BUSCAR en este Blog

martes, 23 de abril de 2013

James F. Tracy - El Veneno es el Tratamiento



     Hace diez meses se publicó este artículo de James F. Tracy en globalresearch.ca. El señor Tracy es un profesor de estudios de los medios en la Florida Atlantic University. Este artículo que ponemos en castellano complementa a otros que también denuncian el engaño que hay en la campaña de fluoración del agua, la que finalmente produciría más mal que bien, y también pone el tema en perspectiva.


El Veneno es el Tratamiento:
La Campaña para Fluorar a EE.UU.
por James F. Tracy
23 de Junio de 2012




     La amplia escala de la aceptación de Estados Unidos de los compuestos relacionados con el fluoruro en el agua potable y en una amplia variedad de productos de consumo durante el pasado medio siglo es un clásico caso de ingeniería social, orquestada por el sobrino de Sigmund Freud y "padre de las Relaciones Públicas" Edward L. Bernays. El episodio es instructivo ya que sugiere la enorme capacidad de poderosos intereses para reformar el medioambiente social, apuntando por consiguiente a que los individuos piensen de manera incauta y que actúen de modos que son a menudo dañinos para ellos y sus seres queridos. El ejemplo es especialmente pertinente hoy cuando los gobiernos occidentales retienen datos y utilizan técnicas de propaganda para suprimir el conocimiento de nuevas tecnologías y desastres que amenazan la vida, como el colapso nuclear que aún se está desarrollando en Fukushima.

     Hoy la batalla en torno a la fluoración del agua permanece obscurecida por caricaturas y falsificaciones a menudo perpetuadas por la misma prensa predominante. El potencial para que el mito popular eclipse el hecho histórico es enormemente acelerado cuando los pilares políticos e informativos de la civilización apoyan activamente tales distorsiones. Por ejemplo, un reciente editorial del New York Times señala a "esa paranoia de la Guerra Fría sobre la fluoración en el agua potable" [sic]. Citando la afirmación del Centro para el Control de Enfermedades (Center for Disease Control) de que la fluoración es uno de los mayores logros en la salud pública durante el siglo pasado, el New York Times (18 de Marzo de 2012) evoca la difícil lucha del fluoruro con segmentos supuestamente no informados del público. "Los críticos ya no sostienen que la fluoración es un complot comunista. En cambio, ellos expresan sus preocupaciones por los costos involucrados, por el impropio control del gobierno sobre una decisión personal, y por los potenciales peligros para la salud".

     El estribillo es familiar en todos los medios de comunicación corporativamente controlados que incondicionalmente amplifican las declaraciones de las agencias del gobierno acerca de la presunta seguridad del fluoruro y su valor para la salud dental. Habiendo sido aparentemente examinadas y confirmadas por el periódico referido y sus homólogos, esas radicales declaraciones son rara vez cuestionadas posteriormente por los lectores, mucho menos por el público más amplio.

     De hecho, el fluoruro de sodio es un peligroso veneno y ha sido un ingrediente activo primario en una amplia variedad de insecticidas y fungicidas. Dicha sustancia se acumula biológicamente en los mamíferos, y ha sido relacionada con el intelecto embotado en los niños y es una causa de las crecientes fracturas de hueso y del osteosarcoma. Posteriores y recientes estudios indican que el papel del fluoruro en la prevención de caries, ya sea mediante su ingestión o su aplicación tópica, es casi inexistente.


La Responsabilidad de la Contaminación por la Industria Metalúrgica

     La evidencia histórica indica cómo las muchas preocupaciones por la fluoración del agua estaban totalmente justificadas. En efecto, agregar flúor al abastecimiento nacional de agua en una localidad a la vez parece haber sido un plan cuidadosamente coordinado que procuraba proteger a los principales productores de aluminio y de acero de las innumerables responsabilidades derivadas de la sustancial contaminación con flúor que sus plantas generaban. Esta contaminación aumentó junto con la incrementada fabricación de aviones militares y armamentos durante la Segunda Guerra Mundial. Las fábricas de acero en California y Utah, y las plantas productoras de aluminio en Washington y Oregon, generaron un aire saturado con flúor que inevitablemente envenenó el ganado, las cosechas y a las familias que cultivaban la tierra.

     En la época de la posguerra, demandas por daños que sumaban 30 millones de dólares fueron presentadas sólo en Provo, Utah, teniendo los fabricantes metálicos que pagar 4,5 millones para llegar a acuerdos extra-judiciales. De esa manera, los intereses industriales estadounidenses eran las fuerzas principales que estaban detrás de la fluoración del agua, no debido a avaricia ni a altruísmo sino más bien por el miedo a asumir su responsabilidad por la contaminación continuada y potencialmente aumentada cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial y comenzó la Guerra Fría. Ésta fue la conclusión del doctor F. B. Exner, un resuelto abogado de la salud pública y opositor a la fluoración del agua, quien observó que en el cambio de siglo

    "la existencia misma de la industria de fundición, tanto en Alemania como en Gran Bretaña, se vio amenazada por exitosas demandas judiciales motivadas por el daño provocado por el flúor y por agobiantes leyes y regulaciones. Hoy aquella misma amenaza cuelga sobre el núcleo de la gran industria estadounidense, y la fluoración sirve tanto de camuflaje como de chivo expiatorio. De aquí la continua e intransigente tendencia a la fluoración universal" [1].

[1. F. B. Exner, "Economic Motives Behind Water Fluoridation — Fluoride is a Protected Pollutant", en F. B. Exner, G. L. Waldbott y James Rorty, The American Fluoridation Experiment (New York: Devin-Adair, 1955), pp. 119-121. Disponible en http://www.fluoridation.com/exner.htm].

     En un agudo ensayo de 1955 Exner señala la extraña ausencia de investigación sobre el flúor en la literatura médica estadounidense, que comienza a fines de los años '30, mientras que "la literatura médica extranjera contiene cientos de artículos en una amplia variedad de problemas que pueden ser causados por el flúor. Lo mismo era verdadero en cuanto a la literatura veterinaria en este país".

     Exner posteriormente señala la aparente estrategia detrás de la fluoración: una que puede estar ocurriendo a lo largo de líneas similares en los esfuerzos del gobierno japonés para distribuír e incinerar el desecho radiactivo del desastre nuclear de Marzo de 2011 a través de todo el archipiélago japonés. "Ha habido un peligro constante", observó el doctor Exner, "de que alguien que analizara los tejidos tanto en áreas altas como bajas en flururo, encontraría que el envenenamiento de flúor es común [en los residentes de áreas altas en fluoruro]. Pero si cada comunidad puede ser fluorada no habrá ninguna área sin flúor para efectuar la comparación".


La Campaña de Relaciones Públicas para Vender la Fluoración

     En los años '30 Edward Bernays era el consejero de relaciones públicas para la Aluminium Company of America (Alcoa). El abogado principal de Alcoa, Oscar Ewing, pasó a servir en la administración de Truman desde 1947 hasta 1952 como jefe de la Agencia de Seguridad Federal (FSA), de la cual el Servicio de Salud Pública (Public Health Service) era una parte. Con tal facultad Ewing autorizó la fluoración del agua para el país entero en 1950 y contrató los servicios de Bernays para promover la fluoración del agua entre el público.

     De todos modos, la campaña para fluorar el abastecimiento nacional de agua tuvo lugar principalmente en ciudades individuales y municipios, requiriéndose una campaña de propaganda sofisticada para persuadir a funcionarios locales para que apoyaran proactivamente la fluoración. Bernays reconoció a la ciudad de Nueva York como el principal campo de batalla y un premio táctico particularmente valioso dado el predominio de los medios de comunicación liberales. Una vez que la prensa de Nueva York estuviera toda comentando sobre la eventual fluoración de la ciudad, otras municipalidades serían más fácilmente persuadidas a formar filas.

     Bernays recordaba la campaña de fluoración en la cual estuvo involucrado como simplemente otra tarea más. "El mago de las Relaciones Públicas se especializó en la promoción de nuevas ideas y productos al público enfatizando en una supuesta ventaja de salud", explica el periodista Christopher Bryson, que entrevistó a Bernays en 1993 acerca de la campaña del fluoruro.

    «"Usted puede conseguir que prácticamente cualquier idea sea aceptada", me dijo Bernays, riéndose entre dientes. "Si los médicos están a favor, el público está dispuesto a aceptarlo, porque un médico es una autoridad para la mayor parte de las personas, sin tener en cuenta cuánto éste sabe o no... Según la ley del promedio, usted puede encontrar por lo general un individuo en cualquier campo que estará dispuesto a aceptar nuevas ideas, y las nuevas ideas luego se infiltran en los demás que no las han aceptado"» [Christopher Bryson, The Fluoride Deception, New York, Seven Stories Press, 2004, p.159].


     Pero principios de los años '50, justo cuando Bernays fue llevado a bordo, el sentimiento público hacia la fluoración estaba claramente en el lado del campo anti-fluoracionista que incluía a doctores e investigadores principales. Desplegados contra aquellos que se oponían a la fluoración estaban el Comisionado de Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York, el Comisionado de Salud del Estado de Nueva York, la Fundación Rockefeller y el Servicio de Salud Pública. "Todo esto me intriga infinitamente", comentó Bernays eufóricamente al Comisionado de Salud de la Ciudad, "porque presenta situaciones desafiantes profundamente relacionadas con el interés del público que pueden ser solucionadas por la ingeniería del consentimiento".

     Una estrategia tal para la persuasión de la opinión pública implicaba la correspondencia del Departamento de Salud de la ciudad con los presidentes de las redes de televisión CBS y NBC, informándoseles que "debatir la fluoración se parece a la presentación de los dos lados para el anti-catolicismo o el anti-judaísmo, y por lo tanto no era de interés público". Otro método implicaba sentar las bases para hacer de la "fluoración" un término familiar con una pátina científica. Él aconsejó que sus clientes enviaran cartas a los editores de las principales publicaciones hablando de los aspectos específicos que la fluoración requería. «Queríamos poner la primera definición para los editores de periódicos importantes», recordó Bernays. «Luego enviaríamos una carta a los editores de diccionarios y enciclopedias. Después de seis u ocho meses encontraríamos que la palabra "fluoración" había sido publicada y definida en diccionarios y enciclopedias».

     En 1957 surgió repentinamente el Comité para Proteger los Dientes de Nuestros Niños para publicitar la fluoración con varias figuras de celebridades en su lista, incluyendo al doctor Benjamin Spock, Eleanor Roosevelt, Jackie Robinson y A. Phillip Randolph. Financiado por subvenciones de la Fundación W. K. Kellogg (23.350 dólares) y la Fundación Rockefeller (2.500 dólares), el maquillaje del Comité también incluía a figuras principales de la investigación de armas atómicas e intereses industriales.

     Un esmerado folleto, "Los Dientes de Nuestros Niños", fue ostensiblemente producido por el Comité y circuló por todo Estados Unidos. Pero fue primeramente utilizado por los abogados defensores de la Reynolds Aluminium Company en la corte federal de apelaciones de Oregon contra acusaciones de haber causado daños por fluoruro presentadas por una familia de agricultores. Los abogados de la Reynolds le recordaron al tribunal cómo el folleto "Los Dientes de Nuestros Niños" estaba lleno de testimonios de "un experto médico y un experto científico uno tras otro, todos en el sentido de que los fluoruros en baja concentración (como están presentes en las plantas industriales de aluminio y otras) no representan ningún daño para el hombre".

     El American Journal of Public Health notó cómo el folleto no contenía ninguna nueva información sobre la fluoración del agua sino que estaba más bien "diseñado para la presentación ante un Consejo de Notables de la ciudad de Nueva York como un destilado de opiniones expertas" de científicos y funcionarios involucrados en la promoción del fluoruro. "Las declaraciones son concisas pero extremadamente citables", decía la reseña. "Este volumen es, por lo tanto, especialmente recomendado a aquellos interesados o comprometidos en la promoción de la fluoración del agua en sus propias comunidades".

     "Los Dientes de Nuestros Niños" hacía referencia a los 300 miembros que comprendían el Comité para Proteger los Dientes de Nuestros Niños. Esta lista apareció junto a dos listas adicionales de 229 "autoridades estadounidenses principales en cuanto a la nutrición" y 121 "de los más destacados químicos nacionales". A la luz de la ráfaga de nombres y títulos "la verdadera pregunta", comentaba el doctor Exner, "es por qué alguien con algún grado de respeto propio permitiría que su nombre figurara en una u otra lista. Los nombres están añadidos a dos declaraciones", seguía Exner, "ninguna de las cuales podría ser honestamente firmada por ningún lego inteligente, mucho menos por ningún científico que valore su reputación científica".

     Intrigado por cómo fueron compiladas las listas, Exner personalmente escribió a cada uno de los químicos señalados en la publicación para preguntar "si él había firmado o si él creía que la declaración era verdadera. Algunos negaron haber firmado. Otros habían firmado sin haber leído. Otros habían firmado sabiendo que la declaración era falsa pero pensando que la fluoración era tan deseable que cualquier medio estaba justificado".

     Exner posteriormente encontró que de los 360 "químicos" y "autoridades en nutrición" cuyos nombres aparecían en el folleto, 201 trabajaban para 87 instituciones, incluyendo universidades, que recibieron más de 151 millones de dólares en subvenciones. A fines de los años '50 una mayoría de tales subvenciones se originó en el defensor principal de la fluoración del agua: el Servicio de Salud Pública (Public Health Service, PHS). Otro importante receptor de la financiación del PHS era la American Dental Association (ADA). La investigación y los datos colectados por Exner resultaron ser especialmente valiosos en demandas interpuestas contra la industria y los defensores de la fluoración. En 1978, poco después de su muerte, todos sus archivos se perdieron en un extraño incendio.

     Cuando la campaña de propaganda a favor de la fluoración alcanzó su auge a finales de los años '50, una colaborativa campaña de vigilancia que apuntaba a los anti-fluoracionistas fue emprendida por el PHS, la ADA, y la American Water Works Association. El Servicio de Información de Fluoración Nacional de la División de Salud Dental del Servicio de Salud Pública estadounidense, un sistema de recolección de inteligencia que funciona de los Institutos Nacionales de Salud, controlados por el PHS, fue formalmente establecido para supervisar y crear bases de datos sobre personas críticas a la fluoración en las profesiones médicas. Los herejes del fluoruro estaban expuestos a ser vapuleados en la prensa o a la expulsión absoluta de sus organizaciones profesionales.

     La fluoración fue finalmente lanzada en la ciudad de Nueva York en 1965, no considerando un referéndum popular, y en vista de la continuada oposición, entregándose la elección al Consejo de Notables municipal de cinco miembros. Detrás del esfuerzo final para fluorar el agua estaban Mary y Albert Lasker. La primera estaba involucrada en el Comité para Proteger los Dientes de Nuestros Niños y el segundo era un ejecutivo publicitario y socio de Bernays que ayudó a la American Tobacco Company a hacer de Lucky Strike los cigarrillos más vendidos de Estados Unidos. Los Lasker organizaron una exclusiva fiesta cóctel para celebrar la victoria, con invitados que incluían al alcalde de Nueva York Robert Wagner y a los miembros del Consejo de Notables y del Ayuntamiento.

     La anti-fluoruro Asociación para la Protección de Nuestro Suministro de Agua condenó el proceso anti-democrático calificándolo como "gobierno mediante cócteles". "Aquí hay una audiencia privada unilateral sobre el asunto más controvertido", decía el comunicado de prensa de la organización, "en una reunión de funcionarios en una sesión ex cathedra. ¿Dónde quedan las masas de ciudadanos opuestos a la fluoración?".

     Cuando el Comité para Proteger los Dientes de Nuestros Niños fue formado en 1957 sólo el 5% del suministro de agua estadounidense estaba fluorado. Después de una masiva campaña de relaciones públicas que preparó el terreno para fluorar el agua de la ciudad de Nueva York, más del 60% del agua a través de EE.UU estaba finalmente fluorado. Actualmente más de dos terceras partes de la población estadounidense bebe agua fluorada, y casi toda la población consume flúor a través de los alimentos y bebidas procesadas que han usado tal agua.


El Mantenimiento del Status Quo del Fluoruro

     Cuando surgieron nuevos estudios científicos sugiriendo los peligros del fluoruro para la salud humana el PHS prontamente designó una comisión de figuras veteranas a favor del fluoruro que procedió a aplazar cualquier nueva conclusión y a reforzar el status quo. En 1983 cuando un inusual panel reunido por el PHS compuesto por científicos menos inducidos descubrió que la propia investigación del gobierno que sostiene la seguridad del fluoruro era casi inexistente, se emitió una recomendación de precaución enfatizando una particular atención a la exposición de los niños a la sustancia.

     La oficina del Ministro de Salud Charles Everett Koop publicó su informe oficial un mes más tarde omitiendo las opiniones y recomendaciones más significativas del comité. Los miembros del panel "expresaron sorpresa por las conclusiones de su informe: Ellos nunca recibieron copias de la alterada versión final". Respondiendo al consejo del comité de que el agua potable debería contener no más de 1,4 a 2,4 partes por millón (ppm) para niños menores de 10 años, el gobierno insertó una declaración que afirma: "No existe ninguna documentación científica directamente aplicable de efectos médicos adversos del fluoruro debajo de 8 ppm". Basado en el adulterado informe final de Koop la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) aumentó la cantidad del fluoruro aceptable en el agua potable de 2 a 4 ppm para niños y adultos.

     Hoy el fluoruro de sodio per se es usado en menos del 10% de los sistemas de agua fluorada. En su lugar están las variantes del fluoruro como el fluoruro de sílice o ácido fluorisílico [o ácido hexafluorosilícico], más comúnmente conocido como silicofluoridos (SIFs). En 2001 los investigadores encontraron que los SIFs pueden causar una absorción más alta del plomo en niños y disminuír la colinesterasa, una enzima necesaria para la regulación de los neurotransmisores. Ni la Agencia de Protección del Medioambiente, ni la Food and Drug Administration, ni ninguna otra agencia reguladora hasta ahora ha investigado los efectos internos a largo plazo de consumir el ácido fluorisílico, un subproducto de la industria de fertilizantes de fosfato que es ahora el sustituto predominante para el fluoruro de sodio dado su relativo bajo costo.

     Lo que es conocido, sin embargo, es que el ácido fluorisílico no diluído es una sustancia extremadamente peligrosa y corrosiva. En 1994, por ejemplo, 4.500 galones [17.000 litros] del elemento fueron liberados en el condado Volusia en Florida cuando un camión cisterna que llevaba la carga perdió un juego de ruedas en la carretera interestatal 4. El derrame envió a 47 personas al hospital, obligó a la evacuación de más de 2.300, y cerró la carretera durante dos días. Los espectadores experimentaron "problemas para respirar o una sensación quemante en su piel". Los motoristas que condujeron a través del derrame fueron aconsejados de que sus vehículos debían ser profesionalmente descontaminados porque "las sustancias químicas se disolverán en el agua, se evaporarán y causarán problemas respiratorios a cualquiera que esté cerca".


Conclusión

     En un mundo hecho cada vez más incierto por corporativos y gubernamentales ingenieros de la realidad y el consentimiento, la sensibilidad de la clase burocrática y científica frente al bienestar público es ilusoria. El caso de la fluoración del agua proporciona un ejemplo convincente de un plan para engañar y difundir propaganda entre las masas. Una década completa antes de la advertencia del presidente Eisenhower de "una permanente industria de armamentos de enormes proporciones", la fluoración de los suministros de agua de Estados Unidos estaba ya en pleno juego con el oculto conocimiento previo entre aquellos en sitios de poder de que tal campaña casi ciertamente conduciría a la puesta en peligro de la salud pública para muchas generaciones por venir.

     La fluoración del agua está prohibida en muchas naciones escandinavas y europeas, pero persiste en EE.UU., Canadá, Australia y numerosos otros países en todo el mundo. La práctica se sustenta en gran medida por el mito extensamente sostenido que Bernays diseñó y llevó adelante, por autoridades médicas y reguladoras aprobatorias, y quizá sobre todo por una prensa rutinariamente crédula y dócil.

     No muy distinto de las premisas contradictorias sobre las cuales la existencia psico-social era predicada en la novela "1984" de Orwell —la ignorancia es la fuerza, la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud— en el caso de los más de sesenta años de experimentos con la fluoración en Occidente, el veneno es el tratamiento.-




No hay comentarios:

Publicar un comentario