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domingo, 30 de marzo de 2014

Acerca de la Brutal Ocupación de los Aliados



     El siguiente artículo del retirado académico (abogado y profesor de legislación comercial) de la Wichita State University, en Kansas, Estados Unidos, señor Dwight D. Murphey (1934), fue primeramente publicado en la edición de la primavera de 2009 de The Journal of Social, Political and Economic Studies. Se trata de una reseña del libro de 2007 "After the Reich: The Brutal History of the Allied Occupation", del periodista británico Giles MacDonogh, autor de varios libros sobre la historia contemporánea de Alemania, libro que es una documentada descripción de la desoladora realidad que produjeron los Aliados y los soviéticos sobre la desventurada gente de la derrotada Alemania y de Austria después de la Segunda Guerra (1945-1949). La brutal ocupación por parte de vengativos vencedores incitó a éstos, y fundamentalmente a los soviéticos, a violar masivamente (en estimaciones actuales) a aproximadamente dos millones de mujeres, a encarcelar en campos de trabajo forzado de los Aliados a más de cuatro millones de alemanes, y a imponer sobre otras incontables cantidades de civiles una durísima lucha por la supervivencia en una "paz" verdaderamente infernal, entre otras atrocidades de las que no se habla en las escuelas públicas, el único verdadero "holocausto", el del pueblo alemán, pero que la gente consciente conoce. La revisión que el autor hace del libro mencionado de MacDonogh es bastante comprometida y crítica, y revela sus debilidades. Hemos traducido el texto desde el sitio del autor, dwightmurphey-collectedwritings.info.


Revisando las Secuelas de la "Buena Guerra":
La Verdad Emergiendo desde un Océano de Mitos
por Dwight D. Murphey, 2009




PRIMERA PARTE


     Aquellos que hacen honestamente la crónica de los acontecimientos humanos, presentes o pasados, son una especie rara y honorable. Deberíamos ennoblecerlos ciertamente dentro del panteón de nuestros dioses terrenales. Al hacerlo, estaremos sin duda incluyendo a aquellos que, no por un deseo de distanciarse de Occidente o de Estados Unidos o de sus pueblos sino por una sed de la verdad, están trayendo a la luz los horribles acontecimientos que siguieron como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial (así como las atrocidades que fueron cometidas como parte de la manera en la cual la guerra fue llevada a cabo contra la población civil, aunque ésa es una materia que no exploraremos aquí).

     Aquella guerra ha sido conocida entre los estadounidenses como "la buena guerra", y aquellos que lucharon en ella, como "la generación más grande". Pero ahora, poco a poco, somos golpeados por la realidad tan común a una existencia humana compleja: hubo mucho que no estuvo bien, y junto con el auto-sacrificio y las elevadas intenciones, hubo mucho que fue inmoral y brutal. Esta realidad está apareciendo en la superficie porque hay algunos estudiosos, al menos, que están conscientes de que un océano de propaganda de guerra engendra un mito que continúa durante varias décadas, investigadores que tienen un compromiso con la verdad que anula los diversos incentivos para conformarse con el mito.

     Este artículo comenzó como una simple revisión del libro de Giles MacDonogh ya señalado. Su libro es en gran parte del tipo que rompe mitos que acabo de elogiar. Debido, sin embargo, a que hay un valioso material adicional que soy reacio a dejar de mencionar, la he ampliado para incluír otra información y autores, aunque dejándola principalmente como una reseña de "After the Reich".

     El de MacDonogh es un libro desconcertante, a la vez valiente y cobarde, en su mayor parte (pero no completamente) digno de los altos elogios que debemos dar a los estudiosos incorruptibles. Como hemos señalado, el público estadounidense ha pensado durante mucho tiempo acerca del esfuerzo Aliado en la Segunda Guerra Mundial como una "gran cruzada" que hizo enfrentarse al Bien y a la decencia contra el Mal nacionalsocialista. Incluso después de todos estos años, es probable que la última cosa que el público quiera saber es que males enormes e indecibles fueron cometidos tanto por los Aliados occidentales como por la Unión Soviética durante la guerra y su secuela. En contra de aquella renuencia, MacDonogh cuenta "la historia brutal" con gran detalle.

     Aquella disposición es encomiable por su valentía intelectual. A la luz de ello, es desconcertante que justo cuando él hace aquello, pone una explicación sobre aquella historia, continuando en efecto en parte un encubrimiento de proporciones históricas que ha sido fijado en su lugar por la proyección de la propaganda de guerra durante casi dos tercios de un siglo. De esta manera, el gran valor de su libro no puede ser encontrado en su amplitud o en su estricta franqueza sino más bien en que suministra algo de una conexión —aunque muy amplia en su alcance— que puede impulsar a los lectores concienzudos hacia un posterior estudio de una materia inmensamente importante.

     Para este artículo será valioso comenzar por resumir la historia que MacDonogh relata (y añadirle algo). Es sólo después de hacer esto que hablaremos de lo que MacDonogh obscurece. Todo esto conducirá entonces a algunas reflexiones concluyentes.

      En el prefacio de su libro MacDonogh dice que su objetivo es "exponer a los Aliados victoriosos con respecto a su tratamiento del enemigo en tiempos de paz, ya que en la mayoría de los casos no fueron criminales los que fueron violados, privados de comida, torturados o muertos a golpes, sino mujeres, niños y ancianos". Aunque esto sugiera que el tono del libro sea uno de indignación, la narrativa es principalmente informativa más bien que polémica. El historial intelectual de MacDonogh incluye varios libros de historia y biografía alemana y francesa (así como cuatro libros acerca del vino).


Las Expulsiones (hoy llamadas "limpieza étnica")

     Al final de la guerra, nos dice MacDonogh, "nada menos que 16,5 millones de alemanes fueron expulsados de sus casas". 9,3 millones fueron expulsados de la parte del Este de Alemania, que fue convertida en una parte de Polonia. (Tanto los límites del Este como las fronteras occidentales de Polonia fueron drásticamente cambiados hacia el Oeste por el acuerdo de los Aliados, con Polonia tomando una parte importante de Alemania y la Unión Soviética tomando Polonia oriental). Los otros 7,2 millones fueron forzados a abandonar sus hogares ancestrales en Europa Central donde ellos habían vivido durante generaciones.

     Esta expulsión masiva fue colocada en el Acuerdo de Potsdam a mediados de 1945, aunque el Acuerdo dejó explícito que la limpieza étnica debía tener lugar "en la manera más humana posible". Churchill estaba entre aquellos que apoyaron esto como conducente "a una paz duradera".

     En efecto, el proceso era tan inhumano que quedó registrado como una de las grandes atrocidades de la Historia. MacDonogh da cuenta de que "aproximadamente dos millones y cuarto de personas morirían durante las expulsiones". Ésta es la cifra menor de tales estimaciones, que van desde 2,1 a 6 millones, si tomamos en cuenta sólo a los expulsados. Konrad Adenauer, un gran amigo del Oeste, se encontró capaz de decir que entre aquellos expulsados "seis millones de alemanes están muertos, desaparecidos" [1]. Veremos el relato de MacDonogh del hambre y exposición al frío extremo a los cuales la población de posguerra de Alemania se vio sometida, y vale la pena mencionar en este punto (aunque esto vaya más allá de las expulsiones) que el historiador James Bacque dice que "la comparación de los censos nos ha mostrado que aproximadamente 5,7 millones de personas desaparecieron dentro de Alemania entre Octubre de 1946 [un año y medio después de que la guerra terminó] y Septiembre de 1950" [2].

     Lo que MacDonogh llama "la mayor tragedia marítima de todos los tiempos" ocurrió cuando el barco Wilhelm Gustloff, que llevaba a alemanes desde Danzig en Enero de 1945, fue hundido "con aproximadamente 9.000 personas, muchos de ellos niños". A mediados de 1946, "las imágenes muestran a algunos de los 586.000 alemanes Bohemios embalados en vagones como sardinas". En otro punto MacDonogh cuenta cómo "los refugiados a menudo eran embalados tan apretadamente que ellos no podían moverse para defecar, y salían por lo tanto de los camiones cubiertos de excremento. Muchos estaban muertos a la llegada". (Esto trae a la mente las escenas descritas tan vívidamente en el volumen I de El Archipiélago Gulag, de Solyenitsin). En Silesia, "enormes cantidades de civiles fueron expulsados de sus casas a punta de pistola". Un sacerdote estimó que un cuarto de la población alemana de la ciudad de Baja Silesia se suicidó, mientras familias enteras se suicidaron en conjunto.


La condición de la población alemana. El hambre y el frío extremo.

     Los alemanes se refieren a 1947 como el Hungerjahr, "el año del hambre", pero MacDonogh dice que "incluso hacia el invierno de 1948 la situación no había sido remediada". La gente comió perros, gatos, ratas, ranas, caracoles, ortigas, bellotas, raíces de diente de león y hongos silvestres en un esfuerzo febril para sobrevivir. En 1946, las calorías proporcionadas en la zona estadounidense de Alemania cayeron a 1.313 hacia el 18 de Marzo desde las 1.550 proporcionadas antes. Victor Gollancz, un autor y editor judío británico, protestó porque "estamos matando de hambre a los alemanes" [3]. Esto es similar a la declaración hecha por el senador Homer Capehart de Indiana en un discurso ante el Senado estadounidense el 5 de Febrero de 1946: "Desde hace nueve meses esta administración ha estado llevando a cabo una política deliberada de hambre masiva" [4]. MacDonogh nos dice que la Cruz Roja, los cuáqueros, los menonitas y otros quisieron llevar comida, pero "en el invierno de 1945 las donaciones fueron devueltas con la recomendación de que ellas fueran usadas en otras partes de Europa afectadas por la guerra". En la zona estadounidense de Berlín, "era la política estadounidense que nada debería ser regalado y que todo debería ser tirado. Las mujeres alemanas que trabajaban para los estadounidenses fueron increíblemente bien alimentadas, pero no podían llevar nada a casa para sus familias o hijos". Bacque dice que "las agencias extranjeras de ayuda fueron impedidas de enviar comida desde el extranjero; los trenes con comida de la Cruz Roja fueron devueltos a Suiza; a todos los gobiernos extranjeros se les negó el permiso para enviar alimentos a los civiles alemanes; la producción de fertilizantes fue bruscamente reducida. La flota pesquera fue mantenida en sus puertos mientras la gente pasaba hambre" [5].

     Bajo la ocupación rusa de Prusia oriental, MacDonogh ve "sorprendentes semejanzas" con "la hambruna deliberada que Stalin provocó en los kulaks ucranianos a principios de los años '30". Como en Ucrania, "se reportaron casos de canibalismo, con gente comiendo la carne de sus niños muertos".
                     
     El sufrimiento por el frío extremo se mezclaba con el hambre para crear la miseria y un enorme número de muertos. Incluso aunque el invierno de 1945-1946 fue normal, "la terrible carencia de carbón y comida fue sentida agudamente". Inviernos anormalmente fríos golpearon en 1946-1947 ("posiblemente el más frío en la memoria viva") y 1948-1949. Se cree que sólo en Berlín 60.000 personas habían muerto dentro de los diez primeros meses después del final de la guerra; y "el invierno siguiente mató a aproximadamente más de 12.000". La gente vivía en agujeros entre las ruinas, y "algunos alemanes, particularmente refugiados desde el Este, estaban prácticamente desnudos".

     En su libro Gruesome Harvest: The Allies' Postwar War Against the German People [Cosecha Macabra], Ralph Franklin Keeling se refiere a una cita de "un conocido ministro religioso alemán": "Miles de cuerpos están colgando de árboles en los bosques alrededor de Berlín, y nadie se molesta en sacarlos. Miles de cadáveres son llevados hacia el mar por los ríos Oder y Elba; uno ya ni lo nota. Miles y miles están muriendo de hambre en las carreteras. Hay niños vagando solos por las carreteras" [6].

     En su libro The German Expellées: Victims in War and Peace, Alfred-Maurice de Zayas cuenta cómo en Yugoslavia el mariscal Tito usó campamentos como centros de exterminio para matar de hambre a los alemanes [7].


Violación en masa. A lo cual debe añadirse el "sexo voluntario" obtenido de mujeres muriéndose de hambre.

     La ofensiva de violaciones por las fuerzas invasoras rusas es, por supuesto, infamante. En la zona rusa de Austria, "la violación era parte de la vida diaria hasta 1947, y muchas mujeres fueron infectadas con enfermedades venéreas para las que no tenían ningún medio de curarlas". MacDonogh nos dice que "las estimaciones conservadoras ponen el número de mujeres de Berlín violadas en 20.000". Cuando los británicos llegaron a Berlín, "los oficiales más tarde recordaron el impacto de ver los lagos en el próspero Oeste llenos con los cadáveres de mujeres que se habían suicidado después de haber sido violadas". La edad de las mujeres víctimas de violación iba desde 12 a 75 años. Enfermeras y monjas estaban entre las víctimas (algunas más de cincuenta veces). "Los rusos eran particularmente duros con los nobles, prendiendo fuego a sus casas señoriales y violando o asesinando a los habitantes". Aunque "la mayor parte de los bebés bastardos rusos no deseados fueron abortados", MacDonogh dice que «se estima que entre 150.000 y 200.000 "bebés rusos" sobrevivieron». Los rusos violaban dondequiera que ellos fueran, de modo que no fueron sólo mujeres alemanas las que fueron violadas sino también mujeres de Hungría, Bulgaria, Ucrania y Yugoslavia, incluso aunque éstas estuvieran en el mismo lado en la guerra.

     Había una política oficial contra las violaciones, pero era tan comúnmente ignorada que "fue sólo en 1949 que los soldados rusos enfrentaron algún disuasivo real". Hasta entonces, "ellos eran incitados por [el judío] Ilya Ehrenburg y otros propagandistas soviéticos que veían la violación como una expresión de odio".

     Aunque hubo "una extendida incidencia de violaciones por parte de los soldados estadounidenses", había una política militar forzosa contra ello, con "varios militares estadounidenses ejecutados" por ello. Las acusaciones criminales por violación "aumentaron constantemente" durante los meses finales de la guerra, pero disminuyeron bruscamente a partir de entonces. Lo que prosiguió fue casi sin duda igual de malo: la explotación sexual de mujeres que se morían de hambre que "voluntariamente" vendieron sus servicios sexuales por comida. En Gruesome Harvest, Keeling cita de un artículo publicado en Christian Century el 5 de Diciembre de 1945: «El supervisor de la policía militar estadounidense dijo que la violación no representa ningún problema para la policía militar, porque "un poco de comida, una barra de chocolate o un jabón parece hacer innecesaria la violación"» [8].

     El grado de esto es mostrado por la cifra que MacDonogh proporciona de «aproximadamente 94.000 Besatzungskinder, o "hijos de la ocupación", (que) nacieron en la zona estadounidense». Él dice que en 1945-1946 "muchas niñas recurrieron a la prostitución para sobrevivir. Los muchachos también prestaron un servicio para los soldados Aliados".

     Keeling, escribiendo para la publicación de 1947 de su libro (lo que explica su uso de verbos en tiempo presente), dijo que hubo "un aumento de enfermedades venéreas que ha alcanzado proporciones epidémicas", y prosigue diciendo que "una gran proporción de la contaminación se ha originado con los soldados estadounidenses Negros que hemos estacionado en grandes cantidades en Alemania, y entre quienes la tasa de infección venérea es muchas veces mayor que entre los soldados de raza blanca". En Julio de 1946, dice Keeling, la tasa anual de infección entre los soldados Blancos era de un 19%, y para los Negros, de un 77,1%. Él reiteró lo que estamos tratando aquí cuando señaló "la estrecha relación que hay entre la tasa de enfermedades venéreas y la disponibilidad de comida" [9].

     Si MacDonogh menciona la violación por parte de soldados británicos, se me ha escapado [?!]. Él habla, sin embargo, de violaciones cometidas por los polacos, los franceses, los guerrilleros de Tito, y por personas desplazadas. En Danzig, "los polacos se comportaron tan mal como los rusos. Fueron los polacos los que liberaron la ciudad de Teschen en el Norte [de Checoslovaquia] el 10 de Mayo. Durante cinco días ellos violaron, saquearon, incendiaron y mataron". Él escribe acerca del "comportamiento de los soldados franceses en Stuttgart, donde quizás 3.000 mujeres y ocho hombres fueron violados", "unas 500 mujeres adicionales violadas en Vaihingen", y reporta "tres días de matanza, pillaje, incendio y violación" en Freundenstadt. De las personas desplazadas, él dice que "había alrededor de dos millones de prisioneros de guerra y trabajadores forzados de Rusia que se habían formado en pandillas y habían robado y violado por todas partes de Europa Central".



SEGUNDA PARTE

Tratamiento de los Prisioneros de Guerra

      En total, había aproximadamente once millones de prisioneros de guerra alemanes. Un millón y medio de éstos nunca volvió a casa. MacDonogh expresa una apropiada indignación aquí: "Tratarlos con tan poco cuidado de manera que un millón y medio murió, fue escandaloso".

     La Cruz Roja no tenía ningún papel frente al que tenían los rusos, ya que la Unión Soviética no había firmado la Convención de Ginebra. MacDonogh dice que los rusos no hicieron ninguna distinción entre civiles alemanes y prisioneros de guerra, aunque sabemos que un informe del KGB los clasificaba para su muerte y para otros objetivos. Al final de la guerra, ellos tenían aproximadamente a cuatro o cinco millones dentro de Rusia (y aquí, otra vez, los archivos del KGB son dignos de consultar, como el historiador James Bacque lo ha hecho; éstos muestran una cifra de 2.389.560). Grandes números de prisioneros fueron retenidos durante más de diez años, siendo devueltos a Alemania sólo después de la visita de Konrad Adenauer a Moscú en 1956. Sin embargo, en 1979 —¡34 años después del final de la guerra!— "se creía que habían 72.000 prisioneros todavía vivos en custodia, pricipalmente por los rusos". Aproximadamente 90.000 soldados alemanes fueron capturados en Stalingrado, pero sólo 5.000 volvieron a casa.

     Los estadounidenses hicieron un distinción entre los 4,2 millones de soldados capturados durante la guerra, quiénes tenían derecho a refugio y subsistencia pedidos por las Convenciones de La Haya y de Ginebra, y los 3,4 millones capturados en el Oeste al final de la guerra. MacDonogh dice que estos últimos fueron clasificados como "Personas Enemigas Rendidas" (Surrender Enemy Persons, SEPs) o como "Personas Enemigas Desarmadas" (Disarmed Enemy Persons, DEPs), y les fueron negadas las protecciones de las Convenciones. Él no da una cifra total de aquellos que murieron bajo la custodia estadounidense, diciendo que "no está claro cuántos soldados alemanes murieron de hambre". Él cuenta, sin embargo, de varias situaciones: "Los más conocidos campos estadounidenses de prisioneros de guerra eran los llamados Rheinwiesenlager". Aquí, los estadounidenses permitieron que "hasta 40.000 soldados alemanes murieran de hambre y abandono en las fangosas planicies del río Rin". Él dice que "cualquier tentativa de alimentar a los prisioneros por parte de la población civil alemana era castigable con la muerte". Aunque la Cruz Roja fue autorizada para inspeccionar, "el alambre de púas que rodeaba a los SEPs y a los DEPs era impenetrable". En otro lugar, en "la Barraca de los Pioneros en Worms había entre 30.000 y 40.000 prisioneros sentados en el patio, compitiendo por el espacio. Sin la protección contra la lluvia ellos se congelaron". Los presos fueron privados de comida en Langwasser y en un "campo célebre" en Zuffenhausen donde "durante meses el almuerzo era sopa de nabo, con media papa para la cena".

     Sería un error pensar que una escasez de comida mundial hizo que Estados Unidos fuera incapaz de alimentar a sus prisioneros. Bacque escribe que «el capitán Lee Berwick del regimiento 424 de Infantería, quien comandó las torres de guardia en el Campo Bretzenheim, me dijo: "La comida estaba amontonada alrededor de la valla del campo". Los prisioneros veían las cajas amontonadas "tan altas como una casa"» [10].

     Lo que MacDonogh nos dice sobre el tratamiento británico hacia los prisioneros de guerra alemanes parece conflictivo. Había 391.880 prisioneros trabajando en Gran Bretaña en 1946, y un total de 600 campamentos allí en 1948. Él dice que "el régimen no era tan duro, y en términos de porcentajes, el número de hombres que murieron bajo la custodia británica es sorprendentemente bajo comparado con los otros Aliados". En otra parte, sin embargo, él cuenta cómo "los británicos podían evadir la estipulación de la Convención de Ginebra de que ellos proporcionaran 2.000 a 3.000 calorías por día", de modo que "durante la mayor parte del tiempo los niveles caían debajo de las 1.500 calorías". Los británicos tenían un campamento en Bélgica que "estaba destinado a ser particularmente agotador". Allí, «se reportó que las condiciones para los 130.000 prisioneros eran "no mucho mejores que las de Belsen". Cuando el campo fue inspeccionado en Abril de 1947, se encontró que habían sólo cuatro ampolletas funcionando; no había combustible, ni colchones de paja, y ninguna comida aparte de la "sopa de agua"».

     Un informe de Reuters de Diciembre de 2005 añade una dimensión importante: «Gran Bretaña dirigió una prisión secreta en Alemania durante dos años después del final de la Segunda Guerra Mundial, donde los presidiarios, incluyendo a miembros del Partido Nacionalsocialista fueron torturados y hambreados hasta la muerte, dice The Guardian. Citando archivos del ministerio de Asuntos Exteriores que fueron abiertos después de una petición bajo la Ley de Libertad de Información, el periódico dice que Gran Bretaña había tenido a hombres y mujeres en una prisión en Bad Nenndorf hasta Julio de 1947. Las amenazas de ejecutar a los prisioneros, o de detener, torturar y asesinar a sus esposas e hijos eran consideradas "absolutamente apropiadas" a causa de que tales amenazas nunca fueron llevadas a cabo", reporta el periódico» [11].

     Los franceses querían que el trabajo alemán ayudara a reconstruír el país, y para este fin los británicos y los estadounidenses les transfirieron aproximadamente un millón de soldados alemanes. MacDonogh dice que "su tratamiento fue particularmente brutal". No mucho después de la guerra, según la Cruz Roja, 200.000 de los prisioneros estaban pasando hambre. Se nos cuenta de un campo "en el Sarthe [donde] los prisioneros tuvieron que sobrevivir con 900 calorías por día".


El Despojo de la Economía Alemana

     Los líderes aliados discreparon entre sí sobre el Plan de Morgenthau de dejar a Alemania desnuda de bienes industriales y convertirla en un país agrario. La oposición de algunos y la vacilación de otros no impidió, sin embargo, una implementación de facto del plan. Cuando la confiscación finalizó, Alemania estaba en gran parte privada de bienes productivos.

     MacDonogh dice que bajo los rusos "Berlín perdió alrededor del 85% de su capacidad industrial". Cada máquina fue sacada de Viena. Los barcos fueron sacados del Danubio, y "una prioridad soviética era la confiscación de cualquier obra de arte importante encontrada en la capital (Viena). Ésta fue una operación totalmente planeada". Pero "peor que la remoción a una escala total de la base industrial de la tierra, fue el secuestro de hombres y mujeres para desarrollar la industria en la Unión Soviética".

     Bajo los estadounidenses, el desmantelamiento de sitios industriales continuó hasta que el general Lucius Clay lo detuvo un año después del final de la guerra. Hasta que Clay actuó, la cláusula 6 de la Orden 1067 de los Jefes del Estado Mayor Conjunto encarnaba el Plan Morgenthau. MacDonogh dice que donde "el robo oficial estadounidense fue realizado a una escala masiva" fue en "la incautación de científicos y equipo científico".

     Los británicos tomaron mucho para sí mismos y pasaron otras propiedades industriales a "Estados clientes" como Grecia y Yugoslavia. La familia Real británica recibió el yate de Goering, y la zona británica de Alemania fue despojada de "plantas que podrían representar más tarde una competencia para las industrias británicas". MacDonogh dice que "los británicos tenían su propia marca del robo organizado en [algo llamado] la Fuerza-T, que procuraba recopilar cualquier habilidad creativa industrial excepcional".

     Por su parte, los franceses establecieron "el derecho a saquear". "Los franceses no ocultaron su apropiación de un negocio de cloro en Rheinfelden, un negocio de viscosa en Rottweil, las minas de Preussag o el consorcio de productos químicos Rhodia", y mucho más.

     Si el Plan Morgenthau hubiera sido totalmente puesto en práctica durante un período más largo de tiempo, los efectos habrían sido calamitosos. Keeling, en Gruesome Harvest, dice que buscar "la destrucción permanente del corazón industrial de Alemania" habría tenido como una "consecuencia ineludible la muerte por hambre y enfermedad de millones y decenas de millones de alemanes" [12].


La Repatriación Forzada de Rusos por Stalin

     El libro de MacDonogh se limita a la ocupación Aliada, pero hay, por supuesto, muchos otros aspectos de la secuela de la guerra que merecen mención, aunque aquí nos limitemos a sólo uno de ellos. (MacDonogh da algunos detalles sobre ello). Se trata de la repatriación a la Unión Soviética de los rusos capturados por los Aliados. En The Secret Betrayal, Nikolai Tolstoy cuenta cómo entre 1943 y 1947, un total de 2.272.000 rusos fueron devueltos. Los soviéticos cosecharon otros 2.946.000 de las partes de la Europa tomada por el Ejército Rojo. Aquellos que fueron enviados a la Unión Soviética por las democracias occidentales incluían a miles de personas que eran emigrados zaristas y que nunca habían vivido bajo el régimen soviético. Tolstoy dice que aun cuando había muchos que realmente querían volver a Rusia (mientras muchos otros desesperadamente no querían, y fueron devueltos, en efecto, pataleando y gritando), ellos fueron de manera uniforme tratados brutalmente, ejecutados, violados o convertidos en esclavos. Algunos de los repatriados eran rusos que se habían ofrecido voluntariamente para luchar por Alemania contra la Unión Soviética y que fueron conducidos por el general Vlasov. Algunos eran cosacos, muchos de los que ni siquiera eran ciudadanos soviéticos. Las repatriaciones violentas comenzaron en Agosto de 1945. Tolstoy cuenta cómo el engaño, las palizas, las bayonetas, y hasta las amenazas de un tanque lanzallamas fueron empleados para forzar la mudanza [13].


La Justicia de los Vencedores

     Cuando la guerra acabó, había un consenso entre los líderes de los Aliados en cuanto a que los nacionalsocialistas superiores deberían ser condenados a muerte. Algunos querían una ejecución inmediata, otros "una corte marcial rápida y sin formalidades". Había una rara virtud en la insistencia de los británicos en seguir las "formas legales", que es lo que finalmente se decidió. El resultado fue una serie de juicios con la parafernalia del procedimiento judicial normal, pero aquello era realmente una parodia desde el punto de vista del "imperio de la Ley", careciendo tanto del espíritu como de los detalles del "debido proceso". En dos capítulos, MacDonogh da un recuento del juicio principal de Núremberg y de la serie de procesos que siguieron durante años después. Entre éstos, los estadounidenses condujeron varios juicios en Nuremberg después del principal; miles de casos fueron llevados delante de "tribunales de des-nazificación"; los tribunales alemanes, después de que ellos estuvieron operacionales, siguieron el proceso; y por supuesto sabemos del juicio y ejecución de Eichmann por parte de Israel.

     Hay muchos motivos para llamarla "la justicia de los vencedores". Para que hubiera sido de otra manera, un tribunal realmente imparcial tenido que habría sido convocado en algún sitio en el mundo (si tal cosa hubiera sido posible después de una guerra mundial), y los crímenes de guerra cometidos por todos los bandos haber sido procesados. Pero, por supuesto, sabemos que tal justicia imparcial no estaba en contemplación. En la acusación de Núremberg, los nacionalsocialistas fueron cargados con la matanza masiva del cuerpo de oficiales polacos en el bosque Katyn, un cargo que fue discretamente pasado por alto en el juicio final (y con gran deshonestidad intelectual y "judicial") después de que se hizo claro para todos que la Unión Soviética había cometido la matanza [14]. Otro de los muchos ejemplos posibles sería que las deportaciones realizadas por los nacionalsocialistas fueron acusadas en Nuremberg tanto como un crimen de guerra como un delito contra la Humanidad. Por contraste, nadie fue jamás "llevado ante la justicia" por la expulsión hecha por los Aliados de millones de alemanes desde sus hogares ancestrales en Europa Central.


Una fuente que los lectores encontrarán instructiva

     A causa de la credibilidad de su fuente, el relato dado por el mayor de la Fuerza Aérea estadounidense Arthur D. Jacobs en su libro The Prison Called Hohenasperg será útil para los lectores cuando ellos absorban (y evalúen) la información contenida en el libro de MacDonogh y la de los otros autores mencionados aquí. Es valioso como una historia tanto de la brutalidad como de la compasión estadounidense.

     Jacobs pasó 22 años en la Fuerza Aérea, retirándose en 1973, y luego llegando a ser un miembro de la facultad en la Universidad Estatal de Arizona durante otros veinte años. Su libro cuenta la siguiente historia personal: Sus padres alemanes emigraron a Estados Unidos desde Alemania en 1928 y 1929. Ellos tuvieron dos hijos nacidos en Brooklyn (quienes eran, por ello, ciudadanos estadounidenses), siendo uno de ellos Arthur Jacobs. Los muchachos vivieron sus primeros años en Brooklyn, asistiendo a la escuela primaria. La familia fue llevada y mantenida durante algún tiempo en la isla Ellis casi al final de la guerra, y fue internada entonces durante siete meses en el campo de internamiento Ciudad de Cristal en Texas, donde ellos fueron bien tratados. Ellos fueron "voluntariamente repatriados" a Alemania (después de ser amenazados con la deportación) en Octubre de 1945, varios meses después de la rendición de Alemania.

     Cuando ellos llegaron a Alemania, la madre de Jacobs fue enviada a un campo, y el padre y los dos hijos a otro. Estos últimos llegaron a un campo de internamiento en Hohenasperg después de un viaje de 92 horas encerrado dentro de un vagón en un clima glacial con mayormente mujeres y niños, alimentados sólo con pan y agua, y "sin calor, sin mantas, y sin servicios, excepto un apestoso balde abierto". Jacobs mismo tenía doce años, y cumplió trece durante su semana en Hohenasperg antes de que fuera enviado a otro campo en Ludwigsburg. En la prisión de Hohenasperg él fue colocado bajo una disciplina estricta como un preso, y los guardias lo amenazaban repetidamente con la ejecución en la horca si él desobedecía.

     El campo en Ludwigsburg era en efecto un centro de detención en espera de liberación. Es informativo que Jacobs nos hable de la dieta pobre: "En el desayuno recibíamos un vaso con leche "gris" y una rebanada de pan negro. No había ninguna comida de almuerzo". En la cena, "cada persona recibía un plato con sopa... sobre todo agua con sabor a caldo. No había ninguna segunda porción. Yo siempre tenía la sensación de hambre". Mientras él y su hermano estuvieron en Ludwigsburg fueron obligados a ver películas de campos alemanes de exterminio.

     La madre, el padre y los hermanos fueron liberados de sus respectivos campos a mediados de Marzo de 1946, y se fueron a vivir con los abuelos de Jacobs en la zona británica. Ellos no fueron bienvenidos por los alemanes con que se encontraron, porque "éramos cuatro bocas más para alimentar". Jacobs veía que "Alemania estaba desgarrada por la guerra y se moría de hambre". Él trabó amistad con un soldado estadounidense, el que le consiguió un trabajo en el Registro de Tumbas. Él perdió su trabajo cuando el soldado fue transferido, y se convirtió en una lucha "sobrevivir a este período de hambre, el invierno de 1946-1947". Después de golpear muchas puertas, consiguió otro trabajo con el ejército estadounidense, esta vez en la mantención de sus vehículos. Una mujer estadounidense le tomó interés, la cual sabía de una pareja ranchera en el Sudoeste de Kansas que los llevaría a Estados Unidos para vivir con ellos. En consecuencia, Jacobs y su hermano se fueron para Estados Unidos en Octubre de 1947. Ellos habían estado en Alemania durante 21 meses. Era once años antes de que Jacobs viera a sus padres de nuevo. Él llegó, como hemos dicho, a convertirse en un oficial de carrera en la Fuerza Aérea estadounidense. Después de obtener su MBA en la Universidad Estatal de Arizona, llegó a ser un ingeniero industrial y más tarde un miembro de la facultad de dicha universidad.



TERCERA PARTE


     Si MacDonogh escribió todo lo que hemos relatado (y más) desde su libro, ¿cómo puede decirse que de un modo importante él continuó con el encubrimiento de tales horrores, un encubrimiento que desde 1945 los ha consignado a un agujero de la memoria?. Esto nos lleva a las deficiencias del libro, que son de tal naturaleza como para dar a los lectores una comprensión disminuida del grado de las atrocidades y de quién fue responsable de ellas.

     Más sobresalientemente equivocado es el tratamiento que hace MacDonogh del trabajo del historiador canadiense James Bacque, autor de "Other Losses" y de "Crimes and Mercies". Cuando él se refiere al primero de estos libros, dice que Bacque "afirma que los franceses y los estadounidenses habían asesinado a un millón de prisioneros de guerra", una afirmación que "fue llamada un trabajo de especulación monstruosa y fue desestimada por un historiador estadounidense como una tesis absurda". Según MacDonogh, «desde entonces ha sido probado que Bacque interpretó mal las palabras "otras pérdidas" en las cartas Aliadas para significar "muertes"». En consecuencia, él habla de la "cortina de humo de Bacque". Tan grandemente él desestima a Bacque que en una sección sobre "Lectura Adicional" al final del libro, MacDonogh aparentemente se olvida de Bacque completamente, diciendo que "acerca del tratamiento de prisioneros de guerra no hay nada en inglés, y el principal experto estadounidense, Arthur L. Smith, publica en alemán".

     Pensé que sería justo preguntar a Bacque su respuesta frente al desprecio de MacDonogh. Bacque contestó que "la palabra especulación describe bien a mis críticos, porque son ellos lo que no han estado en todos los archivos relevantes y los que no han entrevistado a los miles de sobrevivientes que han escrito a periódicos, periodistas de televisión y a otros escritores sobre sus experiencias cercanas a la muerte en los campos de los estadounidenses, franceses y rusos".

     Lejos de admitir que él había malinterpretado la categoría de "Otras Pérdidas", Bacque dice que "el significado del término me fue explicado por el coronel Philip S. Lauben, del Ejército de Estados Unidos, que estuvo a cargo del movimiento de prisioneros para el SHAEF (Supreme Headquarters Allied Expeditionary Force) en 1945. Tengo la entrevista grabada en cinta y la firma de Lauben en una carta que confirma esto. Lauben nunca ha negado lo que me dijo".

     El coronel Lauben más tarde dijo a la BBC que él estaba "equivocado", pero la probabilidad de un error es mínima ya que él era un oficial responsable en terreno y vio tanto los campos como los informes.

     La diferencia entre el tratamiento de MacDonogh y el de Bacque sobre el asunto de los prisioneros de guerra alemanes en manos estadounidenses es claramente visible cuando comparamos la atención que cada uno da al recorte de comida. MacDonogh reporta en una frase que "cualquier tentativa de alimentar a los prisioneros por la población civil alemana era castigable con la muerte". Esto es asombroso en sí mismo y ciertamente merece una explicación. Bacque nos dice bastante más: «El general Eisenhower envió a un "mensajero urgente" a través de toda la enorme área que él mandaba, convirtiendo en un delito castigable con la muerte para los civiles alemanes alimentar a los prisioneros. Era incluso un delito con pena de muerte reunir alimentos en un lugar para llevárselos a los prisioneros». Él dice que "la orden fue enviada en alemán a los gobiernos provinciales, ordenándoles difundirla inmediatamente a las administraciones municipales. Las copias de las órdenes fueron descubiertas recientemente en varios pueblos cerca del Rin". En las páginas 42-43 de Crimes and Mercies, Bacque publica una copia en alemán y una copia en inglés de una carta fechada el 9 de Mayo de 1945, por medio de la cual los funcionarios de distrito fueron notificados de la prohibición.

     Bacque proporciona evidencia como la del profesor Martin Brech de Mahopac, Nueva York, quien fue un guardia en el campo estadounidense en Aldernach en Alemania. Brech dijo que «él introdujo algunas barras de pan a través del vallado de alambre, y le fue dicho por su oficial superior: "No los alimente. Es nuestra política que estos hombres no sean alimentados"». «Más tarde, por la noche, Brech puso furtivamente un poco más de alimento en el campamento, y el oficial le dijo: "Si usted hace esto otra vez, usted será fusilado"».

     Así, encontramos en Bacque una descripción mucho más aguda y con atribución de responsabilidad que la que hallamos en MacDonogh. A la luz de los innumerables detalles dados en el libro de MacDonogh, esto sería perdonable si no fuera por su intento de ocultar el trabajo de un intelectual principal que ha estudiado el asunto exhaustivamente.

     Un recorte tal disminuye la comprensión de un lector de otros importantes asuntos, los que MacDonogh menciona tan brevemente que el lector es apenas capaz de formarse un cuadro mental completo. Por ejemplo, MacDonogh cuenta cómo en la ejecución de Joachim von Ribbentrop en Núremberg "el verdugo arruinó la ejecución y la cuerda estranguló al ex-ministro de Asuntos Exteriores durante veinte minutos antes de que él expirara". En su libro Nuremberg: La Última Batalla, el historiador David Irving cuenta bastante más, incluyendo el hecho de que la horca había sido diseñada de una manera que permitía que la puerta secreta se balanceara hacia atrás y rompiera "cada hueso" en las caras de Keitel, Jodl y Frick. Él dice que el cuerpo de Goering (después de que Goering se había suicidado tomando veneno) "fue arrastrado a la cámara de ejecución donde los doctores del Ejército hicieron tentativas frenéticas para reanimarlo de modo que él pudiera ser ahorcado".

     Hay varios lugares en los cuales MacDonogh cuenta a medias sobre algo importante, sólo para dejarlo incompleto. Hemos notado ya su mención de "30.000 a 40.000 prisioneros sentados en el patio [en las Barracas de los Pioneros en Worms]. Sin protección contra la lluvia, ellos se congelaron". Somos abandonados para que adivinemos las consecuencias de su congelación. En otro lugar, él relata que "los estadounidenses mantuvieron campos para hasta 1,5 millón de nacionalsocialistas o miembros de la SS". Ésa es su única mención de aquellos campos, los que uno podría suponer que eran incluso más punitivos que los demás. ¿Estaba demasiado sobrecargado MacDonogh con otros detalles para tratar tales asuntos más adelante?. ¿Se abstuvo deliberadamente él de explorar ciertas cosas?; ¿o el fracaso se debió a una explosiva dispersión de detalles fragmentarios?.      

     Un lector tendrá que evaluar la medida en la cual el libro After the Reich es un trabajo de erudición como algo distinto de una narrativa para la lectura popular. MacDonogh incluye muchas páginas de notas finales, citando un número grande de fuentes. Muy de vez en cuando él habla críticamente de una fuente dada. Pero en su mayor parte él acepta lo que una fuente dada tiene que decir. El libro se beneficiaría enormemente de un ensayo bibliográfico en el cual él evaluara las fuentes principales, compartiendo con el lector un análisis cuidadoso de la base evidencial para su narrativa.

     Un ejemplo de dónde es esencial una evaluación crítica, se muestra con su referencia, por ejemplo, a la mención de Ilse Koch de las "pantallas de lámparas y trofeos hechos de piel y órganos humanos", objetos que MacDonogh dice que el psicólogo Saul Padover afirma que le han sido mostrados. Tenemos que saber lo que MacDonogh concluiría si considerara la contra-evidencia que califica a la colección de pantallas de lámparas como una "leyenda". 

     Lo mismo es verdadero para muchas citas que hace MacDonogh del libro de Raul Hilberg La Destrucción de los Judíos Europeos. Hay una enorme literatura académica que cuestiona cada aspecto del "Holocausto". Uno nunca sabría que aquella literatura existe de leer sólo a MacDonogh, que no sabe de ello o encuentra prudente, como tantos hacen, no mencionarla.

     No obstante las limitaciones del libro, After the Reich logra mucho en tanto proporciona otro eslabón en la cadena de revelaciones que, con el tiempo, están proveyendo a los lectores concienzudos con un entendimiento más completo de la historia moderna.

     El hecho de que, en el momento de los acontecimientos y durante varias décadas a partir de entonces, las atrocidades de la mayor importancia han sido blanqueadas por la propaganda, sugiere implicaciones que van lejos más allá de los acontecimientos mismos. El antiguo Primer Ministro británico Benjamin Disraeli observó que "todos los grandes acontecimientos han sido distorsionados, y la mayoría de las causas importantes han sido ocultadas", y siguió diciendo que "Si la historia de Inglaterra es escrita alguna vez por alguien que tenga conocimiento y coraje, el mundo se asombraría" [15]. Las implicaciones sugieren preguntas profundas, que seríamos negligentes si no las mencionáramos:

     —¿Cómo es que una cierta versión de la realidad puede, sobre tantos temas, tener una influencia casi total, mientras las voces de millones y de un buen número de eruditos serios son marginadas en la nada? (Afortunadamente la obra de Bacque está disponible en doce idiomas en 13 países, aunque haya pasado mucho tiempo no disponible en Estados Unidos).

     —¿Realmente conocemos la verdad sobre la mayor parte de algo?, ¿o están innumerables temas velados en un miasma de omisión y distorsión?.

     —¿Dónde están nuestros historiadores académicos? A la mayor parte de los historiadores le gusta darnos mitos agradables, lo que es algo esperado de ellos y por lo cual ellos son recompensados con medallas, premios y grandes ventas.

     —¿Cuál es la incidencia de una cobardía que pondrá casi cualquier cosa delante de una búsqueda de la verdad?. La Humanidad ¿se interesa muy profundamente por la verdad?.

     —¿Hasta qué punto es "democrática" una sociedad o una época si las mentes de sus ciudadanos están llenas de fantasmas, de modo que la mayor parte de los juicios que ellos hacen están vacíos o manipulados?.

     —¿Y hasta qué punto es "democrática" si aquellos ciudadanos ni siquiera tienen voz ni voto en las decisiones de la mayor importancia?. Es significativo que Keeling diga que "la gente de ninguna nación en la historia moderna, incluyéndonos a nosotros, ha disfrutado alguna vez de una voz importante en la toma de las grandes decisiones de o ir a la guerra o en la elaboración de los arreglos de paz" [16].–







NOTAS
         
[1]  Adenauer es citado en James Bacque, Crimes and Mercies: The Fate of German Civilians Under Allied Occupation, 1944-1950 (Boston: Little, Brown and Company (Canada) Limited, 1997), p. 119. Los lectores podrían querer consultar de Theodore Schieder, editor, The Expulsion of the German Population from the Territories East of the Oder-Neisse-Line (Bonn: Federal Ministry for Expellees, Refugees and War Victims, 1958). Alfred-Maurice de Zayas es el autor de tres libros adicionales sobre este tema: The German Expellees: Victims in War and Peace (New York: St. Martin's Press, 1986); A Terrible Revenge: The Ethnic Cleansing of the East European Germans, 1944-50 (New York: St. Martin's Press, 1994); y Nemesis at Potsdam: The Expulsion of the Germans from the East (Lincoln: University of Nebraska Press, 1988).
[2] LA NOTA NÚMERO 2 NO ESTÁ EN EL ORIGINAL
[3]   Vea los dos libros de Victor Gollancz sobre el trato a los refugiados: Our Threatened Values e In Darkest Germany.
[4]   Capehart es citado en Ralph Franklin Keeling, Gruesome Harvest: The Allies' Postwar War Against The German People (Torrance, CA: edición del Institute for Historical Review, 1992), p. 64. El libro fue publicado primeramente en 1947 por el Institute of American Economics de Chicago.
[5]  Bacque, Crimes and Mercies, p. 91.
[6]  Keeling, Gruesome Harvest, p. 64.
[7]  Zayas, de, The German Expellees, p. 97.
[8]  Keeling, Gruesome Harvest, p. 64.
[9]  Keeling, Gruesome Harvest, pp. 62, 63.
[10] Bacque, "A Truth So Terrible", Abuse Your Illusions; artículo enviado a mí por su autor.
[11] "Britain Ran Torture Camp After WWII: reportaje en http://www.abc.net.au/news/newsite .
[12]  Keeling, Gruesome Harvest, p. VI.
[13]  Nikolai Tolstoy, The Secret Betrayal (New York: Charles Scribner's Sons, 1977), pp. 371, 24, 315, 40, 183, 242, 343. Los lectores harían bien en leer, también, de Julius Epstein, Operation Keelhaul: The Story of Forced Repatriation from 1944 to the Present (Old Greenwich, CN: 1973) y de Nicholas Bethell, The Last Secret: Forcible Repatriation to Russia 1944-1947 (London, 1974).
[14]  Vea la discusión de los asesinatos del bosque Katyn en Bacque, Crimes and Mercies, pp. 74-5, 135.
[15] Disraeli es citado en Keeling, Gruesome Harvest, p. 135.
[16]  Keeling, Gruesome Harvest, p. 134.–




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