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miércoles, 19 de marzo de 2014

Tomislav Sunic - Sobre Paganismo y Monoteísmo



     El conocido intelectual croata Tomislav Sunic publicó en CLIO (A Journal of Literature, History, and the Philosophy of History) vol. 24 Nº 2, invierno de 1995, págs. 169-188, el siguiente texto (Marx, Moise et les Païens dans la Cité Laïque) que hemos traducido directamente del francés en que estaba escrito y que hemos encontrado en voxnr.com. Existe por ahí una traducción castellana que lamentablemente es una completa adulteración. El señor Sunic, aludiendo reiteradamente al pensador neopagano Alain de Benoist, y a otros, revisa aquí en este filosófico ensayo los antecedentes del paganismo antiguo y el efecto deletéreo que sobre él tuvo el naciente cristianismo y que hoy en día tienen sus vástagos el socialismo y el liberalismo, y plantea las perspectivas futuras y las posibilidades de aquél en las sociedades occidentales modernas. El paganismo parece más bien una forma de sensibilidad que un credo político dado, y, con el agotamiento del cristianismo, no se puede descartar que pueda florecer de nuevo en Europa, señala como una de sus ideas esenciales el señor Sunic.


Marx, Moisés y los Paganos
en la Ciudad Secularizada
por Tomislav Sunic, 1995


     Con la conversión del Emperador romano Constantino al cristianismo, el período de la Europa pagana llegaría a su fin. Durante el milenio siguiente todo el continente europeo seria sometido a la influencia del Evangelio, a veces por la persuasión pacifica, o frecuentemente por medio de la conversión forzada. Aquellos que previamente eran los perseguidos en la antigua Roma, se convirtieron a su vez en los perseguidores en la Roma cristiana. Aquellos que anteriormente se quejaban de su suerte bajo Nerón, Diocleciano o Calígula, no dudaron en emplear la violencia "creativa" contra los paganos infieles. Aunque nominalmente la violencia estaba prohibida por los textos cristianos, fue plenamente utilizada contra aquellos que no entraban en la categoría de "hijos elegidos" de Dios. Durante el reinado de Constantino la persecución contra los paganos tomó proporciones «similares a aquellas con las que las viejas religiones habían perseguido anteriormente al nuevo culto, pero con un espíritu aún más feroz». Mediante el edicto del año 346 a.C., seguido diez años después por el edicto de Milán, los templos paganos y el culto a las deidades paganas fueron estigmatizados como magnum crimen. La pena de muerte fue infligida a todos aquellos que eran encontrados participando en los antiguos sacrificios o rindiéndole culto a los ídolos paganos. "Con Teodosio, la administración se embarcó en un esfuerzo sistemático por abolir las varias formas supervivientes del paganismo por medio de la desestabilización, la supresión de las subvenciones y la proscripción de los cultos supervivientes" [1]. El periodo del oscurantismo comenzaba.

     La violencia cristiana y entre cristianos, ad majorem dei gloriam, no cesó sino hasta el comienzo del siglo XVIII. Junto a las catedrales góticas de asombrosa belleza, las autoridades cristianas elevaron sus hogueras que consumieron a miles de personas. Mirando hacia atrás, la intolerancia cristiana contra los herejes, judíos y paganos puede ser comparada a la intolerancia bolchevique contra los enemigos de clase en Rusia y en Europa Oriental, pero con una diferencia: la cristiana duró muchísimo más tiempo. Durante el crepúsculo de la Roma imperial el fanatismo cristiano hizo que el filósofo pagano Celso escribiese: «Ellos (los cristianos) no argumentan sobre lo que creen —ellos siempre se esconden detrás de su: "No examines, sino que cree"». La obediencia, la oración y la ausencia del pensamiento crítico eran considerados por los cristianos como las herramientas más indicadas para lograr la felicidad eterna. Celso describió a los cristianos como individuos inclinados al sectarismo y a un modo de pensar primitivo, y que, además, mostraban un notable desdén hacia la vida [2]. Un tono similar contra los cristianos fue usado por Friedrich Nietzsche en el siglo XIX, quien, en su virulento estilo, describió a los cristianos como individuos capaces de manifestar odio hacia sí mismos y hacia los demás, es decir, "odio hacia aquellos que piensan diferente, y una voluntad de persecución" [3]. Indudablemente, los primeros cristianos debieron verdaderamente haber creído que el fin de la Historia se acercaba, y, con su optimismo histórico y su violencia contra los "infieles", probablemente merecen el nombre de bolcheviques de la Antigüedad.

     Como ha sido sugerido por muchos autores, la caída del Imperio romano no se produjo solamente por las invasiones bárbaras sino porque Roma ya estaba "arruinada en su interior por la acción de las sectas cristianas, los objetores de conciencia, los enemigos del culto oficial, los perseguidos, los perseguidores, los elementos criminales de toda clase, y el caos general". Paradójicamente, el mismo dios judío Yahvé experimentaría un triste destino: "él sería convertido, se volvería romano, cosmopolita, ecuménico, no-judío, goy, mundialista, y finalmente anti-semita" [4]. No es sorprendente que en los siglos posteriores las iglesias cristianas en Europa hayan tenido dificultades para conciliar su vocación universalista con el aumento del extremismo nacionalista.


Vestigios Paganos en la Ciudad Secularizada

     Aunque el cristianismo removió gradualmente los últimos vestigios del politeísmo romano, también se estableció como el heredero legitimo de Roma. En efecto, el cristianismo no pudo suprimir totalmente al paganismo. Heredó de Roma muchos de los rasgos que previamente había considerado anticristianos. Los cultos paganos oficiales habían muerto, pero el espíritu pagano permanecía indomable, y por siglos continuó resurgiendo bajo formas sorprendentes y de múltiples maneras: durante el período del Renacimiento, durante el Romanticismo, antes de la Segunda Guerra Mundial, y hoy, cuando las iglesias cristianas reconocen que sus secularizados rebaños están alejándose de sus pastores. Finalmente, el folklore étnico parece representar un claro ejemplo de la supervivencia del paganismo, aunque en la ciudad secularizada ha sido reducido en gran medida a un producto perecible del arte culinario o a una atracción turística [5]. Con el paso de los siglos, el folklore étnico ha sido sometido a transformaciones, adaptaciones, y a las exigencias y limitaciones de su época; sin embargo, ha continuado transmitiendo su arquetipo original de mito tribal fundador. Así como el paganismo siempre fue más fuerte en los pueblos, el folklore ha sido tradicionalmente mejor protegido por las clases campesinas en Europa. A principios del siglo XIX el folklore comenzó a jugar un papel decisivo en la formación de la conciencia nacional de los pueblos europeos, es decir, "en una comunidad orgullosa de tener sus propios orígenes, y basada en una historia que ha menudo es reconstruída como real" [6].

     El contenido pagano fue suprimido, pero la estructura pagana permaneció igual. Bajo el manto y la aureola de los santos cristianos, el cristianismo pronto creó su propio panteón de deidades. Más aún, el propio mensaje de Cristo adquirió un significado particular dependiendo del lugar, la época histórica y el genio local de cada pueblo europeo. En Portugal el catolicismo no se manifiesta de la misma forma que en Mozambique; y los polacos rurales continúan venerando a las numerosas antiguas deidades eslavas que están estrechamente incorporadas en la liturgia católica romana. En toda la Europa contemporánea la impronta indeleble de las creencias politeístas es poderosa. La celebración de la Navidad representa uno de los ejemplos más llamativos de la tenacidad de los vestigios paganos [7]. Además, muchos templos paganos antiguos y lugares de culto han sido convertidos en lugares sagrados de la Iglesia Católica. Lourdes en Francia, Medjugorje en Croacia, los ríos o montañas sagradas, ¿no son la indicación de la huella de la Europa pagana pre-cristiana?. El culto de la Diosa Madre, alguna vez practicado intensamente por los celtas, particularmente cerca de los ríos, aún puede ser observado hoy en Francia donde numerosas pequeñas capillas están construídas junto a manantiales y fuentes [8]. Y finalmente, ¿quién podría discutir el hecho de que todos somos los hijos espirituales de los griegos y latinos paganos?. Pensadores como Virgilio, Tácito y Heráclito son tan modernos hoy como lo eran en los albores de la civilización europea.


Paganos Conservadores Modernos

     Hay numerosas indicios de que la sensibilidad pagana puede florecer en las ciencias sociales, la literatura y las artes, no sólo como una forma de narrativa exótica sino también como una estructura mental y un instrumento de análisis conceptual. Numerosos nombres nos vienen a la mente cuando hablamos de la renovación del politeísmo indoeuropeo. En la primera mitad del siglo XX los pensadores paganos aparecieron bajo la máscara de aquellos que se denominaban "conservadores revolucionarios", "nihilistas aristocráticos", "elitistas"; en definitiva, todos aquellos que no deseaban sustituír a Jesús con Marx, sino que rechazaban a la vez a Marx y a Jesús [9]. Friedrich Nietzsche y Martin Heidegger en filosofía, Carl Gustav Jung en psicología, Georges Dumézil y Mircea Eliade en antropología, Vilfredo Pareto y Oswald Spengler en ciencia política, sin mencionar a docenas de poetas como Ezra Pound o Charles Baudelaire, son algunos de los nombres que pueden ser asociados a la herencia del conservadurismo pagano. Todos esos individuos tenían en común la voluntad de superar el legado de la Europa cristiana, y todos ellos deseaban incluír en su bagaje espiritual el mundo de los celtas, eslavos y germanos pre-cristianos.

     En una época que está pesadamente cargada con el mensaje bíblico, muchos pensadores paganos modernos, a causa de su critica al monoteísmo bíblico, han sido atacados y estigmatizados o como ateos impenitentes o como abanderados espirituales del fascismo. Particularmente Nietzsche, Heidegger, y en tiempos recientes, Alain de Benoist, han sido atacados por presuntamente haberse casado con una filosofía que, para sus detractores contemporáneos, recuerda a los primeros intentos nacionalsocialistas de "des-cristianizar" y "re-paganizar" a Alemania [10]. Esos ataques parecen injustificados. Jean Markale observa: "Se podrá afirmar que el nacionalsocialismo y el estalinismo han sido religiones a causa de los actos que han causado. Han sido religiones en la medida en que bajo dichos fenómenos subyace un cierto evangelio, en el sentido etimológico de la palabra... Un verdadero paganismo no puede estar orientado sino al plano de la sublimación. No puede estar al servicio del poder temporal" [11]. El paganismo parece más bien una forma de sensibilidad que un credo político dado, y, con el agotamiento del cristianismo, no se puede descartar que pueda florecer de nuevo en Europa.


El Paganismo contra el Desierto Monoteísta

     Dos mil años de monoteísmo judeo-cristiano han dejado su huella en la civilización occidental. En vista de esto, no debería sorprender que la glorificación del paganismo, así como la critica de la Biblia y de la ética judeo-cristiana —especialmente cuando vienen de la derecha del espectro de la sociedad— tengan pocas opciones de ganar popularidad en la ciudad secularizada. Es suficiente con observar a la sociedad estadounidense, donde los ataques contra los principios judeo-cristianos son mirados a menudo con sospecha, y donde la Biblia y el mito bíblico del "pueblo elegido" de Dios aún juegan un importante rol en el dogma constitucional estadounidense [12]. Aunque ahora la ciudad secularizada es indiferente a la teología judeo-cristiana, los principios que derivan de la ética judeo-cristiana tales como la "paz", el "amor" y la "fraternidad universal", muestran todavía signos de buena salud. En la ciudad secularizada, numerosos pensadores liberales y socialistas, pese a haber abandonado la creencia en la teología judeo-cristiana, no han juzgado prudente abandonar la ética enseñada por la Biblia.

     Independientemente de lo que se pueda pensar sobre la connotación aparentemente obsoleta, peligrosa, o incluso despectiva del término "paganismo europeo", es importante señalar que esta connotación se debe principalmente a la influencia histórica y política del cristianismo. Etimológicamente, el paganismo está relacionado con las creencias y rituales que estaban en uso en las villas y campos europeos. Pero el paganismo, en su versión moderna, puede sugerir también una cierta sensibilidad y un cierto "modo de vida" que permanece irreconciliable con el monoteísmo judeo-cristiano. En cierta medida, los pueblos europeos continúan siendo "paganos", porque su memoria nacional, sus raíces geográficas, y, sobre todo, sus lealtades étnicas —que a menudo contienen alusiones a mitos antiguos, cuentos y formas de folklore— tienen marcas particulares de temas pre-cristianos. El mismo resurgimiento moderno del separatismo y el regionalismo en Europa aparece como una consecuencia de los vestigios paganos. Como observa Markale, "La dictadura de la ideología cristiana no ha sofocado los valores antiguos; ella sólo los ha confinado a las tinieblas del inconsciente" [13]. El cristianismo ha sido uno de los principales proveedores del imperialismo, el colonialismo y el racismo en el Tercer Mundo [14].

     En la ciudad laica moderna, la influencia secular y generalizada del cristianismo ha contribuído significativamente a la idea de que toda la glorificación del paganismo, o, de otro modo, la nostalgia del ordenamiento greco-romano, es francamente extraña, o mejor aún, irreconciliable con la sociedad contemporánea. Sin embargo, recientemente Thomas Molnar, un filósofo católico que parece tener simpatías por el renacimiento cultural del paganismo, ha remarcado que los adherentes modernos del neopaganismo son más ambiciosos que sus predecesores. Molnar escribe que el objetivo del resurgimiento pagano no necesariamente significa un retorno al culto de las antiguas deidades europeas sino que expresa más bien la necesidad de forjar otra civilización, o, mejor aún, una versión modernizada del "helenismo científico y cultural" que alguna vez fue una referencia común para todos los pueblos europeos. Y con simpatía visible por los esfuerzos politeístas de ciertos conservadores paganos modernos, Molnar agrega: "El asunto no es conquistar el planeta sino promover una universalidad (ecúmene) de pueblos y civilizaciones que han descubierto de nuevo sus orígenes. Se puede suponer que el predominio de ideologías apátridas, particularmente las ideologías del liberalismo estadounidense y del socialismo soviético, llegará a su fin. Creemos en un paganismo rehabilitado con el objetivo de devolver a los pueblos su verdadera identidad que existió antes de la corrupción monoteísta" [15].

     Un punto de vista tan cándido de parte de un católico puede también aportar alguna aclaración sobre la magnitud de la desilusión entre los cristianos en sus ciudades secularizadas. El mundo secularizado lleno de abundancia y de riquezas no parece haber satisfecho las necesidades espirituales del Hombre. ¿O cómo explicar que miles de jóvenes europeos y estadounidenses prefieran viajar a los paganos ashrams de la India más bien que a sus propios sitios sagrados oscurecidos por el monoteísmo judeo-cristiano?.

     Deseosos de disipar el mito del "anacronismo" pagano, y en un esfuerzo por redefinir el paganismo europeo según el espíritu de los tiempos modernos, los protagonistas contemporáneos del paganismo han hecho un gran esfuerzo para presentar su significación de una manera más atractiva y más académica. Una de sus figuras más prominentes, Alain de Benoist, resume el significado moderno del paganismo con las siguientes palabras:

     «El neopaganismo, si existe tal cosa, no es un fenómeno de secta, como se lo imaginan no sólo sus adversarios sino también los grupos y camarillas a veces bien intencionados, a veces torpes, a menudo involuntariamente cómicos y perfectamente marginales... Lo que nos parece que debe temerse hoy, al menos bajo la idea que tenemos, no es tanto la desaparición del paganismo sino su resurgimiento bajo formas primitivas o pueriles, relacionadas con esa "segunda religiosidad" que Spengler determinaba, merecidamente, como uno de los rasgos característicos de las culturas en decadencia y de la cual Julius Évola escribió que "corresponde generalmente a un fenómeno de evasión, de alienación, de compensación confusa, sin ninguna repercusión seria sobre la realidad"» [16].

     El paganismo, en tanto que profusión de cultos y sectas extraños, no es lo que los pensadores paganos modernos tienen en mente. Hace un siglo, el filósofo pagano Friedrich Nietzsche ya había observado en El Anticristo que cuando una nación se vuelve demasiado degenerada o desarraigada, ella debe poner su energía en las diversas formas de cultos orientales, y simultáneamente "ella debe cambiar a su propio dios" (979). Hoy en día las palabras de Nietzsche suenan de una manera más profética que nunca. Bajo la influencia de la decadencia y del hedonismo desatado, las masas de la ciudad secularizada buscan su evasión sustituta en los gurúes de la India o entre una multitud de profetas orientales. Pero más allá de esta apariencia de transcendencia, y detrás del auto-odio de los occcidentales, acompañado de un enamoramiento pueril por las mascotas orientales, hay más que sólo un cansancio pasajero por el monoteísmo cristiano. Cuando los cultos modernos se ven tentados por el descubrimiento de un paganismo pervertido, también podrían estar en busca de lo sagrado que ha devenido subterráneo a causa del discurso judeo-cristiano dominante.


Del Desierto Monoteísta a la Antropología Comunista

     El monoteísmo ¿ha introducido en Europa una "antropología" responsable de la expansión de la sociedad igualitaria de masas y del auge del totalitarismo, como ciertos pensadores paganos parecen sugerir?. Algunos autores parecen sostener esta tesis, afirmando que las raíces de la tiranía no se encuentran en Atenas o en Esparta sino que por el contrario ellas pueden ser encontradas en Jerusalén. En un dialogo con Molnar, Benoist sugiere que el monoteísmo afirma la idea de una sola verdad absoluta; es un sistema donde la idea del enemigo está asociada con el mal, y donde el enemigo debe ser físicamente exterminado (cf. Deuteronomio 13). En resumen, observa Benoist, el universalismo judeo-cristiano hace dos mil años preparó la escena para el surgimiento de las aberraciones igualitarias modernas y sus retoños secularizados modernos, incluyendo al comunismo.

     «Que existen regímenes totalitarios "sin dios" es un hecho evidente, por ejemplo, la Unión Soviética. Esos regímenes, sin embargo, son los "herederos" del pensamiento cristiano, en el sentido en que Carl Schmitt ha demostrado que la mayoría de los principios políticos modernos son los principios teológicos secularizados. Ellos han traído a la Tierra una estructura de exclusión; la policía del alma cede su lugar a la policía del Estado; las guerras ideológicas suceden a las guerras religiosas» [17].

     Observaciones similares han sido hechas antes por el filósofo Louis Rougier y el politólogo Vilfredo Pareto, que representan la "vieja guardia" de pensadores paganos cuyas investigaciones filosóficas estuvieron dirigidas a la rehabilitación del politeísmo político europeo. Rougier y Pareto concuerdan en que el judaísmo y su forma pervertida, el cristianismo, introdujeron en la estructura conceptual europea un tipo extranjero de razonamiento que lleva a deseos piadosos, al utopismo, y a divagaciones sobre un futuro estático [18]. En forma similar a los marxistas de hoy en día, la creencia de los primeros cristianos en el igualitarismo hubo de tener un impacto formidable sobre las masas desfavorecidas del Norte de África y de Roma, en la medida en que ella prometía la igualdad para los "desdichados de la tierra", para los antisociales y para todos los proletarios del mundo.

     Hablando de los proto-comunistas cristianos, Rougier recuerda que el cristianismo estuvo desde el principio bajo la influencia del dualismo iranio y de las visiones escatológicas de los Apocalipsis judíos. Del mismo modo, los judíos, y más tarde los cristianos, adoptarían la creencia según la cual los buenos que actualmente sufren serían recompensados en el futuro. En la ciudad secularizada, el mismo tema fue incorporado más tarde en las doctrinas socialistas modernas que prometen un paraíso laico. "Hay dos imperios yuxtapuestos en el espacio", escribe Rougier, "uno gobernado por Dios y sus ángeles, el otro por Satán y Belial". Las consecuencias de esta visión del mundo en gran medida dualista conducen, después de un cierto tiempo, a la actitud cristiano-marxista de ver a sus enemigos como siempre equivocados, y de verse a sí mismos como teniendo siempre razón. Para Rougier la intolerancia greco-romana no pudo tomar jamás esas proporciones totales y absolutas de la exclusión religiosa; la intolerancia contra los cristianos, los judíos y otras sectas fue esporádica y referida a ciertas costumbres religiosas juzgadas como contrarias a la ley consuetudinaria romana (como la circuncisión, los sacrificios humanos, y las orgías sexuales y religiosas) [19].

     Al cortar las raíces europeas politeístas, y al aceptar el cristianismo, los europeos gradualmente comenzaron a adherir a una cosmovisión que enfatizaba la igualdad de las almas y la necesidad de anunciar el evangelio de Dios a todos los pueblos, sin distinción de creencia, raza o lenguaje (Gálatas 3:28). En el transcurso de los siglos siguientes, estos ciclos igualitarios, bajo formas secularizadas, entraron en la conciencia de los occidentales, y luego en la de la Humanidad entera. Alain de Benoist escribe:

     "En concordancia con el proceso clásico de desarrollo y de la degradación de los ciclos, el tema igualitario ha pasado en nuestra cultura desde su condición de mito (la igualdad ante Dios) al estadio de ideología (la igualdad entre todos); luego de ello, pasó al estadio de "pretensión científica" (afirmación del hecho igualitario). En suma, del cristianismo a la democracia, y luego al socialismo y al marxismo. El más serio reproche que se puede formular contra el cristianismo es que inauguró el ciclo igualitario e introdujo en el pensamiento europeo una antropología revolucionaria, de carácter universalista y totalitario" [20].

     Se podría decir probablemente que el monoteísmo judeo-cristiano, en la medida en que implica universalismo e igualitarismo, sugiere también el exclusivismo religioso que emana directamente de la creencia en una verdad indiscutible. La creencia cristiana en la unidad teológica —por ejemplo, que no existe sino un solo dios, y por ende una sola verdad— naturalmente ha conducido, a lo largo de los siglos, a la tentación cristiana de suprimir o reducir todas las otras verdades y valores. Se puede decir que cuando una secta proclama que su religión es la llave para el misterio del universo, y además esta secta pretende tener aspiraciones universales, surgirá la creencia en la igualdad y en la supresión de todas las diferencias humanas. De igual modo, la intolerancia cristiana contra los "infieles" puede ser justificada siempre como una respuesta legítima contra aquellos que se han alejado de la creencia en la "verdad" de Yahvé. De aquí deriva el concepto de la "falsa humildad" cristiana hacia las otras confesiones, un concepto que es particularmente evidente en la actitud cristiana hacia los judíos. Aunque casi idénticos en su culto a un solo dios, los cristianos no pudieron aceptar jamás el hecho de que ellos también debían veneran a la deidad de aquellos a quienes aborrecieron ante todo como un pueblo deicida. Más aún, mientras que el cristianismo siempre ha sido una religión universalista, accesible a no importa quién en el mundo, el judaísmo ha permanecido como la religión étnica de sólo el pueblo judío [21]. Como señala Benoist, el judaísmo aprueba su propio nacionalismo, por oposición al nacionalismo de los cristianos, que es constantemente desmentido por los principios universalistas de éstos. En vista de esto, el "anti-judaísmo cristiano", escribe Benoist, "puede con justa razón ser descrito como una neurosis". ¿Podría ser que la desaparición definitiva del anti-judaísmo, así como del virulento odio inter-étnico, presuponga primero la negación de la creencia cristiana en el universalismo?.


La Noción Pagana de lo Sagrado

     A los críticos que sostienen que el politeísmo es una cosa del espíritu prehistórico y primitivo, incompatible con las sociedades modernas, se les podría responder que el paganismo no necesariamente es un retorno a un "paraíso perdido" o una nostalgia por la restauración del ordenamiento greco-romano. Para los paganos conservadores, declarar lealtad al "paganismo" significa reanimar los orígenes históricos de Europa, así como revivir ciertos aspectos sagrados de la vida que existieron en Europa antes del surgimiento del cristianismo. Se podría también agregar que, en lo que concierne a la pretendida supremacía o modernidad del judeo-cristianismo frente al "anacronismo" del politeísmo indoeuropeo, las religiones judeo-cristianas, en términos de modernidad, no son menos atrasadas que las religiones paganas. Sobre este punto, Benoist escribe:

     «Del mismo modo que se dio antaño el espectáculo grotesco de la denuncia de los "ídolos paganos" por misioneros cristianos adoradores de sus propios amuletos, hoy es algo cómico ver denunciar el "pasado" (europeo) por aquellos que no cesan de alabar la continuidad judeo-cristiana y de reenviarnos al ejemplo "siempre actual" de Abraham, Jacob, Isaac y otros beduinos protohistóricos» [22].

     Según ciertos pensadores paganos, la racionalización judeo-cristiana del tiempo histórico ha impedido la proyección de los pasados nacionales y, al hacer eso, ha contribuído de una manera significativa a la "desertificación" del mundo. En el siglo XIX Ernest Renán observó que el judaísmo no conocía la noción de lo sagrado, porque "el desierto mismo es monoteísta" [23]. De manera similar, Alain de Benoist en L'Éclipse du Sacré, citando a Harvey Cox en The Secular City, escribe que la pérdida de lo sagrado, que causa hoy el "des-encantamiento" de la sociedad moderna, no es sino la consecuencia legítima de la renuncia bíblica a la Historia. Primero, el desencantamiento de la Naturaleza comenzó con la Creación; la desacralización de la política, con el Éxodo; y la desacralización de los valores, con la Alianza en el Sinaí, especialmente después de la interdicción de los ídolos (p. 129). Continuando con análisis similares, Mircea Eliade, un autor influído por el mundo pagano, agrega que el resentimiento judaico contra la idolatría pagana deriva del carácter ultra-racional de las leyes mosaicas que racionalizan todos los aspectos de la vida por medio de una miríada de prescripciones, leyes e interdicciones:

     "La desacralización de la Naturaleza, la devaluación de la actividad cultural, en suma, el rechazo violento y total de la religión cósmica, y sobre todo la importancia decisiva conferida a la regeneración espiritual por medio del retorno cierto de Yahvé, fue la respuesta de los profetas a las crisis históricas que amenazaban a los dos reinos judíos" [24].

     Algunos podrían objetar que el catolicismo tiene su propia forma de lo sagrado y que, a diferencia de ciertas otras formas de creencias judeo-cristianas, desarrolla su propia trascendencia espiritual. Pero hay razones para creer que el concepto católico de lo sagrado no emergió como algo sui generis sino más bien como un sustrato de la amalgama entre cristianismo y paganismo. Como remarca Benoist, el catolicismo debe su manifestación de lo sagrado (lugares santos, peregrinaciones, fiestas de Navidad, y el panteón de los santos) a la indomable corriente subterránea de la sensibilidad pagana y politeísta. Parece por lo tanto que el resurgimiento pagano representa hoy menos una religión normativa, en el sentido cristiano de la palabra, que una cierta herramienta espiritual que se encuentra en oposición a la religión de los judíos y de los cristianos. En consecuencia, como algunos pensadores paganos sugieren, el posible reemplazo de la visión monoteísta del mundo por la cosmovisión politeísta no significa solamente el "retorno de los dioses" sino también el retorno de la pluralidad de valores sociales.

     El coraje, el honor personal y la superación física y espiritual, son citados a menudo como las virtudes más importantes del paganismo. Contrariamente al optimismo utópico cristiano y marxista, el paganismo pone el acento sobre el sentido de lo trágico, lo trágico —como aparece en las tragedias griegas— que sostiene al hombre en sus pruebas prometeicas y que hace que su vida sea digna de ser vivida [25]. Es el sentido pagano de lo trágico el que puede explicar el destino del Hombre, el destino que para los antiguos indoeuropeos "impulsaba a la acción, al esfuerzo, y la superación de sí mismo" [26]. Hans Günther resume este aspecto con las siguientes palabras:

     «La religiosidad indoeuropea no se deriva de ningún tipo de miedo, ya sea el temor a la deidad o el temor a la muerte. Las palabras de un poeta romano del Bajo Imperio que señalan que el miedo fue antaño la matriz de los dioses (Publio P. Estacio, Thebais III, 661: primus in orbe fecit deos timor), no revelan de ninguna manera la sensibilidad religiosa indoeuropea. El "temor al Señor" (Proverbios 9:10; Salmo 111:30) no ha constituído jamás el comienzo de la sabiduría o de la fe en los países donde se ha desplegado libremente la religiosidad indoeuropea» [27].

     Algunos han sugerido que las más grandes civilizaciones son aquellas que han mostrado un fuerte sentido de lo trágico y que no han tenido ningún miedo a la muerte [28]. En el concepto pagano de lo trágico, el hombre es animado a asumir su responsabilidad ante la Historia, porque el hombre es el único que le da un sentido a ésta. Comentando la obra de Nietzsche, Giorgio Locchi escribe que en la cosmogonía pagana, sólo el hombre es considerado como el forjador de su propio destino (faber suae fortunae), exento de determinismos bíblicos o históricos, de "gracia divina", o de apremios económicos y materiales [29]. El paganismo pone el acento sobre una actitud heroica frente a la vida, contrariamente a la actitud cristiana de la culpabilidad y el miedo frente a la vida. Sigrid Hunke habla de una esencialización de la vida, ya que la vida y la muerte tienen la misma esencia y no están jamás separadas. La vida, que en todo momento es un cara a cara con la muerte, hace el futuro permanente a cada instante, y la vida se vuelve eterna al adquirir una profundidad insondable, y asume un valor de eternidad.

     Para Hunke, junto a otros autores de sensibilidad pagana, para restaurar esas virtudes paganas en la ciudad secularizada, el hombre debe en primer lugar abandonar la lógica dualista de la exclusión religiosa y social, "una lógica que ha sido responsable de extremismos que oponen no solamente a los individuos sino también a partidos y pueblos, y que, desde Europa, ha difundido por el mundo este corte dualista que ha adquirido proporciones planetarias" [30]. Para lograr este ambicioso objetivo, el hombre occidental debe primero repensar el sentido de la Historia.


El Terror a la Historia

     Los paganos modernos nos recuerdan que el monoteísmo judeo-cristiano ha alterado sustancialmente la actitud del hombre con respecto a la Historia. Al asignarle a la Historia un objetivo específico, el judeo-cristianismo ha devaluado todos los eventos pasados, salvo aquellos que muestran el signo de la teofanía de Yahvé. Indudablemente, Yahvé admite que el hombre puede tener una historia, pero sólo en la medida en que la Historia está dotada de un objetivo asignado, un objetivo determinado y especifico. Sin embargo, si el hombre continúa aferrándose a un concepto de la Historia que evoca la memoria colectiva de su tribu o de su pueblo, corre el riesgo de provocar la cólera de Yahvé. Para los judíos, los cristianos y los marxistas, la historicidad no es la esencia verdadera del Hombre; su esencia verdadera está más allá de la Historia. Se puede observar que el concepto judeo-cristiano del fin de la Historia concuerda muy bien con las doctrinas igualitarias y pacifistas que se inspiran, aunque inconscientemente, en el proverbio bíblico: "El lobo morará con el cordero, y el leopardo se acostará con el cabrito" (Isaías 11:6). Benoist nota en L'Éclipse du Sacré que, a diferencia del concepto pagano de la Historia que implica una solidaridad orgánica y lazos comunitarios, el concepto monoteísta de la Historia crea divisiones. Del mismo modo, Yahvé debe prohibir las "mezclas" entre el presente y el pasado, entre el hombre y lo divino, entre Israel y los goyim [31]. Los cristianos, por supuesto, rechazarán el exclusivismo judío —como su proselitismo religioso secular lo demuestra ampliamente—, pero ellos conservaron sin embargo su propia marca de exclusivismo contra los musulmanes "infieles", los paganos y otros "falsos creyentes".

     Contrariamente al dogma judeo-cristiano que afirma que el tiempo histórico parte de un padre único, en el paganismo europeo no hay trazos de un comienzo del tiempo; al contrario, el tiempo histórico es visto como un perpetuo recomenzar, el "eterno retorno" que emana de padres múltiples y diferentes. En la cosmogonía pagana, como escribe Benoist, el tiempo es el reflejo de una concepción de la Historia no-lineal o esférica, una concepción en la que el pasado, el presente y el futuro no son percibidos como porciones del tiempo cósmico irrevocablemente separados unos de otros, o siguiéndose uno a otro sobre una misma línea. Por el contrario, el presente, el pasado, y el futuro son percibidos como dimensiones de la realidad (L'Éclipse du Sacré, p. 131). En la cosmogonía pagana, incumbe a cada pueblo asignarse a sí mismo un rol en la Historia, lo que significa en la práctica que no puede haber un pueblo auto-designado ocupando el escenario central de la Historia. Igualmente es erróneo hablar de la existencia de una verdad única, y es igualmente falso mantener que toda la Humanidad debe seguir una misma y única dirección histórica, como la que ha sido propuesta por el universalismo judeo-cristiano y su retoño secular de la "democracia mundial".

     El concepto judeo-cristiano de la Historia sugiere que el flujo del tiempo histórico es monolineal y por lo tanto limitado por su significación y su sentido. En lo sucesivo, para los judíos y los cristianos la Historia no puede ser aprehendida sino como una totalidad gobernada por un sentido de un fin último y del cumplimiento de la Historia. La Historia para los judíos y para los cristianos aparece en el mejor de los casos como un paréntesis, y en el peor, como un episodio detestable o un "valle de lágrimas" temporal, que debe ser uno de estos días borrado de la Tierra y transcendido por el paraíso.

     Además, el monoteísmo judeo-cristiano excluye la posibilidad de un retorno o de un nuevo comienzo histórico; la Historia debe desarrollarse de una manera predeterminada dirigiéndose hacia una meta final. En la moderna ciudad secularizada la idea de la finalidad cristiana será transpuesta en el mito de una sociedad final "sin clases", o de una sociedad consumista liberal apolítica y a-histórica. Así es cómo Benoist la ve en L'Éclipse du Sacré:

     «La legitimación del futuro que reemplaza a la legitimación de los tiempos inmemoriales autoriza todos los desarraigos, todas las emancipaciones con respecto a la adhesión hacia su forma original. Como por azar, este futuro utópico que reemplaza a un pasado mítico es siempre generador de engaños, porque lo que anuncia como mejor debe ser constantemente pospuesto para una fecha ulterior. La temporalidad ya no es más un elemento fundador del despliegue del ser que intenta asumir el reto del mundo: la temporalidad es buscada con una finalidad y conseguida para un propósito; es una espera y ya no una comunión. Someter globalmente el devenir histórico a un significado obligatorio significa, en efecto, encerrar la Historia en el reino de la objetividad, que reduce las opciones, las orientaciones y los proyectos» (págs. 155-156).

     Sólo el futuro puede permitirle a los judíos y a los cristianos "rectificar" el pasado. Sólo el futuro asume el valor de redención. En lo sucesivo, el tiempo histórico ya no es reversible para los judíos y los cristianos; a partir de ahora cada acontecimiento histórico adquiere el sentido de la providencia divina, del "dedo de Dios" o de una teofanía. En la ciudad secularizada esta línea de pensamiento monolineal ha dado nacimiento a la "religión" del progreso y a la creencia en el crecimiento económico ilimitado. ¿No recibió Moisés las Leyes en un cierto lugar y en un cierto momento, y más tarde no predicó Jesús, no hizo milagros y no fue crucificado en un momento y un lugar específicamente señalados?. Para los comunistas, ¿no comienza el fin de la Historia con la revolución bolchevique, y para los liberales, con el siglo estadounidense?. Esas intervenciones "divinas" en la historia humana nunca deben repetirse. Eliade resume este aspecto de la siguiente manera:

     «Bajo la "presión de la Historia" y apoyada por la experiencia profética y mesiánica, una nueva interpretación de los acontecimientos históricos apareció entre los hijos de Israel. Sin renunciar finalmente al concepto tradicional de los arquetipos y las repeticiones, Israel intenta "salvar" los acontecimientos históricos considerándolos como presencias activas de Yahvé... El mesianismo les da un nuevo valor, especialmente al abolir su posibilidad de repetición ad infinitum. Cuando el Mesías venga, el mundo será salvado de una vez por todas y la Historia dejará de existir» [31].

     Directamente ordenada por la voluntad de Yahvé, la Historia funciona en adelante como una serie de acontecimientos irrevocables e irreversibles. La Historia no sólo es rechazada sino también combatida. Pierre Chaunu, un historiador francés contemporáneo, observa que "el rechazo de la Historia es una tentación de las civilizaciones que han surgido del judeo-cristianismo" [32]. De una manera similar, Michel Maffesoli escribe que el totalitarismo sobreviene en los países que son hostiles a la Historia, y agrega: "Estamos entrando ahora en el reino de la finalidad propicio a la escatología, cuyo resultado es el judeo-cristianismo y sus formas profanas, el liberalismo y el marxismo" [33].

     Las observaciones precedentes necesitan algunos comentarios. Pero si se acepta la idea del final de la Historia, como la proponen los monoteístas, los marxistas y los liberales, ¿en qué medida pueden ser explicados los sufrimientos históricos?. ¿Cómo es posible, desde un punto de vista liberal o marxista, "redimir" las opresiones pasadas, los sufrimientos colectivos, las deportaciones y las humillaciones que han llenado la Historia?. Es suficiente decir que este enigma sólo resalta la dificultad con respecto al concepto de la justicia distributiva en la ciudad secularizada igualitaria. Si una sociedad verdaderamente igualitaria emerge milagrosamente, ella será inevitablemente una sociedad de elegidos, de aquellos que, como lo ha recalcado Eliade, han conseguido escapar de la presión de la Historia simplemente por haber nacido en el momento adecuado, en el lugar adecuado y en el país correcto. Paul Tillich señaló, hace algún tiempo, que tal igualdad entrañaría una inmensa desigualdad histórica, ya que ella excluiría a aquellos que, durante su tiempo de vida, han vivido en una sociedad desigual, o, para tomar las palabras de Arthur Koestler, que perecieron con un "encogimiento de hombros de la eternidad" [34]. Estos comentarios de Koestler y Eliade ilustran las dificultades de las ideologías salvacionistas modernas que intentan "detener" el tiempo y crear un paraíso secularizado. ¿No seria mejor, en tiempos de grandes crisis, considerar la noción pagana de la Historia cíclica?. Este parece ser el caso de ciertos pueblos de Europa del Este que, en tiempos de crisis o de catástrofes, han recurrido a menudo al folklore y a los mitos populares que les ayudan, de una manera casi catártica, a aceptar mejor su triste situación. Locchi escribe:

     "Un nuevo comienzo de la Historia es posible. No existe la verdad histórica. Si la verdad histórica existiese verdaderamente, entonces no habría Historia. La verdad histórica debe siempre ser encontrada sin cesar; ella debe siempre ser transformada en acción. Y para nosotros, éste es exactamente el sentido de la Historia" [35].

     Podríamos concluír que para los cristianos es Cristo quien define el valor de un ser humano; para un judío es el judaísmo lo que calibra la "elección" de alguien, y para Marx no es la cualidad del hombre lo que define la clase sino más bien la cualidad de la clase lo que define al hombre. Así, uno se vuelve "elegido" en virtud de su afiliación a una clase o a una creencia religiosa.


Paganos o Monoteístas: ¿Quién Es Más Tolerante?

     Como hemos observado, Yahvé, al igual que sus futuros sucesores seculares, en el rol del único creador de la verdad, se opone a la presencia de otros dioses y otros valores. Como un reduccionista, todo lo que existe fuera de su rebaño debe ser castigado y destruído. Se puede observar que en toda la Historia los verdaderos creyentes monoteístas han sido animados, en nombre de verdades históricas "superiores", a castigar a aquellos que se han desviado de la dirección indicada por Yahvé. Walter Scott escribe:

     «En numerosos casos la ley mosaica de las represalias, "ojo por ojo, diente por diente", fue invocada por los israelitas para justificar las atrocidades que ellos habían cometido contra sus enemigos vencidos... La historia de las campañas israelitas muestra que los hebreos habían sido muy a menudo los agresores» [36].

     Así, en el nombre de la verdad histórica, los antiguos hebreos pudieron justificar la masacre de los paganos cananeos, y en el nombre de la revelación cristiana, los Estados cristianos legitimaron las guerras contra los herejes infieles, los judíos y los paganos. En este contexto, sería sin embargo impreciso minimizar la violencia de los paganos. La destrucción de la ciudad de Troya por los griegos y la destrucción de Cartago por los romanos, muestran claramente la naturaleza a menudo absoluta y sangrienta de las guerras conducidas por los antiguos griegos y romanos. Sin embargo, también debe destacarse que encontramos raramente entre los antiguos la actitud auto-satisfecha que acompañaba a las victorias militares cristianas y judías. Los romanos y los griegos intentaron raramente, si es que no jamás, luego de la destrucción militar de sus adversarios, convertirlos a sus propios dioses. Por el contrario, tanto el Evangelio como el Viejo Testamento están sembrados de actos de justicia auto-satisfechos que justificaron a su vez una violencia "redentora" contra los adversarios. Del mismo modo, en la ciudad laica moderna hacer la guerra por la democracia se ha convertido en un medio particularmente odioso de destruír todas las sociedades diferentes que rechazan la "teología" del progreso mundial y que huyen del credo de la "democracia mundial". Para destacar este punto, Pierre Gripari escribe que el judaísmo, el cristianismo y sus retoños seculares, el nacionalsocialismo, el socialismo y el liberalismo, son doctrinas bárbaras que no tienen lugar en el mundo moderno (p. 60).

     Por el contrario, señala Benoist, un sistema que reconoce un número ilimitado de dioses reconoce también la pluralidad de cultos ofrecidos en su honor y, por sobre todo, la pluralidad de las costumbres, sistemas políticos y sociales, y concepciones del mundo donde los dioses son las expresiones sublimes [37]. De aquí que los paganos, los adeptos del politeísmo, están considerablemente menos inclinados a la intolerancia. Su relativa tolerancia se debe principalmente al rechazo de la noción del "tercero excluído" (der ausgeschlossene Dritte), y del dualismo judeo-cristiano.

     Para destacar la tolerancia relativa de los paganos hay que mencionar la actitud de los paganos indoeuropeos hacia sus adversarios durante la confrontación militar. Jean Haudry remarca que para los paganos la guerra era conducida según reglas estrictas: la guerra era declarada según los rituales que primero solicitaban la ayuda de los dioses y pedían su cólera contra el adversario. La conducta en la guerra estaba sujeta a reglas bien definidas, y por consiguiente, "la victoria consistía en romper la resistencia, y no necesariamente en destruír al adversario" (p. 161). En vista del hecho de que el judeo-cristianismo no permite verdades relativas, ni verdades diferentes o contradictorias, adoptará en adelante la política de la guerra total contra sus adversarios. Eliade escribe que "la intolerancia y el fanatismo característicos de los profetas y misioneros de las tres religiones monoteístas, tienen su modelo y justificación en el ejemplo de Yahvé" [38].

     ¿Cómo resurge la intolerancia monoteísta en la ciudad secularizada presuntamente tolerante?. ¿Cuáles son las consecuencias mundanas del monoteísmo judeo-cristiano en nuestra época?. En los sistemas contemporáneos, son los oponentes, los indecisos —es decir, aquellos que no han tomado partido, y aquellos que rechazan las escatológicas políticas modernas— los que se convierten en las víctimas del ostracismo o la persecución, aquellos que hoy en día cuestionan la utilidad de la ideología de los "derechos humanos", del mundialismo o de la igualdad. En suma, aquellos que rechazan el credo liberal y comunista.

     En conclusión, se puede decir que desde el comienzo de su desarrollo el monoteísmo judeo-cristiano se propuso desmitificar y desacralizar el mundo pagano al reemplazar lentamente las antiguas creencias paganas por el reino de la Ley judaica. Durante este proceso de siglos de duración, el cristianismo gradualmente suprimió todos los vestigios paganos que coexistían con él. El actual proceso de desacralización y "des-encantamiento" de la vida y la política parece haberse originado no en el alejamiento fortuito de los europeos del cristianismo, sino más bien en la desaparición gradual de la noción pagana de lo sagrado que coexistió durante mucho tiempo con el cristianismo. La paradoja de nuestro tiempo es que el mundo occidental está saturado de la mentalidad judeo-cristiana en un momento en el que las iglesias y sinagogas están casi vacías.–






NOTAS

[1] Charles Norris Cochrane, Christianity and Classical Culture (New York: Oxford University Press, 1957), 254-55, 329.
[2] T. R. Glover, The Conflict of Religion in the Early Roman Empire (1909; Boston: Beacon, 1960), 242, 254, passim.
[3] Friedrich Nietzsche, Der Antichrist, en Nietzsches Werke (Salzburg/Stuttgart: Verlag "Das Berlgand-Buch", 1952), 983, par. 21.
[4] Pierre Gripari, L’Histoire du Méchant Dieu (Lausanne: L’Age d’Homme, 1987), 101-2.
[5] Michel Marmin, «Les Pièges du Folklore», en La Cause des Peuples (Paris: edición Le Labyrinthe, 1982), 39-44.
[6] Nicole Belmont, Paroles Païennes (Paris: édition Imago, 1986), 160-61.
[7] Alain de Benoist, «Noël», Les Cahiers Européens (Paris: Institut de Documentations et d'Études Européens, 1988).
[8] Jean Markale y otros, «Mythes et Lieux Christianisés», L’Europe Païenne (Paris: Seghers, 1980), 133.
[9] Acerca de los conservadores revolucionarios europeos, vea la obra fundamental de Armin Möhler, Die Konservative Revolution in Deutschland, 1919-1933 (Darmstadt: Wissenschaftliche Buchgesellschaft, 1972). Vea además Tomislav Sunic, Against Democracy and Equality: The European New Right (New York: Peter Lang, 1990).
[10] Vea en particular la obra de Alfred Rosenberg, Der Mythus des 20. Jahrhunderts (München: Hoheneichen Verlag, 1933). Hay que señalar también el nombre de Wilhelm Hauer, Deutscher Gottschau (Stuttgart: Karl Gutbrod, 1934), que popularizó en gran medida la mitología indoeuropea entre los nacionalsocialistas; en las págs. 240-254, Hauer habla de la diferencia entre las creencias semíticas judeo-cristianas y el paganismo europeo.
[11] Jean Markale, «Aujourd’hui, l’Esprit Païen?», en L’Europe Païenne (Paris: Seghers, 1980), 15. El libro contiene estudios sobre el paganismo eslavo, céltico, latino y greco-romano.
[12] Milton Konvitz, Judaism and the American Idea (Ithaca: Cornell University Press, 1978), 71. Jerol S. Auerbach, "Liberalism and the Hebrew Prophets", en Commentary 84:2 (1987):58. Compare con Ben Zion Bokser en "Democratic Aspirations in Talmudic Judaism", en Judaism and Human Rights, ed. Milton Konvitz (New York: Norton, 1972): «El Talmud ordena con gran énfasis que toda persona acusada de violar una ley debe beneficiarse de un justo proceso, y que delante de la ley todos serán escrupulosamente iguales, ya se trate de un rey o de un indigente» (146). Ernst Troeltsch, Die Soziallehren der christlichen Kirchen and Gruppen (1922; Aalen: Scientia Verlag, 1965), 768; también el pasaje "Naturrechtlicher and liberaler Character des freikirchlichen Neucalvinismus" (762-72). Compare con Georg Jellinek, Die Erklärung der Menschen-und Bürgerrechte (Leipzig: Duncker and Humblot, 1904): «La idea de establecer legalmente los derechos inalienables, inherentes y sagrados de los individuos no tiene orígenes políticos sino religiosos» (46). También Werner Sombart, Die Juden and das Wirtschaftsleben (Leipzig: Verlag Duncker and Humblot, 1911): «El norteamericanismo es en gran medida judaísmo diluído» (geronnene Judentum), (44).
[13] David Miller, The New Polytheism (New York: Harper and Row, 1974), 7, passim.
[14] Serge Latouche, L’Occidentalisation du Monde (Paris: La Découverte, 1988).
[15] Thomas Molnar, «La Tentation Païenne», Contrepoint 38 (1981), 53.
[16] Alain de Benoist, Comment Peut-on Être Païen? (Paris: Albin Michel, 1981), 25.
[17] Alain de Benoist, L’Éclipse du Sacré (Paris: La Table Ronde, 1986), 233; vea además el capítulo «De la Sécularisation», 198-207. Además Carl Schmitt, Die politische Theologie (München y Leipzig: Duncker und Humblot, 1922), 35-46 : «Todos los conceptos fundamentales en la ciencia política moderna son conceptos teológicos secularizados» (36).
[18] Gérard Walter, Les Origines du Communisme (Paris: Payot, 1931): «Les Sources Judaïques de la Doctrine Communiste Chrétienne» (13-65). Compare con Vilfredo Pareto, Les Systèmes Socialistes (Paris: Marcel Girard, 1926): «Les Systèmes Métaphysiques-Communistes» (2:2-45). Louis Rougier, La Mystique Démocratique, ses Origines ses Illusions (Paris: éd. Albatros, 1983), 184. Vea el pasaje completo «Le Judaïsme et la Révolution Sociale», 184-187.
[19] Louis Rougier, Celse contre les Chrétiens (Paris: Copernic, 1977), 67, 89. También, Sanford Lakoff, "Christianity and Equality", en Equality, ed. J. Roland Pennock y John W. Chapaman (New York: Atherton, 1967), 128-30.
[20] Alain de Benoist, «L’Eglise, l’Europe et le Sacré», en Pour une Renaissance Culturelle (Paris: Copernic, 1979), 202.
[21] Louis Rougier, Celse, 88.
[22] Comment Peut-on Être Païen?, 170, 26. Benoist se ha opuesto a los denominados "nuevos filósofos" neoconservadores que han atacado su paganismo por considerarlo un instrumento del anti-judaísmo intelectual, del racismo y del totalitarismo. En su respuesta, Benoist hace la misma acusación contra los "nuevos filósofos". Vea «Monothéisme-Polythéisme :Le Grand Débat», Le Figaro Magazine, 28 de Abril de 1979, 83.
[23] Ernest Renan, Histoire Générale des Langues Sémitiques (Paris: Imprimerie Impériale, 1853), 6.
[24] Mircea Eliade, Histoire des Croyances et des Idées Religieuses (Paris: Payot, 1976), 1:369, passim.
[25] Jean-Marie Domenach, Le Retour du Tragique (Paris: édition du Seuil, 1967), 44-45.
[26] Jean Haudry, Les Indo-Européens (Paris: PUF, 1981), 68.
[27] Hans K. Günther, The Religious Attitude of Indo-Europeans (London: Clair Press, 1966), 21.
[28] Alain de Benoist y Pierre Vial, La Mort (Paris: éd. Le Labyrinthe, 1983), 15.
[29] Giorgio Locchi, «L’Histoire», Nouvelle Ecole 27/28 (1975): 183-90.
[30] Sigrid Hunke, La Vraie Religion de l’Europe (Paris: Le Labyrinthe, 1985), 253, 274. El título original del libro es Europas eigene Religion: Der Glaube der Ketzer (Bergisch Gladbach: Gustav Lubbe, 1980).
[31] Mircea Eliade, The Myth of the Eternal Return or, Cosmos and History (Princeton: Princeton University Press, 1965), 106-7.
[32] Pierre Chaunu, Histoire et Foi (Paris: Edition France-Empire, 1980), citado por Benoist, Comment Peut-on Être Païen?, 109.
[33] Michel Maffesoli, La Violence Totalitaire (Paris: PUF, 1979), 228-29.
[34] Vea Paul Tillich, The Eternal Now (New York: Scribner's, 1963), 41, passim. «Un encogimiento de hombros de la eternidad» son las últimas palabras de Arthur Koestler en su novela Darkness at Noon (New York: Modern Library, 1941), 267.
[35] Georgio Locchi, et al., "Über den Sinn der Geschichte, Das unvergängliche Erbe" (Tübingen: Grabert Verlag, 1981), 223.
[36] Walter Scott, A New Look at Biblical Crime (New York: Dorset Press, 1979), 59. 37. Comment Peut-on Être Païen?, 157-58. 38. Mircea Eliade, Histoire des Croyances, 1:194.
[37]  Alain de Benoist, Comment Peut-on Être Païen?, 157-158.
[38]  Mircea Eliade, Histoire des Croyances, 1:194.




1 comentario:

  1. Muy bien, excelente! Se necesitan más ensayos en español del gran pensador disidente Tomislav Sunic.

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