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martes, 25 de febrero de 2014

Archibald M. Ramsay - La Guerra Sin Nombre (Fragmento)



     El capitán del ejército británico Archibald Maule Ramsay (1894-1955) fue un oficial que posteriormente (se retiró en 1920) se dedicó a los negocios y luego entró en política como un parlamentario escocés. Apoyó al bando anti-comunista en la guerra civil española, combatiendo los ataques contra el cristianismo que emanaban desde Moscú. Miembro de la aristocracia escocesa, desde fines de los años años '30 desarrolló estridentes opiniones anti-judías con respecto a su influencia sobre la prensa, que "quería empujar a este país a la guerra", y sobre las revoluciones de casi todos los países, y por la introducción de la conscripción "por instigación de los judíos". En 1940, tras ser involucrado en un caso de espionaje con la embajada estadounidense, fue el único británico miembro del Parlamento en ser encarcelado. Fue liberado en Septiembre de 1944. En 1952 escribió The Nameless War (La Guerra Sin Nombre) como una autobiografía justificatoria de sus acciones, donde examina la impronta judía en diversos sucesos históricos. De ese libro presentamos en esta ocasión tres capítulos, de una edición en castellano que circula pero que hemos afinado en vista del original en inglés.



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DESARROLLO DE LA TÉCNICA REVOLUCIONARIA


     Cuatro revoluciones históricas merecen nuestra atención especial. El estudio y la comparación de los métodos empleados en ellas nos revelarán, por un lado, la esencial similitud entre ellas, y por otro, un interesante avance en cuanto a su técnica en cada insurrección exitosa. Es como si estudiáramos las diferentes etapas en la evolución del rifle moderno a partir del "Brown Bess" original.

     Las revoluciones en cuestión son, primero, la de Cromwell; después, la francesa; en tercer lugar, la rusa, y finalmente, la española de 1936.

     Puede probarse que todas ellas fueron obra de la Judería internacional. Las primeras tres fueron exitosas y terminaron con el asesinato del monarca reinante y el exterminio de sus seguidores.

     En cada caso la finanza judía y la intriga clandestina son claramente rastreables, y la primera medida aprobada por los revolucionarios fue la "emancipación" de los judíos.

     Cromwell fue financiado por varios judíos, principalmente por Manasseh Ben Israel y "el gran judío" Carvajal, proveedor de su ejército.

     En esta ocasión la influencia judía se limitó a ser financiera y comercial, mientras que las armas de la propaganda y los medios fueron semi-religiosas, estando todos los cromwellianos inmersos en el judaísmo del Antiguo Testamento. Algunos, como el general Harrison, llevaron su judaísmo al extremo de promover la adopción de la Ley Mosaica como la ley de Inglaterra y la sustitución del sábado por el sabbath, en lugar del domingo cristiano.

     Son bien conocidos los absurdos pasajes del Antiguo Testamento que los revolucionarios adoptaron como nombres, tales como el del sargento Obadiah, "ata a sus reyes con cadenas y a sus nobles con grilletes de acero". La revolución de Cromwell tuvo una vida muy corta. El trabajo de destrucción no había sido suficiente para frustrar la contrarrevolución y la restauración del antiguo régimen.

     Fue necesaria una segunda revolución, la llamada "Revolución Gloriosa" de 1689. Ésta también fue financiada por judíos, principalmente por Solomon Medina, Suasso, Moses Machado y otros.

     Para la Revolución francesa de 1789 la técnica había sido mejorada notablemente. Las sociedades secretas habían infestado Francia en gran escala los años previos. Los planes para liquidar el antiguo régimen eran para entonces más drásticos.

     El asesinato judicial de un rey amable y bien intencionado y de unos cuantos nobles fue sustituído por los asesinatos en masa, en las prisiones y en casas privadas, de toda la nobleza, el clero, la aristocracia y la burguesía, sin importar el sexo.

     El daño causado por Cromwell y la profanación de unas cuantas iglesias por su momentánea utilización como establos se convirtió en la destrucción general de las iglesias cristianas y su conversión en baños públicos, burdeles y mercados, y la prohibición de practicar la religión cristiana y hasta de hacer sonar las campanas.

     No se permitió que se desarrollara una guerra civil. Se aisló al ejército y se lo separó de su rey secuestrándolo desde el inicio. El control secreto en 1789 es tan poderoso que aparentemente la escoria de la población francesa liquidó a sus propios líderes naturales, lo cual es en sí mismo un fenómeno por demás extraño y sospechoso.

     Más sospechosa aún es la súbita aparición de poderosas bandas armadas de pandilleros que marcharon sobre París desde Lyon y Marsella, y que ha quedado registrado que eran evidentemente extranjeros.

     Aquí tenemos las primeras formaciones de mercenarios extraños y elementos criminales, imponiendo la revolución en un país que no es el suyo, idea que sería expandida y perfeccionada en el prototipo de las Brigadas Internacionales que quisieron imponer el marxismo en España 150 años después.

     En el siglo XVII Inglaterra no fue desmembrada ni horrendamente dividida en regiones extrañas, en cambio todas las fronteras históricas internas de la Francia del siglo XVIII fueron eliminadas. Los espléndidos e históricos nombres y títulos de condados, departamentos y familias fueron borrados y Francia fue dividida en sectores numerados ocupados únicamente por "ciudadanos".

     Incluso los meses del calendario fueron cambiados. La bandera nacional de Francia con toda su gloria y sus flores de lis fue prohibida. En su lugar los franceses recibieron la tricolor, insignia de asesinato y de rapiña. Aquí, sin embargo, los cerebros de la Revolución cometieron un error.

     Quizá la tricolor no sea la famosa y honorable bandera de Francia. Puede ser que estuviese escurriendo sangre de la masacre, del regicidio y la villanía. Puede ser que apestase a los criminales judíos que la diseñaron e impusieron al pueblo francés, pero fue proclamada la bandera nacional y en bandera nacional se convirtió. Y con la bandera nacional surgió un ejército nacional y un líder nacional: Napoleón.

      No pasó mucho tiempo antes de que este gran hombre francés se volviera contra los poderes secretos que hasta entonces controlaban los ejércitos de Francia. Ellos habían planeado usar estos ejércitos para revolucionar todos los Estados europeos, uno tras otro, para derrocar todo liderazgo y establecer el gobierno de la masa, sólo en apariencia, pues en realidad es el suyo, por supuesto.

     De esta misma forma los judíos de hoy planean utilizar al Ejército Rojo. Una política tal, dirigida por extranjeros de esta calaña, no puede durar mucho una vez que un ejército nacional ha entronizado a un auténtico líder nacional. Sus puntos de vista y sus políticas son diametralmente opuestas. Muy pronto el Primer Cónsul desafió y venció a estos extranjeros y a sus marionetas.

     Hacia 1804 Napoleón había llegado a reconocer al judío y sus planes como una amenaza para Francia, y restauró sistemáticamente todo lo que la Revolución había arrasado. Desde este momento el dinero judío financió cada coalición en su contra. Los judíos de hoy aún se vanaglorian que fuera Rothschild y no Wellington quien derrotó a Napoleón.

     Sabiendo estas cosas, Hitler, al ocupar París, inmediatamente ordenó una guardia de honor permanente en la tumba de Napoleón en Les Invalides, e hizo traer desde Austria el cuerpo de L'Aiglon (el hijo de Napoleón y María Luisa) para ser finalmente enterrado en el lugar donde debía estar, junto a su padre.

      Cuando examinamos la Revolución rusa encontramos que la técnica es ya más atrevida y mucho más drástica. En esta ocasión no se permite ninguna bandera nacional, ni ejército, ni himno. Después de que la escoria de la comunidad hubo aparentemente logrado lo imposible y liquidado a todas las otras clases incluyendo al kulak (un hombre con mínimo tres vacas), ellos son reunidos en una fuerza políglota llamada Ejército Rojo. Sobre ellos ondea una bandera roja internacional, no una bandera rusa, y su himno es La Internacional.

     La técnica de la Revolución en Rusia fue tan perfecta que hasta hoy ha asegurado al régimen judío establecido allí contra todos los contraataques.

     La siguiente revolución que merece nuestra atención es la que brotó en España en 1936. Afortunadamente para Europa, fue frustrada por el general Franco y un grupo de hombres valientes que inmediatamente presentaron batalla a las fuerzas revolucionarias y lograron aplastarlas luego de una larga lucha.

     Este logro es aún más meritorio en vista del más reciente desarrollo en la organización revolucionaria, que fue revelado entonces bajo la forma de las Brigadas Internacionales. Estas brigadas, junto con representar las últimas novedades en cuanto a la técnica revolucionaria, eran de una producción notable: ellas estaban formadas por criminales, aventureros y bribones, la mayoría comunistas, de 52 países distintos, misteriosamente transportados y organizados en formaciones en España a sólo unas semanas del inicio de los desórdenes, uniformados de una manera muy parecida a la nuestra (uniformes ingleses) y armados con armas que ostentan la estrella judía de cinco puntas. Esta estrella y el Sello de Salomón estaban bordados en los uniformes de los oficiales y las hordas comunistas de rufianes mal disciplinados. Los he visto por mí mismo.

     Para Octubre de 1936 estas Brigadas Internacionales estaban ya reunidas en cantidades considerables. A pesar de ser indisciplinadas e inescrupulosas, el mero hecho de que un ejército político enorme y bien armado interviniera súbitamente apoyando a un bando en las primeras etapas de una guerra civil, pudo haber inclinado la balanza antes de que los elementos patrióticos y decentes pudieran haber tenido tiempo para organizarse y crear un ejército adecuado.

     Aunque el público británico fue mantenido en total ignorancia sobre el significado real de lo que ocurría en España, dos países europeos estuvieron a la altura de la situación. Alemania e Italia, cada una a su turno, habían experimentado la amargura de la Revolución comunista y habían salido victoriosas sobre esta la más obscena de las plagas terrenales. Sabían quién había financiado y organizado las Brigadas Internacionales, y con qué siniestro propósito se había proclamado a Barcelona capital de los Estados Soviéticos de Europa Occidental.

     En el momento crítico ellos (Hitler y Mussolini) intervinieron con la fuerza suficiente para contrarrestar a las Brigadas Internacionales y permitir que el pueblo español organizara su propio ejército que, a final de cuentas, fácilmente resolvió el asunto.

     Resolvió el asunto, es decir, en lo que se refería a España.

      Había, sin embargo, otra resolución que vendría. El judaísmo internacional había sido seriamente frustrado. Y éste no descansaría hasta tener su revancha, hasta que lograra por las buenas o por las malas poner los cañones del resto del mundo en contra de estos dos Estados que además de frustrar sus planes en España estaban en vías de poner a Europa bajo un sistema económico independiente del oro y de la usura, el cual, si se permitía que se desarrollara, hubiera acabado con el poder judío para siempre.


5

ALEMANIA LE PONE EL CASCABEL AL GATO


     La alarma hecha sonar en 1918 por el señor Oudendyke en su carta al señor Balfour, denunciando al bolchevismo como un plan judío que, si no era detenido por la acción combinada de las potencias europeas, atraparía a Europa y al mundo, no era ninguna exageración.

     A fines de ese año la bandera roja ondeaba en la mayoría de las ciudades importantes de Europa. En Hungría el judío Bela Kuhn organizó y mantuvo por algún tiempo una despiadada y sangrienta tiranía similar a la rusa. En Alemania los judíos Liebknecht, Barth, Scheidemann, Rosa Luxemburg, etc., hicieron un desesperado intento por hacerse con el poder. Estas y otras convulsiones similares sacudieron Europa, pero cada país a su manera logró frustrar las embestidas.

     En la mayoría de los países en cuestión unas cuantas voces se alzaron para exponer la verdadera naturaleza de estos males. Sólo en uno, sin embargo, surgió un líder político y un grupo que captara en su totalidad el significado de estos acontecimientos y percibiera detrás de las turbas de pandilleros autóctonos la organización y el poder de la judería internacional. Este líder fue Adolf Hitler, y su grupo, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.

     Nunca antes en la Historia un país no sólo había rechazado la revolución organizada sino descubierto a la judería detrás de ella y enfrentado aquel hecho. No debe sorprendernos que las cloacas de los vituperios judíos se inundaran con estos hombres y su líder, ni debemos cometer el error de suponer que la judería no podría adherirse a cualquier mentira con tal de impedir que los hombres honestos en todas partes hicieran una investigación exhaustiva de los hechos por sí mismos.

     A pesar de todo, si alguien valora la libertad y se propone buscar la verdad y defenderla, tiene el deber ineludible de investigar. Aceptar sin cuestionamiento las mentiras y engaños de una prensa controlada o influída por judíos es despreciar la verdad por pura ociosidad, si no por una peor razón.

     Actuar de una forma tan a la ligera es un pecado contra la luz.

     En el caso de Alemania y Hitler, la tarea de investigación es muy sencilla. Muchas autoridades nos dicen que el libro de Hitler, Mein Kampf, explica completa y exactamente las observaciones y conclusiones del autor sobre estos asuntos vitales.

     Deliberadamente se han propagado muchas mentiras acerca de este libro, citando párrafos fuera de contexto, distorsionando los significados y derechamente tergiversándolo. Habiendo leído muchas de estas inescrupulosas diatribas, me sorprendió mucho lo que encontré cuando leí el libro por mí mismo no hace mucho tiempo.

     A partir de muchas conversaciones en las que me ha tocado estar, me he dado cuenta de que la mayor parte de la gente es tan ignorante como lo era yo respecto a la verdadera naturaleza de este notable libro. Me propongo, por lo tanto, intentar dar una descripción auténtica de su espíritu y propósito presentando algunas citas de sus dos temas principales: primero, la comprensión y denuncia del plan judío para el marxismo mundial; y segundo, la admiración y el deseo de amistad con Gran Bretaña.

     Escribiendo acerca de los días anteriores a 1914, Hitler dice:

     «Yo todavía veía al judaísmo como una religión... Yo no tenía ninguna idea de la existencia de la hostilidad judía deliberada... Gradualmente comprendí que la prensa socialdemócrata estaba preponderantemente controlada por judíos... No existía un solo periódico con el cual estuvieran conectados los judíos que pudiera ser descrito como genuinamente nacional... Reuní todos los panfletos socialdemócratas que pude conseguir y busqué los nombres de sus autores: puros judíos».

     A medida que fue estudiando estas cuestiones, Hitler empezó a darse cuenta de los principales lineamientos de la verdad:

     «También hice un profundo estudio de la relación entre judaísmo y marxismo... El Estado judío nunca ha tenido fronteras por lo que a espacio se refiere, era ilimitado por lo que respecta al espacio, pero bien delimitado por su concepción de sí mismo como raza. Ese pueblo, por lo tanto, ha sido siempre un Estado dentro del Estado… La doctrina judía del marxismo rechaza el principio aristocrático en la Naturaleza... niega el valor del individuo entre los hombres, combate la importancia de la nacionalidad y la raza, privando así a la Humanidad del significado completo de la existencia».

     «La democracia en Occidente es hoy el precursor del marxismo, que sería inconcebible sin la democracia...».

     «Si el judío, con la ayuda de su credo marxista, conquista a las naciones del mundo, su corona será la corona funeraria de la raza humana...».

     Y él escribe de los días de 1918:

     «Así es como ahora creo que al defenderme en contra de los judíos estoy haciendo la obra del Señor».

     A finales de 1918 surgió la Revolución en Alemania, organizada en la retaguardia de un ejército invicto en el campo de batalla. Respecto a esto Hitler escribió:

     «En Noviembre llegaron marineros en camiones exhortándonos a rebelarnos, siendo sus líderes unos cuantos jóvenes judíos, en una lucha por la "libertad, belleza y dignidad de nuestra vida nacional". Ninguno de ellos había estado nunca en el frente».

     «El verdadero organizador de la Revolución y quien movía todos los hilos era el judío internacional... La Revolución no fue hecha por las fuerzas de la paz y el orden sino por las del motín, el robo y el saqueo».

     «Estaba empezando a aprender de nuevo y sólo ahora (1919) llego a una justa comprensión de las enseñanzas e intenciones del judío Karl Marx. Sólo ahora comprendo apropiadamente El Capital, e igualmente la lucha de la Socialdemocracia contra la economía de la nación, y que su propósito es preparar el terreno para la dominación del capital verdaderamente internacional».

     «El Emperador ofrecía su mano amiga a los líderes del marxismo... Al mismo tiempo que ellos tenían la mano imperial entre las suyas, ya sostenían el puñal con la otra mano».

     «Con el judío no hay negociación, existe únicamente el estricto "o esto o lo otro"».

     Después Hitler da más detalles sobre la maquinaria destructora judía.

     «Por medio de las uniones comerciales que podrían haber sido la salvación de la nación, el judío en realidad está destruyendo la economía nacional».

     «Al crear una prensa que está al nivel intelectual del menos educado, la organización política y laboral obtiene una fuerza de compulsión que le permite preparar a los estratos más bajos de la nación para las empresas más arriesgadas».

     «La prensa judía... destruye todo lo que podría considerarse como el soporte de la independencia de una nación: la civilización y la autonomía económica. Ruge especialmente en contra de quienes se niegan a doblar la rodilla ante la dominación judía o cuya capacidad intelectual es percibida por el judío como una amenaza para sí mismo».

     «La ignorancia desplegada por la masa... y la falta de percepción instintiva de nuestra clase alta hace de las personas fáciles incautos que caen en esta campaña de mentiras judías».

     «Pero el presente está trabajando para su propia ruina: introduce el sufragio universal, habla de la igualdad de derechos, y no puede dar ninguna razón por pensar así. A sus ojos, las recompensas materiales son la expresión del valer de un hombre, destruyendo así las bases de la más noble igualdad que podría probablemente existir».

     «Una de las tareas de nuestro movimiento es mantener las perspectivas de una época en la que se dé al individuo lo indispensable para vivir, pero también para mantener el principio de que el hombre no vive únicamente para el disfrute material».

     «La vida política de hoy en día ha dado la espalda persistentemente a este principio de la Naturaleza» (esto es, la calidad).

     «La civilización humana no es más que el resultado de la fuerza creativa de la personalidad dentro de la comunidad como un todo, y especialmente entre sus líderes... el principio de la dignidad de la mayoría está empezando a envenenar toda la vida debajo de ella y a romperla de hecho».

     «Ahora vemos que el marxismo es la forma que toma el intento judío para abolir la importancia de la personalidad en todos los departamentos de la vida humana y poner en su lugar una masa de números».

     «El principio de decisión por las mayorías no ha gobernado siempre a la raza humana; al contrario, aparece únicamente durante breves periodos de la Historia, y aquéllos son siempre periodos de decadencia de las naciones y los Estados».

     «No debemos olvidar que el judío internacional, que continúa dominando Rusia, no considera a Alemania como un aliado sino como un Estado destinado a sufrir un destino similar».

     En la última página y prácticamente en el último párrafo del Mi Lucha tenemos lo siguiente:

     «El Partido como tal defiende el cristianismo positivo, pero no se liga en materia de credos a ninguna confesión particular. Él combate el espíritu materialista judío dentro y fuera de nosotros».

     Buscando ayuda en el resto del mundo para su batalla en contra de la amenaza del bolchevismo dirigido por los judíos, la mente de Hitler constantemente de dirigía hacia Gran Bretaña y el Imperio británico. Siempre deseó su amistad. Siempre declaró que Gran Bretaña era uno de los principales baluartes en contra del caos, y que sus intereses no eran contrarios sino complementarios a los alemanes. Él escribió:

     «No era un interés de Gran Bretaña, sino de los judíos, el destruír Alemania... Incluso en Inglaterra hay una lucha constante entre quienes representan los intereses del Estado británico y quienes representan los de la dictadura mundial judía».

    «Mientras Inglaterra se está agotando a sí misma manteniendo su posición en el mundo, el judío se encuentra organizando sus propios medios para conquistarla... De modo que el judío de hoy es un rebelde en Inglaterra, y la lucha contra la amenaza mundial judía empezará también allí».

     «Ningún sacrificio que lograse una alianza con Inglaterra habría sido demasiado grande. Aunque significara renunciar a las colonias y a la flota marítima y abstenerse de competir contra la industria británica».

     En los años siguientes estos dos temas fueron expuestos hasta el cansancio, a saber, la amenaza judía marxista y el afán de conseguir la amistad de Gran Bretaña. Incluso más tarde, y aún tras Dunquerque, Hitler seguía presionando con esta última idea a sus principales generales, para asombro de estos.

     Y no sólo eran palabras, como se demostró más tarde cuando, como nos informa Liddell Hart, Hitler salvó al ejército británico de la aniquilación al ordenar a su cuerpo de panzers detenerse, informando a sus generales una vez más que para él el Imperio británico y la Iglesia católica eran baluartes de la paz y el orden que debían ser protegidos [1].

[1. Lidell Hart, El Otro Lado de la Colina, cap 10].

     Mi Lucha se publicó por primera vez (en inglés) en Octubre de 1933. Antes de que hubiera salido de la imprenta, las compuertas del odio judío y de las mentiras contra Hitler y el Tercer Reich ya habían sido completamente abiertas en todo el mundo.

     Todas las personas de habla inglesa de todas partes fueron inundadas con mentiras, distorsiones e historias de atrocidades que ahogaban las voces de los pocos que entendían la verdadera situación.

     En el revuelo se olvidó el slogan de Marx que decía que antes de que pudiera triunfar el bolchevismo el Imperio británico debía ser destruído; y fueron totalmente suprimidas, por cuanto afectaban al pueblo británico, las repetidas declaraciones de Hitler en el sentido de que estaba dispuesto a defender al Imperio británico si éste se lo pedía, y de ser necesario, incluso mediante las armas.


6

1933: JUDEA DECLARA LA GUERRA A ALEMANIA


     La edición inglesa del Mi Lucha estaba aún por imprimirse cuando la Judería declaró la guerra al régimen nacionalsocialista e inició un intenso bloqueo en contra de Alemania.

     La Conferencia Internacional de Boicot Judío se reunió en Holanda en el verano de 1933 bajo la presidencia de Samuel Untermeyer, de Estados Unidos, quien fue elegido presidente de la Federación Económica Judía Mundial que se formó para combatir la oposición a los judíos en Alemania.

     A su regreso a Estados Unidos, Untermeyer dio un  discurso por la estación WABC, el texto del cual se imprimió en el New York Times del 7 de Agosto de 1933 y que tengo justo frente a mí. Untermeyer se refería en las primeras frases a "La guerra santa por la causa de la Humanidad en la cual estamos embarcados", y continuaba desarrollando su tema con gran fuerza, describiendo a los judíos como los aristócratas del mundo. "Cada uno, judíos y gentiles por igual, que no se haya enlistado en esta guerra santa, debe hacerlo aquí y ahora", decía. A los judíos que no se unían a la causa los acusaba llamándolos "traidores a su raza".

     En Enero de 1934 Jabotinsky, fundador del sionismo revisionista, escribió en Natcha Retch:

     «La lucha contra Alemania la ha estado librando durante meses cada comunidad judía, conferencia, organización comercial, cada judío en el mundo... debemos desencadenar una guerra espiritual y material de todo el mundo en contra de Alemania».

     Ésta es quizá la más confiada aseveración existente sobre la declaración judía —expuesta en los Protocolos de Sión— de que ellos pueden provocar una guerra. El Protocolo 7 dice:

     «Debemos estar en posición de responder cada acto de oposición de un Estado provocando una guerra con su vecino. Y si sucediera que se opusieran conjuntamente a nosotros, mediante una guerra universal».

     Debe recordarse que una copia de estos Protocolos se guardó en el Museo Británico en 1906.

     Para 1938 la guerra judía estaba al máximo, y a través de su influencia o presión ya muchas personas y grupos gentiles estaban siendo arrastrados al ojo del huracán. Varios miembros del Partido Socialista británico defendían abiertamente el unirse a esta guerra fría, y el movimiento a favor de la guerra estaba cundiendo en todos los partidos bajo el liderazgo de los Churchill, Amery, Duff, Cooper y otros. "Hitler no querrá la guerra, pero se le obligará a aceptarla, no este año, pero más tarde", bramaba el judío Emil Ludwig en la edición de Junio de Les Aniles, en 1934.

     El 3 de Junio de 1938 se dio un paso más mediante un artículo que apareció en el American Hebrew, el semanario oficial de la judería estadounidense. Este artículo, que empezaba por mostrar que Hitler no se había desviado nunca de su doctrina del Mein Kampf, amenazaba con tomar la más cruel represalia.

     «Ha llegado a ser evidente que una combinación de Inglaterra, Francia y Rusia tarde o temprano tocará la marcha triunfante (contra Hitler)...

     «Ya sea de forma planeada o por accidente, un judío ha llegado a una posición de la mayor importancia en cada uno de estos países. El destino y las vidas de millones descansan en manos no arias…

     «En Francia el judío importante es Leon Blum... Leon Blum quizá vaya a ser el Moisés que dirija...

     «Maxim Litvnoff, supervendedor soviético, es el judío que se sienta a la derecha de Stalin, el pequeño soldado del comunismo...

     «El judío inglés importante es Leslie Hore-Belisha [Secretario de Guerra], el nuevo jefe de Tommy Atkins».

     Después, en el mismo artículo, leemos:

     «Puede suceder que estos tres hijos de Israel conformen la alianza que envíe al frenético dictador nazi al infierno. Y cuando se haya disipado el humo de la batalla... y el hombre que interpretó a Cristo en forma de esvástica... será descendido a un hoyo en la tierra... mientras el trío de no-arios entona un réquiem... una mezcla de La Marsellesa, Dios salve a la Reina y la Internacional, junto con un orgulloso y agresivo Eli Eli».

     Dos puntos del fragmento anterior son dignos de consideración. Primero, se da por hecho que estos tres judíos no pensarán o actuarán en ningún momento sino como judíos; y que se puede confiar en que ellos guiarán a las masas de gentiles a la ruina en una guerra completamente judía. En segundo lugar, debe notarse la referencia al "Cristo en forma de esvástica" que el judaísmo busca enterrar y que nos revela el odio judío hacia el cristianismo.

     Mientras tanto la presión judía se iba extendiendo al máximo para incitar choques entre sudetenses, checos, polacos y alemanes.

     Para Septiembre de 1938 el asunto había llegado a un punto desesperado. Chamberlain mismo voló a Múnich y logró el acuerdo histórico con Hitler. Parecía que el objetivo de los belicistas se había frustrado y que Europa se salvaba. Rara vez se habían visto escenas y evidencias de tan espontánea alegría y gratitud como se vieron aquella vez por toda Gran Bretaña y Europa con motivo de aquel triunfo.

     Aquellos que conocían el poder del enemigo, sin embargo, sabían que el trabajo de Chamberlain iba a ser ciertamente saboteado en breve. Recuerdo haber comentado la misma tarde de su regreso de Múnich que en menos de una semana cada periódico de este país (Inglaterra) y los belicistas del Parlamento estarían atacando a Chamberlain por haber asegurado la paz, sin importar el hecho de que al hacer esto estarían burlándose despectivamente de los verdaderos deseos del pueblo. Los hechos probaron que esta predicción era exacta.

     En ninguna parte fue tan grande la furia judía, por cierto, como en Moscú. Tengo ante mí un panfleto diseñado por mí mismo en Octubre de 1938. Dice:

     «¿Se da cuenta usted de que Chamberlain fue quemado en efigie en Moscú tan pronto se supo que él había asegurado la paz? Esto nos muestra claramente quién es el que quería la guerra y quién está aún trabajando incansablemente para provocar conflictos por todo el mundo».

     Habiendo fracasado el intento de provocar una guerra a causa de los Sudetes y Checoslovaquia, el único otro detonador que quedaba era el corredor polaco, aquella monstruosidad nacida de la cruel Conferencia de Versalles y denunciada por todos los hombres honestos, desde el mariscal Foch hasta Arthur Henderson, desde entonces en adelante.

     Aquellos que tienen el poder para ocultar las cosas al público y para proclamar cosas desde lo alto han mantenido en secreto una característica muy importante de la Conferencia de Versalles, que es la siguiente:

     Todas las decisiones importantes fueron tomadas por los "Cuatro Grandes": Inglaterra, Francia, Italia y EE.UU., representados respectivamente por Mr. Lloyd George, M. Clemenceau, el barón Sonino y el presidente Wilson. Eso es muy conocido. Lo que no se sabe es que

— el secretario de Lloyd George era el judío Sassoon,
— el de Clemenceau era el judío Mandel Rothschild (conocido ahora como Mandel),
— el barón Sonino era él mismo un judío, y el presidente Wilson tenía al judío Brandeis;
— el intérprete era otro judío llamado Mantoux
— y el consejero militar era otro judío llamado Kish.

     Es sabido que Lloyd George y los otros no ponían mucha atención a la geografía. En cambio, sus secretarios judíos estaban bastante al tanto en este tema. Estos judíos se reunían cada tarde a las 6 P.M. y dibujaban en un mapa las decisiones que al día siguiente tomarían los "Cuatro Grandes".

     Los resultados fueron desastrosos desde el punto de vista de toda la gente decente, que esperaba un tratado honorable cuyos términos, aunque estrictos, fueran al menos justos y por lo tanto aseguraran una paz duradera.

     El mismo Foch denunció fuertemente el tratado, declarando que contenía el germen de una nueva guerra, y desaprobando en particular los artículos relativos a Danzig y el corredor. Arthur Henderson y muchos hombres públicos se unieron en la denuncia, pero sin resultados. Desde el punto de vista de hombres que están planeando una nueva guerra, sin embargo, nada podía haber sido mejor que este tratado.

     Éste contenía toda clase de injusticias. Además del corredor y la posición de Danzig, se dio vida a un Estado bastardo en el que alemanes, eslovacos, etc. —que juntos componían la mayoría del país—, fueron puestos bajo el control tiránico de la minoría checa, un elemento que había entregado su suerte a los bolcheviques judíos y que había peleado en contra de los Aliados en 1918.

     El diseño de este Estado fue geográficamente tal, que fue calificado, y correctamente calificado, como un puñal que apuntaba directamente al corazón de Alemania. Recibió el extravagante nombre de Checoslovaquia.

     Toda la vida industrial, desde el enorme arsenal Skoda para abajo, estaba controlada por los intereses de la banca judía, y tenemos el testimonio de lord Winterton en el sentido de que prácticamente toda la tierra fue hipotecada a los judíos (Hansard, Octubre 1936).

     Bajo esta dominación mesiánica fueron esclavizados enormes sectores de las poblaciones que pertenecían a otros países, condenados de ahí en adelante a estar sometidos por la fuerza hasta que algún país fuera lo suficientemente fuerte como para defenderlos.

     Esta eventualidad, en mi opinión, fue prevista y en realidad fomentada, como sabemos por los grandes préstamos a Alemania [antes de Hitler] de parte de los intereses bancarios internacionales.

     No se olvide que mientras los banqueros judíos inundaban de dinero a Alemania, que estaba reconstruyendo la Wehrmacht en una escala mayor que nunca, se lanzó en este país (Inglaterra) una colosal campaña por la paz y el desarme. Esto no sólo logró que nos desarmáramos sino que creó una atmósfera en la que Baldwin tuvo que admitir que no se atrevía a recorrer el país pidiendo más armamento, aunque sabía que era vital para nuestras fuerzas marítimas, aéreas y terrestres.

     Cualquiera que haya estudiado como yo a las personalidades y las potencias que están detrás de esta llamada propaganda pacifista, no puede tener ninguna duda en cuanto a de dónde emanaban sus verdaderos propósitos y financiamiento.

     Para cualquiera que observe la actitud de la prensa en ese entonces y que comprenda que si esta propaganda de desarme hubiera sido desagradable para aquellos que dirigen a nuestros servidores públicos ya habrían lanzado un torrente de improperios en contra de nuestros pacifistas, ésta es una prueba más de que esta campaña estaba apoyada por el judaísmo internacional, así como el rearme de Alemania. ¿Pero para qué?, preguntará el incauto.

     La respuesta es muy simple una vez que se entiende el propósito detrás del plan judío.

     "De la última guerra nacieron los Estados Soviéticos de Rusia; de la próxima nacerán los Estados Soviéticos de Europa...", había sido el pronunciamiento de una reunión internacional de Partidos Comunistas alrededor de 1932. Para hacer posible la siguiente guerra, por lo tanto, había que balancear una vez más las potencias, reforzar a Alemania y debilitar a Gran Bretaña.

     Entonces los europeos podrán pelear hasta la muerte de unos y la extenuación total de los otros.

     Una dramática sorpresa está reservada para ambos bandos: Ninguno será el verdadero ganador. El verdadero ganador es otro ejército muy distinto. Este ejército es el que recibirá la verdadera atención. Durante 25 años será armado bajo condiciones del máximo secreto. Sus líderes no mostrarán su fuerza hasta que el conflicto esté ya en marcha.

     No sino hasta un momento crítico de la guerra, a los ejércitos europeos se les permitirá adivinar la existencia de inmensas fábricas más allá de los Urales o las colosales proporciones de las hordas altamente mecanizadas que comenzarán entonces la invasión de Europa bajo la bandera roja del marxismo.

     En Marzo de 1939 Chamberlain dio una garantía británica a Polonia a causa de un falso reporte en el sentido de que Alemania le había dado un ultimátum de 48 horas a Polonia. Tal reporte resultó ser completamente falso. Sin embargo, ya se había dado la garantía, y la decisión de la paz o la guerra ya no estaba en manos de Inglaterra. La judería tenía el balón a sus pies. ¿Podemos dudar de que Polonia fuera incitada a ignorar la nota alemana de Marzo que contenía propuestas sumamente razonables para una solución pacífica al problema del corredor?.

     Pasaban los meses y Polonia no respondía nada a la nota alemana. Mientras tanto, con sospechosa frecuencia ocurrían toda clase de insultos y ultrajes en la frontera germano-polaca, técnica parecida a la posterior de los judíos con los británicos en Palestina.

     Día tras día el público británico era inundado con propaganda de guerra y falsas representaciones de la situación. Finalmente sus mentes se cerraron a toda consideración de las demandas de justicia o razón con un nuevo slogan: "No se puede confiar en la palabra de Hitler". Con esta mentira el público británico fue finalmente impulsado a arrojar al viento todo razonamiento y buen juicio, y a aceptar el bulto de toda la propaganda de guerra de la prensa.

     Este slogan se fundaba en una tergiversación de la garantía dada por Hitler en más de una ocasión después de un golpe como el dado en los Sudetes, de que él "no pretendía hacer más demandas". La tergiversación estaba en el hecho de que la prensa constantemente callaba el hecho importante de que las "demandas" a las que Hitler se refería correspondían a esas 5 áreas de abrumadora mayoría alemana que habían sido arrebatadas a Alemania por el dictado de Versalles, es decir, los Sudetes, parte de Checoslovaquia, partes de Polonia, el corredor y Danzig.

     A medida que las tropas alemanas fueron ocupando sucesivamente cada una de las secciones, creo que es acertado decir que Hitler declaró que no tenía ninguna otra demanda adicional por hacer. Pero debe quedar muy en claro, en honor a la justicia, que él nunca dijo que esto implicaba la reducción de las demandas que había delineado originalmente con toda claridad y que repitió en tantas ocasiones, esto es, las cinco áreas en cuestión.

     El público británico fue engañado por su prensa al hacerle creer que cuando Hitler decía que no tendría posteriores demandas nunca había declarado cuáles eran sus demandas completas, algunas de las cuales seguían sin satisfacerse. Los británicos fueron llevados a creer que Hitler nunca habría tenido otra demanda o que él abandonaría el resto de sus demandas tan pronto obtuviera alguna de ellas.

     Cuando, por lo tanto, fue agregada la siguiente petición, la prensa construyó sobre este malentendido la falacia de que la palabra de Hitler no era confiable. El trato honesto no necesita de tales trucos y engaños. Tales métodos son necesarios sólo para impulsar causas malvadas o injustas.

     Afortunadamente tenemos el juicio sereno y desapasionado en esta materia de nada menos que una persona como lord Lothian, reciente embajador británico en Estados Unidos. En su último discurso en Casa Chatham sobre este tema recalcó:

     «Si el principio de autodeterminación se hubiese aplicado a favor de Alemania tal como se aplicó en contra de ella, ello habría significado el retorno de los Sudetes, Checoslovaquia, partes de Polonia, el corredor polaco y Danzig al Reich».

     Ésta es una presentación muy diferente del caso a la que fue impuesta al público británico en 1939; y es la verdadera. No es de extrañar que estos hechos hubieran tenido que ser ocultados al ciudadano común.

     Si el público británico hubiera comprendido la verdad, de que cada una de estas demandas de Hitler descansaban sobre un fundamento de una justicia razonable, el pueblo de esta isla habría descartado cualquier cuestión de guerra; y fue por la guerra, no por la verdad o la justicia, que la judería internacional se resolvió.–





1 comentario:

  1. los pueblos del mundo estamos cansados de nuestros gobernantes que responden siempre a los intereses sionistas, endeudándose constantemente sin motivo alguno, pensando nosotros borregos masificados por la prensa sionista mundial, que es similar a la mafia, cuya protección para no sufrir invasiones, les cuesta a argentina 18 mil millones de dolares al año, y esto esta
    sucediendo desde hace mas de 60 años, salvo periodos de gobiernos nacionalistas que acabaron por poco tiempo con esta infamia, siempre el elemento judío internacional, ya que el judío histórico no existe, solo son khazares que se adueñaron de su historia, ya pasada, quiero ser nacionalista como ellos se pregonan a si mismo, no me gusta en nuevo orden internacional de las eras que estos zelotes, sicarios nos quieren imponer a la fuerza, con
    ayuda de EE:UU que se presta a estas barbaries, que pronto sus amos dejaran de lado, como una nación exhausta y vacía y su dolar dejara de ser la moneda de cambio. piénselo cualquiera que lea este comentario y si mi tildan de racista solo dire que los que se dicen judíos son mas racistas que nadie.

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