BUSCAR en este Blog

lunes, 2 de septiembre de 2013

Heinrich Himmler – Discurso Sobre la Homosexualidad



     El 18 de Febrero de 1937 en la ciudad bávara de Bad Tölz, Alemania, Heinrich Himmler se reunió en una conferencia con los SS-Gruppenführer, ante quienes pronunció el discurso siguiente, que trata acerca del homosexualismo, los peligros que ha causado, la lucha contra aquello, y otros interesantes planteamientos anexos. En 1934 había sido establecida una brigada especial de la Policía Estatal Secreta alemana encargada de los homosexuales. En 1936 Himmler creó una Oficina Central del Reich para el Combate de la Homosexualidad y el Aborto. La vinculación de homosexualismo masculino (penalizado con cárcel en la República Federal Alemana hasta 1969) y aborto reflejaba la política demográfica nacionalsocialista de promover una más alta tasa de nacimientos entre la población. Sobre este asunto es de lo que habló ante oficiales de alto rango en 1937. Sólo gente pacata y provinciana podría escandalizarse de las opiniones que aquí Himmler da con respecto al clero de la iglesia de Roma. Como no está disponible al parecer el texto original en alemán, hemos traducido este discurso desde el inglés, de distintas versiones que hay, pero mayormente de la traducción que se hizo para Neues Europa, y por lo tanto los ripios hay que atribuírlos a la versión inglesa. Agregamos este texto al otro que del mismo autor hemos publicado en Marzo pasado referente a la voz de los ancestros.


Discurso sobre la Homosexualidad
a los Comandantes de Grupo de la SS
por Heinrich Himmler
18 de Febrero de 1937




     ¡Heil Hitler!.

     Cuando asumimos el poder en 1933 nos encontramos con las asociaciones para homosexuales. Los miembros registrados sumaban dos millones; las estimaciones conservadoras de funcionarios procesales elevan esa cifra a entre dos y cuatro millones de homosexuales en Alemania. Personalmente pienso que el número no era tan alto porque no creo que todos aquellos que estaban en dichas asociaciones realmente fueran homosexuales personalmente. Por otra parte, por supuesto que estoy convencido de que no todos los homosexuales estaban registrados en las asociaciones. Estimo que había entre uno y dos millones. Un millón es realmente el mínimo que debemos asumir; ésta es la estimación menor y más moderada que es permitida en esta materia.

     Les pido tener esto en mente. Tenemos en Alemania, según el último censo, probablemente 67 ó 68 millones de personas, lo que significa, contando a grandes rasgos, aproximadamente 34 millones de varones. Por lo tanto hay aproximadamente 20 millones de varones sexualmente capaces (es decir, hombres mayores de 16 años). El número estimado puede variar en un millón, pero eso no importa.

     Si asumo el número de uno o dos millones de homosexuales, está claro que aproximadamente el 7 o el 8 o el 10% de los hombres en Alemania son homosexuales. Si éste es el caso, significa que nuestra nación (Volk) será arrasada por esta plaga. Una nación no perdurará en el largo plazo si el balance y el equilibrio entre los sexos son interrumpidos de esta manera.

     Además, si ustedes toman en consideración el hecho, que no he mencionado todavía, de que, con el número de mujeres permaneciendo constante, tenemos alrededor de dos millones de hombres de menos (habiendo aquéllos muerto en la guerra). Entonces ustedes pueden imaginar cómo la enormidad de dos millones de homosexuales y dos millones de muertos, por lo tanto en total alrededor de cuatro millones menos en el número de varones capaces de tener sexo, trastorna el equilibrio entre los sexos en Alemania y está conduciendo a la catástrofe.

     Me gustaría revisar con ustedes un par de ideas sobre el asunto de la homosexualidad. Entre los homosexuales existen aquellos que dicen que lo que ellos hacen no es de interés de nadie más, y que es un asunto exclusivamente personal. Sin embargo, todas las cosas que suceden en la esfera sexual no son un asunto privado del individuo sino que tienen efecto sobre la vida y la muerte de la nación y hacen la diferencia entre el poderío en el mundo o la fragmentación. Un pueblo que tiene muchos hijos tiene las calificaciones para convertirse en potencia mundial y para la dominación en el mundo. Un pueblo de buenas características raciales que tiene demasiado pocos hijos tiene un boleto seguro para la tumba; en 50 ó 100 años será insignificante, y en 200 años habrá desaparecido.

     Sin embargo, incluso aparte de estas cifras —he tomado sólo la cuestión numérica— esta nación puede ser destruída por algo más. Somos un Estado de varones (Männerstaat), y, con todos los defectos que este Estado de hombres tiene, debemos aferrarnos firmemente a él, ya que la constitución de un Estado de hombres es la mejor.

     También en la Historia ha habido Estados de mujeres. Ustedes seguramente habrán escuchado la palabra "matriarcado". Hubo Estados de amazonas no sólo en las fábulas sino en la realidad. Había constituciones matriarcales (escritas) en los frisos, sobre todo entre los pueblos marítimos. Podemos seguir sus huellas y su aparición incluso hasta nuestro tiempo. No es ninguna coincidencia que Holanda de buena gana se deje gobernar por una reina y que en Holanda el nacimiento de una hija, la Reina, sea más bienvenido que el nacimiento de un hijo. Esto no es una peculiaridad sino que se deriva de los antiguos instintos de los pueblos marítimos.

[Nota del traductor al inglés: Entre los pueblos marítimos los hombres están a menudo lejos en el mar, y por esto las mujeres tienden a ser excepcionalmente independientes, si no realmente quienes gobiernan. Esta tendencia ha sido notada por observadores en Islandia después de la crisis bancaria en 2007. Fueron principalmente las mujeres allí quienes se levantaron y exigieron el castigo de los banqueros].

     Durante siglos, durante milenios, los pueblos germánicos, y sobre todo el pueblo alemán, han sido oficialmente gobernados por hombres. Este Estado masculino, sin embargo, está ahora en proceso de destrucción debido a la homosexualidad. En lo que al campo del gobierno se refiere, considero que el principal error es el hecho de que el Estado, la organización de la gente, el ejército y todo lo que se relaciona con las instituciones estatales, en todas esas estructuras la gente alcanza sus posiciones en base a sus méritos, salvo en los casos de incompetencia humana [de los seleccionadores]. Incluso la ocasional y completamente poco realista obtención de un cargo oficial después del examen "Primero" (Einser) en los exámenes judiciales, es sin embargo todavía una selección basada en el mérito. La selección en este caso es hecha de acuerdo al mérito porque primero es tomado el Primero, y luego el Bruckeinser [examen] y finalmente el Segundo [examen], etc.

     En los cargos del Estado y de la economía en los cuales las mujeres son empleadas, ningún hombre honesto será capaz de afirmar que dichas posiciones han sido obtenidas puramente sobre la base del mérito. Para ser honestos —aquí hay sólo hombres, por lo tanto uno puede decirlo muy tranquilamente— en el momento cuando usted elige a una mecanógrafa y usted tiene a dos candidatas delante suyo, una de 50 años muy fea que escribe a máquina 300 sílabas [por minuto], casi un genio en este campo, y la otra que tiene 20 años, racialmente sana (gutrassige) y bonita, que escribe a máquina sólo 150 sílabas, usted —y yo tendría que estar juzgándolos mal a todos ustedes completamente [si pensara de otra manera]—, probablemente con semblante serio y mil justificaciones morales porque la otra es vieja y podría tan fácilmente enfermarse o cualquier otra cosa, escogerá a la bella joven candidata de 20 años que escribe a máquina menos sílabas.

     Bien, uno puede reírse, ya que esto es inofensivo y resulta sin sentido, porque si ella es bonita, se casará pronto; y además el cargo de taquígrafa no es crucial para el Estado; y tiene después otras de donde elegir.

     Pero en el momento en que este principio, el no escoger exclusivamente en base al mérito —y quiero decir esto ahora con toda seriedad—, un principio erótico, un principio sexual de masculino-femenino, echa raíces en el Estado masculino y es aplicado a las relaciones de un hombre a otro, aquello llevará a la destrucción del Estado. Tomaré un ejemplo de la vida. Quiero enfatizar lo que digo: de la vida. Quiero aprovechar de decir aquí sobre este asunto, que dudo que algún lugar en la actual tierra habitada haya ganado tanta experiencia en el campo de la homosexualidad, el aborto, etc., como la que tenemos en Alemania como Policía Secreta del Estado [Gestapo]. Creo que realmente podemos hablar como la gente con más experiencia en el tema.

     El concejal X es homosexual y no selecciona sobre la base del principio del mérito a los asesores que él necesita para su oficina en el gobierno (local). Él no elegirá al mejor abogado, él no dirá que el asesor X puede no ser el mejor abogado, sino que él ha recibido buenas calificaciones, ha ejercido y, lo que es mucho más significativo, se ve bien racialmente y está ideológicamente en regla. No, él no toma a un asesor bien calificado y de buen aspecto, sino que más bien busca al que es también un homosexual. Estas gentes se reconocen entre sí de una sola mirada a través de un cuarto. Si en un baile usted tiene a 500 hombres, dentro de media hora ellos han elegido mutuamente a aquellos que tienen su misma disposición. Cómo sucede esto, nosotros la gente normal no lo podemos en absoluto imaginar.

     El concejal busca al asesor que tiene el peor puntaje y que además está ideológicamente fuera de orden. Él no pregunta sobre su desempeño, pero se lo recomienda al director del ministerio para que éste lo designe. Él lo elogia y justifica su recomendación detalladamente. El asesor está contratado ahora, ya que nunca ocurrirá que el director del ministerio pida mayores detalles y examine la contratación más de cerca, porque desde el comienzo, como un antiguo funcionario, él supone que la recomendación del concejal está basada en el mérito. La idea de que el asesor haya sido recomendado debido a la similitud de su predisposición sexual no entra en la cabeza de un hombre normal.

     Esto no se detiene con estos dos, porque el asesor, que es ahora un funcionario gubernamental, procederá según el mismo principio. Si en un Estado masculino usted tiene a un hombre con tal disposición en alguna posición de autoridad, usted está seguro de encontrar allí tres, cuatro, ocho, diez o incluso más hombres de una disposición similar, porque uno trae al otro, y cuidado si hay uno o dos hombres normales entre esta gente: ellos están básicamente condenados, ellos pueden hacer lo que ellos quieran pero serán arruinados. Déjeme darle un ejemplo de un camarada de este mismo círculo, a quien le ocurrió algo como esto. El SS-Obergruppenführer von Woyrsch estaba presente en Silesia en el momento de su lucha con el SA-Gruppenführer homosexual Heines y el Gauleiter y Oberpräsident homosexual Brückner. Ya que él fue el hombre que trastornó esa maravillosa armonía, él fue perseguido no porque, como fue dicho, él no se parecía a nosotros, sino siempre por razones morales, políticas e ideológicas nacionalsocialistas.

     La homosexualidad por lo tanto debilita en el Estado cada mérito y cualquier sistema basado en el mérito, y destruye el Estado en sus fundamentos. Eso no es todo: el homosexual es un hombre completamente enfermo de su mente. Ellos son suaves; ellos son en cada aspecto crucial invariablemente cobardes. Creo que ellos pueden ser ocasionalmente valientes en la guerra, pero en el campo del coraje civil, sin embargo, son los hombres más cobardes que hay.

     Interconectado con esto está el hecho de que el homosexual miente patológicamente. Él no miente —para tomar un ejemplo extremo— como un jesuíta. El jesuíta miente para un objetivo. Él dice algo, lo que sea, con una cara radiante, y él sabe que lo está engañando a usted. Él tiene un fundamento moral: para la gloria de Dios, ad majorem dei gloriam. El fin justifica los medios. Hay una filosofía moral entera, una doctrina moral que elaboró Ignacio de Loyola.

     El jesuíta por lo tanto miente y lo sabe; él no olvida ni por un momento que él está mintiendo. El homosexual sin embargo miente y él mismo cree su mentira. Si usted pregunta a un homosexual sobre algo: ¿Ha hecho usted eso? Respuesta: No. Conozco casos donde los homosexuales entrevistados por nosotros dijeron: "Por mi juramento sagrado", "Por el honor de mi madre", o "Que inmediatamente me caiga muerto aquí si esto no es verdad". Tres minutos después, cuando con la ayuda de nuestra evidencia le dijimos: "Por favor, ¿y esto?" [esto = las pruebas irrefutables], él desafortunadamente no se cayó sino que todavía está vivo.

     Nunca entendí esto al principio. En los años 1933-1934 nos acercamos a estos asuntos como tontos ignorantes porque era y es un mundo que para un hombre normal es tan extraño que le cuesta imaginarlo. El Gruppenführer (Reinhard) Heydrich y yo y algunas otras personas realmente tuvimos que aprender sobre el terreno y sólo gracias a malas experiencias. Me pregunté al principio si los sujetos estaban mintiendo. Hoy es completamente claro para mí que ellos no pueden evitarlo. Por lo tanto ya no pienso más en preguntarle a un homosexual: ¿Puede usted darme su palabra?. Ya no lo hago porque sé que conseguiré una palabra en falso. En el momento en que dice algo con los ojos llorosos, el homosexual está convencido de que aquello es verdad. En mi experiencia, la homosexualidad conduce, yo casi diría, a una locura e insanidad mental absoluta.

     El homosexual es por supuesto el objeto más apropiado para todo tipo de extorsión, en primer lugar porque él está en riesgo de ser arrestado, pero en segundo lugar también porque él es un tipo débil, y en tercer lugar porque carece de voluntad y valor.

     El homosexual además —les mostraré sólo unas pocas cosas en esta área— tiene una necesidad insaciable de comunicarse en todas las áreas, sobre todo en el área sexual. Usted por lo general encuentra que el que es atrapado le dice luego incontrolablemente todos los nombres que él conoce, ya que no hay —debo hablar desde el punto de vista de ellos— ninguna fidelidad en el amor entre varones, como existe por otra parte la normal lealtad entre hombres, aunque los homosexuales finjan amarse unos a otros. El homosexual dice todo desenfrenadamente, y hace aquello con la esperanza de que él pueda de esa manera salvar quizás su propio pellejo.

     Necesitamos ser claros sobre esto: si seguimos teniendo este vicio en Alemania sin ser capaces de luchar contra ello, entonces es el final de Alemania, el final del mundo germánico. Lamentablemente no lo tenemos tan fácil como nuestros antepasados. Para ellos, estos pocos casos individuales escogidos eran de una clase anormal. Los homosexuales, que eran llamados "uranistas", eran hundidos en el pantano [para ahogarlos]. Los profesores que encuentran estos cuerpos en el pantano están determinados a no comprender que en noventa de cien casos ellos tienen delante suyo a un homosexual que con capa y todo ha sido ahogado en el pantano. No se trataba de un castigo sino más bien de la extinción de una vida anormal. Tenían que ser removidos, tal como sacamos las ortigas y las arrojamos en un montón y las quemamos. No había ningún sentimiento de venganza, sino que la persona en cuestión se tenía que ir.

     Así era con nuestros antepasados. Con nosotros lamentablemente, tengo que decirlo, aquello ya no es posible. Dentro del marco de la SS me gustaría explicar muy claramente lo siguiente. Recalco este punto: sé exactamente lo que estoy diciendo. Esto por supuesto no está destinado para las reuniones de los líderes, pero usted puede repetirlo en conversaciones individuales con una persona u otra:

     En la SS hoy todavía tenemos alrededor de un caso de homosexualidad al mes. En toda la SS en un año entero ocurren aproximadamente ocho a diez casos. He decidido ahora sobre lo siguiente: en cada caso esta gente naturalmente será degradada públicamente, expulsada y entregada a los tribunales. Después del término del castigo establecido por el tribunal, por órdenes mías ellos serán enviados a un campo de concentración, y se les disparará allí por tratar de escapar. Eso será comunicado a la unidad a la cual la persona en cuestión pertenecía. Espero así finalmente haberme deshecho de personas de ese tipo en la SS, de modo que al menos mantendremos pura la buena sangre que tenemos en la SS y la recuperación en curso de la clase de sangre que estamos cultivando para Alemania.

     Pero esto no soluciona el problema para toda Alemania. No habría que abrigar ninguna ilusión sobre lo siguiente. Si llevo al homosexual a la corte y consigo encarcelarlo, el caso todavía no ha terminado, ya que el homosexual sale de prisión tan homosexual como entró. Por lo tanto el asunto entero no ha sido resuelto. Ha sido resuelto sólo hasta el grado en que este vicio ha sido denunciado, en contraste con los años previos a nuestra asunción del poder. Aunque hubiéramos tenido los párrafos [de la ley contra esto] antes de la guerra, durante la guerra y después de la guerra [1ªGM], en realidad nada ocurrió. Puedo dejar más claro esto mediante un ejemplo: en las primeras seis semanas de nuestra actividad en esta área en 1934 llevamos más casos a los tribunales que los que había llevado el departamento de policía entero en Berlín en 25 años. Nadie debería venir y decir que el problema se hizo grande sólo debido a (Ernst) Röhm. Él por supuesto fue un gran revés, pero el problema proliferó antes de la guerra, durante la guerra e incluso después de la guerra.

     Ahora usted ve que puede regular todo lo posible con medidas estatales y policiales. Uno puede manejar el problema de la prostitución que en sí mismo es completamente inofensivo en comparación con este otro problema. Es un asunto que mediante ciertas medidas puede ser mantenido bajo un control sostenible por una nación civilizada. Seremos sumamente generosos en esta materia porque uno no puede, por una parte, querer impedir que toda la juventud se dirija hacia la homosexualidad y, por otra, bloquear para ellos todo desfogue [sexual]. Eso es una locura. Al final, cada oportunidad bloqueada de reunirse con muchachas en las grandes ciudades —incluso si es por dinero— tiene por lo tanto una gran desventaja.

     Entre todas estas consideraciones no debemos olvidar que Alemania lamentablemente se ha convertido (hasta dos terceras partes de ella) en una nación urbana. En los pueblos no existen estos problemas. El pueblo tiene su regulación natural y saludable de todas estas cuestiones. Allí, a pesar del clérigo, a pesar de la moralidad cristiana, a pesar de mil años de educación religiosa, el joven sube por la ventana del dormitorio de la muchacha. El problema es así puesto en orden. Hay unos pocos niños que nacen fuera del matrimonio; unos pocos de ellos son salpicados sobre el pueblo, y el ministro [religioso] se alegra de ello, ya que esto le da un tema para el púlpito. Los muchachos hacen las mismas cosas que antes y —no se engañe— como fue hecho en nuestro pasado. La teoría entera que uno honestamente ha construído de que la muchacha germánica, si ella es lo bastante desafortunada para no casarse hasta los 26 ó 30 años, vivió hasta ese tiempo como una monja, es un mito. Las leyes de la sangre, sin embargo, eran estrictas, ya que a ningún tipo y a ninguna muchacha se le permitía tener un lío con alguien de sangre inferior. Aquella ley fue implacable y estrictamente observada. Además esto era estricto: la fidelidad matrimonial. Si ésta era quebrantada por la mujer, se imponía la pena de muerte, ya que en esto había un peligro de que entrara sangre extranjera.

     Era todo natural; el orden social entonces era limpio y decente y actuaba de acuerdo con las leyes de la Naturaleza y no como nuestro orden de hoy en día que va contra dichas leyes.

     Como dije, los asuntos que pertenecen a este sector pueden ser de alguna manera llevados al orden. Mientras más facilitamos el matrimonio temprano —que nuestros hombres puedan casarse a la edad de 25 años—, más el otro problema disminuye: el problema luego se cuida solo.

     La cuestión de la homosexualidad, sin embargo, no puede ponerse en orden por decreto. Obviamente puedo —un asunto que a menudo hemos discutido a favor y en contra— encerrar a todos los muchachos prostitutos en Alemania y ponerlos en un campo. Esto puede ser hecho inmediatamente. Sólo me planteo la cuestión: si encarcelo a 20.000 prostitutos de las grandes ciudades, voy a devolver a un estilo de vida normal a tal vez tres o cuatro mil de éstos que son bastante jóvenes (17 a 18 años) para ser re-socializados por medio de disciplina, orden, deportes y trabajo; esto ha sido hecho con éxito en muchos casos. Pero en el momento en que los prostitutos no estén allí —no voy a encarcelar a los homosexuales— entonces hay un riesgo de que los millones de homosexuales buscarán nuevas víctimas para ellos. Entonces esta es una espada que corta con ambos filos.

     Recogeremos a todos estos muchachos de 17 y 18 años, excepto aquellos que están ya totalmente malogrados, y los llevaremos a un campo. Trataremos de hacer de estos muchachos gente razonable otra vez, algo que, como dije, ha sido hecho ya con éxito en un gran número de casos.

     Todo esto no soluciona el problema entero. La única solución que veo es como sigue: no podemos permitir que las cualidades del Estado masculino y las ventajas de la sociedad masculina disminuyan por errores. Tenemos en general, en mi opinión, una masculinización bastante fuerte en nuestra vida entera; esto ha llegado tan lejos, que militarizamos cosas imposibles [cosas que no pueden ser militarizadas], de modo que nosotros —puedo decirlo abiertamente aquí— no podemos alcanzar la perfección en nada, ya sea alineando a la gente en una formación u organizándolos o haciendo que ellos empaquen mochilas. Siento como si yo estuviera presenciando una catástrofe cuando veo a muchachas y mujeres —sobre todo muchachas— que marchan por el área con mochilas maravillosamente bien embaladas. Aquello puede conducir a problemas. Lo veo como una catástrofe cuando las organizaciones femeninas, las comunidades de mujeres y las federaciones femeninas se hacen activas en un área; eso destruye todo el encanto femenino, toda la dignidad y gracia femeninas. Lo veo como un desastre —estoy hablando de cosas en general, ya que esto no se aplica a nosotros [en la SS] directamente— si nosotros los hombres tontos quisiéramos convertir a las mujeres en instrumentos del pensamiento lógico y educarlas en todo, lo que sólo es posible si nosotros tanto las masculinizamos que con el tiempo la diferencia entre los sexos, la polaridad, desaparece. De allí el camino hacia la homosexualidad no está lejano.

     Lo veo como un desastre si, por ejemplo, como en años anteriores, fue el trabajo de la Unión de Estudiantes —para tomar un ejemplo del movimiento [NS]— embalar mochilas maravillosamente bien y ejercitarse. Claramente, no necesito una unión de estudiantes para eso.

     Recientemente hablé con el nuevo líder de la Unión de Estudiantes y le dije: "Mi querido Scheel, si lo sorprendo a usted haciendo ejercicios militares con sus compañeros, entonces usted absolutamente me tiene como un enemigo. En las casas estudiantiles ustedes tienen que trabajar mentalmente y liderar intelectualmente y llevar a la sociedad al orden".

     Una vez vi un periódico estudiantil. Era, creo, el periódico de la Asociación de Estudiantes Sajones; en la primera página de este periódico para el trabajo mental de académicos jóvenes, se mostraba a ocho hombres que estaban alineados en dos filas, mientras el líder espiritual revisaba la formación. Eso en sí mismo es el trabajo del sub-oficial, el sargento, el comandante de la compañía o el jefe del batallón, si él tiene un tic para inspeccionar siempre la alineación. Sin embargo, éste definitivamente no es el trabajo de una institución intelectual. Si se nos dice desde el extranjero: "Ustedes realmente no pueden ser nada más que militares", eso en parte no es demasiado inexacto entonces.

     Ahora se plantea la cuestión: la SS dice que ella es una orden. El partido también dice que él es una orden. Estas afirmaciones no son en absoluto mutuamente excluyentes. Somos muy claramente y expresamente una orden nacionalsocialista —y ahora viene la determinación racial— de hombres definitivamente nórdicos y una comunidad jurada de sus parientes. Somos en primer lugar una orden militar, no la sino una orden militar nacionalsocialista, ligada por educación y sangre a la sangre nórdica, una comunidad tribal (Sippengemeinschaft), si usted prefiere. Antes uno habría dicho: una asociación de nobles (Adelsgenossenschaft). No uso deliberadamente esta expresión, pero quiero decir, al usarla, que nuestra tarea tiene que ver con la crianza y educación de la gente (das Menschenzüchterische), mientras que la tarea de la orden política tiene que ver con la conducción política del pueblo.

     En el momento en el cual está claro para mí que el partido es una orden política, éste debe asumir cada vez más un contenido espiritual y cada vez menos un sentido militar, aquél de mochilas embaladas y correcta alineación, etc. Eso se aplica directamente a las diferencias individuales.

     He hablado mucho sobre estas cosas con el miembro del partido (Robert) Ley, quien tiene un gran entendimiento de ellas. Le pregunté, por ejemplo, después de la reunión realmente hermosa de líderes políticos en Nuremberg: «¿Por qué usted da una orden? Yo no lo haría. Había 100.000 líderes políticos en el campo. Ellos tendrían que ser soldados muy bien entrenados si las órdenes: "¡Atención!", "¡Levanten las banderas!", "¡Bajen las banderas!", debieran ser bien ejecutadas por 100.000 hombres. ¿Por qué usted no habla en el discurso algo así: "¡Y ahora levantamos las banderas, y ahora bajamos las banderas!"?. Es exactamente la misma cosa; pero ésa no es una manera [de hablar] demasiado varonil, soldadesca, militar. ¿Por qué tienen que ser impartidas órdenes en tales asuntos?». Éstas son sólo algunas ideas sobre este tema.

     Vuelvo a este punto nuevamente. Dije que estamos masculinizando demasiado toda la vida. Citaré unos pocos ejemplos, a los cuales ustedes pueden añadir probablemente algunos sacados de su experiencia personal y de la experiencia con diferentes niños.

     Veo como desastroso para un pueblo cuando los muchachos le dicen a sus madres: "Cuando marchamos en la Juventud Hitleriana, procuramos que usted no pase. Yo la saludaría a usted, sí, pero los demás se reirían, y yo sería considerado entonces como un hijo de mamá y un débil". Veo como desastroso para un pueblo cuando un muchacho está avergonzado de su hermana y de su madre o se le orienta para que esté avergonzado de las mujeres, en este caso, de las mujeres que son las más cercanas a él, de su madre y de su hermana que se está convirtiendo en una mujer. Cuando un muchacho está enamorado de una muchacha, se le hacen burlas más allá de lo normal, es considerado como no totalmente respetable y como un marica, y si uno le dice: "un hombre no se anda preocupando de muchachas", él no se preocupará de ellas. Quedan entonces sólo las amistades con otros jóvenes. Los hombres decidirán todo en el mundo y, de este modo, la siguiente etapa es la homosexualidad.

     Éstos son los pensamientos del señor Blüher [un conocido pederasta, en su libro "El Papel del Erotismo en la Sociedad Masculina"], los que entonces demuestran aquello: "En general, la forma más grande del amor no es entre un hombre y una mujer, ya que producto de ello hay niños, lo que es algo animal. La mayor forma es el amor sublimado entre dos varones. Es sólo de aquí que los más grandes logros en la historia mundial han surgido". Pero ésa es la indignante hipocresía de esta gente que afirma la participación en ello de Alejandro Magno y Bismarck. No hay ningún gran hombre que los homosexuales no reclamen para ellos mismos: César, Sila, etc. Pienso que Don Juan no ha sido todavía reclamado, pero por lo demás casi todos. Esto es presentado ahora en una forma aceptable a la gente joven que está ya en un movimiento enormemente masculinizado y que debido a estar en campamentos de varones no tiene la oportunidad de reunirse con muchachas. En mi opinión no tenemos que estar sorprendidos de que hayamos ido por el camino que desciende hacia la homosexualidad.

     Veo un cambio fundamental sólo mediante lo siguiente:

     Esto es algo particularmente urgente para nosotros en la SS: debemos absolutamente reeducar al hombre y al muchacho SS —en la medida en que tengamos influencia sobre ellos— para convertirlo en un hombre caballeroso o en un joven caballero. Ésa es la única manera en que podemos dibujar la línea muy claramente de modo que no caigamos en las condiciones anglosajonas y estadounidenses. Una vez le dije a una mujer inglesa que había dicho que ella encontraba terrible que los hombres saludaran a las mujeres primero: "Con usted probablemente las gallinas le hacen la corte al gallo... ¿Le parece esto a usted que es diferente de lo normal?". Una consecuencia de la mujer sobre-privilegiada es que en Estados Unidos ningún hombre se atreve ya a mirar a una muchacha, ya que de otro modo él será llevado delante del tribunal de matrimonio y se le hará pagar por ello. En Estados Unidos la homosexualidad es absolutamente una medida defensiva para los hombres porque ellos han caído en tal esclavitud ante las mujeres. La mujer puede comportarse allá como un hacha: ella sólo comienza a dar hachazos sobre algo. Ella nunca es reprochada: ¡el mejor ejemplo de una tiranía de las mujeres!.

     No hay ningún peligro entre nosotros, sin embargo, de que la caballerosidad del hombre sea exagerada y explotada por el otro lado, puesto que las mujeres en Alemania por hábito y educación no son inclinadas a hacer aquello. En cualquier caso, debemos enseñar a nuestros jóvenes a ser siempre corteses, hombres que defienden a las mujeres.

     Recientemente dije a un líder de la Juventud Hitleriana: "Usted es por lo general tan poco cristiano, pero su actitud hacia las mujeres es del más puro cristianismo que es posible". Hace 150 años alguien en una universidad católica escribió una tesis doctoral con el título: "¿Tienen alma las mujeres?". De esto surge la tendencia entera del cristianismo: está dirigido a la destrucción absoluta de las mujeres y a acentuar la inferioridad de ellas. La sustancia entera del clero y de todo el cristianismo es —estoy firmemente convencido— una unión erótica de varones (Männerbund) para la erección y mantenimiento de este bolchevismo de dos mil años. Llego a esta conclusión porque conozco muy bien la historia del cristianismo en Roma. Soy de la convicción de que los emperadores romanos, que erradicaron a los primeros cristianos, hicieron exactamente lo mismo que estamos haciendo con los comunistas. Esos cristianos eran entonces la peor levadura que contenía la gran ciudad, la peor gente judía, los peores bolcheviques que había.

     El bolchevismo de aquel tiempo tenía ahora el poder para llegar a ser grande en la carcasa de la Roma agonizante. El clero de la iglesia cristiana que más tarde subyugó a la iglesia aria en conflictos interminables continúa, desde el siglo IV o V, deseando fuertemente el celibato de los sacerdotes. Confía en Pablo y en los primeros apóstoles que rebajan a la mujer como algo pecaminoso y permiten o recomiendan el matrimonio como simplemente una salida legal a la prostitución —que está en la Biblia y quita mérito a la procreación de niños como un mal necesario. Este sacerdocio continúa por este camino durante varios siglos hasta que en 1139 el celibato de los sacerdotes es totalmente puesto en práctica.

     Estoy además convencido de que la salida para los pocos que no quieren ceder a esta homosexualidad, sobre todo para los párrocos rurales, la mayoría de los cuales —más del 50%— estimo que no eran homosexuales, consiste en conseguir para ellos en confesión una necesariamente casada y única mujer. Presumo que en los monasterios la homosexualidad se extiende desde un 90 o 95% hasta el 100%.

     Si hoy los procesos judiciales relacionados con la homosexualidad entre sacerdotes continuaran otra vez y si tratáramos a los sacerdotes como tratamos a cualquier ciudadano en Alemania, entonces yo me comprometería a garantizar durante los próximos tres o cuatro años 200 o más de tales procesos. La realización de los procesos deja de ocurrir no porque haya una carencia de casos sino porque no tenemos tantos funcionarios y jueces como los que necesitaríamos. Dentro de los próximos cuatro años se presentará evidencia muy concluyente —yo espero— de que la organización de la Iglesia en su jerarquía, su clero, es en su mayor parte una unión erótica homosexual de varones (Männerbund) que sobre esta base ha estado aterrorizando a la Humanidad durante los pasados 1.800 años, demandando de ella el mayor sacrificio de sangre, y ha sido sádicamente perversa en sus declaraciones en el pasado. Sólo tengo que recordar los procesos judiciales de los herejes y las brujas.

     La actitud del que denigra a las mujeres es una actitud típicamente cristiana, y nosotros también que hemos sido nacionalsocialistas hasta este día —muchos incluso que son paganos estrictos— hemos adoptado este conjunto de ideas sin comprenderlo. Sé que aún hoy hay muchos miembros del partido que creen que ellos tienen que demostrar la especial firmeza de su cosmovisión (Weltanschauung) y su propia especial masculinidad mediante un comportamiento muy descortés y agresivo hacia las mujeres.

     Reconozco además una cierta tendencia en nuestras filas a excluír a las mujeres de todos los eventos y celebraciones. Esta misma gente se queja después del hecho de que las mujeres adhieren aquí o allá a la iglesia, o no han sido absolutamente 100 por ciento persuadidas por el nacionalsocialismo. Ellos sin embargo no deberían quejarse ya que tratan a las mujeres como ciudadanos de segunda clase y las alejan de toda nuestra vida interior. Nadie tiene que estar sorprendido entonces si ellas no han sido totalmente conquistadas para esta vida interior. Debemos ser claros sobre esto: el movimiento, la Weltanschauung, tendrá estabilidad duradera si es apoyado por las mujeres, ya que los hombres comprenden todas las cosas con la mente, mientras que las mujeres comprenden todas las cosas con las emociones. La mujer alemana, no el hombre, es la que ha llevado el mayor sacrificio de sangre en los procesos de los herejes y las brujas. Los sacerdotes sabían exactamente por qué ellos quemaron a 5.000 ó 6.000 mujeres: precisamente porque ellas emocionalmente se aferraron con fuerza al antiguo conocimiento y a la antigua doctrina, y emocionalmente y por instinto no podían ser disuadidas de aquello, mientras que los varones habían sido ya convertidos por la lógica y el pensamiento: "No tiene caso. Nos estamos hundiendo políticamente. Me doblego, y permito que yo sea bautizado".

     Vuelvo a nuestro asunto. Veo en el movimiento entero una excesiva masculinización y en esta masculinización excesiva el semillero para la homosexualidad.

     Le pido ahora a usted que, si tiene la oportunidad, discuta estas ideas en detalle, pero no delante del cuerpo de oficiales entero, sino que hable de estas cosas con un hombre u otro. Por favor asegúrese de que nuestros hombres —como han sido iniciados por mí— se reúnan en la celebración del solsticio de verano con las muchachas para bailar. Pienso que es absolutamente correcto que de vez en cuando organicemos un baile para los candidatos jóvenes en el invierno para lo cual invitamos ahora no a muchachas que están de algún modo mal, sino más bien a las mejores, y donde damos al hombre SS la oportunidad de bailar con muchachas y ser felices y alegres con ellas. Pienso que esto es particularmente importante por una razón sobre todas, a saber, que nadie nunca descienda el camino incorrecto en dirección a la homosexualidad. Ésa sería una razón negativa. Pero creo que es importante también por una razón positiva: no deberíamos estar sorprendidos si este o aquel hombre SS se casa con una muchacha completamente incorrecta y racialmente despreciable si no damos a los hombres la oportunidad de llegar a conocer muchachas dignas y racialmente apropiadas.

     Con la juventud veo absolutamente la necesidad de preocuparse de que el muchacho de 16 ó 17 años se reúna con muchachas para una lección de baile o algún otro evento durante tardes en común. La edad de 15-16 años —es un hecho de la experiencia— es la edad en la cual el muchacho está en el punto de inflexión. Si él ha tenido una compañera de baile que le ha roto el corazón o tiene un amor desde la infancia por alguna muchacha, él ha sido conquistado, ha sido apartado del plano peligroso. En Alemania realmente no tenemos que estar preocupados —éste es un asunto serio sobre el cual se ha hablado antes sólo con risa, chistes y bromas obscenas, pero que, gracias a Dios, se ha detenido— de que juntemos al muchacho y a la muchacha a una edad demasiado temprana y estimulemos las relaciones sexuales. No; en nuestro clima, con nuestra raza y nuestra gente, se da que el muchacho de 16 años ve esto como su amor más puro, más limpio y más ideal, y que para él, a partir del momento en el cual él se ha enamorado de una muchacha —debo decirlo otra vez claramente— la masturbación en común con compañeros, una amistad común de una naturaleza sexual con hombres o muchachos, está fuera de cuestión, porque él es generalmente tímido delante de la muchacha. Él está humanamente determinado (menschlich gebunden).

     Entonces en aquel momento el peligro ha pasado. Ahora tenemos que dar la oportunidad para que aquello pueda ocurrir. Debemos poner un alto a toda esa tendencia, que tenemos hoy en la juventud y que también podemos tener en la SS, a burlarnos de un hombre que anda con una muchacha, de un hombre que es respetuoso hacia su madre, y de un muchacho que es caballeroso hacia su hermana. Aquello es el semillero para la homosexualidad.

     Me vi obligado a hablarles una vez sobre estos asuntos, mis líderes de grupo. Esta materia es terriblemente seria y no puede ser solucionada con tratados y teorías morales. Simplemente diciendo: "Dios, ¿es nuestra gente tan mala? Es terrible que ellos hayan llegado a ser tan moralmente depravados", uno no resuelve este problema. Si contestamos esta pregunta con un Sí, entonces debo preguntar por qué nosotros todavía estamos haciendo un esfuerzo en este punto. O si contestamos la pregunta con un No, entonces debemos admitir que algo en nuestra gente ha sido muy equivocadamente dirigido en esta área...

     ¡Señores!: Una sexualidad mal orientada trae consigo las cosas más descabelladas que la mente puede imaginar. Decir que somos bestiales es un insulto para los animales, ya que los animales no hacen tales cosas. De este modo, esta cuestión sobre la sexualidad correctamente dirigida es un asunto vital para cada pueblo.−


No hay comentarios:

Publicar un comentario