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viernes, 16 de agosto de 2013

Paul Eisen - Acerca del Origen del Holocuento



     Hemos puesto en castellano ahora un artículo que a su vez es un extracto de otro más extenso del mismo autor, el escritor judío británico, estudioso de la Historia y derechamente negador del "Holocausto" Paul Eisen (pauleisen.blogspot.com), es decir, él plantea que no sería cierta la existencia de un plan sistemático en la Alemania nacionalsocialista para eliminar a los judíos europeos, ni la existencia de cámaras de gas asesinas, ni menos la mágica cifra de seis millones de víctimas judías, que sería muchísimo menor. Es de interés aquí la información acerca de los métodos alemanes de desinfestación, que habrían dado pie a las posteriores alucinaciones, y las fabulosas cifras contenidas en el libro llamado Talmud, que sin duda han de ser simbólicas. Eisen afirma, perteneciendo él a la tribu, que una masiva mentira se está empleando para oprimir a la Humanidad.


¿Pero Cómo Podría el "Holocausto" No Ser Verdad?
por Paul Eisen
6 de Mayo de 2012



     ¿Cómo podría el "Holocausto" no ser verdadero?. ¿Cómo podría tal ilusión y engaño [de llegar a dudar de él] haber ocurrido?. ¿Cómo podrían todos aquellos sobrevivientes estar tan equivocados en sus testimonios? ¿Cómo podrían todos aquellos perpetradores estar tan equivocados en sus confesiones?. ¿Cómo podrían todos aquellos documentos, imprecisos como son, haber sido falsificados?. Arthur Butz llamó a su trascendental estudio revisionista "La Gran Estafa del Siglo Veinte" (The Hoax of the Twentieth Century), pero un engaño de este tamaño y naturaleza desafía la creencia. Las teorías de conspiración raramente convencen, ni tampoco aquellos que las propagan, de modo que ciertamente el completo absurdo de la afirmación de los revisionistas nos dice todo lo que tenemos que saber. Así, si el revisionismo ha de tener alguna credibilidad en absoluto, debe demostrar cómo, de ser falsa, la narrativa del "Holocausto" como la conocemos, llegó a existir.

     Las tropas soviéticas liberaron el campo de concentración Auschwitz-Birkenau el 27 de Enero de 1945. Los primeros informes del asesinato masivo de judíos por los alemanes fueron propagados en la primavera de 1942 por agencias judías y sionistas y publicados en la prensa judía. Estos informes absolutamente no confirmados recibieron una credibilidad inmediata e incomparable al ser transmitidos (en una ocasión en yíddish) en Polonia por la BBC, y por su repetición en la prensa estadounidense, en particular en el New York Times. Ellos hablaban por primera vez de exterminación, pero no sólo mediante gas. Según estos informes, los judíos estaban siendo cocidos al vapor, asfixiados hasta la muerte, exprimidos y electrocutados, así como gaseados. Es sólo posteriormente en los informes compilados por las autoridades soviéticas, cuando ellos liberaron los campos de Majdanek y Auschwitz-Birkenau en 1944 y 1945, e incluso después, que el gaseamiento surge como el método principal de matanza, como sólo un elemento en la secuencia ducha-gas-cremación que ahora está en el núcleo de la narrativa del "Holocausto".

     Es con estos informes soviéticos, más otros del Consejo Mundial de Refugiados, que surge la ahora familiar narrativa del exterminio: Las víctimas desembarcan desde los trenes para una selección. Aquellos designados para la exterminación son llevados a unos complejos diseñados para parecer instalaciones de desinfección. Allí ellos son separados por sexos y conducidos a piezas donde se desnudan. Luego son conducidos, 600 a 700 a la vez, a cuartos enormes que parecen salas de duchas. Cuando las piezas están llenas, píldoras de Zyklon B son dejadas caer desde unas aberturas en el techo y, cuando la temperatura aumenta, el gas de cianuro de hidrógeno es liberado. A las víctimas les toma aproximadamente cinco a quince minutos morir, observadas todo el tiempo por el personal SS a través de mirillas de cristal en las puertas. Un intervalo de aproximadamente media hora es permitido para que el gas se despeje, ayudado por un sistema de ventilación, después de lo cual un Sonderkommando judío (un destacamento especial) entra con máscaras anti-gas, botas de goma, guantes, ganchos y mangueras para desenredar, regar y remover los cuerpos. Los cadáveres son llevados a salas mortuorias, donde dientes de oro, etc., son extraídos con tenazas, y son transportados después a crematorios donde son quemados hasta ser reducidos a cenizas. Si el número de cadáveres hubiera resultado ser demasiado grande para las instalaciones de incineración, entonces los que hubiesen quedado son tomados para ser quemados en fosas abiertas especialmente diseñadas.

     Pero si tal narrativa es falsa, es interesante conjeturar cómo tomó la forma que tomó. Las respuestas posibles pueden ser encontradas en la historia de los anteriores 50 ó 100 años de Europa antes de los acontecimientos bajo investigación. Este período vio grandes migraciones de personas en dirección hacia el Oeste, muchos de ellos judíos y muchos de ellos emigrando a o a través de Alemania. Por toda Europa central y occidental, pero en particular en Alemania, había un problema con las epidemias y un gran temor a ellas, en particular el tifus, y muchas de las autoridades de recepción, y particularmente las autoridades alemanas, tenían la intención de desarrollar e implementar la desinfección de masas y procedimientos de desinfestación. Éstos incluían baños colectivos de duchas y vapor, móviles y fijos, e instalaciones para la desinfección de la ropa mediante gas. El gas usado para ello era por supuesto el gas de cianuro de hidrógeno en la forma de gránulos de Zyklon B.

     Este uso del gas para despiojar y desinfectar debe ser puesto en el contexto del uso muy real de gas tóxico como un arma en la Primera Guerra Mundial y en varias otras áreas de conflictos, verdaderas (como en Abisinia por los italianos) e imaginarias (como por los marcianos en la emisión de radio de 1938 "La Guerra de los Mundos"). También debería ser notado cómo después de la introducción del gas en el campo de batalla en 1915, comenzaron a aparecer historias de gaseamientos homicidas de civiles como parte de la propaganda de atrocidades. En Marzo de 1916 el Daily Telegraph relató que los austríacos y los búlgaros habían asesinado a cientos de miles de servios usando gas tóxico.

     Casi al mismo tiempo la incineración estaba siendo usada cada vez más para la eliminación de cuerpos y en particular para la eliminación masiva de víctimas de epidemias. La cremación como un medio de eliminación de cadáveres fue ampliamente promovida por el régimen nacionalsocialista alemán ―un régimen conocido por sus actitudes modernas frente a la tecnología― y también fue universalmente usada en su programa de eutanasia. Un resultado del uso de la incineración en esas muertes eutanásicas fue que esto alimentó la sospecha general de que la cremación era usada para ocultar la causa de muertes provocadas por envenenamiento con gas (se piensa ahora que las muertes en el programa de eutanasia probablemente hayan sido por inyecciones letales) que amplia y falsamente se creía que causaban una desfiguración. Entonces la cremación llegó a ser asociada con tentativas de engañar a la población sobre la causa de muerte. En efecto, todas estas técnicas de desinfección y cremación, consideradas como estando a la vanguardia de lo moderno por los habitantes cultos de Europa Occidental, fueron vistas por grandes sectores de las masas europeas con la sospecha más profunda, y en particular por los inmigrantes, por lo general pobres, conservadores y profundamente supersticiosos, y aún más particularmente por las masas judías del Este con sus adicionales preocupaciones religiosas por el desnudamiento y la incineración masivos, etc.

     No es tan descabellado si usted se pone en los zapatos de un inmigrante judío pobre que huye de las condiciones de la Rusia zarista. Usted llega agotado y aterrorizado junto con una masa de gente similarmente agotada y aterrorizada a una estación fronteriza alemana donde usted es encarado con guardias uniformados y funcionarios que le gritan en una lengua que usted apenas entiende. Ellos quieren separarlo a usted de sus hombres y mujeres, desnudarlo y ponerlo en grandes, frías y adustas cámaras. Usted ha oído las historias de cuando usted está de pie desnudo y tembloroso bajo las duchas y espera lo que le han dicho que será agua, pero que una parte de usted teme que será gas. Un relato de una sorprendente persona ilustra el punto: Ingrid Rimland [esposa de Ernst Zündel], que escribe que cuando era una pequeña niña en 1945, ella y lo que quedaba de su familia viajaron hacia el Oeste con el ejército alemán en retirada de vuelta a Alemania.

     «Recuerdo muy claramente una de tales "experiencias" en algún momento de 1944. Fue durante la retirada de la Wehrmacht desde el frente del Este, cuando grandes cantidades de refugiados alemanes étnicos viajaron hacia el Oeste con carros tirados por caballos bajo la protección del Ejército alemán, experimentando horrendas privaciones por hambre y frío, y con el Ejército Rojo siempre avanzando a nuestras espaldas.

     «Mi familia era parte de los menonitas de ascendencia alemana, una comunidad fundamentalista cristiana que había llegado a Ucrania en 1789 pero que todavía pensábamos que éramos alemanes y todavía hablábamos la lengua alemana. Desde la Revolución bolchevique de 1917 que sucedió cuando mi abuela era todavía una mujer joven y mi madre tenía sólo cuatro años― mi gente había sido salvajemente perseguida por los comunistas. Muchos de mis primos, tías, tíos, los parientes más distantes, fallecieron en las oleadas de limpieza étnica. Esta persecución comenzó antes de que yo naciera, y se hizo mortal en 1938, afectando a prácticamente cada varón de 14 años y más. Mi propio padre fue desterrado a Siberia cuando yo tenía sólo cinco años en 1941, y nuestra familia entera evitó el exilio sólo en el último momento, literalmente horas antes de que el Ejército alemán invadiera Ucrania en Septiembre de aquel año, sólo semanas después de que mi padre nos fuera arrebatado para siempre.

     «Cuando la (para nosotros) voluntaria retirada a Alemania comenzó dos años más tarde, en el otoño de 1943, quedaban cuatro de nosotros: mi abuela, mi madre, mi hermanita y yo. El resto de nuestra familia había sido o desterrado a Siberia, o asesinado, o simplemente desapareció en el estrago de aquellos años de horror desde 1917. Ahora estábamos corriendo por nuestras vidas arrancando del Ejército Rojo, casi todos nosotros mujeres y niños.

     «Entramos en la Polonia ocupada por los nacionalsocialistas algún día de 1944 y fuimos invitados a ser oficialmente naturalizados como alemanes. Recuerdo la ciudad como Litzmannstadt (Lodz) pero no puedo estar segura.

     «Pero primero tuvimos que ser despiojados. ¡Naturalmente!. Hasta donde sé, esto era rutinario para todo el que entraba en el territorio ocupado por los alemanes y por cierto en la propia Alemania, una medida de salud obligatoria para controlar epidemias como el tifus, una enfermedad que era transmitida por los piojos. Todo el que llegaba desde el Este estaba infectado con piojos en aquel tiempo: rusos, polacos, alemanes, judíos, soldados y civiles. No había manera de no tener piojos, a menos que usted se sometiera a un despiojamiento. Se nos hizo entrar en un largo tren. Si aquel tren nos llevó a un edificio o si el mismo terminaba en un edificio, ya no lo recuerdo. De alguna manera surgió un rumor de que íbamos a ser gaseados. No tengo idea de quién lo echó a correr. Como una niña de siete años, recuerdo realmente cuán aterrorizada yo estaba.

     «Todos fuimos desnudados completamente, se nos rapó nuestro cabello, y luego, mientras estábamos todos sentados en largas filas de bancos, viejos y jóvenes, agua y jabón, probablemente mezclado con insecticida, llovió sobre nosotros desde duchas que había encima.

     «No recuerdo el alivio, sólo el miedo. Del mismo modo, surgió el rumor en aquel tren de que los alemanes estaban buscando "sangre amarilla", probablemente judíos, pinchando nuestro lóbulo de la oreja. Estaba aterrorizada de aquello».

     De esa manera, aquellos informes soviéticos con sus ahora detalladas descripciones del procedimiento de exterminación (ducha-gas-cremación), apareciendo después de tres años de otros aterradores informes de exterminio de judíos y otras personas realizado por los alemanes, y también en el contexto del temor en Europa sobre el uso de gas como un arma usada contra civiles y de la incineración como un método nuevo y desconocido para la eliminación de cuerpos, podrían haber contribuído decisivamente a la colocación de los fundamentos de la narrativa de la cámara de gas del "Holocausto" como la conocemos. Ciertamente a partir del tiempo de aquellos informes, la mera presencia de duchas, cámaras de gas para la desinfestación y crematorios se había convertido en sí misma en la evidencia de un gaseamiento homicida masivo.

     Así, cuando los ejércitos occidentales se encontraron con los campos de concentración alemanes en Belsen, Dachau y Buchenwald, sitios en los cuales se sabe ahora que no hubo ninguna instalación de exterminio de masas, y vieron las ahora familiares imágenes de presidiarios esqueléticos y enfermos y pilas de pálidos cadáveres, y descubrieron cuartos sellados, duchas y crematorios que ahora sabemos que habían sido usados sólo para desinfección y desinfestación, y encontraron presidiarios que estaban preparados para contarles cuentos de exterminaciones masivas, ellos fueron capaces y estuvieron dispuestos a interpretar todo esto en términos de lo que habían oído más bien que lo que, en este caso al menos, era la verdad.

     Cualesquiera hayan sido las condiciones que pudo haber habido en los campos alemanes durante toda la guerra, hacia 1945 y ante el fracaso final de Alemania, el sistema, y particularmente el sistema de campos de concentración, había colapsado y las condiciones eran catastróficas, y fue el resultado de este colapso con el cual los ejércitos occidentales se encontraron. Los estadounidenses y los británicos vieron estas cosas, y, con un tono más censurador, las filmaron y fotografiaron como clara evidencia de un genocidio planeado más bien que como lo que ellas eran: el resultado, particularmente en la forma de epidemias de tifus, del colapso de Alemania en general y del sistema de campos en particular, bajo el impacto del bombardeo de saturación de los Aliados.

     Aunque no pueda ser completamente excluído que algunas de estas autoridades sabían que estaban propagando un mito, parece más probable que las autoridades judías que primero esparcieron informes de exterminaciones estaban reaccionando sólo por una verdadera preocupación por sus congéneres judíos, que se sabía que estaban bajo un asalto feroz de los alemanes quienes, en el momento de aquellos primeros informes, estaban escalando su asalto sobre los judíos, comenzando las brutales deportaciones hacia el Este. ¿Pero qué hay con las otras autoridades implicadas: los estadounidenses, los británicos y los soviéticos?. Estas autoridades seguramente habrían estado felices de acusar a los alemanes de absolutamente cualquier cosa y posiblemente no eran reacias a una pequeña falsificación de evidencias de ser necesario. Después de todo, estas mismas autoridades habían estado perfectamente preparadas para seguir acusando a los alemanes de la masacre de más de 4.000 polacos en Katyn, un hecho que ellos sabían muy bien que había sido perpetrado por el NKVD soviético. De hecho, el único caso donde hay alguna evidencia de montaje artificial ocurre en la liberación del campo de Majdanek por el ejército Rojo, en cuyo tiempo las autoridades soviéticas cerraron el sitio durante un mes y luego presentaron al mundo algunas pruebas muy cuestionables de la exterminación masiva de judíos. Una similar falsificación consciente también pudo haber ocurrido en Auschwitz. En cualquier caso, intencional o no, todo estaba listo ahora para que la historia levantara vuelo.

     Cualquier historia, verdadera o falsa, es fácilmente difundida si hay fabricantes, vendedores y creyentes, y esto es tanto más así si se combinan los tres. El "Holocausto" tenía mucho de los tres factores. Descendiendo por la cadena de mando encontramos muchos ejemplos en los procesos de Núremberg donde los presuntos delitos de los vencidos fueron formalizados por los vencedores. Los investigadores de Núremberg, según iban trabajando a su modo entre medio de las montañas de testimonios de presuntos testigos oculares, creían que había habido cámaras de gas cuando ellos se esforzaron por establecer esa verdad. Los interrogadores del ejército, cuando ellos se abrieron camino a puñetazos entre los desdichados acusados, creían que había habido cámaras de gas y que ellos simplemente estaban tratando de llegar a esa verdad. Los abogados, cuando ellos presentaron documentos altamente cuestionables como evidencia contundente, creían que había habido cámaras de gas, y nosotros no necesitamos mucho para persuadirnos de que los jerarcas judíos podrían haber estado listos y dispuestos a propagar y creer semejante cuento. Los judíos sufrieron terriblemente bajo el nacionalsocialismo, nadie lo niega, ningún revisionista o no revisionista. Ellos habían sido perseguidos, expulsados y agredidos. Ellos habían sido deportados a la fuerza y encarcelados en campamentos de trabajo donde miles habían muerto de agotamiento, desnutrición y maltrato. En el Este muchos judíos habían sido muertos a tiros. Los judíos tenían pocos motivos para amar a los alemanes.

     Tampoco sería la primera vez que los judíos hubieran aceptado y propagado historias, verdaderas, falsas o una mezcla de ambas, de su sufrimiento. El "Holocausto" es sólo la última, aunque la peor, de una serie de calamidades trágicas que han acontecido a la gente judía, y Hitler se sienta bien con el Faraón, Amalec, Hamán, Tomás de Torquemada y Bogdan Chmielnitski, todas duraderas figuras del odio en el martirologio judío. Tampoco esta sería la primera vez que los cronistas judíos (o cualquier otro cronista en realidad) hubieran usado alguna licencia poética en la descripción de su sufrimiento. El Talmud dice que en el momento de la destrucción del segundo templo —reputado en la historia judía como un precedente histórico para el "Holocausto"— los romanos mataron a "cuatro mil millones", y la sangre de las víctimas judías era tan grande que se convirtió en "una enorme ola que llevaba peñascos hacia el mar", y que tiñó el agua por cuatro millas. Los cuerpos de los judíos fueron usados como "postes" y los niños judíos fueron "envueltos en sus rollos de la Torá y fueron quemados vivos 65 millones de ellos". En un contexto como éste, las declaraciones de Elie Wiesel llegan a ser un poco más comprensibles:

     "No muy lejos de nosotros ardían las llamas de una fosa, llamas gigantescas. Ellas estaban quemando algo. Un camión llegó hasta allá y vertió su carga en la fosa. Eran niños pequeños. ¡Bebés!. Sí, yo lo había visto con mis propios ojos".

     Pero para que una historia de esta magnitud haya sido difundida fueron necesarios muchos creyentes más que unos cuantos políticos muy poderosos y soldados y miles de sobrevivientes traumatizados y arruinados, que, excepto unos pocos cínicos intuitivos en la misma cima de las jerarquías británica, estadounidenses, soviética y judía, creyeron que aquello había ocurrido. La verdad es que hubo poca evidencia contundente, pero la que había podía ser muy fácilmente adaptada a la medida. Después de todo, cualquiera sabía que los alemanes se habían involucrado en el exterminio masivo e intencionado de judíos; por lo tanto, "tratamiento especial" y "deportación al Este" debían ser eufemismos para la exterminación, y cualquier cámara sellada junto a un crematorio, especialmente si era usada para la desinfestación mediante gas, debe haber sido una cámara de gas homicida.

     Una vez que se logra el impulso, todo lo que se necesita es un gran juego del teléfono [donde el mensaje se va distorsionando] para producir una narrativa del "Holocausto", concebida en el real y terrible sufrimiento de los judíos durante la guerra, retratada como ha sido imaginada en los noticiarios y foto-reportajes, enmarcada y formalizada en Núremberg y en los posteriores procesos y luego, lo más crítico de todo, convertida más tarde en dogma religioso. Ponga todo esto en el contexto de un mundo occidental obsesionado por los judíos y su propia ambivalencia sobre los judíos y el sufrimiento judío, una población judía traumatizada por su muy real y reciente sufrimiento, una cultura judía enormemente influyente que coloca el sufrimiento en el centro de su auto-identidad, y un liderazgo sionista desesperado por ganar la compasión mundial para un Estado judío en Palestina, y la idea de tal historia, aunque falsa, logrando una aceptación casi universal, realmente no es difícil de creer.

     Después de todo, la gente alguna vez creyó que la Tierra era plana y estaba sostenida por las espaldas de cuatro elefantes montados sobre una tortuga. Ellos creían que la Tierra era el centro del universo, y persiguieron a los escépticos con el mismo fervor y con casi tanta justificación como ellos persiguen a los revisionistas del "Holocausto" hoy. La gente hoy cree que John Kennedy fue asesinado por un pistolero solitario con una bala mágica. Ellos creen en la Astrología y la adivinación, en auras corporales y experiencias fuera del cuerpo. Ellos creen que los Hijos de Israel fueron guiados en el desierto por un pilar de humo durante el día y de fuego durante la noche, que Jesús nació de una virgen, murió y fue resucitado, y que el profeta Mahoma subió al cielo después de ver La Meca y Jerusalén. ¡Ellos incluso creen que Palestina era una tierra sin gente para una gente sin tierra!. Entonces ¿qué es tan difícil de creer sobre la matanza planeada y premeditada de seis millones de judíos mediante métodos industriales modernos, cargados por millones en trenes y llevados a centros de matanza industrializados donde ellos fueron muertos por miles a la vez en enormes salas de matanza, sus cuerpos quemados hasta reducirse a cenizas y sus huesos enterrados en el polvo?. La gente cree en el Cielo y en el Infierno. Entonces, ¿por qué no en el infierno del "Holocausto"?.-






1 comentario:

  1. Tema muy complejo de tratar y mas de esclarecerlo.Quiza lo que verdaderamente paso nunca lo sabremos.

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