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sábado, 15 de septiembre de 2012

Hervé Ryssen - La Psicopatología del Judaísmo




     Hervé Ryssen (1967), seudónimo del intelectual francés Hervé Lalin, autor de Les Espérances Planétariennes (2005), Psychanalyse du Judaïsme (2006), Le Fanatisme Juif (2007), La Mafia Juive (2007). A partir de 2005 se hace conocido entre la extrema derecha por la publicación de varias obras. En la primera, Las Esperanzas Planetarias, él argumenta la gran homogeneidad de los intelectuales judíos y el trasfondo religioso del discurso mundialista (que él llama "planetista"). La "paz" sobre la Tierra es la condición sine qua non para la llegada del Mesías judío, donde el mestizaje y el comunismo serán las dos facetas. En El Fanatismo Judío hace un estudio de las corrientes del pensamiento contemporáneo que tienden a disolver la sociedad europea tradicional (marxismo, feminismo, mundialismo, homosexualismo, freudismo, freudo-marxismo). En su Psicoanálisis del Judaísmo establece un paralelo entre el judaísmo y la patología histérica, y se alude a temas tratados en este artículo. En otros escritos se ha opuesto a los autores paganos y tradicionalistas, particularmente a Benoist, Guénon y Evola, calificando el anti-cristianismo, el presunto fatalismo y la concepción cíclica de la Historia de estos autores como "mesianismo judío". Otros libros suyos son Le Miroir du Judaïsme (2009), Histoire de l'Antisémitisme (2010), Le Racisme Antiblanc (2011) y Comprendre le Judaïsme, Comprendre l'Antisémitisme (2012). Este artículo fue escrito casi a fines de 2007 en francés. Hemos traducido en parte desde el francés y en parte desde una traducción al inglés que circula.


La Psicopatología del Judaísmo
por Hervé Ryssen



     El judaísmo no es simplemente una "religión", por cuanto muchos judíos son abiertamente ateos o agnósticos, y ellos no se consideran menos judíos por ello. La judería tampoco es una raza, incluso si es verdadero que un "ojo entrenado", la mayor parte del tiempo, puede reconocer una fisonomía judía, es decir, un patrón característico que es el resultado de su observancia estricta de la endogamia durante siglos. Los judíos se ven a sí mismos como el "pueblo elegido" de Dios, y el matrimonio fuera de la comunidad es muy mal visto. Sin embargo, los matrimonios mixtos existen realmente y también han ayudado a renovar la sangre de Israel durante todos los siglos gastados en los diversos ghettos donde los judíos prefirieron vivir por separado y aparte del resto de la población. Lo esencial para tales matrimonios mixtos consiste en que la madre sea judía, ya que los rabinos ortodoxos reconocen como judío sólo al niño nacido de una madre judía. Sin embargo, tener sólo un padre o abuelo judío puede bastarle a una persona para identificarse completamente con el judaísmo. El pueblo judío es por lo tanto una "raza mental” que ha sido formada durante los siglos por la religión hebrea y el proyecto universalista del judaísmo.


El Judaísmo es un Proyecto Político

     El judaísmo es esencialmente un proyecto político. Es importante para los judíos trabajar para el surgimiento de un mundo de "paz", una paz pensada como universal y definitiva. Por lo tanto no es una coincidencia que esta palabra "paz" (shalom en hebreo) sea encontrada con frecuencia en el discurso judío por todo el mundo. En el mundo perfecto que ellos están construyendo, todos los conflictos desaparecerán, y en primer lugar, naturalmente, los conflictos entre las naciones. Ésta es la razón de por qué los judíos han estado militando infatigablemente durante muchos años para la supresión de todas las fronteras, la disolución de las identidades nacionales y la instauración del Imperio global. La misma existencia de naciones separadas es considerada como responsable de la generación de guerras y disturbios; por lo tanto ellas deben ser debilitadas y finalmente suprimidas en favor de un gobierno mundial, una sola autoridad que dirija al mundo, lo que permitirá que reine la felicidad y la prosperidad en la Tierra.

     Encontramos esta idea más o menos desarrollada en los escritos de ciertos intelectuales marxistas —desde Karl Marx al filósofo judío-francés Jacques Derrida— y también en el discurso de pensadores liberales como Karl Popper, Milton Friedman, Hayek y Alain Minc. La idea es unificar al mundo por todos los medios necesarios y generar conflictos a partir de las diferencias culturales. Es en esta perspectiva que los intelectuales judíos del mundo entero trabajan sin relajo. Tanto si ellos se llaman a sí mismos izquierdistas o derechistas, liberales o marxistas, creyentes o ateos, ellos son los más fervientes propagandistas de la sociedad pluralista y del mestizaje universal.

     Es así que los judíos —todos los judíos— con toda su fuerza promueven la inmigración de color en cada país en el que ellos están localizados, no sólo porque la sociedad multicultural corresponde a su objetivo político fundamental, sino también porque la dislocación de la identidad nacional en cada nación y la presencia masiva de inmigrantes protegen a los judíos ante cualquier eventual estallido nacionalista contra el poder que ellos puedan adquirir sobre las finanzas, la política y los medios de comunicación. Todos los intelectuales judíos, sin ninguna excepción, están enfocados en este asunto de construír la "sociedad pluralista" y para esto ellos practican una constante "vigilancia anti-racista". En Francia, escritores y periodistas influyentes como Bernard-Henri Lévy, Jacques Attali, Jean Daniel, Guy Sorman y Guy Konopnicki concuerdan en este punto a pesar de sus divergencias políticas en otras áreas. Esta obsesión, que es muy característica del judaísmo, también se manifiesta naturalmente en las películas, donde los productores y directores judíos son numerosos e influyentes: tan pronto como una película comienza a defender y promover el mestizaje, la "tolerancia" y la sociedad plural, podemos estar seguros de que el productor de ella es judío.

     Ahora podemos entender mejor por qué los antiguos comunistas de los años '70 no tuvieron muchas dificultades para convertirse en la derecha liberal. Ellos se han cambiado simplemente a una estrategia diferente para conseguir el mismo objetivo: el gobierno ejercido por judíos racialmente puros sobre una sociedad racialmente mezclada.

     El hecho es que después de que la segunda intifada palestina comenzó en Octubre de 2000, los judíos en Francia y en el resto del mundo occidental han comprendido que en lo sucesivo el peligro para sus intereses y su proyecto provendrá principalmente del Islam y de inmigrantes africanos jóvenes del Maghreb. Su objetivo es reforzar la moderna sociedad multirracial, que ellos han contribuído tanto a establecer en nuestro país, Francia. Pero este mosaico ahora amenaza con romperse en comunidades separadas, y esto los judíos no lo quieren. Ellos no quieren ninguna identidad separada ni separatividad en absoluto, excepto una identidad y una separatividad judía. Los antiguos marxistas en Francia como Alexandre Adler, André Glucksmann y Pascal Bruckner de este modo apoyan hoy día, junto con Alain Finkielkraut, a la derecha dura pro-estadounidense y pro-sionista. Y a pesar de todo, ellos no se han convertido en patriotas franceses. Ellos reaccionan sólo en función de los intereses exclusivos de la judería.


La "Tolerancia" como un Arma de Guerra

     Los miembros de la secta judía son los más proselitistas del mundo, pero a diferencia de los cristianos o los musulmanes, que sueñan con convertir a los individuos de todas las razas a su fe, los judíos no tienen ningún plan de convertir al mundo al judaísmo, sino simplemente incitar a los otros pueblos a abandonar sus identidades nacionales y religiosas a fin de favorecer el espíritu de "tolerancia". Las campañas incesantes para culpar a todos los Blancos por la esclavitud, el colonialismo, el saqueo del Tercer Mundo o por Auschwitz, no tienen ningún otro objetivo que poner al adversario a la defensiva, y ponerlo de rodillas no por la violencia sino por un método lento. Cuando los judíos sean el único pueblo que quede en la Tierra que conserve su fe y sus tradiciones, ellos serán finalmente reconocidos por todos como el "pueblo elegido" de Dios.

     Su "misión" (y los judíos usan con frecuencia ese término) es desarmar a los otros pueblos, para disolver todo lo que no sea judío o no esté controlado por los judíos, y así favorecer esta "paz" universal. Como su profeta Isaías dijo: "El lobo morará con el cordero, el tigre descansará con el niño, el león y el carnero vivirán juntos, y un niño pequeño los conducirá" (Isaías 11:6-9). El Mesías de Israel, tan esperado durante tres mil años, establecerá de nuevo el reino de David y dará a los judíos un Imperio sobre toda la Tierra. Existen numerosos textos judíos muy explícitos al respecto.

     Los judíos son por lo tanto continuamente estimulados a militar de manera continua, en cualquier sociedad en que ellos habiten, a fin de promover la unificación del mundo y así apresurar también la llegada de su Mesías. La propaganda es un dominio judío, y no es ninguna coincidencia que los judíos lleguen a ser tan numerosos e influyentes en todos los medios de comunicación. En sus manos, los conceptos de "tolerancia" y "derechos humanos" se han convertido en armas terriblemente eficientes. En efecto, usted lo ha comprendido, no es mediante nombres que parecen judíos o por un aspecto físico judío que podemos reconocer mejor a los judíos, sino más bien por lo que ellos escriben y dicen y hacen dondequiera que estén en la Tierra.


Amnesia Selectiva y Fabulación

     Muchos judíos, como sabemos, desempeñaron un papel absolutamente enorme en la tragedia soviética de 1917-1991 y los treinta millones de muertes que marcaron este predominio. Recordemos que Karl Marx nació en una familia judía y que Lenin mismo tenía un abuelo materno judío, que León Trotsky, el jefe del Ejército Rojo, era un judío apellidado Bronstein, mientras que Kamenev (Rosenfeld) y Zinoviev (Apfelbaum) administraban las dos capitales, Moscú y San Petersburgo. Pero la lista de judíos que descollaron en los crímenes del comunismo es interminable. Debe ser dicho y debe ser repetido: los ideólogos judíos, los funcionarios judíos y los torturadores judíos cargaron con una responsabilidad muy pesada en esta tragedia. El mundo "perfecto" que ellos habían tramado y que era supuestamente "inevitable" derivó desde su mismo comienzo hacia una verdadera pesadilla para la población rusa, y hubo que esperar hasta 1948 para que la elite intelectual judía comenzara a distanciarse del gobierno stalinista, y esto fue sólo porque Stalin había lanzado su campaña "anti-sionista", destinada a purgar a los judíos de posiciones importantes de mando.

     Esta indiscutible culpa judía en los gigantescos crímenes del bolchevismo está siendo ahora sistemáticamente pasada en silencio. En el libro de 2002 de Alexander Solzhenitsyn "Dos Siglos Juntos", el premio Nóbel y veterano durante 11 años del gulag bolchevique expresa su indignación porque los intelectuales judíos rechazan aún reconocer su responsabilidad étnica en la masacre de millones de cristianos. Solzhenitsyn también denuncia a los judíos modernos que se hacen pasar por víctimas de un gobierno bolchevique "anti-semítico" cuando aquel gobierno era de hecho excesivamente judío y los judíos estaban entre los peores criminales.

     Esta amnesia selectiva es necesaria para un pueblo que incesantemente proclama su "inocencia" cueste lo que cueste, como con regularidad podemos constatar en sus escritos, y como se puede leer, por ejemplo, en un editorial de la revista Israel de Abril de 2003, "la primera revista mensual israelí en lengua francesa", escrito bajo el nombre de un tal André Darmon. Él escribió: "Matar a un judío o a un niño hace llorar a Dios, pues estamos exterminando al portador de la ética universal y la inocencia". ¡Nada menos!.

     En consecuencia, es un hecho inconcebible el que los judíos puedan haber tenido responsabilidades frente a cualquier atrocidad. Los judíos son sólo víctimas, sólo "chivos expiatorios" en un mundo malvado y hostil. Pero muy pronto, se nos asegura, todo se arreglará: el Mesías castigará a los "malos" y restaurará a los hijos de Israel a sus derechos plenos.

     En este mismo editorial de la revista Israel, un cierto Frédéric Stroussi reconoció que el gobierno nacionalsocialista fue peor que el régimen de Stalin. Él citó las crueldades sin nombre que él afirmó que fueron perpetradas por ciertos hombres SS. Por ejemplo, aprendemos de Stroussi que la afición del SS Letton Cukurs era lanzar bebés judíos al aire para balearlos en su cabeza como en el tiro al platillo. Él también menciona, entre otros episodios, la "violación de niños por los SS antes de que estos últimos los mataran". Sobre este tema los ejemplos no faltan, y la Segunda Guerra Mundial ciertamente ha contribuído a nutrir la fértil imaginación de los hijos de Israel.

     A menos, evidentemente, que esta imaginación sea una vez más una manifestación del propio síndrome de "proyección" de los judíos, es decir, acusar sistemáticamente a otros por los propios crímenes. Sabemos de hecho —aunque los medios nunca hablen de ello— que muchos judíos y sus rabinos están implicados en escándalos criminales de pedofilia (vea Le Fanatisme Juif, 2007). Y el asesinato de niños parecería ser más una especialidad judía que una característica del espíritu de los SS. Las revelaciones de Ariel Toaff, profesor de la Universidad Bar Eilan en Israel —hijo del antiguo Gran Rabino de Roma— confirmaron en Febrero de 2007 en su obra Blood Passover [Pascua de Sangre], la práctica del asesinato ritual entre algunos judíos ashkenazi [aquí está el libro en inglés http://www.israelshamir.net/BLOODPASSOVER.pdf].


Fragilidad Emocional

     Se supone que debemos entender que los sufrimientos de los judíos no pueden ser comparados a los de nadie más. Como consecuencia, se supone que nosotros debemos indignarnos tanto como ellos cuando un historiador como Stephane Courtois afirma (en el prefacio de su Libro Negro del Comunismo): "La muerte de un niño ucraniano de origen Kulak [de la clase agricultora independiente], deliberadamente obligado a pasar hambre hasta morir por el gobierno stalinista, es tan significativa como la muerte de un niño judío en el ghetto de Varsovia". Estas simples palabras fueron bastante para provocar la ira de ese Frédéric Stroussi quien declara que él estaba "estupefacto" por tal afrenta. Tal comentario, según él, era ni más ni menos que "abyecto" y representaba un "ataque obsceno" contra Israel: "¿Qué tiene que hacer esta comparación aquí?", él escribe. "¿Por qué tenemos que usar el martirio de un niño judío para transmitir este rumor subyacente, falso y odioso de que los judíos eclipsan a todas las otras víctimas del totalitarismo y monopolizan toda la atención sobre ellos?".

     El autor del artículo, como podemos notar, reacciona de un modo indignado y totalmente desproporcionado frente a las modestas y ciertamente justificadas afirmaciones del juicioso historiador Stephane Courtois. Stroussi demuestra aquí la "gran intolerancia a la frustración" que es tan característica de los intelectuales judíos. Tales reacciones no son evidentemente "normales".

     Notamos aquí que la revista Israel es una revista mensual destinada a la comunidad judía y que, por consiguiente, uno puede difícilmente acusar a Frédéric Stroussi de mentir a lectores goyim, o de esconderles la verdadera naturaleza del bolchevismo y la supuesta maligna crueldad de los soldados SS. Su discurso aquí no corresponde a ninguna falsa dialéctica, como los anti-semitas podrían pretender, sino que aquí está reflejando la esencia misma del alma judía. El anti-semitismo agresivo proviene de este fracaso para entender la identidad judía y sólo ve la "perfidia" deliberada donde hay en realidad una angustia existencial generada por un desarreglo de orden psíquico.


Un Pueblo Histérico

     Los judíos nunca se han atrevido a acercar el "espejo transparente" —si se puede decir— ofrecido a ellos por el psicoanálisis freudiano, un prisma a través del cual ellos afirman ver a toda la Humanidad, pero que, en un análisis más cercano, arroja mucha más luz sobre la neurosis específica del judaísmo. El psicoanálisis, como el marxismo, es en efecto una "ciencia" judía y un producto del cerebro de un intelectual judío. Era por lo tanto lógico preguntarse cómo este "descubrimiento" freudiano corresponde a cualidades específicamente judías. La respuesta no era evidente, y requirió la lectura y el análisis de cientos de libros de toda clase para comprender que el asunto del incesto era punzante en la producción literaria del judaísmo, y que estaba lejos de ser un asunto puramente teórico. Las madres judías aman mucho a sus hijos, como es bien sabido, pero categóricamente el incesto, real o supuesto, está en el origen de una conocida enfermedad mental llamada "histeria", que, como por azar, llamó tempranamente la atención de Freud mientras él estaba desarrollando sus teorías.

     A partir de allí, los paralelos entre judaísmo y la patología histérica fueron completamente naturales, y es muy sorprendente constatar que punto por punto el judaísmo se calca perfectamente con esta enfermedad: histrionismo, depresión, angustia permanente, paranoia, introspección, egocentrismo, amnesia, manipulación, mitomanía, ambivalencia identitaria, delirios proféticos, ambigüedad sexual, etcétera. Todo está allí. Freud, como un buen judío, simplemente proyectó los rasgos de una comunidad específica sobre el resto de la Humanidad. En realidad, no hay ningún "complejo de Edipo" del que hablar sino mejor dicho un "complejo de Israel". De hecho, los judíos no parecen realmente dispuestos a hablar del tema del incesto.

     Por otra parte, todos los psiquiatras mencionan: La mujer histérica tanto quiere un niño de su padre o de su doctor que ella puede persuadirse de que ella está embarazada por uno de ellos y así desarrolla un "embarazo nervioso". O se constata que todos los escritores judíos usan el mismo término para referirse a la venida de su Mesías, a saber, el "alumbramiento" del Mesías. La comunidad judía entera, usted lo ha entendido, es "la esposa de Dios" (la Shejiná de los kabalistas) quien se supone que algún día dará a luz al Mesías, y así la totalidad de la judería en efecto sufre de un "embarazo nervioso" no muy distinto del que se encuentra en las mujeres histéricas.

     Karl Kraus, el periodista judío austriaco que no estuvo de acuerdo con Freud, escribió sarcásticamente: "El psicoanálisis es la enfermedad mental que pretende ser el remedio". Pero la correcta y mejor fórmula puede ser declarada en once palabras: "El judaísmo es la enfermedad que el psicoanálisis ha pretendido curar".


La Revolución Sexual

     Después de Freud vinieron otros pensadores judíos que elaboraron una simbiosis entre la doctrina freudiana y el marxismo. Wilhelm Reich primero y luego Herbert Marcuse: la revolución socialista debía ser también una revolución sexual. Según ellos había que destruír a la familia patriarcal y "liberar la sexualidad". Fueron sus teorías en gran parte las que inspiraron la revuelta estudiantil de Mayo del '68 en el curso de la cual los agitadores judíos (Geismar, Cohn-Bendit, Krivine, etc.) una vez más jugaron un rol crucial. Los años '70 vieron una nueva ola de freudo-marxismo, y mujeres judías estuvieron en la vanguardia (como Gisele Halimi y Elisabeth Badinter en Francia y Bella Abzug, Betty Friedan y Gloria Steinem en EE.UU.). Fue en esa época en que se aprobaron una serie de leyes inspiradas por los judíos, una tras otra, diseñadas para disolver la familia. En Francia, a la ley promovida por Neuwirth que legalizó la píldora anticonceptiva (1967) la sucedió el cuestionamiento de la autoridad del padre como jefe de familia (1970), luego el divorcio por consentimiento mutuo (1974) y la despenalización del aborto promovido por la "sobreviviente del Holocausto" Simone Veil (1975). Una gran ola de películas pornográficas acompañó a esta "liberación" desde los valores tradicionales de la familia. Aquí estamos obligados a notar que los productores y directores de cine judíos desempeñan un papel muy importante en la industria pornográfica (vea La Mafia Juive [La Mafia Judía], 400 páginas, 2008). Paralelo a esto, el concepto freudiano de la bisexualidad favoreció la aceptación de la homosexualidad.


Una Máquina de Guerra contra la Humanidad

     En realidad, el único resultado tangible de esta "liberación de las costumbres", asociada a la culpabilización sistemática de los varones Blancos, denunciados incansablemente a través del cine, la literatura y la historia como los grandes culpables de todos los males del planeta, ha sido un espectacular hundimiento de las sociedades europeas. El espantoso fanatismo igualitario de la judería, que tiende a nivelar todas las diferencias e identidades, tiende hacia la destrucción del mundo. He aquí la verdad.

     Itzhak Attia, el director de seminarios en lengua francesa en el Instituto del Holocausto Yad Vashem en Tel-Aviv escribió esto él mismo en la misma edición de la revista Israel: «Incluso si la razón nos dice, aún gritando con toda su fuerza, la absurdidad misma de esta confrontación entre el pequeño e insignificante pueblo de Israel [toda la judería mundial] y el resto de la Humanidad... tan absurda, tan incoherente y tan monstruosa como pueda parecer, estamos involucrados en una estrecha lucha entre Israel y las Naciones que no puede ser sino genocida y total porque lo que está en juego son nuestras respectivas identidades».

     Usted ha leído bien: Entre el pueblo judío y el resto de la Humanidad la lucha sólo puede ser "genocida y total". La "paz" que Israel tiene la intención de otorgar no es ni más ni menos que el "genocidio", la sentencia de muerte para toda la Humanidad.


La Neutralización del Mal

     El asunto es saber si la agresividad del judaísmo puede ser neutralizada, a fin de salvar a la Humanidad de sus males, males que podrían demostrar ser aún más graves que el marxismo, el psicoanálisis y la ideología del globalismo juntos. En primer lugar, debemos afrontar los hechos: Después de todos estos siglos de malentendido mutuo, el anti-judaísmo cristiano, musulmán e hitleriano han fracasado todos en resolver la "cuestión judía". El hecho es que los judíos se alimentan del odio que ellos mismos han suscitado entre los pueblos del mundo entero. Este odio, hay que saberlo, es indispensable para su supervivencia genética y espiritual. Esto ha permitido que ellos durante muchos siglos hasta ahora cierren filas dentro de su comunidad contra un enemigo externo, mientras que otras civilizaciones han desaparecido definitivamente.

     Por su parte, los rabinos no ahorran ningún esfuerzo para asegurar a los judíos que la judeidad está escrita en sus genes, y que entonces hasta un judío renegado sigue siendo un judío, y que por lo tanto es absolutamente inútil intentar abandonar la comunidad-prisión judía. El judaísmo es en efecto una prisión. Pretender que un judío no puede jamás dejar de ser judío es trabajar a favor de la supervivencia de la judería.

     Nuestra misión debe ser de acomodar a estos enfermos entre nosotros, porque los judíos no son gente "pérfida" tanto como son gente enferma a la que hay que curar. Los judíos deben ser estimados individual y sinceramente a fin de liberarlos de la prisión en la cual están encerrados. Sólo entonces van a hacerse libres de su sujeción y al mismo tiempo del mal que habita en ellos y que amenaza a toda la Humanidad.



2 comentarios:

  1. "Las madres judías aman mucho a sus hijos, como es bien sabido"... El resto de las madres del mundo no ??
    Extraño comentario, su autor debe ser obligadamente hombre, de lo contrario , no me explico un comentario asi.
    saludos Lorena

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    1. Sin duda la observación del autor se refiere a una proverbial preocupación excesiva (quizá sobreprotección) que las madres judías tienen con respecto a sus hijos. Como toda generalización, se trata de una característica esquemática y promedio. Si de otros pueblos se mencionan otros rasgos, es bien conocida dicha caracterización de las madres judías. Al resto de las madres del mundo no les han notado ese caracter sobreprotector, y a eso se refiere el comentario, que no parece ser tan extraordinario, Saludos.

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