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miércoles, 15 de mayo de 2013

El Plan de Stalin para Conquistar Europa


     El siguiente texto apareció en el Journal of Historical Review 17, Nº 4 (Julio-Agosto de 1998), págs. 30-37. Apareció publicado posteriormente en el sitio www.library.flawlesslogic.com de donde lo hemos traducido. Daniel W. Michaels es un graduado de la Columbia University (1954), que fue un estudiante de intercambio en Alemania (1957), y recientemente retirado del Ministerio de Defensa estadounidense después de 40 años de servicio. El título del texto, que es una reseña de un libro de Historia de un escritor ruso, es de lo que se trata en efecto. Es la tesis de que si Hitler no hubiera golpeado primero a la Unión Soviética, estorbando mortalmente sus planes, ésta hubiera agredido a Alemania y a toda Europa, según los planes demenciales de conquista del hombre de hierro soviético.


El Plan de Stalin para Conquistar Europa
Cómo la Unión Soviética "Perdió" la Segunda Guerra Mundial
por Daniel W. Michaels
Julio de 1998



     Poslednyaya Respublika ("La Última República"), de Viktor Suvorov (seudónimo de Vladimir Rezun), Moscú, TKO ACT, 1996, 470 páginas, tapa dura, fotografías. Reseña de Daniel W. Michaels.


     Desde hace varios años un ex-oficial de inteligencia militar soviético llamado Vladimir Rezun ha provocado una acalorada discusión en Rusia por su alarmante opinión de que Hitler atacó a la Rusia soviética en Junio de 1941 por cuanto Stalin se disponía a aplastar a Alemania y a Europa occidental como parte de una operación bien planeada para "liberar" a toda Europa poniéndola bajo el dominio comunista.

     Escribiendo bajo el seudónimo de Viktor Suvorov, Rezun ha desarrollado esta tesis en tres libros. "Icebreaker" (que ha sido publicado en una edición en lengua inglesa) y "Dni M" ("Día M") fueron reseñados en la edición de Noviembre-Diciembre de 1997 del Journal of Historical Review. El tercer libro, examinado aquí, es una obra de 470 páginas, "La Última República: Por qué la Unión Soviética Perdió la Segunda Guerra Mundial", publicada en ruso en Moscú en 1996.

     Suvorov presenta una masa de pruebas para mostrar que cuando Hitler lanzó su "Operación Barbarroja" de ataque contra la Rusia soviética el 22 de Junio de 1941, las fuerzas alemanas fueron capaces de infligir pérdidas enormes contra los soviets precisamente porque las tropas Rojas estaban mucho mejor preparadas para la guerra, pero para una guerra agresiva que estaba programada para principios de Julio, no para la guerra defensiva impuesta sobre ellos por el golpe preventivo de Hitler.

     En "Icebreaker" Suvorov detalla el despliegue de las fuerzas soviéticas en Junio de 1941, describiendo cómo Stalin acumuló enormes cantidades de tropas y depósitos de armas a lo largo de la frontera europea, no para defender la patria soviética sino en preparación para un ataque hacia el Oeste y para batallas decisivas en territorio enemigo.

     De este modo, cuando las fuerzas alemanas golpearon, el núcleo de las fuerzas Rojas de tierra y aéreas estaban concentradas a lo largo de las fronteras occidentales soviéticas contiguas a los países europeos, sobre todo el Reich alemán y Rumania, en la preparación final para un asalto sobre Europa.

     En su segundo libro sobre los orígenes de la guerra, "El Día M" (el "Día de Movilización"), Suvorov detalla cómo entre fines de 1939 y el verano de 1941 Stalin construyó metódica y sistemáticamente la mejor y más poderosa fuerza militar armada en el mundo —realmente la primera superpotencia del mundo— para su planeada conquista de Europa. Suvorov explica cómo la drástica conversión que hizo Stalin de la economía del país orientada ahora a la guerra realmente hizo que la guerra fuese inevitable.

[Imagen: A mediados de Junio de 1941 las enormes fuerzas del Ejército Rojo fueron concentradas en la frontera soviética occidental, listas para un ataque devastador contra Europa. Este diagrama apareció en la edición en lengua inglesa de la revista ilustrada alemana de los tiempos de guerra Signal].


Una Unión Soviética Global

     En "La Última República" Suvorov, para reforzar su argumento, añade a la evidencia presentada en sus dos libros anteriores que Stalin se estaba preparando para una guerra agresiva, en particular poniendo énfasis en la motivación ideológica para las acciones del líder soviético. El título se refiere al desafortunado país que sería incorporado como "la república final" en la "Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas", completando de esta manera la revolución proletaria mundial.

     Como Suvorov explica, este plan era completamente consecuente con la doctrina marxista-leninista, así como con las políticas de Lenin en los primeros años del régimen soviético. El historiador ruso sostiene de forma convincente que no fue León Trotsky (Bronstein) sino más bien Stalin, su rival menos ostentoso, quien fue realmente el discípulo fiel de Lenin en la promoción de la revolución comunista mundial. Trotsky insistió en su doctrina de la "revolución permanente" mediante la cual el joven Estado soviético ayudaría a instigar levantamientos de los trabajadores en el propio país y revoluciones en los países capitalistas.

     Stalin en cambio quería que el régimen soviético tomara ventaja de los "armisticios" ocasionales en la lucha global para consolidar la fuerza militar Roja para el momento justo cuando fuerzas soviéticas armadas más grandes y mejores golpearían sobre Europa central y occidental, añadiendo nuevas república soviéticas a medida que esta fuerza aplastante rodara a través del continente. Después de la exitosa consolidación y sovietización de toda Europa, la URSS ampliada estaría a punto de imponer el poder soviético sobre el planeta entero.

     Como Suvorov muestra, Stalin comprendió muy bien que, si fuera por su propia voluntad, la gente de los avanzados países occidentales nunca elegiría voluntariamente el comunismo. Tendría por lo tanto que ser impuesto por la fuerza. Su temerario plan, Stalin decidió posteriormente, sólo podría ser llevado a efecto por una guerra mundial.

     Una pieza clave de evidencia en este aspecto es su discurso del 19 de Agosto de 1939, recientemente descubierto en los archivos soviéticos (citado en parte en la edición de Nov.-Dic. de 1997 del Journal, págs. 32-33). En él, el heredero de Lenin afirma:

    «La experiencia de los últimos viente años ha mostrado que en tiempo de paz el movimiento comunista nunca es lo bastante fuerte para hacerse con el poder. La dictadura de tal partido sólo se hará posible como resultado de una guerra importante...

    Más tarde, todos los países que habían aceptado la protección de la renaciente Alemania también se convertirían en nuestros aliados. Tendremos un amplio campo para desarrollar la revolución mundial».

     Además, y como los teóricos soviéticos siempre habían insistido, el comunismo nunca podría coexistir pacíficamente en el largo plazo con otros sistemas socio-políticos. En consecuencia, el dominio comunista inevitablemente tendría que ser impuesto en todo el mundo. Tan integral era este objetivo de la "revolución mundial" a la naturaleza y el desarrollo del "primer Estado de los trabajadores", que fue un rasgo cardinal de la agenda soviética incluso antes de que Hitler y su movimiento nacionalsocialista subieran al poder en Alemania en 1933.

     Stalin decidió golpear en un momento y lugar de su elección. Para este fin, el desarrollo soviético de los más avanzados sistemas de armas ofensivas, principalmente tanques, aviones y fuerzas aerotransportadas, había comenzado ya a principios de los años '30. Para asegurar el éxito de su audaz empresa, a fines de 1939 Stalin ordenó la construcción de una poderosa máquina de guerra que sería superior en cantidad y calidad a todas las posibles fuerzas contrarias. Su primera orden secreta para la movilización militar e industrial total del país fue publicada en Agosto de 1939. Una segunda orden de movilización total, esta vez para la movilización militar, sería publicada durante el día en que la guerra debía comenzar.


Desilusión

     El ataque alemán codificado como "Barbarroja" arruinó el bien establecido plan de Stalin para "liberar" a toda Europa. En este sentido, sostiene Suvorov, Stalin "perdió" la Segunda Guerra Mundial. El Primer Ministro soviético podría considerar "solamente" derrotar a Alemania y conquistar Europa del Este y Central como nada más que una frustración.

     Según Suvorov, Stalin reveló su desilusión sobre el resultado de la guerra de varios modos. Primero, él tuvo al mariscal Georgi Zhukov, y no a él mismo, como el comandante supremo que lideró el desfile de la victoria en 1945. Segundo, ningún desfile oficial de la victoria cada 9 de Mayo fue siquiera autorizado sino hasta después de la muerte de Stalin. Tercero, Stalin nunca llevó puesta ninguna de las medallas que le concedieron después del final de la Segunda Guerra Mundial. Cuarto, una vez, en un estado de ánimo deprimido, él expresó a los miembros de su círculo cercano su deseo de retirarse ahora que la guerra había terminado. Quinto, y quizás lo más revelador, Stalin abandonó los trabajos del largamente planeado Palacio de los Soviets.


Un Monumento Inconcluso

     El enorme Palacio de los Soviets, aprobado por el gobierno soviético a principios de los años '30, debía ser de 1.250 pies de alto [380 metros], coronado con una estatua de Lenin de 300 pies de alto [90 metros] —más alto que el edificio Empire State de Nueva York. Debía ser construído en el sitio de la antigua Catedral de Cristo el Salvador. Por orden de Stalin, este magnífico símbolo de la antigua Rusia fue hecho volar en pedazos en 1931, un acto por medio del cual los gobernantes comunistas de la nación borraron simbólicamente el alma de la antigua Rusia para hacer espacio para la pieza central de la URSS mundial.

     Todas las "repúblicas socialistas" del mundo, incluso la "última república", estarían finalmente representadas en el Palacio. El salón principal de este santuario secular debía llevar inscripto el juramento que Stalin había hecho en cadencias cuasi religiosas en el entierro de Lenin. Aquél incluía estas palabras: "Cuando nos dejó, el camarada Lenin nos legó la responsabilidad de reforzar y ampliar la Unión de República Socialistas. Nos comprometemos ante usted, camarada Lenin, a que llevaremos a cabo honorablemente este vuestro mandamiento sagrado".

     Sin embargo, sólo la base en forma de cuenco para este grandioso monumento fue completada, y durante los años '90, después del colapso de la URSS, la Catedral de Cristo el Salvador fue minuciosamente reconstruída en el mismo sitio.


El Punto de Vista Oficial

     Durante décadas la versión oficial del conflicto germano-soviético de 1941-1945, apoyada por historiadores del establishment tanto en Rusia como en Occidente, ha sido algo como esto:

    Hitler lanzó un sorpresivo ataque de tipo "Guerra relámpago" contra la penosamente mal preparada Unión Soviética, engañando a su líder, el desprevenido y confiado Stalin. El führer alemán fue impulsado por el deseo de un "espacio vital" y de los recursos naturales en el primitivo Este, y por su determinación de larga data de destruír el "comunismo judío" de una vez por todas. En este ataque traidor, que era una parte importante del enajenado ímpetu de Hitler para la "conquista mundial", los agresores "nazis" o "fascistas" al principio aplastaron toda la resistencia con su preponderancia de modernos tanques y aviones.

     Esta opinión, que fue afirmada por los jueces Aliados en el Tribunal de Nuremberg de la posguerra, todavía es extensamente aceptada tanto en Rusia como en Estados Unidos. En Rusia hoy, la mayor parte del gran público (y no simplemente aquellos que son nostálgicos del viejo régimen soviético), acepta esta línea "políticamente correcta". En particular, porque esto "explica" las enormes pérdidas durante la Segunda Guerra Mundial de la Unión Soviética en hombres y material bélico.


Condenado desde el Principio

     Contrariamente al punto de vista oficial de que la Unión Soviética no estaba preparada para la guerra en Junio de 1941, de hecho, enfatiza Suvorov, fueron los alemanes los que realmente no estaban listos. El plan de Alemania "Operación Barbarroja", elaborado apresuradamente, que pedía una victoria de "Guerra relámpago" en cuatro o cinco meses por fuerzas numéricamente inferiores avanzando en tres amplias arremetidas militares, estaba condenado desde el comienzo.

     Además, señala Suvorov a continuación, Alemania carecía de las materias primas (incluído el petróleo) esenciales para el sostenimiento de una guerra prolongada de tales dimensiones.

     Otra razón de la carencia de preparación de Alemania, sostiene Suvorov, era que sus líderes militares subestimaron seriamente la actuación de las fuerzas soviéticas en la Guerra de Invierno contra Finlandia, en 1939-1940. Ellos lucharon, hay que destacar, bajo condiciones invernales extremadamente severas —temperaturas de menos 40 grados Celsius y profundidad de nieve de varios pies— contra las bien diseñadas fortificaciones de hormigón armado e instalaciones subterráneas de la "Línea Mannerheim" de Finlandia. A pesar de esto, a menudo se olvida que el Ejército Rojo forzó realmente, después de todo, a los finlandeses a un humillante armisticio.

     Siempre es un error, enfatiza Suvorov, subestimar al enemigo. Pero Hitler cometió este importante error de cálculo. En 1943, después de que la marea de la guerra había cambiado en contra de Alemania, él admitió su equivocada evaluación de las fuerzas soviéticas dos años antes.


Diferencia Comparada de Tanques

     Para demostrar que había sido Stalin, y no Hitler, quien estaba realmente preparado para la guerra, Suvorov compara el armamento alemán y soviético a mediados de 1941, especialmente con respecto a los importantísimos sistemas de armas ofensivas: tanques y fuerzas aerotransportadas. Es un axioma generalmente aceptado en la ciencia militar que las fuerzas atacantes deberían tener una superioridad numérica de tres a uno sobre los defensores. Pero, como explica Suvorov, cuando los alemanes golpearon durante la mañana del 22 de Junio de 1941, ellos atacaron con un total de 3.350 tanques, mientras que los defensores soviéticos tenían un total de 24.000 tanques; es decir, Stalin tenía siete veces más tanques que Hitler, o 21 veces más tanques que los que habrían sido considerados suficientes para una defensa adecuada. Más encima, recalca Suvorov, los tanques soviéticos eran superiores en todos los aspectos técnicos, incluído su poder de fuego, su alcance y su blindaje.

     Como fuere, el desarrollo soviético de la producción de tanques pesados había comenzado ya a principios de los años '30. Por ejemplo, ya en 1933 los soviets ya habían iniciado la producción en serie y distribución a sus fuerzas del modelo T-35, un tanque pesado de 45 toneladas con tres cañones, seis ametralladoras y un blindaje de 30 mms. Por contraste, los alemanes comenzaron el desarrollo y la producción de un tanque comparable de 45 toneladas sólo después de que la guerra había comenzado a mediados de 1941.

     Hacia 1939 los soviets habían añadido ya tres modelos de tanques pesados a su inventario. Además, los soviets diseñaron sus tanques con un sistema de ruedas más ancho, y funcionando con motores diesel (que eran menos inflamables que los que utilizaban combustibles convencionales mezclados por carburador). Además, los tanques soviéticos fueron construídos con el motor y el sistema de conducción en la parte trasera, mejorando así la eficacia general y la vista del operador. Los tanques alemanes tenían un arreglo menos eficiente, con el motor atrás y el sistema de conducción en la parte delantera.

     Cuando el conflicto comenzó en Junio de 1941, muestra Suvorov, Alemania no tenía ningún tanque pesado en absoluto, sino sólo 309 tanques medianos, y sólo 2.668 tanques ligeros e inferiores. Por su parte, los soviets al comienzo de la guerra tenían a su disposición tanques que eran no sólo más pesados sino de mejor calidad.

     A este respecto, Suvorov cita el recuerdo del general alemán de tanques Heinz Guderian, que escribió en su memoria Panzer Leader (1952/1996, p.143):

    «En la primavera de 1941, Hitler había ordenado expresamente que a una comisión militar rusa le fueran mostradas nuestras escuelas y fábricas de tanques; en esta orden él había insistido en que nada le fuera ocultado a ellos. Los oficiales rusos en cuestión firmemente rechazaron creer que el Panzer IV era de hecho nuestro tanque más pesado. Ellos dijeron repetidamente que debíamos estar escondiéndoles nuestros modelos más nuevos, y se quejaron de que no estábamos cumpliendo la orden de Hitler de mostrarles todo. La comisión militar fue tan insistente en este punto que finalmente nuestros fabricantes y funcionarios de la Oficina de Artillería concluyeron: "Parece que los rusos deben poseer ya tanques mejores y más pesados que nosotros". Fue a fines de Julio de 1941 que el tanque T-34 apareció en el frente y el enigma del nuevo modelo ruso fue resuelto».

     Suvorov cita otro hecho revelador que aparece en el Almanaque de la Segunda Guerra Mundial de Robert Goralski (1982, p.164). El 24 de Junio de 1941, sólo dos días después del comienzo de la guerra germano-soviética:

    "Los rusos introdujeron sus tanques gigantes Klim Voroshilov en acción cerca de Raseiniai (Lituania). Los modelos que pesaban entre 43 y 52 toneladas sorprendieron a los alemanes, que encontraron los KVs casi imparables. Uno de estos tanques rusos recibió 70 golpes directos, pero ninguno penetró su blindaje".

     En resumen, Alemania enfrentó al coloso soviético con tanques que eran demasiado ligeros, demasiado pocos en número, e inferiores en desempeño y poder de fuego. Y esta disparidad continuó a medida que la guerra progresaba. Tan sólo en 1942 las fábricas soviéticas produjeron 2.553 tanques pesados, mientras que los alemanes produjeron sólo 89. Incluso al final de la guerra, el tanque de mejor calidad en combate era el modelo soviético IS ("Iosef Stalin").

     Suvorov sarcásticamente insta a los historiadores del establishment militar a estudiar un libro sobre tanques soviéticos de Igor P. Shmelev, publicado en 1993 por la compañía editora Hobby Book de Moscú. El trabajo de un honesto aficionado analista militar como Shmelev, uno que está sinceramente interesado y ama su afición y la verdad, dice Suvorov, es a menudo superior al de un empleado pagado por el gobierno.


Disparidad de Fuerzas Aerotransportadas

     Aún más desigual era la superioridad soviética en las fuerzas aerotransportadas. Antes de la guerra, los bombarderos soviéticos DB-3f y SB así como el TB-1 y el TB-3 (de los cuales Stalin tenía aproximadamente mil) habían sido modificados para llevar tropas aerotransportadas así como cargas de bombas. A mediados de 1941 los militares soviéticos habían entrenado a cientos de miles de paracaidistas (Suvorov dice que casi a un millón) para el planeado ataque contra Alemania y Occidente. Estas tropas aerotransportadas debían ser desplegadas y soltadas detrás de las líneas enemigas en varias oleadas, cada una consistiendo en cinco cuerpos de asalto aerotransportados (VDKs), cada uno de los cuales lo conformaban 10.419 hombres, empleados y personal de servicio, una división de artillería, y aparte un batallón de tanques (50 tanques). Suvorov enumera a los oficiales al mando y las bases de origen de las dos primeras oleadas o diez cuerpos. Los cuerpos de la segunda y tercera oleada incluían tropas que hablaban francés y castellano.

     Como el ataque alemán impidió que estas tropas altamente entrenadas fueran usadas como originalmente fue planeado, Stalin las convirtió en "divisiones de guardias" que él usó como reservas y "cuerpos de bomberos" en situaciones de emergencia, similarmente a como Hitler a menudo desplegó sus fuerzas Waffen SS.


Mapas y Repertorios de Frases

     En apoyo de su tesis principal, Suvorov cita datos adicionales que no fueron mencionados en sus dos trabajos anteriores sobre esta materia. Primero, en vísperas del comienzo de la guerra en 1941 las fuerzas soviéticas habían sido provistas con mapas topográficos sólo de áreas fronterizas y europeas; no fueron publicados mapas para defender territorio soviético o sus ciudades, porque la guerra no iba a ser librada en el territorio propio. El jefe del Servicio Topográfico Militar de la época, y por lo tanto el responsable de la distribución de los mapas militares, el mayor general M. K. Kudryavtsev, no fue castigado o siquiera despedido por dejar de proporcionar mapas de la patria, sino que continuó disfrutando de una carrera militar larguísima y exitosa. Del mismo modo, el jefe del Estado Mayor, el general Zhukov, nunca fue hecho responsable del fracaso de los primeros meses de la guerra. Ninguno de los comandantes militares superiores podía ser hecho responsable, advierte Suvorov, porque todos ellos habían seguido las órdenes de Stalin al pie de la letra.

     Segundo, a principios de Junio de 1941 las fuerzas armadas soviéticas comenzaron a recibir miles de copias de una guía de conversación ruso-alemana, con secciones dedicadas a operaciones militares ofensivas tales como la toma de estaciones de ferrocarril, orientación de paracaidistas, etcétera, y expresiones útiles tales como "Deje de transmitir o dispararé". Estos repertorios de frases fueron producidos en grandes cantidades por las casas de imprenta militares tanto de Leningrado como de Moscú. Sin embargo, ellos nunca alcanzaron las tropas en las primeras líneas, y se dice que fueron destruídos en la fase inicial de la guerra.


Ayuda del "Neutral" Estados Unidos

     Como Suvorov señala, Estados Unidos había estado suministrando a la Rusia soviética armamento militar pesado desde fines de los años '30. Él cita el estudio de Antony C. Sutton "National Suicide" (Arlington House, 1973), que relata que en 1938 el presidente Roosevelt firmó un acuerdo secreto con la URSS para intercambiar información militar. Para el consumo del público estadounidense, sin embargo, Roosevelt anunció la imposición de un "embargo moral" sobre la Rusia soviética.

     En los meses previos a la entrada formal de Estados Unidos en la guerra (Diciembre de 1941), los buques navales atlánticos de EE.UU. aparentemente neutrales estaban ya en guerra contra las fuerzas navales alemanas (vea "Mr. Roosevelt's Navy: The Private War of the U.S. Atlantic Fleet, 1939-1942", de Patrick Abbazia, Annapolis, Naval Institute Press, 1975). Y dos días después del inicio de la operación "Barbarroja", Roosevelt anunció la ayuda estadounidense para la Rusia soviética en su guerra por la supervivencia contra el Eje. Así, al comienzo del ataque "Barbarroja", Hitler escribió en una carta a Mussolini: "En este punto no hace ninguna diferencia si EE.UU. entra oficialmente en la guerra o no; ya está apoyando a nuestros enemigos abundantemente con entregas masivas de materiales de guerra".

     Del mismo modo, Winston Churchill estaba haciendo todo lo que estaba en su poder durante los meses anteriores a Junio de 1941 —cuando las fuerzas británicas estaban sufriendo un fracaso militar tras otro— para que tanto Estados Unidos como la Unión Soviética se alinearan en la guerra en el lado británico. En verdad, la coalición anti-Hitler de los "Tres Grandes" (Stalin, Roosevelt y Churchill) estaba efectivamente en su lugar incluso antes de que Alemania atacara a Rusia, y fue una razón principal por la que Hitler se sintió obligado a golpear a la Rusia soviética y declarar la guerra a Estados Unidos cinco meses más tarde (vea el discurso de Hitler del 11 de Diciembre de 1941, publicado en el Invierno 1988-89, Journal, págs. 394-396, 402-412).

     Las razones para el apoyo de Franklin Roosevelt a Stalin son difíciles de precisar. El presidente Roosevelt mismo una vez explicó a William Bullitt, su primer embajador ante la Rusia soviética: "Pienso que si le doy [a Stalin] todo lo que posiblemente puedo, y no pido nada de él a cambio, nobleza obliga, él no tratará de anexarse nada, y trabajará conmigo por un mundo de paz y democracia" (citado en: Robert Nisbet, "Roosevelt y Stalin: El Noviazgo Fracasado", 1989, p.6). Quizás la explicación más exacta (y la más amable) de la actitud de Roosevelt es una profunda ignorancia, autoengaño o ingenuidad. En la ponderada opinión de George Kennan, historiador y ex-diplomático estadounidense de alto rango, en política exterior Roosevelt era "un hombre muy superficial, ignorante, un diletante, con un horizonte intelectual severamente limitado".


Una Apuesta Desesperada

     Suvorov admite estar fascinado con Stalin, llamándolo "un animal, un monstruo salvaje y sangriento, pero un genio de todos los tiempos y pueblos". Él comandó el más grande poder militar en la Segunda Guerra Mundial, la fuerza que más que ninguna otra derrotó a Alemania. Sobre todo en los años finales del conflicto, él dominó la alianza militar Aliada. Él debe haber considerado a Roosevelt y Churchill despectivamente como unos tontos útiles.

     A principios de 1941 todo el mundo suponía que porque Alemania estaba aún militarmente involucrada contra Gran Bretaña en África del Norte, en el Mediterráneo y en el Atlántico, Hitler nunca permitiría enredarse en un segundo frente en el Este. (Consciente de la desastrosa experiencia de la Primera Guerra Mundial, él había advertido en Mein Kampf del peligro mortal de una guerra en dos frentes). Fue precisamente porque él estaba confiado en que Stalin suponía que Hitler no abriría un segundo frente, sostiene Suvorov, que el líder alemán se sintió libre para poner en marcha la operación "Barbarroja". Este ataque, insiste Suvorov, fue una apuesta enorme y desesperada. Pero amenazado por fuerzas soviéticas superiores que estaban a punto de aplastar a Alemania y a Europa, Hitler tuvo poca opción salvo lanzar este ataque preventivo.


La Bandera Roja Sobre el Reichstag

     Las tropas soviéticas izaron la bandera roja de la hoz y el martillo sobre el Reichstag en Berlín, un acto que simbolizó el dominio soviético sobre Europa del Este y Central. La Batalla de Berlín culminó la lucha titánica de las fuerzas alemanas y soviéticas que comenzó el 22 de Junio de 1941. Durante la tarde del 30 de Abril de 1945, cuando las tropas soviéticas asaltaban el edificio del Reichstag, Hitler se suicidó en su cercano cuartel central y refugio antiaéreo.

     Pero el ataque preventivo de Hitler fue demasiado poco, demasiado tarde. A pesar de la ventaja de golpear primero, fueron los soviets quienes finalmente prevalecieron. En la primavera de 1945 las tropas del Ejército Rojo tuvieron éxito en levantar la bandera roja sobre el edificio del Reichstag de Berlín. Fue debido sólo a los inmensos sacrificios de los alemanes y otras fuerzas del Eje que las tropas soviéticas no lograron de manera similar levantar la bandera roja sobre París, Amsterdam, Copenhague, Roma, Estocolmo, y, quizá, Londres.


El Debate Se Agudiza

     A pesar de la resistencia de los historiadores del "establishment" (quienes en Rusia son a menudo antiguos comunistas), el apoyo a la tesis de Suvorov del "ataque preventivo" ha estado creciendo tanto en Rusia como en Europa occidental. Entre aquellos que simpatizan con los puntos de vista de Suvorov están historiadores rusos más jóvenes como Yuri L. Dyakov, Tatyana S. Bushuyeva e I. V. Pavlova (vea el Journal de Nov.-Dic. de 1997, págs. 32-34).

     En cuanto a la historia del siglo XX, los historiadores estadounidenses son generalmente de mentes más cerradas que sus homólogos en Europa o Rusia. Pero incluso en Estados Unidos ha habido unas cuantas voces de apoyo para la tesis de la "guerra preventiva", lo que es aún más notable considerando que los libros de Suvorov sobre la Segunda Guerra Mundial, a excepción de "Icebreaker", no han estado disponibles en inglés. (Una de tales voces es la del historiador Russell Stolfi, un profesor de Historia Europea Moderna en la Naval Postgraduate School en Monterrey, California. Vea la reseña de su libro "Hitler's Panzers East" en el Journal de Nov.-Dic. de 1995). No toda la respuesta al trabajo de Suvorov ha sido positiva, sin embargo. También ha incitado a la crítica y ha renovado las afirmaciones de la opinión ortodoxa de décadas. Entre los más prominentes nuevos defensores de la "línea" ortodoxa están los historiadores Gabriel Gorodetsky de la Universidad de Tel-Aviv y John Ericson de la Universidad de Edimburgo.

     Rechazando todos los argumentos que pudieran justificar el ataque de Alemania, Gorodetsky en particular reprende y ridiculiza los trabajos de Suvorov, sobre todo en un libro titulado apropiadamente "El Mito del Rompehielos". En efecto, Gorodetsky (y Ericson) atribuye las pérdidas soviéticas de guerra a la supuesta falta de preparación del Ejército Rojo para la guerra. "Es absurdo", escribe Gorodetsky, "afirmar que Stalin haya considerado alguna vez alguna idea de atacar Alemania, como a algunos historiadores alemanes ahora les gusta sugerir, con el objetivo de, por medio de un ataque sorpresa, alterar el planeado golpe preventivo de Alemania".

     No es ninguna sorpresa que Gorodetsky haya sido elogiado por las autoridades del Kremlin y por líderes militares rusos. El "establishment" de Alemania de manera similar acoge al historiador israelí. A costa de los contribuyentes alemanes, él ha trabajado y ha hecho clases en Alemania en la semi-oficial Oficina de Investigación de Historia Militar (MGFA), que en Abril de 1991 publicó "Zwei Wege nach Moskau" ("Dos Rutas a Moscú") de Gorodetsky.

     En "La Última República", Suvorov responde a Gorodetsky y a otros críticos de sus dos primeros libros sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial. Él es particularmente mordaz en sus críticas a la obra de Gorodetsky, sobre todo "El Mito del Rompehielos".


Algunas Críticas

     Suvorov escribe cáusticamente, sarcásticamente, y con gran amargura. Pero si él está esencialmente en lo correcto, como yo mismo lo creo, él —y nosotros también— tiene un perfecto derecho a estar amargado por haber sido engañado y mal informado durante décadas.

     Aunque Suvorov merezca nuestra gratitud por su importante análisis crítico de la leyenda histórica, su trabajo no carece de defectos. En primer lugar, su alabanza de los logros del complejo industrial militar soviético, y de la calidad del armamento y equipo militar soviético, es exagerada, quizá incluso panegírica. Él deja de reconocer los orígenes occidentales de la mayor parte del armamento pesado soviético. Los ingenieros soviéticos desarrollaron una destreza para modificar exitosamente, simplificando y, a menudo, mejorando, modelos y diseños occidentales. Por ejemplo, el robusto motor diesel usado en los tanques soviéticos estaba basado en un motor diesel de avión BMW alemán.

     Una de las críticas que en justicia no puede ser hecha a Suvorov es de carecer de patriotismo. Consciente de que las primeras víctimas del comunismo fueron los rusos, él correctamente dibuja una aguda diferencia entre el pueblo ruso y el régimen comunista que lo gobernó. Él escribe no sólo con la habilidad de un historiador capaz sino con reverencia hacia los millones de rusos cuyas vidas fueron gastadas en los proyectos dementes de Lenin y Stalin para la "revolución mundial".–

3 comentarios:

  1. Quiza Stalin si pensaba atacar...pero al menos en una año. No crei ni era capaz de imaginar una guerra contra alemania en corto plazo. Por eso cuando Hitler lo ataco, no estaba listo, no podia creerlo....y eso retraso la reaccion sovietica.

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  2. Anónimo:

    Es improbable que Stalin haya ignorado la acción de Hitler. No es verosímil. El que lea "INFILTRACIÓN MUNDIAL" de Salvador Borrego se dará cuenta de que Stalin sabía, con mucha anterioridad, de todos los pasos que iba a dar Hitler.

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