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martes, 10 de septiembre de 2013

Michael Klare - La Tercera Época del Carbono



     En tomdispatch.com se publicó hace un mes el siguiente artículo de Michael Klare, quien es un profesor de estudios de la paz y la seguridad mundiales en el Hampshire College, en Massachusetts, Estados Unidos. Klare es un colaborador regular del sitio TomDispatch, y autor de "The Race for What’s Left", libro recién publicado. El sitio web mencionado pertenece a Tom Engelhardt, de quien son las palabras introductorias que hemos añadido previas al artículo. Este último presentó el texto titulándolo sensacionalistamente "How to Fry a Planet" (y así ha aparecido en otros sitios también), pero es claro que el propio autor lo nombra sobriamente como "The Third Carbon Age", con su revelador subtítulo. Lo hemos traducido porque detrás de la árida información materialista y toda la cantidad de datos hay un deseo de preservar y no de destruír el único entorno medioambiental en que vivimos.


La Tercera Época del Carbono:
Ni por un Segundo Imagine que Nos Dirigimos
Hacia una Era de Energías Renovables
por Michael T. Klare
9 de Agosto de 2013




Prefacio de Tom Engelhardt

     Mírelo como usted quiera, y si usted no es alguien que respalda los combustibles fósiles en este sobrecalentado planeta nuestro, eso no parece bien. Difícilmente pasa un mes, parece, sin noticias sobre el desarrollo de algún previamente inimaginable modo de extraer combustibles fósiles desde algún lugar completamente inesperado. El último artículo de "buenas" noticias: el anuncio del gobierno japonés de que ha sido extraído con éxito gas natural desde hidratos de metano submarinos. (¡Estupendo!) El gas natural es alegremente promocionado como el camino de combustible fósil "limpio" hacia un futuro verde, pero está en aumento la evidencia de que el proceso más nuevo para producirlo deja que se escapen cantidades inesperadas de metano, un gas de efecto invernadero devastador. Estados Unidos felicita y es felicitado porque la cantidad de dióxido de carbono que se envía a la atmósfera está actualmente disminuyendo. Entonces Duncan Clark en el British Guardian examina las cifras y descubre que "no ha habido ninguna disminución en la cantidad de carbono que Estados Unidos está sacando de la tierra. De hecho, la tendencia es hacia arriba. El último año del cual hay datos completos disponibles, 2011, es el nivel más alto en el registro". Es sólo que un poco de ello (carbón, en particular) fue exportado hacia el extranjero para ser quemado en otra parte.

     Mientras tanto, en círculos científicos aparece una serie de artículos sugiriendo que los resultados de todo esto están lejos de ser alegres. Un ejemplo: un reciente informe publicado en la prestigiosa revista Science indica que «el cambio climático ya está determinado para ocurrir a un ritmo de "órdenes de magnitud más rápidas" que en cualquier otro tiempo en los 65 millones de años pasados» y que deberíamos prepararnos para una oleada de extinciones de especies. En otras palabras, la muy promocionada llegada de la "independencia" energética norteamericana es una manera optimista de decir que seguiremos calentando el planeta hasta que el infierno hierva. Por supuesto, aquellos que dirigen las gigantescas compañías de energía, los políticos pagados por éstas, y sus grupos de presión y grupos de expertos asociados —los verdaderos "terraristas" globales por su avidez de sacar ganancias históricas del calentamiento del planeta—, seguirán, por supuesto, celebrando. A pesar de que es muy difícil atribuír al cambio climático la autoría de cualquier acontecimiento meteorológico específico, en el cada vez más caliente Estados Unidos continental la experiencia de lo que está siendo llamado "clima extremo" —desde sequía e incendios incontrolables y olas de calor a tornados devastadores— es cada vez más parte de la urdimbre y la trama de la vida diaria.

     En este contexto, el último artículo de Michael Klare, autor de "La Carrera por lo que Queda", es singularmente importante, y también singularmente inquietante. Klare, quien ha estado durante mucho tiempo a la vanguardia con su trabajo en energía y recursos, ofrece una mirada perspicaz sobre el camino energético elegido, y la vista al horizonte es todo menos bonita.


  


LA TERCERA ÉPOCA DEL CARBONO


     Cuando se trata de la energía y la economía en la era del cambio climático, nada es lo que parece. La mayor parte de nosotros cree (o quiere creer) que la segunda Época del Carbono ―la Era del Petróleo― será reemplazada pronto por la Era de las Energías Renovables, tal como el petróleo había reemplazado hace mucho a la Era del Carbón. El presidente Obama ofreció exactamente esta visión en un muy elogiado discurso pronunciado en Junio sobre el cambio climático [1]. La verdad es que los combustibles fósiles serán necesarios todavía durante un tiempo más ―él indicó―, pero muy pronto ellos serán superados por formas renovables de energía.

[1. http://www.whitehouse.gov/the-press-office/2013/06/25/remarks-president-climate-change].

     Muchos otros expertos comparten esta opinión, asegurándonos que una creciente confianza en el "limpio" gas natural combinada con mayores inversiones en energía solar y eólica permitirá una suave transición hacia un futuro de energía verde en el cual la Humanidad ya no estará vertiendo dióxido de carbono y otros gases de invernadero en la atmósfera. Todo esto suena prometedor en efecto. Hay sólo una mosca en el ungüento: no es, de hecho, el camino que estamos actualmente siguiendo. La industria energética no está invirtiendo de ningún modo significativo en energías renovables. En vez de ello, está depositando sus ganancias históricas en nuevos proyectos de combustibles fósiles, principalmente en lo que involucra la explotación de lo que es llamado reservas de petróleo y de gas "no-convencionales".

     El resultado es indiscutible: la Humanidad no está entrando en un período que estará dominado por energías renovables. En vez de eso, se está preparando el camino para la tercera gran Época del Carbono: la Era del Petróleo y el Gas No-Convencionales.

     Que nos estamos embarcando en una nueva Época del Carbono es cada vez más evidente, y aquello debería ponernos nerviosos a todos nosotros. La hidro-fractura de la tierra (hydro-fracking) —el uso de columnas de agua a alta presión para romper formaciones subterráneas de rocas sedimentarias y liberar las provisiones de petróleo y gas natural atrapadas dentro de ellas— está siendo emprendida cada vez en más regiones de Estados Unidos y en un número creciente de otros países [2]. Mientras tanto, la explotación de petróleo denso sucio con carbono [3] y de bancos de arena alquitranada se está acelerando en Canadá, Venezuela y en otros lugares.

[2. http://es.wikipedia.org/wiki/Fracturaci%C3%B3n_hidr%C3%A1ulica].
[3. http://carnegieendowment.org/2012/05/03/understanding-unconventional-oil/ao4f].

     Es verdad que cada vez más parques eólicos (wind farms) y paneles solares (solar arrays) están siendo construídos, pero aquí viene lo bueno: se espera ahora que la inversión en la extracción y distribución de combustibles fósiles no-convencionales supere los gastos realizados en energías renovables en una proporción de al menos tres a uno en las próximas décadas.

     Según la Agencia de Energía Internacional (IEA), una organización de investigación inter-gubernamental con sede en París, la inversión mundial acumulativa en extracción y procesamiento de nuevos combustibles fósiles va a totalizar aproximadamente 22,87 billones de dólares entre 2012 y 2035, mientras que la inversión en energías renovables, hidroelectricidad y energía nuclear ascenderá a sólo 7,32 billones de dólares. En estos años, se espera que la inversión sólo en petróleo, de aproximadamente de 10,32 billones de dólares, exceda el gasto efectuado en energía eólica, solar, geotérmica, de bío-combustibles, hídrica, nuclear, y toda otra forma de energía renovable, combinadas.

     Además, como la IEA explica, una parte siempre creciente de aquella impresionante inversión en combustibles fósiles estará dedicada a formas no-convencionales de petróleo y gas: bancos de arena alquitranada canadiense, el crudo extra-denso venezolano, petróleo y gas sedimentario, los profundos depósitos árticos de energía en alta mar, y otros hidrocarburos derivados de reservas previamente inaccesibles de energía. La explicación de esto es bastante simple. El suministro mundial de petróleo y gas convencionales —combustibles sacados de reservas fácilmente accesibles y que requieren un mínimo de procesamiento— está desapareciendo rápidamente. Con la demanda global de combustibles fósiles que se espera que aumente en un 26% entre ahora y 2035, cada vez más el suministro de energía del mundo tendrá que ser proporcionado por combustibles no-convencionales.

     En un mundo así, una cosa está garantizada: las emisiones globales de carbono aumentarán muchísimo más allá de nuestras actuales presunciones del peor de los casos, significando esto que intensas olas de calor se harán triviales [4] y nuestros pocos espacios naturales restantes serán destruídos. El planeta Tierra será lejos —posiblemente de manera inimaginable— un lugar más rudo y más abrasador. Bajo esta luz, vale la pena explorar con mayor profundidad cómo finalizaremos en una grave situación como ésta, viendo las Épocas una a una.

[4. http://www.nbcnews.com/health/get-used-killer-heat-waves-cdc-warns-6C10229608].


1) La Primera Época del Carbono

     La primera Época del Carbono comenzó a finales de los años 1800 con la introducción de motores de vapor impulsados por carbón y la aplicación extendida de éstos a todo tipo de empresas industriales. Inicialmente usado para impulsar fábricas textiles y plantas industriales, el carbón también fue empleado en el transporte (barcos y ferrocarriles impulsados por vapor), la minería y la producción de hierro en gran escala. En efecto, lo que ahora llamamos la Revolución Industrial en gran parte consistió en la aplicación extendida del carbón y del poder del vapor a las actividades productivas. Finalmente, el carbón también sería usado para generar electricidad, un campo en el cual permanece dominante hoy.

     Ésta fue la época en la cual enormes ejércitos de trabajadores duramente presionados construyeron ferrocarriles que cruzaban continentes y colosales fábricas textiles cuando las ciudades industriales proliferaron y las ciudades crecieron. Fue la época, sobre todo, de la expansión del Imperio británico. Durante un tiempo, Gran Bretaña fue el mayor productor y consumidor de carbón, el principal fabricante del mundo, su innovador industrial superior y la potencia dominante; y todos estos atributos estuvieron inextricablemente relacionados. Mediante el dominio de la tecnología del carbón, una pequeña isla de la costa de Europa fue capaz de acumular una enorme riqueza, desarrollar el armamento más avanzado del mundo y controlar las rutas marítimas globales.

     La misma tecnología del carbón que dio a Gran Bretaña tales ventajas globales también provocó una gran miseria a su paso. Como lo señaló el analista de energías Paul Roberts en "The End of Oil" (El Final del Petróleo), el carbón que estaba siendo consumido entonces en Inglaterra era de la variedad de lignito marrón, "lleno de azufre y otras impurezas". Cuando era quemado, "producía un humo acre y sofocante que picaba los ojos y los pulmones y ennegrecía las paredes y la ropa". Hacia el final del siglo diecinueve, el aire en Londres y en otras ciudades impulsadas por el carbón estaba tan contaminado que "los árboles morían, las fachadas de mármol se deshacían, y las enfermedades respiratorias se hicieron epidémicas".

     Para Gran Bretaña y otras tempranas potencias industriales, la substitución del carbón a cambio de petróleo y gas fue un don del cielo que permitió una mejorada calidad del aire, la restauración de las ciudades, y una reducción de las dolencias respiratorias. En muchas partes del mundo, por supuesto, la Edad del Carbón no ha terminado. En China e India, entre otros sitios, el carbón permanece como la fuente principal de energía, condenando a sus ciudades y poblaciones a una versión del siglo XXI de Londres y Manchester del siglo XIX.


2) La Segunda Época del Carbono

     La Era del Petróleo comenzó en 1859 cuando la producción comercial comenzó en Pennsylvania occidental, pero verdaderamente sólo despegó después de la Segunda Guerra Mundial, con el explosivo crecimiento de la propiedad de automóviles. Antes de 1940, el petróleo desempeñó un papel importante en el área de la iluminación y lubricación, entre otras aplicaciones, pero permaneció subordinado al carbón; después de la guerra, el petróleo se convirtió en la principal fuente de energía del mundo. Desde 10 millones de barriles por día en 1950, el consumo global se elevó a 77 millones en 2000, una bacanal de medio siglo de quema de combustible fósil.

     La causa del predominio global del petróleo fue su estrecha asociación con el motor de combustión interna. Debido a la transportabilidad superior del petróleo y a la intensidad de su energía (es decir, la cantidad de energía que libera por unidad de volumen), se convirtió en el combustible ideal para móviles y versátiles motores de combustión interna. Tal como el carbón se elevó a la prominencia alimentando los motores a vapor, así el petróleo subió a la prominencia abasteciendo de combustible a las crecientes flotas de automóviles, camiones, aviones, trenes, y barcos del mundo. Hoy, el petróleo suministra aproximadamente el 97% de toda la energía usada en el transporte en todo el mundo.

     El protagonismo del petróleo también fue asegurado por su creciente utilización en la agricultura y la guerra. En un período relativamente corto de tiempo, los tractores y otras máquinas agrícolas impulsadas por el petróleo sustituyeron a los animales como la fuente primaria de energía en las granjas de todo el mundo. Una transición similar ocurrió en el moderno campo de batalla [5], con tanques y aviones impulsados por petróleo que reemplazaron a la caballería como la fuente principal del poder ofensivo.

[5.http://www.tomdispatch.com/post/174810/michael_klare_the_pentagon_as_global_gas-guzzler].

     Éstos fueron los años de la propiedad masiva de automóviles, de carreteras que atravesaban continentes, de suburbios interminables, centros comerciales gigantescos, vuelos baratos, agricultura mecanizada, fibras artificiales, y —sobre todo lo demás— la expansión global del poder estadounidense. Como Estados Unidos poseía reservas colosales de petróleo, fue el primero en dominar la tecnología de extracción y refinado del petróleo, y el más exitoso en la utilización del petróleo en el transporte, la industria, la agricultura y la guerra, y emergió como el más rico y poderoso país del siglo veintiuno, una saga relatada con gran gusto por el historiador de las energías Daniel Yergin en "The Prize". Gracias a la tecnología del petróleo, Estados Unidos fue capaz de acumular niveles asombrosos de riqueza, desplegar ejércitos y bases militares en cada continente, y controlar las rutas aéreas y marítimas globales, extendiendo su poder a cada rincón del planeta.

     Sin embargo, tal como Gran Bretaña experimentó consecuencias negativas por su confianza excesiva en el carbón, así Estados Unidos —y el resto del mundo— ha sufrido de varios modos por su confianza en el petróleo. Para garantizar la seguridad de sus fuentes de abastecimiento en el extranjero, Washington ha establecido relaciones tortuosas con proveedores extranjeros de petróleo y ha luchado varias guerras costosas y agotadoras en la región del Golfo Pérsico, una historia sórdida que cuento en "Blood and Oil". La confianza excesiva en los vehículos de motor para el transporte personal y comercial ha dejado al país mal equipado para tratar con periódicas interrupciones del suministro y alzas de precios. Sobre todo, el enorme incremento del consumo de petróleo —aquí y en todas partes— ha producido el correspondiente aumento de emisiones de dióxido de carbono, acelerando el recalentamiento planetario (un proceso comenzado durante la primera Época del Carbono) y la exposición del país a los efectos cada vez más devastadores del cambio climático.


3) La Era del Petróleo y el Gas No-Convencionales

     El explosivo crecimiento de los viajes en automotores y de aviación, la urbanización de partes significativas del planeta, la mecanización de la agricultura y la guerra, la supremacía global de Estados Unidos y el inicio del cambio climático, fueron los sellos de la explotación del petróleo convencional. Actualmente, la mayor parte del petróleo del mundo todavía es obtenida de unos cuantos cientos de gigantescos campos en tierra en Irán, Iraq, Kuwait, Rusia, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos y Venezuela, entre otros países; un poco de petróleo adicional es adquirido de campos en la costa del Mar del Norte, el Golfo de Guinea y el Golfo de México. Este petróleo sale de la tierra en forma líquida y requiere un procesamiento relativamente breve antes de ser refinado como combustible comercial.

     Pero dicho petróleo convencional está desapareciendo. Según la IEA, los principales campos que actualmente proporcionan la gran parte del petróleo global disminuirán dos terceras partes de su producción durante los próximos 25 años, con una producción neta sumergiéndose desde 68 millones de barriles por día en 2009 a unos 26 millones de barriles en 2035. La IEA nos asegura que un nuevo petróleo será encontrado para sustituír a aquellos suministros perdidos, pero la mayor parte de éste será de una naturaleza no-convencional. En las próximas décadas, el petróleo no-convencional explicará una parte creciente del inventario de petróleo global, convirtiéndose finalmente en nuestra fuente principal de suministro.

     Lo mismo es verdadero para el gas natural, la segunda fuente más importante de energía mundial. El suministro global de gas convencional, tal como el petróleo convencional, se está reduciendo, y estamos llegando a ser cada vez más dependientes de fuentes no-convencionales de suministro, sobre todo del Ártico, de los océanos profundos y de roca sedimentaria mediante la fractura hidráulica de las tierras.

     En cierto modo, los hidrocarburos no-convencionales son parecidos a los combustibles convencionales. Ambos están en gran parte formados de hidrógeno y carbono, y pueden ser quemados para producir calor y energía. Pero con el tiempo las diferencias entre ellos harán una diferencia cada vez mayor para nosotros. Los combustibles no-convencionales —sobre todo el petróleo denso y las arenas alquitranadas— tienden a poseer una proporción más alta de carbono que la del petróleo convencional, y por ello liberan más dióxido de carbono cuando son quemados. El petróleo ártico y de la costa profunda requiere más energía para ser extraído, y por esto se producen emisiones de carbono más altas en su misma producción.

     "Muchas nuevas clases de combustibles de petróleo no son como el petróleo convencional", escribió en 2012 Deborah Gordon, una especialista en el tema que trabaja en el Carnegie Endowment for International Peace. "El petróleo no-convencional tiende a ser denso, complejo, cargado de carbono, y está profundamente encerrado en la tierra, fuertemente atrapado o unido a la arena, el alquitrán y las rocas".

     Por lejos la consecuencia más inquietante de la naturaleza distintiva de los combustibles no-convencionales es su impacto extremo sobre el medioambiente. Dado que ellos a menudo se caracterizan por proporciones más altas de carbono que de hidrógeno, y generalmente requieren más energía para ser extraídos y ser convertidos en materiales utilizables, ellos producen más emisiones de dióxido de carbono por unidad de energía liberada. Además, el proceso que produce el gas sedimentario, aclamado como un combustible fósil "limpio", muchos científicos creen que causa enormes liberaciones de metano [6], un gas de efecto invernadero particularmente potente.

[6. http://www.nytimes.com/gwire/2011/04/11/11greenwire-shale-gas-isnt-cleaner-than-coal-cornell-resea-38125.html].

     Todo esto significa que a medida que aumenta el consumo de combustibles fósiles, cantidades crecientes ―no cantidades menores― de CO2 y metano serán liberadas a la atmósfera y, en vez de retardarlo, el calentamiento global se acelerará.

     Y aquí hay otro problema asociado con la tercera Época del Carbono: la producción de petróleo y gas no-convencionales resulta que requiere cantidades enormes de agua, para las operaciones de fracking, para extraer arenas alquitranadas y petróleo extra-denso, y para facilitar el transporte y el refinado de tales combustibles. Esto produce una creciente amenaza de contaminación del agua, sobre todo en áreas de fracturación intensa y de producción de arenas alquitranadas, junto con una competencia por el acceso al abastecimiento de agua entre los perforadores, los agricultores, las autoridades del agua municipal, y otros. A medida que el cambio climático se intensifique, la sequía se convertirá en la norma en muchas áreas y así esta competencia sólo se hará más feroz.

     Junto con estos y otros impactos medioambientales, la transición desde combustibles convencionales a no-convencionales tendrá consecuencias económicas y geopolíticas difíciles de evaluar totalmente en este momento. Para empezar, la explotación de reservas de petróleo y de gas no-convencionales en regiones antes inaccesibles implica la introducción de nuevas tecnologías de producción, incluyendo la perforación en alta mar y en la zona ártica, la hidro-fractura, y el mejoramiento de las arenas alquitranadas. Un resultado de esto ha sido una conmoción en la industria de energía global, con la aparición de compañías innovadoras que poseen las habilidades y la determinación para explotar los nuevos recursos no-convencionales, muy parecido a lo que ocurrió durante los primeros años de la Era del petróleo cuando surgieron nuevas firmas para explotar las reservas petroleras del mundo.

     Esto ha sido especialmente evidente en el desarrollo del petróleo y gas sedimentario. En muchos casos, las tecnologías de vanguardia en este campo fueron ideadas y desplegadas por firmas pequeñas que asumen los riesgos, como Cabot Oil and Gas, Devon Energy Corporation, Mitchell Energy and Devlopment Corporation, y XTO Energy. Estas y otras compañías similares fueron pioneras en el uso de la hidro-fractura para extraer petróleo y gas desde formaciones de  roca sedimentaria en Arkansas, Dakota del Norte, Pennsylvania y Texas, y más tarde provocaron una avalancha de empresas de energía más grandes que querían obtener una participación propia en estas áreas. Para aumentar aquella participación, las firmas gigantescas están engullendo a muchas de las empresas más pequeñas y medianas. Entre los apoderamientos más notorios estuvo la compra que hizo en 2009 ExxonMobil de XTO por 41.000 millones de dólares.

     Aquella transacción destaca un rasgo especialmente inquietante de esta nueva Era: el despliegue de fondos masivos por parte de gigantescas firmas de energía y sus financistas para adquirir participación en la producción de formas no-convencionales de petróleo y gas, en cantidades que exceden con mucho a las inversiones comparables en hidrocarburos convencionales o en energía renovable. Está claro que, para estas compañías, la energía no-convencional es el siguiente gran asunto y, como ha ocurrido con todas las empresas más rentables de la Historia, ellas están preparadas para gastar sumas astronómicas para asegurarse de que sigan siéndolo. Si esto significa que a la inversión en energías renovables se le da menos de lo debido, que así sea. "Sin un esfuerzo concertado de políticas" para favorecer el desarrollo de energías renovables, advierte Gordon, las futuras inversiones en el campo de la energía "seguirán probablemente fluyendo desproporcionadamente hacia el petróleo no-convencional".

     En otras palabras, habrá una tendencia institucional cada vez más arraigada entre las empresas de energía, los bancos, las agencias de préstamo y los gobiernos, hacia la producción de combustible fósil de nueva generación, sólo aumentando la dificultad para establecer restricciones nacionales e internacionales a las emisiones de carbono. Esto es evidente, por ejemplo, en el apoyo constante de la administración de Obama a la perforación profunda en alta mar y al desarrollo de gas sedimentario [7], a pesar de su supuesto compromiso de reducir las emisiones de carbono. Esto es igualmente evidente en el creciente interés internacional en el desarrollo de reservas de petróleo denso y sedimentario, justo cuando la inversión fresca en energía verde está siendo reducida.

[7. http://www.whitehouse.gov/blog/2011/03/30/obama-administration-s-blueprint-secure-energy-future].

     Tal como ha ocurrido en las áreas medioambiental y económica, la transición desde petróleo y gas convencionales a no-convencionales tendrá un impacto sustancial, si bien todavía en gran parte no definido, en los asuntos políticos y militares.

     Las compañías estadounidenses y canadienses están desempeñando un papel decisivo en el desarrollo de muchas de las nuevas vitales tecnologías de combustible fósil no-convencional; además, algunas de las más grandes reservas mundiales de petróleo y de gas no-convencional están localizadas en Norteamérica. El efecto de esto es que ello apuntala el poder global estadounidense a costa de productores rivales de energía, como Rusia y Venezuela, que enfrentan la creciente competencia de compañías norteamericanas, y de Estados que importan energía, como China e India, que carecen de los recursos y tecnología para producir combustibles no-convencionales.

     Al mismo tiempo, Washington parece más inclinado a responder al crecimiento de China procurando dominar las rutas marítimas globales y reforzando sus lazos militares con aliados regionales como Australia, India, Japón, las Filipinas y Corea del Sur. Muchos factores están contribuyendo a este cambio estratégico, pero de sus declaraciones se desprende que los funcionarios estadounidenses superiores lo ven como una derivación en gran parte de la creciente autosuficiencia de Estados Unidos en la producción de energía y su temprano dominio de las últimas tecnologías de producción.

     "La nueva postura estadounidense con respecto a la energía permite que nosotros nos involucremos [con el mundo] desde una posición de mayor fuerza", afirmó el Consejero de Seguridad Nacional Tom Donilon en un discurso de Abril en la Columbia University. "El aumento de los suministros de energía estadounidense actúa como un amortiguador que ayuda a reducir nuestra vulnerabilidad frente a interrupciones del suministro global y nos da una mano más fuerte en la persecución y realización de nuestros objetivos de seguridad internacional".

     Por el momento, los líderes estadounidenses pueden permitirse jactarse de su "mano más fuerte" en los asuntos mundiales, por cuanto ningún otro país posee las capacidades para explotar recursos no-convencionales a una escala tan grande. Al tratar de sacar ventajas geopolíticas de una creciente confianza mundial en tales combustibles, sin embargo, Washington inevitablemente invita a contraataques de varios tipos. Las potencias rivales, temerosas y resentidas de su asertividad geopolítica, reforzarán su capacidad para resistir al poder estadounidense, una tendencia ya evidente en el acelerado desarrollo naval y misilístico de China.

     Al mismo tiempo, otros Estados buscarán desarrollar su propia capacidad para explotar recursos no-convencionales, en lo que podría ser considerado una versión en combustibles fósiles de una carrera armamentista. Esto requerirá un esfuerzo considerable, pero tales recursos están extensamente distribuídos a través del planeta [8], y con el tiempo están destinados a surgir otros importantes productores de combustibles no-convencionales, desafiando la ventaja de Estados Unidos en esta área (incluso a medida que éste aumenta el poder de permanencia y la destructividad global de la tercera Época del Carbono). Tarde o temprano, la mayor parte de las relaciones internacionales girará en torno a estos asuntos.

[8. http://www.eia.gov/analysis/studies/worldshalegas/].


Sobreviviendo a la Tercera Época del Carbono

     Salvo cambios imprevistos en las políticas y comportamientos globales, el mundo se hará cada vez más dependiente de la explotación de energía no-convencional. Esto, por su parte, significa un aumento de la concentración de gases de efecto invernadero, con poca posibilidad de evitar el inicio de efectos climáticos catastróficos [9]. Sí, también presenciaremos los avances en el desarrollo y la instalación de formas renovables de energía, pero éstas desempeñarán un papel subordinado al desarrollo de petróleo y gas no-convencionales.

[9. http://www.rollingstone.com/politics/news/global-warmings-terrifying-new-math-20120719].

     La vida en la tercera Época del Carbono no dejará de tener beneficios. Aquellos que dependen de los combustibles fósiles para el transporte, la calefacción y otros por el estilo, pueden consolarse quizá con el hecho de que el petróleo y el gas natural no se agotarán pronto, como fue predicho por muchos analistas de energía en los primeros años de este siglo. Los bancos, las corporaciones de energía y otros intereses económicos acumularán indudablemente ganancias asombrosas producto de la expansión explosiva del negocio del petróleo no-convencional y de los aumentos globales del consumo de estos combustibles. Pero la mayoría de nosotros no será recompensada. Muy por el contrario. En vez de eso, experimentaremos el malestar y el sufrimiento que acompañan al calentamiento del planeta, la escasez de disputados abastecimientos de agua en muchas regiones, y la destrucción del paisaje natural.

     ¿Qué puede hacerse para interrumpir la tercera Época del Carbono y evitar los peores de estos resultados?. Pedir mayores inversiones en la energía verde es esencial pero insuficiente en un momento en que los poderes fácticos están poniendo el acento en el desarrollo de combustibles no-convencionales. Hacer una campaña a favor de restringir las emisiones de carbono es necesario, pero resultará indudablemente problemático dada una tendencia institucional cada vez más profundamente arraigada hacia la energía no-convencional.

     Se necesita, además de tales esfuerzos, un impulso para exponer la peculiaridad y los peligros de la energía no-convencional y para demonizar a aquellos que deciden invertir en estos combustibles más bien que en sus alternativas verdes. Algunos esfuerzos de esta clase están ya en marcha, incluyendo campañas iniciadas por estudiantes [10] para persuadir u obligar a los administradores de universidades a retirar cualquier inversión en compañías de combustible fósil. Estos esfuerzos, sin embargo, aún no se constituyen como una iniciativa sistemática para identificar y resistir a aquellos responsables de nuestra dependencia cada vez mayor de los combustibles no-convencionales.

[10. http://www.nytimes.com/2012/12/05/business/energy-environment/to-fight-climate-change-college-students-take-aim-at-the-endowment-portfolio.html].

     Debido a toda la charla del presidente Obama de una revolución de la tecnología verde, permanecemos profundamente arraigados en un mundo dominado por combustibles fósiles, con la única verdadera revolución ahora en marcha involucrando el cambio de una clase de tales combustibles a otra. Sin duda, ésta es una fórmula para la catástrofe global. Para sobrevivir a esta Era, la Humanidad debe hacerse mucho más consciente acerca de esta nueva clase de energía y luego tomar las medidas necesarias para comprimir la tercera Época del Carbono y apresurar la llegada de la Era de las Energías Renovables antes de que nos quememos nosotros y a este planeta.−


2 comentarios:

  1. Felicidades por tu blog, es un placer leerte. Aunque debo que soy muy esceptico al respecto del "calentamiento global" y su agenda global...
    Recomiendo encarecidamente a los lectores el siguiente blog: http://www.mitosyfraudes.org/Articulos.html

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  2. Ciertamente, como han sostenido repetidamente y con argumentos considerables muchos medios no oficiales, lo del "calentamiento" parece ser nada más que una agenda política, pero creemos que a lo que apunta el artículo y en realidad lo digno de destacar es la innegable contaminación del medioambiente por la quema de combustibles fósiles, y las desventajas de los ahora petroleo y gas no convencionales. Y como lo sostiene el autor, la idea es estimular las energías verdaderamente limpias, que a nadie dañan.

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