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martes, 20 de agosto de 2013

Marek Glogoczowski – Ilusiones del Establishment Científico



     Presentamos en esta oportunidad en castellano otro de los lúcidos escritos del filósofo polaco señor Glogoczowski ("Secrets & Illusions of Science Establishment") que hace un tiempo habíamos recopilado por su esclarecedor aporte. Hemos constatado que en este momento no está disponible este texto, que cumplió 9 años, ni la página de donde fue tomado (marek.glogoczowski.zaprasza.net), de manera que esta se constituye en una tarea de rescate. A quienes hayan leído otros escritos suyos de los que hemos presentado les parecerá haber ya leído el anexo final: sí, ya lo había publicado el autor en otro texto. Las aclaraciones y conexiones informativas que va realizando son siempre sorprendentes, y más aún la impecablemente lógica exégesis que viene desenrollando desde los a esta altura malolientes textos bíblicos.


Secretos e Ilusiones del Establishment Científico
por Marek Glogoczowski



Prefacio

     Hace ya 30 años, mientras yo era un estudiante graduado de geofísica en la U.C. Berkeley, tuve la impresión de que algo incorrecto estaba sucediendo dentro del cuerpo de la Ciencia. En particular, gracias a cursos avanzados en Vida y Ciencias Computacionales, comprendí que mis profesores tienen problemas para distinguir entre el comportamiento de objetos animados e inanimados. (Escribí sobre ello en un libro, "The Not-Too-Divine Comedy", Berkeley, 1972). Posteriormente, viviendo en Ginebra y París, tuve la oportunidad de investigar este fenómeno curioso más detalladamente. Fui ayudado en esta tarea por unos pocos investigadores inconformistas especializados en el campo de la biología molecular y la psicología infantil. Los resultados de estas investigaciones están contenidos en la "Carta Abierta a los Biólogos" [1]. Aprendí en esa ocasión que mi investigación no es bienvenida en los centros prestigiosos de la Ciencia: como lo escribió el Premio Nóbel F. Jacob, "La distinción entre vivo y no vivo ha desaparecido del campo de intereses de nuestros laboratorios".

[1. Marek Glogoczowski, "Carta Abierta a los Biólogos", Fundamenta Scientiae, 2/2, 233-253, Pergamon Press, Oxford, 1981].

     No estando dispuesto a cometer un "suicidio científico", volví a emigrar en 1982 de vuelta a Polonia, donde de alguna manera logré proseguir mi detectivesca investigación. Por supuesto logré señalar la differentia specifica entre los objetos inanimados y los animados (vea el punto 5 abajo, y la nota [2]). En los últimos años, gracias a la ayuda de especialistas en la interpretación de la Biblia (y la Cábala) llegué a ser además consciente de la raíz religiosa de la postmoderna pérdida de la información en la ciencia (vea el punto 7 y la nota [3]). Y hoy, tal como una célula neuronal cerebral cargada con una información explosiva, soy "empujado" a compartir mi mensaje con otros individuos, sobre todo con aquellos interesados en los logros de la ciencia.

[2. Marek Glogoczowski, Atrapy oraz paradoksy nowoczesnej biologii (Falacias y Paradojas de la Biología Moderna), Cracovia, 1993].
[3. Marek Glogoczowski, Wojna Bogów (La Guerra de Dioses), Nowy Celsus, Cracovia, 1996].


1. Perlas y basura en los escritos de Karol Ondrias

     En Marzo de 2000 conseguí de un amigo en Bratislava (Eslovaquia) un libro, "Kecy a Fakty o tzv. Demokracje" (Tonterías y Hechos sobre la Supuesta Democracia), escrito por el biofísico eslovaco profesor Karol Ondrias. He leído este libro con interés, generalmente estando de acuerdo con su contenido. Incluso traduje al inglés los "11 Mandamientos de los Esclavos Modernos" enumerados en él (vea el anexo A). Me reuní con Ondrias Karol personalmente en el Congreso sobre el Eurofuturo en Bratislava, a principios de Julio de 2000, y tuve una larga conversación con él. Él me dio en dicha ocasión su libro más reciente, "The Brain, Consciousness & Illusions of Thought", escrito esta vez en inglés, y editado en 1999 en EE.UU. por Universal Publishers. Mi colega, menor que yo por diez años, demandó de mí entonces una crítica. Comencé a escribirla en eslovaco/polaco pero cambié a GSL (Super-Lenguaje Global). Gracias a ello, mis críticas pueden ser comprensibles para cada persona culta (en GSL) interesada en las ciencias del desarrollo del cerebro —o más bien lavadas de cerebro.

     En el caso de estos libros de Karol Ondrias una cosa es intrigante. Su primer libro, "Tonterías y Hechos sobre la Democracia", él lo escribió como un amateur (un hombre de Amor) no especializado ni en sociología ni en ciencias políticas. Y en este libro de aficionado sus observaciones y proposiciones son pertinentes y enriquecedoras. El último libro sobre "ilusiones del pensamiento" él lo escribió como un profesional (un hombre de Trabajo) en el campo de la fisiología molecular y genética. Y este libro no es sólo aburrido y poco imaginativo sino también lleno de ignorancia ordinaria. Esto es una evidente "kec" (como dicen los checoslovacos) o "rubbish" (= basura, tonterías), como suelen decir los anglo-estadounidenses.

     Conociendo a Ondrias personalmente, estoy convencido de que él no está actuando con engaños, y él realmente cree en las Dummheiten (para ponerlo en alemán [= estupideces]) de que ha escrito. Esta situación indica que en su razonamiento él confió en información distorsionada —o incluso falsa— que él consiguió de otros especialistas, juzgados por él como de confianza. (Este juicio fue su impresión personal, susceptible de errores; he observado durante mi carrera científica que la honestidad no es selectivamente ventajosa entre la especie darwiniana de investigadores). Pero miremos los detalles de su argumentación. Él comienza su libro con una interpretación de una bien conocida ilusión óptica: puntos grises vistos sobre un fondo negro parecen ser más brillantes que los mismos puntos grises vistos sobre un fondo blanco. Manipulando el fondo podemos llegar a percibir objetos que de hecho son más oscuros como más luminosos. Éste es un fenómeno bien conocido, y la única curiosidad que encontré es la abierta ignorancia del autor sobre el origen fisiológico de tales ilusiones. Él escribe: "estamos todavía en la oscuridad con respecto a la manera en que el cerebro realiza esta obvia distorsión".

     No todos en la ciencia están en la oscuridad sobre ello. Ya hace más de 20 años, en la revista "Scientific American" de Marzo de 1979, L. Ivresen en un artículo titulado "La Química del Cerebro" mostró cómo las señales conducidas al cerebro son amortiguadas —o amplificadas— por neuronas laterales que secretan un opiato llamado encefalina. Este sistema de disminución/amplificación funciona de una manera similar a la lámpara electrónica llamada triodo conectada a un circuito: las señales demasiado fuertes son automáticamente atenuadas, mientras que las débiles son potenciadas, permitiendo así realizar un mejor contraste de la señal con su fondo. Tales reacciones automáticas las podemos observar a escala macroscópica en el comportamiento de nuestros párpados y pupilas: expuestos a una luz fuerte ellos automáticamente disminuyen su diámetro.

     El muy simple (desde el punto de vista de la biofísica elemental) mecanismo de diafragma automático está instalado en todas nuestras entradas sensoriales: hace ya 2.400 años Platón sostuvo que nuestros sentidos son subjetivos y pueden engañarnos. Como una prueba experimental de este hecho él señaló las reacciones de nuestra mano frente al agua tibia. Dependiendo de la temperatura ambiental la misma agua la percibimos como caliente o fría. En este caso sentimos muy bien que no es el cerebro sino nuestra mano la que reacciona de un modo subjetivo. Los diafragmas automáticos están presentes también en las membranas de las celulas vivas sensibles a las señales. El profesor Ondrias ciertamente sabe acerca de ello ya que él trabaja con este problema. (A menos que él trabaje con membranas aisladas —y por ello muertas).

     Tal mecanismo de adaptación, situado en todas las entradas sensoriales, es crucial para la preservación de los receptores, frecuentemente expuestos a señales demasiado fuertes. Es también útil para la preservación de un individuo como un todo: gracias a ello, este individuo puede ver objetos apenas distinguibles del fondo. Podemos postular así que tales diafragmas incorporados estaban presentes ya en los primeros organismos "irritables" que colonizaron nuestra Tierra aproximadamente hace mil millones de años: sin tal protección, el Sol quemaría rápidamente los sentidos de estos paleoorganismos.


2. Una "basura" escondida dentro de la teoría darwiniana

     Estando, como él escribió, "en la oscuridad" sobre la manera en la cual ocurren las rápidas adaptaciones de sus propias pupilas y párpados, Ondrias tiende a explicar el origen de este fenómeno fisiológico por fuerzas de selección natural. Para un observador marginal es evidente que gracias a su educación, el autor de "Ilusiones del Pensamiento" ha estado habituado a ver todos los fenómenos biológicos a través de los lentes "constructores de mundo" darwinianos. Los historiadores de las ciencias biológicas en general están de acuerdo en que la teoría de Charles Darwin es, en gran medida, un producto de la cultura burguesa liberal. Un análisis lógico más detallado de esta teoría permite postular que es, en secreto, una especie de "maniquí científico", construído con el propósito de mantener en la oscuridad las leyes más importantes de la biología.

     Ya el título del prestigioso libro de Darwin, "El Origen de las Especies por medio de... la Preservación de las Razas Favorecidas en la Lucha por la Vida", significa ni más ni menos que "las nuevas especies (o razas) se originan por la extinción de razas (o especies) desfavorecidas". Tal declaración es un completo absurdo lógico. He hablado varias veces con biólogos tratando de mostrarles esta Dummheit [estupidez], pero la mayoría de ellos rechazó verla. Como he observado, no fue debido a su mala voluntad sino que simplemente ellos parecieron no ser capaces de percibir esta evidente (para mí, como físico y lógico) "basura". Buscando el origen de esta creencia científica en lo absurdo, fácilmente encontramos el efecto de adaptación o condicionamiento: los científicos, así como los medios manipulados por ellos (incluído el libro de Ondrias) repiten continuamente —como una especie de rezo— que la selección natural es ubicua. Entonces ellos realmente ven la "mano invisible" de esta Selección por todas partes.

     El absurdo escondido dentro de la cosmovisión darwiniana (y sobre todo la neo-darwiniana) ha conducido a teorías completamente absurdas de acontecimientos fisiológicos que subyacen a fenómenos triviales tales como el aprendizaje. Siguiendo la enseñanza de Darwin de que "las especies nuevas aparecen por la eliminación de otras especies", el prominente neuro-evolucionista francés Jean Pierre Changeux elaboró la idea de que "Aprender es eliminar": eliminar conexiones sinápticas que dependen de neuronas, o incluso eliminar neuronas enteras. De esta teoría ultra-darwiniana del desarrollo cerebral podemos predecir lógicamente que "mientras más educado es uno, un menor número de neuronas debería tener". Tal conclusión no es un chiste científico sino una tesis seria, que fue propuesta al público general en un libro, "El Hombre Neuronal". Por este trabajo revolucionario, J.P. Changeux —con quien tuve el disgusto de reunirme en persona en París en 1981— obtuvo el premio literario Goncourt en 1984. (Este premio indica que actualmente podría ser selectivamente ventajoso trabajar en la disminución adaptativa de nuestra propia complejidad cerebral).


3. El problema de la "unicelularidad" de la cultura científica occidental

     La práctica de la atribución de varios premios a académicos que tienen cerebros selectivamente empobrecidos tiene inconvenientes serios. Por ejemplo, desde el colapso de la Unión Soviética en 1991, científicos estadounidenses comenzaron a trabajar en universidades rusas. Pronto en la Universidad de San Petersburgo estos académicos visitantes recibieron el apodo de "unicelulares" entre los estudiantes rusos. (Unicelulares, ya que supuestamente ellos tienen una sola célula neuronal en la cabeza). Tal apodo no es, en ningún caso, la expresión de una actitud racista de los estudiantes rusos hacia los "doctos" estadounidenses. Es sólo una observación relativamente objetiva. De acuerdo con la teoría del aprendizaje de J.P. Changeux, la simpleza de mente —que es una especie de enfermedad cognoscitiva— predominará entre los académicos que están "aprendiendo" mediante la eliminación de opiniones más complejas. Karol Ondrias, debido a sus frecuentes contactos profesionales con estos académicos —y en particular con el estimado por él escritor de ciencia-ficción Richard Dawkins— ciertamente fue contaminado por las Dummheiten vendidas por ellos al público. La prueba de este contagio la podemos encontrar en las ideas esenciales que él propone en su trabajo. En esta crítica me limitaré a sólo dos de ellas, las más conocidas.


4. El secreto de la revolución copernicana

     Siguiendo la interpretación actualmente obligatoria, Ondrias escribe que "Copérnico ha puesto un clavo en el ataúd de la cosmología aristotélica... y ha debilitado la noción de la singularidad humana". El hecho es que Aristóteles y sus "ciegos" seguidores rechazaron aceptar el sistema heliocéntrico propuesto a ellos. Ellos —en oposición a Platón— acentuaron la prioridad de la cognición sensorial natural y subjetiva. (El sistema cosmológico completo, construído sobre la hipótesis de que la Tierra gira sobre su propio eje, y luego, a razón de una vuelta por año, alrededor del Sol, fue propuesta por Aristarco, de la escuela aristotélica, y refinada por Seleuco de Seleucia en el siglo II a.C.). De la imaginación de Aristarco-Copérnico sobre la Tierra que gira (¡alrededor de su propio eje!) podemos deducir sin embargo que el observador terrestre verá al Sol moverse en el sentido de las agujas del reloj en el cielo [en el hemisferio Norte]. Mis todavía no graduados alumnos de pedagogía parecen entender esta trivial teoría de la relatividad, pero los académicos más "cultos" con frecuencia tienen problemas para comprenderla.

     La declaración de que "la Tierra gira alrededor del Sol" es válida sólo para un hipotético "observador cósmico", que es una invención de nuestros cerebros: hasta ahora nadie ha estado en posición de observar aquello. Y aquí yace el secreto de la revolución copernicana: hasta el Renacimiento el hombre común era capaz de confirmar inmediatamente, por medio de sus sentidos subjetivos, la validez de las teorías científicas propuestas a él. Después de ese período, sólo estos conceptos comenzaron a ser considerados como "objetivos" y "científicos", que son incomprensibles e incluso contradictorios con la percepción sensorial del hombre corriente. La ciencia se ha convertido en un objeto de manipulaciones de "alquimistas" y "cabalistas" profesionales (Isaac Newton era uno de ellos) que con frecuencia camuflaban los objetivos escondidos y depravados de su investigación.


5. La "basura" científica sobre las máquinas capaces de inventar

     Como una introducción a los logros de la imaginación de Nicolas Copérnico, Ondrias enuncia la siguiente afirmación: "No hay ningún problema en idear una máquina capaz de realizar todas las sofisticadas cosas que alguna vez fueron atribuídas exclusivamente a la Humanidad". Siento pena por verme obligado a observar que no es posible que una máquina pueda imitar la obra de Copérnico o de Darwin. Las máquinas —incluso las más sofisticadas— no tienen imaginación, mientras que todos los descubrimientos (y las "basuras" también) son productos de ésta, un órgano únicamente humano. (Los animales superiores tienen capacidades sólo muy rudimentarias a este respecto).

     El hábito de la comunidad de científicos de descuidar las observaciones personales y subjetivas, y de creer sólo en las teorías impresas en papel, anunciadas como serias, ha conducido a las posteriores cosmovisiones cada vez más cómicas. Una de estas creencias cómicas la resume Ondrias en una declaración que sigue a la que hemos ya citado: "Dicha máquina (ideada para crear nuevas cosmovisiones) puede ser mucho mejor en ello que lo que la gente solía ser". La creencia tecnocrática de que los animales no son nada más que máquinas sofisticadas se hizo popular poco después de la invención del reloj mecánico. En particular el matemático y filósofo francés René Descartes, que vivió en el siglo XVII, adoptó esta opinión. Sin embargo él sostuvo que los humanos tienen además un "alma pensante" inmaterial. En la actualidad varios científicos, incluso Ondrias, nos aseguran que incluso esta "alma pensante" es una ilusión, producida por la maquinaria inanimada de nuestro cerebro.

     En contradicción con los eruditos de hoy, los filósofos de la Antigüedad percibieron muy agudamente la diferencia entre objetos animados e inanimados. Los primeros simplemente tenían alma (ánima). Según ellos el alma más primitiva —llamada vegetal— estaba limitada a la función de autoalimentación. Esta alma mortal estaba presente en todas las criaturas. Pedí a Ondrias mostrarme una máquina capaz de la autoalimentación... y él no pudo encontrar tal ejemplo. Mirando de una manera más amplia de mente, la autoalimentación es un proceso de re-equilibrio automático de las reservas del organismo de combustible y materiales de construcción. Si añadimos a ello que los seres vivos automáticamente reconstruyen todas las otras partes que son usadas (o por otra parte destruídas) durante sus actividades de vida, podemos dar una definición muy precisa de la diferencia entre objetos animados e inanimados: estos últimos no tienen en absoluto la capacidad de auto-reparación. Esta reparación automática, por ejemplo, de los músculos cansados durante un esfuerzo, o de las neuronas cerebrales dañadas por el pensamiento extenuante, conduce a un conocido fenómeno de sobre-recuperación, llamado por J.B. Lamarck la Primera Ley de la Biología: los órganos que son usados, gracias a su auto-reparación se hacen más fuertes y más sofisticados. Las máquinas, por supuesto, no tienen tal capacidad, y ellas deben colapsar debido a su explotación.

     (Para complacer a los profesionales que gustan de la terminología cibernética, podemos decir que las máquinas, de acuerdo con la Ley de Shannon, sólo pueden disipar la información que tienen. Esta necesaria pérdida de información ocurre tanto durante el procesamiento de la información recibida, como en el desgaste de los procesadores utilizados. Las máquinas no tienen los medios para repararse a sí mismas. Al contrario, todos los "procesadores" vivientes —incluyendo los construídos con ácidos nucleicos— son automáticamente reparados después de su uso. Además, su estructura se hace, durante esta reparación, más eficiente en las posteriores operaciones. Este hecho, que es la esencia de la Primera Ley de la Biología según Lamarck, fue denominado por Jean Piaget "especializado re-equilibrio de las estructuras de procesamiento de la información". Debido a este especializado re-equilibrio, la información entrante también se enriquece al ser procesada por meta-máquinas vivientes. Esto significa que sólo los seres vivos son capaces de crear nueva información).

     Esto es suficiente para demostrar la simpleza mental de los "Amantes de las Máquinas", llamados tecnófilos.


6. La raíz histórica de la Tecno-Religión

     Civilizaciones más sofisticadas (la china, p. ej.) sabían cómo dificultar el sobrecrecimiento tecnológico, el cual debe conducir —como una reacción necesaria— a la degeneración de todas las formas de vida. La civilización occidental parece ser incapaz de hacer aquello. Al contrario, nuestra cultura cada vez más agresivamente "impulsa" todas las formas de mecanización (y por ello, de debilitación) de la vida. ¿De dónde se origina este enfoque anti-biológico del mundo?. Estando aprisionado dentro de su cosmovisión de "programada (¿por quién?) máquina biológica", Karol Ondrias permanece, como él recalca, "condenado al materialismo". Por esta razón él no puede buscar ideas más amplias para explicar su destino. Sin embargo, los investigadores de la historia de la Ciencia señalaron con facilidad la antigua raíz de la agresividad occidental para "impulsar" por todas partes el Evangelio de la Liberación de la Máquina.

     De acuerdo a historiadores de la Ciencia como Pierre Thuiller [4] o Lynn White [5], el "virus cultural" que empuja a los occidentales hacia la conquista interminable está contenido en la Biblia judeo-cristiana, sobre todo en su Mandamiento de Primera Página "Multiplicaos y dominad la Tierra". Además (éste es mi descubrimiento) la investigación más cercana de otros "mandamientos" de este antiguo Testimonio de la voluntad de Dios conduce a la convicción de que el verdadero (pero oculto en la Escritura) nombre del Señor es TRABAJO. "Trabajarás seis días, y el séptimo día será tu día de auto-encarcelamiento. No caminarás ese día más de 500 metros desde tu casa, y ni siquiera pondrás fuego bajo tu horno”.

[4. Pierre Thuiller, La Grande Implosión, rapport sur l'effondrement de l'Occident en 1999-2004, Fayard, 1995].
[5. Lynn White Jr, "Las Raíces Históricas de Nuestra Crisis Ecológica", Science, 155, 3767, 1205-6, 1967].

     Hace ya un siglo Max Weber documentó la influencia de la ética protestante basada en la Biblia sobre el desarrollo de la sociedad capitalista. Hoy podemos agregar a ello que todos los países donde la Biblia ha llegado a ser aceptada como un libro dador de iluminación, espontáneamente se convirtieron en VOLUNTARIOS CAMPOS DE TRABAJO FORZADO. Para demostrarlo, es suficiente recordar el caso de Alemania y los Países Bajos poco después de las Guerras Religiosas, y luego Inglaterra y Estados Unidos después de la Revolución Industrial. (Uno puede decir, con una dosis de humor negro, que el gen cultural llamado TRABAJO saltó, en la Antigüedad profunda, desde las termitas egipcias y mesopotámicas hacia los profetas del antiguo Israel. Miles de años más tarde, gracias a los "impulsores" de la Biblia cristiana, este gen del TRABAJO egoístamente puso bajo su mandato la conducta de todas las naciones que permanecen bajo el capote del judeo-cristianismo).


7. La "Revolución Copernicana" en la percepción del Dios

     Al final de su significativo libro, Karol Ondrias sostiene que nuestra conciencia tiene un carácter enteramente material, y que Dios es simplemente una ilusión de nuestros cerebros. En gran medida él repite aquí opiniones que son comunes en nuestro postmodernista establishment científico. Me gustaría hacer una "revolución copernicana" en estas opiniones simplificadas: es el Dios (al menos este Omnipotente que grita "YO SOY QUIEN SOY" desde las páginas del Antiguo Testamento) quien es el "virus cultural" completamente material e inanimado. En oposición a ello, nuestra CONCIENCIA tiene una capacidad meta-física (y así, divina) que es capaz de animar a este "maniquí" bíblico.

     La dura realidad de que el "Dios" presente en la Biblia consiste en papel impreso, conduce al descubrimiento simple de que éste ciertamente no es el Dios de la creatividad. Como argumentamos antes —y el profesor Ondrias estará seguramente de acuerdo conmigo— los objetos inanimados son incapaces de ninguna creación. Esto significa que la gente dependiente del TRABAJO bíblico está de hecho condenada a hacer todo a fin de convertir el mundo en un objeto inanimado. Para demostrarlo, es suficiente mostrar cuán estériles han llegado a ser nuestros laboratorios, nuestras casas y nuestras industrializadas y cada vez más grandes áreas urbanas.


8. ¿El TRABAJO es realmente invencible?

     En la opinión de los filósofos griegos, el dios que simboliza la creatividad —así como la búsqueda de la belleza y la verdad— era EROS, considerado por los psicoanalistas del siglo XX como una oposición perfecta al TRABAJO. (En la Biblia cristiana Jesús es una encarnación de Eros, pronto silenciado por los adoradores del Trabajo. En el Nuevo Testamento, la ideología del Trabajo está incrustada en las "Cartas" del autoproclamado apóstol Pablo). ¿Es posible que Eros pueda vencer al Trabajo, y que las enseñanzas de Platón puedan establecer nuevamente su autoridad sobre las Dummheiten contenidas en las antiguas escrituras judías?.

     En el capítulo final de sus "Ilusiones del Pensamiento" Ondrias repite sin vacilar la clásica "tontería" de los sociobiólogos anglosajones, y escribe: «La mentalidad que solía impulsar a la gente a luchar por cada vez más bienes y poder... había sido firmemente grabada en el código genético humano (más bien que el mandamiento Mosaico "no coseches completamente tu viña", esto es, dejar siempre algo para los necesitados). Y somos apropiadamente recompensados por obedecer estas instrucciones genéticamente dictadas».

     Esta declaración en general no es verdadera. Para poner esto en palabras de Jesús criticando a los fariseos, Ondrias "cuela el mosquito, y se traga el camello". No es nuestro código genético sino precisamente la Biblia la que empuja a sus seguidores a luchar por cada vez más bienes y poder (actualmente a escala global). Este antiguo Libro quiere incluso hacer de nosotros una especie de super-terroristas, esparciendo el temor por todas partes: "El miedo y el terror a ustedes estarán sobre cada bestia de la tierra, y sobre cada ave del aire... A ustedes les doy todo" (Génesis 9:1-3). La ideología "liberal" occidental de "supervivencia y dominación", exportada desde la Revolución Industrial a todos los confines de la Tierra, no estaba presente en el código genético de nuestros antepasados sino en el "código cultural" presente en los escritos del clero que está entre nosotros. (El mejor ejemplo de cómo este "virus cultural" trabaja lo dieron los colonos de Norteamérica. Ellos imaginaban que asesinando indios ellos seguían el ejemplo bíblico del Pueblo Elegido "atacando con dureza a los cananeos y expulsándolos de la Tierra Prometida").

     Para los Protestantes estrechos de mente la Biblia era la "herramienta cultural" única de la conquista. Con el desarrollo de la ciencia moderna, esta antigua arma fue reforzada por la panoplia entera de la teorías sociobiológicas, todas ellas conocidas como expresiones del "darwinismo social". Según es considerada la obra (el trabajo) de Charles Darwin, es posible demostrar que sus ideas (y las ideas de sus seguidores, llamados neo-darwinianos, en un grado cada vez mayor) son las conclusiones lógicas de unos pocos primitivos conceptos de la Naturaleza contenidos en el Antiguo Testamento (vea el anexo B). De alguna manera resultó que más de tres mil años de investigación en ciencias de la vida no habían traído la más leve nueva idea a conceptos de la vida que heredamos de los antiguos judíos. En el "científico" siglo XX logramos no sólo olvidar la aristotélica "jerarquía de las almas" —el alma vegetal (de la alimentación), animal (de la vista) y humana (pensante)— sino que también olvidamos de leyes biológicas de Lamarck, y Ley de Haeckel de la Biogenética. (Tal pérdida de información es explicable sólo si asumimos la hipótesis de que los biólogos son, como lo recalca Ondrias, "máquinas biológicas programadas". Sólo entre robots una pérdida espontánea de bío-información es posible).


9. El Manual de la Ignorancia Humana

     Según el psicólogo suizo Jean Piaget, el objetivo (teleología) visible en todos los animales superiores jóvenes, consiste en la "asimilación genética" del medioambiente. Los animales jóvenes espontáneamente construyen comportamientos sofisticados que les permiten una mejor comprensión (y así también un control) de los territorios y comunidades en los cuales ellos están acostumbrados a vivir. A la luz de esta "orden" metafísica, todos los dogmas religiosos —así como científicos y culturales— que tienen la intención de inhibir este esfuerzo natural para el perfecccionamiento de la cognición, deberían ser considerados como el Mal, que conduce a la adquisición no de la autonomía construída sobre la sabiduría sino a la esclavitud (vea el anexo A). Si consideramos desde este punto de vista los frecuentemente leídos capítulos iniciales de la Biblia, rápidamente notamos que ese libro quiere deliberadamente apartar nuestra atención de asuntos básicos acerca del problema del Bien y de la Verdad. A la misma conclusión llegó Karol Ondrias, para quien es completamente incomprensible por qué Dios, en el mismo comienzo de la historia de la Humanidad, ordenó que nuestros antepasados no comieran el fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal.

     Este misterio de la religión judeo-cristiana es posible de resolver como sigue: El "trabajo" de los antiguos sacerdotes-carniceros judíos era éticamente más que dudoso. Los ritos de holocaustos (todo quemado) practicados en el Templo de Jerusalén eran trucos crueles y sangrientos, que tenían la intención de ocultar los crímenes cometidos por los clientes de este "Templo de la Mentira". Es por esta razón que los levitas incorporaron en la Biblia un mito según el cual cualquiera que se atreviera a investigar (como lo hizo Sócrates) lo que es moralmente bueno o malo sería condenado a la muerte (Sócrates de hecho murió a la edad de setenta años). La misma amenaza de "muerte científica" —como un castigo por investigar los secretos de las ciencias de la vida— ha sido difundida actualmente por la secta (neo)darwiniana. Estos "Nuevos Levitas" se tomaron el poder exitosamente en nuestras universidades, y ellos están desviando la investigación de tal modo que los crímenes contra la Naturaleza cometidos (o diseñados) por la élite de la Sociedad Civil, han llegado prácticamente a ser encubiertos.

     En una reciente entrevista publicada por el diario "Le Figaro", el líder de la comunidad judía en Francia, Jean Khan, admitió sin reservas que el dios judío es ideológicamente el mismo que el que dirige las acciones de las Democracias Liberales. Él también confirmó (como lo hizo Juan Pablo II ya en 1981) que el Mandamiento más importante de Dios es "multiplicaos y sed fértiles". A la luz de la comprensión de la biología que se remonta a Aristóteles, el crecimiento y la multiplicación es un resultado trivial y puramente metabólico de la alimentación. Esto implica que tal mandamiento, aparentemente "moral", en la práctica se traduce en la más materialista disposición de "come, consume y devora". Un dios supuestamente bueno, en secreto tiene la intención de transformar a los humanos en una manada de bestias insaciables. (La élite de la Sociedad Civil es un ejemplo de tal manada voraz).

     Los miembros de tal élite "unidimensional" (llamada "el Pueblo Elegido") deben luchar continuamente por su supervivencia y dominación, y así ellos no tienen tiempo para cultivar órganos que les permitan perspectivas de mayor complejidad: el alma de la vista y el alma pensante, para no hablar del alma que razona. (Es por esta razón que en las leyendas populares judías todos los profetas son ciegos). En la víspera del siglo veintiuno prácticamente toda la élite occidental reclama con impaciencia ser la progenie del "Relojero Ciego", un "maniquí" inventado por F. Jacob y R. Dawkins que simboliza al no-existente Creador.

     Es evidente que sin el abandono de este (post)modernista "dios de papel", nunca seremos capaces de detener el proceso de convertir a la Humanidad en un "termitero" ciego y laborioso. Sin perspectivas más maduras, heredadas de Sócrates, terminaremos inexorablemente como un "rebaño unicelular" de seres voraces, similar a un cáncer maligno, que consumen a toda velocidad todos los restos "comestibles" de especies y culturas anteriores.


* * * * *


Anexo A:
"Los 11 Mandamientos de los Esclavos Modernos", de Karol Ondrias:

     Nosotros, los Esclavos Modernos del siglo XXI, juramos lo siguiente:

• Estaremos comprometidos con la libertad de expresión para nosotros y para otros.
• Nos gobernaremos sólo con la ideología omnipotente del libre mercado.
• Daremos la bienvenida a la propiedad privada. Y no tendremos ninguna otra forma de propiedad.
• Elegiremos a nuestros representantes sólo en elecciones libres.
• Consideraremos como civilizado sólo a este mundo, que es publicitado como tal.
• Consideraremos como democrático sólo a este mundo, que es publicitado como tal.
• Evitaremos a la gente cuyos pensamientos no estén de acuerdo con la agenda actualmente aceptada.
• Daremos la bienvenida a las imágenes y las ilusiones y no a la realidad.
• Pagaremos diligentemente el diezmo a nuestros amos (supra-nacionales) y a nadie más.
• Nunca preguntaremos: ¿Quo vadis Homo Sapiens Sapiens?.
• Adoraremos y mantendremos los Once Mandamientos de los Esclavos Modernos sin conciencia de este hecho.

A estos "11 Mandamientos" añadiremos:
Duodécimo Mandamiento de los Esclavos Modernos Científicos:

• Creeremos que la tercera Ley de Newton (acción = reacción) no es válida en el caso de las estructuras del ARN y el ADN. Estas estructuras no están siendo utilizadas durante su uso, y por lo tanto tienen la propiedad del "Motor Inmóvil", es decir, del Dios de Aristóteles.



Anexo B
FUENTES BÍBLICAS DEL DARWINISMO


     Para obtener la más amplia aceptación de cualquier idea científica, sus receptores deberían tener su aparato asociativo individual apropiadamente sintonizado para su recepción. En la cultura anglosajona los hombres son (eran) criados desde la infancia con la lectura de la Biblia, y así la realidad que ellos perciben está en gran medida modelada por las "verdades rectoras" de la Sagrada Escritura. Este hecho, bien conocido en psicología del desarrollo y en neurología, es suficiente para explicar tanto la génesis como el éxito comercial de los conceptos darwinianos contemporáneos de evolución.

1.   La conclusión lógica de la orden de Dios de multiplicarse y llenar la Tierra que ha sido insertada en la primera página del libro del Génesis― es el previsible crecimiento desmedido del número de organismos vivos más allá de su posibilidad de alimentarse. Tal "orden divina" debe conducir a la lucha por la existencia imaginada por el clérigo anglicano Thomas Malthus. (El arquetipo del Viejo Testamento de tal lucha por los medios de subsistencia y de proliferación, es proporcionado por la actitud del patriarca Jacob hacia Esaú, y en general por la actitud de los judíos hacia otras naciones). Esta lucha inter-especies por la vida se ha convertido en la esencia de la teoría de la evolución elaborada por otro graduado en teología, Charles Darwin.

2.   La teoría neo-darwiniana de August Weisman, añadida al darwinismo original a principios del siglo veinte, postula la existencia de sustancias biológicas cualitativamente diferentes: soma y germen. También tiene su precedente antiguo en el pensamiento naturalista del teólogo hebreo Saúl (Pablo) de Tarso. En su Primera Carta a los Corintios, Pablo observa: "Lo que usted siembra no es el cuerpo (o soma) que va a brotar, sino el grano desnudo (germen)... Dios da a cada semilla el cuerpo que él quiere, para cada semilla un cuerpo apropiado para ella" (15:36-38). La semilla (germen) del concepto de tal división la podemos encontrar en la primera página del Génesis, 1:11-12. Para los biólogos moleculares de hoy los objetos de culto son los genes, y de un modo similar, para los antiguos hebreos su propio semen tenía un significado sacro (Levítico 15:14).

3.   De acuerdo a los conceptos ligados al neo-darwinismo a mediados del siglo veinte, nuevas variantes aparecen gracias a mutaciones fortuitas de genes escondidos en células germinales. Tal idea de la creación azarosa de nuevas formas de vida converge con una idea, frecuentemente repetida en la Biblia, de que Dios actúa (crea y selecciona a sus víctimas, y/o a su pueblo favorecido) mediante un proceso totalmente aleatorio (véase el "oráculo de Yahveh", el urim-tummim o "luz y perfección" de opciones al azar, Éxodo 28:30).

4.   En ningún punto de su enseñanza la Torá hebrea admite la idea de que un esfuerzo cognoscitivo crítico colectivo (similar al que conocemos por los Diálogos de Platón) pueda conducir a una mejor comprensión del mundo y así a una mejor vida en él. La prohibición de cuestionar los dogmas "revelados" conduce a la atrofia funcional de una gama entera de reflejos cerebrales de las poblaciones humanas criadas en el mundo artificial creado por la lectura frecuente de la Sagrada Escritura. Tales sociedades pasadas y presentes tienen una tendencia a "no ver" particularmente aquellos absurdos, que en su estructura lógica se parecen a falsas verdades orientacionales, que han sido inoculadas en la Biblia en forma de "virus mentales" culturales.

5.   El arquetipo de la idea neo-darwiniana de que a partir de enfermedades hereditarias perjudiciales, llamadas "mutaciones", surgen variantes nuevas mejor adaptadas al medioambiente, lo podemos encontrar en el pensamiento teológico-naturalista de Pablo, contenido en la misma Primera Carta a los Corintios que ya citamos (15:43): se siembra en deshonra (la semilla de una teoría evidentemente coja), se levantará con gloria (el cuerpo de una nueva religión o ciencia enferma que engloba al mundo). Tenemos aquí una analogía de las invenciones cognoscitivas de la Cábala: no hay mejor bien que el que proviene de un mal.

    
Toda la teoría neo-darwiniana (y ultra-darwiniana) podemos reducirla a la selección natural (vea el punto 1) de cuerpos criados a partir de variantes azarosamente creadas de semillas (punto 3). Esto significa que la totalidad de los conceptos contemporáneos de evolución podemos deducirlos lógicamente de unas pocas frases simplistas incorporadas tanto en el Viejo como en el Nuevo Testamento. Estos conceptos están cognoscitivamente "vacíos", pero sin embargo ellos impresionan a los profanos hoy en un modo similar a como los judíos corrientes eran impresionados por el interior vacío del Templo de Jerusalén. Y se nos invita a odiar a todos aquellos que denuncian el vacío cognoscitivo de las ciencias darwinianas, del mismo modo en que Pompeyo fue odiado por el sacerdocio judío por su acto de demoler la cubierta que escondía la vaciedad del famoso templo hebreo de Misólogos [= el odiador del Logos] en Jerusalén.–


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