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domingo, 13 de abril de 2014

Alex Kurtagic - La Igualdad como un Mal



     Hace dos años el escritor y músico residente en el Reino Unido Alex Kurtagić (1970) publicó en alexkurtagicofficial.blogspot.com el siguiente texto (Equality as an Evil) que analiza el tema que es el que define a los igualitaristas y su ideología perversa de una supuesta igualdad de oportunidades, que ha llevado a las monstruosas aberraciones de la inmigración a destajo y el multiculturalismo, queriendo quizás lavar alguna culpa (generalmente gente Blanca que se odia a sí misma) o francamente cumpliendo con algún karma. Dicha tiranía izquierdista (eufemísticamente llamada "lo políticamente correcto", término de notoria raigambre estalinista) sabemos que es manipulada desde las sombras por aquel grupo que es el único favorecido con estas políticas. El señor Kurtagić va aquí interesantemente poniendo en evidencia varias de las contradicciones internas de la ideología del igualitarismo y por qué es más bien un mal, y a la vez sugiriendo la alternativa que es el reconocimiento político de la diversidad, y por ello pusimos este artículo en castellano para los lectores.


La Igualdad como un Mal:
El Azote Moral de la Modernidad
por Alex Kurtagic
13 de Abril de 2012




     La ideología dominante de las sociedades occidentales modernas tiene a la Igualdad como un bien moral absoluto, que debe, por lo tanto, ser proseguido por su propio bien. La moralidad del Igualitarismo nunca es cuestionada por la estructura de poder del establishment ni por la gran mayoría de los ciudadanos; es, en efecto, una suposición dada por hecho que existe fuera del alcance del debate aceptable. Declarada en base a la aseveración arbitraria de que todas las personas nacen iguales en dignidad y derechos, y de que ellas son portadoras de tales derechos por el mero hecho de ser humanos, capaces de razonar, o dotados con dignidad (fíjese en el razonamiento circular), el igualitarismo hace de cualquiera que cuestione la cualidad moral de la igualdad en un individuo, una persona de una humanidad cuestionable. Incluso los conservadores no se atreven a cuestionar la cualidad moral de la igualdad, concentrándose en cambio en criticar los métodos de su aplicación. Pero la igualdad, a pesar de la retórica altisonante que la rodea, está lejos de ser un bien moral absoluto. Por el contrario, cuando examinamos las consecuencias de la igualdad, vemos que es un mal. Este artículo explorará primero algunos de los modos por los cuales la igualdad es un mal, y propondrá luego un paradigma alternativo, fundado en una teoría de la diferencia.


Injusta Distribución de las Recompensas

     La búsqueda de la consecuencia más obvia de la igualdad es la distribución injusta de los ingresos. Como las capacidades individuales son siempre diferentes, la igualdad no puede ser conseguida sin tomar las recompensas de los merecedores y reasignarlas entre los de poco mérito. Así, el talento, la industria, la ahorratividad, la diligencia, la disciplina, la iniciativa y la perseverancia son castigados, mientras que la inhabilidad, la ociosidad, el libertinaje, la indiferencia, la negligencia, la apatía y la inconstancia son recompensados en nombre de la justicia social. Esto es notoriamente evidente en las políticas de las universidades en Estados Unidos, donde la búsqueda de resultados iguales y una obsesión con la raza ha conducido a estándares de admisión diferenciados que privilegian al académicamente inepto a costa del académicamente apto. Como consecuencia de los resultados desiguales en los SATs [la prueba standard de admisión universitaria] por grupos raciales diferentes, millones de estudiantes brillantes y que trabajan duro han sido excluídos de las universidades de su elección, en particular donde éstas han sido universidades de la Liga Ivy [las más exclusivas], en un esfuerzo para igualar racialmente los resultados.

     La ironía es que un argumento para el igualitarismo ha sido la necesidad de combatir la injusticia de lo que los igualitaristas comúnmente denominan como el "privilegio". Los igualitaristas juzgan que el "privilegio" es malo porque no es meritocrático, permitiendo a algunos disfrutar de ventajas inmerecidas. Pero desde entonces, como hemos visto, las políticas igualitarias crean sin embargo clases privilegiadas de individuos, que disfrutan injustamente de ventajas inmerecidas. Esto logra lo opuesto de su propósito establecido, simplemente transfiriendo el "privilegio" de un grupo a otro.



Injusta Distribución de los Recursos

     Estrechamente relacionado con lo dicho está la distribución injusta de recursos que aumenta tras perseguir la igualdad. Un ejemplo ha sido proporcionado por un reciente informe noticioso sobre universidades que cierran o reducen sus departamentos de ciencia para hacer espacio para agentes de la igualdad o de la diversidad. Parece que el salario de uno de tales funcionarios sería bastante para financiar a dos investigadores sobre el cáncer. Siendo un bien moral absoluto, para los igualitaristas la igualdad no necesita de ninguna justificación lógica, pero la verdad es que la suya es una ideología que inflige la miseria y cuesta vidas. Seamos específicos con las implicaciones. Imagine que usted tiene un joven ser querido que tiene cáncer o alguna otra condición médica degenerativa. El pronóstico es la muerte temprana en diez o quince años sin un avance de la ciencia médica. La investigación está haciendo lento el progreso. Usted espera que la ciencia logre sus avances antes de que sea demasiado tarde. Entonces, de repente, los centros relevantes de investigación comienzan a cerrar o reducir departamentos de ciencia, mientras al mismo tiempo estos centros crean posiciones bien pagadas para funcionarios de la diversidad o de la igualdad, asignando a sus departamentos generosos fondos. La investigación ahora se mueve más lentamente, retrasando el avance médico que usted espera. Su ser querido ahora enfrenta una enfermedad más prolongada, posiblemente la muerte antes de que una cura o una terapia de fármacos más eficaz sea encontrada. ¿Y si usted es un trabajador social primario? La miseria de este modo es infligida sobre usted también, puesto que la cura, o la nueva terapia farmacológica, toma más tiempo o llega demasiado tarde. La preocupación y la pena también afectan a cada pariente cercano. Es difícil cuantificar el grado hasta el cual esto es así, en particular cuando nadie parece haber investigado esta área, pero el escenario descrito es bastante razonable. ¿Puede la igualdad ser un bien moral cuando éstas son las consecuencias?.


Negación de la Diferencia

     En décadas recientes, la diversidad ha sido un slogan entre los igualitaristas, pero la afirmación de la igualdad es simultáneamente la negación de la diferencia. La frase ocasional "diferente pero igual" ha sido la tentativa de los igualitaristas de abarcarlo todo, pero es una contradicción lógica y por lo tanto sin sentido. El argumento de que la igualdad referida es simplemente la igualdad ante la ley no se sostiene, porque si fuera así no habría ninguna necesidad de una política de tratamiento diferenciador (injusto) de candidatos a la universidad. El argumento de que la igualdad referida es simplemente una igualdad de oportunidades no se sostiene tampoco, porque si fuera así no habría ninguna consternación por los resultados desiguales obtenidos en las pruebas entre estudiantes en categorías raciales diferentes, y por lo tanto no habría ninguna necesidad de injustas políticas de admisión. La afirmación de la igualdad es una negación directa de la diferencia en todos los ámbitos, hasta el punto de negar la existencia biológica de una de las fuentes primarias de la diferencia —raza y género— y de pretender que éstas son puras ficciones arbitrarias.

     La diversidad se basa en la diferencia. La eliminación de una implica la eliminación de la otra. La celebración que el igualitarismo moderno hace de la diversidad, y su proclamación de la diversidad como un bien digno de ser proseguido por su propio bien, son, por lo tanto, contradictorias. Lo que es más, al criticar a los opositores a la diversidad como inmorales, los igualitaristas no cumplen con sus propios estándares profesados de moralidad, haciendo a los igualitaristas mismos seres inmorales.

     La negación de la diferencia implica, por extensión, una negación de la calidad, tanto en el sentido de la distinción de atributos como de la superioridad. El producto final lógico de la igualdad es, por lo tanto, la uniformidad y la mediocridad, una negación de todas las cosas que hacen de la vida algo bueno y digno de ser vivido. Un sistema de creencias que arrebata la alegría de la vida, un sistema de creencias que es, en último término, anti-vida, no puede ser considerado como moral.


Negación de la Individualidad

     La diferencia es lo que nos hace individuos. Afirmar que cada uno es igual, por lo tanto, es negar la individualidad, porque la individualidad implica la singularidad, la autonomía, la no-intercambiabilidad. Nadie es compatible con la igualdad. La demanda de uniformidad —incluso cuando se hace en nombre del individualismo— implica una demanda de conformidad, una renuncia al Yo, un descenso o una degradación del individuo. Esto no es sólo otra contradicción sino una afrenta a la supuesta "dignidad humana", y ya que la dignidad es humana, la igualdad es inhumana. Una perspectiva filosófica que simultáneamente exalta y ofende la dignidad no es una perspectiva coherente.

     Hay dos formas de colectivismo: voluntario e impuesto. El Estado y la búsqueda institucionalmente patrocinada de la igualdad cae bajo la segunda categoría. Por consiguiente, podemos describir al igualitarismo como imponiendo una degradación del individuo al servicio de una colectividad abstracta, una colectividad que, en cuanto abstracta y por lo tanto deshumanizada, no existe empíricamente. ¿Es esto moral? No, de ningún modo que pudiéramos aceptar.


Agente de Opresión

     Como hemos visto a partir del desarrollo del igualitarismo en las sociedades occidentales modernas, la lógica de la igualdad presupone la equivalencia de todos los humanos. Un resultado es que las sociedades universales, que involucran a pueblos de muchas culturas marcadamente diferentes, llegan a ser ideológicamente [en la teoría] no problemáticas. Por cuanto los humanos se diferencian en múltiples niveles, las sociedades universales han llegado a ser, por contraste, problemáticas, requiriendo la proliferación de normas, regulaciones, leyes, vigilancia, castigos, burocracias e impuestos adicionales, en la búsqueda de un funcionamiento armonioso y continuado. La limitación progresiva de las libertades nunca se termina, porque las medidas mencionadas se dirigen sólo a los síntomas y no a la causa subyacente: la diferencia permanece, y provoca respuestas diferentes frente a cada medida, que a su vez crean la necesidad de medidas adicionales. Peor aún: debido a la necesidad de dirigirse a un número creciente de áreas en una población cada vez más dispar con pocos valores o supuestos compartidos, o bien ninguno, el esfuerzo regulador llega a ser no sólo cada vez más invasivo y preceptivo sino también cada vez más inapropiado para cada uno. (Jack de todos los oficios, maestro de ninguno). La libertad también es erosionada económicamente debido a los crecientes costos de regulación, vigilancia, reforzamiento de la ley, castigos y administración del comportamiento social.

     Las sociedades occidentales modernas proporcionan innumerables ejemplos de la naturaleza opresiva de este proceso. Esto va más allá de carreras perdidas, reputaciones arruinadas, multas y encarcelamiento, que puede resultar de expresar una opinión políticamente "incorrecta", porque ser consecuente con la opinión políticamente correcta puede también provocar resultados adversos, como violación, robo, disturbios y asesinato, todo lo cual está vinculado a la diversidad agresiva. Forzar a la gente —y específicamente a una clase de gente— a vivir bajo niveles crecientes de peligro personal, a menos que ellos deseen perder su sustento, su reputación y su libertad, constituye una opresión. Dado que la opresión es inmoral, en este aspecto así lo es también la igualdad.


Causa de Apatía y Alienación

     Robert Putnam —un estadounidense preocupado por el problema racial— vinculó la diversidad en las comunidades con la apatía y la alienación [hacerse ajeno]: los individuos en comunidades racialmente diversas tienden a presentar niveles inferiores de compromiso con la comunidad, niveles más altos de desconfianza, y mayor confianza en la televisión. De acuerdo al estudio de Putnam, el fenómeno se hace más pronunciado con una mayor diversidad racial. La conclusión es que los individuos que viven en comunidades racialmente diversas disfrutan de una calidad inferior de vida que los individuos que viven en comunidades racialmente homogéneas, y mientras mayor es la diversidad, menor es la calidad de vida. Los elevados niveles de delito simultáneos a una población de ascendencia europea en declive en una comunidad acentúan aún más esta tendencia. Por cuanto las sociedades racialmente diversas en Occidente han resultado directamente de la búsqueda de una igualdad, esta última está causalmente vinculada a una decreciente calidad de vida, y no al contrario.


     La igualdad no es inmoral si es buscada de manera voluntaria, incluso si aquellos que la pretenden experimentan como resultado una disminución en su calidad de vida. Sin embargo, la Igualdad es inmoral si es impuesta, por el Estado (con su amenaza implícita de violencia) o por medio de la presión social, sobre aquellos que no tienen ningún deseo de conseguirla. Y es doblemente inmoral si por el inconformismo de aquellos en este último grupo éste ve, por consiguiente, y como hemos visto, negada su humanidad.



Sistema Destructivo

     Como ya es evidente a estas alturas, la igualdad es una fuerza destructiva en varios niveles. En primer lugar, es destructiva de la calidad individual, ya que las características que contribuyen a la formación de individuos sobresalientes de algún modo, incluyendo actividades o modos de comportamiento, son desincentivadas, degradadas o negadas. En segundo lugar, es destructiva de las cosas que hacen que la vida sea digna de ser vivida, por la misma razón. En tercer lugar, es destructiva de la dignidad humana, incluso aunque afirme estar a favor de ella. En cuarto lugar, es un agente de opresión, incluso aunque afirme estar contra ésta. Y finalmente, es destructiva de la calidad de vida y de las comunidades, aunque afirme que apunta al mejoramiento de ambas.


Practicantes Inmorales

     Aparte de la naturaleza intrínsecamente destructiva de la ideología de la igualdad, ésta es manchada aún más por la inmoralidad de sus practicantes, ya que el activismo de la igualdad casi invariablemente trabaja —aunque esto no siempre sea explícitamente declarado o incluso reconocido— en perjuicio de una clase particular de individuos: aquellos que pueden remontar su ascendencia a Europa. Por sus acciones, puede suponerse sin temor a equivocarse que los practicantes de la igualdad tienen actitudes eurofóbicas, o son eurófobos, aunque en la mayor parte de los casos ellos mismos sean de ascendencia europea. Es, por lo tanto, irónico que los practicantes de la igualdad se consideren a sí mismos como altamente morales, e incluso que se arroguen la predicación de la moralidad.

     Quizá más mal reputados son los crímenes de los comunistas, que justificadamente comprenden la clase más notoria de los fanáticos de la igualdad. Los comunistas han asesinado, encarcelado y condenado a millones de personas a una vida de miseria, incluyendo a artistas, escritores, profesores e intelectuales. Los comunistas han privado a los europeos de alguna de la mejor gente de éstos. Las atrocidades comunistas son, en efecto, lo peor en la historia mundial. Incluso a una escala más pequeña, los comunistas y sus similares igualitaristas a menudo han sido propensos a la violencia callejera, y su tipo de activistas parece más ansioso que cualquier otro para involucrarse en la violencia cuando se ve enfrentado con opiniones divergentes. Esto puede ser porque el igualitarismo tiene una historia terrorista, la cual comienza con la Revolución francesa, un movimiento que comprende a criminales, psicópatas, alcohólicos, defectuosos y genios sociopáticos. Esto también puede ser porque el igualitarismo atrae a los peores elementos de cualquier población, ya que ellos son los que más pueden ganar con las políticas de igualdad.


Psicopatología

     Por lo dicho, es difícil no ver a los igualitaristas de raza blanca como sufriendo de una psicopatología no diagnosticada, particularmente cuando el efecto a largo plazo de su activismo por la igualdad es causar un daño masivo a su raza, quizá incluso su eventual destrucción. Siendo perfectamente análogo, tal comportamiento puede ser conceptuado como una tendencia colectiva hacia la auto-mutilación y/o al suicidio. En el caso de pueblos de ascendencia europea, es razonable, entonces, tratar al igualitarismo como un defecto moral o como una perturbación mental. (En el caso de la gente no-Blanca, el igualitarismo es adulado con el fin de extraer concesiones; en el caso de un subconjunto de judíos desde el siglo XIX, el igualitarismo es una estrategia orientada a la fabricación de sociedades occidentales más dóciles con los judíos). La perturbación mental y la moralidad defectuosa a menudo están asociadas.

     El término "perturbación mental" puede parecer desproporcionado para algunos, dado que muchos igualitaristas parecen y actúan como miembros normales y equilibrados de la sociedad, y dado también que, al menos en la superficie, el igualitarismo representa la opinión de consenso. Debe recordarse, sin embargo, que esta apariencia de normalidad es un fenómeno bastante común. El "racismo" es comúnmente considerado ahora como el epitome del mal, pero las actitudes y opiniones "racistas", para no mencionar la legislación y las políticas gubernamentales en torno al "racismo", representaban hasta hace poco la opinión de consenso, y eran consideradas absolutamente normales, tan normales, de hecho, que ellas no siempre eran fáciles de identificar, e incluso ahora siguen siendo "descubiertas" nuevas formas. Identificarlas, y luego cambiarlas, ha sido la misión auto-impuesta de los modernos igualitaristas y su razón de ser. No debemos permitir, por lo tanto, que nosotros seamos engañados por la aparente normalidad o por el efecto aparentemente normalizador de un consenso. Además, debemos tener presente que las ideologías dominantes siempre procuran perpetuarse presentando a la ortodoxia como sana y normal, y a la heterodoxia como patológica y anormal.


Diferencia

      Durante mucho tiempo la búsqueda de la igualdad ha sido fuertemente relacionada con nociones de justicia social, de manera que muchos pueden encontrar difícil separar ambas ideas, y pueden por lo tanto encontrar que una alternativa es impensable, o al menos como un mal a ser evitado. Ciertamente, así es cómo los igualitaristas piensan y cómo les gustaría que todos los demás pensaran. Propondríamos, sin embargo, que lo contrario es verdadero, y que un paradigma superior podría ser uno basado en la deseabilidad de la Diferencia.

     Una teoría de la diferencia no es la "diversidad" como los igualitaristas entienden el término. La "diversidad" según aquéllos se refiere a personas que pueden parecer diferentes, pero quienes, aparte de su personalidad individual y de las diferencias socialmente construídas, son esencialmente equivalentes e intercambiables. Esto, por supuesto, es demasiado unidimensional para constituír diversidad, ya que niega la validez de los atributos grupales que contribuyen a la identidad. Una teoría de la diferencia define la diversidad, ya que ha de ser definida, y abraza la multi-dimensionalidad de la diferencia humana, tanto a nivel individual como colectivo.

     Bajo un paradigma de diferencia, por lo tanto, esperaríamos que individuos y grupos fueran diferentes, y que incluso divergieran considerablemente de nuestras propias líneas de referencia más bien que esperar que ellos fueran lo mismo o que hubieran fracasado cuando ellos no mostraran ningún signo de convergencia con nosotros. Respetaríamos la diferencia como un asunto de prerrogativas individuales o grupales. E incluso donde la diferencia pueda resultar en casos que son repugnantes para nosotros, no dejaríamos por esta razón de considerar la diferencia generalmente como una fuente de riqueza, pues la posibilidad de la diferencia es una condición previa para la excelencia y lo extraordinario.



Implicaciones de la Política de Muestra (Sample Policy)

     Los lectores alertas que están familiarizados con mis escritos previos sobre Haití y el África sub-sahariana deberían ver inmediatamente las implicaciones de esta política. Algunos ejemplos:

     En primer lugar, si la diferencia está bien y es un asunto de prerrogativas, resulta que permitir a colonos distantes genética y culturalmente del Tercer Mundo que se instalen en las naciones occidentales va en detrimento de la unicidad de estas naciones. La inmigración no es necesariamente un mal, pero bajo un paradigma de diferencia serían inmigrantes más bien que colonos, y por lo tanto apelantes ante la autoridad establecida, cuya prerrogativa sería conceder o negar la admisión sobre la base del potencial de los inmigrantes para la asimilación. Diversas regiones o naciones serían vistas como hostiles a una diversidad de regiones o naciones, pues la capacidad de cada una para definirse en sus propios términos sería una condición previa para aquella diversidad.

     En segundo lugar, un terremoto en un país como Haití no supondría una llamada a la reconstrucción. Haití no puede ser considerado como una nación occidental, incluso si está geográficamente en Occidente y haya sido originalmente una colonia europea, ya que no está poblado o dirigido por descendientes de europeos. Al mismo tiempo es correcto y apropiado, y a menudo ventajoso, que las naciones cooperen unas con otras. Bajo un paradigma de diferencia, la conducta económica de Haití y la inestabilidad política no serían vistas como un fracaso, como ocurre bajo un paradigma de igualdad, sino más bien como el resultado de una occidentalización artificialmente impuesta sobre lo que es esencialmente un remoto puesto de avanzada africano occidental. Cualquier ayuda internacional, por lo tanto, intentaría reducir la occidentalización y facilitaría la convergencia con las líneas de referencia históricas de África occidental. (Digo históricas, porque África occidental está actualmente también sufriendo de un síndrome colonial europeo). Los esfuerzos apuntarían a una recuperación medioambiental de Haití y su conversión gestionada y gradual hacia una sociedad sostenible no-industrial. No sería entonces ya más medida o incluída en los índices de la corrupción internacional, de la transparencia o de "desarrollo", porque estos parámetros occidentales se habrían hecho irrelevantes. Si en cualquier punto los haitianos deciden perseguir un modelo de estilo occidental, sería su derecho, pero a ellos se les dejaría hacerlo —ya tuvieran éxito o fracasaran— en sus propios términos, y no según las condiciones impuestas por alguna nación occidental.

     En tercer lugar, mientras sería posible para un estudiante Negro descendiente de africanos solicitar la admisión en cualquier universidad occidental, la admisión estaría condicionada a la disponibilidad de cupos y a la reunión de los mismos estándares mínimos de aptitud académica como los de los estudiantes de ascendencia europea. El plan de estudios sería definido por estándares y normas europeos, y se supondría que cualquier estudiante que asista a la universidad debería estudiar allí aquel plan de estudios y ser medido según criterios académicos europeos, independientemente de su raza, sexo, edad, nacionalidad, religión, estado de invalidez u orientación sexual. No sería hecho ningún esfuerzo para aumentar la proporción de ningún grupo minoritario sobre la base de una infra-representación estadística, y, siendo todo lo demás igual, esto sería considerado el resultado de la diferencia más bien que un problema. Los exámenes deberían pretender medir según la norma europea, no mejorar la actuación académica de ninguna minoría no-europea dada. A la inversa, de la población universitaria de ningún grupo no-europeo se esperaría que satisficiera criterios europeos sino más bien los de la población estudiantil específica.

     Finalmente, el éxito o fracaso de una nación no-occidental no necesariamente sería en función de su grado de occidentalización. Una sociedad prehistórica bien podría ser considerada exitosa si prosperara en sus propios términos; su naturaleza prehistórica no necesariamente sería vista como una deficiencia, ya que bien puede ser que una historia registrada, una organización compleja y el desarrollo tecno-industrial no sean relevantes, o necesarios, en aquella sociedad, en su ámbito particular. Ya no usaríamos el eufemismo "subdesarrollado" o "en vías de desarrollo", o incluso "pobre", para referirnos a naciones que no cumplan con las bases de referencia occidentales de riqueza y complejidad. De hecho, el desarrollo tecno-industrial o económico no sería una medida objetiva aplicable a todas las naciones, ya que la teoría de la diferencia en muchos casos consideraría esto como irrelevante. Una consecuencia deseable sería probablemente la reducción de la deuda, ya que para muchas regiones del mundo caería finalmente el horizonte del sistema monetario, una materia con ramificaciones significativas.


Observación Final

     Esto, y la teoría de la diferencia en general, es un tema grande y sólo puedo esbozarlo aquí en términos muy generales, y para algunos quizá en términos vagos o demasiado abstractos. Se necesitará una elaboración mucho más seria a través de una variedad de contextos y disciplinas, así que por el momento le corresponderá al lector desentrañar los puntos de discusión y formularlos en maneras que resuenen emocionalmente. Los beneficios potenciales, sin embargo, son enormes, ya que si la moralidad de la Igualdad debiera ser desmontada completamente, la Izquierda igualitaria sería deslegitimada en el discurso público como una proposición insostenible, y el proyecto de igualdad implosionaría como maligno y absurdo.–




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