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lunes, 6 de enero de 2014

Mark Weber - Sobre Hitler como Intelectual y Rauschning



     Publicada originalmente en una edición del Journal of Historical Review de Septiembre de 1997, y albergada actualmente en el Instituto para la Revisión Histórica (www.ihr.org), la siguiente es (la traducción de) una reseña que hace su director el señor Mark Weber (1951) acerca de un libro publicado en 1995, que trata acerca de Hitler considerado y enmarcado dentro de la tradición de pensamiento occidental, estando él en plena concordancia y coherencia con éste. El señor Weber se encarga además de señalar las inconsistencias, y algunas aberraciones completas, de algunos planteamientos del autor del libro examinado. Además, y a raíz del mismo artículo, hemos traducido y anexado un par de breves informes, el primero de 1983 y el segundo de fines de 1985, del mismo señor Weber (y del mismo sitio web), acerca de la falsificación que bien se sabe ahora que es la obra de un tal Hermann Rauschning, del que circula un libro conocido como "Hitler Me Dijo", que es una completa y descarada patraña.


Hitler como Intelectual Ilustrado:
El Duradero Atractivo del Hitlerismo
por Mark Weber
Septiembre de 1997



    "Hitler como Filósofo: Vestigios de la Ilustración en el Nacionalsocialismo" (Hitler as Philosophe: Remnants of the Enlightenment in National Socialism), por Lawrence Birken, Westport, Connecticut, 1995, 120 páginas.


     Un fantasma recorre el mundo: el fantasma del Hitlerismo. Ésa, en resumen, es la severa advertencia de este libro provocativo, escrito por un profesor ayudante de Historia en la Ball State University (Indiana), y publicado por Praeger, un importante editor académico estadounidense.

     A pesar de décadas de difamación vehemente, dice el autor Lawrence Birken, los puntos de vista de Hitler tienen un atractivo duradero y peligroso, no porque ellos sean extraños y exóticos sino exactamente porque ellos son racionales y están bien enraizados en el pensamiento occidental. En particular, enfatiza Birken, el Hitlerismo está firmemente arraigado en la perspectiva racionalista y científica de la Ilustración europea del siglo XVIII. Esto no supone un elogio, sin embargo: el autor es hostil a Occidente y sus tradiciones. Rechazando la herencia histórica estadounidense y occidental, el profesor Birken abiertamente hace un llamado para un Estados Unidos racialmente homogeneizado.

     Durante más de medio siglo Hitler y sus puntos de vista han sido incesantemente demonizados en películas, por la televisión y en los medios impresos. Y a pesar de todo ello, según Birken, la atracción del Hitlerismo permanece tan potente que amenaza el ideal de un Estados Unidos racialmente "redefinido" de una "unidad superior". Mientras los estándares tradicionales y los valores culturales, raciales y religiosos establecidos hace mucho tiempo están sufriendo un ataque cada vez mayor, y cuando la crisis racial y cultural de este país se hace cada vez más aguda, Birken teme que aquellos que son reacios a aceptar la sociedad "redefinida" que se está desarrollando en Estados Unidos y Europa se volverán en cantidades cada vez mayores a la visión alternativa de Hitler de la sociedad. El Hitlerismo, dice Birken, surgirá cada vez más grande como un "canto de sirena" peligrosamente seductor.

     El autor sin duda ha hecho un esfuerzo sincero para proporcionar una mirada informada y objetiva sobre Hitler y sus opiniones. Pero incluso si pasamos por alto los numerosos errores ortográficos de nombres propios y títulos, y el estilo de prosa a menudo polémico, éste es un trabajo con graves deficiencias. La comprensión de Birken de lo que Hitler realmente pensaba y creía es limitada y sesgada.

     Esto es debido en gran parte a la confianza exclusiva del autor en las traducciones inglesas de los escritos y discursos de Hitler (aparentemente él no puede leer alemán), y una confianza ingenua en estudios secundarios no confiables. Éstos incluyen "The Psychopathic God: Adolf Hitler" (1977) de Robert Waite, una psico-dramatización sensacionalista, y "Revolution of Nihilism" (1939) de Hermann Rauschning, una diatriba completamente desacreditada. [Véase el anexo sobre Rauschning, después de esta reseña].

     Birken también cita repetidamente de "El Testamento de Adolf Hitler: Los Documentos de Hitler-Bormann", supuestamente una transcripción de comentarios de sobremesa hechos por Hitler en Febrero y Abril de 1945. Estos "documentos" son falsificaciones, dice el historiador británico David Irving, quien relata que el fallecido banquero suizo François Genoud admitió ante él que él mismo había sido el autor.


"Un Intelectual Genuino"

     Reflejando la perspectiva ideológica que prevalece en el mundo occidental hoy, los estudiosos de Hitler y la Alemania del Tercer Reich han tendido a desestimar la perspectiva intelectual del líder alemán como simplista y tosca, o incluso descabellada. Muchos minimizan o simplemente niegan el lugar de Hitler en la cultura occidental "como un medio de desinfectar aquella cultura", dice Birken. "Pero si vamos a leer a Hitler, no para condenarlo ni elogiarlo sino simplemente para entenderlo, entonces llegamos a una conclusión muy diferente sobre su lugar en la historia europea".

     Los eruditos y otros han cometido un gran error al dejar de tomar a Hitler en serio como un pensador, argumenta Birken, quien cree que el líder político alemán "debe ser considerado como un intelectual genuino", a la par con Karl Marx y Sigmund Freud. La evaluación de Birken no es tan sorprendente como muchos podrían creer. Como él nota, ya en 1953 el historiador británico Hugh R. Trevor-Roper "evocó la imagen de Hitler como una especie de síntesis de Spengler y Napoleón, notando que de todos los conquistadores mundiales el líder alemán había sido el más filosófico". Más recientemente, el historiador alemán Rainer Zitelmann estableció en un estudio de impresionante erudición que la perspectiva de Hitler era racional, coherente y "moderna" (R. Zitelmann, "Hitler: Selbtsverständnis eines Revolutionärs", segunda edición, 1989).

     Además, la perspectiva de Hitler pertenecía en gran parte a la tradición intelectual occidental. En su "combinación de una fe casi religiosa con un secularismo revolucionario", escribe Birken, "Hitler representó la continuación de un estilo esencialmente Ilustrado de pensamiento... El nacionalsocialismo, y sobre todo la exposición de Hitler de ello, representaron una forma atenuada y popularizada del estilo de pensamiento de la Ilustración".

     Hitler tenía talento para presentar su mensaje en una forma atractiva y accesible. Birken escribe:

    «El rasgo más atractivo de la ideología de Hitler era así su optimismo. No era simplemente su estado de ánimo sino que era su mensaje el que llevaba un entusiasmo contagioso. Él era un Mesías secular que proclamaba una versión germánica de las "buenas nuevas". La posibilidad de la reconciliación de clases, los proyectos para un renacimiento nacional, la identificación de un enemigo universal cuya eliminación podría marcar el comienzo del milenio, todo agitaba a su público hasta lo más profundo. Hitler hablaba el lenguaje de los filósofos [de la Ilustración], un lenguaje que casi había desaparecido de la existencia en los enrarecidos estratos de la gran intelectualidad».

     Sin embargo, colocar a Hitler y al hitlerismo en la tradición intelectual de Occidente, continúa Birken, "debería no tanto elevar nuestra opinión" del hitlerismo como "rebajar nuestra opinión" de la "historia intelectual de Occidente".


Puntos de Vista Económicos

     La cosmovisión económica de Hitler, escribe Birken, era igualmente racional, coherente, progresista, y completamente de acuerdo con la tradición occidental. "Las ideas económicas de Hitler estaban también impregnadas por las nociones de la Ilustración acerca del progreso", y estaban "más cercanas a Ricardo y a Marx que a Maquiavelo o Keynes". Birken añade:

    «...Una lectura cuidadosa de sus discursos y escritos sugiere que él no era ni un mercantilista, ni un Keynesiano, ni un medievalista, ni un marginalista. Más bien... sus ideas económicas calzan demasiado bien en el estilo clásico-fisiocrático de pensamiento».

     Hitler creía que las consideraciones sociales y nacionales, y no las económicas, deberían ser las de mayor importancia en la sociedad. El sistema económico y político debe servir la nación, y no al revés. Así, señala Birken, mientras "la economía política desempeñó un papel importante en su pensamiento", Hitler

    «después de todo no restauró la primacía del Estado sino completamente lo contrario: subordinó al Estado mismo a una dinámica de agresiva expansión tecnológica y cultural. Al hacer esto, Hitler también se impuso contra los últimos remanentes de la civilidad aristocrática al mismo tiempo que se opuso al relativismo emergente de la cultura consumista».

     Como Birken explica, Hitler creía que «todo el crecimiento podía atribuírse al esfuerzo individual —pero sólo al servicio del bien común. Él así, con un colectivismo sombrío, atenuaba lo que podría ser tomado como una definición "libertaria" de la inventiva». Al creer que la creatividad socialmente útil era "el producto de genios individuales de personalidad de alto valor", Hitler apoyaba la igualitaria oportunidad social de todos, y oponía los logros y éxitos económicos individuales a las barreras legales y sociales. Las políticas gubernamentales y sociales, creía él, deberían estimular la movilidad social basada en el mérito.

     Hitler era crítico tanto del capitalismo como del marxismo —del primero, porque era "insuficientemente democrático", y del segundo, porque era "demasiado democrático" o "nivelador". Mientras apoyaba el crecimiento económico dentro de los límites nacionales, "Hitler también tomó lo que él consideró como una postura conservadora contra el inminente hiper-mercantilismo de una economía global emergente".


Puntos de Vista sobre Raza y Religión

     Aunque él es incesantemente censurado como "el racista más notorio del siglo veinte", las opiniones raciales de Hitler estaban realmente muy en armonía con la corriente predominante del pensamiento europeo del siglo XIX y principios del XX. «Debería ser obvio», escribe Birken, «que Hitler poseía una teoría "clásica" de la raza que encajaba perfectamente con sus nociones clásicas de economía política».

     Lejos de ser aberrantes o extrañas, sus opiniones en cuanto a la raza concordaban con las de los más prominentes occidentales de las décadas anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Y mientras Birken no lo menciona expresamente, las opiniones raciales de Hitler eran comparables con las de Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt, Woodrow Wilson y Winston Churchill.

     Contrariamente a la creencia popular, Hitler nunca apoyó las nociones de criar una raza "hiper-aria" homogéneamente rubia. Aceptando la realidad de que la población alemana consistía en varios grupos sub-raciales distintos, él enfatizó la unidad nacional y social del pueblo alemán. Un cierto grado de variedad racial era deseable, él pensaba, y demasiada mezcla racial o uniformidad podría ser dañina porque esto homogeneizaría y eliminaría así los rasgos genéticos superiores tanto como los inferiores.

     Hitler creía que "tanto la mojigatería conservadora como el erotismo radical" dañaba a la sociedad, y él se opuso al control de la natalidad porque esto tendía a bajar la calidad genética de la sociedad que lo practica.

     A la vez que era crítico del cristianismo, Hitler no era ateo. "La religión del Hitlerismo era así esencialmente una especie de deísmo", concluye Birken. Como Thomas Jefferson y otros prominentes líderes estadounidenses tempranos, Hitler comparaba a Dios con "el dominio de leyes naturales a través del universo entero". Así, "para Hitler, el nacionalsocialismo era el socialismo natural".


Actitud hacia los Judíos

     Es "por supuesto, un gran error ver el anti-judaísmo como un rechazo de los valores de la Ilustración", escribe Birken. "Al contrario, la Ilustración simplemente secularizó más bien que destruyó la judeofobia tradicional". (Ningún pensador occidental fue más abiertamente anti-judío que Voltaire, el gran filósofo francés, que consideraba a los judíos como "enemigos de la Humanidad"). El concepto de la Ilustración de la "fraternidad" social, escribe Birken, exige la solidaridad social, lo que implica que los judíos, como un pueblo foráneo y ensimismado, no pueden encajar.

     La actitud hostil de Hitler hacia los judíos, escribe Birken, no era ni irracional ni aberrante. Él veía a los "judíos como la personificación de una gran mentira": es decir, mientras ellos simulaban ser simplemente una comunidad religiosa, de hecho ellos constituían un grupo étnico nacional auto-seleccionado con ambiciones internacionales. Por cuanto él consideraba a los judíos como los enemigos de todos los pueblos, Hitler creía que combatir el poder y la influencia de ellos debería ser el deber común de todas las naciones, una opinión que Birken considera como una expresión de "universalismo germánico".


Estados Unidos

     La actitud de Hitler hacia Estados Unidos era diversa. Él veía mucho para admirar en el Estados Unidos del siglo XVIII y XIX, y como Birken nota, él elogiaba las políticas raciales pro-Blancos anteriores a los años '40, sus restricciones a la inmigración de gente no-Blanca, y su adopción pionera de medidas eugenésicas.

     Pero Hitler también vio las tendencias siniestras durante los años '20 y '30. Repitiendo las opiniones del industrial estadounidense Henry Ford, él estaba consternado por el crecimiento espectacular del poder y la influencia cultural de los judíos, y consideraba la administración del "Nuevo Trato" de Franklin Roosevelt como una virtual revolución en la vida estadounidense, mediante la cual los judíos en gran parte tomaron el lugar de la clase dirigente tradicional del país.


Un Atractivo Persistente

     La derrota de Alemania en 1945, Birken señala correctamente, "claramente marcó una línea divisoria" en la historia mundial, y especialmente para Occidente:

    «En un sentido real, la derrota de Hitler implícitamente se convirtió en el fracaso del Estado-nación europeo y de los valores de la Ilustración que lo sostuvieron. Los herederos de Alemania, Estados Unidos y la Unión Soviética, eran ambos fundamentalmente Imperios transnacionales y multirraciales cuyos territorios eran aparentemente ilimitados».

     Por consiguiente, durante medio siglo hemos estado viviendo en lo que Birken llama un mundo "capitalista consumista" en el cual "el orden jerárquico de sexos y razas que había sostenido originalmente al nacionalismo burgués ha estado desintegrándose" y en el cual "la relativización creciente de los valores está fomentada por la globalización cada vez mayor de la economía y la consiguiente aparición de una élite comercial multinacional".

     Este nuevo orden mundial es menos duradero que lo que podría parecer, dice Birken. El colapso reciente de la multi-étnica y multirracial Unión Soviética, él advierte, presagia problemas similares para el Imperio estadounidense. Incluso una mera contracción de la economía podría amenazar con "disolver Estados Unidos en varias razas". En opinión de Birken, el nacionalismo racial amenaza "la existencia continuada de Estados Unidos". Él advierte:

    «Lo que Hitler dijo en los años treinta es así lo que nuestros nacionalistas raciales están diciendo hoy, a saber, que una nación multirracial genuinamente inclusiva viola el orden natural de las cosas. Estados Unidos debe ser o un Estado dominado por los Blancos o una colección de repúblicas separatistas compuestas de tal o cual grupo».

     En resumen: si Hitler tenía razón, Estados Unidos es un constructo cada vez más anti-natural y artificial que no merece sobrevivir, y que no sobrevivirá.

     Birken teme que el hitlerismo llegue a ser cada vez más atractivo para aquellos que rechazan el "capitalismo consumista" supranacional de hoy, y para quienes resisten al orden "multirracial y genuinamente inclusivo" que está emergiendo rápidamente. Esta visión alternativa tiene un atractivo más allá de EE.UU. y Europa, cree Birken. Como él destaca, la lucha de Hitler contra el Imperio británico —una guerra que él realmente nunca buscó ni quiso— "le ganó [a Hitler] la admiración de pueblos coloniales desde Irlanda a India...".


Una Nueva Nación "Cósmica"

     Birken concluye su libro con una llamada ferviente para «la formación gradual de una raza estadounidense como una síntesis más alta. Entonces los estadounidenses constituirán verdaderamente un pueblo universal o "cósmico"». En opinión de Birken, "el mito de la raza" y el hitlerismo "seguirán tentándonos", a menos que a los estadounidenses "se les pueda dar un fundamento metafísico genuino". Este "fundamento metafísico" debe ser para "des-engendrar la raza" mediante la mezcla racial masiva. Por lo tanto, escribe Birken, «no deberíamos tener miedo de aquella sucia pequeña palabra, el "mestizaje"». (Consecuente con esta visión, el Presidente Bill Clinton, en su muy comentado discurso del 14 de Junio de 1997, en San Diego, sobre relaciones de raza, proclamó abiertamente el objetivo de hacer de Estados Unidos "la primera democracia verdaderamente multirracial del mundo").

     Considerando la renuencia de muchos estadounidenses, particularmente la de Blancos conservadores, para aceptar afectuosamente esta nueva nación "universal", Birken dice que "debemos tener un sistema de educación que sea capaz de inculcar esta nueva definición de la cultura estadounidense".

     "Antes de que tratemos de unir el mundo", concluye Birken, "tratemos de unirnos nosotros mismos. Hasta que lo hagamos, el canto de sirena del hitlerismo nos seguirá llamando".


Alternativas Extremas

     Para cualquiera que vea el pasado con una mente abierta, la Historia demuestra la naturaleza completamente fantástica del objetivo presentado por el profesor Birken (y el Presidente Clinton), una visión no menos utópica que el comunismo marxista. En cualquier caso, mezclar la población estadounidense en una entidad racial y cultural "universal" requeriría la represión gubernamental a una escala inimaginable hoy.

     Pocos estadounidenses hoy son capaces de o están dispuestos a asumir completamente las enormes implicancias del programa radical que intelectuales como Birken (y líderes políticos como Clinton) están explicando para nuestro futuro. Pero una vez que ellos lo hagan (y como el profesor Birken teme) muchos probablemente se volverán hacia el hitlerismo como una alternativa a la ideología oficial predominante. La larga campaña de décadas de difamación hacia Hitler y la Alemania del Tercer Reich realmente puede contribuír a esto convenciendo a millones de estadounidenses de que el hitlerismo es la antítesis de la ideología del Establishment, y de ese modo la única alternativa real.

     A pesar de sus defectos, el libro "Hitler como Filósofo" efectivamente disipa algunas ideas falsas ampliamente sostenidas sobre Hitler y el hitlerismo, reconoce la importancia crítica del asunto de la raza, y señala valientemente las alternativas extremas para el futuro de Estados Unidos y Europa. Por esto, el autor merece crédito.



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ANEXO


Historiador Suizo Denuncia Memoria Anti-Hitler
de Rauschning como Fraudulenta
por Mark Weber, 1983


     Prácticamente cada biografía importante de Adolf Hitler o historia del Tercer Reich hace referencia al relato de Hermann Rauschning [1887-1982], un ex-presidente del senado nacionalsocialista de Danzig. En el libro, publicado en Gran Bretaña como Hitler Speaks (Londres, 1939) y en Estados Unidos como The Voice of Destruction (Nueva York, 1940) [Hitler Me Dijo, en castellano], Rauschning presenta página tras página de lo que pretenden ser los más íntimos puntos de vista y proyectos de Hitler para el futuro. Ellos están supuestamente basados en ciento y tantas conversaciones privadas entre los dos hombres.

     Ahora, después de más de cuarenta años, un historiador suizo ha expuesto a fondo este supuesto documento de la locura de Hitler como completamente fraudulento. Wolfgang Haenel presentó los resultados de su investigación ante la conferencia anual en Mayo de 1983 del Centro de Investigación de Historia Contemporánea de Ingolstadt en Alemania Occidental.

     El Hitler de Rauschning no es nada más que un revolucionario nihilista que carece completamente de ideas, objetivos, principios o ideología sistemática, y quien demagógicamente explotaba a hombres y palabras para acumular el poder para su propio bien. Él era un oportunista inteligente pero completamente inescrupuloso que no creía nada de lo que él decía. Su nacionalsocialismo, según Rauschning, era sólo una "Revolución de Nihilismo". Él estaba supuestamente preocupado por la guerra. Sus numerosas propuestas de desarme y ofertas de paz eran sólo una retórica hipócrita diseñada para engañar a sus futuras víctimas.

     Del hombre que unificó Alemania, Hitler supuestamente dijo: "Bismarck era estúpido. Él era sólo un Protestante". Al parecer él reprochó a Rauschning por sus reparos: "¿Por qué murmura acerca de la brutalidad y se disgusta con el sufrimiento. Las masas quieren eso. Ellas necesitan alguna crueldad". Hitler es citado diciendo: "Quiero una juventud violenta, imperiosa, intrépida, cruel". En otra ocasión, Hitler presuntamente declaró: "Sí, somos bárbaros. Queremos ser bárbaros. Es un título honorable".

     Wolfgang Haenel gastó muchos años en una investigación detallada, comparando textos y entrevistando a testigos contemporáneos. Él encontró que en vez de "aproximadamente cien conversaciones" con Hitler, Rauschning realmente se reunió con el líder alemán sólo cuatro o cinco veces. Y estos pocos encuentros no fueron ni privados ni larguísimos, sino siempre en compañía de oficiales de alto rango mientras visitaban a Hitler en Berlín u Obersalzberg. Rauschning nunca tuvo la oportunidad de escuchar opiniones íntimas de Hitler o proyectos secretos para el futuro, como él se jactaba en su espuria "memoria".

     Haenel muestra que algunas de las palabras atribuídas a Hitler por Rauschning realmente fueron tomadas de las obras de Ernst Jünger y Friedrich Nietzsche. Hitler es citado como haciendo declaraciones que no podían haber sido probablemente hechas en los tiempos que se supone. Algunas citas supuestamente hechas en privado fueron de hecho tomadas de discursos hechos por Hitler después de 1936, el año en que Rauschning huyó a Polonia [y después a Suiza, Francia, Reino Unido y finalmente a EE.UU., donde se nacionalizó]. Haenel también expone serias contradicciones entre acontecimientos como presentados por Rauschning y el modo en que ellos realmente ocurrieron, como en el caso de una supuesta conversación después del incendio del Reichstag de Marzo de 1933.

     Haenel muestra que el espurio relato fue encargado por algunos periodistas franceses y firmas editoriales de Nueva York como un arma literaria en la guerra propagandística contra la Alemania nacionalsocialista. Durante muchos años la cantidad pagada al económicamente en apuros Rauschning por su trabajo permaneció como un récord en Francia para un libro político.

     Los medios de comunicación democráticos, que dedicaron interminables columnas impresas y horas de tiempo de emisión en denunciar los llamados diarios de Hitler como falsos, curiosamente ignoraron la historia de la exposición de este gran engaño histórico. Una excepción fue el generalmente sobrio diario alemán occidental Die Welt (19 de Mayo) que, sin embargo, sepultó su informe en la página 21. La prensa diaria estadounidense no publicó nada.


     Para su crédito, el historiador estadounidense John Toland no hizo ningún uso del trabajo de Rauschning en su detallado estudio, Adolf Hitler. Y el historiador alemán Werner Maser hizo notar en su biografía de Hitler que "las declaraciones de Rauschning pueden ser, a lo más, consideradas una fuente histórica secundaria. Ellas no tienen ningún valor documental".

     Es siempre más fácil producir un documento falsificado o una memoria falsa que demostrarlos después como falsos. Pero es todavía notable que haya tomado mucho tiempo a alguien desenmascarar el trabajo de Rauschning como fraudulento. Cualquier lector de mente abierta familiarizado con la literatura sobre Hitler puede determinar bastante rápidamente que el libro mencionado es un bebistrajo imaginativo. Simplemente carece de la "sensación" de autenticidad. En contraste, la memoria genuina de Otto Wagener, Hitler aus naechster Naehe, proporciona información extensa y detallada sobre el pensamiento de Hitler y sus opiniones privadas. Como primer jefe del Estado Mayor de las SA ("camisas marrones") y director del Departamento Económico-Político del Partido Nacionalsocialista, Wagener llegó a conocer a Hitler íntimamente. Ellos pasaron cientos de horas juntos entre 1929 y 1932, muchas de ellas solos.

     El Centro de Investigación de Historia Contemporánea de Ingolstadt merece crédito por su papel en la exposición de este gran fraude. Su director, el doctor Alfred Schickel, ha escrito numerosos y sustanciales ensayos históricos revisionistas.

     La desacreditación largamente atrasada hecha por Wolfgang Haenel de las "memorias" de Rauschning es una contribución bienvenida al proceso lento y penoso de clarificación en una época de ofuscamiento histórico.


Las Falsas "Conversaciones con Hitler"
de Rauschning: Actualización
por Mark Weber, 1985


     Una de las más extensamente citadas fuentes de información sobre la personalidad de Hitler y sus intenciones secretas es la supuesta memoria de Hermann Rauschning, presidente nacionalsocialista del Senado en Danzig en 1933-1934, quien fue expulsado del movimiento de Hitler poco tiempo después y que luego hizo una nueva vida como un anti-nazi profesional.

     En el libro, conocido en alemán como Conversaciones con Hitler (Gespraeche mit Hitler) y publicado la primera vez en Estados Unidos en 1940 como La Voz de la Destrucción, Rauschning presenta página tras página lo que se pretende que son las opiniones y planes más íntimos de Hitler y sus proyectos para el futuro, supuestamente basados en docenas de conversaciones privadas entre 1932 y 1934. Después de la guerra dicho relato fue presentado como el documento de prueba de la fiscalía Aliada USSR-378 en el proceso principal por "crímenes de guerra" en Nuremberg.

     Entre las citas condenatorias atribuídas a Hitler por Rauschning están estas declaraciones memorables:

    «Debemos ser brutales. Debemos recuperar una conciencia tranquila acerca de la brutalidad. Sólo entonces podremos nosotros expulsar la ternura desde nuestro pueblo... ¿Propongo yo exterminar a nacionalidades enteras? Sí, se agregará a aquello... Naturalmente tengo el derecho de destruír a millones de hombres de razas inferiores que aumentan como bichos... Sí, somos bárbaros. Queremos ser bárbaros. Es un título honorable».

     También se supone que Hitler confidenció a Rauschning, un oficial provinciano casi desconocido, unos planes oficiales, fantásticos, para un Imperio mundial alemán que incluiría África, Sudamérica, México y, finalmente, Estados Unidos.

     Muchos historiadores prestigiosos, incluyendo a Leon Poliakov, Gerhard Weinberg, Alan Bullock, Joachim Fest, Nora Levin y Robert Payne, usaron citas selectas del trabajo de Rauschning en sus obras de Historia. Poliakov, uno de los escritores más destacados del "Holocausto", expresamente elogió a Rauschning por su "exactitud excepcional", mientras Levin, otro historiador del "Holocausto" ampliamente leído, lo llamó "uno de los más penetrantes analistas del período nacionalsocialista".

     Pero no todo el mundo ha sido tan crédulo. El historiador suizo Wolfgang Haenel pasó cinco años investigando diligentemente dicha "memoria" antes de anunciar sus conclusiones en 1983 en una conferencia de historia revisionista en Alemania Occidental. Las famosas Conversaciones con Hitler, él declaró que son un fraude total. El libro no tiene ningún valor "excepto como un documento de propaganda Aliada de guerra".

     Haenel fue capaz de establecer concluyentemente que la afirmación de Rausching de haberse reunido con Hitler "más de cien veces" es una mentira. Los dos realmente se encontraron sólo cuatro veces, y nunca solos. Las palabras atribuídas a Hitler, mostró Haenel, fueron simplemente inventadas o sacadas de muchas fuentes diferentes, incluyendo escritos de Jünger y Friedrich Nietzsche. Un relato acerca de Hitler escuchando voces, despertando por la noche con chillidos convulsivos y señalando con terror hacia una esquina vacía gritando "¡Allí, allí, en la esquina!" fue tomado de un cuento del escritor francés Guy de Maupassant.

     La fraudulenta memoria fue diseñada para incitar a la opinión pública en países democráticos, sobre todo en Estados Unidos, a favor de la guerra contra Alemania. El proyecto fue la creación del periodista nacido húngaro Emery Reves, que dirigía una influyente agencia de propaganda y prensa anti-alemana en París durante los años '30. Haenel también ha encontrado pruebas de que un destacado periodista británico llamado Henry Wickham-Steele ayudó a producir dicha "memoria". Wickham-Steele era un hombre de confianza de Sir Robert Vansittart, quizás la figura más vehementemente anti-alemana en Gran Bretaña.

     Un informe sobre las sensacionales conclusiones de Haenel apareció en la edición de Otoño de 1983 del The Journal of Historical Review. Más recientemente, las revistas semanales más influyentes de Alemania Occidental, Die Zeit y Der Spiegel (7 de Septiembre de 1985), han publicado artículos larguísimos sobre este engaño histórico. Der Spiegel concluyó que las Conversaciones con Hitler "son una falsificación, una distorsión histórica desde el principio hasta la última página... Haenel no sólo demuestra la falsificación sino que él también muestra cómo la impresionante impostura fue rápidamente compilada y qué ingredientes fueron mezclados".

     Hay algunas lecciones valiosas para ser aprendidas de la historia de este sórdido engaño, que tomó más de 40 años para ser desenmascarado finalmente: Esto muestra que hasta el fraude histórico más descarado puede tener un impacto enorme si sirve a intereses importantes; que es más fácil inventar una gran mentira histórica que denunciar una, y, finalmente, que cada uno debería ser sumamente cuidadoso incluso con las representaciones "autoritativas" emocionalmente cargadas de la época de Hitler.

     Una nota al pie de página: Los lectores interesados en un registro auténtico de la personalidad de Hitler y sus opiniones privadas deberían examinar la memoria fascinante y amplia de Otto Wagener, publicada en Agosto de 1985 por Yale University Press bajo el título de "Hitler: Memorias de un Confidente" (Hitler: Memoirs of a Confidant). Wagener fue el primer Jefe de Estado Mayor de las SA ("stormtroopers") y director del Departamento Económico-Político del Partido Nacionalsocialista. Él pasó cientos de horas con Hitler entre 1929 y 1932, muchas de ellas solos.‒


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