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miércoles, 22 de enero de 2014

Theodor Fritsch - Introducción a los "Protocolos"



     Hemos encontrado en la red el siguiente texto que dice ser el prólogo redactado por Theodor Fritsch para su edición, en su editorial, de Los Protocolos de los Sabios de Sión. Lo publicamos por el interés que tienen los datos aportados. Creemos que este material tiene validez en cierta medida provisional y su autenticidad es cuestionable, ya que carece de toda indicación de origen o traducción, además de que al revisar la edición en alemán de 1933 de Die Zionistischen Protokolle de Fritsch (que no fue la primera edición) no se encuentra esta Introducción. Lo más probable es que apareciera en ediciones posteriores, o bien como una separata, en caso de ser auténtica. No puede ser completamente de Fritsch ya que la última fecha aludida por el texto es Julio de 1936, mientras que Fritsch falleció en 1933. Contiene notas de un editor de esta versión y otras atribuídas al propio Fritsch, y su ámbito histórico se da mientras se desarrollaba el proceso judicial en Berna, Suiza, acerca de la autenticidad o no de dichos Protocolos, entablado contra los editores de ese texto. 

     Theodor Fritsch (1852-1933), originalmente Emil Theodor Fritsche, fue un editor, escritor y orientador alemán, una de las figuras más influyentes de la nueva derecha radical que surgió tras la unificación del Reich alemán en 1871, probablemente el más importante alemán anti-judío antes de Hitler. Habiéndose graduado como técnico en el Instituto de Tecnología de Berlín en 1875, fundó luego una oficina técnica asociada a una editorial. En 1882 participó en el Primer Congreso Internacional Anti-Judío, efectuado en Dresden. En 1890 llegó a ser uno de los primeros diputados del Partido Anti-Semita del Pueblo en el Reichstag. En 1902 fundó en Leipzig la editorial Hammer (Hammer-Verlag), que existió hasta 1940. En 1905 fundó la Asociación de Pequeñas Empresas Sajonas (él había nacido en Sajonia), dedicándose a los intereses de los artesanos y sus empresas, así como a la difusión de propaganda anti-judía. En 1912 fundó la Liga Hammer del Reich, uno de los primeros grupos políticos en adoptar la svástica, y también ese año fundó la secreta Germanenorden (Orden de los Germanos), de la que al parecer saldría la famosa Sociedad Thule. Posteriormente se integró al Deutschvölkische Freiheitspartei (DVFP), Partido Alemán Popular de la Libertad, con el cual se fundió tácticamente el Partido Nacionalsocialista cuando éste quedó fuera de la ley tras el intento de golpe en Munich.


     Theodor Fritsch era enemigo de la rápida industrialización y urbanización que estaba experimentando el pueblo alemán y su esencia. Fritsch, investigador de los problemas político-culturales, escribió en 1896 un pequeño libro llamado La Ciudad del Porvenir (Die Stadt der Zukunft). Decía en él que la Humanidad tenía que conseguir conciliar la idea de la industria con la idea de la dignidad humana. Jamás podía ser el sentido de la vida moderna continuar contemplando con indiferencia cómo Europa se hacía aborrecible. Cuanto más fuese corroído y despoblado el campo tanto más seguramente aparecería una decadencia general de la cultura, y el arte perecería a pesar de todo el mecenazgo de industriales enriquecidos. Fritsch oponía a la moderna fealdad de las grandes ciudades el ideal de la ciudad-jardín, en la que la industria conservaría sin duda su lugar, pero donde no dominaría ella sino la hermosa Naturaleza (según dice un artículo de 1941 de la revista del ejército alemán Signal).

     Habiendo sido discípulo de Wilhelm Marr (otro pensador alemán anti-judío a quien se le debe la creación del término "antisemitismo" para referirse a la judeofobia), Fritsch fue quien primero tradujo al alemán los Protocolos de Sión (los cuales en la actualidad están siendo atribuídos a un escritor ruso menor llamado Matveï Golovinski, conforme al testimonio de la señora rusa Radziwill dado en Nueva York en 1921). Fritsch se hizo conocido por su libro Catecismo Anti-Semita (Antisemiten-Katechismus), de 1887, publicado después en 1907 como Manual de la Cuestión Judía (Handbuch der Judenfrage), lleno de datos estadísticos e identificatorios, y asumiendo una polémica que planteaba una supervisión del cristianismo, y en especial del catolicismo ("judío en su substancia"). Su otro libro más famoso, tras publicar varios, es El Enigma del Éxito Judío (Das Rätsel des jüdischen Erfolges, 1ª ed. 1913). El señor Fritsch fue quien tradujo al alemán el influyente texto del estadounidense Henry Ford "El Judío Internacional". Y se dice que envió algún material suyo a Nietzsche, quien le pidió en 1887 que no continuara haciéndoselo llegar.


Introducción de Theodor Fritsch
a los Protocolos de los Sabios de Sión



Finalidad y Carácter de los Protocolos

     Los Protocolos de Sión, llamados también Protocolos de los Sabios de Sión, son las actas de las conferencias sobre política estatal, económica y financiera que un político enteramente compenetrado con los planes de los dirigentes del pueblo judío pronunció, presumiblemente en sesiones de logia, acerca del programa a seguir por la judeo-francmasonería. Su autor desconocido ha escrito:

     «Ante nosotros está un plan en el cual, como en un plan de guerra, está señalada la línea que no debemos abandonar sin correr el riesgo de destruír el trabajo de siglos» (Protoc. 1, 17).

     «Os puedo asegurar que hoy estamos a sólo pocos pasos de nuestra meta. Sólo un corto trecho más y el círculo de la serpiente simbólica, el símbolo de nuestro pueblo, estará cerrado. Y en cuanto se cierre el círculo, todos los Estados de Europa quedarán aprisionados dentro de él como en un torno» (Protoc. 3, 1).

     Los Protocolos contienen, por lo tanto, un plan de guerra para el sojuzgamiento de todos los pueblos y la instauración del dominio mundial judío. Hasta el presente no ha sido posible determinar el autor, la fecha y el origen de este escrito. De su contenido, empero, y de una serie de circunstancias puede deducirse con gran seguridad que se trata de un programa secreto formulado por la judeo-francmasonería, tanto más cuanto que la meta de la francmasonería, el dominio mundial, es idéntica a la meta de los Protocolos. El 16 de Marzo de 1873 la logia Federigo Campanella de Módica presentó al Gran Oriente de Italia un programa, en el que dice:

     «Será instalado un solo gobierno francmasón para todo el mundo» (De A. Rosenberg, Das Verbrechen der Freimaurerei [El Crimen de la Francmasonería] Munich, 1922, p. 31).

     Y en el Congreso Internacional de Francmasones en París en el año 1889, el francmasón Francolín declaró, entre otras cosas:

«Somos mejores profetas que nuestros adversarios, y como tales les gritamos a estos últimos: con toda seguridad el año 2000 sellará vuestro fin; los síntomas aparecen día a día más infalibles. Llegará el día en que las monarquías y las religiones se derrumben. Ese día no está lejano. Ese es el día que nosotros esperamos» (de V. Kreyenbühl, Geheime Mächte in der Weltpolitik [Poderes Secretos en la Política Mundial], Olten, 1922, pág. 40).

     Para el año 2000 pronosticaba, en consecuencia, el francmasón, el fin de los Estados nacionales, y curiosamente también pronosticó el autor de los Protocolos ―originados en los años noventa [del siglo XIX]― que aproximadamente después de un siglo todos los gobiernos habrán reconocido su incapacidad, y ha de comenzar el dominio mundial judío (Protoc. 15, 1). Además, el autor secreto de los Protocolos escribe:

     «Agobiaremos de tal manera a los no-judíos que finalmente se verán forzados a pedirnos un Gobierno internacional, que sin uso de la violencia será capaz de absorber todos los gobiernos del mundo y formar un Gobierno supremo» (Protoc. 5, 18).

     Los pasos previos para ello son la instauración, ya realizada, de la Liga de las Naciones y la proyectada fundación de los Estados Unidos de Europa. Ambos planes se basan en las disposiciones citadas en los Protocolos 3, 1 y 5, 18, y su realización fue resuelta en el "Congreso de las Francmasonerías de las Naciones Aliadas y Neutrales" celebrado en París del 28 al 30 de Junio de 1917. Los resultados de las deliberaciones de este Congreso fueron asentados por el Gran Oriente y la Gran Logia de Francia en un documento confidencial destinado exclusivamente a los hermanos francmasones, que más tarde fue descubierto y publicado por Struensee en el folleto Freiheit, Gleichheit, Brüderlichkeit [Libertad, Igualdad, Fraternidad] (Editorial Armanen, Leipzig, 1933). En este documento leemos:

     «Este Congreso ha de tener la misión de encontrar medios y vías para la fundación de una Liga de Naciones... Es indispensable crear una autoridad supranacional... La francmasonería como preparadora de la paz se propone introducir esta nueva organización, la Liga de Naciones».

     Además se resolvió como segunda medida necesaria ―por supuesto siempre con la invocación de Libertad, Derecho y Humanidad― la creación de los "Estados Unidos de Europa". Lo que los Protocolos habían sentado veinte años antes de la Guerra Mundial como punto del programa, fue materializado por la francmasonería: el gobierno internacional ya ha surgido en sus rasgos básicos como central suprema de las logias, ya que en sus organismos más importantes sólo deciden francmasones. El Protocolo 5, 18 se encuentra en el mejor de los caminos de ser realizado. Y severamente, según el plan de los Protocolos y la decisión del congreso francmasón, procede el filo-semita "católico" y francmasón de alto grado Conde Coudenhove-Kalergi con su proyecto de Pan-Europa. [Esta concepción internacionalista que tiene como objetivo la destrucción de la auténtica sustancia histórica de Europa, nada tiene que ver con la vieja idea de la unidad de la Europa aria que se fundamenta precisamente en el verdadero espíritu de la misma (Nota del Editor)]. Si también este proyecto se concreta, entonces se cierra, conforme al Protocolo 3, 1, el círculo de la serpiente simbólica, el símbolo de Judá, "y todos los Estados de Europa quedarán encerrados dentro como en un torno". ¿Quién sería capaz de dudar aún de la autenticidad de los Protocolos como de un programa de política francmasónica? Porque sólo el iniciado totalmente en los objetivos secretos de la judeo-francmasonería podía, más de veinte años antes de las resoluciones del Congreso de 1917, pronunciarse en los Protocolos por la instauración de un gobierno internacional como se hizo manifiesto en la Liga de Naciones, y por la creación de los Estados Unidos de Europa, como sostiene el movimiento Pan-Europa.

     Por lo demás, los Protocolos mismos delatan su procedencia, ya que llevan la fórmula: "Firmado por los Representantes de Sión del Grado 33". Estamos, pues, en presencia de un documento francmasónico (no, como hasta ahora se supuso, de uno sionista), cuyo autor, como veremos más adelante, tomó casi todo su contenido de un escrito subversivo de un judío-francmasón. Los Protocolos llegaron por primera vez en el año 1895 a manos no-judías. Entre las diversas pruebas de su autenticidad como programa de acción judío, una es irrebatible: el transcurso de los acontecimientos políticos a partir del año 1895, o sea en los últimos cuatro decenios, corresponde simplemente en un todo a los principios y disposiciones contenidos en los Protocolos. Así, los Protocolos recomiendan:

― Empleo de la alevosía, el fraude y el soborno (Protoc. 1, 25-27). Son éstos conocidos métodos judíos en la vida comercial y en la política; el caso más grandioso es el fraude perpetrado por la judeo-francmasonería con Alemania después de la aceptación de los 14 puntos de Wilson.

― Instigación a la desunión, agitación y odio, así como la confusión en la política de los gobiernos estatales en todo el mundo (Protoc. 7, 2 y 10, 25). Este punto del programa es tenido en cuenta por la prensa judía con sus artículos de azuzamiento, informaciones falsas y noticias de horror, de la misma manera que por el movimiento de lucha de clases fundado por el judío Karl Marx.

― Socavación del orden social mediante el liberalismo (Protoc. 10, 11), la socialdemocracia y el comunismo (Protoc. 9, 6). Los creadores y conductores de estos movimientos son en primer término judíos y francmasones.

― Gestación de disturbios artificiales y huelgas (Protoc. 18, 1). Para la realización de este punto del programa fue fundada hace poco por el judío ruso, bolchevique y francmasón Leon Trotski (Bronstein) la IV Internacional.

― Eliminación de la nobleza y del campesinado (Protoc. 1, 30 y 3, 6). Fue llevado a la práctica en forma total por el Gobierno del Soviet judío.

― Destrucción de todas las religiones con excepción de la mosaica (Protoc. 14, 1 y 4; 17, 3). Fue llevado a cabo en la Rusia Soviética. Bajo ese dominio fueron asesinados miles de sacerdotes no-judíos, pero ningún rabino.

― Destrucción de la familia no-judía (Protoc. 10, 6); fue realizado en la Rusia Soviética. La misma meta es perseguida en pequeña escala, p. ej., por la judía inglesa Dra. Marie Stopes en Portsmouth Harbour, que ha creado una organización para la prevención de nacimientos en matrimonios cristianos. Las clínicas de prevención de partos instalados por ella son financiadas por feministas judías.

― Corrupción de la juventud de los no-judíos (Protoc. 9, 12) y creación de una literatura insípida y sucia (Protoc. 14, 5). Miles de escritores y editores judíos de historias escandalosas y descripciones pornográficas trabajan afanosamente en la realización de este punto del programa. Léase al respecto Erotik und Rasse [Erotismo y Raza] de Herwig Hartner, Munich, 1925.

― Dominio de la Prensa para la dirección de la opinión pública y la provocación artificial de la disconformidad (Protoc. 2, 5 y 7, 5). Todo el mundo es azuzado desde hace años por parte de la prensa judía contra Alemania, amenazándose la paz de los pueblos, sólo porque Alemania se defendió contra la dominación y el trabajo de la subversión judía.

― Generación de crisis económicas y, como corolario de las mismas, de la desocupación, para soliviantar a las masas obreras contra los poseedores (Protoc. 3, 13). Los judíos y el capital judío, no obstante, nunca sufren perjuicio alguno, porque, dicen los Protocolos, "a nosotros no se nos hará daño porque conoceremos el momento del ataque" (Protoc. 3, 14).

     Y cuando todos los pueblos estén subvertidos y la Humanidad se consuma en el odio recíproco, entonces la obra de descomposición judeo-francmasónica experimentará su coronación. El autor de los Protocolos declara:

     «Debemos agobiar de tal manera a todo el mundo que los no-judíos no vean otra salida a su miseria que someterse completamente a nuestro dinero y a nuestro dominio» (Protoc. 10, 25).

     «Entonces estarán tan compenetrados del pensamiento de que no se puede prescindir de esta tutela y dominio si se quiere vivir en paz y tranquilidad, que reconocerán la autocracia de nuestro gobierno con una veneración rayana en la idolatría» (Protoc. 15, 15).

     Hemos tomado unas pocas frases del programa que desde su elaboración es realizado consecuentemente, paso a paso, por una potencia invisible, con ayuda de los hombres de Estado de casi todos los países, que no se dan cuenta de que son sólo juguetes de un poder secreto supra-estatal. A ningún político, por más clara visión del futuro que poseyera, que hubiera querido calumniar al judaísmo a través de la elaboración de los Protocolos, le hubiera sido posible, hace cuarenta años, vaticinar tan exactamente el curso de los acontecimientos que desde entonces se fueron produciendo, como es el caso de los Protocolos. Sólo un iniciado en las metas a perseguir podía llevar al papel los métodos de lucha que para la consecución de un dominio mundial judío fueron reconocidos como oportunos y que son aplicados. La historia mundial y en especial los acontecimientos alrededor y desde la (Primera) Guerra Mundial prueban en forma no controvertible que el judaísmo procede en completa concordancia con el plan estratégico de los Protocolos, de tal modo que, aun colocándose en el punto de vista de la falsificación, resulta que el judaísmo ha reconocido los Protocolos como el programa justo para el logro de sus objetivos.


Testimonios Judíos acerca del Ansia de Dominación Mundial Judía

     La ambición del judaísmo de sojuzgar a todos los pueblos y erigir un reino universal bajo dirección judía data de miles de años atrás. Ya Yahvé elevó a los judíos a la categoría de pueblo elegido, prometiéndoles por intermedio de Moisés la posesión de toda la Tierra. También todos los ulteriores profetas del Viejo Testamento proclamaron la supremacía de Israel como voluntad de Yahvé. El que niega la autenticidad de los Protocolos y los tiene por un panfleto anti-judío, forzosamente debe designar también así los libros del Viejo Testamento, que no son sino escritos difamatorios dirigidos contra todos los pueblos. Porque no recién en los Protocolos sino ya en los libros de los profetas judíos están fijados los objetivos políticos del pueblo judío, que en los Protocolos solamente desarrolló un plan estratégico que contempla las condiciones modernas. Queremos dar la palabra al judaísmo de todos los tiempos, para probar que los Protocolos jamás pudieron nacer de un cerebro ario, sino que se basan en una concepción archi-judaica de las metas del judaísmo y de su relación con el resto del mundo.

a) Moisés.

     "A ti, Yahvé tu Dios te ha elegido como pueblo de su porción de entre todos los pueblos que están sobre la tierra" (Deuteronomio 7:6). "Consumirás a todos los pueblos que el Señor, tu Dios, te dará" (Deut. 7:16).

     "Y te dará sus reyes en tus manos, y tú aniquilarás su nombre bajo el cielo. Nadie te resistirá hasta que los extermines" (Deut. 7:24).

     De estas promesas programáticas los Protocolos sacan las conclusiones prácticas al enseñar:

     "Nuestros profetas anunciaron que hemos sido elegidos por Dios para reinar sobre todo el mundo. Dios mismo nos ha otorgado el don para terminar esta obra" (Protoc. 5, 7).

     "En efecto, hemos ya destruído fuera del nuestro a todos los gobiernos, aunque legalmente aún existan muchos" (Protoc. 5, 6). "Somos ya demasiado fuertes, con nosotros hay que contar" (Protoc. 5, 6).

b) El profeta Isaías.

     Una persona de la importancia del rabino francés Isidore Loeb, que a partir de 1869 fue secretario de la Alliance Israélite Universelle, escribió en su obra La Littérature des Pauvres dans la Bible, París, 1892, que "los judíos eran una raza bendita por Dios" [1] y que las predicciones del profeta Isaías sobre la misión del pueblo judío deben cumplirse. Con empleo de los pasajes del Libro de Isaías que se refieren a la dominación mundial, Loeb expone:

     «No se puede afirmar con seguridad si el profeta Isaías admite la aparición de un Mesías personal o no, que será el rey de los judíos, que mandará a todos los pueblos y gobernará el mundo. Pero lo que está firme es que los judíos, con o sin Rey Mesías, serán el centro de la Humanidad, alrededor del cual los no-judíos se agruparán después de su conversión a Dios. La unidad de la especie humana será establecida a través de la unidad de las religiones. Los pueblos se unirán para rendir homenaje al pueblo de Dios (Isaías 40:3 y sig.). Los almacenes de Egipto, los tesoros de Etiopía vendrán a él; caminarán detrás del pueblo judío como prisioneros, en cadenas, y se echarán a sus pies (45:14). Los reyes se levantarán delante de Israel y los príncipes caerán de rodillas (49:7). Los reyes educarán a tus hijos y las princesas serán las nodrizas de tus hijos; inclinarán su rostro ante ti a tierra y lamerán el polvo de tus pies (49:23). Dios concertará con el pueblo judío un pacto eterno, como lo hizo con David, y como David, los judíos dominarán a los pueblos; harán acudir a pueblos a los que ni siquiera conocen, y los pueblos que no saben nada de los judíos correrán hacia ellos (45:3-5). Las riquezas de los mares y los tesoros de los pueblos vendrán por sí solos a los judíos; los extranjeros reconstruirán tus muros y los reyes estarán a tu servicio; constantemente tus puertas estarán abiertas; día y noche serán traídos a través de ellas los tesoros de los pueblos y sus reyes. El pueblo y el reino que no quiera servirte será destruído. Los hijos de tus opresores se arrojarán humildemente ante ti al suelo; tú beberás la leche de los pueblos y mamarás del pecho de los reyes (60:5-16). Los extranjeros apacentarán vuestros rebaños y extraños cultivarán vuestros viñedos y campos; vosotros consumiréis los tesoros de los pueblos y os jactaréis de su esplendor (61:5-6)».

[1. Exactamente igual dice el francmasón "cristiano" conde Coudenhove-Kalergi: "Porque los judíos son una raza humana bendita" (Das Wesen des Antisemitismus, La Esencia del Antisemitismo, Viena, 1929, p. 36) (N. de Th. F.)].

c) El Talmud.

     "Vosotros los israelitas sois llamados seres humanos; los pueblos del mundo, empero, no son llamados seres humanos" (Trat. Jebamoth, fol. 61 a).

     "Vosotros los israelitas sois llamados seres humanos; los pueblos del mundo, empero, no son llamados seres humanos sino bestias" (Trat. Baba Mezia, fol. 114 col. 2.)

     Esta opinión es tenida en cuenta plenamente por los Protocolos cuando también ellos llaman a los no-judíos como animales (Protoc. 11, 6 y 15, 12), y cuando hablan de la razón puramente animal de los no-judíos y de su instinto animal (Protoc. 15, 15).

     "A todas partes a donde lleguen los judíos han de hacerse príncipes de sus señores" (Trat. Sanhedrin, fol. 104, a).

     "El Santo habló a los israelitas: Vosotros me habéis hecho único soberano del mundo, y por eso os haré único soberano en el mundo" (Trat. Chagíga, fol. 3 a y b).

d) Los eruditos rabínicos de la Edad Media.

     "El objeto de la creación del mundo fue solamente por causa de Israel" (Abraham Seba, Zeror Hamor, fol. 106, col. 4).

     "Todos los pueblos serán sometidos a los israelitas" (Isaac Abravanel, Comentario de Isaías, fol. 4, col. 2).

     "En la era del Mesías los israelitas exterminarán a todos los pueblos de la Tierra" (R. bar Náchmani, Bammidbar rabba, fol. 172, col. 4).

     "El país de Israel será ampliado y el mismo tragará todos los otros países" (Naphtali, Emmek hammelech, fol. 44, col. 1).

e) Los Testigos de Jehová

     Así se autodesignan a partir de 1931 los Exegetas Serios, cuyos dirigentes, el fallecido en 1916 Charles T. Russell, y el desde entonces presidente J. F. Rutherford, han creado una organización internacional que bajo la apariencia de devoción cristiano-religiosa persigue fines judeo-raciales. Para máximo engaño de personas crédulas, declaran que preconizan solamente los designios de Yahvé, del que son meramente sus testigos. Y en plena coincidencia con los Protocolos sostienen, por un lado, un programa de descomposición, y por el otro, un programa de construcción social. Han de ser descompuestos el cristianismo y los Estados cristianos, y ha de ser construído un reino universal bajo un gobierno judío. Así, afirman, lo ha prescrito Yahvé a través de sus profetas y así lo han de anunciar los Exegetas Serios como sus testigos. He aquí algunas frases de su programa:

     "Los gobiernos temporales serán destruídos y el orden social de las cosas deshecho en anarquía" (Russell en Estudios de la Escritura, 1922, Bd. VII, S. 573). "Ha de haber una guerra más para barrer la perversa organización de Satanás" [2] (Rutherford, 1933, en Refugio en el Reino, 49).

[2. Es decir de los actuales Estados cristianos (N. de Th. F.)].

     "La palabra de verdad de Dios señala claramente que la más horrible de todas las guerras y una muerte en masa sin precedentes se producirán en un futuro inminente. Yahvé ha impuesto a sus testigos el deber de anunciar ahora estos hechos a los hombres" (Rutherford, ob. cit. S. 7).

     "Tendrá lugar una completa reorganización de todos los pueblos de la Tierra. Los mapas de la Tierra actualmente empleados ya no tendrán aplicación en el Reino" [3] (Rutherford, 1933 en Justificación, 111, S. 321).

[3. O sea, en el reino universal judío de los Exegetas Serios (N. de Th. F.)].  

     "A la luz de la Escritura sagrada podemos esperar que Jerusalén será la capital del mundo" (Rutherford, 1924, en Un Gobierno Deseable, S. 35).

     "Los judíos recibirán el dominio sobre la Tierra" (Russell en Estudios de la Escritura, XXX, 1917, Bd. VII. S. 666).

     Este programa corresponde a las declaraciones de Moisés, de los profetas y de los escritores rabínicos, y las medidas estratégicas son las mismas que los Protocolos recomiendan al pueblo judío con el fin de la destrucción de todos los Estados y la instauración de la propia dominación mundial. Léase el folleto Die Zeugen Jehovas, Pioniere für ein jüdisches Weltreich [Los Testigos de Jehová, Pioneros para un Reino Mundial Judío] del Dr. H. Jonak von Freyenwald (Berlín, 1936), que suministra un material de prueba aplastante sobre el hecho de que los Exegetas Serios defienden la política de la potencia mundial judía, y que los Testigos de Jehová son los mejores testigos para la autenticidad de los Protocolos.

f) Confesiones judías más modernas.

     El economista judío Du Mesnil-Marigny publicó en 1872 una obra bajo el título de Geschichte der politischen Wirtschaft der alten Völker [Historia de la Economía Política de los Pueblos Antiguos]. En el II tomo de la 3ª edición de 1878 se encuentra en la página 275 y siguientes un himno triunfal en honor de Israel y un programa para la política judía. Él escribe:

     "La época actual indiscutiblemente ha dotado al oro de la soberanía, la omnipotencia... El maestro absoluto, el señor absoluto del oro por consiguiente habrá de convertirse en el dominador absoluto de la Tierra; ¿y quién será este soberano si no el judío?" (Cf. Protoc. 5, 8).

     "¿Acaso no posee ya el monopolio de los bancos, de los ferrocarriles y del comercio?... ¿Acaso no da ya, en virtud de su oro, a sus hijos enseñanzas de mando superior y acaso no está de esta manera en vías de asignarles en las artes, en la literatura, en las ciencias y en los cargos públicos los primeros lugares?" (Cf. Protoc. 6, 1).

     "También entre nosotros, ¿quiénes son en la Sorbona, en la universidad, en el Liceo francés, los profesores descollantes? ¡Judíos! ¿En el teatro los autores preferidos? ¡Judíos! Entre los filósofos y escritores, ¿quiénes son los más renombrados? ¡Judíos!..." (Cf. Protoc. 3, 11 y 9, 1).

     "Se conoce la venalidad de la prensa. ¿Quiénes son los que ponen en movimiento esta terrible máquina, cuyo poder como factor destructivo y simultáneamente constructivo es tan conocido? Judíos... o sea aquellos, que poseen el oro..." (Cf. Protoc. 7, 5).

     "El próximo levantamiento de Israel a la altura de la sublimidad es seguro... Lo veremos dentro de corto plazo,... cómo gobierna las naciones después de haberse adueñado de todas sus riquezas que, por lo tanto, se multiplican sin medida, y lo veremos haciendo correr delante suyo a los habitantes de toda la Tierra, tal como lo hizo con los cananitas..." (Cf. Protoc. 9, 7 y 10, 25).

     ¿Dicen algo distinto los Protocolos?. ¿Por qué han de ser falsos los Protocolos cuando un economista judío previamente ya escribía que Israel estaba en camino de dominar a todos los pueblos, recomendando como medio para la consecución de esta meta la posesión del oro, de las industrias, de la prensa, de los institutos de enseñanza y la ocupación de todos los cargos políticos directivos por parte de judíos?. Escuchemos a otros testigos. El sionista rabino Dr. Moses Gaster, el amigo de Theodore Herzl, declaró en ocasión del tercer Congreso Sionista de Basilea, en 1899:

     "Si de acuerdo con nuestra previsión los hijos de Jacob por su superioridad se aseguran todo lo que garantiza el bienestar y la larga vida en este mundo, y de esta manera llegan a la situación de sobrevivir a cualquier otra raza, entonces nadie negará que a través de ellos será realizada esa Era tan deseable, ese deseo de todos los grandes corazones; queremos decir: la fraternidad universal" (Cf. Protoc. 15, 28 y 22, 4).

     «Siempre hemos tenido un gran ideal delante de la vista, incomparable con los ideales que influyeron en otros pueblos, y perseguimos el ideal intrépidamente a través de los milenios. Porque soñamos, soñamos en un reino peculiar sobre la Tierra, donde han de imperar la justicia y el amor, y llamamos el reino de Dios sobre la Tierra al ideal del pueblo judío. Es completamente distinto, se aparta totalmente del empeño de todo el mundo, y por eso también nosotros nos hemos conservado siempre distintos y, desde aquí lo afirmo enfáticamente, más elevados que todas las naciones de la Tierra. Porque ninguna nación puede compararse con nosotros» (Protocolo taquigráfico 3, Congreso Sionista de Basilea en 1899, pág. 161).

     Demasiado poco conocidos y tenidos en cuenta son dos artículos titulados Ein tatsüchlicher Anklagefall gegen die Juden [Un Efectivo Caso Acusatorio contra los Judíos] y Ein Sendbote an die Nichtjuden [Un Mensajero para los No-Judíos], que tienen como autor al judío Dr. Marcus Eli Ravage y que aparecieron en la Century Magazine, Nueva York, año 1928, Nros. 3 y 4. Ravage es un judío rumano que originariamente se llamaba Revici y que emigró en 1900 a Estados Unidos, donde ejerce en Nueva York la profesión de escritor. En los dos artículos, que se complementan, enrostra con sorna mordaz a los no-judíos que tienen tanto como ninguna noción del judaísmo si se pelean por la autenticidad de los Protocolos, en lugar de haberse percatado claramente de que toda la historia mundial fue y es hecha solamente por el judaísmo. Es un ardid típicamente judío del Dr. Ravage llamar a los Protocolos una "falsificación de un torpe ruso", confirmando al mismo tiempo la autenticidad de su contenido en base al curso de los acontecimientos históricos. Así, escribe bajo forma de una disertación dirigida al mundo no-judío:

     «Nos culpáis de la instigación de la revolución de Moscú. Supongamos que admitimos la acusación. Bueno, ¿y?. Comparado con lo que el judío Pablo de Tarso realizó en Roma, la rebelión rusa es sólo un escándalo callejero» [4].

[4. Es que el Dr. Ravage explica que Pablo, el apóstol de los judíos, difundió la doctrina cristiana en el Imperio romano con la finalidad de envenenar al ejército romano mediante la nueva religión del amor, y sacudir con ello los fundamentos del Imperio. Este acto de venganza lo realizó con tanto éxito que el reino mundial estuvo destruído al cabo de cuatrocientos años. A la Roma imperial sucedió la papal, que elevó la creencia de una secta judía a religión del mundo occidental, sometiendo todos los Estados a la influencia del espíritu judío (N. de Th. F.)].

     «Hacéis mucha alharaca por la influencia impertinente de los judíos sobre vuestros teatros y cines. ¡Bien! Admitamos que vuestras quejas sean justas. Pero qué significa eso en comparación con nuestra influencia abrumadora sobre vuestras iglesias, sobre vuestras escuelas, vuestra legislación y vuestros gobiernos, y hasta sobre los más tenues movimientos de vuestro mundo de ideas...».

     «Supongamos que los Protocolos de los Sabios de Sión sean genuinos y auténticos. Pero, ¿qué importancia tiene esto frente a la innegable actividad conspiradora histórica que hemos cumplido?...» (Cf. Protoc. 1, 25-37 y 5, 6).

     «Aún no habéis ni comenzado a reconocer la verdadera magnitud de nuestra culpa. Nosotros somos los intrusos. Nosotros somos los destructores. Nosotros somos los subversivos. Nos hemos apropiado de vuestro mundo natural, de vuestros ideales, de vuestro destino y los hemos envilecido. Fuimos la última causa no solamente de la última guerra sino de casi todas vuestras guerras» (Cf. Protoc. 7, 3.)

     «Nosotros fuimos los autores no sólo de la revolución rusa sino de todas las revoluciones mayores de vuestra historia» (Cf. Protoc. 3, 16).

     «Hemos traído discordia y confusión en vuestra vida personal y pública. Seguimos haciéndolo en la actualidad...» (Cf. Protoc. 3, 2-4; 5, 14-15; 7, 2; 10, 25).

     «Nosotros cambiamos todo el curso de vuestra historia. Os logramos poner de tal modo bajo nuestro yugo como jamás una de vuestras potencias nunca sometió a su servidumbre a África o a Asia (Cf. Protoc. 3, 1). Y todo esto lo realizamos sin armas, sin balas, sin sangre ni tumulto de batallas, sin medidas de violencia de cualquier índole. Lo realizamos sola y exclusivamente mediante el poder irresistible de nuestro espíritu, con ideas y propaganda» (Cf. Protoc. 5, 5 y 9, 6).

     «Nuestro pequeño país de antaño llegó a ser vuestra Tierra Santa. Nuestra literatura nacional es vuestra Santa Biblia. Una muchacha judía es vuestro ideal de la maternidad y de la feminidad. Un profeta-rebelde judío es el centro de vuestra adoración de Dios...».

     «Tomad las tres grandes revoluciones de los tiempos modernos: la francesa, la estadounidense y la rusa. ¿Qué otra cosa fueron sino el triunfo de la idea judía de justicia social, política y económica?» (Cf. Protoc. 3, 16).

     «Con alivio vemos que el goy (no-judío) nunca reconocerá la verdadera gravedad de nuestros crímenes» (Cf. Protoc. 4, 4).

     Sí, en esto tiene razón el Dr. Ravage: ¡el goy no tiene aún ni sospecha de la actividad conspiradora judía!. Los dos artículos fueron hace poco publicados en idioma inglés y alemán por la editorial U. Bodung, de Erfurt, bajo el título Zwei jüdische Aufscitze vom Juden M. E. Ravage, para poner coto de una vez por todas a los intentos ya efectuados por el judaísmo de hacerlos aparecer como panfletos anti-semitas. El que ahora continúa considerando a los Protocolos, cuyo contenido es confirmado por las irónicas comprobaciones del Dr. Ravage, como un escrito difamatorio anti-semita contra los pobres judíos, ése merece el desprecio con que tanto el anónimo autor de los Protocolos como también, en perfecta concordancia, el judío Dr. Ravage, hablan de la Humanidad no-judía. Si mediante estas pocas citas de la literatura judía de todos los tiempos hemos aportado la prueba de que la conquista de la dominación mundial, la instauración del así llamado reino universal, es la meta abiertamente reconocida del pueblo judío, y que el autor de los Protocolos sólo persigue exactamente la misma meta que el judaísmo se ha dejado fijar por Yahvé, entonces los Protocolos deben ser considerados como el genuino decreto de aplicación para la ley de Yahvé, y ser tenidos por tal hasta que haya sido aportada la contra-prueba inobjetable de que los Protocolos son de origen no-judío. Esta contra-prueba no ha sido lograda por el judaísmo hasta ahora de ninguna manera, menos que nada por la comedia procesal de Berna. Y así se mantienen válidas las memorables palabras que un incontrovertible conocedor de los judíos, el escritor judío Arthur Trebitsch, ha escrito sobre la autenticidad de los Protocolos:

     «El que, como el autor (es decir, A. Trebitsch), desde hace mucho ha vislumbrado, oído y leído lleno de presentimientos todos los pensamientos, metas y designios expresados en aquellas actas secretas, tales como surgen de la totalidad de nuestra vida económica, política y espiritual, puede responder que éstas son las manifestaciones más auténticas y genuinas del espíritu nómada que se afana por la dominación mundial, tan auténticas y genuinas que un cerebro ario, por más que el odio anti-judío lo impulsara a la falsificación y la calumnia, jamás será capaz ni siquiera de concebir esta forma de lucha, estos planes, esas tretas y artimañas» (Deutscher Geist oder Judentum! [¡Espíritu Alemán o Judaísmo!] Berlín, 1921, p. 74).


El Origen de los Protocolos

     Es un hecho establecido desde 1921 que los Protocolos se basan en el libro Dialogue aux Enfers entre Machiavel et Montesquieu ou la Politique de Machiavel du XIXe. Siécle [Diálogo en los Infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu, o la Política de Maquiavelo en el Siglo XIX] que el francmasón Maurice Joly publicó en el año 1864 y en segunda y última edición en 1868 en Bruselas. Entre ambas publicó el judío Dr. Hertz en el año 1865 una traducción abreviada y deficiente en idioma alemán en la editorial O. Wigan de Leipzig. En ingenioso diálogo Joly hace defender a los espíritus de los hace mucho fallecidos hombres de Estado ―que se encuentran en los infiernos―, sus ideas sobre derecho estatal, pronunciándose Montesquieu por la forma de gobierno parlamentario-democrática y Maquiavelo por el despotismo. Las expresiones puestas en boca de Maquiavelo fueron tomadas por el autor de los Protocolos, idénticas en cuanto a las ideas, muchas veces también textualmente para su tratado. Para reconocer las relaciones más profundas es menester ocuparse de la persona de Joly. Poseemos una biografía escrita por él mismo bajo el título de Maurice Joly, son Passé, son Programme par Lui-Méme, París, 1870. Según ella "nació en los primeros años del reinado de Luis-Felipe en Lons-le-Saulnier en el Sur de Francia, esto es, después de 1830" [5]. Su padre era Philipp Lambert Joly, y su madre se llamaba originariamente Florentine Corbara, después Courtois. En la página 7 escribe Joly que por parte de su madre era italiano y por parte de su abuelo, español. Joly, por consiguiente, según su ascendencia familiar no era francés. Otras averiguaciones dieron por resultado que su abuelo materno era el judío veneciano Corbara, y que la hija de éste, Florentine, recibió en ocasión de su bautismo el nombre de Courtois. Por el lado materno Joly era, por lo tanto, judío; pero también por el lado paterno posiblemente sea vástago judío de una familia española de marranos.

[5. En el proceso de Berna fue presentada por la parte actora judía como prueba de que Joly no había sido judío, una copia de su fe de bautismo. Fuera de que esto no es una prueba, esa fe de bautismo indica el 29 de Septiembre de 1829 como día de su nacimiento. Como esta fecha está en insoluble contradicción con su propia declaración, porque Luis Felipe recién llegó al gobierno en Agosto de 1830, y el propio Joly además escribe en las páginas 5 y 6 que en el año 1860 contaba 27 años, habiendo nacido por consiguiente en 1833, el perito Fleischhauer declaró en el proceso de Berna que la fe de bautismo era falsificada. Ni en el proceso ni tampoco en la prensa el judaísmo ha rebatido hasta ahora esta grave acusación (N. de T.F.)].

     Joly era además comprobablemente francmasón, porque es nombrado por el judío Leo Taxil (Jogand-Pages) en su obra La France Maçonnique como miembro de la logia de París. Con el fundador de la Alliance Israélite Universelle y masón de alto grado Isaac Adolphe Crémieux mantenía estrechas relaciones, también financieras. A causa de su Diálogo, que fue interpretado como sátira a Napoleón, fue condenado en Abril de 1865 a 15 meses de prisión. Tuvo participación directiva en el gobierno de terror de la Comuna parisién en el año 1870, y volvió a parar en la cárcel. En 1878 Joly se suicidó. El discurso fúnebre fue pronunciado por el vástago judío y masón de alto grado Léon Gambetta. Joly era por consiguiente judío, francmasón y subversivo. No podía elegir mejor garante que él, el autor de los Protocolos. Acerca del origen de los Protocolos dependemos aún hoy de suposiciones. Lo más probable es que hayan sido escritos a principios de los años noventa en la orden francmasónica secreta Bene Mosche (Hijos de Moisés), fundada por Achad Haam alrededor de 1889 en Odesa, y ello como acta de las disertaciones que fueron dadas allí sobre política judía. Estos escritos fueron distribuídos a otras logias, especialmente en Francia. Por cualquier imprudencia o por un judío sobornado, una copia francesa incompleta llegó a Rusia.

     Inobjetablemente aclarado está, empero, el posterior desarrollo. Así, en el año 1895 el mayor ruso Alexis Nikolajewitsch Suchotin entregó una copia al posterior procurador del sínodo de Moscú, Philipp Petrowitsch Stepanoff (muerto en Servia en 1932), que la hizo reproducir y la distribuyó entre sus amistades [6]. Y en el año 1901, Suchotin también entregó una copia a su amigo Sergej Alexandrowitsch Nilus. Tanto a Stepanoff como también a Nilus, Suchotin les comunicó que había recibido la copia de una dama de París, cuyo nombre no quería mencionar. En el año 1903 (26 de Agosto al 7 de Septiembre) el texto fue publicado en el diario ruso Snamja. Bajo forma de libro, S.A. Nilus publicó los Protocolos en su obra Lo Grande en lo Pequeño, y ello en su segunda edición de 1905. Los Protocolos estuvieron en manos judías, por lo tanto, comprobadamente dos años antes del año 1897, en que tuvo lugar el primer Congreso Sionista en Basilea, y es totalmente falso y sólo crea confusión cuando se afirma que se han originado en este Congreso en una sesión secreta. Probable es sólo que en ese momento tuvo lugar simultáneamente un congreso secreto de la orden francmasónica Bnei Briss [o Bnai Brith, orden francmasónica que ejerce la conducción de la francmasonería internacional compuesta exclusivamente por judíos (N. del Editor)] y que en ese congreso paralelo los Protocolos, compuestos ya antes en sus rasgos fundamentales, fueron redactados nuevamente y elevados a programa secreto oficial de la judeo-francmasonería.

[6. Esta información la dio Stepanoff mismo en una carta del 17 de Abril de 1927 a la escritora estadounidense L. Fry, quien publicó una fotocopia en su libro Waters Flowing Eastwards [Las Aguas que Fluyen hacia el Este (N. de T.F.)].


Las Tentativas Judías de Defensa

     La rápida difusión de los Protocolos después de la (Primera) Guerra Mundial indujo al judaísmo a tomar contramedidas. Como en todos los casos en que han llegado a ser conocidas las concertaciones secretas de los poderes supra-estatales, se echó también aquí mano del medio más cómodo, declarándose simplemente el documento como una falsificación. Dos miembros de la alta "aristocracia" fueron ganados para suministrar las pruebas: por una parte la princesa rusa Catharina Radziwill en Nueva York, y por la otra el conde francés Armand Alexandre Chayla, ambos con un pasado bastante oscuro y devotos del judaísmo. El 25 de Febrero de 1921 apareció en el diario neoyorquino American Hebrew (El Hebreo Estadounidense) una entrevista del judío Isaac Landman con la Princesa K. Radziwill. Ella contó que los Protocolos recién fueron redactados después de la guerra ruso-japonesa (1904-1905) y después de la revolución rusa de 1904. Sostuvo que, entonces, aproximadamente en 1905, como recalcó expresamente, ella vivía en París, cuando cierto día un policía secreto conocido de ella, Golowinsky, la visitó y le manifestó confidencialmente que el jefe de la Policía Exterior rusa en París, Ratschkovsky, le había encargado escribir un falso plan conspiratorio del judaísmo. Que en esa ocasión hasta le había mostrado el manuscrito que acababa de terminar, que ostentaba en la primera página una enorme mancha de tinta azul.

     Poco después el segundo cómplice, conde du Chayla, publicó un largo artículo en el diario parisién de emigrantes rusos Posljednije Nowosti (Últimas Novedades) del 12 y 13 de Mayo de 1921. En el mismo refiere Chayla que en el año 1909, en ocasión de una prolongada estancia en Rusia, visitó al editor de los Protocolos, Sergej Alexandrowitsch Nilus, en el convento Pustin. Nilus le había mostrado entonces justamente aquel manuscrito con la mancha de tinta azul. A la pregunta de cómo había llegado a su poder el manuscrito, Nilus había respondido que el documento le fue entregado por su amiga, una tal señora K., que lo había obtenido en París del general Ratschkowsky mismo.

     Tres meses más tarde se consideró oportuno asestar a los Protocolos el golpe mayor. El 16, 17 y 18 de Agosto de 1921 el Times publicó un artículo de su corresponsal en Constantinopla, Philipp Graves. Éste refirió que un terrateniente ruso que se había fugado después de la guerra hacia Constantinopla le dio un libro totalmente deteriorado, titulado Dialogue aux Enfers entre Macchiavel et Montesquieu. El terrateniente había comprobado con sorpresa que los Protocolos habían sido redactados con el empleo de este libro. Un examen más detallado demostró la exactitud de su afirmación. Del hecho que el autor de los Protocolos utilizó el Diálogo de Joly, es decir, que era un plagiario, Graves sacó la errónea conclusión de que los Protocolos eran una falsificación. En esto reside uno de los engaños más grandes de la opinión pública, ya que para la respuesta a la pregunta de si los Protocolos son un programa reconocido por el judaísmo en su lucha por la dominación mundial, es enteramente indiferente si su autor suministró un producto intelectual propio o si utilizó una obra más antigua que le parecía útil para ello, perpetrando con ella un plagio [7]. Estos tres informes periodísticos del año 1921, cuyo contenido ya había sido reiteradamente impugnado, conformaron la base para el proceso de Berna.

[7. En su pericia judicial para el proceso de Berna, U. Fleischhauer calificó el informe del Times como un "cuento turco", y probó que toda la historia sobre el descubrimiento del libro en Constantinopla es una invención. Su aseveración no fue rebatida por los adversarios (N. de T.F.)].


El Proceso de Berna

     A partir del año 1921, a pesar de todos los intentos confusionistas del judaísmo, los Protocolos fueron difundidos en todos los países y en todas las lenguas. Por ello el judaísmo emprendió la tarea de producir una decisión sobre el documento. El 26 de Junio de 1933 el Schwizerische Israelitische Gemeindebund [Federación de Comunidades Israelitas en Suiza] y la Jüdische Kultusgemeinde [Comunidad de Culto Judía] de Berna, presentaron una denuncia en el tribunal de Berna con la demanda de declarar los Protocolos un panfleto vil y prohibir su difusión. Los acusados eran miembros del Frente Nacional y de la Defensa Patria de Suiza. El tribunal nombró como peritos para los demandantes al profesor judío de Derecho Penal de Basilea, Dr. A. Baumgarten, y para los demandados al teniente coronel (R) Ulrich Fleischhauer, y como perito jefe al escritor suizo filo-judío C.A. Loosli.

     El 14 de Mayo de 1935 fue dictada la sentencia de que los Protocolos constituyen una falsificación y escrito vil. A esta decisión solamente se pudo llegar porque el juez marxista tomó por verídico el peritaje inexacto y rebosante de errores de Loosli, declinó la comparecencia de todos los testigos propuestos por los demandados, y simplemente no admitió todos los documentos de prueba presentados por el perito Fleischhauer. Las fallas y la parcialidad del procedimiento fue demostrada en forma inequívoca por el Dr. Stephan Vasz en Das Berner Fehlurteil über die Protocolle der Weisen von Zion [El Erróneo Fallo Bernés sobre los Protocolos de los Sabios de Sión], Erfurt, Editorial U. Bodung. Por razones de espacio debemos limitarnos aquí a reseñar brevemente los dos testimonios más importantes sobre los cuales se basa el peritaje de Loosli y el fallo. Son ellos los artículos periodísticos de la Radziwill y de du Chayla, cuya exactitud el Tribunal aceptó sin ninguna clase de examen.

     La afirmación de la princesa Radziwill de que los Protocolos fueron confeccionados aproximadamente en 1905, después de la guerra ruso-japonesa y de la primera revolución rusa, es falsa por el solo hecho de que el texto de los Protocolos, como se ha probado ya, se hallaba en el año 1895 en las manos de Stepanoff, en 1901 en manos de Nilus, y fue publicado en el año 1903 en el Snamja. Es también comprobable que Ratschkowsky y Golowinski en 1905 ya hacía años que no se encontraban en París. Con ello se deshace toda la maraña de mentiras de la Radziwill, que en su entrevista periodística en el año 1921 se hizo pasar falsamente por princesa, a pesar de que después del divorcio de su matrimonio con el príncipe Wilhelm Radziwill había contraído nupcias ya en el año 1914 con el ingeniero Kolb, del cual se separó al poco tiempo, llamándose en el año 1921, como consecuencia de un nuevo matrimonio, Dunvin. En vano el perito Fleischhauer destacó en el proceso que las declaraciones de esta mujer tampoco pueden ser tomadas en serio debido a que ella misma era una falsificadora de documentos y estafadora. El Tribunal declinó toda investigación más detenida de sus antecedentes. Por eso anotaremos aquí algo acerca de sus dudosas maquinaciones.

     Alrededor de 1900 se conectó con el propietario de minas de diamantes Cecil Rhodes, cuando se dirigía a Sudáfrica. Por motivos fácilmente comprensibles publicó allí en el diario por ella fundado, Greater Britain, una entrevista entre ella y el fallecido Lord Marquis of Salisbury sobre la situación política en Sudáfrica, habiendo aparentemente sostenido el Lord que Rhodes debía ser nombrado Primer Ministro de la Colonia del Cabo. Para sostener fuera de duda la autenticidad de la entrevista, la princesa mostró al secretario privado de Rhodes el texto redactado por Salisbury y un telegrama, con el que Salisbury mismo la habría invitado a la conversación. Resultó, empero, que el telegrama estaba falsificado, porque no había sido despachado por Salisbury sino por la princesa a sí misma, y que tampoco la entrevista jamás tuvo lugar, así como también que estaba falsificada la firma de Salisbury. En el año 1901 negoció varias letras de cambio por un total de 29.999 libras extendidas por Cecil Rhodes. También estas letras de cambio estaban falsificadas por ella. Se llegó entonces al procedimiento penal, y el Tribunal de la Ciudad del Cabo condenó a la princesa a 18 meses de presidio. Acerca de este episodio y sobre otras maquinaciones de esta falsificadora de documentos e intrigante, escriben detalladamente los secretarios de Cecil Rhodes en sus Memorias. Los dos libros, a saber: Cecil Rhodes, His Private Life, escrito por su secretario privado Philipp Jourdan, Londres, 1910, y Cecil Rhodes, The Man and His Work, escrito por uno de sus secretarios privados y confidenciales, Gordon le Sueur, Londres, 1913, existen en la biblioteca de la universidad de Góttingen.

     Pero también después de haber tenido que abandonar Sudáfrica continuó siendo fiel a su carácter, y fue detenida en el año 1921 en Nueva York por no haber pagado la cuenta en dos hoteles de esa ciudad. ¡Por cierto, era la testigo indicada para aportar la prueba de la falsificación de los Protocolos!. El dato absolutamente falso de que los Protocolos recién fueron redactados después de la guerra ruso-japonesa alrededor de 1905, le resultó bastante desagradable al perito mayor Loosli, y así, para hacer digno de crédito el informe de la Radziwill, falsificó en su pericia, escrita en Octubre de 1934, la cifra del año 1905 "calladamente" en 1895, tal como lo confesó recién siete meses más tarde ante la incriminación de Fleischhauer frente al Tribunal. Pero tampoco esto causó impresión en el juez parcial. Distintas razones, por lo demás, hablan en favor de que Landman presentó a la princesa un texto ya redactado previamente en su contenido principal, que fue adornado por ella con algunas observaciones personales. También se dice que recibió por la entrevista la suma desproporcionadamente alta de 500 dólares del francmasón-Bnei Brith Louis Marshall, el jefe del judaísmo estadounidense. No era un honorario, sino un soborno para imponer silencio.

     El segundo en la alianza era el conde du Chayla, quien como testigo ante el juez bernés tuvo el descaro de confirmar la exactitud de su artículo. Recién después del proceso el Welt-Dienst (Servicio Mundial) de Erfurt logró establecer el paradero de Sergej Sergejewitsch Nilus, el hijo del primer editor de los Protocolos, que falleciera en 1930, S.A. Nilus. En una extensa carta del 24 de Marzo de 1936 Nilus (hijo) declaró que el conde du Chayla había publicado su informe en los Dernieres Nouvelles con plena conciencia de su falsedad, y que es un "pérfido mentiroso y calumniador". En especial declaró Nilus (hijo) que él era el hijo legitimado de su padre S.A. Nilus y de su compañera, pero que ésta no era una señora K., o, como du Chayla declaró ante el tribunal, una señora Komarowsky, sino que se llamaba Natalia Afanassiewna Wolodimerow, y que jamás había tenido relación con Ratschkowsky. Tampoco nunca había tenido nada que ver con los Protocolos. Nilus (hijo) se declaró dispuesto a declarar bajo juramento que él mismo estuvo presente cuando en el año 1901 el mayor (R) Suchotin, amigo de su padre entregó a éste el manuscrito. Tampoco pudo recordar haber visto entonces la llamativa y ominosa mancha de tinta. Ulteriores pesquisas dieron por resultado que el conde du Chayla había sido en el año 1920 en el ejército de Wrangel, jefe de la división de propaganda de la plana mayor del Cuerpo de los Cosacos del Don, que allí fue desenmascarado como agente bolchevique, y hubiera sido condenado a muerte por alta traición si el general Wrangel no hubiera sobreseído, a través de la intervención del embajador francés, el procedimiento del consejo de guerra, debiendo conformarse con expulsar del Ejército al oficial traidor.

     Acerca de esto y de los otros antecedentes del conde, el consejero estatal ruso, que aún vive en Túnez, Gregor Petrowitsch Girtschitsch, que sirvió en el ejército de Wrangel como juez de instrucción, hizo revelaciones exhaustivas en un escrito del 30 de Abril de 1936 al Welt-Dienst, de Erfurt, que son tanto más importantes cuanto que Girtschitsch mismo había dirigido la investigación contra du Chayla. Pero hasta un tercer testigo se ha presentado últimamente en París: Andrej Petrowitsch Ratschkowsky, hijo del auténtico consejero estatal Ratschkowsky, a quien, por otra parte, du Chayla calificaba falsamente como general, que nunca fue. En una extensa carta dirigida al Welt-Dienst del 13 de Julio de 1936, comunicaba que había revisado todo el archivo de su difunto padre que se encuentra en su poder, que comprende tanto la correspondencia privada del mismo como también todos los borradores para sus informes a autoridades de San Petersburgo, pero que en ninguna parte había descubierto ni la menor huella de que su padre hubiera tenido que ver alguna vez algo con los Protocolos. Tampoco oyó jamás de su padre ninguna insinuación de que los Protocolos tan siquiera le fueran conocidos. Su padre ni siquiera había sido un anti-judío; había tenido a algunos judíos como amigos y colaboradores, y en particular en la época que entra en consideración para la redacción del documento, su secretario había sido el judío M. Golschmann. Finalmente su padre no había ni conocido a la legendaria señora Komarowsky, a quien supuestamente se había hecho entrega del manuscrito.

     A través de los informes de los hombres que se pueden calificar de más competentes: Nilus (hijo), Girtschitsch y Ratschkowsky (hijo), ha sido por fin llevada la claridad al verdadero taller de falsificaciones. Las afirmaciones de la estafadora y anterior princesa K. Radziwill, ahora señora K. Dunvin, y del agente bolchevique y convicto de alta traición conde du Chayla, son falsas en todos los puntos esenciales. Jamás el consejero estatal Ratschkowsky tuvo algo que ver con los Protocolos. La compañera de vida de Nilus, que según du Chayla le habría procurado los Protocolos, no se llamaba Komarowsky, sino Wolodimerow, y ni Ratschkowsky ni tampoco Nilus conocían a una señora Komarowsky. Las nuevas comprobaciones ocuparán al Tribunal de Berna en el procedimiento de apelación. Será cuestión de la segunda instancia admitir que la primera instancia fue desorientada por falsas pericias y declaraciones de "testigos", produciendo un fallo erróneo. [El 7-XI-1937 la Corte de Apelaciones de Berna absolvió, por falta de pruebas, a los editores de los Protocolos del cargo de inmoralidad y se declaró ―como correspondía― incompetente para juzgar acerca de la autenticidad de los mismos. Si se piensa que el proceso se desarrolló en uno de los centros tradicionales de la banca judía, puede comprenderse la trascendencia de este fallo demoledor para el judaísmo mundial (N. del Editor)].


La Autenticidad de los Protocolos

     Una cosa debe ser admitida: el judaísmo encontró auxiliares involuntarios en las personas de los distintos escritores que se han ocupado de la génesis de los Protocolos y que a través de la publicación de datos sobre detalles, que no fueron examinados cuidadosamente, sólo perjudicaron el asunto principal. Así ya Nilus recibió la comunicación de círculos judíos de que los Protocolos fueron presentados por Theodor Herzl al Congreso Sionista de 1897. Nilus publicó esto en la cuarta edición de su obra, en 1917. Fue víctima de un engaño. No hay ningún asidero para la exactitud de esta comunicación, que ya queda refutada por el hecho de que el procurador Stepanoff poseía ya en 1895 una copia. Similarmente insostenibles son las referencias de Gottfried zur Beek en Die Geheimnisse der Weisen von Zion (Los Secretos de los Sabios de Sión) de que los Protocolos están relacionados con el movimiento sionista. No tienen nada que ver con el sionismo como tal, no son "protocolos sionistas" sino un documento secreto de Sión, del judaísmo, y más precisamente, de la judeo-francmasonería. También la aseveración de Gottfried zur Beek de que agentes de Ratschkowsky se posesionaron del manuscrito en ocasión del Congreso Sionista de Basilea, no es comprobable y ahora, después de las declaraciones de Ratschkowsky (hijo), ya no puede ser mantenida.

     La ulterior investigación habrá de mantenerse alejada de tales informes, habrá de comprobar ante todo de quién recibió el mayor Suchotin los Protocolos antes del año 1895. Aquí nos encontramos actualmente en un punto muerto, ya que el Estado Soviético presuntamente no-judío impide indagaciones que de alguna manera van dirigidas contra el judaísmo, y que ha sido fijada la pena de muerte por la simple posesión de los Protocolos. ¡Sí, más aún! El ex-diputado de la Duma mayor barón B. Engelhardt de Riga comunicó al Welt-Dienst de Erfurt que en la primavera de 1917, inmediatamente después de la formación del primer gobierno provisional del francmasón príncipe Lwow, fue la preocupación mayor de estos círculos sacar los Protocolos del Ministerio del Interior y del departamento de Policía. Las actas fueron recolectadas y por orden del príncipe Lwow entregadas al político judío Winawer, miembro del partido filo-francmasón Miljukow, mediante comprobante escrito. Desde entonces ese material ha desaparecido. Si bien el perito Loosli, por mediación del abogado judío Tager de Moscú, pidió prestadas del gobierno soviético actas para la confección de su pericia, éstas, a pesar de los esfuerzos desesperados de Loosli de marcar a Ratschkowsky como fraguador de los Protocolos, no suministran para ello ni el menor asidero. Tampoco por lo demás estas actas, de las cuales Loosli estaba tan orgulloso como de las falsificaciones de la Radziwill y del du Chayla, no contienen nada acerca de la autoría de los Protocolos.

     Pero el hecho de que el autor y la fecha de origen del documento aún hoy está envuelto en un misterio no autoriza a considerar los Protocolos como una falsificación dirigida contra el judaísmo, tanto menos cuanto que su contenido coincide en forma absolutamente total con la restante literatura judía así como también con los acontecimientos políticos. El documento existe ahora desde hace varios decenios y su autenticidad nunca fue rebatida de manera probatoria. En tanto, sin embargo, la falsificación no esté probada, el documento ha de ser considerado como genuino. Porque la ilegitimidad de un documento debe ser probada por su impugnador, no empero la legitimidad por su defensor. Tampoco el proceso de Berna brindó una clarificación; todas las pruebas aportadas para la falsificación no son concluyentes, y se basan ellas mismas sobre burdas falsificaciones de hechos. Sólo el que tiene conciencia de su culpabilidad, el que teme la verdad, combate con tales medios, como fue el caso de Berna.‒




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