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viernes, 28 de febrero de 2014

Entrevista a Ernst Nolte (1994)



     Cuando se cumplen cinco años del fallecimiento del escritor chileno Miguel Serrano, publicamos una entrevista hecha al historiógrafo doctor Ernst Nolte, que creemos que será de interés principalmente para quienes conozcan su obra o comprendan la importancia de su labor. Ernst Nolte (1923), conocido filósofo e historiador alemán discípulo de Heidegger, autor de casi una veintena de libros, notorio por establecer en sus estudios un paralelo entre fascismo y comunismo, y más aún, por sostener que el nacionalsocialismo fue sólo una especie de reflejo especular de este último, provocó con sus escritos, en especial con un artículo periodístico de 1986, lo que se conoció como "la disputa de los historiadores" (Historikerstreit). Según él, el nacionalsocialismo surgió sólo como respuesta al «genocidio de clase» y al «barbarismo asiático» de los bolcheviques. Ian B. Warren, el interlocutor en esta entrevista de hace 20 años que hemos traducido y que encontramos en ihr.org (Throwing Off Germany's Imposed History), es el seudónimo del estadounidense Donald Warren, doctor en Sociología, quien por años fue profesor en la Oakland University en Rochester, Michigan, donde también fue presidente del departamento de Sociología y Antropología.


Deshaciéndose de la Historia
Impuesta de Alemania.
El Lugar del Tercer Reich en la Historia.
Una Conversación con el Profesor Ernst Nolte
por Ian B. Warren
Enero de 1994




     Hace aproximadamente trece años, una figura principal de la vida académica alemana, el profesor Ernst Nolte de la Universidad Libre de Berlín, retiró la cortina de un tema prohibido en el discurso público en su país. Con una conferencia dada en Munich titulada "Entre la Leyenda Histórica y el Revisionismo. El Tercer Reich en la Perspectiva de 1980", el prominente historiador disparó un tiro de advertencia a través del arco del establishment intelectual de Alemania [1].

     Seis años más tarde, un provocativo ensayo del doctor Nolte provocó un intercambio sin precedentes de cartas, ensayos y otras polémicas entre los principales estudiosos de la historia alemana moderna. Esta "disputa de los historiadores", o Historikerstreit, estuvo marcada —en palabras del redactor de un diario académico estadounidense— por "una intensidad sin precedentes en la vida pública de la República Federal (Alemana)". Además, "esto pronto evolucionó hacia un importante conflicto intelectual sobre el sentido del pasado nacionalsocialista para la identidad política y cultural de la Alemania Occidental contemporánea" [2].

     Una controversia compleja, la Historikerstreit implica preguntas sobre los usos políticos de la Historia, las diferencias en la perspectiva histórica de las generaciones, los métodos de investigación histórica, y los límites de la objetividad en relación con los principales acontecimientos en la vida de una nación. En el centro de la disputa hay una pregunta con ramificaciones sociales y políticas profundas para Alemania y el mundo occidental: ¿Cómo el legado de Hitler y el Tercer Reich va a ser integrado en una visión de largo plazo en la historia alemana?. Lo que está en juego aquí, obviamente, son cuestiones de importancia no simplemente para los académicos, sino cuestiones de consecuencia esencial para la auto-comprensión nacional alemana y su auto-definición, y para el lugar de Alemania en el mundo.

     La chispa que encendió el fuego en el mundo intelectual de Alemania fue un ensayo de Nolte que apareció el 6 de Junio de 1986 en el prestigioso periódico alemán Allgemeine Zeitung [3]. En ese breve artículo, titulado "El Pasado que no Desaparecerá", Nolte sostuvo que a la actual generación de alemanes, cuarenta años después del final de la Segunda Guerra Mundial, debería permitírsele abrazar su pasado nacional sin un sentido permanente de culpa. «La charla acerca de "la culpa de los alemanes"» observó, «pasa por alto demasiado alegremente el parecido con la charla sobre "la culpa de los judíos", que era un argumento principal de los nacionalsocialistas... Toda la atención dedicada a la "Solución Final" simplemente desvía nuestra atención de los hechos importantes sobre el período nacionalsocialista...». Cuando se trata la historia del Tercer Reich —observa Nolte con pesar—, las reglas más básicas de la erudición histórica parecen haber sido suspendidas. De hecho, «cada pasado es conocible en su complejidad... las imágenes en blanco y negro de los contemporáneos políticamente involucrados deberían ser corregibles; las historias más tempranas deberían estar sujetas a revisión» [4].

     Ya en su conferencia de 1980, "Leyenda Histórica y Revisionismo", Nolte había advertido: «La vitalidad negativa de un fenómeno histórico representa un gran peligro para la disciplina de la Historia. Una imagen permanentemente negativa o positiva necesariamente tiene el carácter de un mito, que es una forma actualizada de una leyenda. Esto es verdadero porque un mito como éste puede servir para fundar o apoyar una ideología de Estado...» [5].

     Por lo tanto, decía Nolte, "someter la historia del Tercer Reich a la revisión... me parece una tarea difícil y apremiante". Él a continuación propuso "tres postulados" como una base para una futura historiografía del Tercer Reich:

«1. El Tercer Reich debería ser sacado del aislamiento histórico en el cual permanece aun cuando es tratado dentro del marco de una época de fascismo. Debe ser estudiado en el contexto de las disrrupciones, crisis, temores, diagnósticos y terapias que fueron generadas por la Revolución Industrial...

«2. La instrumentalización a la cual el Tercer Reich debe una buena parte de su fascinación persistente debería ser prevenida...

«3. La demonización del Tercer Reich es inaceptable... [Más bien] debe convertirse en un objeto de conocimiento, de una erudición que no sea ajena a la política, pero que tampoco sea simplemente una criada de ésta».

     Lo que muchos críticos de Nolte —tanto en Alemania como en el extranjero— encontraron más perturbador en sus escritos era, como era de esperar, su discusión iconoclasta de la "Solución Final de la Cuestión Judía". El tratamiento de guerra de Hitler hacia los judíos —el historiador parecía sugerir— podría ser legítimamente considerado como una respuesta defensiva del Führer a la amenaza de asesinato masivo de los alemanes por parte de los bolcheviques. En su conferencia de 1980 Nolte dijo: «...Es difícil negar que Hitler tuviera una buena razón para estar convencido de la determinación de sus enemigos de aniquilar (a los alemanes) mucho antes de que la primera información sobre los acontecimientos en Auschwitz se hiciera pública...  La declaración de Chaim Weizmann (líder sionista) en los primeros días de Septiembre de 1939, en cuanto a que en esta guerra los judíos de todo el mundo lucharían al lado de Inglaterra... podría poner un fundamento para la tesis de que Hitler habría estado justificado al tratar a los judíos alemanes como prisioneros de guerra, y de esa manera internarlos» [6].

     En su ensayo de 1986, Nolte planteó para la consideración dos preguntas, que han sido desde entonces ampliamente citadas, que él llamó "permisibles, incluso inevitables": «¿Cometieron quizás los nacionalsocialistas o Hitler un hecho "asiático" [de asesinato masivo] simplemente porque ellos y sus semejantes pensaron que eran víctimas potenciales de un hecho "asiático" [por parte de los soviéticos]?. ¿No fue el  Archipiélago Gulag anterior a Auschwitz?; ¿no fue el asesinato de una clase entera realizado por los bolcheviques el antecesor lógico y fáctico del "asesinato racial" efectuado por el nacionalsocialismo?» [7].

     La reacción a tales declaraciones vino rápidamente. Unas semanas más tarde, el famoso teórico social izquierdista y activista político Jürgen Habermas respondió en un detallado artículo, "Una Especie de Arreglo de Daños: Las Tendencias Apologéticas en la Escritura de la Historia Alemana", que apareció en el semanario liberal de Hamburgo Die Zeit [8]. Durante los meses que siguieron muchos otros eruditos participaron en la acalorada discusión. La reacción a los escritos de Nolte no fue confinada a la mera retórica. En 1988 su automóvil fue destruído en un ataque terrorista con bomba realizado por un grupo anarquista-izquierdista [9].

     Pocos académicos hablan con mayor autoridad de la historia del Tercer Reich que el profesor Nolte. Con los años, sus apreciaciones a veces poco convencionales de la historia y la filosofía política del siglo XX —presentadas en varios libros y numerosos artículos— le han ganado una amplia aclamación. Probablemente su obra más conocida es el estudio de 1963, Der Faschismus en Seiner Epoche —primeramente publicado en inglés en 1965 bajo el título de "Las Tres Caras del Fascismo"— que compara el fenómeno del "fascismo" en Francia, Italia y Alemania. Extensamente considerado como un trabajo que abre camino y un clásico sobre la materia, todavía es virtualmente una lectura obligada para todo estudiante serio del tema [10].

     Como hasta los más críticos de sus adversarios intelectuales concederán, la controversia a menudo amarga que él provocó ha sido un hito en la conciencia alemana de la historia europea del siglo XX. Más que cualquier otra persona, él ha estimulado una introspección nacional profunda en torno a la historia contemporánea, que por su parte ha engendrado una nueva apertura y madurez del pensamiento.

     En Mayo pasado [de 1993] me fue permitida la oportunidad de una conversación extensa con el profesor Nolte en su hogar en Berlín. Durante esa reunión, este académico alto y de aspecto distinguido ofreció una evaluación reflexiva del papel del historiador y de la función crítica del revisionismo histórico en el contexto de la identidad nacional, dentro del contexto de la llamada Historikerstreit. Como en quien cuya erudición y sus valores personales están estrechamente entrelazados, la perspectiva de Nolte durante nuestra conversación fue analítica e incluso no carente de un compromiso apasionado con los valores de la investigación histórica académica.

*  *  *  *  *


—P: Ha pasado más de una docena de años desde que usted primero comenzó a advertir sobre la creación de una leyenda histórica o mito. Al hacer aquello, ¿trataba usted de resistir a un desarrollo que usted vio que estaba ocurriendo, quizá especialmente entre los historiadores alemanes, quizá incluso entre los líderes mundiales?. Déjeme también entonces preguntar sobre su motivación para emprender una tarea tan audaz y difícil, y hasta peligrosa.

—R: Yo diría que cada opinión actual, todo el conformismo general, tiene una tendencia a llegar a convertirse en un Mito. Déjeme ofrecer el ejemplo del marxismo, que en su núcleo contenía observaciones fácticas, pero que fue transformado entonces en una leyenda/mito. Mirando hacia atrás, el leninismo fue el resultado inevitable de un desarrollo mundial e histórico entero, el futuro del cual iba a ser la Unión Soviética, finalmente el Estado central, incluso lo que podría ser llamado un Estado mundial, donde todos las lenguas y todas las naciones serían fundidas. Esto es un Mito, que debe ser relacionado con algunos mitos muy tempranos de la Historia. Fue seguido del predominio largamente indiscutible de lo que puede ser llamado el "anti-fascismo", una interpretación de la Historia que también se ha convertido en un Mito.

     Yo quise advertir contra esta mitologización porque es contraria a una característica principal de la erudición: hacer revisiones y poner el conocimiento y los hechos dentro de nuevos contextos. No estoy hablando aquí sobre el "revisionismo" como basado en la revisión por sí misma, aunque yo siempre sea mencionado como un "revisionista". No soy un revisionista por el amor al revisionismo. En mi opinión, una de las revisiones más necesarias, quizás la revisión más importante que debe ser hecha, es rectificar la práctica de interpretar la historia de Alemania mirando sólo la historia alemana, es decir, buscar sólo fuentes alemanas para lo que sucedió en Alemania, sobre todo durante el período del "Tercer Reich" de 1933-1945. Es siempre una cuestión de interpretación, de entender el nacionalsocialismo en su contexto correcto.

     Soy de la opinión de que lo que usted podría llamar como influencias de la época —que surgen del carácter de una cierta época y no tanto de los orígenes nacionales— debe ser acentuado. En mi libro Las Tres Caras del Fascismo, el término "fascismo" se refiere a un amplio fenómeno y concepto europeo dentro del cual el nacionalsocialismo debe ser incluído, aunque tenga sus propias características distintivas. En mi opinión esto significa que este carácter de época es más importante que el carácter nacional. En el contexto de lo que en Alemania llamamos Gesellschaftgeschichte, es decir la "historia social", el concepto de un Sonderweg ("camino especial") alemán nacional es lo más esencial. Por mi parte, no creo que el carácter nacional del "fascismo" debiera ser colocado exclusivamente en un primer plano [11].

     Durante los años '50 existía la así llamada teoría del totalitarismo, que veía esto como una idea de la época. El totalitarismo moderno no debe ser confundido con el despotismo, por ejemplo, porque es un fenómeno completamente nuevo, esencialmente relacionado con un solo acontecimiento de la época. Luego vino una tendencia a examinar las raíces nacionales de este fenómeno mundial. Por mi parte, en 1963 traté de acentuar su característica de época, pero con una diferencia: mirar las teorías del totalitarismo no tanto en términos de conformidad externa o de las semejanzas formales entre dos grandes movimientos totalitarios no-liberales, anti-liberales, a saber, el nacionalsocialismo y el comunismo. Más bien asumí la opinión de que la enemistad entre estos dos movimientos tenía que ser tomada muy seriamente. Mi libro sobre el fascismo pudo por lo tanto haber sido titulado "La Guerra Civil Europea", un título que usé realmente para un trabajo publicado en 1987 [12]. Esta idea estaba ciertamente implicada en Las Tres Caras del Fascismo, por ejemplo en mi definición del fascismo como anti-marxismo, un movimiento político que procuró aniquilar al enemigo estableciendo objetivos opuestos, a menudo empleando métodos similares. Todo esto supone que había un enemigo al cual tratar realmente de aniquilar. A este respecto, el concepto entero de una guerra civil europea estaba implicado ya en mi primer libro.

     ¿Cuál era mi motivo para escribir sobre la historia alemana y verme involucrado en una controversia pública? Ciertamente era personal, pero rechazo la idea de que debía pedir perdón por Alemania. Muchas personas dicen esto, pero yo siempre he dicho que esperaría decir las mismas cosas si yo fuera un estadounidense o un francés. No es tolerable en el mundo académico, en la ciencia, mantener para siempre un cuadro tan unilateral del mundo. Debe ser complementado teniendo en cuenta las fuerzas que este movimiento ["fascista"] consideraba como el principal enemigo.

     Déjeme plantear otro punto. No deberíamos hablar del "espectro del comunismo". Lenin nunca se consideró a sí mismo simplemente como un espectro. Él creía que él era una figura histórica mundial. En mi opinión, esta noción de una Revolución Comunista Mundial violenta no era sólo imaginaria. De este modo, a este respecto, quise dibujar un cuadro más imparcial del mundo, aunque éste no pueda ser un cuadro realmente completo, porque los archivos de la antigua Unión Soviética están recién ahora comenzando a ser abiertos. Es un fenómeno curioso el que las ideas socialistas, que fueron tan influyentes en Europa durante el siglo XIX, nunca ganaron una victoria política. (La única excepción fue la Comuna parisiense de 1871, que duró sólo algunas semanas).

     Entonces en 1917 nació por primera vez un Estado marxista; un Estado que iba a llegar a convertirse en el mayor en el mundo. Éste es un hecho de enorme importancia. No tomar esto en serio, no tomar a los enemigos del fenómeno "fascista" seriamente, parece superficial. Sobre todo, esto impide que uno vea qué curioso hecho es que el nacionalsocialismo, el enemigo más formidable de este fenómeno del socialismo [soviético] como un poder estatal, tuvo que copiar sus características hasta cierto punto. Así, en vez de ser contraposiciones completas, había semejanzas considerables entre los dos.

—P: Hay una buena base en los estudios biológicos del isomorfismo para la opinión de que en casos de conflicto cada lado toma las características del oponente. ¿Esto es aplicable aquí?

—R: No son sólo características externas, por ejemplo, que son importantes cuando alguien tiene que defenderse de un enemigo. Pero en este caso hay también semejanzas internas. Y esto no es tan evidente. Uno podría, si la gente no estuviera tan ansiosa por descubrir siempre supuestos aspectos políticos en mi trabajo, discernir la paradoja de la verdadera victoria del socialismo contra sus enemigos, pero no de la manera como los socialistas mismos la habían imaginado.

     Quizás si hubiera verdaderos nacionalsocialistas aquí en Alemania, ellos dirían que el señor Nolte es un peligroso apologista de los bolcheviques porque trata de mostrar que ellos eran bastante poderosos para ganar una victoria que ellos mismos no habían pensado posible; en efecto, una que era completamente inesperada, pero sin embargo claramente definida. Pero no hay ningún verdadero nacionalsocialista. Hay sólo, digamos, "nacionalsocialistas nostálgicos", y entonces la gente siempre habla de "defensores".

—P: ¿Entonces quizá vuestra peor falta es que vuestros argumentos son demasiado sutiles, y pueden por lo tanto ser más fácilmente atacados de un modo superficial pero inexacto?

—R: Sí; pero por otra parte, mi punto principal es muy simple. Porque si en la vida intelectual un lado es completamente victorioso, como en el caso de lo que se llama la Izquierda, entonces el resultado es un conformismo estéril. El conformismo general en este país es izquierdista, que es paradójico porque la Izquierda era originalmente un movimiento de protesta, un movimiento de aquellos que no se conforman con la opinión general. Dije "No" a este sentimiento predominante.

     He dicho que el nacionalsocialismo tiene que ser entendido históricamente, que no debe ser mitologizado en este sentido. Usted tiene que mirar no tan sólo un lado, puesto que hay otros lados para la cuestión; por ejemplo, si el nacionalsocialismo no era exclusivamente anti-modernista. Éste es un rasgo muy importante, que no puede ser ignorado. Si uno dice esto, una réplica común es acusar de que "usted está más cercano a este fenómeno que nosotros, de modo que usted debe ser un apologista". Como un académico, uno debe tratar de averiguar el otro lado de cualquier fenómeno histórico que ha sido presentado con una simplicidad universal. Así, en Estados Unidos, después de la Guerra Civil la opinión predominante era, al principio, sólo la de la causa justa del vencedor, pero historiadores posteriores intentaron comprender mejor al Sur para encontrar algún lado bueno a la causa del Sur, para explorar su política y su contexto histórico.

—P: Existe ciertamente una larga tradición revisionista en Estados Unidos. Pero me parece que hay algunas preguntas importantes que todavía no han sido abordadas en la Historikerstreit. Por ejemplo, aparentemente nadie ha tratado con las implicaciones del importante rol de los historiadores estadounidenses en la formación de nuestra comprensión de la historia del Tercer Reich. ¿Quizás debería haber un debate entre historiadores estadounidenses y alemanes sobre la historia del Tercer Reich?. Y si surgieran diferencias, ¿estarían ellas basadas en quiénes fueron los vencedores?

—R: Yo diría que los primeros historiadores alemanes en tratar con el Tercer Reich fueron los viejos historiadores establecidos, como Gerhard Ritter (1888-1967). Ritter mostró una cierta precaución defensiva y una cohibición. El nacionalsocialismo, él argumentaba, no fue un fenómeno prusiano; fue mucho más un fenómeno austriaco, etcétera. O considere el caso de Friedrich Meinecke, que fue un muy buen y destacado historiador aún antes de la Primera Guerra Mundial. Meinecke dijo que en el nacionalsocialismo empezaron a destacarse los peores rasgos de la historia alemana. Pienso que esta generación más vieja de historiadores alemanes permaneció en el primer plano hasta el comienzo de los años '60.

     Luego vino una generación más joven de historiadores, muchos de ellos relacionados con el Instituto para la Historia Contemporánea ("Institut für Zeitgeschichte") en Munich, que fue establecido como un centro para el estudio de la época nacionalsocialista. Estos historiadores más jóvenes, como Martin Broszat (1926-1989), trajeron un punto de vista diferente, no relacionado con su propia experiencia en el período anterior a 1945 [13]. Esta nueva generación estaba inclinada a subrrayar la conformidad o la sumisión de la generación más vieja con el nacionalsocialismo y el régimen de Hitler. Esta tendencia desarrolló su forma más extrema en conexión con la rebelión de 1968 cuando, por primera vez, fue Alemania como tal la que fue condenada. La perspectiva de esta generación más joven fue esencialmente formada por su vinculación con Estados Unidos. Todos ellos habían estado en Estados Unidos. Era, por así decir, la apropiación de la interpretación estadounidense por la generación más joven de alemanes.

—P: Éste me parece el punto más importante de plantear.

—R: Sí; si usted lleva ciertas cosas a un extremo, usted puede llegar a convertirse en un enemigo de su antiguo amigo. Y esto es lo que ha sucedido en Alemania. Durante la mayor parte de nuestra historia común, normalmente hemos estado en buenas relaciones con los estadounidenses. Pero los más extremos de la nueva generación de historiadores alemanes llegaron a ser tan izquierdistas que ellos lucharon contra el "imperialismo estadounidense" y las ideas relacionadas con ello. El ala extrema de la generación de 1968 se convirtió en anti-estadounidense, porque tenía una fuerte dosis de norteamericanismo, de televisión estadounidense, etcétera. Hubo incluso unos pocos que desarrollaron una opinión positiva del nacionalsocialismo.

     Considere el caso de Armin Mohler, quien es suizo, y por esta razón tiene un cierto "bonus": a él se le ha permitido decir muchas cosas que un alemán no podría [14]. Es esta característica, una cierta postura moral superior, lo que le permite una mayor libertad para hablar claro.

—P: Porque tal persona es considerada como no-egoísta; ¿una cierta objetividad de forastero?

—R: No, porque tal persona está relacionada con gente que fue perseguida. En Alemania, el "bonus" más característico en esto en este sentido es la ventaja judía. A los judíos se les permite decir muchas cosas aquí que ningún alemán puede decir.

—P: ¿Siempre y cuando sean parte de la clase de las víctimas?

—R: Sí; entonces usted tiene una ventaja considerable.

—P: ¿Una cierta legitimidad?

—R: Una legitimidad que otros no tienen. En el caso de Mohler, quien es suizo y por lo tanto un forastero, él escribió un libro sobre la revolución conservadora en Alemania durante la República de Weimar que, aunque no se identificaba con Spengler y Carl Schmitt, etcétera, trató de evaluarlos en un sentido positivo [15].

     Siempre ha habido una cierta, digamos, "parte" de la Derecha alemana que está relacionada con el nacionalsocialismo; ha permanecido viva porque es muy importante. Un buen ejemplo es Richard Wagner, que estuvo relacionado con el nacionalsocialismo debido a sus opiniones, y debido a la preferencia nacionalsocialista por él. A pesar de esto, Wagner nunca fue totalmente rechazado o desacreditado en la época de posguerra. En Estados Unidos, y en muchos otros países, siempre ha habido wagnerianos, y sus óperas siempre han sido presentadas. Por otra parte, un escritor como Ernst Jünger ha sido, hasta cierto punto, "implicado" porque, durante los años '20, él escribió muchas cosas que son muy similares a lo que los nacionalsocialistas dijeron.

     Sabemos que el grueso de la llamada resistencia alemana vino de la antigua Derecha. Ahora, por supuesto, ellos son naturalmente apreciados, lo que significa que la tradición derechista no fue totalmente destruída. Siempre han existido aquellos que demuestran simpatía hacia figuras como Carl Schmitt, Oswald Spengler, y otros. Por ejemplo, el gran poeta Gottfried Benn "emigró" a la Wehrmacht. Fue un posicionamiento que, durante un corto tiempo a principios de los años '50, pareció destacar en un primer plano.

     Contra esta tendencia de un renacimiento más grande de la derecha intelectual socialista no-nacional, se estableció un importante movimiento de reacción. Éste era el llamado "Grupo 47" (Gruppe 47) de jóvenes escritores, poetas, etcétera, que se encontraron por primera vez, pienso, en 1953 ó 1955, bajo la dirección de Hans-Werner Richter, un ex-comunista. Entre aquellos que pertenecieron a este círculo estaba, por ejemplo, Günter Grass, quien es hoy el más importante. Erich Kuby, por ejemplo, y otros, lucharon fuertemente contra el rearme alemán en 1955 y 1956. Yo mismo pertenecí a los márgenes externos de este movimiento, algo que no es conocido o recordado. Esta gente estaba muy perturbada por lo que parecía ser un renacimiento del nacionalsocialismo en relación al rearme alemán. En aquel entonces, usted sabe, había una disputa sobre cómo debían ser tratados los antiguos oficiales SS. ¿Deberían ellos ser aceptados en la Bundeswehr, las fuerzas armadas de la posguerra de Alemania Occidental?. Aquellos que estaban preocupados por este desarrollo, e intentaron oponerse a ello, se unieron en la que fue llamada entonces la Grünwälderkreis, una asociación de intelectuales que ha sido en gran parte olvidada [16].

     Este "Grupo 47" llegó a dominar la vida intelectual alemana desde el comienzo de los años '60 en adelante. Como los rebeldes estudiantes pasaron a la vanguardia durante mediados de los años '60, uno puede hablar del conformismo izquierdista en Alemania. Al principio, me sentí muy cercano a ese movimiento, aunque entonces yo fuera un desconocido profesor de escuela. Durante el período en que la Izquierda pareció estar muy aislada, cuando las ideas izquierdistas parecían estar en retirada, simpaticé con ellos. Nunca apoyé el conformismo izquierdista, sin embargo, y siempre he considerado que la victoria del conformismo es bastante peligrosa.

—P: ¿Cuál piensa usted que ha sido el efecto principal o las consecuencias de que usted plantee estos temas?

—R: Bien, creo que fue en realidad lo que fue llamado entonces, en 1986, un Tabubruch, una ruptura de un tabú. Hablar, en la misma frase, de Auschwitz y del Gulag, aquello era realmente terrible. Hoy esto ha llegado a ser una trivialidad. Ha llegado a ser muy común hablar de "como fue el caso del Gulag y Auschwitz", mientras luego se hacen algunas diferencias. Y, en lo que viene al caso, también hice algunas distinciones. De todos modos, nombrar estos dos fenómenos, y las dos personalidades —Stalin y Hitler—, en la misma frase, era romper un tabú del tiempo.

     Lo que hice no fue ningún gran logro, sin embargo, porque tal comparación había sido hecha ya durante los años '50, con su énfasis en la teoría del totalitarismo. Fue más un asunto de coraje, digamos, que de apreciación.

     Incluso antes de la Historikerstreit que resultó, yo tenía el sentimiento de que el predominio de Jürgen Habermas, que era mi principal antagonista, como usted sabe, estaba ya un poco amenazado. Además, su reacción a lo que escribí tenía un cierto tono nervioso, como el de otros adversarios. Si usted relee lo que Habermas y otros como él escribieron entonces, usted verá que en la mayor parte de los casos hay una cierta actitud defensiva en sus argumentos.

     Con la reunificación alemana, por supuesto, todo ha cambiado, porque uno de los puntos principales planteados por Habermas y sus amigos era que si usted no acepta su modo de interpretar la historia alemana, entonces usted pone en peligro la coexistencia pacífica [entre Occidente y la URSS].

—P: Usted también se mostró a sí mismo como un nacionalista alemán que quería reunir la nación anexando la comunista "República Democrática Alemana", una opinión que fue considerada como lo más peligroso que podría ser tomado, y que por lo tanto tuvo que ser rechazada incondicionalmente.

—R: Tal como las cosas han sucedido —y como ninguno de nosotros previó, y menos que nadie Habermas— esta posición entera ya no es válida. Usted ya no puede decir que si alguien habla en la misma frase del Gulag y de Auschwitz pone en peligro la paz mundial. Y así hay un gran silencio oscuro.

—P: ¿Un silencio resonante?

—R: Sí. Hasta ahora nadie ha preparado un estado de cuentas que muestre exactamente lo que ha pasado. La cosa paradójica consiste en que a estos, digamos, historiadores sociales izquierdistas más moderados, como Habermas, se les ha adjudicado la tarea gigantesca —suficientemente paradójica— de reorganizar la enseñanza superior en la antigua Alemania Oriental, para definir la "alemanidad" allí. Y su influencia es muy directa.

     Aquellos en Alemania Oriental que han dejado probablemente su ortodoxia estalinista, y otros alemanes que supuestamente han perdido su temor de poner en peligro la paz del mundo hablando de estos asuntos, son mucho más cercanos unos con otros que aquellos que, como yo, son llamados "derechistas". Ellos simplemente no hablan sobre aquello. A este respecto, uno puede hablar de un cierto renacimiento de este conformismo izquierdista. Una consecuencia de esto es que, en gran medida, los historiadores y los cientistas políticos a cargo de las universidades en Alemania Oriental son mis silenciosos pero muy activos antagonistas. Éste es un papel curioso y paradójico, pero es una situación comprensible.

—P: Déjeme hacerle una pregunta hipotética. Viendo cómo las cosas han ido, ¿habría hecho usted algo de manera diferente?. ¿Qué debe ser hecho ahora?. ¿Qué es la cosa más importante de hacer ahora sobre este problema de la construcción de la leyenda?

—R: Bien; si yo hubiera sabido lo que pasaría, probablemente no habría escrito ese artículo de Junio de 1986 que fue el punto de partida del debate de la Historikerstreit. En cambio, yo simplemente habría publicado mi libro sobre la Guerra Civil Europea, que trata con el mismo asunto que el de aquel artículo, pero en el cual mis argumentos son explicados de manera mucho más completa. En un artículo de periódico uno está obligado a escribir de un cierto modo provocativo, y aquel artículo estaba, quizás, demasiado acentuado. Entonces puedo quejarme de que en ese caso yo fui más publicista que académico.

     Por otra parte, yo había sido invitado por una organización más bien izquierdista a dar una charla, y ellos me habían pedido hablar de este tema. No fue mi iniciativa. Entonces el grupo rechazó el tema y retiró la invitación. Yo no podía simplemente capitular. Como yo había escrito ya el texto, se lo pasé al Frankfurter Allgemeine Zeitung.

     Hoy, claramente, ya no hay un peligro marxista, y no hay, por lo tanto, ninguna necesidad de luchar contra ello. Ésta fue ciertamente una de mis intenciones originales al plantear las cuestiones históricas que presenté. Por supuesto, yo me estaba oponiendo a una especie de unilateralismo. Al mismo tiempo, yo estaba simplemente siguiendo las reglas académicas. Así, es necesario ahora escribir la historia del siglo XX de nuevo, particularmente el período a partir de 1917 hasta 1989 ó 1991. Y usted debe preguntarse si las historias que han sido escritas durante este período pueden resistir el paso del tiempo y de los acontecimientos posteriores.

     Por supuesto, esta misma pregunta se aplica a mi propio trabajo también, porque fue creado durante esa época particular. Recientemente escribí un artículo para el Frankfurter Allgemeine Zeitung titulado "La Fragilidad del Triunfo". Recientemente ha habido mucha conversación sobre el triunfo de la democracia liberal y el comienzo de un "Nuevo Orden Mundial". En mi opinión, sin embargo, éste no es un triunfo sólido sino más bien frágil. Trato de mostrar que esta fragilidad está necesariamente relacionada con nuestro sistema, el sistema liberal [o liberal-democrático], y por lo tanto no puede ganar una victoria tan total (o totalitaria) como la de los bolcheviques en 1917.

     Creo que los nuevos problemas de la interpretación histórica han surgido desde la caída del comunismo. Espero todavía ser capaz de hacer algo a ese respeto, aunque mi tarea principal siga siendo la de un historiador. Mi último libro recapitula, hasta cierto punto, todo que he escrito. Paradójicamente, y por primera vez, el nacionalsocialismo es el único asunto de la obra, pero en una dimensión más alta, por decirlo así. Este trabajo no se titula "Nacionalsocialismo: Una Historia", o algo así. Su título es Streitpunkte: Heutige und künftige Kontroversen um den Nationalsozialismus (Puntos de Disputa: Controversias Actuales y Futuras Acerca del Nacionalsocialismo). Es una especie de "literatura sobre la literatura", en que explico varios puntos de conflicto. Por ejemplo, ¿hubo más continuidad histórica o discontinuidad en el fenómeno del nacionalsocialismo?. Hubo ambas, por supuesto, pero ¿qué factor es más importante?. O, ¿puede el nacionalsocialismo ser llamado anti-moderno o moderno, o de ambas formas?. Éstas son las controversias actuales que trato de explicar. Y, naturalmente, mis propios puntos de vista son evidentes a través de todo el libro.

     Como procuro ser objetivo donde tal perspectiva es difícil de conseguir, imagino que el último tercio del libro, en particular, hará que algunas personas digan otra vez que éste es el escrito de un "apologista". Sin embargo, no se trata de ninguna apología sino más bien simplemente de un esfuerzo para ofrecer un cuadro multilateral basado en algunas máximas o pautas claramente reconocidas y universalmente válidas. Esto significa, por ejemplo, que la historia del nacionalsocialismo debe estar sujeta a los mismos métodos críticos que todo otro fenómeno histórico. Esto no significa, por supuesto, que éste sea exactamente como otros fenómenos históricos, sino más bien que, aplicando los mismos métodos, uno descubrirá mejor las diferencias.

     Como he entrado ahora en mi octava década, pienso que ésta será mi última obra como un historiador del fascismo. En un sentido general, este trabajo que comenzó en 1963, realmente comenzó con un pequeño artículo sobre Mussolini que escribí tres años antes. Ahora, con la completación de Streitpunkte, no tengo la intención de escribir más sobre este tema. Quiero volver —al menos en un cierto grado— a la Filosofía, que fue mi punto de partida. No me refiero a la llamada "filosofía científica". Mientras no está todavía completamente claro en mi mente qué clase de filosofía será, intento un acercamiento que toma más en cuenta a la Historia, que es normalmente el caso con los filósofos.–





NOTAS

[1]. Esta conferencia está publicada en inglés en "¿Para Siempre a la Sombra de Hitler?" (Forever in the Shadow of Hitler?, Nueva Jersey, Humanities Press, 1993), págs. 1-15. Una adaptación de este discurso de 1980 también aparece en inglés bajo el título de "¿Entre el Mito y el Revisionismo? El Tercer Reich en la Perspectiva de los Años '80", en H. W. Koch, editor, Aspectos del Tercer Reich (Nueva York, St. Martin's Press, 1985), págs. 17-38.

[2]. Anson Rabinbach escribiendo en Nueva Crítica Alemana, Nº 44, Primavera-Verano 1988, p. 3. Esta edición especial está dedicada a la Historikerstreit.

[3]. El artículo de Nolte en el Frankfurter Allgemeine Zeitung del 6 de Junio de 1986 se titula "Die Vergangenheit, die nicht vergehen will" (El Pasado que no Desaparecerá: Un Discurso que Podría Ser Escrito pero no Pronunciado). Una traducción en lengua inglesa aparece en "¿Para Siempre a la Sombra de Hitler?" (1993), págs. 18-23.

[4]. ¿Para Siempre a la Sombra de Hitler?, págs. 19, 20.

[5]. De la conferencia de 1980 de Nolte, en "¿Para Siempre a la Sombra de Hitler?" (1993), págs. 3-4, 9, 14-15. En su artículo de Junio de 1986 en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, Nolte escribió: "Aquellos que desean concebir la Historia no como un mitologema sino más bien en su contexto esencial, se ven forzados a una conclusión central: Si la Historia, en toda su oscuridad y sus horrores, pero también en su confusa novedad, debe tener sentido para las generaciones venideras, este sentido debe ser la liberación desde el pensamiento colectivista" ("¿Para Siempre a la Sombra de Hitler?", p. 22).

[6]. "¿Para Siempre a la Sombra de Hitler?", p. 8.

[7]. ¿Para siempre a la Sombra de Hitler?, p. 22. En su conferencia de 1980 Nolte escribió que «Auschwitz no es principalmente un resultado del anti-judaísmo tradicional y no fue sólo un caso más de "genocidio". Fue la reacción provocada por el temor a los actos de aniquilación que ocurrieron durante la Revolución rusa. La copia alemana fue muchas veces más irracional que el original... pero eso no cambia el hecho de que la llamada aniquilación de los judíos por el Tercer Reich fuera una reacción o una copia deformada y no un primer acto o un original» (¿Para siempre a la Sombra de Hitler?, págs. 13-14).

[8]. Die Zeit, 11 de Julio de 1986. El ensayo de Habermas aparece en inglés en "¿Para Siempre a la Sombra de Hitler?" (1993), págs. 34-44.

[9]. Vea: «Ataque Contra Automóvil de Historiador "Revisionista" Alemán», Boletín de noticias del IHR, Julio de 1988, p. 5. Nolte mencionó el ataque durante su conversación con este escritor, pero pareció tratarlo como un incidente menor. El 6 de Febrero de 1993 aproximadamente 20 jóvenes de ese mismo grupo anarquista e izquierdista de "autonomistas" atacó y golpeó de manera brutal a Alain de Benoist, el célebre intelectual y editor francés, en una conferencia en Berlín.

[10]. La edición en lengua inglesa, titulada Las Tres Caras del Fascismo, fue primero publicada en Londres en 1965, y luego en 1966 en Nueva York por Holt, Rinehart y Winston. En ese estudio Nolte examina los fenómenos de la "Action Française", el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán.

[11]. Ésta es una referencia a un argumento existente desde hace mucho tiempo entre los historiadores en cuanto a si la aparición de un Estado nacional alemán en el siglo XIX siguió un proceso de desarrollo "normal" similar al de otras naciones occidentales, en particular en términos de instituciones democráticas, o si tuvo una dinámica separada propia. Esta última noción de un Sonderweg alemán o "camino especial" implica un desarrollo sin los valores democráticos.

[12]. Der europäische Bürgerkrieg, 1917-1945: Nationalsozialismus und Bolschewismus (Proyläen, 1987).

[13]. Esta generación de historiadores, me dijo Nolte, "aceptó, en un cierto grado al menos, los reproches hechos contra esta generación más vieja en cuanto a que ellos no habían sido tan inocentes, que ellos habían participado en el régimen nacionalsocialista. Tome el caso de Gerhard Ritter. Él obviamente había sido perseguido. En 1944 él fue detenido y encarcelado por su vinculación con el complot del 20 de Julio para derrocar a Hitler. Antes, sin embargo, él había sido un nacionalista alemán muy pronunciado. Indudablemente él tenía ciertas simpatías por los nacionalsocialistas mientras ellos parecieron ser sólo nacionalistas alemanes y anti-comunistas. Más tarde, sin embargo, él se convirtió en crítico, y fue detenido entonces".

[14]. Armin Mohler, una figura principal en el movimiento intelectual europeo conocido como la "Nueva Derecha" (Nouvelle Droite), es el autor de varios libros, incluído un importante estudio del conservadurismo intelectual alemán durante la República de Weimar, Die konservative Revolution in Deutschland, 1918-1932 (primera edición publicada en 1950). En un libro más reciente, Der Nasenring (1989), Mohler trata con simpatía la crítica revisionista de la historia del "Holocausto".

[15]. Carl Schmitt (1888-1985) es una figura principal en la historia intelectual del conservadurismo alemán. Su trabajo es una parte crítica de un revivido enfoque sobre ideas claves de instituciones políticas nacionales y los principios constitucionales del gobierno.

[16]. Según Nolte, "Este Grupo 47 estuvo relacionado con uno de los líderes del Partido Socialdemócrata que fue, durante un breve tiempo, alcalde de Berlín. La primera vez que lo encontré fue en una asamblea de esta organización donde, como un joven abogado, él habló; y más tarde él tuvo una gran carrera política".


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