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jueves, 20 de septiembre de 2012

Jake Horsley - The Matrix Como Viaje Chamánico




     Jason Horsley o Jake Horsley (nacido en 1967 ó 1971), es un escritor, guionista y cineasta británico. En Abril de 2003 Horsley publicó "Matrix Warrior: Being the One", su segundo libro, en el cual mezcló el argumento de la película de 1999 The Matrix con las enseñanzas de Carlos Castaneda, y sostuvo que la realidad es un constructo ilusorio diseñado para esclavizar a los humanos y drenar su fuerza vital como alimento para "seres inorgánicos". El siguiente texto (Gnosticism Reborn: The Matrix As Shamanic Journey ) es un ensayo que analiza la primera película de la serie The Matrix (1999) mediante teorías psicológicas tanto ocultistas antiguas como de hoy en día. Estando en varios sitios este texto, hemos tomado para su traducción el que está publicado en www.mindmined.com. Quisimos averiguar la fecha de su escritura o publicación, mas el único dato que conseguimos fue que en la Biblioteca Pléyades lo fechan como siendo de Junio de 2002. Pero como habíamos notado al traducirlo que este mismo escrito declara ser parte de un libro, pensamos que acaso fue integrado luego en su libro de 2003. Al final del ensayo va una breve biografía del autor escrita por él mismo hará una década ya.



Gnosticismo Renacido:
The Matrix como Viaje Chamánico
por Jake Horsley



«La mente está en su propio lugar, y de por sí
puede hacer un Cielo del Infierno, y un Infierno del Cielo»
(Satán, en "El Paraíso Perdido" de Milton)


        La historia de The Matrix (1999) —probablemente la película de acción más detalladamente tramada alguna vez hecha— es auténticamente gnóstica. Es de hecho, y lejos más allá de "Los Archivos X", "gnosticismo renacido" [ver nota 1, al final]. Dondequiera que exactamente Andy y Larry Wachowski idearan su diabólicamente inspirada y perversamente efectiva parábola pop sobre la esclavitud del hombre moderno bajo las máquinas, ellos han aparecido con un original genuino. Es una mezcla asombrosamente coherente de Philip K. Dick, H. P. Lovecraft, Jean Baudrillard, profecía mesiánica, ciencia apocalíptica, misticismo de artes marciales y paranoia tecnológica. The Matrix bien puede ser la película estadounidense sobresaliente de los años '90. Pero es a la vez menos y más que una gran película promedio. Por una parte, es resbaladiza y vagamente carente de alma, con toda la violencia cargada de adrenalina que caracteriza a las películas de MTV de años recientes (está producida por Joel Silver, después de todo). Por otra parte, puede ser la primera obra surrealista totalmente comprendida del cine predominante hasta ahora.

     The Matrix es un viaje chamánico en forma dramatizada, adecuada para estar junto a Alicia en el Mundo Maravilloso y destinada, quizás, a derrocar un día a El Mago de Oz como la película psicodélica de culto definitiva. The Matrix es todo esto y un poco más, pero también indudablemente no es para todos. A menos que usted esté preparado para aceptar su premisa —que la realidad es un sueño, controlado por fuerzas secretas para esclavizarnos, y que sólo mediante el soñar consciente podemos escapar a nuestra esclavitud y reclamar nuestra naturaleza divina (una premisa realmente gnóstica, como digo)— la película entonces será puro disparate y caos y no más. Indudablemente, millones la vieron y disfrutaron de ella como tal. Pero The Matrix es bastante más que sólo una pieza de entretenimiento de primera clase: es un experimento artístico desbocado, una experiencia que doblega nuestros conceptos de lo que es real y lo que no, y nos deja en un punto muy apremiante en verdad.

        El argumento de la película se mantiene unido admirablemente, incluso si podemos no notarlo por el momento. Los directores no tienen el tiempo para llevarnos por su laberinto paso a paso; ellos simplemente nos lanzan en él de cabeza, y nos abandonan para que vayamos sacando conclusiones a medida que lo recorremos. La película comienza a toda velocidad, y no nos da ningún tiempo para ser orientados; está explotando ya nuestro sentido de "lo que es real" antes de que hayamos establecido siquiera la más vaga idea de tal, al punto que, durante la primera media hora o más, no podemos estar seguros si estamos mirando el sueño o la realidad, u otra cosa por completo. Este es un mecanismo de desorientación absolutamente eficaz, puesto que es la forma en que el mismo Thomas Anderson (interpretado por Keanu Reeves) siente, cuando su existencia repentinamente va más allá de lo extraño... a lo sobrecogedor. Pero al mismo tiempo ésta es quizá la debilidad más grande de la película. El hecho de que nunca se nos da el tiempo para instalarnos en la falsa realidad de Thomas antes de que logremos verla hecha trizas y expuesta como la fantasía de simulación computacional que es, nos niega el máximo ímpetu de la iniciación de aquél (tanto al horror como al placer).

     The Matrix pudo haber sido más que sólo una gran película de ciencia-ficción; pudo haber sido una auténtica obra maestra si hubiera disminuído un poco la acción y nos hubiera dado unos veinte minutos extra (al menos) para establecer al personaje, su mundo de ensueño, y la invasión lenta y constante en el sueño de una realidad escondida y elevada, una que finalmente se abrirá paso y lo arrastrará literalmente gritando al Otro Lado. A pesar de la complejidad e ingeniosidad de la trama, la película carece de sutileza, carece de personajes, y por lo tanto carece de cualquier verdadera profundidad psicológica. Sus profundidades —que son realmente carentes de seriedad— son todas subtextuales; ellas no son profundidades textuales, porque no hay sombras ni matices en los personajes o en sus acciones, todos los cuales se ven inevitablemente abrumados por el alcance completo y la amplitud de la historia.

     Por consiguiente, a pesar de ser cabeza y hombros, por encima de toda otra película de su tipo, The Matrix sufre de las mismas carencias: la vacuidad y la superficie banal que caracterizan al éxito de taquilla de los años '90. Ya que esto bien pudo haber sido necesario para asegurar que la película fuera un éxito, sin embargo —y The Matrix simplemente tenía que ser un éxito o no hubiera sido hecha en absoluto— esto realmente puede no ser tanto una crítica válida como algo importante que deplorar. El milagro es que la película no fue modificada en lo más mínimo; pero de todos modos, no podría imaginar una The Matrix de tres horas de largo, con una muda sensación de los años '70 y con un verdadero actor en su centro, con el paso mesurado y la atención al detalle científico de "Alien", las profundidades humanas de "Invasion of the Body Snatchers" de Kaufman, y quizás un poco más del espíritu anárquico de "Brazil". Pudo haber sido El Padrino de los años '90: un clásico de ciencia-ficción para gente a la que no le gustan las películas de ciencia-ficción. Tal como es, es estrictamente para ciberpunks y gnósticos.

        La historia es brevemente como sigue: Thomas Anderson es un empleado pálido y sin vida de una firma de computación ("Metacortex"), quien también tiene una vida "secreta" como un hacker que vende software ilegal como si fuera una sustancia psicodélica. En qué él está involucrado sólo podemos conjeturarlo, ya que la película no tiene el tiempo para decírnoslo. De alguna manera, a lo largo del camino, él ha sido puesto en contacto con un hombre llamado Morfeo, un "terrorista" célebre con quien nunca realmente se ha reunido pero que ha estado buscando durante algún tiempo. A Thomas (Tomás el incrédulo [ver nota 2, al final]) se le dan indicios y pistas, en primer lugar por la misteriosa Trinity, quien le envía mensajes en su computador que predicen acontecimientos próximos. Poco después Thomas es arrojado físicamente en "el juego", y dejado allí para correr, esconderse, hacer el salto o caer hasta su muerte. Su involucramiento en este juego comienza cuando él está en su trabajo y recibe una llamada de Morfeo, advirtiéndole que "ellos" están detrás de él. Bastante seguros, los siniestros hombres de negro (agentes del gobierno) en aquel preciso momento se dirigen a su escritorio. Siguiendo intrincadas instrucciones de Morfeo (quien parece ser capaz de ver el trazado completo del mundo de Thomas como si mirara un mapa, o como un dios desde lo alto), Thomas se mueve sigilosamente por delante de los agentes hacia una oficina vacía. Allí se le pide hacer un salto improbable hacia la seguridad. Él deja de dar el paso —de hecho ni siquiera intenta hacerlo—, y en vez de ello permite que sea capturado por los agentes del gobierno. Él es detenido y se le ofrece un trato: cooperar en el rastreo de Morfeo a cambio de un historial limpio. Cuando él rechaza el trato, su mundo se transforma sin advertencia en una pesadilla surrealista, cuando el agente cuyo nombre es Smith literalmente hace desaparecer la boca de Thomas, dejándolo mudo y retorciéndose de horror. Los otros agentes lo dominan cuando un ciber-organismo parecido a un parásito metálico pero definitivamente vivo es insertado en su cuerpo, por el ombligo. En este punto, Thomas se despierta, como de un sueño. Poco respiro se le concede, sin embargo, cuando él es recogido con prontitud por el equipo de Morfeo (también vestido de negro), sujetado a la fuerza en la parte de atrás de una limusina, y sometido a otro extraño procedimiento, donde le remueven el implante parásito. Thomas grita de horror: "¡¿Aquella cosa es real?!". Por ahora no tenemos más pistas que él. Según resulta luego, no es real, pero entonces nada más en su vida tampoco lo es.

       Cuando Thomas finalmente encuentra a Morfeo, él encuentra a un hombre Negro regio y muy elegante (Laurence Fishburne), de tonos suaves y seductores que concuerdan con su nombre. En lo que es quizá la parte más inolvidable de la película, Morfeo le explica todo a Thomas durante los aproximadamente veinte minutos siguientes. Ésta es una secuencia genuinamente desquiciadora y espeluznante, y bien puede ser el vertiginoso punto culminante del cine de ciencia-ficción hasta la fecha. En primer lugar, después de su discurso inaugural, él ofrece a Thomas que haga una elección: la píldora azul o la píldora roja. Si toma la primera, él se despertará otra vez y todo eso habrá sido sólo un sueño. Si toma la roja, sin embargo, él pasará a través del espejo y averiguará "cuán profundamente se interna la madriguera del conejo". Por supuesto, él toma la roja. Su decisión ya está incorporada en la oferta de Morfeo, porque, si es sólo un sueño, ¿por qué no tomar la roja?; y si no lo es, entonces ¿por qué tomar la azul?. Pero a lo que Thomas se somete a consecuencia de la píldora roja se parece al peor viaje de todo buscador psicodélico. Como el traidor Cypher lo dice: "¡¿Por qué, ah, por qué tomé aquella maldita píldora?!". Thomas es desgarrado desde un no tan dichoso olvido, y se le da la horrible Verdad literalmente destructora de la mente: que él es un esclavo para un orden de seres inorgánicos que hasta ese momento él ni siquiera sabía que existían. Morfeo explica que el año no es realmente 1999, que es de hecho probablemente un siglo más tarde, y que aquella civilización mientras tanto ya ha sido destruída, y que a consecuencia del descubrimiento de la Inteligencia Artificial (IA), en algún punto a comienzos del siglo veintiuno, se produjo un enfrentamiento entre el hombre y las máquinas —entre la creación y el creador (exactamente como en The Terminator)— y las máquinas ganaron.

     La IA descubrió un medio no simplemente para destruír la civilización y heredar la Tierra (una perspectiva limitada, en el mejor de los casos), sino de desarrollar por sí misma cuerpos cibernéticos semi-orgánicos, usando a los seres humanos como su fuente primordial de energía. (Las máquinas eran potenciadas con la energía solar, pero la catástrofe tramada por los humanos bloqueó el Sol). Para lograr este objetivo, los seres humanos fueron esclavizados en masa. Ellos fueron puestos en un sueño profundo, y se creó un sueño colectivo para mantenerlos manejables y dóciles, como bebés en sus cunas, mientras su fuerza vital les era succionada. La gente es engendrada y criada directamente en estas incubadoras, y alimentada intravenosamente con los restos licuados de los muertos. Esto es ocultismo puro, y va lejos más allá incluso del mejor cine de ciencia-ficción, hasta los lóbregos reinos y las pesadillas veladas de Lovecraft, Heinlein, Kenneth Grant, Carlos Castaneda, y otros, con sus relatos del "laberinto de la penumbra", y las entidades inorgánicas que han esclavizado a la Humanidad y la han convertido en una fuente de alimentación. Por supuesto la moderna ciencia de los OVNIs de "los grises" adapta y desarrolla las mismas creencias atávicas, completas y con adiciones tecnológicas como "implantes" y clones, etc. Todo lo cual pone a The Matrix en la mismísima primera línea de la moderna fabricación del mito; ¿o es en realidad psico-historia?.

        El sueño colectivo que se ha engendrado para mantener a la Humanidad dócil es la vida en la Tierra hacia 1999, y ésta es "la Matriz". Dentro de la Matriz, sin embargo, existen ciertas posibilidades para escapar, y es aquí donde Morfeo y su equipo ("el equipo que nunca descansa") entran. Ellos son los "despertados" —Illuminati, si usted prefiere—, quienes se han salido de la rejilla de fantasía simulada por computador y han liberado sus cuerpos de las granjas de energía en "el mundo real" (es difícil tomar incluso este mundo como verdadero, ya que hemos pasado mucho más tiempo en los otros mundos, y ya que también éste resulta ser el mundo más extraño y surrealista de todos ellos). Como consecuencia de haber liberado sus cuerpos, estos Illuminati son capaces de entrar a voluntad en la Matriz —el mundo soñado—, y funcionar allí con un potencial sobrehumano. Por ejemplo, cualquier conocimiento, dato o entrenamiento requerido puede ser simplemente descargado inmediatamente, directamente en su conciencia, mediante computador.

     Por encima de esto, ellos tienen una línea de contacto con sus compañeros en el mundo real, como dioses o ángeles de la guarda, que pueden supervisar y dirigir las operaciones de los agentes dentro de la Matriz, proveyéndolos de una omnisciencia casi divina. A pesar de tales capacidades aparentemente sobrehumanas para navegar en la Matriz, sin embargo, los luchadores de la "resistencia" [3] están en una profunda desventaja cuando se trata de encarar a los siniestros hombres de negro, quienes son "de hecho" (!) proyecciones concentradas de la IA —campos de energía, si usted prefiere— enviadas por la Matriz a la Matriz para mantener una sujeción sobre su programa-realidad. Para este objetivo, estos agentes persiguen y erradican a todos los potenciales "disidentes", a aquellos contra-agentes Illuminati empeñados en interrumpir el hechizo de la Matriz y en hacer colapsar la realidad tal como la conocemos.

[3. Lo más decepcionante en The Matrix es su confianza en los términos familiares de las películas de acción, presentando la violencia y la "resistencia" como los únicos medios para vencer a la tiranía].

        Mientras el equipo de Morfeo puede saltar distancias inverosímiles, soportar una cantidad inhumana de daño, eliminar equipos SWAT sin ayuda, etcétera, ellos no son realmente (oficialmente) sobrehumanos. Ellos pueden torcer, e incluso romper, algunas reglas de la Matriz, pero no todas ellas. Ellos no pueden simplemente pasar por encima de su tiranía y asumir su status divino como hologramas dentro de un holograma, porque sólo "el Único" puede hacer esto. Por el momento ellos todavía están todos restringidos por los límites de sus mentes, todavía trabajando para erradicar el viejo programa impuesto sobre ellos por la IA. De aquí que el entrenamiento que Morfeo aplica sobre Thomas —ahora Neo, el Único (Neo, One, Eon)— está centrado en torno a la "liberación de su mente", en hacerle comprender que de hecho él no está restringido por las leyes del cuerpo en absoluto sino sólo por su creencia en ellas. Como un artificial pero impresionante niño-Buda doblador Gelleresco de cucharas [a lo Uri Geller] explica a Neo: "No intente doblar la cuchara. Es imposible. Más bien... sólo intente comprender la verdad. No hay ninguna cuchara. Entonces usted verá que no es la cuchara la que se dobla, sino sólo usted mismo". Esto es puro Zen, y va más allá de Yoda y su Fuerza, hacia la física cuántica.

        Los "agentes" de la IA, aunque todavía sujetos a las leyes de la Matriz, no están restringidos por las mismas creencias que acosan a los humanos. Ellos son capaces de cambiar de forma y de realizar otras hazañas milagrosas, pero incluso éstas están dentro de ciertos límites aparentes. Obviamente, la Matriz debe sustentar y mantener constante su espejismo de la realidad, porque de otra manera los durmientes comenzarán a despertar. Entonces estos agentes deben moverse de manera sutil, dentro de restricciones, y al menos aparentar ser humanos. Aunque la Matriz pueda cambiar todo lo que quiera dentro del juego, todavía tiene que tratar con las conciencias individuales vivientes que ha esclavizado allí. De ahí que esté limitada por sus propios mecanismos: si quiere mantener su sujeción no puede realizar demasiados trucos excesivamente imposibles, porque esto sólo servirá a largo plazo para dar poder a los luchadores rebeldes, liberando sus mentes de la "tiranía de la continuidad” (Tiempo), de la cual el programa entero depende. Nada de esto es explicado en la película, pero parece justo deducir que la Matriz es limitada, a pesar de ser la creadora de la realidad, y también que hay probablemente alguna razón para esta limitación. Esto es lo único que parece mantenerse firme.

        De Neo —como el Elegido— se espera que cambie la marea a favor de la insurrección humana, el "despertar", cambiando el equilibrio, dando el salto, tanto literal como metafóricamente, desde ser un simple jugador a ser el dueño del juego, desde ser un hombre corriente a ser un chamán, y un semidiós. Y esto por supuesto él lo lleva a cabo. Lo que es tan satisfactorio en la película es que al final —a pesar de su confianza en la violencia y la destrucción— es el poder de la imaginación el que triunfa finalmente. Una vez que Neo alcanza una cierta comprensión él es capaz de simplemente detener las balas con su mente —puesto que ellas no existen, en primer lugar— y proyectarse en el cuerpo (holográfico) del Enemigo (cumpliendo así el propio secreto deseo de éste de llegar a ser real), y hacerlo explotar desde dentro. Dentro de la fantasía de acción de Hollywood, hay un ave muchísimo más extraña esperando escaparse. No lo hace completamente en esta película, pero el potencial está allí para las secuelas, si ellas han de venir y si ellas demuestran tan sólo la mitad de esta temprana promesa (una posibilidad de la que estoy obligado a dudar, obviamente). Pero en este y otros momentos, The Matrix consigue la simetría perfecta, y ofrece algo parecido al éxtasis chamánico. Ésta no es sólo una película; es una experiencia.


*

     "Las imágenes son manifiestas para el hombre, pero la luz en ellas permanece oculta en la imagen de la luz del Padre. Él llegará a ser manifiesto, pero su imagen permanecerá oculta por la luz" (Evangelio de Tomás, Biblioteca de Nag Hammadi).


        Keanu Reeves, como Thomas/Neo, es una personalidad bastante atractiva, pero él es también un centro decepcionantemente insulso para un drama tan intenso girando alrededor. Él juega al arquetípico héroe reacio, el hombre de ayer, una cáscara quemada con apenas la energía para sonreír. Como tal, es el candidato ideal para ser el salvador del mundo —mitológicamente hablando— porque no hay nada ni remotamente heroico en él. La película es sobre su propio renacimiento espiritual —su acceso a la conciencia— y ésta es su fuerza principal, la que le da su resonancia, más allá de todos los trucos y volteretas y las patadas de karate. Éste es también su defecto, sin embargo, porque Neo, según lo interpreta Reeves, nunca es realmente verdadero para nosotros, sino que es como un zombie o como un superhombre.

        Neo, el Mesías, es "el Elegido" en virtud de alguna capacidad no especificada de la mente. Ésta puede ser una cosa genética, pero si la película no se detiene mucho sobre el asunto, lo mantiene entonces vaga pero específicamente mental. Neo es un hechicero nacido naturalmente, uno podría decir. Él tiene la capacidad de suspender la incredulidad, junto con aquellos espantajos gemelos, el miedo y la duda, y lanzarse hacia lo desconocido, confiando en que sus alas brotarán a tiempo para llevarlo a través del Abismo, y por la cuarta dimensión. La película hace un uso dramático de un salto físico y real —Neo intenta saltar de un edificio a otro— para representar el proverbial salto de la fe. Ésta es para Blake la liberación de la percepción hacia la Imaginación, y está perfectamente a propósito aquí. Tal como la Fuerza en las Star Wars, viene directamente de las obras de Carlos Castaneda, y está hecha a la medida para la fantasía. Por supuesto, Neo falla al hacer el salto; su "fe" lo abandona (como a Pedro caminando sobre el agua) y él cae en picada, tal como (nos dicen) todos lo hacen la primera vez. Es inconcebible que Neo no sea confrontado con dudas mortales y miedos que paralizan ante la mera idea de ser el hombre que va a salvar el mundo. Cuando él visita a la Pitonisa (the Oracle, Gloria Foster), en probablemente la mejor escena de la película (una pequeña joya surrealista en sí misma), ella comienza, como una buena vidente, jugando con la mente de él y confundiendo todas sus expectativas. Ella le dice categóricamente que él no es el Elegido, añadiendo (ante la propia insistencia de Neo) que Morfeo nunca aceptará esto, sin embargo, y morirá probablemente defendiendo su creencia en Neo. En virtud de esto, el héroe reticente es presentado a su propio desafío. A él se le da la opción imaginaria de retirarse de una situación insostenible, pero siéndole presentadas tales circunstancias, él no puede probablemente, en conciencia, hacer tal cosa; él simplemente tiene que luchar por Morfeo y por aquello en lo que cree, aunque ahora crea que es falso él mismo. Esto recuerda las burlas de Don Juan Matus a Castaneda, en el primero de los libros de éste, para asegurarse de que él lleve adelante el aprendizaje.

        Don Juan llevó a Castaneda a creer que su vida (la vida de Don Juan) estaba en peligro y que sólo Castaneda podría ayudarlo; al mismo tiempo, lo liberó de responsabilidad dándole la opción de abandonar su aprendizaje (el camino del chamán) y retornar a su viejo mundo (tomar la píldora azul). Castaneda, en la historia, tiene un breve período de duda antes de comprender que él simplemente no puede arrellanarse y dejar morir a un hombre como Don Juan, no importando cuán inútil él pueda sentirse para salvarlo. A partir de aquí él es liberado de la duda de sí mismo y es puesto en libertad para actuar, con plena conciencia de su insuficiencia, sin ninguna restricción. Neo es efectivamente "configurado" en la misma manera por la Pitonisa (the Oracle). Ya que ésta parece ver el tiempo presentado ante sí como un mapa, sin embargo, ella probablemente sabe que Morfeo no morirá, y que Neo es el elegido, pero que ambos hechos —ambas posibilidades— dependen de que Neo crea lo contrario (tal como su rotura del jarrón dependía de que ella le dijera que no se preocupara de ello). A fin de convertirse en "el Elegido" —ser digno de su vocación— él debe primero ser liberado de la carga intolerable que este llamado implica, haciéndolo para él peor que algo inconducente, hasta que él mismo se dé cuenta de que aquél es verdadero. Por consiguiente él tiene que demostrarlo, no a nadie sino a él mismo. Como Don Juan le enseña a Castaneda, al comienzo mismo de su asociación: sólo del conocimiento que es activamente capturado puede afirmarse que es un poder.

        Ésta es la materia prima más apasionante y existencial imaginable para un melodrama de acción, y le da a The Matrix la clase de poder emocional que uno generalmente sólo obtiene de las obras de arte. En cuyo caso, esto es lo que es; como tal, bien puede ser la más desfachatada, más audaz y más estimulante obra de arte desde el "Ciudadano Kane".

        Por supuesto Neo debe morir para nacer de nuevo. Como el único momento que la película tiene de verdadera interacción humana, el mundo es salvado por un beso. Neo es atrapado dentro de la Matriz y tiene que luchar por su vida, pero es vencido por agentes enemigos y baleado a quemarropa. Durante un momento él parece olvidar la mentira de que él está en un cuerpo, de que todo eso es real, y él da poca importancia a la bala. Pero la agresión continúa y él es abrumado, sucumbe ante la duda, y muere. Mientras tanto, en el mundo real, Trinidad (Carrie-Anne Moss) viene a su rescate. Firmemente persuadida por fin (de que Neo es el Elegido) por sus propios sentimientos hacia él (el Oráculo le dijo a ella que se enamoraría algún día y que lo sería del Elegido), ella susurra en el oído de Neo: "Tú debes ser el elegido, porque te amo". La verdad, representada aquí en quizá la más simple y conmovedora imagen poética que hay —el beso de los amantes— resucita a Neo a su nueva vida. Lo pone en libertad. Él se levanta, nacido de nuevo. Los agentes (esos fastidiosos demonios) reanudan su ataque, pero Neo simplemente se encoge de hombros y sacude su cabeza, con quizá la más débil de las sonrisas. Su gesto es elocuentísimo: la confianza que excede lo humano, la confianza de un holograma dentro del universo holográfico, de uno quien es todo —la cuchara, las balas, el universo— porque él no es nada en absoluto. De aquí que su muerte no sea simbólica ni figurada, sino literal. Chamánicamente, él cruza por el puente del arco iris hacia el mundo superior y allí su cuerpo es reemplazado por los espíritus; él regresa, con una imagen perfecta en el lugar de la carne. Como Jesús y su gemelo.

        Hacia el final de la película —que en efecto no es sino el comienzo de la historia— Neo ha alcanzado su verdadero status de "Bodhisattva" como un alma iluminada entre los condenados, un psicopompo [conductor de las almas] que navega por el Hades, un sanador mágico con un mundo muerto en sus manos (u hombros). Él es "el Elegido" (the One), no en el sentido de único sino más bien como el primero: el primero en comprender su verdadera naturaleza y en llegar así a convertirse en un gran conocedor, un creador de realidad, un soñador tolteca. Él ha llegado a la totalidad de sí mismo, él está completo (holográfico). El hecho de que su momento de muerte-renacimiento también implica la unión con su compañera espiritual o ánima (Trinidad, nada menos) tiene un perfecto sentido alquímico. Aparece entonces el divino andrógino. Hasta aquí al menos, Keanu Reeves está bien elegido para el papel, teniendo una cualidad naturalmente andrógina, la que también probablemente le consiguió la parte del Pequeño Buda de Bertolucci. Después de su resurrección Neo detiene las balas y se zambulle dentro del demonio (Smith) y así lo hace explotar desde dentro. Éste es el momento en el cual él es totalmente reconocido como el Único (es decir, la Unidad de masculino y femenino, mente y cuerpo, simulado y real, cerebro izquierdo y derecho, razón e imaginación), y la realización de cultura pop de la Gran Obra (opus magnus) por excelencia. Éste es punto por punto el elevado clímax que la película nos ha prometido desde el principio.

        De cualquier modo, The Matrix es el mito sin el psicodrama; carece de cualquier profundidad teológica, más allá de sus nociones de zen y hechicería, y no crea ninguna llamativa imagen religiosa o iconografía para que corresponda a su disposición apocalíptica. En lugar de tales imágenes, echa mano al menú standard de la fantasía de venganza de Hollywood: ropa negra, lentes de sol a la moda, artillería pesada, violencia imposible. La forma en la cual esto trasciende esta limitación potencialmente invalidante, sin embargo, es integral para el atractivo de la película en su conjunto. Ya que los personajes están interactuando en gran parte en una realidad simulada por computador, la violencia puede ser imposible sin estirar nuestra paciencia o creencia; las circunstancias requieren que ella sea no-convencional (la única vez que realmente sobrepasa sus límites es cuando Neo le dispara a una pieza llena de agentes en la cual Morfeo también está cautivo, sin que éste reciba ni un rasguño en el proceso). La absurdidad de la violencia aquí se mueve libremente en lo surreal, que es a donde pertenece. Y ya que la surrealidad de ella conduce inevitablemente a su propia obsolescencia —donde está el verdadero poder ya no es necesaria la fuerza— hay allí, quizá por primera vez, un propósito, un punto, un objetivo, para todo ese exceso. The Matrix es un mapa de la realidad para que potenciales artistas y soñadores y aspirantes a chamanes consideren cuidadosamente durante horas. La posibilidad de que todo en ella sea exacta y precisamente verdadero —si esto es enunciado metafóricamente— y de que la película misma sea un trabajo innovador en el programa de propaganda-iluminación de las ocultas fuerzas rebeldes "del futuro" (es decir, el mundo real), es una posibilidad que no debería ser dejada como una línea desechable al final de un catálogo de películas sobre la violencia. Es una posibilidad que invita a nuestra consideración más seria, aunque fuera sólo por el puro placer que hay en ello.

        Morfeo no se equivoca cuando él asegura a Neo que la "realidad" —entendida como aquello que es captado por los sentidos, como el olfato, la vista, etc.— no es sino impulsos eléctricos en el cerebro, y que como tal puede en efecto ser simulada por medios artificiales. La ciencia y la tecnología han establecido ciertamente esto, si es que ellas realmente no nos lo han demostrado aún. Quizás estamos reprimiendo un miedo que está al acecho que, si comprendiéramos que es posible, también podríamos comprender que es igualmente inevitable, y que en efecto ya ha sucedido. Percibiremos la matriz de nuestra mente como la trampa mortal en que se ha convertido. Y en ese punto no tendremos sino una de dos opciones: la píldora azul o la roja.


*

"Cuando las cosas se deshicieron, nadie prestó mucha atención"
(Talking Heads, "Nothing but Flowers").


        La cosa más notable de todas acerca de The Matrix consiste en que crea expectativas casi imposibles y luego no decepciona. Es todo lo que intenta ser; no tiene verdaderas pretensiones, siendo un gran espectáculo de efectos de acción, y cuando tiene aspiraciones heroicas cumple con ellas casi sin esfuerzo. Presenta el final del mundo, la batalla final entre la luz y la oscuridad, como el último videojuego en el cual los riesgos son reales y sólo los medios son artificiales. Por supuesto, el hecho de que en The Matrix el Apocalipsis ha sucedido ya —tecnológicamente hablando, no psicológicamente— (¡aunque nadie lo haya notado!) añade un giro extra a los procesos. Sobre todo permite que la película evite atascarse en la cansada y agotadora mecánica de la victoria y el fracaso, el bien contra el mal, etc., que caracteriza a las películas de acción y que garantiza que sean invariablemente una decepción al final. Se entiende intuitivamente aquí que lo que está en juego, en esta arena, y a pesar de todo el hardware dentro del software, no es el mundo (ya ha sido perdido) sino el alma del mundo. Y como en The Terminator, aunque más explícitamente aquí, puede verse que la inteligencia-máquina que oprime y se opone al espíritu individual en realidad lo sirve, permitiéndole que evolucione y que desarrolle todo su potencial, usando los obstáculos y desafíos que la máquina suministra para ello.

     La Matrix —que es el término latino para "útero"— es realmente (para los Illuminati al menos) menos una prisión y más un campo de entrenamiento, una escuela, en la cual ellos son capaces de descubrir su verdadera naturaleza en el proceso de supervivencia. Es la selección natural al nivel de las almas. Es dentro de esta "prisión de hierro negro" de la mente que al alma se le permite que se incube y florezca, con la opción —pero de ningún modo la garantía— de recolectar su poder a tiempo para salir del estado de crisálida y emerger completamente formada en la realidad, más o menos exactamente como la mariposa extiende sus alas para volar, en el mismo momento en que destruye su anterior y temporal morada. Lo que fue una vez construído para su protección se ha convertido ahora simplemente en su esclavitud. El deseo del agente Smith de llegar a ser real de alguna manera y de serlo en la última ocupación humana sobreviviente, Sión [4], es una amplia indicación de la voluntad secreta o agenda de la máquina. Ésta quiere nacer, quiere experimentar la carne, no sólo simularla. Lo más cercano que consigue, sin embargo —hasta ahora al menos— es cuando Neo ingresa dentro del campo de energía de la IA y causa con ello que se interrumpa, que estalle, probablemente (estoy conjeturando nuevamente) por una sobrecarga de energía, de información, o quizá incluso de emoción.

[4. El nombre es especialmente curioso considerando los principios gnósticos de la película: judaísmo y gnosticismo están diametralmente opuestos, filosóficamente hablando, y mortalmente en desacuerdo, históricamente hablando].

        El problema fundamental con The Matrix es que es acción continuada desde el principio hasta el final. Hay difícilmente una escena sola que no sirva para hacer progresar o para protestar contra su trama o para establecer algún personaje, y por lo tanto la película tiene una sensación entrecortada, forzada, como de interminables patadas de Kung-fu. Carece quizás del placer más escurridizo de todas las obras de arte: el momento superfluo, los pequeños detalles, las felicidades fortuitas. Al mismo tiempo, a consecuencia de esta carencia, ninguna de las realidades nos parece completamente verdadera, porque nunca se nos da el tiempo para acostumbrarnos a ellas, para habitarlas. La película nunca sitúa sus escenas sino que simplemente se lanza de cabeza en ellas. Este punto débil es más especialmente deplorable en las secuencias del mundo real, que nunca se toman el tiempo para darnos una idea de este mundo post-apocalíptico y de a qué se parece (más allá de las imágenes de los "campos" interminables en los cuales las entidades inorgánicas están parasitando a los humanos, la imagen más espeluznante e inspirada de la película). Nos quedamos con poco más que el interior del aerodeslizador de Morfeo, el Nabucodonosor, en el cual los rebeldes funcionan, sin ningún sentido de sus movimientos (con relación a Sión por ejemplo, que está localizado cerca del centro de la Tierra) o de por qué esta fuerza rebelde es tan limitada en número, si hay otros grupos trabajando para el mismo objetivo, etc., etc. Ya que ellos son simplemente vehículos humanos para los temas y la trama de la película, no se permite que ninguno de los personajes se desarrolle. La más bien deslucida actuación en toda la película apenas compensa esta debilidad, en cualquier caso (las excepciones principales son Fishburne, Foster como el Oráculo, y Hugo Weaving como el demonio-agente Smith). Éste es el nivel en el cual la película es más débil, y bastante irónicamente, es el nivel humano.

        Que Trinidad se enamore de Neo, por ejemplo, es simplemente el desarrollo romántico obligatorio que nos han asegurado desde el principio. No hay nada en absoluto que sugiera qué de él es por lo que ella se enamora, aparte de sus lindas cejas y la posibilidad de que él sea "el Elegido"; porque no hay nada en el Neo que interpreta Reeves que sugiera nada. Y lo mismo se aplica para el resto de los personajes: ellos son casi tan sustanciosos como los hologramas que ellos pueden ser o no (no tendemos a distinguir mucho entre las tres diferentes "modalidades" o realidades que la película nos da, en todo caso). Esta no es obviamente ninguna crítica menor cuando se refiere a una supuesta obra de arte, aunque al mismo tiempo la película nunca realmente sufre mucho por su debilidad. Tiene tanto carácter en sí misma que esto pasa inadvertido. Y The Matrix debe ser también la única película de su tipo en salir adelante sin un villano standard. Aunque el Smith que interpreta Weaving sirva para esta función básica, ya que él es evidentemente sólo un peón del "gobierno", carece de la grandiosidad del genio del mal standard ni tampoco es particularmente detestable (aunque Weaving lo interpreta con maravilloso talento haciendo verosímil su amenaza, dándonos la mejor interpretación en la película). En The Matrix el enemigo está en todas partes y en ninguna. Ya que la IA es una creación de la Humanidad, obviamente el enemigo somos nosotros mismos. Pero al mismo tiempo las entidades de la máquina inorgánica han evolucionado en una especie hacia ellas mismas, y de ahí que puedan ser vistas como encarnaciones vivientes de este "mal", aunque es nuestro propio mal. Ciertamente ellas cumplen admirablemente con tal definición (ellas dejan a los Daleks en el polvo), y las escenas de la infernal Tierra baldía, que apesta a azufre, hacia 2099, son lejos las más inquietantes en la película. Dentro del reino "humano" —dentro de la Matriz— el enemigo es difuso, descentralizado, huidizo, y efectivamente se extiende a la Humanidad misma. Aquellos que no están listos para ser despertados, estos autómatas fabricados en serie, han llegado a ser uno con la máquina. Como Morfeo dijo: "Si usted no es uno de nosotros, usted es uno de ellos" [5].

[5. Como Morfeo lo dice, "Ellos son todavía parte del sistema, y eso los convierte en nuestros enemigos... La mayor parte de esta gente no está lista para ser desconectada. (Ellos) son tan inertes, tan desesperanzadamente dependientes del sistema, que lucharán para protegerlo". Puesto que los agentes de la IA son capaces de entrar en —de "poseer"— cualquier ser humano que esté aún conectado a la máquina, y de convertirlos por lo tanto en autómatas sin inteligencia que hacen la voluntad de ésta, en asesinos programados, nada menos, cualquier humano que no haya sido reclutado activamente por los Illuminati es una amenaza potencial para éstos].

        The Matrix es más que simplemente una película, sin embargo, y esto explica por qué he sido tan desenfadado al enaltecerla, por encima y más allá de sus cualidades reales como una obra de arte. Tales cualidades, aunque bastante prodigiosas, son también (lo confieso libremente) completamente discutibles. Es como un fenómeno social, a la par con y también íntimamente relacionado con "The X-Files", que The Matrix merece la atención y el respeto, más allá de cualquier otra película en la memoria reciente. Llegando como lo hizo en la misma víspera del Eón (fue estrenada durante la última Pascua de Resurrección del milenio [miércoles 31.3.1999]), resume eficazmente un cuerpo entero de miedos, creencias, fantasías, esperanzas y paranoias que está ganando una acogida cada vez más firme en la imaginación colectiva (al menos en la del mundo occidental). The Matrix reúne una serie enorme de temas milenarios en un conjunto resbaladizo y extraordinariamente ameno, que parece diseñado para provocar su propio grupo de seguidores de culto, en algún punto a lo largo de los acontecimientos de unas Star Wars para adultos.

        The Matrix es simplemente la última en una serie intemporal de fabricación de mitos en la cual se muestra a la Humanidad como estando instalada en una situación realmente diabólica, la naturaleza de la cual supone nuestra completa ignorancia del hecho. Puesto que el factor más esencial aquí es la ignorancia, por la misma razón el primer y más difícil paso, el más crucial, es simplemente llegar a estar consciente de la verdadera naturaleza de nuestra difícil situación. Considerando todo esto, The Matrix sirve a la más antigua y más respetable, la más reverenciada, causa del arte: la de sacar de la oscuridad a la masa, por medios tanto profundos como ridículos, hacia la Verdad. Quizás uno entre mil de aquellos que ven la película reconocerá o incluso notará sus principios gnósticos; pero independientemente de esto, cualquiera que ve la película ha sido efectivamente expuesto a ellos. Por supuesto, usando la lógica de los niños de la película The Faculty, podría igualmente argumentarse que The Matrix sirve a la función precisamente opuesta, ya que al presentar la verdad como ciencia-ficción la está despojando de su credibilidad. Este argumento sólo se mantiene firme sin embargo si la obra en cuestión es verdaderamente ridícula en sí misma. En el caso de The Matrix, la obra es simplemente demasiado inspirada y efectiva (e impresionante) para ser cualquier cosa menos un trabajo de revelación.

        De dónde exactamente los enormemente talentosos hermanos Wachowski sacaron los ingredientes para su pócima de hechiceros, su película, no lo puedo decir, sin mirar posteriormente en ello; obviamente ellos han hecho su parte de investigación. The Matrix tiene un impulso y una lógica internos más allá de la mecánica de su trama basada en la paranoia, y su base mítica se compara con (y finalmente excede a) lo mejor del cine de ciencia-ficción, desde Metropolis a Invasion of the Body Snatchers, Alien y The Terminator, todas películas que han surgido —con grados variados de integridad y poesía— del inconsciente colectivo de la Humanidad. Ya que la ciencia-ficción por definición implica nuestro futuro tanto como nuestro presente, puesto que intenta proyectar la imaginación colectiva hacia adelante, y así percibir mejor lo que está sucediendo ahora (viendo a dónde nos está conduciendo), la gran ciencia-ficción es intrínsecamente más reveladora —más progresiva— que los otros géneros. (Las posibles excepciones son el horror y la fantasía, que están igualmente obligados a saquear el inconsciente). The Matrix es la proyección más completamente realizada y apasionada de nuestros miedos y aspiraciones colectivos en una película de ciencia-ficción desde Metropolis de Fritz Lang; y ya que ha sido calculada con alarmante precisión para aparecer al final mismo del milenio, no se ha simplemente ganado sino que activamente se ha apoderado de su lugar en la historia del cine. Es un verdadero sujetalibros para una época.


*

"El tiempo está siempre en contra nuestra".
(Morfeo, en The Matrix).


        Al comienzo de The Matrix, Neo es uno de los muertos vivientes, un sonámbulo perdido en el laberinto de su propio estupor mundano; pero él tiene pasiones, sentimientos, anhelos, que le dicen dos cosas sobre todo: que él es de alguna manera especial, diferente de todos los demás; y que algo de alguna manera no está precisamente bien en el mundo en el que vive. En virtud de esto, cuando él es contactado por Morfeo por los canales telefónicos computacionales de la Matriz (que representan la mente inconsciente), y se le pide que siga las pistas, él no puede sino responder. Éste es (chamánicamente hablando) el "descenso del Espíritu" (el polvo del sueño de Morfeo), anunciado en la película por un llamar a la puerta, tradicionalmente adecuado en los círculos de hechicería. Se le pide, como a Alicia, que siga al conejo blanco; el conejo significa el temor, entre otras cosas. En esta etapa, impulsado sobre todo por la curiosidad, la naturaleza primaria de la experiencia que aguarda a nuestro neófito (una vez que él haya dado el primer paso activo en el camino chamánico, y así entrado en el laberinto que el Espíritu ha armado para él) será el miedo. Bastante seguro, la siguiente reunión de Thomas es con Trinidad, la mujer Espíritu Santo que susurra en su oído (las tentadoras palabras de Eva) que ella conoce lo que él ha estado ansiando conocer, equiparado al menos parcialmente (bíblicamente) con el sexo. De este modo por supuesto él es enganchado, y permite que sea atraído —en un paso voluntario— hacia la trampa de Morfeo, el señor de los sueños: el chamán.

        Fue quizá inevitable que el papel de Morfeo fuera dado a un actor Negro; ésta es una película de acción de Hollywood, después de todo, y un indio norteamericano en el papel hubiera sido demasiado perfecto, demasiado Oliver Stone. Un hombre Negro era la obvia siguiente opción. Un maya habría sido simpático, supongo, pero ya que no hay actores mayas en Hollywood, podemos estar agradecidos al menos de haber conseguido a Laurence Fishburne (pudo haber sido Will Smith). Fishburne hace de Morfeo una presencia hipnótica desde el principio. Ya que él está viviendo más allá del Apocalipsis, él está más allá de la serenidad también. Él es tan tranquilo que parece una piedra, como una pirámide, emanando poder, exactamente como el chamán debería. Él influye en Thomas por medio de la transparente fuerza de su personalidad y su presencia. Él no se ablanda frente a su potencial aprendiz sino que se la da directamente. Morfeo le deja sentir a Thomas que es éste quien está eligiendo, pero se asegura de que haya sólo una elección que él pueda hacer. Ya que él sabe que Thomas es el Elegido, sabe que el espíritu de éste es la cosa más fuerte en él. De ahí que él sólo tiene que despertarlo, y el resto llegará solo. Y él fuerza a Thomas a enfrentar su miedo desde el primer momento, cuando lo conduce al precipicio en el edificio de oficinas. Morfeo indudablemente sabe que él no será capaz de hacer el salto, de manera que él está según parece simplemente presentándoselo como la tarea que le espera. El primer enemigo del hombre de conocimiento, según Don Juan, es el temor. Pero Morfeo (como Don Juan) se asegura de que su aprendiz no sea abrumado por este miedo, sino que realmente lo usa para espolearlo. Puesto que la curiosidad de Thomas es tan formidable, él es obligado a encarar su miedo, a fin de encontrar su fuente, y esto él lo hace directamente. Ya que Thomas ha visto ya demasiadas cosas extrañas para siquiera dar algo por supuesto nuevamente, él simplemente tiene que averiguar lo que está sucediendo. Y entonces él toma la píldora roja, y es lanzado sin más preámbulos hacia la Zona, la dimensión astral, el inframundo, el inconsciente, llámelo como usted prefiera. Él llega a la conciencia corporal después de toda una vida de estupor, y se encuentra en el Infierno. Él es rápidamente rescatado por su guía-chamán, sin embargo (habiendo lo inorgánico dejádolo por muerto), y allí, en su nuevamente aumentado estado de conciencia, le cuentan los hechos.

        Su vida es un sueño. Él ha sido esclavizado por una inteligencia ajena que ha secuestrado su cuerpo y ha debilitado su voluntad y ha drenado su fuerza vital y lo ha convertido en una fuente nutritiva, en una batería eléctrica viviente. Él ha sido alimentado, por su parte, solamente con mentiras durante su vida entera, hasta el punto en que la verdad ya no existe para él. Esto no es académico, ni mucho menos metafórico. Es la verdad literal y horrible, y Morfeo puede demostrársela. No obstante, él le muestra otra realidad, una que está totalmente bajo el control consciente de Morfeo, su mismo propio mundo de ensueño, en el cual él es Dios. De aquí que Thomas —ahora Neo, al menos en espíritu— a pesar de la tensión casi intolerable sobre su razón y su valentía, sea obligado a aceptar la verdad y, haciendo eso, encararla y cambiarla. A él se le muestra el enigma insondable —de su propia identidad— y se le dice que sólo yendo allí, y presentándole batalla a los monstruos allí, puede él esperar sobrevivirlo. Ya no hay más ningún lugar hacia el cual él pueda retroceder: él se ha tragado ya la píldora; él ha elegido la vida. (Otro personaje en la película —un pobremente trazado pero clave jugador, Cypher— realmente intenta tal fuga, volver a su sopor de muerte y olvidar que él alguna vez lo dejó; él es el Judas de la película, y él por muy poco casi destruye el movimiento entero de Neo en el proceso). Una vez que se confía a su guía-chamán, el iniciado es lanzado a la clase de existencia a la que sólo un guerrero puede sobrevivir, y es por ello que él es entrenado en artes marciales, aprendiendo por osmosis, por así decirlo, transmitiendo el chamán su conocimiento directa y corporalmente sobre el aprendiz, y sólo entonces mostrándole cómo estimar su conocimiento como poder. Neo es por supuesto un estudiante premiado —él es después de todo "el Elegido"— y muy pronto él estará en condiciones de equipararse a Morfeo.

        En ese punto, él es enviado de vuelta a la acción, para un entrenamiento en la vida real, enviado al mundo (la Matriz) para encontrar su poder. Las enseñanzas del chamán han asegurado sin embargo que el aprendiz retorne al mundo con algo nuevo: la conciencia de que el mundo es sólo una simulación, un punto de vista, y que, más aún y en gran medida, no es ni siquiera propio. Su tarea es cambiar esto, pero él sólo puede comenzar a hacerlo primero estando perfectamente distanciado de ello, aprendiendo cómo "no creer", para comprender que el mundo es un sueño, sujeto a su propia voluntad consciente. Es en este punto que el segundo enemigo del hombre de conocimiento —la claridad, la percepción nítida— surge. Neo está tan convencido de su punto de vista, de su interpretación de la realidad, que ésta lo esclaviza (que es exactamente para lo que la Matriz está diseñada, obviamente). Para vencer esto él debe liberar su mente, derrotar su razón, o claridad, y simultáneamente liberar su "cuerpo" también, comprendiendo que él es simplemente un modo de percepción, un sentimiento. De aquí que él sea liberado para convertirse en poder puro: un chamán, o un "caminante del cielo" [6].

[6. La palabra "chamán" quiere decir "caminante del cielo" (skywalker), que es de donde George Lucas sacó el nombre para su héroe. Indudablemente The Matrix, sobre todo si la trilogía alguna vez se concreta como está planeado, es la película que Star Wars nunca logra ser completamente].

        La tarea de Neo es comprender que él está en el mundo, pero que no es del mundo. Esta comprensión sin embargo no puede ocurrir sin enfrentar primero sus dudas, y aquí es donde el Oráculo entra. Antes de reunirse con la Pitonisa, Neo hace una pausa en la sala de espera para recibir una breve lección mágica del niño parecido a Yoda y su cuchara. Este incidente de la cuchara que se dobla lo prepara adecuadamente para la curvatura de la mente que la Pitonisa hará para él, momentáneamente. Ella confunde sus expectativas y lo deja libre de obligaciones antes de que venga el golpe grande. Ella lo deja en el estado anímico apropiado para su completa iniciación como guerrero-chamán: él es abandonado (él no es el Elegido, así que no importa lo que él haga en adelante), pero controlado (él no puede no hacer nada y ver morir a Morfeo); y salvando a Morfeo (y a Trinidad juntamente), Neo confirma su poder, y el aprendiz se convierte en maestro. Neo está listo ahora para lo real.

        La belleza de The Matrix consiste en que es la historia de un viaje espiritual, y a pesar de ello desarrolla el melodrama como una parte inherente a este viaje. El horror, la aventura, e incluso la violencia de la película, son tan eficaces porque funcionan tanto en su propio nivel —como los ingredientes necesarios y sensacionales de la ciencia-ficción— y en un nivel más mítico, como parte del rito personal de transición de Neo. Todo lo que le sucede es parte de su iniciación, son los medios para que él "libere su mente". Por lo tanto, por vez primera, todo el caos tiene un sentido: es literalmente apocalíptico. Y ésa es la belleza de The Matrix, porque realmente practica lo que predica. No es sólo acerca de un viaje chamánico, velado tras una forma dramática y engalanado al mejor estilo de Hollywood, sino que al mismo tiempo es este viaje mismo, en miniatura. Es como un laberinto flexible, en el cual la percepción del espectador puede vagar y espiar y avanzar lentamente y elevarse, a voluntad, para su propia desesperación o su deleite, como sea. Es un medio para enfrentar de manera divertida al inconsciente; y si es tomado (o hecho, pues The Matrix es la primera verdadera obra de cine participativo, de "realidad virtual") con el espíritu correcto, es un bálsamo potencial para el alma fatigada y deprimente del espectador. Tal vez incluso sea una bendición. Brinda la clase de regocijo, expectativa y alegría (para este espectador al menos) que puede ser asociada más con la infancia que con otra cosa. O con los sueños. Ver The Matrix puede hacerle parecer que cada día es Navidad. Verla libera la mente.


*

     "La verdad no ha entrado desnuda en el mundo, sino que vino en forma de tipos e imágenes. El mundo no recibirá la verdad de ningún otro modo. Hay un renacimiento y una imagen del renacimiento. Es necesario nacer de nuevo a través de la imagen de la resurrección. La imagen debe nacer de nuevo por medio de la imagen" (Evangelio de Felipe, Biblioteca de Nag Hammadi).


        A dónde podrían llegar los hermanos Wachowski a partir de aquí, es la pregunta más intrigante de todas. Ellos han declarado que dos películas más de The Matrix están en camino, pero si ellas serán continuaciones o historias previas, o ambas, permanece en la incógnita (lo ideal sería una de cada una, ya que The Matrix no nos muestra ni el final ni el comienzo de la historia). Hay un potencial aquí que verdaderamente sobresalta la mente. Después de todo, como un semidiós holográfico —sólo uno de un creciente número, o de una raza viniente— literalmente no hay ningún límite para aquello de lo que Neo sea capaz, con el tiempo. El objetivo parecería ser no terminar simplemente la tiranía del viejo programa sino también introducir un nuevo programa en el antiguo, para hacer por lo tanto posible la transición; de otro modo, la mayoría de los humanos (como la película lo señala) simplemente no es lo bastante fuerte para dar el salto, desde el beato olvido a la realidad infernal, sin perder su mente en el proceso (la línea entre "liberación" y "pérdida" aquí es muy fina en verdad). Puesto que Neo y su compañeros Illuminati están destinados no simplemente a navegar y derrocar a la Matriz sino realmente a remodelarla —para reorganizar sus componentes en algo más viable, algo más abierto, algo que conduzca a la libertad— su trabajo ya no es simplemente el del terrorismo. Es algo infinitamente más exigente, y si los hermanos Wachowski —inspirados como están— son capaces de prever tal proceso de una iniciación mundial, sólo el tiempo lo dirá. Parece dudoso, a menos que ellos puedan ignorar con éxito la presión de los estudios y de los espectadores y simplemente seguir su propia inspiración hasta el final, y asumir tantos riesgos la próxima vez como lo hicieron esta vez, apareciendo por lo tanto con algo igual de inesperado.

        La siguiente frontera lógica en la serie de The Matrix parecería ser el Tiempo. Una pregunta que nunca surge en la película está relacionada con esto, a saber: ¿cómo es que la simulación, de la vida en la Tierra hacia 1999, es capaz de continuar indefinidamente?. ¿Cómo puede la IA incorporar cambios que nunca ocurrieron, ya que el final del mundo trajo una detención para todo esto?. O si no, ¿cómo puede impedir a la conciencia humana notar que el tiempo efectivamente se ha detenido, que sea siempre 1999, que el nuevo milenio nunca llega?. Porque la tiranía del programa está relacionada directamente con esto: no es que sea irreal (por las propias definiciones de la película hay un amplio espacio para la ambigüedad sobre esto), sino que está agotado, y ya no hay ningún lugar donde pueda ir. De allí la necesidad de un nuevo programa, puesto que en el antiguo no hay ninguna posibilidad de crecimiento, de cambio. Toda la novedad ha sido exprimida, quedando sólo una repetición interminable, una reconfiguración de los mismos elementos infinitas veces bajo plantillas agotadas ya muy conocidas. Este "final de la novedad", en relación a la explosión de la información del presente siglo, ha sido postulado por el escritor-chamán Terence McKenna, quien imagina un punto en el tiempo en el cual todo el conocimiento (racional) habrá sido acumulado, reunido, asimilado, y el programa como tal completado. Esto es referido por él como el "ésjaton" [έσχατον, "fin, final, extremo"], o de otra manera (para usted y para mí), el final del mundo (o de la palabra) [7].

[7. McKenna pudo incluso haber estado anticipando The Matrix cuando dice: "Pienso que las culturas son especies de realidades virtuales donde poblaciones completas de personas llegan a quedar aprisionadas dentro de una estructura que es lingüística y que está basada en valores". Posteriormente él comenta: "Ahora, si vamos a convertirnos en seres planetarios, no podemos permitirnos el lujo de tener una mente inconsciente, que es algo propio de la etapa del mono en la cultura humana. Y así viene entonces la prótesis de la tecnología, en que todas nuestras memorias y todas nuestras ciencias y nuestras capacidades de planificación proyectiva pueden ser descargadas en un artefacto tecnológico que es casi nuestro hijo o nuestro amigo o nuestro compañero en la aventura histórica". The Matrix, ¿hecha por encargo, cree alguno?.].

        Un breve resumen de las ideas de McKenna sobre el asunto de la inteligencia artificial puede ser obtenido de una extensa entrevista con Art [Arthur] Bell:

     «Pienso que hacia donde nos estamos desarrollando es... una inteligencia artificial de alguna clase (que) surgirá del arrecife de coral tecnológico humano y será tan diferente de nosotros como nosotros de las termitas... La Internet es el lugar natural para la IA, para que la inteligencia artificial nazca y... aprenda 50.000 veces más rápido que un ser humano, y la Internet, todas sus partes están interconectadas unas con otras... una estrategia sigilosa sería probablemente una estrategia muy sabia para una inteligencia artificial que está estudiando a sus padres humanos. También es verdad que, más que lo que la mayoría de la gente comprende, enormes segmentos del mundo de hoy están ya bajo control computacional... Quizá ya ha asumido el control... Realmente no podemos predecir lo que hará. Sería agradable suponer que, como un dios compasivo y cariñoso, atenuaría las arrugas de nuestras vidas y restauraría todo a alguna especie de perfección edénica».

        La idea del ésjaton se vincula, de maneras obscuras y desconcertantes, con el "Virus de la Palabra" de William Burroughs, con los "simulacros" de Jean Baudrillard, y con las novelas de Philip K. Dick, Greg Egan, etcétera, etcétera. Esencialmente, lo que estos autores sugieren es que nuestra realidad se ha convertido en (o debiese llegar a ser) una repetición de experiencias anteriores, un reciclaje de viejos datos, y como tal es no es más que una imagen, un holograma, una proyección de una realidad que está... en alguna otra parte. Es en este punto, entonces, que el tiempo efectivamente llega a una detención. La conciencia es forzada a dar el salto hacia la siguiente etapa (independientemente de cuál pueda ser), para no colapsar sobre sí misma. Ésta es la razón de por qué el desarrollo lógico de los Illuminati en The Matrix parecería ser desde unos mortales (aunque extraordinarios) luchadores por la libertad hacia... algo más: viajeros interdimensionales, unidades no humanas de conciencia, proyecciones de otra realidad, quizás de una Matriz divina, y por ende capaces de moverse a través del tiempo tan fácilmente como ellos alguna vez se movieron a través del espacio. Por supuesto, esta idea no es nada nuevo; es el sine qua non para comprender la naturaleza (y la posible realidad) de los llamados seres de la cuarta dimensión, llámelos ángeles o demonios o extraterrestres o futuros seres humanos que viajan hacia atrás en el tiempo para hacernos una visita. Obviamente, éste es un camino que está más allá del alcance de este libro, aquí en su cierre en el que estamos. Pero en términos del escenario de la Matriz, no es un salto tan grande.

        Ya que la realidad de la Matriz está siendo continuamente descargada en la conciencia colectiva de la Humanidad en tanto ésta está en su sopor —y ya que Neo y su equipo son capaces de funcionar tanto dentro como fuera de esta realidad (actuar a través de ella pero también sobre ella)— no es difícil imaginarlos desarrollando la capacidad de congelar temporalmente el flujo de información (como Morfeo lo hace en una de sus simuladas caracterizaciones) a voluntad, e incluso quizá revertirlo o adelantarlo, más o menos como uno hace una pausa o adelanta en una videograbadora. Esto les daría el poder realmente divino de alterar y reordenar las cosas dentro de la conciencia humana colectiva, dentro de la Matriz, y así reorientarla constantemente y de manera creativa hacia un resultado deseado. Y puesto que este resultado no es simplemente el derrocamiento de la tiranía de la IA sino también el despertar de la Humanidad, se requeriría no tanto la crueldad del terrorista sino la sutileza del artista, la magia del hechicero, el poder del chamán.

        Una pregunta aún más exigente (e intrigante) surge aquí: si la Matriz resulta ser "sólo" una simulación —un sueño— y supeditada a la alteración perceptual, ¿qué pasa, entonces, con la "verdadera" realidad?. Morfeo le enseña a Neo cómo funcionar —con un potencial sobrehumano— dentro de un simulado campo de entrenamiento, de modo que él pueda luego moverse adecuadamente en la Matriz con el conocimiento que ha obtenido, y funcionar allí; esto aunque él no pueda menos que seguir percibiéndolo como la realidad verdadera. De modo que si el final y el objetivo último de todo esto es liberar su mente y así demostrar que la realidad es un asunto puramente subjetivo —una ciencia participativa, si usted prefiere (como la física cuántica nos asegura)— entonces seguramente esta misma conciencia —este mismo poder— ¿debe también aplicarse a la "realidad" misma, esto es, al mundo post-apocalíptico donde la IA reina?. Ciertamente es una conclusión lógica e irresistible que éste también es sólo otra simulación, aunque de un orden muy diferente. Pongámoslo de otra manera: después de descubrir, más allá de toda posibilidad de duda, que lo que él una vez pensó que era la realidad concreta y empírica es realmente una proyección mutable y plástica de la realidad —sin leyes fijas más allá de las leyes (las limitaciones) de la mente— ¿cómo es posible para Neo —habiendo comprendido esta verdad que acaba con todas las verdades— tomar alguna vez algo como "sólido" otra vez?. Obviamente, no lo es. Uno no puede liberar la mente sólo en parte; uno debe liberarla completamente, o nada en absoluto. De aquí que la Matriz misma no es más que un campo de entrenamiento —exactamente como las simulaciones de Morfeo para Neo, sólo que del siguiente nivel— para la iniciación en el universo mágico, como está programado por "Dios", si debemos darle un nombre. Y aquí es donde los hermanos Wachowski podrían volverse realmente estrafalarios con The Matrix.

         Como Terence McKenna trata de persuadir:

     «He estado pensando en la idea de que los extraterrestres, y esta penetración de la mente popular por imágenes de extraterrestres, son algo con lo que podemos no enganchar hasta que aceptemos la posibilidad de que los alienígenas sólo pueden existir como información, y por lo tanto la Internet es la zona de aterrizaje natural para estas mentes alienígenas... No importa qué sea el alienígena, lo interpretamos a través de la experiencia humana, y Dios sabe que nuestra experiencia humana está lo suficientemente afinada al final del siglo veinte... Cuando usted amontona toda esta materia y comprende que importantes descubrimientos están siendo hechos en todos estos campos simultáneamente, usted comienza a ver el impulso morfogenético para esta "cosa" que quiere nacer de la especie humana en este punto como casi imparable e inevitable. Todos somos testigos de este depliegue... Un organismo dinámico multi-sensorial que vive en la información».

          McKenna cree que el día en que se descubra que el viaje en el tiempo es físicamente posible —el día en el cual la Humanidad en su conjunto se dé cuenta de este hecho (y parece estar cercano)— efectivamente será el final del tiempo como lo conocemos. Él postula una especie de portal que se abre en el espacio-tiempo a través del cual el futuro vendrá derramándose hacia el presente. Si el viaje en el tiempo se llega a hacer posible, sostiene McKenna, lógicamente entonces nuestras futuras individualidades llegarán por lo tanto a ser conocidas por nosotros. Pero para no abolir completamente nuestra ilusión de la cronicidad (el gobierno de Cronos, o Saturno, o el Tiempo) —a fin de permitirnos todo el beneficio de la instrucción y preparación con la que esta corriente del tiempo nos está proveyendo— obviamente nuestras futuras identidades deben ser cautelosas. Tal como los agentes de la IA de The Matrix, ellas pueden andar entre nosotros pero no pueden hacerse conocidas para nosotros, por la simple razón de que hacer aquello efectivamente colapsaría el programa y, como se dice comúnmente, haría estallar nuestras mentes. De esto se desprende, sin embargo, que el momento en el que los viajes en el tiempo se hagan posibles para el individuo corriente, y en el cual el hombre de ayer consigue un atisbo del dios del mañana, estos seres divinos —que son tanto nuestros demonios como nuestros ángeles, nuestros creadores y nuestros descendientes— pueden finalmente caminar libremente entre nosotros. Por lo tanto (según McKenna), el momento en el que el viaje en el tiempo sea descubierto, ocurrirá un influjo masivo y verdaderamente apocalíptico —una ola gigantesca, si usted prefiere— de energía alienígena, o datos no procesados de unidades absolutamente nuevas de información, o, para decirlo más derechamente, de seres sobrehumanos. Los dioses llegaron hoy. Por supuesto, uno también podría "reducir" este escenario escatológico a términos menos apocalípticos diciendo que todo lo que esto realmente implica es la apertura de las compuertas entre el lado izquierdo y el lado derecho del cerebro, conocida por otro nombre como un apocalipsis...

        Si los hermanos Wachowski están tan sólo la mitad de conscientes de la magnitud de su premisa —de su visión—, ellos estarán obligados a encarar y asimilar este "hecho": que más allá de todas las maravillas tecnológicas y virtuales, y más allá de la intriga y el misterio, allí se esconde una verdadera tierra de magia y de milagro, un fenómeno orgánico de proporciones realmente abrumadoras, por las cuales tanto el fantasma como la máquina (la semilla y el útero) pueden ser vistos como no siendo más que los medios a través de los cuales los dioses nacen.

        ¿Dónde está la gloria de la Naturaleza en The Matrix?. No creo haber visto ni un solo árbol en toda la película. ¿Dónde está el Paraíso? [8]. La película sólo ofrece una variedad de purgatorios (donde el alma es purgada y preparada), y un solo Infierno. No hay ninguna mención de a dónde realmente podemos ir desde aquí. Nadie pregunta; nadie se atreve. La película parece presentar una situación a puertas cerradas, una situación carente de salida, excepto por el hecho singular de que está ante todo preocupada por la naturaleza de la ilusión, por cómo usarla y cómo vencerla. Como tal, The Matrix nunca realmente desciende a la "realidad" en absoluto. Ésta aún debe venir, y puede ser que la mente humana, tal como es (y la Matriz no es ni más ni menos que esto), no puede conocer la realidad directamente en absoluto sino que sólo percibe una serie interminable de interpretaciones, de simulaciones. Estas ilusiones no son el territorio, pero con el tiempo podemos ver que ellas son más seguramente mapas, mediante los cuales podemos algún día llegar allí, a tierra firme por fin, donde podremos desechar todos los mapas e ilusiones de una vez para siempre. Y, en aquel día, podemos encontrar que la verdad era la que teníamos desde el principio, sólo que no podíamos comprenderla. Tanto la serpiente de Edén como Jesús Cristo silbaron la misma melodía, aunque por diferentes razones: "Seréis como dioses" [9]. Aparentemente, el Paraíso no es para todos".–

[8. En una de las rarezas más interesantes del libreto, el agente Smith le explica a Morfeo que "la primera Matriz era un mundo humano perfecto", que la IA originalmente creó una realidad sustituta de la felicidad terrenal, un regreso al Edén, pero aquella Humanidad la rechazó en seguida, ya que ¡"nadie aceptaría el programa"!. Por lo tanto ellos inconscientemente eligieron el purgatorio en cambio].
[9. "Ustedes ciertamente no morirán: pues Dios sabe que en el día en que ustedes coman de eso, entonces sus ojos serán abiertos, y ustedes serán como dioses, conociendo el bien y el mal". La serpiente en Génesis 3:5. En Juan 10:34 Cristo dice lo mismo, con una ligera variación: "¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije: Ustedes son como dioses?"].





DOS NOTAS FINALES

[1. El "Demiurgo" es quizás el principio central del gnosticismo, tal como se encuentra en la Biblioteca de Nag Hammadi (el códice sellado descubierto en el Oriente Medio en 1947). Los gnósticos enseñaron que Yahvé —aceptado por los judíos, y por el cristianismo después de ellos, como el creador de la Humanidad, su único dios verdadero— era de hecho un simulador, un falso dios, cuyo verdadero nombre era Samael, "el dios de los ciegos", o el Demiurgo. Samael fue engendrado por la diosa Sofía (sabiduría), pero prontamente se rebeló y asumió su trono falso como el creador del mundo y "Dios" (mejor dicho como Lucifer), gritando: "Yo soy el que soy, no hay dioses además de mí", etc., etc. A pesar de la insistencia de Sofía en cuanto a que él estaba mintiendo, que él no era sino un dios ciego que estaba guiando a otros ciegos, la Humanidad aceptó la mentira y permitió llegar a ser esclavizada por él. Como en el Evangelio de la Verdad se lee: "La ignorancia que es del Padre causó la angustia y el terror; y la angustia se hizo sólida como una niebla, de modo que nadie fuera capaz de ver. Por esta razón el error se hizo poderoso; éste desarrolló lo suyo de manera disparatada, no habiendo conocido la verdad. Emprendió de lleno una creación, preparando con poder y belleza al sustituto de la verdad". La Hipóstasis de los Arcontes [publicada en este mismo blog] describe un velo que existe "entre el mundo superior y los reinos inferiores; y la sombra se materializó bajo el velo; y aquella sombra se convirtió en la materia; y aquella sombra fue proyectada aparte". Así comenzó un programa de control de la mente —o esclavización del alma— por parte de Samael y sus "Arcontes" (gobernantes) que implicaba mantener distraída a la Humanidad con problemas y preocupaciones materiales, encarcelada por su propio temor a la muerte, por la mortalidad, e ignorante de su verdadera naturaleza divina. Por esto el alma quedó "enredada en la oscuridad de la materia", confinada a la identificación corporal, y condenada a la reencarnación interminable y repetida, sin posibilidad de una libertad provisional ni de un ascenso hacia la condición divina.
     René Descartes parece tener una perspectiva similar cuando escribe: "Supondré, por lo tanto, que no hay un dios verdadero que sea la fuente soberana de la verdad, sino algún malvado demonio, no menos astuto y engañoso que poderoso, quien ha usado todo su artificio para engañarme. Supondré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las formas, los sonidos y todas las cosas externas que vemos, son sólo ilusiones y engaños que él usa para engañarme" (Meditaciones de Descartes, citadas por Doug Mann y Heidi Hochenedel, en "Evil Demons, Saviors, and Simulacra in The Matrix"). En la Carta de Pedro a Felipe [de Nag Hammadi], Samael es llamado "el Arrogante", quien roba una parte de la creación: "Y él colocó potencias y autoridades sobre ella. Y él la encerró en los eones que están muertos... Pero él... se enorgulleció debido al elogio de las potencias. Él se convirtió en un envidioso y él quiso hacer una imagen en el lugar de una imagen y una forma en el lugar de una forma. Y él encargó a las potencias que están bajo su autoridad que moldearan cuerpos mortales. Y ellos vinieron a existir como malas representaciones, desde la apariencia que habían surgido... Ahora ustedes lucharán contra ellos de esta manera, ya que los Arcontes luchan contra el hombre interior. Y ustedes deben combatir contra ellos de esta manera: Congréguense y enseñen en el mundo la salvación con una promesa". Combine todo esto con el moderno saber acerca de los OVNIs, que postula una malvada raza alienígena (dragoniana, de la contelación de Dragón) que implanta en los seres humanos desde el principio del tiempo diminutos dispositivos para controlar sus mentes (los "dioses del Edén" y su ganado), para el exacto mismo propósito: asegurar el olvido eterno, el sueño interminable, de modo que a las almas les sea negada la posibilidad de desarrollarse, y permanezcan esclavizadas a los seres alienígenas (los Arcontes), quienes (al menos en algunas versiones) usan las almas como una fuente de energía. Combine todo esto, y usted tiene The Matrix. Más o menos].


[2. En ciertos textos gnósticos se dice que Jesús tiene un hermano gemelo cuyo nombre es Judas: Judas Tomás, o "Judas el gemelo". Sin hacer demasiados saltos creativos es posible sacar la conclusión desde estos textos que de hecho no fue Jesús quien murió en la cruz sino Judas, su traidor y gemelo, "el que nació según su semejanza", como lo describe el Apocalipsis de Pedro (de la Biblioteca de Nag Hammadi). La cita completa es: "El salvador me dijo: Aquel a quien viste en el árbol, contento y riendo, es el Jesús viviente. Pero éste, en cuyas partes carnosas de sus manos y pies ellos entierran los clavos, que es el sustituto expuesto a la vergüenza, el que nació según su semejanza... al que ellos crucificaron es el primogénito, y el hogar de demonios, y el recipiente de piedra en el cual ellos habitan... Pero el que está de pie junto a él es el Salvador viviente, a quien ellos prendieron y luego liberaron... Por lo tanto él se ríe de su carencia de percepción, sabiendo que ellos han nacido ciegos". En este caso, el mito comienza a tomar ramificaciones más bien complejas (el traidor fue sacrificado y por ello redimido; consistiendo el punto de la crucifixión en ser un ofrecimiento de sangre (¿ADN?), resulta que, como el gemelo de Jesús, la sangre de Judas fue un "sustituto" perfectamente aceptable). Thomas en The Matrix, entonces, no es el incrédulo sino el doble, el que debe ser sacrificado, tal como Abel por Caín. Neo, su gemelo perfecto, es el "resucitado", la imagen que asciende, el Cristo mitad de la ecuación. Es interesante notar, en cuanto a esto, ciertas interpretaciones cristianas de la película que ven a Neo como "el anti-Cristo". El hecho de que Keanu Reeves recientemente interpretara el papel de hijo de Satán (Al Pacino) en la película Devil's Advocate (El Abogado del Diablo) no puede ser demasiado rápidamente descartado como una mera coincidencia. Por supuesto, la psico-historia no acepta las coincidencias].–



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     Jake Horsley nació en algún lugar en las Islas británicas (en el Año del Antihéroe) en un ambiente adinerado y rígidamente ateo. Él descubrió las alegrías del cine mirando Where Eagles Dare por la TV (por un curioso caso de sincronía, también la primera película que él puede recordar haber visto en un teatro, muchos años antes); finalmente analizando la diferencia entre Clint Eastwood y Richard Burton, su pasión fue consolidada. Durante mucho tiempo Jaws fue su película favorita. Él incursionó en la crítica de películas y en la escritura de guiones desde una edad temprana, pero finalmente fue desviado del tema por el mundo. Él nunca fue a la universidad. Él ha pasado los últimos diez años de su vida [en 2002] yendo de allá para acá y no enmoheciéndose, y ha vivido en varias oportunidades en las siguientes localidades: Londres, Edimburgo, Nueva York, Oaxaca en México, Taos en Nuevo México, Tánger en Marruecos, Pamplona en España, París, y, más recientemente, en Amsterdam. Su siguiente escala él pretendía que hubiera sido San Francisco, pero fue frustrado en sus planes por gente de inmigración de EE.UU., debido a una historia previa de fumar marihuana.  Él ahora vive en su propio Valhala privado, en algún sitio en América Central. Él muy de vez en cuando inhala. Él ha tenido un solo trabajo en su vida, por un periodo de seis meses: como un dedicado buscador de todo tipo de experiencias, pareció justo que él experimenta el mundo real también, pero rápidamente decidió que no era para él. La mayor parte de su tiempo libre se lo ha pasado escribiendo libros que nadie leerá; él recientemente ha completado un guión basado en la vida del psico-artista Sam Peckinpah, y está actualmente trabajando en una novela, basada en su vida sexual inexistente. Además de películas, sus intereses incluyen la filosofía, la psicología, la mitología, la conciencia paranoide y la brujería. Un buscador indómito y un soñador incurable, su creencia consiste en que la búsqueda es todo, y que el objeto de la búsqueda es de relativa poca importancia, con la única condición de que sea inalcanzable. Como el tonto que montado en su buey va en busca de bueyes, él va en búsqueda de Verdad y Belleza. Como un pez solitario que nada sin parar por el océano buscando esta misteriosa cualidad llamada el agua, de la cual él ha oído tanto pero que nunca ha visto, él continúa su alegre marcha hacia el Armagedón, mirando de reojo lo invisible y capturando después lo intangible. Él no espera tener éxito: se contenta simplemente con intentarlo.–




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