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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Alfred McCoy - Sobre Súper-Armas y Dominio Global



     Hace seis días se publicó en www.tomdispatch.com este artículo de Alfred W. McCoy, quien es profesor de Historia en la Universidad de Wisconsin-Madison. Él es el autor principal del libro Endless Empire (Universidad de Wisconsin, 2012), que es la fuente para la mayor parte del material en este ensayo. Trata en este texto que hemos traducido, acerca del probable desarrollo del sistema armamentístico y de vigilancia estadounidense que involucra ya derechamente todo el espacio que rodea al planeta, y de cómo ya juega en este asunto un papel primordial el arma por excelencia de los valientes: el avión no tripulado y teledirigido que observa y mata a distancia, al que tan duro le da el moreno Premio Nóbel de la Paz.



Más Allá de las Bayonetas
y los Buques de Guerra:
La Guerra Espacial y el Futuro del
Poder Global Estadounidense
por Alfred W. McCoy
8 de Noviembre de 2012




     Es 2025 y una triple protección de vigilancia avanzada y drones armados llena los cielos estadounidenses desde lo más abajo hasta la exo-atmósfera. Una maravilla de la edad moderna puede transportar su armamento a cualquier lugar del planeta con velocidad asombrosa, dejar fuera de combate el sistema de comunicaciones satelitales de un enemigo, o seguir a individuos biométricamente durante grandes distancias. Junto con la avanzada capacidad de ciberguerra del país, es también el sistema de información militarizado más sofisticado alguna vez creado y una póliza de seguros para el dominio global estadounidense profundamente en el siglo veintiuno. Esto es el futuro como el Pentágono lo imagina; está bajo desarrollo, y los estadounidenses no saben nada sobre ello.

     Ellos todavía están funcionando en otra época. "Nuestra Marina es más pequeña ahora que en cualquier otro momento desde 1917", se quejó el candidato republicano Mitt Romney durante el último debate presidencial.

     Con palabras de burla mordaz, el presidente Obama le contestó de vuelta: "Bien, gobernador, también tenemos menos caballos y bayonetas, porque la naturaleza de nuestro ejército ha cambiado... el asunto no es un juego de Battleship, donde contamos los barcos, sino cuáles son nuestras capacidades".

     Obama más tarde ofreció sólo un indicio de cuáles podrían ser aquellas capacidades: "Lo que hice fue trabajar con nuestros Jefes de Estado Mayor Conjunto para pensar en qué vamos a necesitar en el futuro para asegurarnos de que estamos fuera de peligro. Tenemos que pensar acerca de la ciberseguridad. Tenemos que hablar del espacio".

     Entre toda la charla de los medios posterior al debate, sin embargo, ni un solo comentarista pareció tener alguna pista acerca de los profundos cambios estratégicos codificados en las escasas palabras presidenciales. Pero durante los pasados cuatro años, trabajando en silencio y en el secreto, la administración de Obama ha presidido una revolución tecnológica en la planificación de la defensa, moviendo la nación mucho más allá de las bayonetas y los buques de guerra hacia la ciberguerra y la militarización a gran escala del espacio aéreo. Ante la disminución de la influencia económica, este audaz nuevo avance en lo que se ha llamado "la guerra de la información" puede demostrarse como considerablemente responsable si el dominio global estadounidense debería de alguna manera proseguir durante el siglo veintiuno.

     Mientras los cambios tecnológicos implicados son nada menos que revolucionarios, ellos tienen raíces profundamente históricas en un estilo distintivo del poder global estadounidense. Ha sido evidente a partir del momento que esta nación entró por primera vez en el escenario mundial con su conquista de las Filipinas en 1898. En el lapso de un siglo, sumergido en tres crisoles asiáticos de la contrainsurgencia —en las Filipinas, Vietnam y Afganistán— el ejército estadounidenses ha sido repetidamente empujado hacia el punto de quiebre. Y éste ha respondido repetidamente fusionando las más avanzadas tecnologías nacionales en nuevas infraestructuras de información de un poder sin precedentes.

     Aquellos militares primero crearon un régimen de manual de información para la pacificación filipina, y luego un sistema computarizado para luchar contra la guerrilla comunista en Vietnam. Finalmente, durante su más de una década en Afganistán (y sus años en Iraq), el Pentágono ha comenzado a fusionar la biométrica, la ciberguerra, y un potencial futuro escudo del espacio aéreo de triple protección en un régimen de información robótica que podría producir una plataforma de poder sin precedentes para el ejercicio del dominio global —o para el futuro desastre militar.


La Primera Revolución de la Información en EE.UU.

     Este distintivo sistema estadounidense de la recolección de información imperial (y las prácticas de la vigilancia y la fabricación de guerras que van con ello) remonta sus orígenes a algunas brillantes innovaciones estadounidenses en el manejo de datos textuales, estadísticos y visuales. Su suma fue nada menos que una nueva infraestructura de información con una capacidad sin precedentes para la vigilancia de las masas.

     Durante dos décadas extraordinarias, invenciones estadounidenses como el telégrafo quadruplex de Thomas Alva Edison (1874), la máquina de escribir comercial de Philo Remington (1874), el sistema decimal de biblioteca de Melvil Dewey (1876), y la tarjeta perforadora patentada de Herman Hollerith (1889), crearon sinergias que condujeron a la aplicación militarizada de la primera revolución de la información en Estados Unidos. Para pacificar una determinada resistencia guerrillera que persistió en las Filipinas durante una década después de 1898, el régimen colonial estadounidense —a diferencia de los Imperios europeos con sus estudios culturales de las "civilizaciones orientales"— usó estas avanzadas tecnologías de la información para acumular datos empíricos detallados sobre la sociedad filipina. De esta manera, ellos forjaron un aparato de seguridad con los ojos de Argos que desempeñó un papel principal en aplastar el movimiento nacionalista filipino. El resultante sistema colonial de policía y vigilancia también dejaría una impronta institucional durable en el Estado estadounidense emergente.

     Cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial en 1917, el "padre de la inteligencia militar estadounidense", el coronel Ralph Van Deman, se basó en métodos de seguridad que él había desarrollado años antes en las Filipinas para fundar la División de Inteligencia Militar del Ejército. Él reclutó un personal que rápidamente creció desde uno (él mismo) a 1.700 personas, utilizó aproximadamente unos 300.000 agentes-ciudadanos para compilar más de un millón de páginas de informes de vigilancia sobre ciudadanos estadounidenses, y puso los fundamentos para un aparato de vigilancia doméstico permanente.

     Una versión de este sistema se alzó hasta un éxito sin paralelos durante la Segunda Guerra Mundial cuando Washington estableció la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) como la primera agencia nacional de espionaje mundial. Entre sus nueve ramas, Research & Analysis reclutó un personal de casi 2.000 académicos, que acumularon 300.000 fotografías, un millón de mapas y tres millones de fichas de archivo, que ellos desplegaron en un sistema de información vía "indexación, indexación cruzada, y contraindexación" para contestar innumerables preguntas tácticas.

     Pero a principios de 1944, la OSS se encontró, en palabras del historiador Robin Winks, "ahogándose bajo el flujo de información". Muchos de los materiales que había coleccionado con tanto cuidado fueron dejados para descomponerse en su almacenamiento, no leídos y no procesados. A pesar de su ambicioso alcance global, este primer régimen estadounidense de información, estando ausente el cambio tecnológico, bien podría haber colapsado bajo su propio peso, enlenteciendo el flujo de la inteligencia extranjera que demostraría ser tan crucial para el ejercicio estadounidense del dominio global después de la Segunda Guerra Mundial.


La Informatización de Vietnam

     Bajo las presiones de una guerra interminable en Vietnam, aquellos que dirigían la infraestructura de la información estadounidense se cambiaron a un manejo computarizado de datos, lanzando un segundo régimen estadounidense de información. Desarrollado por las más avanzadas grandes computadores de IBM, los militares estadounidenses compilaron tabulaciones mensuales de seguridad en todos los 12.000 pueblos de Vietnam del Sur y archivaron los tres millones de documentos enemigos que sus soldados capturaron anualmente en gigantescos rollos de película con códigos de barra. Al mismo tiempo, la CIA cotejó y computarizó datos diversos sobre la infraestructura civil comunista como parte de su infame Programa Phoenix. Esto, por su parte, se convirtió en la base para sus torturas sistemáticas y sus 41.000 "ejecuciones extra-judiciales" (las que, basadas en la desinformación de pequeños resentimientos locales y el contraespionaje comunista, mataron a muchos, pero no capturaron más que a un puñado de cuadros comunistas superiores).

     Más ambiciosamente, la Fuerza Aérea estadounidense gastó 800 millones de dólares por año para acordonar Laos del Sur con una red de 20.000 sensores acústicos, sísmicos, termales y sensibles al amoníaco, para localizar las caravanas de camiones de Hanoi que recorrían el camino de Ho Chi Min bajo la espesa protección de la selva. La información así recolectada fue luego reunida en sistemas computarizados para los programados incesantes bombardeos. Después de que 100.000 soldados vietnamitas del Norte pasaron directamente por esta no detectada rejilla electrónica con camiones, tanques y artillería pesada para lanzar la ofensiva Nguyen Hue en 1972, la Fuerza Aérea estadounidense del Pacífico juzgó este audaz intento de construír un "campo de batalla electrónico" como un fracaso rotundo.

     En esta olla a presión de lo que se convertiría en la guerra aérea más grande de la Historia, la Fuerza Aérea también aceleró la transformación de un nuevo sistema de información que sería significativo tres décadas más tarde: el vehículo aéreo teledirigido Firebee. Hacia el final de la guerra, éste se había transformado en un avión no tripulado cada vez más ágil que haría 3.500 vuelos ultrasecretos de vigilancia sobre China, Vietnam del Norte y Laos. Hacia 1972, el drone SC/TV, con una cámara en su nariz, era capaz de volar 2.400 millas navegando mediante una imagen de televisión de baja resolución.

     A fin de cuentas, todos estos datos computarizados ayudaron a fomentar la ilusión de que los programas estadounidenses de "pacificación" en los campos estaban persuadiendo a los habitantes de los pueblos de Vietnam, y la ilusión de que la guerra aérea estaba destruyendo exitosamente el esfuerzo de suministro de Vietnam del Norte. A pesar de una funesta sucesión de fracasos a corto plazo que ayudaron a dar un golpe abrasador al alma del poder estadounidense, toda esta recopilación de datos computarizados demostró ser un experimento germinal, aun cuando sus avances no se hicieran evidentes durante otros 30 años, hasta que Estados Unidos comenzó a crear un tercer –robótico– régimen de información.


La Guerra Global Contra el Terrorismo

     Como se encontró al borde de la derrota en la intentada pacificación de dos sociedades complejas, Afganistán e Iraq, Washington respondió en parte adaptando nuevas tecnologías de vigilancia electrónica, identificación biométrica y guerra de drones, todas las cuales se están conjugando ahora en lo que puede llegar a ser un régimen de información mucho más poderoso y destructivo que cualquiera que haya surgido antes.

     Después de seis años de un fallido esfuerzo de contrainsurgencia en Iraq, el Pentágono descubrió el poder de la identificación biométrica y la vigilancia electrónica para pacificar las dispersas ciudades del país. Luego construyó una base de datos biométrica con más de un millón de huellas digitales iraquíes y escaneos de iris con los cuales las patrullas de Estados Unidos en las calles de Bagdad podrían tener acceso al instante mediante enlace satelital a un centro computacional en West Virginia.

     Cuando el presidente Obama tomó posesión del cargo y lanzó su "oleada", escalando el esfuerzo de guerra estadounidense en Afganistán, aquel país se convirtió en una nueva frontera para probar y perfeccionar dichas bases de datos biométricas, así como para la guerra con drones a gran escala tanto en ese país como en las áreas fronterizas tribales paquistaníes, el último escollo en una guerra tecnológica ya desencadenada por la administración de Bush. Esto significó acelerar los desarrollos tecnológicos en la guerra con drones que había estado largamente suspendida durante dos décadas después de la guerra de Vietnam.

     Lanzado en 1994 como un avión de vigilancia experimental, carente de armamento, el drone Predator fue desplegado primeramente en 2000 para la vigilancia de combate bajo la Operación "Ojos Afganos" de la CIA. Hacia 2011, el drone MQ-9 Reaper, con capacidades "persistentes de asesino cazador", estaba fuertemente armado con misiles y bombas así como con sensores que podrían leer la tierra alterada desde 5.000 pies de altura y rastrear las huellas hasta las instalaciones enemigas. Como un indicador del intenso ritmo del desarrollo de los drones, entre 2004 y 2010 el tiempo total de vuelo para todos los vehículos no tripulados se elevó de sólo 71 horas a 250.000.

     Hacia 2009, la Fuerza Aérea y la CIA estaban ya desplegando una armada de drones de al menos 195 Predators y 28 Reapers dentro de Afganistán, Iraq y Paquistán —que sólo ha ido en aumento desde entonces. Estos aparatos recolectaron y transmitieron 16.000 horas de video diariamente, y entre 2006 y 2012 dispararon cientos de misiles Hellfire que mataron a aproximadamente 2.600 supuestos insurgentes dentro de las áreas tribales de Paquistán. Aunque los drones Reaper de segunda generación pudieran parecer increíblemente sofisticados, un analista de defensa los ha llamado como "bastante modelo Ford T". Más allá del campo de batalla, hay ahora aproximadamente 7.000 drones en la armada estadounidense de aviones no tripulados, incluyendo 800 drones más grandes que disparan misiles. Financiando su propia flota de 35 drones y tomando prestado otros de la Fuerza Aérea, la CIA se ha movido más allá de la pasiva recolección de inteligencia a construír una capacidad robótica paramilitar permanente.

     En los mismos años apareció otra forma de la guerra de información, muy literalmente en línea. Por más de dos administraciones ha habido continuidad en el desarrollo de una capacidad de ciberguerra dentro de EE.UU. y en el exterior. Comenzando en 2002, el presidente George W.C. Bush autorizó ilegalmente a la Agencia de Seguridad Nacional para escanear incontables millones de mensajes electrónicos con su ultrasecreta base de datos "Pinwale". Del mismo modo, la FBI comenzó un Depósito Investigativo de Datos que, hacia 2009, tenía mil millones de archivos individuales.

     Bajo los Presidentes Bush y Obama, la vigilancia digital defensiva se ha convertido en una capacidad de "ciberguerra" ofensiva, que ha sido desplegada ya contra Irán en la primera ciberguerra significativa de la Historia. En 2009, el Pentágono formó el Ciber Comando estadounidense (CYBERCOM), con su cuartel central en Ft. Meade, Maryland, y un centro de ciberguerra en la base aérea Lackland en Texas, conformado por 7.000 empleados de la Fuerza Aérea. Dos años más tarde éste declaró al ciberespacio como un "dominio operacional", como el aire, la tierra o el mar, y comenzó a poner su energía en el desarrollo de un equipo de ciberguerreros capaces de lanzar operaciones ofensivas, como una multiplicidad de ataques contra las centrifugadoras automatizadas en las instalaciones nucleares de Irán y los bancos del Medio Oriente que manejan el dinero iraní.


Un Régimen de Información Robótica

     Como con la insurrección filipina y la guerra de Vietnam, las ocupaciones de Iraq y Afganistán han servido como el catalizador para un nuevo régimen de información, fusionando el espacio aéreo, el ciberespacio, la biométrica y la robótica en un sistema de poder potencialmente sin precedentes. En 2012, después de años de guerra en tierra en ambos países y de un continuo aumento del presupuesto del Pentágono, la administración de Obama anunció una futura estrategia de defensa más austera. Esto incluía un recorte del 14% en la futura fuerza de infantería para ser compensada por un mayor énfasis en inversiones en las áreas del espacio exterior y del ciberespacio, particularmente en lo que la administración llama las "capacidades críticas basadas en el espacio".

     Hacia 2020, esta nueva arquitectura de defensa debería ser teóricamente capaz de integrar el espacio, el ciberespacio y el combate terrestre por medio de la robótica para —así dicen las afirmaciones— la entrega de la información coherente para la acción letal. Significativamente, tanto el espacio como el ciberespacio son áreas nuevas y no reguladas del conflicto militar, en gran parte más allá de la ley internacional. Y Washington espera usar ambos, sin limitación, como palancas de Arquímides para ejercer nuevas formas de dominio global en el siglo veintiuno, tal como el Imperio británico alguna vez gobernó desde los mares y el Imperio estadounidense de la Guerra Fría ejerció su alcance global mediante el poder aéreo.

     Como Washington busca vigilar el globo desde el espacio, el mundo bien podría preguntar: ¿Cuán alto llega la soberanía nacional?. En ausencia de cualquier acuerdo internacional sobre el grado vertical del espacio aéreo soberano (ya que una conferencia sobre la ley aérea internacional, convocada en París en 1910, fracasó), algún doloso abogado del Pentágono podría contestar: sólo tan alto como usted pueda hacerla cumplir. Y Washington ha llenado este vacío legal con una matriz ejecutiva secreta —manejada por la CIA y el clandestino Comando de Operaciones Especiales— que asigna nombres arbitrariamente, sin ningún tipo de supervisión judicial, en una confidencial "lista de asesinatos" que significa la muerte silenciosa y repentina desde el cielo para los sospechosos de terrorismo a través del mundo musulmán.

     Aunque los proyectos estadounidenses para la guerra espacial permanezcan altamente confidenciales, es posible reunir las piezas de este rompecabezas aeroespacial recorriendo los sitios web del Pentágono, y encontrando muchos de los componentes claves en las descripciones técnicas de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA). Tan pronto como en 2020, el Pentágono espera patrullar el globo entero sin cesar e implacablemente mediante un escudo espacial de una triple defensa, alcanzando desde la estratósfera a la exósfera mediante drones armados con ágiles misiles, unidos por un resistente sistema satelital modular, monitoreado mediante un sistema pan-óptico telescópico, y hecho funcionar por controles robóticos.

     En el nivel inferior de este emergente escudo aeroespacial estadounidense, a corta distancia distancia de la Tierra en la estratósfera inferior, el Pentágono está construyendo una armada de 99 drones Global Hawk equipados con cámaras de alta resolución capaces de vigilar todo el terreno dentro en un radio de 160 kms., con sensores electrónicos para interceptar comunicaciones, con motores eficientes para vuelos de 24 horas continuas, y eventualmente misiles Triple Terminator para destruír los objetivos abajo. A finales de 2011, la Fuerza Aérea y la CIA ya tenían circundada la masa continental euroasiática con una red de 60 bases para drones armados con misiles Hellfire y bombas GBU-30, permitiendo ataques aéreos contra objetivos casi en cualquier parte de Europa, África o Asia.

     La sofisticación de la tecnología en este nivel fue expuesta en Diciembre de 2011 cuando uno de los drones RQ-170 Sentinel de la CIA fue hecho aterrizar en Irán [por los iraníes]. Se reveló que se trataba de un drone con alas de murciélago equipado con capacidad invisibilizadora que evade el radar, radar activo de escaneo electrónico, y una óptica avanzada "que permite a los operadores identificar positivamente a sospechosos de terrorismo desde miles de metros de altura".

     Si las cosas van de acuerdo a lo planeado, en este mismo nivel inferior en altitudes de hasta 19 kms., aviones no tripulados como el "Vulture", con paneles solares cubriendo su masiva envergadura de 120 metros, estarán patrullando el globo sin cesar durante hasta cinco años, provistos a la vez con sensores para la vigilancia ininterrumpida, y posiblemente misiles para ataques letales. Estableciendo la viabilidad de esta nueva tecnología, el avión Pathfinder de la NASA potenciado por energía solar, con una envergadura de 30 metros, alcanzó una altitud de 21,8 kms. en 1997, y su sucesor de cuarta generación, el "Helios", voló a 29,5 kms. con una envergadura de 74 metros en 2001, 3,2 kms. más alto que cualquier avión anterior.

     Para el siguiente nivel por encima de la Tierra, en la estratósfera superior, la DARPA y la Fuerza Aérea están colaborando en el desarrollo del Falcon Hypersonic Cruise Vehicle. Volando a una altitud de 32 kms., se espera que "conduzca 5.500 kgs. de carga útil a una distancia de 16.600 kms. desde el Estados Unidos continental en menos de dos horas". Aunque los primeros lanzamientos de prueba en Abril de 2010 y Agosto de 2011 se estrellaran en medio del vuelo, ellos alcanzaron asombrosamente 20.900 kms. por hora, 22 veces la velocidad del sonido, y enviaron "datos únicos" que deberían ayudar a resolver algunos problemas aerodinámicos restantes.

     En el nivel externo de esta cubierta aeroespacial de triple nivel, la época de la guerra espacial amaneció en Abril de 2010 cuando el Pentágono silenciosamente lanzó el drone espacial X-37B, una máquina no tripulada de sólo 8,7 metros de largo, en una órbita a 400 kms. por encima de la Tierra. En su momento, su segundo prototipo aterrizó en la base Vandenberg de la Fuerza Aérea en Junio de 2012 después de un vuelo de 15 meses. Esta misión confidencial representó una prueba exitosa de "nave espacial reutilizable robóticamente controlada" y estableció la viabilidad de los drones espaciales no tripulados en la exósfera.

     En este extremo superior de la triple cubierta, 320 kms. por encima de la Tierra donde los drones espaciales deambularán pronto, los satélites orbitales son los objetivos principales, una vulnerabilidad que se hizo obvia en 2007 cuando China usó un misil tierra-aire para derribar uno de sus propios satélites. En respuesta, el Pentágono está desarrollando ahora el sistema satelital F-6 que "descompondrá una gran nave espacial monolítica en un grupo de elementos inalámbricamente unidos, o nodos (que aumenta) la resistencia a... una grave rotura o un ataque del adversario". Y tenga presente que el X-37B tiene un espacio de carga para llevar misiles o futuro armamento láser para dejar fuera de combate a satélites enemigos; en otras palabras, la capacidad potencial de mutilar las comunicaciones de un futuro rival militar como China, que tendrá su propio sistema satelital global en funciones hacia 2020.

     Por último, el impacto de este tercer régimen de información será formado por la capacidad de los militares estadounidenses para integrar su arsenal de armamento aeroespacial global en una estructura de comando robótica que sería capaz de coordinar las operaciones a través de todas las esferas de combate: espacio, ciberespacio, cielo, mar y tierra. Para manejar el creciente torrente de información dentro de esta delicadamente equilibrada triple cubierta, el sistema, al final, tendría que llegar a ser auto-mantenido por medio de "tecnologías manipuladoras robóticas", como el sistema FREND del Pentágono que algún día podría potencialmente transportar combustible, proporcionar reparaciones, o poner satélites en nuevas posiciones.

     Para un nueva óptica global, la DARPA está construyendo el Telescopio de Vigilancia Espacial (SST) de amplio ángulo, que podría ser situado en bases que rodean el globo para un salto espectacular en la "vigilancia espacial". El sistema permitiría que futuros guerreros espaciales vieran todo el cielo envolviendo el planeta entero mientras están sentados delante de una pantalla, haciendo posible rastrear cada objeto en la órbita de la Tierra.

     La operación de este complejo sistema mundial requerirá, como un funcionario de la DARPA explicó en 2007, "una agrupación integrada de sistemas de vigilancia espacial —una arquitectura— que sea a prueba de filtraciones". Así, hacia 2010, la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial tenía 16.000 empleados, un presupuesto de 5 mil millones de dólares, y una masiva oficina central de 2 mil millones de dólares en Fort Belvoir, Virginia, con 8.500 empleados involucrados en la seguridad electrónica, todos enfocados en la coordinación del diluvio de datos de vigilancia provinientes de los Predators, Reapers, aviones espía U-2, Global Hawks, drones espaciales X-37B, Google Earth, Telescopios de Vigilancia Espacial y satélites orbitales. Hacia 2020 o a partir de entonces, un tecno-sistema tan complejo es poco probable que respetará lo programado. Esta triple cubierta debería ser capaz de vaporizar a un "terrorista" con un golpe de misil después de rastrear su globo ocular, su imagen facial, o su firma de calor por cientos de millas a través del campo y la favela, o cegar a un ejército entero dejando fuera de combate todas las comunicaciones de tierra, la aviónica y la navegación naval.


¿Dominio Tecnológico o Tecno-Desastre?

     Mirando detenidamente en el futuro, un equilibrio todavía incierto de fuerzas ofrece dos escenarios competidores para la continuación del poder global estadounidense. Si todo o gran parte va según el plan, algún día en la tercera década de este siglo el Pentágono completará un sistema de vigilancia global completo para la Tierra, el cielo y el espacio, usando la robótica para coordinar un verdadero diluvio de datos provinientes de la monitorización biométrica al nivel de la calle, ciber-extracción de datos, una red mundial de Telescopios de Vigilancia Espacial y de patrullas aeronáuticas de la triple cubierta. Mediante un ágil manejo de datos de excepcional poder, este sistema podría permitir a Estados Unidos un veto de letalidad global, un compensador para cualquier posterior pérdida de fuerza económica.

     Sin embargo, como en Vietnam, la Historia ofrece algunos paralelos pesimistas cuando vemos a Estados Unidos preservando su hegemonía global por medio de la tecnología militarizada sola. Incluso si este régimen robótico de información pudiera de alguna manera comprobar el creciente poder militar de China, Estados Unidos podría aún tener la misma posibilidad de controlar fuerzas geopolíticas más amplias con la tecnología aeroespacial que el Tercer Reich tuvo de ganar la Segunda Guerra Mundial con sus "super armas" —los cohetes V-2 que llovieron la muerte sobre Londres y los aviones a reacción Messerschmitt Me-262 que golpearon duramente a los bombarderos aliados en los cielos de Europa. Complicando el posterior futuro, la ilusión de la omnisciencia de la información podría inclinar Washington a más desventuras militares parecidas a Vietnam o Iraq, creando la posibilidad de conflictos aún más caros y agotadores, desde Irán al Mar del Sur de China.

     Si el futuro del poderío mundial de Estados Unidos está formado por los acontecimientos actuales más bien que por las tendencias económicas a largo plazo, entonces su destino bien podría estar determinado por lo que venga primero en este ciclo de un siglo: el fracaso militar de la ilusión del dominio tecnológico, o un nuevo régimen tecnológico lo bastante poderoso como para perpetuar el dominio global estadounidense.–



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