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lunes, 26 de mayo de 2014

Cómo los Judíos Ganaron el Occidente



     El sitio theendofzion.com contenía el siguiente texto de hace nueve meses que hemos puesto en castellano. Su autor, que, de acuerdo a un sitio, es Benjamin Garland, hace aquí un repaso histórico de las causas que han estado en juego tras la Segunda Guerra Mundial en el escenario mundial en cuanto a la tiranía que han logrado desarrollar muchos de los integrantes de la tribu de los "elegidos", que tan cruelmente han demostrado que se comportan en cuanto acceden al poder. Aquí el autor no olvida mencionar la aborrecible conducta de ellos cuando se consolidó la Unión Soviética, que ha quedado simplemente como un trauma para la Humanidad toda, y de cómo Hitler, preparado por el Destino, supo hacer frente a toda dicha tiranía con unas cuantas simples medidas, razón por la que fue perseguido con saña hasta su destrucción por quienes no querían sus artimañas expuestas en la palestra pública.

Cómo los Judíos Ganaron el Occidente
por Benjamin Garland
9 de Agosto de 2013



     La clave del poder judío descansa principalmente en dos cosas: el control de la banca y de las finanzas, y el control de los medios de comunicación. El primero es usado como un instrumento para esclavizarnos físicamente, el otro para esclavizarnos mentalmente. Durante los pasados cien años ellos han ganado casi un monopolio completo sobre ambos elementos en todo el mundo, sobre todo en Occidente. A fin de comprender todo el alcance del poder judío hoy y entender cómo ellos lo han adquirido, uno tiene que mirar brevemente la historia de la banca, comenzando con el Banco de Inglaterra.

     Los judíos fueron expulsados de Inglaterra en 1290 por el rey Eduardo I por préstamo de dinero. Él les dio una fecha límite y declaró que cualquier judío encontrado en Inglaterra después de aquel plazo sería ejecutado. Se decretaron leyes entonces para asegurar que ellos nunca pudieran volver.

     Inglaterra prosperó durante cientos de años sin los judíos hasta que finalmente en 1656 Oliver Cromwell les permitió regresar. Treinta y ocho años más tarde, en 1694, ellos establecieron el Banco de Inglaterra.

     La banca judía utiliza la práctica inmoral e históricamente condenada de la usura, que está diseñada para esclavizar a países enteros mediante el interés que se acumula y que nunca puede ser pagado. Un siglo después de que los judíos habían asegurado el dominio financiero, la deuda pública de Inglaterra ascendió de sólo 1,5 millón a unos astronómicos 848 millones.

     Con la familia Rothschild en la vanguardia, uno tras otro ellos comenzaron a establecer bancos de esta naturaleza en los países de toda Europa. En Rusia, el Zar rechazó un banco central judío, y por eso Nathan Rothschild juró un día destruírlo a él y a su familia. Estados Unidos era también algo resistente a esta traición, pero en 1913, con su Presidente marioneta Woodrow Wilson y un vendido Congreso, los judíos finalmente establecieron su privado Banco de la Reserva Federal.

     Después de asegurar su banco en Estados Unidos, la principal superpotencia del mundo, la agenda judía aceleró a fondo y, por medio de una serie asombrosa de acontecimientos fabricados, ellos fueron capaces de asegurar un Estado soberano fuertemente financiado y un dominio absoluto sobre las potencias occidentales en unas pocas décadas.

     Estos acontecimientos fueron, principalmente:

    —1914: Primera Guerra Mundial.

    —1915: La desintegración del Imperio Otomano (a fin de desestabilizar el Oriente Medio y preparar el terreno para Israel).

    —1917: La Revolución bolchevique en Rusia.

    —1929: El colapso del mercado de valores y la Gran Depresión, diseñados ambos sucesos por los judíos, que causaron una transferencia masiva de la riqueza del pueblo a los banqueros de la élite.

    —1945: Segunda Guerra Mundial.

    —1948: La fundación del Estado judío de Israel.

     Las dos Guerras Mundiales fueron necesarias para el mantenimiento del poder judío. Ellos no podían permitir que ningún país europeo se hiciera alguna vez demasiado independiente y que se liberara de su control otra vez, por cuanto esto expondría la naturaleza corrosiva de su influencia ante el mundo entero. Ellos también necesitaban su propio Estado, para que les sirviera como su cuartel central militar y como un refugio seguro, si sus hechos criminales alguna vez llegaran a ser averiguados.

     Así, los objetivos principales de la Primera Guerra Mundial fueron:

    — Desestabilizar a Europa y al mundo;
    — Destruír al principal competidor de la Inglaterra controlada por los judíos: Alemania;
    — Matar a tantos Gentiles como fuera posible, y
    — Establecer el Estado de Israel.

     A la postre, se requirió de dos guerras para conseguir esos objetivos.

     Durante la Primera Guerra Mundial un grupo de revolucionarios judíos radicales condujo una violenta revolución comunista en Rusia y comenzó el más brutal régimen de terror y asesinato de masas en toda la Historia registrada. Ellos llevaron a cabo esta revolución llenando las cabezas del proletariado, o de la clase campesina, con la propaganda comunista, y presionándolos para rebelarse violentamente contra la clase media y el gobierno, que ellos afirmaban que eran intrínsecamente responsables de todos los supuestos males que plagaban Rusia entonces. Conocidos como los bolcheviques, los dos principales líderes comunistas, León Trotsky (Braunstein) y Vladimir Lenin (Ulyanov), fueron financiados con decenas de millones de dólares por banqueros judíos de Nueva York. Las partes del país que se resistían, a saber los cosacos del (río) Don, fueron incapaces de rechazar al ejército bolchevique debido al insuficiente contingente humano debido a la Primera Guerra Mundial y a los traidores internos.

     Tan pronto como ellos se apropiaron del poder y hubieron asesinado ritualmente al Zar junto con su esposa e hijo y cuatro hijas, los bolcheviques judíos inmediatamente comenzaron a asesinar en masa al pueblo ruso.

     Primero ellos fueron tras la clase intelectual: los abogados, los médicos, los poetas, los profesores, los académicos, los científicos y hasta los estudiantes universitarios, que ellos sabían que tenían el potencial para ser la siguiente generación de líderes. Cualquiera que pudiera eventualmente conducir al pueblo ruso hacia su liberación de las garras comunistas de la muerte era rápidamente liquidado.

     Los líderes comunistas estaban inevitablemente afligidos con una paranoia extrema, porque el sistema que ellos intentaban poner en práctica era uno intrínsecamente impracticable. Ellos entendieron que cualquiera con una mente crítica sería capaz de ver a través de la estafa. Esta paranoia patológica, junto con el desprecio que durante mucho tiempo los judíos han tenido por la raza eslava, fueron los principales factores impulsores detrás de las atrocidades comunistas.

     Alexander Solzhenitsyn, un ruso que sobrevivió a esa pesadilla, escribió en su libro Archipiélago Gulag que los comunistas finalmente mataron a un total de 66 millones de rusos en sus campos de exterminación del gulag. A los prisioneros de estos campos se les hacía trabajar hasta la muerte o se los asesinaba.

     El nivel de crueldad, sadismo y sed de sangre de los judíos que dirigían estos campos de exterminación es impresionante. Los sacerdotes eran crucificados y se les arrancaban sus ojos y se cortaban sus lenguas. Sus iglesias fueron quemadas hasta el suelo o convertidas en casas de baños o sinagogas. Algunas víctimas fueron hervidas vivas. Otras fueron colocadas en cajas con ratas o se les vertió plomo caliente en sus bocas. Los bebés fueron arrancados de las mujeres embarazadas y muertos delante de las madres. Algunas víctimas tuvieron sus estómagos abiertos de un corte y sus intestinos clavados a un poste, y luego fueron obligados a correr alrededor del poste hasta que sus tripas se desenmarañaran y ellos murieran. A veces la víctima del día siguiente era obligada a mirar. Los niños fueron torturados delante de sus padres, y las mujeres delante de sus maridos.

     Un antiguo funcionario soviético llamado Mijaíl Voslensky escribió sobre algunos métodos de tortura y asesinato en su libro "Nomenclature":

    "En Jarkov, a la gente se le arrancó el cuero cabelludo. En Voronezh, las víctimas de tortura fueron colocadas en barriles en los cuales fueron martillados clavos de modo que ellos sobresalieran en el interior, tras lo cual los barriles fueron hechos rodar. Un pentáculo (por lo general una estrella de cinco puntas antiguamente usada en la magia) fue quemado en las frentes de las víctimas. En Tsaritsyn y Kamyshin, las manos de las víctimas fueron amputadas con serrucho. En Poltava y Kremenchug las víctimas fueron empaladas. En Odesa ellos fueron asados vivos en hornos o rasgados en pedazos. En Kiev, las víctimas fueron colocadas en ataúdes con cuerpos en estado de putrefacción y sepultadas vivas, sólo para ser desenterradas otra vez después de media hora".

     La estadounidense Comisión Rohrbach describió un poco de la carnicería en la revista Defender (Octubre de 1933):

    "El piso de cemento entero de la sala de ejecución de la Cheka judía de Kiev estaba inundado con sangre, la que formaba un nivel de varias pulgadas. Aquello era una mezcla horrible de sangre, sesos y pedazos de cráneos. Todas las paredes estaban manchadas con sangre. Pedazos de sesos y de cueros cabelludos estaban pegados a ellas. Un canal de 25 centímetros de ancho por 25 centímetros de hondo y de aproximadamente 10 metros de largo estaba a lo largo de su longitud lleno hasta el tope con sangre.

    "Algunos cuerpos estaban destripados, otros tenían las extremidades cortadas, otros estaban literalmente cortados en pedazos. Algunos tenían sus ojos puestos fuera de la cabeza, y la cara y el cuello y el tronco estaban cubiertos de profundas heridas. Posteriormente encontramos un cadáver con una cuña clavada en su pecho. Algunos no tenían lenguas. En una esquina descubrimos una cantidad de brazos y piernas desmembrados que no pertenecían a ningún cuerpo que pudiéramos localizar".

     Muchos países vecinos también sintieron la ira de este criminal régimen judío establecido en Rusia. Los judíos soviéticos Lazar Kaganovich, Genrikh Yagoda y Nikolai Yezhov orquestaron el despiadado genocidio de entre 7 y 10 millones de ucranianos en 1932-1933 en una hambruna terrorista poco conocida llamada el Holodomor. La amenaza comunista estaba dispuesta a barrer toda Europa para asesinar, violar y esclavizar al continente entero de la misma forma en que lo hizo en Rusia.

     Mientras tanto, Alemania estaba sufriendo de una crisis económica horrorosa debido a la intriga bancaria judía y a la pérdida de la Primera Guerra Mundial. Este colapso, y la muy real amenaza interna y externa de una toma comunista del poder, fueron los motivos principales de que Adolf Hitler, el más vilipendiado hombre en toda la historia humana, subiera al poder.

     Hitler fue el opositor más eficaz del supremacismo judío de todos los tiempos. Él comprendió que la mano judía estaba detrás de la mayor parte del sufrimiento en Alemania y en el resto del mundo, y dejó completamente claro en su libro Mein Kampf que él iba a tratar con ellos cuando llegara al poder. Esto alarmó a la Judería Internacional, de modo que cuando él fue legítimamente designado como Canciller en 1933, ellos colectivamente declararon la guerra contra Alemania con un boicot económico mundial. Este solo hecho niega la escandalosa afirmación de que Hitler comenzó la Segunda Guerra Mundial.

     Hitler luchó desesperadamente para impedir la guerra y alcanzar la paz verdadera con los Aliados. Uno sólo tiene que leer algunos de sus discursos de aquel período para demostrar esto, muchos de los cuales están disponibles en la red.

     Hitler fue esencialmente forzado a la guerra. Él pacientemente no hizo nada mientras el gobierno polaco controlado por los judíos cometía atrocidades indecibles contra los alemanes étnicos que vivían en el territorio que fue confiscado a Alemania como consecuencia de la Primera Guerra Mundial. Incapaz de resolver este asunto diplomáticamente, y después de miles de asesinatos de civiles alemanes, él no tuvo ninguna otra opción sino invadir Polonia para proteger a su pueblo y reclamar el territorio que había pertenecido históricamente a Alemania.

     Esto proporcionó la excusa necesaria a Gran Bretaña y a Francia para declarar la guerra contra Alemania so pretexto de la "protección de Polonia". La Unión Soviética invadió Polonia desde el Este casi al mismo tiempo que Alemania, pero esto es difícilmente mencionado alguna vez.

     La máquina de guerra alemana conquistó Polonia occidental en aproximadamente un mes con uno de sus asaltos de Guerra Relámpago (Blitzkrieg). Éste es realmente un modo muy humano de luchar, comparado con la interminable forma tradicional de la guerra, que causa mucha más muerte de civiles y dificultades económicas.

     Los oficiales alemanes más tarde llegaron a descubrir las tumbas masivas de lo que finalmente llegó a cerca de 22.000 ciudadanos polacos sepultados en el bosque de Katyn cerca de Smolensk, en Rusia y en otras partes. Del mismo modo que ellos habían actuado en Rusia, después de conquistar Polonia los comunistas habían acorralado a toda la intelectualidad y los habían ejecutado con una bala en la nuca.

     Esta atrocidad fue atribuída, y a veces todavía lo es, a los alemanes. Las mentiras propagadas sobre esta época son interminables, e incluyen, por supuesto, la mentira más grande de todas, que es la del llamado "Holocausto" judío.

     Incluso a primera vista, la idea de que los "nazis" fueron capaces de encerrar a seis millones de judíos, transportarlos a campos de concentración en Polonia, gasearlos, y luego quemar los cadáveres y hacer desaparecer la ceniza, mientras luchaban una guerra en todos los frentes contra tres de las superpotencias del mundo, es absurda. Encerrar a los enemigos internos (comunistas) y hacerlos trabajar para abastecer la máquina de guerra masiva es mucho más plausible y es, en efecto, la verdadera historia de los llamados "campos de exterminio".

     No sólo aquellos que hacen esta afirmación de seis millones de judíos gaseados no suministran ni un fragmento de evidencia, aparte de algunas fotos engañosas y/o alteradas y de contradictorios testimonios de testigos oculares que son mentirosos inveterados, la historia también ha sido forense y científicamente demostrada, más allá de una sombra de duda, como algo totalmente imposible.

     En 1995 el número de víctimas supuestamente asesinadas en Auschwitz fue oficialmente revisado desde 4 millones a 1,5 millón. Aquella revisión hubiera cambiado la cifra oficial de 6 millones a 3,5 millones, pero todavía es ilegal siquiera cuestionar la cifra de 6 millones en público en 16 países europeos y en Canadá. Estas leyes sin duda eventualmente se aprobarán también en Estados Unidos si los poderosos grupos de presión judíos se salen con la suya.

     La mayoría de las personas es inconsciente de estas leyes opresivas; cualquiera que simplemente plantee preguntas acerca de la narrativa oficial de este supuesto acontecimiento histórico, en cualquier parte de la Unión Europea o de Canadá, es susceptible de ser llevado ante un tribunal y encarcelado hasta por cinco años. Aquello solo habla volúmenes sobre la naturaleza de la historia: la verdad difícilmente necesita leyes que la defiendan.

     Otra gran mentira sobre esa época es que Hitler era algún tipo de tirano malvado que oprimió al pueblo alemán. Nada podría estar más lejos de la verdad. Alemania bajo Hitler era una virtual utopía, y los judíos fueron tratados muy justamente, considerando las circunstancias. Él personalmente concedió el indulto a no menos de 10.000 de ellos mientras ellos se mostraron leales a Alemania y no como agitadores comunistas o inmorales criminales etnocéntricos como el grueso de su tribu.

     Alemania estaba al borde de la destrucción cuando Hitler asumió el poder. Había un desempleo generalizado, hiperinflación y gente pasando hambre en las calles y cometiendo suicidio a una escala masiva. Hitler fue capaz de unificar Alemania y convertirla en una nación prácticamente libre de crímenes y altamente productiva con pleno empleo, en sólo dieciocho meses. Que Hitler haya liberado a su pueblo y transformado Alemania en un Imperio y en un centro económico floreciente es quizá el secreto mejor guardado de los tiempos modernos, y sin duda una gran razón para muchas de las mentiras dichas sobre él en los medios predominantes y alternativos por igual.

     Cómo él llevó a cabo esto, es simple: él desmanteló el sistema bancario judío y emitió dinero libre de deuda. Él expulsó a los judíos de los medios de comunicación y de toda otra posición de poder.

     La Judería Internacional no podía permitirse dejar a Hitler enseñar al mundo que el secreto para construír una nación libre y próspera es deshacerse de los judíos parásitos, de manera que, a sus ojos, Alemania tenía que ser destruída, y cualquier recuerdo de los hechos heroicos de este hombre tenía que ser despiadadamente suprimido para siempre.

     Y destruír Alemania es exactamente lo que los judíos hicieron, usando las naciones que ellos, para todas las intenciones y propósitos, ya habían subvertido y habían conquistado desde dentro.

     El hecho de que los judíos pudieran ser responsables de esta guerra desastrosa que reclamó más de 80 millones de vidas, más de mitad de los cuales eran civiles, y luego convencer al mundo de que ellos fueron las víctimas primarias, es absolutamente asombroso. La desvergüenza de los judíos no conoce ningún límite.

     Las principales víctimas de la Segunda Guerra Mundial fueron realmente los alemanes. Lo que se nos enseña sobre esta guerra es casi una inversión exacta de la verdad. Millones de millones de civiles alemanes inocentes —mujeres y niños y ancianos— fueron violados, privados de comida hasta la muerte, y bombardeados con fuego hasta el olvido, en algunos de los crímenes de guerra más despreciables que se puedan imaginar, incluso después de que la guerra había terminado oficialmente.

     Y se nos dice que ésta fue una guerra "moral", luchada por la "más grande" generación.

     La pérdida de Alemania fue una pérdida para todos nosotros, pero un triunfo para los judíos. Uno grande. Desde entonces ellos han sido los amos indiscutibles del mundo. Ellos se han apoderado aproximadamente de cada institución principal con prácticamente ninguna oposición, usando su historia del "Holocausto" como un escudo contra cualquier crítica, y como un ariete contra el mundo de los Gentiles.

     ¿Quién va a detenerlos?. Con su monopolio sobre los medios de comunicación, cualquier opinión que no siga las pautas judías oficiales de la "corrección política" es ridiculizada, demonizada, o simplemente ignorada.

     Los judíos han estado en la cresta de la ola desde la Segunda Guerra Mundial. Ellos consiguieron su Estado de Israel, después de genocidar a los palestinos y robar su tierra de manera brutal en nombre de "escapar de la persecución", y han estado usando dicho argumento para causar estragos en Oriente Medio y el mundo desde entonces.

     Nosotros los gentiles, por otra parte, hemos sido arrastrados a las simas más bajas de la depravación. La homosexualidad y la degeneración sexual son desenfrenadas y están siendo convertidas en la norma, nuestras fronteras están abiertas de par en par, un Estado policiaco tecnológico nos está esclavizando, el mundo musulmán ha sido destruído por los conflictos tramados por el judío que nos conducen hacia otra Guerra Mundial, y los hombres Blancos no pueden siquiera buscar sus propios intereses sin ser etiquetados como "nazis", "odiadores", "racistas" y "supremacistas blancos".

     ¿Le suena esto a usted como proveniente de los ganadores de una guerra "moral", luchada por la "más grande" generación?.

     Cada uno debe saber profundamente dentro de sus corazones que hay algo que está terriblemente mal con el mundo. Nos mantenemos como un pueblo derrotado, pero hay todavía tiempo para que nos elevemos por encima y otra vez nos convirtamos en los amos de nuestro propio destino. O nos enfrentamos a los judíos y los comunistas ahora, o esperemos conseguir una bala en la nuca como los pobres rusos y otros europeos del Este.

     Esto va a requerir mucho coraje físico y moral, pero cuando el futuro de nuestros niños está en juego, ¿hay realmente un riesgo demasiado grande, algún sacrificio demasiado grande, alguna comodidad a la que no valga la pena renunciar, para levantarse y hacer cualquier cosa que se requiera para hacer la cosas bien?.

     No permitamos que los sacrificios de Adolf Hitler y del noble pueblo alemán hayan sido en vano.
 
     "Aquellos que quieren vivir, que luchen, y aquellos que no quieren luchar en este mundo donde la lucha eterna es la ley de la vida, no merecen vivir" (Adolf Hitler).–





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