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jueves, 6 de diciembre de 2012

William A. Cook - Arrancándole el Velo a Israel



     En counterpunch.org se publicó en Septiembre del año pasado este artículo de William A. Cook, profesor de inglés en la Universidad de La Verne en el sur de California y autor de libros acerca de Palestina y el Medio Oriente. El sitio rebelion.org publicó prontamente una versión en castellano que ha sido la base de nuestra revisión, por ciertas imprecisiones, confrontada con el texto original. El ensayo del señor Cook consiste en reflexiones a partir del libro "The Wandering Who" (2011) del controversial músico e intelectual judío Gilad Atzmon.



Arrancándole el Velo a la Civilidad de Israel
por William A. Cook
16 de Septiembre de 2011




     La percepción de Gilad Atzmon del organismo creado por el movimiento sionista, y que ha expuesto en su libro "The Wandering Who" [El Errante ¿Quién?], es explosiva: desgarra el velo de la aparente civilidad de Israel, su aparente amistad con EE.UU. y su declarada preocupación por las potencias occidentales —Gran Bretaña, Canadá, Australia, Francia y Alemania— denunciando al asesino dispuesto a quitar la vida a cualquiera que interfiera con sus objetivos tribalmente enfocados. En Febrero de este año, Atzmon caracterizó al Islam y al judaísmo como sistemas de creencias tribalmente orientados, arraigados no en el "individualismo ilustrado" sino más bien en "la supervivencia de la familia ampliada". Estos sistemas de creencias no tienen nada que ver con libertades o derechos personales; tienen que ver con asegurar el dominio de sus respectivos "modos de vida". Pero a diferencia del tribalismo en el Islam, el tribalismo en el judaísmo «nunca puede vivir en paz con el humanismo y el universalismo». «Ambas religiones representan sistemas que suministran respuestas exhaustivas en asuntos espirituales, civiles, culturales y de la vida cotidiana». Al respecto, «tanto el Islam como el judaísmo son más que sólo religiones: transmiten todo un "modo de vida"».

     The Wandering Who es un viaje personal de un hombre nacido en Jerusalén, criado en el "modo de vida" judío, imbuído de los mitos de la fundación del Estado judío: "La supremacía fue fraguada en nuestras almas, y hemos contemplado el mundo a través de binoculares racistas y patrioteros. Y no hemos sentido vergüenza al respecto tampoco". Reclutado en el ejército israelí durante los años '80, sirvió en El Líbano y, hacia el fin de su adolescencia, vivió una epifanía causada en buena medida por la cuidadosa audición de voces de fuera del muro que lo rodeaba en el ghetto que es el Estado israelí. Esa epifanía impuso una distinción entre identidad e identificación, entre la confianza en sí mismo y el servicio obediente a una ideología, una distinción que reconocía a los judíos como un pueblo, al judaísmo como religión y a la judeidad como una ideología que determina la política de identidad y el discurso político resultante.

     ¿Qué, entonces, caracteriza a un judío?. Atzmon distingue entre a) los que siguen la religión judaica, b) los que se consideran seres humanos de origen judío y c) los que colocan su judeidad por encima de todos los otros rasgos. Chaim Weizman, el primer presidente israelí, un sionista, identificó el hecho de ser judío como una "cualidad de primer orden", por sobre la calidad de ciudadano, la ocupación o el ser jefe de familia; en efecto, "la judeidad se convierte en el elemento clave y la característica fundamental del ser de uno". Vladimir Jabotinsky escribió: "El núcleo de su estructura espiritual siempre seguirá siendo judío, porque su sangre, su cuerpo y su tipo físico racial son judíos” ("Carta sobre la Autonomía", 1904). Es este principio identificatorio el que Atzmon ve como corrosivo, no solo para el judaísmo sino para la seguridad y protección del pueblo judío, sus amigos y sus vecinos: "Probablemente fue en ese momento cuando abandoné la cualidad de Elegido para convertirme en un ser humano común". "Para mí, ser judío es, sobre todo, estar preocupado por la sobrecogedora injusticia y la sed de justicia en el mundo, y eso significa ser respetuoso hacia otros pueblos sin considerar su nacionalidad o religión, y sentir empatía ante el sufrimiento humano de quien sea y donde quiera que se encuentre la victimización" ("On Jewish Identity", 15/1/2011).

     Significativamente, Atzmon alude al antiguo cuento del Judío Errante para resaltar las complejidades inherentes en las contradicciones que asedian al judaísmo en el mundo actual: tribalismo versus universalismo, calidad de Elegido versus la igualdad democrática, el gobierno mediante el desafío de la ley versus naciones regidas por el derecho, el control del gobierno por la ideología controlada por los sionistas versus la sensibilidad ante la voz de la ciudadanía, y moralidad tribal donde la moral se fabrica con fines políticos utilitarios versus los derechos inalienables de todos, otorgados por la Naturaleza.

     El valor simbólico primario de la leyenda reside en su identificación de la otredad, el concepto singular de "ser elegido", que separa a los judíos del resto de la Humanidad, lo que resulta en un aislamiento ideológico y psicológico que se convierte en un instrumento estratégico utilizado por los sionistas y los neoconservadores para manipular al pueblo judío y formar el Estado judío. La "cualidad primordial" de la judeidad de Jabotinsky y Weizmann impide la asimilación, obligando así al judío a seguir siendo siempre un extranjero dondequiera que resida. La identificación personal sólo puede existir en la tribu, un compromiso virtual y absoluto con la judeidad, que hace posible el uso de judíos en todo el mundo como "sayanim" (colaboradores) para favorecer los objetivos del Estado judío. "El sayan es una persona que traicionaría a la nación de la cual es ciudadano por fidelidad a una noción de hermandad de clan".

    Hay miles de sayanim en todo el mundo. Sólo en Londres hay unos 2.000 que están activos, y otros 5.000 en la lista. Ellos cumplen muchos roles diferentes. Un sayan que dirija una agencia de arriendo de automóviles podría ayudar al Mossad a alquilar un coche sin tener que llenar la documentación usual... un sayan bancario puede obtener el dinero necesario en medio de la noche, un sayan doctor puede tratar una herida de bala sin informar a la policía... La idea es tener un conjunto de personas disponibles para cuando se necesiten que puedan suministrar servicios pero que guarden silencio al respecto, por lealtad a la causa.

     "Desde el punto de vista sionista, la judeidad es una operación de una red internacional... ser judío es un profundo compromiso que va mucho más allá de todo orden legal o moral". Atzmon identifica un organismo en funcionamiento controlado por la ideología sionista y por sayanim neoconservadores en EE.UU., que ha acoplado los intereses israelíes a los de EE.UU. utilizando un documento titulado Informe de Orientación y Planificación de la Defensa de EE.UU. para los años fiscales 1994-1999. "En Medio Oriente y el Golfo Pérsico queremos fomentar la estabilidad regional, disuadir la agresión contra nuestros amigos e intereses en la región, proteger a los ciudadanos y las propiedades estadounidenses, y salvaguardar nuestro acceso a las rutas aéreas y marítimas y al petróleo de la región. EE.UU. está comprometido con la seguridad de Israel y el mantenimiento de la ventaja cualitativa que es crítica para la seguridad de Israel". Esta estrategia manipuladora "transformó el modo tribal judío en un sistema de funcionamiento colectivo". También transformó a "los ejércitos estadounidense y británico en una fuerza misionera sionista", ya que Israel y los neoconservadores manipularon a los gobiernos del Reino Unido y de EE.UU. para que atacaran a los enemigos de Israel en Iraq mientras imponían sanciones a Siria y defendían su propia ocupación y opresión de los palestinos y su injustificada destrucción del Líbano en 2006 y de Gaza en 2008-2009.

     Atzmon ilumina el alma interna, o mejor dicho, la falta de ella, del Estado israelí, que se ha desarrollado desde el sionismo de los comienzos hacia una fusión políticamente astuta del antiguo judaísmo junto a propósitos seculares para lograr sus objetivos. Es en este sentido que el nieto frustrado de Leo Strauss —el cual fue profesor y maestro de Paul Wolfowitz y de los neoconservadores que se aglomeraron alrededor de su altar determinista—, Richard Perle (ex-presidente del Consejo de Política de la Defensa), junto con William Kristol (editor jefe del Weekly Standard), Gary Schmitt (presidente y director del Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense), Stephen Campone (subsecretario de Defensa para Inteligencia bajo Rumsfeld), Abram Shulsky (amigo de Perle y jefe de la unidad especial de inteligencia de Rumsfeld, caracterizada a veces como la "Unidad de Planificación Especiosa"), Dick Cheney y Donald Rumsfeld, que están conectados a través del PNAC (Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense), todos ellos "líderes", por cierto aceptan sin discusión un tipo de determinismo que ha controlado la vida humana, en la que algunos nacen para dirigir y la vasta mayoría nace para obedecer.

     Yo había rastreado el surgimiento de este culto que llegó al poder, en un artículo publicado en 2003, "Moral Insanity: the Cabal that Corrupts", y presento dos párrafos que reflejan las consecuencias de este engaño.

    «Desde que (Leo) Strauss enseñó que el determinismo de la Naturaleza puso a los "pocos sabios" en posiciones de liderazgo sobre los "muchos del vulgo", y desde que la virtud es definida por la élite que gobierna, y desde que la moralidad no existe, y desde que la justicia es simplemente el interés del más fuerte, y desde que el gobierno del sabio es absoluto, autoritario e incuestionable, y desde que la religión es "el adhesivo que mantiene unida a la sociedad", el uso de la religión con fines políticos, como la mentira, el engaño, el secreto y la intimidación, es un bien necesario para lograr los objetivos determinados del gobierno. La manipulación de las "masas del vulgo" se convierte en un fin en sí mismo, y la distorsión de palabras y conceptos se convierte en el medio para lograr ese fin...

    Sólo fanáticos seguidores straussianos tendrían la arrogancia de crear una Política Nacional e Internacional en nombre de 300 millones de personas cuando ellos no representan a nadie. Dos años después, un año después del 11-S, ese informe se convirtió en el "Informe de Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU.", un documento que detalla cómo actuará EE.UU., nacional e internacionalmente, durante el segundo mandato de Bush. Demás está decir que muy pocos estadounidenses llegaron a ver alguna vez los detalles de ese informe antes de que se convirtiera en política, ciertamente no el ciudadano estadounidense promedio ni sus representantes en el Congreso o en el Senado. Sin embargo, somos nosotros los que debemos pagar por los planes diseñados por estos hombres, ser las víctimas de la crítica del mundo mientras llevan a cabo sus designios y ser objeto de sus restricciones a las libertades civiles, impuestas por este régimen como "medidas de seguridad"».

     El análisis de Atzmon revela estrategias utilizadas por los sionistas para controlar a su población: «Algunos políticos marginales buscan "avergonzar" públicamente a sus hermanos y hermanas integrados. Esto sirve para dos propósitos. Primero, envía un claro mensaje de que la verdadera asimilación es imposible... Segundo, empuja al asimilado hacia la colaboración con su antiguo clan. "Usted jamás podrá dejar de ser quien es, de modo que más vale que se enorgullezca de serlo"». Pero esto no se detiene ahí. Los lobbies sionistas le dicen al judío asimilado: "Usted jamás podrá dejar de ser quien es, de modo que ¿por qué no se enorgullece de ello y trabaja con nosotros?". De hecho, esta misma aseveración debilita un fundamento moral, ya que obliga al judío estadounidense a sucumbir a esa "cualidad primordial" de la judeidad por sobre la lealtad a su nación. "En primer lugar ellos son judíos y sólo después son humanistas".

     El sionismo, como lo señala Atzmon, ha utilizado el "separatismo" judío y su resultante "inseguridad en las relaciones con sus semejantes" para imponer obediencia y compromiso. Esta táctica ha sido característica del poder sionista desde el período del Mandato [británico en Palestina]. En la Introducción a "The Plight of the Palestinians", presenté evidencia de tal coerción, sacada de los documentos clasificados de la Policía del Mandato Británico, sobre todo el Juramento de la Haganá que obligaba a la lealtad hacia el Alto Comando Sionista:

    «El Juramento de la Haganá es más profundo que el miedo. En efecto, declara que un individuo ha entregado su conciencia al Alto Comando aceptando con ello que lo que está bien y lo que está mal es determinado por esa autoridad, haciendo caso omiso de las leyes locales, estatales o internacionales, efectivamente, y haciendo caso omiso de la moral, los valores y tradiciones del judaísmo. Este compromiso es eterno, hasta la muerte.

    Desde el momento en que un individuo presta el juramento, está comprometido a una vida de secreto, y por ello, de deslealtad y traición hacia aquellos con los cuales es más íntimo en su vida cotidiana. Ni sus acciones ni su verdadera identidad son discernibles para aquellos con los que interactúa regularmente. Es una vida que encapsula la necesidad de mentiras, engaño, coerción, extorsión y obediencia a un grupo que dicta las acciones que uno debe emprender; la libertad ya no existe, la independencia ya no existe, la lealtad a otros ya no existe, ciertamente; la amistad con otros está comprometida o es imposible, uno se convierte en un súbdito de ese grupo, un verdadero esclavo de sus deseos y voluntad. La mentalidad que promueve dicho control permite el espionaje, el engaño a los amigos, el ostracismo de la propia comunidad por pensar de modo diferente, el encarcelamiento sin debido proceso, la tortura, e incluso las ejecuciones extra-judiciales. Es un compromiso total con una causa que supera a todas las demás, determinada y dictada por una oligarquía en silencio y no sometida a ninguna institución legítima y a nadie» (xxvi).

     Atzmon desarrolla su argumento de que los sionistas manipulan intencionalmente para beneficio propio el separatismo judío, inculcando un mito de persecución permanente contra los judíos como evidencia de su necesidad de apoyar el proyecto israelí, un esfuerzo virtual por construír un ghetto, y que da lugar a una forma de "Síndrome de Stress Pre-Traumático" inducido por una continua narrativa grandiosa de la victimización israelí causada por el "Holocausto": ser lanzados al mar, ser borrados del mapa, ser deslegitimizados; todo augurando el desastre inminente que le espera al Estado judío.

     Esta percepción obliga a que el judío de la Diáspora confronte la importancia de la promesa y el cumplimiento del sueño sionista: el retorno a Sión. «Vinculando estrechamente a Eretz Yisrael [Tierra de Israel] con el continuum de la Diáspora, el colono reemplaza la "negación de la Diáspora" con una "negación de los Goyim" [no-judíos] (un retorno a la condición judía pre-sionista)». Esto detiene efectivamente la posibilidad de asimilación judía y promueve un retorno a la peculiaridad tribal, aunque con intereses políticos y globales. Simultáneamente, "deja en el limbo al judío de la Diáspora, el que ni se asimila en su entorno social ni se establece en un Estado judío". El rechazo entonces de la convocatoria sionista debe ser entendido como un acto de traición o una forma de auto-odio. Desafortunadamente, pero a la vez reflejando la naturaleza simbólica de la leyenda del Judío Errante, "aquello enfatiza la naturaleza racista y expansionista judeo-céntrica del Estado judío... y el judío de la Diáspora se encuentra intrínsecamente asociado con una ideología intolerante y etnocéntrica, y con una lista interminable de crímenes contra la Humanidad".

     La calidad de Elegido determina su propio fin. Lo que el Elegido cree de los libros que le dan ese status singular debe de ser verdad. Ya que las palabras utilizadas no son las suyas sino las palabras de su Dios, éstas son inmunes a las limitaciones del lenguaje. Los Elegidos sólo tienen que responder ante sí mismos para encontrar identidad, pero en su afiliación con sus grupos, no con la Humanidad en general. Atzmon señala que la comprensión religiosa de la condición de Elegido lleva consigo una carga moral de "ser un modelo ejemplar de conducta ética", pero en la mente sionista eso ha sido "reducido a un burdo patrioterismo, etnocéntrico, basado en la sangre"... una especie de "supremacismo tribal, en el cual el mandamiento de amarse a sí mismo tanto como se odia a los otros se convierte en una realidad pragmática". En consecuencia, "Esta forma de supremacía está en el núcleo del reclamo sionista de la tierra de Palestina, a costa de sus habitantes autóctonos". La justicia no es algo a tener en cuenta.

     Tal vez la corrupción más insidiosa impuesta al pueblo judío y a su religión por los sionistas que adquirieron el control del nuevo Estado de Israel fue la manipulación del "Holocausto" para convertirlo en una religión y una industria. Norman Finkelstein informa acerca de la creación de la industria. Atzmon, con la ayuda del profesor Yeshayahu Leibowitz, un filósofo nacido en Letonia, de la Universidad Hebrea, y de Adi Ophir, un filósofo israelí y profesor asociado en el Instituto Cohn de Historia y Filosofía de la Ciencia e Ideas en la Universidad de Tel-Aviv, se encargan de la descripción y las consecuencias de la transformación del Holocausto en una religión. Leibowitz, según Avnery (19.3.2005, Remember What? Remember How?), señaló que "La religión judía murió hace 200 años. No hay nada ahora que una a los judíos de todo el mundo aparte del Holocausto". Atzmon sugiere que Leibowitz bien pudo haber sido el primero en reconocer que el Holocausto se había convertido en una religión con sacerdotes, profetas, mandamientos y dogmas, rituales y templos:

     «La religión del Holocausto es, evidentemente, judeo-céntrica hasta la médula. Define la razón de ser judía. Para los judíos sionistas, significa una fatiga total de la Diáspora, y considera al goy como un potencial asesino irracional. Esta nueva religión judía predica la venganza. Bien podría ser la más siniestra religión conocida por el hombre, puesto que en nombre del sufrimiento judío otorga licencias para matar, aplastar, atacar con bombas nucleares, aniquilar, saquear y realizar limpieza étnica. Ha convertido la venganza en un valor occidental aceptable».

     Volvamos al Judío Errante de la leyenda. En 1848, Nathaniel Hawthorne escribió "A Virtuoso's Collection", un cuento exótico extraño y fantástico que incluye la leyenda del personaje del Virtuoso.

     «Hawthorne utiliza la leyenda para capturar ese misterio de la conducta que ha obsesionado a los escritores durante siglos, un misterio que todavía confunde a nuestros científicos que buscan una explicación a acciones que parecen carentes de "simpatías naturales", acciones que no generan una reacción ante el sufrimiento humano, emocional o psicológica, ante el dolor físico y la angustia, ante la pérdida de seres queridos, un niño, un hijo o hija, un padre o una madre, acciones infligidas sin motivo aparente, donde la culpa no ha sido determinada ni la compasión considerada. La leyenda captura al hombre que presencia el sufrimiento del inocente —el Cristo portando su cruz, aunque no es culpable de nada sino del espíritu de la compasión humana por sus hermanos y hermanas, el sacrificio expiatorio— y que sin embargo se burla del inocente para que "vaya más rápido"; porque el Errante "está vinculado a las realidades de esta Tierra... a lo que puedo ver, y tocar, y comprender, y no pido nada más". Nada puede interponerse en su camino mientras se apresura por la vida adquiriendo todo lo que este mundo puede ofrecer, y a cualquier precio, sin considerar su impacto sobre otros. "El alma está muerta dentro de él", proclama Hawthorne. La simpatía natural por sus prójimos no existe.

     Hawthorne lidió con esta imagen del alma perdida, separada de las raíces que llevan todos en el concepto de humanidad, donde cada cual es un hermano o una hermana de otro y de todos; donde las enseñanzas de las creencias que sustentan a la Humanidad en todo el globo encuentran en el amor y la compasión la fuerza vital fundamental que une todo y da sentido a todo; donde la misericordia y la bondad sirven para sanar y promover el bien común; donde la isla que es este planeta une a toda la Humanidad en lazos de vínculos necesarios e interminables, si ha de haber un futuro para nuestros hijos; ésta es la fuente del espíritu humano que emana de un alma que lo abarca todo, que es la experiencia común de todos los que deben soportar el sufrimiento y el dolor que es esta vida, permeada y hecha soportable por los manantiales de amor que dan alegría al mundo. Éste es un concepto que requiere que todos intercambien todas las cosas, que cada uno pueda sobrevivir a pesar de los estragos del tiempo y de las circunstancias. Es la esencia de todas las creencias que creen sinceramente en el espíritu humano y en las incertidumbres que controlan nuestras vidas. Encuentra repugnantes, en consecuencia, a aquellos que tratan de destruír la unidad del espíritu que une a todos, por un afán de ventaja personal, buscada en las adquisiciones materiales que son posibles en este mundo, sin que importen los estragos provocados para lograr sus objetivos.

     La imagen del Judío Errante refleja a esa persona que abandona a sus prójimos por buscar su ventaja personal, quien pierde el derecho al amor humano y a la compasión por los artefactos de este mundo obtenidos a cualquier costo, esa persona satisfecha con la adquisición de riqueza, posición y poder, incluso cuando se logran a través de la devastación y la muerte, ya que en última instancia sólo ella existe y todos los caminos hacia sus objetivos han sido conquistados. Todos los seres humanos son prescindibles y son, por lo tanto, por definición, inferiores al hombre que carece de limitaciones morales o espirituales.

     El Judío Errante es entonces, como metáfora, otra interpretación de la historia de Caín, que mató a su hermano, acto por el cual fue condenado por Dios Todopoderoso a vagar por la tierra como un fugitivo... El Judío Errante, como Caín, es el Hombre» (William A. Cook, "The Eternal Jew Goes on Forever", 24/8/2009).

     Gilad Atzmon nos lleva a esta comprensión tal como se aplica en nuestros días; él es nuestro Hawthorne, que viaja por nuestra época para iluminar las consecuencias de las acciones que niegan, ciertamente, que desafían la unidad de la Humanidad para beneficiar a unos pocos a expensas de los muchos. Él escribe una explicación crítica y devastadora de la judeidad tal como ha sido manipulada para controlar al pueblo judío e imponer la voluntad de los dictadores sionistas tanto en Israel como en EE.UU. sobre el pueblo estadounidense mediante el control de su Congreso. Desentraña los matices que ponen un velo sobre la arrogancia, el engaño y la hipocresía de los que están en el poder, y por qué ellos están tan comprometidos con el terrorismo y la fuerza, revelando al hacerlo el horror de su traición y la vaciedad de sus palabras.

     Él logra capturar el significado de la descripción de Hawthorne del Virtuoso, el Judío Errante, ya que captura apropiadamente la mentalidad de los que imponen una dirección determinista y amoral a los eventos políticos en Naciones Unidas y en Estados Unidos. "...Había una amargura indefinible mezclada con su tono de voz, como si estuviera amputada de simpatías naturales y hubiera sido maldecida con un destino funesto no infligido a ningún otro ser humano, y por cuyos resultados había dejado de ser humano. Sin embargo... parecía ser que una de las más terribles consecuencias de ese funesto destino era el que la víctima ya no lo consideraba como una calamidad sino que lo había aceptado finalmente como el mayor bien que podía haberle acontecido".

     Ese estado de ánimo no acepta ninguna culpa porque ha rechazado la conciencia como base de las acciones y ha puesto en su lugar la seguridad tribal; sólo la tribu determina el derecho: en una democracia ya no existen más el individualismo, los derechos naturales, la confianza en sí mismo, la responsabilidad. Esta mentalidad, agrupada en una concentración funcional, global y tribal del poder, se concentra en una voz, la de ellos. Niega la democracia, pero se llama a sí misma democrática; habla de universalismo, pero sólo se protege a sí misma; proclama la hermandad con las naciones que existen, mediante el imperio de la ley, aunque desafía todas las leyes salvo las propias; se presenta como una nación imbuída de la justa moral de los tiempos antiguos, pero establece políticas que son de apartheid en su carácter.

     No defender ese estado de ánimo es condenarse a sí mismo y a la judeidad que les da una identidad. Es en efecto una tortura auto-infligida, una identidad increíblemente poderosa, fabricada a partir de antiguos cuentos, que otorga al más común de ellos superioridad sobre los otros, los que deben ser denigrados e incluso destruídos. Es un carácter tribal: la protección del grupo a cualquier precio o la propia pérdida entre las multitudes con las cuales uno debe vivir. Eso tuvo un lugar en los tiempos antiguos, pero no puede existir en un mundo donde 192 naciones comparten convenios entre ellas, basados en la igualdad, el respeto y la dignidad humana.

     Para aferrarse a sus creencias ellos deben negar la similitud y la equidad, así como la justicia y la libertad para todos. En vista del poder que poseen y el dinero que utilizan para controlar el Congreso de EE.UU. y el Parlamento británico, y ejerciendo controles similares en Canadá, Australia, Francia y Alemania, como gráficamente lo demuestra Atzmon, el peligro de que una mínima élite domine la dirección de la política internacional amenaza la seguridad internacional y la búsqueda de la paz.

     El judío del siglo XXI, como Jeremías antaño, vaga por el mundo advirtiendo de una inminente catástrofe, escondido bajo esa máscara de civilidad que es el Estado israelí. El mundo encuentra a esta nación en las salas de Naciones Unidas a través de sus representantes en oscuros trajes a rayas, quienes hablan fluída e incluso elocuentemente de derechos, democracia, justicia, autodefensa, y del terrorismo que amenaza al mundo civilizado. Pero detras de esa máscara de civilidad reside una nación y sus beligerantes dirigentes totalitarios, cuyo único propósito es controlar precisamente a esas organizaciones establecidas para llevar la equidad y la justicia a todos. Su propósito: ganar tiempo para lograr su objetivo, la creación de Eretz Yisrael mediante la continua limpieza étnica del pueblo autóctono. Gilad Atzmon teme este final para los judíos y desafía a los sionistas que lo predican. The Wandering Who proclama la alternativa: nosotros somos el Hombre, uno en alma, uno en sentimientos, uno en respeto y dignidad para toda la Humanidad.–


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