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viernes, 13 de diciembre de 2013

Miguel Serrano - Sobre Nietzsche, Hitler y Jung



     En 1980 el preclaro e intrépido escritor chileno Miguel Serrano publicó un no extenso libro pero de cierta densidad titulado "Nietzsche y la Danza de Shiva", que se estructura en dos partes de desigual alcance, donde la segunda es la más breve. Publicamos ahora esta última, excepto su capítulo final. En la primera parte, abundante, como todo el escrito, en citas del filósofo alemán (de las que lamentablemente no se señala su referencia original), se examinan aspectos de la doctrina nietzscheana del Eterno Retorno, y luego se complementa al final el análisis con tópicos más contingentes, razón por la cual presentamos este interesante fragmento de este postergado texto.





                                                                              II         


CONSECUENCIAS SOCIOLÓGICAS DE LA DOCTRINA

     De un modo natural la visión del Eterno Retorno presupone una sociedad dividida en castas, jerarquizada, como consecuencia y extensión de su "yoga", de su "incesante combate". El héroe (Virya) debe aislarse entre los de su casta para evitar descender de su "alta tonalidad" en el contacto con aquellos que aspiran sólo a su bienestar cotidiano, los pasu que son el polvo que dispersa la Energía de los mundos, "los muertos que entierran a sus muertos". Con mano de hierro deberá controlarlos y mantenerlos a distancia, pudiendo también lograr su confianza, respeto, en una sociedad organizada para ello, entregándoles sistemas, religiones y creencias conforme a sus necesidades y naturalezas.

     En la aristocracia de Nietzsche no hay desprecio, sino distancia, alejamiento obligado para poder mantener a salvo su secreto laboratorio donde se re-crea el Superhombre. No se debe poner en las manos de los inferiores los poderes supremos de vida y destrucción, cosa que hoy se hace, que el sistema democrático, del pasu y para el pasu, ha hecho ya.

     Hemos visto lo que el nihilismo es. El pasu, el hombre de la masa, de la plebe, ha perdido sus sostenes, su religión, sus creencias, su Dios, porque la Voluntad de Poder sigue su camino inmutable por sobre las ruinas, destruyendo los "altos", los "reposos", toda una civilización y sus valores. Es la Danza de Siva Destructor, que abre paso a una nueva construcción de Brahma y a otra preservación de Visnu, siempre que "los señores de la tierra" transmuten todos los valores y sean capaces de gobernar al pasu, entregándole nuevas creencias, nuevos fines, conforme con la Voluntad de Poder, con la "nostalgia heroica" del pasado que se recupera, que se re-quiere y re-crea, en el regreso de la Edad Dorada, de la Edad Solar.

     El análisis que con Nietzsche podemos hacer de los tiempos presentes es el único que nos aporta una comprensión exacta de lo que sucede. ¿Cómo explicar el nihilismo, el anarquismo, el terrorismo, la violencia desenfrenada y llena de "espíritu de venganza", para emplear sus palabras, que brota como una llama inextinguible en todos los rincones del planeta, sino por la desilusión y amargura de quienes no se conforman con el bienestar material, no pudiendo soportar por más tiempo las viejas creencias, los dioses en descomposición, los valores periclitados que les cierran el paso?. Ellos son por igual el capitalismo, el marxismo, el cristianismo, la burguesía y el proletariado, el socialismo y la democracia, la sociedad de consumo, las multinacionales, la pobreza, la extrema miseria, las poblaciones marginales y los palacios. Todo ese mundo que hay que destruír, porque la Voluntad de Poder se ha vuelto contra sí misma, contra lo que por más de dos mil años ha estado cerrándole el Paso: los valores torcidos, anti-naturales.

     El panorama es desolador, aparentemente sin esperanzas. ¿Qué pasará cuando la civilización de la plebe, la religión de los esclavos, la sociedad tecnológica y gregaria, pongan en manos del "nihilista con espíritu de venganza" los armamentos atómicos?. Para esto ya no falta nada, lo veremos muy pronto.

     Aquí también Nietzsche fue profético. En verdad a Nietzsche se le conoce poco, se le ha leído en un solo libro, o no se le ha leído nunca y se lo menciona de oídas. Otras veces Nietzsche corre peligro de ponerse de moda, tras las sombras que sobre todo el planeta extiende la última guerra mundial. Hay seminarios para discutir a Nietzsche, con asistencia de marxistas, cristianos, existencialistas, etcétera. Se empieza a hablar de Nietzsche entre los norteamericanos de San Francisco y en Canadá. ¡Que los dioses nos libren de una moda del tipo de la de Hermann Hesse!. Todo lo que toca el norteamericano se transforma en producto de consumo, en best seller, en producción de masa y para la masa.

     También a Nietzsche se lo ha "desnazificado", de modo que hasta se le podría sacar del Índex. ¡Quién sabe!. Puede que se quiera hacerle marxista, o se afirme que poco antes de su locura se convirtió al cristianismo, por haberse firmado "El Crucificado" , que fue el padre del nihilismo ―que él no hizo más que reconocer en los signos del tiempo―, que era anti-alemán, por sus críticas a los alemanes de su siglo.

     Es cierto que Nietzsche usó los más agudos sarcasmos contra Alemania. Con ellos fue únicamente un provocador, un engendrador de su pueblo. Alemania es lenta en sus reacciones. La preñez de Nietzsche demoraría años en dar a luz; pero el enamoramiento fue mucho más rápido, casi instantáneo. Antes de su muerte, sucedida en la parálisis de la locura, al finalizar el siglo XIX, ya Nietzsche había hecho impacto en el alma germánica colectiva, a la que pertenece totalmente, por la posesión de sus arquetipos. Solamente un Inconsciente Colectivo ario puede concebir la revelación del Eterno Retorno y la Voluntad de Poder. En el Inconsciente Colectivo semita no existe posibilidad de posesión por el Arquetipo del Eterno Retorno. Además, el Inconsciente Colectivo ario es politeísta. Nietzsche afirma que el término Deutscher, que los alemanes conversos al cristianismo usaron para referirse a los alemanes no conversos, quiere decir pagano. Los germanos, o Deutscher, serán siempre paganos en el fondo de sus almas.

     La Alemania que Nietzsche odia se parece mucho a la de hoy. Una Alemania obesa, burocrática, llena de oro, con un feroz egoísmo de pequeño-burgués, defendiendo sus finanzas y una religión "no-Deutscher", su capitalismo, su tecnología, esclavizada en un trabajo de autómatas, para ganar más y poder olvidar. También ebria en mares de cerveza. En el fondo, una Alemania desesperada. Es curioso este apego de Alemania a las fórmulas, a los prejuicios, a los cánones que la defienden de sí misma, de su alma fáustica y sin límites, de su dionisíaco sentimiento de los abismos. En esto, su espíritu es como el del ario-hindú. Nada hay más conservador, más restringido que la sociedad y las costumbres de India, nada más limitado en fórmulas y prejuicios, como contrapeso también de su pensamiento sivaísta, de dimensiones espantables. La diferencia se encuentra en que la India pudo organizar hace milenios su sociedad conforme con una visión (Weltanschauung) propia, dividiéndola en castas (varna dicen los arios védicos, queriendo significar "color"), y Alemania nunca lo ha logrado totalmente, porque le impusieron los valores de un Inconsciente Colectivo ajeno, el semita, y su correspondiente organización social, destruyendo su Weltanschauung, su vivencia del mundo.

     Es en Alemania donde se dan y seguramente se logran los más peligrosos nihilistas y terroristas. Ello a causa de la destrucción de una alta posibilidad de transmutación de todos los valores que allí existiera, única hasta ahora en la historia de la Humanidad y en el Eterno Retorno. En el resto del mundo se explica este fenómeno por la crisis irreparable de los valores del semitismo cristiano, impuestos por más de dos mil años y que incluye a su verdadero "hijo del hombre", al "hijo de la plebe", el marxismo, siendo ambos engendrados por el judaísmo. Todo lo cual en Occidente deberá englobarse en un término genérico: crisis irreversible del cristianismo. Su intento de supervivencia en el marxismo hace aún más dramático el cuadro, más desesperado, más oscuro y dañino dentro del ámbito universal de las fuerzas y de la Voluntad de Poder, de la Energía. Puede apreciarse aún mejor esto en los países socialistas, donde todo se afea y hasta el pasto y los árboles son tristes. No hay la alegría del vivir de quien ha reencarnado a los dioses, recreado los valores y las grandes esperanzas. La Fuerza de la Vida no descubre canales por donde transitar. Cristianismo, capitalismo, socialismo, son una misma cosa y tienen su origen en el sentido del pecado y el odio a la Naturaleza, a la vida.


NIETZSCHE FRENTE AL CRISTIANISMO Y AL JUDAÍSMO

     El anti-cristianismo y anti-judaísmo de Nietzsche se fundamenta en su creencia de que disminuyen la energía vital. Para que no haya posibilidad de equivocarse, oigámosle en sus propias palabras:

     «El pecado, tal como lo consideramos hoy, en todas partes donde reina o ha reinado el cristianismo, es un sentimiento judío y una invención judía, y, con relación a este segundo término de toda moralidad cristiana, el cristianismo ha tratado, en efecto, de judaizar el mundo entero.... "Sólo si te arrepientes, será Dios misericordioso contigo": tales palabras provocarían en un griego risa e ira; exclamaría: "¡Esos son sentimientos de esclavo!". Contrición, deshonor, humillación: he aquí las primeras y las últimas condiciones. Todo pecado es una falta de loesæ majestatis divinæ. Y nada más. Toda acción debe ser considerada desde el punto de vista exclusivo de sus consecuencias sobrenaturales, sin preocuparse de las consecuencias naturales: así lo quiere el sentimiento judío, para el cual todo lo que es natural es indigno en sí. Los griegos admitían, por el contrario, voluntariamente, la idea de que el sacrilegio también podía tener dignidad: el robo, como en Prometeo». Y como en Heracles-Hércules, y en Jasón, agregaremos.

    «Los judíos tienen el sentimiento de ser un pueblo elegido entre los pueblos».

     «Un Jesucristo no podía ser posible más que en un paisaje judío, sobre el cual estaba siempre suspendida la nube de la tempestad de la cólera de Yahvé. Solamente allí pudo sonar Cristo con un único rayo de sol, raro y repentino, con su arco iris de amor a través del horrible y continuo cielo nocturno. En cualquiera otra parte, el buen tiempo y el sol eran considerados como regla diaria».

     «Los griegos amaron, dignificaron y divinizaron las pasiones. En ellas se sentían no sólo más felices sino también más puros».

     «¿Qué te importa a ti si yo te amo?. Ésta es ya una crítica suficiente de todo el cristianismo».

     «Buda dijo: "No adules a tu bienhechor". Pronunciar estas palabras en una iglesia cristiana es fumigar el aire de inmediato».

     «La mayor utilidad del politeísmo: que cada individuo pueda edificar su propio ideal para deducir de él sus leyes, sus placeres y derechos... Tener la fuerza de crear dioses... Allí fue donde por primera vez se permitió al individuo su derecho, allí fue honrado por primera vez. La invención de dioses, de héroes, de superhombres de toda clase, así como de hombres conformados diferentemente, de seres subhumanos, de enanos, de hadas, de centauros, de sátiros, de demonios y de diablos, era la preparación inapreciable para justificar la glorificación del individuo. La libertad que se concedía a un dios respecto de los demás dioses (vivir y dejar vivir), acabóse por conceder a los hombres, respecto de las costumbres y de los otros hombres» (con jerarquía). «El monoteísmo, por el contrario, ha sido hasta hoy día, quizás, el mayor peligro de la Humanidad. Fue con su aparición que el hombre se ha sentido amenazado de ese raquitismo prematuro que la mayor parte de las especies animales han sufrido hace largo tiempo, según podemos juzgar... Hoy el hombre es el único que, entre todos los animales, carece de horizontes y de perspectivas eternas».

     Se comprende, en esta exposición, que el anti-cristianismo y el anti-judaísmo de Nietzsche tienen su origen en los valores vitales que él quiere restaurar, para abrir nuevo cauce a la Voluntad de Poder y al advenimiento del Superhombre, en el Retorno, como único medio de superar el "nihilismo con espíritu de venganza". Ve en el cristianismo y el judaísmo la negación de los valores de la vida, una actitud hipócrita y torcida de imponerse y luchar por la conquista del poder universal.

     Nietzsche es partidario de una sociedad organizada sobre bases aristocráticas y de castas, en el sentido de "iniciaciones diferentes", por así decirlo, gobernada por los "amos de la tierra", por los representantes puros y nobles de la Voluntad de Poder, que no tiranizan a los otros sino que los gobiernan con justicia, dándoles leyes, religiones, civilizaciones, ideales y sueños diferentes, adecuados con su casta. Proporcionándoles así la felicidad, que para ellos no existe, ni tampoco desean. Los "amos de la tierra", la casta de los señores, de los dominadores, usa al resto para cumplir los fines que en el universo impone la Voluntad de Poder, abriéndoles cauces y nuevas direcciones dentro del Destino. Nada es rígido, todo es fluído, y es posible que hasta existan números de mutaciones, pudiendo pasar algunos "elegidos" de una casta a otra, aun cuando esto no beneficie a nadie, dentro de los karmas individuales y colectivos, como nos lo enseña la India. Los "Señores de la Voluntad de Poder" coexisten con el resto de los hombres, sin dañarse los unos a los otros, manteniendo la distancia. Dentro del esoterismo nórdico-polar, cada casta es orgullosa de sus propios secretos y conocimientos iniciáticos, sabiendo que proceden de distintos astros, pero ayudándose a compartir la Tierra.

     En sus anotaciones póstumas para una explicación de "Zarathustra", Nietzsche dice:          

     «No es, en modo alguno, el fin considerar la última categoría (la del Superhombre) como si debiera ser la dueña de la primera. Todo lo contrario: las dos categorías deben coexistir de un modo tan independiente como sea posible, no preocupándose la una de la otra, al ejemplo de los dioses epicúreos».

     Pero también agrega:

     «En el conjunto, el destino de los hombres superiores en nuestra época parece condenarlos a la extinción. Todas las formas de la loca degeneración de las naturalezas, por ejemplo el nihilismo, se acercan a él».

     «En verdad, nada me ha sido más extraño y menos afín que la especie europea y norteamericana de "librepensadores". Con ellos, como con los incorregibles cabezas planas y payasos de las ideas modernas, yo me encuentro en oposición más profunda que con cualquiera de sus adversarios. También ellos, a su modo, quieren "mejorar" a la Humanidad conforme a su imagen; ellos harían a lo que yo soy, a lo que yo quiero, una guerra implacable, en caso de que comprendieran».


LOS SEÑORES DE LA TIERRA

     Nietzsche admiró a dos grandes dominadores: a Federico II de Hohenstaufen y a Napoleón. De Napoleón dijo: "A él se deben casi todas las más altas esperanzas de este siglo". Para Federico II, el gran Emperador del siglo XIII, que construyó en Apulia (Andria), en el Sur de Italia, el Castillo del Rey del Mundo, reservó su más grande veneración, y deseaba poder un día erigirle un monumento a su nombre. Lo declara en su "Ecce Homo". Este Emperador, como Juliano el Apóstata, luchó por restaurar la Edad Solar sobre la Tierra, fue amigo de los cátaros, de los Templarios y de los Caballeros Teutones, e inició la guerra contra el cristianismo y el Papado de Roma.

     Es en las notas póstumas para "La Voluntad de Poder" donde se encuentra la mayor cantidad de aforismos dedicados al asunto que ahora tratamos. Por ejemplo:

     «¿No sería tiempo hoy, cuando ya se desarrolla en Europa el tipo de "animal de rebaño", de hacer la tentativa de una educación sistemática, artificial y consciente del tipo opuesto y de sus virtudes?»... «Las mismas condiciones que fomentan el desarrollo del animal de rebaño, fomentan también el desarrollo del animal dirigente».

     «Se acerca, inevitable, vacilante, terrible como el destino, el gran deber, la cuestión de saber de qué modo hay que administrar la Tierra como un todo»... «A partir de nosotros habrá condiciones preliminares favorables para más numerosas criaturas de dominio, de las cuales aún no existen ejemplos»... «Se ha hecho posible el surgir de leyes en los sexos que impongan el deber de educar una raza de dominadores, de los futuros "señores de la Tierra"; una nueva aristocracia prodigiosa, edificada sobre la más dura legislación de sí mismo, en que a la voluntad de los hombres filosóficos violentos y de los tiranos artistas le sea concedida una duración milenaria... ¡Basta, ha llegado el momento en que se cambie la doctrina sobre política!».

     «Los grandes hombres tienden el arco, si no lo rompen».

     «El gran hombre siente su poderío sobre un pueblo; sus coincidencias temporales, con un pueblo o con un milenio».

     Hay dos especies de filósofos para Nietzsche:

     «Los que quieren cambiar un gran estado de hecho, de valoraciones (transmutando los valores) y los que son legisladores de estas valoraciones».

     «La psicología real de la sociedad de la libertad y de la igualdad, es un decrecer de la voluntad de responsabilidad...».

     «Me siento inclinado a restablecer la jerarquía en una época de sufragio universal, esto es, en la época en que cada cual tiene derecho a enjuiciar a cada individuo y a cada cosa».

     «¿Cómo deberíamos estar constituídos los hombres que emprendemos la transmutación de todos los valores? La jerarquía como ordenamiento del poder. La guerra y el peligro han sido creados para que una clase (casta) conserve sus condiciones...». «Yo distingo entre un tipo de vida ascendente y otro de decadencia, de fragmentación, de debilidad».

     «Mis pensamientos no giran alrededor del grado de libertad que se debe conceder al uno, al otro o a todos, sino sobre el grado de poder que uno u otro deben ejercer sobre otros o sobre todos; o sea, sobre la medida en que un sacrificio de libertad, y hasta un hacerse esclavo, ofrecen la base a la producción de un tipo superior. En suma, ¿cómo se podría sacrificar la evolución de la Humanidad para contribuír a la existencia de un tipo más alto que el del hombre?». (Sacrificar la discutible "evolución" en pro de una mutación, de un advenimiento, de una transfiguración).

     «Un dia los hombres superiores terminaron por medirse a sí mismos con la medida de las virtudes de los esclavos, se encontraron "soberbios", etcétera; encontraron reprobables todas sus cualidades superiores». Para Nietzsche, ésta fue la labor de zapa del cristianismo y del judaísmo.

     «La degeneración de las especies solitarias es mucho más grande y terrible: éstas tienen contra sí los instintos del rebaño... Sus instrumentos de defensa, sus instintos protectores no son a priori fuertes ni bastante seguros; necesitan circunstancias muy favorables para prosperar... Cuando la lucha de clases, dirigida hacia la conquista de la igualdad de derechos, está casi terminada, la lucha se desencadena contra la persona solitaria».

     «Horror me inspira John Stuart Mill y su vulgaridad, que dice: "Lo que es justo para un hombre es conveniente para otro; no hacer a otro lo que no se quiera para uno mismo"; vulgaridad que quiere fundar todas las relaciones humanas en la reciprocidad de la prestación, de modo que toda acción aparece como una especie de pago de cosa que ha sido suministrada. Aquí se anula sencillamente el valor más personal de una acción, o sea, lo que no puede ser compensado o pagado con nada».

     «Sólo hay una nobleza de nacimiento, una nobleza de la sangre (aquí no hablo de la partícula "von" de los títulos nobiliarios, ni del almanaque Gotha). Siempre que se habla de "aristocráticos del espíritu", por lo general no faltan motivos para ocultar alguna cosa. El espíritu por sí solo no ennoblece; es preciso, ante todo, una cosa que ennoblezca el espíritu. ¿Qué hace falta para ello? La sangre».

     «El matrimonio, en el sentido noble y tradicional de la palabra, se trata de la disciplina de una raza, es decir, de la erección de un tipo fijo y determinado de hombre dominador: a este punto de vista son sacrificados hombre y mujer. Ventajas de toda clase para los padres prolíficos. El mandamiento bíblico "no matarás" es una ingenuidad en comparación con la seriedad de la prohibición que impone la vida a los decadentes: "no engendrarás"...».

     «Compasión con los decadentes, iguales derechos para los fracasados; la contra-naturaleza misma como moral. La vida no reconoce ninguna igualdad de derechos entre las partes sanas y las partes enfermas de un organismo; estas últimas deben ser amputadas, o el todo sucumbe».

     «Una raza que no posee espiritualidad en los pies y que ni siquiera sabe marchar, no tiene pies, sólo tiene piernas».

     «Lo aterrorizante forma parte de la grandeza, no nos dejemos engañar».

     «Las águilas atacan en línea recta. La nobleza del alma es fácil de reconocer por la magnífica estupidez con que ataca: derecho».

     «El hombre bien logrado hace bien a mi corazón: está tallado en recia madera, en madera preciosa y perfumada».

     «En verdad os amo, porque no sabéis vivir hoy, ¡oh, hombres superiores!».

     «En la plaza pública nadie cree en el hombre superior. El populacho guiña el ojo y dice: "Ante Dios todos somos iguales". ¡Pero ese Dios ha muerto!».

     «Mirémonos de frente: nosotros somos hiperbóreos».


NIETZSCHE Y HITLER

     Nadie debería confundirse sobre la posición de Nietzsche y las consecuencias que traerá su concepción de la Voluntad de Poder y del Eterno Retorno en la creación histórica del Superhombre.

     Es imposible pretender acusar a Nietzsche de nazista, pero no lo es decir que el hitlerismo ha sido el intento único, honesto y total por realizar sus visiones hasta sus últimas consecuencias, en sus más altas cimas y en sus abismos.

     Hablar de Nietzsche eludiendo todo esto, es pretender quitarle su "veneno", su substancia luciferina, dionisíaca, sivaísta. Es querer entregar un Nietzsche al alcance de la burguesía y de los revolucionarios de superficie. Un Nietzsche que expone pensamientos poéticos, locuras geniales, a menudo incomprensibles, pero que se mueve muy arriba con su águila, sin posibilidades de proyectar su sombra aquí en la tierra, sin cumplimiento de la ley hermética: "Lo que es arriba es abajo". Un Nietzsche que no quitará el sueño apacible del hombre corriente, del intelectual, del literato, del versificador fácil, del político; en suma, un Nietzsche para ser bien editado, vendido y comprado, quizás si un nuevo "best seller", que se hará popular porque se ríe de los alemanes, es decir, de los grandes derrotados de la Historia. Pero se olvidan, o quieren hacer olvidar, que también Nietzsche es un gran derrotado.

     He aquí lo que Nietzsche dice en "Ecce Homo", esa última obra escrita como en trance, poco antes de cruzar el umbral donde nunca podremos saber ya qué ha sido de él, tragado como por esos "hoyos negros" del Cosmos, donde hasta la luz desaparece, o se transforma en otra cosa:

     «Yo soy un alegre mensajero como no lo ha habido nunca, y conozco tareas que son de tal altura, que la noción ha faltado hasta el presente. Hasta que yo vine no hubo esperanza. Con todo esto, yo soy necesariamente también el hombre de la fatalidad. Pues cuando la verdad entre en lucha con la mentira milenaria tendremos conmociones como jamás las hubo, una convulsión de temblores de tierra, un desplazamiento de montañas y de valles, tales como nunca se han soñado. La idea política quedará entonces absorbida completamente por la lucha de los espíritus. Todas las combinaciones de poderes de la vieja sociedad saltarán por los aires, porque todas estaban basadas en la mentira. Habrá guerras como jamás las hubo en la Tierra. Solamente a partir de mí existirá una gran política».

     Y en otra parte:

     «Yo soy un monstruo de la historia de la Humanidad. Yo soy eso que en griego, y no sólo en griego, se ha llamado el Anticristo».

     «¿Se comprenderá ahora la fórmula de semejante destino hecho hombre? La encontraremos en mi Zarathustra».

     «Yo conozco mi destino. Un día mi nombre irá unido a algo formidable: el recuerdo de una crisis como jamás la ha habido en la Tierra, el recuerdo de la más profunda coalición de conciencias, el recuerdo de un juicio pronunciado contra todo lo que hasta el presente se ha creído, se ha exigido, se ha santificado. Yo no soy un hombre, soy dinamita».

     Luego:

     «Yo no hablo jamás a las masas...».

     Es difícil poder encontrar una profecía más extraordinaria: «Un día mi nombre irá unido a algo formidable, el recuerdo de una crisis como jamás la ha habido en la Tierra...».

     Nietzsche habla de recuerdo. En verdad, él está recordando, viajando desde el futuro hacia el pasado, en el Eterno Retorno, porque todo eso ya ha sucedido infinitas veces en la eternidad, con "cambios en las leyes, aunque no en las fuerzas"; y de esa catástrofe él pudo haber salido triunfante en otras ocasiones, o lo saldrá en la próxima, en el Círculo del Eterno Retorno, como es posible también que no se haya vuelto loco antes, o no se vuelva nunca más.

     Nietzsche está "pre-captando" el Futuro, lo está "recordando". Porque en la "visión reside la nostalgia".

     Como hemos dicho, Alemania, el pueblo de Nietzsche, un pueblo filosófico, se enamora de él. El alma colectiva alemana, que es siempre femenina, como en todo pueblo, se enamora de Nietzsche ―o de Zaratustra―, quien la ha "despertado con un látigo" y da a luz el sueño total del SuperHombre. Hitler será el "rayo que anuncia la tormenta". La encarnación, o el hijo de Zaratustra. Además, hará posible la reconciliación en sí y en la Alemania de Nietzsche y Wagner.

     Estamos ahora de lleno sumergidos en el mundo del Mito y de los Símbolos.

     Jung vio también esto. Son muy poco conocidas sus entrevistas de Radio Berlín, en Junio de 1932, en "The Observer", de Londres, en 1936 y en "The Hearst International Cosmopolitan", de Nueva York, en 1939.

     Jung afirma que hay dos tipos de dictadores, o "jefes de tribu", para usar sus términos: uno es el jefe propiamente dicho, incluyéndose aquí Mussolini, Stalin y hasta Roosevelt. Ningún pueblo o nación escapa a una mentalidad tribal, segun Jung. El otro tipo corresponde al hechicero-médico ("witch doctor"), al jefe mágico. Y aquí incluye a Hitler, un médium según Jung. A traves de él se revela el alma colectiva alemana. Mussolini y Stalin dan la sensación de una fuerza vital poderosa, pero humana, personalizada. Hitler está despersonalizado y su expresion es mediúmica, de sueño o ensueño. Jung ha visto a Mussolini y a Hitler juntos. El primero era un ser humano lleno de simpatía, de fuerza, de calor vital. El segundo no estaba allí, no era; a través suyo actuaba otra fuerza. Como si fuera una máscara, no mostraba ningún signo humano. Dice:

     «Con Hitler se siente terror, uno sabe que nunca logrará conversar con ese hombre, porque no hay nadie allí. No es un hombre, es una colectividad. No es un individuo, es toda una nación. No se puede explicar a Hitler por un contacto personal, como no es posible explicar una gran obra de arte examinando la personalidad del artista. La gran obra de arte es el producto del mundo como tal, donde el artista vive, y de los millones de personas que lo rodean, y de los millones de corrientes de energías que circulan a su alrededor... Un hombre así no se casa. Si lo hiciera dejaría de ser Hitler. No me extrañaría si hubiera sacrificado su vida sexual enteramente por la Causa... Hitler no tiene ambiciones personales. Se dirige y dirige por revelaciones. Hitler ha declarado que escucha una "Voz"».

     Recordemos que cuando se le aconsejaba no retirarse de la Sociedad de Naciones, se aisló por tres días y retornó diciendo: "Alemania debe retirarse".

     «La "Voz" que escucha es la del Inconsciente Colectivo, especialmente la del Inconsciente Colectivo de su propia raza... Una forma bajo la cual este inconsciente se aparece a un hombre es una figura femenina. Del mismo modo, a la mujer deberá aparecérsele en la de un hombre».

     «Pongamos un interesante ejemplo: La "Voz" ordenó a Hitler invadir Checoslovaquia y le aseguró que todo iría bien. Pero su razón humana le mostraba los peligros. Y por primera vez la voz de Hitler-hombre tembló, su respiración se hizo dificultosa en su discurso ante el Parlamento. ¿Qué ser humano no sentiría temor en ese instante, cuando se jugaba el destino de cientos de millones de individuos?. Hitler era un hombre realizando algo de lo que sentía un miedo mortal, pero a lo que se veia forzado por la "Voz"».

     El análisis de Jung es de una importancia capital si se tiene además en cuenta que también él se estaba jugando en el destino de Alemania algo inmenso: la posibilidad de ampliar su doctrina, superando el "psicologismo" en que ha quedado envuelta. Y tal vez quede así para siempre, al faltar ahora él. Lo que voy a decir no lo ha dicho nadie: Jung tambien perdió la guerra junto a Alemania. Y esto no se podrá remediar en esta "ronda". Jung lo supo, estoy seguro. La serie de ataques al corazón que minaron definitivamente su poderosa constitución física y su salud, se produjeron casi inmediatamente después de finalizada la guerra. Luego, todo lo que Jung escribió sobre el nazismo y sobre Hitler pasa a ser diametralmente opuesto a lo que había expresado antes. Jung se defiende, se disfraza, para poder salvar su propia obra, comprometida a fondo por lo que escribiera sobre el Inconsciente Colectivo ario y el Inconsciente Colectivo judío, algo que no se le perdona y que transforma en "tabú" sus libros en ciertas naciones de la Tierra.

     No se le perdona, tampoco, su descripción del judío como "un nómade que nunca ha creado una cultura propia y en el cual todos sus instintos y talentos necesitan de una nación mas civilizada que lo reciba como huésped para su desarrollo". Y agrega: "¿Podemos creer que una tribu de vagabundos en la historia, como pueblo elegido de Dios, no ha llegado a esta idea por una especial peculiaridad psicológica?".

     Jung conocía a fondo a Nietzsche, como hemos dicho, su apreciación del Selbst, del Inconsciente, etcétera. Para él la palabra "barbarie" tampoco significa inferioridad, sino todo lo contrario.


LOS DOS INCONSCIENTES COLECTIVOS

     Inconsciente Colectivo para Jung es ese mar donde habitan los dioses, los mitos, las leyendas; en una palabra, el Destino de la Humanidad. Nietzsche llamaría a esto Voluntad de Poder. Los Arquetipos de Jung son las "Ideas más Poderosas" de Nietzsche. En la Antigüedad fueron los Dioses. Palabras distintas para referirse a fenómenos siempre desconocidos. Y tanto Jung como Nietzsche saben que no saben mucho de lo que están hablando. Y ambos, de seguro, experimentaron más de lo que dijeron. Jung declaró que esos Arquetipos eran "autónomos". Es decir, actuaban por su propia cuenta. Y al final de sus días acuñó el vocablo "Psicoide" para indicar todo aquello que sobrepasa la psiquis, porque pareciera suceder fuera
de ella.

     Recuerdo mi entrevista con Julius Évola, el pensador italiano. Sostenía que Jung había "psicologizado" asuntos espírituales, pertenecientes a la sabiduría hermética tradicional. Yo le exponía mis sospechas de que Jung también lo sabía, con el drama de haberlo hecho, de haber tenido que hacerlo.

     La clave se encuentra en su afirmación de la existencia de dos Inconscientes Colectivos: El Inconsciente Colectivo ario y el Inconsciente Colectivo judío. Con esto Jung ha dividido a la Humanidad en dos mitades definitivamente, en seres de procedencias distintas, provenientes de astros distintos. Ha dado así la justificación más seria y profunda al conflicto universal, a la guerra, que se transforma en Guerra de Mitos, de Arquetipos y Símbolos. Es decir, en Guerra de Dioses. Ese conflicto al que Nietzsche se referia en "Ecce Homo", que "veria convulsiones de montañas, de valles y de oceanos".
                                                                       
     La explicación que Jung diera de las diferencias de esos Inconscientes Colectivos es de capital importancia. El tema es trascendental. Una manera diferente, opuesta, de captar y expresar los Arquetipos, de enfrentarlos y hasta de ser poseído por ellos, por esos dioses y demonios. Modos incompatibles, definitivos.

     Existe, por supuesto, un medio de conectar este descubrimiento, de proyecciones incalculables, con la concepción nietzscheana de la Voluntad de Poder y con el Eterno Retorno. Nietzsche se ha referido a las formas directas, aquilinas, y a las solapadas y torcidas de expresar esa Voluntad. Julius Évola las caracteriza como ario-solar y semítico-lunar (en cuanto al Eterno Retorno, es revelación del Inconsciente Colectivo ario, exclusivamente). En el ario, la Voluntad de Poder se expresa como en el águila, "atacando derecho", perdiendo hoy ("en verdad os amo, porque no sabéis vivir hoy, ¡oh, hombres superiores!" ) para ganar mañana, es decir, eternamente, gracias al valor del Arte y al Sentido, que harán posible la "modificación de las leyes" y la creación del Superhombre. transformando al Dios de los Perdedores, Lucifer, en vencedor, en Kalki, jinete sobre un Caballo Blanco, al fin del Kali-yuga, la Edad del Lobo, para restaurar la Edad Dorada, del Cóndor, "que ataca derecho".

     La posibilidad que Jung pierde en este ronda es la de ampliar su concepción de los dos Inconscientes Colectivos (y más de dos), sacando todo el tema del recinto de la psicología y del "psicologismo", para conectarlo con la doctrina tibetana del Tulku. Lo ha dejado vislumbrar cuando afirma que "a través de Hitler no se está expresando una sola persona, sino muchas". Hay sólo un paso al "espíritu de Raza", a que se refieren los ocultistas y el hinduísmo. Este "espíritu" para los judíos sería Yahvé, el Demiurgo. En los arios es Wotan, Dios del Viento, del huracán. Jung señala el hecho significativo de que las tropas de asalto del nazismo se llamaron Sturmabteilung. Y declara que en la mirada de Hitler se descubre un visionario, un profeta: "Desde los tiempos de Mahoma no se ha visto nada semejante". Hitler pudo ser así la aparición de un Tulku, es decir, de un ser que se ha salido del Círculo, de un Boddhisattva, que vuelve voluntariamente a cumplir una misión, no pudiendo hablar más en "yo", sino en "nos", porque ya no es uno solo, sino todas las individualidades del Círculo a su disposición. No es una persona, sino un "espíritu de Raza".

     Del mismo modo, podremos llegar a ver muy pronto la encarnación de Yahvé, del "espíritu de Raza" de ese otro Insconciente Colectivo, en el "Mesías" judío, en su "Rey del Mundo", del que nos hablan ciertos documentos. Porque ellos han ganado una importante batalla de la Guerra Eterna, que no termina aquí.

     El movimiento hitleriano ha sido el intento único y grandioso de realizar a Nietzsche y producir el Superhombre, de modo que sería más justo decir nietzscheísmo que nazismo. En el Eterno Retorno esto es imborrable y se reproducirá siempre. Afirmar, como lo hacen los que hoy pretenden "des-nazificar" a Nietzsche, que el hitlerismo fue un movimiento de masas, de gregarismo que habría repugnado al solitario e individualista de Sils Maria, es no entender lo que el hitlerismo realmente fue. Citemos nuevamente a Jung, en su entrevista de 1936:

     «En Alemania se trabaja hoy por la creación de una aristocracia. Los hombres de las SS están siendo transformados en una casta de Señores Dirigentes ―de caballeros templarios o teutónicos― que gobernará a sesenta millones de nativos... Después de la dictadura, una oligarquía, de algún modo. Una decente oligarquía ―llamémosla aristocracia si lo deseamos― es la más ideal forma de gobierno. Alemania e Italia tienen una oportunidad. Sin un ideal aristocrático no hay estabilidad... Inglaterra le debe al gentleman la posesión del mundo».

[Nota del E.: Dicha entrevista y otras también interesantes hechas a Jung pueden revisarse completas en castellano en http://editorial-streicher.blogspot.com/2014/12/carl-g-jung-entrevistas-1933-1939.html].

     Algo que Jung desconocía, o sobre lo que no quiso hablar, es que Hitler y sus SS tenían detrás toda una Escuela de Iniciación. De haberse referido a ello, quizás lo habría "psicologizado", buscando también explicaciones por medio de su técnica psicoanalítica a algo que se escapa hacia otros planos. Ciertamente, Hitler era nietzscheano, y en los cuarteles-templos SS, en sus laboratorios mágicos, se estaba dando forma a la raza del Superhombre, del Übermensch, del Sonnenmensch, "Señor de la Tierra", que se incorporaría a la Voluntad de Poder como representante de la "Personalidad Absoluta", destinado a gobernar la Historia y el mundo. Pero además, Hitler era un iniciado y su yoga fue tambien la tántrica, en una versión occidental hiperbórea, hasta ahora desconocida. La practicaron los dirigentes secretos y los más altos jefes SS, que no pertenecían al partido nacionalsocialista ni nunca vistieron de uniforme. Ellos no fueron conocidos por los dirigentes políticos ni por los jefes visibles de los SS. Así sucedió también en otros tiempos con los dirigentes secretos de los templarios.

     Es importante conocer que tambien Heidegger perteneció al partido hitlerista. La svástika levógira, la del Retorno dentro del Círculo, pasa a ser el signo del Hitlerismo Esoterico. Es el emblema de la Voluntad de Poder y del Eterno Retorno, del Inconsciente Colectivo ario.


EL NIHILISMO ESTABA SUPERADO

     El Hitlerismo Esotérico, nietzscheano, transmutó todos los valores, haciendo posible la superación del "nihilismo con espíritu de venganza". De nuevo ofreció a la Voluntad de Poder, despues de dos mil años, cauces de expresión, y a las juventudes del mundo, no solamente de Alemania, fuerza, alegría de vivir, renacer de la sangre del alma, aventuras, horizontes ilimitados, ansia de vivir y de morir, Eterno Retorno, sueño, "nostalgia de una finalidad".

     Toda Europa vislumbró una superación y un sentido en la extensión hacia el Este de su Voluntad de Poder. Un puñado de "hombres superiores", de Sonnenmenschen, de hombres-Sol, de Superhombres, de ascetas-guerreros, controlaría y dominaría las más vastas regiones del planeta, dándoles un sentido, un "Nuevo Orden" jerárquico.

     Jung, en la entrevista de 1938, implora a los norteamericanos, a los ingleses, a los franceses, que dejen a Hitler marchar hacia el Este. "Tendrá cien años", decía, "para digerir eso". Y Hitler no iba a ninguna otra parte sino al Este. Sabido es que pudiendo destruír a los ingleses en Dunkerque no lo hizo, oponiéndose a sus generales. Hitler, el Tulku, el Führer germano, desea dar a todo el Occidente y también al Oriente, a la misma Rusia, a la América nuestra, un nuevo mundo transfigurado, una "transmutación planetaria de todos los valores", otra posibilidad de realización de la Voluntad de Poder en una "Formación Mundial de Soberanía", un "Estado Mundial en Forma", el nuevo "reposo" de otra Edad Solar, Dorada, para la Tierra, para la Energía. Sus Sonnenmenschen habrían sido seleccionados en distintos lugares del mundo.

     El instrumento para ello se encontraba en la iniciación especial tántrica y en el sentido heroico del Eterno Retorno.

     Pero Jung debería saber que su llamado no sería atendido por los representantes de ese "otro Inconsciente Colectivo", cuyos valores han estado deformando por dos mil años la Tierra. Su Demiurgo no podía permitirlo y ellos tampoco. El conflicto era de mundos, de astros, de firmamentos. La razón nada tiene que ver en esto, es una insignificante corteza, una isla en medio de un mar pavoroso. Es una broma hacer un llamado así a la razón.

     Destruída la posibilidad nietzscheana de transmutación de todos los valores y de la creación del Superhombre, para sobrepasar el nihilismo de los siglos XVIII y XIX ("porque a menudo las especies superiores son vencidas por la astucia de las inferiores"), se cae de lleno en el nihilismo y terrorismo de este siglo XX. Nada de lo que intenten las democracias hoy, los representantes del espíritu lunar, evitará la catástrofe. El estilo que reina, porque no puede reinar otro, es el de la "venganza", de la auto-destrucción. La Voluntad de Poder, volviéndose contra sí misma y contra todo aquello que la obstaculiza, especialmente contra la civilización tecnológica de nuestros días, se halla dispuesta a destruírlo todo antes de completar su petrificación. Los valores periclitados luchan por permanecer en control de la Historia; mas, todo lo que de ellos proceda, hasta un nuevo "Mesías", un "Rey del Mundo", no puede ser más que una parodia, un robot, un Golem.

     Para el final de la Época de Piscis y comienzo de la de Acuario, Jung temía el hundimiento de una nueva Atlántida, lo que no sería de extrañar cuando el poder destructor, la bomba de hidrógeno, ha pasado a manos del hombre lunar, del "esclavo", de la "plebe" nietzscheana. Pronto puede tenerla el terrorista joven. Todos ellos son los representantes del nihilismo negativo, con espíritu de venganza.−


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