Hace diez meses se publicó este artículo
de James F. Tracy en globalresearch.ca.
El señor Tracy es un profesor de estudios de los medios en la Florida Atlantic
University. Este artículo que ponemos en castellano complementa a otros que
también denuncian el engaño que hay en la campaña de fluoración del agua, la
que finalmente produciría más mal que bien, y también pone el tema en
perspectiva.
El Veneno
es el Tratamiento:
La
Campaña para Fluorar a EE.UU.
por James F. Tracy
23 de
Junio de 2012
La amplia escala de la aceptación de Estados Unidos de los compuestos
relacionados con el fluoruro en el agua potable y en una amplia variedad de
productos de consumo durante el pasado medio siglo es un clásico caso de
ingeniería social, orquestada por el sobrino de Sigmund Freud y "padre de
las Relaciones Públicas" Edward L. Bernays. El episodio es instructivo ya
que sugiere la enorme capacidad de poderosos intereses para reformar el
medioambiente social, apuntando por consiguiente a que los individuos piensen
de manera incauta y que actúen de modos que son a menudo dañinos para ellos y
sus seres queridos. El ejemplo es especialmente pertinente hoy cuando los
gobiernos occidentales retienen datos y utilizan técnicas de propaganda para
suprimir el conocimiento de nuevas tecnologías y desastres que amenazan la
vida, como el colapso nuclear que aún se está desarrollando en Fukushima.
Hoy la batalla en torno a la fluoración del agua permanece obscurecida
por caricaturas y falsificaciones a menudo perpetuadas por la misma prensa
predominante. El potencial para que el mito popular eclipse el hecho histórico
es enormemente acelerado cuando los pilares políticos e informativos de la
civilización apoyan activamente tales distorsiones. Por ejemplo, un reciente
editorial del New York Times señala a "esa paranoia de la Guerra
Fría sobre la fluoración en el agua potable" [sic]. Citando la afirmación
del Centro para el Control de Enfermedades (Center for Disease Control)
de que la fluoración es uno de los mayores logros en la salud pública durante
el siglo pasado, el New York Times (18 de Marzo de 2012) evoca la
difícil lucha del fluoruro con segmentos supuestamente no informados del
público. "Los críticos ya no
sostienen que la fluoración es un complot comunista. En cambio, ellos expresan
sus preocupaciones por los costos involucrados, por el impropio control del
gobierno sobre una decisión personal, y por los potenciales peligros para la
salud".
El estribillo es familiar en todos los medios de comunicación
corporativamente controlados que incondicionalmente amplifican las
declaraciones de las agencias del gobierno acerca de la presunta seguridad del
fluoruro y su valor para la salud dental. Habiendo sido aparentemente
examinadas y confirmadas por el periódico referido y sus homólogos, esas
radicales declaraciones son rara vez cuestionadas posteriormente por los
lectores, mucho menos por el público más amplio.
De hecho, el fluoruro de sodio es un peligroso veneno y ha sido un
ingrediente activo primario en una amplia variedad de insecticidas y fungicidas.
Dicha sustancia se acumula biológicamente en los mamíferos, y ha sido relacionada
con el intelecto embotado en los niños y es una causa de las crecientes
fracturas de hueso y del osteosarcoma. Posteriores y recientes estudios indican
que el papel del fluoruro en la prevención de caries, ya sea mediante su
ingestión o su aplicación tópica, es casi inexistente.
La
Responsabilidad de la Contaminación por la Industria Metalúrgica
La evidencia histórica indica cómo las muchas preocupaciones por
la fluoración del agua estaban totalmente justificadas. En efecto, agregar
flúor al abastecimiento nacional de agua en una localidad a la vez parece haber
sido un plan cuidadosamente coordinado que procuraba proteger a los principales
productores de aluminio y de acero de las innumerables responsabilidades
derivadas de la sustancial contaminación con flúor que sus plantas generaban.
Esta contaminación aumentó junto con la incrementada fabricación de aviones
militares y armamentos durante la Segunda Guerra Mundial. Las fábricas de acero
en California y Utah, y las plantas productoras de aluminio en Washington y
Oregon, generaron un aire saturado con flúor que inevitablemente envenenó el
ganado, las cosechas y a las familias que cultivaban la tierra.
En la época de la posguerra, demandas por daños que sumaban 30 millones
de dólares fueron presentadas sólo en Provo, Utah, teniendo los fabricantes
metálicos que pagar 4,5 millones para llegar a acuerdos extra-judiciales. De
esa manera, los intereses industriales estadounidenses eran las fuerzas
principales que estaban detrás de la fluoración del agua, no debido a avaricia
ni a altruísmo sino más bien por el miedo a asumir su responsabilidad por la
contaminación continuada y potencialmente aumentada cuando finalizó la Segunda
Guerra Mundial y comenzó la Guerra Fría. Ésta fue la conclusión del doctor F.
B. Exner, un resuelto abogado de la salud pública y opositor a la fluoración
del agua, quien observó que en el cambio de siglo
"la existencia misma de la industria de
fundición, tanto en Alemania como en Gran Bretaña, se vio amenazada por
exitosas demandas judiciales motivadas por el daño provocado por el flúor y por
agobiantes leyes y regulaciones. Hoy aquella misma amenaza cuelga sobre el
núcleo de la gran industria estadounidense, y la fluoración sirve tanto de
camuflaje como de chivo expiatorio. De aquí la continua e intransigente
tendencia a la fluoración universal" [1].
[1. F. B. Exner, "Economic Motives Behind Water Fluoridation —
Fluoride is a Protected Pollutant", en F. B. Exner, G. L. Waldbott y James
Rorty, The American Fluoridation Experiment (New York: Devin-Adair, 1955), pp.
119-121. Disponible en http://www.fluoridation.com/exner.htm].
En un agudo
ensayo de 1955 Exner señala la extraña ausencia de investigación sobre el flúor
en la literatura médica estadounidense, que comienza a fines de los años '30,
mientras que "la literatura médica
extranjera contiene cientos de artículos en una amplia variedad de problemas
que pueden ser causados por el flúor. Lo mismo era verdadero en cuanto a la
literatura veterinaria en este país".
Exner posteriormente señala la aparente estrategia detrás de la
fluoración: una que puede estar ocurriendo a lo largo de líneas similares en
los esfuerzos del gobierno japonés para distribuír e incinerar el desecho
radiactivo del desastre nuclear de Marzo de 2011 a través de todo el
archipiélago japonés. "Ha habido un
peligro constante", observó el doctor Exner, "de que alguien que analizara los tejidos
tanto en áreas altas como bajas en flururo, encontraría que el envenenamiento
de flúor es común [en los residentes de áreas altas en fluoruro]. Pero si cada comunidad puede ser fluorada no
habrá ninguna área sin flúor para efectuar la comparación".
La Campaña de
Relaciones Públicas para Vender la Fluoración
En los años '30 Edward Bernays era el consejero de relaciones públicas
para la Aluminium Company of America (Alcoa). El abogado principal de Alcoa, Oscar Ewing, pasó a
servir en la administración de Truman desde 1947 hasta 1952 como jefe de la Agencia
de Seguridad Federal (FSA), de la cual el Servicio de Salud Pública (Public Health Service) era una parte.
Con tal facultad Ewing autorizó la fluoración del agua para el país entero en
1950 y contrató los servicios de Bernays para promover la fluoración del agua
entre el público.
De todos modos, la campaña para fluorar el abastecimiento nacional de
agua tuvo lugar principalmente en ciudades individuales y municipios,
requiriéndose una campaña de propaganda sofisticada para persuadir a
funcionarios locales para que apoyaran proactivamente la fluoración. Bernays
reconoció a la ciudad de Nueva York como el principal campo de batalla y un
premio táctico particularmente valioso dado el predominio de los medios de
comunicación liberales. Una vez que la prensa de Nueva York estuviera toda
comentando sobre la eventual fluoración de la ciudad, otras municipalidades
serían más fácilmente persuadidas a formar filas.
Bernays recordaba la campaña de fluoración en la cual estuvo involucrado
como simplemente otra tarea más. "El
mago de las Relaciones Públicas se especializó en la promoción de nuevas ideas
y productos al público enfatizando en una supuesta ventaja de salud",
explica el periodista Christopher Bryson, que entrevistó a Bernays en 1993
acerca de la campaña del fluoruro.
«"Usted puede conseguir que prácticamente
cualquier idea sea aceptada", me dijo Bernays, riéndose entre dientes.
"Si los médicos están a favor, el
público está dispuesto a aceptarlo, porque un médico es una autoridad para la
mayor parte de las personas, sin tener en cuenta cuánto éste sabe o no... Según
la ley del promedio, usted puede encontrar por lo general un individuo en
cualquier campo que estará dispuesto a aceptar nuevas ideas, y las nuevas ideas
luego se infiltran en los demás que no las han aceptado"» [Christopher Bryson, The Fluoride Deception, New York, Seven
Stories Press, 2004, p.159].
Pero principios de los años '50, justo cuando Bernays fue llevado a
bordo, el sentimiento público hacia la fluoración estaba claramente en el lado
del campo anti-fluoracionista que incluía a doctores e investigadores
principales. Desplegados contra aquellos que se oponían a la fluoración estaban
el Comisionado de Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York, el
Comisionado de Salud del Estado de Nueva York, la Fundación Rockefeller y el
Servicio de Salud Pública. "Todo
esto me intriga infinitamente", comentó Bernays eufóricamente al
Comisionado de Salud de la Ciudad, "porque
presenta situaciones desafiantes profundamente relacionadas con el interés del
público que pueden ser solucionadas por la ingeniería del consentimiento".
Una estrategia tal para la persuasión de
la opinión pública implicaba la correspondencia del Departamento de Salud de la
ciudad con los presidentes de las redes de televisión CBS y NBC, informándoseles
que "debatir la fluoración se parece
a la presentación de los dos lados para el anti-catolicismo o el anti-judaísmo,
y por lo tanto no era de interés público". Otro método implicaba
sentar las bases para hacer de la "fluoración" un término familiar
con una pátina científica. Él aconsejó que sus clientes enviaran cartas a los
editores de las principales publicaciones hablando de los aspectos específicos
que la fluoración requería. «Queríamos
poner la primera definición para los editores de periódicos importantes»,
recordó Bernays. «Luego enviaríamos una
carta a los editores de diccionarios y enciclopedias. Después de seis u ocho
meses encontraríamos que la palabra "fluoración" había sido publicada
y definida en diccionarios y enciclopedias».
En
1957 surgió repentinamente el Comité para Proteger los Dientes de Nuestros
Niños para publicitar la fluoración con varias figuras de celebridades en
su lista, incluyendo al doctor Benjamin Spock, Eleanor Roosevelt, Jackie
Robinson y A. Phillip Randolph. Financiado por subvenciones de la Fundación W.
K. Kellogg (23.350 dólares) y la Fundación Rockefeller (2.500 dólares), el
maquillaje del Comité también incluía a figuras principales de la investigación
de armas atómicas e intereses industriales.
Un esmerado folleto, "Los
Dientes de Nuestros Niños", fue ostensiblemente producido por el
Comité y circuló por todo Estados Unidos. Pero fue primeramente utilizado por
los abogados defensores de la Reynolds Aluminium Company en la corte
federal de apelaciones de Oregon contra acusaciones de haber causado daños por
fluoruro presentadas por una familia de agricultores. Los abogados de la Reynolds
le recordaron al tribunal cómo el folleto "Los Dientes de Nuestros
Niños" estaba lleno de testimonios de "un experto médico y un experto científico uno tras otro, todos en el
sentido de que los fluoruros en baja concentración (como están presentes en las
plantas industriales de aluminio y otras) no representan ningún daño para el
hombre".
El American Journal of Public Health notó cómo el folleto no
contenía ninguna nueva información sobre la fluoración del agua sino que estaba
más bien "diseñado para la presentación ante un Consejo de Notables de la
ciudad de Nueva York como un destilado de opiniones expertas" de
científicos y funcionarios involucrados en la promoción del fluoruro. "Las declaraciones son concisas pero
extremadamente citables", decía la reseña. "Este volumen es, por lo tanto, especialmente recomendado a aquellos
interesados o comprometidos en la promoción de la fluoración del agua en sus
propias comunidades".
"Los Dientes de Nuestros Niños" hacía referencia a los
300 miembros que comprendían el Comité para Proteger los Dientes de Nuestros
Niños. Esta lista apareció junto a dos listas adicionales de 229
"autoridades estadounidenses principales en cuanto a la nutrición" y
121 "de los más destacados químicos nacionales". A la luz de la
ráfaga de nombres y títulos "la
verdadera pregunta", comentaba el doctor Exner, "es por qué alguien con algún grado de
respeto propio permitiría que su nombre figurara en una u otra lista. Los
nombres están añadidos a dos declaraciones", seguía Exner, "ninguna de las cuales podría ser
honestamente firmada por ningún lego inteligente, mucho menos por ningún
científico que valore su reputación científica".
Intrigado por cómo fueron compiladas las
listas, Exner personalmente escribió a cada uno de los químicos señalados en la
publicación para preguntar "si él
había firmado o si él creía que la declaración era verdadera. Algunos negaron
haber firmado. Otros habían firmado sin haber leído. Otros habían firmado
sabiendo que la declaración era falsa pero pensando que la fluoración era tan
deseable que cualquier medio estaba justificado".
Exner posteriormente encontró que de los 360 "químicos" y
"autoridades en nutrición" cuyos nombres aparecían en el folleto, 201
trabajaban para 87 instituciones, incluyendo universidades, que recibieron más
de 151 millones de dólares en subvenciones. A fines de los años '50 una mayoría
de tales subvenciones se originó en el defensor principal de la fluoración del
agua: el Servicio de Salud Pública (Public Health Service, PHS). Otro
importante receptor de la financiación del PHS era la American Dental
Association (ADA). La investigación y los datos colectados por Exner
resultaron ser especialmente valiosos en demandas interpuestas contra la
industria y los defensores de la fluoración. En 1978, poco después de su
muerte, todos sus archivos se perdieron en un extraño incendio.
Cuando la campaña de propaganda a favor de la fluoración alcanzó su auge
a finales de los años '50, una colaborativa campaña de vigilancia que apuntaba
a los anti-fluoracionistas fue emprendida por el PHS, la ADA, y la American
Water Works Association. El Servicio
de Información de Fluoración Nacional de la División de Salud Dental del
Servicio de Salud Pública estadounidense, un sistema de recolección de
inteligencia que funciona de los Institutos Nacionales de Salud, controlados
por el PHS, fue formalmente establecido para supervisar y crear bases de datos
sobre personas críticas a la fluoración en las profesiones médicas. Los herejes
del fluoruro estaban expuestos a ser vapuleados en la prensa o a la expulsión
absoluta de sus organizaciones profesionales.
La fluoración fue finalmente lanzada en la ciudad de Nueva York en 1965,
no considerando un referéndum popular, y en vista de la continuada oposición,
entregándose la elección al Consejo de Notables municipal de cinco miembros.
Detrás del esfuerzo final para fluorar el agua estaban Mary y Albert Lasker. La
primera estaba involucrada en el Comité
para Proteger los Dientes de Nuestros Niños y el segundo era un ejecutivo
publicitario y socio de Bernays que ayudó a la American Tobacco Company a hacer de Lucky Strike los
cigarrillos más vendidos de Estados Unidos. Los Lasker organizaron una
exclusiva fiesta cóctel para celebrar la victoria, con invitados que incluían
al alcalde de Nueva York Robert Wagner y a los miembros del Consejo de Notables
y del Ayuntamiento.
La anti-fluoruro Asociación para la Protección de Nuestro Suministro
de Agua condenó el proceso anti-democrático calificándolo como
"gobierno mediante cócteles". "Aquí hay una audiencia privada unilateral sobre el asunto más
controvertido", decía el comunicado de prensa de la organización,
"en una reunión de funcionarios en
una sesión ex cathedra. ¿Dónde
quedan las masas de ciudadanos opuestos a la fluoración?".
Cuando el Comité para Proteger los Dientes de Nuestros Niños fue
formado en 1957 sólo el 5% del suministro de agua estadounidense estaba
fluorado. Después de una masiva campaña de relaciones públicas que preparó el
terreno para fluorar el agua de la ciudad de Nueva York, más del 60% del agua a
través de EE.UU estaba finalmente fluorado. Actualmente más de dos terceras
partes de la población estadounidense bebe agua fluorada, y casi toda la
población consume flúor a través de los alimentos y bebidas procesadas que han
usado tal agua.
El Mantenimiento
del Status Quo del Fluoruro
Cuando surgieron nuevos estudios científicos sugiriendo los peligros del
fluoruro para la salud humana el PHS prontamente designó una comisión de
figuras veteranas a favor del fluoruro que procedió a aplazar cualquier nueva
conclusión y a reforzar el status quo. En 1983 cuando un inusual panel reunido
por el PHS compuesto por científicos menos inducidos descubrió que la propia
investigación del gobierno que sostiene la seguridad del fluoruro era casi
inexistente, se emitió una recomendación de precaución enfatizando una
particular atención a la exposición de los niños a la sustancia.
La oficina del Ministro de Salud Charles Everett Koop publicó su informe
oficial un mes más tarde omitiendo las opiniones y recomendaciones más
significativas del comité. Los miembros del panel "expresaron sorpresa por las conclusiones de su informe: Ellos nunca
recibieron copias de la alterada versión final". Respondiendo al
consejo del comité de que el agua potable debería contener no más de 1,4 a 2,4
partes por millón (ppm) para niños menores de 10 años, el gobierno insertó una
declaración que afirma: "No existe
ninguna documentación científica directamente aplicable de efectos médicos
adversos del fluoruro debajo de 8 ppm". Basado en el adulterado
informe final de Koop la Agencia de
Protección Medioambiental (EPA) aumentó la cantidad del fluoruro aceptable
en el agua potable de 2 a 4 ppm para niños y adultos.
Hoy el fluoruro de sodio per se es usado en menos del 10% de los
sistemas de agua fluorada. En su lugar están las variantes del fluoruro como el
fluoruro de sílice o ácido fluorisílico [o ácido hexafluorosilícico], más
comúnmente conocido como silicofluoridos (SIFs). En 2001 los investigadores
encontraron que los SIFs pueden causar una absorción más alta del plomo en
niños y disminuír la colinesterasa, una enzima necesaria para la regulación de
los neurotransmisores. Ni la Agencia de
Protección del Medioambiente, ni la Food
and Drug Administration, ni ninguna otra agencia reguladora hasta ahora ha
investigado los efectos internos a largo plazo de consumir el ácido
fluorisílico, un subproducto de la industria de fertilizantes de fosfato que es
ahora el sustituto predominante para el fluoruro de sodio dado su relativo bajo
costo.
Lo que es conocido, sin embargo, es que el ácido fluorisílico no diluído
es una sustancia extremadamente peligrosa y corrosiva. En 1994, por ejemplo,
4.500 galones [17.000 litros] del elemento fueron liberados en el condado
Volusia en Florida cuando un camión cisterna que llevaba la carga perdió un juego
de ruedas en la carretera interestatal 4. El derrame envió a 47 personas al
hospital, obligó a la evacuación de más de 2.300, y cerró la carretera durante
dos días. Los espectadores experimentaron "problemas para respirar o una sensación quemante en su piel".
Los motoristas que condujeron a través del derrame fueron aconsejados de que
sus vehículos debían ser profesionalmente descontaminados porque "las sustancias químicas se disolverán en el
agua, se evaporarán y causarán problemas respiratorios a cualquiera que esté
cerca".
Conclusión
En un mundo hecho cada vez más incierto por corporativos y
gubernamentales ingenieros de la realidad y el consentimiento, la sensibilidad
de la clase burocrática y científica frente al bienestar público es ilusoria.
El caso de la fluoración del agua proporciona un ejemplo convincente de un plan
para engañar y difundir propaganda entre las masas. Una década completa antes
de la advertencia del presidente Eisenhower de "una permanente industria de armamentos de enormes proporciones",
la fluoración de los suministros de agua de Estados Unidos estaba ya en pleno
juego con el oculto conocimiento previo entre aquellos en sitios de poder de
que tal campaña casi ciertamente conduciría a la puesta en peligro de la salud
pública para muchas generaciones por venir.
La fluoración del agua está prohibida en
muchas naciones escandinavas y europeas, pero persiste en EE.UU., Canadá,
Australia y numerosos otros países en todo el mundo. La práctica se sustenta en
gran medida por el mito extensamente sostenido que Bernays diseñó y llevó
adelante, por autoridades médicas y reguladoras aprobatorias, y quizá sobre
todo por una prensa rutinariamente crédula y dócil.
No muy distinto de las premisas contradictorias
sobre las cuales la existencia psico-social era predicada en la novela "1984" de Orwell —la ignorancia es
la fuerza, la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud— en el caso de los
más de sesenta años de experimentos con la fluoración en Occidente, el veneno es el tratamiento.-
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