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jueves, 19 de diciembre de 2013

Miguel Serrano - Sobre la Sociedad Chilena II



     Y nuevamente del mismo libro "Adolf Hitler, el Último Avatãra" (1982) de Miguel Serrano hemos seleccionado la continuación de la entrada anterior que son los siguientes seis capítulos (de la misma Tercera Parte del libro), dos de ellos no enteros, donde prosiguiendo con las definiciones del matriarcado y con razonamientos de Nicolás Palacios, se aborda una parte de la historia chilena, el ciclo racial chileno, el golpe militar de 1973 y la imposición del siniestro modelo económico del judío Premio Nóbel Milton Friedman, y de otros asuntos relacionados y permanentes en la obra del escritor chileno, capítulos en que analiza y especula posibles caminos de salida nacionalsocialista, reflexiones en pleno gobierno de Pinochet (quien colaboró en la destrucción capitalista del país tras evitar su destrucción socialista), salidas no sólo para Chile sino en general para el Cono Sur de América y para todos los pueblos que gimen bajo el yugo del capital judío internacional. Así, a treinta años de ser escritos, el diagnóstico y la prescripción de Serrano siguen siendo válidos.



EL CICLO RACIAL CHILENO


     En las sociedades matriarcales adquieren preponderancia los jóvenes imberbes y pretenciosos. La madre muestra preferencias por los más jóvenes. Siente rivalidad por los hombres maduros y por los ancianos. En Estados Unidos los niños y los jóvenes imponen sus caprichos. En Chile, en los últimos años, han controlado la economía y la vida del país, con toda clase de experimentos y teorías nefastas. El tecnócrata, el economista, las sociedades de consumo, son productos típicos del matriarcado. En las organizaciones patriarcales gobiernan los hombres maduros, sin prestarse a experimentos teóricos ni a especulaciones. Los ancianos aconsejan. A ellos se escucha y se recurre en las pequeñas y grandes crisis. El matriarcado siente preferencia por el cientificismo, las teorías y la tecnología, desplazando al filósofo, destruyendo la Weltanschauung, la concepción tradicional del mundo. El cientificismo, la tecnología, no necesitan de la filosofía ni de la sabiduría para desarrollarse y ser aplicadas. Una pistola, un proyectil teledirigido, una bomba atómica, los pueden disparar por igual un asesino y un cobarde, con sólo apretar un gatillo o un botón. Una espada solamente la podría usar un héroe y un valiente. Hoy, los tecnócratas viajan a la Luna. Lo primero que se les ocurre al pisar su suelo, es arrojar una pelota de golf. En el próximo viaje, si es que lo hay, seguramente van a organizar un partido de fútbol. Y todo ello transmitido por la televisión (¿visión a distancia?) para hacer las delicias de un público matriarcal de cretinos, que ya piensa poder realizar un picnic en la Luna, comprando boletos anticipados para tan importante evento turístico.

     Son los signos de los tiempos, de la Gran Disolución, en que nada perdura y hasta los Dioses mueren. Los choferes de taxis cósmicos se preparan a viajar con sus máquinas de hierro o de plástico a la superficie de las esferas del Universo, para no ver nada ni encontrar a nadie, sólo el vacío, reflejo solidario de su propia alma. Es la civilización tecnológica del hombre-hormiga, del hombre-masa. Ni siquiera del hombre: de la Madre. Es la destrucción de la posibilidad del Hombre-Divino, del Hombre-Total, del Súper-Hombre. La tecnología, la cibernética, el cientificismo, son un producto del matriarcado negroide de Estados Unidos y del mongolismo finés, con ejércitos de mujeres, de los eslavos y de los soviets. Los trasplantes de órganos físicos, como cambio de piezas de un automóvil, para prolongar la existencia material de la "máquina del cuerpo", llenará el planeta de cadáveres-vivos, de cien o más años, que sólo perduran para rumiar alimentos día y noche, como las vacas, o para mascar goma y divertirse destruyendo la posibilidad de librar el Gran Combate, la Gran Guerra. Es el paraíso del cabaret televisado, del circo deportivo y del periodismo insulso y dirigido. El matriarcado, el reino de la mediocridad y de las masas. La Tecnología es igualitaria, anti-jerárquica. Se halla a disposición de todos los hombres y de todas las razas. Cualquiera tiene acceso a ella. Pronto el terrorismo asesino adquirirá armas atómicas y rayos láser.

     Los apóstoles de la mescolanza han logrado bastardear a toda la Humanidad, con su hábil política controlada desde los centros secretos de un poder omnímodo. Sus sirvientes, sus yanaconas arios, cumplen con las órdenes de destruírse a sí mismos y a sus descendientes, por imbecilidad adquirida, por cobardía y bajo el látigo del dinero y la amenaza del hambre y la miseria. ¡Miserables y cobardes!. Las viejas naciones coloniales se encuentran invadidas por gente de color de sus ex colonias, por los esclavos de la Atlántida y hasta de la Lemuria. Los otros países blancos, que no fueron potencias coloniales, o que las perdieron en la Primera Guerra Mundial, están siendo sumergidos por masas de obreros de color que hacen el dirty work. Casi no se haría necesaria una tercera guerra mundial atómica para acabar con los últimos blancos sobre el planeta. Y con las últimas posibilidades de vida espiritual y plena, más allá de la barbarie científica y tecnológica.


     El "ciclo racial chileno" está a punto de cumplirse, habiendo sido recorrido de la siguiente manera: En la Conquista y la Colonia fue la vida heroica del campamento guerrero, en las condiciones ya descritas de dureza y con la práctica del admapu araucano, del amancebamiento con varias mujeres, arrebatadas como trofeos a los indios. En la Colonia predominan aún los nobles sin pergaminos, los hidalgos separados, casi en castas, de los comerciantes, de los escribientes, etcétera. Ya han traído sus mujeres de Europa, pero el nuevo mestizaje está en marcha, es inevitable. No existe, además, razón ni conocimiento aristogenético en esa sociedad colonial donde domina el eclesiástico, con su concepción de la igualdad de las almas. Con la Independencia y la aparición de Portales (a quien siempre le va mal en el comercio, aunque ridículamente en este país se le ha nombrado "Santo Patrono" de los comerciantes, quienes le celebran en el Día del Comercio), vienen los decenios de gobierno impersonal, sobrio, honesto, de los hombres probos y pobres, que no llegan a enriquecerse con la política, empobreciéndose aún más. Gobierna la casta en que todavía predomina el espíritu gótico. La Revolución del 91, en la que Palacios no toma partido, señala el ascenso del mestizaje de un color más subido. Con la aparición del político Arturo Alessandri Palma, la descomposición aumenta, de modo que se hará necesaria la intervención del coronel Carlos Ibáñez del Campo. Desgraciadamente, no puede restaurar el estilo portaliano-gótico; además, ésta no fue su intención. Racialmente, ya no es posible. El mismo hecho de haber tenido éxito un golpe militar señala un cambio genético en la comunidad. Las décadas del Frente Popular y de los gobiernos del Partido Radical significan la llegada a las alturas del elemento andaluz-semita e indígena. Lo que sigue, con algunos interregnos, no es más que la fatal pendiente de la descomposición del mestizaje en Chile, pudiendo así el judío aflorar libremente en la superficie, como el gusano que ayuda en la descomposición del cadáver. Con la Democracia Cristiana, será el judío Chonchol quien se hace cargo de la política agraria y la destrucción del campo tradicional. Con la Unidad Popular, es el mismo Salvador Allende Gossens, judío por la línea materna, quien introduce al afro-cubano a Chile, bajo la dirección de Fidel Castro, intentando incorporarse en la acción internacional terrorista y desintegradora. La política agraria sigue la línea señalada por Chonchol, destinada a la destrucción total de la "sangre y el suelo" de la patria.

     Quisiéramos poder explicar con claridad este tema de una trascendencia que escapa al ámbito limitado de un país tan pequeño como el nuestro, pero que servirá en su esquema simplificado para proyectarlo al ámbito mundial, en una concepción racista planetaria. No deberá verse en nuestro análisis un intento de crítica individualizada de hechos y personajes. No tomamos aquí partido alguno, pues nada de eso nos interesa; sólo estamos describiendo, con la intención de remontamos, mejor dicho internarnos, en fenómenos arquetípicos, que obedecen a leyes repetitivas, que sucederán inevitablemente, porque así ya acontecieron en el Eterno Retorno y que, de poder ser evitadas, únicamente lo serían por la magia del milagro, a la que hemos hecho referencia.

     El ciclo racial chileno ya se ha cumplido. Así, toda nuestra brevísima e intensa historia, de unos pocos siglos, pareciera ir llegando a su fin, con algunas escasas e insignificantes realizaciones y muchas esperanzas frustradas. Nuestro mestizaje no daba para más.

     Lo que se ha llamado destino, también podría llamarse karma, término sánscrito que el lector ya conoce. Y todo esto estaba prefijado por la sangre, la raza, o la no raza. Allí está escrito. Cuando llega el final, la descomposición y la muerte, son los microbios de la anti-raza los que afloran para cumplir con su función de disolver el cadáver. Ellos, por lo demás, han estado trabajando todo el tiempo, en forma solapada y latente; como los virus, están siempre allí, aun en el mejor estado de salud del cuerpo. Secretamente, han trabajado para su muerte. Quizás el araucano tuviera razón cuando afirmaba que la muerte no es un fenómeno natural sino producido desde afuera y que sólo se puede combatir por medio de la magia, del exorcismo, del sahumerio, obligando al agente de la muerte a salir del cuerpo enfermo. Fue lo que intentó hacer Hitler en Alemania. En Chile habríamos necesitado de un Gran Machi para poder salvarnos.

     Si el judío aparece en la superficie con el Frente Popular, con los sefarditas Abraham Ortega Aguayo, ministro de Relaciones Exteriores del presidente Pedro Aguirre Cerda, y Joselín de la Maza Gómez, su subsecretario, quienes facilitan la entrada de miles de judíos europeos a Chile, y con los judíos Natho y Bergman, el proceso se continúa con los decenios radicales, con ministros "chuetas", y se consolida con la Democracia Cristiana y con Allende. Si hay algo que realmente pareciera irreversible es esto, sin importar quién esté en el poder ni en el gobierno del país. Porque es asunto racial, de la descomposición del mestizaje, un proceso que escapa a la dirección y decisión de la razón pura. Es un Destino, un karma genético. Aquí y en todo el mundo. Por eso, cuando Allende es derrocado y se produce el golpe militar de 1973, el cambio deberá ser únicamente en la superficie, de una gente casi igual, por otra no muy diferente. Aunque en el estilo y aspecto visible de la vida las cosas parecieran distintas, en el fondo se irá en la dirección única, inalterable. El enemigo que se combate afuera no está ahí, está adentro. Y adentro, los que intentaban destruír el agro tradicional, el suelo y su sangre con el marxismo, son idénticos, racialmente hablando, a los que luego lo han hecho con el supercapitalismo, con el sistema liberal y el monetarismo. El judío ha sido amo y señor en todos los casos. Y esto por falta de instinto racial chileno. Porque nunca existió este instinto, porque nunca hubo raza chilena. Lo que hubo fue un mestizaje en descomposición. Su ciclo se ha cerrado.


EL GOLPE MILITAR DE 1973


     No es simplificar decir que en Yalta el judío tomó posesión oficial del mundo, dividiéndolo entre sus congéneres en el poder en Rusia y sus congéneres en el poder en Estados Unidos. El juego aún permitido consiste en saber cuál de los dos se queda con el dominio total del planeta. Es un juego al estilo judío, es decir, sangriento, y en el que él mismo se destruirá junto con el mundo.

     En medio de este argumento se introducen, como de contrabando, algunos personajes pintorescos, que son permitidos para poner un poco de color en los acontecimientos y así despistar al resto, tendiendo una cortina de humo sobre la verdadera realidad que, de otro modo, podría aparecer monótona y demasiado evidente. Es así que se dan los casos de Fidel Castro, Kadaffi y Salvador Allende, más otros que aún podrían ir apareciendo.

     Ninguno de estos sujetos podrá hacer un juego propio, porque están sirviendo los intereses del amo único e indiscutido. En el caso de Castro y de Allende no había mucha libertad de maniobra, desde el comienzo, pues uno es marrano y el otro fue directamente judío por su madre. Sus instintos deberían llevarles a tratar de destruír a la gente con la cual convivieron y la tradición, si la hubo, la alegría de vivir, el contacto vital con el suelo de la patria. Ambos introdujeron a los rusos. Fidel Castro es un "yanacona", un "curaca" de los judíos soviéticos. Allende se movía en la misma dirección cuando fue derrocado.

     Difícil sería explicarse el caso de Allende si no se tiene en cuenta la mitad de su sangre volviéndose contra la otra mitad. Perteneciente a la pequeña burguesía chilena, habiendo disfrutado de todos sus beneficios y, sobre todo, conociendo —por ser masón y político de experiencia— que el mundo había sido dividido en Yalta por sus mismos congéneres, se entrega a Fidel Castro y a su organización de la OLAS [Organización Latinoamericana de Solidaridad], para crear la subversión continental. El Partido Comunista chileno y los rusos no tenían ninguna fe en Allende. Deciden sólo aprovecharse al máximo de la oportunidad que les ofrece para obtener el know how norteamericano de las minas de cobre y hacer un levantamiento hidrográfico en toda la zona Sur de los canales, del Estrecho de Magallanes y en la Antártica chilena, de gran valor estratégico para los altos mandos militares de la Rusia Soviética. Sabían que el asunto no podía durar mucho y sólo jugaban la carta del tiempo.

     Salvador Allende tuvo en sus manos haber intentado transformar a Chile en un país socialista del tipo de los escandinavos, algo que Estados Unidos le habría permitido y que era lo que de él se esperaba. Pero su instinto autodestructivo y los lazos con Fidel Castro y el MIR, la guerrilla armada chilena y la OLAS (Organización Latinoamericana para la guerrilla y el terrorismo) no lo dejaron. Los comunistas lo acusan de haber sido responsable de la dictadura militar en Chile, por carencia de flexibilidad y de realismo político, al haber cerrado todas las puertas para una posible salida de compromiso. Así fue; pero lo cierto es que salida no la hubo nunca, desde el principio, porque ni Allende ni Chile la tenían. Los hechos políticos y sociales de los pueblos siempre son símbolos de una realidad más profunda. Ya hemos dicho esto al referirnos al fenómeno del subdesarrollo económico de Hispanoamérica.

     Tal como con las décadas oscuras y olvidadas de los años treinta, no es mi intención transformarme en el historiador adelantado de los sucesos de los años setenta, ni siquiera en su intérprete. Sin embargo, el drama incide en el tema de este libro: las acciones arquetípicas a través de los registros automáticos y semiautomáticos de la sangre. El pathos del Destino. (...)


     Aunque no estuve en Chile durante ese período siniestro de la Unidad Popular, mi familia permaneció aquí. Mi hermano y mis hermanas y sus hijos combatieron y estuvieron dispuestos a perder sus vidas. Para alimentar a sus hijos debían hacer colas interminables en los racionamientos, que comenzaban a formarse durante la noche, la mayoría sin éxito alguno, porque los alimentos se agotaban pronto. Los civiles, con escaso armamento, la mayoría con simples palos o armas de cocina, se organizaban por barrios para defenderse de los batallones comunistas y del MIR, de los "cordones industriales", que se dejarían caer en cualquier momento sobre la población. Los civiles, hombres y mujeres, estuvieron dispuestos a pelear y a morir, como Don Pedro de Valdivia y sus acompañantes, pocos y menos armados, frente a la horda mapuche. Las Fuerzas Armadas en ningún momento sufrieron como el civil; por el contrario, eran halagadas por Allende; éste las temía y las necesitaba. Actuaron en el último momento, de modo seguro y con conexiones. Casi de inmediato establecieron esta división enojosa y tajante con el civil, borrando de una plumada toda la historia de Chile, por así decirlo, todo lo que el civil ha hecho, aun la misma Guerra del Pacífico, planeada por Portales y ganada por Vergara y Sotomayor. Mi hermano Diego, que interviniera a fondo para derrocar a Allende, anónimamente, como tantos otros, no pudo resistir el clima posterior de injusticia y fue decayendo visiblemente, con el alma contrita, hasta morir.

     ¿Qué había pasado? Yo, que venía del extranjero, podría tal vez descubrirlo mejor. En el corto espacio de un día y de una noche todo cambió definitivamente. Y esto no podía ser un fenómeno explicable de manera corriente ni natural. Era algo sobrenatural. Lo más admirable fue que los habitantes de este país parecían no darse cuenta del suceso, entrando a formar parte o a propiciarlo sonambúlicamente, incluyéndose como piezas fatales del mismo. No hacía mucho, en un viaje anterior a Chile, había participado en reuniones llenas de vida y de inteligencia. Ahora buscaba a la misma gente, y no eran nada, como si un alma, un espíritu los hubiese abandonado y ellos lo aceptaran sin reclamos. Este espíritu se había también muerto, aun sin ellos saberlo, junto con el lado contrario, con el "enemigo". Un alma tradicional chilena, una figura, tal vez blanca y femenina, como aquella que abandonó el Occidente tras la última guerra, había dejado Chile para siempre. Otro era el espíritu que se encarnaba.

     Se acabaron las risas, las sonrisas amables, sólo caras adustas, gestos duros, gente que se cuadra al saludar. En la Alemania de Hitler, en plena guerra, nunca fue así. No lo fue en la España de Franco ni aun durante su Guerra Civil en la que realmente murió un millón de combatientes.

     Otro espíritu. ¿Qué espíritu era ése?. Desde una ventana miraba la siniestra noche. Calles vacías, disparos, tableteo de metralletas. Luces vacilantes, un automóvil que pasaba a velocidad de pesadilla, seguramente escapando de algo. Y la vieja noche, la noche de Jasón venía a mi recuerdo.

     En una reunión, un hombre joven y triste contó un sueño que había tenido: La montaña se rompía, la roca saltaba en mil pedazos. El no habló de los gigantes, pero no pude dejar de conectar su sueño con ellos, porque, desde lejos, había estado pidiendo su intervención para salvar a Chile. Bien, los gigantes habían salido de la roca de los Andes y nos habían salvado; pero de nuevo se habían ido, porque el principio cinchecona del alma del Re-ché-frisón (no del mapuche-mongol), y el Führer Prinzip, del alma visigoda aria, de la Hiperbórea surpolar, iban a ser traicionados, violados. Porque en Chile ya no había restos de sangre frisona en el mestizaje con el indio, ni de sangre visigoda en el componente blanco.

     Aquí el cinche, el jefe elegido libremente para el momento de mayor peligro, para esa emergencia, se iba a inmovilizar en el poder, con las consecuencias funestas que esto traería para el alma y el destino de la nación. Y si esto así había acontecido, imponiéndose a la fuerza el jefe elegido y aceptándolo el pueblo, es que los componentes raciales ya no eran los mismos y la involución genética se había acelerado. Chile, después de un siglo, se había transformado en dictadura militar, como un país centroamericano cualquiera. La merecía, la pedía genéticamente.

     Como dato ilustrativo del fenómeno, puede afirmarse que no es el pueblo indígena ni la gente de color la que protesta hoy por la dictadura del cinche, sino la más acomodada y más blanca, la clase alta, digamos. Este es un asunto que nada tiene que ver con la razón ni con la economía. Es cosa de la sangre.

     Me di cuenta muy pronto de que yo no tenía nada que hacer aquí, agradeciendo al destino que me hubiese impedido colaborar. Sentí, sin embargo, el deber de decir lo que pensaba y criticar los errores que cada vez se iban haciendo más visibles. Escribí en contra del sistema económico que se estaba imponiendo. Fui invitado a dar una charla sobre Nicolás Palacios en la Academia Superior de Seguridad Nacional, en Santiago, frente a almirantes, generales y autoridades universitarias. Ahí dije lo mismo que aquí estoy escribiendo. Luego, hice circular esa charla en un pequeño folleto fotocopiado, pues la censura de libros no me habría permitido editarla.

     Así, tengo mi conciencia tranquila, cosa que no podrán decir algunos nacionalistas viscerales, que apoyan toda dictadura que se declare anti-marxista y haga uso irrestricto de la bandera y del himno nacionales. Ellos, que no han tenido arte ni parte en lo que aquí se ha hecho en estos últimos diez años, cargarán con los errores históricos y serán acusados. Porque es consigna del marxismo, repetida automáticamente por los demócratas anti-marxistas, acusar de fascista y nazista a cualquiera dictadura militar sobre la Tierra y hasta en el cosmos, en el cine de ciencia-ficción, pretendiendo ignorar y hacer olvidar que el fascismo, y más aún el nazismo, fueron concepciones filosóficas, sociales y económicas totalmente diferentes de la marxista y de la capitalista, porque intentaron dar una solución global a la problemática social. El mismo término nacionalsocialismo —socialismo nacional, no internacional, no judaico— indica una procedencia y dirección diferentes, en ningún caso capitalista. Tampoco el término "nacional" debería inducir a error y a confundirse con ese nacionalismo epidérmico, emocional, sensiblero y sin mayor contenido. El nazismo alemán y el fascismo fueron lo más distinto de imaginar de las dictaduras militares prolongadas, que caracterizan los conglomerados étnicos donde ha entrado a predominar el elemento de color en el mestizaje, como en el centro y el Sur de América, en el Asia Amarilla y en el África negra; también en una Argentina "sicilianizada".

     Estos diez años de gobierno militar chileno son únicos en el mundo occidental. Franco, en España, mantuvo a los militares en los cuarteles. Se debió esto, quizás, a la influencia del fascismo y del nazismo, en su mejor época, que habían sido movimientos filosóficos y de la civilidad. Digamos, del guerrero-civil, no del militar. Pero aquí en Chile el fenómeno revistió un carácter absoluto, total —casi escribo totalitario, si no tuviese tanto respeto por el término—. El militar lo copó todo, se apoderó de todo: ministerios, rectorías, embajadas, subsecretarías. Y esto, que pudo y debió ser momentáneo, de unos pocos años, se ha transformado en permanente, sin que el militar se haya mutado por ello en civil, manteniendo su alma y mente recortadas, por la tecnocracia del cuartel. La lucha de clases, si la hubo, vino a ser reemplazada por una lucha de dos mentalidades opuestas, con la supresión de la idiosincrasia civil. Como una mancha de aceite, como un agua oscura, como una sombra, los ejércitos coparon el espacio entero de cordillera a mar. El espíritu libertario visigótico, la libre elección de la Männerbunde, de la Gefolgschaft, también del Cinche, del Lonko, del Toki, fueron suprimidos, violados.

     Únicamente se aceptó a una serie de muchachos imberbes, impuestos desde el exterior, que vinieron con poderes absolutos a establecer una suerte de tiranía económica liberal. Y valga la contradicción.

     Tocamos así el centro, el punto más delicado de todo este extraordinario fenómeno acaecido en Chile y que nos sirve para ubicarnos nuevamente en una perspectiva mundial, planetaria. En el corazón del Gran Plan y de la Conspiración de los hijos de Sión.


EL JUDÍO MILTON FRIEDMAN Y CHILE


     Por su configuración innata, por su estructura anímica, un militar obedece al que está más arriba en la pirámide de su organización jerárquica. Y el que está en la cumbre, el último, el único, careciendo de esos "guías invisibles" de las Órdenes Guerreras, que lo conecten con un "más allá", con el Gran Maestre Espiritual, deberá obedecer a un Presidente civil o a un Rey, quienes, por pertenecer al mundo desarticulado y liberal racionalista de la Época Más Oscura, del Hierro, de la Edad de Kali, saben cómo manejarse mejor en el desastre. Ahora bien, cuando el civil ya no está allí, como Presidente —el caso de Chile— entonces el jefe militar supremo queda huérfano, sin tener a quién recurrir dentro del país para recibir las órdenes. El sabe dar órdenes a sus subordinados más abajo de su escalón, pero necesita también recibirlas de algún otro. Así las cosas, Chile ha debido aceptar la dirección del exterior, mayormente visible en la conducción económica.

     Fue durante el gobierno de Eduardo Frei M. [1964-1970] cuando se firmó un convenio de intercambio entre la Universidad de Chile y la de Chicago en Estados Unidos. De este modo, cuando los militares llegaron al poder se encontraron con cuadros perfectamente organizados de jóvenes economistas, los que fueron apoyados por el Opus Dei y sus congéneres, los llamados "gremialistas". Los párvulos, doctorados en Chicago, alcanzaron rápidamente un poder omnímodo, llegando a controlar toda la economía del país, los Ministerios de Hacienda, de Economía y la Banca Central. Los "Chicago Boys", como los llamaron, dictaron también la política a través del gremialismo e intentaron controlar la educación con el Opus Dei y el Schönstatt. El sistema monetarista y consumista fue aplicado aquí hasta sus últimas consecuencias, cosa imposible de realizar en ningún país que no tenga un gobierno dictatorial y centralizado. Podemos decir que el sistema fue sostenido con la espada, hasta que sus resultados últimos e inevitables se alcanzaron: la destrucción del agro y de la industria incipiente de un Chile esforzado, las últimas reservas de tradicionalismo.

     ¿Qué otra cosa podía esperarse? Bastaba con haber leído y recordado la advertencia de Nicolás Palacios: poner atención en el nombre del autor de la doctrina que se iba a aplicar. Y leer, además, los "Protocolos de los Sabios de Sión".

     Israel jamás aplicaría en su territorio el monetarismo de Milton Friedman. Es para el consumo de los goyim, para su destrucción. ¿Por qué en Chile, en este pequeño país?. Ya hemos escrito muchas páginas sobre el plan para la destrucción de la América de los Dioses Blancos. La desintegración de un país tradicional es siempre buscada, sin importar su tamaño ni ubicación. Además, Chile la estaba "pidiendo desde adentro", como diría Ortega y Gasset, por su proceso de involución biológico, genético. Los microbios de la desintegración llegarían solos, indefectiblemente. Todo lo acaecido tiene un mero carácter simbólico, como hemos dicho, y, en todo caso, aparecería como inevitable, con Allende y sin él. Sólo la magia de los gigantes pudo impedirlo. Pero somos pocos los que aún creemos en este milagro.

     Con el monetarismo y el libre cambio todo el control por parte del Estado cesa. La usura y la banca internacional entran a predominar. La propaganda fomenta el consumo desaforado, crea necesidades artificiales sin satisfacer las fundamentales; toda clase de productos innecesarios y de lujo, además de la baratija oriental, entran al país, el cual se endeuda para importar estos productos y para consumirlos. No se establece protección alguna para la producción nacional, pudiendo competir los productos extranjeros en condiciones ventajosas, por el hecho de venir subsidiados casi todos. De este modo, muy pronto quedan destruídos la industria y el agro tradicionales. El país entra a depender hasta de la mantequilla y la leche extranjeras, altamente competitivas. En una crisis internacional está inerme. Aquí todo pasó a ser libre, salvo el dólar norteamericano que, paradójicamente, se mantuvo a un precio fijo y artificial, muy bajo, hasta el 14 de Junio de 1982, en este curioso librecambio aplicado en Chile.

     Todo esto destruyó la incipiente economía nacional. El dólar fijo favoreció al especulador, al mismo tiempo que dio un golpe mortal al exportador y a la industria. El prestamista, el financista del mercado de capitales se endeudó en dólares con la banca extranjera y especuló con los intereses, valiéndose del cambio fijo. Cuando el especulador también quebró, ya tenía sus ganancias afuera y la banca internacional exigiría garantías del Estado por sus deudas privadas y para seguir prestando al país, o para renegociar sus inmensas deudas. Los dueños de la banca mundial y de los préstamos son todos judíos. Y el objetivo principal del judío es la liquidación del campo, de la tierra, por representar la sangre y la tradición, esencia de toda nacionalidad, sea en forma directa con el marxismo, como se intentara con Allende y con la Democracia Cristiana de Frei y Chonchol, con la colectivización y la reforma agraria, con el minifundio, o bien de un modo indirecto, más sutil y artero, con el librecambio, el monetarismo y el consumismo capitalistas de un Friedman y sus economistas de la Escuela de Chicago. Al dejar sin protección a los productos de la tierra, inermes frente a la competencia extranjera, tratando el campo, el trabajo, la sangre, como una mercancía más, mientras se protegió únicamente el mercado de capitales, con la fijación del precio del dólar, refugiándose en el dogma anti-inflacionista (la inflación no ha sido nunca reducida, sino congelada a su nivel más alto) y en la infalibilidad del Sanedrín de economistas, en su rabinismo todopoderoso, para no permitir que el dólar fluctuara como un producto más dentro del sistema de la oferta y la demanda, con esta excepción, impuesta para proteger al especulador endeudado en dólares en el extranjero, todo el sistema librecambista deberá hacer agua, descubriendo la satánica conspiración contra la tradición y la sangre del pueblo. Con las altas tasas de interés pagadas al capital depositado en los bancos y compañías financieras, se propició la inmovilidad y la improductividad del país, pues sin trabajar se obtenía una mejor renta. Se debilitaron las fuerzas nacionales del trabajo, ya que cada hombre, joven o viejo, se transformó en un jubilado, que vendía hasta sus bienes y sus tierras para depositar el capital que le permitiera vivir sin hacer nada. Hasta que los bancos y las financieras quebraron, en el instante preciso y decidido por la conspiración mundial. El trabajo verdadero, la industria y el campo, primero pasaron a ser no rentables, no productivos; luego se paralizaron y destruyeron.

     Resumiendo: El sistema marxista y el capitalista, el libre cambio, son igualmente destructores de la nacionalidad. En aparente contradicción se apuntalan mutuamente, ya que uno no puede existir sin el otro. Porque arriba, en la cúspide, se encuentra aquel que nadie hoy se atreve a nombrar, porque se tiembla ante la sola presencia de su sombra, el dueño de los rayos y del trueno, que se reverencia hasta la genuflexión, por terror a que los destruya junto con el universo: el judío internacional.

     Y esto, que es tan serio y real, ya lo vieron el nacionalsocialismo y el fascismo, dando otra solución al problema social y económico, la única posible: cambiar el valor-dinero por el valor-trabajo, hacer a un lado las doctrinas marxistas y capitalistas, porque ambas son inventadas por los judíos para destruír al no judío. El judío, la anti-raza, no puede crear nada distinto, nada que sea bueno para el goy. Ya lo vio así también el genio de Nicolás Palacios.

     Si todo esto que ha pasado en Chile no es aún suficiente para abrir los ojos, entonces ya nada podrá lograrlo. En la primera parte de este libro hemos reproducido textos de los "Protocolos de los Sabios de Sión". Deberemos aquí repetirlos para que se vea cómo han calzado exactamente con lo sucedido en este pequeño país, cómo el plan ha sido aplicado hasta en sus detalles por una inteligencia diabólica que ha llegado a controlar las decisiones más importantes, apoderándose de los resortes que manejan toda la vida nacional.

     «Protocolo IV.— Para que se arruine totalmente la vida social tenemos que colocar el comercio sobre la base de especulaciones. El resultado de ello será que la riqueza de la tierra, que se recoge por medio de la producción, no quedará en manos de los gentiles sino que pasará a través de la especulación a nuestras cajas fuertes. La lucha por la supremacía y la especulación en el mundo de los negocios producirá una sociedad desmoralizada, egoísta, sin corazón. Esta sociedad será completamente indiferente y hasta enemiga de la religión y disgustada de la política y de los políticos. La lucha por el dinero será su única guía, haciendo un verdadero culto de los placeres materiales que él puede procurar...».

     «Protocolo VI.— A objeto de arruinar la industria de los gentiles y de favorecer la especulación, fomentaremos el amor al lujo desenfrenado, al que ya hemos dado impulso... Debilitaremos astutamente a las bases de la producción...», etcétera.

     «Protocolo VIII.— Circundaremos nuestro gobierno de un verdadero ejército de economistas. Tal es el motivo por el que a los judíos se les enseña principalmente la ciencia de la economía. Estaremos rodeados de miles de banqueros, de comerciantes y, de lo que es aún de más importancia, de millonarios, porque en rigor de verdad todo lo decidirá el dinero...».

     «Protocolo XX.— Los empréstitos contraídos en el extranjero son como una sanguijuela que no se puede separar del cuerpo del gobierno, hasta que no caiga por sí sola, o hasta que el gobierno consiga liberarse. Pero los gobiernos de los gentiles no desean quitarse de encima esta sanguijuela y por el contrario aumentan su número, y he aquí por qué sus Estados están condenados a morir desangrados. Pues, ¿qué es un empréstito exterior sino una sanguijuela?».

     «...Todo empréstito demuestra la debilidad del gobierno y la incapacidad de comprender sus propios derechos. Todo empréstito, como la Espada de Damocles, pende sobre la cabeza de los gobernantes que, sombrero en mano, recurren a nuestros banqueros...».

     «...Todas las crisis económicas que nosotros hemos organizado con tanta astucia en los países de los gentiles fueron ocasionadas retirando dinero de la circulación. El Estado se vio obligado a recurrir a los empréstitos. Estos empréstitos ocasionaron pesados gravámenes a los gobiernos, obligándolos a pagar intereses, y vinieron a quedar atados de manos y pies».

     «La concentración de la producción en manos del capitalismo agotó las fuerzas productoras del pueblo, así como las riquezas del Estado. En los actuales momentos la moneda no puede satisfacer las necesidades de la clase obrera, porque no basta para todos... Conviene considerar a los niños como consumidores de moneda desde él mismo día de su nacimiento...».

     «...Los informes de nuestros secuaces, a quienes se enviaba como "expertos", fueron redactados por nuestros agentes. Resultaron siempre gratos a las mentes poco avisadas de los gobernantes, porque iban acompañados de recomendaciones para realizar economías futuras. Habrían podido preguntarnos que cómo era posible realizar economías aplicando nuevas tasas; pero no nos preguntaron nada».

     «Vosotros sabéis en qué condición de caos financiero han caído por su propia culpa y negligencia. Terminaron por fracasar, a pesar de todos los sacrificios de sus gobernados».

     «Protocolo XIII.— El Yugo del Pan.— La necesidad del pan cotidiano obligará a los gentiles a callar y a ser nuestros siervos humildes».

     Así, con los periodistas, escritores, informadores, críticos de literatura y de arte, educadores, promotores, en nuestro país y en cualquier otro del mundo.

     Después de leer esto y ver lo que en Chile ha sucedido y sucede, todavía habrá quienes duden de la autenticidad de los "Protocolos". Ello se debe al yugo del pan. Fueron publicados en 1905 y nadie podría pensar que ya entonces se conocería lo que aquí iba a suceder hoy. Nicolás Palacios publicó su libro "Raza Chilena" un año antes, en 1904; por lo tanto no conoció los "Protocolos de los Sabios de Sión". Más valor aún para su genio y su intuición proféticos.

     ¿Qué va a venir ahora en Chile, una vez cumplida definitivamente la primera etapa del plan judío?. Se debería buscar también la respuesta en los "Protocolos". Hay quienes los consultan como si fueran un horóscopo y con mejores resultados que si lo hicieran con el "I-Ching".

     A Milton Friedman se le dio el Premio Nóbel [1976]. Es muy posible que la razón haya sido la capacidad demostrada para destruír él solo un país y varios otros más. Un premio muy merecido, según el criterio "protocolar".

     Hay siempre una incógnita que queda por dilucidar: ¿Son Marx, Freud, Einstein, Friedman, entidades conscientes en una conspiración a nivel planetario, creadores hábiles, dueños de un plan elaborado minuciosamente para destruír tradiciones ajenas, desintegrando y corrompiendo organismos?, ¿o únicamente han sido instrumentos dirigidos, programados en sus genes, en sus cromosomas, utilizados por otra Inteligencia externa, diabólica y superior, que los ha conformado como judíos, realizando con ellos un pacto robótico, en la anti-sangre, un pacto de magia negra?, ¿o bien, la Naturaleza los usa como a los microbios para desintegrar un cadáver? Virus, gorriones, células cancerosas.

     Existiría un indicio que inclina las conclusiones a favor de la existencia de una conspiración consciente, de un plan elaborado hasta en sus menores detalles por una Mente superior y realizado materialmente por un trust minoritario y oligárquico de cerebros diabólicos, que trabajarían en la sombra y el secreto, con el posible y limitado saber de unos pocos ejecutores externos, mas nunca en conocimiento total de los medios y de los fines últimos. El signo revelador vendría a ser la campaña de propaganda y promoción gigantesca, hábilmente montada en apoyo de los ejecutores visibles del gran plan para hacerlos más eficaces, más invulnerables y populares, más famosos: Premios de la Paz (Kissinger, etcétera), Premios Nóbel (Friedman, etcétera), prebendas, honores y riquezas.


USURA


     Con esta palabra, Ezra Pound sintetizó el mal profundo de la Época más Oscura. Su famoso Canto XLV "Usura" es también un Manifiesto en contra de este tiempo maldito. La razón fundamental que llevó a Ezra Pound a ponerse de parte de Hitler en la Gran Guerra es que fue el nacionalsocialismo el que destruyó la servidumbre al interés del dinero. Es decir, la Usura.

     Y es ésta también la última razón de la declaración de guerra total a Hitler y al Hitlerismo por parte de los poderes del judaísmo internacional, de los sirvientes del Demiurgo Yahvé, del Enemigo, del Señor de las Tinieblas. Hitler los privaba de su arma siniestra, por medio de la cual se ha esclavizado al mundo.

     El análisis de nuestra situación, de la de otros países de nuestro continente y del llamado Tercer Mundo, ha sido hecho poniendo como piedra angular el Protocolo XX de los Sabios de Sión, sobre los empréstitos contraídos en el extranjero. Se puede ver que esta deuda externa será también eterna, alcanzando cifras inmensas, de pesadilla. Y así como el país se endeuda en el extranjero al capital usurero internacional, con intereses siempre en aumento, del mismo modo el particular se endeuda internamente a un igual interés usurario con la banca interna, que, a su vez, depende por otros préstamos del supercapitalismo exterior. Mientras tanto, el organismo de control creado por el capital internacional judío, el "Fondo Monetario Internacional", vigila y dirige con mano férrea el suicidio de las agrupaciones nacionales. Chile ha pasado a ser el más obediente de los suicidas, el más aplicado de los autodestructores de su propio pueblo y de sus trabajadores indefensos. El más obediente cumplidor de todas las órdenes del amo sádico. Sombrero (gorra) en mano pide y pide prestado para poder pagar el interés del interés de sus préstamos crecientes, y acata las órdenes que, látigo en mano, el prestamista le hace llegar a través de su capataz y encomendero: el Fondo Monetario Internacional.

     A continuación vamos a reproducir algunos párrafos del "Manifiesto para el Quebrantamiento de la Servidumbre del Interés del Dinero", que fue el antídoto que el hitlerismo descubriera contra el "Protocolo XX" de los Sabios de Sión y que, al ser aplicado en Alemania, destruyó esa servidumbre y estuvo a punto de aniquilar de una vez y para siempre el virus de la Usura. Se dejó en claro que, en todo momento y lugar puede una nación, un conglomerado humano, intentar salvarse de la catástrofe y de la destrucción. La fórmula la dio el Nacionalsocialismo, el Hitlerismo. Y el peligro fue tan grave para la ponzoña judaica, que se decidió urgentemente la guerra total contra el Genio de los gentiles. Por miedo de que los pueblos, aún hoy, vuelvan hacia Él sus ojos desesperados, ante la agonía que viven y ante el fracaso de los sistemas que se dan como única alternativa, marxismo, capitalismo, se ha inventado toda esa parafernalia del "holocausto del pueblo elegido de Yahvé", de los crímenes nazistas, de la persecución, la tiranía, la esclavitud, los genocidios raciales y demás argumentos con que se moviliza la emoción de las masas, se obnubila la mente y se impide ver la realidad a los arios idiotizados y a los animales-hombres. Todo ha sido planeado así cuidadosamente y con siglos de antelación. Los mismos "Protocolos" lo dicen. Creen poder valerse del Genio de los gentiles, utilizarlo para cumplir sus planes hasta sus últimas consecuencias: la imposición de su Mesías-Golem, de su maquinaria cibernética, sobre la razón y carne de los esclavos, convertidos ya en un amasijo de barro y excremento.

     El autor del "Manifiesto contra el Interés del Dinero" fue Gottfried Feder. Sus principios fueron aplicados por Hitler una vez llegado al poder en Alemania. De importancia capital es poder conocer que Feder era miembro permanente de la Sociedad Esotérica de Thule (la Thulegesellschaft), de la que también lo fueran, como miembros invitados, Adolf Hitler, Rudolf Hess y Alfred Rosenberg, entre otros altos dirigentes del nacionalsocialismo. De este modo, la doctrina aplicada, el antídoto contra el virus judío, contra su "esoterismo" de magia negra y de la Cábala numeral, del "interés del dinero", fue toda una operación de magia aria, de esoterismo hiperbóreo, nórdico y polar.

     He aquí algunos extractos reveladores para Chile y los chilenos de hoy, para los sudamericanos y todos los pueblos que gimen bajo el yugo del capital judío internacional:

     «El único remedio, el remedio radical para la curación de la Humanidad sufriente es: el quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero. Este quebrantamiento significa la única posible y definitiva liberación del trabajo productor de las potencias del dinero que dominan secretamente el orbe. El quebrantamiento de la servidumbre del interés significa la restauración de la libre personalidad, de la salvación del hombre de la esclavización y también de la fascinación mágica en que su alma fue enredada por el consumismo». (El Manifiesto dice "mammonismo", pero hemos adaptado el término a los tiempos presentes de Chile y de las doctrinas judías de los "boys" de la Escuela de Chicago y del judío Milton Friedman. En Chile inventaron los préstamos en UF ―Unidades de Fomento― que obligan al deudor a vivir apenas para pagar el interés del interés, como diría Feder). «Quien quiera combatir al capitalismo de verdad debe quebrar la servidumbre del interés».

     «Es bien sorprendente ver cómo la ideología marxista, desde Marx y Engels, comenzando por el Manifiesto Comunista y subiendo hasta el programa de Efurt, especialmente Kautzky (todos judíos) y también los actuales mandatarios socialistas, se detienen como ante una voz de mando ante los intereses del capital prestamista. La santidad del interés es el tabú; el interés es lo más sacrosanto, también para los comunistas (que igualmente "ayudan" a sus socios —COMECON— cobrando enormes intereses en dinero y en sangre). Sacudir el interés no lo ha osado nunca nadie. (Sólo los templarios prestaban sin interés). Mientras la propiedad, la nobleza, el honor, la seguridad de la persona y de los bienes, los derechos de la Corona, las convicciones religiosas, el honor castrense, la patria y la libertad están puestos más o menos fuera de la ley, el interés es sagrado e intocable. Noli me tangere! Su peso gigantesco arrastra a la nave estatal al abismo; es un enorme engaño, fraguado pura y exclusivamente en beneficio de las grandes potencias del dinero».

     «Los grandes poderosos del dinero están, por cierto, como última fuerza impulsora detrás del imperialismo anglo-estadounidense que abarca el mundo. Las grandes potencias del dinero han financiado efectivamente la horrible matanza de seres humanos de la Guerra Mundial. Las grandes potencias del dinero, ciertamente como propietarias de todos los grandes periódicos, han envuelto al mundo en una red de mentiras. Han excitado con placer todas las pasiones bajas, el ansia de lujo, el consumismo, los anhelos absurdos y las utopías... El espíritu del consumismo sólo quiso conocer cifras de exportación, de riqueza nacional, expansión, proyectos de la gran banca, financiación internacional, etcétera. Y ha conducido a la ruina de la moral pública, al hundimiento de los círculos dirigentes en el materialismo y el ansia de placer, a un achatamiento de la vida nacional, factores todos que son culpables del terrible derrumbe».

     «El interés, la afluencia de bienes sin esfuerzo y sin fin, la posesión de dinero sin ninguna clase de trabajo (el judío tiene que "dedicarse a orar a su Dios") es lo que ha hecho crecer las grandes potencias del dinero. El interés del dinero es el principio criminal del cual se genera la Internacional Dorada» —el supercapitalismo—.

     «Y el Derecho Romano, sobre el que se basa nuestra legislación, está hecho para proteger el gran capital y la usura; porque es el Derecho al servicio de una plutocracia».

     «El ansia de interés insaciable del gran capital prestamista es la maldición de toda la Humanidad trabajadora. El ingreso de la casa Rothschild, de los Kuhn, Löeb, Speyer, Schiff, Morgan, Vanderbilt y Astor, estimada en conjunto en por lo menos sesenta o setenta mil millones (en aquellos años), con un rédito de un 5% de interés, significa un ingreso para estas ocho familias (judías) de 5-6 mil millones, tanto o más que las entradas anuales del 75% de los contribuyentes de Prusia, en 1912, con un censo de 21.000.000, aproximadamente. Ocho multimillonarios tienen tantos ingresos como 38 millones de alemanes».

     «Mediante una intensa campaña de esclarecimiento se deberá poner en evidencia al pueblo que el dinero no es ni debe ser otra cosa sino un bono por trabajo efectuado; que toda economía altamente desarrollada necesita del dinero como medio de intercambio; pero que con todo esto queda cumplida la función del dinero, y que de ninguna manera le puede ser conferido al dinero, mediante el interés, un poder sobrenatural de crecer por sí mismo a costa del trabajo productivo».

     «¡Desamparados balbucean los pueblos!. Un ardiente ansia, un clamor por la salvación pasa a través de las masas engañadas, con sus esperanzas frustradas. Con risas y bailes, con cinematógrafos y desfiles, se trata de engañar al pueblo para que olvide su lamentable destino, la traición, la terrible desilusión, la herida interna... También en Rusia, la socialización, la estatización, ha probado ser un fracaso. Y cuando la desesperación de todo el pueblo cunde, las bandas mongólicas, el terror sangriento, las bayonetas solamente, son capaces de proteger a los tiranos de la venganza del pueblo engañado y explotado...».

     «También nosotros terminaremos así si continuamos dejando que el gobierno siga en manos de los especuladores internacionales, representantes de la burguesía expoliadora y de los miembros de una raza (anti-raza) extraña a la esencia del pueblo alemán».

     Esto se aplica a Chile hoy casi en el detalle. Somos ya los esclavos de la usura y del Contralor de la Usura, el Fondo Monetario Internacional.

     Podríamos seguir reproduciendo el luminoso Manifiesto Nacionalsocialista en su totalidad; pero no es necesario. Ya hemos captado su esencia, y sólo ello importa. ¿Cuál es la solución que la Alemania de Hitler aplicara al final?: Cambiar el valor dinero por el valor trabajo. Una solución simple, como el huevo de Colón. Alemania no tenía dinero, pero sí tenía el trabajo formidable de su pueblo para pagar su deuda de guerra, impuesta por el Tratado de Versalles. Y con ella pagó, con el producto de su trabajo. Nosotros no tenemos este soberbio trabajo alemán, pero tenemos también un trabajo hábil y esforzado. Y tenemos nuestras materias primas, elaboradas o semi-elaboradas. Con ellas podríamos pagar. Pero si sólo pretendiéramos intentarlo, caería el Gobierno que lo propusiera. A Alemania le declararon la guerra planetaria. A Chile sólo les bastaría con que se moviera un solo dedo de la mano judía. A toda la América del Sur la mantienen dividida para ello, con problemas de fronteras y de reivindicaciones nacionales. Chile es el más vulnerable. La sombra permanente de una posible guerra chileno-argentina es mantenida por medio de judíos enquistados en la prensa de Buenos Aires, en las delegaciones para las negociaciones de los acuerdos y por la acción de las logias masónicas. Por todos los medios se tratará de evitar un entendimiento general latinoamericano para enfrentar el problema de la deuda externa y de los intereses crecientes y usurarios. Se tratará de usar a "alumnos aplicados" como agentes de desacuerdo, instándolos a que negocien por separado, premiándolos por su fiel cumplimiento en el pago de los intereses de los intereses de los intereses, de los préstamos hechos y renovados para pagar sólo esos intereses.

     Y Gottfried Feder afirma que la solución de todo el infernal asunto se encuentra precisamente en la bancarrota estatal, como el único medio de salvación de las economías nacionales. Sólo así los pueblos de hoy, de esta coyuntura de la Historia, cuando el judío se cree triunfador y dueño del mundo, pueden llegar a liberarse de sus garras y escapar del círculo de magia negra en que los tienen aprisionados, "hipnotizados", como a las víctimas de su Serpiente.

     He aquí la solución, la única solución verdadera: dejar de pagar, declararse en quiebra, en bancarrota nacional. ¿Y qué puede pasar? Nada, absolutamente nada. Sólo un renacer del espíritu nacional, una liberación. Los judíos de Norteamérica y de Rusia no van a declarar la guerra conjunta a su universo de deudores. Aunque sí, desesperados, podrían declararse la guerra entre ellos. Cosa que harán de todos modos, pues sus regímenes ya están fracasados. Tampoco van a poder meter a los países a la cárcel, como en Chile se ha hecho con los empresarios del "consumismo", que se declararon en quiebra después de haber sacado sus capitales fuera del país. En este caso, el dinero y el mismo oro de los acreedores habrían dejado de tener valor alguno. Sólo el trabajo, los alimentos, las materias primas recuperarían su importancia. Y el dinero, pero sólo como medio de intercambio. Se habría destruído el interés, el caldo de cultivo del microbio, del virus planetario y galáxico.

     ¡Utopía, sueño vano! Porque el Führer ya se fue y no retornará tan pronto. No antes de que lo lloren todos los seres y hasta los minerales y las plantas, como a Baldur. No se encontrará el país capaz de arriesgarse, el gobernante puro, honesto, leal, grande, como para preferir el sacrificio, el riesgo, el honor, el combate, antes que defraudar a su pueblo y permitir que lo desangren. Preferir la muerte antes que la ignominia de la esclavitud. Es cuestión de raza.

     En todo el ámbito de nuestro mundo sudamericano, sólo un país ha tenido estos impulsos, sin fructificar: Argentina. Debemos reconocerlo y admirarlo, aun como destellos de un fuego fatuo. Y ello, a pesar de que Argentina se ha prestado para realizar el trabajo del Enemigo, provocando continuamente a Chile, casi al punto de producir la guerra tan deseada por aquellos que saben que la complementación y la unión de estos dos países crearía un centro irresistible de energía y magnetismo. Una posibilidad etnológica en el Cono Sur, en la Hiperbórea sudpolar.

     Y el Manifiesto Nacionalsocialista dice:

     «La supresión del pago de intereses no es una bancarrota estatal disimulada. El fantasma de la bancarrota estatal es, en efecto, un ogro de cuentos infantiles inventado por las potencias prestamistas».

     Ante el solo indicio auténtico de que un deudor pueda dejar de pagar los intereses y hasta la deuda, la banca judía internacional empezará por bajar los intereses, dará facilidades, declarará moratorias, y, por último, hasta condonará la deuda, con tal de no tener que enfrentar el horror de que el dinero deje de valer lo que para el judío vale. Que llegue a no valer nada, fuera de ser un medio de intercambio. Aceptará todo esto, con el conocimiento de "viejos luchadores" de que la memoria del goy, del sudra, de los animales-hombres y también de los arios embrutecidos, es breve. Y, de este modo, dentro de muy poco volverá a prestar con intereses (comenzando con intereses bajos o disimulados). Y así el caldo de la Usura le permitirá seguir subsistiendo sin trabajar, explotando el trabajo de los otros y "orando a Yahvé", para preparar el advenimiento de su Rey-Mesías.

     Pero antes de llegar a una situación tan extrema, el capital internacional hará uso de todos sus expedientes conocidos y desconocidos: asesinatos y cambios de gobiernos de los gentiles, guerras locales (Argentina y Chile, Irán e Iraq, Líbano, etcétera), amenazas, informes monetarios, divisiones, enemistades.

     Sólo en un punto de la Tierra esto se logró: en la Alemania de Adolf Hitler, en su Tercer Reich. Por eso Ezra Pound estuvo con él, aún en contra de su país de usureros y de judíos; por eso lo estuvo John Amery, el inglés; William Joyce, el irlandés; Robert Brasillach, el francés; Knut Hamsun, el noruego, y lo estoy aún yo, el chileno. Porque, como dice Ezra Pound en su inmortal Canto:

     «Con usura no hay hombre que tenga casa de buena piedra.
Con usura no llega al mercado la lana,
no aportan las ovejas ganancias con la usura.
La usura es una peste, la usura
embota la destreza de la hilandera.
Tu pan siempre será de harapos rancios,
seco será tu pan como papel,
sin trigo de montaña, harina fuerte.
Con usura la línea se hace tosca,
con usura no hay límites precisos
y no hay hombre que encuentre lugar para vivir.
Sin piedra está el picapedrero,
sin hilo el tejedor.
Pietro Lombardo no llegó por la usura.
Porque con la usura ningún cuadro
está hecho para perdurar, ni para vivir con él,
sino para venderse, venderse con premura.
Pier della Francesca, ni Angélico llegaron
por la usura,
ni catedral alguna de piedra firmada: Adamo me fecit.
La usura oxidara el cincel,
enmoheciera el arte, el artesano...
Cadáveres se aprestan al banquete
por orden de la Usura».



DESTINO


     Diez años han transcurrido, cargados de destino. Nada será ya igual. Aquellos que desean retornar al pasado son ilusos, gente vieja, gastada, que habla una lengua que no despierta ecos en la sangre distinta. Es posible que logren cambiar las cosas en la superficie, hacer que vuelva un sistema democrático, como el antiguo; mas, lo que de allí salga, lo que al final se produzca, no tendrá nada que ver con sus pretensiones. El mar del destino es poderoso y su melodía se ejecuta en la sangre mestiza, en los componentes que hoy prevalecen.

     Los deseos norteamericanos para Chile, después del golpe militar de 1973, fueron que los soldados regresaran pronto a sus cuarteles y que aquí retornara un gobierno con la Democracia Cristiana, una suerte de socialdemocracia, donde el Partido Comunista también tuviera una existencia apacible, como contrapeso, pero alejado del poder. La eterna historia de nuestro tiempo. Mas, los componentes del mestizaje chileno se habían modificado en favor de una cierta tropicalización, mejor dicho mongolización, que hacía posible una dictadura como en Corea, o en Filipinas. Es así como un gobernante se quedó en el poder y el pueblo, el resto de este conglomerado abigarrado y diferente al tradicional, lo aceptó. Cualquier explicación de otra clase que quiera darse, como el peligro marxista, la necesidad de orden, etcétera, serán marginales, excusas para encubrir un símbolo arquetípico, no racional.

     Un gobierno del consabido estilo democrático seguramente habría tenido una vida mucho más agitada, con su secuela de terrorismo, sobresaltos y un continuo bordear la guerra civil; pero habría soslayado mejor la catástrofe económica, porque no habría necesitado entregarse maniatado a los planes del judaísmo internacional para afirmarse. En las actuales circunstancias, esto ha sido necesario para los gobernantes, como la única manera de mantenerse en el poder tanto tiempo, en contra del resto del mundo democrático y de la continua campaña de los soviets, de los exiliados comunistas y de la guerrilla adiestrada por Fidel Castro y Khadafi; es decir, de los mismos judíos. Los militares en el poder saben del control mundial del judaísmo y han deseado apoyarse en él, satisfaciendo todas sus ambiciones dentro del país y aceptando el plan económico que les imponían, sin creer, por supuesto, que con él destruirían a Chile. Y cuando han querido liberarse, ya era tarde, o no los han dejado.

     Qué lamentable es el espectáculo repetido todos los años y varias veces en el año, del Jefe del Estado, con todos los integrantes de la Junta Militar, luciendo uniformes prusianos, con sus entorchados, con sus ministros, asistiendo a la Sinagoga. Esto jamás había acontecido en Chile y pienso que tal vez no se habría producido con un gobierno "democrático"; aunque no estoy seguro. Entre los miembros de la Junta hay un hombre que es alemán por padre y madre; su mujer también es alemana. Ahí está él, todos los años, en la Sinagoga, escuchando al Gran Rabino, rindiéndoles homenaje a los torturadores de su raza. Otro tanto hacen los gobernantes alemanes hoy. Es la Traición Blanca, o la tontería blanca.

     Con el gobierno militar, de tradición prusiana, de uniformes prusianos, del goose step, de los timbaleros a caballo, pero hoy con batallones femeninos, con una tropa de pómulos y ojos tartáricos, se rinde pleitesía a Israel, a Sión. Aquí han venido instructores del ejército judío a "enseñarnos" a guerrear en el desierto contra los peruanos y, tal vez, a cómo defender el Morro de Arica. En el Sur viajan los judíos disfrazados de excursionistas, los agentes secretos, que andan buscando, como siempre, a los Dioses Blancos y sus Moradas. Reciben ayuda de las autoridades. He visto las listas de estos judíos, con nombres falsos, de seguro. Pertenecen a los Servicios de Inteligencia de Israel, a la aviación, o a su ejército. También vendrán a enseñarnos a "cómo combatir con Argentina". Chile ha pagado sumas enormes en armamentos, comprados a Israel o a través de Israel, sin tener acceso directo a los otros mercados, debiendo valerse de intermediarios, para poder adquirir un material carísimo. En todas sus fronteras se ha agitado la tensión, de modo que su situación ha sido la de un país permanentemente sitiado. Junto con esto circulan los rumores del plan judio "Andinia", una ya vieja aspiración de los hijos de Sión por establecerse en la Patagonia argentina y chilena, donde se encuentran las más grandes reservas hidroeléctricas del mundo, y podrían proporcionar un refugio para una guerra atómica. Además de su cercanía con la Antártica, sus recursos no explorados y las entradas a las ciudades secretas y a la tierra interior. No se puede permitir una integración chileno-argentina que destruiría la conspiración, creando una fuerza poderosa y mágica en el Sur, en el Polo Sur, al unir Pingala, Ida y Susumna —para continuar empleando esta metáfora— en una redentora Alquimia de los Andes. Para este opus alchimicum ya pareciera ser demasiado tarde, pues los judíos controlan y dominan todas las decisiones de ambos pueblos, a través de las logias masónicas en Argentina y la infiltración a todos los niveles en Chile. Si no hubiese sido por la decidida intervención de Inglaterra en las Malvinas y la derrota de los argentinos, hoy estaríamos en una guerra fratricida. Y la Columna Psíquica de los Andes habría sido destruída para siempre. Nos salvó —a ambos "canales psíquicos"— la Estrella de la Mañana, o los Gigantes de la Roca. El desastre de las Malvinas es algo que puede superarse y que nunca se habría producido si Argentina no hubiese estado amenazando permanentemente a Chile, si nos hubiera tenido de su lado. Estuvimos anímicamente en su contra. Todo el problema de límites, de islotes y de aguas territoriales en el Sur es un asunto fomentado desde el exterior para evitar la unidad de ambos pueblos, hasta en la Antártica. La prensa que ha apoyado un conflicto está manejada por viejos marranos de Argentina, o bien por judíos y extranjeros masones, que han sido colocados allí como articulistas con ese fin preciso. La intervención del Vaticano nunca debió ser necesaria. Se hará pagar caro su mediación, poniendo un pie físico el judaísmo católico en esos territorios aún inviolados, donde los gigantes selknam oficiaban a sus Dioses.

     Argentina también posee un mestizaje racial indeseable, habiendo entrado a predominar el siciliano de la mafia y el mulato en las organizaciones sindicales y peronistas. Es un país con un fuerte estamento blanco de inmigrantes, pero "latinos", como diría Palacios. Sin embargo, allí como aquí tal vez se pudo —o se podría aún— seguir una disciplina eugenésica, para alcanzar como meta final una integración del Cono Sur.

     Resumiendo, diremos que la situación chilena, la involución de su mestizaje, lo ha llevado a instaurar por primera vez en toda su historia una dictadura militar total y única en su tipo. Debido a esto, el plan sionista que se había destinado para Chile, como parte de un plan más amplio para todo el Cono Sur, ha podido ser aplicado más fácilmente y con mayor intensidad. Mientras los judíos comunistas y democráticos del exterior establecían una presión tremenda a través de los organismos internacionales que ellos controlan, Naciones Unidas, la Iglesia Católica, la Masonería, las Iglesias Protestantes, la Banca, etcétera, apoyaban la permanencia del gobierno con condiciones. Así se impusieron Friedman y sus amigos, que dieron apoyo exterior a la dictadura hasta que el plan se hubo cumplido. Ahora, ya podrían no necesitar más a este gobierno militar.

     Pero en lo que todos se equivocan es en creer que Chile pueda volver alguna vez al punto de partida anterior a los años setenta. La democracia jamás volverá a ser la de antaño, mucho menos el Gobierno impersonal de Portales, de ese Primer Ministro que no deseaba figurar y que servía al país y al Presidente como si Chile fuera una Monarquía Constitucional. Portales fue un ejemplo que se adelantó en muchos años a Oliveira Salazar, que de seguro ni siquiera supo de la existencia de ese gran Ministro.

     Puede que aquí vuelva una democracia, y los románticos ancianos que han visto aterrorizados cómo diez años se les escurren como el agua entre los dedos de la mano, querrán retornar a las andadas, con los parlamentos y las componendas políticas de antaño. Por un tiempo, hasta puede que tengan éxito, pero muy pronto se repetirá la dictadura militar —y no puede ser otra—, mucho más severa y despiadada, porque será marxista, de izquierda, con las características más apropiadas al tipo del mestizaje predominante, fino-ugureano, de las estepas rusas del Asia Central. O bien, otra, con un civil entregado de lleno a servir intereses foráneos en la pugna estratégica y geopolítica, dentro de la cual esta área geográfica del mundo es fundamental.

     Chile se habrá "latinoamericanizado" al fin, y de verdad.


ARISTOGENESIA


     Sin embargo, hemos venido asegurando que hasta un determinado punto crítico de la involución de un mestizaje existiría la posibilidad mágica de remontar la entropía. Por ello nos estaría permitido imaginar que Chile ha perdido la más grande oportunidad de su historia. Lo pensábamos así después de nuestras entrevistas con los hombres de armas, que entraron a gobernar esta nación en 1973. Fuimos a hablar con ellos y a ofrecer nuestra colaboración, porque pensábamos que la última posibilidad se había presentado. Nuestro ejército tenía una tradición única en toda América; era la oportunidad para intentar el esfuerzo sobrehumano de remontar la pendiente e instaurar aquí, aún cuando se fracasara y nos derrotara el Enemigo, una organización social y económica justa, nacionalsocialista. Para no espantar con el nombre, hablé a los militares de "socialismo prusiano". Algo que considera la tierra y la sangre, el trabajo del hombre, no el dinero y la especulación. La falta de conocimiento, de estudios serios, la soberbia y el deseo de servir a las influencias exteriores, especialmente al poderoso judío norteamericano, imposibilitó para siempre la solución verdadera. Al igual que con Jorge González von Marées, primó el destino fatal, los hados de la sangre mestiza. No vamos a continuar insistiendo con este asunto. Otros lo harán algún día, si es que aún puede brillar un nuevo sol.

     Los nacionalistas que colaboraron, creyendo en un gran cambio, eran sólo viscerales, emotivos, sin una seria concepción del mundo, sin cultura, sin educación filosófica. No vamos tampoco a referirnos a los sistemas socioeconómicos nacionalsocialistas, que pudieron aplicarse. Ahí están los libros que los estudian. Ningún nacionalista chileno de los mencionados conoce ni cree en el problema judío. Menos las Fuerzas Armadas. Y cuando algún almirante se ha referido al sionismo, fue obligado a rectificarse.

     La más grande oportunidad de nuestra historia se ha hundido entre los escombros de esta última catástrofe. Chile es un país de terremotos físicos y espirituales, de generaciones perdidas, de ilusiones tronchadas.

     Nuestra fe en la posibilidad de revertir el ciclo de la decadencia en Chile y en el mundo, está de acuerdo con la exposición de este libro y con el Hitlerismo Esotérico. Si así no lo fuera, la venida de Hitler y su lucha no habrían tenido razón de ser. Esta es la Edad del Héroe, y el combate hay que librarlo, aun cuando no se obtenga un triunfo visible y material. Siempre los resultados darán frutos en otra dimensión, acumulándose allí para ser usados en una transmutación de realismo mágico. Hay que hacer el intento, porque un día se tendrá éxito y el Ultimo Batallón vencerá.

     Y porque existe una segunda ley de la entropía, pues la primera no se cumple nunca en un recinto totalmente cerrado, pudiendo permitir la entrada a una Otra Fuerza superior y distinta (neguentropía), a una Energía Espiritual. Se alcanza una mutación, que es una invasión del campo permeable por los espíritus, o por un Espíritu. Invasión que se puede propiciar, poniéndose de parte de otros seres superiores, en contra del animal-hombre. Transformando al Vira en Divya. Remontando la involución del mestizaje, derrotando la entropía genética. Arianizando a Chile.

     Nada mejor para ilustrar esta posibilidad de establecer una "cría espiritual" que el mismo caso judío, ya lo hemos visto. Cuando el mestizaje parejo y positivo del chileno (según Palacios) apenas ha durado "en forma" cuatrocientos años, la anti-raza judía lleva más de dos mil años intacta. Para lograrlo, han aplicado una estricta ciencia eugenésica que les ha permitido conservar las mismas características en su archimestizaje, su mulatismo y bastardismo, introduciendo, de tiempo en tiempo, las necesarias gotas arias en la corriente oscura de su anti-sangre. Y no más. Porque lo que insufla todo eso de un raro intelecto y de caracteres fijos, "inmutables", es el pacto de magia negra con su Demiurgo, ese Pacto eternamente renovado. Y es esto lo que hace posible la encarnación y la utilización por ese Ser, que sólo en esta especial sangre mezclada y oscura puede encarnarse y trabajar. Si se pusiera allí más sangre aria, el Demiurgo no podría "entrar". El Señor de las Tinieblas sería rechazado.

     El caso chileno no debería ser diferente en el procedimiento eugenésico de una alquimia espiritual, aunque en el sentido opuesto. Nadie podrá repetir el caso judío en la dirección elegida por ellos. Nadie se puede hacer judío desde afuera. Se nace judío, conformado por el Demiurgo Yahvé. No hay salida para el ario si no es arianizarse cada vez más, en el camino levógiro de la Swástika del Hitlerismo Esotérico. Arianizarse o desaparecer, hacerse cada vez más blanco, volver al origen de la raza, al Polo hiperbóreo. Es un camino difícil, eugenésico y aún debe ser más: una alquimia de transmutación constante, la que únicamente se logra en un Pacto Espiritual con un Ser más alto, con los Siddhas divinos, de la Raza Aria, del Polo, de ambos Polos, con Wotan, con Quetzalcóatl, con Huirakocha y Mama Ocllo; en nuestro caso, con los Gigantes de los Andes, haciéndolos salir de su refugio milenario. Con los Dioses Blancos.

     No basta con un procedimiento de limpieza biológica y genética. Luego, deberá descender el Espíritu. Lo hemos dicho: si un violín Stradivarius no encuentra al violinista justo, se perderá en todas sus maravillosas posibilidades y registros. Por otra parte, los espíritus de la raza aria no podrán venir a ejecutar su melodía si no encuentran también sus Stradivarius. Y el descenso equivale a una invocación y evocación, a una ceremonia mágica, a una alquimia, a una transmutación, sublimación y transfiguración de la materia, del héroe y del paisaje solidario de su tierra. Porque para el ario, Naturaleza (la Naturaleza antigua) y Espíritu son una misma cosa, como se explicará luego. El proceso debe ser facilitado por la Iniciación de unos pocos dirigentes —de esa "Aura", o Segundo Cuerpo de Guías, también un trust de inteligencias: detrás del cuerpo visible de los científicos y técnicos y por esa otra ciencia racista que intenta la cría de la raza biológica y del espíritu. Sin una, no es posible la otra, y sin ambas, no habrá la salvación ni el milagro. La reversión de la entropía del mestizaje.

     Esto equivale a una nueva religión, a un mito, como lo llamara Alfred Rosenberg. Una Religión y un Mito, que después de finalizar las batallas de la última Gran Guerra, se ha pretendido hacer desaparecer de la Tierra por todos los medios de que dispone el Enemigo.

     Para que en Chile se pudieran imponer esta Religión y Mito, se tendría que derrotar al cristianismo judío, cada vez más virulento en su nuevo ropaje cripto-marxista. Porque el cristianismo vino a luchar contra el Mito y la Religión vernácula de los Dioses Blancos, únicos solidarios con la zona sensible y mágica del Polo Sur.

     Y la Resurrección del Mito, que parece algo imposible, no lo será si se cumple nuevamente —en el Eterno Retorno— la gran catástrofe que destruyó el primer Tiahuanacu y se abren las montañas para dejar salir a los Gigantes.

     Deberíamos estar preparados para ello, creando una élite racial y pagana en las nuevas generaciones, por medio de la ciencia de la Aristogenesia, que el Hitlerismo Esotérico practicó en Alemania, poco antes de que se le declarara la guerra precisamente para impedir ese Milagro.

     El punto débil del nazismo chileno de los años treinta fue su total ignorancia sobre la ciencia de la raza, además de su carencia de una filosofía de la Historia y de la ante-Historia, de una Weltanschauung, término casi intraducible. Una visión del mundo. Cuando intenté aportar algo semejante en mi página del diario "Trabajo", yo mismo ignoraba todo lo referente a esa ciencia fundamental, desconociendo el problema judío, cosa que sólo poco a poco se me fuera revelando, a través de años de estudios, observaciones y por sucesos fortuitos, o del Destino. ¡Ah, si hubiéramos sido educados de otra manera, no sólo en las escuelas y universidades, sino en el hogar, por nuestros padres, cuántos errores genéticos decisivos para nuestras vidas y las de nuestros descendientes se habrían evitado!.

     En el nazismo chileno casi todos sus miembros eran católicos. El Jefe, González von Marées, era un agnóstico splengeriano; Carlos Keller fue seguramente un escéptico en cuanto a las posibilidades genéticas del chileno, teniendo en cuenta únicamente el conglomerado racial de los alemanes del Sur. Al final de sus días, ni en su raza habrá creído, como tantos otros alemanes de este país y también de Alemania. No hay nada más dócil a la propaganda dirigida y repetida que un alemán.

     El nazismo chileno, por desconocimiento e ignorancia, instintivamente puso distancia entre sus "cuadros morenos" y la filosofía racista del nazismo alemán. Se creyó que por tener un color de piel morena no se podía plantear el tema del racismo ario. En cambio, los cuadros nacionalsocialistas de Cataluña hoy son racistas y partidarios de la ciencia etnológica del Tercer Reich, a pesar de que racialmente podrían considerarse parecidos a los chilenos. Ellos entienden lo que aquí hemos dicho: el racismo es un ideal al que se aspira, y el arianismo, el nordismo, pueden llegar a ser propiciados, si en la raíz existió la cepa nórdico-aria, como hemos explicado y analizado a lo largo de estas páginas. Así, el proceso se transforma en el camino del regreso a un origen nostálgico, a una Hiperbórea ideal, yendo hacia atrás, desandando los pasos perdidos, en busca del Paraíso, del antiguo Hogar, representado por el signo mágico de la Swástika Levógira del Hitlerismo Esotérico. Es un intento de regreso a la Edad Polar, dorada. En nuestra situación, a la Hiperbórea del Polo Sur (que fuera el Polo Norte), a una purificación de la sangre polar. A la Estrella de la Mañana. Y los que esto intentan, son los miembros de la Orden sacra de los Vigilantes de la Aurora (que ven la Estrella y la aman), los Caminantes del Alba, los Peregrinos de la Gran Ansia, los Guerreros de la Orden de Wotan, los Monjes-Guerreros del Hitlerismo Esotérico. En una palabra, los hitleristas de verdad. Con estos nombres de la poesía hiperbórea, sintetizo toda mi fe y mi esperanza. (...)





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