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domingo, 24 de marzo de 2013

Sobre la Guerra Económica Contra Irán



     Se publicó hace cuatro días en globalresearch.ca este breve análisis presentado por Nile Bowie, quien es un analista político independiente y fotógrafo, que reside en Kuala Lumpur, Malasia, en el cual examina lo que se está llevando a cabo en términos económicos contra Irán. Lo pusimos en castellano para el lector.

La Amenaza Nuclear de Irán
y la "Segunda Crisis de los Rehenes"
por Nile Bowie
20 de Marzo de 2013




     De la charla de "líneas rojas" y caricaturas de bombas a tener "todas las opciones sobre la mesa", una lógica indesmentiblemente engañosa emana de las jefaturas de Washington y Tel-Aviv en cuanto a la presunta amenaza representada por el programa nuclear de Irán. Cuando el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu usó el escenario de la Asamblea General de Naciones Unidas con su esquemático explosivo [Septiembre de 2012], él afirmó que Irán tendría pronto la capacidad de enriquecer uranio al 90%, lo que le permitiría construír un arma nuclear en la primera mitad de 2013. En su segundo período, Obama, quien recientemente dijo que un Irán nuclear representaría un peligro para Israel y para el mundo, parece estar viendo con los mismos ojos de Netanyahu, a pesar de informes anteriores de que los dos no están en la misma sintonía. Cualquiera sea la razón, estos dos líderes han tomado la decisión consciente de ignorar completamente las pruebas presentadas por la comunidad de inteligencia estadounidense, así como las opiniones de científicos nucleares, consejeros políticos y personal de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), que afirman que la "amenaza" planteada por Irán ha sido exagerada y politizada.


     Es de conocimiento común que la propia Estimación de Inteligencia Nacional (National Intelligence Estimate, NIE) de Washington con respecto a Irán, que refleja las evaluaciones de inteligencia de las 16 agencias de espionaje de Estados Unidos, confirmó que cualquiera haya sido el programa de armas nucleares que Irán alguna vez tuviera, éste fue desmontado en 2003. El señor Netanyahu no ha corregido sus declaraciones que insinúan que Irán se está acercando a la línea roja del enriquecimiento (de uranio) del 90%, aun cuando recientes informes de Naciones Unidas muestran que Teherán ha disminuído de hecho sus reservas de material fisible en un 20%, muy por debajo del nivel requerido de enriquecimiento para convertir al uranio en un arma. Hans Blix, ex-jefe de la Agencia Internacional de Energía Atómica, ha cuestionado informes previos de la Agencia sobre las actividades nucleares de Irán, acusándola de confiar en inteligencia no verificada de EE.UU. e Israel. Flynt Leverett y Hillary Mann Leverett, antiguos políticos de Washington y analistas en las administraciones de Clinton y Bush, recientemente escribieron un libro titulado "Yendo a Teherán" (Going to Tehran), sosteniendo que Irán es un actor coherente y que la evidencia de la bomba simplemente no está allí.

     Clinton Bastin, antiguo director de programas estadounidenses de producción de armas nucleares, ha comentado sobre el status de la capacidad de Irán para producir armamento nuclear, declarando:

    "El producto final de las instalaciones centrifugadoras de gas de Irán sería hexafluoruro de uranio altamente enriquecido, un gas que no puede ser usado para hacer un arma. La conversión de gas a metal, fabricando componentes y ensamblándolos con productos muy explosivos, usando una tecnología peligrosa y difícil que nunca ha sido usada en Irán, tomaría muchos años después de una desviación de tres toneladas de gas de uranio pobremente enriquecido desde inventarios totalmente resguardados. El arma resultante, si se pretende que sea transportada por misiles, tendría un rendimiento equivalente a un kilotón de explosivos convencionales".

     Las evaluaciones de Bastin confirman los informes que muestran que el programa nuclear de Irán es para objetivos civiles; él posteriormente enfatiza la impracticabilidad de transformar en arma el producto hexafluoruro de las centrifugadoras de gas de Teherán, por cuanto la fuerza disuasoria resultante suministraría un arma nuclear muy ineficaz.

     El hecho de que el Líder Supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, publicara varias fatwas (prohibiciones religiosas) contra la producción de armas nucleares, no parece haber ayudado mucho tampoco. Una combinación incesante de propaganda islamofóbica, una insistencia reiterativa en que Teherán se está acercando al umbral, y falsas informaciones extraordinariamente negligentes con respecto a Irán y su búsqueda de energía nuclear doméstica, han creado una situación donde el país es visto como un actor irracional. En el tribunal de la opinión occidental predominante, Irán es agrupado en la misma categoría que la belicosa Corea del Norte, a pesar de que es un signatario observante de la ley del Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT), que ha cooperado sistemáticamente con la AIEA, y que ha renunciado públicamente al uso de armas nucleares. Esto conduce al escenario actual, donde Irán y su pueblo son castigados bajo una andanada inmoral de sanciones económicas por poseer un arma que ellos no poseen.

     La severidad de las sanciones económicas contra Irán y las acusaciones fabricadas de que posee armas nucleares se presenta como un inquietante paralelo de la invasión y la destrucción de Iraq durante la administración de Bush Jr. Desde la perspectiva de este observador, EE.UU. realmente no quiere ir a la guerra con Irán. Una experiencia tan dura causaría una serie de ramificaciones abrumadoramente negativas que Obama probablemente querría evitar. Lo que EE.UU. quiere realmente hacer, sin embargo, es desmantelar los fundamentos de la República Islámica, destruyendo completamente su economía mediante sanciones, tratando de persuadir a la población a levantarse y a derrocar el régimen, de manera que básicamente Obama está feliz de conducir la guerra por otros medios. Las declaraciones recientes del ayatolá Jamenei de que EE.UU. está sosteniendo un arma en la cabeza de la nación iraní sólo pueden ser percibidas como completamente exactas.

     Es fácil ver por qué el Líder Supremo tiene dudas sobre la perspectiva de las negociaciones con EE.UU.; el trato propuesto en la más reciente reunión del P5+1 (EE.UU., Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania) esencialmente sostuvo que EE.UU. impondría sanciones que impedirían a Irán comerciar con oro y metales preciosos a cambio de que Irán cierre completamente su planta de enriquecimiento de uranio en Fordo. La sustancia de esta oferta da la impresión de que fue deliberadamente redactada para que fuera rechazada por el lado iraní, dado el hecho de que ella ordenaría que Irán cierre una de sus principales instalaciones, a la vez que se mantiene la mayoría de las sanciones de castigo que han destruído el dinero iraní y que han hecho de las medicinas que salvan vidas algo muy difícil de costear por la mayoría, todo lo cual tiene más de insulto que de oferta. Para el propietario y el trabajador comercial iraní promedio, las sanciones conducidas por EE.UU. y la devaluación monetaria han afectado las transacciones diarias que proporcionan pagos y viabilidad económica para millones de personas.

     Desde comerciantes urbanos a dueños de restaurante rurales, muchos se han visto obligados a cerrar sus negocios, porque se han visto incapaces de obtener beneficios al revender bienes importados comprados con dólares. El aislamiento iraní del sistema bancario global ha hecho cada vez más difícil para los estudiantes de ese país que estudian en el extranjero recibir el dinero de sus familias.

     Las sanciones que apuntan al banco central de Irán pretenden devastar la economía iraní de exportación, afectando a todos, desde los exportadores de petróleo hasta los tejedores de alfombras y los cultivadores de pistacho. Mutilando los sustentos de la gente iraní y dificultando su capacidad para continuar su educación y cubrir sus necesidades, la administración Obama cree que tales medidas erosionarán la confianza pública en el gobierno y desafiarán su legitimidad. Es importante reconocer que estas sanciones no sólo están enfocadas contra el gobierno de Irán sino contra su población entera, sobre todo la población pobre y mercantil. Una fuente anónima de inteligencia estadounidense citada por el Washington Post da detalles:

    "Además de la presión directa que las sanciones ejercen sobre la capacidad del régimen de financiar sus prioridades, otra consecuencia aquí es que ellas crearán el odio y el descontento a nivel de la calle, de modo que los líderes iraníes comprendan que tienen que cambiar su rumbo".

     Estas sanciones, que son un retroceso de Obama a las torpes políticas de la época de Bush y Cheney, deben ser vistas como parte de una serie de medidas tomadas para fomentar y expandir el descontento social y el malestar. Las sanciones estadounidenses han ensanchado su foco, apuntando a grandes sectores de la infraestructura industrial del país, haciendo que la producción doméstica de automóviles cayera a plomo en un 40%, mientras muchos tratamientos médicos esenciales han más que duplicado su precio. Los pacientes que sufren de hemofilia, talasemia y cáncer han sido negativamente afectados, por cuanto las medicinas hechas en el extranjero de las que ellos dependen son cada vez más difíciles de obtener. Durante los pasados dos años, los bienes de los supermercados generales han visto un alza de precios de entre el 100 y el 300 por ciento. Por primera vez en el mundo, una prohibición sobre medios de comunicación ha sido impuesta, sobre PressTV, la agencia de noticias internacional en lengua inglesa financiada por el Estado de Irán. Ofcom, un regulador de comunicaciones situado en el Reino Unido y vinculado al gobierno británico, encabezó la prohibición. La Unión Europea también ha impuesto una prohibición de viajar al presidente de PressTV, Mohammad Sarafraz, y a otros ocho funcionarios.

     Mientras los editoriales y los comentaristas en el New York Times y el Washington Post acusan regularmente a Irán de violar la ley internacional, los redactores de estos periódicos no han mostrado ninguna disposición a escudriñar a EE.UU. e Israel ni a hacerlos responsables por cuanto éstos están violando la ley internacional, a saber, la prohibición de "la amenaza o el uso de la fuerza" en las relaciones internacionales a menos que una nación sea atacada o que dicha fuerza esté autorizada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, como está manifestado en la Carta de Naciones Unidas. Es indiscutible que dejando de cuestionar la táctica brutal impuesta por Washington y Tel-Aviv, estos periódicos y los comentaristas afiliados respaldan las políticas que intimidan y coercionan a las poblaciones civiles, además del empleo de tácticas terroristas, como ciber-ataques específicos y asesinatos extrajudiciales, a todo lo cual la nación iraní ha sido sometida en un completo desafío de los estándares y de las reglas de la ley internacional y su basamento fundamental de proteger a los civiles.

     Los hechos han sido probados una y otra vez: Irán busca el desarrollo económico, el progreso tecnológico y la independencia energética; quiere energía nuclear doméstica y la libertad para enriquecer uranio al 20% para el desarrollo médico de productos radio-farmacéuticos e isótopos industriales, a lo cual tiene perfecto derecho al ser un signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear. Las amenazas de Washington de imponer sanciones "secundarias" contra entidades de terceros países que hacen negocio con la República Islámica representan una mentalidad mafiosa muy característica de la realidad unipolar en la cual EE.UU. se ve a sí mismo. Washington ha amenazado recientemente a un Paquistán hambriento de energía con sanciones por su sociedad con Teherán en un gasoducto de 7.500 millones de dólares entre las dos naciones, un proyecto que haría infinito bien promoviendo la estabilidad regional y llevando energía a regiones golpeadas por la pobreza en Paquistán. El régimen de sanciones de Washington colapsará si el Congreso estadounidense insiste en que China corte abruptamente su comercio de energía y relaciones con Irán. China no se adherirá a tan rigurosa interferencia extranjera en sus relaciones comerciales, y Washington no está en posición para sancionar a China porque ésta compre petróleo de Irán.

     Si Pekín califica esto como una fanfarronada de Washington, otras economías no-occidentales enfocadas en el crecimiento, como India, Malasia y Corea del Sur, estarán menos temerosas de conducir sus negocios y comprar petróleo a Teherán. Obama ha tomado algunos argumentos de los estudiantes revolucionarios (iraníes) de 1979, y su administración ha creado su propia "crisis de los rehenes", que implica mantener cautiva a la población civil de Irán ―y Washington parece dispuesto a dejar que las sanciones hagan su efecto, hasta que el régimen decaiga o la gente se alce. Uno de los mejores ejemplos de la pervertida lógica que está detrás de la posición estadounidense en cuanto a Irán viene del vicepresidente Joe Biden, que recientemente declaró: "También hemos dejado en claro que los líderes de Irán no tienen que condenar a su pueblo a la privación económica". Tal declaración encarna la lógica patas arriba de los políticos de Washington que afirman un alto fundamento moral a la vez que permiten el terrorismo y se involucran en campañas anti-éticas de guerra económica y militar. La actual situación simplemente no puede continuar.-


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