especie humana, todos los rudimentos del intercambio social están presentes en el reino animal, y algunos animales poseen sistemas de comunicación que rivalizan con el nuestro. Más encima, ninguna especie animal se involucra en una guerra a gran escala contra su propia clase, o contra otras clases. Ninguna especie animal se involucra en el equivalente de la esclavitud o en la explotación económica de sus congéneres. En la perspectiva relativista, la humanitas es denotada por un conjunto de rasgos conductuales que nosotros, la especie humana, mostramos de un modo particular, con matices especiales y con una amplia extensión, pero no de una manera que permitiría que nosotros pudiéramos afirmar la posesión única de aquellos rasgos.

     Ninguna de las opiniones, la radical o la relativista, presenta una definición de humanitas mediante la cual podamos entender qué es lo que hace al humano verdaderamente humano. Éste es el QED, lo que debe ser demostrado. ¿Dónde podemos buscar tal demostración?.


Moralidad Mutante

     Consideremos nuevamente la película Children of the Damned, esta vez teniendo en mente la posibilidad de reflejarnos a nosotros mismos en la progenie mutante de dicha narrativa de ciencia-ficción.

     Los Niños tienen un origen biológico humano, aunque ellos exhiban ciertas alarmantes características de comportamiento, capacidades que pueden ser debidas a la intromisión de poderes alienígenas. De hecho, este tema no es nada nuevo. La noción de que la especie humana ha sido misteriosamente alterada por una especie altamente evolucionada (es decir, por entidades alienígenas o extraterrestres) es uno de los motivos más antiguos en la mitología mundial. Las tablillas de arcilla de Asiria y Babilonia, datadas como de 1.600 a.C., registran leyendas transmitidas desde la cultura sumeria de un tiempo aún más antiguo. Según la interpretación de Zacarías Sitchin y otros, las tablillas contienen evidencia textual de cómo los Annunaki, los visitantes divinos del espacio exterior, injertaron sus genes en la población humana autóctona, llamada los "cabezas negras". El resultado es el lulu, el "sirviente", llamado así porque el motivo de los dioses para mejorar genéticamente a la especie humana era producir una raza de esclavos para que los sirviera mediante el trabajo servil.

     Según Joseph Campbell, la noción de que la Humanidad está esclavizada a la voluntad del Creador es particular de la mitología levantina, es decir, del saber del Oriente Medio, incluída Palestina. El tema del esclavo está incorporado en la religión judeo-cristiana, aunque la idea a menudo sea suavizada por la interpretación de que la Humanidad fue destinada para ser la "cuidadora" en el mundo proporcionado por el Dios Creador. El mensaje transmitido en este complejo mitológico es ambiguo porque el status de esclavo implica el cruzamiento con una especie super-evolucionada o divina. De aquí que seamos hijos de los Dioses, genéticamente diseñados de acuerdo con la imagen divina, aunque estemos condenados a vivir en el rol inferior de esclavos. (Cuando escribo estas palabras, la genetista francesa Brigitte Boissellier está en la vecina Bruselas para representar al movimiento Raeliano, un culto de OVNIs fundado en la creencia de que los Elohim del Antiguo Testamento eran extraterrestres que sembraron genéticamente a la raza humana en la Tierra. Los Raelianos afirman haber conseguido la primera hazaña de la clonación humana).

     La modificación genética de la especie humana no apoya, por lo visto, la humánitas. Más bien parece producir un conjunto diferente de rasgos (o capacidades), que pueden ser llamados las marcas de la moralidad mutante. Éstas son evidentes en el comportamiento y en la actitud de los Niños, y dichas marcas son también evidentes en la conducta humana como generalmente la conocemos y la exhibimos. Considere cada uno de los factores de la "moralidad mutante" y note cómo la especie humana presenta claramente estas características mutadas, quizá de manera más fuerte y sistemática que las muy pregonadas marcas humanas de humánitas:


—Super-aprendizaje. Los Niños aprenden con asombrosa facilidad y absorben rápidamente cantidades enormes de información. Debido a nuestros circuitos del cerebro anterior [prosencéfalo], también aprendemos de maneras que se extienden más allá de la programación instintiva de otras especies. Comparados con otros animales, somos en efecto super-aprendedores, sobre todo en dos características: nuestra capacidad para adoptar la novedad, y nuestra capacidad para absorber y almacenar cantidades enormes de información. Desde el comienzo de la Era Electrónica, hemos estado desarrollando estas capacidades hacia otro nivel inventando dispositivos llamados computadores, que imitan nuestro aprendizaje y nuestras capacidades de procesar información, y, aparentemente, que los superan. En el nivel intelectual, exhibimos los rasgos mutantes de los Niños a un grado extremo.

—Telepatía, control de la mente. Aunque los actos de telepatía de persona a persona sean raros, el control mental sobre las masas y la programación telepática a través de los medios de comunicación son la norma para la especie humana y lo han sido desde que Marconi sintonizó la primera radio. La publicidad es un control de la mente que usa métodos telepáticos. Los medios noticiosos y de entretención son igualmente instrumentos de sugestión y control telepáticos. Como los Niños, estamos profundamente sumergidos en los juegos de la modificación del comportamiento, tan profundamente que es imposible distinguir a aquellos que controlan la conducta, de los que están siendo controlados. Los Niños de las películas referidas controlan su entorno con suma eficacia, pero ellos también son controlados por el modo de pensar alienígena del cual ellos son instrumentos anexos.

—El poder de inducir locura, llevado al punto de provocar suicidio. Éste es el poder más aterrador exhibido por los Niños. Es también un poder corrientemente presentado por la especie humana, tanto en casos individuales como a escala masiva. Cualquiera que haya estado alguna vez cerca de otro ser humano en convivencia doméstica y familiar conoce el temor de ser vuelto loco por esta proximidad y por las demandas que esto conlleva. En el síndrome conductual llamado la "co-dependencia", la gente rutinariamente adopta un comportamiento insano como una manera de adaptarse unos a otros. El contacto humano puede producir locura a menos que se apliquen fuertes antídotos (contacto con animales favoritos, escape hacia la Naturaleza, etc.). Somos la única especie que comete suicidio (a excepción de los lemmings), y cuyos miembros llevan a otros a matarse a sí mismos. En cualquier año dado, en sociedades civilizadas de todo el mundo, un número impresionante de gente se mata a sí misma. En las escasas sociedades autóctonas que quedan, como aquellas encontradas en la cuenca del Amazonas, la gente nativa cuando se ve confrontada con la opción de hacerse civilizada se mata a sí misma en una proporción sin precedentes. El suicidio aparece en las sociedades autóctonas donde era prácticamente desconocido antes del contacto con pobladores colonialistas y agentes corporativos. Pueblos autóctonos como los indios norteamericanos fueron ampliamente reportados como diciendo que los colonos europeos que aparecieron y los diezmaron parecían y actuaban como insanos. El hombre Blanco es conocido por sus mentiras, y se sabe que la mentira es un modo eficaz de conducir a la gente hacia la locura. Los Hijos de los Condenados no tienen nada sobre nosotros con respecto a esto.

—Carencia de afecto emocional. La carencia de emociones tipo zombie de los Niños puede ser observada en cualquier día de compras en cualquier centro comercial en cualquier parte del mundo, o en las calles de cualquier gran ciudad. Actualmente es ampliamente sabido que la carencia de afecto en niños y adultos se debe a la sobreestimulación producida por los medios de comunicación. Aparentemente un circuito de retroalimentación positiva funciona aquí: mientras más estímulo se aplica, más estímulo se necesita para producir una respuesta. El bloqueo de los afectos ha sido un chiste permanente en los círculos de terapia durante más de medio siglo (El hombre en la oficina del psiquiatra mira inexpresivamente al cocodrilo que muerde su pierna. La leyenda dice: "Caramba, doctor, esto es realmente un milagro. Puedo sentir otra vez" [?]). La carencia de afecto en los Niños es simplemente una parodia de su contraparte humana. Si los Niños han mutado por una influencia alienígena, la Humanidad ha sido transformada por la alienación de sí misma y desde la raíz de la propia naturaleza de su sentimiento.

—Control disciplinario, mentalidad de colmena. Desde el alba de la Revolución Industrial hace casi trescientos años, las poblaciones humanas se han concentrado intensamente en áreas urbanas, y dicho patrón todavía se está incrementando en una proporción geométrica. Las noticias, el entretenimiento y el avisaje comercial todos fomentan y refuerzan una mentalidad de colmena en la cual cada uno quiere lo que todos los demás quieren (este síndrome ha sido llamado "deseo mimético" por el antropólogo Rene Girard). Bajo la ilusión de la libertad individual completa, la gente es conducida hacia la memorización irreflexiva y la reglamentación conductual. La mentalidad de colmena es exhibida en incontables maneras. Un ejemplo notable: el uso de teléfonos celulares por cada uno desde los ocho a los ochenta años, el intercambio frenético de "mensajes de texto" y, con la siguiente generación de tecnología telefónica móvil, el envío y la recepción de fotos mediante dichos dispositivos, etc. Por supuesto, los Niños confían en la telepatía sin equipos electrónicos para efectuar aquello. Esto se aplicará a la Humanidad también, tan pronto como los tecnócratas resuelvan cómo cablear a cada uno en el sistema con implantes cibernéticos y redes computacionales que funcionan con circuitos impresos en carbono (el polvo estelar del cual está hecha la carne humana) más bien que en el silicio (probablemente la carne de los cuerpos alienígenas).

—Los letales ojos destellantes. Tal como la mirada de los Niños, el mirar humano en alguna manera extraña y extrema puede ser fatal para lo que éste contempla. Ésta es una perspectiva aterradora, pero hay una amplia evidencia de que casi todo lo que está sujeto a la atención humana es también un objetivo para el consumo humano. La tierra, el agua, el aire, tan pronto como son vistos, contemplados, medidos, están listos para ser consumidos y explotados. Este rasgo en el homo sapiens, tan acertadamente simbolizado por la letal mirada fija de los Niños, puede demostrar la incapacidad de nuestra especie para establecer límites para sí misma. Los ojos que no reconocen los límites naturales de las cosas y de los procesos son ciertamente ojos "alienígenas", porque todas las otras criaturas en el hábitat natural realmente reconocen y respetan los límites dados que la Sagrada Naturaleza ha inscrito tan cuidadosa y diversamente. Los ojos de láser verde pálido de los Niños pueden en realidad ser un inquietante reflejo de la capacidad única del ser humano para exceder sus límites y destruír su propio hábitat dador de vida.


     Nosotros somos los Hijos de los Condenados. En tiempos modernos la especie humana exhibe rasgos de un comportamiento mutado de una manera más clara y sistemática que la que muestra el conjunto conductual que podría definir la humanitas. La película Children of the Damned presenta un reflejo aterrador de la condición humana, pero la historia tiene un final feliz. Bueno, algo así.


La Secuela de Nuestra Historia

     El protagonista femenino en Village of the Damned es la profesora en la escuela primaria de la pequeña ciudad. Su hijo es uno de los mutantes. Como una madre y mujer dedicada a la educación de los jóvenes, ella está especialmente atenta al comportamiento de los Niños. Ella nota que su hijo muestra algunos rasgos de bondad y afecto, aunque sólo de una manera fugaz. En una ocasión, él se apacigua y muestra una preocupación humana mientras el resto de los Niños permanece cruelmente empeñado en hacer daño. Un conflicto surge con el hombre que presenta un "interés amoroso" por la profesora, ya que él está convencido de que los mutantes no pueden someterse al comportamiento humano y por lo tanto deben ser destruídos. Al final de la película, el hombre se destruye a sí mismo y a la sala de clases con los mutantes, pero la mujer logra escapar con su hijo. La última escena los muestra marchándose de la ciudad en el automóvil de ella.

    Crucial es el papel de la madre como profesora. Al vislumbrar alguna evidencia de preocupación humana en su hijo, ella percibe una posibilidad de suma importancia: la humanidad puede ser enseñada a los Niños. Este factor del argumento en la narrativa de ciencia-ficción la redime del horror total y deja el argumento abierto para una secuela. Esto también sugiere lo que podría ser la secuela de nuestra historia, la aventura humana registrada en la Historia que se extiende por aproximadamente seis mil años.

     La secuela para nosotros podría consistir en esto: al despertarnos en el siglo XXI descubrimos que exhibimos el comportamiento mutado en una escala masiva. Estamos consternados por la comprensión de que la humánitas no sólo es alcanzable sino que debe ser conseguida, si nuestra especie debe sobrevivir.

     Si ésta es la moraleja anticipada de la historia de ciencia-ficción, es bastante buena, sobria e inspiradora. Cómo podría ser aplicada la moraleja, depende de la creencia de la protagonista mujer de que la humanidad puede ser enseñada. Yo propondría que esa frase presenta la base para una definición de la humanidad que no hemos formulado hasta ahora, ya sea en términos radicales o relativistas.

     "La humanidad puede ser enseñada" es una frase engañosa que incluye tanto los aspectos biológicos como morales de la palabra "humanidad", pero que no los confunde. Esa frase puede ser leída de dos modos distintos. Del primer modo, la frase afirma que la especie biológica, el homo sapiens, puede ser enseñada. De aquí que la humanitas consista, en el nivel biológico, en la enseñabilidad de nuestra especie, en su capacidad única para aprender. Del segundo modo, la frase indica qué se le puede enseñar a la especie: cómo actuar en una manera humanitaria. Para ampliar la frase a su significado pleno: el homo sapiens es la especie a la que se le puede enseñar humanidad. Esto podría servir para la definición de humanidad estricta y exclusivamente en términos humanos. Lo que nos hace homo sapiens en el sentido moral, y lo que define el comportamiento humanitario, es la capacidad de enseñar y aprender la humanitas. El atributo que distingue a la especie humana no es un potencial innato para comportarse moralmente sino un potencial para aprender la conducta moral (es decir, sana, amable, sabia, auto-regulada).

     Hay una escala de valores (ethos) peculiar a nuestra especie, pero no es dada potencialmente en nuestra composición genética: sólo es dada la capacidad para formular dicha escala de valores y para transmitirla por medio de la enseñanza. Ésta es una distinción crucial y la más liberadora. ¿Por qué? Porque nos saca del viejo dilema acerca de si la "naturaleza humana" está o no de manera innata dispuesta al buen comportamiento. Afirmar que la humanidad puede ser enseñada a actuar para el bien no requiere que creamos en la bondad innata, o que dudemos de ella tampoco. Si actuar para el bien puede ser aprendido, esto no tiene que residir en nosotros como una capacidad innata como tal, sino como la capacidad para aprender. Ésta es la distinción crucial y capital.

     Entonces nosotros, la especie humana, estamos condenados (propensos a la desviación) y estamos excepcionalmente dotados, porque podemos aprender de nuestra desviación y encontrar el curso verdadero de la evolución para nuestra especie.

     La definición de humanidad que estoy proponiendo aquí no nos restringe exclusivamente a aprender de, o debido a, nuestra desviación. En un amplio sentido, la humánitas es la capacidad para enseñar y aprender con respecto a una variedad amplia y siempre cambiante de experiencias. Parece, sin embargo, que tenemos una oportunidad excepcional para aprender humánitas a partir de los modos en que podemos desviarnos de ella. Si las desviaciones no pasan inadvertidas y no corregidas, hay que aprovecharla.

     Uno de los principios clave de la filosofía gnóstica era la autocorrección. Este principio se aplica maravillosamente a la situación que afrontamos nosotros, los Hijos de los Condenados.–








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