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sábado, 8 de febrero de 2014

Sobre la Guerra contra las Drogas y la Conciencia



     El escocés Graham Hancock (grahamhancock.com), autor de los libros "The Sign and the Seal", "Fingerprints of the Gods", "Keeper of Genesis" y "Heaven's Mirror", un pensador no convencional (así dice en su sitio), pasó su infancia en la India, graduándose posteriormente en Inglaterra como sociólogo. Prosiguió una carrera de periodista escribiendo en diversos diarios. Luego escribió libros, adornados varios con profusas y profesionales fotografías, los que también tratan del pasado arqueológico humano y de culturas distantes, y también llegó a la televisión. Entre otros libros, en 2005 publicó "Supernatural: Meetings with the Ancient Teachers of Mankind", una investigación acerca del chamanismo y los orígenes de la religión. En este libro sugiere que la experiencia de estados alterados de conciencia ha desempeñado un rol fundamental en la evolución de la cultura humana, y que otras realidades —en realidad, mundos paralelos— nos rodean todo el tiempo pero no son normalmente accesibles para nuestros sentidos. El siguiente artículo que ponemos en castellano, fue publicado originalmente en 2009 en papel como artículo integrante de la antología titulada "You Are Still Being Lie to" (A Usted Todavía le Mienten), y trata con sensatez el controvertido tema enunciado en su título, abogando firmemente por el respeto al santuario interior que es la propia conciencia y reclamando su autonomía y su soberanía frente al impertinente monstruo del Estado, que sirve de pantalla a tanto enfermo ignorante suelto.


La Guerra contra las Drogas
y la Guerra contra la Conciencia
por Graham Hancock
2009




     Nos dicen que la "Guerra contra las Drogas" está siendo emprendida, a favor de nosotros, por nuestros gobiernos y sus burocracias armadas y fuerzas policiacas, para salvarnos de nosotros mismos. "El potencial para el abuso y daño" se supone que es el criterio por el cual el uso de drogas es suprimido. Mientras mayor es el potencial de una droga para su abuso y daño, mayor y más vigoroso es el grado de su supresión, y sanciones más draconianas se han aplicado contra sus usuarios.

     En sintonía con este esquema, las drogas son comúnmente clasificadas en una jerarquía: Listas I, II y III en Estados Unidos, Clases A, B y C en el Reino Unido, etcétera, etcétera, por todo el mundo. De esta forma, ser detenido por la posesión de una droga de Lista I o de Clase A provoca mayores sanciones que la posesión de una droga de Lista III o Clase C. Generalmente, si se estima que una droga tiene algún uso médico actualmente aceptado, es probable que sea ubicada en una lista inferior que si es que no en ninguna, no obstante el hecho de que pueda tener el potencial para su abuso o daño. En ausencia de cualquier efecto terapéutico reconocido, las drogas que son altamente adictivas, como la heroína o el crack de cocaína, o drogas que son profundamente psicotrópicas, incluyendo alucinógenos como el LSD, la psilocibina o la DMT (dimetiltriptamina), son casi universalmente puestas en las listas más altas, y su uso atrae los castigos más severos.

     Las excepciones notables a este sistema de clasificación según los "daños" percibidos son, por supuesto, el alcohol y el tabaco, ambas drogas sumamente adictivas y dañinas —muchísimo más que el cáñamo indio o la psilocibina, por ejemplo— y sin embargo socialmente aceptadas con motivo de un acostumbrado largo uso, y por ello mismo no colocadas en ninguna lista en absoluto.


La Guerra Fracasada

     Cuando miramos la historia de la "Guerra contra las Drogas" durante aproximadamente los pasados 40 años, debe preguntarse si la criminalización del uso de cualquiera de las sustancias prohibidas ha sido de algún modo eficaz en términos de conseguir los objetivos planteados para los que esta "guerra" fue supuestamente montada. Específicamente, ¿ha habido una marcada reducción del uso de drogas ilegales durante los últimos 40 años —como uno esperaría con los miles de millones de dólares del dinero de los contribuyentes que ha sido gastado durante un período tan largo para su supresión— o ha habido una reducción de los daños que estas drogas supuestamente causan al individuo y a la sociedad?.

     Es innecesario aquí poner aquí tediosos datos de estadísticas, hechos y cifras disponibles de fuentes publicadas para afirmar que, en términos de sus propios objetivos indicados, la "Guerra contra las Drogas" ha sido un miserable fracaso y un vergonzoso y escandaloso desperdicio del dinero público. En efecto, es bien sabido, y es indiscutible, que las mismas sociedades que intentan de la manera más enérgica suprimir varias drogas, y en las cuales los usuarios son sometidos a las penas más rigurosas, han visto un enorme y continuo aumento del consumo per cápita de dichas drogas. Esto es tácitamente admitido por las grandes burocracias armadas establecidas para perseguir a los usuarios de drogas en nuestras sociedades, que cada año demandan más y más dinero público para financiar sus actividades represivas. Si la supresión estuviera dando frutos, uno esperaría que sus presupuestos disminuyeran y no que aumentasen.

     Mientras tanto, los daños sociales causados por la misma "Guerra contra las Drogas" son manifiestos y evidentes por todas partes. En Estados Unidos, por ejemplo, desde 1965 ha habido más de 20 millones de detenciones por posesión de marihuana, droga de Lista I [!], y 11 millones desde 1990. La tasa de detenciones aumenta año tras año, lo que nos lleva a la asombrosa situación donde hoy un fumador de marihuana es detenido cada 38 segundos [1]. El resultado, como Rob Kampia, director ejecutivo del Proyecto de Política de la Marihuana (MPP), recientemente observó, es que los arrestos por marihuana superan el número de detenciones por "todos los delitos violentos combinados", lo que significa que la policía gasta cantidades excesivas de tiempo persiguiendo a criminales no violentos. Y eso sin mencionar que aquellos que son detenidos por uso de marihuana y otras drogas ilegales sufren realmente un daño inmenso a consecuencia de los castigos infligidos a ellos, incluyendo —pero no limitados a— traumas personales, pérdida de la libertad, pérdida de la reputación, pérdida de perspectivas de empleo, y un serio y duradero daño financiero.

[1. http://edition.cnn.com/2008/POLITICS/07/30/frank.marijuana/index.html].


Inventario de Daños

     Tales asuntos son sólo el principio del enorme inventario de daños provocados por la "Guerra contra las Drogas".

     Las sociedades industriales occidentales, y todas aquellas culturas de todo el mundo que con mayor frecuencia procuran emularlas, nos enseñan a venerar sobre todo lo demás al estado de vigilia, el estado de la conciencia capaz de la resolución de problemas, que es particularmente apropiado para la conducción de la ciencia, los negocios, la guerra y la investigación lógica, y para actividades tales como la conducción de automóviles, manejo de maquinaria, realización de cirugías, sacar cuentas, preparar proyectos, acumular riqueza, etc., etc., etc. Pero hay muchos otros estados de conciencia que el asombroso y misterioso cerebro humano es capaz de abarcar, y parece ser un impulso humano natural, tan profundamente arraigado como nuestros impulsos para la comida, el sexo y las relaciones de crianza, el buscar y explorar tales "estados alterados de conciencia". Una sorprendentemente amplia variedad de métodos y técnicas (desde ejercicios de respiración, meditación, ayuno, hipnosis, música rítmica, hasta períodos extensos de baile vigoroso, etc.) está disponible para ayudarnos a conseguir dicho objetivo, pero no cabe duda de que el consumo de aquellas plantas y sustancias llamadas "drogas" en nuestras sociedades está entre los más efectivos y eficientes medios disponibles para la Humanidad para explorar dichos estados profundamente alterados de conciencia.

     El resultado es que la gente naturalmente busca drogas y las modificaciones temporales de conciencia que ellas producen. No toda la gente en cada sociedad hará eso, quizás ni siquiera la mayoría, pero ciertamente una minoría muy sustancial, por ejemplo, los 2 millones de británicos que son conocidos por consumir drogas ilegales cada mes [2], o aquellos 20 millones de personas en Estados Unidosd que han sido detenidas por posesión de marihuana desde 1965. Y éstos por supuesto son sólo la punta del iceberg de una población mucho más grande de usuarios estadounidenses de marihuana, estimados en muchas decenas más de millones, quienes, por suerte o por sus precauciones, todavía no han caído en infracción de la ley y no son así reflejados en las estadísticas de detenciones.

[2. The Independent, Londres, 15 de Agosto de 2008, citando una investigación del Departamento de Salud.].

     Demás está decir que este es, por supuesto, exactamente el mismo impulso de alterar la conciencia que también compele a cantidades aún más grandes de personas a usar drogas legales (y a menudo muy dañinas) como el alcohol y el tabaco, las cuales, aunque ellas puedan no alterar la conciencia tan dramáticamente como, supongamos, el LSD, son sin embargo indudablemente usadas y buscadas por las modificaciones limitadas de la conciencia que ellas producen realmente.

     Para los cientos de millones de personas de todo el mundo cuya necesidad de experimentar estados alterados no es y no puede ser satisfecha por el olvido que produce la ebriedad alcohólica o los efectos estimulantes del tabaco, es por lo tanto completamente natural recurrir a "drogas". Y, ya que la "Guerra contra las Drogas" significa que no hay ninguna fuente legal de suministro de estas sustancias, el resultado inevitable es que aquellos que desean usarlas deben recurrir a fuentes ilegales de suministro.

     Aquí yace un daño grande y duradero, puesto que es obvio —y todos podemos ver los efectos en todas partes— que la criminalización del uso de drogas ha potenciado y enriquecido a un vasto y verdaderamente horrible submundo criminal global, al garantizar que éste sea la única fuente de suministro de estas drogas. Hemos entregado, en efecto, a nuestra juventud —el sector dentro de nuestras sociedades que siente más fuertemente la necesidad de experimentar estados alterados de conciencia— en las manos de los peores gángsters y canallas del planeta. Para comprar droga nuestros hijos e hijas no tienen ninguna otra opción sino sólo acercarse y asociarse con criminales violentos y avaros. Y porque los beneficios de la venta de drogas ilegales son tan enormes, estamos todos atrapados en las inevitables consecuencias de las guerras territoriales y asesinatos entre las pandillas y cárteles que compiten en este el más negro de los mercados negros.

     Debería ser completamente obvio para nuestros gobiernos, después de más de 40 años de rotundo fracaso para suprimir el uso de drogas ilegales, que sus políticas en esta área no funcionan, y nunca darán resultado. Debería ser completamente obvio, un simple paso lógico, comprender que despenalizando el uso de drogas, y poniendo el suministro de todas las drogas a disposición de aquellos adultos que desean usarlas por medio de canales legales y adecuadamente regulados, podríamos, de un golpe, sacar del negocio a la vasta empresa criminal que actualmente prospera con el suministro de drogas ilegales.

     Debería ser obvio, pero de alguna manera no lo es.

     En cambio, los poderes fácticos siguen en pos de las mismas políticas duras y crueles con las que se han casado desde un comienzo, siempre procurando fortalecerlas y reforzarlas en vez de sustituírlas por algo mejor. En efecto, el único "cambio" que las grandes burocracias armadas que hacen cumplir estas políticas han buscado siempre desde que la "Guerra contra las Drogas" comenzó, año a año, ha sido demandar aún más dinero, e incluso más armas, y poderes legislativos aún más draconianos para irrumpir en los hogares, confiscar la propiedad y privar de libertad a ciudadanos por otra parte observantes de la ley, y arruinar sus vidas. En el proceso hemos visto a nuestras sociedades otrora libres y fuertes —que solían respetar la opción individual y la libertad de conciencia sobre todo lo demás— deslizarse inexorablemente por la pendiente resbaladiza que conduce hacia el Estado policiaco. ¡Y todo esto está siendo hecho en nuestro nombre, con nuestro dinero, por nuestros propios gobiernos, para "salvarnos de nosotros mismos"!.


Ganadores y Perdedores

     ¿Quién se beneficia de esta colosal estupidez y maldad sistemática?. ¿Y quién pierde?.

     Los beneficiarios son fáciles de detectar.

     Primero, se han beneficiado enormemente las grandes burocracias siempre en expansión, financiadas con sumas grandes y siempre crecientes de dinero público para suprimir el uso de drogas. Todo el que trabaja para ellas, desde la gente de relaciones públicas y traficantes de engaños que preparan la propaganda usada para vendernos sus políticas, incluyendo a sus subcontratistas tanto públicos como privados, e incluso las (a menudo dirigidas privadamente) prisiones llenadas a punto de reventar con sus víctimas, son los beneficiarios de este fracaso catastrófico de parte de nuestros gobiernos para pensar lateralmente, generosa y creativamente. Si usted es un agente de la DEA (Drug Enforcement Administration) o un guardia de prisión, naturalmente tiene un profundo interés en mantener el miserable estado de cosas, justificado por la "Guerra contra las Drogas", que lo mantiene a usted en su trabajo, que asegura que sus pagos mensuales sigan entrando, y que continuamente aumenta sus presupuestos.

     La segunda categoría principal de beneficiarios corresponde, por supuesto, a las pandillas criminales y los cárteles que las actuales engañosas políticas oficiales han potenciado como la única fuente de drogas en nuestras sociedades. Durante los pasados más de 40 años ellos han ganado incontables miles de millones de dólares por la venta de drogas ilegales que, si sólo hubieran sido legales, no les hubiera permitido ganar un solo centavo.

     ¿Quiénes son los perdedores?.

     Primero y más directamente, aquellos millones de millones de personas buenas y no violentas en nuestras sociedades que han sido encarceladas o castigadas de otra manera por causa de la posesión y el uso de drogas. Y en segundo lugar (sin tener en cuenta si ellos usan drogas ilegales o no), prácticamente todos los demás en nuestra sociedad también, por cuanto la calidad de vida de todos nosotros se ha visto disminuída por el crecimiento del Estado policiaco y por las actividades criminales de las pandillas franquiciadas y mantenidas en el negocio por la perpetuación ciega e irracional de esta fracasada y en bancarrota "Guerra contra las Drogas".

     De esta manera, resumiendo, la criminalización del uso de drogas no ha traído ningún efecto positivo, sólo negativos, y no ha frenado o siquiera reducido el uso de drogas peligrosas y dañinas. Al contrario, hemos sido tan poco "salvados de nosotros mismos" por esta falsa guerra, que el uso de casi todas las drogas ilegales, lejos de disminuír, ha aumentado dramáticamente durante los pasados 40 años.


Aprendiendo del Tabaco

     Un ejemplo contrario, pero uno que es más instructivo, tiene que ver con el uso del tabaco en nuestras sociedades.

     El tabaco nunca ha sido ilegal; lejos de eso, su uso ha sido activamente estimulado por astutas campañas publicitarias montadas por la multi-billonaria industria del tabaco. Pero el uso del tabaco indudablemente conduce a grandes daños, tanto para la salud del individuo como para la salud de la sociedad en general, y los hechos sobre estos daños han sido extensa y exitosamente difundidos sin que un solo usuario de tabaco alguna vez haya sido detenido o perseguido.

     Es interesante en esta conexión comparar el éxito de campañas de información pública sobre los peligros del uso del tabaco con el fracaso completo de las campañas de información pública sobre los peligros del uso de la marihuana. La razón por la que las campañas anti-marihuana han fracasado es que los millones de usuarios saben por su propia experiencia directa y de largo plazo que la marihuana realmente no les hace ningún gran daño y (en cuanto a la propaganda anti-marihuana más reciente) definitivamente no los vuelve locos. Bien puede ser verdad que el pequeños número de adolescentes frágiles cuya salud mental ya estaba comprometida de antemano, haya tenido su esquizofrenia latente u otras condiciones similares, haya empeorado por el uso de la marihuana, pero la gran mayoría de los usuarios de marihuana no se ven en absoluto afectados de esa manera. De igual modo, los esfuerzos de las agencias del gobierno para persuadirnos de que nuevas variedades más potentes de marihuana actualmente disponibles en el mercado son más peligrosas para nuestra salud que las variedades tradicionales, porque ellas entregan mucho más del ingrediente activo THC (tetrahidrocanabinol) a nuestros sistemas, no han persuadido a nadie. Los usuarios regulares de marihuana enfrentados a una variedad más fuerte simplemente ajustan su consumo, consumiendo mucho menos de ella a fin de conseguir el mismo efecto, y sienten intuitivamente que fumar menos de cualquier sustancia tiene que ser mejor para sus pulmones y su salud general que fumar más.

     La consecuencia de esta desconexión entre la experiencia personal y los "hechos" suministrados por las campañas oficiales de información pública es que enormes cantidades de personas ya no creen nada de lo que nuestros gobiernos tienen que decirnos sobre drogas. Hay un reconocimiento cada vez más generalizado de que la información contaminada, incomprobable y tendenciosa que está siendo pasada como información no es digna de confianza. Y esta desconfianza de las fuentes oficiales de información, por supuesto, sólo es empeorada por el carácter propagandístico, la caza de brujas y las tácticas de terror de la "Guerra contra las Drogas", y por la comprensión de que la información de salud suministrada en las campañas anti-drogas no está respaldada por las políticas oficiales de salud y educación sino en cambio por sanciones criminales draconianas y actitudes punitivas autoritarias.

     En lo que se refiere a los riesgos para la salud por el uso del tabaco, por otra parte, puesto que no hay ninguna sanción criminal contra los usuarios de tabaco, ninguna gran burocracia armada para hacerlas cumplir, y ningún interés especial que satisfacer mediante la difusión de información engañosa, la evidencia ha sido aceptada y creída por la mayoría de los adultos racionales que libremente toman sus propias decisiones, precisamente lo que uno esperaría.

     ¿El resultado? Mientras el uso de drogas ilegales se ha disparado en todas partes durante los últimos 40 años, independientemente de la persecución violenta contra los usuarios de esas drogas, el uso del tabaco, en un clima de libre elección e información confiable, se ha desplomado a un mínimo histórico. El consumo de tabaco, alguna vez visto como un hábito socialmente aprobado, incluso deseable, y, en realidad, "elegante", ha venido a ser considerado como una actividad que crea parias en la cual sólo los idiotas se complacerían. Aunque haya, por supuesto, todavía muchos usuarios de tabaco —porque la nicotina es intensamente adictiva— su cantidad sigue disminuyendo dramáticamente año a año mientras cada vez más de nosotros hacemos la opción libre de dejar dicho hábito por nuestra salud.

     ¿No es obvio que el "modelo del tabaco" podría ser aplicado con igual éxito a todas las drogas ilegales?. En otras palabras, ¿no es obvio que, si nuestros gobiernos realmente desean que nosotros dejemos de usar drogas, debiera ocurrir la legalización inmediata del uso privado adulto, que las gigantescas burocracias armadas que persiguen a los usuarios de drogas deben ser cerradas, y que todo este asunto debe ser hecho más accesible, de la forma en que el uso del tabaco lo ha sido, con el fin de disponer de información buena y confiable y un sano sentido común de la gran mayoría de la población?. Si esto ocurre, entonces podemos estar seguros de que las drogas que son de verdad dañinas para la salud y el bienestar (como el tabaco ciertamente lo es) perderán el favor de sus usuarios de exactamente el mismo modo en que el tabaco lo ha perdido. Y si resulta que algunas de estas drogas no son de hecho tan perjudiciales, entonces no debería concernirnos en absoluto si algunos adultos toman la libre opción de seguir usándolas.

     Por supuesto, incluso en un contexto de legalización y buena información, todavía algunos adultos elegirán seguir usando drogas realmente dañinas, tal como algunos hoy siguen haciendo su libre opción de continuar consumiendo tabaco. Pero así también es como debiera ser en una sociedad realmente libre. El congresista republicano estadounidense Barney Frank dio en el clavo en cuanto a la verdad de lo que significa realmente una sociedad libre cuando él anunció un proyecto de ley en Agosto de 2008 para terminar las sanciones federales para los estadounidenses que porten menos de 100 gramos de marihuana. "La enorme cantidad de actividad humana no debería ser de la incumbencia del gobierno", dijo Frank en la colina del Capitolio. "No creo que sea asunto del gobierno decirle a usted cómo emplear su tiempo libre".

     No hace falta decir que la propuesta de Frank con poca probabilidad tendrá éxito en el clima histérico de desinformación que actualmente rodea este asunto, y debemos preguntarnos por qué este debería ser así. ¿Por qué las proposiciones de sentido común para la legalización de las drogas no son nunca adoptadas, o siquiera seriamente consideradas por nuestros gobiernos?. ¿Por qué, por el contrario, tales propuestas son dogmáticamente rebatidas con aún más propaganda e información corrompida que emana de las grandes burocracias armadas anti-drogas?.

     El que la legalización de las drogas reduciría los presupuestos de aquellas mismas burocracias, y en último término las pondría fuera del negocio, es parte de la respuesta. Pero para encontrar el verdadero motor que perpetúa la "Guerra contra las Drogas" tenemos que parecer más profundos y hacer preguntas fundamentales sobre la relación entre el individuo y el Estado en las democracias occidentales modernas.


Libertad de Conciencia

     ¿De qué se trata la civilización occidental?. ¿Cuáles son sus mayores logros y sus aspiraciones más altas?.

     Mi suposición es que las respuestas de la mayoría de la gente a estas preguntas estarían en relación —antes que con todos los otros espléndidos logros de la ciencia, la literatura, la tecnología y la economía— con el sustento y el crecimiento de la libertad.


     La libertad individual

     Esto incluye —pero no se limita a— la libertad (freedom) frente al irrestricto poder de los monarcas, la libertad frente a las intrusiones injustificadas del Estado y sus agentes en nuestras vidas personales, la liberación desde la tiranía de la Iglesia y su Inquisición, la liberación con respecto al hambre y la miseria, la libertad con respecto a la esclavitud y la servidumbre, la libertad de conciencia, la libertad de religión, la libertad de pensamiento y expresión, la libertad de reunión, la libertad para elegir a nuestros propios líderes, etcétera, etcétera.

     La lista de libertades de las que hoy en día disfrutamos y que no fueron disfrutadas por nuestros antepasados es en efecto larga e impresionante. Es por lo tanto sumamente extraño que la civilización occidental en el siglo XXI no disfrute de ninguna verdadera libertad de conciencia.

     No puede haber ninguna parte más íntima y elemental del individuo que su propio conciencia. En el nivel más profundo, nuestra conciencia es lo que somos, al grado de que si no somos soberanos con respecto a nuestra propia conciencia entonces no podemos en ningún sentido significativo ser soberanos sobre algo más tampoco; de modo que tiene que ser completamente significativo que, lejos de estimular la libertad de conciencia, nuestras sociedades de hecho niegan violentamente nuestro derecho a la soberanía en esta área sumamente personal, y efectivamente han proscrito todos los estados de conciencia fuera de aquellos que están en una lista muy estrechamente definida y oficialmente aprobada. La "Guerra contra las Drogas" de esta manera ha tenido éxito de forma inesperada al diseñar una severa inversión de la verdadera dirección de la historia occidental, por el hecho de potenciar a autoridades burocráticas anónimas para que envíen agentes armados para que irrumpan en nuestras casas, nos detengan, nos arrojen en prisión y nos priven de nuestros ingresos y reputación simplemente porque deseamos explorar las —a veces radicales, aunque siempre temporales— alteraciones que las drogas facilitan en nuestra propia conciencia.

     Además de estar contra las reglas arbitrarias que el Estado nos ha impuesto, el uso personal de drogas por adultos no es un "delito" en ningún verdadero sentido moral o ético, y por lo general ocurre en la intimidad de nuestras propias casas, donde no puede probablemente hacer daño a otros. Para algunos esto es una simple opción de estilo de vida. Para otros, particularmente en lo que a los alucinógenos como el LSD, la psilocibina y la DMT se refiere, esto es un medio para entrar en contacto con reinos alternos y dimensiones paralelas, y quizás hasta con lo divino. Para unos, las drogas son una ayuda para la creatividad y el esfuerzo mental enfocado. Para otros, ellas son un medio de des-sintonizarse un rato de las preocupaciones diarias. Pero en todos los casos parece probable que la tendencia a alterar la conciencia, de la cual se origina todo el uso de drogas, tiene raíces profundamente genéticas.

     Otras opciones adultas de estilo de vida con profundas raíces genéticas también solían ser violentamente perseguidas por nuestras sociedades. Un ejemplo notable es la homosexualidad, alguna vez castigable con la muerte o con períodos largos de encarcelamiento, la que es completamente legal ahora entre adultos con consentimiento —y completamente reconocido como algo que no es de ninguna manera un asunto del Estado— en todas las culturas occidentales. (Aunque aproximadamente trece Estados estadounidenses tengan leyes "anti-sodomía" que proscriben la homosexualidad, estos estatutos han sido raramente hechos cumplir en años recientes, y en 2003 la Corte Suprema estadounidense invalidó aquellas leyes).

     Del mismo modo, no fue hace tanto tiempo que las videntes naturales, las mediums y las sanadoras que sintieron la vocación para convertirse en "brujas" eran quemadas en la estaca por "crímenes" que ahora miramos hacia atrás como excentricidades inocuas en el peor de los casos.

     ¿Quizás ocurrirá lo mismo con las drogas?. Quizás en un siglo o dos, si no hemos destruído la civilización humana para entonces, nuestros descendientes mirarán hacia atrás con repugnancia en cuanto a las bárbaras leyes de nuestro tiempo que castigaron tan duramente a una minoría (con encarcelamiento, ruina financiera, y peor) por buscar responsablemente, en silencio y en la intimidad de sus propios hogares, alteraciones en su propia conciencia mediante el uso de drogas. Quizá terminaremos incluso por mirar hacia atrás a la persecución de usuarios de drogas con el mismo sentido de vergüenza y horror con que ahora vemos la incineración de "brujas" y la imposición de la esclavitud sobre otros.

     Mientras tanto, no es ninguna casualidad que la "Guerra contra las Drogas" haya sido acompañada por una expansión sin precedentes del poder gubernamental sobre el antes inviolable santuario interior de la conciencia individual. Por el contrario, me parece que la urgencia del Estado por el poder ha sido desde el principio la verdadera razón de esta "guerra"; no un deseo honesto de parte de las autoridades para rescatar a la sociedad y al individuo de los daños causados por las drogas sino una delgada cuña destinada a legitimar el creciente control burocrático y la intervención en casi cada otra área de nuestras vidas también.

     Ésta es la manera en que la libertad es secuestrada: no toda a la vez y al descubierto, sino furtivamente, poco a poco, a puerta cerrada, y con nuestro propio acuerdo. ¿Cómo seremos capaces de resistir, cuando tantos de nosotros han entregado ya voluntariamente las llaves de nuestra propia conciencia al Estado y han aceptado sin protestar que es correcto que a uno se le diga qué podemos y qué no podemos hacer, qué podemos y qué no podemos explorar, incluso qué podemos y qué no podemos experimentar, con esta la parte más preciosa, sapiente, única e individual de nosotros mismos?.

     Claro, sólo si es que estamos dispuestos a aceptar que por lo tanto podemos ser persuadidos para aceptar algo.–




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