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viernes, 24 de mayo de 2013

Edgar J. Steele - ¿De Qué Color Son los Judíos?


     Un artículo clásico de Edgar J. Steele (conspiracypenpal.com) sobre la Cuestión Judía es lo que a continuación presentamos en castellano. El texto tiene ya ocho años pero da igual, porque no habla de la contingencia inmediata sino del asunto de dilucidar realmente cuál es el matiz cromático de la tribu malcriada y homicida (según dijo Jesús) que es dueña, entre otras cosas, de los medios de comunicación de la mayoría de los países y de su correspondiente censura. Cuál es el color de los que fomentan el homosexualismo y la mezcla de razas mediante la inmigración al por mayor de elementos inadaptables, el color de los que mediante la operación de magia negra del interés del capital exprimen a la Humanidad y saquean sus recursos, es lo que se pregunta aquí el abogado señor Steele mientras se recorren varios pasajes de la Historia.



¿De Qué Color Son los Judíos?
por Edgar J. Steele
7 de Mayo de 2005




"Es posible ser un ex-católico o un ex-bautista, pero no es posible ser un ex-judío"
(Alice Bloch, judía feminista y lesbiana).

"Todo es raza; no hay otra verdad"
(Benjamin Disraeli, judío Primer Ministro de Gran Bretaña).


     ¿Eh?. ¿Qué tipo de pregunta es ésa?. Es obvio, ¿verdad?. Bien... en una palabra: no. Está lejos de ser obvio, como los seguidores de mis escritos bien lo saben, ya que a menudo me refiero a la gente de raza "Blanca" en una manera que claramente excluye a los judíos.

     Por lo tanto, ¿de qué color son los judíos?. Ésta es una pregunta que he suscitado una y otra vez. Generalmente la respuesta que los otros darán es "Blanco". Los judíos generalmente afirman ser de raza Blanca también, excepto cuando ser algo más satisface sus objetivos: semíticos, por ejemplo. Eso es lo que ellos afirman cuando endilgan aquella demasiado conveniente acusación de anti-semitismo, ¿no es así?. ¿Verdad?.

     ¿Qué hay detrás de ese negocio de lo anti-semita?. ¿No son los semitas realmente del Medio Oriente y, por lo tanto, con la piel aceitunada?. Bien: sí y no, como veremos.

     "Se trata de una religión, no de una raza", es lo que a muchos les gusta decir. De ser así, entonces ¿por qué la mayor parte de los judíos afirma ser atea?. ¿Por qué Israel consiste principalmente en judíos ateos si aquella es una patria bíblicamente prometida?. ¿Por qué los judíos son tan hostiles hacia el cristianismo, que es, después de todo, un derivado del judaísmo?. Antes de que usted discrepe demasiado fuertemente con esta última declaración, considere que el Antiguo Testamento figura de manera prominente tanto en el judaísmo como en el cristianismo.

     Usted ve el problema.

     Los judíos mismos discrepan en el asunto de raza versus religión... en público, claro está. Entre ellos, saben perfectamente bien que la respuesta es: raza. "¿Cuándo va usted a sentar cabeza y a casarse con una buena muchacha judía?". ¿Por qué aquello haría una diferencia si somos todos exactamente iguales?. Bien, hace realmente una diferencia enorme para los judíos, para quienes George Orwell forjó la frase "Algunos son más iguales que otros". Y hace una diferencia para todos nosotros, le guste o no, porque NO somos todos exactamente iguales. Las diferencias claves son genéticas —raciales, en otras palabras.

     Se han escrito libros sobre el asunto de la raza y la genética. De hecho, yo escribí uno: "Defensive Racism". La genética lo es todo. Las naciones y los Imperios ascienden y caen según modelos muy previsibles, previsibles debido a los patrones genéticos observables. Exhibiciones de crías de raza, como se suele decir. Es imposible tratar en detalle la base genética de la raza en este breve escrito, de manera que simplemente me limitaré a abordar una muy pequeña parte para usted.

     El color de la piel es sólo un aspecto de la raza y es, por sí mismo, irrelevante, por supuesto. Esencialmente, estoy de acuerdo con aquellos que dicen que la cultura gobierna, pero llevo su argumento un paso más adelante notando que la cultura finalmente "llega hasta la semilla" y se hunde en el ADN de uno, ya por adaptación o por selección natural, cualquiera sea su perspectiva preferida frente a la evolución. El viejo dilema de "naturaleza versus crianza" de los psicólogos de la escuela conductista. Mientras más viejo me pongo, mejor llego a comprender cuán completamente gobernados somos por nuestros modelos de respuesta condicionada genéticamente codificados —aquella cultura que llega hasta la semilla, que mencioné.

     Uno puede pasar por encima del propio imperativo genético sólo mediante una autodisciplina fuertemente impuesta, nacida del intelecto suficiente para prever las consecuencias y tomar decisiones que hagan caso omiso de los anhelos instintivos de uno. Por supuesto, la codificación genética puede ser mezclada con la de otros, produciendo una mezcla diferente de patrones de respuesta conductual, una mezcla que sigue las reglas científicamente desarrolladas de la heredabilidad (recuerde los guisantes de Mendel).

     El moderno Negro mestizo estadounidense es un ejemplo perfecto del resultado de la mezcla, con un CI que está a medio camino entre el Negro africano (70 de promedio) y el estadounidense Blanco (100 de promedio). Pero la historia no se termina allí, ni con mucho. Dondequiera que los Negros están congregados en EE.UU., uno observa la manifestación de sus patrones heredados de respuesta conductual, directamente rastreables hasta el comportamiento que se observa en los Negros africanos. Comprender que los problemas de los Negros de EE.UU. están arraigados en la cultura africana explica en gran medida la guerra de razas de los Negros sobre los Blancos emprendida en las calles de EE.UU., las violaciones, los asesinatos, la violencia, la perspectiva a corto plazo, las familias de un solo progenitor, etcétera. Tendrán que aparecer todavía amplios reportes de canibalismo en Detroit, pero no es por nada que la otrora ciudad brillante ahora se parece... a una jungla.

     Los famosos "estudios de gemelos" que mostraban las similitudes de gemelos criados aparte desde el nacimiento, demuestran por sí mismos el papel de la genética en la manifestación del comportamiento.

     ¿Por qué piensa usted que los judíos han estado alimentándonos a la fuerza con esta hueca retórica de que "somos todos iguales bajo la piel" durante los últimos cien años? Para protegerse a sí mismos de la recriminación, por eso. ¿Recriminación por qué? Por tomar ventaja de nosotros a cada instante, por eso.

     Los judíos reconocen bien que ellos pueden manejar sus comercios de manera segura sólo diluyendo racialmente a un país anfitrión y poniendo a su ciudadanía en desacuerdo entre sí. He citado a más de un judío en artículos pasados declarando este mismo hecho en términos muy claros.

     Muchos preguntan por qué yo me quejo tan enérgicamente contra los judíos. "¿Por qué usted ni siquiera lo limita sólo a los sionistas?", me dicen una y otra vez. Eso es correcto. Y por una buena razón. Genética, usted ve. No, no todos los judíos poseen características malas o hacen cosas malas. El tan cacareado intelecto de los judíos en general les proporciona una oportunidad más grande que a la mayoría para prever consecuencias y por ello modificar los impulsos conductuales genéticamente prescritos que ellos heredaron. Muchos lo hacen así y viven entre nosotros en armonía. Con ellos no tengo nada en contra. Pero aún así ellos transmitirán su ADN a sus hijos y nietos, que según las estadísticas manifestarán un mal comportamiento de modos significativos, de acuerdo con el estereotípico comportamiento judío que no es aceptable. ¿Lo ve? El color de la piel realmente es irrelevante. Es el comportamiento lo que importa. La mala conducta, en particular.

     Además, todos los judíos tienen el hábito de mirar para otro lado cuando sus hermanos raciales hacen cosas malas o emiten epítetos raciales propios, siendo "anti-semita" su favorito. Mientras todos los judíos proporcionen un encubrimiento a los tipos malos que están entre ellos, seguiré hablando de los judíos, sin distinguir entre sionistas y no-sionistas, banqueros y no-banqueros, fanáticos del control y no-fanáticos del control, etcétera.

     De esa manera, ¿de qué color son los judíos? Bien: de todos los colores... y de ningún color. Ser judío es una cosa racial, no una cosa de color de piel, usted ve. Quizás nada manifiesta tan definitivamente la irrelevancia del color de piel al hacer diferencias raciales.

     La confusión comenzó durante la época de los Imperios griego y romano, antes de los cuales los judíos estaban concentrados en el Oriente Medio en el área hoy conocida como Israel y Palestina. Aquellos Judíos Semíticos fueron dispersados primero por los griegos y luego por los romanos, tras diversos levantamientos y rebeliones, y huyeron en todas las direcciones, a dondequiera que ellos pudieran ser tolerados. Así comenzó lo que ha venido a ser conocido como la Diáspora.

     El ascenso del cristianismo condujo a posteriores escapadas de los judíos desde un país tras otro mientras el cristianismo asumía cada vez más una mayor influencia, con los cristianos de todas las tendencias poniendo la culpa por la crucifixión de Cristo sobre cualquier judío que estuviera al alcance. Muchísimos fueron a España, donde fueron bien acogidos al principio, pero luego fueron primero expulsados alrededor de 400 d.C. por los godos, que llevaron a la conquistada España una fuerte aversión hacia los judíos nacida de la experiencia. Algunos de los judíos españoles huyeron a África del Norte, mientras un gran número se trasladó hacia el Norte, a las regiones que hoy conocemos como Holanda y Alemania. Otros huyeron a Italia, donde ellos fueron nuevamente expulsados, y luego hacia el Este. Desde sus refugios recién descubiertos, los judíos expulsados desde España y Portugal financiaron repetidas invasiones de aquellas regiones, hasta que ellos finalmente tuvieron éxito mediante la invasión musulmana del siglo VIII, aplastando a los godos y ganando así el reingreso a la península española.

     Ahora, no se haga usted la idea de que los judíos han sido arrojados de un país tras otro simplemente debido a una persecución injustificada. Por el contrario, siempre ésa ha sido la excusa que los judíos usan para evitar la fea verdad: ellos siguen ganándose las patadas debido al modo en que actúan. La Alemania anterior a la Segunda Guerra Mundial fue simplemente la expulsión más reciente de una larguísima serie de expulsiones. Tampoco será la última. Sin embargo, como me gusta bromear sólo parcialmente, esta vez, ya que ellos parecen estar yendo hacia nada menos que la dominación total del mundo, será mejor que tengan elegido ya un nuevo planeta.

     Dondequiera que los judíos fueron, algunos se intercasaron con la población local, aunque siempre permanecieron como un grupo exclusivista y perpetuaron de manera efectiva sus costumbres y tradiciones originales. De hecho, la endogamia ha sido siempre la norma entre las poblaciones judías, con la producción inevitable de jalones genéticos defectuosos, como aquellos que producen la enfermedad de Tay-Sachs, un desorden exclusivamente judío.

     Aunque está más allá del alcance del artículo de hoy, ha sido identificada una variedad de desórdenes psicológicos que atacan a los judíos, también probablemente debido a la endogamia, principalmente aquella forma de esquizofrenia que los lleva a ver Nazis bajo cada cama y persecución en cada palabra y acto de los miembros de otras razas. Tan mala es la compulsión de los judíos, que su malamente percibida persecución se convierte en una profecía de auto-cumplimiento, causando una persecución verdadera. Incontrolados, los judíos llegan a agravar crecientemente a una población anfitriona hasta que se crea una respuesta de rechazo automático, tal como se produce automáticamente un reflejo de vómito si usted tiene algo alojado en su garganta. El resultado: los judíos han sido expulsados de ciudades y países a través de toda la Historia, lejos demasiadas veces como para ser enumeradas.

     Una muy breve revisión de la historia judía nos servirá bien en este punto.

     A mediados del siglo VIII la comunidad judía dispersada recibió una infusión gigantesca de sangre fresca cuando una nación entera adoptó el judaísmo de la noche a la mañana mediante un edicto real. El escritor judío Arthur Koestler sostiene que los jázaros, cuyo territorio se extendía entre el Este musulmán y el Oeste cristiano, quiso permanecer independiente del Imperio Bizantino cristiano y el Califato musulmán, y así deliberadamente eligió al judaísmo, una religión similar a ambas pero también separada de ellas. So pena de muerte, el rey ordenó que su nación entera se convirtiera al judaísmo y a todo lo que la religión entonces implicaba.

     La noticia de la nueva nación judía provocó una inundación de judíos verdaderos al país, que por supuesto iban escapando de la "persecución" desde muchos otros países. Siglos de entrecruzamiento condujeron al establecimiento de lo que es hoy el componente más grande, por lejos, de la raza judía: aquellos con ascendencia jázara, muchos de los cuales tienen el característico pelo rubio de esa casta vagamente oriental, y una carencia de rasgos semíticos, tan comunes entre los europeos del Este.

     Aproximadamente 300 años más tarde, hordas mongolas invadieron y destruyeron el creciente Imperio jázaro, forzando un desplazamiento masivo de los judíos a otros países, tanto del Medio Oriente como europeos, pero principalmente a las regiones ahora conocidas como Ucrania, Austria, Rumania, Polonia y Hungría. Los jázaros se habían integrado a la diáspora judía.

     Entre ellos mismos, los judíos reconocen dos sabores primarios de judío: el ashkenazi y el sefardita.

     El judío sefardita es el más cercano al judío original por aspecto y, probablemente, genética, aunque hoy él sea un ciudadano de segunda clase en el país ahora conocido como Israel, debido principalmente a su estadía de tercer mundo en África del Norte y áreas vecinas del Medio Oriente. Sin embargo, algunos judíos sefarditas (descendientes de los que huyeron de los griegos y romanos y luego se instalaron en España y Portugal) finalmente establecieron su residencia en Holanda y Alemania y se convirtieron en las familias bancarias prominentes que financiaron a Oliver Cromwell, Guillermo de Orange y las compañías holandesas y británicas de las Indias Orientales, para no mencionar prácticamente cada guerra de los últimos doscientos años. Ellos son considerados la élite de los judíos debido a las enormes fortunas que adquirieron (y continúan realzando hasta este día) por medio de la banca mercante.

     Los judíos ashkenazíes (europeos, principalmente) son descendientes de aquellos jázaros que huyeron de las hordas mongolas, y son los más numerosos por lejos, estimados por estudios genéticos citados por Koestler en aproximadamente el 90% de la población judía moderna de todo el mundo.

     De este modo, usted lo ve, todos los judíos encuentran sus orígenes en el Oriente Medio o en la cercana antigua Jazaria. Como ha sido confirmado por pruebas de ADN, por eso hoy encontramos judíos de tantos diferentes colores, formas y tamaños, todos con una ascendencia genética común y, muy importante, un medioambiente cultural común.

     Incluso aunque los judíos se hayan intercasado con otras culturas, ellos han mantenido un apartamiento incluso mientras vivían entre aquellas culturas, y así han conservado su herencia genética única hasta un grado mucho mayor que el que tienen otras razas.

     La calidad de grupo cerrado de los judíos nunca ha sido impuesta sobre ellos, como tan a menudo lo han afirmado. La gente, en particular los judíos, rechaza cualquier cosa que los no-judíos tengan que decir sobre los judíos que sea en lo más mínimo poco halagüeño, de modo que oigamos lo que muchos judíos prominentes han tenido que decir sobre este asunto, así como de la naturaleza general de los judíos mismos:

     En 1978 Nahum Goldmann. presidente de la Organización Sionista Mundial, declaró: "Es erróneo decir que los goyim obligaron a los judíos a separarse a sí mismos de otras sociedades. Cuando los cristianos definieron los límites de los ghettos, los judíos ya vivían allí".

     Citando el trabajo de su colega el erudito israelí Yehezkel Kaufmann, Boas Evron escribió: "La presunción popular de que presiones anti-judías externas forzaron la identidad de grupo y la exclusividad en los judíos es poco convincente, puesto que la evidencia histórica muestra que la exclusividad judía y el distanciamiento precedieron a la hostilidad exterior y fueron así su causa, no su resultado... Las comunidades judías fueron siempre toleradas por las sociedades anfitrionas... Ellas nunca compartieron responsabilidades políticas, militares, administrativas o tecnológicas".

     En su libro de 1994, The Fatal Embrace: Jews and the State, Benjamin Ginsberg, tanto un destacado intelectual judío como profesor de Ciencias Políticas en la John Hopkins University, declaró: "En Estados Unidos como en otras partes... los judíos son forasteros que son a menudo más exitosos que sus anfitriones... Y, para hacer peor las cosas, los judíos a menudo, en secreto o no tan en secreto, se conciben a sí mismos como moral e intelectualmente superiores a sus vecinos".

     El socialista y sionista judío francés del siglo XIX Bernard Lazare dijo: "En todas partes hasta la época actual, el judío ha sido un ser insociable... La nación judía es pequeña y miserable... desmoralizada y corrompida por un orgullo injustificable".

     Moisés Hess, generalmente considerado como el padre espiritual tanto del sionismo como del comunismo, dijo: "Nosotros los judíos siempre permaneceremos forasteros entre los goyim... Es un hecho que la religión judía es sobre todo nacionalismo judío... Todos y cada judío, si lo desea o no, está automáticamente, en virtud de su nacimiento, comprometido en solidaridad con su nación entera... Hay que ser un judío primero, y en segundo lugar un ser humano".

     El influyente escritor sionista Jakob Klatzkin, en su libro en lengua alemana Crisis y Decisión (Krisis und Entscheidung, 1921), escribe: "No somos judíos y luego un guión; somos judíos sin calificaciones ni reservas. Somos simplemente extranjeros; somos un pueblo extranjero en vuestro medio, y, enfatizamos, deseamos permanecer de esa manera. Hay un amplio abismo entre ustedes y nosotros, tan amplio que ningún puente puede construírse. Vuestro espíritu es ajeno a nosotros; vuestros mitos, leyendas, hábitos, costumbres, tradiciones y herencia nacional, vuestros lugares sagrados religiosos y nacionales, vuestros domingos y días feriados... ellos son todos ajenos a nosotros. La historia de vuestros triunfos y fracasos, vuestras canciones de guerra e himnos de batalla, vuestros héroes y sus poderosas hazañas, vuestras ambiciones y aspiraciones nacionales, todas ellas son ajenas a nosotros. Los límites de vuestras tierras no pueden restringir nuestros movimientos, y vuestros choques fronterizos no son de nuestro interés. Lejos por encima de las fronteras y los límites de vuestra tierra está nuestra unidad judía... Quienquiera que llame a la tierra extranjera una patria es un traidor al pueblo judío... Un judío leal nunca puede ser otra cosa que un patriota judío... Nosotros reconocemos una unidad nacional de los judíos de la Diáspora, no importa en qué país ellos puedan residir. Por lo tanto, ninguna frontera nos puede frenar en la búsqueda de nuestra propia Política judía".

     No cometa el error de pensar que las citas anteriores reflejan el pensamiento simplemente de unos pocos miembros aberrantes de la sociedad judía. Éstas son algunas de las figuras más altamente consideradas en la historia judía, y dichas citas expresan el pensamiento que es endémico a prácticamente cada judío que camina por la faz de la Tierra hoy. No sólo los judíos son diferentes —muy diferentes— del resto de nosotros, sino que ellos lo saben y se deleitan en el hecho.

     Los judíos están separados y aparte por elección propia, y pretenden permanecer así, incluso mientras procuran asumir el control siempre creciente de cualquier sociedad en la cual ellos se encuentren. Así ha sido durante tanto tiempo, que innegablemente es genético... y cultural, por supuesto; pero recuerde que la genética simplemente es "la cultura que se ha ido a la semilla".

     Y no hay nada nuevo acerca del comportamiento genéticamente codificado de los judíos, por supuesto. Como Hermann Esser tan sabiamente observó en su libro "La Plaga Mundial Judía" (Die jüdische Weltpest, Munich, Zentralverlag der NSDAP, 1939): «A través de toda la Historia los poetas y los filósofos, los líderes de la industria y de la ciencia, las principales lumbreras del arte y la cultura, los estadistas y economistas cuya sangre no fue infectada por los judíos, han advertido contra el judío en cada siglo. Ellos proclamaron abierta y claramente qué es él: la plaga. De Tácito a Schopenhauer, de Giordano Bruno a Mommsen y Treitscke, los héroes intelectuales de cada época han llamado al judío como el demonio de la decadencia, el fermento de la descomposición, así como la desgracia de los pueblos o de la Humanidad. En el Nuevo Testamento, los judíos eran, en palabras de Cristo, "los hijos del Diablo"».

     De este modo, ¿de qué color son los judíos?.

     Los judíos son del color de la avaricia y la codicia.

     Los judíos son del color del engaño, la manipulación y el deseo de poder.

     Los judíos son del color de la falsedad, el egoísmo y la crueldad.

     Recuerde las siguientes palabras del Antiguo Testamento, que los judíos llaman su Torá y lo consideran como la palabra absoluta e inquebrantable de Dios: "Te conduciré a la tierra de tus padres y te daré ciudades grandes y hermosas que tú no construíste, y casas llenas de cosas que tú no recolectaste, y árboles caídos que tú no cortaste, viñas y olivares que tú no plantaste, y tú comerás y quedarás satisfecho" (Deuteronomio 6:10).

     ¿De qué color son los judíos? De una profunda y oscura sombra de orgullo desmedido [hybris].

     Un nuevo Estados Unidos. Una idea cuyo tiempo ha llegado.–



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