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miércoles, 23 de abril de 2014

La Planificada Hambruna de Alemania en 1919



     En el sitio wintersonnenwende.com se encontraba este artículo que presentamos en castellano, publicado allí en 2003, pero publicado antes en The Barnes Review en Abril de 1996. Aquí su autor hace una revisión más o menos somera de un aspecto tampoco muy publicitado, hechos que ocurrieron tras el fin de la Primera Guerra y después del Tratado de Versalles en Alemania, que fueron como un ensayo general de lo que en una mucho mayor escala los mismos Aliados llevaron a cabo efectivamente tras el fin de la Segunda Guerra, lo que no puede sino revelar cuál es la voluntad que había detrás de los ejecutores. El drama alemán de la posguerra en 1919 se debió al bloqueo militar-económico impuesto sobre Alemania y el Imperio Austro-Húngaro, que al parecer fue fundamental para la derrota de éstos, que se tradujo en un hambre generalizada cuya cantidad de víctimas no queda precisada y que se agrega a la lista de acciones con que fuerzas ocultas han estado traumatizando al pueblo germano como tal.


El Intento Aliado de 1919
de Matar de Hambre a Alemania
por Fred Blahut
Abril de 1996


          Incluso después de que un armisticio terminó la Primera Guerra Mundial, los rapaces vencedores continuaron con un devastador bloqueo de Alemania.


     Si una palabra pudiera describir a Alemania durante la secuela inmediata de la Primera Guerra Mundial, aquélla sería "hambre". Y sin embargo, mientras aproximadamente 900.000 hombres, mujeres y niños alemanes estaban pasando hambre hasta la muerte, el público estadounidense y británico no sabía nada sobre la razón para este holocausto, deliberadamente causado por la continuación de un bloqueo naval británico de guerra.

     El bloqueo naval británico de posguerra de comida para Alemania en 1919 fue equivalente al bloqueo de entonces de noticias llevado a cabo por la prensa estadounidense y británica. Incluso hoy, sólo unos pocos no-alemanes conocen la verdad, y los historiadores estadounidenses y británicos, en su mayor parte, han participado en el encubrimiento de este muy espantoso crimen.

     La culpa de la prensa mundial en el encubrimiento de la atrocidad está conformada por el hecho de que al público estadounidense y británico se le habló del hambre en sí misma, pero fue mantenido ignorante de las políticas criminales de los Aliados que la produjeron.

     Los periódicos publicaron historias de esfuerzos de ayuda para rescatar a los que se estaban muriendo de hambre. El más famoso de estos esfuerzos fue dirigido por Herbert Hoover, quien más tarde se convertiría en el 31er Presidente estadounidense.

     Según lo dicho por Otto Friedrich en "Before the Deluge: A Portrait of Berlin in the 1920s", John Maynard Keynes citó el testimonio de un observador que acompañó a la misión de Herbert Hoover para ayudar al hambreamiento:

     «Usted piensa que [esto] es un jardín infantil para los pequeños. No, éstos son niños de siete y ocho años. Caras diminutas, con grandes ojos apagados, eclipsados por enormes frentes raquíticamente inflamadas, con sus pequeños brazos sólo piel y huesos, y encima de las piernas torcidas con sus articulaciones dislocadas, estómagos hinchados y apuntados por causa del edema del hambre... "Usted ve a este niño aquí", explicaba el médico responsable, "consumió una cantidad increíble de pan, y sin embargo no ha llegado a estar más fuerte. Averigüé que escondió todo el pan que recibió debajo de su colchón de paja. El miedo al hambre estaba tan profundamente arraigado en el niño, que acumuló las provisiones en vez de comer la comida: un instinto animal equivocado hizo del temor al hambre algo peor que los tormentos reales».

     Mientras tanto, los términos del armisticio dictados por los Aliados en Versalles asegurarían que Alemania no pudiera recuperarse económicamente hasta el punto de proporcionar medios de subsistencia para la mayoría de sus ciudadanos.

     Francia iba a conseguir la Alsacia-Lorena completamente; ella ocuparía todo el territorio alemán al Oeste del Rin durante 15 años y tomaría posesión de las ricas minas de carbón del distrito del Saar, que iba a ser gobernado por la Sociedad de Naciones. Polonia conseguiría la importante región industrial de Silesia Superior, la mayor parte de la provincia de Posen y Prusia de Oeste, estableciendo así un "corredor polaco" hacia el mar y cortando Prusia del Este del resto de Alemania.

     Dinamarca y Bélgica cortarían varias regiones fronterizas, y la Sociedad de Naciones se haría cargo de las colonias africanas de Alemania.

     Si Alemania no firmaba, los Aliados estaban listos para invadir y ocupar el país. Después de varias dimisiones, el gobierno alemán en Weimar estuvo de acuerdo con la "injusticia inaudita" del Tratado de Versalles [1].

     Inmediatamente después de la guerra, Alemania fue sacudida con sublevaciones, golpes y contragolpes. Los bolcheviques intentaron una toma del poder similar a la revolución en Rusia. Los Aliados, reunidos en Versalles, celebraron los disturbios y la destrucción. Y la gente —en particular el pueblo estadounidense— fue mantenida en la oscuridad sobre el persistente bloqueo.

     Agentes comunistas, enviados por el régimen bolchevique de la incipiente URSS, estaban instigando revoluciones a través de todo el postrado país. Como el general León Degrelle indica en su obra "Hitler: Born at Versailles":

     "Mientras el asesinato de civiles indefensos fue llevado a cabo en Baviera, los delegados en la Conferencia de Paz de París tenían su primera reunión. Lejos de estar horrorizados por tales masacres, los Aliados no podían contener su regocijo. La matanza bávara era un regalo de los dioses, que significaba que Alemania sería dividida y más alemanes serían muertos. Enviados diplomáticos Aliados fueron trasladados a Munich para rendir pleitesía al trío sanguinario [los tres agentes enviados por V. I. Lenin, llamados Levine, Levien y Axelrod]. Ellos ofrecieron alimentos y dinero para reforzar su oposición a Berlín" [2].

     Y luego Degrelle dice lo que pocos historiadores admitirán: "Aunque la guerra había terminado, Alemania estaba todavía bajo el bloqueo Aliado, que fue hecho cumplir despiadadamente. El primer Estado de Alemania en beneficiarse de un levantamiento del bloqueo sería la Baviera controlada por los comunistas" [3].

     Hay que buscar diligentemente las referencias históricas al continuado y devastador bloqueo. Y cuando las menciones son encontradas, son por lo general sólo eso, una simple mención. Diether Raff confirma el bloqueo de tiempo de paz en su libro "A History of Germany. From the Medieval Empire to the Present":

     "Los términos de paz de los Aliados resultaron ser extremadamente severos, excediendo por lejos los peores temores del gobierno alemán... Los tratados de paz de Brest-Litovsk y Bucarest fueron declarados inválidos, y el bloqueo de comida alrededor de Alemania iba a continuar... Así fue llevada a cabo la capitulación de Alemania, y se puso un final tras cuatro años de un enorme derramamiento de sangre" [4].

     La eficacia del bloqueo, iniciado años antes de la entrada de Estados Unidos en la guerra, y que condujo al hundimiento del Lusitania, ha sido bien documentada.

     "Fue el bloqueo lo que finalmente condujo a las Potencias Centrales a aceptar la derrota", dice Richard Hoveth en su estudio de la lucha en alta mar durante la Primera Guerra Mundial [5].

     "Al principio suave en su aplicación, la soga del bloqueo gradualmente fue apretada hasta que, con la entrada estadounidense en la guerra, toda restricción fue dejada de lado. Privados cada vez más de los medios de emprender la guerra, o incluso de alimentar su población, la respuesta violenta fue la insurrección; la apatía y la desmoralización fueron la consecuencia muda de las esperanzas frustradas y de aguadas sopas de papas" [6].

Berlineses intercambian cáscaras de papas por leña. 1919.

     Basil Liddell Hart es citado por Hoveth en el sentido de que, no obstante la revolución y el malestar interno, el bloqueo era "claramente el agente decisivo en la lucha" [7].

     La Enciclopedia Marshall Cavendish tiene dos fotos conmovedoras tomadas en Alemania durante el año final de la Primera Guerra. En una, los berlineses intercambian cáscaras de papas por leña. "A medida que las garras del bloqueo Aliado se apretaron, los materiales de desecho se convirtieron en materias valiosas para ser procesadas y reutilizadas" [8]. Otra foto muestra a una gran muchedumbre de gente en un comedor popular al aire libre con la leyenda: "Berlineses se apiñan alrededor de una cocina municipal móvil por una comida barata. Comidas calientes, a 35 pfennigs la porción" [9].

     Los Aliados claramente tenían la intención de privar de comida al pueblo alemán hasta la muerte, presagiando el Plan Morgenthau de los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, un plan que realmente entró en operación para privar de comida y exterminar a un tercio de la población alemana.

     Después de confiscar la marina mercante alemana, los Aliados procedieron a confiscar la propiedad privada alemana por todo el mundo, contrariamente a todo el precedente de guerras anteriores cuando la propiedad privada había quedado en custodia hasta la ratificación de los tratados de paz, en que volvería a sus dueños legítimos.

     Degrelle escribe: "Las potencias Aliadas se reservan el derecho de conservar o transferir bienes que pertenecen a ciudadanos alemanes, incluyendo compañías que ellos controlan (artículo 167 B). Esta expropiación al por mayor ocurriría sin ninguna compensación para sus propietarios (artículos 121 y 279 B)" [10].

     Y Alemania siguió siendo responsable de las obligaciones y préstamos sobre los bienes que fueron tomados de ellos. Las ganancias, sin embargo, permanecieron en manos de los Aliados. Así, propiedad privada y bienes alemanes fueron confiscados en China (artículos 129 y 132), Tailandia (artículos 135-137), Egipto (artículo 148), Liberia (artículos 135-140) y en muchos otros países [11].

     Alemania también fue impedida de invertir capital en ningún país vecino, y tuvo que renunciar a todos los derechos "a cualquier título que pueda poseer en estos países" [12].

     A los Aliados se les permitió libre acceso al mercado alemán sin la tarifa más leve, mientras los productos hechos en Alemania afrontaron barreras de elevados aranceles extranjeros. Los artículos 264 a 267 establecían que Alemania "se compromete a dar a los Aliados y sus socios el status de naciones favorecidas durante cinco años" [13]. Alemania, por supuesto, no tenía tal condición de igualdad.

     Alemania estaba experimentando condiciones casi de hambre. Fue en ese momento que los Aliados decidieron confiscar una parte sustancial de lo que quedaba del ganado de Alemania. El representante estadounidense en Versalles, Thomas Lamont, registró el acontecimiento con cierta indignación:

     "Los alemanes fueron obligados a entregar ganado, caballos, ovejas, cabras, etc... Una fuerte protesta surgió en Alemania cuando las vacas lecheras fueron llevadas a Francia y Bélgica, privando así de leche a los niños alemanes" [14].

Berlineses hambrientos descuartizan un caballo. 1919.

     La escasez de comida era tal que 60.000 mineros del Ruhr rechazaron trabajar horas extras a menos que les pagaran, incluso en forma de mantequilla. Cuando se hizo obvio que Alemania no sería capaz de entregar el carbón pedido por el Tratado, los Aliados redujeron la cantidad de 43 millones de toneladas a 20 millones.

     Degrelle indica que la confiscación virtual de la producción de carbón alemana condujo a la muerte de niños alemanes por falta de combustible para calefaccionarse.

     John Williams, en el epílogo de su historia sobre la guerra en el frente doméstico, pone esta frase: "En Alemania... todavía sujeta al bloqueo, prevalecía la miseria rotunda" [15].

     En su biografía de Woodrow Wilson, Arthur Walworth dice que el comando británico en Alemania reportó que la escasez de comida levantó un espectro de anarquía.

     "Herbert Hoover, que había ido al extranjero después del armisticio, impaciente por usar los excedentes estadounidenses para alimentar a los hambrientos de Europa, pronto había descubierto que las declaraciones idealistas de ciertos individuos en Londres y París no cuadraban con sus acciones como funcionarios elegidos, y se estaban dejando llevar por el odio de guerra y la necesidad económica. Los embarques habían sido entregados a los Aliados y a los países neutrales, pero los funcionarios británicos habían rechazado terminar con su bloqueo para dejar que los cargamentos entraran en Alemania. Además, Alemania había dejado de cumplir un acuerdo para entregar sus buques mercantes antes de recibir alimentos [finalmente forzado sobre el gobierno de Weimar] y no mostraba ningún deseo de pagar en oro por los embarques, una posibilidad a la cual se pensaba que los financieros franceses se oponían, de modo que su nación pudiera conseguir todo el oro que había en Alemania por concepto de indemnización" [16].

Ancianas alemanas buscan comida entre la basura. Berlín 1919.

     Hay pruebas de que Wilson realmente pensaba que las potencias europeas aceptarían sus "14 Puntos" y alimentarían a los hambreados alemanes, ahora que la guerra había terminado. Pero, por supuesto, ése no fue el caso, como lo descubrió Hoover, el hombre clave en asuntos humanitarios de Wilson. Lloyd George de Inglaterra, mientras tanto, pensaba que el hambre estaba siendo atenuada. Él favoreció —aunque silenciosamente— la alimentación de su ex-enemigo.

     «Frustrado por la apatía y la obstrucción, Hoover fue reprendido por el Primer Ministro británico Lloyd George, quien estaba inclinado a restarle importancia como "aquel hombre del Ejército de Salvación". El Primer Ministro, preocupado por los informes del hambre en Alemania, quería saber por qué Hoover no había hecho su trabajo. En esto el estadounidense le dejó conocer la amarga verdad. Lloyd George, sintiendo que el tacto no era una de las grandes cualidades de Hoover, le pidió dar al Consejo una versión expurgada de sus comentarios. Así se hizo, y se produjo una sesión extensa y tempestuosa» [17].

     El bloqueo de alimentos no terminó sino hasta el 12 de Julio de 1919. El 7 de Mayo de aquel año, el conde von Brockdorf-Rantzau se había referido indignadamente a este hecho al dirigirse a la asamblea de Versalles. "Cientos de miles de no combatientes", había declarado el principal delegado alemán, "quienes han fallecido desde el 11 de Noviembre de 1918, a consecuencia del bloqueo, fueron muertos con fría deliberación, después de que nuestros enemigos se habían asegurado de su completa victoria" [18].

     El cruel bloqueo Aliado, que se prolongó durante ocho meses después del final de la guerra, fue una razón por la cual un veterano de guerra alemán que decidió entrar en política una década más tarde fue capaz de reanimar la memoria marchita de una nación alemana que había sufrido enormemente y que lo catapultó al poder absoluto. Su nombre, por supuesto, era Adolf Hitler.–




NOTAS

[1] Friedrich, Otto, Before the Deluge: A Portrait of Berlin in the 1920s. New York: Harper & Row, 1972.
[2] Degrelle, Gen. Leon, Hitler: Born at Versailles. Torrance, California: Institute for Historical Review, 1987, p. 341.
[3] ibid.
[4] Raff, Diether, A History of Germany - From the Medieval Empire to the Present. New York: St.Martin's Press, 1988.
[5] Hoveth, Richard, The Great War at Sea 1914-1918. New York: Oxford University Press, 1983.
[6] ibid.
[7] ibid.
[8] Cavendish, Brigadier Peter, ed. The Marshall Cavendish Illustrated Encyclopedia of World War I. vol. 8. New York: Young Corp., 1984.
[9] ibid.
[10] Degrelle, op.cit. (Nota 2), p. 510.
[11] ibid.
[12] ibid.
[13] ibid.
[14] ibid., pp. 511-512.
[15] Williams, John, The Other Battleground - The Home Front: Britain, France and Germany 1914-1918. Chicago: Henry Regnery & Co., 1972.
[16] Walworth, Arthur, Woodrow Wilson. Boston: Houghton Mifflin Co., 1965.
[17] ibid., p. 283.
[18] ibid.




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