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viernes, 4 de abril de 2014

La Izquierda y las Violaciones en Alemania



     En el sitio libcom.org, de una agrupación de comunistas "libertarios" de Londres, publicado por el nombre infrascrito, apareció hace cuatro meses el siguiente análisis del tema que hemos estado tratando acerca del apocalipsis alemán desde 1944. Lo tradujimos porque el enfoque del artículo es un reconocimiento crítico de culpa de alguien del mundo izquierdista que señala que en ese ambiente el tema de las violaciones de mujeres desde el final de la Segunda Guerra, en especial en Alemania, ha sido francamente preterido, echado al olvido. Señala su autor diversos testimonios que dan cuenta de que la política violatoria de los ejércitos de Stalin estaba, para tomar nota de ella, al alcance de quien quisiese estudiar en profundidad el asunto. Puede que haya datos que el autor esgrime que sean simplemente propaganda soviética o inglesa de guerra, lo que no siempre se sabe. Si alguno de mente retorcida pensase que los hechos que sucedieron entonces insinúan de la más leve manera que la culpa o parte de ella la han tenido las mujeres alemanas, hay que decirle que todo esto es sólo para baldón eterno del Ejército Rojo (que no es el ruso de ahora, ¿o sí lo es todavía?), y que si había sido silenciado es precisamente por la deuda de gratitud que judíos y comunistas y capitalistas salvajes de todos los países habían tenido con la Unión Soviética, quienes "están permitiendo" el reconocimiento público del tema. Como se dice por ahí, lo reprimido necesariamente aflora.


La Izquierda y las Violaciones:
Por Qué Deberíamos Estar Avergonzados
del Papel de la Izquierda en el Encubrimiento
de la Violación de 2 Millones de Mujeres
por Juan Conatz
30 de Noviembre de 2013


     Éste es un post de un ex-miembro del Partido Socialista de Trabajadores (Socialist Workers Party, SWP, Reino Unido) sobre el abandono del tema de las violaciones que ocurrieron durante la Segunda Guerra Mundial. ADVERTENCIA: Este material contiene relatos de asalto sexual y puede ser perturbador para algunas personas.


Cómo yo fui un negador de las violaciones y acepté los mitos de las violaciones

—Negación: Hace veinte años tomé un gastado libro viejo en una de las muchas y maravillosas librerías de segunda mano de mi ciudad. Se llamaba "Una Mujer en Berlín". No sólo era un testimonio personal —de hecho era un diario— de la Segunda Guerra Mundial, uno de mis temas favoritos. Estaba escrito por una mujer. Y estaba ambientado en al Año Cero (1945) de Berlín.

     Sin embargo, dejé de leerlo cuando se hizo claro que el grueso de la historia con la que el libro trataba era acerca de la violación de dos millones de mujeres alemanas por el Ejército Rojo, los Libertadores de Europa. Me detuve no porque yo no pudiera enfrentarme con la lectura de relatos personales de ser violada en grupo (aunque eso ciertamente me asquea ahora): Dejé de leerlo porque no quería creerlo.

     Quizás el libro era una falsificación, me dije a mí mismo. Después de todo, había sido publicado en Estados Unidos en los años '50 en el apogeo del McCarthismo, aunque no desde entonces. ¿Ciertamente esto era sólo propaganda de la CIA?. ¿Ciertamente no todos los hombres eran violadores potenciales?. ¿Ciertamente los rusos no fueron peores que los demás?.

—Encubrimiento: Años más tarde yo era capaz de dar una charla a mi rama del Partido acerca de la Segunda Guerra Mundial. Yo tenía mucho para decir, y continué durante más de media hora, aunque a nadie parecía importarle. Yo tenía mucho que decir sobre un tema tan complejo. Pero no dije nada sobre las violaciones masivas cometidas por el Ejército Rojo, o por los alemanes en Rusia, o por los japoneses en China y Corea.


12 Millones de Violaciones: ¿Sólo "un detalle en la historia de la Segunda Guerra Mundial"?

     Cuando el aspirante a Führer francés Jean Marie Le Pen calificó al asesinato de 6 millones de personas judías como "un detalle en la historia de la Segunda Guerra Mundial", él fue condenado, y tuvo que pagar 1,2 millón de francos de multa.

     Pero la actitud de casi todos los historiadores de la Segunda Guerra Mundial hacia las violaciones masivas de hasta 12 millones de mujeres es que aquello sólo fue un detalle, una nota a pie de página, o ni siquiera dignas de mención. Obviamente no es sólo la Izquierda la que tiene un problema con el reconocimiento de la realidad de las violaciones como parte de la guerra. Prácticamente ninguno de los muchos volúmenes de historia militar le da más que una mención.

     "La Segunda Guerra Mundial: Una Historia Completa", de Martin Gilbert, ignora completamente la experiencia de los millones de mujeres que fueron violadas.

     La versión condensada de Winston Churchill de su libro "La Segunda Guerra Mundial" tiene mucho para decir sobre los días finales de la guerra en Europa, describiendo bien cómo la estrategia militar había llegado a ser dominada por la futura rivalidad entre la URSS y Occidente. Pero, aparte de aludir a "cosas terribles" hechas por los rusos en el Este, él no dice nada sobre las violaciones en masa.

     El magistral y autoritativo libro "The Road to Berlin" de John Erickson le dedica sólo unas pocas líneas, en 877 páginas, describiendo "un incontrolable empeño de la horda en el pillaje y la violación" (pág. 584) y "soldados soviéticos violaron a voluntad" (pág. 466).


Apologistas de la Violación por los Rusos. De Stalin a Putin

     En las décadas que siguieron a la guerra, los políticos actuaron como apologistas de la violación por los crímenes de sus soldados. Stalin fue advertido en 1945 por los comunistas alemanes de que las violaciones estaban poniendo a la población en contra de ellos. Stalin se enfureció: "No permitiré que nadie arrastre por el barro la reputación del Ejército Rojo". Ésta ha sido la actitud de los políticos soviéticos y rusos desde entonces. Por ejemplo, Cornelius Ryan se refirió a las violaciones masivas realizadas por el Ejército Rojo durante la batalla por Berlín en "La Última Batalla” de 1966, lo que lo llevó a ser atacado con difamaciones en el diario "Pravda" del Partido Comunista soviético.

     En 2003, el popular libro de Antony Beevor "Berlin: The Downfall 1945", junto con la publicación de 2005 de "A Woman in Berlín" y una película de 2008 basada en ese libro, finalmente pusieron en la conciencia popular el horror afrontado por las mujeres alemanas en 1945. La respuesta del embajador ruso post-soviético dada a Londres fue condenar las acusaciones de violación como "un acto de blasfemia". Tal como ocurre con el actual rechazo de muchos diplomáticos japoneses para pedir perdón por la esclavitud sexual de hasta 300.000 mujeres y muchachas coreanas, Rusia ve una petición de disculpa por el comportamiento de sus soldados hace 70 años como algo imposible, como si fuera un ataque contra los militares de ahora.


Entonces, ¿qué pasa con las historias trotskistas de la Segunda Guerra Mundial?

     Bueno, tristemente, no hay muchas (lo que yo siempre he encontrado sorprendente, dado el número de luchas y cambios políticos, económicos y sociales acumulados en seis años). Pero los de la tradición anti-estalinista que cubren ese período deberían sentirse capaces de hablar de la violación masiva en tiempos de guerra, y deberían tratar de explicarlo dentro de una concepción marxista de imperialismo y opresión femenina, y ofrecer apoyo a todas aquellas mujeres que buscan la verdad y la justicia.

     En vez de eso obtuvimos un silencio total, que en mi opinión es un poco mejor que las negaciones y los encubrimientos difundidos por los estalinistas, y la incapacidad demostrada por la mayoría de los "historiadores militares" para tomar en serio las violaciones y la guerra.

     Ernest Mandel acumula mucho en sólo 175 páginas en su analítico "The Meaning of the Second World War". Pero él no tiene nada para decir sobre la violación por parte del Ejército Rojo de dos millones de mujeres alemanas.

     Tony Cliff no tiene nada para decir sobre ello en su obra de 1950 "Class Nature of the People's Democracies". Ni tampoco Chris Harman en "Bureaucracy and Revolution", aunque él tenga más de una página acerca de cómo el Ejército Rojo dejó a los alemanes aplastar el Levantamiento de Varsovia).

     Los artículos de Chris Bambery y Michael Bradley en el ISJ (International Socialism Journal) no tienen nada para decir al respecto. Tampoco el ISJ habla acerca del trabajo de 2012 de Donny Gluckstein, "A People's History of the Second World War". En efecto, sólo cinco líneas en la breve reseña hecha por Michael Bradley de "Berlin: Downfall 1945" de Beevor son la única mención de las violaciones del Ejército Rojo que pude encontrar en todas las historias socialistas en las que busqué.

     Mientras tanto, en "Counterfire", John Rees ha producido un buen documental de televisión sobre la "historia de la Segunda Guerra Mundial relatada desde la perspectiva de la gente común". Pero esta "gente común" no parece incluír a los dos millones de víctimas de violación. No soy capaz de decir si el último libro de Chris Bambery trata el tema, aunque Lyndsey German al menos habla de la guerra y las violaciones en su nueva obra "How a Century of War Changed the Lives of Women".

     Ted Grant, quien al igual que Tony Cliff era un observador lejano en el tiempo, escribió sobre "la dominación, saqueo y esclavitud de los pueblos balcánicos y centro-europeos". Mientras que él puede estar parcialmente en lo correcto al escribir sobre "la admiración y apoyo para el Ejército Rojo" y sobre cómo "la entrada del Ejército Rojo en Europa del Este provocó un movimiento entre amplios estratos de trabajadores y campesinos oprimidos", él no dice nada sobre las violaciones masivas a través de Europa del Este ni sobre el papel que el miedo habría jugado en la psicología de aquellos que fueron "liberados".

     El único relato anarquista que tengo del período es una reimpresión de 1948 de un folleto de la IWA (International Workers Association) llamado "Bulgaria: Another Spain". Allí se detalla la brutalidad del Ejército Rojo y cómo éste sofocó tentativas genuinas de levantamientos de trabajadores en 1945. Pero aunque el Ejército Rojo violara a cientos de miles de mujeres a través de Europa del Este (aunque en Bulgaria menos que en otros países, quizás debido a identidades lingüísticas y étnicas similares), no hay ni una sola mención de las violaciones en este relato, por otra parte excelente.

     Finalmente, si los hombres que escriben sobre la guerra no pueden permitirse mencionar las violaciones, ¿pueden los que escriben sobre las violaciones mencionar las violaciones masivas de la guerra? Tristemente, no.

     Sheila McGregor, escribiendo en el ISJ sobre violación y violencia sexual en 1989 y 2013, no tiene nada para decir sobre la violación masiva en el tiempo de la guerra. Sandra Bloodworth no dice nada en su artículo, por otra parte excelente, "Violación, Violencia Sexual y Capitalismo". Mientras entiendo que uno de los puntos principales que estos artículos sostienen es que la violación ocurre dentro de ciertas relaciones y tiene que ser vista en el contexto de estructuras de familia en la sociedad de clases, encuentro asombroso que ellos no digan nada sobre la perpetración de violaciones masivas y abusos sexuales por parte de soldados durante las guerras.

     Si hay algún socialista, anarquista o historiador de Izquierda que trate acerca las violaciones masivas efectuadas por el ejército soviético, me disculpo. Yo no he podido encontrar nada. Si alguien puede demostrarme que estoy equivocado, yo estaría feliz. Sentirse avergonzado de la tradición socialista no es fácil. Los años de negar que el marxismo es "ciego" ante los "asuntos femeninos", y ante la violación en particular, son más cuestionables que nunca a la luz del encubrimiento de las violaciones por parte del Socialist Workers Party. Pero unirse a los historiadores burgueses y estalinistas en el encubrimiento de millones de violaciones es vergonzoso. No puedo menos que pensar que quizás la incapacidad para tratar con la política de las violaciones fue un factor importante en algunas actitudes deplorables mostradas por algunos miembros del SWP recientemente.


El Ejército Rojo, la Izquierda y los Mitos de las Violaciones

     La "bolchevique Elaine" hizo un buen trabajo en la demolición de algunos mitos de las violaciones que actualmente circulan entre el SWP. Muchos de éstos simplemente perpetúan mitos propagados por las ideas dominantes de las sociedades clasistas que se remontan a miles de años. La comprensión de estos mismos mitos es útil si queremos explicar por qué la Izquierda anti-estalinista ignoró las violaciones y cómo aquellos en la Izquierda que sentían admiración por el Ejército Rojo trabajaron mucho para asegurarse de que las historias de las mujeres nunca fueran contadas, que este crimen de guerra quedara escondido de la Historia, y que fuera imposible para "cualquiera arrastrar la reputación del Ejército Rojo en el barro".


MITO UNO: La historia sexual con el acusado u otros es de algún modo relevante.

     Muchas mujeres a través de Europa del Este, incluyendo a la autora de "Una Mujer en Berlín", se encontraron buscando la "protección" de oficiales más poderosos en el Ejército Rojo. "Ninguna cuestión sobre ello: tengo que encontrar a un lobo solitario para mantener lejos a la jauría", escribe ella. "Un oficial, de tan alto rango como fuera posible, un comandante, un general, cualquiera que yo consiga". El sometimiento ante un hombre que pudiera prevenir una violación en grupo por otros no quiere decir que el oficial tuviera derecho a tener sexo con la mujer. Yo no sé si las experiencias de estas mujeres desesperadas son siquiera consideradas en las cifras de violaciones.


MITO DOS: Ella no se quejó entonces...

     Parte del horror para las mujeres en Europa del Este era el miedo total que ellas experimentaron al saber que su ciudad hogar estaba repleta de bandas armadas de hombres que podían violar a voluntad sin ninguna consecuencia. No había nadie ante quien quejarse, a pesar de que por supuesto las mujeres hablaban entre sí. Una vez que el "orden" fue restaurado, en las colas para las tarjetas de racionamiento y empleos las mujeres hablaban sobre cuántas veces ellas habían sido violadas y cómo ellas tratarían con sus maridos sobre ello. El miedo creado duró mucho después de que la autoridad fuera restaurada. "Una Mujer en Berlín" describe cómo al salir por la tarde ella nunca ve mujeres. De hecho las cifras de violaciones no provienen de la policía inexistente sino de las clínicas de aborto y de enfermedades venéreas, que se vieron abrumadas con cientos de miles de mujeres desesperadas por practicarse abortos. También se estima que más de 240.000 mujeres murieron después de sus ordalías, por suicidio o a consecuencia de las heridas sufridas en la violencia extrema del ataque. Algunas mujeres se quejaron. Eva Shtul, una prisionera soviética, fue violada por sus compatriotas liberadores, y luego golpeada y violada por el oficial ante el cual ella se había quejado.


MITO TRES: Las mujeres eran alemanas/nacionalsocialistas y sólo estaban difundiendo propaganda anti-soviética. Esto es un ataque contra la política socialista.

     Ninguna mujer, independientemente de sus opiniones políticas, merecía ser violada. Además, el Ejército Rojo violó a judías, húngaras, polacas, rumanas, austríacas, comunistas alemanas, prisioneras rusas y trabajadoras esclavas, e incluso a aquellas "liberadas" de los campos de concentración.

     En cuanto a la verdad de las historias de estas mujeres, está muy bien documentada. Algunos de estos testimonios insoportables están al final de este artículo.


MITO CUATRO: Hay dos lados de la historia.

     Aquí es donde se supone que nosotros entendemos las experiencias terribles del soldado ruso promedio a manos de la ocupación alemana de la URSS occidental, las violaciones masivas y el forzamiento de mujeres en burdeles del ejército, la devastación, la brutalidad de la guerra misma. Esto es a menudo todo lo que la Izquierda puede decir para explicar por qué tantos soldados del Ejército Rojo llegaron a ser violadores. Mientras que entender la mentalidad de los violadores puede ser una parte importante para acabar con toda violación, este argumento a menudo es presentado como una especie de excusa. Muchos comentaristas derechistas que hablan de las violaciones masivas cometidas por el Ejército Rojo se enfocan en las actitudes "atrasadas", "asiáticas" o campesinas. Tales puntos de vista racistas no ayudan a nadie a entender o a prevenir la violación.


MITO CINCO: El alcohol tuvo que ver con ello.

     Por lo general, el asunto de si el alcohol o drogas estuvieron involucrados, es dirigido a las mujeres como parte de un cuestionamiento de la capacidad de éstas para recordar lo que pasó o para entender cuestiones de consentimiento. Esta vez el mito es usado como una excusa para los violadores. Que hubo ebriedad masiva entre los ocupantes del Ejército Rojo no es ningún secreto. Todo alcohol fue saqueado, y muchos soldados murieron envenenados por el alcohol industrial. ¿Pero desde cuándo los socialistas justifican el comportamiento diciendo que "la bebida los hizo actuar así"?.


MITO SEIS: No estoy interesado en esta materia, pero el asunto clave era frenar a los nacionalsocialistas y que el Ejército Rojo derrotara a Hitler.

     Independientemente de esto, una violación es una violación, y un violador es un violador. Las experiencias de violación de millones de mujeres son tan relevantes como las experiencias de bombardeo de civiles, Dunkerque, los pilotos de caza de la RAF alcanzando el cielo, etc. Esto es un crimen de guerra sin tener en cuenta el fracaso de los Juicios de Núremberg al no perseguir a nadie por violación u otra violencia sexual. La violación fue definida como un crimen contra la Humanidad, pero el procesamiento por causa de ella no fue incluído porque tales crímenes no tenían "ningún nexo con la guerra".


     Entonces, ¿por qué la Izquierda "anti-estalinista" ignora las violaciones masivas cometidas por el Ejército Rojo?.

     Algunos dirán que los mejores historiadores socialistas de la guerra no aceptan ninguno de los mitos de las violaciones mencionados. Ellos pueden afirmar que no tenían ningún conocimiento de lo que sucedió, precisamente porque tantos han confabulado para mantenerlo escondido.

     Esto no está exactamente bien. ¿Por qué?.

     En parte, porque cualquiera que pueda investigar los detalles de la vida de los trabajadores soviéticos en los años '40, o cómo fue organizada la producción, o cómo se comportaron los líderes políticos, es capaz de investigar la experiencia de las mujeres. Ellos prefirieron no hacerlo.

     Siempre ha habido mucha evidencia sobre este oculto crimen de guerra. Susan Brownmiller detalla esto extensamente en su clásico trabajo feminista sobre la violación, "Against Our Will". Esto fue escrito en 1975. ¿No lo consideraron nunca nuestros escritores de guerra?. Antes de que yo concluya con algunas preguntas para la Izquierda, creo que debo repetir algunas de las evidencias que han circulado durante mucho tiempo.


Memoria Popular

     No hay ningún modo de que la violación masiva, en la escala en que fue realizada por el Ejército Rojo, no pueda ser conocida por prácticamente cualquiera. Estas no fueron violaciones a puerta cerrada. Ellas fueron realizadas delante de familias, entre los escombros, en las calles, y deliberadamente delante de varones. Un amigo que vivió en Berlín, en Viena y en otras partes de Alemania en los años '80, confirmó que lo que el Ejército Rojo había hecho en 1945 era de conocimiento común. Se hablaba de ello. Se publicaron memorias, se hicieron películas, se contaron historias y se cantaron canciones. Cuando la imagen "Trümmerfrauen", refiriéndose a las "mujeres de los escombros" que trabajaron para limpiar las ruinas de Berlín, fue pintada en el Muro de Berlín, cada uno sabía que esto era un recordatorio no sólo del papel central de las mujeres en la reconstrucción de Alemania después de la guerra, sino también de las violaciones y la prostitución forzosa por la cual tantas de esas mujeres pasaron.


Relatos Soviéticos de Violaciones Masivas

     Como la mayor parte de los ejércitos, el Ejército Rojo estaba formalmente opuesto a la violación, y los soldados podían ser castigados por ello. Indudablemente algunos oficiales, sobre todo los oficiales políticos, intentaron detener aquello. (A los oficiales se les permitía mantener una "esposa de campaña", una PPZh, mujeres jóvenes que trabajaban en los cuarteles centrales a cargo de las comunicaciones, y como oficinistas, médicos, etc.). El departamento político del 19º Ejército declaró: "Cuando fomentamos un verdadero sentimiento de odio en un soldado, el soldado no tratará de tener sexo con una mujer alemana, porque él sentirá repulsión". Pero como declaró entonces Aleksander Solyenitsin, que fue un capitán del Ejército Rojo en Prusia del Este, la violación y la destrucción general de civiles alemanes era la norma. Él fue arrestado en parte debido a su crítica por el tratamiento dado a los civiles. Su poema de 1948 "Noches Prusianas" da una vislumbre del horror que él presenció:

     «La pequeña hija está sobre el colchón,
muerta. ¿Cuantos han estado sobre ella?
¿Un pelotón, una compañía quizás?.
Una muchacha ha sido convertida en una mujer,
una mujer convertida en un cadáver.
Todo se reduce a frases simples:
¡No olvidar!, ¡no perdonar!
¡sangre por sangre!, ¡diente por diente!».

     Svetlana Alexievich publicó un libro, "La Cara Poco Femenina de la Guerra" (1985), que incluye recuerdos de veteranos soviéticos sobre su experiencia en Alemania. Según un antiguo oficial de ejército,

     "Éramos jóvenes, fuertes, y llevábamos cuatro años sin mujeres. Entonces tratamos de capturar mujeres alemanas y... Diez hombres violaron a una muchacha. No había bastantes mujeres; la población entera arrancaba del Ejército soviético. Entonces tuvimos que tomar jóvenes, de doce o trece años. Si ella gritaba, poníamos algo en su boca. Pensábamos que esto era divertido. Ahora no puedo entender cómo lo hice. Un muchacho de buena familia... Pero era yo".

     Una telefonista del Ejército soviético recordó que

    "Cuando ocupábamos cada ciudad, teníamos primero tres días para el saqueo y... [violaciones]. Eso no era oficial, por supuesto. Pero después de tres días uno podría ser procesado en consejo de guerra por hacer eso. (...) Recuerdo a uno que violó a una mujer alemana que estaba desnuda, con una granada de mano entre sus piernas. Ahora siento vergüenza, pero no sentí vergüenza en ese entonces... ¿Usted piensa que fue fácil perdonar [a los alemanes]?. Odiábamos ver sus limpias casas blancas intactas. Con rosas. Quería que ellos sufrieran. Quería ver sus lágrimas. ...Tuvieron que pasar décadas hasta que yo comenzara a sentir compasión por ellos".

     Otros relatos y entrevistas con antiguos soldados del Ejército Rojo revelan las actitudes de entonces.

     Más recientemente, "Berlin: Downfall 1945" de Beevor señala que los veteranos hoy "admitirán haber oído acerca de unos pocos excesos, y luego descartarán el tema como un resultado inevitable de la guerra". Otros carecen completamente de arrepentimiento. "Dos millones de nuestros niños nacieron [en Alemania]", se jactó un comandante de tanques.

     Beevor también cita la réplica del líder soviético a una protesta hecha por el comunista yugoslavo Milovan Dijilas sobre tropas soviéticas que estaban violando a mujeres rumanas, croatas y húngaras: "¿No puede él entender que un soldado que ha cruzado miles de kilómetros a través de sangre y fuego y muerte se divierta con una mujer o tome alguna cosa de poco valor?".

     Vasily Grossman, más tarde el conocido escritor de "Life and Fate", pasó la guerra como un corresponsal especial para el "Estrella Roja", el periódico del Ejército Rojo. Después de la guerra él admitió ante su hija que el Ejército Rojo "cambió para peor tan pronto como cruzó la frontera soviética". Él describe:

     «Horror en los ojos de mujeres y muchachas... Cosas horribles le están sucediendo a las mujeres alemanas. Un educado alemán cuya esposa ha recibido "nuevos visitantes" —soldados del Ejército Rojo— explica con gestos expresivos y palabras rusas imperfectas, que ella ya ha sido violada por diez hombres hoy... gritos de mujeres se escuchan desde una ventana abierta... Las mujeres y muchachas están seguras mientras él [un oficial judío] esté allí. Cuando él se marcha, todas ellas gritan y le suplican que se quede. Las muchachas soviéticas de los campos de concentración están sufriendo mucho ahora. Esta noche, algunas de ellas se esconden en nuestra sala de corresponsales. Durante la noche somos despertados por gritos: uno de los corresponsales no pudo resistir la tentación».

     Más tarde, una vez que él llegó a Berlín, describe su encuentro con un francés que le dijo: "Monsieur: Amo a su ejército, y por eso es doloroso para mí ver la actitud de éste frente a muchachas y mujeres".


           RED ARMY RAPISTS

     "Ahora nos estamos encontrando con civiles alemanes, y nuestros soldados están haciendo un buen uso de las mujeres alemanas".
     "Hay gran cantidad de mujeres alrededor, pero ellas no comprenden ni una palabra de ruso. Pero eso es incluso mejor ya que usted no tiene que hablarles de ello. Sólo apunta su [pistola] Nagan, y grita: ¡Acuéstate!. Uno se ocupa de su asunto y se larga".
     "Estamos profundamente en Prusia Oriental donde estamos cazando a las prusianas tan duro que están volando las plumas. Nuestros muchachos ya han probado a todas las mujeres alemanas" (Carta de un soldado del Ejército Rojo, Febrero de 1945).


     Beevor describe cómo Georgi Malenkov, uno de los secuaces superiores de Stalin, revela que las tropas soviéticas planificaron enormes violaciones masivas de muchachas rusas. "Esperé al Ejército Rojo durante días y noches", dijo una de ellas, "y ahora nuestros soldados nos tratan peor que los alemanes".


Testigo Ocular de Alemania

     Paul Mattick, que había trabajado con el IWW (Industrial Workers of the World) y con los comunistas de Consejo (a los que Lenin llamaba los comunistas de Izquierda), escribió un relato en 1948 que describe cómo

    «Los niños seguirían a sus madres y hermanas, sólo para ver que se les ordenaba agacharse y levantar sus faldas para prepararse para el amor a la luz del día y colectivamente; para ser amadas por soldados borrachos todavía capaces, sin embargo, de vigilar las azoteas para no ser muertos en el acto de la cópula. Mucho tiempo después, los más pequeños de los niños jugarían al recientemente aprendido "juego de la violación"».


Testigos del Partido Comunista Alemán

     Atina Grossmann registró las opiniones de muchos, incluso del KPD (Partido Comunista Alemán). Como partido, ellos sostuvieron que, dadas las drásticas circunstancias, a las mujeres "se les concedió el derecho a un aborto". Pero su líder Walter Ulbricht no fue conmovido por las súplicas para que aplicara medidas enérgicas por el comportamiento del Ejército Rojo, y rechazó siquiera considerar su finalización. "A los señores doctores debería recordárseles que ejercitaran un poco de restricción en esta materia", él escribió. Decenas de miles de mujeres llenaban las clínicas para abortos y tratamiento por enfermedades de transmisión sexual.

     Comunistas corrientes suplicaron a sus líderes que "incluso los soldados del Ejército Rojo, ahora que la guerra ha terminado ya desde hace ocho semanas, deben disciplinarse absolutamente". Otro comunista escribió:

    "Los hombres y las mujeres de la población trabajadora nos dicen repetidas veces: —Habíamos esperado tanto que llegaría a ser mejor, estábamos tan felices de que el Ejército Rojo viniera, y ahora ellos se están comportando tal como la SS y el Partido Nacionalsocialista siempre nos habían dicho que ellos lo harían. No podemos entender esto".

     Otros, en aquel entonces, escribieron sobre lo que estaba pasando, incluyendo a Eva von Sacher-Masoch, la madre de Marianne Faithfull. El impacto a largo plazo sobre su familia fue contado recientemente por Marianne en la serie de televisión de la BBC "Who do You Think You Are?". Pero su madre era también una escritora feminista, y se aseguró de que la historia de la violación de 100.000 mujeres vienesas a manos del Ejército Rojo apareciese en la primera página de su revista en 1945.

     La mayor parte de los registros de las memorias de las mujeres fue hecha en una fecha muy posterior. De hecho, según algunos, fueron las historias de las violaciones masivas cometidas por los limpiadores étnicos servios las que animaron a las mujeres alemanas a contar su historia.

     En 1995 Helke Sander publicó su libro "Liberators and Liberated" en el cual ella entrevistó a víctimas e investigó documentos de archivo.

    «Hubo muchas muchachas jóvenes violadas. Hablé con muchas que tenían entonces 13 y 14 años y que no tenían idea de lo que les sucedió. Para muchas esto significó que ellas más tarde nunca pudieran dormir con un hombre, y el aborrecimiento del acto sexual "desarrollado". Las violaciones ocurrían en las calles, en los sótanos, en las casas, donde los niños y otra gente miraban. Una de ellas fue violada repetidamente por diez rusos en fila. Ella dijo que "Esto ha formado mi vida como mujer. Me he prometido quedarme sola"».

     Ella más tarde convirtió este relato en una película. Ella documenta los embarazos, los abortos, los hijos bastardos que resultaron, así como el quiebre en las relaciones de familia, la estigmatización que estas mujeres experimentaron, la coacción mental y física que ellas padecieron en el momento de las violaciones, y cómo fueron aprobados tratados entre alemanes y soviéticos que nunca mencionaron reparaciones por las violaciones. Ella también entrevistó a soldados soviéticos y alemanes que admitieron haber violado mujeres durante la guerra.

     Margot Serowy muestra la violación de mujeres alemanas por soldados rusos en esta pintura. Serowy nació en Prusia del Este en 1937 y presenció el apocalipsis que padeció Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. Ella describe la pintura así: "Por favor tómeme a mí. Es la súplica de una madre para salvar a su joven hija. La violación era un hecho de la vida entre los soldados rusos. Mi madre fue violada por siete de ellos justo al lado mío. Los niños jugaban durante la violación".

     Hay tantos relatos de sobrevivientes, que seguramente las violaciones masivas son ahora indesmentibles. Lo que tenemos que hacer ahora es explicar por qué sucedió. "Habiendo siempre en el pasado rechazado ligeramente la idea de que la mayor parte de los hombres son potenciales violadores, tuve que llegar a la conclusión de que si hay una carencia de disciplina en el ejército, la mayoría de los hombres con un arma, deshumanizados por haber vivido dos o tres años de guerra, llegan a ser realmente violadores potenciales", dijo Anthony Beevor a The Bookseller.


Violación y Guerra: Lo que la Izquierda tiene que explicar

     La violación ha sido usada como un arma de dominación durante siglos. En Bosnia y Sierra Leona recientemente, y por europeos y estadounidenses dueños de esclavos que veían a las Negras como animales, y que se veían a sí mismos como autorizados para el "droit de seigneur"; y en algunas guerras tribales que vieron a mujeres capturadas y llevadas al territorio de los vencedores, y en una serie de guerras y batallas durante miles de años. Los socialistas deben ser capaces de explicar esto. De otro modo, dejamos el debate a Susan Brownmiller y a aquella franja del feminismo que ha estado planteando el tema al menos durante décadas, pero que ha perdido la esperanza de cambiar a los varones o a la sociedad en su conjunto.

     La Izquierda, si su afirmación de ser la "Tribuna del Oprimido" ha de ser tomada en serio, también necesita hacer conocida ante el público esta historia escondida. De hecho, la violación masiva de mujeres por el Ejército Rojo es sólo uno de los crímenes de guerra no mencionados de la Segunda Guerra Mundial. Se estima que hasta diez millones de mujeres fueron violadas en la Unión Soviética ocupada por la máquina de guerra de Hitler, con entre 750.000 y 1.000.000 de niños nacidos para vivir con la vergüenza escondida de sus "padres". Los soldados estadounidenses también violaron, a más de 11.000 en la Segunda Guerra Mundial, pero también en Vietnam. El abuso sexual y la violación de presos iraquíes en Abu Ghraib por los militares estadounidenses, incluso por oficiales mujeres, es uno de los pocos casos conocidos y hablados; e incluso aquí, apenas se discuten las violaciones.

     Para resumir, aquellos en la Izquierda que son serios sobre el auto-examen y el pensar en cómo reconstruír un movimiento inclusivo, deben contestar dos preguntas.

     En primer lugar, hemos ignorado / trivializado / encubierto las violaciones masivas. ¿Por qué lo hemos hecho tan mal?.

     En segundo lugar, en la guerra, muchísimos hombres, quizá una mayoría, pueden convertirse en violadores, o al menos fingir que miran para otro lado y no decir nada. ¿Cuál es nuestra explicación para esto y cómo afecta esto a nuestra práctica política?.–



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