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martes, 3 de diciembre de 2013

Hans Kehrl - Algunos Aspectos del Tercer Reich



     En los mismos salones del "juicio" presidido por el Tribunal Militar Internacional en Nuremberg después de la Segunda Guerra, se llevó a cabo el undécimo de doce juicios, esta vez exclusivamente ante cortes militares estadounidenses, contra funcionarios de diversos ministerios del derrotado Tercer Reich. Comenzó este nuevo circo en Noviembre de 1947 y sus sentencias se dictaron en Abril de 1949. En este conocido como El Juicio a los Ministerios fue encontrado culpable (al igual entonces que Richard Walther Darré y Otto Dietrich, entre otros) Hans Kehrl, quien fue jefe de la oficina de planificación del Ministerio de Armamentos. Condenado a 15 años de prisión, fue liberado en 1951, desde cuya fecha trabajó como consultor de empresas.
     Kehrl (1900-1984), descendiente de una familia de funcionarios y fabricantes textiles, fue nombrado en 1936 jefe del Departamento de Materias Primas y Combustibles, dentro de la Organización del Plan Cuatrienal. En 1938 ascendió a jefe de la Sección de Asuntos Especiales en el Ministerio de Economía. En 1942 fue nombrado jefe del Departamento Central de Industria y desde 1943 jefe del Departamento de Materias Primas en el Ministerio de Armamento y Guerra, bajo el mando de Speer.
     Autor además de "Marktwirtschaft Morgen" (El Porvenir de la Economía, 1975), de él está en diversos sitios un breve libro titulado «Realidades del Tercer Reich. La Alemania Nacionalsocialista a través de sus Economistas» (publicado en 1983 en castellano), que es, se dice, un resumen de su libro "Krisenmanager im Dritten Reich" (Encargado de Crisis en el Tercer Reich, 1973), del que presentamos ahora tres de sus interesantes capítulos (3, 10 y 11), que nos informan con detalles de varios aspectos de la vida en el Reich. Es interesante su conceptualización del nacionalsocialismo como un movimiento de izquierda o al menos de centro-izquierda.




III.
EL PARTIDO Y LA ECONOMÍA EN EL TERCER REICH


     No se puede y no se debe hablar aquí de la economía como una especie de configuración monolítica, con un mismo espíritu, idénticos intereses y las mismas convicciones y objetivos políticos. Esto no fue así en el Reich del Kaiser, en la República de Weimar ni en el III Reich, ni tampoco sucede de ese modo actualmente. Por tanto, hay que saber distinguir. Si a continuación formulo el correspondiente y breve bosquejo, quisiera legitimarme, para tal propósito, de una manera muy concisa: antes de 1933 colaboré con toda una serie de entidades económicas; de 1933 a 1942 fui presidente de la Cámara de Industria y Comercio de Niederlausitz y vicepresidente de la Cámara de Economía de Berlín-Brandenburgo.

     Algo más tarde pertenecí asimismo a la presidencia de la Cámara de Economía del Reich. A muchos presidentes y secretarios ejecutivos de las Cámaras en el territorio del Reich, los conocí bastante bien durante más de un decenio, tanto por razones de servicio como también personalmente. En el NSDAP fui, desde 1933 a 1942, consejero económico de los gau (regiones), y miembro de la Comisión de Política Económica y, por las propias relaciones internas del partido, asambleas, reuniones de camaradería y otras causas, conocí aproximadamente a unos dos tercios de los gauleiter (jefes regionales), además de los consejeros económicos de los gau en todo el territorio del Reich.

     Desde que inicié mis actividades exclusivamente en el Estado y para el Estado, en múltiples puestos, finalmente de primer orden, conocí oficialmente a las más importantes personalidades dentro y fuera de las organizaciones económicas y, a una buena parte de ellas, también personalmente. Por tanto, fui "cómplice" y al mismo tiempo "testigo", y sé de lo que hablo si ahora hago las siguientes consideraciones:

     a) Los campesinos y la población agraria fueron de los primeros y más fervorosos partidarios de Hitler y, desde muy pronto, votaron en su mayoría por el NSDAP. Ya antes de la toma del poder, hubo muchos puestos clave en las organizaciones agrarias ocupados por nacionalsocialistas. Casi al mismo tiempo, a partir de 1933, los grandes propietarios agrícolas que quedaban de cuño nacional-alemán −y que durante la época de Hindenburg habían gozado de influencia política por él y por encima de él− fueron desplazados casi por completo de esas organizaciones. Los nacionalsocialistas tuvieron un papel decisivo en el Reichsnahrstand (Gremio Alimentario del Reich), que, junto al Ministerio de Alimentación, marcaba las pautas en todo lo relacionado con la agricultura, y al cual, por ley, pertenecían como miembros todos los campesinos. El Gremio Alimentario del Reich y sus dirigentes, con la excepción de la mayoría de los grandes propietarios agrícolas, se identificaron con el Partido y con el Estado, y mantuvieron una actitud más bien escéptica frente a la economía de los oficios industriales, la cual, según sus conceptos, era "capitalista". Entre otras cosas, tenían la sensación de ser mantenidos en una estabilidad de precios casi total para sus productos, aunque la estabilidad de precios para su utillaje en un principio no había sido aprobada por la economía industrial. El Gremio Alimentario del Reich era considerado en el Partido como "ideológicamente seguro" y excelente en su ramo. La economía agraria y su organización cumplieron su "deber para con el pueblo y el Estado", tal como ellas lo vieron, de un modo óptimo hasta el amargo final.

     b) Las pequeñas empresas de carácter gremial, es decir, la artesanía, el comercio al detalle y la pequeña industria, y también un porcentaje muy elevado de los miembros de otras profesiones libres, se encontraron muy pronto, al igual que los campesinos, entre los partidarios de Hitler. Como organización próxima al Partido, la "Unión para la Defensa de las Pequeñas Empresas Gremiales" tuvo un papel importante en las elecciones y en la propaganda anteriores a 1933. La "Ley para la protección del pequeño comercio" fue en 1933 una de las primeras leyes del nuevo Gobierno.

     c) El sistema bancario y cooperativo de las Cajas de Ahorros, con su arraigo regional, se adaptó rápidamente y sin fricción alguna al Estado nacionalsocialista. La banca privada y, sobre todo, los grandes bancos, fueron presentados, en general, como entes sospechosos de ser contrarios al Nacionalsocialismo, dado que el Partido se sentía absoluta e inequívocamente "anticapitalista", fuera lo que fuese entendido con ello. Se propuso a un miembro de la Reichskreditgesellschaft (banco de propiedad estatal) como director del Grupo de Bancos del Reich, y las presidencias y los consejos de administración de los grandes bancos, una vez separados los miembros judíos, fueron ocupados parcialmente por partidarios y simpatizantes del Nacionalsocialismo, o que eran tenidos por tales; pero, en general, las relaciones entre el Partido y los bancos fueron, por lo menos, frías.

     El mundo bancario no tuvo una influencia cuyo peso pudiera hacer caer en lo económico y, menos aún, en la política económica. Sólo lentamente pudo recuperarse de la crisis bancaria de 1931-32 (derrumbamiento de los Bancos de Darmstadt y Dresde). Después de dos o tres años de rápido pleno empleo en el III Reich, lograron reponer sus fuerzas y su espíritu emprendedor, y extendieron muy activamente su esfera de intereses (también industriales) a Austria, los Sudetes, el Protectorado de Bohemia y Moravia y a las recuperadas provincias del Este del Reich. Las actividades que también trataban de llevar a cabo en los territorios ocupados en el Oeste tuvieron que ser limitadas.

     Con toda seguridad, el Dr. Hjalmar Schacht no fue propuesto por los bancos como presidente del Reichsbank, ni después tampoco como ministro de Economía, y ni siquiera fue favorecido por ellos. Lo cierto es que Schacht tomó la salida en solitario en el Frente de Harzburg, y buscó las relaciones con el círculo de amigos de Keppler y con el propio Hitler. Como ministro efectivo de la Economía del Reich desde 1934 a 1937, fue considerado por la gran industria como protector y, en parte, abusaron políticamente de él; así se vio, por ejemplo, en la disputa con la industria del acero en torno a la construcción de las Empresas del Reich "Hermann Göring".

     El se portó, pronto y conscientemente, casi como un enemigo del Partido. Su aversión fue correspondida fuertemente en el seno del NSDAP. Pero la verdadera causa de su caída como ministro de Economía está en la discusión iniciada con Göring en 1937 en torno a las instrucciones sobre competencias dictadas por este último, como delegado del Plan Cuatrienal.

     d) Ya antes de 1933 había en las filas de los empresarios de la pequeña y mediana industria convencidos partidarios del NSDAP, más bien aislados, y un mayor número de simpatizantes.

     El rápido éxito de la política del Gobierno para crear puestos de trabajo, que culminó hacia 1937 en el pleno empleo, la política social nacionalsocialista (Ley para la Ordenación del Trabajo Nacional y actividades del Frente del Trabajo), y el afianzamiento del nivel nominal de los salarios (las prestaciones complementarias subieron considerablemente), eliminaron el escepticismo inicial y motivaron que pronto numerosos industriales aceptasen una colaboración concertada y de confianza y estuvieran dispuestos a realizar una amplia actividad honorífica, no retribuída, en las organizaciones económicas. Por eso, las Cámaras de Comercio e Industria y sus organismos centrales pronto estuvieron dirigidos por activos nacionalsocialistas, que gozaban también de la confianza de las organizaciones locales del Partido. Del mismo modo se encontraron para la dirección y los consejos consultivos de las estructuras económicas centrales, tales como grupos técnicos, grupos económicos y grupos del Reich, una infinidad de personalidades empresariales, dispuestas a una colaboración intensiva y a trabajar con todas sus fuerzas. Todo esto se refiere a los sectores de la pequeña y mediana industria, es decir, sobre todo a los empresarios de la industria de bienes de consumo y de primera necesidad, y de la industria de bienes de producción en su más amplio sentido. Durante el Imperio del Kaiser y en la República de Weimar, ellos no estaban acostumbrados a que los partidos políticos tuvieran en consideración su influencia para la política económica, y menos aún a que pudieran influír en la "alta política". Para ello, ni siquiera bastó, por ejemplo, el peso del Deutsche Volkspartei (Partido Popular Alemán) que, durante la República de Weimar, estuvo especialmente vinculado a la industria.

     e) La industria pesada o gran industria jugó un papel político importante, fuera de la industria en general, y también junto a ella, en la República de Weimar. Se solía incluír en ella, en términos generales, por ejemplo la siderurgia, la minería, la gran industria química, la gran industria eléctrica y parte de la fabricación de maquinaria pesada; por último también se sumaban los grandes astilleros y el sector del armamento, el cual, sin embargo, en la República de Weimar sólo jugó cuantitativamente un papel más bien modesto. Delimitar claramente el concepto de "gran industria" no era tan fácil. Tratábase más bien de los "grandes", a los cuales se conocía más por sus apellidos que por el nombre de las empresas: Krupp, Thyssen, Roechling, Stumm, Kloeckner, Poensgen, Voegler, Siemens, Bosch, Helfferich, Schaffgotsch, Friedrich Flick y, naturalmente, la IG Farben y alguna más. Estas empresas se procuraron, antes de 1933, posibilidades de información y de influencia, incluso fuera de los ámbitos profesionales, mediante unas relaciones especiales directas, bien organizadas y cuidadas, con los círculos gubernamentales en el más amplio sentido de la palabra, con los diplomáticos, con funcionarios de ministerios, con los grandes bancos y con los servicios de la Reichswehr, posibilidades de las que no disponían los demás industriales. Esta red de información y de influencias fue la que echó cimientos para lanzar hombres de confianza como diputados, con la ayuda del notable apoyo financiero de partidos "económicamente amigos", caso del Partido Popular Nacional Alemán y del Partido Popular Alemán (DVP), y la que permitió incluso a algunos grandes industriales, como Hugenberg, Helfferich, Voegler y otros, presentarse ellos mismos como diputados en el Reichstag.

          En los años veinte, yo mismo pude observar en el DVP, al que estaba afiliado entonces, cómo se actuaba entre bastidores: fría, escuetamente, más de un modo inofensivo e ingenuo que refinada o incluso diabólicamente. También se poseían participaciones en los órganos de Prensa, o se les apoyaba económicamente. Hugenberg creó para el Partido Popular Nacional Alemán un trust de periódicos, y adquirió la UFA como medio cinematográfico. Dentro del círculo relativamente reducido de personalidades que durante el periodo de Weimar ejercieron realmente una auténtica influencia en la política y en el gobierno, la gran industria representó un bloque que tuvo esa influencia sobre todo en las políticas económica, f¡nanciera, fiscal, comercial y de armamento (no en la política exterior), si bien dada la fuerza parlamentaria de socialistas, comunistas y del Partido del Centro, no tuvo, ni por asomo, el poder y la influencia que le atribuían los comunistas, como el supuesto "monopolio del capital" dominante entre bastidores. Ellos no ambicionaban tampoco −con la excepción quizás de Hugenberg− el poder político. Lo que querían era asegurar y promover los intereses de sus grandes empresas, tanto en el país y en el extranjero como en los pedidos estatales, y defenderse contra unas cargas impositivas y sociales demasiado altas. Quizás también podían impedir o dar la vuelta a algunas cosas en el Parlamento, pero no podían hacer nada verdaderamente importante.

     Friedrich Flick confesó ante el Tribunal de Nuremberg que una empresa tiene que poder vivir y trabajar con cualquier Gobierno. Por eso él apoyó también siempre con dinero durante la época de Weimar a todos los partidos parlamentarios −y hubo bastantes− "con la excepción del partido comunista". Pero la influencia política de la "gran industria" no alcanzó a tanto como para que, en el período de la República de Weimar, pudiera poner en pie al menos un solo Gobierno con fuerza y capacidad para solucionar los problemas financieros e industriales de la economía alemana tras el derrumbamiento de la moneda, para frenar la creciente miseria del pueblo alemán y para crear una nueva base de confianza.

     En Marzo de 1930, el presidente del Reich, von Hindenburg, encargó a Heinrich Brüning que formase el primer "gabinete presidencial". Con ello, la República parlamentaria de Weimar como tal había llegado a su fin.

     El Dr. Brüning, que merece respeto en todos los aspectos, tuvo el valor de gobernar, cosa que se había perdido durante los últimos años de la democracia parlamentaria. Sin embargo, desde un principio lo rodeó el aura de que vivía algo divorciado de la realidad, lo que probablemente se debió también a su carácter ascético y a su obsesionado modo de ver el presupuesto del Reich, que le cerraba la visión de la verdadera situación económica y social del pueblo alemán, y lo condujo a la vía, completamente ilógica, de querer salvar una economía enferma y en rápido declive mediante una deflación masiva.

     Obsesionado por el conflicto en torno a la supresión de las reparaciones, y dedicado a la política exterior, no fue lo suficientemente consciente de que manejaba un pueblo y una economía que, a causa de un paro continuamente creciente, habían caído en una total desesperación y miseria.

     El último canciller del Reich durante la República de Weimar, el reaccionario von Papen, que no tenía la menor idea de los asuntos económicos, fue, tal vez, un hombre del gusto de los grandes propietarios agrarios y de la gran industria. Ellos tenían influencia sobre él, pero él mismo no tenía influencia sobre nadie y sobre nada, y desapareció tan rápidamente como había llegado. Hitler fue nombrado Canciller del Reich.

     Para la gran industria se anunció una nueva Era, ya en 1930, cuando 107 nacionalsocialistas fueron elegidos para el Reichstag. Hay que decirlo de un modo absolutamente drástico: con la toma del poder por Hitler el 30 de Enero de 1933, la gran industria vio derrumbarse, sin compensación alguna, la posición política de información y de influencias que había logrado crearse durante los quince años de Weimar. Los puntos de apoyo y las relaciones que hasta entonces tenían en el Reichstag perdieron su valor; ya no era posible influír en la Prensa y el cine, y los amigos nacional-alemanes desaparecieron muy pronto de los gobiernos del Reich y de los Estados. Los círculos diplomáticos fueron cribados. Apenas quedó en su puesto algún antiguo conocido gobernador de distrito, alcalde o presidente de gobierno regional. Por todas partes donde se mirase sólo había gente nueva. Únicamente subsistieron los enlaces con la burocracia ministerial de tipo medio, pero su influencia se redujo considerablemente. A los anteriores exponentes de la gran industria ya no se les llamaba para las asociaciones industriales técnicas, para las presidencias de las Cámaras de lndustria y de Comercio o para el Grupo "Industria" del Reich, y sólo unos pocos eran tolerados. Pues el NSDAP, el Partido, era por sus propias raíces indudablemente anticapitalista. La gran industria se encontró políticamente en el vacío.

     Todo esto hay que decirlo con toda claridad, para explicar la total insensatez de las afirmaciones de que la economía y la gran industria habían llevado a Hitler al poder, financiándolo respectivamente antes y después de tomar posesión del gobierno. Estas afirmaciones las pusieron inicialmente en circulación los comunistas, y las han hecho propias rápidamente sobre todo numerosos historiadores de la R.D.A. Pero sólo que no tienen absolutamente nada que ver con los hechos reales. Naturalmente, en los años 1932 y comienzos de 1933, los grandes industriales no podían saber qué iba a ocurrir en 1933-34. Pero empezaron a figurárselo cuando les "falló" von Papen. Sólo a partir de 1932 entablaron sus nuevas relaciones con el NSDAP (cuya denominación real, no lo olvidemos, era la de "Partido Obrero Nacionalsocialista"), y les resultaron fatales.

     La cosa era bastante difícil y, si exceptuamos algunos contactos regionales de menor importancia, en el ámbito central para el territorio conjunto del Reich se desarrolló esencialmente por cuatro vías. Hitler hizo a su entonces consejero económico, Wilhelm Keppler, afamado fabricante de Baden, la sugerencia de que extendiese su campo visual y se rodease, de un modo informal, de asesores que le permitieran ampliar sus informaciones y sus relaciones sobre el conjunto de la economía. Así nació el ''Círculo de amigos de Keppler", con el que más tarde entraría Himmler en relaciones. Keppler ganó para ello a personalidades que él conocía, y que, en un principio, procedían de la industria mediana. Cuanto más se acercaba la hora X, más fácil le fue. Pero para ello no se le presentaba desde arriba a la gente, sino que, a lo sumo, era admitida, y tenían que ser de la especie de Keppler, es decir, poseer una gran experiencia económica y un sano sentido común, y ser más bien probos, ni ambiciosos ni charlatanes. Schacht era uno de ellos, e introdujo a su colaborador Blessing. Del Ministerio de Finanzas del Reich, también pertenecían al grupo el director general Olscher, un hermano de Helfferich, afortunado industrial textil, el banquero barón von Schroeder, el antiguo comandante de submarinos Steinbrink, perteneciente al grupo Flick, así como Bosch y Oetker; con Siemens había relaciones. Todo ello es más o menos conocido, y se ha escrito mucho al respecto. Después de 1933 llegué a conocerlos a todos. Solía tratarse con ellos de la configuración del futuro y de la eliminación del paro, mas de dinero se hablaba poco: para ello Keppler era demasiado tímido y torpe, no era el hombre adecuado. Pero en el período de escasez de dinero, también fluyeron de este círculo medios económicos para la Dirección Central del NSDAP. Las jefaturas de las regiones, distritos y grupos locales tenían que financiarse por sí mismas. Como puede comprenderse, a partir de 1933 el dinero afluyó en mayores cantidades.

     Otro enlace se logró a través del alcalde Winkler y de Walter Funk, que entonces trabajaba con la industria, sobre todo con la pesada, y era conocido experto en temas económicos y el más capacitado director del "derechista" Berliner Borsen Zeitung. En 1933 fue nombrado secretario de Estado con Goebbels, y en 1938 ministro de Economía. El sí sabía manejar bien el dinero, y consiguió más de un cheque haciendo salir a sus donantes ―entre ellos también el consejero de Estado von Stauss, del Banco Alemán― entre alabanzas. Él lograba reunir a sus amigos y bienhechores con la mano derecha de Hitler, Hermann Göring, que tenía una manera habilísima de contribuír al fomento de esta buena voluntad para hacer donativos. Mirándolo bien, Göring era para los amigos de Funk uno "de nuestro clan" ―como solía decirse entonces― con el cual se podía hablar, pues fue aviador de caza en la 1ª Guerra Mundial y tenía la Orden "Pour le Mérite". Por último, estaba también el gran Thyssen, organizador del "famoso" encuentro de los industriales en Dusseldorf, que dio lugar a una charla de Hitler ante este "selectísimo" círculo de la auténtica gran industria. Thyssen también proporcionó donativos para el Partido.

     Pero todo esto no representaba grandes sumas (aunque después aumentaran con los éxitos): de 100.000 a 150.000 RM por empresa. Incluso hubo una que extendió un cheque por más de 250.000 RM; en tiempos de la crisis económica, ello significaba también mucho dinero para un empresario.

     Para el NSDAP, todo ese dinero sólo supuso entonces unas gotas caídas sobre la peña viva de las necesidades pecuniarias, derivadas de la propaganda política, las fuertes luchas electorales y la edición de periódicos del Partido. Los grupos locales, direcciones de distrito y jefaturas regionales, que antes de 1933 trabajaban de un modo absolutamente predominante con voluntarios y colaboradores sin retribución alguna, se financiaban con las cuotas mensuales y los donativos de sus miembros, que entonces ya habían sobrepasado el límite del millón. La oleada de mítines y reuniones y los elevados gastos de imprenta se financiaron por las masas de millones de electores (Hitler obtuvo en 1932, en las elecciones presidenciales, 11,3 millones de votos), que en todas las concentraciones, mítines electorales y colectas callejeras "para el fondo de lucha del NSDAP", ponían su óbolo en las huchas que se les ofrecían por todas partes, o bien entregaban en los grupos locales, abierta o discretamente, sus aportaciones, que no siempre eran pequeñas.

     La Dirección Central se financiaba dentro del Partido mediante una especie de aportación contingente (de la misma forma que lo hacían los Estados regionales respecto al Reich). Sin embargo, los continuos gastos de viaje de los dirigentes nacionalsocialistas ―como Hitler, que solía trasladarse en avión― para hablar en mítines por todo el país, eran grandes. Por eso, naturalmente, venían bien los donativos de la industria, pero, con absoluta seguridad, nunca fueron vitales para la lucha y el triunfo de Hitler; eran una ayuda grata y nada más. ¡La financiación de la gran industria no proporcionó a Hitler, de ninguna manera, el poder!. Un ejemplo para la Historia: para el primer Auxilio de Invierno de 1933 (!), es decir, aún en tiempos de una gran pobreza, el pueblo contribuyó con 350 millones de RM, lo cual hay que relacionarlo con el alto valor adquisitivo del dinero de entonces. Pues bien, de acuerdo con los cálculos del momento, no correspondieron a los grandes donativos más de 50 ó 75 millones de marcos. La mayor parte del dinero se había conseguido por medio de pequeñas y medianas aportaciones.

    Digámoslo con claridad: durante el III Reich, la gran industria no logró adquirir una influencia como tal grupo; ésta, por tanto, no pudo entrar realmente en consideración en ningún momento.


X.
EL "SOCIALISMO ALEMAN" DEL TERCER REICH


     Cuando se fundó el NSDAP bajo el nombre de "Partido Obrero Alemán Nacionalsocialista", éste nacía, sin duda alguna, con una consciente oposición al marxismo internacional y, especialmente también, con un enérgico rechazo de su idea fundamental, o sea la necesidad de la lucha de clases. Su lugar debía ocuparlo el "socialismo alemán", que no tenía ninguna organización ni programa sino que era un estado de ánimo.

     En el Brockhaus de 1923, el término "soc¡alismo" queda formulado así: "Conjunto de teorías de concepción del mundo y económicas, y de aquellas medidas prácticas que pretenden un nuevo orden de la vida y de la economía, poniendo el mayor acento en la cosa económica, en oposición a las concepciones individualistas de la economía y de la sociedad". Precisamente era ésta la idea vaga del socialismo alemán. Hitler no llamó a la lucha de todos contra todos sino que proclamó la comunidad "de todos los alemanes". Su combate político iba dirigido contra la lucha de clases de la derecha y la izquierda. El término que pronto se generalizó de "trabajadores de la frente y del puño", tenía por misión cerrar el abismo entre los trabajadores manuales e intelectuales, y despertar la conciencia social del pueblo. Pero tanto el Estado como el Partido, por mandato del pueblo como totalidad, debían cumplir la tarea y la obligación de ayudar a los más débiles del país a ayudarse ellos mismos. Con esta visión de futuro, emparejada con la exigencia de una liberación del Dictado de Versalles, Hitler fue Führer de un movimiento de masas y finalmente Canciller del Reich alemán.

     De Gregor Strasser, jefe de la fracción parlamentaria del NSDAP en el Reichstag, procede la expresión de "el anhelo anticapitalista del pueblo alemán" (así lo refiere el gauleiter Jordan en su libro "Im Zeugenstand der Geschichte"). Este "anhelo anticapitalista", según mis conocimientos, lo sentía también, por su formación y sus propias experiencias vitales, una aplastante mayoría de los gauleiter, que tan fuertemente determinaban el acontecer de la política interior. Y hasta tal punto que, de acuerdo con los criterios de hoy, habría que clasificarlos indudablemente entre la "izquierda", o, al menos, agruparlos con la "izquierda del centro". En el período comprendido entre la toma del poder y las primeras elecciones al Reichstag del III Reich, en Marzo de 1933, Keppler planteó a Hitler la cuestión de si no había llegado ya el momento de modificar el nombre del NSDAP, dado que el Partido se dirigiría ahora a todo el pueblo alemán, y sus afiliados procedían, en un elevado porcentaje, de la agricultura y de las clases medias de la pequeña burguesía. Hitler rechazó la propuesta sin la menor vacilación. El nombre del Partido debía y tenía que permanecer tal como era: Partido Obrero (no Partido de los Obreros). Esto venía a significar PARA los obreros, y así quedaba bien. Todos los nacionalsocialistas tenían que llevar continuamente grabado en la memoria que los obreros eran quienes más necesitaban la ayuda del Partido. Los restantes sectores profesionales podían ayudarse ellos mismos.

     Después del 30 de Enero de 1933 se perdió muy poco tiempo en hacer prevalecer la idea fundamental de que había que poner término a la lucha de clases. Los portavoces de ésta, es decir los sindicatos y asociaciones obreras, fueron disueltos.

     El 1° de Mayo de 1933, la tradicional festividad de los obreros, el Primero de Mayo, fue proclamado fiesta de todo el pueblo, como "Día del Trabajo Nacional".

     Las relaciones entre los patronos y el personal de sus empresas se enfocaron muy pronto desde una base absolutamente nueva, mediante la "Ley para la Ordenación del Trabajo Nacional", y también se instituyó una protección estatal para los trabajadores con la "Ley sobre los Procuradores Laborales".

     En su artículo tercero se dice: "Hasta la nueva ordenación de la Carta Social, los procuradores fijarán las condiciones para concluír los contratos de trabajo, en lugar de las asociaciones obreras, de los patronos individuales y de la Asociación de Empresarios. Además, los procuradores cuidan del mantenimiento de la paz laboral. Y se les convoca para que colaboren en una nueva Carta del Trabajo". A los procuradores laborales no se les designó esencialmente como empleados profesionales, sino como personas de experiencia y acreditado sentido social.

     Por otra parte, la realización del socialismo alemán −así desearía llamarlo− fue encomendada por Adolf Hitler a Robert Ley, jefe de Organización del NSDAP, al encargarle la creación del "Frente Alemán del Trabajo" (DAF) como organización próxima al NSDAP. Tanto los "jefes de empresa" como los "operarios" debían ser miembros del DAF.

     Joachim C. Fest, en su libro "Das Gesicht des Dritten Reiches" (El Rostro del III Reich), escribe sobre Robert Ley lo siguiente: "En cambio, la figura de Robert Ley, en su corte a la vez débil, extravagante y rudo, mezquino en suma, hizo prescindir de una aportación suplementaria, tanto más porque las características personales, en este caso, coincidían ampliamente con las de algunos otros miembros del séquito de Hitler".

     La observación evidencia un absoluto desconocimiento de la realidad del Tercer Reich y efectivamente no sólo sobre este caso concreto. Robert Ley fue una de las más importantes y singulares personalidades del III Reich, por su gran abundancia de ideas, su incontenible energía y un idealismo y voluntad incansables para conseguir una vida mejor para los trabajadores alemanes como colectividad, en tanto que dependiese de él. Hasta tal punto, que fue el portador por antonomasia de las ideas del "socialismo alemán".

     El Frente Alemán del Trabajo, con la autoridad de una organización del Partido, sí estaba en condiciones de obtener en tiempos de paz, en lo relativo al salario de los trabajadores, todo cuanto permitían las razones técnicas y de economía general, dentro del marco de la deseada estabilidad de precios. A la vez, en el transcurso de los años, fueron ocupando progresivamente un lugar especial, junto al aumento de los salarios, considerables prestaciones complementarias de la más variada índole.

     En seguida, y a través de una recensión de la Serie de Cuadernos Trimestrales de Historia Contemporánea, número 19, vamos a echar sólo una breve ojeada al libro de Peter Hüttenberger "Los Gauleiter", trabajo histórico de cuidadosa investigación y de valor objetivo en todos los aspectos.

     «La recepción de los bienes sindicales, y los ingresos por cuotas de los afiliados, hicieron del DAF una organización extraordinariamente fuerte en sus finanzas. Como asociación anexa al NSDAP, y al contrario que otras secciones del Partido, gozaba de un derecho patrimonial propio. El tesorero general del NSDAP sólo tenía unos determinados poderes de inspección y control, pero no administraba el patrimonio del DAF. Con unos 23 millones de miembros, el DAF numéricamente era casi cinco veces más fuerte que el NSDAP, y mientras muchos gau del NSDAP en los primeros años del III Reich todavía seguían endeudados, el DAF podía crear bancos propios y unas potentes entidades económicas, mientras iba extendiendo continuamente su influencia. Robert Ley, a quien reprochaba el gauleiter Wahl su "morbosa manía de organizar", y que tenía a su lado a expertos planificadores como Selzner, creó en Enero de 1934 el Servicio del Reich para el Hogar, que hasta 1936 acometió más de doscientos mil proyectos de construcción. El DAF levantó numerosas escuelas y talleres de formación profesional y de readiestramiento, en los cuales, según el testimonio de Ley, hasta 1936 se había dado ocupación a 250.000 profesores y se había formado a 2,5 millones de obreros. El Frente Alemán del Trabajo instituyó también los concursos Profesionales del Reich, y publicaba en sus propias editoriales 88 revistas técnicas y especializadas, con una tirada total de 10 millones de ejemplares, además de una serie de revistas de propaganda política (como "Arbeitertum", "Schonheit der Arbeit" y "Der Aufbau"). También supervisaba y dirigía instituciones para el fomento de la salud pública; creó la gigantesca empresa "Kraft durch Freude" (Fuerza por la Alegría), construyó miles de parques públicos, centenares de instalaciones deportivas y piscinas, mantenía teatros propios, una Orquesta Sinfónica del Reich, etc; contaba con una Obra para cursos de vulgarización, y con otra denominada "Gratitud de los obreros", que atendía a los reservistas de la Wehrmacht. Para la formación de sus propios funcionarios, el DAF disponía de 9 escuelas del Reich y de otras 40 regionales. También financiaba las escuelas del Partido en los Ordensburg de Vogelsang, Sonthofen y Crossinsee, que dependían de Ley como jefe de Organización del NSDAP. Estas últimas eran un ejemplo de cómo los medios y la estructura del DAF no le venían mal al jefe de la Organización y consolidaban la posición de éste» (Fin de la cita).


XI.
NORTE Y RAZÓN DE LA POLÍTICA EXTERIOR DE HITLER:
EL TEMOR AL BOLCHEVISMO


     Después de la guerra estuve dos años en los campos de concentración aliados, otros dos en el Palacio de Justicia de Nuremberg y dos más en el presidio de Landsberg. Entonces tuve tiempo suficiente para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro. Respecto al pasado, me preocupaba continuamente, como es natural, la siguiente cuestión: ¿cuáles fueron las motivaciones en la política exterior de Hitler?. Desde entonces han transcurrido veinticinco años, y he leído mucho de lo más relevante históricamente sobre los seis años de paz y los seis de guerra del III Reich. En cuanto a los móviles de la política exterior de Hitler, me mantengo en lo esencial en el convencimiento que yo ya tenía en el Palacio de Justicia de Nuremberg: el norte de la política exterior de Hitler, que eclipsaba todo lo demás, fue el temor al bolchevismo.

     1. En Agosto de 1936, Hitler redactó un memorándum sobre la finalidad del Plan Cuatrienal. En aquel entonces, sólo existían tres ejemplares. A Göring le prohibió Hitler que lo leyera ante alguien o lo difundiese. Por tanto, es indudable que no estaba destinado a fines de propaganda. Tampoco debía influír sobre terceros. Tal como lo transcribo a continuación, se han suprimido los subrrayados del original. La cita procede íntegramente de la primera parte del memorándum, que lleva el subtítulo de

«La Situación Política

     "Política es la conducción y el curso de la lucha vital e histórica de los pueblos. La finalidad de esta lucha es la conservación de la existencia. También las pugnas entre las concepciones idealistas del mundo tienen sus causas últimas y reciben sus más profundos impulsos de los propósitos que abrigan los pueblos y del objeto de su vida. Las religiones y las cosmovisiones están siempre en condiciones de dar a esas luchas una dureza especial, y con ello les confieren también una gran fuerza histórica. Ellas imprimen su sello en las entrañas de los siglos. Entonces, a los pueblos y países que viven dentro del círculo de influencia de tales disputas entre concepciones del mundo o religiosas, no les resulta posible aislar los acontecimientos o excluírse de ellos.

     El cristianismo y las migraciones de los pueblos determinaron el contenido histórico de siglos. También el islamismo estremeció al Oriente, y a la vez al Occidente, durante medio milenio. La Reforma puso al alcance de sus efectos a toda la Europa Central.

     A las naciones, individualmente, no les era posible apartarse de los acontecimientos, aunque tratasen de hacerlo con prudencia o por una indiferencia premeditada. Desde el estallido de la Revolución Francesa el mundo avanza, a un ritmo cada vez más vigoroso, hacia un nuevo conflicto en el que la solución más extrema es el bolchevismo, cuyo contenido y propósitos, sin embargo, sólo consisten en suprimir y reemplazar a las capas sociales que hasta ahora dirigían a la Humanidad, por el judaísmo extendido a escala internacional. Ningún país podrá eludir o al menos mantenerse alejado de esta pugna histórica.

     Desde el momento en que el marxismo, con su victoria en Rusia, se procuró uno de los mayores Imperios del mundo como base de partida para las siguientes operaciones, esta cuestión se ha convertido en una amenaza. Un mundo democrático desgarrado ideológicamente por sí mismo, hace frente a una cerrada y firme voluntad de agresión, ideológicamente autoritaria.

     Los recursos militares de esta fuerza agresora aumentan además, de año en año, a un ritmo veloz. Basta con comparar el Ejército Rojo que existe hoy realmente, con el cálculo de tropas de hace diez, quince o veinte años, para hacerse una idea de los cambios registrados.

Alemania

     Alemania, como siempre, será considerada centro del mundo occidental frente a los ataques bolcheviques. Yo no concibo esto como una misión grata sino como una lamentable complicación y una carga sobre nuestra vida nacional, condicionada por nuestra desdichada situación geográfica en Europa. Pero no podemos eludir este destino.

     Nuestra situación política se infiere de lo siguiente:

     Europa, en la actualidad, sólo tiene dos países que cabe considerar firmemente contrarios al bolchevismo: Alemania e Italia. Las otras naciones, o bien se están descomponiendo por su forma de vivir democrática, se contaminan de marxismo y decaerán pronto incluso hasta su ruina, o bien están regidas por gobiernos autoritarios, cuya única fuerza está en sus efectivos militares. Pero, en estos últimos, hay que tener en cuenta que, debido a la necesidad de afianzar ante los propios pueblos la efectividad de su gestión a través del medio de coerción del ejecutivo, son incapaces de preparar esta fuerza en bruto para defender a sus países frente al exterior. Todas estas naciones jamás serían capaces de sostener, con buenos auspicios, una guerra contra la Rusia soviética.

     En resumidas cuentas, si exceptuamos a Alemania e Italia, sólo cabe considerar al Japón como potencia opuesta a ese peligro mundial. No es propósito de este memorándum hacer profecías sobre el momento en el cual la insostenible situación de Europa evolucionará hacia una crisis abierta. En estas líneas, yo sólo desearía hacer constar mi convencimiento de que esta crisis no puede dejar de venir, y vendrá, y de que Alemania tiene la obligación de asegurar, por todos los medios, su propia existencia ante esa catástrofe y protegerse de ella, y de que de esta presión que sufre se infiere una serie de consecuencias que atañen a las más importantes tareas que jamás le hayan sido impuestas a nuestro pueblo.

     Porque una victoria del bolchevismo sobre Alemania no conduciría a un Tratado de Versalles sino a una destrucción definitiva y a un exterminio del pueblo alemán.

     No es fácil imaginarse las dimensiones de semejante catástrofe.

     En resumen, tras un derrumbamiento frente a los bolcheviques, la Europa Occidental (Alemania incluída), con su densa población, sufriría la más horrible catástrofe que haya afligido a la Humanidad desde la extinción de los pueblos antiguos.

     Ante la necesidad de defendernos de este peligro, todas las demás consideraciones deberán ser relegadas a un segundo plano como intrascendentes.

     El nuevo Ejército tendrá que ocuparse en sacar las debidas deducciones militares de esta situación. ¡El alcance y la rapidez de la preparación militar de nuestras fuerzas nunca será tan grande como precisamos!.

     Es un error capital creer, sobre este particular, que podría realizarse alguna transacción o equiparación con otras necesidades vitales. Por más que la vida conjunta de un pueblo deba estar equilibrada, en ciertas épocas es preciso efectuar dilaciones parciales en perjuicio de las tareas que vitalmente son menos importantes. Si, en un breve plazo, no logramos hacer de la Wehrmacht alemana el primer ejército del mundo, tanto en la instrucción como en el cometido de las unidades, armamento y, sobre todo, en la formación de su espíritu... ¡Alemania estará perdida!» (Fin de la cita).

     2. El mismo orden de ideas fue repetido por Hitler en un discurso interno del Partido, que yo mismo escuché a fines de Abril de 1937, en un curso de formación en el Ordensburg de Sonthofen. De ello ya hablé en mi libro "Encargado de Crisis en el Tercer Reich". Me limito a citar sólo un párrafo:

     «El comunismo, en los últimos años, mediante una política consecuente pero también brutal, ha creado de los aldeanos de la Rusia anterior y de un pueblo con un elevado índice de analfabetos, un pueblo con potencia económica e industrializado, nada menos que en quince años. Partiendo del elevado talento y aplicación del pueblo ruso, de su fuerza aún sin utilizar, y del gran incremento de la población, este proceso se irá acelerando y, a más tardar en un decenio, nacerá una fuerza económica y militar frente a la cual Europa no tendrá nada equivalente que oponer.

     «Esto nos crea a nosotros una situación profundamente trágica, pero inevitable. El Reich −dijo él− es geográficamente la barrera de Europa frente al Este. La misión de defenderla contra una invasión de índole política, militar y étnica nos ha sido impuesta por el destino, y no podemos rehuír esa tarea. (Y es por eso que él ha dispuesto en el Plan Cuatrienal, mediante la construcción de armamento y de una Wehrmacht fuerte y combativa, todos los pasos para facilitarnos la posibilidad de oponernos con éxito a esa amenaza. El da por seguro que el tiempo no trabaja en favor nuestro, sino en beneficio del Este)» (Fin de la cita).

     3. La movilización parcial de las fuerzas armadas checoslovacas, el 20 de Mayo de 1938, y el esperado gran triunfo electoral de Konrad Henlein, jefe de los alemanes sudetes, el 22 de Mayo de 1938, decidieron el destino de Checoslovaquia. Hitler vio de repente, con claridad, que si no neutralizaba a las fuerzas armadas checas y sus aeródromos, en los cuales tenía la Unión Soviética un permiso general para aterrizar, esta última podría ponernos en cualquier momento en una situación militar desesperada. Relacionada con esto surgió la expresión de "Checoslovaquia como portaaviones en el cuerpo al descubierto del Reich".

     Las dramáticas jornadas de Mayo de 1938 han sido descritas por el gauleiter Jordan como testigo de aquellos días (Hitler estaba con él en Dessau) en su libro "Im Zeugenstand der Geschichte" (En el Estrado de los Testigos de la Historia).

     4. El pacto de no agresión germano-soviético, del 23 de Agosto de 1939, y el acuerdo secreto sobre el reparto de la Europa Central-Oriental en esferas de intereses, firmado simultáneamente, decidieron el destino de Polonia. Nunca más existiría la posibilidad de empujar tan lejos hacia el Este, con el consentimiento de la Unión Soviética, las fronteras orientales del Reich alemán.

     5. Las conversaciones de Hitler con Molotov, ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, el 12 y 13 de Noviembre de 1940, decidieron definitivamente la cuestión de si aún era posible desviar hacia Asia la presión expansiva rusa. Molotov insistió en que Rumania, Bulgaria y los Dardanelos tenían que pasar inequívocamente a la esfera de intereses de la Rusia Soviética.

     Cuando Molotov abandonó Berlín, Hitler dispuso que se preparara la Operación "Barbarroja".

     Mientras el mando de los tres ejércitos de la Wehrmacht formuló las más serias objeciones sobre el ataque contra Dinamarca y Noruega y la campaña del Oeste, tales reparos apenas se hicieron valer respecto a una campaña contra Rusia. Se creía que nuevamente podría realizarse con éxito una guerra relámpago. Luego se vio que para ello se había partido de unas falsas hipótesis.

     A pesar de los grandes elogios que, tanto entonces como hoy, siguen haciendo algunas personas del agregado militar en Moscú y de parte del servicio de información "Ejércitos Extranjeros del Este", mandado por Gehlen, se demostró que, desde los puntos de vista del armamento, militar y político, se había partido de unos supuestos absolutamente erróneos.

     El temor de Hitler al bolchevismo demostró estar plenamente fundado.−





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