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viernes, 17 de enero de 2014

Miguel Serrano - Sobre el Kristianismo, el Avatâra y el Héroe



     Del libro de 1986 "La Resurrección del Héroe", dedicado a la memoria de la escritora Savitri Devi, del diplomático y notable escritor chileno Miguel Serrano, presentamos ahora sus seis últimos capítulos. En ellos examina, a la luz de un inminente cambio de Era, Ciclo o Eón, la acción efectuada por los acólitos de la históricamente siniestra Era de Piscis, en especial la labor destructiva del creador del "cristianismo", Saulo de Tarso, con cuya doctrina se ha intentado la destrucción absoluta de pueblos sanos y culturas completamente diferentes y no sometidas al delirio materialista de los sacerdotes demiúrgicos, los cuales, creyendo ya que habían ganado su juego, se vieron sorprendidos por la sólida irrupción de un avatâra que expuso ante el mundo y los héroes toda la maloliente ruindad de éstos y su hipócrita perfidia. Dicho escrito de Serrano bien conviene leerlo en su integridad.






YAHVÉ Y LOS JUDÍOS

     Al finalizar Aries y entrar en Piscis, el alma aria estaba preparada para acoger al Dios Renacido, rejuvenecido como Apolo en los hielos del Polo Norte, en la Luz de Hiperbórea, en una nueva Dispensación Cíclica y arquetípica. Las migraciones godas en India, en Persia y en Grecia, las invasiones arias, portaban en la memoria de su sangre el recuerdo de la muerte de Baldur y la profecía de su retorno. A Grecia, el wotanismo entró con los dorios nórdicos, y fue Apolo, el hiperbóreo, una encarnación de Wotan. A India y Persia también llegó con los arios, y fue Vishnú y Ahura Mazda. El Kristos griego era, a su vez, Wotan renacido. Krishna, en India, era Baldur y el mismo Kristos, uno de los avatâras de Vishnú, que es como decir un avatâra de Wotan. Vishnú en India es descrito como un Dios blanco y rubio, cuya morada se encuentra en Aryana Vaeja, en el Polo Norte, en una isla encantada llamada Svêta-Dîpa y también en Agartha. Es un Dios védico.

     En Persia, Mithra no necesitaba casi nada para entregar su Caduceo al Kristos griego, al Kosmokrátor, con toda su simbología esotérica, cambiando el sacrificio del Toro por el del Cordero. Hasta cierto punto, ya lo había hecho. Agotada la Roma aria en el mestizaje del Imperio, las tribus germanas del oriente de Europa y de la Europa Central estaban prontas a recibir con gozo la noticia del retorno de Baldur y de Wotan, que haría posible a sus gerreri bersecos abrirse con la espada una salida de este Universo-Prisión, libertar a sus camaradas y derrotar al Demonio Loki, al Demiurgo corruptor. Vencer la Ilusión de Maya, pasar más allá del Arquetipo-Golem del Demiurgo, destruír los Elementarwesen, formando parte de la Wildes Heer, la Horda Furiosa, el Ultimo Batallón de Odín.

     Algo inesperado acontece, sin embargo, aun cuando viniera preparándose en las Rondas y las edades. El Demiurgo, promotor de estas Rondas, Señor del Eterno Retorno, dominador del Tiempo y sus Aiones, preparaba secretamente un arma poderosa, un pueblo de golems y robots, fabricado del limo de la Atlántida sumergida, reflejo de sí mismo, como un repliegue o una costra de su expiración: el judío, que ya se venía prefigurando en los turanios, persas, así como Yahvé se antecediera en Ahrimán. Como si esto aún fuera poco, el Demiurgo se las ingenia para atraer a los "Ángeles Neutrales" a su bando, con la promesa de una participación, como Aiones, en su creación cíclica. Tal vez ellos lo hicieran creyendo que podrían alterar de algún modo las Leyes de la Fatalidad. Pero el Demiurgo exige acatamiento total, adoración servil al Uno, a Él. Y los "Ángeles Neutrales" han debido inclinarse, convirtiéndose en un eficaz anzuelo para atrapar aquí en la Tierra a los "Traidores Blancos", trabajando en conjunto por el advenimiento del Mesías de los judíos, su "Rey del Mundo", que sería como un dedo de la Mano psíquica, o bien, como la entera Mano del Uno, del Demiurgo, Yahvé.

     La pregunta que nos hemos hecho en este tiempo, a todo lo largo de la Era de Piscis y más insistentemente al entrar en Acuario, es si el Demiurgo, Yahvé, al final no caerá también víctima, envuelto en sus propias redes. Porque, si al comienzo pudo ser Él quien conformó al judío a su imagen y semejanza, muy pronto ha pasado a ser el judío quien hace posible la existencia de Yahvé, como una proyección de su Inconsciente Colectivo. Y bastaría una pequeña alteración en este Inconsciente ―que es la "Memoria de la Sangre", de esa anti sangre, en este caso― por causa de una mayor absorción de genes arios, para que el Demiurgo Yahvé también se modificara y se extinguiera, siendo asesinado por su propia creación, cosa que puede pasar en el instante en que el judío, por esa alteración metabólica, deje de ser un robot ortodoxo, un cabalista numeral, aritmético, deje de ser sionista, por haber perdido el control en la absorción de genes arios.

     En el fondo de esta tremenda duda se halla esta otra pregunta trascendental, que también se hiciera Jung: ¿Son los Arquetipos entidades autónomas, y con ello los Dioses y Demonios, o son únicamente proyecciones del hombre, del Inconsciente Colectivo de un pueblo, de una raza?. Al final de sus días Jung los definió como psicoides; es decir, los consideró autónomos, sólo en parte y a medias entidades psíquicas, productos de la psiquis. Porque el Arquetipo no sólo existe para el hombre, habiéndose proyectado ―encarnado― en el animal y plasmado en todos los reinos naturales, que son proyecciones, digamos "creaciones", basadas en un Arquetipo, en un prototipo.

     Así, los antiguos tenían razón: los Dioses y los Demonios existen fuera de nosotros. Nos dirigen y nos dominan, en este mundo en que ahora nos hallamos.


PABLO DE TARSO

     El drama, la tragedia de Piscis se llama Saulo de Tarso, más conocido como Pablo, o San Pablo. Es él quien asesina a un Dios, produciendo el aborto de un Niño-Dios, en el vientre del Inconsciente Colectivo Ario. Mata al Hijo del Hombre. Y de este modo no sólo el judío deberá ser acusado de deicidio sino toda la cristiandad judaizada, conjuntamente. La Iglesia de Roma, la Roma vaticana en especial.

     Pablo se llamaba Saulo y había nacido en Tarso, fuera de Palestina, en una ciudad romana del Asia Menor. Allí se hablaba el griego y el latín. "Era un judío ortodoxo y letrado", dice Savitri Devi, "en cierta forma un judío del ghetto, poseedor de un profundo conocimiento de la tradición judía y una comprensíón del mundo de los goym (no-judíos) que le sería muy útil. En este sentido, sabía más que todos los judíos de Palestina. Había sido alumno de Gamaliel, uno de los teólogos judíos más famosos de su tiempo, de la escuela farisea".

     (A propósito de Palestina, esta región no fue judía sino filistea en sus orígenes. A estos conquistadores arios debe su nombre: Peliochtim-Filisteos, Palestina. También Jerusalén toma su nombre de los jebuseos: Jebus-Salem. Salem es "paz", como lo es el nombre genérico de Salomón. Salem es la Ciudad de Melquisedec. Algunas de estas informaciones se hallan en mi libro "Nacionalsocialismo, Única Solución para los Pueblos de América del Sur". También el nombre de Israel, que corresponde a un grado de iniciación obtenido en lucha con el Ángel, tal vez con uno de esos "Ángeles Neutrales" al servicio del Demiurgo, se descompone rúnicamente en IS-RA-EL: Isis, Ra ―que es Osiris― y El, una invocación tántrica. Significaría, además, "País del Sol", Hiperbórea. De estos lugares y nombres sacros de la tradición alquímico-tántrica aria se han apropiado los judíos, destruyéndolos, al incorporarlos a una historia nacionalista, inventada del comienzo al fin).

     Savitri Devi compara a Pablo de Tarso con Marx, por ser ambos judíos y autores de doctrinas destinadas a socavar los cimientos de la tradición y del alma aria. Pablo no predica el cristianismo a los judíos en Palestina sino a los no-judíos en Grecia y en ciudades romanas, en especial a los esclavos, como un agitador social. Es una comparación muy justa la que se hace con el marxismo y que nos servirá de guía para encontrar un hilo conductor hacia el origen de la Gran Conspiración. Porque todo esto no puede, en ningún caso, ser la labor de un solo hombre. Es demasiado enorme.

     Por ser de nuestro tiempo, sabemos que Marx tiene predecesores de su misma raza, o anti raza, como los tuvo Einstein, y también en algunos arios que se hallaban trabajando para producir doctrinas similares, aunque jamás le habrían dado una parecida dirección, no siendo poseedores del fanatismo típico de esa anti-raza, ni de la constancia para destruír, productos ambos de un odio inextinguible y de un sentimiento de culpa y de inferioridad insuperables. Igual tiene que haber acontecido en el caso de Saulo-Pablo.

     Por esos mismos tiempos, el gnosticismo y doctrinas griegas y egipcias de la decadencia, casi siempre elaboradas por personajes dudosos en su sangre, por mestizos y mulatos ―como Agustín―, estaban tratando de recomponer y descomponer los símbolos y revelaciones tradicionales, trabajando desde dentro de las religiones establecidas, para destruírlas, especialmente a las más vitales. Así aconteció con el Mithraísmo y el Kristianismo (con K). Y Pablo trabajó hábilmente para esto, buscando sus secuaces y adherentes, de preferencia entre el bajo mundo resentido de la judería y de los agitadores sociales, especialmente entre los miembros celotes de la familia de Judas de Gamala, a la que pertenecía Pedro y todos los llamados "apóstoles", sus hermanos, y también un tal Jesua, que pretendía descender de David, como Judas de Gamala, su padre, y que reclamaba para sí el trono, según se ha dicho ("Jesús, o el Secreto Mortal de los Templarios", de Robert Ambelain). Jesua habría sido crucificado cabeza arriba por los romanos, cosa que sólo se hacía por crímenes políticos. Los romanos jamás habrían ajusticiado por razones religiosas. Es ley del paganismo "vivir y dejar vivir". Los Dioses no se matan entre ellos. Sólo se reparten su acción. El proselitismo, el fanatismo, son propios del monoteísmo semita, nunca de los arios. Ahí está el ejemplo de la India para ilustrarlo, donde conviven en paz los cultos más diversos. Los celotes eran guerrilleros fanáticos, ortodoxos del judaísmo y del sionismo.

     Pablo comprendió que en una lucha frontal con el Imperio romano iba perdido. Su táctica sería un poco como la de Gandhi para derrocar el Imperio inglés, sólo que al revés, digamos, ya que Gandhi luchaba para liberarse del Imperio comercial anglo-judío, montado por Disraeli, del imperialismo judío de la "Compañía de Indias": Lo de Roma era Imperium; lo de Inglaterra, imperialismo. Hay una gran diferencia.

     Pablo también predicaría la paz, la humildad, el amor a "toda la Humanidad" ―al lumpen―, porque todos eran iguales: el Emperador, el patricio y el esclavo; todos tenían un alma. El astuto plan iba dirigido a crear una nueva fe, apoderándose de los símbolos más caros al romano, en especial a las legiones; entrar a saco en el bagaje espiritual de Mithra y luego destruírlo. Porque, ¿qué mejor que el mithraísmo para el caso?. Pablo estaba lo suficientemente informado como para ponerse a fabricar todos los sincretismos necesarios: doctrinas esenias e hindúes, budismo, osirismo, isismo (de Isis), gnosticismo, y, en especial, el Kristos griego, agregado al mithraísmo iranio. El andamiaje estructural y simbólico ha sido plagiado de Mithra, como hemos podido apreciarlo en estas páginas. Lo demás lo haría el Arquetipo de Piscis, ya casi encarnándose. Para dejarlo todo más a tono con la Era zodiacal, Pablo afirmaría que los discípulos de su "Mesías" eran "pescadores". De este modo iba a lograr destruír la Nueva Encarnación en la Ronda de Piscis, una religión solar, viril y aria, como la de Mithra, con su alquimia simbólica, con su esoterismo redentor, ya a punto de traspasarse filosóficamente, gnósticamente, al Kristos griego. Éste habría sido su camino inevitable, lógico, dentro de la "lógica zodiacal" del Arquetipo: Ixtio, Xristos. Mas, Pablo lo adulteró todo, logrando interrumpir un acontecimiento propiciado por los Dioses, desviándolo de su cauce. Cumplió así un trabajo monumental a favor del Demiurgo Yahvé, del Gran Carcelero y Corruptor del Universo.

     Dos fueron los conceptos fundamentales que Pablo, inspirado por el Demiurgo, introdujera en la nueva religión de Piscis, suficientes para destruír el espíritu solar y ario a punto de darla a luz. Con ellos se aniquilaría también al mundo ario convertido a la "nueva fe", masacrado en su substancia, envenenado en su alma y en su sangre, quizás si para siempre. El cristianismo de Pablo introdujo la idea del Pecado Original de todos los hombres, concepto elaborado sobre una verdad proto-histórica: la mezcla de los Divinos con las hijas de los hombres; pero adulterado en su sentido y en la falsa interpretación del "Génesis", como ya hemos visto. El judío Saulo estaba expresando aquí su propio sentimiento de culpa por el Pecado Racial, de su anti-raza, que llevara a exclamar a Yahvé: "Ni aunque te laves con lejía podrás borrarlo" (Jeremías 2:22).

     El segundo postulado consistió en la igualdad de todos los hombres y de todas las razas. De todas las almas. (¡Cómo si todos los hombres tuvieran un alma, como si el animal-hombre la tuviera!).

     Estas dos premisas eran absolutamente falsas e inventadas por el judaísmo, que nunca ha creído en ellas, para envenenar y destruír a los goym. El mundo ario antiguo, hasta ese instante, era totalmente ajeno a esos supuestos. La sabiduría tradicional, sus religiones, los persas, los hindúes, los egipcios, los griegos, jamás conocieron ese sentimiento de inferioridad que el judío traspasó con el dogma del Pecado Original, infestando al mundo con el sentimiento de culpa. Ni mucho menos se creyó en la igualdad de los hombres, ni de las almas. La doctrina justa aria enseñaba la diferencia entre los Asen divinos (Divyas), los Héroes semi-divinos (Vîras) y los animales-hombres (Pasus). Además, el ario, el Ase, el Héroe, desconocía el concepto de alma (Buda mismo lo descartó), no haciendo diferencia entre cuerpo y alma ―entre cuerpo y Ka―, como lo hemos explicado. De ahí la concepción del Kristianismo Esotérico de la Resurrección de la Carne, de la "sutilización del cuerpo material", de la "materialización del Cuerpo Astral", del Hijo del Hombre. El alma es algo que el Héroe ―gli Heroi―, el vîra, tiene que crear, recrear, inventar. La inmortalidad hay que ganársela en el combate, con la Espada en la mano.

     No se piense que el budismo, por ejemplo, haya predicado en sus comienzos la igualdad de los hombres, pudiendo ser una doctrina para todas las castas de la India. Buda era un príncipe, un shastriya, un guerrero y un ario. ¿Habló Buda de la reencarnación, o fue del Eterno Retorno? Con seguridad del Eterno Retorno; porque Buda no se refirió nunca al alma. Y solamente en el Eterno Retorno de los Ciclos demiúrgicos, como aquí lo hemos visto, se puede retornar sin un alma. Y la Liberación del Buda se refería a la salida de este Universo concentracionario, que el budismo tántrico tibetano, en sus "Ruedas de la Vida", representa dentro del vientre de un Demonio. De allí sólo se podía escapar luchando como un guerrero, abriéndose paso a través de los ejércitos del Enemigo. El verdadero budismo, del Príncipe Gottama, o Gauthama, del Godo, que luego fuera un Buda (un Héroe Transmutado en Hombre-Absoluto), también ha sido falseado por sus seguidores, por los "budistas" mestizos, por los arios mezclados con mongoles amarillos y dravidias negros, en el Norte y Sur de la India, pretendiendo introducir la igualdad de todos y la abolición de las castas. Mas, para la India aria y brahmánica, Gottama, el Buda, es justamente un avatâra del Dios polar hiperbóreo, Vishnú. Es decir, de Wotan.


EL CRISTIANISMO JUDÍO. SAULO Y MARX

     Con la imposición de esos dos supuestos, el pecado original y la igualdad de todos los hombres, el judío daba un paso de gigante en la conquista del mundo y la destrucción de sus enemigos arios. Esto lo lograría haciendo triunfar la "nueva fe cristiana". Poco importaba, por lo mismo, hacer concesiones al esoterismo de las religiones que se desvirtuarían, si ello le era útil para ganar adeptos, pues ya tiraría por la borda esos asuntos peligrosos cuando no le fueran más necesarios. Esto se ha cumplido, al extremo de poder afirmar hoy que nada queda de ese simbolismo, cuando hasta el mismo Jesucristo se le está haciendo incómodo a una religión que se aproxima con rapidez cada vez mayor al marxismo. (Jesús preservado sólo como agitador social, como proletario, como el guerrillero-celote). Además, el cristianismo ha entrado a reconocer abiertamente la tutoría de la Gran Sinagoga, tras la visita del Papa [JP2] a la Sinagoga de Roma y su declaración oficial de que "los judíos son sus hermanos mayores". Porque la verdad es que ha sido de la Sinagoga de donde la Iglesia cristiana en general y, en especial la Católica de Roma, ha recibido siempre sus instrucciones, primero secretamente y ahora sin necesidad de mayor sigilo.

     Nada importará tener que deshacerse de Jesucristo, personaje repugnante al judío ortodoxo (del Kristos griego se habían deshecho casi en los comienzos), pues ese Jesucristo nunca ha existido, y toda su historia antropomórfica es una falsificación y una mentira, con una literatura inventada a propósito para el caso. ¡Y pensar que sobre esa falsedad se han construído dos mil años de misticismo, de guerras, de asesinatos, destruyendo como herejías las concepciones de los cátaros, de los bogomilos, de los albigenses y los templarios!.

     Una vez aprisionada la mente aria, destruído su orgullo de raza, su memoria y su conciencia divinas, era asunto fácil poder llegar al control económico y físico de los pueblos no-judíos. Toda esa historia de las persecuciones y de la enemistad entre cristianos y judíos, conversos u ortodoxos, se cumplía en la superficie, entre ignorantes, y será mucho más fácil entenderla haciendo la comparación con el marxismo y la Rusia Soviética de hoy. Los bolcheviques aparentan perseguir al judío, encarcelando a unos pocos. Son éstas las víctimas que se aceptan dentro del Gran Plan, a fin de despistar mejor a los arios. Los antiguos pogroms tenían el mismo objeto. Y eran inevitables, como reacción provocada por la usura. Sin embargo, en la hora definitiva, de la verdad, todo cambia, y cristianos y judíos están juntos. Esto se pudo ver con mayor claridad en las últimas dos grandes guerras, especialmente en la Segunda Guerra Mundial.

     No es necesario que nos sigamos extendiendo en el tema. ¿Qué objeto habría? Quien conozca mis obras habrá encontrado allí material suficiente para ilustrarse sobre este siniestro complot de dimensiones planetarias.

     Es imposible que un solo hombre haya podido conseguir tanto como ese Pablo de Tarso. El plan secreto tiene que haber sido elaborado por una sinarquía selecta de rabinos iniciados en una religión de sangre (de anti-sangre) racista (de anti-raza), de cabalistas sabios, una élite de magos negros, la que vendría a ser conocida por el resto del mundo como los Sabios de Sión. Dictarían las estrategias a Saulo, el discípulo del rabino Gamaliel, brindándole su apoyo secreto, así como lo hacen hoy los servicios de Inteligencia con sus agentes más hábiles, y como lo harían siglos después con Marx, con Freud y con Einstein. La masa judía también deberá ignorar el fondo del asunto.

     Sin embargo, aún esto no es suficiente para una conspiración de tales dimensiones, tan tremendamente diabólica. De allí trasciende un elemento sobrehumano, la presencia de una Fuerza desconocida y terrible. Eso que se ha llamado el Demonio y que es el Demiurgo, el dios de los judíos, Yahvé, con toda su cohorte de servidores extraterrestres, de Aiones, de "Ángeles Neutrales" y, sobre todo, de sus vasallos en la Tierra, los "Traidores Blancos", los arios dormidos, hipnotizados, engañados. No habría podido existir cristianismo judío sin los "santos" arios, al estilo de un San Bernardo, de un Domingo de Guzmán, de un Santo Tomás y tantos otros. Sin un Bonifacio, sin un Carlomagno. Sin los miles de artistas y soldados, que entregaron generosamente su sangre pura y sus vidas a servir la causa del Enemigo oculto, que tan astutamente los engañara, para destruír la divinidad que les pertenecía y la fuerza que poseyeran, única capaz de transfigurar la Tierra.

     Por dos mil años, el ario, el godo, el visigodo, ha olvidado sus propios Dioses, los astros, su ciencia rúnica y alquímica, su sangre, su orgullo, perdiendo la memoria de su origen divino, para ser sólo un lacayo de un Mesías inventado, de un judío, y de todo un mundo de valores judíos, contradictorios en apariencia, adorando a una doncella judía virgen, también inventada, nunca existente, transpolada de Isis y las Vírgenes Negras, y a unos agitadores con mentalidad de esclavos y complejo de culpa. Así han ensuciado su sangre física y espiritual los arios, su cuerpo y su mente, llegando a creer que todos los hombres y todas las razas son iguales y que tienen un alma semejante. ¡Todos pecadores, humildes y humillados!.

     El guerrero dejó de serlo, el héroe se transformó en esclavo. Y se perdió el recuerdo de la causa de la venida a este Universo corrompido, para combatir al Corruptor. Y se perdió el amor a la Naturaleza torturada, dejando de percibirse su Nostalgia de Hiperbórea. No se hizo el esfuerzo mágico por transfigurarla. Sólo se pensó en dominarla.

     ¡Íbamos derecho al abismo, sin esperanza, sin salida...!

     Hasta que los mismos Dioses del Walhalla, al finalizar la Era de Piscis, en el nadir del Kali-yuga, decidieron venir en ayuda del prisionero encadenado, de los guerreros, de los vîras, ya a punto de sucumbir, y de perder la gran batalla. Hicieron posible el advenimiento del Ciclo del Héroe, del Yuga de los Héroes.

     Enviaron a Adolf Hitler, el Último Avatâra, para que despertara a los héroes dormidos, cortara sus cadenas y deshiciera el embrujo del Demiurgo, pudiendo enfrentarlo en el combate decisivo, antes de la entrada en la Edad de Acuario. E impedir que también en esta Era una nueva trampa del Enemigo cerrara las puertas al triunfo y la liberación.

     Adolf Hitler desenmascaró al Enemigo, de una vez y para siempre. Recuperó para la raza blanca sus raíces arias, sus fundamentos hiperbóreos, brindando al héroe y al guerrero la oportunidad de continuar en el combate. Restableció la desigualdad de los hombres y de las sangres, haciendo sentir nuevamente al ario la divinidad de sus orígenes.

     Al comenzar la Era de Acuario, Hitler ha hecho posible la Resurrección del Héroe.


EL ÚLTIMO AVATÂRA

     Si el cristianismo judío no se hubiese impuesto en Piscis haciendo triunfar la idea de la igualdad de todos los hombres en la Tierra, secundado por la Masonería y todas las organizaciones que directa o indirectamente controlan las sinagogas y la Sinarquía de Sión, otro habría sido el camino recorrido por la Historia. La ciencia y la técnica, tal como se nos entregan hoy, son también un producto del espíritu judaico. Pero pudo no ser así, si una élite aria hubiera manejado el desarrollo de los acontecimientos, como en Egipto o en India, donde los Vedas, por ejemplo, fueron conocidos únicamente por las dos primeras castas, la de los brahmanes y los príncipes, y por sólo una al comienzo, la de los Reyes-Sacerdotes. La Tierra no estaría a un paso del desastre, de ser destruída por una ciencia que es sólo tecnología, encontrándose al alcance de todos, del animal-hombre, del hombre masa, porque "ellos son iguales", las razas y las no-razas, debiendo, sin embargo, quedar en claro que el judío nunca ha creído en la igualdad de los hombres, considerando animales a los no-judíos. Únicamente predica la igualdad a los goym para degenerarlos en las mezclas y hacerlos así una fácil presa. Porque el judío es fanáticamente "racista", aun cuando él sea una anti-raza. Su religión es una Religión de Sangre, de Anti-Sangre.

     Y es en el vértice de los tiempos, cuando ya todo parecía perdido, que aparece entre nosotros el Último Avatâra, para reinvertir el curso fatal de los acontecimientos y posibilitarnos el encuentro con las claves perdidas de la Resurrección, enseñándonos el camino glorioso de la Inmortalidad del Héroe. Nos ha entregado la Espada del Guerrero, reivindicando para la Era de Acuario la Runa Odal, de Wotan, su fuerza odínica, que nos fuera arrebatada en Piscis por la acción del cristianismo judío. Adolf Hitler resucitó a los Dioses; porque Él mismo es un Dios, avatâra de un Dios, de Wotan-Vishnú.

     Cuando el primer Dios penetra en este Universo sojuzgado por el Demiurgo, para combatir su contagio, su expansión a costa de Asgard, es un Gigante, que aquí no cabe. Tiene el porte del Anthropos, de una estrella, del mismo Sol, aunque en forma humana. Porque "el cielo tiene la forma de un hombre", afirmaba Swedenborg. Ese Dios es Wotan y, al entrar aquí, se parte, se divide en muchos iguales, aunque más pequeños. (El Misterio de la Eucaristía del Kristianismo ario esotérico sostiene que en cada trozo de la Hostia, una vez rota en pedazos, se halla Kristos entero; es decir, en el pan, en la carne dividida de Mithra, de Osiris). Por ello, el nombre de Gott, del Dios, es genérico para el pueblo de los Godos. Y cuando un avatâra, que es la encarnación, la emanación de un Dios, de un Héroe que se ha liberado en otras Rondas del Eterno Retorno, saliéndose ya de este Universo-Prisión, combatiendo y venciendo con la Espada, regresa, vuelve, lo hace únicamente para ayudar a sus camaradas, sus semejantes, que aquí han caído prisioneros del embrujo demiúrgico, de su Maya, de la Ilusión, como en el Schastel Marveile de Klingsor (Parzival). Cuando aquí entra, decíamos, no lo hace como Uno, sino como muchos, aunque en apariencia semejantes. El Führer se encarna en varias figuras prototípicas; pero sólo en una de ellas se concentra mayormente su poder y su energía: en Adolf Hitler. Y su paso por este mundo deberá ser necesariamente breve, lo suficiente, sin embargo, como para producir una explosión como la de una estrella nova, una implosión, e impregnar con su mensaje y su revelación toda la Época de Acuario, y tal vez redimirla.

     En "Adolf Hitler, el Ultimo Avatâra" hemos explicado cómo la encarnación del avatâra se produce siempre en forma plural, por un corto tiempo, en su manifestación divina, prefigurándose su presencia con las anticipaciones de Mussolini y Oliveira Salazar; luego, simultáneamente, en Codreanu, José Antonio Primo de Rivera, León Degrelle, Plinio Salgado, en Brasil, Jorge González von Marées, en Chile. Son sus encarnaciones en tono menor, también por un breve tiempo, mientras no les abandone la Luz del Cielo. Pero sólo en Adolf Hitler se acumula la Fuerza sobrehumana del Avatâra, pasando a ser algo así como el punto central de la hostia eucarística, ese "centro que no se halla en ninguna parte", aunque "la circunferencia esté en todas". Hitler es el genio total, pudiendo innovar allí donde se fija su atención, en el arte, la arquitectura, la estrategia, la táctica, la mecánica, las invenciones de la ciencia y la tecnología, redescubriendo la Otra Ciencia. El genio del Avatâra pone en actividad al mismo tiempo los dos hemisferios del cerebro del cuerpo físico, utilizándolos en su capacidad máxima, cosa que los humanos hacen sólo en el instante de morir. Hitler es un relámpago, es un Rayo caído desde un Otro Universo, como lo intuye Savitri Devi (The Lightning and the Sun); es la Runa Sieg, el Hijo de Wotan. En el poema de Hitler, que reproducimos como introducción a este libro [1], Él se refiere a Wotan y las Runas como la Luz que destruye las sombras, "la fórmula mágica que le lleva a encontrarse frente a un Pabellón de Espadas". Pero es en su libro "Mi Lucha" donde mejor se puede descubrir la expresión del genio, en su simplicidad y claridad divinas. Los que conocen el oficio de escribir serán quienes mejor puedan apreciar esta. He hecho un prólogo a la única edición de esta obra que hoy circula en Chile. He tenido este honor, para enorgullecerme por todas las Rondas.

[1. «De pronto, en la noche de amargura / veo la Encina de Wotan / envuelta en un resplandor callado, / forjando una alianza con los poderes / misteriosos. / La Luna, en su encantamiento mágico / traza las Runas. / Todo lo que durante el día ha estado / lleno de impureza / se hace imperceptible ante / la fórmula mágica. / De este modo, los falsos / son separados de los leales. / Y yo me encuentro / frente a un Pabellón de Espadas». Poema de Adolf Hitler escrito en las trincheras durante la 1ªGM, traducido al francés por León Degrelle y de aquí al castellano por el autor].

     El concepto de avatâra se confunde en parte con el de Boddhisâtva y con el de Tulku, del budismo tántrico-tibetano; un Liberado, un triunfador, que ha salido, y, pudiendo no retornar más aquí, pues ha roto la cadena del Eterno Retorno, pasando a ese estado "nunca soñado, ni por los más grandes utopistas" (Nirvana, para Buda), regresa voluntariamente, como hemos dicho, sólo para ayudar a sus camaradas prisioneros en el Mundo de la Ilusión, en la Maya del Demiurgo.

     El Héroe que se libera, que vence en el combate y regresa a Asgard, recuperando la divinidad e inmortalidad del Ase, del Dios que una vez fuera, es ya más que ese Dios, pues ahora posee una Conciencia y un Rostro, un Yo inmortal; es un Hombre-Absoluto, un Sonnenmensch, un Superhombre, que ha abandonado la forma visible entre los humanos, para tomar la redonda de un Sol, del Séptimo Sol de la Cosmogonía Maya, que será el Hombre-Sol (Sonnenmensch). La Serpiente Kundalini se ha cogido la cola, se ha convertido en un círculo, en un Vimana, un Disco que vuela, que se eleva, como un Carro de Fuego, y que lleva dentro toda una tripulación: la Wildes Heer de Wotan, la Horda Furiosa de Odín, de los Einherier, el Último Batallón del Führer, con el que Kalki derrotará al Demiurgo y sus ejércitos.


AUTOBIOGRAFÍA SACRA

     ¿Qué fue lo perdido en Piscis y que también podría extraviarse en Acuario, a no mediar una certera interpretación y vivencia del mensaje que nos trajera el Último Avatâra?.

     En Piscis, la acción demiúrgica, llevada a cabo a través de sus incondicionales servidores aquí en la Tierra, hizo olvidar la epopeya y el drama de la entrada de un Dios en este Universo, a combatir como guerrero, aprisionado y caído luego en la involución y la mezcla, mutado en Héroe semidivino, pudiendo liberarse únicamente por medio de la Espada y la Ciencia de la Espada ―Ars Regia― para renacer, resucitar eterno, como Hombre Absoluto, inmortal, superior al mismo Dios que fuera.

     Esta es la historia autobiográfica y sacra que se viene contando de nuevo en cada ciclo del Eterno Retorno, por haber quedado impresa en la akâsa de las constelaciones. Sólo cambia su vestimenta simbólica, pero detrás es siempre lo mismo: un Arquetipo que hay que penetrar, descomponer, desmenuzar, para lograr extraerle su mensaje, su secreto, que es un recuerdo y
una nostalgia.

     El error consiste en antropomorfizar el Arquetipo, dándole una interpretación "humana, demasiado humana": Afirmar, por ejemplo, que se ha encarnado en Jesús de Nazaret, como único caso en la Historia, inventándole una genealogía y una "pasión". Porque lo que en verdad se revela es la historia sacra del ancestro de los héroes, que entraran a este Universo como un Dios, dividido en muchos trozos, todos iguales a sí mismo, todos Dioses, para poder caber (Osiris despedazado, Beográn). Y es justo decir con Platón que "el Espíritu se ha crucificado en la materia terrestre", porque cada uno de esos Dioses se ha aprisionado en la involución. Y así la historia de la crucifixión de Kristos, o de Wotan en el Yggdrasil, o en la Roca alquímica de los Externsteine, es la de cada uno de Ellos. Pero sólo de los Dioses y los Héroes semi-divinos, de los vîras. Nunca del animal-hombre, de los sudras, creaciones robóticas del Demiurgo.

     En el Eterno Retorno, en cada nueva Ronda, o Edad Astral, el Arquetipo y el recuerdo nostálgico de esta Historia Sagrada se vuelven a constelar, a cargarse de energía zodiacal ―cuando "la energía finita pasa, repitiéndose, por el mismo punto del tiempo infinito", diría Nietzsche―, presentándose como una nueva Dispensación, de modo que el Héroe dormido, o derrotado, pueda estremecerse y despertar, gracias al tenue sonido melancólico de una lejana melodía, llena de nostalgia, que se hace escuchar en la oscura noche. Y se estremece con el recuerdo de lo que le sucediera, descubriendo, más allá del Arquetipo, de su historia arquetípica, la llave maestra con la que podría abrir la secreta Ventana de Venus, para salirse de la Prisión, en dirección del Sol Negro, que lo succionará ―implosivamente, como un Hueco negro del firmamento― para hacerlo aparecer intacto, resucitado, en la inexistencia del Rayo Verde. Que allí mismo y detrás de todo esto se encuentra. En lo no-existente.

     No insistiremos en el gran secreto alquímico tántrico que encubre el Arquetipo. Con Wotan, con Mithra, con Kristos, ya lo hemos vivenciado. El Libro que habla de todo esto fue escrito en Runas y estuvo al alcance sólo de una minoría de Héroes-Guerreros. Wotan lo rescató del fuego y del agua que sumergiera a Hiperbórea y a la Atlántida, para entregarlo a sus Guerreros escogidos. Por eso, lo repetimos, en la portada de esta obra hemos grabado la Runa Odal, la de Wotan-Odin, recuperada para la Era de Acuario, que será la del Führer, Adolf Hitler, el Último Avatâra.

     En la leyenda de Osiris y de Isis es donde con mayor claridad se nos está recordando lo acontecido a los Dioses y a los héroes, la verdad que nos fuera ocultada a lo largo de la Edad de Piscis: El Dios despedazado fue rehecho, en cada uno de sus trozos, por su Esposa mágica, Isis ―la Negra―, con la ayuda de su Hijo, Horus. El Hijo del Hombre.

     ¡Quieran los Dioses y nuestro Führer que la tragedia que nos ha significado la ocultación de esta verdad no vuelva a repetirse en Acuario!.


EL HÉROE NO NECESITA UNA NUEVA RELIGIÓN

     Lo que el Guerrero necesita es conocer aquello que detrás de la religión se encuentra: el secreto de la Puerta Estrecha, el Poder de esa Alquimia de transmutación.

     El dominio total que el judío ejerce en los comienzos de esta Era de Acuario, tras la Segunda Guerra Mundial, que aparentemente él gana, puede hacer pensar en lo fácil que le sería distorsionarlo todo otra vez, impidiendo a los pocos arios que van quedando encontrar su propio camino, pudiendo hasta inventar y falsificar una Religión Hitlerista. La caricatura, la parodia de esta Religión. Algo que se podría intentar, secretamente dirigido por el Demiurgo.

     Ya se han mezclado todas las razas, se ha bastardizado el mundo, de modo que la Voz en la Memoria de la Sangre de los arios no es más que un perdido eco en la selva de una mezcolanza espantable.

     Mas, se equivocan los que creen haber vencido, porque la guerra fue ganada espiritualmente por Hitler.

     Es en Acuario cuando se alcanzará el fondo del Kali-yuga, de la Edad Más Oscura, con la destrucción final, en el Eterno Retorno. El Lobo Fenrir volverá a devorar el Universo galáctico. El número necesario de los Einherier ya forzó la Puerta Estrecha. Por su sacrificio, los Héroes despedazados ya han sido rehechos en el Walhalla por Wotan y las Walkirias, más brillantes que los mismos Dioses.

     En cada Ronda deberá cumplirse una Siembra, donde el número exacto de granos fructificará. Son los héroes que triunfan. Como en Piscis la cosecha fue magra, los números no se cumplieron, pudiendo pasar algunos a Acuario. Para ayudarlos vino el Avatâra. Y retornará al final, poco antes de la disolución, para entrar con su Wildes Heer, con su Último Batallón, y librar aquí el combate triunfal junto con los que aún lo esperan, con honor y lealtad.

     Adolf Hitler, al final de la Era de Piscis, ha restaurado los principios del Código del Honor Ario: la fe en la superioridad de la raza, en la pureza de su sangre y de su origen divino; fe en la desigualdad de los hombres. Y el conocimiento de que se ha sido un Dios.

     En el Laboratorio Alquímico del Castillo de los SS, de Wewelsburg, se estaba recreando el Sonnenmensch, el Hombre-Sol.

     Hitler borró también el sentido de culpa y del pecado original, ajeno por completo al alma del ario. Restauró su orgullo de Héroe en igualdad frente a los Dioses.

     Mas, lo definitivo y para las Rondas del Eterno Retorno: Descubrió al Enemigo, al envenenador de la sangre, al destructor de las religiones, al parásito y robot al servicio del Demiurgo: el Judío Internacional, Golem de Yahvé, del Demon corruptor del Universo, del Uno, que vinieran a combatir aquí los Asen.

     El Avatâra no es un Dios, es más que un Dios: es un Héroe que se ha liberado, retornando a su propio Universo, al Rayo Verde, con un Rostro, tras vencer en el combate. Ha inmortalizado su yo terrestre y una porción de esta Tierra, que Él ha redimido, transfigurado. Es el Hombre-Absoluto, unido a su Mujer Absoluta, desposado en Venus, la Estrella de la Mañana, unido y separado para siempre. Su emblema es la Estrella de Ocho Puntas, con dos runas Hagal, reunidas y aparte.

     El Avatâra ha venido a ayudar a los que aún se encuentran combatiendo, en el instante de mayor necesidad, cuando ya todo parecía perdido. Y volverá. Pero Él no vino a predicar una nueva religión sino a mostrar la salida para el Héroe, a confirmarle que es divino en su origen, que fue un Dios, que su sangre y su raza fueron puras y que deberá limpiarlas y purificarlas para poder salir por la Ventana Estrecha, hacia un Universo que es el suyo, tras combatir y derrotar al Demiurgo y a sus huestes sombrías, los judíos, los turanios, los Elementarwesen.

     ¡Cuidado, camaradas, que no se vuelva a producir en Acuario el drama de Piscis!. No es una religión lo que el Héroe necesita sino el enfrentamiento con el Arquetipo, un cruce a través de Él, de parte a parte, para poder observarlo desde atrás, del otro lado del espejo, pudiendo extraerle el secreto alquímico, oculto en su mensaje simbólico: No hay Dios Wotan, no hay Dios Mithra, no hay Dios Kristos, después de que ellos entraron a este Universo. Sólo hay una Crónica de la Familia Divina, un Gran Libro de la Estirpe de los Asen y de los Godos, que aquí vinieron a combatir en el límite del Tiempo no usado y de esa Eternidad que se hizo Tiempo (Sat-ur-no), de modo de lograr conciencia de su Eternidad, cuando de nuevo deje de ser Tiempo.

     Y el Libro Rúnico dice que tú, ¡oh Héroe!, fuiste Wotan, fuiste Mithra y fuiste Kristos... Y que nunca más volverás a serlos... Porque serás Otro...

     Al finalizar la Edad de Piscis y al comenzar la de Acuario, es éste el Camino que vino a señalarnos Adolf Hitler, el Último Avatâra: la posibilidad para el Héroe de transmutarse en más que un Dios: en Superhombre, en Hombre-Absoluto, en HombreTotal, en Sonnenmensch. Un Sol, una Estrella. Porque Adolf Hitler ya lo era. ¡Y tú, oh Héroe, también lo serás!.

     El Crepúsculo de los Dioses es sólo de los Dioses; pero la Resurrección de los Dioses es la Resurrección del Héroe.



Heil Hitler! Seig Heil!

20 de Abril del año 97 de la Era Hitleriana.






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