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viernes, 16 de noviembre de 2012

Marek Glogoczowski - ¿Hacia un Estado de Mercaderes-Guerreros?



     Formulado originalmente este texto como una contribución al Congreso "Mut zur Ethik",  realizado del 30 de Agosto al 1º de Sept. de 2002 en Feldkirch, Austria (y publicado en "World Affairs", volumen 7 Nº 2, Nueva Delhi, 2004), se encuentra publicado en su versión inglesa en marek.glogoczowski.zaprasza.net de donde lo hemos traducido. A pesar de su antigüedad, todo lo que plantea este polaco profesor académico de Filosofía. escritor y montañista, no pierde validez por causa del elevado enfoque, y completamente coherente consigo mismo, con que aborda los asuntos que publica. Lo agregamos a los otros interesantes artículos que de él hemos publicado antes.


¿Hacia un Súper-Estado Planetario
de Mercaderes-Guerreros?

Un Comentario sobre la Tendencia
Completamente Estadounidense a la "Guerra
Perpetua para el Comercio Perpetuo"
por Marek Glogoczowski
6 de Julio de 2004




Introducción

     Durante nuestra reunión en Feldkirch fuimos testigos de una especie de "choque" de dos cosmovisiones contrarias, de dos civilizaciones contrarias. En una perspectiva más amplia, esto es una expresión del viejo conflicto de miles de años entre la visión mercantil (en latín, neg-otium) del mundo y la visión aristocrática (otium). Por una parte escuchamos del senador Bob Barre de Estados Unidos que la privacidad, la seguridad privada y otros Derechos Humanos son maravillosas invenciones de nuestra civilización, que tenemos que imponer a todas esas sociedades "salvajes" donde el individuo no tiene autonomía y está totalmente integrado en su estructura totalitaria tribal. Por otra parte, escuchamos la voz del profesor Akira Morita de Japón, sosteniendo que los Derechos Humanos —y especialmente los Derechos de los Niños— crean un peligro de mutilar la integridad psicológica de las personas. Desarrollaré esta última posición, tratando de mostrar que la misma formulación de los Derechos Humanos contribuyó —y contribuye— a la corrupción criminal de nuestra cultura euro-estadounidense, que inexorablemente evoluciona gradualmente hacia un insensato y cada vez más maligno cáncer "humanoide".


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     Ya hace 2.500 años el filósofo griego Sócrates sostuvo que las guerras más destructivas provienen de la avaricia humana desatada. De este modo, si nuestro mundo se encamina hoy hacia un período de "guerras calientes" (término de Alexander Zinoviev), deberíamos esperar que la causa principal de la inestabilidad geopolítica venidera (y de la destrucción fácilmente previsible de naciones enteras) es esta, conocida ya en la Antigüedad, ilimitada codicia humana.

     ¿Es esta avaricia "natural" para la especie humana o es ella algo artificial, una especie de producto de la vida en un medioambiente que artificialmente realza la avaricia, considerada por los Antiguos como uno de los vicios humanos capitales?.

     La respuesta a esta pregunta es trivial, y es fácil demostrar que en un medioambiente que continuamente tiende a convencer a la población de que ser una persona rica es más ventajoso que ser un proletario, tenemos varias veces más robos, actos de violencia, soborno y otras formas de corrupción que en los países que elogian la austeridad personal. Esta simple observación sugiere que la glorificada en el presente sociedad "liberal" es de hecho una sociedad enferma, donde la población vive bajo la presión aplastante de "valores" que los Antiguos identificaban como los Siete Pecados Capitales: el consumo excesivo, los celos, la codicia, las perversiones sexuales, etcétera.

     Estas enfermedades del mundo moderno son un tipo de subproductos automáticos de una tendencia colectiva a adquirir riqueza, que en la Civilización Occidental se ha convertido en el objetivo último de la Humanidad. En particular tenemos una vieja obra de Adam Smith de hace más de dos siglos, "Sobre la Riqueza de las Naciones", que glorifica la "mano invisible" que supuestamente ayuda a lograr la prosperidad de todas las naciones orientadas al mercado. ¿Pero quién de hecho se está enriqueciendo en el mercado y en particular en su mejor emanación llamada la Bolsa de Valores?.

     Por una parte tenemos detalladas teorías sobre cómo funcionan las fuerzas del mercado, y por otra tenemos un "método" práctico que hace a los comerciantes fabulosamente ricos, creando al mismo tiempo la miseria tanto de productores como de consumidores. Esta práctica del mercado permanece por lo general en la sombra. Noam Chomsky escribe que hablar sobre el condicionamiento financiero de la conducta humana es singularmente Políticamente Incorrecto. Sin embargo, sin una comprensión profunda de cómo el Mercado —que es un "ídolo" de la Sociedad Occidental— funciona en la práctica, no seremos capaces de determinar la falacia criminógena que está profundamente arraigada dentro del Sistema Occidental.

     Siendo, desde su formación inicial, una persona especializada en ciencias naturales, tengo muy poca experiencia tanto en la teoría como en la práctica del mercado. Pero una cosa se ha hecho intrigante para mí. En los años '80, como miembros de las expediciones polacas a los Himalayas, solíamos llevar a Polonia desde India algunas docenas (hasta 5 kilógramos, el límite legal) de faldas de algodón de mujer, que vendíamos en los mercados populares. En esa época de escasez de productos de algodón en Polonia, un amigo mío, mucho más experimentado que yo en las prácticas del mercado, me dijo que yo no podía vender esos vestidos a un precio inferior a 5 veces el precio que yo había pagado por ellos en el mercado de la Vieja Delhi. De otra manera yo no sería aceptado por "la microcomunidad" de los vendedores de algodón de India en Varsovia. Y de hecho, después de sólo unas pocas horas de mercadeo de menos de 5 kilógramos de faldas femeninas de algodón indio de baja calidad —pero de estilo y colores de moda— hice una ganancia suficiente para pagar el vuelo de Varsovia a Delhi y el regreso.

     Más tarde, en 1990, cuando Polonia se convirtió en un país realmente "libre" (y cuando nuestras expediciones al Himalaya, previamente frecuentes, terminaron en forma abrupta) tuve noticias de aquellos antiguos montañistas, que se convirtieron después en comerciantes profesionales de algodón indio, mercancía que ellos venden en promedio a un precio no 5 sino 10 veces más alto que el precio que ellos pagaron en India. Y por supuesto, en una Polonia de "libre mercado" ellos obtuvieron el derecho de importar de India no 5 sino al menos 500 kilógramos de productos de algodón. (Escuché que en Francia y Suiza los comerciantes venden el algodón indio a un precio que excede entre 20 y 40 veces su valor en India). Esto significa que mientras más "libre" llega a ser el país, más fácilmente los comerciantes se enriquecen —y esto lo consideraremos como una regla general: un amigo mío que "se casó" con un gran huerto cerca de Poznan, descubrió que en el período "socialista" de los años '80, él vendía cerezas a Alemania por 80 centavos el kilógramo, mientras que ahora él puede conseguir para un kilógramo sólo 30 centavos, y él está considerando seriamente terminar la producción.

     En la Polonia de hoy los intermediarios comerciales se han hecho tan fuertes y tan bien organizados, que se sienten libres para imponer prácticamente cualquier precio que ellos deseen a los productores. Tras una investigación más detallada, el así llamado "libre mercado" resulta ser un lugar densamente cubierto por la "red invisible" de asociaciones comerciales formales e informales, todas las cuales "sorben la sangre" —para poner mis observaciones en los términos comunes en la Europa de hace cien años— tanto de los impotentes productores como de los artificialmente atontados consumidores. (La reciente historia del tratado secreto MAI —el Acuerdo Mutuo sobre Inversiones (Mutual Agreement on Investments)— que se suponía que daba a mercaderes transnacionales el derecho de imponer a los gobiernos nacionales cualquier concesión que ellos desearan, fue un caso raro de revelación de una parte de la "red" de contratos comerciales secretos que controlan el comportamiento diario de todos nosotros).

     Hay una comparación zoológica muy pertinente del comportamiento de las asociaciones mercantiles, informales y formales, con los hábitos de caza de una manada de lobos: estos inteligentes animales, mientras ejecutan el gran juego, "sin palabras", mediante simples toques de nariz, dividen sus papeles en el rodeo de la presa, en lograr su cansancio y finalmente en su matanza. (Es interesante que esta manera colectiva de cazar —y de alimentación, cuando los lobos más jóvenes y más débiles son invitados a participar en un banquete— estuvo completamente más allá de la capacidad de imaginación de Charles Darwin. En su famoso libro "El Origen de las Especies" él dio un ejemplo de la Selección Natural citando a un velocísimo lobo solitario cazando un ciervo —y luego consumiendo ese ciervo egoístamente— durante las duras condiciones invernales. En opinión de prominentes zoólogos, como Pierre-Paul Grassé de Francia, el libro "El Origen de las Especies" pertenece a los "cuentos científicos de hadas", populares en una sociedad dominada por comerciantes, cuya literatura pseudo-científica crea la impresión de la existencia, en el reino animal, de una continua lucha intra-específica (dentro de la especie). Por supuesto tan falsa y "burguesa" comprensión de la Naturaleza compromete eficientemente los esfuerzos orientados a nuestra liberación de la sujeción terrorista de los "comerciantes internacionales").

     Ya hace dos mil años un inoportuno profeta judío Jesús comparó a los "mercaderes del Templo" con un grupo de "lobos vestidos con pieles de cordero", y de acuerdo con este entendimiento los mercaderes fueron considerados a lo largo de los siglos como los depredadores más crueles y rapaces —vea por ejemplo la obra "El Mercader de Venecia" de Shakespeare. Esta actitud ha cambiado actualmente, pero en medio del siglo XIX el publicista francés Maurice Joly (quien a la edad de 48 años se suicidó por causa de la miseria), en un folleto anti-liberal, "Diálogo en los Infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu", ironizó acerca del valor cognoscitivo del famoso tratado de Montesquieu "El Espíritu de las Leyes". Él observó que "La Ley es sólo el pillaje disfrazado como Principios". Una interpretación tan poco ortodoxa de los "valores liberales" todavía existe entre los más educados –y observadores– intelectuales europeos. Hace pocos años el escritor inglés John Berger comentó, en un folletón publicado por "Le Monde Diplomatique", que el establishment comercial de Gran Bretaña hace dos siglos consistía en "pequeños gangsters".

    En años recientes, después de bombardeos terroristas en gran escala —primero de Yugoslavia, luego de las torres del WTC en Nueva York, luego de Afganistán— estaremos conscientes de que los "pequeños gangsters" de principios del siglo XIX evolucionaron hacia los GRANDES GANGSTERS de hoy, listos para una conquista del planeta entero. Como autores de los acontecimientos más espectaculares del 11 de Septiembre en EE.UU., los verdaderos organizadores de este suceso todavía permanecen en la sombra. Como lo observó Andreas von Buelow (vea el "Zeit-Fragen" del 27 de Enero), sólo los niños y los completos idiotas pueden creer en la versión oficial del espectáculo mostrado a nosotros en TV (para señalar el libro ”La Furia y el Orgullo" escrito recientemente por la publicista italo-estadounidense Oriana Fallaci).

     ¿Pero quiénes son los autores de este imponente espectáculo de demolición de alta tecnología de los rascacielos más altos de Manhattan?. En el sitio web rumormillnews.net uno puede leer la conclusión de una reunión de aproximadamente 200 pilotos estadounidenses de la aviación militar y civil, que estuvieron de acuerdo en que "todo esto fue coreografiado a la distancia desde un avión AWACS, (...) que exigió la complicidad en los niveles más altos del Gobierno, del Ejército y de los Servicios Secretos". Además, en el sitio wsws.com podemos encontrar la información de que la guerra contra Afganistán fue preparada en secreto con mucha anticipación, como la "empresa conjunta" (joint venture) de los gobiernos de la Nueva Rusia y el Viejo EE.UU..

     ¿De dónde se origina este entusiasmo de los "nuevos rusos" por una estrecha colaboración militar con el viejo enemigo mortal soviético?. Los oligarcas "nuevos rusos", que controlan el gobierno de Putin [2002], sólo hace unos años robaron —es decir, "privatizaron"— las fabulosas riquezas de la antigua Unión Soviética, y ahora ellos temen, con justicia, que la ola de revanchismo "nacional-bolchevique" los privará de su super-riqueza. Entonces es evidente que los Nuevos Rusos son "amigos naturales" de los Viejos Estadounidenses, sobre todo de aquellos que controlan numerosas fundaciones (no sólo la de Soros, sino también la Ford, Carnegie, Marshall, etcétera), las cuales están bien arraigadas actualmente en las estructuras abiertas/encubiertas de los círculos empresariales de Moscú y San Petersburgo. En la década pasada ellos aconsejaron a selectos "rusos" sobre cómo beneficiarse de la "perestroika", y ciertamente ellos no abandonarán a sus nuevos amigos en la indefensa Rusia en caso de una nueva ola de "bolchevismo".

     La masiva "privatización" —es decir, el robo— de la riqueza que antes perteneció o al Rey (o al Estado) y/o a las comunidades rurales (la llamada "gente común") comenzó en Inglaterra ya durante la Primera Revolución Industrial, y en el Continente las "privatizaciones" masivas alcanzaron su apogeo durante la Revolución francesa, hace más de doscientos años. En esa época, orgullosas "Declaraciones de Derechos Humanos" fueron concebidas tanto en Francia como en Norteamérica, y no es una sorpresa que estas jactanciosas "declaraciones" estuvieran en un alto grado orientadas a legalizar... el robo de las riquezas previamente comunes (y consideradas como "lo sagrado nacional"). La francesa ”Déclaration des droits de l’homme et de citoyen” de 1798 afirma por ejemplo en su artículo 2 que ”Estos derechos (humanos) son la igualdad, la libertad, la seguridad y la propiedad”, lo que claramente indica que antes, durante la época feudal, la propiedad privada no fue considerada como sagrada.

     Una vez que la propiedad privada se ha convertido en un "sacrum", todos los esfuerzos para adquirirla, previamente considerados como inmorales, se han hecho "sagrados" también. Con la Revolución Industrial la avaricia comenzó a ser considerada "natural", conduciendo de esa manera a un rápido empobrecimiento —característica del capitalismo temprano— de las masas populares repentinamente privadas de sus medios de subsistencia, y al increíble enriquecimiento de burgueses "clanes" comerciales. La influencia criminógena de estos famosos "Derechos Humanos" la podemos ver también hoy, sobre todo en Yugoslavia, cuyo país fue bombardeado —en nombre de los Derechos Humanos— por la aviación de la OTAN, que procuró demoler sobre todo fábricas, puentes, escuelas, emisoras y hospitales, que hasta el mismo final del siglo XX [1999] permanecieron como propiedad estatal yugoslava.

      Durante el siglo XIX especialmente un filósofo, al presente rápidamente olvidado en todos los países recientemente "ganados para el capitalismo", insistió en los peligros ocultos en los "Derechos Humanos" elaborados en ese tiempo. Analizando la mencionada anteriormente ”Déclaration des droits de l’homme”, él comentó que en su Artículo 6 la "libertad" estaba descrita como ”la posibilidad de hacer todo, siempre que no limite los derechos de otro hombre”. Según él, esto significa que «los límites dentro de los cuales a uno se le permite moverse están colocados como una frontera entre dos campos, con un obstáculo. Aquí tenemos la libertad de un hombre considerado como una mónada aislada (...) El derecho a la libertad no está construído sobre obligaciones que uno tiene con otros, sino al contrario, sobre "vallas" que lo aíslan de otros. (...) La aplicación práctica del derecho a la libertad es el derecho a la propiedad privada (...) que de hecho es la ley del egoísmo (...) A la luz de los "Derechos Humanos" un hombre no es considerado como un ser perteneciente a una especie (...) y la única obligación que lo une con otros es la necesidad (económica), el interés privado, la voluntad para mantener su propiedad y su persona egoísta. (...) En la sociedad civil ("Burgerliche Gesellshaft”) el hombre considera que los otros son sólo instrumentos, y se degrada a sí mismo al status de instrumento, convirtiéndose así en un objeto del juego de fuerzas que son ajenas a él».

     Poniendo la opinión de este filósofo de una manera más concisa, mediante la ejecución de los Derechos Humanos creamos el régimen despótico de los "hombres-instrumentos", es decir, de esclavos. (En una definición aristotélica clásica, un esclavo es "un instrumento viviente", que no actúa conducido por un motor endógeno ínsito en él, sino que es actuado por circunstancias exógenas. Esta antigua definición del servus-esclavo calza muy bien con la descripción de los modernos —y motivados por la avaricia— políticos, hombres de negocios, científicos, prostitutas y gangsters).

     Estas "herramientas vivientes" —es decir, hombres adultos cuyo comportamiento depende de fuerzas externas a ellos— están acostumbradas a actuar a partir de su limitado y comercial interés propio, y de esa manera ellos son entrenados sólo para promover instrumentos (aparatos mecánicos y comportamientos humanos mecánicos parecidos a instrumentos) en todos los más remotos lugares del planeta. Ésta es una muy evidente "misión" de la Civilización Occidental, que comienza con la Revolución Industrial. Simplemente, en nuestra cultura judeo-cristiana los inanimados objetos de adoración —en particular la Biblia— han llegado a ser una especie de "dios inanimado” para la gente simplona. Y en nombre de este "dios inanimado" de los refugiados religioso-económicos de Europa, fueron hechos todos esos salvajes exterminios de las civilizaciones "no-cristianas", en particular de los indios norteamericanos, hace una docena de décadas. Este proceso de "civilización" —es decir, de una mecanización total del comportamiento humano y del medioambiente humano— no se va a detener por sí mismo. Como en el caso del desarrollo del niño, varios estímulos desagradables —"vallados" claramente transgresivos puestos por los Derechos Humanos (y del Niño)— son necesarios para cultivar una personalidad totalmente madura, sin traspasar el nivel del egoísmo infantil que es tan característico del burgués anglosajón "darwiniano". (Si uno no está consciente de lo que significa este "cercado" artificial de los individuos humanos, recordaré que nuestras propias células mamíferas normales, cuando ellas permanecen —por cualquier motivo— aisladas unas de otras durante mucho tiempo, desarrollan una tendencia a convertirse en tejido canceroso "egoísta" y "económicamente emprendedor").

     Sin violar los límites, impuestos por los "Derechos Humanos", de los contactos humanos, ninguna maduración del comportamiento humano es posible. Esto lo declara explícitamente la teoría (y práctica) psicológica de Jean Piaget del desarrollo del niño. De otro modo nuestras élites —y las masas populares, controladas por las élites mediante retroalimentación— continuamente considerarán el mundo "todavía no-norteamericanizado" (esto significa todavía no privatizado) como el Mundo del Mal. Esta imaginación malvada e "infantil" fue en el pasado la fuente de todas las bestialidades cometidas por los estadounidenses: desde la exterminación de los indios a los bombardeos de Dresde e Hiroshima, y más recientemente, a la destrucción de Yugoslavia y Afganistán. Como cada guerra moderna ayuda a la perfección de los artilugios usados por los "guerreros comerciales" hastiados de su seguridad, así las guerras interminables contra el "mundo externo" se han transformado en uno de los más jugosos negocios estadounidenses. Como ironizó Bob Djurdjevic, el autor de un interesante sitio web, truthinmedia.org, «el verdadero mantra estadounidense del Nuevo Orden Mundial es: ”guerra perpetua para el comercio perpetuo”, no ”paz mundial por medio del comercio mundial", como los líderes globalistas afirman».

     Actualmente el Gobierno estadounidense abiertamente impulsa "la guerra final" contra un puñado de naciones, que hasta ahora han rechazado obedecer las órdenes de los Inversionistas Globales. Además, esta tendencia "a limpiar la Tierra de la gente condenada por Dios" tiene el apoyo de una mayoría sustancial de la población estadounidense, sobre todo en el llamado "Cinturón Bíblico" de Estados del Sur y del medio Oeste, desde Florida a Texas. ¿Pero qué se conseguirá una vez que estos proyectos de «una Creación de una "Nueva Tierra"», de acuerdo con las alucinaciones de hace 2.500 años del profeta Isaías, sean cumplidos?. Ya en 1912 el filósofo polaco Henryk Elsenberg, durante la primera ola de la globalización, escribió: ”Uno no tendría posibilidad de escaparse de los Estados Unidos de la Tierra. El hombre que piensa independientemente es condenado a la exterminación en tal súper-Estado, y esto sin ninguna esperanza. Una Humanidad dividida, es un purgatorio para un pensador, pero la Humanidad unificada sería un infierno sin posibilidad de escape. (...) La catástrofe de la unificación significa la tiranía generalizada y la muerte generalizada (de las facultades humanas para razonar)".

     Noventa años más tarde, en el período cuando la segunda ola de la "unificación planetaria" alcanza su funcionamiento pleno, deberíamos estar además conscientes de que tal "unificación", hecha en una manera declarada por nuestros altamente contaminantes "comerciantes-guerreros", en sólo unas pocas décadas cambiaría el paisaje de nuestras patrias en un enorme cúmulo de basura. ¿Qué clase de remedio podemos pensar contra esta —conocida desde hace milenios— "enfermedad de la civilización"?. Recordaré sólo que en un pequeño episodio relatado en la Biblia, generalmente no considerado por la Iglesia, tenemos una escena de Cristo flagelando a los Mercaderes del Templo —contra el Derecho Humano de éstos a vivir en seguridad. Y que el nombre del filósofo del siglo XIX, que descubrió que en una sociedad civil ("Burgerliche Gesellschaft") comercial los hombres piensan que los otros son meros instrumentos, y se degradan a sí mismos al rol de una herramienta, era Karl Marx. Él hizo este comentario sobre la esencia de los "Derechos Humanos" en un excelente ensayo titulado "Zur Judenfrage" [Sobre la Cuestión Judía], publicado en el Deutsch-Französische Jahrbücher de 1844.–



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