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sábado, 6 de octubre de 2012

Paul Grubach - La Imposibilidad de la Leyenda de Auschwitz

     En el sitio www.rense.com se encuentra en inglés este artículo ("The Chemical and Toxicological Impossibility of the Auschwitz Gas Chamber Legend") del estadounidense señor Grubach, quien ha escrito varios artículos relacionados con la revisión histórica de la Segunda Guerra Mundial y algunas mentiras propagandísticas que todavía pasan por verdades. Aquí repasa un aspecto del tema que autores como Faurisson o Leuchter dejaron en claro que constituía un engaño. No pretende este texto, como el mismo autor lo reconoce, presentarse como novedad, sino que su intención es mayormente pedagógica. Dice este texto que hemos traducido ser la segunda parte de una serie de dos, pero no hemos dado con la primera.




La Imposibilidad Química y Toxicológica
de la Leyenda de la Cámara de Gas
de Auschwitz
por Paul Grubach
3 de Marzo de 2006



     Nota preliminar: Este ensayo está dedicado al académico revisionista del "Holocausto" doctor Robert Faurisson. Él fue el primero en señalar la imposibilidad química y toxicológica de estas historias de la cámara de gas de Auschwitz.


Sección I

     A principios de 2005 la historiadora del "Holocausto" Deborah E. Lipstadt publicó su extensamente admirada "History on Trial: My Day in Court with David Irving" (Harper Collins Publishers). El libro es su versión de los acontecimientos que rodearon al prominente juicio por difamación del año 2000 en el cual el historiador británico David Irving demandó a Lipstadt por etiquetarlo como un "negador del Holocausto". Durante la duración del proceso, el foco de los medios estuvo puesto sobre la batalla en curso entre las opiniones tradicionales y las revisionistas acerca de la tragedia judía durante la Segunda Guerra Mundial. En su publicación ella puso en términos simples que cualquiera pudiera entender, las razones directas en cuanto a por qué habría que rechazar las teorías revisionistas del "Holocausto" y aceptar la existencia de las homicidas cámaras de gas de Auschwitz.

     En la Parte I de esta serie en dos partes, ya refutamos una parte de la crítica de Lipstadt hacia Fred Leuchter, el experto estadounidense en cámaras de gas que realizó el primero de todos los estudios forenses de las presuntas cámaras de gas de Auschwitz. Vimos que, aunque el informe pionero de Leuchter tuviera sus defectos, sus conclusiones estaban esencialmente confirmadas por el más exhaustivo y minucioso estudio científico del ex-candidato a doctor en química por el Instituto Max Planck, señor Germar Rudolf.

     Ambos informes encontraron sólo minúsculos rastros de residuos de gas de cianuro de hidrógeno (HCN) en las muestras tomadas de las paredes y pisos de las presuntas homicidas cámaras de gas de Auschwitz. Pero cantidades muy grandes de residuos de HCN fueron encontradas en las muestras tomadas de las cámaras no-homicidas de desinfección, donde el HCN fue usado sólo para despiojar colchones, ropas y otras pertenencias. Si las instalaciones en cuestión realmente fueron usadas como homicidas cámaras de gas, uno esperaría encontrar una concentración considerable de residuos de HCN, algo comparable a la encontrada en las cámaras de desinfección. En ambos informes las conclusiones son las mismas: las presuntas cámaras de gas homicidas nunca existieron.

     Aquí en la Parte II examinaremos la técnica y la operación de las supuestas cámaras de gas de Auschwitz como las planteó la profesora Lipstadt y uno de sus testigos expertos principales, el doctor Robert Jan van Pelt, y luego haremos las preguntas: "¿Es esto científicamente posible?. ¿Existieron alguna vez las cámaras de gas?".


Sección II

     En su tentativa de demostrar que las cámaras de gas de Auschwitz existieron, Lipstadt critica el informe del revisionista del "Holocausto" y experto en cámaras de gas señor Leuchter. "Si Irving hubiera hecho un poco de investigación", escribe ella, "podría haber descubierto la equivocada presunción de Leuchter de que se necesitaban 3.200 partes de HCN por millón para matar a los seres humanos, cuando de hecho se requería mucho menos. Sobre la base de este cálculo incorrecto, Leuchter había sostenido que el residuo de una cantidad tan grande de gas [habría requerido que] los Sonderkommandos —los presidiarios que retiraban los cuerpos— hubieran tenido que esperar veinticuatro horas antes de entrar en las cámaras" (op. cit., p.122).

     A fin de dar al lector la perspectiva apropiada, recreemos el escenario de la señora Lipstadt: Las pretendidas víctimas (entre mil y dos mil) eran apiñadas en la cámara de gas. El mortal cianuro de hidrógeno era hecho circular por toda la cámara, y las víctimas eran asesinadas. Los sistemas de ventilación removían el HCN residual. Entonces los presidiarios entraban en la cámara y sacaban los cuerpos para su incineración. Ella afirma que era erróneo por parte de Leuchter afirmar que los Sonderkommandos habrían tenido que esperar veinticuatro horas antes de entrar en la cámara. Esta afirmación y otras estaban equivocadas, insiste Lipstadt, "porque realmente sólo se requería el 10% de lo que Leuchter había asumido que era necesario para matar a la gente". Ella afirma que éste es el error fundamental de Leuchter: "La presunción de que se requería mucho más gas para matar a la gente que para matar bichos, cuando, de hecho, lo contrario es lo verdadero" (Ibid, pp. 122, 131).

     Puesto simplemente, se usaba mucho más gas en una desinfección no-homicida que en un gaseamiento homicida (Ibid. p.36).

     Las aseveraciones del fallecido Jean-Claude Pressac —un ampliamente respetado experto en las cámaras de gas de Auschwitz cuyo trabajo intentó refutar a los revisionistas del "Holocausto"— debilitan las de Lipstadt. Pressac afirmó que entre 12 y 20 gramos por metro cúbico es la concentración del HCN supuestamente usado en un gaseamiento homicida, mientras que entre 2 y 5 gramos por metro cúbico era la concentración usada en la desinfección / despiojamiento no-homicida [1]. Contradiciendo a Lipstadt, Pressac afirma que una mayor concentración de gas habría sido usada para matar a la gente que la que se necesitaba para matar bichos en un despiojamiento. Nuevamente la afirmación de Pressac contradice a Lipstadt, lo que sugiere que ella y sus socios promotores de la ideología del Holocausto cambian su historia según las necesidades de propaganda del momento. Aquí entra el doctor Robert Jan van Pelt, un profesor de arquitectura en la Universidad de Waterloo, Canadá. Él es ampliamente considerado el principal experto en la técnica y funcionamiento de las presuntas cámaras de gas de Auschwitz. En conexión con la defensa de la profesora Lipstadt en la demanda por difamación Irving-Lipstadt en Londres de Enero a Abril de 2000, Van Pelt testificó como un testigo experto en estos supuestos instrumentos de asesinato de masas. Se hace prontamente evidente que Lipstadt se apoya fuertemente en el trabajo de Van Pelt en la tentativa de ella de demostrar la existencia de las cámaras de gas en Auschwitz. De este modo, cualquier crítica a las teorías de Lipstadt también debe ser una crítica a Van Pelt.

[1. Jean-Claude Pressac, Auschwitz: Technique and Operation of the Gas Chambers (Beate Klarsfeld Foundation, 1989), pp.16, 18, 31. Online: http://www.mazal.org/Pressac/Pressac0011.htm].

     En su opus magnum, Van Pelt hace tres importantes afirmaciones en cuanto a la técnica y funcionamiento de las homicidas cámaras de gas. Primero, la mayor parte del mortal gas de cianuro de hidrógeno liberado en la cámara era absorbido por los cuerpos de las víctimas.

     Contradiciendo las afirmaciones revisionistas del "Holocausto", él luego insiste en que los sistemas de ventilación de las cámaras de gas eran lo bastante eficientes para quitar prácticamente todo el HCN restante después de un gaseamiento masivo, de modo que los Sonderkommandos pudieran entrar en las cámaras en un muy corto tiempo después de la muerte de todas las víctimas a fin de hacer su trabajo. En las propias palabras de Van Pelt: "La situación en las cámaras de gas era diferente. Con su poderoso sistema de ventilación y con el hecho de que la mayor parte del cianuro de hidrógeno era absorbido por los cuerpos de las víctimas, el tiempo [necesario para ventilar las cámaras de gas de modo que los Sonderkommandos pudieran entrar sin peligro en ellas para sacar los cuerpos] podía ser reducido a veinte minutos" (Robert Jan van Pelt, The Case for Auschwitz: Evidence from the Irving Trial, Indiana University Press, 2002, p.275).

     Finalmente, él afirma que David Olère, un judío-francés deportado a Auschwitz en 1943, es uno de los testigos oculares más importantes del funcionamiento de las cámaras de gas. En sus propias palabras, los bocetos de Olère "proporcionan un registro visual muy importante del diseño y el funcionamiento de la cámara de gas y de los incineradores del Crematorio 3" (op. cit., p.173). En efecto, a través de todo su estudio él intenta demostrar que Olère es un testigo ocular creíble mostrando cómo sus esbozos son coherentes con la evidencia física.

     Jean-Claude Pressac también afirmó que los dibujos de Olère, que serán examinados en este artículo, son un importante registro visual del funcionamiento de las homicidas cámaras de gas (Pressac, p. 493. Documentos 30 y 31, online: http://www.mazal.org/Pressac/Pressac0493.htm). Y por último, pero no lo menor, Deborah Lipstadt intenta convencer a sus lectores de que Olère es un testigo ocular creíble mostrando cómo sus afirmaciones son consecuentes con la evidencia física. En este aspecto, ella se refiere a los "dibujos del Sonderkommando David Olère, quien, tras la liberación dibujó las cámaras de gas. Los bocetos, notó Van Pelt, fueron totalmente corroborados por los planos arquitectónicos de la Oficina Central de Construcción de Auschwitz y por las fotos aéreas" (Lipstadt, p. 140).

     Así, Lipstadt, Pressac y Van Pelt afirman que Olère es quizás el testigo ocular más importante para los presuntos gaseamientos masivos, y sus esbozos, pinturas y dibujos proveen al mundo con una descripción exacta de la técnica y funcionamiento de las cámaras de gas de Auschwitz. Pero, ¿es esto así?. La omisión y la inclusión del profesor Van Pelt sugieren algo distinto.

     Comencemos con la omisión de Van Pelt. En su libro éste publicó algunos de los más importantes bocetos de Olère en cuanto a la estructura y funcionamiento de las presuntas cámaras de gas, pero dejó de incluír uno de sus dibujos más importantes. Es el dibujo que muestra a los Sonderkommmandos abriendo la puerta de la cámara de gas y sacando los cuerpos después de un gaseamiento masivo. En dicho dibujo los presidiarios están sin camisas, y no llevan puesta ninguna máscara anti-gas, guantes de goma o trajes protectores. Antes de que prosiga, se solicita encarecidamente que el lector vea y estudie el dibujo en cuestión. Está online en la dirección que se indica, siendo el "Documento 30" (http://www.mazal.org/Pressac/Pressac0493.htm).



     Pressac incluye este dibujo en su libro porque supuestamente es un importante registro visual del funcionamiento de las cámaras de gas. En cuanto a este asunto, él escribió: «El fragmento de horno mostrado a la izquierda, más allá de las dos flechas, es puramente simbólico (no había ningún horno en el sótano) y echa a perder una escena que habría sido irreprochable sin esta adición "para mejorarla"». Pressac claramente está diciendo que este boceto es un cuadro exacto de lo que pasó, aunque contenga realmente un elemento puramente simbólico.

     Ésta es una extraña omisión por parte de Van Pelt. O sea, él escribe un libro sobre el funcionamiento de las cámaras de gas pero omite incluír un boceto de "cómo realmente sucedió". Pues aquí tenemos un supuesto boceto de "cómo realmente era" después de un gaseamiento masivo, cuando los Sonderkommandos —bajo la mirada y la supervisión de los guardias nazis— abrían la puerta de la cámara de gas para sacar a las víctimas

     Quizá una razón por la que Van Pelt dejó de incluír este muy importante boceto es porque él pudo haber comprendido que no pudo haber sucedido del modo que Olère afirmó que ocurrió. Junto con esto, autorizadas fuentes industriales confirman el peligro extremo que rodea al uso del HCN. El envenenamiento puede ocurrir fácilmente por inhalación o por su absorción por la piel [2].

[2. Zyklon for Pest Control. Folleto de información de la Sociedad Alemana para el Control de Plagas sobre el uso de su insecticida Zyklon B. Reimpreso en Frederick A. Leuchter, Robert Faurisson, Germar Rudolf, The Leuchter Reports: Critical Edition (Theses & Dissertations Press, 2005), pp. 75-88. Online: http://www.vho.org/GB/Books/tlr/].

     Leuchter habló de los peligros que rodean el manejo de ya sólo una (!) víctima que hubiera sido envenenada por HCN en una cámara de gas: "Usted entra. El fallecido recluso tiene que ser completamente lavado con agua clorada o con amoníaco. El veneno exuda directamente a través de su piel. Y si usted le diera el cuerpo a un sepulturero, usted mataría a éste. Usted tiene que entrar y tiene que lavar completamente el cuerpo" (Stephen Trombley, The Execution Protocol, Crown Publishers, 1992, p.98).

     Bill Armontrout, testigo experto durante el segundo juicio a Ernst Zundel en Toronto y guardián de la Penitenciaría estatal de Missouri, que incluye una cámara de ejecución por gas, confirma el peligro: "Una de las cosas que el gas de cianuro hace, es que entra por los poros de su piel. Usted tiene que regar con manguera el cuerpo. Usted tiene que usar guantes de goma y manguerear el cuerpo para descontaminarlo antes de que usted haga cualquier cosa" (Ibid., p.102).

     Dentro de sus facultades como guardián, Armontrout era personalmente responsable de realizar ejecuciones mediante el uso de gas de cianuro, y él fue aceptado como un testigo experto en un tribunal que era hostil al revisionismo del "Holocausto" [3].

[3. Barbara Kulaszka, ed., Did Six Million Really Die?: Report of the Evidence in the Canadian "False News" Trial of Ernst Zundel-1988 (Samisdat Publishers, 1992), p.351. Online: http://www.zundelsite.org/english/dsmrd/dsmrd31armontrout.html].

     Armontrout reveló a la corte de Toronto las medidas de seguridad que eran necesarias para impedir que aquellos que manejaban el cuerpo del criminal muerto fueran envenenados por el mortal HCN ellos mismos: "El ventilador funcionaba durante aproximadamente una hora antes de que dos oficiales equipados con equipos de aire Scott (aparato para respirar autónomo que usan los bomberos para entrar en edificios llenos de humo) abrieran la escotilla de la cámara de gas y quitaran el balde de plomo que contiene el residuo del cianuro. Los dos funcionarios llevaban puestos trajes desechables de goma y largos guantes de goma. Ellos manguereaban el cuerpo del convicto muerto en la silla, prestando particular atención al pelo y a la ropa debido al residuo del cianuro, y luego lo removían y lo ponían en una camilla con ruedas donde se realizaba una descontaminación adicional" (Ibid., p.352).

     Trágicos incidentes en la vida real confirman las afirmaciones de Leuchter y Armontrout. Scott Dominguez, de veintitrés años, descendió a un tanque que alguna vez sostuvo cianuro de hidrógeno, y posteriormente ácido fosfórico, a fin de limpiarlo. Cuando este infortunado trabajador comenzó a descascarar la película química y a regarla con agua, se produjo el gas de cianuro de hidrógeno.

     Tal como los trabajadores en los dibujos de Olère que supuestamente quitaban los cadáveres de las cámaras de gas de Auschwitz o el cabello y el oro de los dientes de las víctimas gaseadas, el señor Dominguez no trabajaba con ningún equipo de seguridad —ninguna máscara anti-gas o traje protector. Él fue vencido por el HCN y tuvo que ser llevado por bomberos de emergencia. Este hombre desdichado sufre de daño cerebral permanente debido a su exposición al HCN [4].

[4. Department of Justice National News Release, 10 de Mayo de 1999. Reimpreso en Germar Rudolf, The Rudolf Report: Expert Report on Chemical and Technical Aspects of the "Gas Chambers" of Auschwitz (Theses & Disserations Press, 2003), pp.18-19. Online: http://vho.org/GB/Books/trr/1.html#1.2. Para una lista de otros artículos sobre esta materia, vea las referencias en la nota Nº20 en la pág.19 de Rudolf].

     Otro trágico incidente involucrando a bomberos durante una posterior acción de rescate apoya las aseveraciones de Leuchter y Armontrout. En Junio de 1995 hubo un dramático accidente en una cueva en la ciudad francesa de Monterolier. Tres niños encendieron un fuego en una cueva, y arrojaron hacia éste una bomba de la Primera Guerra Mundial sin explotar que ellos encontraron que contenía gas de cianuro de hidrógeno. La bomba explotó y liberó el mortal HCN. Esto mató a los niños y también a cuatro bomberos que fueron al rescate. Según un profesor de Química física, Louis Soulie, las muertes de los niños y los bomberos, e incluso del bombero que llevaba puesta una máscara anti-gas, fueron debidas a que el cianuro de hidrógeno se disuelve en el sudor y penetra el cuerpo por la piel, donde causa el envenenamiento (vea el artículo sobre esto en Rudolf, p.20. Online: http://vho.org/GB/Books/trr/1.html#1.2).

     Repitamos: Un bombero francés llevaba puesta una máscara anti-gas, pero él falleció porque el HCN se disolvió en su sudor y penetró su cuerpo. Incluso seis días después de sus muertes, una concentración de cianuro dos veces tan alta como la dosis letal fue detectada en la sangre de los cadáveres (Ibid.).

     Finalmente, está el incidente del suicidio por envenenamiento con cianuro que ocurrió en el Grinnell College, en Iowa. Un estudiante se suicidó tragando tanto cianuro de potasio que los vapores de su cuerpo enfermaron a nueve personas, que tuvieron que ser llevadas a un hospital. El cianuro de potasio reaccionó con el agua en su cuerpo para producir el gas de cianuro. Los vapores que emanaron de su cuerpo eran tan irritantes, que la sala de la residencia donde ocurrió el trágico incidente, y el hospital donde el cuerpo del estudiante fue llevado, tuvieron que ser ventilados [5]. Tenga presente que éstos son vapores que exudaron sólo desde un cuerpo. ¡Imagine la exudación de vapores de mil o dos mil cuerpos que eran supuestamente envenenados por HCN en las cámaras de gas de Auschwitz!.

[5. Vea Rudolf, pp. 17-18. Minnesota State University, Mankato Reporter, edición online, 10 de Octubre de 1998, "Suicide fumes sicken nine Iowa students". Online: http://vho.org/GB/Books/trr/1.html#1.2].

     A fin de dar al lector la perspectiva apropiada, recreemos el supuesto escenario de Van Pelt. Las pretendidas víctimas (entre mil y dos mil) eran apiñadas en la cámara de gas. El mortal cianuro de hidrógeno era puesto en circulación por toda la cámara, y las víctimas eran asesinadas. Los cuerpos de las víctimas absorbían la gran mayoría del gas mortal, y éste queda en la piel, en el pelo, en los poros y en los pulmones de las víctimas. Los sistemas de ventilación rápidamente quitaban el HCN residual. Entonces los presidiarios entraban en la cámara y sacaban los cadáveres para la incineración.

     Nuevamente demos a Van Pelt el beneficio de la duda. Los cuerpos de las víctimas absorbían la gran mayoría del mortal gas de HCN. Aquí tenemos más de mil cadáveres saturados con el mortal HCN. Está en el pelo de las víctimas, sus narices, sus bocas, su piel, sus pulmones. Como Bill Armontrout indica, el HCN exuda desde los cuerpos de las víctimas.

     Los Sonderkommandos entran en la cámara de gas para sacar los cuerpos. Según uno de los testigos oculares más importantes de Van Pelt, David Olère, los presidiarios que quitaban los cuerpos de las cámaras no llevaban puesta ninguna máscara anti-gas, trajes protectores ni guantes de goma para protegerlos de la inhalación o la absorción por la piel del HCN. ¡Ellos no llevaban puestas ni siquiera camisas!.

     El trabajo pesado de quitar mil cuerpos desde las cámaras provoca que los Sonderkommandos suden. La gente que está sudando es aún más propensa a absorber el mortal HCN por la piel. Como la evidencia lo indica, los cuerpos de las víctimas exudan el mortal HCN —esto explica por qué el cuerpo de alguien que ha muerto por envenenamiento por HCN debe ser regado con manguera y rigurosamente descontaminado. Ni en los autorizados escritos de Pressac ni en los tomos de Van Pelt hay ninguna mención de que el cuerpo de cada víctima fuera manguereado y completamente descontaminado después de un gaseamiento masivo, ni tampoco este proceso está incluído en ninguno de los "realistas" bocetos de Olère.

     Regresemos al funcionamiento de las cámaras de gas. Los Sonderkommandos entran en las cámaras para quitar los cuerpos. Ellos transpiran debido al duro trabajo. Esto los hace aún más propensos a absorber el mortal gas HCN que exuda de la masa de cadáveres en la cámara de gas. Como el profesor Soulie señala, los bomberos murieron por el HCN absorbido por su sudor, aunque uno de ellos llevara puesta una máscara anti-gas. El testigo ocular más importante del doctor Van Pelt, David Olère, afirma en sus bocetos que los Sonderkommandos andaban sin camisa y no llevaban puesto ningún guante de goma ni ninguna máscara anti-gas. Esto los hace muy propensos a envenenarse con HCN mediante la absorción por la piel y por inhalación.

     Como vimos en el incidente del estudiante suicida del Grinnell College, los vapores de sólo un cuerpo ya eran bastante tóxicos para hacer que nueve personas fueran al hospital. Imagine el impacto toxicológico de entre mil y dos mil cadáveres, todos exudando el mortal HCN, sobre los Sonderkommandos y guardias nazis que no llevaban puesta ninguna máscara anti-gas ni trajes protectores. ¡Habría sido agobiante!.

     Así, el importante boceto del testigo ocular más importante de Lipstadt y Van Pelt, David Olère, contiene una imposibilidad química y toxicológica. Aunque su discusión de este asunto sea algo vaga, Van Pelt parece comprender implícitamente que los Sonderkommandos habrían necesitado —¡por lo menos!— máscaras anti-gas para entrar en la cámara de gas después de que ellos abrían la puerta para retirar los cuerpos (Robert Jan van Pelt, p.275). En este boceto particular, los presidiarios que quitan los cuerpos y las guardias nazis que supervisan aquellas ejecuciones no llevan puesta ninguna máscara anti-gas. ¡Los presidiarios que arrastran los cadáveres van incluso descamisados!.

     Quizás ésta es la razón por la que Van Pelt dejó de publicar este dibujo muy importante de Olère. Él puede haber comprendido que el dibujo de su testigo ocular más importante en cuanto al funcionamiento de las cámaras de gas contenía una imposibilidad física. En otras palabras, él puede no haber publicado este muy importante boceto porque él no quería dar a los revisionistas del "Holocausto" municiones para que fueran usadas contra la historia de la cámara de gas de Auschwitz.

     Pero esto incluso empeora para Lipstadt y Van Pelt. Observemos ahora un boceto de David Olère que Van Pelt sí incluyó en su libro: el dibujo que muestra a los Sonderkommandos dentro de la cámara de gas después de un gaseamiento recolectando cabellos y dientes de oro. Al lado de los Sonderkommandos hay un guardia nazi, del que se muestra sólo parte de su pierna y una bota militar. Nuevamente los Sonderkommandos no llevan puesta ninguna máscara anti-gas, guantes de goma o trajes protectores contra el mortal HCN que habría exudado de los cuerpos de las más de mil víctimas. Antes del procedimiento, se insta a que el lector vea y estudie el boceto en discusión. Está online en esta dirección, siendo el "Documento 31" (Pressac, p.493: http://www.mazal.org/Pressac/Pressac0493.htm).



     Volvamos a las aseveraciones del testigo experto, el guardián Bill Armontrout. El cuerpo de un criminal gaseado es manguereado y descontaminado, y se le pone especial atención al pelo, porque es precisamente allí donde la mayor parte del mortal HCN se acumula. Pero en el boceto de Olère vemos a los Sonderkommandos —sin ningún guante de goma, sin máscara anti-gas o traje protector— ¡poniendo sus manos en los cabellos del montón de víctimas!.

     Recuerde: Van Pelt afirma que la gran mayoría del gas mortal era absorbido por los cuerpos de las víctimas —¡únicamente para exudarlo a través de sus cabellos y su piel y finalmente matar a los Sonderkommandos que recolectaban cabellos y dientes de oro!. En ninguna parte en el tomo de Van Pelt es mencionado que todos y cada uno de los cuerpos eran manguereados y descontaminados antes de que el pelo y el oro en los dientes fueran quitados. Ni el dibujo "como realmente ocurrió" de Olère muestra a los Sonderkommandos —con máscaras anti-gas y trajes protectores— manguereando y descontaminando los cuerpos, lo que habría sido necesario para prevenir el envenenamiento por el océano del mortal HCN que habría exudado de los más de mil cadáveres.

     Volvamos a Lipstadt. Ella dice que porque sólo 320 partes por millón (el 10% de lo que Leuchter afirmó) era necesario para matar a la gente, los sistemas de ventilación podrían haber quitado el gas residual rápidamente, y los presidiarios podrían haber entrado a las cámaras muy poco tiempo después de los gaseamientos homicidas para retirar a las víctimas para su incineración. Todo habría funcionado relativamente sin ningún inconveniente.

     El doctor Van Pelt afirma que 300 partes por millón de HCN son letales para la gente, y supuestamente ésta es la concentración que los nazis usaron en las cámaras de gas (Robert Jan van Pelt, p.362). Las 300 partes por millón necesarias para matar humanos son un poco menos que el umbral de Lipstadt de 320 partes por millón. Esto sugiere que incluso las pequeñas cantidades de gas que habría exudado de la piel, nariz, boca y pelo de un (!) cadáver podría haber matado a cualquier Sonderkommando o a cualquiera de los guardias nazis que supuestamente supervisaban aquellas ejecuciones. Peor aún para el escenario de Lipstadt/van Pelt, la cantidad de HCN que exuda de cada uno de los más de mil cuerpos se habría acumulado al final en un océano de gas para envenenar tanto a los Sonderkommandos como a los guardias nazis por absorción a través de la piel o inhalación.

     A riesgo de sonar redundante, recreemos otra vez el escenario de gaseamiento de Lipstadt y Van Pelt para que el lector entienda claramente la imposibilidad química y toxicológica del funcionamiento de las cámaras de gas de Auschwitz. Mil a dos mil víctimas son reunidas en la cámara de gas. Las puertas están cerradas, y el mortal HCN es puesto en circulación por toda la cámara. El gas asesina a las víctimas. Como Van Pelt afirma, sus cuerpos absorben la mayor parte del gas. La cantidad residual y restante es extraída de la cámara por los poderosos sistemas de ventilación.

     La puerta de la cámara de gas es abierta. Según el testigo ocular más importante, David Olère, los presidiarios que entraban a la cámara para retirar los cuerpos para su incineración no llevaban puesta ninguna máscara anti-gas, ni guantes de goma ni trajes protectores contra el HCN que envenena mediante su inhalación o por su absorción a través de la piel. Los presidiarios que entraban en la cámara para recolectar el cabello de las víctimas no llevaban puesta ninguna máscara anti-gas, ni guantes de goma ni trajes protectores. Los guardias nazis que supervisaban estas ejecuciones no llevaban puesta ninguna máscara anti-gas ni trajes protectores.

     Los Sonderkommandos están enfrentando entre mil y dos mil cuerpos, todos saturados con el mortal HCN. Ellos hacen su trabajo sin máscaras anti-gas, guantes de goma o trajes protectores. Según Van Pelt, la gran mayoría del gas era absorbida por los cuerpos de las víctimas, sólo para ser exudado de aquellos mismos cuerpos y envenenar a cualquiera que no llevara puesta una máscara anti-gas, un traje protector y guantes de goma.

     Uno de los puntos importantes aquí es éste. Incluso si damos a Lipstadt y a Van Pelt el beneficio de la duda, y asumimos que todas sus aseveraciones sobre el funcionamiento de las "cámaras de gas" son todas correctas, su escenario del funcionamiento de la cámara de gas es todavía prácticamente imposible.

     Si sin máscaras anti-gas, guantes de goma y trajes protectores ya es muy peligroso manejar sólo un (!) cuerpo saturado con el mortal HCN; si sólo un cadáver saturado con el mortal HCN puede exudar bastantes vapores tóxicos para enviar nueve personas al hospital, sería casi imposible manejar mil o dos mil cadáveres saturados con HCN sin protección alguna.

     Los presidiarios en los bocetos de Olère que supuestamente manejaban aquellos mil a dos mil cadáveres sin ninguna protección habrían sido envenenados ya por inhalación o por absorción por la piel. La evidencia física proporcionada por los tres ejemplos de envenenamiento por HCN —el incidente de Scott Dominguez, el suicidio de Grinnell College y los niños en el incidente de la cueva— apoya esta afirmación revisionista. Así, el testigo ocular más importante de Lipstadt y de Van Pelt plantea un escenario imposible.

     No es bueno responder a los revisionistas diciendo: «Bien, los dibujos de David Olère son sólo simbólicos de lo que realmente aconteció. Él se estaba permitiendo una "licencia artística" cuando representó a los Sonderkommandos sin máscaras anti-gas, guantes de goma ni trajes protectores». Si esto es así, entonces sus bocetos NO son una representación exacta del funcionamiento de las cámaras de gas, y la afirmación del doctor Van Pelt de que los dibujos de Olère proporcionan un registro visual muy importante del funcionamiento de la cámara de gas del Crematorio 3 no es verdadera.

     Además, no es nada bueno responder a los revisionistas diciendo: "Bien, los nazis no se preocupaban por las vidas de los Sonderkommandos, de modo que ellos no tenían que usar las medidas de seguridad de máscaras anti-gas, trajes protectores y guantes de goma". Muy por el contrario. Los guardias nazis que supuestamente supervisaban aquellas ejecuciones tuvieron que cerciorarse de que los Sonderkommandos sacaran rápidamente todos los cuerpos para hacer sitio para la siguiente hornada de víctimas. Así, ellos habrían tenido que asegurarse de que los presidiarios se mantuvieran vivos al menos el suficiente tiempo para "hacer el trabajo". Es decir, para que ellos se mantuvieran vivos durante el tiempo suficiente para completar el trabajo, ellos habrían tenido que llevar puestas máscaras anti-gas y trajes protectores. Además, a fin de proteger las vidas de los guardias nazis que presuntamente supervisaban aquellas ejecuciones, habría sido necesario que éstos a su vez llevaran puestas máscaras anti-gas y trajes protectores.

     Finalmente, asumamos que lo que Jean-Claude Pressac afirmó es la verdad. Los Sonderkommandos que entraban en las cámaras de gas después de un gaseamiento masivo llevaban puestas máscaras anti-gas (Pressac, p.16. Online: http://www.mazal.org/Pressac/Pressac0016.htm). Incluso si asumimos que esto fue así, la historia de "la cámara de gas de Auschwitz" es todavía imposible. Aún queda abierto el hecho de que el envenenamiento por HCN puede ocurrir a través de la absorción por la piel. En ninguna parte en los bocetos de Olère o en los magistrales tomos de Van Pelt o Pressac se afirma nunca que los Sonderkommandos llevaran puestos guantes de goma o trajes protectores para protegerlos de la absorción a través de la piel del océano del mortal HCN que habría emanado de la miríada de cuerpos en las cámaras de gas.

     Al lector se le pide recordar la historia de los cuatro bomberos que fallecieron por absorber el HCN a través de la piel, a pesar de que uno de ellos llevaba puesta una máscara anti-gas. El lector simplemente debería considerar el devastador efecto tóxico sobre los Sonderkommandos, todos llevando puestas máscaras anti-gas, cuando ellos hubieran de poner sus manos desnudas en el cabello y las bocas saturados de HCN de las más de mil víctimas. El envenenamiento por absorción a través de la piel habría ocurrido, porque ellos nunca descontaminaban los cuerpos y no llevaban puesto ningún traje protector ni guantes de goma.

     Lo que revelo aquí no es nada nuevo. Ya desde los años '70 el académico revisionista del "Holocausto" Robert Faurisson reveló al mundo la imposibilidad química y toxicológica de esta leyenda de la cámara de gas de Auschwitz.

     Irónicamente, creo, es un signo muy favorable para el futuro del revisionismo del "Holocausto" que la mayor parte de las élites occidentales de poder rechacen debatir con los revisionistas del "Holocausto" y sólo recurran al uso de insultos, a amenazas de destrucción de carreras y sentencias de cárcel. Esto sugiere al mundo que el revisionismo del "Holocausto" no puede ser derrotado con pruebas ni con la razón. Los opositores del revisionismo son intelectualmente impotentes, y no pueden derrotarlo con hechos, evidencias y lógica. El "Holocausto" es una ideología débil y quebradiza que necesita leyes especiales, amenazas de destrucción de carreras profesionales y condenas a cárcel para ser protegida.-




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