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lunes, 7 de octubre de 2013

Bill Hughes - Sobre el Titanic y las Guerras Mundiales



     En una segunda entrega presentamos otros tres capítulos (5, 6 y 7) del libro de 2002 del estadounidense Bill Hughes "The Secret Terrorists", que hemos tenido que revisar y traducir de nuevo dados los numerosos errores e imprecisiones de la versión castellana que circula y que detectamos. En estos fragmentos su autor presenta su particular y sugestiva visión con respecto a las intenciones tanto del papado como de la malévola organización de los jesuítas (los terroristas secretos, en esta apreciación) que se han traducido en hechos trágicos que han asolado y consternado al siglo XX entero, todo con el fin de dar poder a la Bestia que maravilla al mundo. Hemos obviado aquí algunos párrafos. Todo lo demás, toda su interpretación histórica que presentamos, nos parece bastante interesante, aunque no deja de contener ciertas inexactitudes.


Los Terroristas Secretos (2)
por Bill Hughes




CAPÍTULO 5
EL HUNDIMIENTO DEL TITANIC


     Cuando pensamos en los sucesos que han ocurrido en la Historia en los últimos cien a doscientos años, hay ciertos acontecimientos que se distinguen por haber sido de un gran horror, una gran sorpresa y una gran tristeza. De los muchos que vienen a mi mente el más devastador ha sido la destrucción del World Trade Center en la ciudad de Nueva York y el hundimiento del Titanic.

     Las más grandes tragedias de los últimos doscientos años pueden ser atribuídas a los jesuítas. Sabemos hoy día que los jesuítas planificaron y llevaron a cabo el hundimiento del Titanic, y mostraremos por qué lo hicieron.

     Desde el principio de la década de los años 1830 Estados Unidos no tenía un Banco Central. Los jesuítas deseaban desesperadamente otro Banco Central en EE.UU. de modo que ellos pudieran tener una reserva sin límites de la cual sacar dinero para sus muchas guerras y para otras tramas ocultas alrededor del mundo.

     En 1910 se reunieron siete hombres en la isla Jekyll, en la costa de Georgia, para establecer un Banco Central, al que llamaron el Banco de la Reserva Federal. Esto hombres eran Nelson Aldrich, Frank Vanderlip, ambos representando al imperio de los Rockefeller; Henry Davidson, Charles Norton y Benjamín Strong representando a J. P. Morgan; y Paul Warburg, representando a la dinastía banquera europea de los Rothschild. Hemos visto anteriormente que los Rothschild eran los agentes bancarios de los jesuítas del papado y que conservaban "la llave de las riquezas de la Iglesia Católica Romana".

     «Los Morgan eran competidores amigables con los Rothschild y llegaron a estar muy unidos socialmente con ellos. La firma Morgan con sede en Londres había sido salvada de la ruina financiera en el año 1857 por el Banco de Inglaterra sobre el cual los Rothschild tenían una gran influencia. Desde entonces, Morgan parece haber servido como un agente financiero de los Rothschild e hizo todo lo posible por aparentar ser completamente estadounidense...

     «Su entrada [la de Rockefeller] en el campo bancario no fue recibida con beneplácito de parte de Morgan por lo que se convirtieron en feroces competidores. Finalmente, decidieron minimizar su competencia y comenzaron empresas conjuntas. Al final, trabajaron juntos para crear un cártel bancario nacional llamado el Sistema de la Reserva Federal» (G. Edward Griffin, The Creature from Jekyll Island, American Opinion Publishing, p.209).

     Estas tres familias financieras, los Rothschild, los Morgan y los Rockefeller, hacían todo lo que la Orden de los jesuítas les dijera, por causa de la infiltración de los jesuítas en sus organizaciones. Ellos hacían lo que fuese necesario para destruír las libertades constitucionales en Estados Unidos y para lograr que el Papa dominara el mundo. Si miramos hacia atrás al siglo veinte vemos cuán exitosos han sido los jesuítas. Han continuado malgastando las riquezas de EE.UU. y atacando continuamente su Constitución y las libertades civiles. El poder del Papa en la ciudad del Vaticano aumenta día a día. Algún día lograrán el poder total otra vez.

     La construcción del Titanic comenzó en 1909 en un astillero en Belfast, la capital de Irlanda del Norte. Belfast era una ciudad refugio de los Protestantes, por lo que era odiada por los jesuítas. La Primera Guerra Mundial comenzó pocos años después.

     El Titanic era uno de los buques de la flota que poseía la compañía White Star Line, una compañía de transporte marítimo internacional.

     «El negocio bancario no era el único en el que Morgan tenía un fuerte interés económico. Haciendo uso del control que tenía sobre los ferrocarriles de la nación como ventaja financiera, él había creado un consorcio de empresas de transporte marítimo internacional que incluía las dos más grandes líneas alemanas y una de las dos más grandes en Inglaterra, la White Star Lines» (Ibid, p.246).

     Había un buen número de hombres ricos y poderosos que dejaron de forma más que clara que no favorecían el Sistema de la Reserva Federal. Los jesuítas le ordenaron a J. P. Morgan construir el Titanic. Este barco supuestamente "insumergible" sirvió como el barco de la muerte para aquellos que se oponían a los planes de los jesuítas de establecer un Sistema de Reserva Federal.

     Estos hombres ricos y poderosos podrían haber sido capaces de bloquear el establecimiento de la Reserva Federal, y por lo tanto su poder y sus fortunas les tendrían que ser arrebatados de sus manos. Ellos tenían que ser destruídos por medios tan absurdos que nadie sospechara que habían sido asesinados, y nadie sospecharía que habían sido los jesuítas. El Titanic fue el vehículo de su destrucción. Para poder proteger al Papado y a los jesuítas de cualquier sospecha, muchos irlandeses, franceses e italianos católico-romanos inmigraron al Nuevo Mundo a bordo del barco. Éstos eran personas que podían morir sin que se considerase sus muertes como algo importante. Los Protestantes de Belfast que querían inmigrar a Estados Unidos fueron invitados también a bordo.

     Todos los hombres ricos y poderosos de los que los jesuítas querían deshacerse fueron invitados a realizar el crucero. Tres de los más ricos y poderosos de éstos eran Benjamin Guggenheim, Isador Strauss, el propietario de las tiendas por departamento Macy’s, y John Jacob Astor, posiblemente el hombre más rico del mundo. El total de sus riquezas en aquella época, haciendo uso del valor del dólar en ese momento, era de más de 500 millones de dólares. Hoy día esa cantidad de dinero tendría un valor de aproximadamente 11.000 millones de dólares. Estos tres hombres fueron engatusados y animados a abordar el palacio flotante. Tenían que ser destruídos porque los jesuítas sabían que ellos utilizarían sus riquezas y sus influencias para oponerse al Banco de la Reserva Federal y también se opondrían a las varias guerras que se estaban planificando.

     Edward Smith era el capitán del Titanic. Él había navegado por las aguas del Atlántico Norte por veintiséis años y era considerado el más experimentado maestro de las rutas del Atlántico Norte. Él había trabajado para el jesuíta J. P. Morgan por muchos años.

     Edward Smith era un jesuíta "tempore co-adjutor". Esto significa que no era un sacerdote pero sí que era un jesuíta de sotana corta (laico). Los jesuítas no son necesariamente sacerdotes. Aquellos que no son sacerdotes le sirven a la Orden a través de su profesión. Cualquiera puede ser un jesuíta y su identidad no ser conocida. Edward Smith, le sirvió a la orden de los jesuítas en su profesión de capitán de mar.

     Muchos puntos interesantes acerca del Titanic son discutidos en un video hecho por National Geographic en 1986. El video se titula "The Secrets of the Titanic". Cuando el Titanic partió del Sur de Inglaterra el 10 de Abril de 1912, Frances Browne, el amo jesuíta de Edward Smith, abordó el Titanic. Este hombre era el jesuíta más poderoso en toda Irlanda y respondía directamente al General de la orden jesuíta en Roma. El video declara:

     «Un sacerdote en vacaciones, Francis Browne, tomó estas conmovedoras fotografías de socios pasajeros a bordo, la mayoría de ellos de viaje a la eternidad. Al día siguiente el Titanic hizo su última parada en la costa de Queenstown, Irlanda. Aquí las lanchas llevaron al barco a los últimos pasajeros, la mayoría inmigrantes irlandeses que buscaban establecer sus nuevos hogares en Estados Unidos. Y allí desembarcó el afortunado sacerdote Browne... El cura Browne capturó al capitán Smith mirando desde el puente del Titanic suspendido al borde de su destino» (The Secrets of the Titanic, National Geographic, video tape, 1986).

    «Aquí se ve la traición jesuíta en su máxima expresión. El Provincial [sacerdote Francis Browne] abordó el Titanic, fotografió a las víctimas, y mayormente sin duda le informó al capitán acerca de sus juramentos como jesuíta, y a la mañana siguiente se despidió de él» (Eric J. Phelps, Vatican Assasins, Halycon Unified Services, p. 427).

     Browne revisó con Edward Smith por última vez exactamente lo que tenía que hacer en las aguas del Atlántico Norte. El General jesuíta le había dicho a Francis Browne lo que tenía que suceder; Browne se lo dijo a Smith y el resto es historia. Edward Smith creía que el General jesuíta

     «...es el dios de la Sociedad [jesuíta], y que nada sino su toque eléctrico puede activar sus cuerpos muertos y crear en ellos vida y acción. Hasta que él hable, ellos son como serpientes enredadas en sus frías tumbas, sin vida e inactivos; pero en el momento en que él da la orden, cada miembro se levanta inmediatamente dejando inacabado todo lo que hubiesen estado haciendo, listos para asaltar a quienquiera que él solicite que sea asaltado, y para golpear dondequiera que él pida que se haga» (R. W. Thompson, The Footprints of the Jesuits, Hunt & Eaton, pp. 72 y 73).

     A Edward Smith se le ordenó hundir el Titanic, y él lo hizo tal y como le fue ordenado hacer.

     «Por el mandato de Dios [el General jesuíta] es ilegal matar inocentes, robar o cometer cualquier lascivia, porque él [el Papa] es el Señor de la vida y de la muerte y de todas las cosas; por lo tanto nuestro deber es cumplir con sus órdenes» (W. C. Brownlee, Secret Instructions of the Jesuits, American and Foreign Christian Union, p 143).

     «No hay ningún registro en la Historia de una asociación cuya organización haya prevalecido durante 300 años sin cambio y sin alteración pesar de los ataques de los hombres y los tiempos, y que haya ejercido tan inmensa influencia sobre los destinos de la Humanidad... "El fin justifica los medios" es su frase favorita, y como su único fin es la Orden, como hemos mostrado, en cuanto se le pida, el jesuíta está dispuesto a cometer cualquier tipo de crimen» (G. B. Nicolini, La Historia de los Jesuítas, Henry G. Bohn, pp. 495, 496).

     Recordemos el juramento que cada persona tiene que hacer para formar parte de la Orden Jesuíta:

     «Debo considerar mi cuerpo como un cuerpo muerto, sin voluntad o inteligencia, como un pequeño crucifijo que se entrega sin resistencia a la voluntad de aquel que lo maneja como un bastón en las manos de un anciano, quien lo usa como lo requiere y como mejor le place» (R. W. Thompson, The Footprints of the Jesuits, Hunt & Eaton, p. 54).

     Cuando una persona hace el juramento de los jesuítas está atado a su amo hasta el día de su muerte. Edward Smith se había convertido en un hombre sin voluntad y sin inteligencia. Él hubiese cometido cualquier crimen que la Orden le hubiese ordenado cometer. A Edward Smith se le había requerido que actuara como mártir. A bordo del Titanic esa noche Edward Smith sabía cuál era su deber. Estaba bajo juramento. El barco se había construído para los enemigos de los jesuítas. Luego de tres días en el mar con sólo un par de binoculares para ver en el puente, Edward Smith aceleró el Titanic a su máxima velocidad, veintidós nudos, en una noche oscura sin luna en un océano completamente lleno de hielo en un área de casi 80 millas cuadradas. Edward Smith hizo todo esto a pesar de que había recibido por lo menos ocho telegramas advirtiéndole que fuera más cuidadoso ya que estaba navegando demasiado rápido.

     ¿Necesitaría Edward Smith siquiera un aviso? No, él había estado navegando por esas aguas durante veintiséis años. Él sabía que había icebergs en esa área. Pero ni siquiera ocho avisos detuvieron a ese hombre que estaba bajo el juramento de los jesuítas y bajo órdenes específicas de destruír el Titanic.

     Hacerle repetidas advertencias al capitán Edward Smith en cuanto a reducir la velocidad del Titanic en la noche de la tragedia era algo poco menos que absurdo. El hecho de que Smith nunca escuchó o hizo caso de las advertencias es una locura. A él se le habían impartido órdenes de su "dios" en el Vaticano y nada le haría cambiar su curso.

     Las enciclopedias muestran una imagen muy trágica de Smith en sus últimas horas. En el momento en que hubo de darse la orden de cargar y bajar los botes salvavidas, Smith dudó y uno de sus ayudantes tuvo que enfrentarse con él para que diera la orden. Las legendarias capacidades de liderazgo de Smith parecían haberlo abandonado; él estaba extrañamente indeciso e inusualmente cauteloso en esa noche fatal. ¿Son éstas las palabras que describen a un legendario capitán de mar con veintiséis años de experiencia, o son palabras para describir a un hombre que estaba luchando en su mente en cuanto a si debía cumplir con su deber como capitán u obedecer a su amo que le había ordenado hundir el barco?.

     La esposa de John Jacob Astor se subió a un bote salvavidas y sobrevivió, mientras que su esposo murió en las aguas del Atlántico Norte. No había suficientes botes salvavidas y muchos de ellos estaban sólo llenos a la mitad de su capacidad con sólo niños y mujeres en ellos.

     Para impedir que algunos barcos que pudiesen estar cerca respondieran prestando ayuda, las luces de bengala que se disparaban para pedir ayuda eran blancas, cuando deberían haber sido rojas. Las bengalas blancas para los cargueros que pasasen significaba que estaban teniendo una fiesta.

     Una de las más grandes tragedias del siglo veinte, el hundimiento del Titanic, se encuentra ligada directamente con la Orden de los jesuítas. El barco que supuestamente era insumergible, el palacio flotante, fue creado para convertirse en la tumba de los ricos que se oponían al Sistema de la Reserva Federal. Para Abril de 1912 había sido eliminada toda la oposición que había contra la creación de la Reserva Federal. En Diciembre de 1913 vio la luz el Sistema de la Reserva Federal en Estados Unidos. Ocho meses después, los jesuítas tenían fondos suficientes a través del Banco de la Reserva Federal para comenzar la Primera Guerra Mundial.



CAPÍTULO 6
LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL


     El heredero al trono de Austria–Hungría, el archiduque Francisco Fernando, junto con su esposa estaban en Sarajevo el 26 de Julio de 1914. A medida que se desplazaban por las calles llenas de gente en un carruaje abierto, comenzó un tiroteo y ambos resultaron muertos.

     Las personas de Sarajevo eran predominantemente servios. Su convicción religiosa en su mayoría era la de los cristianos Ortodoxos. Desde el año 1054 la Iglesia católica ha estado en guerra con los cristianos Ortodoxos. Cincuenta años antes del asesinato, los croatas, quienes son católicos, habían comenzado a expresar abiertamente su odio hacia los servios, quienes eran rivales de Roma y tenían que ser exterminados.

     «El Papa Pío X en su odio por los cristianos Ortodoxos estaba incitando continuamente al Emperador Francisco José de Austria-Hungría a "castigar a los servios". Después de lo que sucedió en Sarajevo, el barón Ritter, representante de Bavaria ante el Vaticano, le escribió a su gobierno: "El Papa aprueba el trato riguroso que Austria le está dando a Servia. Él no tiene muy buena opinión de los ejércitos de Rusia y de Francia en el caso de una guerra con Alemania. El cardenal Secretario de Estado no ve cuándo Austria podría emprender la guerra si no se decide a hacerla en este momento...". Ahí está, en sus colores reales, el Vicario de Cristo [el Papa], el gentil apóstol de la paz, el santo pontífice a quien autores piadosos describen como habiendo muerto de tristeza al ver el estallido de la guerra» (Edmund Paris, The Vatican against Europe, The Wickliffle Press. p. 14).

     «Uno podría decir muy específicamente que en 1914 la Iglesia Católica Romana comenzó una serie de guerras diabólicas. Fue entonces que el tributo de sangre que ella siempre ha tomado de los pueblos comenzó a convertirse en un verdadero torrente» (Ibid, p. 48).

     Vemos entonces que el Papa entendía claramente que si Austria-Hungría aplastaba a los servios, entonces los hermanos de los servios, los cristianos Ortodoxos de Rusia, entrarían a la reyerta. Luego Alemania, Francia y otros se unirían, y usted tiene la Primera Guerra Mundial. El Papado estaba gozoso de ver a Rusia entrar en el conflicto. Rusia era predominantemente Ortodoxa, y el Papado quería que los Ortodoxos cristianos en Rusia y alrededor del mundo fueran aniquilados.

     Los jesuítas del papado tenían otra razón para estar tan contentos cuando Rusia entró al conflicto. Era la hora de la venganza. Cerca de 100 años antes de que la Primera Guerra Mundial comenzara, Alejandro I, el Emperador ruso había expulsado a los jesuítas de Rusia.

     «El Emperador ruso, Alejandro, se vio precisado a promulgar un decreto real en 1816, mediante el cual él expulsaba a los jesuítas de San Petersburgo y de Moscú. Siendo poco efectivo ese decreto, promulgó otro en 1820, excluyéndolos totalmente de los territorios rusos» (R. W. Thompson, Las Huellas de los Jesuítas, Hunt & Eaton, pp. 245, 246).

     Cinco años después, Alejandro fue envenenado y murió. Los Zares rusos estaban bajo ataque de parte de los jesuítas.

     Alejandro II rompió todos los lazos diplomáticos con Roma en 1877 e incluso propuso una Constitución.

     «Alejandro II había progresado muy bien con sus grandes reformas y había estampado su firma en la Constitución que sería adoptada en Rusia. Al día siguiente de hacerlo le arrojaron una bomba a su carruaje, la cual mató e hirió a una gran cantidad de cosacos que acompañaban al carruaje. El Emperador con profunda empatía salió de su carruaje para ver los cuerpos de los hombres muertos, cuando una segunda bomba lo voló en pedazos» (Arno Gaebelien, Conflict of the Ages, The Exhorters, p. 85).

     Finalmente, en 1917 el último Zar y toda su familia fueron asesinados. Nunca más un odiado Emperador de la casa de los Romanoff gobernó a Rusia o protegió a la Iglesia Ortodoxa. El tiempo de la venganza había llegado.

     «La derrota del sistema zarista trajo como consecuencia la derrota inevitable de la Iglesia Ortodoxa establecida. Para el Vaticano, que había emprendido la guerra contra la Iglesia Ortodoxa desde el siglo XI, la caída de su rival milenario era demasiado buena para ser cierta» (Avro Manhattan, The Vatican Billions, Chick Publications, pp. 120, 121).

     ¿Quién ayudó y financió a los revolucionarios rusos en su apoderamiento de Rusia?; ¿quién apoyó a Lenin, a Trosky y a Stalin cuando crearon la revolución y el derramamiento de sangre en toda Rusia?.

     «Los instrumentos de esta nueva alianza entre los soviéticos y el Vaticano iban a ser los jesuítas, descritos como los enemigos hereditarios de la Iglesia Ortodoxa. Según se dice, había un gran número de representantes de la orden jesuíta en Moscú durante la Revolución» (James Zatko, Descend into Darkness, University of Notre Dame Press, p. 111).

     «De entre las 1.766.188 víctimas hasta el comienzo de 1922, cifras obtenidas de los documentos soviéticos, casi 5.000 eran sacerdotes, monjas, profesores, etc., de la Iglesia Ortodoxa... Alrededor de 100.000 luteranos desaparecieron... villas completas fueron destruídas... Miles de iglesias de diferentes ramas han sido demolidas y el trabajo de destrucción continúa...» (Arno Gaebelian, Conflict of the Ages, The Exhorters, pp. 103-106).

     Los verdaderos financistas jesuítas de la Revolución se encontraban en Estados Unidos.

     «William Franklin Sands, uno de los directores del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, había contribuído con un millón de dólares para los bolcheviques» (Anthony Sutton, Wall Street and the Bolchevique Revolution, Veritas Publishing, pp. 133-134).

     Jacob Schiff era el principal jesuíta en Estados Unidos a quien se le asignó la tarea de apoderase del sistema bancario estadounidense y establecer la Reserva Federal.

     «Jacob Schiff llegó a Estados Unidos a fines del siglo XIX con órdenes de los Rothschild de tomar el control del sistema bancario estadounidense. Hacia el cambio de siglo, en el año 1900, Schiff tenía el control de la fraternidad de banqueros completa en Wall Street» (Myron Fagan, The Illuminati and the Council on Foreign Relations, conferencia grabada).

     Desde que Schiff tenía el control del Banco de la Reserva Federal, él ahora tenía una buena fuente de dinero para financiar la Revolución comunista en Rusia.

     «En la edición del New York Journal American del 3 de Febrero de 1949, el nieto de Schiff, llamado John, fue citado por el periodista Cholly Knickerbocker como diciendo que su abuelo [Jacob Schiff] había dado alrededor de 20 millones de dólares para financiar el triunfo del comunismo en Rusia» (G. Edward Griffin, The Creature from Jekyll Island, American Opinion Publishing, p. 265).

     En moneda de hoy, aquellos 20 millones serían 420 millones de dólares, dinero que esencialmente se le robó a la gente de Estados Unidos a través del Banco de la Reserva Federal.

     Jacob Schiff estaba en control de la fraternidad bancaria completa, y estaba financiando a un gobierno cuyos principios declarados constituían la antítesis directa de la Constitución de Estados Unidos. Schiff simulaba ser un capitalista estadounidense. Él vivía en Estados Unidos pero su único objetivo era el objetivo del papado: la destrucción final de Estados Unidos.

     Había otras metas que los jesuítas pretendían lograr con la Primera Guerra Mundial.

     «Todas las grandes naciones, incluyendo a Estados Unidos, estaban agotadas por la guerra, devastadas y llorando a sus muertos. La paz era el gran deseo universal. Por tanto, cuando Woodrow Wilson propuso establecer la "Liga de las Naciones" para asegurar la paz, todas las grandes naciones se subieron a ese carro sin siquiera haberse detenido a leer la letra pequeña que había en dicha proposición» (Myron Fagan, The Illuminati and the Council in Foreign Relations, conferencia grabada).

     Después de la Primera Guerra Mundial se hizo un intento para establecer un gobierno mundial, y se estableció la Liga de las Naciones. El senador Henry Cabot Lodge Sr. impidió que Estados Unidos se integrara a la Liga de las Naciones. El plan de los jesuítas para crear un cuerpo gubernativo mundial desde el cual pudiesen controlar el mundo fue detenido sólo temporalmente. Esta parte del plan de los jesuítas tuvo que esperar otros 27 años antes de que se repitiese, cuando la Segunda Guerra Mundial culminó con la creación de Naciones Unidas.

     Antes de examinar cualquier otra razón del deleite del Papado con la Primera Guerra Mundial, miremos brevemente al Presidente Woodrow Wilson. Wilson estaba controlado y dominado por Edward "Coronel" Mandell House. Wilson dijo:

     «El señor House es mi segunda personalidad, mi Yo independiente. Sus pensamientos y los míos son uno solo» (Charles Seymour, The Intimate Papers of Coronel House, Houghton Mifflin, vol. 1, pp. 114-115).

     «Durante siete largos años el "coronel" House fue el otro Yo del Presidente Woodrow Wilson... Fue House quien hizo la selección del Gabinete, formuló las primeras políticas de la administración y prácticamente dirigió los asuntos exteriores de Estados Unidos. Teníamos en vez de un Presidente, dos... Un súper-embajador, él hablaba con los Emperadores y los reyes como con iguales. Él era el generalísimo espiritual de la administración» (George Viereck, The Strangest Friendship in History: Woodrow Wilson and Coronel House, Liveright Publishers, pp. 18, 19, 33).

     Viereck dice en las páginas 106 a 108 que mientras Wilson estaba postulando como candidato a la reelección en 1916 sobre la plataforma de "porque él nos mantuvo al margen de la guerra", House estaba negociando un acuerdo secreto con Inglaterra y Francia, en nombre de Woodrow Wilson, por el cual Estados Unidos entraría en la guerra inmediatamente después de las elecciones. House también estaba íntimamente relacionado con los centros de poder económico en Europa.

     «House tenía contactos cercanos tanto con J. P. Morgan como con las antiguas familias de banqueros de Europa» (G. Edward Griffin, The Creature from Jekyll Island, American Opinion Publishing, p. 239).

     Edward Mandell House controlaba completamente a Woodrow Wilson. House era un jesuíta que llevaba a cabo todos los deseos de los jesuítas. Él utilizó a Wilson como una marioneta para crear la Liga de las Naciones para los jesuítas. Wilson era sólo un instrumento de Roma para lograr los propósitos de aquéllos.

     Otra razón para que surgiera la Primera Guerra Mundial era para vengarse de Alemania por su oposición al Papado y a los jesuítas en las décadas de 1860 y 1870. Alemania era el lugar de nacimiento de los odiados luteranos. Dos veces durante esta época el canciller Otto von Bismarck condujo a Alemania (conocida como Prusia) a obtener victorias militares sobre los países controlados por los jesuítas Austria en 1866 y Francia en 1870. Bismarck además prohibió la Orden jesuíta mediante una ley llamada Kulturkampf en 1862. Estos "crímenes" contra Roma y los jesuítas tenían que ser vengados. Por esta razón muchos miles de alemanes fueron asesinados en el baño de sangre de la Primera Guerra Mundial.

     Alemania fue también el país más afectado al final de la guerra. Las naciones victoriosas de Europa usaron el Tratado de Versalles para saquear a Alemania. El tratado imponía una carga tan injusta de reparaciones de guerra sobre Alemania que cuando el líder francés Clemenceau fue interrogado por la prensa en cuanto a qué habían dado los líderes a las naciones a través de dicho tratado, el dijo: "Hemos garantizado que habrá otra guerra dentro de veinte años". Los alemanes estuvieron de acuerdo con los términos porque estaban débiles y derrotados, pero ellos reconstruyeron rápidamente el país e intentaron retribuír a sus enemigos por la deuda impuesta sobre ellos después de la Primera Guerra Mundial. Ese pago fue la Segunda Guerra Mundial.

     Después de que terminó la Primera Guerra Mundial, los jesuítas no consiguieron lo que querían. Woodrow Wilson y Edward Mandell House lograron conseguirles la Liga de las Naciones, pero fallaron miserablemente porque Estados Unidos no se integró a ella. Por lo tanto, era necesaria otra guerra, una guerra tan devastadora que la gente pidiese a gritos unas Naciones Unidas. Ésta era una de las metas de la Segunda Guerra Mundial. Examinaremos ésta y otras razones de la Segunda Guerra Mundial en nuestro próximo capítulo.



CAPÍTULO 7
LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL


     La Segunda Guerra Mundial fue la guerra más extensa y devastadora en la Historia registrada. Cientos de miles de personas murieron en esa guerra. La mayoría de la gente no tiene idea de por qué fue peleada esa guerra o cuáles fueron sus causas. Las guerras no ocurren sin razón. Ellas son planificadas y ejecutadas por personas en altos cargos en los gobiernos y para su propio beneficio. El Presidente Franklin D. Roosevelt dijo: "En política nada ocurre por casualidad. Si sucede, usted puede apostar que fue planificado de esa manera". Veamos quiénes planificaron la Segunda Guerra Mundial.

     «El Papa y sus agentes jesuítas han sido y son los instigadores de las guerras. Y mientras el mundo está experimentando un verdadero dolor, Roma brinda con champaña» (Jeremiah J. Crowley, ex-sacerdote católico, Romanism: A menace to the Nation, Menace Publishing, p. 144).

     «El Papa estuvo tan presente en la Segunda Guerra Mundial como Hitler y el católico Mussolini, y por lo tanto es tan culpable como ellos. De hecho los Papas han estado involucrados o han instigado la mayoría de, si no todas, las guerras europeas a través de los siglos» (F. Paul Peterson. Peter's Tomb Recently Discovered in Jesrusalem, p. 63).

     «Se podría decir muy específicamente que en 1914 la Iglesia Católica Romana comenzó una serie de guerras diabólicas. Fue entonces que el tributo de sangre que ella siempre ha tomado de los pueblos comenzó a convertirse en un verdadero torrente» (Edmond Paris, The Vatican against Europe, The Wickliffe Press, p.48).

     Éstos no son los únicos autores de renombre que implican al Papado como instigador de la Segunda Guerra Mundial tanto como de otras guerras. A la luz de estas afirmaciones resulta enfermante enterarse de una reunión reciente que se llevó a cabo en Assisi, Italia, en la que se cita al Papa Juan Pablo II diciendo lo siguiente: "¡Nunca más violencia, nunca más guerras, nunca más terrorismo!". El Papado ha instigado y está aún instigando guerras, y el Papa ¡tiene la audacia de hacer esta declaración!...

     Estados Unidos está actualmente conduciendo una guerra contra el terrorismo. Las declaraciones anteriores indican que el Papado es responsable de hacer que esta guerra contra el terrorismo sea necesaria.

     George W. Bush declaró en el periódico USA Today del 17 de Septiembre del 2001 que su administración está preparando una cruzada en contra del terrorismo. En el pasado las Cruzadas eran guerras religiosas que se peleaban para defender los intereses del Papa. ¿Nos estaba diciendo el Presidente Bush que su guerra contra el terrorismo se está peleando para favorecer los intereses del Papado?.

    Adolf Hitler, se dice, fue culpable de todo tipo de atrocidades durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Fue él realmente responsable de todas esas supuestas atrocidades o estaba simplemente obedeciendo órdenes?. Considere quién movía los hilos entonces en la Alemania de Hitler.

     «En Alemania, el nuncio papal en Berlín, monseñor Pacelli, y Franz Von Papen, quien era chamberlain privado del Papa, apoyaron una "unión con Roma" y se concentraron en la derrota de la República de Weimar. Los católicos alemanes sentían hostilidad hacia el nacionalsocialismo, pero se les informó que el Papa mismo estaba "favorablemente dispuesto hacia Hitler". Consecuentemente el Zentrum católico, eje de todas las mayorías parlamentarias, votó para otorgarle plenos derechos a Hitler el 30 de Enero de 1953.

     «Esta operación fue prontamente seguida, como en Italia, por la firma de un concordato que le era beneficioso a la Iglesia Católica. El episcopado alemán juró mantener su lealtad a Hitler, y las organizaciones católicas se combinaron con las de los nacionalsocialistas» (Edmond Paris, The Vatican Against Europe, The Wickliffe Press, p15).

     «El Vaticano le ayudó a Hitler a ganar poder y después lo ayudó a consolidar su control sobre Alemania. Esto fue hecho en parte por medio de "aconsejar" al Partido Católico en Alemania que votase por los candidatos nacionalsocialistas.

     «El voto católico le otorgó a Hitler la mayoría que necesitaba para formar legalmente un gobierno en 1933. Posteriormente a esto, el Vaticano le ordenó a los miembros católicos del Parlamento del Reichstag que apoyaran la legislación que le otorgaría a Hitler el poder para gobernar por decreto. Esta medida le dio a Hitler el poder dictatorial que necesitaba para destruír a los comunistas alemanes.

     «El acuerdo entero entre Hitler y el Vaticano había sido conducido en secreto antes de que Hitler se convirtiera en Canciller de Alemania en Enero de 1933. En Junio de ese mismo año Hitler y el Vaticano firmaron un concordato bajo los términos del cual la Iglesia le juraba fidelidad al régimen nacionalsocialista...

     «Poco más tarde, el católico Franz von Papen, el segundo en autoridad en el régimen de Hitler, resumió la esencia de la alianza entre el Vaticano y Hitler muy sucintamente con estas palabras: "El Tercer Reich", dijo, "es la primera potencia que no sólo reconoce sino que pone en práctica los altos principios del Papado"» (Avro Manhattan, The Vatican Washington Moscow Washington Alliance, Ozark Books). [...]

     Un relato preciso de la Historia ubica la amenaza jesuítica-católica en el núcleo mismo del régimen de Hitler. Fue el católico Von Papen y el Partido del Centro Católico quienes llevaron a Hitler al poder en 1933, y para mostrar su gratitud el Tercer Reich de Hitler fue un modelo de los principios papales en su peor aspecto.

     ¿Quién apoyó a Hitler en la Alemania destruída por la guerra?. Recuerde que Alemania había sido reducida a guiñapos por la Primera Guerra Mundial y por el nefando Tratado de Versalles.

     «Inmensas sumas de dinero pertenecientes a nuestros depositantes de bancos nacionales le habían sido dadas a Alemania sin ninguna garantía... Miles de millones de nuestros dineros habían sido infundidos a Alemania por el Consejo de la Reserva Federal y por los bancos de la Reserva Federal... El 27 de Abril de 1932, la organización de la Reserva Federal envió 750.000 dólares en oro pertenecientes a los depositantes de los bancos estadounidenses a Alemania. Una semana más tarde se enviaron 300.000 dólares más en oro a Alemania del mismo modo. Hacia mediados de Mayo, los bancos de la Reserva Federal habían enviado a Alemania 12 millones de dólares en oro. Casi todas las semanas se enviaba un cargamento de oro a Alemania» (H. S. Kenan, The Federal Reserve Bank, The Noontide Press, 1966, p.158).

     Como vimos en un capítulo anterior, el Banco de la Reserva Federal fue creado por los jesuítas. Kenan sostiene que el Banco de la Reserva Federal financió a Hitler y a los nacionalsocialistas. Si el Banco de la Reserva Federal es controlado y administrado por estadounidenses, ¿cómo pudo haber financiado a un enemigo como Hitler?. A la luz de lo que Kenan expresa, el Banco de la Reserva Federal no es realmente estadounidense; se trata de nuestro enemigo financiando a nuestros enemigos. [...]

     Benito Mussolini era altamente estimado por los jesuítas de Roma. Él era su hombre de la providencia, quien había restaurado la Ciudad del Vaticano para el Papado en 1929.

     «¿Qué estaba pasando en Europa entre las dos guerras?. En Italia tuvieron lugar negociaciones secretas entre agentes papales y Mussolini, "el hombre de la providencia". El sacerdote Don Sturzo, jefe del Grupo Católico, había votado por plenos derechos para el Duce en Noviembre de 1922. Y luego vino el Tratado Lateranense [de 1929] para sellar la unión del Fascismo y el Papado, la conquista de Etiopía ―bendecida por el clero―, y, el día de Viernes Santo de 1939, la agresión contra Albania» (Edmond Paris, The Vatican Against Europe, p.15).

     De acuerdo a Pío XI,

     «Mussolini está logrando un rápido progreso y, con una fuerza mínima, conquistará todo lo que encuentre en su camino. Mussolini es un hombre maravilloso, ¿me ha escuchado?, un hombre maravilloso... el futuro es de él» (Ibid. p. 69).

     «Hoy en día Roma considera al régimen fascista como el más cercano a sus dogmas e intereses. No tenemos únicamente al sacerdote [jesuíta] Coughlin elogiando a la Italia de Mussolini como "una democracia cristiana", sino que Civilta Cattolica, órgano oficial de los jesuítas, ha manifestado con franqueza que... "el fascismo es el régimen que corresponde con mayor cercanía a los conceptos de la Iglesia de Roma"» (Pierre Van Paassen, Days of our Years, Hillman-Curl, p 465).

     Hemos leído una cita anteriormente que decía que Hitler había puesto en práctica los principios implacables del Papado. Ahora vemos que Mussolini hizo lo mismo. No fueron únicamente las potencias del Eje las que cumplieron las órdenes de Roma durante la Segunda Guerra Mundial. Franklin Rooosevelt, Presidente de Estados Unidos, también llevó a cabo los deseos de Roma.

     «El presidente Roosevelt le ofreció una oportunidad sin precedentes a [el cardenal] Spellman, la cual requería que éste abandonase su arquidiócesis por tiempo indefinido... La asombrosa propuesta que le brindó Roosevelt era que Spellman actuara como un agente clandestino para él en las cuatro esquinas del mundo. Sería el trabajo del arzobispo el contactar a jefes de Estado en el Medio Oriente, Europa, Asia y África. El llevaría mensajes para el Presidente... y actuaría como los ojos y los oídos de Roosevelt... El Presidente le ofreció una oportunidad de manejar más poder que el que cualquiera otra figura religiosa estadounidense haya tenido. Spellman se movería como un igual entre las más grandes figuras en el ámbito político mundial... Pero pocas personas sabían a ciencia cierta lo que el arzobispo hacía durante sus extensos viajes. Su trabajo clandestino provocó interrogantes en el ámbito local en cuanto al rol de una figura religiosa envuelta tan profundamente en asuntos gubernamentales» (John Cooney, The American Pope, Times Books, pp. 124, 125).

     La principal lealtad de Spellman era hacia el Papa Pío XII, y aún así él fue utilizado por Franklin Roosevelt como su propio agente personal.

     Sobre Roosevelt, leemos otra vez:

     «Roosevelt y Eisenhower aprobaron la repatriación forzosa de unos seis millones de personas [cristianos Ortodoxos] a quienes enviaron de vuelta a Rusia, muchos de los cuales fueron torturados o asesinados después de llegar a su destino. Dos rusos que han escrito sobre esta abominable decisión de estos líderes estadounidenses fueron Nikolai Tolstoi y Alexander Solyenitzin. Los estadounidenses denominaron a esta repatriación la "Operación Keelhaul", tomando el nombre de la forma de tortura naval en la que el prisionero era desplazado bajo la quilla del barco con una cuerda amarrada a su cuerpo con el propósito de que fuese severamente cortado por los crustáceos adheridos al fondo del barco.

     «Esos seis millones de individuos no eran sólo soldados que habían combatido en el lado de los alemanes contra los rusos sino que eran mujeres y niños también...

     «A pesar de que fueron Churchill y Roosevelt los que tomaron la increíble decisión de enviar a millones de rusos anti-comunistas de vuelta a la muerte cierta, fue el general Dwight Einsenhower quien dirigió la "Operación Keelhaul", sin ningún aparente remordimiento de conciencia» (Ralph Epperson, The Unseen Hand, Publius Press, p. 301).

     Roosevelt no sólo utilizó a Spellman como su agente sino que llevó a cabo la meta de los jesuítas de aniquilar a tantos cristianos Ortodoxos como fuese posible. Los jesuítas buscaron destruír a los cristianos Ortodoxos de Servia en la Primera Guerra Mundial, y con esta repatriación al final de la Segunda Guerra Mundial ellos destruyeron muchos millones más de rusos cristianos Ortodoxos. Roossevelt, Eisenhower y Churchill llevaron a cabo el plan sangriento de los jesuítas con un éxito considerable.

     «El General jesuíta, conde Halke von Ledochowski, estaba dispuesto a organizar, sobre la base comun del anti-comunismo, un cierto grado de colaboración entre el Servicio Secreto Alemán y la Orden jesuíta...

     «Von Ledochowski consideraba el próximo belicoso ajuste de cuentas entre Rusia y Alemania como inevitable... Y el Baseler Nachritchen (27 de Marzo de 1942) no titubeó en escribir: "Una de las cuestiones que surgen en torno a la actividad de Alemania en Rusia y que es de suprema importancia para el Vaticano es el asunto de la evangelización de Rusia".

     «Esto fue confirmado por el mismo sacerdote Duclos en un libro respaldado por el "imprimatur" eclesiástico: "Durante el verano de 1941 Hitler apeló a todas las fuerzas cristianas... [él] autorizó a los misioneros católicos para que fuesen a los nuevos territorios del Este... Ni ha sido olvidado que en Francia el cardenal Baudrillart y monseñor Mayol de Luppe reclutaron a la Legión de Voluntarios Franceses (LVF) para llevar a cabo la cruzada contra la URSS» (Edmond Paris, The Vatican Against Europe, Wickliffe Press, pp. 240, 241).

     Mientras los cristianos Ortodoxos de Rusia estaban siendo exterminados por el Papado, estaba ocurriendo una masacre similar en Yugoslavia. Entre los muchos libros que han sido escritos acerca de esta atrocidad de la Segunda Guerra Mundial están "Convert... or Die!" de Edmond Paris, "The Vatican's Holocaust" de Avro Manhattan, y "Ravening Wolves" de Monica Farell. Todos estos libros se refieren al asesinato de alrededor de un millón de cristianos Ortodoxos durante la Segunda Guerra Mundial a manos del grupo católico Ustasha. En la portada del libro de Farell se lee lo siguiente:

     «Éste es el registro de la tortura y los asesinatos cometidos en Europa durante 1941-1943 por un ejército de activistas católicos conocidos como los Ustashi, dirigidos por monjes y sacerdotes y aún con la participación de monjas. Las víctimas sufrieron y murieron por la causa de la libertad y por la libertad de la conciencia. Lo menos que podemos hacer es leer el registro de sus sufrimientos y tener en mente que sucedió no en la Edad Media [the dark ages] sino en nuestra propia generación ILUSTRADA. Ustasha es otro nombre para "Acción Católica(Mónica Farrell, Lobos Devoradores, Protestant Publications, portada).

     «La expulsión masiva o la conversión forzada de los cristianos Ortodoxos al catolicismo romano era parte de la agenda. Todas las medidas orientadas a eliminar al elemento servio en Croacia fueron llevadas a cabo bajo el slogan pronunciado por uno de los ministros croatas: "Masacraremos al primer tercio de los servios, expulsaremos al segundo tercio del país y forzaremos al tercio final a aceptar la fe católica, por medio de lo cual ellos serán absorbidos por el elemento católico"» (Lazo M. Kostich, Holocaust in the Independent State of Croatia, Liberty, p. 18).

     El Papado estaba todavía tratando de exterminar a los cristianos Ortodoxos en Servia a fines de los años '90. El Papado utilizó a Estados Unidos como su matón en aquel conflicto para bombardear a Servia. El verdadero carnicero de los Balcanes es el Papa y la Iglesia Católica, no Slobodan Milosevic. Ellos están juzgando a la persona equivocada por crímenes de guerra.

     Otro objetivo de los jesuítas en la Segunda Guerra Mundial era hacer las cosas tan malas para la raza judía que ésta se viera obligada a instalarse en Palestina. Cerca del final de la Primera Guerra Mundial se firmó la Declaración Balfour que permitía a los judíos ir a Palestina. Ésta iba a ser su hogar permanente. Sin embargo, muchos judíos habían sido exitosos en varias partes del mundo y no deseaban ir allá. Cuando ocurrió la Segunda Guerra Mundial los judíos que estaban siendo perseguidos desearon tener un lugar al que pudiese llamar su hogar, y muchos fueron a Palestina. En 1948 Israel fue declarado una nación soberana. De acuerdo al libro de Cooney, "The American Pope", en la página 187, Francis Spellman había sido el factor decisivo para conseguir que Israel fuera aceptado como un Estado soberano.

     ¿Por qué los jesuítas utilizarían a Hitler para aniquilar a los judíos y luego al cardenal Francis Spellman para proveerles un hogar en Palestina?. Observe cuidadosamente. El Vaticano ha buscado destruír a los judíos por más de mil años.

     «...detrás de la bandera sionista iba a ser encontrada la antigua esperanza mesiánica del advenimiento de una teocracia global, como lo predijeron los videntes y profetas de Sión. Iba a ser una teocracia en la cual Yahvé y no Cristo había de ser el Rey.

     «El espectro de la creación de tal teocracia ha obsesionado las cámaras interiores de la Iglesia Católica desde su más temprano comienzo y todavía sigue siendo un temor dominante.

     «En la visión del Vaticano, sin embargo, el anhelo milenario por una teocracia hebrea global representa una amenaza mortal para las enseñanzas escatológicas de la Iglesia católica. Cuando se traduce en términos políticos concretos, dicha visión significa no sólo rivalidad sino una enemistad implacable» (Avro Manhattan, The Vatican Moscow Washington Alligance, Ozark Books, pp. 169-70).

     En la superficie, la nación de Israel en Palestina parecía representar una gran oportunidad para que los judíos fueran capaces de tener su propio país. Sin embargo, ¿cuál ha sido el resultado del establecimiento de los judíos en Palestina?. Desde que se les otorgó el status de soberanía en 1948 los judíos han estado en una batalla devastadora tras otra con los árabes. Muchos judíos han muerto tal como los jesuítas esperaban y sabían que sucedería.

     Con el establecimiento de los judíos en Palestina los jesuítas esperaban causar tal derramamiento de sangre en aquella parte del mundo que el mundo clamaría por que se enviara un pacificador a la región. Y ¿quién sería ese pacificador? El Papa de la Ciudad del Vaticano, por supuesto. Los jesuítas habían deseado durante mucho tiempo restaurar el poder temporal del Papa. Cuando se le otorgue al Papa el trono de Salomón en Jerusalén la tan ansiada meta resultará lograda. La guerra contra el terrorismo que se originó el 11 de Septiembre de 2001, a la que George Bush denomina como una cruzada, ciertamente podría agravar el problema en dicha región para dar lugar al reinado del Pontífice desde Jerusalén.

     Los jesuítas fallaron en sus intentos de tener un cuerpo gubernativo mundial después de la Primera Guerra Mundial. Lograron su plan siniestro después de la Segunda Guerra Mundial. Después de la guerra, el mundo cansado y dolorido estaba condicionado para aceptar un gobierno internacional, y entonces surgió Naciones Unidas. Desde la creación de Naciones Unidas en 1945, este así llamado cuerpo "pacificador" ha fracasado miserablemente en mantener la paz en todo el mundo. ¿Por qué? Porque mantener la paz no es su propósito, aunque ellos sigan afirmando que sí lo es. Existen actualmente alrededor de 83 guerras por todo el mundo. Sin embargo, Naciones Unidas ha sido ciertamente instrumental para suprimir a pueblos que aman la libertad. Katanga y Rhodesia son sólo dos ejemplos de naciones aplastadas por las fuerzas de Naciones Unidas. Naciones Unidas ha trabajado sin descanso para restaurar el poder temporal del Papado, y éste ha sido su propósito desde el principio.

     Y miremos otro más de los propósitos de los jesuítas con la Segunda Guerra Mundial. Había llegado la hora de la venganza contra los japoneses. A fines del siglo XVI los japoneses habían recibido bien a todos los extranjeros que quisiesen comerciar con ellos. Los misioneros católicos habían sido bienvenidos también. Después de un tiempo, los misioneros católicos se volvieron intolerantes ante cualquier otra creencia. Esto produjo como resultado disturbios y persecución, y Japón se convirtió en un baño de sangre por muchas décadas. Finalmente en 1639 fue aprobado el Edicto de Exclusión. Allí se afirmaba:

     «En el futuro, que nadie, mientras el Sol ilumine al mundo, se tome la libertad de navegar hacia Japón, ni siquiera en calidad de embajadores, y esta declaración no debe ser revocada nunca so pena de muerte» (Avro Manhattan, Vietnam: ¿Why Did We Go?, Chick Publications, p.153).

     Por casi doscientos años los puertos de Japón estuvieron cerrados para los misioneros católicos, quienes habían intentado apoderarse de Japón para el orgulloso Papa. En la segunda mitad del siglo XIX se utilizó el poder militar sobre la isla-nación. Esto hizo que Japón se suavizara hasta que ocurrió el terriblemente sangriento conflicto de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico Sur, culminando con el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki. Japón fue puesto de rodillas. Para siempre. La hora de la venganza había llegado.−


2 comentarios:

  1. como estar seguro de que esto fue asi, no puedo creer con las dificultades que hoy encuentra el vaticano en cuestiones de finanzas, ellos solo fueran los responsables de todas las tragedias del siglo 20, aqui hay un involucrado de peso, que pareciera oculto y es el judio-sionista-mason-illuminati, como el principal instigador y ejecutor de todas las tragedias humanas, hasta el holocuento es una mentira absurda, la cantidad de judios despues de la guerra
    era mucho mayor que los judios esperaban tener.basta de mentiras, el mundo va hacia un nuevo orden mundial, porque el sionismo hoy lo controla todo en el planeta.no tiene oposicion ya que es dueño de todas las riquezas.

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    1. 1)tesis,2) antitesis y 3) sintesis, para 1= Capitalismo, para 2= Comunismo, para 3)= Nuevo Orden Mundial, esta es la sintesis,
      la mas cruel de la dictaduras, de todos los tiempos, un gobierno unico, aristocratico-plutocratico-oligarca, con todos los poderes, militar,religioso,banca unica y las demas naciones seran simples marionetas, al estado lo coronara la gran bestia venida del mar el vaticano, luego esta mentira urdida en la noche de los tiempos ,dejara su lugar, hasta desaparecer en su lugar estara el dragon,
      ISRAEL= ISIS,(LUNA), RA, (SOL), EL ( jhvh ). la humanidad, sera destruida en casi su totalidad. FDO.jahbaalon
      paso

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