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lunes, 20 de enero de 2014

Joseph Campbell - Sobre Mitos Modernos e Internos



     Nació el libro "El Poder del Mito" a raíz de conversaciones (entrevistas) mantenidas por Bill Moyers con el escritor mitólogo estadounidense Josep Campbell en 1985-1986, las que fueron filmadas y posteriormente emitidas como serie de televisión en Estados Unidos por PBS en Junio de 1988, el año después del fallecimiento de Campbell. El periodista y comentarista estadounidense Moyers (1934) fue secretario de prensa del presidente Johnson y ha sido miembro del extravagante Bilderberg Group. En 1986 Moyers y su esposa, Judith Davidson, formaron Public Affairs Television. Entre sus primeras producciones estuvo la popular serie documental de 1988 "Joseph Campbell and the Power of Myth", consistente en seis entrevistas de una hora cada una entre Moyers y Campbell. El documental abarcaba la exploración de éste del monomito (teoría que ve todas las narrativas míticas como variaciones de una gran historia singular) y el ciclo del héroe, o la historia del héroe según se manifiesta en distintas culturas. Las primeras cinco entrevistas de la serie fueron filmadas en el Rancho Skywalker en California, propiedad del cineasta George Lucas. La sexta se escenificó en el Museo de Historia Natural de Nueva York. Junto con la serie televisiva se publicó poco después el libro "El Poder del Mito", que es al que pertenecen los siguientes dos fragmentos que presentamos, de sus capítulos primero y segundo. Joseph John Campbell (1904-1987), especialista en mitología comparativa, editó las obras póstumas del indólogo e historiador alemán Heinrich Zimmer (1890-1943), quien enseñó a Campbell que el mito (en lugar de un guía espiritual) podía servir como un mentor personal, ya que sus historias proporcionan un mapa psicológico para el encuentro de uno mismo en el laberinto del mundo moderno. A pesar de su orientación universalista, Campbell entrega aquí algunos conceptos valiosos e interesantes.

El Poder del Mito (selección)
Joseph Campbell en diálogo con Bill Moyers



MOYERS: (...) Tú has contado una historia sobre un nativo de la jungla que una vez le dijo a un misionero: «Tu dios vive encerrado en una casa como si fuera viejo y enfermo. El nuestro vive en la selva y en los campos y en la montaña cuando cae la lluvia». Y creo que tenía razón.

CAMPBELL: Sí. Es el problema que se presenta en el Libro de los Reyes y en Samuel [en la Biblia]. Los reyes hebreos efectuaban sus sacrificios en la cima de las montañas. Y herían la vista de Yahvé. El culto de Yahvé fue un movimiento específico en la comunidad hebrea, que finalmente se impuso. Se impuso, frente a un culto a la Naturaleza, que se celebraba en todas partes, un dios que estaba limitado al recinto de un templo.
     Y este movimiento imperialista de un determinado grupo cultural se prolonga en Occidente. Pero ahora se ha abierto a la naturaleza de las cosas. Si puede abrirse, todas las posibilidades están ahí.

MOYERS: Por supuesto, nosotros, los hombres de hoy, estamos vaciando el mundo de sus revelaciones naturales, de la Naturaleza misma. Pienso en esa leyenda de los pigmeos sobre un niño que encuentra un pájaro que canta primorosamente en la selva y se lo lleva a su casa...

CAMPBELL: ...Le pide al padre que le traiga comida al pájaro, pero éste no quiere alimentar a un simple pájaro, así que lo mata. Y la leyenda dice que el hombre mató al pájaro, y con el pájaro mató el canto, y con el canto se mató a sí mismo. Cayó muerto, completamente muerto, y quedó muerto para siempre.

MOYERS: El tema de esa historia, ¿no es lo que sucede cuando los seres humanos destruyen su medioambiente, cuando destruyen su mundo, cuando destruyen la Naturaleza y las revelaciones de la Naturaleza?

CAMPBELL: Además, destruyen su propia naturaleza. Matan el canto.

MOYERS: ¿Y la mitología no es la historia del canto?

CAMPBELL: La mitología es el canto. Es el canto de la imaginación, inspirado por las energías del cuerpo. Una vez un maestro zen se plantó ante sus discípulos, a punto de pronunciar un sermón. Y en el momento en que abría la boca, cantó un pájaro. Entonces dijo: «El sermón ha sido pronunciado».

MOYERS: Yo iba a decir que estamos creando nuevos mitos, pero tú dices que no, que todo mito actual tiene su origen en nuestra experiencia anterior.

CAMPBELL: Los temas principales de los mitos permanecen inalterables, siempre han sido los mismos. Si quieres hallar tu propia mitología, la clave es: ¿a qué sociedad te unes?. Toda mitología ha crecido en una sociedad determinada, en un territorio limitado. Después chocan y se relacionan, y se amalgaman, y surge una mitología más complicada.
     Pero hoy no hay límites. La única mitología válida hoy es la del planeta... pero no tenemos una mitología así. Lo más cercano que conozco a una mitología planetaria es el budismo, que ve todas las cosas como budas. El único problema es llegar a reconocerlo. No hay que hacer nada. La tarea es sólo conocer lo que es, y después actuar en relación a la hermandad de todos esos seres.

MOYERS: ¿Hermandad?

CAMPBELL: Sí. En la mayoría de los mitos que conozco, la hermandad está confinada a una comunidad limitada. En las comunidades limitadas, la agresión es proyectada afuera.
     Por ejemplo, los Diez Mandamientos dicen: «No matarás». Pero en el capítulo siguiente dice: «Vé a Canaán y mata a todos los que encuentres allí». Se trata de un territorio limitado. Los mitos de participación y amor se refieren sólo al grupo interno, mientras que el externo es un otro absoluto. Ese es el sentido de la palabra «gentil»: una persona que no es del mismo orden.

MOYERS: Y si no usas mi traje, no eres de los míos.

CAMPBELL: Sí. Ahora bien, ¿qué es un mito? La definición que da el diccionario habla de historias sobre dioses. De modo que tienes que hacer otra pregunta: ¿Qué es un dios?. Un dios es una personificación de una fuerza motivadora o de un sistema de valores que funciona en la vida humana y en el universo: los poderes de tu propio cuerpo y de la Naturaleza. Los mitos son metáforas de la potencialidad espiritual del ser humano, y los mismos poderes que animan nuestra vida animan la vida del mundo. Pero también hay mitos y dioses relacionados con unas sociedades específicas, o deidades protectoras de una sociedad. En otras palabras, hay dos órdenes de mitología totalmente distintos: Está la mitología que te vincula con tu naturaleza y el mundo natural, del que eres parte; y está la mitología que sólo es estrictamente sociológica, que te vincula a una determinada sociedad. Tú no eres simplemente un hombre natural, eres miembro de un grupo particular. En la historia de la mitología europea puedes ver la interacción de estos dos sistemas. Por lo general, el sistema orientado socialmente corresponde a pueblos nómadas que se trasladan, y sirve para que sus miembros sepan dónde está su centro, en ese grupo. La mitología orientada hacia la Naturaleza corresponde más bien a pueblos cultivadores de la tierra.
     Ahora bien, la tradición bíblica es una mitología orientada socialmente. En ella se condena a la Naturaleza. En el siglo XIX, los estudiosos contemplaban la mitología y sus ritos como intentos de controlar la Naturaleza. Pero ésa es tarea de la magia, no de la mitología o la religión. Las religiones de la Naturaleza no son tentativas para controlarla sino una ayuda para establecer un acuerdo con ella. Pero cuando a la Naturaleza se la ve como algo malo, no te pones de acuerdo con ella: la dominas o tratas de dominarla, y de ahí viene la tensión, la ansiedad, la destrucción de los bosques, la aniquilación de los pueblos indígenas. Acentuar este aspecto nos separa de la Naturaleza.

MOYERS: ¿Es por eso que dominamos o subyugamos tan fácilmente a la Naturaleza?, ¿porque la despreciamos, porque vemos en ella sólo algo que nos sirve?

CAMPBELL: Sí. Nunca olvidaré la experiencia que tuve cuando estuve en Japón, país que nunca oyó hablar de la Caída o el Jardín del Edén. Uno de los textos sintoístas dice que los procesos de la Naturaleza no pueden ser malos. El impulso natural no debe ser corregido sino sublimado, perfeccionado. Hay un interés enorme por la belleza de la Naturaleza, de modo que en algunos de esos jardines no sabes dónde termina el Arte y empieza la Naturaleza. Fue una experiencia tremenda.

MOYERS: Sin embargo, Joe, hoy día Tokio refuta ese ideal del modo más flagrante. Tokio es una ciudad donde la Naturaleza virtualmente ha desaparecido, salvo la contenida en pequeños jardines que atesora alguna gente.

CAMPBELL: Existe un dicho en Japón que dice así: «Muévete con las olas». Lo que en nuestra cultura quiere decir: «Asimila los golpes». Hace apenas unos ciento veinticinco años que Matthew Perry abrió el Japón. Y en ese lapso han asimilado una carga terrorífica de material mecánico. Pero lo que yo encontré en Japón fue que estaban sosteniendo sus peculiaridades contra esto, y asimilando el mundo de la máquina. Cuando entras en los edificios, allí reaparece nuevamente Japón. Por fuera parece Nueva York.

MOYERS: Es una idea interesante: que aunque la ciudad crezca alrededor de ellos, en el alma, donde vive la persona interna, siguen, como tú dices, en un acuerdo con la Naturaleza.

CAMPBELL: Pero en la Biblia la eternidad se retira, y la Naturaleza es corrupta, la Naturaleza ha caído. Según el pensamiento bíblico, vivimos exiliados.

MOYERS: Mientras estamos aquí sentados, charlando, se suceden las noticias sobre atentados en Beirut: de los musulmanes contra los cristianos, de los cristianos contra los musulmanes, y de los cristianos contra los cristianos. Me parece que Marshall McLuhan tenía razón cuando dijo que la televisión ha hecho del mundo una aldea global... salvo que no sabía que la aldea global sería Beirut. ¿Qué te dice todo eso?

CAMPBELL: Me dice que no saben cómo aplicar sus ideas religiosas a la vida contemporánea y a los seres humanos en general, no ya a su propia comunidad. Es un ejemplo terrible del fracaso de la religión ante el mundo moderno. Estas tres mitologías [abrahámicas] están luchando a muerte. Con lo cual se han descalificado para el futuro.

MOYERS: ¿Qué clase de nuevo mito necesitamos?

CAMPBELL: Necesitamos mitos que identifiquen al individuo no con un grupo local sino con el planeta. Estados Unidos es un modelo de eso. Aquí existían trece pequeñas naciones coloniales diferentes, que decidieron actuar en su mutuo interés, sin olvidar los intereses individuales de cada una de ellas.

MOYERS: Hay algo sobre eso en el Gran Sello de los Estados Unidos.

CAMPBELL: Es el motivo central del Gran Sello. Llevo en el bolsillo una copia del Gran Sello, en la forma de un billete de un dólar. Aquí está la afirmación de los ideales que llevaron a la formación de Estados Unidos. Mira este billete. Aquí está el Gran Sello de los Estados Unidos. Mira la pirámide de la izquierda. Una pirámide tiene cuatro lados. Son los cuatro puntos cardinales. Hay alguien en este punto, hay alguien en aquel punto, y hay alguien en este punto. Cuando estás en los niveles inferiores de la pirámide, estarás en un lado o en otro. Pero cuando llegas a la cima, los puntos se reúnen todos, y allí se abre el ojo de Dios.

MOYERS: Que para ellos era el dios de la Razón.

CAMPBELL: Sí. La nuestra es la primera nación del mundo que se estableció sobre la base de la razón, y no por asuntos de guerra. Aquellos caballeros eran deístas del siglo XVIII. Aquí leemos In God We Trust, «En Dios confiamos». Pero no es el dios de la Biblia. Estos hombres no creían en la Caída. No creían que la mente del hombre estuviera separada de Dios. La mente del hombre, limpia de preocupaciones secundarias y meramente temporales, brilla como un espejo reflejando la mente racional de Dios. La razón te pone en contacto con Dios. En consecuencia, según aquellos hombres, no hay revelación especial en ninguna parte, y no se la necesita, porque la mente del hombre, despojada de sus falibilidades, es capaz del conocimiento de Dios. Y todos los hombres del mundo son capaces de ello porque todos son capaces de razonar.
     Todos los hombres pueden razonar. Ése es el principio fundamental de la democracia. Ya que la mente de cualquiera es capaz de albergar el conocimiento verdadero, no necesitas tener una autoridad especial, ni necesitas una revelación especial que te diga cómo hacer las cosas.

MOYERS: Y aun así, estos símbolos proceden de la mitología.

CAMPBELL: Sí, pero de cierta cualidad mitológica. No se trata de la mitología de una revelación especial. Los hindúes, por ejemplo, no creen en una revelación especial. Hablan de un estado en que los oídos se han abierto al canto del universo. Aquí es el ojo el que se ha abierto al brillo de la mente de Dios. Y ésa es una idea deísta fundamental. Una vez que rechazas la idea de la Caída, el hombre ya no está segregado de su fuente.
     Ahora volvamos al Gran Sello. Cuando cuentas la cantidad de pisos de esta pirámide, ves que son trece. Y en el zócalo inferior hay una inscripción en números romanos. Es, por supuesto, 1776. Si sumas los dígitos, uno más siete más siete más seis, te da veintiuno, que es la edad de la razón, ¿no?. Fue en 1776 cuando los trece Estados proclamaron la independencia. El número es el número de la transformación y del renacimiento. En la Última Cena había doce apóstoles y un Cristo, que pronto moriría para renacer. Trece es el número que resulta de salir de los límites del doce hacia la trascendencia. Tienes los doce signos del zodíaco y el Sol. Aquellos hombres eran muy conscientes del número trece como número de la resurrección y el renacimiento y la nueva vida, y lo representaron claramente aquí.

MOYERS: Pero la realidad es que eran trece Estados...

CAMPBELL: Sí, pero ¿no era eso simbólico? No es una mera coincidencia. Los trece Estados ya eran un símbolo en sí mismos de lo que eran.


MOYERS: Eso explicaría la otra inscripción que hay aquí abajo: Novus Ordo Seclorum.

CAMPBELL: «Un nuevo orden del mundo». Éste es un nuevo orden del mundo. Y la inscripción de arriba, Annuit Coeptis, significa «Él ha sonreído con nuestros logros» o «nuestras actividades».

MOYERS: Él...

CAMPBELL: Él, el ojo, lo que es representado por el ojo. La Razón. En latín no es necesario poner el pronombre, que podría ser masculino, femenino o neutro. Pero el poder divino ha sonreído sobre nuestros hechos. De modo que este nuevo mundo ha sido construído en el sentido de la creación original de Dios, y el reflejo de la creación original de Dios, por intermedio de la razón, ha producido todo esto.
     Si miras más allá de la pirámide, verás un desierto. Si miras delante, verás plantas que crecen. El desierto, el tumulto de Europa, guerras, guerras y guerras, es algo de lo que nos hemos liberado creando un Estado en nombre de la razón, no en nombre del poder, y de esa voluntad viene el florecimiento de la nueva vida. Tal es el sentido de esa parte de la pirámide.
     Ahora mira al otro lado del billete. Aquí está el águila, el ave de Zeus. El águila es la representación del dios en el mundo temporal. El ave es el principio encarnado de la deidad. Se trata del águila calva, la contrapartida estadounidense del águila del rey de los dioses, Zeus.
     Se manifiesta, desciende al mundo de los pares de opuestos, el campo de acción. Un modo de acción es la guerra, y otro es la paz. Por eso en una de sus patas el águila sostiene trece flechas: ése es el principio de la guerra. En la otra sostiene una rama de laurel con trece hojas: el principio de la conversación pacífica. El águila mira en la dirección del laurel. Es la dirección en que querrían que miráramos aquellos idealistas que fundaron nuestro país: las relaciones diplomáticas y todo eso. Pero afortunadamente el águila tiene las flechas en la otra pata, por si acaso las necesita.
     Ahora bien, ¿qué representa el águila? Representa lo que indica este signo radiante sobre su cabeza. Una vez yo estaba dando clases de mitología, sociología y política hindúes en el Instituto del Servicio Exterior en Washington. Hay un dicho en política hindú según el cual el gobernante debe tener en una mano el arma de guerra, el garrote, y en la otra el pacífico sonido del canto de la acción cooperativa. Y lo expliqué de pie, poniéndome con las dos manos así, y todos en el aula se rieron. Yo no entendía. Ellos me señalaban algo. Miré a mis espaldas, y allí estaba un cuadro del águila, en la pared, detrás de mi cabeza, justo en la misma postura en que estaba yo. Pero, al mirar, también noté este signo sobre su cabeza y que tiene nueve plumas en la cola. Nueve es el número del descenso del poder divino al mundo. Cuando suena el Angelus, suena nueve veces.
     Pero sobre la cabeza del águila hay trece estrellas, dispuestas en la forma de una Estrella de David.

MOYERS: Que era el Sello de Salomón.

CAMPBELL: Sí. ¿Sabes por qué se lo llama el Sello de Salomón?

MOYERS: No.

CAMPBELL: Salomón encerraba monstruos, gigantes y cosas así en ánforas y las sellaba. ¿Recuerdas en Las Mil y Una Noches cuando abren la lámpara y sale el genio? Aquí noté la presencia del Sello de Salomón, compuesto de trece estrellas, y después vi que cada uno de los triángulos era una tetrakys pitagórica.

MOYERS: ¿Qué es la tetrakys?

CAMPBELL: Es un triángulo compuesto de diez puntos, un punto en el medio y cuatro a cada lado, hasta sumar nueve: uno-dos-tres-cuatro / cinco-seis-siete / ocho-nueve. Es el símbolo primordial de la filosofía pitagórica, susceptible de gran cantidad de interpretaciones mitológicas, cosmológicas, psicológicas y sociológicas inter-relacionadas, una de las cuales admite que el punto en lo alto representa el centro creativo del que ha salido el universo y todas las cosas.

MOYERS: ¿El centro de energía?

CAMPBELL: Sí. El sonido inicial (un cristiano podría decir: la Palabra creativa) a partir del cual se precipitó todo el mundo, el Big Bang, el flujo de la energía trascendental que se expande sobre el tiempo. No bien entra en el tiempo, se rompe en pares de opuestos; el uno se convierte en dos. Ahora, cuando tienes dos, sólo hay tres modos en que pueden relacionarse entre sí: uno es que éste domine a aquél; otro es que aquél domine a éste; y un tercer modo es que los dos estén en un acuerdo equilibrado. De estas tres modalidades de relación se derivan, al fin, todas las cosas en los cuatro cuadrantes del espacio.
     Hay un verso en el Tao te-King de Lao-Tsé que dice que del Tao, de lo trascendente, viene el Uno. Del Uno viene el Dos, y del Dos el Tres; y del Tres vienen todas las cosas.
     Lo que comprendí súbitamente al reconocer que en el Gran Sello de los Estados Unidos había dos de estos triángulos simbólicos entrelazados, fue que teníamos trece puntos, para nuestros trece Estados originales, y que además ahora había nada menos que seis vértices, uno arriba, uno abajo, y cuatro, por así decirlo, en los cuatro cuadrantes. El sentido de esto, me pareció, podía ser que de arriba o de abajo, o de cualquier punto del cuadrante, podía oírse la Palabra de la creación, lo cual es la gran tesis de la democracia. La democracia supone que cualquiera, desde cualquier lado, puede hablar, y decir la verdad, porque su mente no está separada de la verdad. Todo lo que tiene que hacer es dominar sus pasiones y después hablar.
     De modo que lo que tienes aquí en el billete de un dólar es el águila que representa esta imagen maravillosa de lo trascendente manifestándose en el mundo. Sobre esa imagen se fundó Estados Unidos. Si quieres gobernar bien, debes gobernar desde el vértice del triángulo, en el sentido del ojo del mundo situado en la cima.
     Cuando yo era pequeño, nos hacían leer el discurso de despedida de George Washington y nos pedían que reconstruyéramos toda la argumentación, relacionando las frases entre sí. Lo recuerdo perfectamente. Washington decía: «Como resultado de nuestra revolución, nos hemos desprendido de los compromisos con el caos de Europa». Su última palabra decía que no debíamos hacer alianzas externas, Bueno, le hicimos caso hasta la Primera Guerra Mundial. Y después cancelamos la Declaración de Independencia y nos unimos a la conquista inglesa del planeta. Y así es como ahora estamos a un lado de la pirámide. Hemos pasado de uno a dos. Ahora somos, política e históricamente, miembros de un bando en una discusión. Ya no representamos ese principio del ojo situado arriba. Y todas nuestras preocupaciones tienen que ver con la economía y la política y no con la voz y el sonido de la razón.

MOYERS: La voz de la razón... ¿es ése el camino filosófico sugerido por estos símbolos de carácter mitológico?

CAMPBELL: Sí, así es. Fíjate en la importante transición que tuvo lugar alrededor del año 500 a.C. Es la época de Buda, de Pitágoras, Confucio y Lao-Tsé, si es que existió Lao-Tsé. Es el despertar de la razón del hombre. Éste deja de estar informado y gobernado por los poderes animales. Ya no lo guía la analogía del planeta Tierra, ni el curso de los planetas... sino la razón.

MOYERS: El camino de...

CAMPBELL: ...el camino del Hombre. Y por supuesto, lo que destruye la razón es la pasión. En política, la pasión principal no es otra que la codicia. Eso es lo que te traiciona. Por eso estamos de este lado y no en la cima de la pirámide.

MOYERS: Por esa razón nuestros fundadores se oponían a la intolerancia religiosa.

CAMPBELL: Era algo impensable para ellos. Por eso también rechazaron la idea de la Caída. Todos los hombres pueden llegar a conocer la mente de Dios. No existe ninguna revelación especial para ningún pueblo en especial.

MOYERS: Entiendo que tú, con tus años de estudio y tu profunda compenetración con los símbolos mitológicos, interpretes como lo haces el Gran Sello. Pero ¿no les habría sorprendido a la mayoría de aquellos hombres, que eran deístas, como tú dices, descubrir estas connotaciones mitológicas alrededor de sus esfuerzos por construír un nuevo país?

CAMPBELL: Bueno, ¿y por qué los usaron?

MOYERS: ¿No son masones muchos de estos símbolos?

CAMPBELL: Son signos propios de la Masonería, y desde hace siglos se conoce el sentido de la tetrakys pitagórica. La información debía de estar en la biblioteca de Thomas Jefferson. Eran hombres muy instruídos. La Ilustración del siglo XVIII fue un mundo de caballeros instruídos. No hemos tenido muchos hombres de esa talla en política. Es una enorme fortuna para nuestra nación que ese grupo de caballeros tuviera poder y se hallara en posición de influír sobre los hechos de su tiempo.

MOYERS: ¿Cómo se explica la relación entre estos símbolos y los masones, y el hecho de que tantos de nuestros padres fundadores pertenecieran a la orden de la masonería?. ¿Esta orden expresa de alguna manera un pensamiento mitológico?

CAMPBELL: Sí, pienso que sí. Se trata de un intento erudito por reconstruír una orden de iniciación como resultado de una revelación espiritual. Estos padres fundadores, que eran masones, estudiaron cuanto pudieron del saber egipcio. En Egipto, la pirámide representa la colina primordial. Cuando la creciente anual del Nilo empieza a bajar, la primera colina que asoma es un símbolo del mundo renacido. Es lo que representa este sello.

MOYERS: A veces me confundes con la aparente contradicción que habita en el centro mismo de tu sistema de creencias. Por una parte elogias a estos hombres, que fueron creadores e hijos de la Edad de la Razón, y por otra aplaudes a Luke Skywalker, de La Guerra de las Galaxias, por ese momento en que dice: «Apaga la computadora y confía en tus sentimientos». ¿Cómo reconcilias el papel de la ciencia, que es razón, con el papel de la fe, que es religión?

CAMPBELL: No, no, tienes que distinguir entre razón y pensamiento.

MOYERS: ¿Distinguir entre razón y pensamiento?... ¿Acaso no estoy razonando cuando pienso?

CAMPBELL: Sí, tu razón es una forma de pensamiento. Pero pensar las cosas no implica necesariamente razonar en ese sentido. Pensar cómo puedes echar abajo una pared no es razonar. El ratón que toca con la punta del hocico y se da cuenta de que puede salir por aquí, está pensando del modo en que solemos pensar nosotros. Pero eso no es la razón. La razón tiene que ver con hallar el fundamento del ser y la estructuración fundamental del orden del universo.

MOYERS: Entonces, cuando estos hombres decían que el Ojo de Dios era la Razón, ¿querían decir que el fundamento de nuestro ser como sociedad, como cultura, como pueblo, deriva del carácter fundamental del universo?

CAMPBELL: Eso es lo que dice esta primera pirámide. Es la pirámide del mundo, y es la pirámide de nuestra sociedad, y ambas son del mismo orden. Ésta es la creación de Dios, y ésta es nuestra sociedad.

MOYERS: Tenemos una mitología para los poderes animales. Tenemos una mitología para la tierra cultivada: la fertilidad, la creación, la diosa madre. Y tenemos una mitología para las luces celestes, para los cielos. Pero en los tiempos modernos hemos ido más allá de los animales, de la Naturaleza y la tierra cultivada, y los astros ya no nos interesan salvo como curiosidades exóticas y terreno para los viajes espaciales. ¿En qué punto estamos ahora en la creación de una mitología?

CAMPBELL: No tendremos una mitología hasta dentro de mucho, mucho tiempo. Las cosas cambian demasiado rápido para que se las pueda mitologizar.

MOYERS: ¿Y cómo nos las arreglamos para vivir sin mitos?

CAMPBELL: El individuo ha de encontrar un aspecto del mito que se relacione con su propia vida. Básicamente el mito sirve para establecer cuatro funciones.
     La primera es la función mística: de ésa es de la que he estado hablando, la que nos hace advertir cuán maravilloso es el universo, y qué maravilla eres tú, y te hace experimentar un pavor reverencial ante este misterio. El mito abre el mundo a la dimensión del misterio, a la comprensión del misterio que subyace en todas las formas. Si pierdes eso, ya no tienes una mitología. Si el misterio se manifiesta en todas las cosas, el universo se transforma, como lo era antes, en una imagen sagrada. Siempre estás frente al misterio trascendental a partir de las condiciones de tu mundo real.
     La segunda es una dimensión cosmológica, la dimensión relacionada con la ciencia: mostrarte cuál es la forma del universo, pero mostrártela de tal modo que el misterio se haga patente. Hoy, tendemos a pensar que los científicos tienen todas las respuestas. Pero los grandes científicos nos dicen: «No, no tenemos todas las respuestas. Les estamos diciendo cómo funciona... pero no sabemos qué es». Enciendes una cerilla, ¿qué es el fuego? Puedes hablarme sobre la oxidación, pero eso no me dice nada.
     La tercera función es la sociológica: fundamentar y validar un cierto orden social. Y aquí es donde los mitos varían enormemente de un lugar a otro. Puedes tener toda una mitología para la poligamia, toda una mitología para la monogamia. Cualquiera de las dos puede estar bien. Depende de dónde estés tú. Es esta función sociológica del mito la que se ha impuesto en nuestro mundo... y ya está anticuada.

MOYERS: ¿Qué quieres decir?

CAMPBELL: Leyes éticas. Las leyes de la vida tal como debería ser en una buena sociedad. Todas las páginas y páginas y páginas de Yahvé sobre qué clase de ropa usar, cómo comportarse con el prójimo y todo lo demás, en el primer milenio antes de Cristo.
     Pero hay una cuarta función del mito, y es ésta la que creo que hoy debería interesarnos a todos: la función pedagógica, la enseñanza de cómo vivir una vida humana bajo cualquier circunstancia. Los mitos pueden enseñártelo.

MOYERS: ¿De modo que la vieja historia, sabida y transmitida durante tanto tiempo de generación en generación, ya no funciona, y todavía no hemos aprendido una nueva?

CAMPBELL: La historia que tenemos en Occidente, en la medida en que está basada en la Biblia, está basada en una visión del universo que pertenece al primer milenio a.C. No coincide con nuestro concepto ni del universo ni de la dignidad del hombre. Pertenece por completo a otra parte.
     Hoy debemos aprender a ponernos nuevamente de acuerdo con la sabiduría de la Naturaleza y volver a entender nuestra hermandad con los animales y con el agua y el mar. Decir que la divinidad da vida al mundo y a todas las cosas es algo condenado como panteísta. Pero panteísmo es una palabra que puede confundir. Sugiere la existencia de un dios personal que habita el mundo, pero no se trata de eso en absoluto. La idea es trans-teológica. Trata de un misterio indefinible, inconcebible, pensado como un poder, que es la fuente, fin y fundamento de toda vida y ser.

MOYERS: ¿No piensas que los estadounidenses modernos hemos rechazado la antigua idea de la Naturaleza como divinidad porque eso nos habría impedido lograr nuestro dominio sobre la Naturaleza?. ¿Cómo podrías cortar árboles y excavar la tierra y secar los ríos sin matar a Dios?

CAMPBELL: Sí, pero ésa no es sólo una característica de los estadounidenses modernos; es la condena bíblica a la Naturaleza que ellos heredaron de su religión y trajeron consigo, sobre todo de Inglaterra. Dios está separado de la Naturaleza, y la Naturaleza está condenada por Dios. Está en el Génesis: nacimos para ser los amos del mundo.
     Pero si piensas en nosotros como provenientes de la Tierra, ya no como seres arrojados aquí desde otra parte, verás que somos la Tierra, somos la conciencia de la Tierra. Estos ojos son los ojos de la Tierra. Y ésta es la voz de la Tierra.

MOYERS: Los científicos empiezan a hablar abiertamente sobre el principio de Gaia.

CAMPBELL: Ahí tienes, el planeta entero como un organismo.

MOYERS: La Madre Tierra. ¿De esta imagen brotarán nuevos mitos?

CAMPBELL: Bueno, algo podría salir. No puedes predecir lo que será un mito, como no puedes predecir lo que soñarás esta noche. Mitos y sueños vienen del mismo lugar. Vienen de un tipo de comprensión que debe hallar expresión en forma simbólica. Y el único mito en el que valdrá la pena pensar en el futuro inmediato será uno que hable sobre el planeta, no sobre la ciudad, no sobre esta gente, sino sobre el planeta y todo lo que hay en él. Eso es lo que creo que será el mito del futuro.
     Y tratará exactamente de lo que tratan todos los mitos: la maduración del individuo, desde la dependencia hasta la edad adulta, la madurez, y después la muerte; y cómo vincularse con esta sociedad y cómo vincular esta sociedad al mundo de la Naturaleza y el cosmos. De eso han hablado todos los mitos, y de eso hablará éste. Pero la sociedad de la que hablará es la sociedad del planeta. Y hasta que esa sociedad exista, no habrá nada.

MOYERS: ¿Dices entonces que de aquí nace el nuevo mito de nuestro tiempo?

CAMPBELL: Sí, ésta es la base de la que saldrá el mito. Ya está aquí: el Ojo de la Razón, no de mi nacionalidad; el ojo de la razón, no de mi comunidad religiosa; el ojo de la razón, no de mi comunidad lingüística. ¿Entiendes? Y ésta será la filosofía para el planeta, no para este grupo, aquél o aquel otro.
     Cuando ves la Tierra desde la Luna, no ves ninguna división de naciones o Estados. Éste podría ser el símbolo, realmente, de la nueva mitología por venir. Éste es el país que celebraremos. Y ésos son los pueblos con los que nos confundimos. (...)


* * * * *

CAMPBELL: Una vez escuché una conferencia de un maravilloso y ya viejo filósofo zen, el doctor D. T. Suzuki. Se hallaba de pie, frotándose los costados con las manos, y decía [refiriéndose a la religión cristiana]: «Dios contra el hombre. El hombre contra Dios. El hombre contra la Naturaleza. La Naturaleza contra el hombre. La Naturaleza contra Dios. Dios contra la Naturaleza... Una religión muy rara».

MOYERS: Bueno, yo muchas veces me he preguntado qué pensaría un miembro de una tribu de cazadores de las praderas norteamericanas mirando la creación de Miguel Ángel.

CAMPBELL: Ciertamente no es el dios de otras tradiciones. En las otras mitologías uno se pone a sí mismo de acuerdo con el mundo, con la mezcla de bueno y malo. Pero en el sistema religioso del Cercano Oriente te identificas con lo bueno y luchas contra lo malo. Las tradiciones bíblicas del judaísmo, el cristianismo y el islamismo hablan todas con desprecio de las llamadas religiones naturales.
     El paso de una religión natural a una religión sociológica nos hace difícil volver a vincularnos con la Naturaleza. Pero en realidad todos esos símbolos culturales son perfectamente susceptibles de interpretación en términos de sistemas psicológicos y cosmológicos, si así quieres verlos.
     Toda religión es verdadera de un modo u otro. Es verdadera cuando se la comprende metafóricamente. Pero cuando se atasca en sus propias metáforas, cuando empieza a interpretarlas como hechos, entonces aparecen los problemas.

MOYERS: ¿Qué es una metáfora?

CAMPBELL: Una metáfora es una imagen que sugiere algo más. Por ejemplo, si le digo a una persona: «Eres un tarugo», no quiero decir que piense que esa persona es literalmente un tarugo. «Tarugo» es una metáfora. En las tradiciones religiosas la metáfora hace referencia a algo trascendente que literalmente no es nada. Si piensas que la metáfora constituye por sí misma la referencia, sería como ir a un restaurante, pedir la carta, ver la palabra "chuleta" escrita ahí, y empezar a comerse la carta.
     Por ejemplo, Jesús ascendió a los cielos. La denotación sugiere que alguien subió hacia arriba, al cielo. Es lo que dice literalmente. Pero si ése fuera realmente el sentido del mensaje, tendríamos que desecharlo, porque no habría un lugar así al que Jesús pudiera ir literalmente. Sabemos que Jesús no pudo ascender al cielo porque no hay un cielo físico en ninguna parte del universo. Aun ascendiendo a la velocidad de la luz, Jesús a estas horas todavía seguiría en la galaxia. La astronomía y la física simplemente han eliminado esa posibilidad literal, física. Pero si lees «Jesús ascendió a los cielos» según su connotación metafórica, ves que él fue hacia dentro, no hacia el espacio exterior sino hacia el interior, al sitio desde donde proviene el ser, a la conciencia que es la fuente de todas las cosas, el reino interior de los cielos. Las imágenes son exteriores, pero el reflejo es interior. La clave está en que deberíamos ascender con él yendo hacia dentro. Es una metáfora del regreso a las fuentes, el alfa y el omega, de abandonar la rigidez del cuerpo y acceder a la fuente dinámica del mismo.

MOYERS: ¿No estás socavando una de las grandes doctrinas tradicionales de la fe cristiana: de que el entierro y la resurrección de Jesús prefiguran los nuestros?

CAMPBELL: Eso sería un error en la lectura del símbolo. Es leer las palabras como prosa y no como poesía, leer la metáfora en términos de denotación y no de connotación.

MOYERS: Y la poesía se refiere a la realidad no visible...

CAMPBELL: A lo que está más allá incluso del concepto de realidad, lo que trasciende todo pensamiento. El Mito te coloca allí, te da una línea para ponerte en contacto con ese misterio que eres.
     Shakespeare dijo que el Arte es un espejo frente a la Naturaleza. Y lo es realmente. La Naturaleza es tu naturaleza, y todas esas maravillosas imágenes poéticas de la mitología se refieren a algo que hay en ti. Cuando tu mente queda atrapada en la imagen y no puedes hacer la referencia a ti mismo, es que la has leído mal.
     El mundo interior es el mundo de tus necesidades y tus energías, de tu estructura y tus posibilidades, enfrentado al mundo exterior. Y el mundo exterior es el campo de tu encarnación. Es allí donde estás. Tienes que mantener a ambos en movimiento. Como dijo Novalis: «El asiento del alma es el punto en que se encuentran los mundos interior y exterior».

MOYERS: Entonces la historia de Jesús ascendiendo a los cielos es un mensaje en una botella lanzado desde una orilla que alguien visitó antes.

CAMPBELL: Así es: Jesús estuvo allí. Pero, de acuerdo con el modo normal de considerar la religión cristiana, no podemos identificarnos con Jesús sino que tenemos que imitarlo. Para nosotros es blasfemia decir «Yo y el Padre somos uno», como dijo Jesús. No obstante, en el Evangelio de Tomás, que fue hallado en Egipto hace unos cuarenta años [en Nag Hammadi], Jesús dice: «El que beba de mi boca se volverá como yo soy y yo seré él». Esto es budismo, exactamente. Todos somos manifestaciones de la conciencia de Buda, o la conciencia de Cristo, sólo que no lo sabemos. La palabra «Buda» significa «el que despertó». Todos debemos hacer lo mismo: despertarnos a la conciencia de Buda o de Cristo dentro de nosotros. Es blasfemia según el pensamiento normal cristiano, pero es la esencia misma del gnosticismo cristiano y del Evangelio de Tomás.

MOYERS: ¿La reencarnación también es una metáfora?

CAMPBELL: Desde luego que lo es. Cuando la gente pregunta: «¿Usted cree en la reencarnación?», tengo que limitarme a responder: «La reencarnación, como el cielo, es una metáfora».
     En el cristianismo, la metáfora que corresponde a la reencarnación es el Purgatorio. Si uno muere con tal apego por las cosas de este mundo que su espíritu no está listo para las visiones beatíficas, entonces debe pasar por el Purgatorio, es decir, debe ser purgado de sus limitaciones. Las limitaciones son lo que llamamos pecados. El pecado no es más que un factor de contención que limita nuestra conciencia y la fija en una condición inadecuada.
     En la metáfora oriental, si mueres en esa condición, vuelves para tener más experiencias que te irán clarificando, clarificando, clarificando, hasta liberarte de esas fijaciones. La mónada reencarnada es el héroe principal del mito de Oriente. La mónada reviste diversas personalidades, vida tras vida. Ahora bien, la idea de la reencarnación no es que tú y yo, tal y como somos actualmente en nuestra personalidad, nos reencarnemos. La personalidad es lo que la mónada deja atrás. Después la mónada reviste otro cuerpo, macho o hembra, según qué experiencias le sean necesarias para clarificarse de sus adhesiones al campo del tiempo.

MOYERS: ¿Qué sugiere la idea de la reencarnación?

CAMPBELL: Sugiere que eres más de lo que tú mismo crees ser. Hay dimensiones de tu ser y un potencial para la realización y la conciencia que no están incluídos en tu concepto de ti mismo. Tu vida es mucho más profunda y ancha de lo que crees. Lo que estás viviendo no es más que un atisbo de lo que en realidad hay dentro de ti, lo que te da vida, extensión y profundidad. Pero puedes vivir buscando esa profundidad. Y cuando puedes experimentarla, ves de pronto que todas las religiones están hablando de ella.

MOYERS: ¿Se trata de un motivo central en las historias mitológicas de todos los tiempos?

CAMPBELL: No, la idea de la vida como una prueba mediante la cual uno se libera de la servidumbre de la vida pertenece a las religiones más elaboradas. No creo que haya nada semejante en la mitología aborigen.

MOYERS: ¿Cuál es su fuente?

CAMPBELL: No sé. Probablemente viene de un pueblo con poder y profundidad espiritual que experimentó su vida como inadecuada al aspecto o dimensión espiritual de su ser.

MOYERS: Dices que las élites crean mitos, que los chamanes y artistas y otros que emprenden el viaje a lo desconocido vuelven para crear estos mitos. Pero ¿qué pasa con el pueblo común? ¿No ha creado las historias de Paul Bunyan, por ejemplo?

CAMPBELL: Sí, pero eso no es un Mito. No alcanza la categoría de Mito. Se dice que los profetas y lo que en la India se llaman los rishis han «oído» las escrituras. Es cierto que todos pueden abrir sus oídos, pero no todos tienen la capacidad real de oír las escrituras.

MOYERS: «El que tiene oídos, que oiga».

CAMPBELL: Tiene que haber un aprendizaje que te enseñe a abrir tus oídos de modo que puedas empezar a oír metafóricamente, ya no concretamente. Freud y Jung sintieron ambos que el Mito está basado en lo inconsciente.
     Todo el que escribe una obra creativa sabe que uno se abre, se entrega, y el libro le habla a uno y se construye a sí mismo. En cierta medida uno se convierte en el portador de algo que le es dado desde un sitio que se ha caracterizado como «de las Musas», o, en idioma bíblico, «Dios». Esto no es una fantasía, es un hecho. Dado que la inspiración viene del inconsciente, y dado que las mentes inconscientes de los miembros de cualquier sociedad pequeña tienen mucho en común, lo que el vidente o chamán saca a la luz es algo que estaba esperando ser extraído en todos. Por eso al oír la historia del vidente, uno responde: «¡Ahá! Esta es mi historia. Esto es algo que yo siempre había querido decir pero no podía hacerlo». Tiene que haber un diálogo, una interacción entre el vidente y la comunidad. El vidente que ve cosas que la gente en la comunidad no quiere oír es simplemente ineficaz. Hasta es posible que lo eliminen.

MOYERS: Entonces cuando hablamos de cuentos populares, no estamos hablando de mitos sino de historias que la gente común se cuenta para entretenerse o expresar alguna experiencia existencial que está por debajo de la de las grandes peregrinaciones espirituales.

CAMPBELL: Sí, el cuento popular cumple una función de entretenimiento. El Mito, sin embargo, sirve para la instrucción espiritual. Hay un buen dicho en la India con respecto a estos dos tipos de mitos, la idea popular y la idea elemental. El aspecto popular es llamado desi, que significa «provincial», es decir, que tiene que ver con la sociedad en la que vives. Algo destinado a la juventud. Gracias a él, el joven se integra en la sociedad y aprende a salir a matar monstruos. «Muy bien, aquí hay un traje de soldado, tenemos un trabajo para ti». Pero también está la idea elemental. Su nombre en sánscrito es marga, que significa «sendero». Es una huella que te lleva a ti mismo. El mito procede de la imaginación, y lleva de vuelta a ella. La sociedad te enseña qué son los mitos, y después te libera, de modo que en tus meditaciones puedas seguir el camino interior.
     Las civilizaciones están fundadas en el Mito. La civilización de la Edad Media se basó en el mito de la Caída en el Jardín del Edén, la redención en la cruz y la obtención de la gracia redentora mediante los sacramentos.
     La catedral fue el centro del sacramento, y el castillo fue el centro protector de la catedral. Ahí tienes las dos formas de gobierno: el gobierno del espíritu y el de la vida física, ambos de acuerdo en la fuente única de la que surgen, que es la gracia de la crucifixión.

MOYERS: Pero, dentro de estas dos esferas, la gente común se contaba pequeños cuentos de duendes y brujas.

CAMPBELL: Hay tres centros de lo que podría llamarse la creatividad mitológica y folklórica en la Edad Media. Uno es la catedral y todo lo relacionado con monasterios y ermitas. El segundo es el castillo. El tercero es la aldea, donde vive el pueblo. La catedral, el castillo y la aldea. Si vas a cualquiera de las áreas de alta civilización, encontrarás lo mismo: el templo, el palacio, el pueblo. Son centros generadores diferentes, pero en la medida en que se trata de una civilización única, todos operan en el mismo campo simbólico.

MOYERS: ¿El mismo campo simbólico?

CAMPBELL: El campo simbólico está basado en las experiencias de la gente perteneciente a una comunidad particular, en un tiempo y lugar particulares. Los mitos están tan íntimamente ligados a la cultura, momento y lugar, que si los símbolos, las metáforas, no son mantenidos con vida mediante una constante recreación en las artes, la vida simplemente se aparta de ellos.

MOYERS: ¿Quién habla en metáfora hoy?

CAMPBELL: Todos los poetas. La poesía es un lenguaje metafórico.

MOYERS: Una metáfora sugiere potencial.

CAMPBELL: Sí, pero también sugiere la realidad que se oculta bajo el aspecto visible. La metáfora es la máscara de Dios mediante la cual puede experimentarse la eternidad.

MOYERS: Hablas de los poetas y artistas, pero ¿y el clero?

CAMPBELL: Creo que nuestro clero, en realidad, no está haciendo un trabajo adecuado. No habla de las connotaciones de las metáforas sino que está atascado en la ética del bien y el mal.

MOYERS: ¿Por qué los sacerdotes no se han vuelto los chamanes de la sociedad moderna?

CAMPBELL: La diferencia entre un sacerdote y un chamán es que un sacerdote es un funcionario, y un chamán es alguien que ha recorrido una experiencia. En nuestra tradición es el monje el que busca la experiencia, mientras que el sacerdote es el que ha estudiado para servir a la comunidad.
     Un amigo mío asistió a un encuentro internacional de las órdenes meditativas de la Iglesia católica, que se realizó en Bangkok. Me dijo que los monjes católicos no tenían problemas para comprender a los monjes budistas, pero que el clero de las dos religiones era incapaz de entenderse.
     La persona que ha tenido una experiencia mística sabe que todas las expresiones simbólicas de la misma son defectuosas. Los símbolos no transmiten la experiencia, la sugieren. Si no has tenido la experiencia, ¿cómo puedes saber qué es? Trata de explicarle el placer de esquiar a alguien que viva en los trópicos y que nunca haya visto la nieve. Es preciso que haya habido una experiencia para captar el mensaje, alguna pista... de otro modo no oyes lo que te dicen.

MOYERS: La persona que tiene la experiencia debe proyectarla en imágenes lo mejor que pueda. Me parece que hemos perdido en nuestra sociedad el arte de pensar en imágenes.

CAMPBELL: Oh, eso es muy evidente. Nuestro pensamiento es en gran medida discursivo, verbal, lineal. Hay más realidad en una imagen que en una palabra.

MOYERS: ¿Has pensado alguna vez que es esta ausencia de las experiencias religiosas del éxtasis, de la alegría, esta negación de la trascendencia en nuestra sociedad, la que ha llevado a tantos jóvenes al uso de drogas?

CAMPBELL: Absolutamente. Es el camino de entrada.

MOYERS: ¿De entrada?

CAMPBELL: Hacia una experiencia.

MOYERS: ¿Y la religión no puede hacerlo, o el Arte no puede hacerlo?

CAMPBELL: Podrían, pero no lo están haciendo ahora. La religión se ha concentrado en problemas sociales y éticos a expensas de la experiencia mística.

MOYERS: Entonces, ¿crees que la gran vocación de la religión es la experiencia?

CAMPBELL: Una de las cosas maravillosas del ritual católico es participar en la comunión. Allí te dicen que éste es el cuerpo y la sangre del Salvador. Y tú lo tomas, y te vuelves hacia dentro, y Cristo está trabajando dentro de ti. Éste es un modo de inspirar una meditación sobre la experiencia del espíritu en ti. Cuando ves gente que viene de tomar la comunión, parecen transportados hacia dentro, y de veras lo están.
     En la India, he visto un anillo rojo puesto alrededor de una piedra, y luego esa piedra es considerada la encarnación del misterio. Suele pensarse en las cosas en términos prácticos, pero podría pensarse en cualquier cosa desde el punto de vista de su misterio. Por ejemplo, esto es un reloj, pero también es una cosa que participa del ser. Podrías apartarlo, rodearlo de un círculo, y considerarlo en esa dimensión. Es lo que se llama la consagración.

MOYERS: ¿Qué quieres decir?. ¿Qué puedes hacer con ese reloj que llevas?; ¿qué clase de misterio revela?

CAMPBELL: Es una cosa, ¿no?

MOYERS: Sí.

CAMPBELL: ¿Sabes en realidad qué es una cosa?, ¿en qué se fundamenta? Es algo que está en el tiempo y el espacio. Piensa qué misterioso es el hecho de que algo sea. El reloj se vuelve el centro de una meditación, el centro del misterio inteligible del ser, que está en todas partes. El reloj es ahora el centro del universo. Es el punto alrededor del cual gira el mundo.

MOYERS: ¿A dónde te lleva la meditación?

CAMPBELL: Eso depende del talento que tengas.

MOYERS: Hablas de lo «trascendente». ¿Qué es lo trascendente?; ¿qué le pasa a uno en lo trascendente?

CAMPBELL: «Trascendente» es un término técnico de la Filosofía, traducido de dos modos diferentes. En la teología cristiana se refiere a Dios como algo más allá, o fuera, del campo de la Naturaleza. Es el modo materialista de hablar de lo trascendente, porque Dios es pensado como una especie de hecho espiritual que existe en algún lugar allí afuera. Fue Hegel quien habló de nuestro dios antropomorfo como el vertebrado gaseoso... una idea de Dios que sostienen muchos cristianos. O bien es pensado como un anciano con barba, de humor no muy apacible. Pero «trascendente» significa propiamente lo que está más allá de todos los conceptos. Kant nos dice que todas nuestras experiencias están limitadas por el tiempo y el espacio. Tienen lugar dentro del espacio, y tienen lugar en el curso del tiempo.
     El tiempo y el espacio forman las sensibilidades que limitan nuestra experiencia. Nuestros sentidos están presos en el campo del tiempo y el espacio, y nuestras mentes están encerradas en un marco de categorías de pensamiento. Pero la cosa definitiva (que no es cosa alguna) con la que tratamos de ponernos en contacto no está encerrada de ese modo. Nosotros la encerramos cuando tratamos de pensarla.
     Lo trascendente trasciende a todas estas categorías de pensamiento. Ser y no ser: ésas son categorías. La palabra «Dios», hablando propiamente, se refiere a lo que trasciende a todo pensamiento, pero la palabra «Dios» en sí misma es algo en lo que se piensa.
     Tú puedes personificar a Dios de muchos, muchos modos. ¿Hay un dios?, ¿hay muchos dioses? Se trata sólo de categorías del pensamiento. Lo que estás diciendo y tratando de pensar trasciende todo eso.
     Un problema con «Yahweh», como decían en los viejos textos gnósticos, es que olvidó que era una metáfora. Pensó que era un hecho. Y cuando dijo: «Soy Dios», se oyó una voz que decía: «Estás equivocado, Samael». «Samael» significa «dios ciego»: ciego a la Luz infinita de la que él es una manifestación histórica local. El episodio es conocido como la blasfemia de Yahvé: haberse creído Dios.

MOYERS: Quieres decir que Dios no puede ser conocido.

CAMPBELL: Quiero decir que sea lo que sea lo definitivo, está más allá de las categorías de ser y no ser. ¿Es o no es? Como dijo Buda: «A la vez es y no es; y ni es ni no es». Dios, en tanto que misterio definitivo del ser, está más allá del pensamiento. (...)



1 comentario:

  1. Me gusta en especial la mitología hindú, tanta la procedente del verismo ario como del shivaísmo dravidico,"La presencia de Shiva" de S. Kramrish creo que contiene la gnosis suprema, Campbell me parece a veces un poco difuso, un libro basado en su obra "El héroe de las mil caras" que se titulo "El viaje del escritor" expresa de una forma más condensada y practica su pensamiento, que en si es bueno.

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