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miércoles, 4 de junio de 2014

John Kaminski - El Fantasma en la Capilla



     Otro antiguo artículo del señor Kaminski, de hace casi nueve años, conservado en inglés en rense.com, es lo que hemos traducido ahora. Como dijo alguien en un foro de 2006 donde se hablaba de sus textos, Kaminski es un apasionado y excelente escritor que ha tratado de llamar la atención sobre el hecho de que el papel en el fondo de la jaula de los pájaros está lleno de excremento y necesita ser cambiado... A pesar de ello, y no de modo contradictorio, este ensayo es un poco más hondo y existencial, tratando sobre los profundos temores humanos y los medios con que son enmascarados a costa de lo realmente verdadero.


El Fantasma en la Capilla
Explorando Cavernas en el Abismo
entre la Muerte y el Asesinato
por John Kaminski
15 de Agosto de 2005



     «Que la sana mentalidad optimista haga todo lo posible con su extraño poder de vivir en el momento e ignorar y olvidar, de todos modos el trasfondo del mal realmente está allí para ser considerado, y el cráneo sonreirá abiertamente en el banquete» (William James, Las Variedades de la Experiencia Religiosa).


     Usted no puede recibir un pago por un verdadero trabajo. Los salarios pervierten el propósito de cualquier trabajo que usted pueda hacer, cada vez. Eso es algo que la mayoría de las personas no comprende. Esto es lo que le sucedió a la Iglesia, y al resto de la sociedad, realmente. Un verdadero trabajo es algo que usted sabe que tiene que hacer y nada le impedirá hacerlo. De hecho, si a usted le pagan por ello, es posible (aunque no necesariamente) que el trabajo sea malo para usted, en términos de lo que puede hacer a su sueño. Y todo el mundo tiene un sueño.

      La mayoría de la gente en algún punto se queda atascada en lo que hemos elegido por necesidad para mantenernos a flote mientras pasan los años y llegamos a estar ilusionadamente sintonizados con las exigencias mediante las cuales, al menos teóricamente, podríamos prosperar.

     Cierto, nuestros deseos y nuestros genes han dirigido nuestras decisiones y nos hemos convertido en lo siempre quisimos ser. Nuestra educación posiblemente nos dejó un poco fuera de línea cuando fuimos o capturados por el pragmatismo magnético del juego financiero o cuando elegimos una profesión que más tarde encontramos que no nos gustaba. En nuestra búsqueda de seguridad y diversión, es muy probable que nunca hayamos sido expuestos a la idea de que la vida es mucho más que cuentas bancarias, o que lo que una persona hace afecta realmente todo lo demás.

     Ahora, como la sociedad está atascada en su barco que hace agua lleno de slogans simplistas y estafas irracionales, es una buena oportunidad para pensar sobre su significado y propósito. ¿O quizá usted prefiere esperar hasta que su hijo se integre al Ejército y sea muerto por nada en Iraq?.

     ¿Qué demonios está usted haciendo aquí, de todos modos? Seguramente usted se ha hecho aquella pregunta. ¿Cuál fue su respuesta? Repítala en voz alta, y almacene la definición como un meme que guiará su futuro, como tantas personas que conozco han hecho. La satisfacción entonces consiste en seguir el plan que usted ha elegido para usted mismo, y convertirse en la persona que usted quiere ser: la persona más agradable, más honesta y más útil que usted querría alguna vez encontrar.

      Me maravillo de las percepciones de la gente que he encontrado en el ciberespacio en cuyos cerebros se me ha permitido echar una ojeada. Ellos conocen asuntos muy importantes, y es siempre un shock para mí en aquellas raras ocasiones en que salgo de mi cibermundo y me aventuro en la atmósfera húmeda de la vida comercial de aquella feria de pacotilla conocida como Tamiami Trail, cerca de la cual vivo. La andrajosa mecanización de esta fétida serie sin fin de cadenas de tiendas, comida de poliestireno y un embotamiento abrillantado y decadente, es ciertamente un retrato de aquello en lo cual se ha convertido Estados Unidos: con muerte cerebral, embaucado y desconcertado. Y pronto a ser despojado, si uno debe creer la reciente cascada glacial de rumores en Internet.

      Cómo vivimos. Primero tenemos que conseguir lo que queremos, cada uno de nosotros como individuos. Entramos en el juego solos y salimos de la misma forma. Estamos agradecidos de nuestros padres por la posibilidad de jugar. Y estamos enloquecidamente dedicados a nuestros hijos, y a menudo encontramos en ellos una verdadera razón para vivir.

     Pero mientras estamos ocupados consiguiendo lo que queremos, a menudo encontramos curiosos baches en el camino hacia nuestro éxito. A veces encontramos que estamos en el camino equivocado por completo. Y esto requiere tomar decisiones racionales o, al menos, las mejores presunciones, tal como la escuela, de alguna manera.

     Estamos atrapados en el mundo material, y ni siquiera lo sabemos. Nuestras vidas enteras están dedicadas a reunir cosas materiales que pensamos que nos darán placer, pero ¿en qué se convertirá aquel placer cuando usted esté viejo y sentado en un hospicio llevando puesta una camisa de tela escocesa? Triangule. Salte adelante. ¿Qué pensaría aquel tipo de usted ahora? Si sólo pudiéramos...

     Examine el camino que hemos tomado hasta este punto. Piense en los signos que dejamos de leer. ¿Qué estábamos haciendo allí?; ¿hacia dónde íbamos entonces, tiempo atrás?. Y, más importante aún, ¿estamos allí todavía?.

      La respuesta es claramente No. Y la perspectiva es que nunca estaremos. Más aún, pasado un cierto punto, notamos aquel pequeño toque del tambor en el ritmo del tiempo que se arrastra hacia nosotros como páginas de calendario agitadas por el viento. Tarde o temprano, este mundo nos matará. No se engañe a usted mismo.

     A la gente no le gusta hablar de esto. Éste es el NO-TEMA número uno en cualquier conversación social cortés. Le dice a usted algo sobre nuestra sociedad y nuestro maquillaje táctico cuando la charla más importante que podríamos tener en nuestras vidas es UNA COSA de la cual no podemos hablar.

      Entonces estamos yendo abajo por este camino, vea, y es muy agradable porque el camino está bien pavimentado y el automóvil es nuevo. Queremos que el paseo dure para siempre, porque es tan fantástico, y sin embargo sabemos que no es así. En realidad no SABEMOS que no es así, porque sólo la gente muerta sabe eso, si es que ellos saben algo.

     Así que al seguir la costumbre social sobre este tema algo repulsivo, dejamos de hablar de los acontecimientos más importantes de nuestras vidas, porque realmente —sin importar qué clase de credo apoye usted— muy poca gente espera con impaciencia sus fechas de vencimiento, porque el negocio aquí es muy bueno, y queremos que dure para siempre.

      (Mire allí, a la derecha: hay algunas personas que quieren que el final llegue, dicen ellos, de modo que puedan unirse a su Señor en el Cielo, en los brazos de la élite. Tal vez ésta no es su primera visión del fantasma en la capilla).

     Pero sabemos que esto no dura para siempre. Exactamente aquí, mis amigos, se localiza el abismo, en todo su gran terror, revelado a cada momento para que todos lo vean, pero nosotros hacemos todo lo que podemos para no verlo. Esto es lo que significa la necesidad de la represión [como mecanismo psicológico], porque no podríamos siquiera funcionar si pensáramos en ello todo el tiempo. Entonces inventamos estrategias para anestesiar este miedo angustioso —para sedarlo, suprimirlo y paliarlo— de modo que podamos al menos funcionar (tener bebés, ir a ver películas, cosas así).

      La raza humana se ha precipitado durante 5.000 años por una carretera de su propio diseño, y no sólo hemos fraguado elaborados e insondables laberintos de pensamiento para explicar por qué no deberíamos siquiera mirar este bache particular, sino que nos estremecemos en un intimidado terror por causa de ello. También hemos diseñado soluciones defectuosas, engañosas y destructivas que nos impiden siquiera explorar la naturaleza de esta amenaza que sostiene nuestras conciencias a cada momento de nuestras vidas. ¿El típico diagnóstico médico?: Analgésicos. A través del tiempo, ésta siempre ha sido la estafa. La gente sana sabe que si usted no puede identificar la causa de un problema, el problema no será solucionado.

     La religión no lo soluciona. Simplemente lo congela con un grotesco barniz de fantasía sádica y de mente estrecha. Le da una ilusión que usted se ve obligado a creer, y usted decide creerla porque piensa que la alternativa es peor. Pero ¿lo es realmente?. ¿Se ha hecho alguna vez usted aquella pregunta?.

      La religión y sus iglesias son los proveedores comerciales de un tranquilizante anestésico que alimenta y adormece una dinámica psicológica universal: la culpa y nuestra necesidad de redención. Cómo ellos han decidido adornar aquel producto, y cuál su relación con la salud humana actual, son dos cosas que incluso después de todo este tiempo —cinco mil años— nunca en realidad han sido adecuadamente exploradas o discutidas; al menos no en la opinión pública.

      Dios es simplemente el eco del pensamiento que rebota en la pared de la muerte, me dije una vez. Pero fue en vano. Esta bestia querida que llamamos Dios está más allá de los nombres. Cada uno comprende esto. Y cada uno toma el pedazo del pastel divino que lo satisface, que ellos necesitan para sentirse seguros, o que usan para justificar sus estafas.

      ¡Éste es el verdadero "Family Feud"! [1]. ¡Juguemos! Aquí está la categoría:

     [1. Aquí se está aludiendo a un programa televisivo estadounidense así llamado, en el cual compiten dos familias adivinando las respuestas más frecuentes a encuestas realizadas].

     ¿Principales usos para el sujeto Dios?

     La encuesta DICE... que la inmunización contra el miedo a la muerte es la respuesta número uno.

     ¿Número dos? El control de la mente de las masas y la formación de chivos expiatorios que van a convertirse en su mercado consumidor.

      ¿Número tres? La aprobación sobrenatural, la tapadera perfecta para el crimen usando la excusa de que algunas cosas no pueden ser explicadas porque así es como son. ¿Puede usted decir "Resurrección"?, ¿o darse cuenta de cómo nadie nunca es atrapado en todas estas recientes atrocidades estadounidenses que son atribuídas a místicos terroristas musulmanes?.

     ¿Cuatro? Es un negocio provechoso. Los concesionarios autorizados pagan cuotas mínimas, están exentos de impuestos, y más o menos han sido dominados —suponiendo que ellos no eran de esa manera en primer lugar— por estrategas de sonrisas de cemento que calculan con frialdad por cuál método ellos capturarán vuestra alma simplemente pulsando los botones apropiados. Además, el maníaco homicida llamado el emperador Constantino que fundó el cristianismo, supuestamente hizo su verdadero dinero de la venta de artefactos, estatuas de santos, y sobre todo de reliquias, baratijas de diversos viajeros que pertenecen al cadáver santo.

      ¿Cinco? Transferencia. El niño solitario y temeroso que usted es necesita un padre sustituto, y aquella necesidad lo lleva a usted en su deseperación a aquel mismo viejo fantasma en la capilla. En vuestra necesidad, él no tiene que tener sentido. Él sólo tiene que darle a usted consuelo cuando más lo necesita.

     ¡Ah, deberíamos jugar a esta competencia más a menudo, en vez de representarla realmente en el mundo!.

     Por eso siempre me irrito cuando los superfluos mojigatos miran con desdén a las civilizaciones druida o maya, que de varios modos extraños, incluyendo su orientación hacia el medioambiente planetario, estaban a años-luz delante de nosotros. La gente cerrada de mente y temerosa se queja: "Uh, ellos hacían sacrificios humanos". La respuesta frecuente y apropiada a esto es: "¡Al menos ellos no mataron a 75.000 personas de un solo tiro como lo hicimos nosotros en Hiroshima!". Las palabras adicionales en esta frase, "...¡o las 200.000 personas que matamos en dos años en Iraq!", no son opcionales.

     Sé que menciono a Becker demasiado. Simplemente tengo que hacer pronto una revisión completa de él. Entre sus puntos de vista sin precedentes, él despliega citas asombrosas para marcar el territorio que está explorando. Como ésta:

     "Nacemos con la necesidad de autoridades y creamos una prisión a partir de la libertad" (Otto Rank, psiquiatra que rompió con Freud).

      "El mal proviene del hombre que trata de negar su naturaleza animal" (Wilhelm Reich, descubridor de energía de los orgones). Usted sabe que esto tiene que ser verdadero porque el gobierno lo arrojó en la cárcel y lo mató por ello).

     Ernest Becker fue un antropólogo cultural [judío estadounidense] que reunió algunos de los mejores informes de aquel territorio inexplorado del miedo a la muerte, y cuando él los analizó, comprendió que la naturaleza del instinto de supervivencia tiene un lado oscuro que está relacionado alarmantemente con la obvia propensión humana a asesinar a otros seres humanos y a todo lo demás que sabemos que vive. Pero escuche sus palabras:

      «El entendimiento entero de Kierkegaard acerca del carácter de un hombre consiste en que es una estructura construída para evitar la percepción del "terror, perdición y aniquilación que habita junto a cada hombre". Él entendió la psicología de la manera en que lo hace un psicólogo contemporáneo, donde su tarea es descubrir las estrategias que usa una persona para evitar la ansiedad, qué estilo usa ella para funcionar automáticamente y carente de sentido crítico en el mundo, y cómo ese estilo mutila su verdadero crecimiento y libertad de acción y elección. O, en palabras que son casi de Kierkegaard, cómo es esclavizada una persona por su mentira caracteriológica acerca de sí misma» (Becker, The Denial of Death, p. 70)

     Tengo un cuadro con mis aforismos favoritos de Becker.

     "El heroísmo es una fantasía auto-destructiva".

     "Todas las religiones históricas son una crítica de percepciones falsas". Y "Toda religión es una megalomanía narcisista".

     Y esta última puede ser la mejor de todas, porque en el contexto de lo que estamos afrontando, cada uno de nosotros en este mismo momento, nuestros líderes se han vuelto locos, junto con la mayor parte de la sociedad, y ellos están amenazando con hacer detonar armas nucleares, o algo peor, encima de las cabezas de más personas inocentes.

     Entonces el razonamiento de Becker en estos días tiene más que la parte habitual de su profunda importancia.

     "El hombre es un animal asustado que debe mentir a fin de vivir".

     Y el meme acompañante: "Las sociedades son sistemas estandarizados de negación de la muerte que le dan la estructura a los rituales de la transcendencia heroica".

    Esta anotación, todas las palabras de Becker pero entresacadas de mis notas, comienza a explicar el dilema.

     Personificamos a la muerte a fin de controlarla. El ritual lo pone a uno en posesión de la eternidad. Pero esto es un abandonar la verdad de la condición humana. Los hombres le dan forma a la no-libertad como un soborno para la auto-perpetuación.

     Y precisamente aquí comenzamos nuestro descenso empinado y resbaladizo hacia el abismo entre la muerte y el asesinato.

     Becker, que murió en 1974 al mismo tiempo en que él ganaba un Premio Pulitzer por sus trabajos "The Denial of Death" y "Escape from Evil" (MacMillan), se desesperó con verdadero terror por lo que encontró cuando cavó hasta el fondo de la suciedad de la motivación humana: "Si los hombres matan por placer, ¿qué sistema posible podría ser ideado...?", él se lamentaba.

     Éste, entonces, es el punto crucial del problema humano más espinoso, más importante que absolutamente cualquier otro, porque amenaza e influye a cada otro.

     En "Escape from Evil" Becker afronta el clásico dilema existencial con intrepidez. Nuevamente estoy citando de memoria:

     «La apremiante necesidad natural e inevitable del hombre de negar la mortalidad y de conseguir una auto-imagen heroica es la causa primordial del mal humano. El impulso del hombre es a superar este miedo con un heroísmo creado culturalmente. Si el hombre es tan malo como parece, entonces tenemos que forzarlo conductualmente hacia la vida del bien o tendremos que abandonar competamente la esperanza de una ciencia del hombre».

     Pero Becker no está tan desesperado. "No hay nada en el hombre o en la Naturaleza que nos impida tomar algún control sobre nuestro destino y hacer del mundo un lugar más seguro para los niños", insiste él, con valentía. Y, por supuesto, todo dependería de exactamente quién ejerce la coerción.

     Pero la visión del mundo que tiene Becker se parece a la de Lewis Mumford:

     La amalgama de monarquía con poder sagrado, sacrificio humano y organización militar desencadenó una megamáquina de pesadilla sobre el mundo, que comenzó en Sumer y continúa hasta hoy.

     El núcleo central fundamental de la tesis del libro "Denial of Death" de Becker es "la mentira vital" que los humanos se cuentan a sí mismos para hacer sus vidas más confortables. Las implicaciones psicológicas de la mortalidad han exigido esta estrategia, y ha sido hasta cierto punto exitosa a lo largo del camino de la evolución. Pero esto ha dejado tal desorden en nosotros y en nuestro jardín, que Becker se vio obligado a decir:

     "Los hombres se usan unos a otros para asegurar su victoria personal sobre la muerte", y citó al maestro Otto Rank para dicha razón:

     "El temor a la muerte que tiene el ego es aminorado por la matanza y por el sacrificio del otro; por la muerte del otro, uno se libera del castigo de morir y de ser".

     Lo cual, si usted tuvo la desgracia de notar, se parece mucho a la heroína. ¡Deshágase de una familia iraquí y siéntase mejor consigo mismo, hombre!.

     Un comentario más de Becker (yo podría continuar durante horas):

     "La megamáquina es el mayor desafío histórico que afronta el hombre occidental".

     Treinta años más tarde, esta afirmación nunca ha sonado más verdadera.

      Entonces éste es el abismo entre la muerte y el asesinato. Un poco clínico, ¿no?. No quise asustarlo, porque ya es bastante atemorizante sin que yo aumente su nerviosismo.

     Comencé este artículo hablando de trabajos, por una razón. Ya algunos de ustedes habrán intuído que voy a conectar vuestro trabajo con la muerte.

     Si vuestro trabajo tiene algo que ver con matar gente, usted no es bienvenido en este mundo. Tan simple como eso. Nuestros más altos líderes, nuestros empresarios más ricos, nuestros filósofos y teólogos más respetados, en Estados Unidos toda esta gente, aunque sólo sea por su silenciosa indiferencia, apoyan completamente el horror que ha seguido adelante en Iraq. Estamos hablando de una carnicería depravada, y la responsabilidad de ello pertenece a todos los estadounidenses, así como a nuestros socios lemmings que residen en algún otro país lloronamente adulador del Primer Mundo, como Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón y, muy especialmente, Israel.

     Ustedes, la gente que ha tomado estas decisiones y ha puesto en práctica estas políticas, ya no es bienvenida en este mundo.

     No será ninguna sorpresa para nadie oír que la raza humana está mentalmente enferma. La actual tarea es diagnosticarla y tratarla; y rápidamente, por favor.

     La religión es un sedante cubierto de caramelo que impide a sus adherentes identificar con precisión los reales contornos auténticos de un problema que nos ataca a todos nosotros. El problema no es la muerte, que es el hecho más importante de la vida. El problema es lo que hacemos para impedirnos reconocer y tratar con la verdadera naturaleza existencial de la vida y la muerte, y comprender el daño causado por estrategias artificiales, mágicas y manipuladoras que nos impiden descubrir la real naturaleza del mundo.

     Nosotros hemos de morir, y debemos dejar de actuar como si no lo debiéramos. Esto nos impide ver el mundo real, y envenena nuestro destino del modo más cierto, que es la extinción.

     Hay una conexión directa entre los misterios que decidimos adorar y la miseria que decidimos causar en su nombre.

     Un milagro es simplemente una expresión de ignorancia cuando usted no conoce los hechos verdaderos.

     Usted tiene a Moloc de su lado, aunque él haya cambiado su nombre hace muchos años por el de Yahvé. ¿Puede usted imaginar a ese pervertido de estrechas miras y homicida que domina las páginas del Levitico y del Deuteronomio simulando realmente ser Dios, como si Dios matara a alguien por rezar de la manera equivocada?. Ésta es la mierda en que ustedes creen, ustedes cristianos y judíos. Ustedes tontos temerosos.

      Este Viaje por el Mágico Misterio de la resurrección y el sentido de canibalizar al propio salvador de un modo ritual, han lastimado su camino a través de la Historia, a través de cada religión y cada cultura. Ésta es completamente una manifestación de nuestro miedo a la muerte, y es revelada ahora como una descripción necesariamente fraudulenta del depósito de respuestas imaginadas a preguntas que nunca seremos capaces de resolver de un modo útil mientras dejemos de reconocer que fue nuestro miedo interior a la muerte el que creó estos mitos sagrados. Ellos no eran relatos objetivos de la Historia en el mundo. Nadie sale vivo de aquí, amigo, y el valor de la vida consiste en reconocer lo que ella significa, y en dar humildes gracias por los regalos que nos han sido dados, NO en decir que la historia delante de sus ojos está equivocada e inventar una especie de paraíso de pistacho para demostrar que no es verdadera.

      Ahora, para nuestro actual cuestionario evolutivo: ¿Es verdadera la religión?.

     Respuesta: Déme una pausa. ¿Usted quiere decir que se supone que nosotros debemos creer aquella mierda? Ya no más. Ella es una estrategia poco saludable para la evolución.

     La religión deja de reconocer el hecho más importante sobre nosotros mismos: el limitado marco de tiempo para hacer una contribución significativa como nuestra manera de dar gracias por los regalos que hemos recibido. No hay ningún deber o privilegio más importante en la vida que esto. La religión le promete a usted la vida eterna si usted sólo cree y deja inadvertido el tobogán de mentiras.

     Y cuando aprendemos todo esto y lo integramos en nuestro pensamiento mientras nos desintoxicamos de los venenosos mitos religiosos, ¿podemos por favor imaginar un modo de vivir pacíficamente?. Trate a cada uno en el mundo como posibles miembros de nuestra propia familia, porque, en la medida en que "Dios es mi testigo", ellos lo son.

      Más importante es identificar el eslabón —el espantoso tendón— que conecta al fanatismo religioso con el asesinato de masas, y a partir de aquello, exploran las profundidades en las que Becker tiene la esperanza de encontrar un camino a un mundo más humano y honesto.

       Nunca le diga a nadie cómo rezar. Ellos lo averiguan por sí mismos. El lenguaje, la forma, la construcción, la escritura y el color de la piel de los dioses no importan: todos son el mismo. Rece a cualquiera de ellos, si le gusta. No importa cuál sea, el mensaje llega al final al Gran Kahuna. Y cuento con esto sobre una buena autoridad. Krishna así lo dijo. Y él era el verdadero trato, tiempo atrás. Todas las otras apariciones divinas son simplemente copias más pobres de él.

     Pero la cosa importante de recordar consiste en que TODOS los dioses son apariciones, proyecciones internas de nuestro propio miedo. Porque no fue Dios el que inventó al hombre sino que fue el hombre el que inventó a Dios.

     Ahora es el tiempo para estudiar el tendón salvaje que conecta las ideas mágicas sobre las cuales se basa nuestra seguridad, con la miseria y asesinato que dispensamos a aquellos que no se parecen a nosotros, o que tienen algo que queremos, lo cual, en nuestra certeza justificadamente artificial, sentimos que tenemos el derecho de tomar.–


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