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martes, 15 de abril de 2014

Dwight D. Murphey - Reseña sobre Kevin MacDonald



     En dwightmurphey-collectedwritings.info, sitio del académico estadounidense señor Murphey, su autor publicó en Diciembre de 2003 el siguiente comentario o revisión crítica del libro de 2002 del profesor Kevin MacDonald titulado "The Culture of Critique: An Evolutionary Analysis of Jewish Involvement in Twentieth-Century Intellectual and Political Movements". Un análisis de la influencia intelectual judía sobre el mundo del último siglo es lo que hacen ambos escritores y que ponemos en castellano.


Reseña de "The Culture of Critique"
de Kevin MacDonald (2002)
por Dwight D. Murphey
Diciembre de 2003



            Éste es uno de los libros más importantes de nuestro tiempo, y merece ser estudiado seriamente por cada estudioso de la vida moderna y por todo aquel que se preocupe de si la civilización occidental sigue su descenso hacia el olvido.


            Kevin MacDonald, profesor de psicología en la Universidad Estatal de California, en Long Beach, examina de manera honesta, desapasionada y valiente el papel que los judíos étnicamente conscientes han desempeñado durante el siglo pasado en muchos movimientos que han conformado lo que yo y otros hemos llamado "la alienación del intelectual" (contra la corriente principal de la sociedad occidental). MacDonald no habla de "alienación" sino de una "cultura de la crítica", que viene a ser lo mismo.

            Tan grande ha sido aquella participación judía que constituye un hecho de significación primordial para la comprensión de dicha alienación [distanciamiento] y su poder. En el capítulo 11 de mi libro Understanding the Modern Predicament examiné varias causas de tal enajenación. La discusión allí está ciertamente incompleta si no se añaden los detalles del estudio de MacDonald. El papel de los judíos en la alienación cultural debería ser agregado como un ingrediente importante y a menudo central.

      Al mismo tiempo, es importante notar que MacDonald da una interpretación concienzuda de sólo una parte de un fenómeno mucho más grande. Su libro en sí mismo no muestra ninguna conciencia de que la "intelligentsia" (la clase intelectual) ha estado enajenada contra la "burguesía" durante miles de años, durante muchos siglos, en nombre de los valores aristocráticos y luego, comenzando a principios del siglo XVIII, en nombre de cualquiera de los aliados que pudiera reclutar en una guerra ideológica contra el hombre de la industria y el comercio, y en realidad contra el estilo de vida entero de una sociedad "individualista". Lo que MacDonald dice nos informa de que muchísimos judíos, persiguiendo objetivos étnicamente conscientes, han sido parte de aquella fase más reciente de la alienación (aunque él hable sólo del siglo XX y no incluya el XVIII ni el XIX). Pero, debemos añadir: así también lo han hecho muchísimos no-judíos. La enajenación, y la busqueda ideológica de aliados en serie en todos los grupos desafectados o no asimilados, ha sido un movimiento mucho más grande que sólo una "estrategia evolutiva de parte de los judíos". Ha incluído a la Izquierda entera y a la Derecha anti-burguesa, incluyendo al fascismo y al nacionalsocialismo y sus progenitores, y ha reclamado tener muchos padres, gentiles y judíos por igual. (Vea la famosa obra de Benda La Traición de los Intelectuales, donde él habla del irritado pensamiento anti-burgués del siglo XIX en Europa).

     MacDonald dice que él comenzó en su serie de tres volúmenes analizando la historia del judaísmo "desde una perspectiva evolutiva" como un estudioso sin una consciencia étnica propia. Cuando él terminó el volumen bajo revisión en este artículo, que es el volumen tercero y final, su objetividad académica había tomado un alcance normativo. Sus estudios le revelaron el grado hasta el cual judíos étnicamente conscientes habían desempeñado un papel central en la mayor parte de la actividad más destructiva de la edad moderna ("destructiva" si uno usa la estructura normativa de Occidente y sus intereses como una base para dar un juicio). Él contempló el inmenso peligro en el que Occidente está ahora. A causa de esto, él desarrolló una conciencia étnica propia, en desacuerdo con la de muchos judíos que él estaba estudiando. Esto introduce un aspecto valorativo [axiológico] en el libro, el cual por otra parte es puramente descriptivo.

     MacDonald es en consecuencia profundamente crítico de un gran número de judíos, entre los que se incluyen muchas de las personalidades más prominentes en el contexto intelectual y político del siglo pasado. Pero cualquiera acusación de que él es por esta razón "anti-judío" yerra el tiro completamente. Él está discutiendo, como debe hacerlo un académico, acerca de los hechos de un fenómeno de significación incalculable en la escena mundial; y aquello es legítimo no importa a quién critique. Nunca él se aparta de un análisis razonado, basado en hechos, hacia una animosidad generalizada o una expresión de prejuicio étnico o religioso. Como era de esperarse, existen aquellos a los que no les gusta que él haya estudiado lo que estudió, pero la tarea para ellos es refutarlo (si quieren o si pueden) mediante el recurso a una erudición igualmente consumada.

     MacDonald está consciente de que tiene que ir a extremos extraordinarios para dejar en claro ante los lectores su carencia de prejuicio anti-semítico. Él a menudo repite descargos de responsabilidad que en otros contextos parecerían apenas necesarios: que él no está postulando que todos los judíos han estado implicados en la referida alienación, aunque muchos lo hayan hecho; o que todos los judíos han sido malos cientistas sociales, aunque, nuevamente, muchos lo hayan sido. Y él piensa que es importante reconocer que el judaísmo moderno no ha sido monolítico sino que en cambio ha presentado mucho desacuerdo entre los judíos mismos.

     Esta declinación de responsabilidad, aunque válida para enfatizar el alcance de lo que él dice, inevitablemente hace un poco de mal servicio. Si judíos étnicamente conscientes han desempeñado y continúan desempeñando papeles fundamentales en los movimientos que amenazan a la civilización occidental, aquello es un hecho de interés vital. En la medida en que señala que no todos los judíos han sido parte de esto, resta solidez a nuestra comprensión de su importancia, lo que es desafortunado. Pero esto no es diferente de muchísimas otras cosas en la vida intelectual: está la paradoja de que tanto el mensaje como los elementos gramaticales son importantes, aunque en parte se anulen unos a otros, por lo menos en lo que se refiere a la fuerza retórica. No tenemos que comprar todas las alegaciones que han adquirido un status mítico sobre el "Holocausto" para comprender que la gran tragedia humana puede provenir de un fracaso para quitar fuerza, mediante las precisiones apropiadas, a todo mensaje que sea crítico de los judíos o de cualquier otro grupo de seres humanos.

            El descargo de precisar que no todos los judíos han sido ajenados y radicales tampoco debería obscurecer nuestro entendimiento de que una cultura de alienación predominó de hecho entre los judíos estadounidenses durante la mayor parte del siglo que siguió a 1880. Nathan Glazer nos dijo en su libro autobiográfico Remembering the Answers que "los judíos de Europa del Este... se convirtieron, en el curso de la gran migración entre 1880 y 1924, en la parte dominante de la judería estadounidense". Glazer habló de una "cultura étnica judía" y nos advirtió que "debemos recordar que un sector poderoso en aquella cultura, rivalizando en su atractivo y significado para los judíos con la religión judía misma, fue el socialismo judío, en una veintena de variantes". Él dijo que éste era "un trasfondo cultural en el cual el socialismo en una de sus variantes era tan común como el deseo casi universal de enviar a los propios niños al colegio". Esto nos dice que la presencia judía predominante que vino a existir en Estados Unidos por medio de la inmigración era profundamente ajena a los antiguos valores estadounidenses. Y rechazó los fundamentos de la sociedad hacia la cual había emigrado. Esto ha tenido un impacto incalculable en prácticamente todos los aspectos de la vida estadounidense.

     MacDonald ve su proyecto en tres volúmenes como un trabajo de ciencia que aplica un "análisis evolutivo". Yo, sin embargo, no soy un antropólogo o científico evolutivo por formación, de modo que encuentro de mayor significado en este tercer libro lo que tiene que decirnos sobre la vida intelectual y política moderna, y no su análisis. Aventuro poca opinión sobre la tesis "evolutiva" en sí. Lo que sigue en este comentario se referirá a las otras facetas.



Movimientos en los cuales Judíos Étnicamente Conscientes
Han Sido Fundamentales


     —1. El Freudismo. Sigmund Freud retuvo una identidad judía fuerte a pesar de su rechazo de la religión. El sistema psicoanalítico que él desarrolló se encumbró sobre mucho del pensamiento del siglo XX y sólo recientemente ha entrado en decadencia. Ha sido llamado "la ciencia judía" debido al gran peso de judíos étnicamente conscientes entre sus protagonistas. Las teorías de Freud buscaban un mundo "sin la neurosis producida por la civilización occidental sexualmente represiva"; y Freud mismo "veía al psicoanálisis como un subversor de la cultura de los gentiles".

     Aunque ampliamente honrada como una forma de ciencia, la psicología freudiana era con mucho lo contrario, una forma de religión secular. "A diferencia de la ciencia verdadera, en el psicoanálisis hay un rol persistente de lo que uno podría llamar los textos sagrados del movimiento". MacDonald cita a Paul Churchland: "Cómo una teoría tan compleja pudo haber llegado a ser tan extensamente aceptada, sobre la base de ninguna evidencia sistemática o experimentos críticos, y ante sus fracasos crónicos de intervención terapéutica en todas las clases principales de enfermedad mental... es algo que los sociólogos de la ciencia y de la cultura popular tienen que explicar totalmente aún".


     —2. La Antropología de Boas. Franz Boas, él mismo un socialista y un judío, fue durante cuatro décadas un profesor de Antropología en la Universidad de Columbia. Una corriente de sus estudiantes, muchos de ellos judíos y otros no, "revolucionaron la antropología estadounidense en dirección del medioambientalismo radical". Un concepto central ha sido que "la raza carece de importancia en la explicación del comportamiento humano". Ésta es una tesis importante que concuerda totalmente con lo que MacDonald dice en todas partes de The Culture of Critique: que judíos étnicamente conscientes han ideado varios modos de disolver la creencia de la sociedad occidental (gentil) en sí misma, mientras incoherentemente permaneciendo ellos mismos muy dedicados a la pertenencia étnica. (Vemos esto hoy, en una aplicación aún más amplia, bajo la ideología del "multiculturalismo". En éste uno encuentra un férreo tabú contra cualquier conciencia racial de parte de los caucásicos, a pesar de que todos los otros grupos étnicos son animados a exaltar la propia).


     —3. El movimiento Estructuralista francés. MacDonald nos dice que este movimiento no era judío en su conjunto, pero que Claude Lévi-Strauss "tenía una fuerte identidad judía" y fue descrito en F. Dosse «como "el padre común" de Michel Foucault, Louis Althusser, Roland Barthes y Jacques Lucano».


     —4. El Postmodernismo. Foucault, uno de los apóstoles de Lévi-Strauss, es descrito como "el postmodernista enormemente influyente". MacDonald dice que "el postmodernismo ha optado por un relativismo completo y por la carencia de estándares objetivos de ninguna clase con el fin de impedir cualquier teoría general de la sociedad o de los sistemas filosóficos o morales universalmente válidos". Esto provoca una pregunta de parte de MacDonald: "Intelectualmente uno se pregunta cómo uno podría ser un postmodernista y un judío comprometido al mismo tiempo". Él dice que "la consistencia intelectual parecería requerir que todas las identificaciones personales sean sometidas a la misma lógica descontructivista".    

     El mismo punto se aplica con igual fuerza al pensamiento de Jacques Derrida, "el primer filósofo de la deconstrucción", quien "tiene una identidad judía compleja y ambigua". (Recordamos que el importante papel estratégico de los relativismos de toda clase en la ideología de la Izquierda ha sido durante mucho tiempo "acabar con el compromiso de los otros con lo que ellos creen", y al mismo tiempo afirmando fuertes imperativos morales propios. Vea la sección "Relativismo y Pragmatismo" en el capítulo 8 de mi obra Liberalism in Contemporany America).


     —5. El Pluralismo Cultural. Horace Kallen fue uno de los fundadores judíos de la Sociedad Menorá, que estaba en la Izquierda radical en los años '30. MacDonald habla de Kallen como "el creador del pluralismo cultural como un modelo para Estados Unidos". Kallen articuló sus opiniones en un artículo en The Nation en 1915 bajo el encabezado de "La Democracia versus el Crisol", y posteriormente en un libro de 1924, Culture and Democracy in the United States. El significado de la contribución de Kallen se hace claro cuando recordamos que el multiculturalismo, desde la Segunda Guerra Mundial, se ha convertido en la estrategia primaria de la Izquierda estadounidense, que en gran parte dejó la busqueda de una alianza con "el proletariado" y ha buscado alianzas con todos los otros grupos no asimilados o desafectados. Esto ha sido aumentado enormemente por la inmigración a destajo desde el Tercer Mundo que ha ocurrido desde 1965. Digo "la Izquierda estadounidense", pero la misma invasión desde el Tercer Mundo es estimulada en Europa también, y está cambiando radicalmente los datos demográficos de las sociedades europeas.


     —6. La Escuela de Frankfurt. MacDonald nos informa que la primera generación de la Escuela de Frankfurt consistía completamente en judíos étnicamente conscientes y que su Instituto fue financiado por un millonario judío, Felix Weil. Los pensadores identificados con la Escuela han incluído a T. W. Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcuse, Erich Fromm, Wilhelm Reich, Georg Lukacs y Antonio Gramsci. (Vea la excelente discusión de Patrick Buchanan acerca de estos pensadores en el capítulo 4 de su libro The Death of the West). La "Teoría Crítica", que tanto ha llamado la atención en la academia y que tiene publicaciones en varios diarios, se originó en la Escuela de Frankfurt.

     Fromm y Marcuse fueron excluídos finalmente del grupo cuando sus opiniones divergieron de la doctrina establecida por Adorno. Nuevamente, vemos el modelo del autoritarismo mental como distinto de la investigación intelectual libre. (Yo podría añadir que éste no es peculiarmente un rasgo de los movimientos de judíos étnicamente conscientes; en la Derecha, el movimiento "objetivista" de Ayn Rand y el de la Escuela Austriaca de Economía vienen a la mente como movimientos que han reaccionado mucho tiempo duramente frente a los heréticos).

     Como sucede con gran parte del pensamiento de Izquierda, las ideas de la Escuela de Frankfurt le debían mucho a Rousseau: que hay una naturaleza humana "natural" subyacente, que es válida pero que ha sido durante mucho tiempo deformada por el "autoritarismo" inherente a los diversos sistemas de "dominación", incluyendo el capitalismo, que prevalece dentro de la civilización existente. El efecto de Rousseau era estar fuera de toda civilización criticándola como destructiva. Con la Izquierda posterior, el efecto ha sido "patologizar" los valores y las coerciones que componen el tejido social, más particularmente el de la sociedad burguesa.

     La idea ha sido vender la sociedad burguesa en su propia depravación moral. MacDonald observa que esto es también un asunto de patologizar cualquier lealtad de grupo de los gentiles. En lugar de aquellas coerciones supuestamente depravadas, la Escuela defendió el radical "preocúpate de lo tuyo", especie de "individualismo" que más tarde se hizo tan popular dentro de la Nueva Izquierda, mientras, dice MacDonald, "al mismo tiempo retenía su propia poderosa lealtad de grupo hacia el judaísmo".  


     —7. El Sionismo. Poco tiene que ser dicho sobre la naturaleza étnicamente consciente de este movimiento que presionó, comenzando a finales del siglo XIX, en favor de un hogar nacional judío (por sobre la objeción de muchos judíos) y que fue la máquina motriz en el establecimiento de Israel. Éste es uno de los movimientos más importantes en el mundo hoy porque está respaldado, y por mucho tiempo lo ha sido, muy incondicionalmente por la política estadounidense, en gran parte pero no exclusivamente debido a la extensa influencia judía dentro de la élite estadounidense, y porque a su vez ha conducido a la confrontación entre la mayor parte del Islam y Estados Unidos.


     —8. La Promoción del "Holocausto". La elevación del "Holocausto" al nivel de "icono historico-cultural fundamental en las sociedades occidentales" ha sido un importante fenómeno desde mediados de los años '60. Incluso aunque los sistemas totalitarios asesinaran a decenas de millones de seres humanos de todas las etnias durante el siglo pasado, los relatos del "Holocausto" se enfocan completamente en las víctimas judías del nacionalsocialismo, afirmando que su experiencia fue "única".

     No es excesivo decir que el "Holocausto" se ha convertido en el objeto de un culto gigantesco. Completamente protegido por la insistencia sobre la "corrección política" y por leyes en importantes países como Alemania, Francia y Canadá, que no permiten ningún cuestionamiento de la versión oficialmente reconocida, las muchas voces del culto condenan cualquier disenso, no importando cuán académico sea, como moralmente perverso. Financiado por un masivo apoyo gubernamental y por contribuciones de los medios, su promoción ha llegado correctamente a ser llamada "la industria del Holocausto". Raramente existe un tiempo en que no haya una película importante, un libro o un documental al respecto delante del público. Mientras tanto, todos aquellos que murieron en los gulags o bajo Mao o bajo Pot Pol están, en efecto, en tumbas anónimas. Las víctimas judías tienen "sobrevivientes" que recuerdan a sus parientes con angustia continuada; los ucranianos cuyas familias pasaron por el hambre forzada del invierno de 1932-1933 evidentemente no lo hacen. O eso parecería en el contexto de lo que sólo puede ser entendido como un narcisismo judío artificial.

     MacDonald identifica varios objetivos para los que ha servido esta campaña de décadas de propaganda: ésta fue usada para reunir el apoyo a Israel después de las guerras de 1967 y 1973 (tal como permanece como el gran legitimador moral de Israel y sus acciones de hoy); proporciona un punto de reunión para la identidad judía; provee de un antídoto para el anti-judaísmo (y, lo que es más concreto, permite que mucho de lo que no es realmente anti-judaico sea condenado como tal); hace posible un status de "víctima" incluso para aquellos que están entre la gente más adinerada y más exitosa en una sociedad como la de Estados Unidos; y fomenta una "mentalidad de fortaleza" que ayuda enormemente a consolidar la conciencia étnica judía. Todos estos objetivos son importantes, pero me gustaría que notáramos sobre todo el papel del culto del "Holocausto" en la legitimación de Israel y en el apoyo incondicional de Estados Unidos a Israel. Esto tiene un papel más importante que cualquier otra cosa que haya colocado a Estados Unidos en la difícil situación en que está ahora en Iraq, Afganistán y en la "guerra contra el terrorismo".


     —9. Los "Intelectuales de Nueva York". La Partisan Review era el diario insignia de este movimiento predominantemente judío. Muchos nombres bien conocidos tuvieron que ver con ello, incluídos Susan Sontag, Saul Bellow, Norman Mailer, Irving Howe, Edward Shils, David Riesman, Michael Walzer y Lionel Trilling. En general, ellos eran elitistas culturales, tendieron a idolatrar a Trotsky, y tenían una animosidad especial contra el Estados Unidos rural. Varios de los Intelectuales de Nueva York gravitaron hacia el "neo-conservadurismo".


     —10. El Neo-Conservadurismo. MacDonald describe a éste como "un movimiento judío", que parece bien justificado a pesar de las objeciones ocasionales de algunos en sentido contrario. El neo-conservadurismo surgió del miedo al anti-judaísmo izquierdista, y realmente remonta sus orígenes a los juicios-espectáculos de Moscú implementados por Stalin contra los principales bolcheviques en los años '30.          

     Intelectualmente, el movimiento neo-conservador obtiene su inspiración de Leo Strauss más bien que de, digamos, Edmund Burke, Russell Kirk y otros tradicionalistas. Fue extremadamente influyente en la formación de la política exterior del Presidente George W. Bush. Esta corriente impulsa a Estados Unidos a perseguir una gran política de intervencionismo y "mejoramiento" mundial como algo distinto de la prosecución de intereses nacionales específicamente estadounidenses, y está firmemente a favor de Israel.  


     —11. La Nueva Izquierda. MacDonald cita a Lipset en el sentido de que el ímpetu original del movimiento de protesta estudiantil de los años '60 "casi necesariamente comenzó con los vástagos de la relativamente acomodada, liberal e izquierdista intelectualidad desproporcionadamente judía". "Los judíos constituían el 80% de los estudiantes que firmaron la petición para terminar el ROTC [Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de Reserva] en la Universidad de Harvard, y el 30-50% de los Estudiantes para una Sociedad Democrática (SDS)". La mayor parte de la financiación provino de fuentes judías: "En Estados Unidos, fundaciones como el Fondo de la Familia Stern, el Fondo Rabinowitz y la Fundación Rubin, proporcionaron el dinero para publicaciones clandestinas radicales durante los años '60".

     En el capítulo 13 de mi libro Liberalism in Contemporany America enumeré varios factores que contribuyeron a la muerte de la Nueva Izquierda después de 1970 (aunque muchos residuos permanezcan hasta este día). MacDonald saca a la luz un hecho que es muy importante para entender aquella desaparición: que la mayoría de los judíos abandonó la Nueva Izquierda después de la Guerra de los Seis Días de 1967 para dedicarse completamente a la causa israelí y a otras específicas de ellos. Cuando consideramos cuán importantes fueron los judíos para la Nueva Izquierda, su retirada fue necesariamente catastrófica para aquélla.

     Esto nos recuerda la importancia persistente de la Nueva Izquierda cuando MacDonald dice que "hay una comprensión creciente de que la revolución contracultural de los años '60 es un acontecimiento decisivo en la historia de Estados Unidos".


     —12. El Comunismo. He dejado esto para el final sólo porque no he querido eclipsar lo que MacDonald nos dice sobre el papel judío en los movimientos más obviamente "intelectuales"; pero, por supuesto, el papel central que los judíos jugaron en el comunismo soviético temprano y en el comunismo de post-Segunda Guerra Mundial dentro de Polonia y Hungría tiene tan sobresaliente importancia que sería difícil exagerarla. "El gobierno soviético mató a más de 20 millones de sus propios ciudadanos, la gran mayoría en los 25 primeros años de su existencia durante el auge del poder judío". Durante aquel período, "aunque judíos individuales se vieran atrapados en la violencia bolchevique, los judíos no fueron puestos en la mira como grupo", como lo fueron poblaciones étnicas tales como los "ucranianos, cosacos, chechenos, tártaros de Crimea, alemanes del Volga, moldavos, kalmucos, karachais, balkarios, ingushetios, griegos, búlgaros, armenios de Crimea, turcos mesjetianos, kurdos y khemshins".


     Los judíos, dice MacDonald, "estuvieron destacadamente involucrados en la Revolución bolchevique y formaron un grupo de élite en la Unión Soviética en la época de post-Segunda Guerra Mundial". Él añade: "La Revolución bolchevique... tenía un pronunciado ángulo étnico: en un muy alto grado, judíos y otros no-rusos gobernaron sobre el pueblo ruso...".


Otros Aspectos del Papel Judío


     Muchas características tienen que ser hechas notar acerca del papel que los judíos han jugado en los movimientos intelectuales y políticos recientes, aunque ellos no calcen exclusivamente en una discusión de ninguno de los movimientos individuales.


     —1. El Abuso Frecuente de la Ciencia. Nos enorgullecemos de vivir en una "época de la ciencia", pero en muchísimas áreas se pone un barniz científico sobre esfuerzos intelectuales que distan mucho del método científico. De hecho, es precisamente la alta reputación de la ciencia la que atrae a tales imitadores.

     El abuso de la ciencia ocurre mucho más ampliamente que sólo en los movimientos intelectuales judíos de los que MacDonald habla. La mayor parte del trabajo hecho dentro de las ciencias sociales en las universidades estadounidenses debe ser considerado, a lo más, como pseudo-científico; y el movimiento ecologista ha decidido lamentablemente, en su mayor parte, prosperar en las exageraciones que un abuso de la ciencia hace posibles. Pero los movimientos predominantemente judíos de los que MacDonald habla han contribuído ciertamente a ello. Él escribe acerca del "alto grado de la cohesión grupal interna característica de los movimientos considerados en este volumen", y dice que ellos tomaron "la forma de sistemas hermenéuticos capaces de acomodar a cualquiera y a todos los acontecimientos en sus esquemas interpretativos. Y aunque estos movimientos buscaran el barniz de la ciencia, ellos inevitablemente contradijeron los principios fundamentales de la ciencia bajo la forma de una investigación individualista acerca de la naturaleza de la realidad". En la raíz de ello estaba la "teoría implícita... de que las actividades intelectuales de todo tipo pueden en realidad implicar la guerra étnica".


     —2. El "Particularismo Moral Judío". MacDonald habla de esto como "un rasgo general de la cultura judía". Esto equivale a afirmar que los judíos son "ontológicamente" excepcionales, y se manifiesta en la preocupación por los intereses judíos con exclusión de otros. MacDonald dice que "la participación judía en el bolchevismo es quizás el ejemplo más notorio del particularismo moral judío en toda la Historia. Las consecuencias horrorosas del bolchevismo para millones de ciudadanos soviéticos no-judíos no parecen haber sido un asunto interesante para los izquierdistas judíos, un patrón que continúa en el presente".

     Vemos este narcisismo moral en la afirmación de que la experiencia judía bajo los nacionalsocialistas fue "única". Esta afirmación ayuda a apoyar el doble estándar que la élite intelectual y política mundial ha aplicado durante tanto tiempo a los regímenes totalitarios nacionalsocialista y marxista-leninista.

     El particularismo se ve, también, en la indiferencia que los sionistas han tenido durante más de un siglo hacia los sentimientos de los árabes. Entre muchas otras cosas, esto se tradujo en el establecimiento del hogar nacional judío en Israel directamente contra muchos años de protestas árabes.

     Como con la mayoría de las otras características de la cultura intelectual judía, tal "particularismo" no es su posesión exclusiva. No es probablemente exagerado decir que la mayor parte de los pueblos se ve como el centro de la existencia; y es demasiado común sentir poca empatía hacia otros. El crecimiento de un círculo creciente de empatía es una señal de civilización, pero la Humanidad sólo en parte y episódicamente ha conseguido la civilización, como lo argumenté en mi libro Understanding the Modern Predicament.


     —3. El Estrangulamiento de la Disidencia. Dudé en usar una palabra tan fuerte como "estrangulamiento", pero algo menos gráfico se queda corto. MacDonald dice que hacia principios de los años '40 "Estados Unidos había entrado en una época en que se había hecho moralmente inaceptable hablar de los intereses judíos en absoluto. Estamos todavía en aquella época". Él podía haberse remontado a una época aún más temprana, ya que él cita la queja de Madison Grant escrita en 1921 en cuanto a que "es casi imposible publicar en los periódicos estadounidenses cualquier reflexión sobre ciertas religiones o razas que son histéricamente sensibles a tan sólo ser mencionadas por su nombre".

     El 11 de Septiembre de 1941 Charles Lindbergh dio su famoso discurso en Des Moines, Iowa, el cual, aunque anti-semítico sólo en el sentido torturado de que cualquier cosa que sea crítica hacia los judíos particulares es en sí anti-judío, fue muy crítico del papel que los judíos estaban desempeñando en los medios, en las películas y en el gobierno para involucrar a Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Independientemente de lo que uno piense acerca de si Estados Unidos debería haber tomado parte en aquella guerra (y la mayor parte de los estadounidenses hoy dan por hecho que debimos haberlo hecho, a pesar de que una fuerte mayoría pensaba justo lo contrario antes de Pearl Harbor), Lindbergh estaba discutiendo directa y valientemente un asunto de la mayor importancia para el pueblo estadounidense. ¿El resultado?: "El discurso de Lindbergh fue recibido con un torrente de injurias y odio sin paralelo para una figura predominante en la historia estadounidense. De la noche a la mañana Lindbergh pasó de ser un héroe cultural a un paria moral".

     Bajo la excusa de "abolir el odio", "las organizaciones judías han tomado la delantera en el intento de censurar la Internet". MacDonald cuenta cómo «el Centro Simon Wiesenthal distribuye un disco compacto titulado "Odio Digital 2001", que enumera más de 3.000 "sitios de odio en Internet"». (Para tener alguna idea de cuán lejos es estirado el concepto de "odio" para incluír la investigación legítima, deberíamos recordar que mi propia monografía sobre la historia del linchamiento ha sido prohibida en Canadá bajo el pretexto de que estimula el odio).

     El estrangulamiento de ideas aparece en muchos contextos, pero uno de los más significativos es señalado por MacDonald cuando él dice, en el contexto del mundo post-11 de Septiembre, que «estamos empantanados en una guerra sin un final realizable en gran parte debido a la influencia de la comunidad judía sobre una área de nuestra política exterior y debido a cuán efectivamente es silenciada cualquier mención del papel de Israel en la creación de la fricción entre Estados Unidos y el mundo árabe —en realidad el mundo musulmán entero—, simplemente con el grito de "anti-semitismo"».


     —4. Predominio existente desde hace mucho en los medios estadounidenses de comunicación. MacDonald suministra detalles sobre cuán enormemente los medios estadounidenses de comunicación están en manos judías. "La más grande compañía de medios en el mundo fue formada recientemente por la fusión de America On Line y Time Warner. Gerald M. Levin... es el jefe ejecutivo principal... La segunda compañía de medios más grande es la Walt Disney Company, encabezada por Michael Eisner... La tercera compañía de medios más grande es Viacom, Inc, encabezada por Sumner Redstone, que es también judío". Esto no es todo; él continúa enumerando el control judío sobre estudios de cine, grupos de música, compañías de televisión, periódicos y revistas noticiosas.

     Este predominio se remonta a mucho tiempo atrás. «En un folleto publicado en 1936, los redactores de la revista Fortune concluyeron que las fuentes principales de la influencia judía en los medios eran su control de las dos principales redes de radioemisoras y los estudios cinematográficos de Hollywood... Ellos sugirieron que "a lo sumo, la mitad de la parafernalia fabricadora de opinión e influyente sobre el gusto en EE.UU. está en manos judías"». MacDonald aborda esto con mucho mayor detalle a partir de aquel período.


     —5. Prominencia social, económica y política. "Mientras que constituyen aproximadamente el 2,4% de la población de Estados Unidos", dice MacDonald, "los judíos representan la mitad de los cien ejecutivos superiores de Wall Street y aproximadamente el 40% de las admisiones a las universidades de la Liga Ivy. Lipset y Raab (1995) notan que los judíos contribuyen con entre un cuarto y un tercio de todas las donaciones políticas en Estados Unidos, incluyendo la mitad de las contribuciones del Partido Demócrata y un cuarto de las contribuciones Republicanas".


     Lo que MacDonald describe es, en sus propias palabras, un pueblo que tiene alta inteligencia, ambición, persistencia, disposición a trabajar, y capacidad para organizar cohesivamente. Considerados en sí mismos, éstos son rasgos eminentemente deseables. Por razones que MacDonald ha discutido, sin embargo, el resultado ha sido una cultura de alienación hacia Occidente.

     Lo que ahora es más necesario para MacDonald es estudiar la sociedad no-judía occidental para analizar por qué, por contraste, ha sido tan decadente. "La culpa de que estemos subordinados, querido Brutus, no está en nuestras estrellas sino en nosotros mismos" (Shakespeare, Julio César, I, 2). MacDonald vacila entre una anticipación de que finalmente "los pueblos de Estados Unidos derivados de los europeos llagarán a estar cada vez más unificados", por una parte, y por otra, "la clara posibilidad de que en el largo plazo los estadounidenses de origen europeo estarán fragmentados, políticamente impotentes y sin una identidad de grupo eficaz en absoluto". Soy lo bastante pesimista para pensar que las perspectivas de estas dos contraposiciones no están ecuánimamente equilibradas.–


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